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La Doctrina del Shock Entrevista a Naomi Klein, la autora de este libro, realizada por Amy Woodman presentadora de Democracy now, http://www.democracynow.org/ (prestigioso programa de cable de los Estados Unidos, reconocido por poner en pantalla a mucha gente que en USA son considerados subversivos, por sus ideas distintas que pueden afectar los negocios del gobierno y las corporaciones, como Noam Chomsky, Howard Zinn, Robert Fisk y otros), el cual les sugiero visiten si son duchos con el ingles, porque el material y la información que alli difunden es de muy buena calidad. Fuentes: http://www.democracynow.org/article.pl?sid=07/09/17/1411235 Traduccion al castellano: Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56710 El golpe de Pinochet en Chile. La masacre de la Plaza Tiananmen. El colapso de la Unión Soviética. El 11 de septiembre de 2001. La guerra contra Iraq. El tsunami asiático y el huracán Katrina. La galardonada periodista de investigación Naomi Klein reúne todos estos eventos que cambiaron el mundo en su nuevo libro: "The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism" [La doctrina del choque: El auge del capitalismo del desastre]. (Más información en NaomiKlein.org.) En su primera entrevista por radio desde su publicación, Klein se nos une en nuestro estudio en la estación de bomberos durante una hora. Klein escribe: “La historia del mercado libre contemporáneo fue escrita en choques.” Argumenta que “Algunas de las violaciones de los derechos humanos más infames de los últimos treinta y cinco años, que han tendido a ser vistas como actos sádicos realizados por regímenes antidemocráticos, fueron en realidad cometidas con la intención deliberada de aterrorizar al público o fueron aprovechadas activamente para preparar el terreno para la introducción de reformas radicales de libre mercado.” Naomi Klein examina algunas de las ideas que considera más peligrosas – la economía friedmanita – y denuncia cómo eventos catastróficos son extremadamente beneficiosos para las corporaciones y al mismo tiempo han permitido que los gobiernos impongan lo que ella llama el “capitalismo del desastre.” AMY GOODMAN: Me alegra que esté con nosotros, Naomi. ¿Por qué no comienza por hablar sobre lo que considera exactamente que es la doctrina del choque? NAOMI KLEIN: Bueno, la doctrina del choque, como todas las doctrinas, es una filosofía de poder. Es una filosofía sobre cómo lograr sus propios objetivos políticos y económicos. Y es una filosofía que sostiene que la mejor manera, la mejor oportunidad, para imponer ideas radicales de libre-mercado es en el período subsiguiente después de un gran choque. Ahora bien, ese choque podría ser una catástrofe económica. Podría ser un desastre natural. Podría ser un ataque terrorista. Podría ser una guerra. Pero la idea, como acabáis de ver en la película, es que esas crisis, esos desastres, esos choques ablandan a sociedades enteras. Las dislocan. La gente se desorienta. Y se abre una ventana, exactamente como la ventana en la cámara de interrogatorio. Y en esa ventana, se puede introducir lo que los economistas llaman la “terapia de choque económico.” Es una especie de extrema cirugía de países enteros. Es todo de una vez. No es, sabe, una reforma por aquí, otra reforma por allá, sino el tipo de cambio radical que vimos en Rusia en los años noventa, que Paul Bremer trató de imponer en Iraq después de la invasión. De modo que eso es la doctrina del choque. Y no significa que se pretenda que los derechistas en una época contemporánea sean los únicos que han explotado alguna vez una crisis, porque esta idea de explotar una crisis no es única en cuanto a esta ideología en particular. Los fascistas los han hecho. Los comunistas estatales lo han hecho. Pero se trata de un intento de comprender mejor la ideología con la que vivimos, la ideología dominante de nuestros días, que es la economía de mercado desinhibida. AMY GOODMAN: Explique quién es Milton Friedman, al que arrostra enérgicamente en este libro. NAOMI KLEIN: Bueno, arrostro a Milton Friedman porque es el símbolo de la historia que estoy tratando de cuestionar. Milton Friedman murió el año pasado. Murió en 2006. Y cuando murió, vimos como lo describieron en tributos muy pomposos como si fuera probablemente el intelectual más importante del período de la posguerra, no sólo el economista más importante, sino el intelectual más importante. Y considero que se puede construir un argumento contundente en ese sentido. Fue consejero de Thatcher, de Nixon, de Reagan, del actual gobierno de Bush. Dio clases a Donald Rumsfeld en los primeros días de su carrera. Asesoró a Pinochet en los años setenta. También asesoró al Partido Comunista de China en el período clave de reforma a fines de los años ochenta. Así que tuvo una influencia enorme. Y hablé el otro día con alguien quien lo describió como el Karl Marx del capitalismo. Y creo que no es una mala descripción, aunque estoy segura de que a Marx no le habría gustado demasiado. Pero fue realmente un popularizador de estas ideas. Tenía una visión de la sociedad, en la que el único papel aceptable para el Estado es implementar contratos y proteger fronteras. Todo lo demás debe ser abandonado por completo al mercado, sea la educación, los parques nacionales, la oficina de correos, todo lo que podría producir un beneficio. Y realmente vio, supongo, que las compras – la compra y la venta – constituyen la forma más elevada de democracia, la forma más elevada de la libertad. Y su libro más conocido fue “Capitalism and Freedom” [Capitalismo y libertad]. De modo que cuando murió el año pasado, a todos nos sirvieron un recuento de la versión oficial de cómo esas ideas radicales de libre-mercado llegaron a dominar el mundo, cómo barrieron por la antigua Unión Soviética, Latinoamérica, África, cómo esas ideas triunfaron durante los últimos treinta y cinco años. Y me impresionó tanto, porque yo estaba escribiendo este libro, que nunca habíamos oído hablar de violencia, y nunca oímos hablar de crisis, y nunca oímos hablar de choques. Quiero decir, la historia oficial es que estas ideas triunfaron porque deseábamos que así fuera, que el Muro de Berlín cayera, y la gente exigió tener sus Big Macs junto con su democracia. Y la historia oficial del auge de esta ideología pasa de Margaret Thatcher diciendo: “No hay alternativa,” a Francis Fukuyama diciendo: “La historia ha terminado. El capitalismo y la libertad van mano en mano.” Y por lo tanto, lo que trato de hacer con este libro es contar la misma historia, las coyunturas cruciales en las que esta ideología ha dado un salto adelante, pero reinserto la violencia, reinserto los choques, y digo que existe una relación entre las masacres, entre las crisis, entre los grandes choques y golpes duros contra países y la capacidad de imponer políticas que son realmente rechazadas por la vasta mayoría de la gente de este planeta. AMY GOODMAN: Naomi, usted habla de Milton Friedman. Expándalo a la “Escuela de Chicago.” NAOMI KLEIN: Correcto. De modo que la influencia de Milton Friedman proviene de su papel como el popularizador real de lo que es conocido como la “Escuela de Economía de Chicago.” Enseñó en la Universidad de Chicago. Estudió, en realidad, en la Universidad de Chicago, y luego pasó a ser profesor allí mismo. Su mentor fue uno de los economistas más radicales del libre mercado de nuestra época, Friedrich von Hayek, quien también enseñó durante un tiempo en la Universidad de Chicago. Y la Escuela de Economía de Chicago realmente representa esta contrarrevolución contra el Estado de bienestar. En los años cincuenta, Harvard y Yale y las 8 escuelas más prestigiosas de EE.UU. tendían a estar dominadas por economistas keynesianos, gente como el difunto John Kenneth Galbraith, que creía enérgicamente que después de la Gran Depresión, era crucial que la economía sirviera como una fuerza moderadora del mercado, que suavizara sus aristas. Y esto fue realmente el nacimiento del Nuevo Trato, del Estado de bienestar, todas esas cosas que actualmente hacen que el mercado sea menos brutal, sea alguna especie de sistema público de salud, seguro de desempleo, asistencia social, etc. Fue realmente – el período de posguerra fue un período de tremendo crecimiento económico y prosperidad en este país y en todo el mundo, pero realmente afectó los márgenes de beneficio de la gente más acaudalada en EE.UU., porque fue el período en el que la clase media realmente creció y explotó. Así que la importancia del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago es que realmente fue un instrumento de Wall Street, que financió muy, muy, considerablemente a la Universidad de Chicago. Walter Wriston, el jefe de Citibank, era muy amigo de Milton Friedman, y la Universidad de Chicago se convirtió en una especie de zona cero de esta contrarrevolución contra el keynesianismo y el Nuevo Trato para desmantelarlo. De modo que en los años cincuenta y sesenta, fue visto como muy, muy, marginal en EE.UU., porque el gran gobierno y el Estado de bienestar y todas esas cosas que se han convertido en algo como palabrotas en nuestro léxico gracias a la Escuela de Chicago – no tuvieron acceso a las salas del poder. Pero eso comenzó a cambiar. Comenzó a cambiar cuando Nixon fue elegido, porque Nixon siempre estuvo muy unido a Milton Friedman, aunque Nixon decidió no abrazar esas políticas en el interior, porque se dio cuenta de que perdería la próxima elección. Y creo que aquí es donde se ve por primera vez la incompatibilidad de estas políticas de libre mercado con una democracia, con la paz, porque cuando Nixon fue elegido, Friedman fue introducido como asesor – contrató a todo un grupo de economistas de la Escuela de Chicago. Y Milton Friedman escribe en sus memorias que pensó que por fin había llegado su hora. Los trajeron desde los márgenes, y esta especie de grupo revolucionario de contrarrevolucionarios iba finalmente a desmantelar el Estado de bienestar en EE.UU. Y lo que sucedió en realidad es que Nixon, miró alrededor, consideró los sondeos y se dio cuenta de que si hacía lo que aconsejaba Milton Friedman, perdería con seguridad la próxima elección. Y por lo tanto, hizo lo peor posible, según la Escuela de Chicago: imponer controles de salarios y precios. Y la ironía es que dos figuras clave de la Escuela de Chicago, Donald Rumsfeld, que había estudiado con Friedman como una especie de – supongo que en cierto modo fue como oyente a sus cursos; no estuvo matriculado como estudiante, pero describe su período como estudio a los pies de genios, y se describe como “joven cachorro” en la Universidad de Chicago – y George Shultz fueron las dos personas que impusieron controles de salarios y precios bajo Nixon y cuando Nixon declaró: “Ahora somos todos keynesianos.” Así que para Friedman esto constituyó una terrible traición, y también lo hizo pensar en que tal vez no se podía imponer esas políticas en una democracia. Y Nixon dijo genialmente: “Ahora somos todos keynesianos,” pero la pega es que no impuso esas políticas en el interior del país, porque le habrían costado la próxima elección, y Nixon fue reelegido con un margen de un 60% después de imponer controles de salarios y precios. Pero desató a la Escuela sobre Latinoamérica y convirtió a Chile, bajo Augusto Pinochet, en un laboratorio para esas ideas radicales, que no eran compatibles con la democracia en EE.UU. pero infinitamente posibles bajo una dictadura en Latinoamérica. AMY GOODMAN: Explique lo que ocurrió en Chile. NAOMI KLEIN: Bueno, creo que los televidentes y auditores de Democracy Now! conocen ese capítulo en la historia, que fue que después de la elección de Salvador Allende, la elección de un socialista democrático, en 1970, hubo un complot para derrocarle. Nixon dijo genialmente: “Que la economía grite.” Y el complot tuvo numerosos elementos, un embargo, etc. y finalmente el apoyo para el golpe de Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Y escuchamos hablar a menudo de los Chicago Boys en Chile, pero no escuchamos tantos detalles sobre quiénes fueron en realidad. Y por lo tanto, lo que hago en el libro es volver a contar ese capítulo de la historia, pero, para mí, la agenda económica del gobierno de Pinochet es mucho más frente y centro, porque pienso que conocemos los abusos de los derechos humanos, sabemos las redadas realizadas por Pinochet, cómo llevó a la gente a los estadios, las ejecuciones sumarias, la tortura. Sabemos algo menos sobre el programa económico que impuso en la ventana de oportunidad que le brindó el choque de ese golpe. Y es donde encaja en la tesis de la doctrina del choque. Pienso que si se observa a Chile – y por eso pasé un buen tiempo en el libro observándolo y examinándolo – vemos a Iraq. Vemos a Iraq actual. Vemos tantas similitudes entre la intersección de una crisis manufacturada y la imposición posterior inmediata de una terapia de choque económico radical. De modo que pienso en la especie de paralelos entre el período de Paul Bremer en Iraq, cuando fue a Bagdad mientras la ciudad todavía ardía y simplemente – ya sabe, llegué al programa en la época hablando de como había desgarrado toda la arquitectura económica del país y la había convertido en este laboratorio de las políticas de libre mercado más radicales posibles. Bueno, en Chile, el 11 de septiembre de 1973, mientras los tanques rodaban por las calles de Santiago, mientras el palacio presidencial ardía y Salvador Allende yacía muerto, hubo un grupo de así llamados “Chicago Boys,” que eran economistas chilenos que habían sido llevados a la Universidad de Chicago para estudiar con una beca total del gobierno de EE.UU. como parte de una estrategia deliberada para tratar de orientar hacia la derecha a Latinoamérica, después de que se había ido tan lejos hacia la izquierda. Fue un programa muy ideológico financiado por el gobierno de EE.UU., parte de lo que el ex ministro de exteriores de Chile llama “un proyecto de transferencia ideológica deliberada,” es decir, llevar a esos estudiantes a esa escuela muy extrema en la Universidad de Chicago e indoctrinarlos en un tipo de economía que era marginal en EE.UU. en la época y luego enviarlos a casa como guerreros ideológicos. De modo que este grupo de economistas, que habían fracasado en el intento de ganar a los chilenos para sus puntos de vista cuando sólo formaban parte de un debate abierto, se quedaron en vela toda esa noche, el 11 de septiembre de 1973, y fotocopiaron un documento llamado “el ladrillo.” Es conocido como “El Ladrillo.” Y lo que era, era el programa económico para el gobierno de Pinochet. Y tiene esas sorprendentes similitudes, Amy, con la estrategia electoral de George Bush en 2000 – la plataforma electoral. Habla de una sociedad de propiedad, de la privatización de la Seguridad Social, de escuelas por contrato, impuesto de tipo único. Todo esto proviene directamente del guión de Milton Friedman. El documento estuvo en el escritorio de los generales el 12 de septiembre, cuando llegaron al trabajo el día después del golpe, y fue el programa para el gobierno de Pinochet. Así que lo que hago en el libro es decir que estas dos cosas no constituyen una coincidencia. Cuando Pinochet murió – también murió – poco antes que Milton Friedman – escuchamos – o, en realidad, murió poco después de Milton Friedman – escuchamos esta narrativa en sitios como el Washington Post y el Wall Street Journal, que decía: “Por cierto, desaprobamos sus violaciones de los derechos humanos,” y hacía como si hicieran gestos de desaprobación ante las atrocidades que sabemos en Chile, “pero en la economía fue sensacional,” como si no hubiera conexión entre la revolución de libre mercado que pudo imponer y las extraordinarias violaciones de los derechos humanos que tuvieron lugar al mismo tiempo. Y lo que hago en el libro, y lo que hacen muchos latinoamericanos en su trabajo, es conectar evidentemente las dos cosas y decir que habría sido imposible imponer este programa económico sin la extraordinaria represión y la demolición de la democracia. AMY GOODMAN: Hablemos del choque en el sentido de la tortura. Es donde usted comienza diciendo: “Vacío es hermoso.” Háblenos de eso. NAOMI KLEIN: Bueno, comienzo el libro estudiando dos laboratorios para la doctrina del choque. Como dije anteriormente, considero diferentes formas de choque. Uno es el choque económico, y el otro es el choque corporal, los choques a la gente. Y no van siempre juntos, pero lo han estado en las coyunturas cruciales. Es el choque de la tortura. Así que uno de los laboratorios para esta doctrina fue la Universidad de Chicago en los años cincuenta, cuando todos esos economistas latinoamericanos fueron entrenados para convertirse en terapeutas del choque económico. Otro – y no se trata de una especie de grandiosa conspiración, de que todo haya sido planificado, pero hubo otra escuela, que sirvió como una especie diferente de laboratorio del choque, que fue la Universidad McGill en los años cincuenta. La Universidad McGill fue el zona cero para los experimentos que la CIA financió para comprender cómo – básicamente cómo torturar. Quiero decir, fue llamado “control de la mente” en la época o “lavado de cerebros” en la época, pero ahora comprendemos, gracias al trabajo de gente como Alfred McCoy, quien ha estado invitado en su programa, que lo que investigaban realmente en los años cincuenta bajo el programa MK-ULTRA, cuando hubo esos experimentos en electrochoques extremos, LSD, PCP, extrema privación sensorial, sobrecarga sensorial, que lo que realmente se desarrollaba era el manual que ahora podemos ver utilizado en Guantánamo y Abu Ghraib. Es un manual para deshacer personalidades, para la regresión total de personalidades, y la creación de esa ventana de oportunidad en la que las personas son muy sugestionables, como vimos en la película. Así que McGill, en parte porque creo que la CIA consideraba que era más fácil realizar esos experimentos fuera de EE.UU. – AMY GOODMAN: McGill en Montreal. NAOMI KLEIN: McGill en Montreal. En aquel entonces, el jefe de psiquiatría era un individuo llamado Ewen Cameron. En realidad se trataba de un ciudadano estadounidense. Fue anteriormente jefe de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense, lo que creo que es bastante relevante en cuanto a los debates que tienen lugar ahora mismo sobre las complicidades en la profesión psiquiátrica con las actuales técnicas de interrogatorio. Ewen Cameron era jefe de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense. Fue a McGill para ser jefe de psiquiatría y para dirigir un hospital llamado el Allan Memorial Hospital, que era un hospital psiquiátrico. Recibió financiamiento de la CIA, y convirtió el Allan Memorial Hospital en su laboratorio extraordinario para lo que ahora consideramos técnicas alternativas de interrogatorio. Dosificó a sus pacientes con esos extraños cócteles de drogas, como LSD y PCP. Los hizo dormir, en una especie de estado comatoso hasta durante un mes. Puso a algunos de sus pacientes en una privación sensorial extrema, y la intención era que perdieran la idea del tiempo y el espacio. Y lo que creía Ewen Cameron, o por lo menos lo que decía que creía, era que toda enfermedad mental es aprendida más tarde en la vida, que esos eran patrones que se establecían más adelante en la vida. Era un psicólogo conductual. Y así, en lugar de llegar a la raíz de esos problemas y de tratar de comprenderlos, creía que la manera de tratar la enfermedad mental era tomar a pacientes adultos y reducirlos a un estado infantil. Y es un hecho bien conocido – y era bien conocido en la época – que uno de los efectos colaterales de la terapia de electrochoque era la pérdida de la memoria. Y esto era algo que era considerado, realmente, como un problema por la mayoría de los doctores, porque los pacientes eran tratados, pueden haber informado sobre algunos resultados positivos, pero olvidaban toda clase de cosas sobre su vida. Ewen Cameron estudió esta investigación y pensó: “¡Ajá!, esto es bueno,” porque creía que eran los patrones que eran establecidos más adelante en la vida, que si podía hacer volver a los pacientes a un estado infantil, antes de que incluso poseyeran el lenguaje, antes de que supieran quienes eran, entonces esencialmente podía volver a criarlos, y entonces podría convertirlos en personas sanas. Así que ésta es la idea que atrajo la atención de la CIA, esta idea de inducir deliberadamente una regresión extrema. AMY GOODMAN: Hable de la mujer a la que visitó en la casa de reposo, que había pasado por esto. NAOMI KLEIN: Sí. Comienzo el libro con el perfil de una mujer llamada Gail Kastner. Gail Kastner fue una de las pacientes de Ewen Cameron. Y leí sobre ella porque demandó con éxito al gobierno canadiense, que también financió a Ewen Cameron. Leí sobre su proceso, que acababa de lograr una importante victoria: recibió una indemnización porque había sido utilizada como conejillo de Indias en esos experimentos sin su conocimiento. Así que la llamé, en realidad obtuve su número de la guía telefónica. Y primero se mostró extremadamente reticente de hablar. Dijo que odiaba a los periodistas, y que le era muy difícil hablar al respecto, porque volvería a vivir todas esas experiencias. Y yo dije, bueno – ella dijo: “¿De qué quiere que hable?” Y yo dije: “Bueno, acabo de volver de Iraq” y fue en 2004 – “y siento como que algo le ha sido hecho a usted, la filosofía de lo que le hicieron a usted, tiene algo que ver con lo que vi en Iraq, que fue ese deseo de dejar en blanco a un país y volver a comenzar de cero. E incluso pienso que algo de lo que vemos en Guantánamo con ese intento de imponer una regresión a los prisioneros mediante la privación sensorial y rehacerlos se relaciona también con lo que le sucedió a usted.” Y hubo una larga pausa. Y dijo: “Bueno, venga a verme.” Así que volé a Montreal, y pasamos el día hablando, y compartió su historia conmigo. Habla de sus sueños eléctricos, es decir, no posee muchos recuerdos de lo que le sucedió en este período, porque sufrió un choque tan extraordinario y borró su memoria. Regresó al punto en el que chupaba su pulgar, orinaba en el suelo, no sabía quién era, y no tenía ningún recuerdo de eso, ningún recuerdo de que hubiera sido hospitalizada. Sólo se dio cuenta, creo, veinte años después, cuando leyó un artículo sobre un grupo de otros pacientes que habían demandado exitosamente a la CIA. Y extrajo unas pocas líneas en los artículos de la prensa – regresión, pérdida de lenguaje – y pensó: “Un momento, esto me suena como si fuera yo. Me suena como lo que he oído decir sobre mi persona.” Y así, fue y consultó a su familia: “¿Estuve alguna vez en el Allan Memorial Hospital?” Y primero lo negaron, y luego lo admitieron. Pidió su archivo, y leyó que, sí, había sido admitida por el doctor Ewen Cameron, y vio todos esos tratamientos extraordinarios a los que había sido sometida. AMY GOODMAN: Usted habló de Chile, hablemos de Iraq, de la privatización de la guerra en Iraq. Hoy tenemos esta noticia urgente de Iraq. El gobierno iraquí dice que anula la licencia de la compañía de seguridad estadounidense Blackwater por su participación en un tiroteo fatal en Bagdad el domingo. El portavoz del Ministerio del Interior, Abdul-Karim Khalaf, dijo que ocho civiles fueron muertos y trece heridos, cuando contratistas de seguridad, que se cree trabajan para Blackwater EE.UU. abrieron fuego en un vecindario predominantemente suní en el oeste de Bagdad. Khalaf dijo: “Hemos anulado la licencia de Blackwater y les impedimos que trabajen en todo el territorio iraquí. También pasaremos a los involucrados a las autoridades judiciales iraquíes.” No quedó en claro de inmediato si la medida contra Blackwater va a ser temporal o permanente. Naomi Klein, siga de ahí. NAOMI KLEIN: Bueno, es una noticia extraordinaria. Quiero decir, es realmente la primera vez que una de esas firmas mercenarias puede ser realmente considerada responsable. Sabe, como ha escrito Jeremy Scahill en su increíble libro “Blackwater: The Rise of the [World's] Most Powerful Mercenary Army,” el verdadero problema es que no ha habido procesamientos. Esas compañías trabajan en esa zona absolutamente gris y, o son boy scouts y nada ha ido mal, lo que no corresponde en nada a lo que sabemos sobre la forma como se comportan en Iraq y al tipo de vídeos que hemos visto en línea sobre sus ejercicios de tiro contra civiles iraquíes, o la ilegalidad y la inmunidad con la que trabajan las han protegido. Así que si esto significa – si el gobierno iraquí realmente va a expulsar a Blackwater de Iraq, podría ser realmente un hito en cuanto a someter a esas compañías a la ley y cuestionar toda la premisa de por qué se ha permitido que tenga lugar este nivel de privatización y de ilegalidad. Pero, sabe, mencioné que Donald Rumsfeld fue estudiante de Milton Friedman en los años sesenta, realmente, y el hecho sobre Donald Rumsfeld es que realmente fue más allá que su mentor, porque Milton Friedman, como dije anteriormente, creía que el único papel aceptable para el gobierno, era el mantenimiento del orden, eran las fuerzas armadas. Es lo único que pensaba realmente que debía hacer el gobierno; todo lo demás debía ser privatizado. Donald Rumsfeld estudió con Friedman, lo vio como un mentor, celebraba su cumpleaños con él todos los años, pero realmente llevó el asunto un paso más lejos, porque Rumsfeld creía que, realmente, el trabajo de mantenimiento del orden y del combate en la guerra también podía ser privatizado y subcontratado. Y lo dejó bien claro. Esta fue realmente su misión de transformación, que pienso que no es comprendida realmente, lo radical que fue. Sabe, escuchamos esta frase, y escuchamos a Bush elogiando a Rumsfeld por su visión radical de la transformación de las fuerzas armadas, y todo es esa especie de clichés que son difíciles de comprender, pero si miramos lo que fue el historial de Rumsfeld, fue que – sabe, escribo en el libro que lo que realmente hizo – se trata de alguien quien, después que dejó el gobierno de Ford, pasó un par de decenios trabajando en los negocios y realmente se consideraba un hombre de la nueva economía. Y, es algo en lo que pienso que la investigación que hice para “No Logo” realmente se entrecruza con esta etapa del capitalismo del desastre en el que estamos ahora mismo, porque Rumsfeld aprovechó la revolución en la percepción de marcas de los años noventa, en la proyección de marcas corporativos, en la que – y de eso es lo que escribí en “No Logo,” en la que estaban todas esas compañías que solían producir productos y anunciaron con gran fanfarria que ya no producen productos, producen marcas, producen imágenes, y pueden dejar que otros, algo como contratistas inferiores, hagan el trabajo sucio de fabricar realmente cosas. Y esa fue la especie de revolución en la subcontratación, y ése fue el paradigma de la corporación hueca. Rumsfeld proviene en mucho de esa tradición. Y cuando se estableció como Secretario de Defensa, llegó como lo hace un nuevo director general de la nueva economía que va a realizar una de esas reestructuraciones radicales. Pero lo que hizo fue tomar esa filosofía de esta revolución en el mundo corporativo y aplicarla a las fuerzas armadas. Y lo que supervisó fue el ahuecamiento de las fuerzas armadas estadounidenses, en el que esencialmente el papel del ejército es crear la percepción de marca, es mercadear, es proyectar la imagen de fuerza y dominación en el globo – pero subcontratando cada función, de la atención sanitaria – suministrando la atención sanitaria a los soldados – a la construcción de bases militares, que ya estaba ocurriendo durante el gobierno de Clinton, al papel extraordinario que Blackwater ha jugado y compañías como DynCorp, que – como sabe, como ha informado Jeremy, participan realmente en combates. AMY GOODMAN: Y, en realidad, Blackwater que trabaja con soldados de Pinochet, pero en Iraq. NAOMI KLEIN: Sí, y quiero decir, esto es – vemos esas capas de continuidad. Quiero decir, Paul Bremer fue asesor de Kissinger durante el gobierno de Nixon cuando el apoyo para Pinochet fue tan fuerte. Así que existen todas esas capas de continuidad histórica. Y por eso, supongo, mi motivación para escribir el libro fue – no ha habido responsabilización por esos crímenes. Y en Latinoamérica, ha habido comisiones de la verdad, ha habido juicios. Los que estuvieron al centro de esta transformación muy violenta, mucho de ellos han sido realmente responsabilizados. No todos, pero muchos de ellos han sido realmente responsabilizados, si no en los tribunales, por lo menos ciertamente en una profunda e importante discusión pública de verdad y reconciliación. Pero en este país, eso nunca ocurrió, a pesar de que ha habido mucha información maravillosa de investigación. Y porque nunca ha habido alguna responsabilización, los mismos actores siguen realmente haciendo lo mismo ahora. AMY GOODMAN: Hable, Naomi Klein, sobre la destrucción de Iraq. Hable sobre “Choque y Pavor,” la terapia económica de choque de Paul Bremer, el choque de la tortura, así como la fusión de todas estas cosas en Iraq. NAOMI KLEIN: Sí, bueno, como dijera, en Chile vemos esta fórmula de triple choque y de tortura como imposición de estas políticas. Y pienso que vemos la misma fórmula de triple choque en Iraq. El primero fue la invasión, la invasión militar de choque-y-pavor de Iraq. Y si se lee el manual, el manual militar que explicó la teoría de choque-y-pavor – mucha gente piensa en el tema sólo como si se tratara de un montón de bombas, un montón de misiles, pero es realmente una doctrina psicológica, que en sí es un crimen de guerra, porque dice muy brutalmente que durante la primera Guerra del Golfo el objetivo fue atacar la infraestructura militar de Sadam; pero bajo una campaña de choque-y-pavor, el objetivo es la sociedad a escala mayor. Es una cita de la doctrina de choque-y-pavor. Ahora, el ataque de sociedades a escala mayor es castigo colectivo, lo que constituye un crimen de guerra. No está permitido que los ejércitos ataquen a las sociedades a escala mayor; sólo está permitido que ataquen a los ejércitos. Así que esta fue – la doctrina es de verdad bastante sorprendente, porque habla de – habla de privación sensorial a escala masiva. Habla de cegar, de cortar los sentidos, a toda una población. Y lo vimos durante la invasión, el apagón de las luces, el corte de toda comunicación, el enmudecimiento de los teléfonos, y luego los saqueos, que no creo realmente que hayan formado parte de la estrategia, pero imagino que no hacer nada sí formó de alguna manera parte de la estrategia porque, por cierto, sabemos que hubo toda clase de advertencias de que había que proteger los museos y las bibliotecas y no se hizo nada. Y luego tenemos la famosa declaración de Donald Rumsfeld cuando fue confrontado con este hecho: “Cosas pasan.” Así que, fue, pienso – fue esta idea porque el objetivo era, usando la famosa frase del columnista del New York Times, Thomas Friedman, no construir la nación, sino “crear la nación,” que es una idea extraordinariamente violenta, si uno se detiene y piensa en lo que significa crear una nación en una nación que ya existe, algo tiene que suceder a la nación que ya estaba allí, y hablamos de una cultura tan antigua como la civilización en sí. De modo que pienso que porque esta fue su idea de que partiríamos de cero y esta idea que es a menudo descrita en los medios de EE.UU. como idealista, de querer construir una nación modelo en el corazón del mundo árabe que se extendería a los países vecinos y llevaría a una apertura, esta idea de construir una nación modelo es – tiene toda clase de ecos coloniales. Realmente no puede ser hecho sin algún tipo de limpieza. Y por lo tanto, pienso que la facilidad, el nivel de acomodamiento con los saqueos, con la borradura de la historia iraquí, tienen que ser vistos con la visión de: Bueno, recomenzamos de cero. Así que todo lo que ya está allí constituye sólo un obstáculo. Así que lo cargamos en camiones y lo vendemos en Siria y Jordania, lo que de alguna manera facilita la tarea. Y por lo tanto, creo que vimos lo mismo a muchos, muchos niveles. AMY GOODMAN: Naomi Klein, ¿cómo encaja Abu Ghraib en este cuadro? NAOMI KLEIN: Bueno, cito a Richard Armitage en el libro, diciendo que la teoría, que la teoría operativa en Iraq fue que los iraquíes quedarían tan desorientados por la guerra y por la caída de Sadam que serían fácilmente llevados del punto A al punto B. Ahora, como sabemos, no fue así. Y cuando Paul Bremer – cuando llegó Paul Bremer e hizo su cirugía radical del país, despidió a todo el servicio público iraquí – a gran parte de la administración iraquí, así como al ejército; declaró que abría a Iraq a los negocios, las importaciones baratas inundaron el país, las empresas iraquíes no pudieron competir. Ese primer verano, hubo una inmensa protesta pacífica ante la Zona Verde, y quedó en claro que simplemente no iba a ser posible llevar a los iraquíes del punto A al punto B. Y después de eso, cuando apareció la primera resistencia armada en Iraq, la guerra fue llevada a las prisiones. Y esto también recuerda la visión de Donald Rumsfeld de ser esta especie de Secretario de Defensa director-general, porque, desde luego, como cualquier director general, escatimó personal para la guerra. Y no estaba en la posición, o la fuerza de ocupación estadounidense no estaba en posición, para encarar este dramático error de cálculo y esta especie de fantasía de que los iraquíes simplemente se comportarían y aceptarían esa terapia de choque económico y este – realmente este saqueo de su país. Así que cuando los iraquíes comenzaron a resistir, la represión de esa resistencia no pudo tener lugar en las calles, porque simplemente faltaba el poder personal. Así que hicieron redadas de personas y las llevaron a las cárceles, y utilizaron la tortura, como fue utilizada en Latinoamérica, para enviar un mensaje a todo el país. Y la tortura es siempre – es tanto privada y pública al mismo tiempo. Y esto vale no importa quién la esté utilizando, el que para que la tortura funcione como un instrumento del terror estatal, no tiene que ver sólo con lo que sucede entre un interrogador y un prisionero; se trata también de enviar un mensaje a la sociedad en general: esto es lo os sucederá si os apartáis de la línea. Y creo que la tortura fue utilizada por la ocupación de EE.UU. de esa manera, no sólo para obtener información, sino como una advertencia al país. AMY GOODMAN: Naomi, Quiero terminar esta parte de nuestra conversación realizando un viaje a la inversa. El presidente Bush acaba de ir del Bayou, de Nueva Orleans, a Bagdad. Volvamos atrás. Tanto usted como yo acabamos de estar en Nueva Orleans. También la vi hace dos años en Nueva Orleans, justo después del huracán. Coloque en este marco a Katrina y la reacción de EE.UU. ante el ahogamiento de la ciudad estadounidense. NAOMI KLEIN: Bueno, Nueva Orleans es un ejemplo clásico de lo que llamo la doctrina del choque o capitalismo del desastre, porque hubo ese primer choque, que fue el ahogamiento de la ciudad. Y como sabe, ya que acaba de volver de Nueva Orleans, no fue – no fue un desastre natural. Y la gran ironía del caso es que realmente fue un desastre de esta misma ideología de la que estamos hablando, el abandono sistemático de la esfera pública. Y pienso, que cada vez vamos a ver esto, cuando hay veinticinco años de continuo abandono de la infraestructura pública, y el esqueleto del Estado – el sistema de transporte, las carreteras, los diques – son débiles y frágiles. Y la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles ha calculado que poner en condiciones el esqueleto del Estado costaría 1,5 billones de dólares, porque está tan debilitado: los puentes, las carreteras y los diques. Y por lo tanto, lo que tenemos es una especie de tormenta perfecta, en la que el debilitado Estado frágil se entrecruza con un clima cada vez más peor, el que diría que también forma parte de este mismo frenesí ideológico en busca de beneficios a corto plazo y crecimiento a corto plazo. Y cuando estos dos entran en colisión, viene un desastre. Y es lo que ocurrió en Nueva Orleans. Los diques frágiles se entrecruzan con el mal tiempo, aunque ni siquiera fue tan malo. El huracán de Categoría Cinco no llegó realmente al lugar. Y pienso que, haciendo una digresión, ya que estamos en Nueva York, que otro ejemplo verdaderamente poderoso de lo que pasó exactamente este verano cuando las estaciones de metro se inundaron fue – todos se horrorizaron, porque no llovió tanto. Pero la infraestructura estaba tan debilitada por el continuo abandono. Y ¿cuál fue el titular en el New York Sun? “Vendan los metros.” Primero se debilita la ideología, crea el desastre, y luego éste es utilizado como excusa para terminar la tarea, para privatizarlo todo, y es lo que sucedió en Nueva Orleans. Inmediatamente después que la ciudad se inundó, hubo esa campaña ideológica, la zona cero de la cual fue la Heritage Foundation en Washington, que siempre ha sido, supongo, el motor más poderoso por esta visión radical de libre mercado: es una tragedia, pero también es una oportunidad para rehacer por completo el Estado, es decir eliminarlo, como una explosión de escuelas por contrato – las escuelas públicas no fueron reabiertas. Fueron convertidas en escuelas por contrato. El hospital público, como el Charity Hospital, sigue cerrado con tablas. La vivienda pública – y es el ejemplo más dramático – esa horrible cita de un portavoz republicano: “No pudimos eliminar los proyectos de vivienda, pero Dios lo hizo diez días después de la ruptura de los diques.” Es lo que quiero decir con la doctrina del choque, esa idea de aprovechar un desastre para imponer una privatización radical. AMY GOODMAN: Naomi, al terminar esta hora, ¿qué es lo que la horrorizó más al investigar la doctrina del choque? NAOMI KLEIN: Me horrorizó que hay por ahí una reserva de literatura, que yo no sabía que existía, donde los economistas la admiten. Y es lo que supongo que es lo que más me excita en el libro es la cantidad de citas que tengo de propugnadores a muy alto nivel de la economía de libre mercado, todos desde Milton Friedman a John Williamson, quien es el hombre que acuñó la frase “el Consenso de Washington,” admitiendo entre ellos, no en público, sino entre ellos, en algo como documentos tecnocráticos, que nunca han podido imponer una cirugía radical de libre mercado si no hay una crisis en gran escala, es decir que la misma gente que propugna que el mito central de nuestra época, que la democracia y el capitalismo van mano en mano, sabe que se trata de una mentira, y lo admite por escrito. AMY GOODMAN: Bueno, gente, habrá más. Continuaremos más adelante esta conversación y la presentaremos en una transmisión más adelante. Gracias, Naomi. NAOMI KLEIN: Muchísimas gracias, Amy.
Estados Unidos para no perder los favores de Turquia ha llegado al punto de negar el holocausto armenio, Turquia su aliado en la Otan, le otorga acceso a bases estratégicas en su país para desplegar su fuerza aerea, por ejemplo para en su momento poder bombardear a Iraq o para ejercer su poderío militar en el resto Medio Oriente. En este artículo clarificador el especialista en medio oriente Robert Fisk reportero del diario ingles The Independent, describe la vergonzosa conducta americana sobre el tratamiento del holocausto armenio, a raíz de las "presiones" que recibe del lado turco. ¡Con qué fuerza caen los poderosos! El presidente George W. Bush, el rey cruzado que sometería a su espada a las fuerzas de la Oscuridad y el Mal, él, que dijo que sólo estaban “ellos o nosotros”, quien aseguró que por nosotros llevaría adelante una guerra eterna contra el “mundo del terror”, resulta ser un pusilánime. Un puñado de generales turcos y una campaña multimillonaria de relaciones públicas llevada a cabo por quienes niegan el Holocausto armenio a manos de los turcos han transformado en cordero al león. No, ni siquiera en cordero, porque este animal, por naturaleza, es símbolo de inocencia. Más bien, lo transformó en un ratón casero; una diminuta criatura que sólo de lejos puede ser confundida con una rata. ¿Me estoy excediendo? Yo creo que no. La “historia hasta ahora” es bastante conocida. En 1915, las autoridades turcas otomanas perpetraron el genocidio sistemático de millón y medio de armenios cristianos. Existen fotografías, reportes diplomáticos, documentación otomana original, el proceso de todo un juicio llevado a cabo tras la primera guerra mundial, los masivos reportes de la Oficina del Exterior de Inglaterra, de Winston Churchill y Lloyd George de 1915 y 1916: todo prueba que es verdad. Existe incluso un archivo de películas filmadas por camarógrafos militares occidentales durante la Primera Guerra Mundial, por encargo de funcionarios alemanes que después perfeccionarían esos métodos para exterminar a 6 millones de judíos. Así que todo esto fue tan real como lo aseguran los sobrevivientes, de los que cada vez hay menos. Pero los turcos no nos dejan decir esto. Han chantajeado a los poderes occidentales incluido a nuestro gobierno británico y ahora hasta Estados Unidos respalda sus vergonzosas negaciones. Éstas incluyen la mentira deliberada de que los armenios murieron en una “guerra civil” (y me he cansado de repetirlo porque las agencias y los gobiernos le temen a la furia de Ankara), la invención de que los armenios estaban colaborando con los rusos, enemigos de Turquía, y que son muchos menos los armenios muertos, o bien, que murieron tantos turcos como armenios. Y ahora el presidente Bush y el Congreso estadunidense le siguen la corriente a estas mentiras. Hubo, brevemente, un momento histórico para Bush en que pudo caminar con la frente en alto luego de que el comité de Relaciones Exteriores votó el mes pasado en favor de una condena al asesinato masivo de los armenios como un acto de genocidio. Ancianos sobrevivientes y estadunidenses de origen armenio se reunieron ante el Capitolio para escuchar los debates. Pero tan pronto los fosilizados generales turcos empezaron a amenazar a Bush, supe que el mandatario daría su brazo a torcer. Escuchen, primero, al general Yasar Buyanit, jefe de las fuerzas armadas turcas en una entrevista para el periódico Milliyet. Calificó la resolución de un hecho “triste y lastimoso” a la luz de los “fuertes nexos” que Turquía mantenía con sus compañeros en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Y si esta resolución era aprobada por toda la Cámara de Representantes, entonces “nuestras relaciones militares con Estados Unidos nunca serán lo que han sido en el pasado… En ese sentido, Estados Unidos se ha dado un disparo en el pie”. Ahora escuchen cómo Bush reacciona inmediatamente cuando el personal militar turco le llama la atención. “Todos sentimos profundamente el trágico sufrimiento (sic) del pueblo armenio… pero esta resolución no es la respuesta correcta a este histórico asesinato masivo. Aprobarla le haría mucho daño a nuestra relación con un aliado clave en la OTAN y en la guerra global contra el terror”. Me fascina eso último de la “guerra global contra el terror”. Nadie, salvo los judíos de Europa y los opacados armenios en Turquía, en 1915 ha sufrido realmente de ese oculto “terror”. Pero la OTAN debe importar más que la integridad de la historia. La OTAN algún día podría ser tan importante que los Bush del posiblemente relativizarían el Holocausto judío con el fin de aplacar a una Alemania militarmente remergente en cuya cúpula podría haber patanes de inclinación revisionista. Entre los hombres que debían esconder la cara de vergüenza están aquellos que aseguran que se está ganando la guerra en Irak. Estos incluyen al cada vez más desorientado general David Petraeus, comandante estadunidense en Irak, y el cada vez menos lúcido embajador estadunidense en Bagdad, Ryan Crocker, pues ambos advirtieron que aprobar la resolución sobre el genocidio armenio “dañaría los esfuerzos bélicos en Irak”. Y no se equivoquen, hay mucha plata detrás de este repugnante asunto de la negación del Holocausto. Robert L. Livingston, ex representante republicano de Lousiana, ya ha recibido 12 millones de dólares de los turcos para su compañía, Livingston Group, a cambio de asfixiar y pervertir en dos ocasiones anteriores la causa de la justicia moral en resoluciones del Congreso. Él personalmente escoltó a Capitol Hill a funcionarios turcos para amenazar a los congresistas. Fueron muy directos. Si la resolución era aprobada, Turquía prohibiría a Estados Unidos el acceso a la base aérea de Incirlik, por la que pasa 70 por ciento de los suministros que recibe el ejército estadunidense en Irak. En el mundo real, esto se llama chantaje, y es por lo que Bush cede. El secretario de Defensa, Robert Gates, ha sido aún más pusilánime, aunque a él obviamente lo tienen sin cuidado los detalles de la historia. Según dijo, “Petraeus y Crocker están convencidos de que el acceso a las bases aéreas, caminos y otras vías en Turquía se verán bajo mucho riesgo si la resolución pasa…” Que ironía soltó Gates, pues fue por estos “caminos y otras vías” que cientos de miles de armenios caminaron hacia la muerte en 1915. Muchos fueron llevados a bordo de camiones de ganado. Había una vía ferroviaria que circulaba hacia el este de Adana hacia un punto de reunión para estos cristianos armenios condenados a la muerte, y la primera estación del trayecto se llamaba Incirlik: el mismo Incirlik que ahora alberga a la enorme base aérea que el señor Bush tanto teme perder. Si el genocidio que Bush se niega a reconocer no hubiera ocurrido, ¿estarían los estadunidenses pidiendo permiso de utilizar Incirlik? Si a alguien le interesa conocerla, en Sussex todavía vive una anciana sobreviviente armenia de esa región que recuerda que los gendarmes turcos otomanos hicieron una pila con bebés armenios vivos sobre el camino cerca de Adana. En uno de esos “caminos y otras vías” que tanto preocupan al cobarde señor Gates. Pero no teman. Aun si los turcos asustaron tanto a Bush que se le salieron las botas, él todavía está dispuesto a zarandear la jaula de esos poderosos persas. La gente debe interesarse por impedir que Irán adquiera conocimientos que le permitan hacer armas nucleares, si es que les importa “prevenir la Tercera Guerra Mundial”, según nos ha advertido Bush. Vaya idiotez. Si Bush no tiene ni siquiera el valor para decirnos la verdad sobre la Primera Guerra Mundial. ¿Quién hubiera pensado que el líder del mundo Occidental, el presidente que iba a protegernos de “un mundo de terror”, se convertiría en el David Irving* de la Casa Blanca? * Desprestigiado historiador británico que ha negado el Holocausto judío y ha cumplido una condena de prisión en Austria por enaltecer al régimen nazi alemán. © The Independent Robert Fisk: Holocaust denial in the White House The Turks say the Armenians died in a 'civil war', and Bush goes along with their lies http://news.independent.co.uk/fisk/article3146418.ece Traduccion al castellano http://www.rebelion.org/noticia.php?id=61291
Hoy en el suplemento Enfoques de La Nacion hay un excelente artículo sobre esta region y dentro del mismo uno más pequeño que aqui les transcribo de Raul Montenegro titulado "Un gigante con pies de barro" y que les recomiendo leer para que tomemos conciencia de lo importante que es para la humanidad esta selva tropical brasilera, pero ademas la relaciono con una noticia publicada hoy en el diario inglés The Independent donde se informa que Brasil esta próximo a exigir a extranjeros la solicitud de permisos para ingresar a esta zona, con la pena de hasta 60 mil dolares para aquellos que sean detectados sin contar con la autorización. Es la selva lluviosa más extensa del planeta. Tiene 7 millones de kilómetros cuadrados pero ya perdió por culpa de los incendios y la deforestación una quinta parte de su superficie original. Posee la más alta biodiversidad de la Tierra. Alberga, por ejemplo, unas 60.000 especies de plantas, 1500 especies de aves y más de 2 millones de especies de insectos. Su vegetación y su altura son abrumadoras, pero es un gigante con pies de barro. La mayoría de sus suelos son pobres, frágiles e incapaces de resistir, una vez desnudos, el duro Sol tropical y las lluvias. Tarde estamos aprendiendo que Amazonas, al igual que la selva misionera, crece sobre sí misma. El suelo es más un soporte que un depósito de nutrientes. Si se la quema, deforesta y cultiva cae también una fábrica única e irreemplazable de suelo y de biodiversidad. Los suelos rojos del Amazonas, sin selva, son la antesala de desiertos tropicales. Tarde aprendió el europeo invasor que los parques nacionales no alcanzan para proteger las cuencas hídricas y el ecosistema que provee agua, suelos, plantas medicinales y resistencia ambiental a los cambios climáticos. La selva amazónica es también el país sin títulos y sin bandera de las comunidades originarias. Es el territorio de unos 250.000 indígenas pertenecientes a casi 200 pueblos. Los Nurak Maku en Colombia, los Waorani en Ecuador, los Yanomami en Brasil y Venezuela, los Akuntsu en Brasil, los Yora en Perú. Ellos sí aprendieron a convivir con la selva. Nosotros no. Reemplazamos las sabias cadenas alimentarias largas usadas por los cazadores y recolectores, que no destruían la selva, por las cadenas cortas de los cultivos que exigen deforestación previa. De la superficie ya destruida de selva, casi un 80% se dedica a soja y el resto a ganadería. Allí también Monsanto deja sus huellas transgénicas y químicas. En Bolivia, donde se encuentra el extremo más austral del ecosistema amazónico, los agricultores cordobeses aplastan la selva, la cubren con plantas de soja RR, y luego contaminan el suelo con endosulfán, glifosato y 2,4 D. Petróleo, minería, extracción ilegal de madera y soja son sus cuatro plagas malditas. La Unión Europea, China y los Estados Unidos reciclan papel y festejan el día de la Tierra, pero compran maderas amazónicas en forma ilegal. Amazonas no es solamente la selva que cubre parte de Colombia, Brasil, Perú, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Es la última oportunidad que tiene nuestra civilización occidental para aprender de los pueblos indígenas. Cuando caiga el último árbol, desaparezca el último de los Yanomami y se pierda el último de los silencios ya será demasiado tarde. El autor es biólogo, presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente. Fuente http://buscador.lanacion.com.ar/Nota.asp?nota_id=1007628&high=gigante%20barro y la noticia de The Independent http://www.independent.co.uk/news/world/americas/amazon-could-be-forbidden-to-most-foreigners-816231.html
La siguiente informacion surge a raiz de un articulo publicado en el diario La Capital de Rosario, que describe como en el norte de Santa Fe se usa a menores de edad (se les paga centavos) para señalizar a los aviones fumigadores de campos el lugar donde deben descargar los pesticidas y los terribles efectos presentes y futuros que les produce esta exposición. Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar. Los menores se paran donde cae la nube de plaguicida y marcan el lugar por el que debe volver el fumigador Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros. 'Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama 'esquinero'. Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el 'mosquito', desde el punto del medio de la máquina y pararse allí', dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad. El "mosquito" es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida. Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar. Los rocían con 'Randap" y a veces "2-4 D" (herbicidas usados sobre todo para cultivar soja). También tiran insecticidas y mata yuyos. Tienen un olor fuertísimo. "A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara', describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafesino. No hay protección de ningún tipo. Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que 'va más lerdo', dice uno de los chicos. 'Con el 'mosquito' hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor', agregan los entrevistados. Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: 'Que tengamos cáncer', ejemplifica. 'Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza. A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza', dicen las voces de los pibes envenenados. -Nos buscan dos productores. Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital. Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día. No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados. A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso', remarcan los niños. El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. No soporta más las hinchazones del estómago, contó. 'No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo', dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas. La Agrupación de Vecinos Autoconvocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos. En una carta documento enviada a la comuna, los vecinos indicaron que en la localidad "existen amplias y generalizadas violaciones a la ley nacional de residuos peligrosos y a otras normas nacionales y provinciales, con el caso extremo de la utilización de menores como "banderas" para marcar el área alcanzada por los agroquímicos en los sembrados. Entre otras infracciones -que calificaron como "riesgosas para la salud"- destacaron el descarte de envases de plaguicidas en el basurero municipal y la quema de esos recipientes "en forma continua, lo que pone en grave peligro el ambiente y la salud de las personas". También mencionaron la acumulación con fines comerciales de envases descartados de plaguicidas en pleno poblado, en lugares a cielo abierto y otros cubiertos, el estacionamiento de máquinas "mosquitos" contaminadas o conteniendo plaguicidas dentro del ejido urbano y la localización y funcionamiento de depósitos de cereales cuyas operaciones de secado diseminan partículas de riesgo contaminadas con plaguicidas dentro del pueblo. El presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam), Raúl Montenegro, explicó que los plaguicidas no actúan solamente en base a la dosis letal 50 (DL50), que es el criterio usado por agricultores y aplicadores para evitar intoxicaciones agudas, "sino que también lo hacen a bajas dosis con exposiciones crónicas de devastadores efectos sobre la salud". Dijo que entre otras consecuencias que usualmente no se consideran, "figura la disrupción endocrina provocada por los plaguicidas glifosato, 2,4 D y endosulfán y los coadyuvantes nonil fenol y nonil fenol etoxilado, que pueden alterar el delicado balance hormonal de niños y adultos y disparar múltiples enfermedades, entre otras cáncer". "Otro efecto de las bajas dosis es la afectación del sistema inmunológico, lo que reduce la resistencia del organismo de las personas a las infecciones por virus y bacterias", remarcó. Fuente Defensoria del Pueblo de Santa Fe http://www.defensorsantafe.gov.ar/noticias_interes.aspx?id=2193
El siguiente es otro articulo traducido del consagrado periodista Robert Fisk, corresponsal del diario inglés The Independent en Medio Oriente sobre la reciente gira de Bush a esa zona, donde describe claramente la errática política norteamericana en la region, aunque por supuesto siempre dejando en claro los intereses norteamericanos que van mas alla de lo diplomatico (venta de armas, petroleo, inversiones de arabes en norteamerica y otras), mostrando como se puede ser chupamedias de Arabia Saudita que a la vez es enemigo de su unico aliado en la region que es Israel. La Sangrienta realidad y las alucinaciones de Bush Entre sábanas de seda, en una alcoba cuyas paredes estaban también tapizadas de seda, dentro del palacio del rey Abdullah, de Arabia Saudita, el presidente George W. Bush se despierta una mañana para confrontar un Medio Oriente que no tiene relación alguna con las políticas de su administración, ni con las advertencias que hace constantemente a los reyes, emires y oligarcas del Golfo: que es Irán, y no Israel, su verdadero enemigo. El presidente se sentó junto al monarca como si éste fuera su amigo de la infancia; el rey también se mostró demasiado cariñoso. Bush, sospechosamente, vestía un suéter abierto, azul y casual, que seguramente usa cuando está en su rancho tejano. Incluso, recibió una “medalla al mérito” de oro semejante a esos enormes medallones que usaban en la antigüedad quienes tenían el título de lord, si bien no se especificó qué acto particular había hecho a Bush merecedor de una recompensa tan majestuosa. ¿Podría ser el mérito hipócrita de proveer aún más miles de millones de dólares en armas al reino para que el régimen saudita pueda usarlas contra sus enemigos imaginarios? Todo es ilusorio, desde luego, como todas las palabras que los árabes han escuchado de los estadunidenses recientemente, y desde que este desdibujado presidente inició su ruta turística por Medio Oriente. Uno no lo pensaría, viendo a este hombre absurdo pavoneándose del brazo del rey, en lo que al parecer era una especie de danza, blandiendo una pesada y refulgente espada curva saudita como un Saladino moderno, que habría dejado sin habla al líder kurdo que alguna vez destruyó a los cruzados en la zona que ahora Bush llama “el disputado territorio de Cisjordania”. ¿Es así como se supone deben comportarse los presidentes estadunidenses cuando ya son políticamente irrelevantes? Seguramente los ciudadanos de Medio Oriente se hicieron esta pregunta luego de ver tan penosa representación. Desde la revolución de 1979 en Irán, la guerra fría musulmana ha sido muy intensa en Medio Oriente, ¿pero es así como Bush cree que debe luchar por el alma del Islam? Un día más tarde, al anochecer, el sueño de Bush estallaba cuando un gran coche bomba explotó junto a un vehículo sedán en el que viajaban empleados de la embajada estadunidense en Beirut, matando a cuatro libaneses e hiriendo de gravedad al conductor. Mientras Bush se relajaba en el rancho real saudita, en Al Janadriyah, los israelíes mataron a 19 palestinos en la franja de Gaza, la mayoría de ellos miembros de Hamas, y uno de ellos era el hijo de Mahmoud Zahar, un líder del movimiento. El mandatario estadunidense aseguró más tarde que Israel no habría lanzado el ataque si el mismo día un israelí no hubiera muerto por un cohete palestino. La diferencia entre la realidad y el mundo de sueños del gobierno de Estados Unidos no puede ilustrase de manera más salvaje. Después de promer a los palestinos un “Estado soberano y unificado” antes del final de este año, jurando “seguridad” para los israelíes (que no para los palestinos, hicieron notar muchos árabes)”, Bush llegó al Golfo para espantar a los reyes y oligarcas de estos reinos empapados de petróleo con la amenaza de una agresión iraní. Como de costumbre, llegó armado con las ya típicas ofertas estadunidenses de vastas ventas de armas para proteger a estos regímenes antidemocráticos y policiales de la nación que él considera, potencialmente, la más poderosa de su “eje del mal”. Fue un potente, e incluso extraño ejemplo, el que Bush aprovechara su rondín policiaco por el Medio Oriente árabe para retomar la “política del miedo” que Washington con regularidad imparte a los líderes del Golfo. Acordó proveer a los sauditas con al menos 80 millones de dólares en armamento, cifra que se pretende incrementar a más de 19 mil millones de dólares para toda la región, según un acuerdo anunciado el año pasado. Esas armas, se supone, defenderán la zona de las presuntas ambiciones territoriales del desquiciado presidente iraní, Mahmud Ajmadinejad. Como de costumbre, Washington prometió a los israelíes que su “ventaja cualitativa” en armas de vanguardia se mantendrá, por si acaso los sauditas, quienes jamás han estado en una guerra después de la invasión a Kuwait, en 1990, decidieran lanzar un ataque suicida contra el único aliado verdadero que tiene Estados Unidos en Medio Oriente. No fue así, por supuesto, como se presentó el panorama a los árabes. Bush pudo ser visto besando ostensiblemente las mejillas del rey Abdullah y estrechando las manos de autocrático monarca cuyo Estado musulmán wahabita ha mostrado, apenas recientemente, su “clemencia” hacia mujeres que antes eran acusadas de adulterio después de ser violadas siete veces en el desierto afuera de Riad. Los sauditas, huelga decir, están conscientes de que el reinado de Bush está llegando a su fin en medio del caos en Pakistán, una desastrosa guerra de guerrillas contra las fuerzas occidentales en Afganistán, feroces combates en Gaza, una muy probable guerra civil en Líbano y un desastre infernal en Irak. La bomba en Beirut, que estalló a las 5 de la tarde, debió haber sido un rudo sobresalto para el presidente, mientras gozaba de los lujos que le obsequiaba el régimen saudita, pese al hecho de que la mayoría de los autores de los crímenes contra la humanidad del 11 de septiembre de 2001 provenían de ese reino, y que él permitió que estos acólitos regresaran a su casa inmediatamente después de los atentados. Dos visitas al rancho de Bush, en Texas, aparentemente fueron suficientes para que el presidente estadunidense se ganara una noche en el palacio del rey saudita, rodeado de prados y verdes colinas. El estallido en la capital libanesa se escuchó a muchos kilómetros de distancia. La bomba devastó edificios de una estrecha calle en el este de la ciudad, por la que transitaba el coche-bomba mientras el embajador estadunidense viajaba por una ruta distinta en dirección a una recepción que se celebraba en un hotel de Beirut, antes de partir hacia Washington. Sin embargo, un vocero del departamento de Estado insistió en que ningún ciudadano de Estados Unidos resultó herido. La camioneta estadunidense había tomado un oscuro callejón hacia el puente Karantina para llegar al norte de Beirut por la ruta paralela a la rivera del único río de la ciudad cuando se cometió el atentado. Esto llevó a los funcionarios militares libaneses a preguntarse si los atacantes tenían conocimiento de primera mano sobre la ruta que se adoptaría. También se dijo que se envió un convoy “señuelo” para distraer a potenciales atacantes y alejarlos de la ruta que tomaría el embajador, Jeffrey Feltman, hacia el hotel. Quedó destruida una fábrica de alfombras por la explosión, que también arrancó tejados y destrozó ventanas que estaban a más de un kilómetro de distancia. “Para los líderes árabes, el mensaje de Bush era aburridamente conocido. En los 80, cuando la administración de Reagan apoyaba la invasión de Saddam Hussein a Irán, Washington se dedicó a advertir a los líderes del Golfo sobre una posible agresión de Teherán. Una vez que Saddam invadió Kuwait, cambió el énfasis estadunidense: ahora Irak era el mayor peligro para sus reinos. Pero una vez que el emirato fue liberado, se dijo a los monarcas ricos de petróleo que el enemigo volvía a ser Irán. A los árabes ya no les convence esta caótica narrativa de “el bien contra el mal”, de la misma forma en que ya no creen las promesas de Washington de construir un Estado palestino hacia fines de 2008. Apenas un día antes de que Bush hiciera dicha declaración, Israel admitió públicamente sus planes de ampliar sus asentamientos en tierras árabes, en medio de colonias judías construidas ilegalmente en territorio palestino. Para entender la naturaleza de esta extraordinaria relación con los monarcas del Golfo, es necesario recordar que desde que Bush padre prometió un “oasis de paz” libre de armas en la región, Washington, junto con Inglaterra, Francia y Rusia, no ha dejado de enviar arsenal a la zona. Durante la pasada década, los árabes del Golfo derrocharon miles de millones de dólares de petróleo en armas provenientes de Estados Unidos. Las estadísticas cuentan su propia historia. Sólo entre 1998 y 1999, el gasto del ejército árabe del Golfo fue de casi 80 mil millones de dólares. Entre 1997 y 2005, los jeques de los Emiratos Árabes, a quienes Bush visitó antes de ir a Riad, firmaron un contrato de armas por 17 mil millones de dólares con naciones occidentales. Entre 1991 y 1993, cuando Irak era el “enemigo”, la Misión de Entrenamiento Militar estadunidense aportaba a los sauditas 27 mil millones en aprovisionamiento armamentístico y 23 millones en armamento de vanguardia. Para entonces, los sauditas ya tenían 72 cazabombarderos F-15 y 114 naves Tornado británicos. Muy poco ha cambiado en los últimos 17 años. El 17 de mayo de 1991, por ejemplo, Bush padre dijo que había “razones reales para ser optimistas” en cuanto a la paz en Medio Oriente. “Vamos a continuar este proceso de paz, no lo abandonaremos”, dijo entonces. James Baker, quien fue su secretario de Estado, advirtió el 23 de mayo de 1991 que continuar construyendo asentamientos judíos en tierra palestina “obstaculizaba” una futura paz en Medio Oriente, que es exactamente lo que dijo la actual secretaria de Estado, hace unos días. En ese momento, el vicepresidente Dick Cheney reiteró a los israelíes que Estados Unidos defendería su “seguridad”. Occidente puede tener una memoria muy corta, no así los árabes, que por casualidad viven en ese despropósito al que llamamos Medio Oriente, y que no son estúpidos. Entienden perfectamente lo que representa George W. Bush. Después de abogar por la “democracia” en la región, con una política que logró victorias electorales para los chiítas en Irak, para Hamas en Gaza y la ganancia de un poder político sustancial para la Hermandad Musulmana en Egipto, parece que Washington se ha percatado de que algo podría estar un poco errado en las prioridades de Bush. En vez de abogar por un “Nuevo Medio Oriente”, el señor Bush, arropado en sus sábanas de seda dentro del palacio del rey saudita, ahora busca el retorno del “Viejo Medio Oriente”, un lugar lleno de policía secreta, cámaras de tortura, al cual Estados Unidos pueda entregar a sus prisioneros para sacarles provecho, y que esté gobernado por presidentes dictatoriales (moderados) y monarcas. ¿Quién, de entre todos los déspotas del Golfo se opondría a algo así? © The Independent http://www.rebelion.org/noticia.php?id=62117 [

Yayo, el gran comediante de la factoría Tinelli En los 90, un cuadro técnico del Ministerio de Economía cordobés se filtró en el mundo de Tinelli. Desde entonces y casi sin querer, este adicto a la joda se fue convirtiendo en uno de los mejores comediantes populares de la TV desde el Negro Olmedo Un ejemplar de Ambito financiero, abierto a dos aguas sobre la mesa, informa temiblemente que de cada tres dólares que ingresan en la Argentina sólo uno va a parar a la Reserva Federal. Sentado en su bar de siempre, el licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Córdoba José Guridi evalúa la noticia en silencio mientras apura el segundo cortado de la tarde. Uno de cada tres dólares puede estar mal o bien, conjetura, según en qué se vayan los otros dos, porque no es lo mismo que se utilicen para pagar deuda a que terminen financiando obra pública. Son temas ásperos, técnicos: la flotación de la divisa, la coparticipación, la inflación endémica. Temas que lo convocan y que lleva encima desde que entró como asesor en la Subsecretaría de Ingresos Públicos de la gobernación de Córdoba, durante la gestión Angeloz, y que sigue mirando, un poco de reojo, en sus ratos libres y cuando puede, ahora que el licenciado Guridi se ha transformado en Yayo, el último capocómico argentino. "No, capocómico te pido que no." Son los tempranos 80 y la verdad es que Villa María ofrece poca acción: la peña de los jueves, el boliche de los sábados y después a arreglarse con un bombo, una guitarra y una botella de fernet en la casa de algún amigo para hacer estallar la noche. Porque el adolescente José Guridi, que es un alumno correcto del Bernardino Rivadavia, sin problemas cognitivos y con boletín en perfecto estado de aprobación constante, no piensa en otra cosa: hacer estallar la noche. Y pronto comprende su plan de negocios: para un chico del interior del interior como él, seguir una carrera en la universidad le va a dar, además de un título, la posibilidad de vivir la noche de la ciudad. Su padre, que ha trabajado toda la vida administrando pequeñas riquezas ajenas, lo quiere de contador, así le lleva los números. Pero el pibe tiene, en algún lado medio insondable todavía, un pulso humanista: algo le tira, a José, de la historia de los hombres y de cómo funcionan las cosas entre ellos; nunca tanto como le tira lo que él mismo se encarga de nombrar "la joda", pero igual: se deja llevar y elige Economía. Llegó a la ciudad de Córdoba en medio de la efusividad radical dentro de una provincia profundamente radical y él también quedó coloreado por la marea expansiva de la primavera alfonsinista, pero su militancia dentro de la juventud del partido fue fugaz, instantánea. El usa otra lírica: "Un pedo en una canasta". Esa gente que encuentra un profundo sentido de la vida en la actividad aparentemente trivial de "juntarse a hinchar las pelotas". Con amigos, con compañeros: a hinchar las pelotas, que es una especie de nada muy ancha más bien vinculada al tiempo desapremiante de la noche, sostenida en un amiguismo concentrado, perdurable y básicamente heterosexual. José entró en la carrera que hacía pocos años había inaugurado Domingo Cavallo y la completó en correctísimos cinco años. Dice que se dio el lujo de no apurarla porque la estaba pasando muy bien juntándose a hinchar las pelotas con sus amigos, que eran los viejos amigos de Villa María, cada uno en su propio trance académico. Los miércoles abría la peña de arquitectura o los jueves la de ingeniería. El circuito de pubs del centro funcionaba toda la semana y de golpe aparecieron nuevos planes: rajarse a Buenos Aires para ver a Chick Corea, a Pat Metheny, por ejemplo. Cuenta Yayo, este Yayo que está acá sentado en un bar de Palermo con el Ambito Financiero doblado a un costado, que llegó a bajarse todo Spinetta antes de que Taringa! pegara el portazo final: sus músicas son ésas. Y también el cuarteto. Es un pibe que hizo crecer su paleta. De todas esas juntadas celebérrimas empezaron a quedar pequeños recortes de canciones hechas con el único objetivo de provocarse la risa. A sí mismos y a nadie más. Un día, José y sus amigos se dieron cuenta de que habían compuesto un pequeño cuerpo que les daba para hora y media de show arriba de cualquier escenario. En Buenos Aires, para estar ahí arriba tenés que ser músico, estudiante de teatro o saberte la letra de "Desconfío" para subir borracho a cantarla en los karaokes de San Telmo. Pero en el interior el escenario es un espacio más natural, se acorta la distancia simbólica y cualquiera que sabe guitarra sube a tocarla, cualquiera que sabe un chiste sube a contarlo. Los Cascanueces arrancaron como seis cordobesitos que querían seguir hinchando las pelotas por los bares de la ciudad, apostando a un humor más inspirado en el Negro Olmedo que en la magnífica tradición de la chistología cordobesa, mientras, de a poco, se iban recibiendo. Al tiempo la mitad del grupo siguió otros rumbos y los que quedaron se rebautizaron como Tres en Banda. Pero la cosa no daba. Dice Yayo que empezaron a sentir el esfuerzo, que las presentaciones les dejaban moneditas y que la cosa no daba. En el año 93, el Bubu Tannus, el Corto Otoño y Yayo Guridi hicieron su última jugada y entre ellos se juraron que si esto de la tele no salía bien, cada uno seguiría su caminito. El licenciado Guridi ya era un cuadro técnico de la gobernación de la provincia y además asesoraba al sector privado en el desarrollo de proyectos de inversión, especialmente al tenaz emprendedor agroindustrial que por ahí necesitaba un nuevo avión fumigador o una procesadora de aceites, y ahí estaba el licenciado para armar tu plan de negocios y explicarle al Banco Mundial por qué debían extender los créditos, cómo recuperarían su dinero. Siempre tendría con qué ganarse el pan, así que la vida no lo iba a agarrar en bolas a José Guridi. Los Tres en Banda presentaron su material a los productores de un programa que ya no existe y que se llamaba Videomatch. El Bubu y el Corto la rompieron haciendo de gauchos expertos en el chiste corto, pero algo de Yayo no le gustó al conductor de aquel programa y lo apartó, lo puso a trabajar esporádicamente y como extra. Entonces, en honor a todas esas horas arrojadas al vacío del aburrimiento entre amigos, el Bubu y el Corto le dijeron a Yayo: algo se nos va a ocurrir, vos quedate en el molde. Uno meses después, lo hacían aparecer lo suficientemente maquillado como para que Marcelo Tinelli, el conductor de aquel programa que ya no existe, no lo reconociera al aire. Yayo era el gaucho Enladillao y sus remates empezaron a garpar en lo que tenían que garpar: puntos de rating. -Digamé, Don Enladillao, ¿ése es un sauce llorón? -No, si vu'a ser un sauce maníaco depresivo. Cuando se sacó la peluca, resultó que era Yayo. ¿Pero a este pibe no lo habíamos rajado? Dejalo que la está rompiendo, Marcelo: dejalo que mide. Y lo que a Marcelo le funciona Marcelo no lo toca. Durante casi dos años José Guridi vivió la doble vida del humorista de matriz popular que es también asesor economista. En julio del 95, cuando Angeloz se fue escandalosamente de la gobernación, al licenciado le llegó un fax pidiendo que presentara su renuncia. Lo que vino después es una década de formación en la caldera del humor televisado según la escala Ideas del Sur, que será lo que será pero que, en un gesto apreciable, nos dejó a este pibe. Vamos, que Tinelli nos dejó a Yayo como quien se redime. Miercoles, once de la noche, barrio de Once. En los estudios de una calle lateral, el equipo de Sin codificar arranca otra jornada de grabación. Hay cables tirados, hombres-cámara con grandes auriculares, una tribuna, una claque, un locutor. Están también Diego Korol, ex Tinelli, que conduce. Pichu Straneo, ex Tinelli, y Pachu Peña, ex Tinelli, que son la guardia de hierro. Y por ahí está Yayo, reconcentrado detrás del decorado, tomándoselo en serio, claramente un sujeto hacia adentro de sí mismo. El ojo perezoso y aleccionador de la valoración progresista va a pasar por la pantalla de América los domingos a la una y va a seguir de largo mientras masculla que esos eran los boludos que estaban con Tinelli. Y se va a perder, como se pierde siempre, las valencias que se traman bajo la superficie; en este caso, el trabajo secreto de un artista que está para reclamar su lugar en la mesa de los capocómicos argentinos. "Dejémosles esa palabrita a Gasalla, a Les Luthiers, al Negro Olmedo, a Dady, a Capusotto. Yo, no. Yo soy pura transpiración en la cancha, nada más." -Cuántos problemas que tenés con esa definición... -Es que me liga a una gente de la que estoy muy lejos. Y en realidad yo vengo de un grupo de borrachos que salíamos a ver qué boliche estaba abierto. -¿Y eso qué querría decir? -Que capocómico no es una etiqueta de la que yo me haga cargo. Va a menos, Yayo. Lo miro y no entiendo muy bien por qué. Será su forma de avanzar, pisando sobre seguro. Su papel en Fase 7, la película de Nicolás Goldbart en que compartió escena con Federico Luppi y Daniel Hendler, lo puso en un lugar experimental del cine argentino, y cualquiera que la haya visto sabe que ese experimento salió bien. Y sus personajes de Sin codificar están construidos a partir de una economía (¡es la economía, estúpidos!), de un uso tan inteligente de los recursos, que es absolutamente infrecuente en la dinámica de la televisión local. Los Wikipedia, por ejemplo, la banda de cumbia villera que armó para salir a cantar cositas como esta: Eh, Platón, lavatáper/ vo' que boqueabas a la escuela sofista de Heródoto, Pitágoras, Solón/ rescatate chabón. O su siguiente hit, "La cumbia gramatical": Yo me rescato, presente del indicativo/ que yo me rescate, presente del subjuntivo/ yo me rescataba, del indicativo es pretérito imperfecto/ me hubiere rescatado, del subjuntivo el futuro perfecto El track termina con un saludito a García Márquez, cobani de la pluma. Diego Capusotto habia clausurado el ingreso a la gran mesa de los humoristas de la televisión argentina, en la que, después de décadas de canonización secular, Alberto Olmedo ocupa la cabecera. Su ciclo fue lo suficientemente potente como para cerrar el relato sarcástico de la época. Sin embargo, hay una noticia post-Capusotto (o paralela) y esa noticia se llama Yayo, que emerge como una respuesta a su inteligencia creativa proponiendo otra, menos conceptual pero más adaptable, y si realmente la inteligencia es adaptación, Yayo se sostiene abriendo la puerta del departamento de utilería y trabajando con lo que encuentra, con lo que hay; es ahí donde se agolpa su pequeña magia: en encontrar unos dientes de cotillón adentro de un cajón y terminar radiografiando a la generación playstation con su encantador Pibe Play y su narración indisoluble que sólo repite: equis, equis, triángulo, equis. O la figurita de Oscar Romera, intendente del El Bolsón, quien agredió a las cámaras de CQC y terminó convertido en un personaje de Yayo que entra en guerra contra su propia producción al grito de ¡amerindios! El vínculo en reversa entre Capusotto y Yayo podría ser otro capricho de la imaginación si no fuera por la prueba material que lo constata. Esa prueba se llama Ivana Acosta, y es la actriz fetiche de ambos. Son las dos de la mañana, ya grabamos, el piso se va disolviendo en productores que saludan se van. En un costado Yayo mira cómo Belgrano se ha quedado afuera de la Copa Argentina frente a Rosario Central y putea como viene puteando desde que se inauguró a sí mismo en Videomatch, con la destreza de una esgrima, con un compromiso por el enunciado puteador: putea, Yayo, como putea el que reconoce en la puteada un género completo, recortado, específico. Putea como sólo unos pocos tipos pueden putear, afilando los bordes de la puteada, sacándola de la boca con la claridad del que lo pronuncia todo hasta la últimas consecuencias de lo pronunciado, protegiendo el sonido de la puteada, preocupándose por él: me cago en la rrrreputa madre que me parió y en la rrrrecajeta de esta lora renegrida cómo puede ser que estos hijos de una gran puta nos hayan dejado afuera, loco. Me voy a cortar los huevos y vengo. El carajeo no impacta: su producción, se ve, ya lo conoce y nadie acusa recibo de que la estrella del programa se ha puesto a maldecir la suerte de su club ahí paradito, frente a un televisor ocasional. Yo me quedo sentado en una barra, comiendo una picada de canje y hablando con Acosta mientras se termina de sacar el maquillaje. Lo que lamento es que la pregunta esté tan cantada: -¿Cómo es trabajar con uno y con el otro? -Los dos son tipos muy humildes, de tonos bajos, amables, nunca los vas a ver subidos a nada, excepto que haya un partido de fútbol. -¿Y artísticamente? -Con Diego el humor es más riguroso desde el guión; con Yayo es más popular y espontáneo. Tienen públicos distintos y cada uno conoce bien al suyo. -¿Ninguno te apuró para que dejes al otro? -No, al contrario. Mientras me den los horarios, soy de los dos, jaja. Detrás del cantante enmascarado; detrás del Rebo y del conductor de "Hablemos sin saber"; o del empobrecido ex millonario Roque Fort está Yayo, y detrás de Yayo, está José Guridi, el chico de Villa María que sigue ahí, en la fascinación que le provoca la ciudad, sus días, pero sobre todo sus noches. -Vos ¿quién sos? -Un vago, pero que labura mucho. -Y que ganó fama. -Sí, pero no te vayas a creer que eso es bueno. -¿Por? ¿Te rompe las bolas ser conocido? -Y, yo siempre fui de vivir entre las tinieblas, de moverme en los tugurios, en las cuevas, y hoy en día con el grado de exposición que tiene uno más la tecnología, que cualquiera anda con un celular que graba o saca fotos... Uno ya tiene hijos grandes, tiene una señora que ya no está dispuesta a perdonarle cosas que antes le perdonaba... Entonces hacerte conocido te coarta mucho, ¿viste? -Ah, viene por ahí, la ofuscación del pirata al que se le complica piratear. -No te queda otra que blanquear, como esa vez que habíamos tomado la costumbre de ir a tomar whisky a un cabaret muy conocido de acá, en Billinghurst y Córdoba, donde nos hicimos amigos del dueño. Yo le dije a mi señora: mirá, me hice amigo de un loco que es fantástico y que es dueño de un cabaret en Billinghurst y Córdoba. Listo, lo blanqueé. -¿Y qué pasó? -Naaada, si en realidad íbamos más por el grupo de gente que nos juntábamos que a levantarnos a las minas. Lo que en el interior se llama joda en Buenos Aires se llama reviente. Yayo parece conocer bien esa diferencia y nunca se permitió cruzar la puerta que lleva de un descontrol al otro. El tipo, que ya está en los 48, se ajusta a una carrera y, fatalmente, también a una familia. Vive con la madre de sus hijos desde el año 92 y ser padre de dos adolescentes (chica y chico) lo pone en el mismo lugar donde nos pone a todos: "Yo a mis hijos los disfruto y los sufro, según qué hora sea". Durante el día va a los actos escolares donde no puede evitar firmarle algún autógrafo a algún pesado, siempre: odia eso, más de tímido que de mal llevado. Y a la noche cruza los dedos para que los chicos le vuelvan de bailar con todos los dientes puestos. Odia eso también. Detrás de la máscara que usa para trabajar, de la calva radiante y esos ojos proponiendo siempre la desorbitación, está el operario que construye su humor con lo que va encontrando y el tipo que ha hecho de juntarse a hinchar las pelotas con los amigos una carrera. Hacía varias temporadas que no se veía un Martín Fierro tan injusto como el que no le dieron en la última edición. Esta podría ser una apreciación caprichosa si no fuera porque el tipo que se quedó con su estatuilla a la mejor labor humorística en televisión salió a decir: "Fue injusto, no era para mí, era para Yayo". Lo dijo Dady Brieva y lo dijo con consenso general. -Ahora que está de moda, ¿sos keynesiano? -En nuestras economías no hay mucho lugar para hacerse el loco. Acá tenés que ser lo más pragmático posible, porque vivimos en sistemas económicos que están supeditados al ritmo de las grandes potencias, entonces salir a decir soy keynesiano, soy liberal. Qué sé yo. Todavía seguimos dependiendo de la lluvia para ver cuánta soja cosechamos, así que qué te vas a andar haciendo el keynesiano, acá. -Okay, no existimos. -No, la verdad que no. Resulta que somos importantes en el sector agrícola industrial, pero cuando hubo el quilombo con el campo en 2008 los precios internacionales de los commodities ni se movieron por Argentina, o sea que nuestra influencia es nada. -¿Soñaste con ser ministro de Economía? -Y, cuando sos pendejo tenés esa ilusión tonta de que vas a poder cambiar las cosas, yo era medio lírico, sí. Yo decía: voy a solucionar la inflación, voy a posicionar a la Argentina contra las economías que la quieren depredar. Después te das cuenta de que al enemigo lo tenemos adentro. Se va, Yayo. Deja el estudio donde estuvo grabando las últimas ocho horas y lo hace con un cigarrillo sin encender atrapado en la oreja, como si se empeñara en negar cualquier fisonomía de la estrella, como si no se hubiera anoticiado todavía de todo lo que le pasa, de todo lo que les pasa a sus fanáticos con él. Como si no fuera la avenida Rivadavia la que cruza la ciudad ahí afuera sino otra callecita silenciosa de la noche de Villa María. El cigarrillo en la oreja, esperando su turno para ser fumado, aguardando su momento y el economista José Guridi, Yayo el capocómico, llevándolo con toda esa feliz indolencia, un poco como si nada. Por Alejandro Seselovsky