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Usuario (Ecuador)
Cerca de 6.500 genes humanos codificadores de proteínas, reaccionan diferente en el sexo masculino y femenino. Este dato derriba el mito de la ideología de género que considera que la diferencia entre hombre y mujer es un hecho social y/o cultural. El profesor Shmuel Pietrokovski y el doctor Moran Gershoni, ambos investigadores del Departamento de Genética Molecular del Instituto Weizmann de Ciencias, han revelado que cerca de 6.500 genes humanos codificadores de proteínas, reaccionan diferente en el sexo masculino y femenino. Este descubrimiento derriba el mito de la ideología de género que considera que la diferencia entre hombre y mujer es un hecho social y/o cultural, es decir, una construcción en lugar de un hecho biológico o natural. En un reciente artículo de su institución, los científicos indican que para identificar los miles de genes recurrieron al proyecto GTEx, un estudio muy amplio de la expresión genética humana registrado para numerosos órganos y tejidos en el cuerpo de cerca de 550 donantes adultos. “Este proyecto permitió, por primera vez, trazar el mapa integral de la estructura genética del sexo humano diferencial”, detallan, Después, ambos investigadores examinaron cerca de 20.000 genes codificadores de proteínas, clasificándolos por sexo y buscando diferencias en la expresión de cada tejido. Eventualmente identificaron alrededor de “6.500 genes con actividad que estaba sesgada hacia un sexo u otro en al menos un tejido”. Por ejemplo, encontraron genes que estaban altamente expresados en la piel de los hombres en relación con los de la piel de las mujeres, y se dieron cuenta de que estaban relacionados con el crecimiento del vello corporal. La expresión genética para la construcción muscular fue mayor en los hombres; y para el almacenamiento de grasa fue mayor en las mujeres. El mapa detallado de estos genes, publicado en la revista científica BMC Biology, proporciona pruebas de que los hombres y mujeres experimentan “una especie de evolución separada”, que también se interconecta. Todo empezó cuando hace varios años, Pietrokovski y Gershoni se preguntaron la razón de por qué es común la prevalencia de algunas enfermedades humanas. Vieron que las mutaciones que afectan a la fertilidad eran relativamente generalizadas, donde cerca “del 15% de las parejas que tratan de concebir se definían como infértiles”. Para los científicos, el “sentido común” les decía que estas mutaciones, que “afectan directamente a la supervivencia de la especie mediante la reducción del número de hijos, debieron haberse eliminado rápidamente por selección natural”. En su estudio, los expertos demostraron que las mutaciones en los genes específicos de la formación de esperma persisten precisamente “porque los genes se expresan solo en los hombres”. “Una mutación que es problemática solo para la mitad de la población, no importa cuán perjudicial sea, pasa libremente a la próxima generación por la otra mitad”.

En personas con epilepsia fotosensible, se sabe que las luces intermitentes pueden desencadenar convulsiones, con resultados que pueden ser bastante impresionantes. Pero las convulsiones pueden ser activadas por ciertas imágenes fijas también, como revela una revisión de la literatura científica publicada este lunes en ‘Current Biology’, cuyos autores dicen haber descubierto por qué sucede. La clave, proponen, es un patrón repetitivo particular de actividad neuronal en el cerebro conocido como oscilaciones gamma que se produce cuando las personas ven ciertas imágenes, como patrones de barras en blanco y negro, y no otras. De hecho, tal y como dicen los investigadores, es posible que esos tipos de imágenes sean responsables de otros problemas, como los dolores de cabeza de tipo migraña, particularmente en personas que son generalmente sensibles a la luz. “Nuestros resultados implican que, en el diseño de edificios, puede ser importante evitar los tipos de patrones visuales que pueden activar este circuito y causar incomodidad, migrañas o convulsiones”, dice Dora Hermes, del Centro Médico Universitario Utrecht, en Países Bajos. “Incluso las personas perfectamente sanas pueden sentir un malestar modesto por las imágenes que son más propensas a desencadenar convulsiones en la epilepsia fotosensible”, añade. Las oscilaciones gamma en el cerebro se pueden determinar en un electroencefalograma (EEG), una prueba que mide la actividad eléctrica en el cerebro usando pequeños electrodos unidos al cuero cabelludo. Los científicos los han estudiado desde la década de 1980, pero aún no hay consenso sobre la importancia de esos patrones de pensamiento, percepción o procesamiento neural. “Algunos científicos sostienen que estas oscilaciones son enormemente importantes y esenciales para la concienciación, la atención y la comunicación neuronal, mientras que otros dicen que son más probablemente un subproducto del procesamiento neuronal normal, una señal potencialmente útil para el diagnóstico, pero no una que haga funcionar la maquinaria neuronal”, dice Hermes. Reducir el contraste o el ancho de las líneas Un argumento en contra de la idea de que las oscilaciones gamma son importantes para el procesamiento neural es que se producen en el cerebro cuando se ven algunas imágenes y no otras. Los patrones de rejilla producen fuertes oscilaciones gamma mientras que las nubes hinchadas o muchas escenas naturales típicamente no lo hacen por razones que los científicos no comprenden completamente. En el nuevo informe, Hermes y sus compañeros, entre ellos Jonathan Winawer, de la Universidad de Nueva York, Estados Unidos, y Dorothée Kasteleijn-Nolst Trenité, de UMC Utrecht, concluyen que estas imágenes que provocan oscilación gamma también son más propensas a desencadenar ataques. Hay maneras simples de ajustar una imagen para poder amortiguar ese patrón de actividad cerebral, señalan, y esos ajustes incluyen reducir el contraste, ajustar el ancho de las barras, o cambiar la imagen de un diseño de rejilla a algo más como una tela escocesa. “Lo que distinguimos en esta propuesta es que el vínculo entre las imágenes que desencadenan la epilepsia fotosensible y la actividad cerebral normal es particular a las oscilaciones gamma y no a otras formas o respuestas neuronales”, dice Winawer. Los hallazgos sugieren que los estudios existentes sobre las oscilaciones gamma podrían ofrecer pistas importantes para entender la epilepsia fotosensible.
Tecnología avanzada de imágenes cerebrales usada para observar a seres humanos modernos elaborando herramientas antiguas, revela que nuestra forma de pensar puede remontarse a hace 1.8 millones de años. Los resultados, presentados en la revista Nature Human Behavior, ubican la aparición de la cognición humana en el homo erectus, especie temprana del género humano que se encontró en África, cuya evolución precede a los neandertales en casi 600 mil años. Este es un resultado significativo, porque se piensa que nuestras formas más modernas de cognición sólo aparecieron muy recientemente en términos de la historia evolutiva humana, señaló Shelby S. Putt, investigadora posdoctoral del The Stone Age Institute de la Universidad de Indiana, primera autora del estudio. Pero estos resultados sugieren que la transición de formas simiescas a formas humanas de pensar y comportarse surgió sorprendentemente temprano. Herramientas de dos tipos Las conclusiones del estudio se basan en la actividad cerebral en individuos modernos enseñados a crear dos tipos de herramientas antiguas: de escamas de la era de Olduvayense, poco más que rocas con un borde dentado, y ejes de mano de la era Acheuliana más complicados, similares a una gran punta de flecha. Ambos se forman rompiendo las piedras juntas usando el proceso pedernal. Las herramientas de Olduvayense, que aparecieron por primera vez hace unos 2.6 millones de años, están entre las primeras utilizadas por los antepasados de la humanidad. El uso de herramientas de la era Achelense data de 1.8 millones a 100 mil años atrás. Putt dijo que los neuroarqueólogos miran a los humanos modernos para entender cómo en la especie prehumana evolucionó la cognición, ya que el acto de pensar no deja huella física en el registro arqueológico. El estudio de Putt empleó espectroscopia funcional avanzada del infrarrojo cercano, dispositivo que parece un casquillo ligero que permite observar la actividad del cerebro.
Enciendes la televisión y de repente la totalidad de Ciudad de México está en llamas. En el plazo de una semana, la megalópolis norteamericana ha sido consumida por el fuego. Hay que volver a empezar de cero, tras siglos de desarrollo y de evolución. ¿Por dónde empezar? ¿Cómo empezar de nuevo? La historia anterior es fruto de la utopía hoy, pero no en los libros de historia. Mucho antes de que sustituyéramos la madera o el adobe por el cemento y el ladrillo, mucho antes de que el racionalismo urbano se impusiera sobre planos irregulares y caóticos, una ciudad de tamaño medio o grande podía ser pasto de las llamas en un abrir y cerrar de ojos. Hay numerosos ejemplos que ponen de manifiesto lo frágil de las ciudades del pasado, pero también su carácter permanente, su capacidad de recobrar inusitada vida tras la tragedia y resurgir con igual o más fuerza. El suyo es un relato de admirable obstinación. Londres, Lisboa, Copenhague, Chicago. Su perfil, su espíritu, quedó definido años atrás a través del fuego y las cenizas, y su fisionomía actual es deudor tanto del drama del incendio como de la inventiva posterior. Veamos sus casos. Lisboa y el terremoto que lo truncó todo Aquí tenemos a Lisboa en 1598, dibujada por Braun and Hogenberg en un libro esencial para entender la historia de los mapas urbanos. Aquí la tenemos poco más de un siglo después, representada por Gabriel Bodenehr en su Europeans Macht und Pracht. La fisionomía de la capital portuguesa, cuya población en ese periodo de tiempo apenas había aumentado, mantenía su esencia: una estructura irregular donde destaca la entrada al puerto, con una gran plazoleta y explanada, y la suntuosa Alfama a la derecha. Todo cambió cuando un terremoto asoló la ciudad en 1755, terremoto que causó miles de muertos y que aún hoy es considerado uno de los mayores de la historia (el epicentro se situó a centenares de kilómetros al sur de las costas atlánticas española y portuguesa, pero logró derrumbar el centro de Lisboa). El subsecuente incendio acabó con gran parte de la capital portuguesa, pero no con toda. La Alfama sobrevivió, y aún hoy es uno de los vestigios más hermosos de aquella Lisboa aún inmaculada, antes del terremoto. Cuando el primer ministro de Portugal se planteó la tarea de reconstruir Lisboa, obvió por completo el trazado medieval descrito visualmente más arriba. En su lugar, optó por una versión más racional y acorde a los planes urbanísticos modernos. Ilustrado que era, Sebastião José de Carvalho e Melo diseño él mismo un nuevo plano de Lisboa, con un claro dibujo reticular (calles paralelas y perpendiculares, manzanas regulares) que hoy conforma el corazón de la capital lusa. Un ensanche a la fuerza. Pocos años después, la vista de la ciudad era sustancialmente distinta, más limpia, más ordenada: Hasta derivar en la Lisboa del presente, una ciudad de más de 500.000 habitantes (la mayor parte de su crecimiento se da a partir de la segunda mitad del siglo XIX) que, sin embargo, mantiene el aspecto ligeramente caótico y encantadoramente decadente común a todas las grandes ciudades portuguesas. Londres, de ciudad del pasado a ciudad moderna A mediados del siglo XVII, Londres aún no era la capital omnipotente del mayor imperio que habían observado los ojos de la humanidad. Al contrario, y según John Evelyn, afamado escritor inglés de la época, era un cúmulo de edificios de madera irregularmente distribuidos en los últimos compases de la cuenca del Támesis, asentados sobre el antiguo y ya olvidado asentamiento romano. Londres, de hecho, es una de las pocas ciudades británicas que continuaron una población construida por los romanos, pero hoy resulta imposible descubrirlo paseando por sus calles. ¿Por qué? Por el incendio de 1666. Ya vimos cómo era Londres antes de él aquí, a través del dibujo de Claes Van Visscher (en cuatro partes): Un cúmulo de desastrosos acontecimientos provocó que, una noche de septiembre de aquel año, la ciudad intramuros de Londres, de alrededor de medio millón de habitantes, se perdiera para siempre. El carácter hacinado e irregular de su fisionomía urbana, unido al abundante uso de madera como material de construcción (más barata que la piedra), provocó que un incendio pequeño en una panadería se extendiera rápidamente por las cuatro esquinas de la capital inglesa, provocando su total destrucción: Londres entró en fase apocalipsis. Este mapa de Wenceslaus Hollar muestra al Londres pre-1666: Y este otro mapa, del propio Hollar, muestra el Londres inmediatamente posterior al incendio (las zonas en blanco, incluida la antaño majestuosa catedral de San Pablo, fueron arrasadas por el incendio: el corazón de la ciudad): Visto en infografía moderna, el alcance de las llamas: Al contrario que en el caso lisboeta, Londres sólo había sido parcialmente destruida. Su parte más importante, su corazón, sí, pero no enteramente sepultada por las llamas. Como es natural, eso provocó nuevos diseños urbanísticos renovadores que aspiraban a equiparar a la capital inglesa con la grandilocuencia barroca de otras como París. El propio Evelyn, citado más arriba, propuso un diseño de su puño y letra. Se presentaron otros, como el Christopher Wren o el de Valentine Knight: Pero los ambiciosos proyectos de Evelyn y Wren contaban con un problema adicional: eran demasiado integrales, abarcaban partes de la ciudad que no habían sido devoradas por las llamas y que, por tanto, seguían en pie. Las numerosas expropiaciones, derrumbes y compensaciones que hubieran sido necesarios para ejecutarlos representaban una tarea demasiado ardua. Como consecuencia, la ciudad, mitad voluntad popular mitad resignación de las autoridades, fue reconstruida en torno a patrones similares al esquema clásico (con sus consecuentes mejoras). En 1899, Londres lucía así: Más de trescientos años después, Londres es la principal ciudad de Europa y el faro por excelencia de la modernidad. Sus calles tienen poco de vetustas, han sido constanmente renovadas y evolucionan con el paso del tiempo, al contrario que otras ciudades europeas congeladas en un pasado permanente e idealizado. El incendio de Londres configuró su identidad moderna rompiendo con su pasado, pese al caos urbanístico sobre el que aún parece asentarse. Copenhague y la desgracia repetida Si bien Londres ardió por completo para no volver a hacerlo jamás, Copenhague, la capital y la ciudad más representativa de Dinamarca, lo hizo durante dos aciagas noches a lo largo del siglo XIX. La primera en 1728, cuando motivos semejantes (pobre diseño del entramado urbano, uso y abuso de la madera como material de construcción, falta de planificación en la prevención de incendios) llevaron a alrededor de un cuarto de la antigua ciudad medieval a perderse en las llamas. Copenhague, antes, lucía así: Una ciudad marítima y fortificada (al uso de la traza italiana, tan popular siglos atrás) con un trazado totalmente arbitrario que no respondía a las necesidades de las modernas ciudades, mejor planificadas. En el mapa de más arriba, obra de Joachim Hassin, se aprecia la extensión de las llamas en amarillo. En concreto, de la esquina inferior derecha de la ciudad representada con más detalle aquí: El incendio fue progresivo y afectó de forma lenta a los diferentes edificios de la ciudad, siendo las autoridades incapaces de controlarlos hasta cuatro días después de haberse desatado. Como consecuencia, Copenhague tuvo que ser repensada, al igual que en los casos de Lisboa y Londres. Pese a que la totalidad del plano racional planteado por las autoridades danesas no fue seguido al pie de la letra (por idénticas dificultades, pero especialmente por la necesidad de utilizar madera en la construcción, mucho más barata), el diseño de las calles sí sufrió un cambio casi revolucionario, borrando el rastro de la ciudad medieval: Apenas siete décadas más tardes de que la capital danesa perdiera un cuarto de su patrimonio histórico tras un espantoso incendio, la ciudad volvería a sufrir un destino parecido. En 1795 las llamas volvieron a apoderarse del casco histórico de Copenhague, acabando con gran parte del entramado clásico y medieval de la urbe. El siniestro llevó, de nuevo, a una renovada planificación, desterrando la esencia medieval y renacentista de la ciudad y permitiéndole repensarse de cara al siglo XIX. En 1857, Copenhague lucía muy distinta: Nuevos ensanches extramuros y una mayor planificación derivaron en la esplendorosa actual Copenhague, y cimentaron el éxito posterior del célebre Fingerplanen, un modelo de crecimiento explorado por la capital danesa durante el siglo XX que concentra las nuevas construcciones y a la población sobre cinco arterias principales que, vistas desde el aire, se asemejan a los cinco dedos de una mano: El resultado final, a día de hoy, es este: Chicago y el inicio de una nueva era Son numerosas las ciudades estadounidenses que han sido víctimas de la tiranía de las llamas. El caso de Chicago es quizá uno de los más significativos: en 1871, un gigantesco incendio acabó con 17.000 edificios y estructuras urbanas, provocando la muerte de varios centenares de personas y dejando a otras 90.000 sin hogar. Por aquel entonces, Chicago ya se conducía a sí misma como una de las ciudades más relevantes, tanto a nivel industrial como económico y cultural, de Estados Unidos. El incendio representaba una amenaza a su prominencia. Al contrario que los casos mencionados anteriormente, Chicago era una ciudad muy joven (no había obtenido tal rango hasta un puñado de décadas antes). Como tal, estaba poco circunscrita a los estrechos designios de la larga historia europea, y su planificación era más o menos ejemplar para los estándares del siglo XIX: edificada sobre retícula, sus avenidas eran más anchas y estaban mejor delineadas que las de sus homólogas europeas, lo que permitió mantener parte de la estructura urbana a posteriori. Sin embargo, el rápido crecimiento de la urbe (que alcanzaría el millón de habitantes en 1890, cuando era un poblacho apenas ocho décadas atrás) provocó numerosos problemas de saneamiento. Están explicados aquí: pese a ser pionera sistematizando un entramado de vertidos públicos, los problemas sanitarios de la ciudad eran muy acuciantes, lo que habían obligado a diseñar un agresivo sistema de depurado utilizando las aguas del lago Michigan y a revertir el trazado de un río. Pese a todo, gran parte de las construcciones seguían siendo pobres y de madera. Y cuando un incendio se desató en una pequeña casa del centro, se llevó consigo a gran parte de la ciudad. A esta parte: Aquí vista en versión infografía moderna: A grandes rasgos, el gran incendio de Chicago permitió renovar la estructura de la mayor parte de edificios incinerados, sin transformar de forma revolucionaria el diseño ya asentado de la ciudad. Sin embargo, planes posteriores urbanos sí partieron de las heridas del incendio para diseñar una Chicago verdaderamente ambiciosa y ensoñadora que habría de colocar a la urbe, de la mano de Daniel Burnham y Edward Bennett, con diseños modernos y vanguardistas que, si bien no llegaron a implantarse de forma total en Chicago, sí que legaron a la ciudad algunas de sus avenidas y señales más distintivas: En el plano real, cuatro años más tarde, Chicago volvía a resurgir: Y a día de hoy, Chicago es una de las tres principales ciudades de Estados Unidos, obviando las cicatrices de su incendio.
Arqueólogos egipcios han hallado la cámara de entierro de una pirámide de hace 3.700 años descubierta en abril en el sitio arqueológico de Dahshur. Corresponde a la hija de un faraón. Adel Okasha, jefe de la misión arqueológica egipcia del Ministerio de Antigüedades y director general del sitio de Dahshur, explicó que después de quitar las piedras que cubrían la cámara funeraria, la misión descubrió unas cajas de madera grabadas con tres líneas de jeroglíficos. Estas líneas son rituales para proteger al difunto y el nombre de su dueño. Sherif Abdel Moneim, asistente del ministro de Antigüedades, reveló que la caja albergó una vez los cuatro frascos canópicos de los difuntos y el nombre grabado en él sería para la hija del rey de la XIII dinastía Emnikamaw, cuya pirámide se encuentra a 600 metros de distancia. Según informa el organismo oficial, la misión también descubrió el mes pasado un relieve con 10 líneas de jeroglíficos con el cartucho del Rey Emenikamaw. Por lo tanto la caja puede pertenecer a la hija del rey o a uno de su familia. Dentro de la caja, la misión ha encontrado envolturas del hígado, del intestino, del estómago y de los pulmones del difunto. Se han encontrado restos de un sarcófago antropoide pero en condiciones de conservación malas. Las obras de excavación seguirían descubriendo más de los secretos de la pirámide.
Según un estudio publicado en la revista Science Advances, los investigadores aún no saben cómo se produce la determinación del sexo en estas ratas, pues poseen una peculiar combinación de cromosomas sexuales: XO/XO. Esta especie de roedores, denominada Tokudaia osimensis, vive en unas islas de Japón y se encuentra en peligro de extinción debido a la destrucción de su hábitat. En la investigación, los científicos utilizaron una muestra de la cola de un ejemplar hembra de esta rata para generar células madre pluripotentes inducidas (iPSC, en inglés), que pueden dar lugar a la mayoría de los tejidos. A partir de ellas, lograron crear células germinales y desarrollar embriones que luego trasplantaron en ratones. En la cría resultante, los autores observaron que había células de Tokudaia osimensis tanto en los órganos reproductivos de las hembras como en los machos. “En general, el esperma nunca se ha podido generar a partir de células pluripotentes inducidas femeninas”, destacó a Efe Arata Honda, uno de los investigadores. Para los científicos, este descubrimiento permite pensar en que estas células pueden ser modificadas para mejorar el entorno reproductivo de estas ratas. “Apuntamos a generar en forma eficiente esperma y ovocitos de esta especie en peligro”, aseguró Honda. “Si podemos producir células germinales in vitro, podemos tratar de generar embriones e individuos de especies en peligro de extinción”, aventuró el investigador. De lograrlo, razonó Honda, podrían reducir el riesgo de varias especies amenazadas y “contribuir a salvar la biodiversidad”. “Si tenemos pequeñas partes de tejido o células de un animal extinto, quizás podamos traerlo de vuelta para futuras investigaciones”, agregó. No obstante, Honda se mostró cauteloso sobre las consecuencias que eso tendría. “Si las especies amenazadas pueden, en el futuro, ser traídas de vuelta con éxito a través de la tecnología iPSC, deberán mantenerse solo en ambientes estrictamente controlados como un biorrecurso precioso. No deberían liberarse”, explicó.
El reproductor de casetes de Sony que luce Star-Lord en la aventura marvelita, toda una reliquia llegada desde 1980, se vende por cientos de dólares en internet. El éxito de ‘Guardianes de la galaxia Vol. 2’ parece haber llegado a un sector que todo el mundo daba por muerto: el mercado de los Walkman. Estos reproductores portátiles de casetes, elementos mitológico para aquellos nacidos en este siglo, aparecieron en Japón en 1979 y llegaron a Estados Unidos un año después. Según la mayoría de fuentes, el primer modelo comercializado fue el TPS-L2 de Sony y costaba unos 200$, suma que, al cambio, hoy superaría los 500$. Sustituidos por el inestable Discman, al que a su vez se merendaron los diferentes reproductores de MP3 y más tarde un móvil en altavoz sostenido por un paleto, los Walkman desaparecieron a finales de los noventa tras dos décadas de esplendor. Al menos así fue hasta que llegó Star-Lord con sus bailecitos y cucamonas en ‘Guardianes de la galaxia’, luciendo su TPS-L2 junto a unos auriculares de espumilla naranja que también se volvieron un objeto de coleccionista al momento. El éxito de la secuela, donde por cierto el Walkman pasa a mejor vida [FIN DEL SPOILER], ha vuelto a disparar los precios de esta reliquia. 200$ por uno que no funciona y hasta 600$ por un modelo que sí reproduce las viejas cintas que tengamos por casa. Y siguen subiendo de precio. Lo mismo ocurre con los MDR-3L2 naranjas, unos auriculares aun más difíciles de encontrar. ‘Guardianes de la galaxia Vol. 2’, dirigida por James Gunn, vuelve a contar con Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Michael Rooker y Karen Gillan, a los que se unen Kurt Russell y Pom Klementieff. ¡Ya en cines!
La golfista estadounidense Spiranac fue víctima de los hackers que robaron fotos íntimas y las publicaron en las redes sociales. La golfista estadounidense Paige Spiranac fue víctima de los hackers que robaron fotos íntimas y las publicaron en las redes sociales, un nuevo caso del denominado Diva gates, que ha afectado a artistas y deportistas de todo el mundo. En los últimos días también fue atacada la luchadora de la WWE Charlotte Flair, cuyas fotografias íntimas fueron colocadas en la web. Otras víctimas han sido estrellas como Emma Watson y la también luchadora de la WWE Paige.
Todas las páginas web que visites, cualquier ordenador desde el que trabajes e incluso los routers con los que te conectes tienen una dirección IP. Se trata de un código numérico con el que se identifica cada dispositivo, algo así como una matrícula con la que poder saber dónde están y acceder a ellos. Existen ciertos rangos de IPs que no se utilizan en Internet, sino que se reservan para que empresas y particulares puedan identificar sus dispositivos en sus propias redes privadas. Hoy te vamos a hablar de dos de ellas, las 192.168.1.1 y 192.168.0.1 que seguro que has visto alguna vez, y te vamos a contar para qué las puedes utilizar. Se trata de IPs privadas, unas direcciones que no se utilizan en Internet, y que se reservan para el uso exclusivo de tus dispositivos en una red local. Tienes por ejemplo tu impresora, el router, una videoconsola y un ordenador conectados en una red a través de tu WiFi, cada uno de ellos tendrá una de estas IP privadas, aunque cuando tu ordenador salga a Internet lo hará con una pública que se le asigne. Para qué sirven 192.168.1.1 y 192.168.0.1 La dirección 192.168.1.1 es una IP privada que suele ser que la mayoría de fabricantes de routers preconfiguran en sus equipos para que estos se la auto-asignen por defecto. Si quieres acceder a la configuración del router, tienes que escribirla para poder entrar en el panel de administración. Normalmente la elegida siempre suele ser la 192.168.1.1, pero en la mayoría de los casos en los que no es así la alternativa siempre suele ser la 192.168.0.1. Accediendo a la configuración de tu router mediante estas IPs podrás cambiar el nombre y contraseña de tu WiFi, abrir los puertos, actualizar su firmware o modificar cualquier tipo de parámetro que afecte a tu conexión. Como te hemos dicho estas dos direcciones no son siempre las elegidas por todos, y en ocasiones te encontrarás con IPs totalmente diferentes para acceder a tu router. Para comprobarlo mira en la parte inferior del router, donde normalmente suelen venir indicadas, aunque no tiene por qué ser siempre así. De no ser así, pulsa el menú de inicio de Windows y escribe Símbolo del sistema, y verás que te aparecerá una aplicación con ese nombre. Pulsando en ella entrarás a la consola de Windows, desde donde tendrás un mayor control del sistema operativo. En ella escribe el comando ipconfig, y la consola te devolverá una gran cantidad de datos. Busca entre ellos uno en el que ponga Puerta de enlace predeterminada, que será el que te diga tu dirección. Cómo utilizar las IPs 192.168.1.1 y 192.168.0.1 La manera de utilizar estas IPs de configuración de tu router es sumamente sencilla. Una vez que sepas cual es la tuya, lo único que tienes que hacer es ir a tu navegador y escribir la que corresponda en la barra de direcciones. No pongas ni http, ni nada, sólo los números que componen la IP. Introduciendo esta dirección te aparecerá una ventana parecida a la que ves en la imagen, y en la que te pedirá el nombre de usuario y la contraseña de tu router para poder acceder a él. Si nunca la has cambiado (recomendamos cambiarla), mira a ver en las instrucciones, en una pegatina en tu router o buscando el modelo por Internet. En el caso de que no la encuentres y sea el router de un operador, llama a ese operador para que te la diga. Una vez que lo hayas hecho ya podrás navegar por la página de configuración y cambiar todos los parámetros que quieras, de configuración o de seguridad. El diseño de estas páginas dependerá del fabricante, o sea que la experiencia y la situación de los menús puede variar.
Sabíamos que el Tyrannosaurus rex era un dinosaurio tremendamente fuerte pero, ¿cuánto? La cuestión parece que la han resuelto en un estudio de las universidades de Florida y Oklahoma. Cuando la criatura mordía era capaz de pulverizar huesos con fuerzas equivalentes al peso de tres coches. El trabajo se ha publicado hoy y tiene a los profesores Gregory Erickson y Paul Gignac como protagonistas. Ambos comienzan explicando que la capacidad de pulverizar o aplastar los huesos a mordiscos se suele ver en mamíferos carnívoros como las hienas o los lobos, nunca antes en reptiles cuyos dientes imposibilitan masticarlos. Precisamente, el estudio viene a decir que existe una excepción en el caso de los T-Rex. Los profesores encontraron que el réptil prehistórico era capaz de morder con más de 3.500 kilos de fuerza. Para que nos hagamos una idea, eso significa que el dinosaurio tenía hasta dos veces más fuerza que la mordedura de los cocodrilos vivos más grandes, animales que son actualmente los “campeones” en cuanto a fuerza para morder. Más datos. Erickson y Gignac cuentan que sus dientes largos eran capaces de generar una increíble presión de nada menos que 195.000 kilos por 6,5 cm cuadrados. Esto es muy importante, ya que gracias a ellos la poderosa criatura podía quebrar el hueso mientras mordía repetidamente (al igual que la de un mamífero). Según explica Gignac: Gracias a ello, el T. Rex podía consumir los cadáveres completos de dinosaurios de grandes cuernos y hadrosáuridos de pico de pato cuyos huesos, ricos en sales minerales, no estaban disponibles para los dinosaurios carnívoros más pequeños y menos equipados. La investigación partió del estudio de la musculatura de los cocodrilos (parientes cercanos de los dinosaurios) y la fuerza que ejercían al morder. Luego compararon los resultados con las aves, “los dinosaurios modernos”, y generaron un modelo para el T-Rex. Cuando estudiaron a los cocodrilos se dieron cuenta de algo. La enorme fuerza que ejercen al morder es una parte de la historia, pero no toda. Para entender de qué forma un dinosaurio gigante consumía un hueso necesitaban descifrar cómo esas fuerzas se transmitían a través de los dientes. Fue lo que denominaron como “presión dental”. Así lo explicaba Erickson: Tener una gran fuerza al morder no significa necesariamente que un animal puede perforar la piel o pulverizar el hueso, la presión del diente es biomecánicamente el parámetro más relevante. Es como asumir que un motor de 600 caballos de fuerza garantiza velocidad. En un Ferrari seguro, pero no para un camión de basura. Así pues, hoy sabemos que el imponente T-Rex, la bestia del Cretácico, es el único reptil conocido capaz de desmenuzar y fragmentar un hueso con unos dientes que poco tienen que ver con los de “especialistas” como los lobos o las hienas. Unas habilidades para engullir y alimentarse extremadamente sofisticadas y muy parecidas a la de los mamíferos modernos.