kira_19
Usuario (Uruguay)

Antes del inicio de los tiempos, el mundo al sur estaba habitando por hombres pequeños llamados Tachul. Pero un día llegaron grandes terremotos que desarmaron el suelo y destruyeron todo en a su paso. Así desaparecieron los Tachul de la faz de la Tierra. Tanto terremoto y un cielo que rugía hizo despertar al dios Seecho, que había estado dormido durante toda una eternidad en el cráter del volcán Pajel-kaike. Una vez que el mundo estuvo calmo, el dios se asomó por el borde del volcán y vio un mundo desolado, sin ningún rastro de vida, cubierto de piedras que mostraban los vestigios de la destrucción. Entonces el divino Seecho se decidió a crear una nueva raza de hombres, más fuerte y más grande que la anterior para que pudieran sobrevivir en esas regiones inhóspitas. Por lo que se puso manos a la obra durante muchas lunas. Primero creo a los animales y los liberó en la tierra para que cada uno de ellos vaya al lugar del mundo que más le agrade. Y antes de crear al hombre, Seecho observó que la Tierra era demasiado inhóspita para la vida, por lo que extendió sus manos hacia uno y otro lado y cubrió de nieve las montañas y creo los lagos, los ríos, los manantiales, que alimentaron el suelo, y creó las plantas, las flores, los árboles y llenó de bosques el mundo y también de mesetas y de valles y hasta de desiertos porque sabía que todo tenía que estar en equilibrio. Una vez terminada esta tarea, el dios se dedicó a crear a los hombres en el centro del volcán. Así fue que una mañana de sol salió a la superficie del cráter con el primer hombre. Era el cacique Kelchan. Lo ató con una cuerda y con mucho cuidado lo bajó hasta la ladera del volcán. Una vez que lo depositó en la tierra, lo desató y lo dejó libre y sólo. El cacique abrió los ojos y comenzó a caminar explorando las tierras de la Patagonia. Al poco tiempo encontró un manantial del cual beber y se refugió en unas cuevas del frío de la noche. Poco tiempo después aprendió a cazar guanacos para alimentarse y cubrir su cuerpo desnudo con la piel del animal. Seecho, que observaba como se desenvolvía Kelchan, decidió que no podía estar sólo, por lo que se dispuso a crear a la primer mujer en el interior del volcán, para que le hiciera compañía. Durante esos primeros tiempos, Seecho creó a varios hombres y mujeres más en el volcán Pajel-kaike los que fueron libres de caminar y elegir el lugar que quisieran para vivir. Unos optaron por afincarse en los bosques, otros en los valles, y hasta hubo aquellos que se adentraron hasta los desiertos. Esta raza de hombres fueron los Aonikenk y fueron los primeros habitantes del mundo. Fuente

Una figura alta vestida con ropajes oscuros más propios de otra época, y en cuyo rostro destacan dos ojos rojos de mirada hipnótica. Así era el extraño personaje con el cual se toparon varias personas en el histórico cementerio londinense de Highgate a finales de los años 60 y principios de los 70. Según estos testigos, su presencia exudaba malignidad y parecía robarle a uno la energía. El caso se hizo muy popular en los medios londinenses de la época. Todo tipo de expertos de lo paranormal ofrecían su opinión en las páginas de los periódicos y las pantallas de los televisores, destacando el presidente de la Brittish Psychic and Occult Society (BPOS), David Farrant, y el autoproclamado arzobispo de Glastonbury Sean Manchester. Sus nombres quedarían asociados desde entonces a la leyenda del vampiro de Highgate; no en vano ambos contribuyeron a crearla con la narración, a veces muy fantasiosa, de sus investigaciones sobre el terreno. Para Farrant la historia comienza en 1969, cuando a la sociedad que él preside llegan varios informes describiendo extraños encuentros, acaecidos en Highgate, con una misteriosa figura de mirada hipnótica. El propio Farrant afirma haber visto a este ser maligno entre los barrotes de la puerta de entrada cuando, intrigado por los testimonios recibidos, decide pasar una noche en el cementerio. Durante la misma encuentra también varios ataúdes abiertos y un zorro, según él, fallecido en extrañas circunstancias. La BPOS envía entonces un artículo a un periódico local, el Hampstead and Highgate Press, invitando a los lectores a contar las experiencias extrañas que hubieran tenido en el lugar. Varias personas responden describiendo apariciones espectrales de las que habían sido testigos, aunque solo alguna corresponde con la de la figura entrevista por Farrant y sus informadores. Otros miembros del BPOS alcanzan a ver al espectro mientras vigilan el cementerio, y descubren además varios zorros muertos con unas extrañas heridas en el cuello y completamente desangrados. Hallan también indicios de que en lugar se celebran ritos satánicos que podrían estar relacionados con el vampiro. La teoría de Farrant consiste, de hecho, en que más que un vampiro en el sentido tradicional se trataría de algún tipo de ser espectral cuyo comportamiento se habría visto alterado por estos rituales. Tras una entrevista televisiva a Farrant, el cementerio se llena de curiosos de todo tipo que quieren ver al vampiro o a la BPOS en acción. Durante los siguientes meses no se produce ninguna manifestación extraña, hasta que de repente todo vuelve a empezar: una mujer cae al suelo tras ser empujada con fuerza sobrenatural por una figura alta y oscura de rostro pálido y un cadáver aparece fuera de su ataúd con una estaca clavada en el corazón. Convencido de la peligrosidad del llamado vampiro de Highgate, Farrant organiza dentro del cementerio una sesión psíquica con una médium profesional para intentar exorcizarlo. Cuando la reunión esta a punto de comenzar, irrumpe la policía poniéndole fin. Farrant es detenido bajo la acusación de vandalismo. El tribunal le absuelve, pero, viendo que las autoridades no miran con buenos ojos sus actividades, abandona la investigación del caso, aunque no por ello dejará de hablar sobre el tema. Al mismo tiempo que David Farrant analiza zorros muertos y organiza sesiones espiritistas, otro pintoresco investigador de lo paranormal, Sean Manchester, lleva a cabo sus propias pesquisas. Según él, la primera noticia que tiene acerca del vampiro de Highgate fue a través de una joven llamada Elizabeth Wojdyla, quien, tras un paseo por las cercanías del cementerio junto a una amiga durante el cual ven varias tumbas abiertas con los cuerpos fuera de ellas, experimenta terroríficas pesadillas en las que un ser maligno de rostro pálido intenta entrar en su habitación. Durante la primavera siguiente, la joven Elizabeth además de pesadillas sufre también dolores de cabeza, nauseas y episodios de sonambulismo. Presentaba además dos pequeñas heridas en el cuello. Manchester le recomienda al novio de la joven que disponga abundantes cabezas de ajo en la habitación que ella ocupa habitualmente para dormir y que le cuelgue una cruz de plata alrededor del cuello. Al poco tiempo, Elizabeth Wojdyla mejora de sus síntomas. Manchester conoce entonces a otra muchacha, llamada Lusia, con los mismos síntomas, incluyendo las marcas en el cuello y los episodios de sonambulismo. Durante uno de estos accesos, la hermana de la joven y Sean Manchester la siguen, comprobando que se dirige al cementerio. Una vez allí, se detiene delante de una tumba y arroja su crucifijo al suelo. Varios días después, acompañado de otras personas Manchester abre la tumba delante de la cual Lusia se había detenido. Dentro solo hay tres ataúdes vacíos, cada uno con un ajo y una cruz, pero ningún cadáver, esté muerto o no. Unos meses más tarde, Manchester regresa al cementerio en compañía de Lusia y varios amigos. La muchacha entra en trance, conduciéndolos a otra tumba. Esta contiene un ataúd de más, el cual suponen que es el del vampiro, que hábilmente habría cambiado de posición. Al abrirlo comprueban que en su interior yace un cadáver en un estado de conservación tan perfecto que resulta sospechoso. Manchester, convencido de estar frente al vampiro de Highgate, empuña un martillo y una estaca dispuesto a poner fin a la existencia del monstruo. Desgraciadamente, las leyes del momento condenaban cualquier acto de profanación cometido sobre un cadáver, algo que uno de los acompañantes de Manchester se apresuró a recordarle a este. El cazavampiros se tuvo que conformar con esparcir agua bendita sobre el cuerpo y llenar el ataúd de cabezas de ajo. Un tiempo después, Lusia le confirma que el vampiro se ha mudado a otro lugar. En 1973, sin embargo, Manchester vuelve a encontrar su pista. Recibe noticias de una mansión del siglo XIX abandonada que supuestamente está encantada, siendo conocida como “la casa de Drácula”. En su interior encuentra un ataúd con el supuesto vampiro dentro. Manchester toma una estaca y la clava en su pecho, tras lo cual la criatura se desintegra. Estos son los dos principales testimonios acerca del llamado vampiro de Highgate. Como se puede ver, resultan bastante novelescos, sobre todo el de Sean Manchester, que recuerda al Drácula de Bram Stoker hasta en el nombre de una de sus víctimas. Sin embargo, los dos personajes tienen cierto interés en sí mismos y la historia cuenta con un escenario gótico muy sugerente, probablemente el motivo principal de su popularidad. Fuente

Cada ciudad tiene un mercadillo los sábados, pero en la India no encontraréis un mercado semanal como el que tenéis en Shurasena. Una docena de comerciantes de especias compiten por ofrecer los precios más bajos. Si os estáis planteando comprar un camello, o incluso una ardilla, el mercadillo de Shurasena es vuestro sitio. Al igual que a todos los filósofos, a Krishna, hoy dios indio, le encantaba ir de mercadillos. Por la mañana compraba sus hierbas medicinales, y por la tarde observaba los peces y los puestos de monedas. Cada semana hacía lo mismo. Un sábado de julio, después de que Krishna hubiera comprado una trucha y un poco de sal, vio a un joven sentado en el suelo llorando amargamente. El llanto hace que las aves vuelen más alto, le dijo Krishna al joven. Éste dejó los sollozos y levantó la cabeza. ¿Querrías una limonada?,le preguntó el chico con voz temblorosa, señalando un carrito de dos ruedas que tenía a su lado. Los limones maduros y una montaña de hielo sobresalían del carro, así como seis copas y una jarra de estaño. Me llamo Dhiren, dijo el chico. Si no vendo suficiente limonada, esta noche no voy a tener una habitación donde quedarme. La escena era tan dramática que, si Krishna hubiera tenido varias monedas, hubiera pedido todas las limonadas que pudiera. ¿Podrías vender más si no tuvieras tanto miedo?, le preguntó Krishna. El chico, sorprendido, asintió, y le explicó que no había vendido un vaso de limonada en todo el día. El hielo del carro se estaba derritiendo, y Dhiren lloraba porque había perdido ya casi todas las esperanzas en sí mismo. He hecho todo lo que he podido, se quejaba Dhiren, pero tengo que estar haciendo algo mal, ya que nadie quiere comprarme limonada. Krishna sonrió al ver las dudas de Dhiren. El cambio de uno mismo a veces es más difícil que cambiar el mundo, le comentó Krishna. Levantó a Dhiren y le animó a que llevara el carro un poco más adelante. Las ruedas crujieron por la Plaza del Mercado, encaminándose por las calles de Shurasena. Cuando Dhiren le preguntó a dónde iban, Krishan sólo le repitió las misteriosas palabras del cambio. Una hora más tarde, cruzaron el puerto sur de Shurasena, y se dirigieron a las afueras de los muros de la antigua ciudad. Allí se encontraron con una larga caravana de peregrinos que acababan de llegar del desierto. Tan pronto como los peregrinos se fijaron en Dhiren, desmontaron de sus camellos y se dirigieron al carro. Todo el hielo se había ya derretido, pero Dhiren vendió más vasos de limonada que en los tres meses anteriores. Con el éxito, la sonrisa y la confianza volvieron al joven. Al acabar el día, Dhiren era otro hombre, seguro de sí mismo, y sin miedos para el futuro. Buscó entre los peregrinos para expresar su agradecimiento a Krishna, pero este había desaparecido. La noche cayó y Dhiren se dio cuenta de que, a pesar de que las estrellas no habían cambiado, su vida se encontraba ahora en un mundo diferente. Fuente
Los guaraníes cuentan que la luna, Yacy, paseaba desde siempre por los cielos nocturnos, observando curiosa los bosques, las lagunas, el río y los esteros desde lo alto. Cada día contemplaba su belleza como una niña que está conociendo el mundo por primera vez. Sin embargo, a sus oídos fueron llegando los relatos de quienes habían visitado el mundo y que le iban contando de la vida de los animales, de la belleza de las flores, del canto de los grillos, el piar de las aves, del sonido del río… y la luna fue tornándose cada vez más curiosa y con deseos de visitar la tierra. Así que un día se decidió y, junto con Araí, la nube, fue a pedirle autorización a Kuaray, el Sol, para que las dejase bajar un día a la tierra para así poder contemplar de cerca las bellezas del mundo. El dios Sol se mostró reacio a dejarlas partir, pero por fin cedió y las dejó marchar. Sólo les impuso una condición: en la tierra serían vulnerables a los peligros de la selva como cualquier humano, aunque también serían invisibles para estos. Luego las dejó partir. Fue así como la luna, Yacy, llegó un día a la tierra. Y junto con Araí fueron visitando los lugares que veían desde las alturas, maravillándose a cada paso. Observaron de cerca como las arañas tejían sus redes, sintieron el frío del agua del río, tocaron la tierra roja con sus manos. Tan absortas en su mundo estaban ambas diosas que no se percataron de la acechanza de un yaguareté que las seguía de cerca. El felino estaba hambriento y quería comer, por lo que en un momento largo el zarpazo para atrapar a las mujeres. En el momento justo cuando estaba por alcanzarlas, el animal fue alcanzado por una flecha lanzada por un joven cazador guaraní, que justo pasaba por el lugar, y que sin saberlo, salvó la vida de las diosas. El joven cansado por la búsqueda, pero feliz por su conquista, decidió descansar al pie de un árbol, antes de regresar a la tribu. Y entonces se durmió. Y en sus sueños fue visitado por las diosas que, vestidas de blanco, le hablaron con cariño. Yacy le dijo que como símbolo de gratitud, cuando llegue a su tribu, encontrará un arbusto a la entrada que nunca antes había visto. Le dijo como hacer con sus hojas para preparar una infusión que uniría a las personas de todas las tribus, como símbolo de hermandad y de confraternidad. Cuando se despertó y volvió con su gente, el joven cazador vio el arbusto a la entrada del campamento y siguiendo las instrucciones que la diosa le dio en sueños, el muchacho buscó una calabaza hueca, picó las hojas del arbusto, las puso dentro y llenó el cuenco con agua. Luego, con una pequeña caña tomó la bebida. Inmediatamente compartió la infusión con la gente de la tribu que observaban curiosos es trabajo del cazador. La calabaza fue pasando de mano en mano, y todos fueron tomando la infusión. Así nació el mate, que une a las personas, que es un símbolo de paz y confraternidad. Y que fue un regalo de la luna a los hombres para que compartan vivencias, para que fomenten su amistad, o para que disfruten un silencio compartido. Fuente
El poder de la mente…, ¡cuántas páginas se habrán escrito sobre este tema! Desde el punto de vista místico o científico, la mayoría de los seres humanos no dudan que nuestro cerebro tiene propiedades curativas sobre el cuerpo. Ahora bien, también los hay que extrapolan este “poder” al exterior, como si se tratara de un dispensador de potente energía, una energía capaz de mover y/o doblar las cosas (la telequinesis). Ejemplo de ello ha sido (y es para algunos) Uri Geller, un ilusionista que supuestamente era capaz de doblar cucharas con el poder de su mente. Su estreno fue en un programa en Israel, en 1974, donde con sólo sostener una cucharada entre su dedo pulgar e índice y mirarla fijamente, ésta acaba doblándose y partiéndose. Asimismo, realizó “proezas” en directo, por televisión y para todo el mundo: aparentemente -en el programa de TVE, Directísimo, presentado por José María íñigo- dobló las cucharas del público asistente al programa y de las personas que en su casa las hubieran colocado encima del televisor. Cuentan que se recibieron cientos de llamadas afirmando que “el truco” era real. ¿Sugestión colectiva? Su fama creció como la espuma. * El hombre probeta. Lo que sí es cierto es que un investigador estadounidense, Puharich, sometió a Uri a varias pruebas científicas. La primera fue propuesta por el ilusionista. Pidió al experto que pensara tres números. Antes incluso de que terminara de pensarlos, Uri ya los había escrito en el bloc de notas. Éste quedó impresionado. Además fue testigo de como el joven provocaba un aumento del calor en los termómetros o de cómo se movían las agujas de una brújula con tan sólo acercarse. Puharich creía ciegamente en Geller y estaba seguro de encontrarse ante un caso único y real de psicokinesis - poder sobre la materia-. No obstante, el ilusionista prefería la fama y el dinero, por lo que realizó numerosas giras europeas donde, con grandes dotes de actor, sorprendía a los asistentes con sus extraordinarias cualidades psíquicas. Aún así, Puharich le convenció de que debía seguir sometiéndose a nuevos test, por lo que científicos tales como Ed Mitchell, el astronauta que viajó a la Luna, Wernher von Braun, el inventor del cohete V-2, o el físico Gerald Feinberg, escudriñaron sus habilidades, obteniendo resultados asombrosos. * Carrera truncada. La prometedora carrera de Uri Geller se vio truncada por el artículo publicado en la revista Time, en 1973, donde se afirmaba que sus “trucos” podían ser reproducidos por otros dos magos ilusionista del momento, Charles Reynolds y James Randi. Desde entonces, han sido cientos de personas las que han intentado desenmascarar al supuesto estafador. Aunque el reportaje data de esta fecha, en España, dos años después, sorprendió (y mucho) -como mencionamos anteriormente- a todo un país. ¿Realidad o estafa?… Sólo Uri Geller conoce la verdad. link:

Probablemente uno de los continentes más misteriosos y relacionados con la magia, la brujería y los ritos ancestrales sea África, un lugar donde el satanismo y el culto al diablo está bastante generalizado. Es tal la variedad de culturas, tradiciones y tribus extendidas por su territorio que es imposible generalizar algo sobre los cultos africanos. Sin embargo, eso sí, cualquier culto africano tiene dos características comunes: el prepararse para la vida, y el modo de enfrentarse a la muerte mediante sacrificios. Aún así, estas dos semblanzas de sus ritos pueden variar bastante de un país a otro. Uno de los ritos tradicionales místicos más conocidos es el del Gre-Gre, un proceso por el que se prepara a los muchachos en el camino de la vida, para convertirlos en hombres, mediante una serie de actos por los que esos chicos adquirirán las creencias de su raza y el sentimiento de pertenencia a su tribu. Sin embargo, se trata de un proceso largo y, sobre todo, duro y para nuestras creencias, brutal. El maestro Gre-Gre, elegido entre los ancianos de la tribu, se hará cargo de los muchachos en edad de pasar por estas pruebas, seleccionará un lugar apartado en medio de la selva, al que se conocerá como bosque del diablo, y establecerá allí la comunidad. Será un lugar prohibido para la tribu, señalizado con cañas y hojas de palmeras pero rodeados de objetos mágicos que serán enterrados en los alrededores para proteger el lugar. Allí, en algún lugar de ese bosque del diablo, se enterrará un fetiche y se plantará un árbol, el árbol de kapok, quedando consagrada así la Comunidad Gre-Gre. Las ceremonias de constitución del Gre-Gre se inician en el mismo pueblo, con danzas, máscaras y un jefe portando unas fauces de un cocodrilo que representan al diablo de los Gre-Gre. A este diablo, los padres de los chicos le otorgan sus presentes, proceso en el que el jefe que porta la máscara, entre bailes, reafirma su deseo de comerse a los niños, y de devolverlos años después totalmente cambiados. Los chicos tocan las fauces, como símbolo de ser tragados por el diablo, y, finalmente, marchan hacia el bosque con el diablo y sus bailarines se marchan al bosque. Desde ese instante, los chicos son considerados que han muerto y que desaparecen de sus vidas para siempre. Comienza para ellos las pruebas que les llevarán a convertirse en hombres. Pruebas brutales e inhumanas, como la circuncisión o el tatuaje. Éstos comienzan por la nuca y se hacen por toda la espalda, los hombros, brazos y piernas, hasta quedar totalmente cubiertos de cicatrices. Finalmente, encima de éstas, son untados en pimienta, para así hacer frente como hombres, al sufrimiento. Cuando demuestran su virilidad, será cuando comience su enseñanza, cada uno en la labor más apropiada, especializándolos en diferentes campos según sus aptitudes, al mismo tiempo que se les enseña las creencias de la tribu. Todo este proceso de aprendizaje dura unos cinco años, y a su vuelta a la tribu, las ceremonias son tan fastuosas y exóticas como las que se hicieron cuando se marcharon, con nuevas danzas, trajes y regalos. A los diablos recién llegados de la selva, los padres les regalan ropas, que se llevan al interior del bosque donde se visten para volver ya, finalmente, como hombres pertenecientes a la tribu. Desde el día siguiente del regreso, estos muchachos empiezan ya a cumplir con sus nuevas obligaciones en la tribu. No es más que un ejemplo de los muchos ritos y tradiciones que siguen en África, un lugar místico, exótico y puede que para nosotros, incomprensible. [fuente

Bueno vagando por internet encontre este articulo. realmente quede asi >>> En muchos estados de EE.UU., la Patrulla de Caminos lleva 2 galones de Coca Cola en su coche para quitar la sangre que queda sobre el pavimento después de haber ocurrido un accidente. Puedes poner un filete de carne en una plato lleno de Coca Cola y éste desaparecerá en dos días. Para limpiar un inodoro: Vaciar una lata de Coca Cola dentro de la taza y déjala durante una hora, luego tira de la cadena. El ácido cítrico de la Coca Cola, quita las manchas de la porcelana. Para quitar las manchas de óxido de cromo de los parachoques de los coches: Frotar con un trozo de papel de aluminio, mojado en Coca Cola. Para limpiar la corrosión en los terminales de la batería de tu coche vierte una lata de Coca Cola sobre los terminales y las burbujas se llevarán la corrosión. Para aflojar un tornillo oxidado: Aplicar al tornillo un trapo empapado en Coca Cola durante varios minutos. Para quitar manchas de grasa de la ropa: Colocar la ropa dentro de la lavadora, vaciar encima una lata de Coca Cola, agregar el detergente y lavar con el ciclo completo. La Coca Cola soltará las manchas de grasa. También es muy útil para limpiar un parabrisa de coche que esté sucio del camino. El ingrediente activo en la Coca Cola es ácido fosfórico. Su PH es 2.8. Esto disuelve un clavo en unos 4 días. El ácido fosfórico es dañino para calcio de los huesos y es uno de los mayores contribuyentes al aumento de la osteoporosis. Para transportar el concentrado de Coca Cola, los camiones comerciales deben disponer de la tarjeta de "material peligroso", reservada para materiales altamente corrosivos. Los distribuidores de Coca Cola han estado usándolo para limpiar los motores de sus camiones desde hace 20 años. FUENTE