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Tercera y última entrega del fragmento de "Civilización" 1º parte: 2º parte: Por Kenneth Clark Carlomagno es el primer gran hombre de acción que emerge de las tinieblas desde el hundimiento del mundo romano. Convertido en objeto de mito y leyenda, un magnífico relicario de Aquisgrán, hecho unos quinientos años después de su muerte para albergar un trozo de su cráneo, expresa lo que la alta Edad Media pensaba de él en términos que él mismo habría apreciado, oro y joyas. Pero el hombre real, de quien sabemos mucho por un biógrafo contemporáneo, no estaba muy lejos del mito. Era un personaje imponente, de más de seis pies de estatura y penetrantes ojos azules; sólo que tenía una vocecilla chillona y bigotes de morsa en vez de barba. Fue un administrador incansable. Las tierras que conquistó, Baviera, Sajonia, Lombardía, fueron organizadas muy por encima de las posibilidades de una época semibárbara. Su imperio fue una construcción artificial que no pudo sobrevivirle. Pero la vieja idea de que él salvó la civilización no anda tan descaminada, porque fue a través de él como el mundo atlántico restableció contacto con la cultura antigua del mundo mediterráneo. Hubo grandes desórdenes tras su muerte, pero no más salvaciones por un pelo. La civilización había salido adelante. ¿Cómo lo hizo? En primer lugar, con la ayuda de un maestro y bibliotecario excepcional llamado Alcuino de York, recogió libros y los hizo copiar. Pocas veces nos damos cuenta de que solamente tres o cuatro manuscritos antiguos de los autores latinos existen todavía: todo nuestro conocimiento de la literatura antigua se debe a la tarea de recolección y copia que se inició bajo Carlomagno, y casi todos los textos clásicos que llegaron hasta el siglo VIII han llegado hasta hoy. Al copiar esos manuscritos, sus copistas crearon el más bello tipo de letra que se haya inventado nunca; y también el más práctico, de modo que cuando los humanistas del Renacimiento quisieron encontrar un sustituto claro y elegante de la enmarañada letra gótica, resucitaron la carolingia, que es la que, más o menos con la misma forma, ha sobrevivido hasta hoy. Como la mayoría de los hombres de talento que han tenido que educarse penosamente, Carlomagno era vivamente consciente del valor de la educación, y en particular apreciaba la importancia de un laicado educado. Promulgó una serie de decretos para lograr ese fin. Pero las palabras de esos decretos son reveladoras: “En toda sede episcopal se impartirá instrucción en los salmos, notación musical, canto, el cómputo de los años y estaciones y gramáticas”. “¡El cómputo de los años y estaciones!” Todavía se estaba muy lejos de lo que entendemos por una educación liberal. La adopción por Carlomagno de la idea imperial le llevó a mirar no sólo hacia la civilización antigua sino también hacia su extraña existencia póstuma en lo que nosotros llamamos el imperio bizantino. Hacía cuatrocientos años que Constantinopla era la ciudad más grande del mundo, y la única donde la vida había proseguido más o menos intocada por los nómadas. Era una civilización con todas las de la ley, productora de algunos de los edificios y obras de arte más perfectos de todos los tiempos. Pero estaba casi incomunicada con Europa occidental, en parte por la lengua griega, en parte por una diferencia religiosa, sobre todo porque no quería mezclarse en los feudos sangrientos de los bárbaros de Occidente: ya tenía bastante con los suyos de Oriente. Un poco de su arte había logrado filtrarse y había servido de modelo a las primeras figuras que aparecen en manuscritos del siglo VIII. Pero en conjunto Bizancio estaba más alejado de Occidente que el Islam, que había establecido una base de vida intelectual avanzada en el sur de España. Ningún emperador de Oriente había visitado Roma en los últimos trescientos años, y cuando Carlomagno, el gran conquistador, fue allí en el 800 el Papa le coronó como cabeza de un nuevo Sacro Imperio Romano, pasando por alto el hecho de que el emperador nominal reinaba en Constantinopla. Más tarde se oyó decir a Carlomagno que el famoso episodio había sido un error, y tal vez tuviera razón, porque dio al Papa una pretensión de supremacía sobre el emperador que fue causa o pretexto de guerra durante tres siglos. Pero los juicios históricos son muy peligrosos. Quizá fuera precisamente la tensión entre los poderes espiritual y mundano a lo largo de toda la Edad Media lo que mantuvo viva a la civilización europea. Si uno u otro hubiera logrado el dominio absoluto, es posible que la civilización se hubiera estancado como las civilizaciones de Egipto y Bizancio. Al regresar de Roma, Carlomagno pasó por Rávena, donde los emperadores bizantinos habían erigido y decorado una serie de edificios espléndidos que no iban nunca a visitar. Vio los mosaicos de Justiniano y Teodora en la iglesia de San Vital, y se dio cuenta de lo deslumbrante que podía ser un emperador (añadiré que él nunca vestía otra cosa que un manto franco azul y liso). Y de vuelta en su residencia de Aquisgrán (se había instalado allí porque le gustaba nadar en los manantiales de agua templada) decidió construirse una réplica de San Vital como capilla palatina. No podía ser una réplica exacta; su arquitecto, Eudes de Metz, no había captado toda la complejidad del edificio antiguo. Pero cuando se piensa en las toscas obras de piedra que lo precedieron, como el baptisterio de Poitiers, es una hazaña de lo más extraordinario. Claro está que los artesanos, como las columnas de mármol, vinieron de Oriente porque, bajo Carlomagno, Europa occidental estaba una vez más en contacto con el mundo exterior. Incluso recibió un elefante de parte de Harún-al-Rashid, el de las Mil y una noches, llamado Abbul Abuz: murió en el curso de una campaña en Sajonia, y de sus colmillos se hizo un juego de piezas de ajedrez, algunas de las cuales se conservan todavía. Como rector de un imperio que se extendía desde Dinamarca hasta el Adriático, Carlomagno acumuló tesoros de todo el mundo conocido; joyas, camafeos, marfiles, sedas preciosas. Pero al final serían los libros lo más importante: no sólo los textos sino las ilustraciones y encuadernaciones. En ambas artes había una larga tradición técnica, y en ambas se hicieron obras maestras por influencia del renacimiento carolingio. No ha habido nunca libros más espléndidos que los ilustrados para la biblioteca de la corte, y enviados como regalos a toda Europa occidental. Muchas de las ilustraciones se basaban en modelos antiguos tardíos o bizantinos, cuyos originales se han perdido. Como los textos de la literatura romana, sólo los conocemos a través de sus imitaciones carolingias. Lo más curioso son las páginas que se derivan del estilo de la pintura mural antigua: aquellas fantasías arquitectónicas que se extendieron por todo el mundo romano, desde España hasta Damasco. En su tiempo, aquellos libros eran tan preciosos que se estableció la costumbre de dotarlos de las encuadernaciones más ricas y complicadas. Normalmente tenían la forma de una placa de marfil rodeada de oro martillado y piedras. Todavía se conservan algunas así, pero incluso allí donde el oro y las joyas han sido robados quedan las placas de marfil; y en algunos aspectos estas pequeñas piezas de escultura son la mejor indicación que poseemos de la vida intelectual de Europa durante casi doscientos años. De la disgregación del imperio de Carlomagno nació algo semejante a la Europa que conocemos. Francia al oeste, Alemania al este y Lotaringia o, como diríamos ahora, Lorena, una faja de tierra contenciosa entre ambas. Ya en el siglo X correspondía el predominio a la parte alemana bajo los príncipes sajones, los tres Otones que fueron sucesivamente coronados emperadores. Los historiadores suelen considerar al siglo X casi tan oscuro y bárbaro como el VII. Ello se debe a que lo contemplan desde el punto de vista de la historia política y la palabra escrita. Si leemos lo que Ruskin llamaba el libro de su arte recibiremos una impresión muy escrita, porque, en contra de lo que cabría esperar, el siglo X produjo obras tan espléndidas y técnicamente perfectas, tan delicadas incluso, como cualquier otra época. No será la última vez que, al estudiar la civilización, observemos lo difícil que es establecer un paralelo entre arte y sociedad. La cantidad de obras de arte es asombrosa. Los mecenas regios como Lotario y Carlos el Calvo encargaban numerosos manuscritos con cubiertas preciosas y los enviaban como presentes a otros príncipes o a eclesiásticos importantes. Una época que valoraba estos bellos objetos como instrumentos de persuasión no puede haber sido totalmente bárbara. Hasta Inglaterra, que en vida de Carlomagno yació sumida en una oscuridad provinciana, se recuperó en el siglo X y produjo obras de arte que apenas han sido igualadas en esta isla. ¿Hay algún dibujo inglés más fino que la Crucifixión que sirve de frontispicio a un salterio del Museo Británico? El rey Aethelstan no es una figura muy clara o heroica de la historia inglesa, pero su colección, que tenemos descripta con cierto detalle, habría hecho palidecer de envidia al señor Pierpont Morgan, que era muy aficionado al oro. Claro está que aquellos objetos maravillosos solían contener reliquias de los santos: era el pretexto normal para que el artista empleara sus materiales más preciosos y su mejor técnica. La idea de que basta el arte para dar espiritualidad a las sustancias materiales pertenece a una fase posterior del pensamiento medieval, pero esta utilización de lo artístico para revestir objetos de valor religioso no es sino una expresión indirecta de la misma actitud. En estos objetos esplendorosos, el apetito de “oro y gemas labradas” ha dejado de ser símbolo de valentía y ferocidad de un guerrero para emplearse para mayor gloria de Dios. En el siglo X, el arte cristiano asumió el carácter que retendría a lo largo de toda la Edad Media. Para mí, la cruz de Lotario del tesoro de Aquisgrán es uno de los objetos más impresionantes que nos han llegado del pasado remoto. Una de sus caras es una hermosa afirmación del prestigio imperial. En el centro de las piedras y la filigrana de oro figura un camafeo del emperador Augusto, una imagen del imperium mundano en su forma más civilizada. En la otra cara no hay más que una lámina de plata, pero que lleva inciso un dibujo lineal de la Crucifixión, un dibujo de tan profunda belleza que a su lado el anverso de la cruz parece vulgar. Es la experiencia de un gran artista reducida a su esencia: lo que Matisse quiso hacer en la capilla de Vence, pero más concentrado y hecho por un creyente. Hasta tal punto nos hemos acostumbrado a la idea de que la Crucifixión sea el símbolo supremo del cristianismo, que nos asombra comprobar lo tardíamente que se reconoció su poder dentro de la historia del arte cristiano. En el paleocristiano no aparece casi, y el ejemplo más antiguo, el de las puertas de Santa Sabina de Roma, está metido en un rincón, casi escondido. Sencillamente, la Iglesia necesitaba conversos, y desde ese punto de vista la Crucifixión no era un tema atractivo. Así, el arte paleocristiano se ocupa de milagros, curaciones y aspectos tan esperanzadores de la fe como la Ascensión y la Resurrección. La Crucifixión de Santa Sabina es oscura y fría; las otras pocas que se conservan de la Iglesia primitiva pretenden hacer mella en nuestras emociones. Fue el siglo X, ese período despreciado y repudiado de la historia europea, el que hizo de la Crucifixión un símbolo conmovedor de la fe cristiana. En una figura como la realizada para el arzobispo Gerón de Colonia aparece ya muy semejante a como desde entonces ha venido siendo: los brazos extendidos, la cabeza hundida, la torsión patética del cuerpo. Los hombres del siglo X no se limitaron a reconocer el significado del sacrificio de Cristo en términos físicos sino que supieron también sublimarlo en forma de ritual. La evidencia de miniaturas y marfiles muestra por primera vez una conciencia del poder simbólico de la Misa. En el manuscrito de ese siglo conocido como Códice de Uta se aprecia el esplendor oriental que los otonianos creyeron apropiado para el ritual eclesiástico. Las cuestiones teológicas están representadas visualmente con gran detalle. Ello sólo era posible dentro de una Iglesia segura y triunfante. Y contemplamos esta cubierta de libro de marfil, con sus solemnes, columnares figuras cantando y celebrando la misa. ¿No son, casi literalmente, pilares de un gran establishment nuevo? Estas obras confiadas demuestran que a finales del siglo X había en Europa una potencia nueva, mayor que ningún rey o emperador: la Iglesia. Si hubiéramos preguntado al hombre medio de la época a qué país pertenecía, no nos habría entendido; solamente habría sabido decir a qué diócesis. Y la Iglesia no fue solamente organizadora sino humanizadora también. Mirando marfiles otonianos, o las maravillosas puertas de bronce hechas para el obispo Bernardo de Hildesheim a principios del siglo XI, me vienen a la memoria los famosos versos de Virgilio, ese gran mediador entre el mundo antiguo y el medieval. Vienen después que Eneas ha naufragado en un país que teme esté habitado por bárbaros; luego, al mirar a su alrededor y ver algunas figuras esculpidas en relieve, dice: “Estos hombres conocen el patetismo de la vida, y las cosas mortales les tocan el corazón”. El hombre ya no es imago hominis, imagen del hombre, sino un ser humano, con los impulsos y temores de la humanidad, y también con su sentido moral y su fe en la autoridad de un poder superior. Para el año 1000, el año en que muchas gentes pusilánimes habían temido que se acabara el mundo, la larga dominación de los bárbaros errantes había llegado a su fin, y Europa occidental estaba preparada para su primera gran era de civilización. Este fragmento pertenece a Civilización, por Kenneth Clark. Editorial Alianza. Fuente
En Internet existe múltiples listas de este tipo. Tips o pequeños consejos, que junto con la recomendación del uso de determinados atajos de teclado pueden hacer que nuestro trabajo en Photoshop sea más eficiente. En este sentido, el listado que a continuación se presenta no es nada original. Tampoco pretende serlo, puesto que tan sólo es una selección. De entre los cientos de tips y atajos de teclado que uno puede encontrarse a poco que busque un poco, son los que yo utilizo si no en el día a día si que con bastante frecuencia. 1.- ¿Cansado del fondo gris predeterminado que rodea a las imágenes?¿Te gustaría otro color para lograr un mayor contraste con la imagen sobre la que estás trabajando? Elige el color que te gustaría como fondo, haz click en el botón de pintura y con la tecla mayúsculas presionada haz click sobre el fondo gris. 2.- En Photoshop todos los botones de "Cancelar" en cualquier ventana pueden cambiarse a "Restaurar" para volver a los valores iniciales. 3.- Presiona el tabulador para ocultar la barra de herramientas y las paletas. 4.- Presiona MAYUS+Tabulador si únicamente deseas esconder las paletas. 5.- Haz click con la tecla MAYÚSCULAS presionada sobre la barra azul superior en las paletas o barra de herramientas para que éstas se alineen con el borde más próximo a ellas. 6.- Haz doble click sobre la barra azul superior sobre cualquier paleta para minimizarla. 7.- Presiona la tecla F para alternar entre 3 modos de pantalla diferentes y así poder obtener un mayor área de trabajo. 8.- Para dibujar una línea recta, haz click en el punto inicial, muévete hasta el punto final y haz click con la tecla MAYÚSCULAS presionada. 9.- Estando trabajando con cualquier herramienta, presiona la tecla CTRL para pasar a la herramienta Mover de modo temporal. Al soltar la tecla CTRL volverás a la herramienta con la que estabas trabajando. 10.- Estando trabajando con cualquier herramienta, presiona la tecla ESPACIO para pasar a la herramienta Mano de modo temporal. Al soltar la tecla ESPACIO volverás a la herramienta con la que estabas trabajando. 11.- Presionando CTRL+ESPACIO pasas a la herramienta de Zoom en modo aumentar. 12.- Presionando ALT-ESPACIO pasas a la herramienta Zoom en modo disminuir. 13.- CTRL+D Deselecciona. CTRL+MAYUS+D vuelve a seleccionar. CTRL+MAYUS+I invierte la selección. 14.- Presiona la tecla ALT y haz click sobre el icono del ojo que hay al lado de todas las capas en la paleta de capas para ocultar/mostrar todas las otras capas. 15.- Si la capa con la que vas a trabajar está enlazada con otras capas y necesitas desenlazarla, puedes hacerlo rápidamente pulsando la tecla ALT y a continuación hacer click en el pincel que hay al lado de la capa en la paleta de capas. 16.- CTRL+ALT+Z y CTRL+MAYUS+Z van, respectivamente, hacia atrás y hacia adelante en el historial. 17.- Si tienes varios documentos abiertos, con CTRL+TABULADOR podrás ir pasando de unos a otros. 18.- Doble click en la herramienta de zoom hará la imagen al 100 %, doble click en la herramienta mano ajustará la imagen al espacio disponible, dependiendo de la resolución de tu pantalla. 19.- CTRL+MAYSU+E combinará todas las capas visibles. Sobre una capa nueva utiliza CTR+MAYUS+ALT+E para combinar todas las capas visibles en ésta y dejar intactas las originales. 20.- Al utilizar el marco de selección, presiona la tecla ALT al iniciar la selección para que el punto de partida sea el centro de la selección. 21.- CTRL+ALT+T para hacer una copia de la capa que deseas transformar. 22.- Presionando X se alternarán los colores frontales y de fondo seleccionados. 23.- Presionando D se reestablecerá el color frontal y de fondo a negro y blanco. 24.- Presiona CTRL y haz click sobre la miniatura de una capa para seleccionar su contenido. 25.- Cuando utilizas el Lazo Poligonal presiona la tecla MAYUSCULAS para realizar líneas perfectas en ángulos de 45 grados. 26.- Las combinaciones de teclas CTRL+'+' y CTRL+'-' sirven para aumentar el zoom y reducir el zoom respectivamente. 27.- Con la herramienta Cuentagotas puedes capturar un color frontal haciendo click, puedes capturar un color de fondo haciendo click con la tecla ALT presionada. 28.- Con la herramienta de Medición dibuja una línea. A continuación presiona la tecla ALT para dibujar otra línea a continuación de la primera. Photoshop, además de medir la distancia de esta segunda línea, mostrará el ángulo que forman ambas líneas. 29.- Si estás editando texto puedes aumentar el tamaño del texto sin necesidad de recurrir a la paleta. Selecciona el texto sobre el que deseas cambiar el tamaño y presiona CTRL+MAYUS+'+' para aumentar el tamaño y CTRL+MAYUS+'-' para disminuir el tamaño. 30.- La Herramienta de Tampón de clonar también funciona cuando tienes varias imágenes abiertas al mismo tiempo. Presiona ALT y haz click en un área de cualquier imagen de un archivo abierto y posteriormente puedes pintar en cualquier otro documento. Fuente

Wilhelm Steinitz fue el primer campeón mundial de Ajedrez, algunos historiadores dicen que tal atribución fue una excentricidad del genial jugador, otros que el título era oficioso, y otros mencionan que al superar al entonces considerado mejor jugador, el alemán Karl Ernst Adolf Anderssen, era mérito suficiente para ostentar el título de Campeón Mundial de Ajedrez. Posteriormente, Lasker, Capablanca y Alekhine fueron los campeones mundiales sucesivamente, sin una clara definición de como debía realizarse la competencia por el título absoluto de Ajedrez. Siendo así que cada Campeón manejaba el título a su manera, es decir seleccionando rivales, disponiendo del monto de los premios y sistema de puntos. Esto conllevo a que por ejemplo, el empate en determinadas cantidad de partidas, permitía al campeón mantener el título, o que a veces el campeón no quisiera jugar con tal o cual rival. Asimismo el retador, debía conseguir los premios, sucediendo que a veces, , aumentará el valor de la bolsa el propio campeón, dificultando a su rival aún más la carrera por el título. Lasker quizás fue el jugador que más insistió en el tema de los premios porque su cuna pobre y ver a su predecesor Steinitz morir en la extrema pobreza, lo llevaron a esquivar torneos y match con bolsas exiguas. Alekhine, quizás el más teórico de todos estos gigantes, es el único campeón, hasta la fecha, que muere ostentando el título. Fallece el 24 de marzo de 1946 y con él, los restos de una etapa de la historia del Ajedrez, que como muchos libros mencionan: LA LEY DE LOS CAMPEONES. Hasta ese momento, la F.I.D.E (Fédération Internationale des Échecs) es decir la Federación Internacional de Ajedrez, tuvo poca injerencia en la metodología de como disputar la competencia por los títulos mundiales y sobre los rivales del campeón. Si bien fue fundada en el año 1924, en París (Francia), se involucra directamente en la organización del Campeonato del Mundo a partir de la desaparición de Alekhine. Así las cosas, la FIDE, organiza un campeonato a cinco vueltas con los entonces considerados mejores jugadores de Ajedrez. El torneo se realiza en la Haya, en el año 1948 y resulta victorioso Mikhail Botvínnik, secundado por Smyslov, ambos representantes de la ex-U.R.S.S. El norteamericano Reuben Fine también había sido invitado pero rechazo participar. Comienza así un largo período donde los campeones fueron exclusivamente originarios de la entonces Unión Soviética, hasta la llegada de Bobby Fischer, quién replantea el sistema para llegar a retar el campeón, considerando asimismo lo que representaba Fischer para el Ajedrez a nivel mundial en ese contexto. La FIDE entonces adaptó las reglas de eliminación por match y es así que Fischer logra ser campeón mundial venciendo a Spassky en Islandia, posteriormente el título pasa a manos de un joven Anatoly Karpov, que llega a campeón sin jugar ninguna partida, debido a que Fischer exigía ciertas condiciones que la FIDE como ente organizador no acepto, por ello dispone coronar a Karpov como Campeón mundial oficial y ante la renuncia de Fischer por disputar el match. Otro hecho que hizo sacudir a la FIDE fue la renuncia de Kasparov, en el año 1993, que disputo el título de manera oficiosa con el Inglés Short, candidato al título, por afuera de la organización mundial. Sin embargo, la FIDE continuó organizando sucesivamente toda competencia oficial, aggiornando sus sistemas de competencia y reglas, y nucleando a todas las federaciones afiliados a nivel mundial. Fuente
Por Adrián Paenza Le propongo pensar el siguiente problema: se tiene una torta y tres personas para comerla. Ninguno quiere comer menos que los otros. No hay forma de “medir” para saber con exactitud cómo generar tres porciones iguales, por lo que hay que elaborar una estrategia que permita que los tres queden satisfechos. ¿Cómo hacer? Antes de avanzar: este problema, que parece totalmente irrelevante, puede adquirir impensada actualidad. Por ejemplo, si tres países se disputaran una porción de tierra, ¿cómo hacer para dividirlo de manera tal que no se genere un conflicto entre ellos? O bien podría ser que hubiera que dividir una herencia entre tres personas y se trata de poder hacer una distribución que los deje contentos a los tres. Estoy seguro de que usted puede aportar más y mejores ejemplos. Pero lo que surge de estos casos es que lo que parece totalmente inocuo e irrelevante, en realidad, lo es dentro del contexto de tener que cortar una torta, pero puesto en otro escenario, en otras condiciones, tener una estrategia que satisfaga a todos los que intervienen ya no es algo tan trivial. Y aunque no lo parezca en la percepción que tiene hoy mucha gente, elaborar esa estrategia también es hacer matemática. El problema de la torta es un clásico dentro de la matemática. Hay mucha literatura escrita y hay soluciones de diferente tipo. Yo voy a presentar acá sólo uno de ellas, que no es ni la mejor ni la única. Es sólo una de las tantas conocidas. Y, por supuesto, no es una idea mía, sino una respuesta que se conoce desde hace mucho tiempo. Antes de dejarla/o sola/o con usted mismo, quiero proponerle –para empezar– que piense un problema un poco más sencillo. Es muy parecido al problema original, sólo que en lugar de suponer que hay tres personas para comer, suponga que en principio hay sólo dos. Es decir, se trata de dividir la torta en sólo dos porciones que dejen contentos a los comensales. La idea es tratar de cortarla de manera que la división sea “justa” en el sentido de que ninguno de los dos tenga nada para decir. ¿Cómo hacer? La solución a este problema es relativamente sencilla (¿quiere pensarla usted por su lado si no estaba advertido del problema?). Sigo yo: la idea es que uno de los dos se ocupe de cortarla en dos partes y el otro comensal decide con cuál de las dos porciones se queda. Esta parece una solución justa, equitativa: “uno corta, el otro elige”. Ahora, vuelvo al problema original: si en lugar de ser dos comensales, hay que distribuirla entre tres, sin que ninguno pueda reclamar nada, ¿cómo hacerlo? Acá lo dejo pensar a usted. Se trata entonces de ser capaz de elaborar una estrategia que deje contentos a todos. No es fácil. Pero tampoco imposible. Solución Voy a llamar A, B y C a los tres comensales. Le pido un favor: lea con cuidado lo que sigue y no se conforme con entender lo que dice nada más. Piense si usted está de acuerdo con lo que está escrito, y si lo siente o percibe como una división justa. Para empezar, uno de los tres corta la torta. Le damos esa responsabilidad a A. Como A es el que la cortó, y se supone que lo hace con el mayor cuidado posible, tratando de ser justo en la división, uno podría dejarlo para el final cuando haya que elegir. Es decir: una vez que hayan elegido sus porciones B y C, A se quedará con la última. Y eso no tendría que generarle ningún conflicto, porque A debió tomar todas las precauciones como para que, en el caso de que él fuera el último en elegir, todos los trozos que él hizo de acuerdo con su apreciación sean iguales. Esto es importante de señalar, porque la discusión entonces pasará por saber qué hacen B y C con la torta. En este punto uno toma una decisión: ¡A será el último en elegir! Ahora, sólo falta decidir si B o C eligen primero. La estrategia sigue así. Lo dejamos a B que mire primero la torta. Si B supiera que él va a ser el primero en elegir, entonces no debería preocuparle si la división que hizo A de la torta fue justa o no. B elegiría primero y listo. Pero todavía no lo sabe. Entonces, como podría ser que B tuviera que elegir segundo, uno le propone que siga estos dos pasos: 1 Si B ve que hay dos porciones igual de grandes, como para que si él tiene que elegir segundo no se tenga que quedar con una porción más chica, no debería importarle dejarlo elegir primero a C. Entonces, en este caso, el orden de la elección es: primero elige C segundo elige B último elige A 2 Podría pasar que B no estuviera cómodo eligiendo segundo, porque él piensa que C se va a quedar con la porción más grande. Es decir, B advierte que hay una porción más grande que las otras dos y, por lo tanto, si él tiene que elegir segundo supone que C se va a llevar la mejor parte. En este caso, uno le pide a B que marque las dos porciones que él considere más chicas y que le ceda la decisión de qué hacer a C. Pero C –obviamente– no elige primero, sino que inspecciona la torta como hizo antes B. Si él se siente cómodo con elegir segundo (o sea, a C le parece que hay por lo menos dos porciones igualmente grandes y por lo tanto no le importaría que B elija antes), entonces, el orden es el siguiente: B elige primero C elige segundo A elige último Pero podría suceder que así como le pasó a B (que tuvo que marcar las dos porciones más chicas), a C le pase lo mismo. O sea, que él no quiera elegir segundo. ¿Por qué podría pasar esto? Porque C cree que hay una porción que es más grande que las otras, y si él elige segundo, B se la va a llevar. Entonces, igual que en el caso anterior, uno le pide a C que marque las que él cree que son las dos porciones más chicas. Un breve resumen. Se llegó a esta situación porque tanto B como C no quisieron aceptar elegir segundos, y eso derivó en que marcaran lo que para cada uno de ellos eran las dos porciones más chicas. Como cada uno marcó dos de las tres porciones, esto significa que debieron coincidir en al menos una de ellas como la más chica (piense usted por qué sucede esto). Y ahora ya falta muy poco. Justamente esa porción que los dos coinciden en ver como la más chica es la que separan y le dan a A. Obviamente, A no puede decir nada, porque él fue el que cortó la torta originalmente. Ahora, quedan solamente dos porciones. Pero, también, solamente quedan dos comensales: B y C. Entonces se juntan las dos porciones, como si formaran una nueva torta, y proceden como en el caso de dos comensales que planteé al principio. Por ejemplo B corta por lo que él considera que es la mitad, y C es el que elige primero. O al revés: C corta en dos, y B elige primero. Y esto pone punto final a la distribución. No importa cómo hayan sido los cortes originales de A, la estrategia pone a los tres en igualdad de condiciones. Y de eso se trataba, de evitar un conflicto y de ser justo en la repartición. Este modelo de la matemática es obviamente utilizable en cualquier situación que requiera de una partición en tres partes iguales en la vida cotidiana. Pregunta final: si en lugar de haber dos o tres comensales hubiera más... ¿cómo se hace? ¿Hay una estrategia para esos casos también? La respuesta es que sí, que la hay, pero ya escapa al espacio que tengo para este artículo. Fuente

2009: AÑO INTERNACIONAL DE LA ASTRONOMIA Tras la huella... Por Mariano Ribas Suspiros de metano, tan patentes como localizados: muy a su modo, Marte nos está dando algunas señales. Algo está pasando por debajo de sus gélidos y oxidados suelos anaranjados; un proceso subterráneo está fabricando metano a un ritmo moderado pero sostenido. Y ese gas, luego, parece filtrarse por la corteza marciana, hasta llegar a la atmósfera. A decir verdad, la existencia de parches de metano en la atmósfera de Marte fue detectada hace algunos años. Sin embargo, esas primeras observaciones fueron un tanto crudas e incompletas. Ahora, un grupo de científicos de la NASA (con la colaboración de investigadores de una universidad estadounidense) acaba de presentar datos precisos y contundentes: el metano está y se concentra claramente sobre tres regiones del planeta rojo. Regiones que, además, esconden mantos de hielo por debajo de la superficie. Y probablemente, de agua líquida. El anuncio pegó fuerte en la comunidad astronómica y en todos los medios especializados. Pero ¿por qué tanto revuelo con este sencillo hidrocarburo? La respuesta está en su origen: el metano marciano sólo podría formarse a partir de procesos geológicos o biológicos. Y si bien todavía es demasiado temprano para confirmar una u otra hipótesis (o tal vez ambas), con prudencia, y silbando bajito, no sería nada descabellado ponerles algunas fichas a los marcianos. Microbios, sí, pero marcianos al fin. Marte ataca Los primeros anuncios verdaderamente confiables sobre la existencia de metano (CH4) en Marte son muy recientes. Durante 2003 y 2004, las observaciones y análisis espectrales de la luz del planeta realizados con algunos supertelescopios (el Gemini Sur, en el Norte de Chile, y los Keck I y II, en Hawaii) mostraron sutiles “huellas” del gas en la atmósfera marciana. Más importantes aún fueron los aportes de la sonda espacial europea Mars Express, que desde entonces está en órbita alrededor del planeta. Por empezar, el espectrómetro de la nave comprobó que el vapor de agua se distribuye en forma uniforme (aunque escasa) en toda la atmósfera del planeta, a alturas de 10 a 15 kilómetros. Pero curiosamente, también, detectó algunos “parches” de vapor mucho más concentrados, y a menos altura, sobre ciertas zonas ecuatoriales. Y también que en esos mismos lugares, el metano era más abundante que en el resto de la atmósfera. Como si en ambos casos, hubiese una “fuente” subterránea en común. Otra pieza del rompecabezas vino de la mano de la sonda Mars Odyssey (NASA), cuyos instrumentos confirmaban que prácticamente todo el subsuelo marciano era rico en agua congelada. Y aquellos sitios no eran la excepción, sino todo lo contrario. Hielo, vapor de agua, metano, todas las piezas encajan en el puzzle regional. Raro y sugerente, como veremos. Y bien, aquellas primeras detecciones del metano marciano no fueron poca cosa. Sin embargo, eran mediciones gruesas y pedían a gritos hilar más fino, para determinar con precisión cantidades, concentraciones y localizaciones. “El extraño caso del metano marciano” Y ahora, esos datos aparecieron: hace unos días, un grupo de científicos de la NASA, encabezados por el Dr. Michael Mumma (Goddard Space Flight Center, en Greenbelt, Maryland), presentó nuevos resultados y mapas de alta resolución que muestran un panorama mucho más claro y detallado sobre el extraño caso del metano marciano. En realidad, se trata fundamentalmente de datos provenientes de observaciones realizadas en 2003, pero que tardaron varios años en procesarse, analizarse y confirmarse. Mumma y sus colegas trabajaron con dos telescopios de película: el Keck 2 (una mole de 400 toneladas, situada en la cima del volcán Mauna Kea, Hawaii, junto a su “gemelo”, el Keck I) y el Infrared Telescope Facility (ITF). situado en el mismo lugar. La estrategia fue observar minuciosamente a Marte durante meses y meses, siguiendo su rotación diaria, que dura apenas 40 minutos más que la terrestre, y tomando espectros a modo de “tiras” verticales, Norte a Sur, sobre el planeta. Como si fuera una “ametralladora telescópica”, ambos telescopios, con sus espectrógrafos acoplados, pudieron obtener hasta 50 mediciones espectrales por minuto. Y así, lograr un perfil sumamente detallado de los compuestos químicos que forman la atmósfera de Marte. Más allá del harto conocido predominio del dióxido de carbono (95 por ciento del total de la fina atmósfera marciana), los científicos de la NASA, en colaboración con colegas de la Universidad de Hawaii, detectaron muy claros indicios de metano. Puntualmente, dos “líneas de absorción” muy marcadas en el espectro de Marte, que, justamente, se corresponden con la presencia del hidrocarburo. Y como si fuera poco, hay tres sitios donde el metano está mucho más concentrado que en el resto de la atmósfera marciana. “Las observaciones previas, especialmente las del Mars Express, nos dieron una idea general de las áreas de mayor abundancia de metano en Marte, y se apoyaban en una sola línea espectral”, reconoce Sushil Atreya, integrante del equipo de la nave europea. Y agrega: “Estos nuevos datos se apoyan al menos en dos líneas espectrales, y en general nos dan más seguridad sobre la presencia del metano”. Estar, está. Pero, al parecer, queda mucha tela por cortar. Tres zonas calientes Los nuevos mapas que determinan la presencia de metano en Marte han confirmado que el gas varía sus concentraciones de región en región, y de estación en estación. Pero lo más sustancial del trabajo de Mumma y los suyos está en las precisas mediciones e identificaciones de lo que ellos llaman las tres hot spots (“zonas calientes”). Están ubicadas apenas al Norte del ecuador de Marte, y son tres nichos de liberación activa y continua de metano: el Este de la región de Arabia Terra, el Sudeste de la antigua zona volcánica de Syrtis Major–-que, dicho sea de paso, es una de las “manchas” más fácilmente observables con telescopios en el globo marciano–, y la muy llamativa Nili Fossae, una suerte de enorme grieta superficial. “Estas son primeras evidencias definitivas de la presencia de metano en Marte, y de su distribución”, dice Mumma. ¿Y los números? Según el investigador y sus colegas, calcularon que algunas de las grandes “plumas” (nubes de gas exhaladas por el suelo marciano) contenían de 10 a 20 mil toneladas de metano. Y hay algo más que interesante: estas “plumas” se formaron durante la primavera y el verano boreales de Marte. Naturalmente, esto tiene una explicación (que vendrá más adelante). Detalle de las tres zonas de metano en marte. Imagen: NASA Un gas que “no deberia estar” Pero antes de seguir, a esta altura hay que hacer una obligada acotación: en la atmósfera de Marte no debería haber metano. O, al menos, no por mucho tiempo. ¿Y entonces? Vamos por partes. Resulta que las moléculas de metano, formadas por cuatro átomos de hidrógeno y uno de carbono, son bastante frágiles, y al poco tiempo de estar expuestas son destruidas por la radiación ultravioleta del Sol. En Marte y en la Tierra. Por lo tanto, este gas no puede tener una larga vida útil en la atmósfera marciana. A lo sumo, unos siglos. Y si a esta altura del partido sigue estando, es porque necesariamente tiene que haber alguna (o algunas) fuente que lo reponga continuamente. Una fábrica natural de metano. “En la atmósfera marciana este gas es rápidamente destruido de distintas formas –dice Mumma– así que nuestro descubrimiento de plumas de metano en el Hemisferio Norte de Marte nos indica que existe algún proceso activo que lo está produciendo y liberando.” Algún proceso activo,,,, ¿pero cuál? Hay dos maneras de producir metano: una geológica... y otra biológica. grafico que muestra la concentracion de metano en la atmosfera de marte. Imagen: NASA Geologia: ¿rocas, CO2 y agua? Veamos la variante geológica. Obviamente, es la menos espectacular, pero no por eso ni más ni menos probable. El vulcanismo es el proceso más rápido y eficaz para lanzar metano hacia una atmósfera planetaria. Pero a todas luces parece que en Marte no existen volcanes activos desde hace millones y millones de años –el caso más emblemático es el monumental Olympus Mons, un volcán de 22 kilómetros de altura, y del tamaño de Uruguay–. Además, los volcanes también lanzan otros gases que no han sido detectados. Pero en Marte podría haber otro posible y eficaz mecanismo generador de metano: las interacciones y reacciones químicas entre el agua, las rocas subterráneas y el dióxido de carbono (CO2), facilitadas por el calor interno del planeta. El metano resultante de este juego químico –que podría sostenerse durante cientos o miles de millones de años– se iría abriendo camino lentamente a través de las rocas, las grietas y poros de la superficie, hasta llegar finalmente a mezclarse con la atmósfera marciana. Quizás esto tenga algo que ver con aquellas “plumas” de metano observadas durante las estaciones “cálidas” de Marte. En esas épocas, los depósitos subterráneos del gas podrían aflorar con fácilidad al derretirse el permafrost marciano (una mezcla de tierra, roca y hielo) que en épocas frías bloquea las grietas subterráneas. Tal vez ésta sea una de las respuestas del enigma. Biologia: ¿bacterias metanogenas? Por otro lado, el metano de Marte bien podría tener un origen biológico. Microorganismos marcianos, sí. No es nada disparatado pensar en ello, dado que, aquí en la Tierra, buena parte del metano proviene del propio metabolismo de muchos organismos vivos digiriendo sus nutrientes. Por eso, el metano es un “marcador” de especial interés para la astrobiología. De más está decir que nunca se ha detectado vida en la superficie de Marte (ni en ningún otro lugar fuera de la Tierra). Allí las condiciones son absolutamente hostiles para cualquier intento biológico: nada de agua, un frío que da calambre (temperaturas promedio de 60° C bajo cero), y una atmósfera escuálida que no sólo es incapaz de regular la temperatura dentro de valores aceptables, sino que no puede filtrar la radiación solar ultravioleta, que termina pegando de lleno, destruyendo cualquier molécula compleja. Pero bajo tierra (o bajo Marte), las cosas son muy distintas: a decenas o cientos de metros de profundidad, hay protección contra la luz ultravioleta, calor, hielo y, seguramente, mucha agua líquida. Allí la vida –aunque en formas muy rudimentarias– bien podría tener su lugar y su refugio. En la Tierra existen organismos capaces de soportar condiciones extremas, y se llaman, justamente, extremófilos. Y entre ellos están las llamadas “bacterias metanógenas”, que exhalan metano como resultado de su metabolismo. En Marte, por qué no, podría pasar algo similar. Mumma traza un paralelismo posible: “En nuestro planeta hay microorganismos a 2 o 3 mil metros de profundidad, donde la radiactividad natural rompe las moléculas de agua, liberando hidrógeno que utilizan como fuente de energía”. Y subraya: “Quizás, en Marte haya criaturas similares debajo de la capa de permafrost, con agua líquida disponible, y dióxido de carbono que podrían procesar, exhalando metano”. El secreto mejor guardado Cautela. Todavía no hay manera de revelar el misterio de los suspiros de metano del planeta rojo. ¿Geología, biología, o ambas cosas combinadas? Sólo hay opiniones y están repartidas. “No tenemos la suficiente información como para saber si lo que está produciendo el metano de Marte es la biología o la geología”, advierte Mumma. Y en el mismo sentido, la NASA (www.nasa.gov) ya salió a contrarrestar todo tipo de anuncios espectaculares, como el del diario sensacionalista The Sun, que hace poco tituló Life on Mars, tergiversando intencionalmente los hallazgos. En una reciente conferencia de prensa, Michael Meyers, líder del Programa de Marte de la Agencia Espacial Europea (www.esa.int), dijo categóricamente: “Estos descubrimientos no son evidencia de vida en Marte, sino de procesos activos”. Ante una igualdad de escenarios, aquí preferimos soñar con los marcianos. Al igual que la geóloga Lisa Prat, integrante del equipo de Mumma, quien dice que todo lo observado hasta ahora parece “ligeramente más plausible para la biología, que para la geoquímica”. Tal vez la respuesta esté a la vuelta de la esquina. Y pueda venir de la mano de futuras misiones de exploración marciana, como el Mars Science Laboratory (marsprogram.jpl.nasa.gov/msl), un sofisticado vehículo robot que la NASA pondrá en tierras rojas hacia 2011. Carl Sagan dijo alguna vez que el descubrimiento de vida extraterrestre sería “el más importante de toda la historia de la ciencia”. El planeta primo hermano de la Tierra podría esconder algo grande. Pero, por ahora, sólo nos envía guiños de complicidad. Marte, y sólo Marte, sabe por qué suspira su metano. link

Como todos los años, el sitio Edge.org formula una pregunta a sus integrantes y amigos, lo más selecto de la vanguardia científica actual. La de este año fue: “¿Qué ideas disruptoras y desarrollos científicos capaces de cambiar todo espera ver antes de morir?”. Y, como cada año, Radar reproduce una selección de esas respuestas entusiastas, esperanzadoras, tenebrosas, escépticas, alentadoras y originales que envían más de 150 físicos, neurólogos, filósofos, biólogos, químicos y matemáticos, entre otros. Adelante: sepa lo que nos espera. Por Carlos Silber Observar, cuantificar, predecir, contrastar. El edificio de las ciencias se levanta y mantiene gracias a estos cuatro pilares básicos que en equilibrio justo con la deducción conforman el método científico. Fue Galileo hace 400 años quien al fin, después de tanta fe ciega en Aristóteles y vigencia del argumento de autoridad, un día salió de su casa con estas cuatro llaves para ingresar de lleno en la naturaleza y comprenderla de cuajo. Si Darwin abusó y desgastó el acto de observar (y anotar todo en sus diarios hiperdetallistas), Einstein ganó su fama en 1919 cuando sus predicciones (encapsuladas en la Teoría de la Relatividad General) coincidieron con los hechos: las observaciones realizadas durante un eclipse total de Sol habían demostrado que la luz se desvía al pasar cerca de un cuerpo masivo. Con justa o exagerada razón, la predicción muchas veces es vista como la herramienta científica más valorada, aquella capaz de aplacar momentáneamente la incertidumbre y permitir actuar con previsión. Muchos la utilizan con mesura y otros abusan de ellas. Es el caso de los futurólogos, figuras grises y dudosas como Ray Hammond y Ray “Cybernostradamus” Kurzweil, acostumbrados a delinear pronósticos tan lejanos que pocos logran vivir para chequearlos. Los científicos duros los aborrecen pero íntimamente admiran su visión extendida. Por eso, cuando John Brockman, editor estadounidense y cabeza visible del sitio-ágora de la vanguardia científica Edge.org, reveló la pregunta con la que cada año, desde 1998, le toma la temperatura al pensamiento contemporáneo, biólogos, físicos, químicos y toda clase de intelectuales de la “tercera cultura” le inundaron la casilla de mails con un rotundo “sí, ya te mando mi respuesta”. “¿Qué va a cambiar todo? ¿Qué ideas disruptoras y desarrollos científicos espera ver antes de morir?”, interrogó esta vez Brockman, quien recibió 151 respuestas brillantes, optimistas, pesimistas, breves, largas, crípticas, teóricas pero también sorprendentes como las que Radar –en su costumbre, también anual– condensa a continuación: Preguntale a internet La expansión y democratización de la Inteligencia Artificial, sin rostro pero capaz de curar el cáncer. Por Kevin Kelly Es difícil imaginar algo que cambie todo tan abruptamente como la inteligencia artificial barata y ubicua, un tipo de mente sintética que aprenda y mejore por sí misma. Este cambio podría ser cien veces más disruptivo en nuestras vidas que el poder transformador de la electricidad. Podríamos usar la IA para resolver problemas matemáticos y producir avances médicos, aunque la verdadera disrupción llegará al insertarla en máquinas expendedoras, en nuestros zapatos, libros, automóviles, e-mails. No importará cuán inteligente sea esta mente sino cuán diseminada esté. Una IA gratuita, como los archivos que se pueden descargar en la web, impulsará el comercio y la ciencia como ninguna otra fuerza que uno pueda imaginar. Residirá en la web y cuanto más use la gente la red, más aprenderá esta IA. La primera IA genuina probablemente no nacerá en una supercomputadora aislada sino en un superorganismo conformado por miles de millones de PC, ahora conocida como “la Web”. Será de dimensiones planetarias. Y cuando llegue, seguramente al principio no será reconocida como inteligente. Su ubicuidad la esconderá. No tendrá rostro y cambiará el modo en que hacemos ciencia. Y en ese momento, cambiará todo. Kevin Kelly es ingeniero, matemático y ensayista (kk.org). Fue el fundador de la revista Wired y es autor del clásico Out of Control: The New Biology of Machines, Social Systems, and the Economic World. Soy el remedio y la receta La genómica personal: remedios a la carta y el fin de las enfermedades Por Steven Pinker Tengo poca fe en la habilidad de cualquiera para predecir qué evento cambiará todo. Una mirada a la futurología del pasado revela un gran número de ejemplos de predicciones acerca de revoluciones tecnológicas que nunca ocurrieron, como ciudades abovedadas o autos propulsados por energía nuclear. Para 2001, de acuerdo a la película que lleva ese nombre, deberíamos haber tenido misiones a Júpiter, animación suspendida, computadoras con rasgos humanos. ¿Y recuerdan la televisión interactiva, la heladera con internet, la oficina sin papeles? La tecnología puede llegar a cambiar todo, pero es imposible predecir cómo. Sus efectos dependen no sólo de lo que hacen los gadgets sino del juicio y análisis de millones de personas sobre sus costos-beneficios. Pero si insisten... El año pasado fue el de la introducción de la genómica directa al consumidor. Y se lanzaron nuevas compañías. Se puede conseguir de todo, desde una secuenciación completa del genoma (por 350 mil dólares) a un listado de riesgos de enfermedades e información ancestral. Algunos de los resultados posibles de esto podrían ser: la medicina personalizada (las drogas se prescribirán de acuerdo al background molecular del paciente), el fin de varias enfermedades genéticas, el fin de la “genofobia” de varios académicos cuyas doctrinas serán cada vez más inverosímiles al ritmo en que las personas aprenden sobre los genes que afectan su temperamento y cognición. Pero de nuevo: tal vez esto no suceda. El estadounidense Steven Pinker es psicólogo experimental y científico cognitivo. Es autor de El instinto del lenguaje, Cómo funciona la mente, Palabras y reglas y La tabla rasa. Un cerebro WiFi Radiotelepatía: la comunicación directa de sentimientos y pensamientos de cerebro a cerebro. Por Freeman Dyson Asumo que algunos de mis nietos vivirán lo suficiente como para ver cómo la genética y la biología molecular se vuelven dominantes en los próximos 50 años y cómo la neurología alterará las reglas de juego de la vida humana de manera drástica, no bien desarrollemos herramientas para observar y dirigir las actividades del cerebro humano desde el exterior. Un único transmisor de microondas implantado en el cerebro, por ejemplo, tiene el suficiente ancho de banda para transmitir al exterior las actividades de un millón de neuronas. Este tipo de herramientas hará posible la práctica de la “radiotelepatía”, la comunicación directa de sentimientos y pensamientos de cerebro a cerebro. Para que esto sea posible deberemos inventar dos nuevas tecnologías: la conversión de señales neurales en señales de radio y viceversa y cómo insertar microtransmisores de radio y receptores dentro del tejido de un cerebro vivo. La radiotelegrafía será un poderoso instrumento para el cambio social. Podría sentar las bases de la cooperación pacífica entre humanos en todo el planeta o podría desencadenar la opresión tiránica y reforzar el odio. Una sociedad enlazada por medio de la radiotelegrafía podría experimentar la vida humana de una manera totalmente nueva. Y también, si se extiende a animales, podríamos llegar a experimentar la alegría de un pájaro volando, el dolor de un ciervo cazado o de un elefante hambriento. Sentiremos en nuestra carne la comunidad de la vida a la que pertenecemos, lo cual nos hará mejores administradores de nuestro planeta. El estadounidense Freeman Dyson es físico del Institute of Advanced Studies y autor de The Scientist as Rebel. La Catedral de Notre-Sun El florecimiento de la tecnología solar Por Ian MCEwan Según las cuentas de los expertos, alcanzaremos el tope de la extracción de petróleo en unos cinco años. Incluso si no nos preocupa mucho el cambio climático, necesitaremos buscar alternativas para hacer funcionar nuestra civilización. Espero vivir para ser testigo del florecimiento total de la tecnología solar, que se está desarrollando a un paso excitante con el ingreso de la nanotecnología y la fotosíntesis artificial. Tengo la esperanza de que los arquitectos desarrollen complejos magníficos y torres solares capaces de expresar nuestras aspiraciones, como alguna vez lo hicieron las catedrales medievales. El inglés Ian McEwan es escritor. Su último libro es la novela On Chesil Beach. fuente

Alexander Alexanderovich Alekhine nació el día 31 de Octubre de 1892 en Moscú. Su padre era un rico Hacendado, un Señor de la Nobleza y un miembro del Parlamento Ruso. Su madre fué una heredera de una fortuna industrial. Alekhine aprendió a jugar Ajedrez por medio de su madre y hermano por el año de 1903 a la edad de 11 años. Estudió Leyes en la Escuela Secundaria Imperial de Moscú y ganó el rango de Maestro de Ajedrez a los 16 años y el de Gran Maestro, a los 21 años. Alekhine jugó un encuentro con Benjamin Blumenfeld en 1908 y ganó por 7 victorias de un total de 10 juegos. En 1909, ganó el título de Maestro de Rusia en St. Petersburg. En el verano de 1910, Alekhine jugó en el décimo séptimo Congreso Alemán en Hamburgo y finalizó en el séptimo lugar. En 1911 y 1912, Alekhine no obtuvo muy buenos resultados, por falta de práctica, y mas tarde ganó un Torneo menor en Estocolmo, Suiza en 1912. Alekhine no ganó un Torneo de Ajedrez mayor hasta el año de 1914 en St. Petersburg, Rusia, cuando empató por el primer lugar con Aron Nimzovich. Este fué su "golpe de gracia", un término que muy seguido usaba en sus escritos de Ajedrez. Pocos meses después, él participó en el famoso Torneo de St. Petersburg de ese mismo año (1914), donde a los cinco finalistas se les otorgaría el título de Gran Maestro de Ajedrez por el Zar Nicholas II de Rusia. Elllos serían reconocidos como los primeros Grandes Maestros del Ajedrez. Alekhine terminó en tercer lugar, detrás de el Dr. Emanuel Lasker y José Raul Capablanca, pero adelante de Tarrasch y Marshall. Este fué un gran lógro ya que el encuentro contaba con muchos jugadores de Ajedrez estelares, entre ellos Akiba Rubinstein. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Alekhine fué hecho prisionero de guerra así como todos los demás participantes de un Torneo Internacional que se llevaba a cabo en Mannheim en 1914. Un mes mas tarde fue puesto en libertad y prestó servicios en la Cruz Roja Rusa de la ciudad de Austria hasta el año de 1916. En 1918, trabajó como investigador criminal en Moscú. En 1919 fué encarcelado en una celda de muerte en Odessa bajo sospecha de ser un espía. En 1920, estaba ya de regreso en Moscú intentando ser un actor de películas. Alekhine trabajó como intérprete en el Partido Comunista y fué nombrado Secretario del Departamento de Educación. En 1921, Alekhine se casó con una Delegada Comunista del Exterior y abandonó Rusia para bién. En 1922 logró un segundo lugar en Londres, detrás de Capablanca y un primer lugar en el Torneo de Hastings. En 1923, empató el primer lugar en Carlsbad con Bogoljubov y Maroczy. En 1924 ganó el tercer lugar en Nueva York, detrás de Lasker y Capablanca. En el año de 1925, Alekhine ganó el Torneo de Baden-Baden. Este fué el primer Torneo Internacional en Alemania después de la Primera Guerra Mundial. En 1925, Alekhine se naturalizó ciudadano Francés y entró a la Escuela de Leyes de Sorbonne y escribió una tesis sobre el sistema Chino de Prisiones, convirtiendose en el Dr. Alekhine. En Febrero de 1925, el Dr. Alekhine rompió el record mundial al jugar 28 juegos simultáneos a ojos vendados, ganando 22 juegos, con 3 empates y 3 derrotas. Tiempo después, se llevó el primer lugar en Baden-Baden con 12 victorias y 8 empates. En 1926, el Dr Alekhine derrota al Doctor Max Euwe en un encuentro y reta a José Raul Capablanca por el Campeonato Mundial. Alekhine se casa por tercer vez con Nadezda Vasiliev. Ella era la viuda de un oficial Ruso de alto rango. En Marzo de 1927, Alekhine se lleva el segundo lugar, en Nueva York, detrás de Capablanca, con 5 juegos ganados, 13 empates y 2 derrotas. En Julio, gana en el Torneo Kecskemet 1927. Alekhine se encontraba ya listo para enfrentar a José Capablanca por el Campeonato Mundial tras haber reunido $10,000 dlls. en oro. Capablanca aceptó el reto y dió comienzo el encuentro por el título Mundial en Buenos Aires, Argentina el día 16 de Septiembre de 1927. En Noviembre 29 de 1927, El Dr. Alekhine vence a Capablanca por 6 victorias, 25 empates y 3 derrotas. Alekhine se convierte en el 4to Campeón Mundial oficial de Ajedrez después de Steinitz, Lasker y Capablanca. Todos las partidas en Buenos Aires se llevaron a puerta cerrada, no hubo espectadores o fotógrafos. Alexander Alekhine rechazó una petición de Capablanca por la revancha y optó por enfentarse a Bogoljubov en Weisbaden, en Septiembre de 1929. Alekhine lo derrotó por 11 juegos ganados, 9 empates y 5 derrotas. De 1929 a 1032, Alekhine se llevó el primer lugar en San Remo (con un desempeño de 2812), Bled, Londres y Pasadena. Alekhine también ofreció grandes exibiciones simultaneas. En 1932, él les jugaba hasta a 300 jugadores simultáneamente, desde Nueva York hasta París. En 1933, se enfrentó a 32 personas simultáneamente con los ojos vendados en Chicago, ganando 19 juegos, empatando 9 y tan solo 4 derrotas. En 1934, Alekhine vence a Eufim Bogoljubov por el Campeonato del Mundo en Baden - Baden con un marcador de 8 victorias, 15 empates y 3 pérdidas. Después, aceptó un reto del Doctor Max Euwe por el título. En Octubre 3 de 1935, el Campeonato Mundial entre Alekhine y Euwe comienza en Zandvoort con una bolsa de $10,000 dls. para el vencedor. En Diciembre 15 de 1935, El Doctor Max Euwe derrota a Alekhine con 9 victorias, 13 empates y 8 juegos perdidos. En 1936, Alekhine juega en Nottingham, Inglaterra. El Torneo fué ganado por José Capablanca y el Dr. Botvinnik. Alekhine termina en sexto lugar. La partida jugada con Capablanca fué la primera vez que jugaron desde el encuentro del Campeonato Mundial de 1927. Alekhine pide una revancha por el título mundial y se le concede en 1937. Alekhine derrota al Dr. Euwe en Holanda por 10 victorias, 11 empates y 4 juegos perdidos. En el Torneo AVRO de 1938 de Holanda, participan los ocho jugadores mas grandes del mundo siendo este el Torneo mas fuerte jamás registrado. El premio de primer lugar fué de $550.00 Dlls. Alekhine, por primera vez en su vida, terminó adelante de Capablanca. Alexander Alekhine representó a Francia en el tablero 1 en la Olimpiada de Ajedrez de Buenos Aires cuando la Segunda Guerra Mundial estalló. Retornó a Francia para enlistarse en el Ejército y fungió como intérprete. Cuando Francia fué invadida, trató de viajar a Lisboa y aplicar por una Visa Americana. Para proteger a su esposa y sus pertenencias en Francia, el accedió a cooperar con los Nazis. Alekhine escribió sies artículos criticando a los jugadores Judíos de Ajedrez y participó en Torneos Nazis de Ajedrez en Munich, Salzburg, Varsovia y Praga. Cuando se se le pregunto sobre el asalto Alemán a su apartamento, el comentó: "Los Alemanes saquearon científicamente mi apartamento." Por el año de 1943, el Dr. Alekhine pasó todo su tiempo en España y Portugal como el representativo Alemán de eventos de Ajedrez. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, no se le invitaba ya más a Torneos de Ajedrez debido a su pasada afiliación Nazi. En 1946, Alekhine estaba en proceso de aceptar un encuentro por el título con Botvinnik. En la noche del día 23 de Marzo o temprano en la mañana del día 24 de Marzo de 1946, Alekhine murió en su cuarto de hotel en Estoril, Portugal. Algunos dicen que murió de un ataque al corazón, otros dicen que se asfixió con un trozo de carne. Sus restos no fueron sepultados por tres semanas debido a que nadie reclamaba su cuerpo. Finalmente, la Federación Portuguesa de Ajedrez se hizo cargo del funeral. Menos de doce personas se presentaron a su entierro. Alexander Alekhine fué Campeón Mundial por 17 años con un total de 5 encuentros de Campeonato Mundial jugados. Jugó más de 1000 partidas de Torneo logrando un 73 por ciento de juegos ganados. Su clasificación ELO ha sido calculada en 2690. Fuente Anécdotas sobre Alekhine: Sin pasaporte "En 1935, se organizó en Varsovia un torneo internacional por equipos. Alekhine jugaba como primer tablero por Francia, ya que se había nacionalizado francés. Sin embargo, durante el viaje llegó a la frontera polaca sin pasaporte. Cuando los funcionarios le pidieron la documentación, Alekhine replicó: "Soy Alekhine, campeón mundial de ajedrez. Tengo un gato llamado 'Chess'. No necesito documentación" La cuestión tuvo que ser arreglada por las más altas autoridades." (Reuben Fine, "Psicología del jugador de ajedrez" ) La partida con Trostky "1917. Horror revolucionario. Alekhine pierde su cuantiosa fortuna, sufriendo además amarguras y calamidades sin cuento al ser conducido como rehén por los cabecillas bolcheviques e internado en una cheka de Odessa. Ello ocurrió así. Habiendo servido como capitán en el ejército del Zar, se encontraba Alekhine en Rusia cuando estalló la revolución roja. Debía huir, pero atravesar la frontera se presentaba imposible. Alguien, empero, le informó que de Odessa partían algunos navíos que embarcaban prófugos en dirección a la costa rumana o búlgara. Se trataba de la única vía de salvación y por ella se decidió, alcanzando el importante puerto del Mar Negro después de algunas jornadas azarosas. Por desgracia, un día, cerca del puerto, fue reconocido por un soldado que lo denunció a una patrulla de la cheka, siendo inmediatamente detenido y encarcelado en una miserable celda de la cárcel militar. Al cabo de una semana, sufrió el interrogatorio de un capitoste que le comunicó que su situación era gravísima, por las siguientes imputaciones: ser ex oficial del Zar, pertenecer a una familia noble y no estar justificada su estancia en Odessa. Su vida no valía un kopec. En efecto, algunos días después, su carcelero le anunciaba que el Comisario del Pueblo Trostky le había incluido en la lista de condenados a muerte. Alekhine sabía que entre los medios de tortura utilizados en las chekas éste era uno de los más usados, comunicar a los detenidos su condena a la última pena para conseguir así su desesperación y también para obtener más fácilmente informaciones sobre amigos, dinero o joyas escondidas. Pero en su caso, algo podría haber de verdad ya que, efectivamente, Trostky se hallaba aquellos días en Odessa. Alekhine se devanaba los sesos tratando de hallar una escapatoria, alguna justificación, esto era imposible para la última imputación, pero... ¿cómo defenderse de las dos primeras? Al correr de los días, la angustia le iba consumiendo, pensando que, efectivamente, había llegado a su última hora. Trostky Esta presunción toma un día visos de verosimilitud, de trágica realidad, cuando entran en su celda cuatro funcionarios de la cheka y después un quinto individuo que por fotografías súbitamente Alekhine reconoce como el Comisario del Pueblo. Uno del grupo dejó sobre una mesita un tablero de ajedrez, empezando a colocar las piezas. "Capitán Alekhine -dijo entonces el que parecía el jefe del grupo-, el camarada Trostky desea jugar contigo una partida de ajedrez". Alekhine recordó entonces que Trostky, cuando su exilio, era un apasionado del ajedrez que practicaba a diario en los cafés de Viena o Berlín, de Zurich o Londres. Trostky le observaba fijamente, sin abrir la boca. Evidentemente se podía esperar mucho de esta partida. Alekhine sacó la impresión que del resultado de la misma dependía su vida. Oigamos a Alekhine ahora: "Nos sentamos frente a frente y nos dispusimos a comenzar la partida. Le pregunté si deseaba jugar con blancas o negras. Me hizo un gesto que interpreté que lo dejaba a mi elección. Me decidí por las blancas y empezamos la partida más emocionante que he jugado en mi vida. No es que yo hubiera estado un solo momento en peligro durante el juego, pero sentía la certeza que de su resultado dependía mi salvación. No sabía, sin embargo, si debía ganar o dejarme batir, e hice durante algún tiempo, a propósito, jugadas débiles, para dar a mi adversario alguna probabilidad de victoria. Trostky levantó una vez los ojos, me echó una mirada fugaz, penetrante, indagadora, continuando después el juego sin decir palabra. Aquella mirada me hizo comprender y, sobre todo, me dejó en la duda de si Trostky había descubierto mi táctica. Entonces decidí reconstruir la posición jugando como solía hacerlo en otros ambientes. Momentos antes del jaque mate, Trostky abandonó. Me hizo una ligera inclinación de cabeza y marchó acompañado de los guardianes. A la mañana siguiente me fue remitido a mi celda un documento con la firma del Comisario del Pueblo: estaba libre y podía abandonar inmediatamente Rusia. Ésta ha sido la partida más difícil de mi vida y así pude salir del infierno rojo." ("El Observador", Palma de Mallorca, 10 de febrero de 1942) Lesionado en una pierna "Durante el torneo de Hamburgo de 1910, al joven Alekhine le ocurrió un percance curioso. Se había lesionado una pierna y los organizadores tuvieron que llevarle todos los días hasta la mesa donde jugaba. Sin embargo, al finalizar el torneo, el resultado demostró que habría que hacer lo mismo con los adversarios de Alekhine..." (Dimitrije Bjelica, "Reyes del ajedrez: Alexander Alekhine" ) Fuente La partida que lo corono campeón mundial Campeonato Mundial - Buenos Aires, 1927 34ª Partida Alekhine, nuevo Campeón del Mundo Alekhine 6 - Capablanca 3 Capablanca trato de resistir, pero Alekhine le remata y se convierte en el nuevo campeón Partida 34ª Blancas: Alekhine Negras: Capablanca 1.d4 d5 2.c4 e6 3.Cc3 Cf6 4.Ag5 Cbd7 5.e3 c6 6.a3 Ae7 7.Cf3 O-O 8.Ad3 dxc4 9.Axc4 Cd5 10.Axe7 Dxe7 11.Ce4 C5f6 12.Cg3 c5 13.O-O Cb6 14.Aa2 cxd4 15.Cxd4 g6 16.Tc1 Ad7 17.De2 Tac8 18.e4 e5 19.Cf3 Rg7 20.h3 h6 21.Dd2 Ae6 22.Axe6 Dxe6 23.Da5 Cc4 24.Dxa7 Cxb2 25.Txc8 Txc8 26.Dxb7 Cc4 27.Db4 Ta8 28.Ta1 Dc6 29.a4 Cxe4 30.Cxe5 Dd6 31.Dxc4 Dxe5 32.Te1 Cd6 33.Dc1 Df6 34.Ce4 Cxe4 35.Txe4 Tb8 36.Te2 Ta8 37.Ta2 Ta5 38.Dc7 Da6 39.Dc3+ Rh7 40.Td2 Db6 41.Td7 Db1+ 42.Rh2 Db8+ 43.g3 Tf5 44.Dd4 Df8 45.Td5 Tf3 46.h4 Dh8 47.Db6 Da1 48.Rg2 Tf6 49.Dd4 Dxd4 50.Txd4 Rg7 51.a5 Ta6 52.Td5 Tf6 53.Td4 Ta6 54.Ta4 Rf6 55.Rf3 Re5 56.Re3 h5 57.Rd3 Rd5 58.Rc3 Rc5 59.Ta2 Rb5 60.Rb3 Rc5 61.Rc3 Rb5 62.Rd4 Td6+ 63.Re5 Te6+ 64.Rf4 Ra6 65.Rg5 Te5+ 66.Rh6 Tf5 67.f4 Tc5 68.Ta3 Tc7 69.Rg7 Td7 70.f5 gxf5 71.Rh6 f4 72.gxf4 Td5 73.Rg7 Tf5 74.Ta4 Rb5 75.Te4 Ra6 76.Rh6 Txa5 77.Te5 Ta1 78.Rxh5 Tg1 79.Tg5 Th1 80.Tf5 Rb6 81.Txf7 Rc6 82.Te7 1-0 Fuente Acotación: Alekhine fue el último Campeón que manejo directamente el título, Steinitz, Lasker, Capablanca y él, fueron los representantes de la denominada "Ley de los campeones", en donde ellos disponían cuando y donde jugar así como de los montos de los premios y asimismo, poder elegir el rival. Con su muerte, se organizo la Federación Mundial de Ajedrez (F.I.D.E."Fédération Internationale des Échecs" ), debido a que este ese momento el título de campeón era del poseedor. En lo sucesivo y hasta nuestros días, la F.I.D.E. regula la organización de los campeonates en sus distintas categorías. Alekhine fue un gran teórico, siempre admiro a Capablanca, demostró que además del talento y la facilidad para el juego, era necesario una preparación seria, y sentó las bases del Ajedrecista moderno. Además de sus grandes conocimiento teóricos, era un jugador de ataque, su objetivo no era solo obtener pequeñas ventajas y acumularlas en el final, sino maniobrar y tratar de dar jaque mate, obligando a su rival a defenderse con precisión.
Como un libro redondo Salvador Dalí, que se consideraba «mejor escritor que pintor», llegó a diseñar un libro redondo y en su haber aparece un título raro y apasionante, Vida secreta, un ejercicio autobiográfico en el que se mezclan los recuerdos intrauterinos del artista, delirios paranoico-críticos y experiencias personales. En el centenario del nacimiento del pintor, en 2003, la editorial Destino comenzó a publicar su obra completa en ocho volúmenes. Dalí fue prolífico en cuanto a textos memorialísticos, pero también escribió teatro, guiones de cine, poesía y una gran cantidad de ensayos, alguno de ellos muy célebre, como 'La mujer invisible' (1930), en el que definía el «método paranoico-crítico». El fin de este procedimiento consistía en «sistematizar la confusión y contribuir al descrédito total de la realidad». El vigésimo aniversario de la muerte de Dalí no ha traído novedades, pero sí interesantes reediciones, como las tres que propone la editorial Siruela, El camino de Dalí, de Ignacio Gómez de Liaño; El fenómeno del éxtasis, de Juan José Lahuerta; y ¿Por qué se ataca a la Gioconda, una serie de textos del propio artista ya incluidos en las obras completas de Destino. Ignacio Gómez de Liaño fue una de las pocas personas que tenía abiertas las puertas de las sucesivas residencias del artista -Port Lligat, Púbol y Figueras- en sus últimos años. El camino de Dalí es la transcripción de los diarios en los que el entonces joven filósofo transcribe las conversaciones que tuvo con el entonces anciano creador y toma nota de los cuadros que le vio pintar. En El fenómeno del éxtasis, Juan José Lahuerta analiza el concepto del arte de Dalí a través de sus colaboraciones en la revista Minotaure, en contraste con los posiciones surrealistas de André Breton. Fuente

"Su energía impetuosa y siempre en vilo aguijoneaba a los que estaban cansados y abatidos, su audacia intrépida y su entrega hacían sonrojar a los timoratos y a los miedosos..." Clara Zetkin "El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo... Carta de Rosa Luxemburgo a Franz Mehring (febrero de 1916) Apenas 80 años de un asesinato. Eso indica la fría marca del calendario. Recordada desde un continente como el nuestro, que ha sufrido durante el siglo XX —para no mencionar los anteriores— represiones, matanzas y genocidios salvajes a manos de las clases dominantes, su muerte podría computarse simplemente como una más de las tantas víctimas del capitalismo. Un número, solo eso, en la aridez de la estadística. No es el caso. Las revoluciones del futuro, que las habrá no por mandato predeterminado de LA Historia (con mayúsculas) sino por la voluntad colectiva y el accionar político de los pueblos latinoamericanos, recuperará la memoria de cada uno de esos mártires masacrados y desaparecidos por el capitalismo. El combate socialista por el futuro se desarrollará entre nosotros no solo pensando en un porvenir “luminoso” sino fundamentalmente —como señalaba Walter Benjamin para el caso europeo— a partir del recuerdo imborrable de todos nuestros compañeros oprimidos, explotados y asesinados de la historia pretérita. Entre todos ellos y ellas el ejemplo de Rosa Luxemburgo ocupará uno de los primeros lugares. Su memoria sigue aún hoy descolocando y desafiando la triste mansedumbre que actualmente pregonan los mediocres con poder. Partiendo de esta realidad, cabe preguntarse, ¿por qué se torna imperioso recordar hoy, precisamente hoy, a Rosa cuando muchos otros nombres también ligados al socialismo internacional apenas son aptos para rellenar los libros de historia? Este modesto artículo tiene por objetivo el intento de comenzar a responder esa acuciante pregunta. En primera instancia constatamos que el simple recuerdo de su figura, siempre sospechada de “hereje” por los que hasta ayer nomás monopolizaban el estandarte de la “ortodoxia” marxista, resulta de una incomodidad insoportable para una tradición de pensamiento que ella estigmatizó sin piedad en Reforma o revolución y en La crisis de la socialdemocracia: el reformismo. El aniversario de su muerte constituye la gran mancha negra de la socialdemocracia, supuestamente “abanderada de los derechos individuales” frente a las corrientes por ellos —los profetas rosados de la democracia burguesa— despectivamente denominadas “jacobinas, blanquistas, partisanas, leninistas” del socialismo. Se sabe. Los responsables de su asesinato (como el de Liebknecht) fueron Gustav Noske, Scheidemann y Friedrich Ebert. El nombre de este último bautizó incluso a una conocida fundación de la socialdemocracia alemana que durante los años ’80 coqueteó con posiciones “progresistas” cooptando mediante grandes sumas de dinero a numerosos intelectuales latinoamericanos presurosos de olvidar su pasado revolucionario. El trauma histórico de este asesinato quedó siempre latente. Ni siquiera Willy Brandt cuando fue alcalde de Berlín en la última posguerra fue capaz de ponerle una placa recordatoria al puente desde el cual fue arrojado al agua el cuerpo sin vida de Rosa (una placa que sí puso la aún más derechista y reaccionaria democracia cristiana alemana, solo para ironizar sobre sus rivales electorales). El solo hecho de mencionar su nombre seguramente haría temblar los labios de todos aquellos partidarios de la reunificación alemana que han vuelto a poner en el primer plano de la política contemporánea al neonazismo, al antisemitismo y a la política de gran potencia —eurodólar mediante— del Reicht alemán. En este cansado fin de siglo, cuando muchos disidentes y herejes vuelven a la nave madre y al hogar común de la socialdemocracia (el ex PC Italiano a la cabeza) propagandizando una supuesta “tercera vía”, convendría entonces reencontrarse con la herencia insepulta de Rosa y sus demoledoras críticas al reformismo. Pero volver a respirar el aire fresco de sus escritos también nos permite reactualizar la inmensa estatura ética que tiñó en ella al socialismo en momentos en que socialistas “renovados” del cono sur —como por ejemplo el canciller chileno— marchan presurosos a Londres a socorrer al dictador Pinochet en nombre del “realismo”, de la razón de estado, de la “gobernabilidad” y del pragmatismo socialista. Exactamente los mismos ejes y las mismas banderas contra las cuales dirigió sus ácidos dardos Rosa en las mejores de sus polémicas. Su palpitante actualidad nos invita además a replantearnos toda una gama de cuestiones teóricas que aún hoy están a la orden del día en la agenda política de los revolucionarios. Y que seguramente lo estarán en el siglo que viene. Sucede que, además de refutar y combatir despiadadamente al reformismo, Rosa también fue una dura impugnadora del socialismo autoritario. En un folleto que ella escribió durante 1918 en prisión sobre la naciente revolución rusa, hundió el escalpelo en los peligros que entrañaba ante sus ojos cualquier tipo de tentación de separar el ejercicio del poder soviético de la democracia obrera y socialista. Ante la crisis y el derrumbe de la burocracia soviética (que dilapidó el inmenso océano de energías revolucionarias generosamente brindado por el pueblo soviético desde 1917 hasta la victoria sobre el nazismo, pasando por el triunfo de la guerra civil) aquellas premonitorias advertencias de Rosa merecen ser seriamente repensadas. Más que todo si tomamos en cuenta que además Polonia y Alemania —donde actuó políticamente Rosa—, fueron dos países cuyos modelos de socialismo autoritario y burocrático análogos al soviético entraron en crisis terminal y se derrumbaron como un castillo de naipes hace apenas una década. Aquel célebre folleto crítico sobre la revolución rusa fue publicado póstumamente con intenciones polémicas por Paul Levi —un miembro de la Liga Spartacus y del KPD alemán, luego disidente y reafiliado al SPD. Cabe agregar que Rosa cambió de opinión sobre su propio folleto al participar ella misma de la revolución alemana. Sin embargo, aquel escrito fue utilizado para intentar oponer a Rosa frente a la revolución rusa y sobre todo frente a Lenin (de la misma manera que luego se repitió ese operativo enfrentando a Gramsci contra Lenin o más cerca nuestro al Che Guevara contra la Revolución Cubana). Se quiso de ese modo construir un luxemburguismo descolorido y “potable” para la dominación burguesa. Al resumir sus posiciones críticas hacia la dirección bolchevique, cuya perspectiva revolucionaria general compartía íntimamente, Rosa se centró en tres ejes problemáticos. Les cuestionó la catalogación del carácter de la revolución, su concepción del problema de las “guerras nacionales” y la relación entre democracia y terror. No solo Lenin (en su famosa crítica del folleto de Junius, seudónimo de Rosa) y Trotsky le señalaron sus errores. También Lukacs en Historia y conciencia de clase tomó partido en el debate. Entre esos señalamientos figuran en primer término su subestimación de la forma política consejista (que asumió en Rusia el carácter de soviet) como una alternativa radical frente a la democracia burguesa. En ese sentido creemos que Lukacs había dado en el clavo cuando —sin dejar de reivindicarla como un faro metodológico para el marxismo— le señaló a Rosa su inconsecuencia al no diferenciar las transformaciones específicamente políticas de las revoluciones burguesas (Inglaterra-1688 y Francia-1789) de la revolución socialista (Rusia-1917). En aquellas primeras dos se trataba, según Lukacs, de depurar el Parlamento, mientras que en 1917 se había intentado en cambio suplantarlo por los soviets. Y en ese punto se puede ubicar la radical diferencia entre un tipo y otro de revolución, pues en la transición al socialismo no se trata ya de acelerar o retardar el desarrollo autónomo e independiente de la economía por parte del estado sino, por el contrario, de dirigirla conscientemente (una opinión donde el Che coincidirá evidentemente con Lukacs en sus debates sobre el cálculo económico y el sistema presupuestario de financiamiento). Al mismo tiempo Rosa, siempre según la opinión de Lukacs, habría subestimado en aquel folleto el papel cumplido en la revolución rusa por las fuerzas no proletarias y por lo tanto en su esquema habría terminado desdibujado el lugar y la función estrictamente hegemónica del partido proletario sobre el resto de las fracciones sociales que habían participado del octubre insurrecto. Si bien es cierto que aquel escrito adolece de este tipo de equivocaciones, también resulta insoslayable que Rosa acertó al señalar algunos agujeros vacíos cuya supervivencia a lo largo del siglo XX generó no pocos dolores de cabeza a los partidarios del socialismo. Entre estos últimos creemos que Rosa sí tuvo razón cuando sostuvo que sin una amplia democracia socialista —base de la vida política creciente de las masas trabajadoras— solo resta la consolidación de una burocracia. Según sus propias palabras, si este fenómeno no se puede evitar, entonces “la vida se extingue, se torna aparente y lo único activo que queda es la burocracia”. La historia, en el caso del socialismo europeo, le dio lamentablemente la razón. La necesaria vinculación entre socialismo y democracia política y los riesgos de eternizar y tomar como norma universal lo que era en realidad producto histórico de una situación particular, es decir, el peligro de hacer de necesidad virtud en el período de transición al socialismo, constituye el eje de su pensamiento que probablemente más haya resistido el paso del tiempo. Pero esta crítica de Rosa, dura y sin contemplaciones a pesar de su ferviente adhesión al bolchevismo, no implica soslayar la necesaria crítica que hoy debemos hacer a las formas “democráticas” (en realidad republicanas parlamentarias, no democráticas) con que el capitalismo ejerce su dominación y su hegemonía en las sociedades modernas occidentales. Una crítica desarrollada a fondo por el intelectual que fue más lejos —incluso más allá de la misma Rosa— al pensar las condiciones de una revolución anticapitalista en Occidente, Antonio Gramsci. Esta crítica a la forma republicana de dominación burguesa —como la denominó Marx en su célebre 18 Brumario de Luis Bonaparte— resulta impostergable para nosotros los latinoamericanos, pues en nuestros países el imperialismo norteamericano después de financiar y sostener a las dictaduras militares más sangrientas de la historia, apostó a implementar su reformulación neoliberal del capitalismo con regímenes políticos donde funciona el Parlamento y los tribunales “independientes”. De modo que uno de nuestros principales desafíos contemporáneos y futuros consiste en tratar de recuperar y sintetizar al mismo tiempo el reclamo de Rosa sobre la necesaria vinculación de socialismo, participación popular y democracia revolucionaria en los países donde los trabajadores ya han tomado el poder y la crítica impiadosa de Gramsci hacia los regímenes políticos donde aún domina el capital internacional y sus expresiones nacionales. Ambos pensamientos apuntan a una misma problemática política. Si la pregunta básica de la filosofía política clásica de la modernidad se interroga por las condiciones de la obediencia al soberano, el conjunto de preguntas que delinean la problemática del marxismo apuntan exactamente a su contrario. Es decir que desde este último ángulo lo central reside en las condiciones que legitiman no la obediencia sino la insurgencia y la rebelión, no la soberanía que corona al poder institucionalizado, sino la que justifica el ejercicio pleno del poder popular. Antes, durante y después de la toma del poder. Allí, en ese terreno nuevo que permanecía ausente en los filósofos clásicos del iusnaturalismo contractualista, en Hegel y en el pensamiento liberal, la teoría política marxista tal como la elaboraron Rosa, Lenin y Gramsci ubica el eje de su reflexión. En ese sentido, el socialismo no constituye el heredero moderno, mejorado y perfeccionado del liberalismo moderno sino su negación antagónica. Si hubiera entonces que situar la filiación que une la tradición política iniciada por Marx y que Rosa desarrolló en su espíritu —contradiciendo muchas veces su letra— a partir de la utilización de su misma metodología, podríamos arriesgar que el socialismo contemporáneo pertenece a la familia libertaria más radical y es —o debería ser— el heredero privilegiado de la democracia directa roussoniana. Desde esta óptica —bien distinta a la de quienes legitimaron los “socialismos reales” europeos amparándose en el perfeccionamiento de la tradición ilustrada dieciochesca— se torna comprensible los presupuestos desde los cuales Rosa dibujó las líneas centrales de su crítica al socialismo burocrático. En cuanto al problema de la controvertida relación entre “espontaneidad” y vanguardia —otro de los núcleos centrales de su pensamiento político—, podemos también apreciar su apabullante actualidad. Esta otra serie de interrogantes hoy reaparece con otro lenguaje y otro ropaje. No es ya el problema de la huelga de masas —que Rosa analizó a partir de la primera revolución rusa de 1905— sino más bien el de los movimientos sociales (la subjetividad popular) y su vinculación con la política. Aquí sus escritos, releídos desde nuestras inquietudes contemporáneas, tienen mucho para decirnos. También aquí Lenin y Lukacs cuestionaron a Rosa. Le criticaron el haber subestimado no solo el lugar de los consejos o soviets como forma política de nuevo tipo sino también el papel de la conciencia socialista en la necesidad de organizarse en partido (y de entablar una polémica abierta con el oportunismo). Sin embargo, no deberíamos olvidar que en este rubro ella cuestionó incluso antes que Lenin el papel de “guía” que Kautsky monopolizaba entre las filas de la II Internacional. Lo cierto es que tanto Rosa como Lenin terminaron de romper amarras no solo política sino también epistemológicamente con el marxismo kautskiano-plejanoviano en los primeros años de la Guerra Mundial. En ambos casos la problemática del sujeto —el proletariado como clase, el partido como organización— fue el detonante de esa inmensa ruptura epistemológica. Revisitar entonces los escritos de Rosa centrados en ese horizonte seguramente nos permitiría recuperar a Lenin de otra forma, despojados ya de todo el lastre dogmático que impidió utilizar todo el arsenal político de quien Gramsci no dudó en catalogar como “el más grande teórico de la filosofía de la praxis”. Creemos que esto es así porque a partir de un contrapunto entre las posiciones de Rosa y Lenin se podría entender que cuando este último hablaba de “llevar la conciencia desde afuera” al movimiento obrero —tesis de factura kautskiana cuyas consecuencias epistemológicas extrajo hasta el paroxismo Louis Althusser— no estaba defendiendo un externalidad total frente al movimiento social “espontáneo” sino una externalidad circunscripta en relación con el terreno económico. El “afuera” desde el cual Lenin defendía la necesidad de un partido político socialista remitía a un nivel que no se dejaba subsumir dentro de la práctica economicista, pero no implicaba —como lo leyó el stalinismo en política y el althusserianismo en epistemología— situarse en un “afuera” opuesto al movimiento social. Esta última deformación del pensamiento de Lenin derivó en una concepción burocrática del partido encerrado en sí mismo que facilitó enormemente todas las injustas acusaciones de “sustitucionismo” con que hoy la socialdemocracia denosta a los revolucionarios en todo el mundo. El partido debe ser parte inmanente del movimiento social —como lo demostraron Gramsci en el movimiento consejista turinés o nuestro Mariátegui frente a las masas indígenas peruanas—, nunca un “maestro” que desde afuera lleva una teoría pulcra y redonda que no se “abolla” en el ir y venir del movimiento de masas. Entre el sentido común, la ideología “espontánea” del movimiento popular, y la reflexión científica, es decir, la ideología del intelectual colectivo, no debe haber ruptura absoluta. Cuando esta última se produce se pierde la capacidad hegemónica del partido y crece la capacidad hegemónica del enemigo que cuenta en su haber con las tradiciones de sumisión, con las instituciones del poder y hoy en día con el monopolio de los medios de comunicación mundial. De modo que las posiciones de Rosa y de Lenin —polémicas entre sí— en última instancia serían integrables en función de una difícil pero no imposible dialéctica de la organización política como consecuencia y a la vez impulsora del movimiento social. La hegemonía se construye desde adentro. La conciencia de clase es fruto de una experiencia de vida, de valores sentidos y de una tradición de lucha construida que ningún manual puede llevar desde afuera, pues se chocará indefectiblemente —como de hecho ha sucedido en la historia— con un muro de silencio e incomprensión. Otro de los núcleos donde Rosa Luxemburgo polemizó fue en el campo de la “cuestión nacional”, uno de sus flancos más débiles. Todo el problema alrededor del cual gira la reflexión de Rosa, como también la de Lenin, Otto Bauer, Stalin o Trotsky, etc., es aquella que se pregunta qué deben hacer los partidarios del socialismo, los críticos del capitalismo, frente a una situación de opresión de naciones que son mantenidas por la fuerza en el status de colonias o semicolonias por la mano de uno o más imperialismos. Desde el marxismo latinoamericano debemos presurosamente aclarar que dicho problema es bien distinto al que en nuestra América afrontó Mariátegui cuando intentó descifrar el problema de la nación. En este último caso no se trataba de una nación ya constituida histórica, social y culturalmente, aunque oprimida por otra con mayor poder, sino el de una nación aun inacabada —tal como era entonces Perú—, sin integración racial y con un desarrollo desigual y combinado de su cultura (la blanca y mestiza —heredera de la conquista y la colonización europea— y la cultura indígena autóctona). Cuando Rosa, Lenin y los demás marxistas de su época discutían, tenían como presupuesto compartido la reflexión sobre unidades nacionales —opresoras u oprimidas— ya constituidas. Y en ese rubro Rosa, de origen judío y de nacionalidad polaca, se opuso a la independencia de Polonia (proponiendo que los proletarios polacos enfrentaran a la burguesía polaca uniéndose junto con los revolucionarios rusos en una gran federación). Esa posición errónea en parte se explica por los residuos epistemológicos que Rosa seguramente había heredado de Engels y su teoría —de factura hegeliana— sobre los llamados por él “pueblos sin historia”, pequeñas “nacioncillas” que no tenían derecho a existir. Pero tampoco habría que subestimar la posición política de Rosa dentro de Polonia, como militante del Partido Socialdemócrata Polaco (SDKP) y enemiga a muerte del socialpatriotismo —encarnado en el Partido Socialista Polaco (PPS)— que terminó en 1914 entregando los partidos socialistas europeos en brazos del militarismo imperialista burgués. Lenin, a su turno enemigo de la política de gran potencia del zarismo ruso, levantó como consignas la unidad y la independencia de Polonia —en concordancia con la posición de Marx y la primera Internacional al respecto— y el derecho a la autodeterminación de las naciones. La historia del siglo XX, con sus opresiones que todavía hoy no concluyen —sino allí están los recientes bombardeos norteamericanos sobre Iraq para recordárnoslo— a pesar de la pomposamente llamada “globalización”, le dio en este punto preciso, creemos, la razón a Lenin. Pues a pesar de que hoy existe una tendencia objetiva a la regionalización y a construir bloques económicos y políticos que superan las barreras estrechas del estado-nación (un impulso acorde con el movimiento transnacional del capital) sin embargo, no han desaparecido los conflictos nacionales. Dentro de estos últimos ha cobrado cada vez mayor fuerza la dimensión cultural como un componente central de la nación —una veta en la que Rosa fue realmente precursora junto con el austromarxismo—. Y si esto no fuera así, ¿cómo explicarnos la apabullante exportación planetaria de valores nacionales norteamericanos, vía el Mc Donald, la Coca Cola, y toda la industria cultural de la imagen —cine y video—, garantía imprescindible de su hegemonía mundial? Cuando la globalización del capital subsume formal y realmente al mundo, decaen las soberanías de los estados-naciones más débiles, las de los países del Tercer Mundo. En ese nuevo contexto la problemática del imperialismo —y su necesario correlato: la opresión nacional— se ha modificado pero no ha desaparecido. No es cierto que el mundo viva en una interdependencia absoluta, donde todos los polos de las relaciones de poder son intercambiables. Sigue habiendo, lamentablemente, opresores y oprimidos. Si bien es cierto que la hegemonía mundial del capital asume una tendencia hacia la desterritorialización, ello no implica que hayan desaparecido las naciones. Tanto en el terreno político (con el resurgimiento ultrarreaccionario del neonazismo alemán, el Frente Nacional en Francia, los separatistas italianos y otros movimientos por el estilo), como en el filosófico (el discurso de “la diferencia” en un mundo donde el valor mercantil tiñe en su homologación dineraria todos los colores culturales del color único del capital) el problema de la nación —y su potencial opresión— sigue vigente. En ese contexto mundializado, las naciones oprimidas tienen cada vez menos poder. Ya no solo son oprimidas económica o comercialmente. Hasta ven amenazadas sus valores y tradiciones culturales. De modo que, tomando en cuenta las variaciones históricas, hoy no nos podemos dar el lujo de soslayar la implicación contemporánea que este debate de principios de siglo tiene para los partidarios socialistas del florecimiento mundial de las culturas y las naciones. Otro de los ejes donde Rosa incursionó con notable éxito —de un modo mucho más equilibrado y justo que en el problema nacional— fue en la relación entre socialismo y religión. Sabido es que en la “ortodoxia” plejanovista-kaustkiana de la II Internacional —de la cual fue una clara continuación filosófica el DIAMAT de la época stalinista— el marxismo era concebido como una ciencia “positiva” análoga a las naturales, cuyo modelo paradigmático era la biología. Ciencia que Plejanov veía como arquetipo al bautizar a la filosofía de Marx como “monismo” siguiendo a Haeckel y que Kautsky intentaba imitar, sintetizando a Darwin con Marx, en un más que dudoso matrimonio de materialismo histórico y evolucionismo. Desde esos parámetros ideológicos no resulta casual que se intentara trazar una línea ininterrumpida de continuidad entre los pensadores burgueses ilustrados del siglo XVIII y los fundadores de la filosofía de la praxis. En ese particular contexto filosófico-político, la religión era concebida —en una lectura apresurada del joven Marx (1843) —simplemente como el “opio del pueblo”. Aún educada inicialmente en esa supuesta “ortodoxia” filosófica —desde la cual batallará contra el reformismo de Bernstein y con la cual romperá amarras alrededor de 1915— Rosa Luxemburgo se opuso a una lectura tan simplificada del materialismo histórico en torno al problema de la religión. Ante el estallido en 1905 de la primera revolución rusa, Rosa como parte de los socialistas polacos de la parte de Polonia que en ese tiempo era rusa, escribió un corto folleto sobre El socialismo y las iglesias. En él cuestiona crispadamente el carácter reaccionario de la iglesia oficial que intentaba separar a los obreros polacos del socialismo marxista, manteniéndolos en la mansedumbre y la explotación. Hasta allí su escrito no se diferenciaba en absoluto de cualquier otro de la época de la II Internacional. Pero al mismo tiempo —y aquí reside lo más notable de su empeño— intenta releer la historia del cristianismo desde una óptica marcadamente historicista que descentra completamente la óptica de la ilustración “materialista” dieciochesca. Así afirma que “los cristianos de los primeros siglos eran comunistas fervientes”. En esa línea de pensamiento reproducía largos fragmentos que resumían el mensaje emancipador de diversos apóstoles como San Basilio, San Juan Crisóstomo y Gregorio Magno. De ese modo Rosa retomaba el sugerente impulso del último Engels, quien en el prólogo de 1895 a Las luchas de clases en Francia no había tenido miedo de homologar el afán cristiano de igualación humana con el ideal comunista del proletariado revolucionario. Una lectura cuya tremenda actualidad no puede dejar de asombrarnos cuando grandes sectores populares religiosos rompen amarras con el carácter jerárquico y autoritario de las iglesias institucionales para asumir una práctica de vida íntimamente consustanciada con el comunismo de aquellos primeros cristianos. Llegado este punto del análisis deberíamos preguntarnos, ¿qué presupuestos filosóficos permitieron a Rosa incursionar con tanta fortuna en temáticas tan diversas? La respuesta resulta aquí inequívoca. La lectura filosófica de Rosa remite hoy al problema del método. Ninguna categoría ha sido más repudiada, castigada y desechada en las últimas décadas que la de “totalidad”. Las vertientes más reaccionarias del posmodernismo —que no solo cuestionan a la modernidad, lo cual no deja de ser una tarea impostergable, sino que también rechazan todo proyecto de transformación y emancipación social— y del pragmatismo han asimilado toda visión totalizadora con la metafísica. A esta última a su vez la igualaron con el pensamiento “fuerte” y de allí (sin mediaciones) han sostenido que en ese tipo de racionalidad se encuentra implícita la apología de la violencia irracional y el autoritarismo. De este modo han intentado desechar, junto con los grandes relatos de la historia todo proyecto de emancipación y junto con la categoría de “superación” (aufhebung) cualquier visión totalizadora del mundo. Ahora bien, esa categoría tan vilipendiada —la de totalidad— es central en el pensamiento de Rosa y de su crítica de la economía capitalista. Ella consideraba que el modo de producción capitalista nunca se puede comprender si fragmenta cualquiera de sus momentos internos (la producción, la distribución, el cambio o el consumo). El capitalismo los engloba a todos en una totalidad articulada según un orden lógico que a su vez tiene una dinámica esencialmente histórica. De allí que cuando intente explicar en las escuelas del partido el nada fácil problema de “¿Qué es la economía?” dedique buena parte de su exposición a desarrollar no solo las definiciones de la economía contemporánea sino particularmente la historia de la disciplina. Esa decisión no era caprichosa ni arbitraria. Estaba motivada por la misma perspectiva metodológica que llevó a Marx a conjugar lo que él denominaba el “modo de exposición” y el “modo de investigación”, dos órdenes del discurso científico crítico que remitían al método lógico y al método histórico. Para el marxismo revolucionario que intenta descifrar críticamente las raíces fetichistas de la economía burguesa no hay simple enumeración de hechos —tal como aparecen a la conciencia inmediata en el mercado, según nos muestran las revistas y periódicos actuales de economía— sin lógica. Pero a su vez no hay lógica sin historia, pues una lógica sin historia —por ejemplo la canonización materialista del DIAMAT válida para todo tiempo y espacio— deriva indefectiblemente en la metafísica. Pues bien, la categoría que permite articular en el marxismo a la lógica y a la historia es la de totalidad, nexo central de la perspectiva metodológica que Rosa encontró en Marx, como bien señaló Lukacs en Historia y conciencia de clase. No importa si sus correcciones a los esquemas de reproducción del capital que figuran en el tomo II de El Capital son correctas o no. Lo importante es el método empleado en ese análisis. Pudo quizás equivocarse en sus conclusiones pero no se equivocó en el método. Eso es para nosotros lo importante. La categoría de totalidad no gira en el vacío ni flota en el aire. La sociedad humana concebida como totalidad es el resultado de una praxis histórica. En esta última, en la categoría de praxis reposa la segunda y no menos importante categoría de su marxismo revolucionario. No hay posibilidad de ciencia, al menos en el marxismo, sin praxis. Las totalidades sociales no se suceden en la historia de manera automática. Son los seres humanos y su praxis colectiva (su “actividad crítico práctica” como la llamaba Marx en sus Tesis sobre Feuerbach) las que logran derribar sistemas y crear otros nuevos. Toda la reflexión de Rosa gira metodológicamente en torno a este horizonte categorial. Retomar hoy ese ángulo nos parece de vital importancia, sobre todo si tomamos en cuenta que en las dos últimas décadas se ha intentado fracturar toda perspectiva de lucha global contra el capitalismo en aras de los “micropoderes”, los “microenfrentamientos capilares”, etc., etc. Sin cuestionar la totalidad del sistema capitalista, toda crítica al sistema se vuelve impotente. Es cierto que ya no podemos seguir hundiéndonos en sistemas metafísicos que únicamente toman en cuentan el carácter de clase (por más que se disfracen con el ropaje “materialista dialéctico”) sin cuestionar al mismo tiempo la dominación sexista, generacional, el autoritarismo pedagógico, la destrucción de la ecología, el racismo, etc., etc. Los reclamos de los nuevos movimientos sociales tienen una racionalidad que no se puede negar. Pero si no logramos articular sus reclamos puntuales y fragmentarios en una totalidad que los integre —sin disolverlos— hay capitalismo para rato. El abandono de la categoría de “totalidad” expresa entonces —como señaló hace poco Jameson— la impotencia de los nuevos movimientos sociales al no poder construir una alianza entre todos sus reclamos puntuales. Superar esa impotencia (legitimada filosóficamente por las filosofías de la “diferencia” y la ya cansadora polémica contra la herencia de Hegel) implica reactualizar la herencia metodológica que Rosa Luxemburgo supo desarrollar en su crítica de la economía política y en su crítica radical de la “civilización” capitalista. Esta última resume seguramente lo más explosivo de su herencia y lo más sugerente de su mensaje para el socialismo que viene, el del siglo XXI. Cuando Rosa termina de cortar sus vínculos con la tradición determinista “ortodoxa” de la II Internacional —aquella misma que la llevó, según el Gramsci de los Cuadernos de la cárcel, a concebir la crisis del capitalismo y la huelga general como “la artillería pesada de la guerra de maniobra”— formula una consigna que hoy tiene absoluta actualidad: “Socialismo o barbarie”. Inserta en su folleto de Junius (1915), esa consigna resulta superadora del determinismo fatalista y economicista asentado en el desarrollo imparablemente ascendente de las fuerzas productivas. Según esta última concepción, durante décadas considerada la versión “ortodoxa” del marxismo, la sociedad humana marcharía de manera necesaria, ineluctable e indefectible hacia el socialismo. La subjetividad histórica y la lucha de clases a lo sumo lo que podrían hacer es acelerar o retrasar ese ascenso de progreso lineal. Pero Rosa rompe con ese dogma dieciochesco y plantea que la historia humana tiene un final abierto, no predeterminado por el progreso de las fuerzas productivas (ese viejo grito moderno del más antiguo “¡Dios lo quiere!”, tal como irónicamente afirmaba Gramsci). Por lo tanto, el futuro solo puede ser resuelto por el resultado de la lucha de clases. Podemos ir hacia una sociedad desalienada y una convivencia más humana, el socialismo, o podemos ir hacia la barbarie. Y cuando hoy hablamos de “barbarie” —concepto tomado por Rosa no del Manifiesto comunista en el cual era erróneamente utilizado para caracterizar a los pueblos de la periferia colonial, sino del último Engels— estamos pensando en la barbarie moderna, es decir, la civilización globalizada del capitalismo. Nunca hubo más barbarie que durante el capitalismo moderno del siglo XX. Como ejemplos contundentes pueden recordarse el nazismo alemán con sus fábricas industriales de muerte en serie; o el apartheid sudafricano —régimen político insertado de lleno en la modernidad blanca, europea y occidental— o, más cerca nuestro, los regímenes argentinos y chilenos de la década del 70 quienes realizaron un genocidio burocrática y racionalmente planificado aplicando torturas científicas. A 80 años de su muerte y a escasos márgenes del siglo XXI, la roja herencia de Rosa sigue siendo un incentivo para no bajar los brazos y no permitir que continúe la barbarie. Fuente
UN SEÑOR QUE SE LLAMABA GALILEO Galileo, para mí Por Pablo Capanna Tardé mucho tiempo en entender por qué era importante Galileo. Quizás haya sido por la cercanía, que a veces parece alejar. En mi caso, la cercanía era la de haber nacido e ido a la escuela en Florencia. Allí, Galileo y Dante eran, como aquí serían Belgrano o Sarmiento: nombres de calles y glorias nacionales, cuyos méritos parecen tan obvios que nadie es capaz de precisarlos. Mi padre trabajaba en la fábrica Galileo que, obviamente, producía instrumental científico. Una vez me llevaron de paseo a Arcetri, pero sólo recuerdo el convento. A los que viven al pie de la Acrópolis les pasará lo mismo cuando les hablan de Esquilo. Si el secundario no me aclaró demasiado las cosas, la facultad de Filosofía me las confundió. En vano leí En torno a Galileo, de Ortega y Gasset, que trata de todo menos de Galileo. En esos tiempos los filósofos no se cansaban de señalar las limitaciones de la ciencia, mientras que los científicos se encargaban de señalar los errores de los filósofos. El único puente era la epistemología, que lo congelaba todo con un baño de lógica, diluía ese asombro que está en el origen del conocimiento y neutralizaba las ineludibles variables políticas y éticas. Mucho después, repentinamente me vi empujado a enseñar historia de la ciencia, que la dictadura consideraba un saber apolítico, y me sentí con el deber de capacitarme, por lo menos. Fue entonces cuando me di cuenta de que Galileo había creado nada menos que el método científico. Italo Calvino me enseñó que también era un gran ensayista. También tomé conciencia de la tragedia de cómo fue humillado por torpes jueces que buscaban en el heliocentrismo la fuente de todos los pecados, en un absurdo juicio que dejó cicatrices seculares. Al fin y al cabo, quizás algún progreso ético tuvimos, si en esa época todavía parecía normal que los inquisidores intimidaran a Galileo, que Spinoza fuera víctima del jerem, Servet enviado a la hoguera por Calvino, y tanta gente muriera por vagos motivos en las guerras de religión. Decía Ortega que Sócrates se había dejado matar por sus ideas: Galileo no se había atrevido, porque nadie da la vida por las verdades científicas. Tanto mejor: Galileo sabía que tarde o temprano le darían la razón y optó por vivir para darnos la ciencia de la mecánica, sin la cual nos costaría vivir. Fuente