kenshinhyuuga
Usuario (Argentina)
Si queres romper los huevos como un campeón ahora es todo mas fácil. Solo necesitas un maple de huevos, electricidad y esta maquina: Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=78VDqoQdavY

Cuentos breves de fútbol de Fontanarrosa. La Barrera Un paso más atrás. Dos más atrás. Tres. Ahí está bien. Ya está la barrera formada. Una baldosa más acá. Un momento. Ante todo, sacar las cosas del arco. Hay botellas debajo de la pileta. Ya la otra vez cagó una. Y dos sifones. El blindado no es nada, pero el otro puede reventar, y los sifones revientan y los pedacitos de vidrio saltan y se meten en los ojos de uno. Bien juntas las macetas de la barrera. El arquero muy nervioso. Miguel Tornino frente al balón. Atención. El rubio Miguel Tornino frente al balón. Una mano en la cintura. La otra también. La mano sacándose el pelo de la frente. La transpiración de la frente. De los ojos. Hay silencio en el estadio. Es la siesta. Hasta el Negro se ha quedado quieto. Resignado a ser simple espectador de ese tiro libre de carácter directo que ya tiene como seguro ejecutor a Miguel Tornino, que estudia con los ojos entrecerrados el ángulo de tiro, el hueco que le deja la barrera, la luz que atisba entre la pierna derecha del recio mediovolante de la visita y la pata de portland de la maceta grandota del culantrillo. Un solo grito en el estadio: Miguel, Miguel. El público de pie ante ésta, la última oportunidad del Racing Club cuando sólo faltan dos minutos para que finalice el match. Habrá que apurarse antes de que vuelva a adelantarse la barrera o el Negro insista en morder la pelota y hacerla cagar como el otro día que la pinchó el muy boludo. Sonó el silbato. Habrá que pegarle de chanfle interno. La cara interna del pie diestro de Miguel Tornino, el pibe de las inferiores debutante hoy le dará al balón casi de costado, tal vez de abajo, con no mucha fuerza pero sí con satánica precisión para que ese fulbo describa una rara comba sobre la cabeza de los asombrados defensores, sobre el despeinado pirincho del helecho de la segunda maceta y se cuele entre el travesaño, el poste, el postrer manotazo de la lata de aceite Cocinero que se ha lucido hasta el momento. ¡Tiró Tornino…! y… se hizo mimbre en el aire el arquero ante el latigazo insólito de curva inesperada y con la punta de los dos dedos allá voló la lata a la mierda, carajo que ladra el Negro, sí mamá… sí la guardo… está bien… pero mirá vos cómo la viene a sacar este guacho. La Pena Máxima Cuando vi que caía el Pato lo pedí, lo pedimos todos, por un momento pensé que no lo daba, pero era clarito, lo cruz con la gamba casi en el muslo y el Pato se iba, porque se iba el Pato (¡Penal! ¡Penal! ¡Lo dio! ¡Lo dio! ¡Lo dio, Chancha, lo dio, penal! ¡Penal!), cuando vi que lo daba yo salí rajando como loco para cualquier lado, se lo grité a la tribuna, el Sapo se me trepó encima y me gritaba ¡ahora Nene, ahora! (¡Lo dio, Chancha, lo dio!), yo, viste como está uno?, andaba medio boludo porque parecía que tema toda la hinchada metida en el balero, para colmo el Dapea ese me habla estrolado con tuti un poco antes y no entendía nada, s que ellos le chillaban al referí en el área, que caen naranjas (¡Lloren ahora, lloren!, qué mierda quieren?), en eso viene el Tubo y me dice “Tranquilo, flaco, vos tranquilo, no te calentés” y fue cuando me di e cuenta. Te juro, Chacho, que se me formó en la panza, acá, una pelota ¿viste?, una pelota dura, qué podido, recién caía, me agarró un cagazo de golpe como esa vez que casi me amasija el micro, te acordás?, uy, Dios mío, qué cagazo (¿Quién lo tira? ¿Quién lo tira?), te juro que sentía las gambas como de barro y digo yo me quedo en el molde, por ahí ni se acuerdan, por ahí se lo dan al Mono como se lo daban siempre, pero el Mono lo erró con Chacarita y no quiere lolas, yo lo miro y lo veo parado casi en la mitá de cancha diciendo que no con el balero (Que no se lo dean al Mono porque lo manda afuera! Patéalo vo pendejo! El Mono no que lo erra El Mono no!). Gran puta, te juro que hubiera querido no haber pedido en la perra vida patear penales y para colmo en las prácticas los embocaba todos. (Ya casi no hay protestas y veremos quien ejecuta la pena máxima), yo pensaba si lo erro me muero, me caigo muerto al piso, no salgo de la cancha, no vuelvo a casa, para qué me acordé del viejo, estaría más julepeado que yo y agarro y digo no!, no lo pateo, que lo patee otro, yo lo erro, que se queme otro y por ahí pasa el Beto, que ya me habla cargado todo el partido y me jode “guarda pibe, no lo vayas a tirar afuera” me dice (continúan las conferencias con el juez, Mainardi ya está entre los tres palos) y además pensé lo que yo le habla dicho el otro día al Mono, Mono, no seas boludo, Cómo te vas a arrugar por errar un penal?, metéle carajo”, fijate, yo al Mono, que siempre fue el que me aconsejaba en tercera “hacé esto, Ricardito”, “cuidate, Ricardito”, yo le decía porque me daba bronca que aflojara así, para mí el Mono es un especie de ídolo ¿viste?, cacé la pelota que ya estaba colocada (Garbelli Muñoz- Garbelli, ser el encargado) y me parecía que se haba callado todo el mundo (El pibe, vamo pibe, viejo, vamo, mandálo adentro!) mirá cuando miré al arco, Mainardi, hijo de una gran puta, se rea, me miraba y se rea, digo no pienso más, pienso solamente en el tiro (Garbelli está ya frente al balón, tranquilo el golquiper), se lo pongo a rastrón a la ratonera, lo fusilo arriba y si se me va alto? (gol pibe, gol, Dios mío hacelo). ¿Usted lo patea? me dice el referí y quién va a ser boludo le hubiera dicho cuando el pito me reventó en el oído como un balazo (Toma carrera Garbelli!). Corrí dos pasos (¡Goo…) y le puse un bombazo… (¡Tirooo…!) te juro que ni vi cuando levantó la red, te juro, Chacho, te juro. Memorias de un wing derecho Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya. Abriendo la cancha. Y eso no me enseño nadie. Son cosas que uno ya sabe solo. Y meter centros o ponerle al arco como venga. Para eso son wines. No me vengan con eso de wing “ventilador” o wing “mentiroso” o las pelotas. Arriba y contra la raya. Abriendo la cancha para que no se amontonen los forwards en el medio. Nada de andar bajando a ayudar al marcador de punta ni nada de eso. Si el marcador de punta no puede con el wing de él… ¿para qué m… juega de marcador de punta? Lo que pasa es que ahora cualquier mocoso le sale con esas teorías nuevas y nuevas formas de juego o te viene con la “holandesa” o la brasileña y otras estupideces. ¡Por favor! El fútbol es uno solo y a mí no me saca de la formación clásica: el arquero bien parado en la raya y atento. Por ahí escucho decir que Gatti juega por toda el área o sale hasta el medio de la cancha… Y bueno, así le va. Yo al arquero lo quiero paradito en su arco y nada más. Para eso es arquero. Después una línea de tres. Después otra de cinco. Y arriba que nos dejen a nosotros tres. Más de veinte años hace que jugamos así y nos hemos podrido de hacer goles. De a siete hacemos. Yo ya debo llevar como 6.800. Yo solo… ¡Después me dicen de Pelé! O arman tanto despelote porque Maradona hizo cien. Cien yo hago en una temporada. Y en verano, cuando los pibes se quedan en el club como hasta las dos de la matina, me atrevo a hacer cuarenta, cincuenta goles por semana. Cuarenta, cincuenta. Yo solo… Maradona… ¡Por favor! Y eso para no hablar del centrofoward nuestro. debe llevar más de 12.000 goles. por debajo de las patas… Y…¡el tipo está ahí! donde deben estar los centrofoward. En la boca del arco. En el área chica. Pelota que recibe, ¡Pum! adentro. A cobrar. Y ojo, que el nueve de los de Boca no es maño tampoco. Es el mismo estilo que el nuestro. Siempre ahí: en la troya. Adonde están los japoneses. ¡Nos ha amargado más de un partido, eh! Yo no he visto los goles que nos ha hecho pero escucho los gritos y el ruido de la pelota adentro del arco. Le da con un fierro el guacho. Pero, claro, tiene dos wines que son dos salames. Por ahí si jugara al lado mío él también habría hecho como 12.000 goles. ¡Si le habré servido goles al nueve! ¡Si le habré servido goles! Me acuerdo el día del debut. Le estoy hablando de hace 25 años, 25 años, un cuarto de siglo. Sacaron la lona que cubría la cancha y le juro que nos escegueció la luz. Un solazo bárbaro. Yo casi no podía ver por el resplandor en las camisetas, especialmente en las nuestras. Claro, por el blanco. Las bandas rojas parecían fuego. No como ahora, que está saltando todo el esmalte y se ve el plomo. O el piso, del verde ya no queda casi nada. ¡Cómo está ésta cancha! ¡Qué lástima! Qué poco cuidada está. Pero bueno, ese día fue algo inolvidable. Era domingo al mediodía y se ve que los muchachos estaban alborotados porque esa tarde jugaban River y Boca en el Monumental y ellos se habían reunido en el club para irse todos juntos en el camión para el partido. ¡Huy, lo que era ese día! Y claro, llegaron ahí y se encontraron con que la Comisión Directiva había comprado el metegol. Yo había escuchado desde abajo de la lona que pensaban inaugurarlo esa noche cuando los socios se juntaban en la sede social a comentar los partidos o tomarse un fernet antes de cenar. Pero… ¡qué!… apenas los muchachos vieron el metegol al lado de la cancha de básquet ni siquiera se molestaron en meterlo adentro. ¡Además, esto es pesado, eh! No sé cuántos kilos debe pesar esto, pero es pesado. Puro fierro, de las cosas que se hacían antes. Bueno, ahí nomás lo destaparon y se armó el partido. Yo calculo, calculo, que había de haber entre 20 y 25 años personal viendo el partido. ¡No menos, eh! No menos. Una multitud. Y había apuestas y todo. Le digo que calculo que había esa gente porque yo ni miré para arriba, le juro, no me atrevía a levantar la vista del cagazo que tenía. Le juro. Uno escuchaba bramar esa tribuna y temblaba. ¡Qué cosa inolvidable! Nosotros, los tres de adelante, tuvimos suerte porque el tipo que nos manejaba se ve que sabía. Yo apenas sentí que se movía, dije: “Hoy vamos a andar bien”. porque también es importante el tipo que a uno le toque para manejarlo. Usted podrá tener condiciones, es más, podrá ser un fenómeno, pero si el que está afuera es un queso, va muerto. Y yo le digo, ahora, con experiencia, yo apenas noto cómo el tipo me mueve ya me doy cuenta si conoce o no. Es una cuestión de experiencia , nada más. No es que uno sea sabio. Escúcheme, usted ve un tipo cómo se para en la cancha y ya sabe cómo juega al fútbol. No tiene necesidad ni de verlo correr. ¡Por favor! Pero ese día se ve que el tipo conocía. No era ni improvisado ni uno que agarra la manija porque está aburrido y para matar el tiempo se juega un metegol. De esos que usted trata de ayudarlos, de darles una mano pero al final el que queda como un patadura es usted. Cuando el culpable es el que tiene la manija. Y usted los escucha gritar: “¡Qué tronco es el siete ese! ¡Qué animal el wing!”. Hay que aguantar cada cosa. ¡Por favor! Pero ese día no. Ese día tuve suerte, lo que es importante en un debut. Y más en un River-Boca. Usted sabe bien cómo son estos partidos. Un clásico es un clásico, digan lo que digan ahora yo ya tengo como 30.000 clásicos jugados y así y todo, le digo, todavía cuando escucho el pique de la primera pelota en la mitad de la cancha me pongo nervioso. Parece mentira. Es que son partidos muy parejos. Somos equipos que nos conocemos mucho. Pero aquél día tuvimos suerte, por lo menos los de adelante. De la mitad de la cancha para adelante la rompimos, la hacíamos de trapo. “Tachola”, me acuerdo que se llamaba el que tenía la manija. Me acuerdo porque le gritaban permanentemente y además porque durante cuatro años vuelta a vuelta venía al club y jugaba. ¡Cómo sabía ese tipo! Lo arruinó la bebida. Cuando llegaba en pedo yo me daba cuenta porque nos hacía hacer molinetes y cada cagada que ni le cuento. Un día me hizo hacer un molinete y yo cacé un chute que la pelota saltó del metegol e hizo sonar un vaso. Me quería hacer pagar a mí el desgraciado. Pero cuando estaba sobrio era un león. Y ese día la gasté. En la defensa no andábamos tan bien porque el que manajaba a los tres era un salame. Un paspado. Pero con los de adelante bastaba. No hay mejor defensa que un buen ataque, mi amigo, eso lo sabe cualquiera. ¡Por favor! Ahora se meten todos abajo. Están locos. tres pepas hice ese día. Y las otras tres se las serví al nueve, al morochón. Y no tenía bigotes. Lo que pasa es que algún mocoso se los pintó con birome para que se pareciera a Luque. Un gol, me acuerdo, un gol, la bola rebotó en el corner y se me vino. Ibamos perdiendo uno a cero, porque ¡ojo! habíamos arrancado perdiendo, y la hinchada bramaba. La puse debajo de la suela y casi la astillo. La empecé a pisar y me la traje despacito para el medio. El nueve se fue para la izquierda y el once también, para abrirme un buco. Yo la masé y un par de veces amagué el puntazo, pero el fullback me tapaba el tiro y no veía ángulo para el taponazo. Le cuento que yo no le hago asco a patear y cuando veo luz le sacudo. A mí no me vengan con boludeces. Pero el rubio que me marcaba me tapaba bien. Entonces yo agarro y la engancho de nuevo para afuera, para mi lado, como para meterle un derechazo cruzado, al segundo palo, a la ratonera. ¡Si habré hecho goles así! Y cuando el rubio me sigue para taparme y el arquero cubre el primer palo, de revés nomás, cortita, la toco para el medio. Y el nueve, sin pararla ché, le puso semejante quema que abolló la chapa del fondo del arco. ¡Qué golazo! ¡Lo que fue eso! Yo lo había escuchado al negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha y ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro que me grita: “¡Ah!”. Y se la toqué. Lo mató al Negro. Lo mató. La hacemos siempre a ésa. Diga que ya nos conocen. ¡Qué partido fue ése! Y para esta noche tenemos uno lindo. Si es que vienen los muchachos. Porque los escuché decir que iban a las maquinitas. Siempre hablan de las maquinitas. Vaya a saber qué es eso. Acá una vez al club trajeron una. Yo siempre escuchaba unos ruidos raros, unas cosas como “pluic” “plinc” , “clun” y unas sacudidas. Unas luces. Pero después no lo sentí más. Dicen que se le jodió algo adentro a la máquina, algún fusible y nunca hay guita para comprarlo. Son máquinas delicadas. De ésas que hacen los yanquis. Por eso los muchachos siempre vuelven. Porque el fútbol es el fútbol. Esa es la única verdad. ¡Qué me vienen con esas cosas! Son modas que se ponen de moda y después pasan. El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad. ¡Por favor! ¡Qué lástima Cattamarancio! —Va a venir el centro desde la punta derecha, es un infierno el área 18, arde el cuadro de rigor, Magrín entre los tres palos, empujándose Sabioli con García Mainetti. ¡Cuidado muchachos, cuidado muchachos! Si los ve el árbitro se van los dos para los vestuarios. Entraña serio peligro este tiro libre, sube Tomé, sube Romano, ahí también va Julio Esteban Agudelo en procura del centro, no respeta la distancia Omar Grafigna. ¡Qué cosa con Grafigna, siempre lo mismo! ¡Vamos Grafigna, un poco más atrás! Va a lanzar desde el flanco derecho Juan Carlos Marconi, el áspero marcador de punta de River Plate, se demora la maniobra. ¡Cabrini! —¡Almaceri termina con el ruido de su motor! ¡Almaceri 348, el anticorrosivo líquido amigo del motor de su coche! ¡No lo olvide! Búsquelo en… —¡Un momento, Cabrini! Vino el centro, saltó un hombre, un cabezazo, rebota el esférico, sale del área, surge Peñalba, otro golpe de cabeza, va al suelo Tomé, nuevamente Peñalba llega, cruza, pelea. ¡Un león, Peñalba! Salta Romano, cuidado, ahí está, le va a pegar… ¡Qué lástima, Cattamarancio!… Llegó, apuntó, midió, le metió un derechazo tremendo y la mandó apenas rozando una de las torres de iluminación, para ser más preciso la que da a espaldas de la Figueroa Alcorta. —Se lo perdió Cattamarancio. Llegó muy bien a esa pelota alejada por Peñalba, le pegó de zurda y la tiró a las nubes. Lo habíamos dicho. —Estaba el gol ahí. —Estaba el gol. —¡Qué bien, Peñalba! ¿No, Rodríguez Arias? —Usted lo ha dicho, Ortiz Acosta. Excelente el uruguayo, un jugadorazo. —¡Qué estampa, qué figura, qué manera de pararse en la cancha! ¿Sabe a quién me hace acordar, Rodríguez Arias? A aquél que fuera extraordinario fulback de Racing y nuestra selección… ahora su nombre no viene a mi memoria… ¿Cómo es que se llamaba? Qué hacía pareja con Alejo Marcial Benítez, el “Sapo” Benítez, la misma forma de pararse, hasta el mismo peinado tiene, vea… —¿Saúl Mariatti, dice usted? —No, no Cabrini. ¿Cómo era este muchacho? Que tantas veces luciera la blanquiceleste, averígüeme Cabrini; le digo más, atajaba Delfín Adalberto Landi para la institución de Avellaneda en esa época… —Le averiguo, Ortiz Acosta. —Y actíveme la comunicación con Petrogrado, Cabrini. En pocos minutos tendremos contacto con la ciudad soviética de Petrogrado, allá en la fría tundra del gran país socialista. En pocos minutos, señores. ¡Se nubló sobre el Monumental de Núñez, qué feo se ha puesto el día, cayeron las sombras sobre el estadio de River, pero el público no deja por eso de vivir intensamente esta fiesta del deporte porque el fútbol es la pasión argentina dominguera que nos aleja al menos por un día de los problemas cotidianos, porque no sólo ya el hombre de la casa disfruta de este espectáculo sino que también las mujeres y los niños, la familia argentina plena goza de esta fiesta hebdomanaria y porque, ¡se animó el partido, Rodríguez Arias! —Usted lo ha dicho, Ortiz Acosta. Se fue River arriba empujado por el temperamento, la fuerza y la petulancia de Sebastián Artemio Tomé. —Con la pelota Ignacio Surbián avanza el rubio mediovolante de la visita, cruza la línea demarcatoria de medio campo, pelotazo para el puntero derecho, no va a llegar, no va a llegar, no va a llegar y no llegó. No llegó Falduchi a esa pelota. Jugó un tiempo en Racing y luego pasó a Atlanta, si mal no recuerdo. El zaguero de la Academia cuyo nombre trato de recordar y luego pasó a Atlanta, si mal no recuerdo. El zaguero de la Academia cuyo nombre trato de recordar, luego de Racing pasó a militar en el conjunto bohemio, estoy casi seguro. Esa pelota se fue a la tribuna. Averígüeme Cabrini. Otra vez River en el ataque, ahí va Giménez, lo busca a López, pared para Giménez, se metió, se metió… ¡Qué fuerte salió Bermúdez! Va muy fuerte el misionero, algún día va a lastimar a alguien. Trabó abajo, le sacudió el tobillo al chico de la bandera roja, muy fuerte, muy fuerte el cuevero de San Lorenzo. Es para tarjeta. —No tiene necesidad Bermúdez es un buen jugador. Lo habíamos dicho. —Yo no sé qué le pasa a ese chico. Se enloquece en el campo de juego. Y es un muy buen muchacho fuera de la cancha. De buena familia, buenos padres, hogar bien constituido, madre comprensiva. Pero no sé, adentro se transforma… ¡Cabrini! —¡A correr, a saltar, a “Monigote” no le van a ganar! Ropa para niños “Monigote”, la línea que lo aguanta todo. Otro producto diez puntos de la afamada marca. —¡Un momento, Cabrini, que se va a ejecutar el tiro libre y hay sumo riesgo para la valla defendida por Guillermo Rubén Magrín, el muchacho de Tres Arroyos! Se forma la barrera con dos, tres, seis hombres, imponente esa barrera, una verdadera muralla, el balón descansa aparentemente tranquilo a unos… 23 metros del arco en línea casi recta al entrecejo del golquíper azulgrana. —Lindo tiro para García Mainetti. —Para García Mainetti o Giménez. Los dos le pegan bien. Por favor Cabrini, averígüeme. Este zaguero de Racing que le digo, también formó pareja con Anastasio Rico, un tres que pasó por Boca y que luego brillara tantos años en el fútbol colombiano. —¿Pablo Eleuterio Mercante? —No, Mercante no, no. ¿Cómo se llamaba este muchacho? ¿Ya está la comunicación con Petrogrado? ¿Ya está la comunicación con Petrogrado? ¿Ya la tenemos? —Todavía no, Ortiz Acosta. —Va a tirar García Mainetti, hay peligro, hay peligro, aroma de gol en el estadio, atención, atención… ¿Cómo se llamaba este muchacho que jugaba con Alejo Benítez? Me parece estar viéndolo, alto, rubio, venía de Excursionistas. ¿No tenemos la comunicación con Petrogrado? todavía no la tenemos, están haciendo esfuerzos los muchachos de la estación terreno de Balcarce, gracias muchachos, no es responsabilidad de ellos, hay peligro en este disparo, es problema de la estación receptora de Quito, Ecuador o tal vez del radioenlace de Ciudad del Cabo… ¿Ya lo tenemos, Cabrini? —Un momento, Ortiz Acosta, nos informan desde… —¡La pelota pegó en el palo, rebota, se salvó San Lorenzo, un bombazo, entra López, remata, pega en un hombre, cuidado, puede ser…! ¡Qué lástima, Cattamarancio! Llegó a la carrera ante ese rebote corto, le pegó de volea como venía y estremeció el Autotrol de un pelotazo… —Entró bien Cattamarancio con el olfato clásico de los goleadores, se apuró a darle, le pegó con un fierro y abolló el cartel indicador. —Lesionado Peñalba, Ortiz Acosta. —Lesionado Peñalba, lesionado Peñalba. Quedó en el suelo Peñalba, atención esto puede ser importante, hombre fundamental en el esquema de San Lorenzo, está en el suelo, se toma la pierna… —Pierna derecha… —Pierna derecha, puede ser aductor, o gemelo, vamos a ver, averigüemé Cabrini, jurgo detenido, esperemos que no sea nada, corren los auxilios. Este muchacho que hacía pareja con Alejo Benítez, luego de revistar en Atlanta, pasó al Cúcuta de Colombia cuando era técnico Isidro Mendoza, el “ado” Mendoza. ¿Usted no lo recuerda, Rodríguez Arias? —¿El Pardo Sabiña? —No. No. Este era rubio, alto, buen físico. ¿Cómo se llamaba este muchacho? Parece mentira, pequeñas trampas que nos hace la memoria, sigue el juego, ataca San Lorenzo, se viene Grafigna, creo que el apellido empezaba con “hache”, un apellido polaco o algo así, se tiró a la punta, busca el desborde Manuel Carrizo, muy veloz, la tiró para adelante y a correr, si la alcanza hay peligro, cuidado, cuidado… ¿Tenemos la comunicación con Petrogrado, ya la tenemos? ¡Tenemos la comunicación con Petrogrado, ya la tenemos? ¡Tenemos la comunicación con Petrogrado, adelante don Urbano Javier Ochoa, desde Petrogrado, adelante don Urbano Javier Ochoa! —… —¿Qué pasa?… Algo pasa… No se oye… ¿Se cortó? —¿Ortiz Acosta?… Sí… ¿Ortiz Acosta? —¡Don Urbano Javier Ochoa, Ortiz Acosta le habla desde el estadio de River, están jugando River y San Lorenzo, 15 minutos del segundo período y empatan sin goles, señor Ochoa! —Muy bien… yo estoy muy bien, pero… —El pueblo argentino quiere saber, señor Ochoa, quiere que nos cuente, cómo ha sido hasta el momento ese raid que usted está llevando a cabo a lomo de dos caballos argentinos, dos caballitos argentinos como fueran aún en la memoria y el orgullo de todos nosotros. Y que nos cuente además, señor Ochoa, cómo ha sido ese viaje que tras cruzar el Estrecho de bering lo ha llevado a la tundra soviética, señor Ochoa… —Bueno, Ortiz Acoste, yo estoy… —Los argentinos, quiero adelantarle, señor Ochoa, y perdone que lo interrumpa, estamos muy pero muy orgullosos y asombrados de que en esta época de los vuelos interespaciales y las comunicaciones maravillosas que nos unen con todos los confines más remotos del planeta, un hombre, un gaucho nuestro, se lance a la aventura de unir San Antonio de Areco con Stalingrado… —Bueno, señor Ortiz Acosta, yo… —Un momento, amigo Ochoa, un momento, acá lo dejo con Peñalba, recio pero leal cuevero de San Lorenzo de Almagro, quien en estos momentos se encuentra lesionado al costado del campo de juego y a quien ya, ya, nuestro colaborador, Miguel Horacio Cabrini, le coloca los auriculares y lo deja conversando con usted. Explíquele a él las características de esos dos maravillosos caballos argentinos que lo están llevando a usted por todos los rincones del mundo proclamando a los hombres de buena voluntad el firme e indoblegable temple de los jinetes de nuestra tierra. —Cómo no, señor Ortiz Acosta, pero yo… —¿Cómo le va, señor Ochoa? —Bien, bien, yo querría… —Bueno, acá el partido se ha puesto un poco duro, yo recibí un golpe en la canilla, creo que fue el trabar con el ocho de ellos, no hubo mala intención, son cosas que suceden en el ardor del juego… —Sí, por supuesto, amigo… ehh… —Peñalba, Eber Virgilio Peñalba. —Sí, amigo Peñalba, yo no tengo el gusto de haberlo visto jugar a usted porque cuando yo salí de San Antonio de Areco, hace ya de esto unos… —¡Ochoa! ¡Don Urbano! Ortiz Acosta le habla… ¿Está muy frío allá? —¿Acá? Bueno, señor Ortiz Acosta, el problema en estos momentos no es tanto el frío, usted sabe que… —Porque yo recuerdo que cuando fuimos con la selección argentina, hace unos años, hacía realmente mucho pero mucho frío… —Bueno, sí, es cierto, señor Ortiz Acosta, pero… —Lo dejo de nuevo con Peñalba, señor Ochoa, explíquele a él, por favor, el efecto que ha causado ese clima tan duro, tan difícil de sobrellevar, en los dos caballitos argentinos que le están posibilitando a usted ingresar por la puerta grande de la historia de la hípica nacional. —¿Cómo le va, señor Ochoa? —Bien, amigo Peñalba, como le decía al amigo… —No. No habla Peñalba, yo soy Escudero, el masajista de San Lorenzo. Peñalba ha vuelto a jugar y me pasó los auriculares… —Mucho gusto, señor Escudero, yo… —¡Don Urbano, don Urbano! Ortiz Acosta lo interrumpe, dígame usted con esa proverbial memoria del criollo de nuestra tierra que lo hace recordar hasta los más mínimos detalles ya sean históricos o geográficos, y ahí está el ejemplo siempre presente de los baqueanos, yo le quería preguntar, don Urbano, si usted no recuerda el nombre de aquel zaguero que hiciera pareja con Alejo Marcial Benítez en Racing, que luego fuera transferido a Atlanta, allá por el año… —Bueno, amigo Ortiz Acosta, para serle sincero yo… —Tal vez estoy abusando de su sapiencia, don Urbano… —No, lo que pasa es que yo quería contarle algo que… —¡A ver… ¡Un momentito, don Urbano, un momentito! Creo que ya tenemos comunicación con Tonopah, en el estado de Nevada, Estados Unidos de Norteamérica. Creo que ya la tenemos. Un momentito… ¡Sí, sí, adelante señor Santiago Collar desde Tonopah, Estados Unidos de Norteamérica, adelante! —Buenas tardes, Ortiz Acosta. —Buenas tardes, buenas tardes, amigo Collar, aunque para ustedes, calculo debe ser ya de noche en el gran país del norte! ¡Señor Collar, lo voy a poner en contacto con un gaucho argentino, un criollo de ley, que en estos momentos está cumpliendo un raid, una verdadera hazaña a lomo de dos caballos argentinos y que habla con usted desde la ciudad de Petrogrado en Rusia! —Cómo no, señor Ortiz Acosta, será un placer para mí y además… —Atención en Petrogrado, don Urbano Javier Ochoa, lo dejo conversando con el señor Santiago Collar, un relevante ingeniero argentino que se encuentra trabajando en los yacimientos carboníferos de Tonopah, Nevada, 150 metros bajo tierra. El ingeniero Collar es presidente de la “Peña Argentina Amigos de Radio Laboral” agrupación formada totalmente por mineros compatriotas nuestros que están trabajando allá en esas formidables vetas carboníferas y que se reúnen religiosamente, don Urbano, para escuchar los encuentros de fútbol que Radio Laboral les hace llegar hasta las oscuras profundidades del socavón. ¡Adelante, adelante ustedes, señor Santiago Collar, desde Tonopah! —¿Cómo le va, señor Ochoa? Es para mí una gran emoción… —Perdón. Escudero lo escucha, señor Collar, el masajista de San Lorenzo. —Mucho gusto, señor Escudero, bueno, sería interesante si yo pudiera hablar con el señor Ochoa, allá en Rusia… —¡Adelante, señor Ochoa desde Petrogrado, adelante! —Bueno, amigo Ortiz Acosta, lo que yo quería comentarle desde acá, desde Petrogrado, es que está sucediendo algo extraño. La gente acá está muy asustada, ha habido varias explosiones atómicas, han caído misiles sobre muchas ciudades rusas, sa habla de un ataque nuclear norteamericano, y a decir verdad, señor Ortiz Acosta, yo también estoy bastante asustado, mis animales están nerviosos, no se sabe bien qué pasa… —¡Qué pena, don Urbano, qué pena, qué pena que nos da todo esto que usted nos cuenta, realmente nos aflige como argentinos, esa situación que usted está viviendo ante la intemperancia que reina en algunas regiones del mundo por las cuales usted está transitando como verdadero símbolo de paz, tranquilamente! —Sí, amigo Ortiz Acosta, se dice que el aire está contaminado… —¡Un momentito, un momentito, don Urbano, que acá avanza River, puede haber peligro, se van en contraataque el conjunto de la banda roja, entró al área Menegussi, midió, tiró, la pelota cruza frente a los palos, llega el once, cuidado…! ¡Qué lástima, Cattamarancio! Solo frente a los palos la quiso reventar y en lugar de tocarla la fusiló sobre la bandeja alta… —Es de no creer, Ortiz Acosta. Con todo el arco a su disposición, el wing izquierdo millonario la tiró a cualquier parte. Lo habíamos dicho. —¡No quiera creer usted el gol que perdió Cattamarancio, amigo Collar, allá en Estados Unidos! ¡Adelante usted! —Gracias Ortiz Acosta, yo quería aprovechar la posibilidad que tan gentilmente nos brinda su emisora, porque aquí a mi lado se encuentra ni más ni menos que el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Acá está sucediendo algo terrible, señor Ortiz Acosta, ha habido un ataque nuclear soviético, muchas de las grandes ciudades están destruidas, el presidente de los Estados Unidos, junto a algunos otros hombres de gobierno, se ha refugiado acá, junto a nosotros, bajo tierra, y me piden, dado que todos los otros medios de comunicación parecen estar inutilizados, si aprovechando la presencia de don Urbano en Rusia, no se podría hablar con Moscú y resolver esto, que parece haber sido un gran error. —Por supuesto, no habrá problemas, señor Collar. Dígale al presidente que espere un momentito, enseguida estamos con él… ¡Cabrini! —¡Un esplandor de frescura en la garganta “Marcador” el masticable que se anotó un golazo en el gusto del hincha argentino! ¡“Marcador” quita la sed, quita las ganas de fumar, baja la presión arterial! —Enseguida estamos con el ingeniero Collar y el presidente de los Estados Unidos, apenas venga este tiro de esquina, una de las últimas posibilidades de empatar para la divisa azulgrana. ¡Qué pena, qué pena esto que nos cuentan tanto el ingeniero Collar como don Urbano Javier Ochoa desde el exterior! ¡Cómo hubiésemos querido no tener que escuchar estas cosas, estas muestras de intemperancia! ¡Tal vez así sepamos apreciar un poco más, señores, lo que estamos viviendo acá, en cancha de River, una verdadera fiesta popular en un marco de corrección y tranquilidad que no siempre sabemos valorar en la medida que se merece… —¡Señor Ortiz Acosta, señor Ortiz Acosta! ¡Collar lo llama, por favor, Ortiz Acosta… —Un momentito, amigo Collar, un momentito, viene el corner, ya lo vamos a conectar con Rusia, veremos la posibilidad de contactar a ambos presidentes, sería muy interesante una charla entre los presidentes de ambas instituciones, no sabemos si habrá tiempo porque acá sigue el partido a ritmo vertiginoso y la acendrada rivalidad de este clásico de todos los tiempos es un tema excluyente de cualquier otro, máxime cuando se trata de hechos tan desagradables como los que nos han contado, va a venir el corner, atención, en todo caso grabamos la emisión desde los EE.UU. y la pasamos mañana en nuestra polémica de los lunes, entra Marcilla… —¡Ortiz Acosta, Ortiz Acosta! —Sube también Julio Jorge Tolesco, hay un micrófono de campo abierto, es la última oportunidad quizás para San Lorenzo, vamos muchachos, se está poniendo muy fea la tarde, el cielo se ha puesto de un extraño verde, un verde que nos hace acordar que tenemos un llamado desde cancha de Ferro, atención Ferro, cuando venga el corner estamos con ustedes, viene el corner, entra Tolesco, salta Cattamarancio…

Los abrazalmohadas están de enhorabuena: ya está disponible la almohada de Miia, una muchacha de larga cola capaz de devolverte el abrazo y estrangularte en un momento efusivo. En las fotos posteriores podréis ver el largo de la almohada (es enorme). Y toda ella está esperando que le contéis vuestros problemas y la bañéis en lágrimas de dolor y autocompasión. Y ya está. Los frotamientos y demás actos subordinados de fricción son asuntos de la casa y Miia no está diseñada para eso, aunque tampoco parece que le vaya a hacer ascos. Y el hecho de querer dormir envuelto en una mujer monstruosa con cola diabólica no es símbolo de perturbación alguna, que no os engañen. Luchad por vuestros sueños, muchachos.

Fontanarrosa, el artista de todos. Por Guillermo Saccomanno Prolífica (una veintena de libros), escrita al margen de camarillas e internas, alabada por críticos y escritores de lo más disímiles, y bendecida por un público cada vez más grande, Roberto Fontanarrosa viene forjando, a la par de su carrera como dibujante y humorista, una de las reputaciones literarias más veneradas de los últimos tiempos. En esta entrevista, el hombre que abrió y cerró el último Congreso de la Lengua en su Rosario natal habla del arte (y los trucos) de escribir, la parodia que tanto cultivó (y de la que ahora se aleja), las lecciones de Hemingway, Soriano y Dal Masetto, la importancia de escribir sobre el deporte, la relación entre la violencia de los ‘70 y las armas de Boogie, y la influencia de la literatura en los diálogos de Inodoro. "Los diplomas no cuentan y el talento no siempre ayuda: lo que cuenta es el trabajo. Yo me considero un dibujante correcto, que no tiene el afán del virtuosismo. Es que un buen chiste salva un mal dibujo, pero no al revés." Esta mañana de primavera, soleada y azul, en este bar en la orilla del Paraná, somos dos los que esperamos que el Negro termine su clase de inglés para entrevistarlo. Primero está la nena. La nena debe de tener unos diez años y está sentada junto a su papá a una mesa. El bar se llama Metrópolis, en la calle Wheelright, y está frente a una ex estación de tren, Rosario Central, reciclada en moderno complejo oficinesco con una denominación que es un oxímoron: Centro de Descentralización del Centro. La nena mira con ansiedad la mesa más allá, donde el Negro está con Eddie, su profesor de inglés, Eddie, un galán de más de sesenta, una carpeta, un diccionario entre ambos y los pocillos. "Si no estudié inglés de pibe fue porque mi viejo era peronista, antiimperialista", dirá más tarde el Negro. "Hace unos años estaba en una muestra de humor gráfico en Estambul. Imaginate lo que es comunicarse en un inglés chapurreado con polacos, búlgaros y alemanes en una lengua que es la de todos pero que nadie habla como la propia. Por la noche, al volver al cuarto de hotel, no me daba más la cabeza." Pero todavía falta para que el Negro lo diga. Antes está esa nena, esperando. Falta también que Eddie levante el diccionario, la carpeta y le dé la mano al Negro, que Rocío –la nena junto su padre–, nerviosa, contenta y nerviosa, se acerque a la mesa y ponga su grabador. Para la nena entrevistarlo al Negro es como salir abanderada. "Las maestras se mueren por un dibujo tuyo", dice pícara la nena. Después aclara, como si fuera necesario, que el reportaje es para el colegio. Rocío despliega una hoja en la que tiene anotado en mayúsculas el cuestionario. Suspira, toma envión. Y arranca: "¿Cómo es ser famoso?". El Negro se acomoda en la silla y sonríe: "Yo famoso no soy. Famoso es Fito Páez. Por ahí lo que influyó en que tenga cierta popularidad es publicar desde el ‘73 un cuadrito de humor en Clarín todos los días". A Rocío parece no conformarle la respuesta. Y sigue: "¿Cómo nació Inodoro?", le pregunta. "Fue en los ‘70, en Hortensia", hace memoria el Negro. "El Gordo Cognini me pidió una tira de humor para su revista. Por entonces la música que se escuchaba era el folklore y eso me influyó, porque de campo yo no sabía nada. Siempre fui un tipo de ciudad. Nunca estuve en el campo." Rocío ataca de nuevo: "¿Desde chico soñabas con esto?". El Negro podría preguntarle a la nena qué es soñar "esto". Pero le contesta: "En mi época de pibe no había tele. Había historietas. Y yo era muy lector". Ahora Rocío se prepara para una pregunta trascendente: "¿Qué pensás del Congreso de la Lengua?" "Que fue importante", dice el Negro. "Importante para la ciudad. Hubo sol esos días. El tiempo ayudó. Todo salió bien. Pero lo más valioso es que sirvió para darnos cuenta de que hablamos un idioma importante, algo a lo que no se le presta habitualmente mucha atención. Se tomó conciencia de eso. De lo que significa nuestra lengua, la lengua que usamos para comunicarnos. Además fue toda una experiencia para Rosario y para el futuro de los rosarinos, una ciudad que cambió para mejor. Que ahora tiene un millón y medio de habitantes. Yo no quiero una ciudad con más habitantes, con los conflictos de las grandes urbes, quiero una ciudad a escala humana." Rocío pone cara seria. Controla el grabador. Vuelve a tomar impulso: ¿Cómo es tu nombre completo? El Negro sonríe: Roberto Alfredo. Rocío carga otra vez: ¿Y de qué signo sos? El Negro contesta: Sagitario. Rocío: ¿De qué cuadro sos? El Negro se enorgullece ahora: Rosario Central. Y mira por encima de la nena, hacia la estación reciclada. ¿Un número?, pregunta Rocío. El Negro no vacila: El 3. Rocío: ¿Un juguete? El Negro: Los soldaditos de plomo. El Negro considera a la nena con la misma atención que podría prestarle a Oriana Fallaci. ¿Un referente? Así lo ha preguntado la nena: ¿Un referente?, repite el Negro. Hugo Pratt. Y después, siguiendoel ping pong: ¿Ves tele? Fútbol, dice el Negro. Veo fútbol. Rocío: ¿El mejor libro? El Negro: No puedo nombrar uno. Sería una lista. Muchos. Rocío: ¿Un animal? El Negro: El gato. Rocío: ¿Una película? El Negro: El Padrino. Todas las de El Padrino. El reportaje terminó. Sin embargo Rocío todavía no está conforme. Tarda en pedirle al Negro lo más importante: un dibujo. Y el Negro se lo hace. En la tele del bar un noticiero transmite las imágenes del huracán Katrina y la inminencia de Rita. Pasan imágenes de un reportaje. Pero éstas no son noticias para Rocío. Noticia es la suya. Su reportaje al Negro. Y ahora es mi turno. No estoy menos nervioso que la nena. Porque si un don tiene la literatura del Negro es hacerles sentir a sus lectores la estupidez humana. El Negro logra este efecto sin soberbia, con una inteligencia que, cuando asoma es sabiduría, y la irradia también sobre el lector. Tal vez esto es lo que hace que su literatura, sin preocuparse por los prestigios de género, supere la contradicción civilización/barbarie que se traslada en la literatura entre lo culto y lo masivo poniéndose simplemente a escuchar con una percepción que le envidiaría el mismísimo Puig. Esta es la naturaleza de su escritura, que puede funcionar como denuncia de las vilezas familiares de la clase media en picada, las traiciones amorosas, los crímenes domésticos, los fracasos del machismo y las defecciones de presuntos heroísmos. Superando el costumbrismo, sus cuentos le entran sin anestesia a una realidad que lastima. Quien no se haya reconocido en uno de sus cuentos, miente. Y se miente. Y cuando el Negro te mira vos tenés la certeza de que no te está juzgando. Simplemente, te comprende. Por algo el Negro es el artista de todos. NO SE SI HE SIDO CLARO Al observar la trayectoria de Fontanarrosa como humorista quizá pueda notarse que, desde sus inicios, cuando era un pibe fan de Pratt, hasta conseguir una personalidad gráfica, una vez lograda, su dibujo empezó a aquietarse en la exploración gráfica, a volverse cada vez más igual a sí mismo, mientras que sus cuentos fueron avanzando en incisión, en un ahondamiento del lenguaje y en la construcción de las tramas, más preocupado por el detalle que hace a la construcción del personaje y la atmósfera que por el gag de impacto directo. La lectura de la realidad, los climas, la puesta en escena del absurdo en los instantes en apariencia monótonos de intimidad de lo cotidiano, eso le interesa ahora. En tanto, ni Boogie, el Aceitoso ni Inodoro Pereyra, el Renegau, perdieron eficacia: los diálogos y los globos fueron incursionando en una mayor teatralización del lenguaje y esto, con seguridad, se debió a la escritura de cuentos. Vamos a decirlo de una vez, y de paso explicamos la razón de ser de esta entrevista: Fontanarrosa es uno de los narradores argentinos más notables y menos pillados, con una llegada inmensurable a un público que, además de serle fiel, aumenta y aumenta sin parar mientras el escritor, como recelando de este fenómeno, se mantiene, sin creérsela, en una reserva irónica, apartado de todo circuito literario y toda rosquita de consagración. Sus seguidores componen un público diverso que va desde los hinchas de fútbol a los lectores de comics. Todo esto explica por qué Fontanarrosa fue elegido para abrir el último Congreso de la Lengua en Rosario, su ciudad, y también para cerrarlo en lugar de Saer, a quien se le había confiado el cierre, pero que estuvo imposibilitado de hacerlo aun por teleconferencia debido a su enfermedad. En el Congreso, con su habitual socarronería de pibe que parece haberse colado más que haber sido un invitado de lujo, un Fontanarrosa tímido y desacralizador dejó empequeñecidos a figurones como Saramago. Fontanarrosa, en su intervención en el Congreso, fue corto y conciso, se refirió a algo que constituye la materia de sus personajes: la lengua y las malas palabras. Con modestia, Fontanarrosa pidió una amnistía para lasmalas palabras. Porque sus personajes, hombres, mujeres, pibes, pertenecientes a una clase media baja, cada vez más baja, hablan así y Fontanarrosa los escucha con unción pues ellos son las criaturas de su narrativa y sus "bocas sucias" son la carne con la que crea esos relatos en los que si una función cumple el humor es atenuar las miserias sociales, miserias de clase. Y también las humanas, muchas veces individuales. UNO NUNCA SABE El Negro tenía unos pocos años más que Rocío cuando estudiaba dibujo técnico en el industrial con el Goro, el Goro es el arquitecto Gorodischer, esposo de la gran escritora Angélica Gorodischer. El Negro, según cuenta el Goro, era vagoneta. Un día el Goro lo reprendió con severidad: si no se aplicaba, se acuerda el Goro que le garantizó, no iba a ser nadie en la vida. Pasado el tiempo, se ríe el Goro, el alumno Fontanarrosa llegó a ser alguien. Y en una exposición consagratoria en el Museo Castagnino, ya humorista consagrado, expuso unos de sus primeros dibujos donde, al pie, indicaba: "Colección Arquitecto Gorodischer". Así como al Goro le gusta acordarse de esta historia, también al Negro, que tiene su versión: "Es que en esa época yo ya estaba haciendo por correspondencia el curso de los Doce Famosos Artistas, donde entre otros grandes del dibujo, además de Pratt, estaban Breccia y Del Castillo". "Yo le digo a mi hijo Franco que no hay diploma de músico ni de jugador de fútbol. Los diplomas no cuentan y el talento no siempre ayuda: lo que cuenta es el trabajo. Yo me considero un dibujante correcto, que no tiene el afán del virtuosismo. Virtuosismo tienen Crist, Caloi o los Breccia. Es que un buen chiste salva un mal dibujo, pero no al revés. Y esto me pasa con los cuentos, que escribo tres y cuatro veces. Me pregunto qué es lo que voy a contar, cuál es la situación, cuál es el género, a qué corresponde y después, recién después, el cómo contarla. Ahora, por lo general escribo a mano, en cuadernos. Gabi, mi mujer, pasa en la compu lo que puede descifrar de mi letra y después corrijo de nuevo. Nunca se termina de corregir." Antes de subir al micro para entrevistarlo al Negro volví a leer algunos de sus libros de cuentos. Digo algunos. Porque en su totalidad sobrepasan la decena. Y como si esta cantidad fuera escasa, en estos días el Negro está entregándole a su editor y amigo, Daniel Divinsky, un libro más. Bromeando, por teléfono, le avisé previamente al Negro que venía en el micro intentando leer su obra completa. "Un viaje a Rosario no te va a alcanzar", dijo. "Hubieras sacado un pasaje a Río." Los últimos cuentos del Negro, como lo señaló en otra entrevista, vienen alejándose cada vez más de la parodia que tanto supo rendirle. La parodia, en su narrativa, empieza quizá en Sobre la podrida pista, una nouvelle de los ‘70, que caricaturizaba los relatos más burdos de la serie negra, los de Mickey Spillane o Brett Halliday en sus abominables traducciones mexicanas o españolas. Y llega, hasta acá, caricaturizando la literatura japonesa, la ramplonería aforística, la mitología de guapos y tangueros, el testimonialismo reality, la crónica de viajes, la bobaliconada de la mística new age, lo que se te ocurra. La parodia, en la escritura de Fontanarrosa, pasa por encima de la imitación a lo Chamico, como firmaba Conrado Nalé Roxlo sus imitaciones a la manera de las prosas consagradas de su tiempo. La parodia en el Negro es más totalizadora y en primer plano: el auscultar los discursos y sus formas, los diferentes registros que circulan en la actualidad si se piensa que todo es relato. Pero al Negro, como se dijo, ya no le entusiasma tanto la parodia. No es que haya perdido afición a la parodia, admite. Y se explica: "¿Pero cuánto tiempo se puede mantener la parodia? Tenés un mecanismo, te pegás a su funcionamiento, lo exacerbás. Tarde o temprano se agota, se falsea el mecanismo. Quizá lo que pasa es que ahora me interesa más contar algodesde mi propia voz". De ser así, ¿cómo surge esa propia voz en un cuento que no es paródico, uno de los cuentos "realistas" que ahora parecen preocuparle más? Y le pongo un ejemplo: Julito, un cuento que pertenece a la colección Usted no me lo va a creer: un adolescente trae a su casa una valija y la esconde bajo su cama. Los padres le recriminan su conducta, le rezongan, lo flanquean con un discurso moral sobre su comportamiento atorrante hasta que descubren que el contenido de la valija es un fangote de dólares. Entonces la actitud de los padres cambia. "Ahí –dice el Negro–, lo que buscaba era indagar sobre los dobles discursos." Tres grandes: Miguel Rep, Fontanarrosa y Caloi "En otros cuentos trato de usar la primera persona, de ponerme en el lugar de los otros. A mí me gustaría tener lo que tienen algunos músicos: oído absoluto. Porque uno, por más que se esmera, no escribe como la gente habla. Por más que uno tuviera oído absoluto, no alcanzaría. Uno edita. Como esa vez que le hice un reportaje a la Brujita Verón. No podía transcribirlo tal cual, con los ecos del ambiente, las vacilaciones, los balbuceos. Pero tenía que conseguir que las inflexiones, la respiración, el tono, todo, sonara real. Entonces tenía que editarlo. Es decir, hacer una simulación. Por ejemplo, con las repeticiones, para que sonaran ciertas. Y eso se aprende con la lectura. Fijate Hemingway cómo repite palabras. Cómo repite ‘dijo’. A menos que tengas una idea y que sea necesario no repetir para sugerir algo distinto, en un estado de ánimo, como podría ser ‘advirtió’, quedate con el ‘dijo’." "Hace poco pasó por acá Dal Masetto. Yo lo leí mucho al Tano. Y hace poco había leído Bosque. Estuvimos hablando bastante. A mí lo que me gusta de su manera de contar es que el narrador nunca supone. Lo que no ve el protagonista no lo cuenta. Sólo cuenta lo que ve. Yo soy un lector clásico. Como lo era también el Gordo Soriano. Quiero que me cuenten una historia. Que ocurra el mismo fenómeno de encantamiento como cuando viene un amigo y me dice ‘Esto no me lo vas a creer’. Cuando de pibe descubrí a Cortázar, me impresionó. Entonces me dije: Si tengo que contar no puedo hacerlo sencillo. Pero después leí a los norteamericanos, que fue en la época en que leía a Pavese, otro escritor que me deslumbró, y se me aclaró, me di cuenta de que no era así. Que se podía contar sencillo. Lo que pasa es que contar sencillo no es fácil, exige todo un aprendizaje." TE DIGO MAS A propósito del aprendizaje, El Negro cuenta: "En mi casa había libros porque mi madre era muy lectora. Por gusto leía ella. De todo. Yo estaba enganchado con la colección infaltable, la Robin Hood. Hasta que un día agarré un libro de los que leía mi madre, uno de Huxley. No me acuerdo si era Un mundo feliz o Contrapunto. Entonces me di cuenta de que ahí había otra cosa. Después, Viñas. Dar la cara creo que fue lo primero que leí de Viñas. Toda una revelación fue: los personajes puteaban como mi viejo, hablaban como nosotros. Entonces me sentí interpretado. Y eso era válido: reflejar el alrededor era válido. Viñas es para mí el recuerdo del primer escritor argentino importante que leí, un autor argentino distinto. Nada que ver con Amalia, María, esas novelas que te imponían en el colegio. Viñas era cercano. Y lo era por el lenguaje. Pensemos que en esa época hasta el cine era artificial: los personajes hablaban de tú. Quizá lo real empezó a pasar por la tele. Aunque después se fue produciendo un ida y vuelta con lo real: la tele copia la realidad y la realidad copia la tele". Cuando se le pregunta si la fidelidad a la lengua no puede acaso restarle otros lectores, otros públicos, el Negro insiste en la cuestión del lenguaje. Hace poco Alfaguara publicó en España su narrativa dividida en dos gruesos tomos. La crítica y la prensa en general, dice como justificándolos por haberlo tratado bien, conocían su trayectoria. Sin citarlo, el Negro coincide con Beckett en que "la patria de un escritor es su lengua". "Es que si vos leés un cubano, un venezolano, querés que suspersonajes hablen como hablan ellos y no el neutro de los Simpson. No hace mucho fui al teatro a ver Art. Y precisamente por la asepsia de la traducción no sabés dónde pasa esa obra. Fijate vos en una película de Kubrick, Full Metal Jacket, la jerga en que hablan los soldados. Kubrick respetó la manera de hablar del libro original de Michael Herr, la lengua de una tropa de infantería yanqui. ¿Cómo traducir eso? Siempre es mejor ser fiel a la propia lengua. Siempre. Prefiero que los personajes hablen su propio idioma. Por supuesto habrá cosas que no se comprenderán, pero es mejor que un castellano neutro. Y esto se agradece en un cuento de box, por ejemplo. Aunque no sepás la jerga del box, igual te avivás de qué viene la historia." EL FUTBOL ES SAGRADO Le había anticipado al Negro que quería conversar de literatura y que perdonara mi ignorancia deliberada de todo lo que es fútbol. Habíamos acordado que el fútbol, justamente por mi ignorancia, para salvar el papelón, quedaría fuera de la entrevista. Pero el Negro fue acomodando la pelota, como sin querer, en la conversación. De pronto, sin dejar de lado la literatura, estábamos en el fútbol. Daniel Samper, mencionaba ahora el Negro. Hermano del presidente de Colombia, periodista estrella y escritor. Vive en Madrid. "Samper siempre dice que el periodismo latinoamericano creció leyendo el Billiken y el Gráfico. Yo, por ejemplo, me siento más cerca del periodismo. Casi no leo ficción. Leo reportajes, biografías o eso que es fiction non fiction. Pero lo que sí me genera expectativas y ansiedad es escribir." "Cuando leía a los norteamericanos me daba cuenta de que ellos escribían sobre deporte. Hemingway sobre boxeadores, sobre toreros. Mailer sobre Clay. Philip Roth describe en uno de sus libros la literatura norteamericana como si se tratara de un partido de baseball. Pero acá esto no pasaba. De acuerdo, Cortázar y algún otro más habían escrito sobre box, pero sobre fútbol, nadie. Y el fútbol era y es nuestro deporte nacional. Uno que fue pionero fue el uruguayo Enrique Estrázulas que, creo que fue en Crisis, escribió sobre Pepe Sasía, un jugador magnífico. Desde el barro se llamaba el cuento. Y no transcurría en la cancha sino afuera. A mí me llamó mucho la atención ese cuento porque por este lado nadie escribía sobre fútbol. Hasta que empezó Soriano. Después, Sasturain. Y no muchos más. Quien más ayudó a difundir esta relación entre el fútbol y la literatura fue el periodista Alejandro Apo con su programa de radio. Es que escribir sobre fútbol no es contar un partido, lo que pasa en la cancha, sino lo que está afuera, lo que rodea y hace a la cancha. Como hicieron los norteamericanos con sus boxeadores: la pelea es lo de menos. Y lo que interesa no es el combate en sí sino lo que hace a su esencia." Al Negro no se le escapa una cualidad de su literatura: "En las ferias de libros, la gente que se me acerca no viene por la literatura. Se me acerca por el fútbol. Es decir, no son lectores ‘cultos’". FONTANARROSA DE PENAL Escribir sobre la escritura del Negro es todo un riesgo. La bibliografía sobre su obra es inabarcable. Son escasos y contados los escritores que no se ocuparon de subrayar los méritos de su narrativa. Rodrigo Fresán, Juan Sasturain, Elvio Gandolfo, Daniel Link, Marcelo Birmajer, Sergio Olguín y Pablo de Santis son apenas algunos de los que escribieron sobre el Negro en los últimos años. La enumeración completa sería interminable. Además de haber participado en el Congreso de la Lengua, antes el Negro está citado varias veces en el volumen La narración gana la partida de la Historia crítica de la literatura argentina de Noé Jitrik. Sin embargo, considerado un autor a la vez popular y de culto, el Negro permanece al margen del gallinero literario. Lo suyo, más bien, es lo de Mark Twain. Al referirse a Mark Twain, en Por qué leer los clásicos, Italo Calvino festeja su profesión de ética social.Twain tiene el mérito de hacer esta profesión sincera y verificable, más que muchas otras cuyas ambiciosas pretensiones didascálicas. El gran mérito de Twain sigue siendo el de haber dado la prueba de un estilo de alcance histórico: el ingreso del lenguaje hablado americano con la estridente voz de Huck Finn. Toda su obra a pesar de que parece desigual e indisciplinada, indica lo contrario. Twain se nos presenta como un infatigable experimentador y manipulador de instrumentos linguísticos y retóricos. Retomando lo que Calvino opina de Twain, los cuentos del Negro, los más despiadados y, a la vez, más conmovedores son aquellos donde tus vecinos, o también vos, protagonizan escenas en las que el límite entre nobleza y rafañería es borroso. Cada lector que se sumerja en la lectura de sus libros de cuentos hará su antología personal. Pero el fenómeno no se agota acá sino que se reproduce cuando sus lectores, al comentar sus cuentos favoritos, empiezan a contarlos como si se tratara de cuentos populares, y entonces se produce ese milagro que persiguen en su sueño muchos escritores: que la historia, Madame Bovary, por ejemplo, adquiera vida propia y borre el nombre de su creador. Viene al caso quizáz una observación más: el Negro, a diferencia de otros autores, para su narrativa, no ha apelado a un seudónimo. Tampoco se ha quitado un segundo nombre ni agregado o quitado un segundo apellido. O dejado sólo el apellido. En la tapa de sus libros de cuentos publicados por De la Flor siempre firma R. Fontanarrosa. Hay algo del orden de la escolaridad en ese modo de firmar, como el pibe que pone la inicial de su nombre y el apellido en la prueba que debe entregar. Y ésa es su identidad. Si bien reconocido por los escritores, al Negro le importa, más que el mundito "intelectual", el de sus lectores. Basta un ejemplo, a propósito de su cuento Mamá. Contado en primera persona, en clave de relato iniciático, Mamá es la historia de un hijo que cuenta los vicios secretos de su madre y los va disculpando. El tabaco, el alcohol, el juego. Hasta que un médico le diagnóstica que el verdadero problema de su madre no es ni el tabaco ni el alcohol ni el juego sino la "ninfomanía". A partir de ahí el hijo decide no evocar más a su madre y prefiere no enterarse de qué se trata esta enfermedad. Una vez publicado el cuento, al Negro lo llamaron tías y vecinas: Robertito, le dijeron, nosotras no sabíamos que tu mamá era así. ¡No te enloquesá, Lalita! Por Roberto Fontanarrosa El más sorprendido fue Chalo cuando (no iban ni cinco minutos de empezado el partido) el Lalita se cruzó toda la cancha y le entró muy fuerte y abajo a Pascual y Pascual, aún antes de caer pesadamente junto a la línea del área, le preguntó al Lalita por que no se iba a la recalcada concha de su madre puta. Pensándolo bien, recordaba luego Chalo (los brazos en jarra, algo alejado del quilombo) antes de empezar, había escuchado a los muchachos conversando mientras se cambiaban en ese vestuario de mierda y Polenta se había dicho que, seguramente, Pascual y Lalita se iban a cagar a trompadas otra vez. Es más -rememoró Chalo, viendo como los muchachos trataban de separar a los calentones- Salvador lo había cargado bastante a Pascual preguntándole si esa tarde lo iban a echar de nuevo por cagarse a trompadas con el Lalita. - ¿Será posible? -pasó a su lado el ocho de ellos, buen jugador, callado-. Siempre lo mismo con estos dos infelices. - Cosa de locos -dijo el Chalo, tocándolo en la panza, en gesto de amistad. - ¡Aprendé a jugar al fútbol, choto de mierda! -gritaba, ya de pie, Pascual, contenido a medias por Norberto. - ¡Sí, seguro que vos me vas a enseñar, pajero! -respondió Lalita. - ¿Ah no? ¿Ah no? ¿No te voy a enseñar yo? ¿No te voy a enseñar yo? Sabes comó te enseño, la puta madre que te parió! - ¡Seguro! ¡Vos me vas a enseñar, forro! ¡Vos me vas a enseñar a jugar al fútbol! - ¡Choto de mierda, en la puta vida jugaste al fútbol, sorete! - ¡Vos me vas a enseñar, maricón! - ¡Sorete, sos un sorete mal cagado! Tal vez ese concepto de "maricón" exaltó más a Pascual, que se libró del esfuerzo de Norberto y se le fue encima al Lalita. El Alemán se abalanzó para agarrarlo, con Prado y el flaco Peralta. El referí pegaba saltitos en torno al tumulto como un perro que no puede zambullirse en una pelea multitudinaria. - ¡Pero dejalos que se maten! -gritó desde lejos el cuatro de ellos-. ¡Dejalos que se maten de una vez por todas esos boludos! - ¡Así nos dejan jugar tranquilos! - ¡Vení, vení a enseñarme, maricón! -insistía Lalita, contenido por sus compañeros, viendo como Pascual se debatía entre una maraña de brazos. - ¡Callate, pelotudo! -se anotó, desde lejos, Hernán, con escaso sentido de la oportunidad en el uso del humor-. ¡Si vos tuviste poliomelitis de chico y no te dijeron! - ¡Pero pisale la cabeza a ese conchudo! -saltó de pronto Antonio corriendo también hacia Lalita-. ¡Siempre el mismo hijo de puta ese hijo de puta! Allí Chalo pensó que el conflicto se generalizaría. - ¡Antonio! ¡Antonio! -trato de pararlo el Negro. - ¡Agarralo! ¡Agarralo, Pedro! - ¡Hijo de mil putas, la otra vez hiciste lo mismo! -recordaba Antonio, medio estrangulado por un brazo de Pedro, las venas del cuello a punto de estallar, la cara roja como una brasa. - ¿Qué querés vos? ¿Qué querés vos? -Lalita se volvió hacia Antonio, estirando el mentón hacia adelante. Dos de ellos lo agarraron de la camiseta y otro de la cintura. - ¡Te hacés mucho el gallito porque nuncan te han puesto una buena quema! - ¡Aflojá, Lalita, no seas boludo! - ¡Te echan, pelotudo, te van a echar! - ¿Qué querés vos? ¿Qué querés negrito villero y la concha de tu madre? - ¡Tito! ¡Paralo, carajo, paralo! - ¡Cortala, cinco, no te metás que es peor! - ¡Pará, Mario, pará! - ¡Te voy a reventar, la concha de tu madre! -Pascual se había zafado de los que lo contenían y corría en un movimiento semicircular hacia su enemigo tratando de eludir los nuevos componedores que se le interponían. Chalo se dejo caer sentado sobre el césped sin llegar a entender demasiado bien como se podía armar semejante quilombo cuando incluso algunos no habían llegado siquiera a tocar la pelota (como él). Miró al dos de ellos y enarcó las cejas en señal de complicidad. - ¿Podés creer, vos? -dijo el otro, parado en el círculo central y acomodándose los huevos. Escupió a un costado. Prácticamente todos los muchachos, sin olvidar al tío del Perita (fiel y único hincha del "Olimpia" se habían metido en la cancha y estaban separando a los beligerantes. Eran dos grupos que se movilizaban en bloque, hacia atrás o hacia adelante, correlativos unos con otros, como dos arañas negras y deformes, de acuerdo a los impulsos mas o menos homicidas de los contendientes. - ¡Vos me vas a venir seguro a enseñar a jugar al fútbol, sorete! -la seguía Lalita-. ¡Seguro que vos me vas a venir a enseñar! - ¡No te enloquesá, Lalita! ¡No te enloquesá! -repetía una voz aguda, desde afuera, como un sonsonete. - ¡Choto de mierda! ¡Choto de mierda! -Pascual se atragantaba con las palabras y despedía por la boca una baba blanca, casi acogotado por los compañeros-. ¡Claro que te voy...! ¡Choto de...! -obnubilado, no encontraba los mas elementales sinónimos para enriquecer sus agravios y recaía siempre en las mismas diatribas-. ¡Choto de mierda! ¡Chotazo! El árbitro, apreciando un claro en el tumulto, dió dos zancadas mayúsculas hacia adelante, manoteó el bolsillo superior y anunció a Pascual. - ¡Señor! -y le plantó una tarjeta roja incandescente frente a los ojos. Pascual ni lo miró. Después el árbitro giró con la misma aparatosidad, caminó tres pasos hacia Lalita y repitió el gesto de la mano en alto, como dando por terminado el problema. A Pascual ya se lo llevaban hacia el costado. Lalita caminaba medio ladeado, aplastado en parte por el peso de sus compañeros, buscando todavía con los ojos a su rival, respirando fuerte por la nariz, como un toro. - ¡Dejame! ¡Dejame, Miguel! -pidió, sofocado, y hasta llegó a tirar un par de piñas a sus amigos. - Ya está, Lalita -le recitaba el cuatro al oído-. Cortala. El lungo que jugaba al arco le pasó un par de veces la mano por el pelo, comprensivo, pero el Lalita apartó la cabeza, negándose a la caricia. - ¡Señores! ¡Señores! -gritó el referí-. ¡Miren! ¡Miren! -y mostró la fatídica tarjeta roja casi oculta en la palma de la mano, como una carta tramposa-. ¡No la guardo! ¡No la guardo! ¡La tengo en la mano! ¡Al primero que siga jodiendo lo echo de la cancha! ¿Estamos? -y salió corriendo para atrás, elástico, señalando con la mano donde debía ponerse la pelota-. ¡Juego, señores! Y decían que no había que joder mucho con ese árbitro. Que era cana. Que siempre andaba con un bufoso dentro del bolso. Así le había contado Camargo al Chalo, porque lo conocía de la liga de Veteranos Mayores, los que están entre los 42 y la muerte. Ya sentado en la vereda, la espalda empapada contra la pared del quiosco, las piernas extendidas sobre el piso, desprendidos los cordones de los botines, Chalo se apretó fuerte los parpados para mitigar el escozor profundo que le producía el sudor al metérsele en los ojos. Sin decir palabra, el Lito, al lado suyo, le alargó la botella de Seven familiar, casi vacía. Chalo tomó unos seis tragos apurados, puso despues el culo frío y humedo de la botella sobre su muslo derecho, eructó con deliberación y se secó la boca. - Hay que joderse -exhaló-. Qué manera de correr al pedo -y le extendió la botella a Salvador que esperaba, mirando la calle, las manos en la cintura, a su lado. - ¡Chau, loco! -gritó Antonio, subiendo al auto de Pedro, yéndose- ¡Chau, Salva! - ¿Hablastes con el referí? -le preguntó Lito. Antonio se encogió de hombros. - ¿Para qué? - Para que no te escrache en el informe. - Me echó por tumulto. - Por pelotudo te echo -rió Salvador. Antonio levantó la mano, se metió en el auto de Pedro y Pedro puso marcha atrás cuidando de no caerse en la cuneta. - Veinte fechas le van a dar a este -dijo Salva, limpiando el pico de la botella de Seven con la manga de la camiseta verde. Chalo no contestó. Apenas si tenía aliento para hablar. Lito, más que sentarse a su lado, se derrumbó, con un quejido animal. - Parece mentira -dijo Chalo-. Cuando yo jugaba en la "25 de Mayo", donde no hay limite de edad, pensaba que los veteranos serían más tranquilos, que cuando pasara a la liga de veteranos las cosas se iban a tomar de otra manera. - Nooo... -Lito se reía. - ¡Pero es peor! Es indudable que las locuras se agudizan cuando viejos. Acá me he encontrado con tipos de cincuenta, cincuenta y pico de años, que se cagan a trompadas, le pegan al referí, se putean entre ellos, más que los jóvenes. - Y... -dijo Lito-. Las manías, cuando viejo, se agudizan... - Además, Chalo -Salvador ya había encontrado las llaves del auto entre los mil bolsillos de su bolsón deportivo-. El fútbol es asi. Hay tipos que descargan todas las jodeduras de toda la semana acá en la cancha. Yo he visto a tipos cagarse a trompadas en un partido de papi, en un mezclado, que no son ni por los puntos ni por nada. Un picado cualquiera y se han cagado a trompadas, oíme. - Sí -aprobó Chalo-. Son calenturas del juego... - Es así -cerró Salvador. Dijo "Chau muchachos", puso en duda su presencia para el difícil compromiso del sabado siguiente contra el Sarratea y se fue hacia el auto rengueando ostensiblemente de su pierna derecha. Chalo se inclinó con esfuerzo hacia sus medias, ceñidas bajo las rodillas por dos banditas elásticas, y las fue bajando hasta enrollarlas sobre los tobillos. Recién allí cayó en la cuenta de cuanto necesitaba liberar su circulación sanguínea de tal tortura y se preguntó como había podido sobrevivir hasta ese momento bajo presión semejante. Volvió a recostarse contra la pared caliente. - De todas maneras -retomó- por más que sean cosas del fútbol, esto de Pascual es difícil de entender. - No son cosas del fútbol, Chalo -dijo Lito, sin mirarlo. - Dejame de joder... ¡No iban más de cinco minutos! - No son cosas del fútbol, Chalo... -Lito hizo un paréntesis largo-. Acá el asunto viene de lejos. Un asunto de guita. - Ah... Ah... -se contuvo Chalo. Empezaba a comprender. Lito bajo la voz, confidente, como si alguien pudiese oirlo. - Pascual le salió de garantía de un crédito a Lalita. Y el Lalita lo cagó. De ahí viene la cosa. - Ahhh... Ese es otro cantar. - Claro... Eran socios, o algo así. A mí me conto el Hugo, que era cuñado del Lalita en esa época. Tenían una gomería o algo así, no sé muy bien. Y la cosa vino por el asunto del crédito. - Bueno, ya me parecía -dijo Chalo-. No te digo que uno no vaya a entender que dos tipos se agarren a piñas en un partido, porque es lo más común del mundo... Pero, cuando ya uno ve que un tipo, a los cuatro minutos de estar jugando, se cruza la cancha para estrolarlo a otro, y después se reputean de arriba a abajo... Ya sale de lo común, es sospechoso. - No -precisó Lito-. La cosa viene de antes. Son cosas extrafutbolísticas -. Con un esfuerzo digno de un levantador de pesas, Chalo se puso de pie. - Y ahora les van a dar como ocho fechas a cada uno-dijo. - Lo menos. Porque son reincidentes -aprobó Lito. Fueron ocho las fechas, o diez, o quince. Lo cierto es que, en la segunda rueda, en el partido revancha contra Minerva, Pascual y Lalita estaban en la cancha. Hasta los veinte minutos del segundo tiempo no sucedió nada e incluso dio la impresión de que habían surtido efecto los reiterados consejos de los compañeros de ambos bandos en el sentido de que los seculares contendientes evitaran la conflagración. Hubo un par de cruces, sí, alguna trabada dura, fuerte pero abajo, pero Pascual y el Lalita ni se miraron después tras el choque, atentos a aquello de "reciba y pegue callado" que tantos futboleros pregonan virilmente. Pero, casi sobre el final, en una jugada tonta que no los tuvo como protagonistas directos, los envolvió esa violencia recurrente que parecía ser su sino. Hubo de nuevo corridas, gritos, insultos y el consabido intercambio de golpes entre Pascual y el Lalita, al punto que todos se olvidaron de los otros dos anónimos jugadores que habían iniciado la escaramuza para ocuparse de ellos. La tarjeta roja en alto, elevada por el árbitro con la firmeza y pomposidad con la que puede elevarse un cáliz, marcó, simplemente, el final de un nuevo capítulo para los duelistas. Una hora después, sentados a una mesa de "El Morocho de Abasto", Chalo apuraba una cerveza con el Alemán. Y el Alemán no cesaba de preguntarse como podía ser Pascual tan pelotudo. - Es que... -inició Chalo, consciente de que quien tiene la información tiene el poder-. No es un fato meramente futbolístico, Alemán. Hubo un quilombo de guita entre ellos. El Alemán lo miró, curioso. - Me contó Lito -siguió Chalo-. Una cuestión de un crédito. Parece que Pascual salió de garantía. - No -la respuesta del Alemán fue lo suficientemente breve y segura como para cortar a Chalo- Eso fue después. - Me lo contó Lito. - Te lo contó Lito. Pero Lito solamente sabe esa parte porque el llegó al equipo hace tres años recién. Eso fue después. Yo sé la justa, Chalo. El quilombo fue de polleras. Lala, en la facultad, estuvo a punto de casarse con una mina y el Pascual se la chorió. - ¿En la facultad? - Y el Pascual se la chorió. - ¡Entonces se conocen de hace una punta de años! - ¡Añares! Amigos de pendejos. Entonces Pascual se casó con esa mina, su actual mujer para más datos, sin saber que la mina le había salido de garantía al Lalita en un crédito para una moto. - ¡Ah! ¡Y ese es el crédito famoso! - Ese es el crédito famoso. Por supuesto, Lalita, en llamas porque el otro le había choreado la mina, dejó de pagar el crédito, y el Pascual se tuvo que poner rigurosamente hasta el último mango. Eso le hizo un buen buco al Pascual. - Mirá vos. Así había sido la cosa. En el camino de vuelta hasta la casa, Chalo no dejó de pensar en las mujeres, en el dinero, temas por siempre conflictivos que pueden llegar a torpedear una amistad, en apariencia milenaria, como la de Pascual y el Lalita. Y siguió cavilando sobre eso casi hasta el final de la segunda rueda, máxime que se había hecho bastante compinche con el Pascual mismo, hombre en el que había descubierto una afabilidad y un certero sentido del humor tras la apariencia rústica y silenciosa del áspero cuevero. Y quiso el destino ("empeñado en deshacer" diría el tango) que en la cuarta fecha del torneo Consuelo, volvieran a encontrarse en el campo con Minerva. Y que volvieran a enfrentarse sobre el campo de juego Pascual y Lalita, quienes, para colmo, no faltaban nunca a sus compromisos futboleros. Como arrastrados por un designio oriental y fatalista, los presentes asistieron puntualmente a las consabidas trompadas, insultos y forcejeos que terminaron, esta vez, con cinco hombres fuera de la cancha. Suplente de un ocho nuevo que habían traído de "La Cortada", Chalo, recostado sobre un césped que se hacía yuyo, miraba el despelote desde bastante lejos, sin siquiera levantar la cabeza de la pelota que le servía de almohada, propiedad del hijo más chico del Cabezón Miraglia. - El asunto no es futbolístico, Cabezón -le confío, locuaz, al Cabezón Miraglia, que todavía estaba rumiando su bronca por no haber entrado de titular-. Hubo un problema de mujeres. Miraglia no contestó. Siguió masticando chicle, mirando como el Pascual, desaliñado, caminaba hacia afuera de la cancha y se tiraba unos veinte metros más alla, en su ya remanido sendero hacia el exilio de la expulsión. El Cabezón giró hacia Chalo, se acercó un poco más como para que el viento que favorecía al equipo adversario no llevara sus palabras hacia Pascual y, mientras pateaba prolijamente un hormiguero, le dijo al Chalo: - Eso fue después, Chalo. - ¿Como después? - Lo de la mina fue después. La cosa fue política, más que nada... Chalo frunció el entrecejo sin quitar sus manos entrelazadas de bajo la nuca, sintiendo el roce auténtico y voluptuoso de la pelota a gajos hexagonales. Le parecía mentira asistir a ese relato por capítulos futbolísticos, fecha a fecha, expulsión tras expulsión, que lo iba ahondando en la vida de dos sujetos conocidos casualmente en las canchas de fútbol, abocados a la defensa de una divisa. El Cabezón se agachó para seguir contando. - En la secundaria, Pascual era dirigente estudiantil de izquierda. Estaba en una de esas agrupaciones como el P.T.P., el R.T. nosecuanto, una de esas. Te estoy hablando de los sesenta. Y el Lalita militaba con él. Y un día, yo pienso que debe haber habido uno de esos clásicos celos por la dirigencia, una cosa así, el Lalita se aparece en la escuela, ya estarían por sexto año, con una foto del Pascual, de traje blanco, bailando en una fiesta del Jockey Club. - ¡No me jodás! -se asombró Chalo. - ¡Te imaginás! -se rió el Cabezón-. En esa época, pasabas nomás frente al Jockey Club y ya eras un conservador, un facho... - ¡Claro! Estaba todo tan politizado... - Y de traje blanco para colmo el Pascual. En una de esas fiestas a todo culo que se daban ahí. - Lo crucificaron. - Lo hicieron mierda. Los compañeros de ruta no se lo perdonaron. - El Pascual habrá dicho que el puesto que no se ocupa lo ocupa el enemigo -volvió a reírse Chalo. - No sé, no sé. Pero se le acabó la carrera política. Pasó de golpe a ser un chancho burgués, un enemigo de la clase obrera. Se quedaron un rato en silencio, mirando el partido. Tatino acababa de perderse un gol increíble. - Es por eso que, después... -retomó el Cabezón-. Pascual se empecinó en afanarle la mina al Lalita. Porque creo yo que fue un capricho, nomás. En venganza. - Pero mirá vos -se quedó pensativo, Chalo, mirando al cielo. El Cabezón había empezado a trotar porque Salvador le gritaba "Calentá, calentá!", mientras se agarraba el rebelde aductor derecho que lo tenía loco desde hacía mucho. Fue Pascual quien le pidió a Chalo que lo alcanzara con el auto. Se había puesto un viejo pantalón de salir sobre el pantaloncito de fútbol y después se había vuelto a calzar pero sin atarse los trabajosos cordones, a los que arrastró hasta que salieron del predio. "Un chico" comparó Chalo, mientras desestimaba la idea de decirle que se atara los cordones porque se podía cagar de un golpe. Y luego, ya en el auto, siguió dando vueltas a los conceptos de dinero, mujeres y política, que entreveraban sus coordenadas y llevaban a dos personas mayores, como Pascual y Lalita, a romperse literalmente la crisma del mismo modo formal y caballeresco con que aquellos románticos personajes cruzaban sus espadas en el relato de Conrad. -... porque me han dicho que vos, con el Lalita, se conocen de hace mucho -se animó a decirle, por fin, al Pascual, tras un largo silencio en el auto, solo amenizado por el sobrio comentario radial de José Pipo Parattore desde el estadio "Gabino Sosa" de Central Córdoba. El mismo Pascual le había dado pie, tras quejarse de que le ardía una peladura en la rodilla y tambien el piñón voleado que le había acertado Lalita en medio del despelote. - Mucho. Demasiado -crispó una sonrisa, Pascual, tocándose una ceja-. Es al pedo -concluyó, con esa críptica frase donde no se entendía bien si encerraba un escepticismo existencial frente al misterio de la vida, o una desalentada conclusión ante el inútil acopio de años de amistad, o de la convicción del guerrero de cara a una lucha que adivina estéril e inconducente. - Pero... claro... -se animó Chalo, quizá ante la ambiguedad de la afirmación de Pascual-. Me contaban que no es un asunto futbolero, ¿no? De lo contrario, sería difícil de entender. Por más que uno entienda perfectamente que te podes cagar a trompadas incluso jugando un cabeza en un pasillo... Pascual volvió a sonreir, o quizá fue solo la expulsión de un poco de aire de sus pulmones. - ¿Qué te contaron? -apuró. Chalo esgrimió la mano derecha en el aire, como espantando una mosca, antes de depositarla de nuevo sobre la palanca de cambios. - El asunto de un crédito -intentó ser vago-. Un fato relacionado con la política, algo así... Omitió el detalle de la mujer, temiendo meterse en temas demasiado privados o bien deschavar al ocasional informante. Pascual estiró otra sonrisa apretada mientras se tocaba la nariz. Pareció que iba a sumirse en uno de sus habituales silencios de cuevero. Pero la siguió. - Te informaron mal -dijo. - Bueno... te cuento...-mintió Chalo- que no fueron conversaciones formales. Fueron, digamos, comentarios al pasar, opiniones... - Ya sé, ya sé... Pero te informaron mal. Ya habían llegado. Chalo puteó para sus adentros. Tal vez hubiese debido retrasar la marcha, pero la maniobra dilatoria hubiera sido demasiado ostensible. Pascual abrió la puerta de su lado, puso el bolso sobre sus muslos y saco el pie derecho como para bajarse. "Me pierdo el final" pensó Chalo. Pascual se había tomado del borde del techo del auto con su mano diestra para dar el envión de salida. Era muy grandote. - ¿Sabés de cuando lo conozco yo al Lalita? -dijo, pese a todo-. ¿Sabés de cuando lo conozco yo a ese hijo de puta? -Chalo lo miraba fijo-. De cuando teníamos los dos cinco años y jugábamos en el baby del club Fisherton. - Mirá vos -dijo el Chalo. - ¿Y sabés de donde arranca todo? ¿Sabés de donde arranca la bronca? Chalo negó con la cabeza. - De un día en que jugábamos contra El Torito y al Lalita le hacen un penal y nos peleamos por patearlo. Mirá lo que te digo. Cinco años teníamos. Pascual, ya incorporado, medio cuerpo metido dentro del auto, osciló los cinco dedos de su mano derecha frente a los ojos de Chalo. - ¿Qué? -amagó reirse Chalo-. ¿Lo quería patear él? - ¡Tomá, patear él! -percutió el puño cerrado como un émbolo, Pascual-. El penal se lo habían hecho a él, pero el que los pateaba siempre era yo. Esa era la orden que yo tenía del director técnico. Pero él ya era un pendejo caprichoso. Y nos cagamos a trompadas -Pascual se refregó la cara con la palma de la mano, como con intención de desfigurarse-. ¡Cómo nos cagamos a trompadas ese día, Dios querido! Y de ahí viene todo... Se irguió por completo y cerró la puerta. Chalo se inclinó un poco para verle la cara. - ¿De ahí viene todo? - De ahí. Lo demás llega por añadidura. Pero el quilombo empieza con aquel penal. Pascual dijo chau con la mano y se metió en su casa. Chalo puso primera y se fue, pensando. La vida era mas simple de lo que uno suponía, al final de cuentas.

La revista The Economist ha puesto a la venta su especial de predicciones para el próximo año, y ha usado en su portada una serie de cartas del Tarot relacionadas a Donald Trump, dando un carácter apocalíptico a su gestión, de acuerdo a sus previsiones para 2017... aunque finalmente no será para tanto. Lainformacion.com ha analizado con la experimentada pitonisa Conchi las cartas vinculadas al magnate que publica el medio, para que nos comente cuál es el significado real de las mismas. En la baraja del Tarot hay 78 cartas, de las que 22 son figuras principales o Arcanos Mayores, mientras que las otras 56 cartas son llamadas Arcanos Menores. En su portada, The Economist coloca cuatro cartas en la fila superior (The Tower, Judgment, The World, The Hermit) y cuatro en la inferior (Death, The Magician, Wheel of Fortune, The Star). Cada una de esas cartas recogen referencias a los temas que analiza la revista en su interior, y que van desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, al Congreso del Partido Comunista en China, pasando por las elecciones en Francia y Alemania o los desafíos políticos y económicos tras el Brexit. The World in 2017 presenta análisis de destacadas figuras de la política, los negocios, las finanzas, la ciencia, la tecnología y las artes junto a destacados periodistas de The Economist y otras publicaciones importantes. ¿Pero que Significa cada carta? A continuación dos vídeos que aportan una serie de explicaciones y luego pasare a dar mi opinión. link: link: "La Torre" Aunque la carta no es muy nítida si se pueden observar tres símbolos claros, La bandera comunista (no confundir con la bandera de la China comunista) que simboliza a los movimientos y partidos de izquierda, El crucifijo que representa a los militantes de la iglesia católica y si ven en la torre van a ver una cruz mas simple y un papel clavado en la puerta de la misma, ambos símbolos juntos representan a los países protestantes (el manuscrito son las 92 tesis de Lutero). ¿Que significa? Quien sabe... ¿una crisis entre católicos, protestantes y zurdos?. Solo sabemos que en Tarot esta carta tiene un significado bastante negativo. "El Juicio" Bastante explicita, Trump sentado sobre el mundo sosteniendo un báculo y un orbe dorado, símbolos de la realeza, es decir, Trump es el Rey del mundo. ¿Que mas agregar? Ah si, que este año sera sometido a juicio su gobierno por el mundo ¿O el mundo sera sometido al juicio (locura) de Trump? Ya lo sabremos pronto. "El Mundo" Dos bancos y una pirámide unidos por hilos de oro a las caretas del teatro, los libros y el arte (símbolos de los Medios de Comunicación). Significa eso simplemente, que la banca y el poder mundial controlan los medios de comunicación y que "el mundo" son "los medios de comunicación" ¿Pero porque hay un libro y una pintura que no están alcanzados por los hilos de oro?. Quizás es señal de que la elite pierde control sobre ciertos medios de comunicación (¿internet por ejemplo?) "El Ermitaño", contrario a lo que uno podría pensar a primera vista, el ermitaño no "guia" a la multitud sino que la observa, eso hace un ermitaño. Y esta carta (en el tarot) simboliza a aquel que se recluye de la sociedad para tomar una desicion de gran trascendencia. La multitud por su parte (acá no se nota pero en los videos si) portan banderas de "No" al TTIP y al TTP, acuerdos de libre comercio, es decir es una multitud que avanza contra la globalizacion ¿pero hacia adonde avanza? Solo podemos saber que lo hace a través de un acantilado del que no tiene salida. ¿Que significa? ¿Que no hay salida del TTIP y el TTP, es decir de las uniones aduaneras (tipo Unión Europea), ¿O que el camino de salida nos llevara hacia un barranco del que no podremos salir? "La Muerte" y viene con un hongo nuclear... Se ve que la élite que controla el mundo esta deseosa mas que nunca de una nueva guerra a escala mundial y no puede esperar ni un dia mas para iniciarla. ¿Sera el 2017 el año en que comience la Tercera?, si los amos del mundo te ponen esta carta en la portada de su revista os recomiendo a todos ir comprando un pasaje a algún lugar lejano de la Patagonia o los Himalayas. Solo a modo de curiosidad Villa Regina en Rio Negro es un lugar muy lindo para esperar el fin del mundo. "El mago", sobre la cabeza del mago pende el simbolo del infinito y con una impresora 3D produce bienes en abundancia. Representa el despegue exponencial de la tecnología y la producción "Ad Infinitum". Pero no todo es bueno, esta carta en el Tarot tiene un doble significado, ya que el mago también representa el engaño. ¿Sera la tecnología nuestro caballo de Troya hacia la esclavitud? Pronto lo sabremos. "La Rueda de la Fortuna" Holanda, Francia y Alemania tendrán elecciones el año próximo, Merkel llega desgastada y su suerte esta "atada" a la rueda de los cambios en el mundo, Le Pen por su parte también esta atada a las circunstancias internacionales (aunque en mejor posición que Merkel) aunque su rueda de la fortuna se vincula mas a poder vencer a los partidarios de derecha que buscaran evitar que llegue al poder. El tercero es un desconocido Geert Wilders, si Trump es extremista, este tipo esta a su derecha, es mas esta a la derecha del Ku Klux Klan y es el favorito a ser el primer ministro de Holanda, si la rueda de la fortuna asi lo quiere. https://es.wikipedia.org/wiki/Geert_Wilders "La Estrella" En esta carta lo que importan no son las estrellas sino dos poderosos símbolos esotéricos, el cometa, símbolo de la caída de los gobiernos, los magnicidios (¿planean Kennediar a Trump?), las traiciones civiles (golpes de estado, revoluciones) las epidemias y la hambruna. Y el Planeta Marte en la parte inferior. No, la humanidad no va a llegar al planeta rojo en 2017, es el símbolo esotérico por excelencia de la guerra. Bueno eso fue todo, Ahora espero sus comentarios y que descubran que otros significados ocultos aguardan.
¿Qué sucedería si interpretásemos ciertos hechos relatados en la Biblia sobre la visión ufológica? El Diluvio, los “ángeles”, los “milagros” o las gloriosas “visiones” de los profetas ganarían un sentido desconcertante. Este es un post que hace exactamente eso. Mediante la lógica y la ciencia del siglo XXI plantea una visión alternativa del relato biblio. Se preguntaran ¿Es real? Pues lo único que les puedo decir es que resulta tan lógico y creíble como la verdadera biblia, quizás aun mas. Lean el post, y replanteense sus creencias. Pocas personas intentan hacer una lectura diferente de la Biblia, explorando su sentido de documento histórico, lleno de informaciones sobre el pasado remoto del hombre. Antes de cualquier cosa, es preciso esclarecer que la Biblia no es un único libro. Son dos agrupaciones, el primero con 46, y el segundo con 28 libros. La unión del “Viejo Testamento” con el “Nuevo Testamento” (el período posterior al nacimiento de Jesús) es una decisión relativamente nueva del cristianismo. Y una lectura atenta muestra que los dos Testamentos tienen poco que ver uno con otro. Además de eso, sus traducciones fueron muy alteradas tanto por autoridades israelitas como por el Vaticano. De cualquier manera, quien busca en la Biblia OVNIs, seres extraterrestres, monstruos y gigantes, encuentra. Existe una lectura que permite ligar la Biblia a tantos otros documentos históricos, como un testimonio de la interferencia extraterrestre en el pasado de nuestra civilización. Todo es cuestión de puntos de vista. Comencemos por el Génesis, rememorando el Capítulo I: “En principio, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra estaba desierta y vacía, las tinieblas cubrían el Océano y un viento impetuoso soplaba sobre las aguas. Dios dijo: ‘¡Hágase la luz!’ Y la luz se hizo. Dios vio que la luz era buena. Y a la luz Dios llamó ‘día’, a las tinieblas las llamo ‘noche’…”. Después “Dios” separó los océanos, creó la vegetación, las estrellas, los animales, el hombre, y “descansó” en el séptimo día de trabajo. Después creó el jardín del Edén, y allí colocó a Adán y Eva. ¿Tuvieron ombligo?… Eso todo el mundo lo conoce. Mas hay un detalle que las iglesias y sinagogas no revelan: que la expresión “Dios” es una padronización de diversos nombres que constan en los originales del Viejo Testamento. El “Dios” de Moisés es una traducción de la palabra “Yahvé”; el “Dios” de la creación es una traducción de la palabra “Elohim”, cuya traducción correcta significa “dioses”. Por lo tanto, en el inicio “los dioses” crearon el cielo y la tierra. Sucede que esos dioses que crearon el cielo y la tierra, y todas las cosas, para colocar en el centro de todo al hombre, son muy diferentes a los “Elohim” que crean a Adán y Eva. Los que crearon el universo, de repente se instalan en un pedazo de tierra llamado Edén, retiro a Eva de una costilla de Adán y pasan a tener actitudes humanas. En Génesis 3-8 está el siguiente fragmento: “Oyendo el ruido del Señor Dios, que paseaba por el jardín a la brisa de la tarde, el hombre y la mujer se escondieron…”. Finalmente, que dios omnipotente, omnipresente y omnisciente, ¿es ese que pasea por un jardín “a la brisa de la tarde”? La cuestión de la serpiente también es muy controvertida. Ella es considerada por innumerables civilizaciones, de prácticamente todos los continentes como el símbolo de seres voladores, y también está asociada a los “que trajeron el conocimiento a los hombres”, siendo una figura mitológica presente en muchas tradiciones, tal como la del griego Prometeo. Muchos de los adeptos de la ufoarqueología sustentan la siguiente hipótesis: el “Dios” que creó el universo es uno, tal vez una interpretación (de base religiosa y cabalística) para el surgimiento del universo, de la Tierra y del hombre (en el centro de todo); y el “Dios” que creó a Adán y Eva parece más próximo a la traducción de “Elohim”, los “dioses”. Estos dioses podían ser uno o varios equipos de colonizadores espaciales que aquí aportaron y habrían creado, con su tecnología avanzadísima para nuestros padrones, un laboratorio de vida en la Mesopotamia, esto es, el jardín del Edén. A través de operaciones genéticas, ellos habrían creado un ser humano pronto a desenvolverse indefinidamente sobre la orientación de los colonizadores. Sucede que una parte de la tripulación se habría revelado contra la orden que los había enviado a la Tierra, y habría – de una forma que todavía es difícil de interpretar – dado a los hombres-cobayos la capacidad de desenvolverse por medios propios. “Dios prohíbe que el hombre coma de un determinado fruto del jardín, pues el día en que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal” (Génesis, 3-5). Eva comió el fruto ofrecido por la serpiente, que fue entonces condenada a “rastrear”. (¿Habrían los tripulantes amotinados sido presos en la superficie terrestre?) y Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso. (¿Expulsados del laboratorio? ¿La experiencia habría sido interrumpida?). Es importante tener en cuenta que lo que parece haber sucedido en días, de acuerdo con la narración bíblica, puede ser una condensación simbólica de centenas o millares de años. Mucho tiempo puede haber pasado entre la expulsión del Paraíso y esta escena descrita en el Génesis 6-1: “Cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, viendo ‘los hijos de Dios’ que las hijas de los hombres eran hermosas, tomáronse mujeres, escogiendo entre todas (…). Había ‘gigantes’ en la tierra en aquellos días, y también después entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos; estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de nombre”. Si sustituimos Dios por dioses y dioses por visitantes extraterrestres, ¿la narrativa podría ser más explícita? El Diluvio es citado y descrito por diversas tradiciones de muchos otros pueblos. En seguida vino el Diluvio, que también es citado y descrito por diversas tradiciones de muchos otros pueblos de América, Asia o Europa. El Diluvio parece haber sido una decisión de los “dioses” de eliminar una experiencia degenerada. Sus variadas versiones sugieren eso. En la Biblia, las actitudes de “Dios” están llenas de decisiones contradictorias. Por ejemplo: un Dios no se arrepiente de lo que hizo, jamás. “Y arrepintióse el Señor de haber hecho el hombre en la tierra, y pésole en su corazón” (Génesis 6-6). Más adelante, todavía en el Génesis (Capítulo 18), el “Señor” surge de forma muy humanizada durante el episodio que trata la destrucción de Sodoma y Gomorra. Dos de los ángeles van a Sodoma y allá encontraron a Lot, que les ofrece un banquete. “Mas el porfió con ellos mucho, y se vinieron con él, y entraron en su casa e hízoles un banquete, y coció panes sin levadura, y comieron” (Génesis 19-3). Finalmente, ¿qué ángeles son esos que comen? El pueblo de Sodoma decide invadir la casa de Lot para conocer los dos visitantes. Y Lot ofrece sus dos hijas vírgenes para que los puebleros dejen los ángeles en paz. Mas la multitud resuelve atacar de cualquier manera. Y los ángeles cegaron a los atacantes. Cegaron, ¿cómo? El resto es conocido. Lot huyó de la ciudad y “el Señor hizo entonces llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Destruyó las ciudades y toda la región, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” (Génesis 19-24/26). Esta descripción es considerada por los adeptos de la historia abierta como un tipo de explosión semejante a la producida por las bombas nucleares. La verdad es que la región de Sodoma y Gomorra se sumergió a las márgenes del Mar Muerto, que hoy tiene la mayor concentración de sal conocida. En Génesis 32, Jacob lucha contra un “ángel”, queriendo que él lo “bendiga”. Terminada la lucha, Jacob dijo: “Vi a Dios cara a cara”. En seguida, el Viejo Testamento desvía su atención para el Egipto, donde José, hijo de Jacob, es vendido como esclavo y pasa a progresar en la corte del faraón. Y así comienza la gran saga de la construcción del pueblo judío, relatada en detalles en el libro del Éxodo. “Dios” deja de significar Elohim para transformarse en Yahvé. Yahvé es bastante diferente de los “dioses” citados anteriormente. El actúa de forma calculista y vengativa, coloca a los hebreos a su servicio, como “su pueblo”. El estudioso Plínio Rollim de Moura formuló una teoría interesante sobre Yahvé. Para él, Yahvé sería la “serpiente” que provocó la “caída” del hombre, y habría sido condenado por los colonizadores del espacio a permanecer preso durante muchos siglos (probablemente en la Gran Pirámide). Suelto, Yahvé parte para la venganza utilizando a Moisés y al pueblo judío como instrumento de su expansión. Y las aguas se apartaron… Moisés (hijo de un matrimonio de la tribu Levi) es adoptado por la hija del faraón durante el período en que los judíos estaban esclavizados por los egipcios. Un día, en el monte Horeb, “le apareció el ángel del Señor” y ordenó que él liberase al pueblo judío y que lo hiciese salir “de ese país a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel” (Exodo 3-8). Y Yahvé garantiza la retirada, “de modo que, al salir, no iréis con las manos vacías”, sino llenos de plata, oro y vestidos. A continuación, usando a Moisés como portavoz, el Señor transforma la vida del faraón (y de Egipto) en un horror de plagas y desastres, forzándolo a liberar a los hebreos. El faraón acaba concordando, y 600 mil judíos parten para la Tierra Prometida, a través de un largo desvío en la península del Sinaí. En esta travesía, Yahvé providencia todo el apoyo logístico. “El Señor los precedía de día en una columna de nube (…), y de noche en una columna de fuego para alumbrarles” (Exodo 13-21). Cuando el faraón resuelve salir en persecución de los judíos, Moisés los tranquiliza: “El Señor combatirá por vos; podéis quedar tranquilo”: “Dijo Yahvé a Moisés: ‘Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros de sus carros’. Se puso en marcha el Ángel de Yahvé, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelíes. La nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros en toda la noche. Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahvé hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del faraón, y los carros con sus guerreros. Llegada la vigilia matutina, miró Yahvé desde la columna de fuego y humo hacia a los egipcios, y sembró la confusión en su ejército. Trastornó las ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad. Y exclamaron los egipcios: ‘Huyamos ante Israel, porque Yahvé pelea por ellos contra los egipcios’. Yahvé dijo a Moisés: ‘Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros’. Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. Así precipitó Yahvé a los egipcios en medio del mar, pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera. Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas hacían muralla a la derecha y a la izquierda. Aquel día salvó Yahvé a Israel del poder de los egipcios, e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar. Y viendo Israel la mano fuerte que Yahvé había desplegado contra Egipto, temió el pueblo a Yahvé, y creyeron en Yahvé y en Moisés, su siervo” (Éxodo 14, 15-31). Hasta aquí el relato bíblico. Y hay que decir que lo primero que llama la atención es el hecho de que Yahvé no se comporta precisamente como ese Dios justo y misericordioso que con el transcurrir del tiempo se ha adornado su figura, llegando a decir – en una actitud muy humana de soberbia y nada divina – que se va “a cubrir de gloria a costa del faraón y de su ejército” – la frase se pone en su boca – para lo que no duda en masacrar a todo un grupo de seres humanos. ¿Qué Dios es ese que protege a un solo pueblo y masacra al otro con excesos de crueldad? ¿Qué Dios es ese que participa personalmente de una batalla usando un vehículo aéreo? (Las “nubes”, la “columna de fuego”…) ¿Qué Dios es ese que se apropia tierras de otros pueblos y las entrega a un único pueblo elegido por él? ¿Qué Dios es ese que exige sacrificios interminables y establece leyes represivas? Y, por fin, ¿qué Dios es ese que amenaza extinguir a su propio pueblo cuando este desobedece sus órdenes? NOTA: No piense que las narradas en este artículo son las únicas acciones abominables de Yahvé; es solo una pequeña muestra. El número de actos deleznables que uno puede encontrar en el Antiguo Testamento es mucho más amplio, incluyendo una gran cantidad de magnicidios. Sólo resta una pregunta: ¿de verdad sigue usted creyendo que Yahvé era Dios? Arrebatados por Yahvé Elías jamás regresó. Aquel “torbellino” le arrebató para siempre ante los ojos de 50 profetas y del propio Eliseo, el mismo que más tarde, pertrechando con las vestiduras y el manto rasgado de Elías caídos desde el cielo, golpeó las aguas del Jordan, que se abrieron en dos. Para los exegetas de la Iglesia Católica, Elías sufrió un “transporte extático”; es decir, el profeta entró en trance místico y se imaginó el arrebato. Lo cierto, sin embargo, es que a Elías “no se le vio más”. Y todo apunta a que este episodio ocurrió realmente – según parece, en el Monte Carmelo, hace aproximadamente 2.850 años – aunque los comentaristas bíblicos lo niegan: “La desaparición misteriosa – dicen – ha de explicarse conforme al género literario de este ciclo de historias sobre el gran profeta”. La Iglesia, pues, considera “ciencia-ficción” el episodio, así como otros muchos similares. Pero la realidad puede ser bien otra. El clan de los “arrebatados” Otro “arrebatado” y personaje enigmático y misterioso donde los haya es Enoch, cuyo nombre, en hebreo, significa “iniciado”. Según cuenta el Génesis, Enoch “no murió, sino que fue arrebatado y llevado a los cielos en un carro de fuego”. Poco más se dice de él en la Biblia, pero contamos con un sorprendente apócrifo, El libro de Enoch, en el que se relatan los viajes del enigmático personaje a bordo de esos misteriosos carros de fuego. En ese texto se narra, por ejemplo, como entró en contacto con misteriosos seres celestiales: “(…) se me aparecieron dos hombres de gran estatura; sus rostros brillaban como el Sol y sus ojos eran como antorchas”. Y le dijeron: “Hoy mismo estarás con nosotros en los cielos”. El relato de sus viajes celestiales resulta sorprendente: “Condujéronme entonces a los cielos. Entré hasta detenerme frente a un muro, que parecía hecho de sillares de cristal, y estaba rodeado de lenguas de fuego (…) Me vi ante un gran palacio de cristal labrado, con suelo embaldosado de placas de vidrio, y el piso era también de cristal”. Y aún añade otras extrañas pistas sobre sus travesías: “Después de aquellos días transcurridos en un lugar donde se me permitió ver lo que está oculto, después de haber sido arrebatado por un remolino y conducido hacia el Poniente (…)” Tras el último de aquellos viajes, Enoch no volvió. Al igual que Elías, fue “arrebatado” para siempre. Sólo que no fueron los únicos. En otro apócrifo llamado La Ascensión de Isaías se cuenta cómo este profeta también subió a los cielos en un sospechoso “trance”, acompañado de varios ángeles que le invitaron a vestirse con sus ropajes y cómo a bordo de aquella “nave” visitó los siete cielos. Y también en el Segundo Libro de Baruc se cuenta algo similar: “Una fuerza – puede leerse – me levantó y me colocó sobre el muro de Jerusalén”. La sospecha de abducción En los Hechos de los Apóstoles se narra otro “arrebato”: el de Felipe, uno de los Padres de la Iglesia. A partir del versículo 26 del capítulo VIII, podemos leer: “El ángel del Señor habló a Felipe diciendo: ‘Levántate y marcha por el camino que baja de Jerusalén a Gaza’. Se levantó y partió. Y he aquí que un etíope eunuco regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías…”. Más adelante, ambos se pararon a beber agua, momento que Felipe aprovechó para bautizar al eunuco, pero “saliendo del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y ya no le vio más el eunuco. Felipe se encontró en Azoto y recorría evangelizando todas las ciudades hasta llegar a Cesarea”. ¿Qué era aquel “Espíritu del Señor” que arrebató al apóstol y lo transporto 40 kilómetros? ¿Otra fantasía literaria?, ¿una nueva metáfora? ¿No se parecen demasiado estas descripciones a las que actualmente informan los testigos de abducciones OVNI? Lo cierto es que aquellos “torbellinos”, “carros de fuego” o “ruedas voladoras” aparecen muchas veces a lo largo de la Biblia y otros textos apócrifos. Realizan maniobras extrañas, son “habitados” por ángeles de gran estatura, luminosos, de rostros extraños… Para algunos son demasiadas coincidencias. E investigadores como Erich von Däniken o Andreas Faber-Kaiser lo tienen claro: se trataba de naves extraterrestres. Pero aún hay más: esos misteriosos objetos – y su enigmática función “arrebatadora” – ya fueron conocidos por Jesús. Así, en el apócrifo Historia de José, el carpintero (capítulo XVIII), podemos leer, en boca de Jesús, la siguiente expresión: “¿Y que me impide ahora que yo ore para que mi Padre envíe un gran carro luminoso que eleve a José y que le traslade al lugar de reposo, para que viva allí con mis ángeles incorpóreos?”. En cualquier caso, ni siquiera hace falta bucear en los apócrifos, porque en el Evangelio de San Mateo (capítulo 17, 1-13), en donde se narra el extraño episodio de la Transfiguración, se dice que a Jesús le “brillo su rostro como el Sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”. Y allí aparecieron dos seres e, instantes después, les cubrió una “nube resplandeciente”. Al abrir los ojos, todo volvió a la más absoluta normalidad. Lo más curioso es que aquellos dos seres luminosos fueron identificados como Elías – arrebatado para siempre – y Moisés, cuyo cadáver, después de haber mantenido contacto abierto con misteriosos seres que viajaban en extrañas “nubes”, jamás fue encontrado. Ezequiel da la clave: eran OVNIs Ezequiel tuvo la primera de sus “visiones” allá por el año 600 a. C. Cuatro de ellas aparecen relatadas en el libro que lleva su nombre. Él es otro “arrebatado”, aunque con billete de vuelta. De aquel primer encuentro, Ezequiel ofrece detalles excepcionales: “Vi venir un viento huracanado, una nube densa en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como bronce en ignición”. Más adelante habla de “criaturas vivientes”, de “portentosos cristales tras los cuales se observa el firmamento”, de “ruedas que giran” posándose sobre el suelo… En suma, para muchos estudiosos aquellos seres con caras de “toro”, “águila” o “león” no eran más que astronautas con escafandras, tomas de oxígeno o antenas. Luego, la imaginación de aquella gente hizo el resto. Los reveladores apócrifos Los apócrifos son los libros de la Biblia, que aunque atribuidos a autor sagrado, no están declarados como canónicos. “Canon” es el “catálogo de libros sagrados admitidos por la Iglesia Católica”. En realidad, la cuestión queda reducida a un único punto: ¿y que criterio sigue la Iglesia Católica para decidir si un libro tiene carácter de canónico o no? A continuación reproducimos algunos de estos textos que tienen relación con el nacimiento de Jesús y la constante intervención de los “ángeles del Señor”: - Libro sobre la natividad de María: “Llevaba ya algún tiempo en aquel lugar, cuando un día que estaba solo, se le presentó un ángel de Dios, rodeado de un inmenso resplandor. Él quedo turbado ante su vista, pero el ángel de la aparición le libró del temor diciendo: Joaquín (abuelo de Jesús), no tengas miedo ni te asustes por mi visión. Has de saber que soy un ángel del Señor”. - Libro sobre la natividad de María: “Mas la Virgen del Señor (María) iba adelantando en las virtudes al par que aumentaba de edad; y según las palabras del salmista, su padre y su madre la abandonaron, pero Dios la tomo consigo. Diariamente tenía trato con los ángeles. Asimismo gozaba todos los días de la visión divina, la cual la inmunizaba contra toda clase de males y la inundaba de bienes sin cuento”. - Evangelio apócrifo de Mateo: “Al día siguiente, mientras se encontraba María junto a la fuente, llenando el cántaro de agua, se le apareció el ángel de Dios y le dijo: Dichosa eres, María, porque has preparado al Señor una habitación en tu seno. He aquí que una luz del cielo vendrá para morar en ti y por tu medio iluminará a todo el mundo”. - Evangelio apócrifo de Mateo: “Mandó el ángel parar la caballería, porque el tiempo de dar a luz se había echado ya encima. Después mandó a María que bajara de la cabalgadura y se metiera en una cueva subterránea, donde siempre reinó la oscuridad, sin que nunca entrara un rayo de luz, porque el Sol no podía penetrar hasta allí”. - Evangelio apócrifo de Mateo: “Hacía un rato que José se había marchado en busca de comadronas. Mas cuando llegó a la cueva, ya había alumbrado María al infante. Y dijo a ésta: Aquí te traigo a dos parteras: Zelomí y Salomé. Pero se han quedado a la puerta de la cueva, no atreviéndose a entrar por el excesivo resplandor que la inunda”. - Apócrifo Liber de infantia Salvatoris: “Cuando hube entrado para examinar la doncella, la encontré con la faz vuelta hacia arriba, mirando al cielo y hablando consigo. Yo creo que estaba en oración y bendecía al Altísimo. (…) En aquel momento se pararon todas las cosas, silenciosas y atemorizadas: los vientos dejaron de soplar; no se movió hoja alguna de los árboles; ni se oyó el ruido de las aguas; los ríos quedaron inmóviles y el mar sin oleaje; callaron los manantiales de las aguas y cesó el eco de las voces humanas. (…) Yo, por mi parte, quedé llena de estupor y de admiración y el miedo se apoderó de mí, pues tenía fija mi vista en el intenso resplandor que despedía la luz que había nacido. Y esta luz fuese poco a poco condensando y tomando la forma de un niño, hasta que apareció un infante, como suelen ser los hombres al nacer”. - Evangelio apócrifo de Santiago: “Al llegar al lugar de la gruta se pararon (se refiere a José y a la partera), y he aquí que ésta estaba sombreada por una nube luminosa. (…) De repente, la nube empezó a retirarse de la gruta y brilló dentro una luz tan grande, que nuestros ojos no podían resistirla. Ésta, por un momento, comenzó a disminuir hasta tanto que apareció el Niño”. - Evangelio apócrifo de Santiago: “Y en aquel momento la estrella aquella, que habían visto en el Oriente, volvió de nuevo a guiarles hasta que llegaron a la cueva, y se posó sobre la boca de ésta. Entonces vieron los magos al Niño con su Madre, María, y sacaron dones de sus cofres: oro, incienso y mirra”. Conclusión Reinterpretando la Biblia desde un punto de vista distinto y más moderno, podemos llegar a la conclusión de que, a pesar de ser un libro manipulado por los intereses de la Iglesia, en él se dejan ver muchas evidencias de la presencia de OVNIs y seres extraterrestres (para la gente primitiva de hace más de 2000 años: “nubes luminosas” o “carros de fuego” y “ángeles del Señor”). Referente a los últimos párrafos que relatan hechos sobre la vida de María y el nacimiento de Jesús, queremos que saquen sus propias conclusiones. Creemos que las palabras de los apócrifos no pueden ser más claras, claro está, teniendo en cuenta las primitivas descripciones de la gente de esa época. Después de leer este artículo, ¿en qué crees?… Aclaracion: Como notaron el post lo puse en categoría paranormal, pues eso mismo es, habla en un lenguaje "científico" pero no es ciencia, son solo un montón de supuestos e ideas locas tan exquisitamente entretejidas que forman una narración extraordinaria sobre uno de los mas importantes best sellers de la literatura mundial.

Lo que empezó siendo un proyecto construido, literalmente, con piezas de Lego, es ahora un producto en busca de algo de financiación a través de KickStarter. La PancakeBot es un cruce entre una plancha de cocina y una impresora 3D cargada con masa para tortitas. Primero se dibuja en el ordenador la forma que se le quiere dar a la tortita, pudiendo partir de una fotografía. La imagen se entrega a la impresora en una tarjeta SD y después el cabezal de la impresora va soltando la masa sobre la plancha caliente, trasladando el dibujo elegido —desde un retrato a palabras o un logotipo. Finalmente te desayunas o meriendas el resultado. Por si queda alguna duda, la impresora no incluye la masa.