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Usuario (Argentina)

NVIDIA anuncio el dia de hoy lanzamiento de una nueva placa grafica en su linea de GPUs, el modelo GeForce GT 240 de 99 dolares. La nueva placa GeForce GT 240 de NVIDIA trae mejor rendimiento al rango de las placas graficas de nivel medio de menos de 100 dolares y utiliza la nueva tecnologia de fabricacion de 40 nanometros para hacerla una opcion razonable para PCs economicas: su bajo consumo de energia la ayuda a ocupar solo una ranura y a funcionar completamente independiente del bus PCI Express en vez de necesitar un conector separado. La GT 240 se ubica significativamente por encima de previas placas graficas economicas de NVIDIA en complejidad y tiene 96 nuecleos de procesamiento de imagenes, 32 unidades de textura y una velocidad de reloj primaria de 550MHz. Puede soportar hasta 1GB de memoria GDDR5 funcionando a 1.7GHz pero, en modelos mas economicos, puede utilizar tan solo 512MB de memoria GDDR3 a 900MHZ. Soporta graficos de nivel DirectX 10 (incluyendo equivalentes a OpenGL), asi como tambien tecnologia CUDA, PhysX y OpenCL para tareas computacionales generales y los lentes tridimensionales 3D Vision de la compañia. Los nuevos modelos de placas graficas NVIDIA GeForce GT 240 ya estan disponibles en el mercado a precios de 99 dolares e inferiores, y se pueden adquirir desde socios tradicionales de NVIDIA como EVGA y XFX.
La ciencia evoluciona cada día más, pero no todos parecen afrontar con el mismo optimismo el futuro que le aguarda a la humanidad. El portal 'Lookatme.ru' pasa revista a los puntos negros que podrían oxidar el futuro de la Humanidad: Cámaras al servicio del consumismo En actualidad las cámaras de las tiendas y comercios sirven básicamente como un mecanismo de seguridad, pero en un futuro próximo podrían enfocarse hacia otros fines. Por ejemplo, la empresa Prism Skylabs con sede en San Francisco permite a los propietarios de algunas tiendas usar programas adicionales de escaneo. El 'software' que analiza las imágenes calcula la cantidad de compradores, mide la longitud y la densidad de la cola. Gracias sistemas como este se podrá incluso analizar qué tipo de mercancías prefiere cada comprador. Todo ello permitirá entender las costumbres de los compradores y determinar la popularidad de unos u otros productos. También está previsto que salgan al mercado tecnologías que pueden distinguir voces. De esta forma la administración de la tienda podrá registrar si los compradores critican los precios, los colores o la calidad de sus mercancías con vistas a cambiar su política. Según los expertos de Lookatme.ru, estas tecnologías permitirán imponer a los compradores las mercancías con más facilidad. Los robots están mal vistos Con el desarrollo de la tecnología, tarde o temprano nos toparemos cara a cara con androides, réplicas antropomórficas que miran y actúan casi como un ser humano real. Está confirmado que los proyectos de este tipo despiertan hostilidad y rechazo entre los humanos. Este fenómeno, llamado el 'valle inquietante', ha sido investigado por científicos como Masahiro Mori. Cuanto más se parezcan los robots a los humanos, más temor y más molestia provocarán en la gente. Para convencerse de esta afirmación, basta mirar los videos de Boston Dynamics o las obras de Hiroshi Ishiguro. Internet 'cortocircuita' nuestra red neuronal Google nos ayuda a encontrar esa palabra que no conseguimos recordar pero que tenemos en la punta de la lengua. También nos echa un cable a la hora de dar con el título de una películas o incluso a la hora de consultar recetas antiguas etc... Sin embargo, según una investigación llevada a cabo por especialistas de la Universidad de Colombia, en EE.UU., nuestra dependencia de internet perjudica seriamente nuestra memoria. La Red sustituye progresivamente a la capacidad cerebral de retener información debido a que la podemos encontrarla fácilmente en cualquier momento, según un estudio del neurocientífico Betsy Sparrow. Guerra genética de clases Quince niños genéticamente modificados han nacido en los últimos tres años como resultado de un programa experimental en el Instituto de Medicina Reproductiva y Ciencia de San Bernabé, en Nueva Jersey, EEUU. Según los científicos, en el futuro, gracias a tecnologías avanzadas que permiten la modificación genética los humanos serán más inteligentes, más fuertes, y menos propensos a padecer distintas enfermedades. No hay duda de que este tipo de tecnología estará disponible, al menos en un primer momento, solo para los ricos De esa forma, la ventaja de la élite a nivel biológico, se traducirá en una clara discriminación social. Además, nadie puede afirmar con certeza que los experimentos para cambiar el código genético sean 100% seguros. Esta tecnología puede llevar a resultados impredecibles, e incluso provocar nuevas enfermedades y mutaciones. El hielo eterno hace aguas Según los científicos, hacia el año 2058 los hielos hasta ahora considerados 'eternos' empezarán a derretirse por primera vez en 25.000 años. Ya en actualidad podemos observar cómo se ha formado un lago en el Polo Norte. Dos recientes estudios sobre el cambio climático sostienen que el calentamiento global podría ser una catástrofe mayor de lo que se imaginaba y que sus efectos durarán cientos de miles de años.

Caminar es gratis. Muchos pensadores y artistas han utilizado el movimiento, ya sea en la forma de distintos medios de transporte o de una simple caminata por el bosque, para desarrollar la creatividad y la imaginación. Dos aspectos evolutivos han marcado el destino histórico del ser humano: el desarrollo de pulgares oponibles y la capacidad para el desplazamiento bípedo. Y aunque los pulgares oponibles sean lo que nos permite manejar con destreza tanto la pluma como las armas de fuego, muchos pensadores y artistas han encontrado en las caminatas una imperecedera fuente de inspiración. Charles Dickens y Victor Hugo obtenían sus mejores ideas caminando; Mark Twain caminaba como loco mientras dictaba sus historias; Goethe y Walter Scott preferían componer mientras iban a caballo, mientras Mozart se relajaba en un carruaje; Murakami corre algunos kilómetros diariamente, y Viel Temperley prefería el nado estilo crawl. El filósofo Michel Serres ha escrito sobre la relación entre el ejercicio físico (especialmente el alpinismo) y el pensamiento filosófico, y Einstein lo supo también cuando meditaba en su bicicleta. Como Rosamund E. Harding sugiere en su libro de 1932, An Anatomy of Inspiration: “Es posible que el movimiento rítmico del carruaje, del tren, de un caballo y, en menor medida, del caminar, puedan producir en mentes sensibles un efecto ligeramente hipnótico que conduzca a un estado mental más favorable al nacimiento de las ideas.” ¿Pero qué es la inspiración sino un acto respiratorio? Tal vez uno de los mayores referentes para pensar las caminatas creativas sea el escritor estadunidense Henry David Thoreau. Su libro Walking de 1861 no gozó de mucha aceptación en su tiempo, como tampoco su poesía ni sus avanzadas ideas ambientalistas o su resistencia a pagar impuestos, semillas todas que germinarían en los movimientos anarquistas y ecologistas del siglo XX. En sus caminatas por los bosques, Thoreau desarrolla una conexión espiritual entre la habilidad del hombre para cambiar su entorno y el verse como un ser para y con la naturaleza: “Deseo tomar la palabra por la naturaleza, por la absoluta libertad y lo salvaje, contrastada con la libertad y la cultura meramente civil —el ver al hombre como habitante, como parte y parcela de la Naturaleza, más que como un miembro de la sociedad.” La ciencia, por su parte, también podría tomar la palabra a favor de la caminata. En un estudio publicado en The Proceedings of the National Academy of Science, los investigadores dividieron a un grupo en dos partes. Uno de los grupos debía caminar por un recorrido tres veces por semana, mientras el otro debía abstenerse de ejercicios aeróbicos, como el yoga o los ejercicios de resistencia. Se encontró que el grupo de caminadores mostró un 2% de aumento en el hipocampo, la zona del cerebro asociada con el aprendizaje y la memoria, mientras el otro grupo no mostró ningún beneficio. Caminar es gratis: no se trata de promover más un estilo de vida saludable y los valores del ejercicio, sino de reencontrar una conexión y un ritmo con nuestra ciudad y nuestro entorno a través de un mapeo físico de ellos; de recordarnos que no somos árboles para permanecer en un sólo sitio, y también para ponernos a disponibilidad de una aventura. Si los aventureros del siglo XIX hicieron del mar y del bosque sus lugares privilegiados, tal vez en el siglo XXI podamos desconectarnos de vez en cuando, unos minutos al día, y salir a que nos crezca el hipocampo y nos dé un poco de sol (?).

El yo sería una construcción ilusoria que aísla al sujeto de su entorno haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real. Muy probablemente, nuestro cerebro crea la experiencia del yo a partir de una multitud de experiencias. Hoy sabemos que todo lo que experimentamos se procesa en patrones de actividad neural que conforman nuestra vida mental. Y no tenemos ninguna conexión directa con la realidad exterior. Vivimos, pues, en una realidad virtual. Los colores, los sonidos, los gustos y los olores no existen ahí afuera, sino que son atribuciones de nuestra mente. Estamos tan familiarizados y satisfechos con la experiencia de nuestro yo que preguntarse si realmente ese yo existe parece como si fuese la pregunta de un retrasado mental. Y sin embargo la neurociencia moderna se plantea esa cuestión precisamente, a saber que el yo, como ya decía la filosofía hindú hace más de tres mil años, es maya, palabra del sánscrito que significa engaño, ilusión o lo que no es. En la filosofía védica se acuñó la palabra Ahamkara, palabra compuesta de Aham, que significa “yo” y kara que designa todo aquello que ha sido creado. El yo sería una construcción ilusoria que aísla al sujeto de su entorno haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real. Como dice la psicóloga británica Susan Blackmore, la palabra ilusión no significa que no exista, existe como fruto de la actividad cerebral que al parecer genera esa ilusión en nuestro propio beneficio. Cuando nos levantamos por la mañana nuestro yo se despierta unido a la consciencia. Vuelven los recuerdos del día anterior y los planes para el futuro. En una palabra: nos convertimos en esa persona que identificamos con la palabra “yo”. Todos nosotros tenemos la impresión subjetiva de que dentro de nosotros se esconde la persona que llamamos “yo” y que recibe todas las sensaciones, toma todas las decisiones, recapacita, planifica, aprueba o rechaza. Es como una especie de homúnculo que controla todas las funciones cerebrales. Teatro cartesiano El filósofo estadounidense Daniel Dennett llamó a este proceso el Teatro Cartesiano, es decir, una especie de quimera de que en alguna parte del cerebro existe un lugar donde todos los sucesos mentales convergen y son experimentados. En el siglo XVIII, el filósofo escocés David Hume ya dijo que no había ninguna prueba de que ese lugar existiese. Además se ha argumentado que la existencia de un homúnculo requeriría otro homúnculo dentro del primero y así sucesivamente. David Hume decía: “Por mi parte, cuando entro más íntimamente en lo que llamo mí mismo (myself) siempre tropiezo con alguna percepción particular de calor o frío, luz o sombra, amor u odio, dolor o placer. En ningún momento puedo nunca cogerme a mí mismo sin una percepción, y nunca puedo observar nada excepto la percepción. Cuando desaparecen mis percepciones por algún tiempo, como cuando estoy profundamente dormido, durante tal tiempo estoy insensible a mí mismo y puede en verdad decirse que no existo”. Como vemos, para Hume el yo no es más que un haz de percepciones. Veinticuatro siglos antes Gauthama Buda había llegado a la misma conclusión. La hipótesis del alma Naturalmente existe la hipótesis de un ente inmaterial, al que se le ha llamado alma, que controlaría todas las funciones cerebrales. El problema es que con ella no resolvemos nada. Primero, porque el dualismo cartesiano siempre tuvo problemas para explicar cómo un ente inmaterial es capaz de mover la materia cerebral sin tener energía, lo que violaría las leyes de la termodinámica. En segundo lugar, porque la hipótesis del alma nos da una explicación, pero invalida cualquier investigación ulterior ya que la creencia en ella hace superfluo cualquier esfuerzo por conocer cuáles son las razones y los mecanismos de lo que hemos llamado la ilusión del yo. Además, la hipótesis del alma no es una hipótesis científica porque no es ni confirmable ni falsable, siguiendo los criterios del filósofo austriaco Karl Popper. No tenemos ninguna prueba de la existencia de algo permanente en nosotros mismos. Todo lo que nos rodea y todo lo que somos, biológicamente hablando, es efímero y perecedero. Si el yo es la suma de nuestros pensamientos y acciones, entonces ese yo es fruto de la actividad cerebral. Lesiones cerebrales graves pueden producir un cambio de personalidad, y el mismo efecto puede tener lugar con la ingesta de drogas. A pesar de que el yo sea un producto cerebral, no existe ningún lugar en el cerebro en el que pueda localizarse. Muy probablemente, nuestro cerebro crea la experiencia del yo a partir de una multitud de experiencias, tanto las que llegan a través de nuestros sentidos como las que hemos almacenado en nuestra memoria. Sabemos que el cerebro construye un modelo del mundo exterior y que teje las experiencias para formar una historia coherente que le permita interpretar y predecir futuras acciones. Generamos una simulación del mundo exterior para anticipar lo que vamos a hacer en él en el futuro y, de esa manera, asegurar la supervivencia. Esa sería la razón por la que preferimos un modelo de la realidad antes que la realidad misma. Desconectados de la realidad No tenemos una conexión directa con la realidad, como ya dijo el filósofo alemán Immanuel Kant. Kant afirmaba que incluso antes de que haya un pensamiento, antes de que podamos conocer algo sobre el mundo o sobre nosotros mismos, tiene que haber un yo unificado como sujeto de la experiencia. Colocó ese yo unificado y primordial en el centro de su propia filosofía y argumentaba que ese yo interno creaba coherencia y prestaba ayuda a nuestra experiencia y nuestra percepción. Hoy sabemos que todo lo que experimentamos se procesa en patrones de actividad neural que conforman nuestra vida mental. Y no tenemos ninguna conexión directa con la realidad exterior. Vivimos, pues, en una realidad virtual. La filosofía hindú también considera la realidad exterior como maya, ilusión. Ya en el pasado se conocía que las llamadas cualidades secundarias dependían del sujeto que las experimentaba, como afirmaba Descartes. Y el filósofo napolitano Giambattista Vico lo expresa claramente en su libro La antiquísima sabiduría de los italianos de la manera siguiente: “si los sentidos son facultades, viendo hacemos los colores de las cosas, degustándolas sus sabores, oyéndolas sus sonidos, y tocándolas, hacemos lo frío y lo caliente”. El filósofo empirista irlandés, el obispo George Berkeley, decía que sólo conocemos lo que percibimos, de manera que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escucharlo haría algún ruido. Por lo que hoy sabemos no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna cualidad de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra. Los colores, los sonidos, los gustos y los olores no existen ahí afuera, sino que son atribuciones de nuestra mente. Ahí afuera no existen más que radiaciones electromagnéticas de distintas longitudes de onda que incidiendo sobre nuestros receptores producen potenciales eléctricos, los potenciales de acción, que son todos iguales provengan del ojo, del oído, del gusto, del olfato o del tacto. Es en las distintas regiones de la corteza donde se atribuyen las cualidades secundarias. De ahí que la lesión de la región cortical donde se procesa la visión cromática tenga como resultado que el paciente se vuelva acromático y no sólo no vea colores, sino que ni siquiera sueñe con ellos. En la construcción de ese mundo interior, si falta alguna información, el cerebro la suple para generar una historia plausible aunque no sea completamente exacta. El cerebro crea el yo consciente De la misma manera, el cerebro crea el yo consciente, aunque aún no sepamos cómo, y a partir de la actividad neuronal se pasa a un concepto tan abstracto como ese. El yo sería una construcción ilusoria que aísla al sujeto de su entorno haciéndole creer que tiene una autonomía que no es real. Tanto lo que llamamos yo como la consciencia son construcciones cerebrales que encierran el gran problema de la neurociencia, a saber, cómo se pasa de la actividad neuronal a las impresiones subjetivas. Es lo que el filósofo australiano David Chalmers ha llamado el “problema difícil” de la consciencia. El paso de lo objetivo a lo subjetivo. ¿Qué sentido tendría esa ilusión del yo? Se ha argumentado que la razón es simplemente la función de predecir la conducta de los otros. Si creo que dentro de mí existe una persona que se comporta como cualquier otra, puedo predecir el comportamiento de los demás observando esa persona dentro de mí. La autoconsciencia sería, pues, el invento del yo para saber qué harán los otros. El neurólogo indio afincado en Estados Unidos Vilayanur Ramachandran cree que el yo no es una propiedad holística de todo el cerebro, sino que surge de la actividad de series de circuitos que están distribuidos por todo el cerebro e interconectados entre sí. El pionero de la inteligencia artificial, Marvin Minsky, dice que la auto-consciencia es un segundo mecanismo paralelo desarrollado para generar representaciones de otras representaciones más antiguas. Y el psicólogo inglés, Nicholas Humphrey, supone que nuestra capacidad de introspección puede haberse desarrollado específicamente para construir modelos de la mente de otras personas para poder predecir su conducta. Esta última afirmación nos llevaría a relacionar la auto-consciencia con las neuronas espejo, que nos permiten “reflejar” en el cerebro actos motores, pero también emociones e intenciones de los demás. En esto también está Ramachandran de acuerdo. ¿Sólo un yo? Habría que preguntarse si existe sólo un yo. No hace tanto tiempo se buscaba afanosamente la memoria, asumiendo que era una sola entidad. Hoy sabemos que hay distintos tipos de memoria con distintas localizaciones en el cerebro. Lo mismo ha ocurrido con la inteligencia, y hoy se definen varios tipos de inteligencia. Por ello hay que preguntarse si no ocurrirá lo mismo con el yo. Ramachandran habla, por ejemplo, de diversos yos, o al menos de distintos aspectos del yo, como por ejemplo el sentido de unidad, la multitud de sensaciones y creencias, el sentido de la continuidad en el tiempo, el control de las propias acciones (esto último relacionado con el tema de la libertad o libre albedrío), el sentido de estar anclado en el cuerpo, el sentido de la propia valía, dignidad y mortalidad o inmortalidad. Cada uno de estos aspectos puede estar mediado por centros diferentes en distintas partes del cerebro y que, por conveniencia, los agrupamos a todos en una sola palabra: yo. Precisamente el aspecto más extraño de todos: el ser consciente de uno mismo es lo que Ramachandran supone que depende de las neuronas espejo. Hay casos clínicos que muestran que existen muchas regiones cerebrales que juegan un papel en la creación y mantenimiento del yo, pero no existe ningún centro en donde se reúna todo físicamente. Aparte del lóbulo frontal, donde se descubrieron estas neuronas por vez primera, existen numerosas neuronas espejo en el lóbulo parietal inferior, una estructura que ha experimentado una gran expansión en los grandes simios y en el hombre. Esta región se dividió en dos giros: el giro supramarginal que nos permite “reflejar” nuestras acciones anticipadamente, y el giro angular, que nos permite “reflejar” nuestro cuerpo, en el hemisferio derecho, y otros aspectos sociales y lingüísticos del yo en el hemisferio izquierdo. La hipótesis de la relación de estas neuronas con la auto-consciencia supondría que utilizamos las neuronas espejo para mirarnos a nosotros mismos como si alguien lo estuviera haciendo. Y el mismo mecanismo que se desarrolló para adoptar el punto de vista de otro se volvió hacia adentro para mirar el propio yo. De manera que “auto-consciente” sería ser consciente de otros siendo consciente de mí mismo. El yo como construcción cerebral Que el yo unificado puede ser una construcción cerebral lo muestran los experimentos realizados por Roger Sperry (Nobel 1981) y Michael Gazzaniga en sujetos con cerebro escindido o dividido. En pacientes que sufrían de epilepsia, con un foco en un hemisferio, y para evitar que se crease un “foco especular” en el otro hemisferio, cirujanos norteamericanos hace unas décadas seccionaban el cuerpo calloso e incluso en algunos pacientes también la comisura anterior. Los experimentos mostraron que al hacerlo los cirujanos partieron literalmente en dos el yo, ya que aparecieron dos personas distintas con gustos y aficiones diversas y a veces contradictorias. En estos pacientes podía ocurrir que una mano abriese un cajón y la otra intentase cerrarlo. Preguntado el hemisferio no parlante de uno de estos sujetos, generalmente el derecho, que qué profesión quería ejercer en el futuro, respondió, mediante la utilización de letras del juego Scrabble, que quería ser corredor de fórmula uno, cuando el hemisferio parlante había siempre afirmado querer ser diseñador gráfico. Y el neurólogo Ramachandran tuvo un paciente que respondía con el hemisferio izquierdo creer en Dios y con el hemisferio derecho ser ateo. La división de las conexiones entre los dos hemisferios había creado un segundo yo hasta ahora desconocido porque el yo del hemisferio dominante o parlante se había considerado el único. Resultados sorprendentes Uno de los resultados más sorprendentes de estos experimentos fue la capacidad de interpretación del hemisferio izquierdo de la conducta iniciada por el hemisferio derecho. Si se le enviaba una señal al hemisferio derecho que decía “andar”, el sujeto se ponía en marcha. Y preguntado el sujeto verbalmente que por qué lo hacía, el hemisferio izquierdo parlante respondía que iba a buscar una coca-cola, cualquier otra excusa o simplemente que tenía ganas de hacerlo. Este fenómeno es algo parecido a lo que ocurre cuando se hipnotiza a una persona y se le ordena, ya hipnotizado, que ande a cuatro gatas por la alfombra. Si en ese momento el hipnotizador lo despierta y le pregunta qué hace andando a cuatro gatas, el sujeto puede responder que porque se le había caído una moneda. El hemisferio izquierdo, cuando no conoce las razones de la conducta del organismo, se inventa una historia plausible para interpretarla. En otras palabras: para ese yo del hemisferio izquierdo una historia plausible, pero falsa, es mejor que ninguna. Esta capacidad que llevó a su descubridor Michael Gazzaniga a llamar al cerebro dominante “el intérprete” se ve aún más claro en el siguiente experimento. Si se le proyecta a uno de estos pacientes un paisaje nevado al hemisferio derecho y la cabeza de una gallina al hemisferio izquierdo y luego se le pide que elija con cada mano entre varias imágenes que se les proyecta la que estuviese más relacionada con lo que habían visto, la mano derecha, controlada por el hemisferio izquierdo, elegía una gallina, y la mano izquierda, controlada por el hemisferio derecho, una pala. Pero si se le preguntaba al paciente que por qué había elegido con la mano izquierda una pala respondía que para limpiar la porquería del gallinero. Engaños cerebrales Para el yo izquierdo, repito, es mejor tener una historia plausible, aunque sea falsa, que no tener ninguna. La capacidad de suplir información que falta por parte del cerebro es lo que constituye los engaños tanto ópticos como de otro tipo a los que estamos acostumbrados. Pensemos, por ejemplo, cómo el cerebro cubre la información que falta en aquella parte de la retina que no tiene receptores visuales por la salida del nervio óptico, es decir, la mancha ciega que no se traduce en un escotoma en el campo visual. Antes hablamos de casos clínicos en los que se produce una fragmentación del yo o la pérdida de uno de sus aspectos. Uno de estos casos es la asomatognosia, o la falta de reconocimiento de una parte del cuerpo, que suele ocurrir tras una apoplejía con extensas lesiones de la corteza cerebral. La asomatognosia es una fragmentación del yo. Otro ejemplo es el síndrome de negligencia hemiespacial, que ocurre por lesiones del lóbulo parietal derecho, en el que el paciente ignora, o más bien no atiende, a la mitad izquierda de su campo visual. Otro síntoma que afecta al yo personal es la anosognosia, o negación de la enfermedad. Un caso especial de anosognosia es el síndrome de Anton, o inconsciencia de la ceguera. Gabriel Anton describió uno de los primeros ejemplos de falta de consciencia de la ceguera en 1899. Generalmente, las tres condiciones: asomatognosia, negligencia hemiespacial y anosognosia suelen ocurrir juntas por lesiones del hemisferio derecho. Límites del yo personal Los límites del yo personal son más dinámicos que rígidos. Hay cosas ego-cercanas, como el propio cuerpo, la mujer o el marido, los miembros de la familia. Por otra parte, los objetos que no tienen un significado especial para nosotros son considerados ego-distantes. Ejemplos de alteraciones de las relaciones del yo son los fenómenos conocidos como déjà vu y jamais vu, o sea ya visto y jamás visto, en los que el paciente tiene la impresión de haber visto ya algo que no ha podido ver antes, o lo contrario, la impresión de no haber visto nunca algo que sí conoce. Esto está en relación con el sentido de familiaridad, sentido emocional que depende del sistema límbico, concretamente de la amígdala. El individuo sano tiene una relación integrada y normal con el mundo. Nuestras relaciones con el mundo y con otras personas están en un equilibrio delicado y ese equilibrio se mantiene de manera automática e inconsciente. No somos conscientes de él hasta que no es violentado. En 1923, el psiquiatra francés Jean-Marie Joseph Capgras describió un caso, el de Madame M., una mujer de 53 años que se quejaba que impostores habían sustituido a su marido, a sus hijos e incluso a ella misma. Su marido había sido asesinado y los impostores lo habían sustituido por otra persona. A este fenómeno lo llamó “l’illusion de sosies’. Sosia es en español una persona que se parece tanto a otra que es confundida con ella. El nombre proviene de la mitología griega en la que se cuenta la historia de Zeus que se transformó físicamente en la persona de Anfitrion para seducir a su mujer Alcmena. Temeroso de que la criada de Alcmena, Sosia, la alertase del engaño, hizo que Hermes se convirtiese en Sosia. El engaño tuvo éxito y Alcmena dio a luz a dos mellizos: uno, hijo de Zeus: Hércules; el otro, hijo de Anfitrion: Iphicles. De ahí que el nombre sosie signifique en francés doble. El síndrome de Capgras está probablemente generado por la pérdida de la conexión entre el reconocimiento de caras, localizado en el giro fusiforme, y el sistema límbico, especialmente la amígdala, que le da significación emocional a los estímulos sensoriales. El paciente reconoce las caras, pero no son familiares para él, por lo que supone que son impostores o dobles. Cuatro años tras la publicación del síndrome de Capgras, dos médicos franceses, Courbon y Fail, publicaron un artículo titulado: “El síndrome de la ilusión de Frégoli y la esquizofrenia”. Courbon y Fail le dieron este nombre por Leopoldo Frégoli, famoso actor italiano en Francia por su extraordinaria capacidad de imitación. Estos pacientes encontraban a personas a su alrededor conocidas, aunque nunca las habían visto antes, es decir, lo contrario que los pacientes con síndrome de Capgras. El síndrome de Frégoli puede interpretarse como una super-relación con otras personas y en ese sentido se parece al fenómeno del déjà vu. Un yo maleable Los límites del yo son maleables, no son rígidos. Al yo se le ha comparado con una ameba que cambia su forma y sus márgenes. Un ejemplo de ello es lo que ocurre con los experimentos que utilizan una mano de goma. Si se oculta la mano izquierda de un sujeto y se acarician simultáneamente la mano izquierda y la mano de goma con un punzón o pincel, al cabo de unos minutos el sujeto siente que la mano de goma forma parte de su cuerpo. La fusión de la información táctil y visual en el cerebro crea esa ilusión. Las memorias de todas las experiencias de la vida son muy importantes para la creación y mantenimiento del yo. Nuestra identidad es la suma de nuestros recuerdos, pero esos recuerdos se modifican por el contexto en el que se producen y, a veces, simplemente son confabulaciones. Con otras palabras: no podemos fiarnos completamente de ellos, de manera que el propio yo queda en entredicho. Por otra parte, sin un sentido del yo los recuerdos no tienen ningún sentido y, sin embargo, ese yo es un producto de nuestros recuerdos. Dos tipos de yo Personalmente pienso que existen al menos dos tipos de yo o de consciencia: una a la que llamo “consciencia egoica”, que es la consciencia normal que solemos tener en la vigilia, aunque haya también diversos niveles, y que se caracteriza por un pensamiento dualista característico de nuestra capacidad lógico-analítica. Y una segunda consciencia que llamo “consciencia límbica” que es la que nos permite acceder a una especie de “segunda realidad”, que es a la que llega el chamán, o el místico, mediante ciertas técnicas y que genera la sensación de trascendencia. La llamo consciencia límbica porque se debe a la hiperactividad de determinadas estructuras límbicas que se encuentran en la profundidad del lóbulo temporal. Su estimulación eléctrica o magnética es capaz de producir experiencias llamadas espirituales, religiosas, numinosas o de trascendencia. Ambas consciencias son antagónicas y una condición para que se produzca esta última es la anulación de la consciencia egoica, algo que conoce hace siglos la filosofía oriental. Es de suponer que la consciencia egoica es dependiente de estructuras cerebrales filogenéticamnete más modernas, como la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior, mientras que la consciencia límbica supone la dependencia de estructuras más antiguas pertenecientes al cerebro emocional o sistema límbico. En resumen: el yo, como construcción cerebral, no tiene una localización exacta en el cerebro y es posible que existan distintos tipos de yo o de consciencia. Sus límites no son fijos y tanto ciertos experimentos como la patología nos muestra su fragilidad. Llama la atención el hecho de que atribuyamos al yo la mayoría de la actividad cerebral, cuando en realidad el yo racional es una instancia tardía en comparación con el inconsciente que gobierna la inmensa mayoría de nuestra actividad cerebral al servicio de la supervivencia. Falta conocer por qué es generado ese yo unificado por el cerebro, y cuál es su función.

Entre la masturbación mental, la plenitud, y la fantasmagórica elusividad, florece uno de los estados históricamente más codiciados por el ser humano: la felicidad. A lo largo de siglos las personas hemos dedicado una porción considerable de nuestras respectivas vidas persiguiendo ese estado que llamamos felicidad. Curiosamente existen innumerables maneras de percibir esta anhelada abstracción –aunque cabe recalcar que la naturaleza de la felicidad se debate en la frontera que separa lo conceptual de lo palpable, como una especie de esperanzadora, pero a la vez ambigua, entidad–. Incluso, en algún momento podríamos dudar de la existencia de la felicidad como un estado ‘alcanzable’. Pero lo anterior no es una afirmación en el sentido de que sea un espejismo o una utopía, sino de que quizá es algo ya implícito en nuestra existencia, indisociable de nuestra esencia. Es decir, tal vez la felicidad no es una ‘meta a la cual acceder’, sino una simple región interna esperando a ser nuevamente develada (tras sacudirse el bagazo culturalmente emocional y las distorsiones perceptivas). Independientemente de si la felicidad ‘se logra’ o simplemente ‘se despierta’, en lo personal creo que esta, más allá de la sonriente pirotecnia que culturalmente tendemos a asociarle, se manifiesta en otra abstracción potencialmente asequible: la paz interior, un estado discreto, estable, y envuelto en rítmica –y resonante– neutralidad. Deshebrando la felicidad Para tratar de destilar algunas de las hebras fundamentales de este fenómeno, y con el fin de acercarnos a algo parecido a una definición sobre la felicidad, repasemos cómo ha sido esta concebida por influyentes pensadores e inspiradoras figuras (a fin de cuentas cuando tratamos de entender algo recurrimos invariablemente a ese mapa referencial que llamamos realidad). La felicidad solo es si se comparte Esta premisa postula como requisito para alcanzar o lograr la felicidad el acto de compartirla. Y aquí nos encontramos con una paradójica pincelada: si para ‘tener’ algo primero debo compartirlo, entonces cómo compartir algo que aún no ‘tengo’. Tal vez aquí la única fórmula posible sería algo así como: imagina una porción de felicidad y compártela. En cuanto hayas llevado a cabo estos dos pasos, entonces esa felicidad inicialmente imaginaria se habrá ya cristalizado. Y supongo que a esto se refería el exquisito Lord Byron cuando afirmaba que todo aquel que desee acceder al disfrute, debe compartirlo, pues la felicidad, al nacer, viene acompañada de un gemelo (el otro yo). Por su lado, Camus advertía que “la felicidad solo se perdona si accedes generosamente a compartirla”. La felicidad no se busca (resulta de otras cualidades) Aquí hay un aspecto que nuevamente coquetea con la paradoja. Posiblemente la felicidad no debe buscarse como un objetivo, sino que tras desarrollar ciertas ‘virtudes’, entonces simplemente florece ante nuestros desinteresados ojos. Orwell afirmaba que la aceptación es indispensable para ser feliz, mientras que Gandhi apostaba por la congruencia (“la felicidad ocurre cuando lo que piensas, lo que dices, y lo que haces, se encuentran en completa armonía”). Bretch advertía que todos persiguen la felicidad sin darse cuenta que esta se encuentra posada en sus tobillos, mientras que el filósofo chino, Zhuangzi, era contundente en este sentido: “La felicidad es la ausencia de la búsqueda de la felicidad”. La felicidad se dibuja en contraste con su ausencia En esta premisa se recurre al entendimiento de algo a partir de concebir su opuesto y luego, por contraste, dar vida al ‘objeto’ inicial. No podemos descartar que el acceso más rápido a la felicidad sea el experimentar una profunda tristeza (en un acto metapsicológico que tiene que ver con el valorar y el agradecer tu condición del momento tras haber pasado por noches de radical oscuridad). Con su habitual crudeza, Dostoievsky recalcaba que la mayor felicidad viene tras un encuentro con la fuente primaria de la infelicidad. Por otro lado, Jung advertía que la felicidad, sin la tristeza, pierde cualquier sentido de ser (la armónica comunión de opuestos que promueven ciertas filosofías orientales). Sugerencias científicas para alcanzarla No deja de ser un tanto esquizoide el repasar las recomendaciones que la ciencia nos convida para consagrar nuestro encuentro con esa idílica compañera. Pero tampoco debiéramos dejar de celebrar que la ciencia contemporánea dedique recursos a profundizar en aspectos como este que resultan en fenómenos determinantes para el ser humano. A continuación algunas recomendaciones, cortesía de la ciencia, para alcanzar la felicidad: - ‘Culturizate’: Según un estudio publicado en Journal of Epidemiology (mayo 2012), las personas que frecuentan actividades culturales reportan mayores índices de felicidad. - Practica el agradecimiento: En 2010 investigadores repasaron cerca de cincuenta estudios relacionados con la felicidad y concluyeron que el ser agradecido incrementa significativamente tus probabilidades de ser feliz. - Altruismo: el ‘sentir que haces sentir bien a los demás” facilita la communion con la felicidad. - No la busques: coincidiendo con Bretch y Zhuangzi, investigadores de la Universidad de Denver se percataron que aquellos que se concentran demasiado en ser felices terminan surfeando las mieles de la tristeza. - Ten sexo y procura el contacto físico: estudios publicados en Journal of Sexual Medicine (2008) y en el Social Psychological and Personality Science (2010) comprobaron que una actividad sexual regular, así como una recurrente dosis de abrazos, inciden positivamente en los niveles de felicidad. Conclusión (Algunos ingredientes esenciales) No deja de llamar la atención como las posturas recopiladas entre Orwell, Gandhi, Byron, y compañía, se reflejan casi diametralmente en los hallazgos científicos (lo cual nos recuerda que a fin de cuentas la observación es el alma de la más refinada ciencia). Y luego de introducir, hipotéticamente, el fenómeno de la felicidad, de remitirnos brevemente a algunas posturas sobre ella, y de repasar podríamos convenir en lo siguiente: La felicidad se encuentra ligada a la capacidad de ejercer un cúmulo de virtudes concretas, por ejemplo la congruencia –la sincrónica sintonización de nuestras distintas facetas o planos de acción–. También podríamos afirmar que para generarla primero (o simultáneamente en universos paralelos) hay que compartirla, y que muy probablemente no tenga que ver con un estado de ánimo espectacular o una optimista euforia, sino con una frecuencia más parecida a esa sobria calma que podríamos llamar ‘paz interior’ (algo así como contemplarnos frente a un espejo, en silencio, y degustar imperturbables el reflejo de todo el universo). Complementariamente parece que es fundamental, para conseguirla, el no buscarla, y que es mucho más fácil que florezca entre experiencias memorables que entre suntuosas pertenencias. Y para concluir debo confesar que dentro de los múltiples aspectos de la felicidad que recorrimos, el que más me apasiona es aquel que se relaciona con la posibilidad de que esta no exista, al menos no como usualmente la concebimos: como algo externo, asequible, contemplable. Me da la impresión que la felicidad es, por el contrario, un estado suficientemente interno para ser inconcebible, y todo indica que la felicidad no se alcanza, simplemente se es. No se trata de lograr ser feliz sino de darte cuenta que siempre lo has sido y que solo necesitas comenzar a platicártelo.
Este documental explora 75 millones de años de pruebas contundentes sobre la posible vida de los extraterrestres en el planeta Tierra- desde la era de los dinosaurios al antiguo Egipto hasta hoy en día en los cielos azules del Oeste de Arizona en los Estados Unidos. Algunas teorías aseguran que los extraterrestres han interactuado con los habitantes de la Tierra en el transcurso de los siglos y han cambiado el curso de la historia humana. Acá les dejo para que vayan viendo el primer capítulo , luego iré subiendo los demás que siguen. link: http://www.youtube.com/watch?v=gogaHZPYHrQ link: http://www.youtube.com/watch?v=kAwiRJg3c2U link: http://www.youtube.com/watch?v=muj8JpklLzc link: http://www.youtube.com/watch?v=H1Mx01CaRI4 link: http://www.youtube.com/watch?v=w1m_LMJWe_I link: http://www.youtube.com/watch?v=cKMPrFez4sI link: http://www.youtube.com/watch?v=F5TSKTjAZVI link: http://www.youtube.com/watch?v=Y-RymMhykw0

Bueno aca les traigo un Texto clásico en la fisiología médica, que mantiene la línea de ediciones anteriores en cuanto al nivel de exposición y presentación de la materia. Todos los temas han sido revisados y actualizados, y se han introducido cambios significativos: a) Ofrece las técnicas de estudio de la fisiología molecular y celular que han aparecido en los últimos años. b) Incluye los últimos avances en la fisiología gastrointestinal, metabolismo, endocrinología, reproducción y soportes fisiológicos. ? En esta edición, el Dr. Hall adquiere mayor peso e importancia, al redactar y revisar el doble de capítulos que en la edición anterior. ? Asimismo, se utilizan dos tamaños de letra en el texto: 1. La letra más pequeña aporta información sobre anatomía, química y otras materias que el estudiante aprenderá con más detalle en otros cursos, así como información fisiológica especialmente importante en ciertos campos de la medicina clínica. 2. La letra de tamaño normal corresponde a los principios fundamentales de la fisiología.Sigue manteniendo numerosos esquemas y cuadros que facilitan la comprensión de la materia. Los links me los piden por mensaje privado ya que no deja postearlos aqui

Las siete maravillas del mundo, también llamadas Las siete maravillas o Las siete maravillas del mundo antiguo eran un conjunto de obras arquitectónicas que los helenos, especialmente los de la época helenística, consideraban dignas de ser visitadas, por ser para ellos insignes monumentos de la creación y el ingenio humano. De todas ellas sólo una, la Gran Pirámide, permanece en pie pese a las intenciones presentes y pasadas de reconstruir algunas de ellas. El hecho de que cinco de las siete maravillas pertenezcan al mundo helenístico indica claramente el carácter helenocéntrico de la lista, y sus fechas de construcción y destrucción también indican que el concepto de las "Siete Maravillas" debió acuñarse a mediados del siglo III a. C. Estas maravillas, ordenadas según la época de su construcción, son las siguientes: 1. La Gran Pirámide de Guiza. Terminada alrededor del año 2570 a. C., fue construida para el faraón Keops. Ubicada en Guiza, Egipto, es la única de las siete maravillas que aún se puede contemplar. 2. Los Jardines Colgantes de Babilonia. Construidos en 605 a. C. - 562 a. C. Ubicados en la ciudad de Babilonia, actual Iraq. Perduraron hasta no más allá de 126 a. C., cuando la ciudad fue destruida definitivamente por los partos. 3. El Templo de Artemisa en Éfeso (actual Turquía). Construido hacia 550 a. C. y destruido por un incendio intencionado en 356 a. C., Alejandro Magno ordenó su reconstrucción, culminada tras su muerte en el año 323 a. C. Este nuevo templo, que debe ser considerado como el incluido dentro de la lista de las maravillas, fue destruido a su vez por los godos durante un saqueo en el año 262. 4. La Estatua de Zeus en Olimpia. Esculpida hacia 430 a. C. por Fidias. Ubicada en el interior del templo dedicado al propio Zeus en Olimpia, Grecia, desapareció entre 393, año en que el emperador Teodosio el Grande prohibió el culto pagano, y 426, en que Teodosio II ordenó la demolición de los monumentos de Olimpia. 5. La Tumba del rey Mausolo en Halicarnaso. Construido hacia 353 a. C. y situado en la ciudad griega de Halicarnaso, actual Bodrum (Turquía). Se mantuvo en pie a lo largo de los siglos, pero una serie de terremotos hizo que hacia 1404 ya hubiera quedado reducido a ruinas. 6. El Coloso de Rodas. Construido entre 294 a. C. y 282 a. C. Ubicado a la entrada del puerto de la ciudad de Rodas en la isla de Rodas, Grecia, fue derribado por un terremoto en el año 223 a. C., por lo que fue la más efímera de las maravillas. 7. El Faro de Alejandría. Construido entre 285 a. C. y 247 a. C. en la isla de Pharos, en Alejandría (Egipto), para guiar a los navíos que se dirigían al puerto de la ciudad. Al igual que la tumba de Mausolo dio nombre genérico a todos los grandes monumentos funerarios que la siguieron, la torre de Faros (Pharos) hizo lo propio con las torres de señales para la navegación. El Faro perduró hasta que los terremotos de 1303 y 1323 lo redujeron a escombros; en el año 1480, sus restos fueron reutilizados en la construcción de una fortaleza cercana.
Aparecida en Europa a finales del siglo XVII y principios del XVIII, la masonería moderna o "especulativa" ha sido a menudo descrita como un sistema particular de moral ilustrada por símbolos. Pero ¿Quienes son ellos?, ¿Cual es la verdad acerca de las logias masónicas?, ¿Existe algún secreto en torno a esta fraternidad? Algunos creen que este grupo posee un plan maestro para dominar la faz de la tierra, ¿Se trata de algo real o mera ficción? The History Channel nos brinda este documental que invita a descubrir la respuesta a muchos de los enigmas que giran en torno a la sociedad secreta más antigua del mundo. link: http://www.youtube.com/watch?v=ROwOurE3kek link: http://www.youtube.com/watch?v=lPcbhnHaPO8&NR link: http://www.youtube.com/watch?v=qIwlXQA3JCE&NR link: http://www.youtube.com/watch?v=_9YvBF00nH4 link: http://www.youtube.com/watch?v=H9KsT4M60bc&NR
El auge y caida de los Espartanos es un gran documental del sobre los espartanos y sus códigos éticos y morales.La educación impartida en Esparta, llamada agogé, era un sistema educativo que se caracterizó por ser universal (para los hijos de los ciudadanos), colectiva, obligatoria y pública. La educación espartana estaba focalizada en la guerra y el honor. Las madres espartanas solian decían a sus vastagos al partir a la guerra:"Vuelve con el escudo o encima de él"..en referencia all honor que debia presidir a cualquier espartano en el campo de batalla y por supuesto era un deshonor social rendirse, aun a costa de sus propias vidas.link: http://www.youtube.com/watch?v=JTbFJjfSIvA&feature=related