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Primer post: 7 feb 2010Último post: 20 jul 2014
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El peor error en la historia de la humanidad
El peor error en la historia de la humanidad
Ciencia EducacionporAnónimo7/20/2014

Jared Diamond Sábado, 1ero de Mayo de 1999 Traducción realizada por @9ELENA6 y este servidor A la ciencia le debemos cambios dramáticos en nuestra petulante imagen de nosotros mismos. La astronomía nos enseña que la Tierra no es el centro del universo sino meramente uno de los miles de millones de astros. De la biología aprendimos que no fuimos creados especialmente por Dios sino que evolucionamos junto a millones de otras especies. Ahora la arqueología está demoliendo otra creencia sagrada: la de que la historia humana en los últimos millones de años ha sido una larga historia de progreso. En particular, descubrimientos recientes sugieren que la adopción de la agricultura, presuntamente nuestro paso decisivo más importante hacia una vida mejor, fue de muchas formas una catástrofe de la cual nunca nos hemos recuperado. Con la agricultura vino la gruesa desigualdad social y sexual, la enfermedad y el despotismo que maldijeron nuestra existencia. Al principio, la evidencia contra esta interpretación revisionista les parecerá a los norteamericanos del siglo veinte como irrefutable. Estamos mejor en casi cualquier aspecto que la gente de la Edad Media, quienes a su vez la tuvieron más fácil que los hombres de las cavernas, quiénes a la vez estaban mejor que los simios. Tan solo contemos nuestras ventajas. Disfrutamos de las más abundantes y variadas comidas, las mejores herramientas y bienes materiales y algunas de las vidas más largas y sanas en toda la historia. La mayoría de nosotros estamos a salvo de la inanición y de los predadores. Obtenemos nuestra energía del petróleo y de máquinas, no de nuestro sudor. ¿Qué neoludita entre nosotros cambiaría su vida por la de un campesino medieval, un hombre de las cavernas, o un simio? La mayor parte de la historia sobrevivimos mediante la caza y la recolección: cazamos animales salvajes y buscamos comida en plantas silvestres. Es una vida que los filósofos tradicionalmente han considerado como despreciable, brutal y corta. Ya que no se cultiva la comida y poca de ella es almacenada, no hay (bajo esta perspectiva) ningún descanso de la lucha que se repite cada día para encontrar alimentos silvestres y evitar la inanición. Nuestro escape de esta miseria fue facilitado hace solo 10.000 años, cuando en diferentes partes del mundo la gente empezó a domesticar plantas y animales. La revolución de la agricultura se propagó hasta que hoy en día es casi universal y pocas tribus de cazadores-recolectores sobreviven. Desde la perspectiva progresivista en la que fui criado, preguntar “¿Por qué casi todos nuestros ancestros cazadores-recolectores adoptaron la agricultura?” es tonto. Por supuesto que la adoptaron porque la agricultura es una manera eficiente de obtener más comida por menos trabajo. Los cultivos plantados cosecharon muchas más toneladas por acre que raíces y bayas. Solo imagina una banda de salvajes, exhaustos de buscar nueces o de cazar animales salvajes, súbitamente pastoreando por primera vez en una huerta cargada de frutas o en una pastura llena de ovejas. ¿Cuántos milisegundos crees que les tomará apreciar las ventajas de la agricultura? La línea del partido progresivista llega incluso al punto de acreditarle a la agricultura el notable florecimiento del arte que ha ocurrido en los últimos miles de años. Ya que los cultivos pueden ser almacenados, y ya que toma menos tiempo recolectar la comida de un huerto que encontrarlo en la naturaleza, la agricultura nos dio el tiempo libre que los cazadores-recolectores nunca tuvieron. Por lo tanto, fue la agricultura la que nos permitió construir el Partenón y componer la misa en B menor. Mientras que los argumentos de los progresivistas parecen apabullantes, son difíciles de probar. ¿Cómo se muestra que la vida de la gente hace 10.000 años fue mejor cuando abandonaron la caza y la recolección por la agricultura? Hasta hace muy poco, los arqueólogos tuvieron que recurrir a pruebas indirectas, cuyos resultados (sorprendentemente) fracasaron en apoyar la perspectiva progresivista. Aquí tenemos un ejemplo de una prueba indirecta: ¿Están los cazadores-recolectores del siglo veinte realmente peor que los agricultores? Escasos en el mundo, varias docenas de grupos de los así llamados gente primitiva, como los aborígenes del Kalahari, continúan viviendo de esa forma. Resulta que estas personas tienen mucho tiempo de ocio, duermen bastante, y trabajan menos duro que sus vecinos agricultores. Por ejemplo, el tiempo promedio dedicado cada semana a obtener comida es solo de 12 a 19 horas para un grupo de aborígenes, y de 14 horas o menos para los nómadas de Hadza de Tanzania. Un aborigen, cuando se le preguntó por qué él nunca había imitado a sus tribus vecinas adoptando la agricultura, respondió “¿Por qué deberíamos, cuando hay tantas nueces en el mundo?" Mientras los agricultores se concentran en cultivos de muchos carbohidratos como el arroz y las patatas, la mezcla de plantas silvestres y animales en las dietas de los sobrevivientes cazadores-recolectores proporciona más proteína y un mejor balance de otros nutrientes. En un estudio, el consumo alimenticio diario promedio de los aborígenes (durante un mes en el que la comida era copiosa) fue de 2.140 calorías y 93 gramos de proteína, considerablemente mayor que el margen diario recomendado para gente de su tamaño. Es casi inconcebible que los aborígenes, quienes consumen 75 o más plantas silvestres, pudieran morir de hambre de la manera en que cientos de miles de agricultores irlandeses y sus familias lo hicieron durante la hambruna de patatas de 1840. Así que la vida de por lo menos los cazadores-recolectores sobrevivientes no es desagradable y brutal, a pesar de que los agricultores los han empujado a algunos de los peores estados en el mundo. Pero las sociedades de cazadores-recolectores modernas que se han codeado con las sociedades agrícolas durante miles de años no nos dicen nada sobre las condiciones previas a la revolución agrícola. El punto de vista progresivista realmente está haciendo una afirmación sobre un pasado lejano: que la vida de los pueblos primitivos mejoraron cuando pasaron de la recolección a la agricultura. Los arqueólogos pueden fechar ese cambio al distinguir restos de plantas y animales silvestres de los domesticados en los vertederos de basura prehistóricos. ¿Cómo se puede deducir la salud de los creadores de basura prehistóricos, y por lo tanto probar directamente la perspectiva progresivista? Esa pregunta se ha podido responder sólo en los últimos años, en parte a través de las técnicas emergentes de Paleopatología, el estudio de los signos de enfermedad en los restos de los pueblos antiguos. En algunas situaciones afortunadas, los paleopatólogos tienen casi la misma cantidad de material para estudiar como un patólogo en estos días. Por ejemplo, los arqueólogos en los desiertos chilenos encontraron momias bien conservadas cuyas condiciones médicas en el momento de la muerte pudieron ser determinadas por la autopsia (Discover, octubre). Y las heces de los indios muertos hace mucho tiempo que vivían en cuevas secas en Nevada siguen estando lo suficientemente bien conservadas para ser examinadas en búsqueda de anquilostoma y otros parásitos. Por lo general, los únicos restos humanos disponibles para el estudio son esqueletos, pero permiten un sorprendente número de deducciones. Para empezar, un esqueleto revela el sexo de su propietario, peso, y edad aproximada. En los pocos casos en los que hay muchos esqueletos, uno puede construir tablas de mortalidad como las que las compañías de seguros de vida utilizan para calcular la expectativa de vida promedio y el riesgo de muerte a cualquier edad. Los paleopatólogos también pueden calcular tasas de crecimiento mediante la medición de los huesos de las personas de diferentes edades, examinar los dientes en busca de defectos del esmalte (signos de desnutrición infantil), y reconocer las cicatrices dejadas en los huesos por la anemia, la tuberculosis, la lepra y otras enfermedades. Un ejemplo directo de lo que los paleopatólogos han aprendido de esqueletos concierne a cambios históricos en la altura. Esqueletos de Grecia y Turquía muestran que la altura media de los cazadores-recolectores hacia el final de la edad de hielo fue un generoso 1,79 para los hombres, y 1,67 para las mujeres. Con la adopción de la agricultura, la altura disminuyó, y por el 3000 AC había alcanzado un mínimo de tan solo 1,61 para los hombres, 1,52 para las mujeres. En la antigüedad la altura aumentó nuevamente, pero los griegos y los turcos modernos todavía no han recuperado la altura media de sus antepasados lejanos. Otro ejemplo de Paleopatología en acción es el estudio de los esqueletos indios sacados de túmulos funerarios en los valles de los ríos Illinois y Ohio. En los túmulos de Dickson, ubicados cerca de la confluencia de los ríos Spoon e Illinois, los arqueólogos han excavado unos 800 esqueletos que ilustran un cuadro de los cambios en la salud que se produjeron cuando la cultura de cazadores-recolectores dio paso al cultivo intensivo de maíz alrededor del año 1150 AC. Estudios de George Armelagos y sus colegas en la Universidad de Massachusetts muestran cómo estos primeros agricultores pagaron un alto precio por su recién descubierto sustento. En comparación con los cazadores-recolectores que los precedieron, los agricultores tuvieron un aumento de casi un 50 por ciento de esmalte defectuoso, indicativo de desnutrición, un aumento de cuatro veces en la anemia por deficiencia de hierro (evidenciado por una enfermedad de los huesos llamada hiperostosis porótica), un aumento de tres veces en lesiones óseas, reflejo de las enfermedades infecciosas en general, y un aumento en las enfermedades degenerativas de la columna vertebral, a causa probablemente de muchísimo trabajo físico extenuante. "La esperanza de vida al nacer en la comunidad pre-agrícola era alrededor de veintiséis años", dice Armelagos, "pero en la comunidad post-agrícola era de diecinueve años. Así que estos episodios de estrés nutricional y enfermedades infecciosas estaban afectando seriamente su habilidad para sobrevivir". La evidencia sugiere que los indios en los túmulos de Dickson, al igual que muchos otros pueblos primitivos, adoptaron la agricultura no por elección, sino por necesidad, a fin de alimentar su población constantemente en crecimiento. "No creo que la mayoría de ‘los recolectores de hambre’ cultivaron hasta que les fue necesario hacerlo, y cuando se cambiaron a la agricultura, cambiaron también calidad por cantidad", dice Mark Cohen, de la Universidad Estatal de Nueva York en Plattsburgh, co-editor con Armelagos, de uno de los libros seminales en el campo, Paleopatología en los orígenes de la agricultura. "Cuando empecé a usar ese argumento hace diez años, no mucha gente estaba de acuerdo conmigo. Ahora se ha convertido en una respetable, aunque controvertida, propuesta del debate". Existen al menos tres grupos de razones para explicar las conclusiones de que la agricultura fue mala para la salud. En primer lugar, los cazadores-recolectores disfrutaron de una dieta variada, mientras que los primeros agricultores obtenían la mayor parte de sus alimentos de uno o unos pocos cultivos ricos en almidón. Los agricultores ganaron calorías baratas a costa de una nutrición pobre, (en la actualidad, sólo tres plantas altas en carbohidratos -trigo, arroz y maíz- proporcionan la mayor parte de las calorías consumidas por la especie humana, sin embargo, todas son deficientes en ciertas vitaminas y aminoácidos esenciales para la vida.) En segundo lugar, debido a la dependencia de un número limitado de cultivos, los agricultores corrían el riesgo de morir de hambre si una cosecha fracasaba. Por último, el mero hecho de que la agricultura haya animado a la gente a agruparse en sociedades atestadas, muchas de las cuales luego comerciaron con otras sociedades atestadas, dio lugar a la propagación de parásitos y enfermedades infecciosas. (Algunos arqueólogos creen que fue la aglomeración, en lugar de la agricultura, lo que promovió la enfermedad, pero esto es el argumento del huevo y la gallina, porque la aglomeración fomenta la agricultura y viceversa.) Las epidemias no pudieron afianzarse cuando las poblaciones estaban aisladas en pequeños grupos que constantemente desplazaban su campamento. La tuberculosis y las enfermedades diarreicas tuvieron que esperar la llegada de la agricultura, y el sarampión y la peste bubónica la llegada de las grandes ciudades. Además de la malnutrición, el hambre y las enfermedades epidémicas, la agricultura ayudó a que otra maldición cayera sobre la humanidad: profundas divisiones de clases sociales. Los cazadores-recolectores tienen poco o ningún alimento almacenado, y carecen de fuentes de alimentos concentrados, como un huerto o un rebaño de vacas: viven de las plantas silvestres y de los animales que obtienen cada día. Por lo tanto, no puede haber reyes, ni ninguna clase de parásitos sociales que se dediquen a engordar a partir de los alimentos que arrebatan a los demás. Sólo en una población agrícola podría una improductiva élite sana, ubicarse a sí misma por sobre las masas plagadas de enfermedades. Los esqueletos de las tumbas griegas en Micenas 1500 AC sugieren que los miembros de la realeza disfrutaron de una dieta mejor que la gente común, ya que los esqueletos reales eran cinco a siete centímetros más altos y tenía mejores dientes (en promedio, una en lugar de seis cavidades, o dientes ausentes). Entre las momias chilenas del año 1000 DC, la élite se distinguía no sólo por los adornos y las pinzas de oro en el cabello, sino también por una tasa cuatro veces menor de lesiones óseas causadas por enfermedad. Contrastes similares en la nutrición y la salud persisten a escala mundial en la actualidad. A la gente de países ricos como EE.UU., le suena ridículo ensalzar las virtudes de la caza y la recolección. Pero los (norte)americanos son una élite, dependientes del petróleo y los minerales que deben a menudo ser importadas de los países con una nutrición y salud más pobres. Si uno pudiera elegir entre ser un campesino en Etiopía o un recolector aborigen del Kalahari, ¿cuál crees que sería la mejor opción? La agricultura puede haber fomentado la desigualdad entre los sexos también. Liberadas de la necesidad de transportar a sus bebés durante una existencia nómada, y bajo la presión de producir más mano de obra para los campos, las mujeres agricultoras tendieron a tener embarazos más frecuentes que sus homólogos cazadores-recolectores -con el consiguiente desgaste de su salud. Entre las momias chilenas por ejemplo, más mujeres que hombres tenían lesiones óseas a causa de enfermedades infecciosas. Las mujeres en las sociedades agrícolas fueron a veces reducidas a burros de carga. En las comunidades agrícolas actuales de Nueva Guinea, veo a menudo a las mujeres tambaleándose bajo el peso de montañas de vegetales y leña, mientras los hombres caminan con las manos vacías. Una vez, durante un viaje por el campo estudiando las aves, ofrecí pagarles a algunos aldeanos para que transportaran los suministros desde la pista de aterrizaje hasta mi campamento en las montañas. El elemento más pesado era una bolsa de de arroz de 50 kilos, la cual até a un poste y se la encargué a un equipo de cuatro hombres para que la llevaran juntos. Cuando finalmente alcancé a los campesinos, los hombres estaban llevando las cargas ligeras, mientras que una pequeña mujer que pesaba menos que la bolsa de arroz estaba doblada debajo de ella, soportando su peso gracias a una cuerda que le cruzaba la frente. En cuanto a la afirmación de que la agricultura alentó el florecimiento del arte ya que nos proporcionó el tiempo libre, resulta que los cazadores-recolectores modernos tienen al menos tanto tiempo libre como los agricultores. Todo el énfasis en el tiempo libre como factor crítico parece estar equivocado. Los gorilas han tenido tiempo libre suficiente como para construir su propio Partenón, si lo hubieran querido. Si bien es cierto que los avances tecnológicos posteriores a la agricultura hicieron posible nuevas formas de arte y facilitaron la preservación de dicho arte, grandes pinturas y esculturas ya estaban siendo producidas por cazadores-recolectores hace 15.000 años, y todavía se estaban produciendo hasta una fecha tan reciente como el siglo pasado por cazadores-recolectores, tales como algunos esquimales y los indios del noroeste del Pacífico. Así, con la llegada de la agricultura y las élites, estas quedaron en mejor situación, pero la mayoría de la gente se quedó en una situación peor. En lugar de tragarnos la idea del partido progresivista, de que elegimos la agricultura porque era lo mejor para nosotros, debemos preguntarnos cómo es que caímos en su trampa, a pesar de sus desventajas. Una de las respuestas se resume en el dicho "La fuerza hace el derecho". La agricultura puede sustentar a muchas más personas que la caza, aunque con una calidad de vida más pobre. (La densidad de población de los cazadores-recolectores rara vez supera la persona por cada diez kilómetros cuadrados, mientras que la de los agricultores es en promedio 100 veces más). En parte, esto se debe a que un campo sembrado íntegramente de cultivos comestibles permite alimentar a muchas bocas más que un bosque con plantas comestibles dispersas. En parte, también, es porque los cazadores-recolectores nómadas tienen que mantener a sus hijos espaciados a intervalos de cuatro años, a través del infanticidio u otros medios, ya que una madre debe cargar a su hijo hasta que tenga edad suficiente como para mantener el ritmo de los adultos. Dado que las mujeres campesinas no tienen esa carga pueden, y a menudo lo hacen, tener un hijo cada dos años. A medida que la densidad de población de los cazadores-recolectores incrementaba lentamente al final de las edades de hielo, los grupos tuvieron que elegir entre alimentar a más bocas y así dar los primeros pasos hacia la agricultura, o bien encontrar formas de limitar el crecimiento. Algunos grupos eligieron la primera solución, incapaces de anticipar las trampas de la agricultura, y seducidos por la abundancia transitoria que disfrutaron hasta que el crecimiento de la población alcanzó el aumento de la producción de alimentos. Tales grupos se reprodujeron en exceso y luego, o se extinguían, o asesinaban a los grupos que optaron por permanecer cazadores-recolectores, ya que un centenar de campesinos desnutridos aún puede derrotar a un cazador/recolector saludable. No es que los cazadores y recolectores abandonaran su estilo de vida, sino que aquellos lo suficientemente sensatos como para no abandonarla, fueron exiliado de todas las tierras, excepto de las que los agricultores no querían. En este punto es importante recordar la queja común de que la arqueología es un lujo, que se preocupa por el pasado remoto, y no ofrece lecciones para el presente. Los arqueólogos que estudian el surgimiento de la agricultura han reconstruido una etapa crucial en la que cometimos el peor error en la historia humana. Forzados a elegir entre la limitación de la población o tratar de aumentar la producción de alimentos, optamos por lo último y terminamos con hambre, guerra y tiranía. Los cazadores-recolectores practicaban el estilo de vida más exitoso y de más larga duración en la historia humana. Por el contrario, nosotros todavía estamos luchando para salir del lío en el que la agricultura nos metió, y no está claro si podremos resolverlo. Supongamos que un arqueólogo que ha venido de visita desde el espacio exterior está tratando de explicarle la historia humana a sus compañeros espaciales. Podría ilustrar los resultados de sus observaciones en un reloj de 24 horas en el que una hora representa 100.000 años de tiempo real. Si la historia de la raza humana comenzó a la medianoche, entonces ahora sería casi el final de nuestro primer día. Vivimos como cazadores-recolectores durante casi todo ese día, desde la medianoche pasando por el amanecer, el mediodía y el atardecer. Finalmente, a las 11:54 p.m. adoptamos la agricultura. A medida que se acerca nuestra segunda medianoche, ¿será que la situación de los campesinos hambrientos se extenderá gradualmente hasta engullirnos a todos? ¿o lograremos conseguir de alguna manera esas seductoras bendiciones que imaginamos detrás de la fachada reluciente de la agricultura, que hasta ahora nos han eludido?

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Diferenciar una invasión de la OTAN de un movimiento social
Diferenciar una invasión de la OTAN de un movimiento social
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/24/2011

Algunos medios presentan la invasión de la OTAN y Estados Unidos contra Libia como un movimiento social . Para quienes no saben distinguir entre una cosa y otra, sugerimos algunas pistas:Un movimiento social mayoritario triunfa solo, y no necesita que una coalición imperialista de 42 países saqueadores invada durante más de seis meses sin poder imponerse.Un movimiento social está integrado por personas de carne y hueso, y no por víctimas imaginarias de supuestos bombardeos no confirmados por los periodistas del Telesur ni por la vigilancia satelital rusa ni por la del Pentágono.Un movimiento social surge espontáneamente del pueblo, y no de los planes del Pentágono de invasión de Libia denunciados desde 2001 por el general Wesley Clark.Un movimiento social no obtiene la protección de esa mafia de las potencias hegemónicas denominada ONU.Un movimiento social no está dirigido por monárquicos, terroristas fundamentalistas, mercenarios extranjeros ni ex ministros del gobierno al cual se opone.Un movimiento social no es presentado por Barack Obama como "modelo para las relaciones internacionales", ni apoyado por el ejército de ocupación de Europa llamado OTAN.Un movimiento social no se inaugura asesinando a su propio jefe, como hizo el CNT con su primer presidente, Abdel Younis.Un movimiento social no dispone de portaaviones, acorazados, bombarderos, cohetes teledirigidos, helicópteros de combate y aviones no tripulados.Un movimiento social no desata contra sus compatriotas la estrategia de bombardeo terrorista de la población civil que inauguró la Luftwaffe nazi contra Guernika.Un movimiento social no repite ese genocidio en 20.000 misiones aéreas contra su propio país.Un movimiento social no bombardea sistemáticamente hospitales, acueductos, escuelas, residencias ni medios de comunicación.Un movimiento social no secuestra a periodistas independientes ni los expulsa para impedirles testimoniar lo que ocurre.Un movimiento social no practica el asesinato selectivo de los dirigentes de su país, ni fija recompensas de millón y medio de euros por sus cabezas.Un movimiento social no maneja bufetes, lobbys ni influencias para que la Corte Penal Internacional dicte autos de detención contra sus adversarios.Un movimiento social no causa un genocidio de 60.000 víctimas entre su propio pueblo.Un movimiento social no tiene cómplices financistas internacionales capaces de confiscar 270.000 millones de dólares de las reservas de su país.Un movimiento social no somete los recursos de su patria a la rebatiña de mandatarios y consorcios extranjeros.Un movimiento social nunca es apoyado incondicionalmente por monopolios mediáticos y transnacionales de la información.Un movimiento social no dispone de camarógrafos, escenógrafos, maquilladores, actores, vestuaristas y directores para escenificar y grabar fraudulentamente en Qatar las victorias que todavía no ha obtenido.Un movimiento social no destruye y saquea las sedes diplomáticas de países amigos.Un movimiento social no mata sistemáticamente compatriotas por tener piel oscura, como lo hacen las fuerzas de la CNT.Un movimiento social no está dirigido por Berlusconi, Sarkozy, Cameron, Merkel y Rassmussen.Un movimiento social no inicia operaciones fundando un Banco Internacional y una Compañía transnacional para entregar los recursos de su patria.Un movimiento social no es reconocido prematuramente como gobierno por las potencias imperialistas sin haber ni siquiera obtenido el control del territorio.Más fácil que diferenciar una invasión de la OTAN de un movimiento social es distinguir entre un bobo y un canalla. Un bobo ignora los hechos antes señalados. Un canalla los conoce, e insiste en que la invasión contra Libia es un movimiento social .Por Luis Brito Garcia

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