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Primer post: 7 feb 2010Último post: 20 jul 2014
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Alan Turing: El post que se merece
Alan Turing: El post que se merece
InfoporAnónimo2/7/2010

Este post va dedicado a un genio que - como todos los genios - estaba muy adelantado a su época: Alan Mathinson Turing, fundador de la ciencia de la computación, matemático, filósofo, científico de la encriptación y un gran visionario. Breve Biografía Nació en Londres (Gran Bretaña), desde muy temprana edad Turing demostró su inteligencia. A los 3 años tenía una inusual capacidad para recordar palabras y a los 8 años se interesó por la química montando un laboratorio en su casa. Con 13 años ingresó en la escuela Sherborne, en la que ya demostraba su facilidad para las matemáticas, teniendo una gran capacidad para realizar cálculos mentalmente. Obtuvo una beca para estudiar en la universidad de Cambridge, en donde se graduó de la licenciatura de matemáticas con honores en 1934. En abril de 1936, publicó el artículo "On computable numbers, with an application to the Entscheidungs problem" (Numeros computables, con una aplicación al problema de decisión) en el que introduce el concepto de algoritmo y de máquina de Turing. Este artículo da respuesta (negativa) al problema de la decisión formulada por Hilbert en 1900, probando que existen problemas sin solución algorítmica y es uno de los cimientos más importantes de la teoría de la computación. En septiembre de 1936, Turing ingresó en la universidad de Princeton (EE.UU). Su artículo atrajo la atención de uno de los científicos más destacados de la época, John von Neumann, quien le ofreció una beca en el Instituto de Estudios Avanzados. Turing obtuvo su doctorado en matemáticas en 1938. Tras su graduación, von Neumann le ofreció una plaza como su asistente, pero Turing rechazó la oferta y volvió a Inglaterra, en donde vivió de una beca universitaria mientras estudiaba filosofía de las matemáticas entre 1938 y 1939. En 1939, con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Turing fue reclutado por el ejército británico para descifrar los códigos emitidos por la máquina Enigma utilizada por los alemanes. En el deseo de obtener mejores máquinas descifradoras, se comenzó a construir la primera computadora electrónica, llamada Colossus, bajo la supervisión de Turing, se construyeron 10 unidades, y la primera empezó a operar en 1943. Por su trabajo en el Colossus, Turing recibió la Orden del Imperio Británico en 1946. En 1944, Turing fue contratado por el Laboratorio Nacional de Física (NLP) para competir con el proyecto americano EDVAC, de von Neumann. Turing ejerció como Oficial Científico Principal a cargo del Automatic Computing Engine (ACE). Hacia 1947, Turing concibió la idea de las redes de cómputo y el concepto de subrutina y biblioteca de software. También describió las ideas básicas de lo que hoy se conoce como red neuronal. Abandonó la NLP en 1948. Turing se adelantó al proyecto de construcción de un ordenador de acuerdo con la arquitectura de von Neumann. El Manchester Mark I, estuvo acabado en 1948 antes que el EDVAC. Turing diseñó para esta máquina un lenguaje de programación basado en el código empleado por los teletipos. Otro de los campos de investigación de Turing fue la inteligencia artificial, se puede decir que esta disciplina nació a partir del artículo titulado "Computing Machinery and Inteligence" publicado por Turing en 1950. Es muy famosa la primera frase de este artículo: " Propongo considerar la siguiente cuestión: ¿Pueden pensar las máquinas? ". Turing propuso un método llamado el test de Turing para determinar si las máquinas podrían tener la capacidad de pensar. En 1951, es nombrado miembro de la Sociedad Real de Londres por sus contribuciones científicas. Y en su honor, la Association for Computing Machinery llama "Turing Award" a su premio más importante, el cual se otorga desde 1966 a los expertos que han realizado las mayores contribuciones al avance de la computación. La carrera de Turing terminó súbitamente cuando fue procesado por su homosexualidad. No se defendió de los cargos y se le dio a escoger entre la castración química o ir a la cárcel. Eligió lo primero y sufrió importantes consecuencias físicas, entre ellas la impotencia. Dos años después del juicio, en 1954, se suicidó. Estudios sobre las primeras computadoras; la prueba de Turing De 1945 a 1948 trabajó en el Laboratorio Nacional de Física en el diseño del ACM (Máquina de Computación Automática [automatic computer machine]). En 1949 fue nombrado director delegado del laboratorio de computación de la Universidad de Mánchester y trabajó en el software de una de las primeras computadoras reales — la Manchester Mark I. Durante esta etapa también realizó estudios más abstractos y en su artículo "Máquinas de computación e inteligencia" (octubre de 1950) Turing trató el problema de la inteligencia artificial y propuso un experimento que hoy se conoce como la prueba de Turing, con la intención de definir una prueba estándar por el que una máquina podría catalogarse como "sensible" o "sentiente". En 1952 Turing escribió un programa de ajedrez. A falta de una computadora lo suficientemente potente como para ejecutarlo, él simulaba el funcionamiento de la computadora, tardando más de hora y media en efectuar un movimiento. Una de las partidas llegó a registrarse; el programa perdió frente a un amigo de Turing. Trabajó junto a Norbert Wiener en el desarrollo de la cibernética. Esta rama de estudios se genera a partir de la demanda de sistemas de control que exige el progresivo desarrollo de las técnicas de producción a partir del siglo XX. La cibernética pretende establecer un sistema de comunicación entre el hombre y la máquina como premisa fundamental para administrar los sistemas de control. Sus estudios profundizaron en esta relación estableciendo el concepto de interfaz y cuestionando los límites de simulación del razonamiento humano. Estudios sobre la formación de patrones y la biología matemática Turing trabajó desde 1952 hasta que falleció en 1954 en la biología matemática, concretamente en la morfogénesis. Publicó un trabajo sobre esta materia titulado "Fundamentos Químicos de la Morfogénesis" en 1952. Su principal interés era comprender la filotaxis de Fibonacci, es decir, la existencia de los números de Fibonacci en las estructuras vegetales. Utilizó ecuaciones de reacción-difusión que actualmente son cruciales en el campo de la formación de patrones. Sus trabajos posteriores no se publicaron hasta 1992 en el libro "Obras Completas de A. M. Turing". Análisis criptográfico (ruptura de códigos) Durante la Segunda Guerra Mundial fue uno de los principales artífices de los trabajos del Bletchley Park para descifrar los códigos secretos nazis. Sus perspicaces observaciones matemáticas contribuyeron a romper los códigos de la máquina Enigma y de los codificadores de teletipos FISH (máquinas de teletipos codificados que fabricaron conjuntamente Lorenz Electric y Siemens&Halske). Sus estudios del sistema Fish ayudarían al desarrollo posterior de la primera computadora programable electrónica digital llamada Colossus, la cual fue diseñada por Max Newman y su equipo, y construida en la Estación de Investigaciones Postales de Dollis Hill por un equipo dirigido por Thomas Flowers en 1943. Dicha computadora se utilizó para descifrar los códigos Fish (en concreto las transmisiones de la máquina Lorenz). Para romper los códigos de la máquina Enigma y permitir a los aliados anticipar los ataques y movimientos militares Nazis, Turing diseñó la bombe, una máquina electromecánica —llamada así en reconocimiento de la diseñada por los polacos bomba kryptologiczna— que se utilizaba para eliminar una gran cantidad de claves enigma candidatas. Para cada combinación posible se implementaba eléctricamente una cadena de deducciones lógicas. Era posible detectar cuándo ocurría una contradicción y desechar la combinación. La bombe de Turing, con una mejora añadida que sugirió el matemático Gordon Welchman, era la herramienta principal que usaban los criptógrafos aliados para leer las transmisiones Enigma. Los trabajos de ruptura de códigos de Turing han sido secretos hasta los años 1970; ni siquiera sus amigos más íntimos llegaron a tener constancia. Test de Turing (inteligencia artificial) "¿Serán los robots los herederos de la Tierra? Sí, pero serán hijos nuestros" Marvin Minsky, 1994 Prueba de Turing El origen inmediato del concepto y de los criterios de desarrollo de la "Inteligencia Artificial" se deben a Alan Turing. Éste, deseoso de crear un cerebro artificial, inventó la prueba de Turing (1950) para ofrecer una definición de Inteligencia Artificial que se pueda evaluar. Para que un ser o máquina se considere inteligente debe lograr engañar a un evaluador de que este ser o máquina se trata de un humano evaluando todas las actividades de tipo cognoscitivo que puede realizar el ser humano; es decir, se basa en el juego de la imitación. En este juego, un hombre y una mujer se esconden, mientras una tercera persona intenta determinar quién es quién haciendo preguntas por escrito. Para hacer más difícil el juego, los dos participantes escondidos se ponen de acuerdo en contestar, por ejemplo, como si ambos fuesen mujer. El hombre pretenderá ser mujer y ésta tratará de convencer al interrogador de que es la verdadera. Turing propuso cambiar el hombre por una máquina, lo cual implica que el objetivo del test consiste en que la máquina simule el papel de un hombre que pretende ser lo que no es. Luego, si el diálogo que ocurra y el número de errores en la solución dada se acerca al número de errores ocurridos en la comunicación con un ser humano, se podrá estimar -según Turing- que estamos ante una máquina "inteligente". Esta es la -desde entonces- llamada "PRUEBA DE TURING". El mismo Turing señalaba al respecto: "Creo que dentro de unos 50 años será posible programar computadores con una capacidad de memoria de unos 10^9, para hacerles jugar tan bien el juego de la imitación que un interrogador medio no tendrá más de 70% de probabilidad de proceder a la identificación correcta después de 5 minutos de preguntas." (Collins).Si la máquina sólo debe lograr mantener la duda durante cinco minutos, podemos considerar bastante pobre su "inteligencia". Sin embargo, el interés profundo del test de Turing consiste en la idea de verificar si una máquina puede imitar las interacciones de un ser humano. Se trata por lo tanto de un test destinado a verificar no la capacidad de imitar las funciones del cerebro sino la posibilidad de contar con un ingenio capaz de interactuar adecuadamente en un contexto social. La cuestión real en la elaboración de un protocolo correcto para el test de Turing "consiste en estar seguro que el test pondrá en evidencia la inteligencia de una máquina solamente si la inteligencia está realmente presente" (Collins, p.245). El problema es que sólo podremos saber si el test es válido probándolo en una máquina auténticamente inteligente… ¡y sólo se puede saber si la máquina es inteligente sometiéndola al test de Turing! He aquí una circularidad difícil de romper. Una de las aplicaciones de la prueba de Turing es el control de spam. Dado el gran volumen de correos electrónicos enviados, el spam es, por lo general, enviado automáticamente por una máquina. Así la prueba de Turing puede usarse para distinguir si el correo electrónico era enviado por un remitente humano o por una máquina (por ejemplo por la prueba Captcha). Procesamiento por su homosexualidad y muerte de Turing La carrera profesional de Turing se vio truncada cuando lo procesaron por su homosexualidad. En 1952 Arnold Murray, el amante de Turing, ayudó a un cómplice a entrar en la casa de Turing para robarle. Turing acudió a la policía a denunciar el delito. Durante la investigación policial, Turing reconoció su homosexualidad, con lo que se le imputaron los cargos de "indecencia grave y perversión sexual" (los actos de homosexualidad eran ilegales en el Reino Unido en esa época), los mismos que a Oscar Wilde más de 50 años antes. Convencido de que no tenía de qué disculparse, no se defendió de los cargos y fue condenado. Según su ampliamente difundido proceso judicial, se le dio la opción de ir a prisión o de someterse a un tratamiento hormonal de reducción de la libido. Finalmente escogió las inyecciones de estrógenos, que duraron un año y le produjeron importantes alteraciones físicas, como la aparición de pechos o un apreciable aumento de peso, y que además le convirtieron en impotente. En una carta de esta época a su amigo Norman Routledge, Turing escribió en forma de falso silogismo una reflexión relacionando el rechazo social que provoca la homosexualidad con el desafío intelectual que supone su prueba para probar la posibilidad de inteligencia en los ordenadores. En particular, le preocupaba que los ataques a su persona pudieran oscurecer sus razonamientos sobre la inteligencia artificial: Turing cree que las máquinas piensan Turing yace con hombres Luego las máquinas no piensan Dos años después del juicio, en 1954, murió por envenenamiento con cianuro, aparentemente tras comerse una manzana envenenada que no llegó a ingerir completamente. La mayoría piensa que su muerte fue intencionada y se la consideró oficialmente como un suicidio. A pesar de que su madre intentó negar la causa de su muerte, atribuyéndola rotundamente a una ingestión accidental provocada por la falta de precauciones de Turing en el almacenamiento de sustancias químicas de laboratorio, su vida terminó amargamente y envuelta en una nube de misterio. Esta misteriosa muerte ha dado lugar a diversas hipótesis incluida la del asesinato. El 10 de septiembre de 2009 el primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, emitió un comunicado declarando sus disculpas en nombre del gobierno por el trato que recibió Alan Turing durante sus últimos años de vida. Este comunicado fue consecuencia de una movilización pública solicitando al Gobierno que pidiera disculpas oficialmente por la persecución sufrida por Alan Turing. Graba tus videos en con la Zx1 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=uya91t4rAlE FUENTES http://es.wikipedia.org/wiki/Alan_Turing http://www.dma.eui.upm.es/historia_informatica/Doc/Personajes/AlanTuring.htm http://campusvirtual.unex.es/cala/epistemowikia/index.php?title=La_m%C3%A1quina_de_Turing/Turing_y_la_Inteligencia_Artificial

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Zombies en la Naturaleza
Zombies en la Naturaleza
Ciencia EducacionporAnónimo7/26/2010

A continuación les mostrare casos realmente estremecedores sobre organismos vivos que toman el control de otras especies y las dominan para su propio beneficio, que nos indican que la naturaleza puede ser bastante cruel y espeluznante, demostrándonos hasta donde puede llegar la evolución de las especies. Hormiga Zombie Un hongo manipula una especie de hormiga para que una vez infectada se sitúe a la hora de morir en una ubicación ideal para el parásito. Ya se ha visto la capacidad de algunos parásitos de controlar a la especie que lo hospeda. Es el caso de los gusanos que modifican a los saltamontes que infectan para que éstos se suiciden en el agua y que así los gusanos puedan escapar. También vimos un nematodo parásito que infecta a las hormigas para que se dispongan a modo de bayas silvestres y que así sean ingeridas por los pájaros. Da la impresión que la Naturaleza puede ser bastante cruel a nuestros ojos. Ahora un artículo publicado David P. Hughes de Harvard University y sus colaboradores describe los detalles de cómo un hongo parásito obliga a la hormiga a la que infecta a morir en el lugar más adecuado para que el hongo crezca y se reproduzca. Es decir, el hongo es capaz de manipular el comportamiento de la hormiga en su propio beneficio. La historia parece sacada de un relato de ciencia ficción. Cuando el hongo denominado Ophiocordyceps unilateralis infecta a su víctima, ésta permanece viva por poco tiempo, pero en ese tiempo obliga a la hormiga a ir planta abajo, lejos de su hormiguero en el dosel de la selva, hacia una planta cercana al suelo. Allí la hormiga se sitúa en el envés de una hoja apropiada que tenga espacio libre debajo de ella, se agarra con sus patas y con sus mandíbulas muerde fuertemente un nervio de la hoja justo antes de morir. La hormiga, ya muerta, permanecerá allí durante pocas semanas alimentando al hongo. Una vez que la hormiga muere, el hongo continúa creciendo en su cuerpo. Después de unos pocos días un estroma, el cuerpo fructífero del hongo, emerge específicamente de un punto situado en la parte de atrás de su cabeza. Después de una o dos semanas el estroma comienza a esparcir esporas hacia el suelo del bosque. Potencialmente cada una de esas esporas es capaz de infectar a otra hormiga que eventualmente pase debajo. Cada hormiga crea debajo de ella un "campo minado" infeccioso debajo de un metro cuadrado que puede infectar a cualquier hormiga que pase por él. Los científicos conocían desde hace 100 años la habilidad de este hongo parásito de transformar hormigas en zombis, pero Hughes y sus colaboradores han conseguido desvelar el control preciso que el hongo tiene sobre su víctima. En el santuario Khao Chong, situado en la selva tailandesa, estos investigadores descubrieron que las hormigas carpinteras "zombificadas" ya muertas estaban invariablemente en el envés de hojas de unos 25 cm del suelo agarrada siempre a un nervio por sus mandíbulas. Además, estas hormigas ya muertas se encontraban en hojas que surgían desde la parte noreste de la planta. Lo más interesante es que la temperatura, humedad y luz solar de estas localizaciones eran óptimas para el crecimiento y reproducción del hongo. Cuando los investigadores pusieron hojas con hormigas infectadas a mayor altura del suelo, pero cerca de sus ubicaciones originales, los parásitos fallaron a la hora de desarrollarse adecuadamente. Aparentemente el hongo manipula el comportamiento de la hormiga durante horas para que ésta encuentre un lugar para morir que sea óptimo para el hongo. Pero encontrar un lugar adecuado es sólo la mitad de la tarea. Al diseccionar varios ejemplares de hormigas los investigadores descubrieron que el hongo desarrolla estrategias novedosas para poder retener la fuente de recursos. Según el hongo se extiende por el cuerpo de la hormiga convierte la mayor parte de su interior en azúcares que serán usados por él como alimento para crecer. Pero debe dejar intactos los músculos de las mandíbulas para así asegurarse de que la hormiga siga sujeta a la hoja. El hongo conserva además el exoesqueleto de la hormiga creciendo en sus grietas para así reforzar los lugares más débiles. De este modo logra mantener una protección frente al exterior para que así los microorganismos y otros hongos no entren en el cuerpo. Aparentemente las hormigas carpinteras (C. leonardi) tienen unas pocas defensas frente al hongo. El modo más importante es evitar la infección es alejarse lo máximo posible de las víctimas como sea posible. Esta debe de ser una de las razones por las cuales estas hormigas hacen sus hormigueros en el dosel de la selva, lejos del suelo donde el hongo amenaza. Además, las hormigas carpinteras tienen caminos que evitan las zonas infectadas. Esto podría ser una estrategia adaptativa, aunque según Hughes habrá que confirmarlo. Los investigadores comprobaron el efecto del hongo sobre otras especies de hormigas encontrando que no se conseguía todo el comportamiento óptimo. El parásito debe de haber evolucionado, por tanto, para atacar a esta especie concreta de hormiga. El mecanismo mediante el cual el hongo controla el comportamiento de la hormiga se desconoce. Hughe y sus colaboradores tratarán de hallarlo. En todo caso parece increíble que una selección natural "ciega" sea capaz de recrear este tipo de comportamiento adaptativo. Fuente Cucarachas Zombies La avispa Ampulex Compressa utiliza el cuerpo de las cucarachas para introducir en él sus huevos, y permitir a las larvas alimentarse del insecto huesped. Hasta ahora, un comportamiento típicamente parasitario. De hecho, muchas avispas paralizan otros insectos y los utilizan para propósitos como este, pero el caso es que la Ampulex es una diminuta avispa que no podría transportar a las enormes (en comparación) cucarachas hasta sus nidos. Así que la solución adoptada por la avispa es controlar la “mente” de la cucaracha mediante técnicas casi quirúrgicas. Para empezar, un picotazo en la zona adecuada paraliza las patas delanteras de la víctima, de forma que no pueda escapar. Después, con una precisión inquietante, un segundo picotazo estropea el sistema neurológico del insecto y la avispa toma el control del movimiento de la cucaracha, siendo capaz de conducir ese cuerpo ya desprovisto de “mente” (pongo comillas porque no se si procede hablar de mente en insectos, quizás esto pueda ser tema para desarrollar otra nota) hasta su nido y poder depositar los huevos en él. Cuando éstos se desarrollan, la larva se alimenta de la cucaracha, que muere, finalmente. Fuente Caracoles Zombies El Leucochloridium Paradoxum es un gusano parásito plano. Los gusanos se reproducen en el interior de los pájaros, son expulsados mediante su excremento y más tarde son consumidos por caracoles. Una vez consumidos, los gusanos infectan el cerebro de los caracoles, tomando el control de su mente, entonces lo “hipnotiza” para que se convierta en comida de pájaros (donde se vuelve a repetir el ciclo). Es uno de los ciclos vitales más fascinantes y extraños encontrados en la naturaleza. Fuente Grillos Zombies En esta ocasión, nos topamos con un Nematomorpha (o Gordiacea), un parásito que suele medir unos 50 cm de longitud y unos 2 ó 3 milímetros de diámetro, aunque en ocasiones llega a medir un metro de longitud. Parasita fundamentalmente artrópodos, y en este caso, como vemos, a un grillo. El parásito se alimenta a partir de la dieta del huésped, y cuando alcanza un desarrollo suficiente, controla químicamente al grillo para que termine con su vida arrojándose al agua. Entonces sale del cuerpo del huésped y se aleja nadando a la búsqueda de pareja. Simplemente espeluznante. Me alegro de no ser un grillo Fuente

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Los chicos de rosa y las chicas de azul
Ciencia EducacionporAnónimo12/27/2012

Traducción de: @cristian158, @9ELENA6 y @kmk1729 Ben Goldacre The Guardian Sábado, Agosto 25 de 2007 Quiero que sepan que amo a los/as psicólogos/as evolutivos/as porque las ideas, como 'las chicas prefieren el rosa porque necesitan ser mejores recolectando bayas', son muy divertidas. Claro que hay problemas, como que no sabemos mucho de la vida en el periodo pleistoceno en el que los seres humanos evolucionaron; sus proposiciones suenan un poco como historias "perfectas", confiando en su propia e interna lógica circular; la evidencia existente para la influencia genética en el comportamiento, emoción y cognición es gruesa; sólo eligen los comportamientos que creen poder explicar mientras dejan el resto de lado; y se meten en tremendos problemas tan pronto como van a examinar categorías más amplias de los comportamientos humanos a través de las sociedades y culturas, haciéndose groseramente etnocéntricos/as. Pero eso no me detiene de disfrutar sus ideas. Esta semana cada uno de los periódicos en el mundo absorbió el cuento de que los/as científicos/as resolvieron el problema rosa. 'Al fin, la ciencia ha descubierto por qué el azul es para los chicos pero las chicas en verdad prefieren el rosa' dijo el Times. Y así. El estudio tomó 208 personas en sus 20 y les pidió que eligieran su color favorito entre 2 opciones, repetidamente, y luego graficaron sus preferencias totales. Encontró curvas superpuestas, con una significativa tendencia de hombres a preferir el azul, y mujeres que mostraron una preferencia por tonos más rojizos y rosas. Esto, especularon los autores (ante la expectación y la aprobación internacional) puede ser porque los hombres salen a cazar, pero las mujeres necesitan ser buenas para interpretar expresiones emocionales y para identificar bayas mientras recolectan. Ahora bien, hay algunos problemas serios aquí. En primer lugar, la prueba no estaba midiendo la capacidad discriminativa, sino tan solo la preferencia. Aun no me convencen de que mi novia tiene más capacidad para distinguir los tonos de rojo mientras paseamos y recogemos frutos por el bosque (cosa que hacemos). ¿Pero la preferencia de color es cultural o genética?...Bueno... Eso de que "las chicas prefieren rosa" no está escrito en piedra y de hecho, hay buenas razones para sospechar que está determinado culturalmente. Siempre fui incitado a creer por mi padre - el hombre más rudo del mundo - que el rosa es el color correcto para las remeras de los hombres. De hecho, hasta hace muy poco el azul era considerado y aceptado como suave y femenino, mientras que los niños llevaban rosa, que era una versión mas templada del rojo intenso, dramático. No hay ninguna razón por la que usted deba fiarse solamente de mi palabra sobre esto. En el pasado, cuando las señoras tenían una revista hogareña (en 1918) el “Ladies Home Journal” escribió: "Ha habido una gran diversidad de opiniones sobre el tema, pero la regla aceptada mayoritariamente es que el color rosa es para el niño y el azul para la niña. La razón es que el rosa es un color más decidido y fuerte lo cual es más adecuado para el niño, mientras que el azul, que es más delicado y exquisito, es más bonito para las niñas" The Sentinel Sunday en 1914 le dijo a las madres estadounidenses: "Si le gusta la nota de color en la ropa de su pequeño/a, utilice rosa para el niño y el azul para la niña, si lo que usted busca es lo convencional”. Algunas fuentes sugieren que no fue sino hasta la década de 1940 que las asociaciones modernas del rosa femenino y el género fueron universalmente aceptadas. El rosa, por lo tanto, tal vez no sea biológicamente femenino. Los muchachos que se criaron en vestidos con volantes rosados bajaron a las minas y lucharon en la Segunda Guerra Mundial. Los convencionalismos con respecto a la ropa sí cambian con el tiempo. Pero en este estudio, ¿la preferencia fue la misma en todas las culturas? Pues no, ni siquiera en este experimento, donde también tuvieron algunos sujetos de prueba chinos. Para esos participantes, no sólo las diferencias no eran tan extremas entre las curvas de preferencias, sino que los colores favoritos eran una especie de rojo para los niños y un poco más rosa para las niñas (no azul), y en general tenían más preferencia por el rojo. El Rojo, verán, simboliza la suerte en la cultura china contemporánea. Y también en algún rincón del documento estaba la información de que había una significativa correlación entre las puntuaciones de feminidad en el “Bem Sex Role Inventory” y la preferencia de color. Ahora el «BSRI» es una de las delicias de la década de 1970, una prueba auto-regulada específicamente diseñada para medir que tanto adhiere uno a lo socialmente deseable, a características estereotipadas de personalidad masculina y femenina. (Hazlo tú mismo aquí http://garote.bdmonkeys.net/bsri.html) Usted marca del 1 al 7 en la hoja de puntaje, cuánto piensa que le van palabras como teatral, simpático asertivo, adaptable, o considerado, y al acabar se calcula el total de tu puntaje. Entonces, las mujeres que se describen como "pasivas", "alegres", "ingenuas", "femeninas" y "no usan lenguaje vulgar” tienen preferencia por el rosa. Gracias por la advertencia, voy a tratar de usarlo para evitarlas en el futuro. Vale la pena ser crítico y reflexivo acerca de estas historias, no porque sea divertido ser malo: sino porque eso es lo que los autores querrían, y también porque las historias sobre los genes y la cultura son gran parte de las historias que nos contamos a nosotros mismo acerca de quién y lo que somos, nuestro sentido de la responsabilidad personal, y la inevitabilidad en nuestros roles de género. ____________________________________________________________________________________ Referencias: Biological components of sex differences in color preference Current Biology, Volume 17, Issue 16, 21 August 2007, Pages R623-R625 Anya C. Hurlbert and Yazhu Ling http://www.cell.com/current-biology/retrieve/pii/S096098220701559X

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Simón Bolivar y Rousseau
Simón Bolivar y Rousseau
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/13/2012

Conferencia en el Instituto y Museo Voltaire de Ginebra Luis Brito García El Contrato Social de Rousseau y El arte militar de Monte Cuculi Poco antes de morir en 1830 en Santa Marta camino del exilio, el Libertador Simón Bolívar conserva sólo dos libros de su extensa biblioteca, y les tiene tanta estima, que se ocupa de ellos en su testamento, junto a los seres queridos y los familiares: “Es mi voluntad, que las dos obras que me regaló mi amigo el Sr. general Wilson, y que pertenecieron antes a la biblioteca de Napoleón, tituladas ‘El Contrato Social de Rousseau’ y ‘El arte militar de Monte Cuculi’, se entreguen a la Universidad de Caracas” (Blanco y Azpúrua, 1978 T. XV: 463-464). Este legado compendia dos instrumentos: el pensamiento y la espada. También expresa tres sentimientos: el ambivalente hacia el genio militar y el oportunista político de Córcega; el amor hacia la ciudad que dejó tanto tiempo atrás y la universidad en la cual nunca estudió y que dejó dotada espléndidamente, y la admiración hacia la áspera doctrina de la soberanía popular del ginebrino. Ni la filosofía de Aristóteles, ni los códigos del crimen y el error Esta admiración hacia Rousseau acompaña toda su vida a Bolívar. El 20 de mayo de 1825, en misiva dirigida desde Arequipa al vicepresidente Francisco de Paula Santander, le confía: “Ciertamente que no aprendí ni la filosofía de Aristóteles, ni los códigos del crimen y del error; pero puede ser que Mr. de Mollien no haya estudiado tanto como yo a Locke, Condillac, Buffon, Dalambert, Helvetius, Montesquieu, Mably, Filangieri, Lalande, Rousseau, Voltaire, Rollin, Berthot y todos los clásicos de la antigüedad, así filósofos, historiadores, oradores y poetas; y todos los clásicos modernos de España, Francia, Italia y gran parte de los ingleses”. (Lecuna, T.II: 135-139). No sólo el Libertador sitúa a Rousseau en esta ilustre compañía: la opone a “los códigos del crimen y del error”. Se comentan obras literarias de Walter Scott y de Rousseau La citada lista de autores no es mencionada con el fin de lucirse. Testimonia Perú de Lacroix que durante sus conversaciones en Bucaramanga en 1828, tras una cena en la cual se discute de obras literarias, «pasó después a elogiar las de Voltaire, que es su autor favorito(…). Que en Voltaire se encuentra todo: estilo, grandes y profundos pensamientos filosóficos, crítica fina y diversión». Y más adelante insiste el edecán en que « Voltaire es su autor favorito, y tiene en la memoria muchos pasajes de sus obras, tanto en prosa como en verso». Testimonia también el oficial que durante las veladas en dicha ciudad se comentan obras literarias de Walter Scott y de Rousseau, que el Libertador lee libros en francés traduciéndolos en voz alta directamente al castellano, que por momentos se retira para releer La Odisea (Lacroix, 1924 : 144-175). Les Charmettes Un conjunto de suposiciones postula que Simón Rodríguez, el originalísimo maestro del huérfano Simón Bolívar, habría tenido acceso a los libros prohibidos que circulaban con cierta profusión en la Venezuela colonial, y entre ellos al Contrato Social y al Emilio de Rousseau, en cuyas ideas y según cuyo método habría formado al brillante pupilo. Algunos hechos fortalecen tales presunciones. Al igual que Rousseau, Rodríguez es trashumante, padece largos exilios, viaja por toda Europa, se apasiona por las ciencias naturales y pretende reformar al género humano mediante la educación (Álvarez, 1966: 104-108). En la primavera de 1805, tras su prematura viudez, Bolívar y su excéntrico maestro peregrinan haciendo largos trechos a pie por la Alta Saboya, hasta arribar a Chambery para conocer Les Charmettes, lugar donde por algún tiempo residió Jean Jacques Rousseau. El ginebrino ha impuesto el culto a la naturaleza, y los románticos el culto a Rousseau. Templo de esta veneración es el inmenso paisaje campestre, y rito para adorarlo el peregrinaje. El peregrino no es ahora quien viaja hacia un lugar sagrado, sino quien huye de un sitio a otro porque ya nada es sagrado para él. Al término de su peregrinaje en Roma, en las colinas del Aventino, Bolívar formula un juramento de no dar descanso a su brazo hasta libertar su patria de la dominación española. El exaltado voto es romántico: el cumplimiento de él en el breve término de veinte años, realista. La libertad es un alimento suculento Durante esas dos agitadas décadas, en los documentos y cartas del patriota venezolano menudean las referencias textuales hacia el ginebrino. Así, en el discurso pronunciado ante el Congreso en Angostura, el 15 de febrero de 1819, tras liberar gran parte de Venezuela y mientras prepara la emancipación de la Nueva Granada, cita: “La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de difícil digestión” (Blanco Fombona:67). Pero no se limita a rememorar el pensamiento roussoniano: a veces la práctica lo fuerza a separarse de él, y así, el 13 de junio de 1821, escribe desde San Carlos al vicepresidente Francisco de Paula Santander: "Estos señores piensan que la voluntad del pueblo es la opinión de ellos, sin saber que en Colombia el pueblo está en el ejército, porque realmente está, y porque ha conquistado este pueblo de mano de los tiranos; porque además es el pueblo que quiere, el pueblo que obra, el pueblo que puede; todo lo demás es gente que vegeta con más o menos malignidad, o con más o menos patriotismo, pero todos sin ningún derecho a ser otra cosa que ciudadanos pasivos. Esta política, que ciertamente no es la de Rousseau, al fin será necesaria desenvolverla para que no nos vuelvan a perder esos señores” (Lecuna, 1947 Vol. I:565-566). Desde Huamanga, en Perú, el 4 de septiembre de 1824 escribe al siempre ávido de peligros general Antonio José de Sucre, quien se queja de que el Libertador le encomiende una misión en la retaguardia: "Contesto la carta que ha traído Escalona con una expresión de Rousseau cuando el amante de Julia se quejaba de ultrajes que le hacía por el dinero que ésta le mandaba: ‘ésta es la sola cosa que Ud. ha hecho en su vida sin talento´. Creo que a Ud. le ha faltado completamente el juicio cuando Ud. ha pensado que yo he podido ofenderle”. Y el 28 de marzo de 1827, escribe desde Caracas al general Rafael Urdaneta: "¡Quién sabe lo que hará el congreso! Deseo saber sus bellas resoluciones para juzgar desde luego si el país se pierde o no. Lo mejor seria que no hiciera nada, porque "En la ignorancia de lo que se debe hacer, dice Rousseau, la sabiduría aconseja la inacción" (Lecuna, 1947 Vol. II: 597-598). Ninguno puede poseer vuestra soberanía, sino violenta e ilegítimamente ¿Se trata sólo de admiración intelectual, de veneración hacia un pensador que se cita por hacer gala de ilustrado o más bien de romántico? Sigamos la trayectoria política de Bolívar. No sólo es un guerrero de genio, que crea ejércitos de la nada y que con milicias improvisadas bate las tropas del Imperio Español en el campo de batalla de lo que ahora son cinco países. Es también un estadista, que fundamenta medularmente cada medida, cada decreto, cada proyecto constitucional en la lógica y en su conocimiento de los clásicos de la ciencia política. En varias de las más decisivas proclamas y alocuciones del Libertador se puede seguir la concordancia con algunas de las ideas esenciales de Rousseau. Comencemos por la piedra miliar del sistema de Rousseau: la afirmación de que la soberanía reside única y exclusivamente en el pueblo. Así, afirma en el Capítulo Primero del Libro Segundo del Contrato Social: “Digo según esto, que no siendo la soberanía más que el ejercicio de la voluntad general, nunca se puede enajenar, y que el soberano, que es un ente colectivo, sólo puede estar representado por sí mismo: el poder bien puede transmitirse, pero la voluntad no” (Rousseau:27). Tras la Campaña Admirable, que arranca desde la Nueva Granada y en una fulminante sucesión de triunfos libera la capital de Venezuela, Bolívar se dirige el 2 de enero de 1814 a la Asamblea reunida en el templo de San Francisco, la cual le suplica que siga ejerciendo poderes extraordinarios para la feliz culminación de la Independencia: “No usurparé una autoridad que no me toca. ¡Pueblos! Ninguno puede poseer vuestra soberanía, sino violenta e ilegítimamente. ¡Huid del país dónde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos. Vosotros me tituláis Libertador de la república; yo nunca seré el opresor” (Blanco Fombona: 50). Ha convocado la soberanía nacional, para que ejerza su voluntad absoluta Pasan cinco años entre demoledoras derrotas y difíciles triunfos. Al reafirmarse las fuerzas patriotas en Guayana, el 15 de febrero de 1819 Bolívar abre su discurso ante el Congreso de Angostura en los siguientes términos: “Señor: ¡Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la soberanía nacional, para que ejerza su voluntad absoluta!(…) El gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios.” (Blanco Fombona: 67-70). Hay que advertir, desde luego, que Rousseau rechaza el principio de representación de la voluntad general, y que Bolívar lo acoge, por no encontrar otra forma de que la totalidad de los ciudadanos puedan reunirse en una asamblea que los exprese. En todo caso, los principios de que nadie puede usurpar la soberanía del pueblo sino de manera violenta e ilegítima, de que la base del gobierno republicano es la soberanía popular, pasan a los sistemas constitucionales de Venezuela y del resto de América Latina y del Caribe. Viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores Afirma Rousseau que cuando se intenta regir a los hombres mediante una fuerza que usurpa la voluntad general “De este modo tenemos el género humano dividido en hatos de ganado, cada quien con su jefe, que lo guarda para devorarle” (Rousseau, 8). Y asevera Bolívar, una vez más en el Discurso de Angostura, que: “Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores de pueblos no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos a1 ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie -del globo, como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores” (Blanco Fombona: 73). Yo quiero ser ciudadano, para ser libre y para que todos lo sean. La soberanía popular es fuerza que supera cualquiera otra. Sostiene Rousseau: “Convengamos, pues, en que la fuerza no constituye derecho, y en que sólo hay obligación de obedecer a los poderes legítimos” (Rousseau: 10). Pero sobre el ejercicio de la soberanía y la aplicación de las leyes reconoce una aparente paradoja en el Capítulo 6 del Libro IV del Contrato”: “No debe, pues, intentarse el afianzar las instituciones políticas hasta el punto de renunciar a la facultad de suspender su efecto” (Rousseau: 137). Este recurso extraordinario ha de ser excepcional y breve. En su condición de comandante en Jefe de fuerzas libertadoras en una Guerra a Muerte que había hecho desaparecer todas las instituciones, debió Bolívar asumir excepcionalmente facultades extraordinarias. Su primera preocupación fue renunciar a ellas en cuanto fuera posible, y reprobarlas en los términos más duros. Así, el 3 de octubre de 1821, en Cúcuta, al encargarse de la Presidencia, tras consolidar la unión de dos Repúblicas: “Yo siento la necesidad de dejar el primer puesto de la república, al que el pueblo señale como al jefe de su corazón. Yo soy el hijo de la guerra; el hombre que los combates han elevado a la magistratura; la fortuna me ha sostenido en este rango y la victoria lo ha confirmado. Pero no son éstos los títulos consagrados por la justicia, por la dicha y por la voluntad nacional. La espada que ha gobernado a Colombia no es la balanza de Astrea; es un azote del genio del mal que algunas veces el cielo deja caer a la tierra para el castigo de los tiranos y escarmiento de los pueblos. Esta espada no puede servir de nada el día de 1a paz, y éste debe ser el último de mi poder, porque así lo he jurado para mí, porque lo he prometido a Colombia, y porque no puede haber república donde el pueblo no está seguro del ejercicio de sus propias facultades. Un hombre como yo es un ciudadano peligroso en un gobierno popular; es una amenaza inmediata a la soberanía nacional. Yo quiero ser ciudadano, para ser libre y para que todos lo sean. Prefiero el título de ciudadano al de Libertador, porque éste emana de la guerra, y aquél emana de las leyes. Cambiadme, señor, todos mis dictados por el de buen ciudadano” (Blanco Fombona 2007 p.104-105). Las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes De la soberana voluntad popular nacen las leyes, propuestas en el sistema de Rousseau por “legisladores” sabios que no ejercerían ningún cargo ni otro poder que el de su influencia moral. Pero las mismas leyes pueden ser insuficientes para corregir costumbres y vicios arraigados, según apunta el filósofo: “Casi todos los pueblos, lo mismo que los hombres, sólo son dóciles en su juventud, y se hacen incorregibles a medida que van envejeciendo. Cuando las costumbres están ya establecidas y las preocupaciones arraigadas, es empresa peligrosa e inútil querer formarlas; el pueblo no puede ni aún sufrir que se tomen sus males para destruirlos, semejante a aquellos enfermos estúpidos y sin valor que tiemblan al aspecto del médico” (Rousseau: 48). En el mismo sentido, en el “Discurso de Angostura” advierte Bolívar: “Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad” (Blanco Fombona, 71). Rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria Podríamos prolongar indefinidamente el estudio de concordancias y disonancias entre el pensamiento del Filósofo y el del Libertador. Estimamos imprescindible, sin embargo, señalar la manera en que este conjunto de teorías encuentran su aplicación en el Nuevo Mundo en dos cuestiones fundamentales: el derecho de los americanos a su emancipación, y el de los esclavos a su libertad. Sobre el derecho de los hombres a sacudir el yugo de la fuerza sostiene Rousseau: “Si no considero más que la fuerza y el efecto que produce, diré: mientras que un pueblo se ve forzado a obedecer, hace bien si obedece; tan pronto como puede sacudir el yugo, si lo sacude, obra mucho mejor; pues recobrando su libertad por el mismo derecho con que se la han quitado, o tiene motivos para recuperarla, o no tenían ninguno para privarle de ella los que tal hicieron” (Rousseau, 6). Se refiere Rousseau, desde luego, a la fuerza que intente ejercer un tirano o un invasor. Bolívar extiende el argumento al derecho de emanciparse que tienen los pueblos que han sido conquistados, y así, el 6 de septiembre de 1815, durante su exilio en Jamaica, escribe: “Al presente sucede lo contrario; la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, nos amenaza y tememos: todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrastra. El velo se ha rasgado y hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas: se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria”. (Carta de Jamaica, Kingston, 6 de septiembre de 1815). La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos Al comienzo del Contrato Social trata Rousseau la cuestión de la esclavitud, para demostrar que es imposible justificar ni la de una persona ni la de un pueblo: “Decir que un hombre se da gratuitamente, es decir un absurdo incomprensible; un acto de esta naturaleza es ilegítimo y nulo por el solo motivo de que el que lo hace no está en su cabal sentido. Decir lo mismo de todo un pueblo, es suponer un pueblo de locos: la locura no constituye derechos” (Rousseau, 1957: 11). Y, según concluye Rousseau el capítulo destinado al tema: “Así, pues, de cualquier modo que las cosas se consideren, el derecho de esclavitud es nulo, no sólo porque es ilegítimo, sino que también porque es absurdo y porque nada significa. Las dos palabras esclavitud y derecho son contradictorias y se excluyen mutuamente. Bien sea de hombre a hombre, bien sea de hombre a pueblo, siempre será igualmente descabellado este discurso: hago contigo una convención, cuyo gravamen es todo tuyo, y mío todo el provecho; convención que observaré mientras me diere la gana y que tú observarás mientras me diere la gana” (Rousseau, 1957: 14). Las fuerzas de la Historia impusieron en América la similitud entre pueblos y hombres esclavizados. La Independencia fue promovida esencialmente por la clase de los blancos criollos, terratenientes y propietarios de esclavos. Algunos querían Independencia sin Revolución. Sin embargo, al poco tiempo se hizo evidente que no se podía movilizar a las masas de esclavos y peones sino para una guerra social. Bolívar comenzó por liberar sus propios esclavos a partir del 30 de junio 1814 para incorporarlos a las fuerzas independentistas. En 1816 promete al presidente de Haití Alexander Petion la liberación de los esclavos, y el 2 de junio de ese año decreta “la libertad absoluta de los esclavos” a condición de que éstos se alisten en las tropas independentistas. Y ya el inmediato 6 de junio, desde el cuartel General de la villa de Ocumare, resuelve: “La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos: de aquí en adelante sólo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán ciudadanos” (Blanco Fombona, 2007:199). Y así, Bolívar cierra su discurso al Congreso de Angostura: “Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o la revocación de todos mis estatutos y decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República” (Pérez Vila, 1979: 124). La libertad de los esclavos es consagrada en las subsiguientes constituciones republicanas. Sólo al morir Bolívar en 1830, las repúblicas oligárquicas empezarán a adoptar medidas para postergar la liberación y perpetuar la esclavitud; en todo caso, la infame institución desaparecerá en Venezuela y en casi toda América Latina hacia mediados de siglo, mucho antes de su abolición en Estados Unidos. Trabajar para un siglo y disfrutar en otro En el Capítulo VII de la Parte Primera del Contrato Social, Jean Jacques Rousseau invoca para crear los sistemas de leyes de los pueblos la casi mítica figura de un legislador, “una inteligencia superior que viese todas las pasiones de los hombres sin estar sujeto a ellas”, que “procurándose para futuros tiempos una lejana gloria, pudiese trabajar para un siglo y disfrutar en otro” (Rousseau, 42-43) ¿Se describía a sí mismo? ¿Esperó que mucho después de su fallecimiento en 1778, las entelequias de soberanía popular, formas de gobierno republicanas, proscripción de la esclavitud, entrarían en casi todas las constituciones de los pueblos modernos? Una Revolución es una idea puesta en marcha. Como uno de los conductores de la Independencia de América, correspondió a Simón Bolívar, no sólo pensar en abstracciones, sino proponer constituciones reales, batallar por ellas con las armas en la mano, verlas sancionadas, y con frecuencia luego contemplarlas destruidas sin perder jamás la esperanza de ver triunfar sus principios. En lo que se hizo y lo que se dejó de hacer durante sus agitados tiempos sin duda en alguna forma influyeron las ideas de alguien que supo trabajar para un siglo y disfrutar en otro, aunque fuera con los instrumentos del pensamiento y de la profecía. Fuentes: Álvarez F. Mercedes (1966). Simón Rodríguez tal cual fue. Caracas: Ediciones del Cuatricentenario de Caracas. Blanco, J. F. y Azpúrua, R (1978). Documentos para la Historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia. XV Tomos. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República de Venezuela. Blanco Fombona, Rufino (comp.) (2007) Discursos y proclamas. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho. Lecuna, Vicente (Comp.) (1947). Simón Bolívar: Obras Completas, III Tomos. La Habana: Editorial Lex. Perú Lacroix, Luis (1924). Diario de Bucaramanga: Vida pública y privada del Libertador Simón Bolívar. Madrid: Editorial América. Rousseau, Jean Jacques (1957). El contrato social. Buenos Aires: Editorial Tor.

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¿Existen las lenguas primitivas?
¿Existen las lenguas primitivas?
Ciencia EducacionporAnónimo2/22/2012

¿Lenguas primitivas? Los lingüistas pensaban que las lenguas habladas por los pueblos «primitivos» contemporáneos se encontraban a medio camino entre los lenguajes de los animales y las lenguas civilizadas. Pero se vieron obligados a abandonar esta idea cuando descubrieron que la complejidad de las reglas gramaticales varía con independencia de los niveles de desarrollo político y tecnológico. Por ejemplo, el kwakiutl, una oscura lengua de los indios de América del Norte, tiene el doble de casos que el latín. Otros elementos para catalogar las lenguas «primitivas», tales como la presencia de palabras adecuadamente generales o específicas, demostraron ser indicadores igual de poco fiables de los niveles de evolución. Por ejemplo, los agtas de Filipinas disponen de treinta y un verbos distintos que significan «pescar», cada uno de los cuales se refiere a una forma particular de pesca. Pero carecen de una simple palabra genérica que signifique «pescar». En las lenguas del tronco tupí habladas por los amerindios de Brasil, existen numerosas palabras que designan especies distintas de loros, pero no existe una palabra genérica para «loro». Otros lenguajes carecen de palabras para lo específico; cuentan con palabras distintas para los números comprendidos entre el 1 y el 5, y después se sirven sencillamente de una palabra que significa «mucho». Los lingüistas de nuestros días se han dado cuenta de que carecer de palabras generales o específicas no tiene ninguna relación con el nivel evolutivo de las lenguas. Simplemente, refleja que las necesidades culturalmente definidas son específicas o generales. Los agtas, cuya subsistencia depende principalmente de la pesca, no tienen ninguna necesidad de referirse a la pesca como actividad general; lo importante para ellos son las formas específicas de pescar.. Del mismo modo, los hablantes de lenguas de las sociedades ágrafas necesitan conocer las características distintivas de las plantas. Por término medio, identifican entre 500 y 1.000 especies vegetales distintas por su nombre, en tanto que los hablantes corrientes de lenguas de las sociedades urbanas industriales conocen sólo el nombre de 50 a 100 especies. Poco sorprendentemente, los habitantes de las ciudades se las arreglan mejor con conceptos vagos como hierba, árbol, arbusto, matorral o enredadera. Los hablantes de lenguas que carecen de números específicos después del 5 también se las arreglan muy bien, porque muy pocas veces tienen que ser precisos contando grandes cantidades. Si se presenta la ocasión de ser preciso, se las apañan repitiendo el término mayor cuantas veces sea necesario. Los hablantes de las sociedades ágrafas también carecen frecuentemente de palabras para especificar los colores. Como no dominan las técnicas de los tintes y las pinturas, apenas necesitan conocerlos. Pero si es necesario, pueden siempre adaptarse a la ocasión refiriéndose al «color del cielo», al «color de la leche» o al «color de la sangre». Hasta las partes del cuerpo reciben nombres con arreglo a la necesidad cultural de referirse a ellos. En los trópicos, donde las personas no utilizan demasiada ropa, se suelen hablar lenguas que agrupan «mano» y «brazo» en un sólo término y «pierna» y «pie» en otro. La gente que vive en climas más fríos y que visten prendas especiales (guantes, botas, mangas, pantalones, etc.) para las diferentes partes del cuerpo, disponen más frecuentemente de palabras diferentes para «mano» y «brazo», «pie» y «pierna». Así pues, ninguna de estas diferencias puede considerarse prueba de una fase más primitiva o intermedia de la evolución lingüística. Los aproximadamente tres millares de lenguas habladas en el mundo de hoy poseen una estructura fundamental común y requierensólo cambios menores en el vocabulario para cumplir con idéntica eficacia las tareas de almacenar, recuperar y transmitir información y de organizar la conducta social. Por consiguiente, la conclusión del gran lingüista antropológico Edward Sapir sigue teniendo vigencia: «Por lo que toca a la forma lingüística, Platón camina mano a mano con el porquero macedonio y Confucio con el salvaje cortador de cabezas de Assam.» Bibliografía: Nuestra Especie (título original "Our Kind". Marvin Harris. 1989. Alianza Editorial.

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La evolución como un hecho y una teoría
La evolución como un hecho y una teoría
Ciencia EducacionporAnónimo2/21/2012

La evolución como un hecho y como una teoría Por: Stephen Jay Gould Traducido por Malcolm Cartagena Kirtley Mather, quien murió en 1980 a los noventa años, fue un pilar tanto de la Ciencia como de la religión cristiana en los Estados Unidos y uno de mis amigos más queridos. La diferencia de casi medio siglo entre nuestras edades evaporó anteriormente nuestros intereses comunes. La cuestión más curiosa que compartimos, fue una batalla que cada uno luchó a la misma edad. Por Kirtley había ido a Tennessee con Clarence Darrow para testificar a favor de la evolución en los juicios de Scopes de 1925. Cuando pienso que estamos entrampados nuevamente en la misma lucha por una de los conceptos más documentados, más convincentes y excitantes de toda la Ciencia, no sé si reír o llorar. De acuerdo a los principios idealizados del discurso científico, el despertar de tópicos aletargados debería reflejar datos frescos que dan una vida renovada a las nociones abandonadas. Aquellos que están fuera del debate actual podrían por consiguiente ser excusados por sospechar que los creacionistas han traído a colación algo nuevo, o que los evolucionistas han generado algún problema interno muy serio. Darrow y Bryan fueron al menos más entretenidos que nosotros, antagonistas menores de hoy. El ascenso del creacionismo es política, simple y llanamente; representa un punto (y de ninguna manera el más preocupante) del derecho evangélico resurgente. Los argumentos que parecieron locos hace sólo una década, han vuelto a entrar a la corriente del pensamiento actual. El ataque básico de los creacionistas modernos se divide en dos puntos generales antes incluso que nosotros alcancemos los supuestos detalles reales de su asalto contra la evolución. Primero, ellos juegan sobre el malentendido vernáculo de la palabra “teoría” para llevar a la falsa impresión que nosotros los evolucionistas estamos encubriendo el centro podrido de nuestro edificio. Segundo, ellos abusan de una filosofía de la ciencia muy popular para argumentar que ellos se comportan científicamente a la hora de atacar a la evolución. Sin embargo, la misma filosofía demuestra que su propia fe no es ciencia, y que el “creacionismo científico” es una frase sin sentido y auto-contradictoria, un ejemplo de lo que Orwell llamó “neolengua” o forma de expresión formal que sirve para fines políticos. En la jerga estadounidense1, “teoría” frecuentemente significa “hecho imperfecto” –parte de una jerarquía de certidumbre que corre cuesta abajo desde hecho a teoría, hipótesis y suposición. De esta manera los creacionistas pueden (y lo hacen) argumentar: la evolución es “solamente” una teoría, y el debate intenso ahora se ensaña contra muchos aspectos de la teoría. Si la evolución es menos que un hecho, y los científicos no pueden ni siquiera decidirse acerca de la teoría, ¿entonces qué confianza podemos nosotros tener en ella? Ciertamente, el presidente Reagan hizo eco de este argumento ante un grupo evangélico en Dallas cuando dijo (en lo que yo devotamente creo que fue retórica política): “Bueno, es una teoría. Es solamente una teoría científica, y en los años recientes ha sido cuestionada en el mundo de la ciencia –es decir, no se cree dentro de la comunidad científica que sea tan infalible como alguna vez lo fue.” Bueno, la evolución es una teoría. Es también un hecho. Y los hechos y las teorías son cosas diferentes, no son peldaños en una jerarquía de certeza creciente. Los hechos son los datos del mundo. Las teorías son las estructuras de ideas que explican e interpretan los hechos. Los hechos no se esfuman cuando los científicos debaten teorías rivales para explicarlos. La teoría de la gravedad de Einstein reemplazó la de Newton, pero las manzanas no quedaron suspendidas a medio caer, esperando el resultado. Y los humanos evolucionaron de ancestros simiescos tanto si lo hicieron a través del mecanismo propuesto por Darwin o por algún otro, todavía no descubierto. Por otra parte, “hecho” no significa “certeza absoluta”. Las pruebas finales de la lógica y las matemáticas fluyen deductivamente de premisas indicadas y logran certeza sólo porque no tratan acerca del mundo empírico. Los evolucionistas no hacen afirmaciones de verdades absolutas, aunque los creacionistas frecuentemente lo hacen (y luego nos atacan por un estilo de argumento que ellos mismos propician). En la Ciencia, un “hecho” sólo puede significar “confirmado a tal grado que sería perverso detener su aceptación provisional”. Yo supongo que las manzanas podrían comenzar a elevarse mañana, pero la posibilidad no merece igual tiempo en los salones de clases de física. Los evolucionistas han sido claros acerca de la distinción entre hecho y teoría desde el inicio, si solamente porque hemos siempre reconocido cuan lejos estamos de entender completamente los mecanismos (teoría) por los cuales la evolución (hecho) ocurrió. Darwin continuamente enfatizó la diferencia entre sus dos grandes y separados logros: establecer el hecho de la evolución, y proponer una teoría –la selección natural- para explicar el mecanismo de la evolución. Él escribió en La Descendencia del Hombre: “Yo tengo dos objetivos distintos en vista: primeramente, mostrar que las especies no han sido creadas aisladamente, y segundo, que la selección natural ha sido el agente principal de cambio… Por lo tanto, si he errado en… haber exagerado el poder [de la selección natural]… Yo he al menos, eso espero, hecho un buen servicio en ayudar a derrocar el dogma de las creaciones separadas.” De este modo Darwin reconoció la naturaleza provisional de la selección natural mientras afirmaba el hecho de la evolución. El fructífero debate teórico que Darwin inició nunca ha cesado. Desde los 40’s hasta los 60’s, la misma teoría de la evolución de Darwin alcanzó una hegemonía temporal que él nunca disfrutó en su vida. Pero el debate renovado caracteriza nuestra década, y mientras que ningún biólogo cuestiona la importancia de la selección natural, muchos dudan de su omnipresencia. En particular, muchos evolucionistas alegan que cantidades sustanciales de cambios genéticos podrían no estar sujetas a la selección natural y podrían diseminarse a través de las poblaciones al azar. Otros están cuestionando el lazo de la selección natural de Darwin con el cambio gradual e imperceptible a través de todos los grados intermedios; ellos argumentan que los eventos más evolutivos podrían ocurrir mucho más rápido de lo que Darwin imaginó. Los científicos consideran los debates sobre los tópicos fundamentales de la teoría como una señal de salud intelectual y fuente de excitación. La Ciencia es –¿y cómo más puedo decirlo?– más divertida cuando juega con ideas interesantes, examina sus implicaciones, y reconoce que la información antigua podría ser explicada en sorprendentes formas nuevas. La teoría evolutiva está disfrutando ahora este vigor inusual. Pero en medio de todo este revuelo, ningún biólogo ha sido llevado a dudar del hecho que la evolución ocurre; nosotros estamos debatiendo como pasa. Todos estamos tratando de explicar la misma cosa: el árbol de la descendencia evolutiva concatenando a todos los organismos por lazos de genealogía. Los creacionistas pervierten y caricaturizan este debate a través del olvido consciente de la convicción común que yace bajo él, y sugieren hipócritamente que los evolucionistas ahora dudamos del propio fenómeno que afanosamente tratamos de entender. En segundo lugar, los creacionistas claman que “el dogma de las creaciones separadas” tal como Darwin lo caracterizó hace un siglo, es una teoría científica que merece igual tiempo que la Evolución en el programa de estudio de biología de la escuela secundaria. Pero un punto de vista popular entre los filósofos de la ciencia desmiente este argumento creacionista. El filósofo Karl Popper ha argumentado por décadas que el estándar contra el cual la ciencia es medida, es la falsabilidad2 de sus teorías. Nosotros nunca podemos probar absolutamente, pero podemos falsar. Un conjunto de ideas que no puede, en un principio, ser falsado, no es ciencia . Todo el programa creacionista incluye poco más que un intento retórico para falsar la evolución presentando supuestas contradicciones entres sus partidarios. Su modo de creacionismo, dicen ellos, es “científico” pues sigue el modelo Popperiano al tratar de demoler la Evolución. Sin embargo, el modelo Popperiano debe aplicarse en ambas direcciones. Uno no se vuelve un científico simplemente tratando de falsar un sistema rival y verdaderamente científico; uno tiene que presentar un sistema alternativo que también satisfaga el criterio Popperiano –que también debe ser falsable en un principio. “Creacionismo científico” es una frase autocontradictoria y sin sentido precisamente porque no puede ser falsada. Yo puedo imaginar observaciones y experimentos que refutarían cualquier teoría evolutiva que conozca, pero no puedo imaginar que datos potenciales podrían llevar a los creacionistas a abandonar sus convicciones. Los sistemas imbatibles son dogmas, no ciencia. A fin de no parecer áspero o retórico, cito al líder intelectual del creacionismo, Duane Gish, Ph.D. en su reciente libro (1978), ¿Evolución? ¡Los Fósiles Dicen No! “Por creación entendemos el traer a la existencia por medio de un Creador supernatural, creador de las clases básicas de plantas y animales por un proceso repentino, o que haya él creado. No sabemos como creó el Creador, o qué proceso usó, porque Él usó procesos que no están operando ahora en ninguna parte del Universo natural [Cursivas de Gish]. Es por esto que nos referimos a la creación como una “creación especial”. No podemos descubrir a través de investigaciones científicas nada acerca de los procesos creativos usados por el "Creador”. Le pedimos fervientemente, Dr. Gish, bajo la luz de su última oración, ¿Qué es entonces el creacionismo científico? Nuestra confianza en que la evolución ocurrió se centra en tres argumentos generales. Primero, tenemos abundante, directa y observable evidencia de la evolución en acción, tanto del campo como del laboratorio. Esta evidencia abarca desde incontables experimentos de cambio en casi todo acerca de las moscas de la fruta sujetas a selección artificial en el laboratorio, hasta las poblaciones famosas de polillas Británicas que se volvieron negras cuando el hollín industrial oscureció los árboles sobre los cuales las polillas descansaban. (Las polillas ganan protección de los pájaros depredadores de vista aguda, mimetizándose con el entorno). Los creacionistas no niegan estas observaciones; ¿Cómo podrían hacerlo? Los creacionistas han afinado su acto. Ahora argumentan que Dios sólo creó “clases básicas”, y permitió un limitado serpenteado evolutivo entre ellos. De tal manera que los caniches y los Gran Daneses vienen del la misma clase de perro y las polillas pueden cambian de color, pero la naturaleza no puede convertir un perro en un gato o un mono en un hombre. El segundo y tercer argumentos para la evolución –el estuche para los cambios superiores –no envuelven observación directa de la evolución en acción. Ellos descansan sobre la inferencia, pero no son menos seguros por tal razón. Los cambios evolutivos mayores requieren demasiado tiempo para la observación directa en la escala de la historia humana registrada. Todas las ciencias históricas se basan en la inferencia, y la evolución no es diferente de la geología, la cosmología, o la historia humana en este respecto. En principio, no podemos observar procesos que operaron en el pasado. Debemos inferirlos de los resultados que todavía nos rodean: organismos vivos y fósiles para la evolución, documentos y artefactos para la historia humana, estratos y topografía para la geología. El segundo argumento –que la imperfección de la naturaleza revela evolución –golpea a mucha gente por su ironía, porque ellos sienten que la evolución debería ser más elegantemente desplegada en la casi perfecta adaptación expresada por algunos organismos – la comba de un ala de gaviota, o mariposas que no pueden ser vistas en los pisos de los bosques porque imitan a las hojas con tanta precisión. Pero la perfección pudo ser impuesta por un creador sabio o haber evolucionado por selección natural. La perfección cubre las huellas de la historia pasada. Y la historia pasada –la evidencia de la descendencia –es la marca de la evolución. La evolución yace expuesta en las imperfecciones que graba la historia de la descendencia. ¿Por qué una rata correría, un murciélago volaría, una marsopa nadaría, y yo digitaría este ensayo con estructuras construidas de los mismos huesos, si no es porque todos las heredamos de un ancestro común?. Un ingeniero, comenzando de cero, pudo diseñar mejores extremidades cada vez. ¿Por qué serían marsupiales todos los grandes mamíferos nativos de Australia, a menos que hayan descendido de un ancestro común aislado en esta isla continente?. Los marsupiales no son “mejores” o idealmente convenientes para Australia; mucho han sido barridos por mamíferos placentarios importados por el hombre desde otros continentes. Este principio de imperfección se extiende a todas las ciencias históricas. Cuando nosotros reconocemos la etimología de Septiembre, Octubre, Noviembre y Diciembre (siete, ocho, nueve y diez), sabemos que el año alguna vez comenzó en Marzo, o que dos meses adicionales deben haber sido añadidos a un calendario original de diez meses. El tercer argumento es más directo: las transiciones son frecuentemente encontradas en el registro fósil. Las transiciones preservadas no son comunes –y no debieran ser, de acuerdo con nuestro entendimiento de la evolución (ver la otra sección) pero no son completamente ausentes, como los creacionistas frecuentemente argumentan. El maxilar inferior de los reptiles contiene algunos huesos, que en los mamíferos sólo son uno. Los maxilares de los no-mamíferos están reducidos, gradualmente, en los ancestros mamíferos hasta volverse como pequeñas mazorcas localizadas en la parte de atrás de la mandíbula. Los huesos “martillo” y “yunque” del oído mamífero son descendientes de estos “granos”. ¿Cómo pudo llevarse a cabo tal transición? Se preguntan los creacionistas. Seguramente un hueso está completamente o en el maxilar o en el oído. Sin embargo, los paleontólogos han descubierto dos linajes transitorios de terápsidos (los llamados reptiles semimamíferos) con una coyuntura de mandíbula doble –una compuesta de los viejos huesos cuadratín y articular (que pronto se vuelven el martillo y el yunque), la otra compuesta de los huesos escamoso y dentario (como en los mamíferos modernos). Para este caso, ¿Qué mejor forma transitoria pudimos esperar encontrar que el humano más viejo, el Australopithecus afarensis, con su paladar simiesco, su postura humana erguida, y una capacidad craneal mayor que cualquier simio con el mismo tamaño corporal (pero de 1,000 centímetros cúbicos), debajo nosotros? Si Dios hizo cada una de la media docena de especies humanas descubiertas en las rocas antiguas, ¿Por qué él creó una secuencia temporal continua de rasgos progresivamente más modernos –incremento en la capacidad craneal, huesos y cara reducida, tamaño de cuerpo más acomodado? ¿Acaso creó imitando la evolución y probar así nuestra fe? Encarados con estos hechos de la evolución y de la ruina filosófica de su propia posición, los creacionistas dependen de distorsiones e indirectas para respaldar sus afirmaciones retóricas. Si sueno rudo o agrio, ciertamente lo soy –ya que me he vuelto uno de los blancos predilectos de estas prácticas. Me cuento a mí mismo entre los evolucionistas que argumento un ritmo de cambio espasmódico o incidental, que uno paulatinamente llano. En 1972 mi colega Niles Eldredge y yo desarrollamos la teoría del equilibrio puntuado. Argumentamos que dos hechos sobresalientes del registro fósil –el origen geológicamente “repentino” de nuevas especies y la irregularidad para cambiar después (balance) –reflejan las predicciones de la teoría evolutiva, no las imperfecciones del registro fósil. En la mayoría de las teorías, pequeñas poblaciones aisladas son la fuente de nuevas especies, y los procesos de evolución de las especies toman miles o decenas de miles de años. Esta cantidad de tiempo, tan grande cuando lo medimos contra nuestras vidas, es un microsegundo geológico. Representa mucho menos que el uno por ciento del promedio de vida de un fósil de especies invertebradas –más de diez millones de años. Las grandes, extensas, y bien establecidas especies, por otra parte, no se espera que cambien mucho. Creemos que la inercia de las poblaciones grandes explica el balance de las especies fósiles a través de millones de años. Propusimos la teoría del equilibrio puntuado en gran parte para proveer una explicación diferente para las tendencias difundidas en el registro fósil. Las tendencias, argumentamos, no pueden ser atribuidas a la transformación gradual dentro de los linajes, sino que deben surgir de los diferentes éxitos de ciertas clases de especies. Una tendencia, argumentamos, es más como subir una escalinata (puntuado y balance) que subir una rampa inclinada. Desde que propusimos el equilibrio puntuado para explicar las tendencias, es indignante ser citado una y otra vez por los creacionistas –tanto a propósito o estúpidamente, no lo sé –como admitiendo que el registro fósil no incluye formas transitorias. Las formas transitorias son generalmente ausentes al nivel de las especies, pero son abundantes entre grupos más grandes. No obstante, un panfleto titulado “Científicos de Harvard aceptan que la evolución es un fraude” dice: “Los hechos del equilibrio puntuado que Gould y Eldredge… están forzando a los darwinistas a tragarse la imagen en la que insiste Bryan, y que Dios nos ha revelado en la Biblia”. Continuando la distorsión, algunos creacionistas han igualado la teoría del equilibrio puntuado con la caricatura de las convicciones de Richard Goldschmidt, uno de los primeros grandes genetistas. Goldschmidt argumentó, en un libro famoso publicado en 1940, que grupos nuevos pueden surgir todos a la vez gracias a mutaciones mayores. El se refirió a estas criaturas transformadas repentinamente como “monstruos esperanzadores” (Me siento atraído a algunos aspectos de la versión no caricaturizada, pero la teoría de Goldschmidt todavía no tiene nada que ver con el equilibrio puntuado). El creacionista Luther Sunderland habla de la “teoría del monstruo esperanzador de equilibrio puntuado” y le dice a sus esperanzadores lectores que “equivale a la admisión tácita de que los anti-evolucionistas están en lo correcto al sostener que no hay evidencia fósil respaldando la teoría de que toda la vida está conectada a un ancestro común”. Duane Gish escribe “De acuerdo a Goldschmidt, y ahora aparentemente de acuerdo a Gould, un reptil puso un huevo del cual el primer pájaro, con plumas y todo, fue producido”. Cualquier evolucionista que creyese tal sinsentido sería justamente ridiculizado en el ámbito intelectual; no obstante que la única teoría que alguna vez pudo imaginar tal escenario para el origen de los pájaros es el creacionismo –con Dios actuando en el huevo. Yo estoy tanto enojado con y divertido por los creacionistas, pero principalmente estoy profundamente triste. Triste por muchas razones. Triste porque demasiada gente que responde a las apelaciones creacionistas, están preocupados con justa razón, pero descargando su rabia hacia el blanco incorrecto. Es verdad que los científicos han sido frecuentemente dogmáticos y elitistas. Es verdad que frecuentemente hemos permitido la imagen en gabacha blanca para representarnos –“Los científicos dicen que la marca X cura los juanetes diez veces más rápido que…”. No hemos peleado adecuadamente porque sacamos beneficios de aparecer como un nuevo clero. También es verdad que el poder estatal anónimo y burocrático invade más y más nuestras vidas y remueve las opciones que deberían permanecer a los individuos y a las comunidades. Yo puedo entender que el currículo escolar, impuesto desde arriba y sin fuerza local, podría ser visto como un insulto más en todas estas tierras. Pero la culpable no es, ni puede ser, la evolución o cualquier otro hecho del mundo natural. Identifica y combate a nuestros enemigos legítimos a toda costa, pero nosotros no estamos entre ellos. Estoy triste porque el resultado práctico de este desorden no será expandir la cobertura para incluir el creacionismo, sino que la reducción o escisión de la evolución de nuestros currículos de la escuela secundaria. La Evolución es una de la media docena de “grandes ideas” desarrolladas por la Ciencia. Trata de los temas profundos de la genealogía que nos fascinan a todos –el fenómeno de las “raíces” escrito en mayúsculas. ¿De dónde venimos?, ¿De dónde surgió la vida?, ¿Cómo se desarrolló?, ¿Cómo están relacionados los organismos?. Nos fuerza a pensar, a ponderar y a maravillarnos. ¿Privaremos a millones de este conocimiento y una vez más enseñaremos biología como un conjunto de hechos áridos e inconexos, sin la hebra que une el material diverso en una sola unidad flexible? Pero sobre todo estoy entristecido por una tendencia que apenas estoy comenzando a discernir entre mis colegas. Siento que algunos ahora desean enmudecer el debate saludable acerca de la teoría que ha traído nueva vida a la biología evolutiva. Provee maíz para los molinos creacionistas, dicen ellos, aún si es solamente para distorsionar. Quizás deberíamos no asomar la cabeza y congregarnos alrededor de la bandera del darwinismo estricto, al menos por el momento –una clase de religión de los viejos tiempos por nuestra parte. Pero debiéramos prestar otra metáfora y reconocer que nosotros también tenemos que andar un camino recto y angosto, rodeado por caminos hacia la perdición. Porque si alguna vez comenzamos a suprimir nuestra búsqueda por entender la naturaleza, a aplacar nuestro entusiasmo intelectual en un esfuerzo equivocado por presentar un frente unido donde no existe ni debiera de existir, entonces estamos realmente perdidos. [ Stephen Jay Gould, "Evolution as Fact and Theory," May 1981; from Hen's Teeth and Horse's Toes, New York: W. W. Norton & Company, 1994, pp. 253-262. ] Notas: El uso que comúnmente se le da a esta palabra no es muy diferente en castellano. La mayoría de las personas le atribuye el significado de algo "aun no comprobado". [N. del T.] Falsabilidad, concepto acuñado por el filósofo Karl Raimund Popper, que designa la posibilidad que tiene una teoría de ser desmentida, "falsada" por un hecho determinado o por algún enunciado que pueda deducirse de esa teoría y no pueda ser verificable empleando dicha teoría. Según Popper, uno de los rasgos de toda verdadera teoría científica estriba en su falsabilidad; si una teoría logra no ser falsada, puede mantener sus pretensiones de validez. [N. del T.]

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El mago y el científico - Umberto Eco
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/19/2012

... o la recepción de la ciencia por parte de la opinión pública y los medios de comunicación... Umberto Eco es escritor y semiólogo italiano. Este texto es un amplio resumen de la intervención del autor -titulada La recepción de la ciencia por parte de la opinión pública y de los medios de comunicación- en la Conferencia Científica Internacional, recientemente celebrada en Roma. Creemos que vivimos en la que Isaiah Berlin, identificándola en sus albores, llamó la Edad de la Razón. Una vez acabadas las tinieblas medievales y comenzado el pensamiento crítico del Renacimiento y el propio pensamiento científico, consideramos que vivimos en una edad dominada por la ciencia. A decir verdad, esta visión de un predominio ya absoluto de la mentalidad científica, que se anunciaba tan ingenuamente en el Himno a Satanás, de Carducci, y más críticamente en el Manifiesto comunista de 1848, la apoyan más los reaccionarios, los espiritualistas, los laudatores temporis acti, que los científicos. Son aquéllos y no éstos los que pintan frescos de gusto casi fantástico sobre un mundo que, olvidando otros valores, se basa sólo en la confianza en las verdades de la ciencia y en el poder de la tecnología. Los hombres de hoy no sólo esperan, sino que pretenden obtenerlo todo de la tecnología y no distinguen entre tecnología destructiva y tecnología productiva. El niño que juega a la guerra de las galaxias en el ordenador usa el móvil como un apéndice natural de las trompas de Eustaquio, lanza sus chats a través de Internet, vive en la tecnología y no concibe que pueda haber existido un mundo diferente, un mundo sin ordenadores e incluso sin teléfonos. Pero no ocurre lo mismo con la ciencia. Los medios de comunicación confunden la imagen de la ciencia con la de la tecnología y transmiten esta confusión a sus usuarios, que consideran científico todo lo que es tecnológico, ignorando en efecto cuál es la dimensión propia de la ciencia, de ésa de la que la tecnología es por supuesto una aplicación y una consecuencia, pero desde luego no la sustancia primaria. La tecnología es la que te da todo enseguida, mientras que la ciencia avanza despacio. Virilio habla de nuestra época como de la época dominada, yo diría hipnotizada, por la velocidad: desde luego, estamos en la época de la velocidad. Ya lo habían entendido anticipadamente los futuristas y hoy estamos acostumbrados a ir en tres horas y media de Europa a Nueva York con el Concorde: aunque no lo usemos, sabemos que existe. Pero no sólo eso: estamos tan acostumbrados a la velocidad que nos enfadamos si el mensaje de correo electrónico no se descarga enseguida o si el avión se retrasa. Pero este estar acostumbrados a la tecnología no tiene nada que ver con el estar acostumbrados a la ciencia; más bien tiene que ver con el eterno recurso a la magia. ¿Qué era la magia, qué ha sido durante los siglos y qué es, como veremos, todavía hoy, aunque bajo una falsa apariencia? La presunción de que se podía pasar de golpe de una causa a un efecto por cortocircuito, sin completar los pasos intermedios. Clavo un alfiler en la estatuilla que representa al enemigo y éste muere, pronuncio una fórmula y transformo el hierro en oro, convoco a los ángeles y envío a través de ellos un mensaje. La magia ignora la larga cadena de las causas y los efectos y, sobre todo, no se preocupa de establecer, probando y volviendo a probar, si hay una relación entre causa y efecto. De ahí su fascinación, desde las sociedades primitivas hasta nuestro renacimiento solar y más allá, hasta la pléyade de sectas ocultistas omnipresentes en Internet. La confianza, la esperanza en la magia, no se ha desvanecido en absoluto con la llegada de la ciencia experimental. El deseo de la simultaneidad entre causa y efecto se ha transferido a la tecnología, que parece la hija natural de la ciencia. ¿Cuánto ha habido que padecer para pasar de los primeros ordenadores del Pentágono, del Elea de Olivetti tan grande como una habitación (los programadores necesitaron ocho meses para preparar al enorme ordenador y que éste emitiera las notas de la cancioncilla El puente sobre el río Kwai, y estaban orgullosísimos), a nuestro ordenador personal, en el que todo sucede en un momento? La tecnología hace de todo para que se pierda de vista la cadena de las causas y los efectos. Los primeros usuarios del ordenador programaban en Basic, que no era el lenguaje máquina, pero que dejaba entrever el misterio (nosotros, los primeros usuarios del ordenador personal, no lo conocíamos, pero sabíamos que para obligar a los chips a hacer un determinado recorrido había que darles unas dificilísimas instrucciones en un lenguaje binario). Windows ha ocultado también la programación Basic, el usuario aprieta un botón y cambia la perspectiva, se pone en contacto con un corresponsal lejano, obtiene los resultados de un cálculo astronómico, pero ya no sabe lo que hay detrás (y, sin embargo, ahí está). El usuario vive la tecnología del ordenador como magia. Podría parecer extraño que esta mentalidad mágica sobreviva en nuestra era, pero si miramos a nuestro alrededor, ésta reaparece triunfante en todas partes. Hoy asistimos al renacimiento de sectas satánicas, de ritos sincretistas que antes los antropólogos culturales íbamos a estudiar a las favelas brasileñas; incluso las religiones tradicionales tiemblan frente al triunfo de esos ritos y deben transigir no hablando al pueblo del misterio de la trinidad y encuentran más cómodo exhibir la acción fulminante del milagro. El pensamiento teológico nos hablaba y nos habla del misterio de la trinidad, pero argumentaba y argumenta para demostrar que es concebible, o que es insondable. El pensamiento del milagro nos muestra, en cambio, lo numinoso, lo sagrado, lo divino, que aparece o que es revelado por una voz carismática y se invita a las masas a someterse a esta revelación (no al laborioso argumentar de la teología). Querría recordar una frase de Chesterton: "Cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que ya no crean en nada: creen en todo". Lo que se trasluce de la ciencia a través de los medios de comunicación es, por lo tanto -siento decirlo-, sólo su aspecto mágico. Cuando se filtra, y cuando filtra es porque promete una tecnología milagrosa, "la píldora que...". Hay a veces un pactum sceleris entre el científico y los medios de comunicación por el que el científico no puede resistir la tentación, o considera su deber, comunicar una investigación en curso, a veces también por razones de recaudación de fondos; pero he aquí que la investigación se comunica enseguida como descubrimiento, con la consiguiente desilusión cuando se descubre que el resultado aún no está listo. Los episodios los conocemos todos, desde el anuncio indudablemente prematuro de la fusión fría a los continuos avisos del descubrimiento de la panacea contra el cáncer. Es difícil comunicar al público que la investigación está hecha de hipótesis, de experimentos de control, de pruebas de falsificación. El debate que opone la medicina oficial a la medicina alternativa es de este tipo: ¿por qué el pueblo debe creer en la promesa remota de la ciencia cuando tiene la impresión de tener el resultado inmediato de la medicina alternativa? Recientemente, Garattini advertía que cuando se toma una medicina y se obtiene la curación en un breve periodo, esto no es aún la prueba de que el medicamento sea eficaz. Hay aún otras dos explicaciones: que la enfermedad ha remitido por causas naturales y el remedio ha funcionado sólo como placebo, o que incluso la remisión se ha producido por causas naturales y el remedio la ha retrasado. Pero intenten plantear al gran público estas dos posibilidades. La reacción será de incredulidad, porque la mentalidad mágica ve sólo un proceso, el cortocircutio siempre triunfante, entre la causa presunta y el efecto esperado. Llegados a este punto, nos damos cuenta también de cómo está ocurriendo y puede ocurrir, que se anuncien recortes consistentes en la investigación y la opinión pública se quede indiferente. Se quedaría turbada si se hubiese cerrado un hospital o si aumentara el precio de los medicamentos, pero no es sensible a las estaciones largas y costosas de la investigación. Como mucho, cree que los recortes a la investigación pueden inducir a algún científico nuclear a emigrar a Estados Unidos (total, la bomba atómica la tienen ellos) y no se da cuenta de que los recortes en la investigación pueden retrasar también el descubrimiento de un fármaco más eficaz para la gripe, o de un coche eléctrico, y no se relaciona el recorte en la investigación con la cianosis o con la poliomielitis, porque la cadena de las causas y los efectos es larga y mediata, no inmediata, como en la acción mágica. Habrán visto el capítulo de Urgencias en que el doctor Green anuncia a una larga cola de pacientes que no darán antibióticos a los que están enfermos de gripe, porque no sirven. Surgió una insurrección con acusaciones incluso de discriminación racial. El paciente ve la relación mágica entre antibiótico y curación, y los medios de comunicación le han dicho que el antibiótico cura. Todo se limita a ese cortocircuito. El comprimido de antibiótico es un producto tecnológico y, como tal, reconocible. Las investigaciones sobre las causas y los remedios para la gripe son cosas de universidad. Yo he perfilado una hipótesis preocupante y decepcionante, también porque es fácil que el propio hombre de gobierno piense como el hombre de la calle y no como el hombre de laboratorio. He sido capaz de delinear este cuadro porque es un hecho, pero no estoy en condiciones de esbozar el remedio. Es inútil pedir a los medios de comunicación que abandonen la mentalidad mágica: están condenados a ello no sólo por razones que hoy llamaríamos de audiencia, sino porque de tipo mágico es también la naturaleza de la relación que están obligados a poner diariamente entre causa y efecto. Existen y han existido, es cierto, seres divulgadores, pero también en esos casos el título (fatalmente sensacionalista) da mayor valor al contenido del artículo y la explicación incluso prudente de cómo está empezando una investigación para la vacuna final contra todas las gripes aparecerá fatalmente como el anuncio triunfal de que la gripe por fin ha sido erradicada (¿por la ciencia? No, por la tecnología triunfante, que habrá sacado al mercado una nueva píldora). ¿Cómo debe comportarse el científico frente a las preguntas imperiosas que los medios de comunicación le dirigen a diario sobre promesas milagrosas? Con prudencia, obviamente; pero no sirve, ya lo hemos visto. Y tampoco puede declarar el apagón informativo sobre cualquier noticia científica porque la investigación es pública por su misma naturaleza. Creo que deberíamos volver a los pupitres de la escuela. Le corresponde a la escuela, y a todas las iniciativas que pueden sustituir a la escuela, incluidos los sitios de Internet de credibilidad segura, educar lentamente a los jóvenes para una recta comprensión de los procedimientos científicos. El deber es más duro, porque también el saber transmitido por las escuelas se deposita a menudo en la memoria como una secuencia de episodios milagrosos: madame Curie, que vuelve una tarde a casa y, a partir de una mancha en un papel, descubre la radiactividad; el doctor Fleming, que echa un vistazo distraído a un poco de musgo y descubre la penicilina; Galileo, que ve oscilar una lámpara y parece que de pronto descubre todo, incluso que la Tierra da vueltas, de tal forma que nos olvidemos, frente a su legendario calvario, de que ni siquiera él había descubierto según qué curva giraba, y tuvimos que esperar a Kepler. ¿Cómo podemos esperar de la escuela una correcta información científica cuando aún hoy, en muchos manuales y libros incluso respetables, se lee que antes de Cristóbal Colón la gente creía que la Tierra era plana, mientras que se trata de una falsedad histórica, puesto que ya los griegos antiguos lo sabían, e incluso los doctos de Salamanca que se oponían al viaje de Colón, sencillamente porque habían hecho cálculos más exactos que los suyos sobre la dimensión real del planeta? Y, sin embargo, una de las misiones del sabio, además de la investigación seria, es también la divulgación iluminada. Y, sin embargo, si se tiene que imponer una imagen no mágica de la ciencia, no debieran esperarla de los medios de comunicación, deben ser ustedes quienes la construyan poco a poco en la conciencia colectiva, partiendo de los más jóvenes. La conclusión polémica de mi intervención es que el presunto prestigio de que goza hoy el científico se basa en razones falsas, y está en todo caso contaminado por la influencia conjunta de las dos formas de magia, la tradicional y la tecnológica, que aún fascina la mente de la mayoría. Si no salimos de esta espiral de falsas promesas y esperanzas defraudadas, la propia ciencia tendrá un camino más arduo que realizar. Y he aquí que mañana los periódicos hablarán de este congreso vuestro, pero, fatalmente, la imagen que salga será aún mágica. ¿Deberíamos asombrarnos? Nos seguimos masacrando como en los siglos oscuros arrastrados por fundamentalismos y fanatismos incontrolables, proclamamos cruzadas, continentes enteros mueren de hambre y de sida, mientras nuestras televisiones nos representan (mágicamente) como una tierra de jauja, atrayendo sobre nuestras playas a desesperados que corren hacia nuestras periferias dañadas como los navegantes de otras épocas hacia las promesas de Eldorado; ¿y deberíamos rechazar la idea de que los simples no saben aún qué es la ciencia y la confunden bien con la magia, bien con el hecho de que, por razones desconocidas, se puede enviar una declaración de amor a Australia al precio de una llamada urbana y a la velocidad del rayo? Es útil, para seguir trabajando cada uno en su propio campo, saber en qué mundo vivimos, sacar las conclusiones, volvernos tan astutos como la serpiente y no tan ingenuos como la paloma, pero por lo menos tan generosos como el pelícano e inventar nuevas formas de dar algo de vosotros a quienes os ignoran. En cualquier caso, desconfiad más que nada de quienes os honran como si fueseis la fuente de la verdad. En efecto, os consideran un mago que, sin embargo, si no produce enseguida efectos verificables, será considerado un charlatán; mientras que las magias que producen efectos imposibles de verificar, pero eficaces, serán honradas en los programas de entrevistas. Y, por lo tanto, no vayáis, o se os identificará con ellas. Permitidme retomar un lema a propósito de un debate judicial y político: resistid, resistid, resistid. Y buen trabajo.

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Einstein nunca estará equivocado
Ciencia EducacionporAnónimo1/19/2014

Título original: Why Einstein will never be wrong Publicado el 14 de enero de 2014 por Brian Koberlein en Universe Today Traducción libre hecha por mí. Uno de los beneficios de ser un astrofísico es tu correo semanal de alguien que asegura haber “probado que Einstein está equivocado”. Estos correos o bien no contienen ecuaciones matemáticas y usan frases como “es obvio que…”, o bien son páginas y páginas de complejas ecuaciones con docenas de términos científicos usados de formas no tradicionales. Todos consiguen quedar eliminados rápidamente, no porque los astrofísicos están muy indoctrinados en teorías establecidas, sino porque ninguno de ellos reconoce cómo las teorías son reemplazadas. Por ejemplo, a finales de 1700 había una teoría del calor conocida como teoría calórica. La idea básica de la teoría era que había un fluido que existía dentro de los materiales. Este fluido era auto repulsivo, lo cual significa que trataría de extenderse tan uniformemente como fuese posible. No podíamos observar este fluido directamente, pero mientras más calórico tenía un material, mayor su temperatura. De esta teoría se obtenían varias predicciones que de hecho funcionan. Ya que no puedes crear o destruir el calórico, el calor (la energía) es conservado. Si pones un objeto frío cerca de un objeto caliente, el calórico en el objeto caliente se extendería al objeto frío hasta que ambos alcanzasen la misma temperatura. Cuando el aire se expande, el calórico se extiende más débilmente, y de este modo la temperatura cae. Cuando el aire es comprimido hay más calórico por volumen, y la temperatura aumenta. Ahora sabemos que no hay un “fluido del calor” conocido como calórico. El calor es una propiedad del movimiento (energía cinética) de los átomos o moléculas en un material. Por lo que en física hemos rechazado el modelo calórico en términos de teoría cinética. Podrías decir que ahora sabemos que el modelo calórico está completamente equivocado. Excepto porque no es así. Al menos no más equivocado de lo que siempre estuvo. El supuesto básico de un “fluido del calor” no coincide con la realidad, pero el modelo hace predicciones que son correctas. De hecho el modelo calórico funciona tan bien hoy en día como lo hacía a finales de 1700. No lo usamos más porque tenemos nuevos modelos que funcionan mejor. La teoría cinética hace todas las predicciones de la calórica y más. La teoría cinética incluso explica como la energía térmica de un material puede ser aproximada como un fluido. Este es un aspecto fundamental de las teorías científicas. Si quieres reemplazar una teoría científica robusta con una nueva, la nueva teoría debe ser capaz de hacer más que la anterior. Cuando reemplazas la vieja teoría entiendes los límites de esa teoría y cómo ir más allá de ellos. En algunos casos, incluso cuando una vieja teoría es suplantada seguimos utilizándola. Un buen ejemplo de ello pueden ser las leyes de la gravedad de Newton. Cuando Newton propuso su teoría de la gravedad universal en 1600, describió la gravedad como una fuerza de atracción entre todas las masas. Esto permitió la correcta predicción del movimiento de planetas, el descubrimiento de Neptuno, las relación básica entre la masa de una estrella y su temperatura, etc. La gravedad newtoniana fue y es una teoría científica robusta. Luego, a principios de 1900, Einstein propuso un modelo diferente conocido como relatividad general. La premisa básica de esta teoría es que la gravedad se debe a la curvatura del espacio y el tiempo por la masa. A pesar de que el modelo gravitacional de Einstein es radicalmente diferente al de Newton, las matemáticas de la teoría muestran que las ecuaciones de Newton son soluciones aproximadas a las ecuaciones de Einstein. Todo lo que predice la gravedad de Newton lo hace la gravedad de Einstein. Pero Einstein también nos permite modelar correctamente agujeros negros, el big bang, la precesión de la órbita de Mercurio, la dilatación del tiempo, y más, siendo todo experimentalmente validado. De este modo Einstein supera a Newton. Pero es más difícil trabajar con la teoría de Einstein que con la de Newton, por lo que usualmente simplemente usamos las ecuaciones de Newton para calcular cosas. Por ejemplo, el movimiento de satélites, o exoplanetas. Si no necesitamos la precisión de la teoría de Einstein, simplemente usamos a Newton para obtener una respuesta que es “suficientemente buena”. Tal vez hayamos probado que la teoría newtoniana está “equivocada”, pero la teoría es todavía tan útil y precisa como siempre lo fue. Desafortunadamente, muchos Einsteins en ciernes no entienden esto. Para empezar, nunca va a probarse que la gravedad de Einstein está equivocada mediante una teoría. Se probará que está equivocada mediante evidencia experimental que muestre que las predicciones de la relatividad general no funcionan. La teoría de Einstein no suplantó la de Newton hasta que tuvimos evidencia experimental que coincidía con Einstein y no con Newton. Así que a menos que tengas evidencia experimental que claramente contradiga la relatividad general, aseveraciones sobre “refutar a Einstein” caerán en saco roto. La otra forma de superar a Einstein sería desarrollar una teoría que claramente muestre como la teoría de Einstein es una aproximación de tu nueva teoría, o como las pruebas experimentales que la relatividad general ha aprobado también son aprobadas por tu teoría. Idealmente, tu nueva teoría también hará nuevas predicciones que pueden ser probadas de forma razonable. Si puede hacer eso, y puedes presentar tus ideas con claridad, serás escuchado. La teoría de cuerdas y la gravedad entrópica son ejemplos de modelos que tratan de hacer eso mismo. Pero incluso si alguien tiene éxito creando una teoría mejor que la de Einstein (y alguien casi seguramente lo hará), la teoría de Einstein todavía será tan válida como siempre. No se habrá probado que Einstein estaba equivocado, simplemente entenderemos los límites de su teoría.

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El imperialismo salvaje de los Estados Unidos - N. Chomsky
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/13/2012

Este es un extracto de una charla dada por Noam Chomsky en junio de 2010. De nuevo Chomsky regresa al tema del Oriente Medio, al que entronca con la propia historia de Estados Unidos y la doctrina del Destino Manifiesto.Es tentador volver al inicio. El inicio se remonta a una fecha bastante lejana, pero resulta útil reflexionar sobre algunos aspectos de la historia de los Estados Unidos que inciden directamente sobre la actual política estadounidense en el Oriente Medio. En más de un sentido, los Estados Unidos son un país bastante inusual. Quizás sea el único país del mundo que fue fundado como un imperio. Era un imperio-niño –como le llamara George Washington– y los padres fundadores tenían grandes aspiraciones para él. El más libertario de ellos, Thomas Jefferson, pensaba que ese imperio-niño debía expandirse y transformarse en lo que denominó el “nido” desde el cual se colonizaría todo el continente. Se barrería a “los rojos” –esto es, los indios–, que serían expulsados o exterminados. Los negros serían enviados de regreso a África cuando ya no se necesitaran, y los latinos serían eliminados por una raza superior.La conquista del territorio nacionalA lo largo de toda su historia EEUU, ha sido un país muy racista y no solo antinegro. Esa era la visión de Jefferson, y los demás más o menos concordaban con él. Así que se trata de una sociedad colonialista de pobladores inmigrantes. Ese colonialismo es, con mucho, el peor tipo de imperialismo, el más salvaje, porque exige la eliminación de la población autóctona. Creo que eso guarda cierta relación con el apoyo decidido que le brindan los Estados Unidos a Israel, que es también una sociedad colonialista fundada por pobladores. Sus políticas son como un eco del sentido de la historia norte- americana. Es como volver a vivirla. E incluso más, porque los primeros colonos de los actuales Estados Unidos eran religiosos fundamentalistas que se consideraban hijos de Israel y obedecían el mandamiento divino de asentarse en la tierra prometida y asesinar a los amalequitas, etc., etc. Fueron los primeros colonos de Massachusetts.Todo se hizo con el mayor altruismo. Así que, por ejemplo, Massachussets (el Mayflower y todo ese asunto) recibió sus estatutos fundacionales de manos del Rey de Inglaterra en 1629. Esos estatutos les recomendaban a los colonos la tarea de salvar a la población autóctona del infortunio del paganismo. Y, de hecho, el gran sello de la colonia de la Bahía de Massachussets muestra a un indio con una flecha que apunta hacia abajo, un símbolo de paz. Y de su boca sale un escrito que dice: “Venid y ayudadnos”. Ese es uno de los primeros ejemplos de lo que hoy se denomina intervención humanitaria. Y es típico de otros casos hasta el presente. Los indios les suplicaban a los colonos que vinieran a ayudarlos, y los colonos obedecían, altruistamente, el mandamiento divino de venir a ayudarlos. Resultó que los ayudamos exterminándolos, lo que se consideró bastante desconcertante. Alrededor de los años veinte del siglo XIX, un juez del Tribunal Supremo escribió sobre esta cuestión. Decía que era un tanto extraño que a pesar de todo nuestro altruismo y nuestro amor por los indios, estos se agostaran y se dispersaran como “las hojas de otoño”.¿Cómo era posible? Añadía que la divina voluntad de la providencia “trasciende la comprensión humana”. Es la voluntad de Dios. No podemos aspirar a entenderla. Esa concepción – llamada providencialismo– consistente en pensar que obedecemos invariablemente la voluntad de Dios ha llegado hasta el presente. Hagamos lo que hagamos, estamos obedeciendo la voluntad de Dios.EEUU es un país muy religioso; es un país en el que las creencias religiosas desempeñan un papel inusual. Un gran porcentaje de la población –no recuerdo la cifra exacta, pero es muy alta– cree literalmente en lo que dice la Biblia, y parte de esa creencia consiste en apoyar todo lo que haga Israel, porque Dios le prometió a Israel la tierra prometida. Así que tenemos que apoyarlo. Esas mismas personas –un núcleo sustancial de sólido apoyo a cualquier cosa que haga Israel– son, a la vez, los antisemitas más extremos del mundo. Hacen que Hitler parezca bastante moderado. Confían en el aniquila- miento casi total de los judíos después del Armagedón. Hay toda una larga historia sobre este asunto que es literalmente creída por gente muy importante: probablemente por gente como Reagan, George W. Bush y otros. Se vincula con la histo- ria colonialista del sionismo cristiano, que precedió ampliamente al sionismo judío y es mucho más fuerte. Proporciona una sólida base de decidido respaldo a cualquier cosa que haga Israel.La conquista del territorio nacional fue un asunto bastante feo. Así lo reconocieron algunos de sus protagonistas más honestos, como John Quincy Adams, el gran estratega del expansionismo, teórico del Destino Manifiesto, etc. En sus últimos años, mucho después de que sus propios crímenes horrendos hubieran quedado ya en el pasado, lamentó lo que llamó la suerte de “esa infeliz raza de nativos americanos que estamos exterminando con tan inmisericorde y pérfida cruel- dad”. Dijo que ese era uno de los pecados por los que nos cas- tigaría el Señor. Aún estamos esperando.Sus doctrinas han sido tenidas muy en cuenta a lo largo del tiempo y lo siguen siendo en el presente. Hay un importante y bien documentado libro de John Lewis Gaddis, un importante historiador estadounidense, sobre las raíces de la doctrina Bush. Gaddis describe correcta, convincentemente, la doctrina Bush como descendiente directa de la gran estrategia de John Quincy Adams. Dice que es una concepción que recorre toda la historia de los Estados Unidos. La alaba, cree que es la concepción correcta: que debemos proteger nuestra seguridad, que la expansión es la vía para la garantizar la seguridad, y que es imposible gozar de seguridad hasta que no se controla todo. Así que debemos expandirnos, no solo en el hemisferio, sino en todo el planeta. Esa era la doctrina Bush.En la época de la Segunda Guerra Mundial, aunque los Estados Unidos hacía tiempo que eran, con mucho, el país más rico del mundo, desempeñaban un papel secundario en los asuntos mundiales. El actor principal en los asuntos mundiales era Gran Bretaña; incluso Francia tenía un alcance más global que los Estados Unidos. La Segunda Guerra Mundial cambió por completo el panorama. Los encargados de hacer planes en los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, los encargados de hacer planes para Roosevelt, entendieron muy bien desde el inicio de la guerra que ésta concluiría con los Estados Unidos en una situación de poder aplastante. A medida que avanzaba la contienda y los rusos derrotaban a los alemanes y casi ganaban la guerra en Europa, comprendieron que los Estados Unidos quedarían en una situación incluso de mayor predominio. Y elaboraron cuidadosamente planes para la posguerra. Los Estados Unidos ejercerían un control total sobre una región que incluía el Hemisferio Occidental, el Lejano Oriente, el antiguo imperio británico y la porción mayor posible de Eurasia, incluido –y esto era crucial– su corazón comercial e industrial: Europa Occidental. Ese era el planteamiento mínimo. El máximo abarcaba todo el planeta y, por supuesto, era necesario para nuestra seguridad. En esa región, los Estados Unidos gozarían de un control incuestionado y limitarían todo intento por parte de otros de ejercer su soberanía.Los Estados Unidos terminaron la guerra en una posición de predominio y seguridad sin paralelo en la historia.Disponía de la mitad de las riquezas mundiales, controlaba todo el hemisferio y las orillas opuestas de los dos océanos. No lo tenía todo. Ahí estaban los rusos, y algunas cosas aún no estaban controladas, pero se había expandido de manera notable.Justo en medio de todo estaba el Oriente Medio. Uno de los asesores de alto nivel de Roosevelt, quien trabajó a su lado durante largo tiempo, Adolf A. Berle, un prominente liberal, señaló que el control del petróleo del Oriente Medio proporcionaría un sustancial control sobre el planeta, y esa doctrina sigue en pie. Es una doctrina que opera en este instante y que sigue siendo un tema central de la política.Después de la Segunda Guerra MundialDurante buena parte de la Guerra Fría, las políticas norteamericanas se justificaban invariablemente con la amenaza de los rusos. Se trataba, en lo fundamental, de una amenaza inventada. Los rusos dirigían su propio imperio, más pequeño, sobre la base de un pretexto similar: la amenaza de los norteamericanos. Esas nubes se despejaron tras el derrumbe de la Unión Soviética. Para quienes quieran comprender la política exterior estadounidense, un tema obvio a investigar es lo sucedido después de la desaparición de la Unión Soviética. Ese es el tema natural a investigar, de lo cual se desprende casi automáticamente que nadie lo investiga. Se analiza muy poco en la literatura especializada, aunque es obviamente el tema a investigar para saber qué fue la Guerra Fría. De hecho, si se investiga se obtienen respuestas muy claras.El presidente en esa época era George Bush padre. Inmediatamente después de que fuera derribado el Muro de Berlín, se elaboró una nueva Estrategia de Seguridad Nacional, con un presupuesto de defensa, etc. Constituye una lectura muy interesante. Su mensaje básico es el siguiente: nada va a cambiar excepto los pretextos. Lo que dicen es que todavía necesitamos una inmensa fuerza militar, no para defendernos de las hordas rusas, porque ya desaparecieron, sino de lo que denominan la “sofisticación tecnológica” de las potencias del Tercer Mundo. Ahora bien, no sería extraño que una persona bien educada, que hubiera estudiado en Harvard y todo lo demás, se riera al oír eso. Pero nadie se rió. De hecho, creo que nadie lo reseñó en la prensa. Así que dicen que tenemos que protegernos de la sofisticación tecnológica de las potencias del Tercer Mundo, y que tenemos que mantener lo que llaman la “base industrial de la defensa”, un eufemismo para referirse a la industria de alta tecnología proveedora casi toda del sector estatal (ordenadores, Internet, etc.), con el pre- texto de la defensa. Con respecto al Oriente Medio afirman que debemos mantener nuestras fuerzas de intervención, la mayoría de las cuales están destinadas en esa zona. Y entonces viene una frase interesante. Tenemos que mantener las fuerzas de intervención destinadas al Oriente Medio donde las amenazas fundamentales a nuestros intereses “no podían achacársele al Kremlin”. En otras palabras, lo siento, chicos, les hemos mentido durante cincuenta años, pero ahora que ese pretexto desapareció, les diremos la verdad.El problema en el Oriente Medio ha sido y es el llamado nacionalismo radical. Radical en realidad quiere decir independiente. Es un término que significa “no obedece las órdenes”. El nacionalismo radical puede ser de muchos tipos. Irán es un buen ejemplo.La amenaza del nacionalismo radicalEn 1953 la amenaza iraní era el nacionalismo secular. Después de 1978, es el nacionalismo religioso. En 1953 se resolvió el problema derrocando el régimen parlamentario e instalando en el poder a un dictador muy alabado. No era un secreto. El New York Times, por ejemplo, publicó un editorial en el que se encomiaba el derrocamiento del gobierno tildándolo de “lección” para los países pequeños que “pierden el juicio” con el nacionalismo radical e intentan asumir el control de sus recursos. Esta sería una lección para ellos: no intenten ninguna tontería de ese tipo, sobre todo en una zona que nos resulta necesaria para controlar el planeta. Eso fue en 1953.Desde 1979, fecha en que fue derrocado el tirano impuesto por los Estados Unidos, Irán ha sufrido el constante acoso de los Estados Unidos: un acoso sin tregua. Primero, Carter trató de revertir de manera inmediata el derrocamiento del Sha instigando un golpe de estado militar. No funcionó. Los israelíes –de hecho fue su embajador, porque durante el gobierno del Sha Israel e Irán sostuvieron relaciones estrechas, aunque teóricamente no formales– señalaron que si lográbamos encontrar algunos oficiales dispuestos a disparar contra diez mil personas en las calles, podríamos devolverle el poder al Sha. Zbigniew Brzezinski, el asesor de Seguridad Nacional de Carter, era de la misma opinión. No se logró. De inmediato, los Estados Unidos se volvieron a Saddam Hussein para apoyarlo en su invasión a Irán, que no fue cosa pequeña. Cientos de miles de iraníes resultaron muertos.Los actuales dirigentes del país son veteranos de aquella guerra, y en su conciencia está profundamente gra- bada la idea de que todos están contra ellos: los rusos, los norteamericanos, todos apoyaron a Saddam Hussein en su intento de derrocar al nuevo estado islámico. No fue poca cosa. El apoyo estadouni- dense a Saddam Hussein fue extremo. Los crímenes de Saddam –como el genocidio de Anfal, la masacre de los kurdos– fueron simplemente negados. El gobierno de Reagan los negó o se los achacó a Irán. A Irak incluso se le concedió un privilegio muy singular. Es el único país del mundo, con excepción de Israel, al que se le ha concedido el privilegio de atacar un buque estadounidense y gozar después de completa impunidad. En el caso de Israel fue el Liberty, en 1967. En el de Irak, el USS Stark, en 1987. Era un buque que formaba parte de la flota estadounidense destinada a proteger los embarques procedentes de Irán durante la guerra. Irak atacó el buque con misiles franceses, mató a varias docenas de marinos y recibió un leve regaño, pero nada más. El apoyo estadounidense era tan grande que ganó la guerra en nombre de Irak. Terminada la contienda, el apoyo estadounidense a Irak continuó. En 1989, George Bush padre invitó a varios ingenieros nucleares iraquíes a ir a los Estados Unidos a adquirir conocimientos avanzados sobre el desarrollo de armas nucleares. Es una de esas pequeñas cosas que se esconden debajo de la alfombra, porque un par de meses después Saddam se convirtió en un chico malo. Desobedeció las órdenes. Después vinieron las duras sanciones y lo demás, hasta el día de hoy.La amenaza iraníRegresando a la actualidad, en los textos de política exterior y los comentarios generales la afirmación que más común- mente se encuentra es que el problema político fundamental de los Estados Unidos ha sido y sigue siendo la amenaza iraní.¿En qué consiste exactamente la amenaza iraní? En realidad contamos con una respuesta autorizada a esa pregunta. Apareció hace un par de meses en informes enviados al Congreso por el Departamento de Defensa y los órganos de inteligencia estadounidenses. Esas instancias le informan cada año al Congreso sobre la situación de la seguridad global. Los últimos informes, enviados en abril, contienen, por supuesto, una sección sobre Irán, que es la amenaza mayor. Vale la pena leerlos. Lo que dicen es que, sea cual fuere la amenaza iraní, no es de carácter militar. Dicen que el gasto militar de Irán es bastante reducido, incluso para los estándares regionales, y comparado con el de los Estados Unidos,por supuesto, es invisible: probable mente no llegue al 2% de nuestro gasto militar. Además, señalan que la doctrina militar de Irán se orienta a la defensa del territorio nacional, y está diseñada para frenar una invasión lo suficiente como para que la diplomacia pueda comenzar a funcionar. Esa es su doctrina militar. Dicen que es posible que Irán esté pensando en las armas nucleares. No van más allá, pero dicen que si llegara a desarrollar armas nucleares sería como parte de la estrategia de contención iraní, en un esfuerzo para prevenir un ataque, que no es una posibilidad remota. La potencia militar más grande de la historia –es decir, nosotros– que le ha sido extremadamente hostil, ocupa dos países fronterizos y amenaza abiertamente con atacarlo, al igual que su cliente Israel. Esa es la dimensión militar de la amenaza iraní tal como aparece descrita en Military Balance. No obstante, afirman que Irán constituye una gran amenaza porque intenta ampliar su influencia en países vecinos. A ese intento lo denominan desestabilización. Irán está llevando a cabo una operación de desestabilización en países vecinos al tratar de ampliar su influencia, y eso constituye un problema para los Estados Unidos, que están tratando de promover la estabilidad.Cuando los Estados Unidos invaden un país es para promover la estabilidad, término técnico de la literatura de relaciones internacionales que significa obedecer las órdenes de los Estados Unidos. Así que cuando invadimos Irak y Afganistán es para generar estabilidad. Si los iraníes tratan de ampliar su influencia, al menos en países vecinos, estamos en presencia de un intento de desestabilización. Esta idea forma parte integral de la doctrina académica y de otras. Incluso resulta posible afirmar, sin miedo a hacer el ridículo, como hiciera el comentarista liberal y an- tiguo editor de Foreign Affairs, James Chase, que los Estados Unidos tuvieron que desestabilizar a Chile durante el gobierno de Allende para que hubiera estabilidad, esto es, que se obedecieran las órdenes estadounidenses. ¿Qué es el terrorismo?La segunda amenaza que plantea Irán es su apoyo al terrorismo. ¿Qué es el terrorismo? Se ofrecen dos ejemplos del apoyo de Irán al terrorismo. Uno es su apoyo a Hezbolá en el Líbano, el otro su apoyo a Hamas en Palestina. Créase lo que se crea de Hezbolá y Hamas –puede que creamos que son lo peor del mundo–, ¿en qué se considera que consiste su terrorismo? Pues bien, el “terrorismo” de Hezbolá se celebra en el Líbano el 25 de mayo de cada año, día de fiesta nacional que conmemora la expulsión de los invasores israelíes del territorio libanés en el año 2000. La resistencia y la guerra de guerrillas de Hezbolá obligaron a Israel a retirarse del sur del Líbano tras ocuparlo veintidós años –en violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad– durante los cuales empleó generosamente la violencia, el terror y la tortura. Y cuando Israel finalmente se retiró, la fecha se declaró Día de la Liberación del Líbano.Eso es lo que se considera el núcleo del terrorismo de Hezbolá. Así es como se describe. En realidad, en Israel se llega a describirlo como una agresión. En estos días se pueden leer en la prensa israelí las declaraciones de personajes muy importantes que sostienen que fue un error retirarse del sur del Líbano, porque eso le permite a Irán continuar su “agresión” a Israel, que llevó a cabo hasta el año 2000 apoyando la resistencia a la ocupación israelí. Consideran que eso es una agresión a Israel. Siguen principios estadounidenses, porque nosotros decimos lo mismo. Eso en cuanto a Hezbolá. Hay otras acciones suyas que podrían criticarse, pero ese es el núcleo del terrorismo de Hezbolá. Otro crimen de Hezbolá es que la coalición que lideraba ganó ampliamente las últimas elecciones parlamentarias, aunque debido al sistema de asignación de escaños según la filiación religiosa, no recibió la mayoría. Ello llevó a Thomas Friedman a derramar lágrimas de alegría, como explicó, por las maravillas de unas elecciones libres en las que el presidente Obama había derrotado al presidente iraní Ahmadinejad en el Líbano. Hubo otros que se unieron aesa celebración. Hasta donde sé, las cifras reales de votos nunca se informaron.¿Y Hamas? Hamas se convirtió en una seria amenaza –en una seria organización terrorista– en enero de 2006, cuando los palestinos cometieron un crimen realmente grave. Esa fue la fecha de las primeras elecciones libres celebradas en un país del mundo árabe, y los palestinos votaron como no debían. Eso les resulta inaceptable a los Estados Unidos. Inmediatamente, en un abrir y cerrar de ojos, los Estados Unidos e Israel se pronunciaron públicamente a favor de castigar a los palestinos por ese crimen. Está en un número del New York Times publicado inmediatamente después, en dos columnas paralelas: en una de ellas se habla de nuestro amor por la democracia, y en la contigua, de nuestros planes para castigar a los palestinos por la manera en que votaron en las elecciones de enero. Ninguna idea de que haya una contradicción. Antes de las elecciones los palestinos ya habían recibido fuertes castigos, pero después se intensifica- ron: Israel llegó al punto de cortarle el suministro de agua a la árida Franja de Gaza. En junio Israel había disparado unos 7.700 cohetes contra Gaza. Todo en nombre de la defensa con- tra el terrorismo. Más tarde, los Estados Unidos e Israel, con la cooperación de la Autoridad Nacional Palestina, intentaron llevar a cabo un golpe de estado militar para derrocar al gobierno electo. Fueron derrotados y Hamas se hizo con el control.Después de eso, Hamas se convirtió en una de las principales fuerzas terroristas del mundo. Se le pueden hacer muchas críticas –por ejemplo, sobre la manera en que trata a su población– pero el terrorismo de Hamas es un poco difícil de establecer. La denuncia actual es que su terrorismo consiste en disparar cohetes desde Gaza que caen sobre las ciudades fronterizas de Israel. Esa fue la justificación que se dio para la Operación Plomo Fundido (la invasión estadounidense-israelí de diciembre de 2008) y para el ataque que Israel lanzó contra una flotilla en junio, en aguas internacionales, en el que nueve personas fueron asesinadas. Solo en un país muy profundamente adoctrinado se puede escuchar eso y no reír. Dejando a un lado la comparación entre los cohetes Qassam y el terrorismo practicado constantemente por los Estados Unidos e Israel, ese argumento carece de toda credibilidad por una sencilla razón: Israel y los Estados Unidos saben exactamente cómo detener los cohetes... por medios pacíficos. En junio de 2008, Israel accedió a acordar un cese el fuego con Hamas. Israel no lo cumplió realmente –se suponía que debía abrir las fronteras y no lo hizo– pero Hamas sí. Se puede consultar el sitio web oficial de Israel o escuchar a Mark Regev, su portavoz oficial, y ambos concuerdan en que durante el cese el fuego Hamas no disparó ni un solo cohete. Israel rompió el alto al fuego en noviembre de 2008 cuando invadió Gaza y asesinó a media docena de activistas de Hamas. Después hubo algún fuego de cohetes y ataques mucho más fuertes de Israel. Murieron algunas personas: todas palestinas. Hamas ofreció reanudar el cese el fuego. El gabinete israelí consideró la propuesta y la rechazó, prefiriendo el recurso a la violencia. Dos días después se produjo el ataque estadounidense-israelí a Gaza. En los Estados Unidos y en Occidente en general, se da por sentado, incluso en grupos de derechos humanos y en el informe Goldstone, que Israel tiene derecho a utilizar la fuerza y a ejercer su autodefensa. Hay críticas acerca de lo desproporcionado del ataque, pero son una cuestión secundaria, porque lo principal es que Israel no tenía ningún derecho a usar la fuerza. No existe justificación para el uso de la fuerza a menos que se hayan agotado todos los medios pacíficos. En este caso, los Estados Unidos e Israel no sólo no los habían agotado, sino que se negaron incluso a intentar emplearlos, aunque tenían todo tipo de razones para creer que tendrían éxito.La concesión de que Israel tiene derecho a realizar sus ataques resulta un regalo sorprendente. En todo caso, según el Departamento de Defensa y la inteligencia estadounidense, los intentos de Irán por ampliar su influencia, así como su apoyo a Hezbolá y Hamas son el contenido de la amenaza iraní a los Estados Unidos y sus aliados.

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Pseudociencia y Postmodernismo: ¿acaso importa?
Pseudociencia y Postmodernismo: ¿acaso importa?
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/20/2012

El concepto de «verdad», entendido como algo que depende de unos hechos que quedan en gran medida fuera del control humano, ha sido una de las vías a través de las cuales la filosofía ha inculcado el necesario elemento de humildad. Cuando este control sobre el orgullo se elimina, se da un paso más en el camino hacia un cierto tipo de locura: la intoxicación de poder, que invadió la filosofía con Fichte y a la cual son propensos los hombres contemporáneos, sean filósofos o no. Estoy convencido de que esta intoxicación es el peligro más grande de nuestro tiempo y que cualquier filosofía que contribuya a fomentarla, aunque no lo haga a propósito, está acrecentando el peligro de un vasto desastre social. (Fragmento del capítulo 8: Pseudociencia y Postmodernismo. ¿Antagonistas o compañeros de viaje?) ¿Acaso importa que algunas personas crean en la homeopatía o en el Toque Terapéutico? Quizá no mucho. Personalmente, me fastidia que los proveedores de charlatanería (muchos de los cuales son ya empresas gigantes) aligeren las carteras de los crédulos; no obstante, al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los fraudes de consumo, en este timo, la víctima participa, deseosa, en su sacrificio. Mis instintos libertarios me empujan a adoptar una actitud distante frente a los actos pseudocientíficos consentidos entre mayores de edad. De igual modo, ¿acaso importa que algunas personas -reconozcámoslo, en su gran mayoría intelectuales- crean que la verdad es una ilusión, que la ciencia es simplemente una especie de mito y que los criterios para juzgar la racionalidad y la correspondencia con la realidad dependen por completo de la cultura de cada uno? Una vez más, quizá no: en la sociedad abundan doctrinas muchísimo más perniciosas; además, de todas formas, la influencia de los intelectuales más allá de su torre de marfil es mucho menor de la que nos ilusionamos en creer. En los dos párrafos precedentes -como el lector habrá observado, sin duda- me he inclinado hacia la tolerancia, tal vez hasta el punto de ocultar mis verdaderas opiniones. Así pues, lo cierto es que estoy ligeramente desconcertado ante una sociedad en la que el 50 % de la población cree en la percepción extrasensorial; el 42 %, en casas encantadas; el 41 %, e la posesión demoníaca; el 36 %, en la telepatía; el 32 %, en la clarividencia; el 28 %, en la astrología; el 15 %, en el espiritismo; y el 45 %, en la verdad literal del relato de la creación del Génesis. Pero estoy muy preocupado por una sociedad en la que entre un 21 % y un 32 % cree que el gobierno iraquí de Saddam Hussein estuvo directamente involucrado en los atentados del 11 de septiembre de 2001, entre un 43 % y un 52 % cree que las tropas estadounidenses que están en Iraq han encontrado pruebas de que Saddam Hussein colaboraba estrechamente con al-Qaeda, y entre un 15 y un 34 % piensa que las tropas estadounidenses han encontrado armas iraquíes de destrucción masiva. Y si estoy preocupado por la creencia de la gente en la clarividencia y ese tipo de cosas, es en buena parte porque sospecho que la credulidad en asuntos leves prepara la mente para la credulidad en asuntos graves; y a la inversa: que el tipo de pensamiento crítico que resulta útil para distinguir la ciencia de la pseudociencia puede servir de algo para distinguir las verdades de las mentiras en los asuntos de Estado. (Ojo, no es ninguna panacea; sólo que podría servir de algo.) Como el historiador de la ciencia Gerald Holton ha observado, la pseudociencia y el posmodernismo -y la rebelión romántica contra la ciencia y la razón que con frecuencia los une- se vuelven más peligrosos cuando se conjugan con movimientos políticos, como el nacionalsocialismo alemán o el nacionalismo hindú de la India. No es probable que el espiritualismo New Age o el posmodernismo académico adquieran un peso político significativo en el futuro inmediato de Occidente. El fundamentalismo cristiano sigue siendo un poder político poderoso en Estados Unidos, a pesar de sus altibajos, pero está refrenado por una tradición legal compensatoria de separación de la Iglesia y el Estado, al menos hasta el momento. En extensas regiones del mundo en vías de desarrollo, en cambio, los profundos desequilibrios sociales y económicos coexisten con una religiosidad popular muy fuerte y con unas débiles (o inexistentes) tradiciones liberales y seculares. En estas circunstancias, el modernismo reaccionario inspirado en la religiosidad constituye una amenaza constante; en ciertas culturas, una realidad. Según un destacado epistemólogo posmoderno (que se hace eco de las ideas de docenas de otros): Nunca ha existido una ciencia sin presuposiciones, «objetiva» y libre de valores y de perspectiva. [...] Si el sistema de Newton conquistó el mundo, no fue por su contenido de verdad ni por sus valores intrínsecos, ni por su poder persuasivo, sino porque fue un efecto secundario de la hegemonía política que adquirieron los británicos en aquel tiempo, que creció hasta convertirse en un imperio. Este pensador ridiculiza la objetividad de la ciencia en términos casi idénticos a los que usan los teóricos «poscoloniales» hindúes: El caso es simplemente el siguiente: una idea que nació de la Ilustración -es decir, una idea de la civilización occidental que lleva la marca de un período determinado-, se estableció a sí misma corno absoluta y se declaró a sí misma criterio aplicable a todos los pueblos y a todas las épocas. Es éste un ejemplo del imperialismo occidental, una descarada afirmación de supremacía. Sobre esa base, concluye que: Las decisiones que parten de una visión del mundo basada en las razas determinan la forma primordial -el principio o el fenómeno elemental sobre la que se fundamenta una ciencia. (...) [Un] alemán observa y comprende la naturaleza sólo según su condición racial. El posmodernista en cuestión es Ernst Krieck, un célebre ideólogo nazi y rector de la Universidad de Heidelberg durante el bienio 1937-1938. Por supuesto, no estoy diciendo que todos los posmodernistas sean nazis; nada más lejos que eso. Tampoco digo que las ideas posmodernas sean «protonazis» en algún sentido. Lo que afirmo es que el posmodernismo -como muchas ideas filosóficas- no tiene ningún tinte político en sí y puede usarse para una gran diversidad de propósitos. En concreto, el ataque posmoderno al universalismo y a la objetividad, junto con la defensa de los «conocimientos locales», encaja particularmente bien con ideologías nacionalistas de toda índole. Muchos posmodernistas contemporáneos son intelectuales políticamente progresistas, preocupados sinceramente por el destino de los pobres y los oprimidos; sin embargo, las ideas pueden escapar de las intenciones de sus creadores. Es evidente que si una teoría está respaldada por un razonamiento convincente o por datos empíricos persuasivos, es injusto criticarla con el pretexto de que, si cayera en malas manos, podría conducir a consecuencias nefastas; más bien, es el mal uso de una idea legítima lo que debería criticarse. Pero si una doctrina se basa en un razonamiento negligente -como creo que sucede con el posmodernismo-, entonces no está fuera de lugar notar que también puede ocasionar consecuencias perjudiciales. A pesar de que los intelectuales tienden a sobrevalorar el impacto que producen en la totalidad de la cultura, es cierto que las ideas -hasta las más abstrusas- enseñadas y debatidas en las universidades provocan, con el tiempo, efectos en el mundo no académico. Por ejemplo, la teorización posmoderna ha causado efectos reales en la India, «sobre el terreno», efectos que no han sido positivos de manera uniforme, por decirlo con palabras amables. Bertrand Russell (en el epígrafe de este apartado) exageraba sin duda cuando denunció las perversas consecuencias sociales de la confusión y el subjetivismo, pero sus temores no eran totalmente infundados. En este capítulo he ofrecido ejemplos de convergencia explícita del posmodernismo y la pseudociencia: casos en los que los pseudocientíficos recurren a argumentaciones posmodernas o casos en los que los posmodernistas defienden la pseudociencia. Sinceramente, mi investigación (incompleta) ha revelado menos ejemplos de convergencia explícita de los que había esperado encontrar en un principio. Pero quizás el nexo más grave entre el posmodernismo y la pseudociencia es uno que no he investigado aquí; uno menos explícito, más difícil de definir y más insidioso. Las ideas posmodernas están ampliamente diseminadas en la cultura, a menudo en formas diluidas, y de esta manera crean un clima en el que se debilitan los incentivos que promueven el análisis riguroso de los datos. Al fin y al cabo, hacer ciencia de verdad es difícil. ¿Para qué va nadie a molestarse en invertir su tiempo estudiando física, biología y estadística, si al final todo acaba siendo una cuestión de opinión? Un paradigma contra otro; el tuyo, contra el mío. (O en la jerga de moda, «un juego de verdad entre muchos otros».) Es más rápido y también más estimulante construir un sistema revolucionario basado en la manipulación verbal de frases seleccionadas, procedentes de vulgarizaciones o popularizaciones de la relatividad o de la física cuántica. ¿Por qué deberíamos estudiar a David Bohm (1951, 1952), cuando es muchísimo más emocionante, y mil veces más fácil, leer a David Bohm (1980)? ¿Para qué molestarse en aprender qué son los operadores no conmutativos, si se puede saber todo lo que se quiera sobre mecánica cuántica en la obra de Fritjof Capra? Hay también motivaciones psicológicas poderosas, afianzadas por el posmodernismo, que empujan a creer en la pseudociencia. Francis Bacon se dio cuenta de esto hace cuatro siglos: «El hombre prefiere creer en lo que quiere que sea verdadero». La lógica y la ciencia empírica, en cambio, importunan la libertad humana o, al menos, lo que fantaseamos sobre ella: el universo puede concordar con nuestros deseos o no. De hecho, parte de la transición desde la infancia hasta la madurez consiste en aprender a renunciar a creencias agradables pero falsas (por ejemplo, en Papá Noel) y, en general, a distinguir entre nuestros deseos y la realidad. Pero éste es un proceso difícil, y ninguno de nosotros, incluidos los científicos, lo completa a la perfección. La selección natural dotó al cerebro humano de propensión a la percepción precisa y al razonamiento relacionados con las esferas de la vida que eran importantes para la supervivencia y la reproducción de nuestros antepasados. No había, sin embargo, apremio selectivo hacia la precisión en la cosmología, e incluso podría haber habido una presión selectiva en contra de ella. La ciencia es una innovación cultural muy reciente (en relación con el tiempo que lleva existiendo la especie humana) que ha permitido que los humanos superen ciertas inclinaciones innatas hacia la creación de ilusiones y encaucen sus aptitudes intelectuales hacia fines que se encuentran a años luz (literalmente) de la vida en la sabana africana durante el Pleistoceno. Es absolutamente extraordinario cuan eficaz se ha demostrado esta innovación, que en sólo cuatrocientos años ha generado un conocimiento preciso del mundo, desde los quarks a los quásares; de hecho, este éxito debería calificarse casi de milagroso, si no fuera porque es algo que ya damos por supuesto. Pero la actitud científica ante el mundo -el «talante científico», como tan elegantemente la llaman nuestros colegas hindúes- es todavía minoritaria, incluso en los países industrializados y avanzados, donde los productos tecnológicos de la ciencia son omnipresentes. En muchos sentidos, la ciencia va en contra de los principios de la psicología humana, tanto en lo que se refiere a los métodos como a los resultados; la pseudociencia podría resultar más «natural» para nuestra especie. Para mantener una perspectiva científica se requiere una lucha intelectual y emocional constante contra las ilusiones; el pensamiento teleológico y el antropomórfico; las apreciaciones erróneas de la probabilidad, la correlación y la causalidad; la concepción de modelos inexistentes, y la tendencia a buscar la confirmación más que la refutación de nuestras teorías favoritas. El posmodernismo no creó la pseudociencia y, en muchos casos, no la fomenta específicamente. Pero al debilitar lo percibido como las bases intelectuales y morales del pensamiento científico, el posmodernismo ayuda a la pseudociencia y ensancha el «océano de locura en el cual flota, vacilante, la barquilla de la razón humana». (La expresión es de Bertrand Russell; Escritos básicos de Bertand Russell 1903-1959. Hablaba de las pasiones nacionalistas y religiosas.) Más allá de las imposturas intelectuales Alan Sokal Ediciones Paidós Ibérica, 2009

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