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Fotografía de Alberto Ruíz López
Fotografía de Alberto Ruíz López
InfoporAnónimo11/11/2008

Registrate y eliminá la publicidad! Alberto Ruíz López Nace en Madrid en 1968. Estudia Imagen y Sonido en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Empieza su andadura fotográfica en los años 90 colaborando como fotógrafo con varias productoras de Madrid. En 1995 viaja a Londres donde vive durante más de 4 años. Allí se aproxima a las nuevas tendencias fotográficas y audiovisuales. En 1999 vuelve a España donde se forma en diseño gráfico y fotografía digital, cumplimenta sus conocimientos en talleres monográficos, seminarios y ciclos de conferencias. Actualmente trabaja como fotógrafo profesional especializado en paisajismo e interiorismo. Colabora con varias empresas, productoras y agencias de publicidad. Jurado de los premios Lux 2.007. Sus obras han sido expuestas en Europa y Asia. Premios y Obras seleccionadas - 2.005 - Concurso Adana Rotary (Turquia) - Obra "Frozen" -Finalista - 2.005 - Concurso Adana Rotary (Turquia) - Obra "On the bridge" - Finalista - 2.005 -7 Photographic Int. contest de Mallorca - Obra "El abrazo del Cielo" - Finalista - 2.005 - Singapur International Salon - Obra "Light in the dark" - Finalista - 2.005 - 1st International Exhibiltion La Tulle - Obra "Wedding" - 3er premio ruralities - 2.005 - 1st International Exhibiltion La Tulle - Obra "Fuego en la Tierra" - Finalista - 2.005 - 1st International Exhibiltion La Tulle - Obra "Light in the dark" - Finalista - 2.005 - 33 Trofeo Guipuzcoa - Obra "Light in the dark" - Finalista - 2.006 - 1er Trofeo Museo del Calzado - Obra "Entrada al Reino" - Finalista - 2.007 - 2ª Salon Islas Baleares - Obra "El Viajero" - Finalista - 2.007 - 2ª Salon Islas Baleares - Obra "Al Sol" - Finalista Algunos de sus trabajos Fuente

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Historia del primer submarino
InfoporAnónimo11/25/2008

ALICANTE Y EL PRIMER SUBMARINO DE LA HISTORIA El puerto de Alicante, en 1870. Diez años antes, tendría un aspecto similar este lugar, donde los alicantinos tuvieron el privilegio de ser testigos de excepción de un hito en la historia de la ingeniería y la navegación: la primera inmersión efectiva de un submarino, que hoy en día, descansa en el lecho marino de estas aguas. Cosme García Sáez (Logroño, 1818) fue el primer español que inventó el submarino. Aunque muchos comiencen ahora a discutir sobre si esta afirmación puede ser cierta, conociendo las figuras de Isaac Peral y de Narciso Monturiol. Consideraremos que los primeros datos que existen sobre intentos de navegación submarina en el mundo proceden de crónicas de 1532, realizados en aguas del Tajo con una campana de buzo. Hasta 1776 no se encuentra un aparato que pueda llamarse propiamente submarino, y fue el "Tortuga" del norteamericano Bushnel para destruir barcosingleses durante la guerra de la independencia de Estados Unidos. Fulton ofreció en 1800 su "Nautilus" a Napoleón, pero lo rechazó. En 1831, el catalán Cervó falleció en el puerto de Barcelona al intentar sumergirse con su aparato. Y en 1859, Monturiol recibió ayuda oficial, pero su proyecto del "Ictíneo" se fue a pique por problemas técnicos y ruina del creador. Gustave Zédé creó un aparato que Isaac Peral perfeccionó, y sus pruebas fueron satisfactorias, pero fueron fechadas entre 1889 y 1890. 30 años antes, en el puerto de Alicante, un submarino creado por Cosme García, efectuaba una prueba oficial ante testigos de su funcionamiento sin ningún tipo de percance, y a continuación, os contaremos su curiosa historia. Cosme García Sáez. Por tanto, podemos decir que el primer submarino efectivo, fue botado y probado oficialmente en aguas del Puerto de Alicante, el 4 de agosto de 1860. Poco se sabe de Cosme García, pues la pista documental es muy escasa, y no fueron numerosos los documentos que se conservaron de la época, así como recortes de prensa. Pero al menos existen, e incluso un instituto logroñés, que lleva su nombre, constatan su existencia. Este riojano, que vivió el convulso Siglo XIX español sin pena ni gloria, además de inventar el barco-pez, introdujo mejoras en correos, en imprentas, e inventó las carabinas con carga trasera. Fue todo un "Edison" a la española, en su versión reducida, pero esto no debe ser excusa para olvidar su gesta, y sobre todo, porque "salpica", y mucho, a Alicante. Trabajó en Madrid, pero como allí no tenía suficientes medios, decidió trasladarse a Barcelona para montar su oficina. Allí fue donde vio por primera vez el mar, y donde su mente comenzó a soñar. De hecho, empleó todo el dinero que le aportó una máquina matasellos (45.000 duros) para invertirlo en la fabricación del ingenio: una máquina submarina con la que poder descender al fondo del mar, verlo y poder volver a subir. Los planos originales del Garcibuzo. Para la construcción de su primer prototipo acudió a la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona y se hizo de hierro. Tenía, visto de lado, forma de tonel apuntado truncado hacia la proa y la popa y medía tres metros de eslora (largo), 1,5 de manga (ancho) y casi 1,6 de alto. Constaba de una compuerta de entrada y escotillas en la proa y la popa. La inmersión se producía por la inundación de cuatro depósitos situados, dos a cada lado de la parte central y más ancha del casco. Con bombas se achicaba el agua para tornar nuevamente a la superficie. Tenía capacidad para albergar bien apretadas a dos personas, y constaba además de otras cuatro aberturas en el casco en las que se instalaba la propulsión del buque con cuatro remos articulados accionados desde el interior. Estaba impulsado por un motor de resorte y un peso sumergidos, que, tras no pocas y laboriosas gestiones, fue probado en 1859 ante un pequeños grupo de personas en aguas del Puerto de Barcelona, y aunque se detectaron deficiencias y no hubo buenos resultados, el impulsor funcionó y el principal objetivo era comprobar en la práctica lo que ya estaba resuelto en la teoría. A pesar del fallo inicial, el inventor no se desanimó y patentó la máquina submarina el 16 de noviembre de 1859. Vista lateral del prototipo. La patente del aparato-buzo se solicitó en España el 9 de Julio de 1959, y le fue concedida el 8 de Mayo de 1860. También lo patentó en el Instituto de la Propiedad Industrial de París el 25 de Abril de 1861. El segundo prototipo, también construido por la Maquinista en Barcelona, fue probado en el puerto de Alicante (hasta donde se trasladó a bordo de un buque de carga), lo mismo que haría Monturiol, en 1861 con el Ictíneo I. Las primeras pruebas se hicieron en el verano de 1859 participando en la inmersión sus hijos, pero las expediciones bélicas de O'Donnell que salían desde el puerto barcelonés, retrasaron las pruebas definitivas. De todos modos Cosme García patentó el "aparato-buzo" el 8 de mayo de 1860 en Madrid y el 25 de abril de 1861 en Francia. Sus dimensiones fueron mayores: 5,75 metros de eslora, 2,25 de alto y 1,75 de ancho. El casco se realizó esta vez en chapa de hierro, y constaba de una entrada en la parte superior que se cerraba herméticamente desde el interior; en los costados aparecían dos remos para girar el barco; cerca de la proa otros dos remos para sostener el barco y hacer que descendiera o se elevara; en la popa una hélice para hacer navegar el barco; y en los lados y en otras partes del casco había distintas escotillas para ver el exterior del apasionante y desconocido fondo submarino. Finalmente, en el interior del barco formando un segundo casco, se encontraban dos tanques que al llenarse y vaciarse mediante bombas de agua permitían la inmersión o la emersión del aparato. Las pruebas definitivas, las exigidas por la ley de privilegios (patentes), se realizaron de nuevo en Alicante el 4 de agosto de 1860 y fueron certificadas notarialmente. Alicante en 1858. Trasladémonos por un instante a la dársena del puerto de Alicante, una ciudad que un año antes había comenzado a derribar sus murallas defensivas, y cuyo puerto comenzaba a adquirir importancia tras la llegada del Ferrocarril desde Madrid. La convocatoria atrajo a curiosos y paseantes, seguramente anunciada días antes, como cuando se hacían demostraciones de globos aerostáticos u otras curiosidades. Arremolinados en el dique, fueron los privilegiados espectadores de un momento para la historia, pues sería la primera demostración pública registrada del funcionamiento exitoso de un submarino en el mundo, toda una proeza en la historia de la ingeniería y la navegación. Y esto, sucedió en Alicante. La gente probablemente se tuvo que acercar al muelle de Levante para poder ver el experimento. Las pruebas se efectuaron ante notario y personalidades del momento, para darle más fiabilidad a la noticia y poder ser demostradas posteriormente. Asistieron a tal efecto, el Comandante de Marina, el Gobernador Militar y otras autoridades seleccionadas por el Gobierno de O´Donell (interesado en las posibles aplicaciones bélicas del invento), así como los Cónsules de Gran Bretaña, Suiza y Estados Unidos. Fue todo un acontecimiento, según la interesante acta oficial, que describe el evento como testimonio de la gesta: Los que suscriben, residentes en esta ciudad de Alicante, certificamos y aseguramos bajo nuestro honor y buena fe: * Que el día tres del corriente mes de Agosto de 1860, fuimos invitados por Don Cosme García, de profesión mecánico y residente en Madrid, para asistir al día siguiente cuatro, a las 7 de la mañana, a los experimentos y pruebas de un aparato buzo de su invención. * Que, en efecto, concurrimos en el día y hora mencionados con el indicado fin, al punto del mar designado por el Sr. Comandante de Marina de este distrito para ejecutar estos trabajos. * Que el sitio indicado es el de mayor fondo o profundidad reconocido en este puerto. * Que llegado a este punto, observamos el aparato "submarino" a flote y dispuesto a funcionar. * Que así que se completó el número considerable de personas asistentes a este acto, el inventor Sr. García se introdujo con uno de sus hijos en el aparato, y cerró herméticamente su entrada por medio de la tapa o puerta colocada en la parte superior de aquél. * Que instantáneamente después, el "submarino" desapareció de la vista de todos los concurrentes, sumergiéndose con la mayor facilidad hasta el fondo del mar. * Que en este estado, con el inventor y su hijo dentro, permaneció sumergido por tiempo de cuarenta y dos o cuarenta y cinco minutos, sin tubo, cuerda, ni nada que le comunicase con la atmósfera. * Que durante este tiempo, el aparato se hizo visible varias veces entre dos aguas a voluntad del inventor, quien hizo estos movimientos, según dijo después, para dar a conocer a sus concurrentes que ninguna novedad le ocurría y evitar toda duda e inquietud por este motivo. * Que asimismo observaron que el aparato permaneció inmóvil entre las aguas, a voluntad del inventor que dirigía estas operaciones desde el interior. * Que después, el aparato se movió en todas direcciones, caminó y dio vueltas o giros completos, ejecutados por el inventor sin ningún auxilio ni agente exterior. * Que el aparato subió a la superficie del mar y, abierta la tapa desde el interior, aparecieron el inventor y su hijo tranquilos, sin muestras de fatiga o cansancio. * Que el inventor manifestó entonces que podían haber permanecido encerrados en él mucho más tiempo; pero que no lo habían hecho para evitar que los concurrentes experimentasen temor sobre su seguridad personal. Y certificamos, por último, que todas estas operaciones se han ejecutado a nuestra vista, sin que el inventor haya necesitado aire, ni ningún otro auxilio exterior, esto es, incomunicado completamente con la atmósfera, suelto y libre el aparato, sin un cable siquiera que pudiera elevarlo del fondo dle mar a la superficie, caso de cualquier accidente. Y, a petición del inventor Don Cosme García Sáenz, y por ser así la verdad, firmamos este acta en Alicante a día 6 de Agosto de 1860: El Comandante de Marina, José de la Paz. El Brigadier gobernador, Buenaventura Carbó. El Corononel Jefe del Estado Mayor de las Islas Baleares, Juan de Dios Sevilla. El Presidente del Consejo Provincial, Joaquín Orduña. El Administrador Provincial de la Hacienda Pública Manuel de Corbella. El Ingeniero de Minas Sandín. El Ingeniero Jefe de la Provincia, Agustín de Aroso y Baracíbar. El Ingeniero Primero Eduardo O´Kelli. El Ingeniero de Caminos, Antonio G. Molina. El Juez de Primera Instancia, Antonio Alix. El Cónsul General de Suecia y Noruega, Carlos A. Danlander. El Administrador Principal de COrreos, Remigio Motas. El Cónsul de S.M. Británica, Benjamín Barrios. El Cónsul de los Estados Unidos, Guillermo Leach Giró. El director propietario del Periódico "El Comercio", B. Lomas y Corradi. El Marqués de Casa Pizarro. El Capitán del Vapor "Marsella", R. Lagier y otros muchos espectadores. El "acta" se conserva en el Archivo Histórico del Ministerio de Marina (Madrid). El Comandante de Marina, ofició al Capitán General del Departamento de Cartagena, Don José Montojo y Albizu, el día 5 del mismo mes en los siguientes términos: "A las siete y tres cuartos de la mañana del día de ayer se hizo en este puerto la prueba de un aparato submarino de la invención de Don Cosme García, vecino de Madrid, resultando de las operaciones hechas que dicha máquina que es de planchas de hierro, se sumergió con dos hombres dentro, permaneciendo bajo el agua veinte y seis minutos, que después ascendió a flor de agua, girando varias veces tanto en superficie como entre aguas con facilidad, dando con esto su inventor por concluidas las pruebas a las que asistí y que en su totalidad duraron hasta las ocho y media de la propia mañana, sin que las personas que se sumergieron, una de las cuales fue el indicado Sr. García, se notase alteración alguna en su salud." El éxito de las pruebas y los aplausos, seguramente hicieron albergar a Cosme García la esperanza de poder subir a los altares de los grandes inventores. Nos podemos imaginar los comentarios y los rumores de la gente conforme iban pasando los minutos y el submarino no asomaba, y allí, en el fondo del puerto, no se veía nada. Y también podemos imaginar la alegría tras emerger, abrir la escotilla, y saludar al público. Tuvo que ser memorable. Y lo extraño, es que nada de esto sea muy conocido... Posteriormente, tras los ánimos que recibió del éxito en Alicante, Cosme construyó un aparato todo de cobre (el Garcibuzo) y lo trasladó a Madrid para presentárselo a Isabel II. En la capital ya había expuesto su primer modelo en la calle para que lo pudiesen observar los miembros del gobierno, los diputados y las más altas jerarquías oficiales, pero la oportunidad de contar con el beneplácito de la reina era la mejor que se le podía presentar. Fue llamado al palacio por el ayudante de campo de S.M. el Rey, con una tarjeta de invitación que decía: "...que el lunes 7 de abril, a las 2 de al tarde, puede ir al Palacio con el barco pez". Junto a la tarjeta aparece un papel en el que se indica el santo y seña para tan señalada ocasión: "Juan, José, Jaén, Justicia". La contraseña especial sería "Juicio". La visita no fue la soñada por el inventor. Isabel II admiró el pequeño barco pez y lo llenó de elogios, pero al final soltó la noticia: el Gobierno no podía comprar ni financiar el proyecto, por los cuantiosos gastos ocasionados por la guerra de las colonias de África. Indignado, Cosme garcía viajó a París, donde pensaba que su obra podía ser más considerada que en su propio país. Estaba en lo cierto. Napoleón II y sus técnicos examinaron el Garcibuzo y las armas que el inventor consideraba complementarias. El emperador le invitó a trasladarse al arsenal de Tolón para construir uno. El contrato era sustancioso: 14 millones de francos de la época. Pero su patriotismo no le permitió aceptar tan cuantioso ofrecimiento. Él creía que el submarino podía ser un arma muy valiosa para la defensa de su país... En las aguas de este puerto, o en sus proximidades, tuvo que hundirse el "barco pez", el primer submarino efectivo de la historia, donde hoy todavía descansa... Y finalmente, el destino del prodigioso invento, fue quedarse anclado en el Puerto de Alicante. Pocos años después, una notificación portuaria le informó que el aparato molestaba al tráfico marino. Su hijo, Enrique García, fue el encargado de mandarlo al fondo del mar, donde aún permanece. De hecho, los historiadores no conocen más detalles técnicos porque desapareció sin dejar apenas constancia de sus características, en pleno desánimo por la poca repercusión que tuvo el ingenio. El resto de sus inventos, tampoco corrieron mucha suerte. Construyó un nuevo modelo de rifle para la infantería que tuvo muchísimo éxito (podían tirar hasta 3.071 disparos sin limpiarse). Se construyeron 500 modelos de carabinas de carga trasera para dos batallones de cazadores, que se trasladaron a Madrid, pero en 1868 estalló la revolución de La Gloriosa y fueron robadas por los revolucionarios, desapareciendo para siempre. En 1874, Cosme García murió, pobre y desilusionado por una vida dedicada a entregar su creatividad a su país, que nunca le dio reconocimiento alguno. Su familia quedó sumida en la pobreza (uno de sus hijos se vio obligado a pedir permiso al alcalde de Madrid para mendigar por las calles) Esquela de Cosme García Sáenz, citando como prueba irrefutable de la veracidad de su gesta, el acta notarial realizada en Alicante. Esta es su esquela de defunción: "D. Cosme García y Sáenz Inventor del primer barco para la navegación submarina por los años del (18)59 y (18)60. Privilegio o patente fecha 16 de noviembre de 1859, según consta en acta notarial fecha 6 de agosto de 1860 en Alicante. Nació en Logroño el 27 de septiembre de 1819 (es 1818) y murió el 23 de junio de 1874 en Madrid". La Guerra con Cuba de 1898 sirvió de nueva oportunidad para que su hijo Enrique, volviera a ofrecer los planos del barco pez al Gobierno, pero tras escuchar sus explicaciones, la comisión técnica desestimó su ofrecimiento y dictaminó (en un penoso ejercicio de sus funciones) que sólo en algún caso excepcional el submarino podría considerarse como un arma de guerra (Cosme García había previsto que fuera el arma del futuro, adelantándose 80 años a la Segunda Guerra Mundial y un siglo a la Guerra Fría, conflictos bélicos donde el submarino fue una de las armas clave). La gesta que logró el "Pinche" (como así le conocían en Logroño) apenas fue contada por los periódicos. Entonces se dedicaban planas enteras a las pesadas discusiones políticas, amenizaban el papel con algún folletín y alguna receta para hacer tinta, y no se ocupaban tres días seguidos de un suceso, por importante que fuese. Lo del submarino se olvidó, los logroñeses dejaron de pensar en el "pez" y en el "Pinche", y sólo algún amigo particular volvió a saber de él. Hubo que esperar hasta 1917 para que un consejo de ministros agradeciese la labor de Cosme García. El premio fue otorgar a uno de los primeros submarinos de la Armada española su nombre (paradójicamente, España, pionera históricamente en la navegación submarina, tuvo que adquirir sus primeras unidades a Estados Unidos). En la actualidad, la Comunidad riojana intenta sacar del olvido a tan ilustre paisano. En los noventa se formó un Comité para este motivo, entre cuyos proyectos figuró convocar una beca para el estudio y obra de Cosme García, y la formidable idea de sacar de las aguas del mediterráneo el barco-pez. fuente

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Edgar Morin y el Pensamiento Complejo
Edgar Morin y el Pensamiento Complejo
InfoporAnónimo11/11/2008

Edgar Morin: Filósofo y político francés de origen judeo-español (sefardí), nacido en París el 8 de julio de 1921, su nombre anterior era Edgar Nahum. Sus primeros años en el socialismo Con una infancia caracterizada por la enfermedad, Morin empezó a ser un chico entusiasta de la lectura y aficionado al cine, a la aviación y al ciclismo. Comenzó su labor filosófica con la lectura de los diversos representantes de la Ilustración del Siglo XVIII. Se vinculó al socialismo gracias al apoyo del Frente Popular (al cual se unió en la Federación de Estudiantes Frentistas, dirigida por Gaston Bergery) y al gobierno republicano español en la Guerra Civil Española. En 1940 huye a Toulouse cuando se enteró de la invasión de la Alemania nazi y se dedicó a ayudar a los refugiados y a la vez a profundizar en el socialismo marxista. Toma parte en la resistencia y se une al Partido Comunista Francés en 1941, siendo perseguido por los miembros de la Gestapo. Participó en la liberación de Paris (agosto de 1944) y al año siguiente, se casa con Violette Chapellaubeau, y se van a vivir en Landau in der Pfalz, en calidad de teniente del Ejército Francés de Ocupación en Alemania. En 1946, regresa a la capital francesa para darse de baja en su carrera militar y proseguir con sus actividades con el comunismo, su relación con el partido se deterioró debido a su postura crítica y finalmente fue expulsado en 1951 debido a un artículo publicado en France Observateur. Ese mismo año fue admitido en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), previa recomendación de algunos intelectuales... Desarrollo Filosófico Al integrarse a la CNRS, Morin se inicia en el campo de la antropología social en el terreno de la cinematografía, aproximándose al surrealismo, aunque todavía no abandonando el socialismo, del cual comparte ideas con Franco Fortini y Roberto Guiducci, así como de Herbert Marcuse y otros filósofos. Funda y dirige la revista Argumentos (1956-1962) al tiempo que vive una crisis interior y se manifiesta contra la guerra argelina (1954-1962). Al iniciar la década de 1960, Morin inicia trabajos y expediciones por latinoamérica y queda impresionado por su cultura. Posteriormente empieza a elaborar un pensamiento que haga complementar el desarrollo del sujeto. Ya en Poulhan, y en compañía de sus colaboradores, desarrolla una investigación de carácter experimental que culmina con la tesis de la transdisciplinariedad, que le genera mayores contradicciones con otros académicos. Durante la revuelta estudiantil del mayo francés (1968), escribe artículos para Le Monde, en la cual descifra el significado y sentido de ese suceso. Con el surgimiento de la revolución bio-genética, estudia el pensamiento de las tres teorías que llevan a la organización de sus nuevas ideas (la cibernética, la teoría de sistemas y la teoría de la información). También se complementa en la teoría de la autorganización de Heinz von Förster. Para 1977, elabora el concepto del conocimiento enciclopedante, del cual liga los conocimientos dispersos, proponiendo la epistemología de la complejidad. En 1983, fue condecorado con la orden de la Legión de Honor y a mediados de la década de 1980, ya vislumbra los cambios en el régimen soviético de Mijail Gorbachov. El Pensamiento Complejo El pensamiento de Morin, basado en la idea de las tres teorías, en la cual, argumenta que todavía estamos en un nivel prehistórico con respecto al espiritú humano y solo la Complejidad puede civilizar el conocimiento. En ella se puede adentrar en el desarrollo de la naturaleza humana multidimensional, la lógica generativa, dialéctica y arborescente, del cual cuando el universo es una mezcla de caos y orden; a partir del concepto y práctica de la Auto-eco-organización, el sujeto y el objeto son partes inseparables de la relación autorganizador-ecosistema. Además introduce en la ciencia, conceptos que estaban en pausa para aplicarlos a su pensamiento (aleatoriedad, información en el ambiente y sujeto con su creatividad) y ver los fenómenos integrados en el énfasis de las emergencias e interacciones y no en las sustancias. Pese a la similitud semántica no se puede considerar que sus ideas entronquen con la matemática de la complejidad. El pensamiento de Morin conduce a un modo de construcción que aborda el conocimiento como un proceso que es a la vez, biológico, cerebral, espiritual, lógico, lingüístico, cultural, social e histórico. La epistemología tradicional asume el conocimiento sólo desde el punto de vista cognitivo. Fuente

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Derecho y responsabilidades de los niños
Derecho y responsabilidades de los niños
InfoporAnónimo12/4/2008

Los niños deben conocer sus derechos y responsabilidades La clave pasa porque los gobernantes se planteen a la educación como una política de Estado. La educación como sistema formal fue avanzando y profundizándose a lo largo de la historia. Domingo Faustino Sarmiento –como precursor de la educación pública en nuestro país, a pesar de su controvertida labor – hizo su parte, convencido de que era la herramienta indispensable para el crecimiento y desarrollo de nuestro país. Más aún, Belgrano, en sus campañas al Norte, dejó su valioso antecedente y visión al fundar escuelas, seguro de la importancia que ello traería aparejado. Claro que la educación formal que hoy conocemos recorrió un largo camino hasta ser considerada educación para todos. No podemos hablar de la educación como derecho sin remitirnos a las bases constitutivas que se encuentran en la ley 1.420, al plantear su carácter público, laico y gratuito. Con más peso todavía cuando se la reconoce en el mayor de los rangos normativos de nuestro país: el derecho a la educación tiene rango constitucional en su artículo 14 que consagra “el derecho a enseñar y aprender”. En este nivel jurídico se fortalece su reconocimiento con la incorporación al artículo 75 de los tratados internacionales, entre ellos, la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Posteriormente, y en esta dirección, Argentina tiene una ley de educación nacional y una ley nacional de protección integral de los derechos de las niñas, niño y adolescencias, con sus correlatos a nivel provincial. Ahora bien, cuántas veces escuchamos decir a docentes y padres en un tono quejumbroso “mucho se habla de los derechos de los chicos pero quién habla de los deberes”, “parece que ahora los chicos tienen solo derechos”, “a mis hijos les enseñaron en la escuela que sólo tienen derechos; ¿los padres tenemos que enseñarles las obligaciones?”. Estos y otros enunciados son parte de un enojo generalizado en la sociedad de hoy. Y tal vez, la vulneración reiterada de esos derechos no logró vislumbrar que no hay forma de entender un derecho si a este no le va “pegadito” una responsabilidad para ejercerlo. Esto significa que en la tarea educativa, y en especial, en la vida de las escuelas, debemos trabajar en este sentido y sólo así vamos a lograr nuestro cometido: formar y contribuir a la construcción de la ciudadanía de niñas y niños responsables para una sociedad más justa, pues, hablar de responsabilidad, en lugar de deberes, es hablar de respeto, solidaridad y libertad. Otras responsabilidades le competen al mundo adulto como garantes de esos derechos, en especial, la educación. A los funcionarios, de velar por políticas que garanticen educación en cobertura y calidad; a los padres, de acompañar el proceso educativo de sus hijos; a los docentes, en su carácter de agente del Estado, que tiene obligaciones contraídas desde el momento que asume el cargo en la labor pedagógica. El desafío de velar por el derecho a la educación estará dado por la capacidad de nuestros gobernantes de hacer de ello una política de Estado, y no una competencia desenfrenada por ver quién es más original y novedoso, desechando lo anterior por “viejo”, “obsoleto” o simplemente de otro “color político”. El derecho de un niño es, además de tener una escuela, un banco y un docente, la posibilidad de que sus padres tengan los medios para garantizarles una buena educación a sus hijos. Sólo así estaremos educando con el ejemplo y enseñándoles a nuestros niños que todo derecho trae consigo una obligación. Si no es en esta dirección, estaremos nivelando hacia abajo y confundiendo más que educando. MARÍA FERNANDA CECCARINI Lic. en Ciencias de la Educación Fuente

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25 años de Democracia: sobre el cine
InfoporAnónimo12/11/2008

Prohibido prohibir en democracia El ex crítico de cine Miguel Paulino Tato, católico y ultramontano, dejó su marca en las películas que no pudimos ver o las que vimos cortadas. En 1984 se abolió el sistema de censura. Por Luciano Monteagudo Aunque hoy a alguien que acaba de cumplir 25 años le pueda parecer sencillamente impensable, nunca está demás recordar que hasta hace un cuarto de siglo había censura cinematográfica en la Argentina. Esto quiere decir que muchas películas estaban prohibidas en nuestro país, que no se podían ver, salvo quizás en alguna rara exhibición clandestina. Y que las que sí llegaban a exhibirse en muchos casos tenían cortes que lesionaban seriamente la obra y su coherencia narrativa, hasta volverla ininteligible. Detrás de estos procedimientos de índole policial estaba el llamado Ente de Calificación Cinematográfica, un oscuro organismo dependiente del Ministerio del Interior dirigido por un ex crítico de cine llamado Miguel Paulino Tato. Católico ultramontano y viejo amigo de las dictaduras militares, Tato –desde sus oficinas en la avenida Entre Ríos al 100, atiborradas de latas con celuloide que llegaban hasta el baño– se ufanaba de su celo a la hora de las tijeras. Nada que le pudiera parecer moralmente ofensivo, tibiamente erótico o políticamente sospechoso –casi todo, por otra parte– tenía chance alguna de verse en el país. O se veía aligerado hasta la incomprensión. Demás está decir que semejante censura –en una época en la que no existía aún la industria del videohome y ni siquiera se soñaba con la aparición de algo parecido al dvd o Internet– alimentaba la más férrea autocensura. ¿Qué distribuidor iba a arriesgarse a comprar en el exterior una película que luego podía terminar arrumbada en un armario o desfigurada si llegaba a las salas? Peor aún, ¿qué productor nacional se iba a animar a poner en marcha un proyecto que, si lograba sortear la burocracia del entonces Instituto Nacional de Cinematografía, presidido por un comodoro de la Fuerza Aérea, igualmente podía quedar atrapado en las redes del Ente? Aunque no fue patrimonio exclusivo de la dictadura militar (de hecho, Tato volvió a su cetro –del que había sido expulsado en la primavera camporista– durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón), la censura cinematográfica era por entonces la evidencia más flagrante del riguroso control del Estado sobre la circulación de ideas. Y por eso –y porque el cine todavía estaba entonces en el centro del debate intelectual y político, cosa que ya no sucede—, cuando llega la restauración democrática, uno de los gestos más fuertes a favor de la libertad de expresión fue la abolición de la censura cinematográfica, la única institucionalizada por otra parte, ya que de las otras censuras se ocupaban las listas negras y las desapariciones forzadas. Una de las primeras, si no la primera decisión que toma Manuel Antín en 1983, cuando asume al frente del Instituto Nacional de Cinematografía, es intervenir el fatídico Ente de Calificación. Nombra allí al crítico Jorge Miguel Couselo con la instrucción expresa de “disolver” definitivamente el organismo y crear, ya bajo la esfera del Instituto de Cine, unas comisiones de calificación para protección a la minoridad, que son las que, con ligeros cambios, siguen funcionando hoy en día. El lema de entonces era prohibido prohibir. Y a tal punto que Antín se preocupó especialmente por cuidar cuestiones de semántica: allí donde decía “prohibida para mayores de 18 años” debió decirse (y costó borrar la bendita palabra del vocabulario no sólo de profesionales del medio sino también del público) “sólo apta para mayores de 18 años”. Toda esta historia vieja, que vista hoy puede parecer ingenua e incluso inocua, no lo fue, por cierto. Había que acostumbrarse a la libertad, había que practicarla, y ponerla en acto aun en las sutilezas del lenguaje. Y el cine que se empezó a hacer en la Argentina de los primeros años de la democracia debió aprender ese ejercicio, en la mayoría de los casos a los tumbos, con los músculos todavía anquilosados después de tantos años de mordaza. Es por eso quizá que, a grandes trazos, toda la primera década del cine argentino en democracia (1984–1994) se caracterizó por un énfasis excesivo, por la necesidad de enunciar en voz alta y sin demasiadas sutilezas la experiencia traumática por la que se había atravesado. Se miraba al pasado lejano para dar cuenta del pasado inmediato (Camila, Asesinato en el Senado de la Nación, La Rosales) o se retrocedía apenas unos años para narrar aquello que parecía inenarrable: la apropiación de menores (La historia oficial), la carnicería de Malvinas (Los chicos de la guerra), el secuestro y la tortura (La Noche de los Lápices), la experiencia del exilio (Tangos, el exilio de Gardel) o la militarización de la vida cotidiana (Cuarteles de invierno). Con la salvedad del film de Solanas, que apelaba a una forma abierta y novedosa que el autor llamaba “tanguedia” y que luego profundizaría en Sur (donde en el destino de un hombre se creía ver el de todo un pueblo en su reencuentro con la democracia), el cine argentino más visto de este período utilizaba una narrativa convencional, casi antigua para los parámetros de su propia época. El tema solía imponerse rotundamente a la forma. Y salvo escasas excepciones –Hombre mirando al sudeste, Detrás de la tormenta– la mirada, el punto de atención, estaba puesta obsesivamente en el pasado, a todas luces traumático. Recién a partir de 1995, con la explosión de las primeras Historias breves, aquella colección de cortos que marcaron el nacimiento de una nueva generación, el cine argentino empezó a pensar en tiempo presente. Los jóvenes directores que se asomaban a sus primeras películas ya no tenían por qué mirar hacia atrás: este trabajo ya estaba hecho, bien o mal esos gritos ya se habían dado. Pizza, birra, faso, Mundo grúa, La ciénaga o La libertad hablan de pronto, en cambio, en otro tono: prefieren el susurro e incluso el silencio. Las palabras ya no parecen salidas de la retórica de un guionista profesional sino directamente de la calle, del oído más fino aplicado a la vida cotidiana. El histrionismo de los actores provenientes del campo teatral –Luppi, Brandoni, Aleandro, Ranni– es reemplazado por la sutileza de actores recuperados del campo estrictamente cinematográfico (Graciela Borges, en un puente directo con Leonardo Favio, único referente común de esta generación) o, mejor aún, por personajes reales –El Rulo, el hachero Misael– capaces de entregar una noción de verdad que hasta entonces parecía ausente en las películas locales. Lo que hace nuevo al Nuevo Cine Argentino no solo es la edad de sus realizadores, formados como tales en democracia, en festivales y escuelas especializadas que antes no podían existir. También lo es su manera de utilizar sus herramientas narrativas: hay una sofisticación creciente no sólo en sus recursos técnicos –fue esta generación la primera en descubrir aquí las posibilidades dramáticas del sonido– sino también en la escritura cinematográfica. Los personajes ya no fueron –nunca más, como tantas veces lo habían sido en el cine argentino– vehículos para que el director o el guionista pusiera en ellos, como si fueran títeres, sus propias palabras, su ideología y hasta su expresión de deseos. Los personajes tuvieron de aquí en más una entidad por sí mismos, una presencia real, capaz de reforzar una relación crítica con el presente. Y si alguna vez se vuelve a mirar al pasado –Los rubios, por caso– también se lo hace desde este tiempo presente, desde esta democracia sin censura que permite cuestionar no sólo sus instituciones (el propio Instituto de Cine) sino también la institucionalización de la memoria. No es poco. Fuente

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El conde de los lápices
InfoporAnónimo12/14/2008

Anton-Wolfgang von Faber-Castell El conde de los lápices No vive en un castillo ni le gustan las coronas. Está al frente de la empresa multinacional que nació hace más de dos siglos y que hoy produce 2200 millones de lápices al año. ¿Cómo sostener con éxito una empresa familiar durante tanto tiempo? El conde Faber-Castell tiene el secreto El conde levantará por primera vez la mirada. Dejará caer su espalda de noble en el respaldo de la silla, respirará hondo, aliviado, y dirá lo esperable. Dirá que ésa es una pregunta interesante. No dirá "al fin", pero seguro lo pensará. Al fin una pregunta que le dará la excusa para hablar de lo que le interesa. Hasta ese momento había sentido el fastidio de tener que comentar acerca de su título nobiliario, de su castillo o de las ocho generaciones de historia familiar plagadas de condes y barones. Al fin llegaba la pregunta que él esperaba. Que permitió vislumbrar algo parecido al entusiasmo en ese poco demostrativo, canoso y elegantemente espigado conde alemán. El conde Anton-Wolfgang von Faber-Castell pertenece a la octava generación de una tradicional familia alemana dedicada a la industria de los lápices y a los productos de alta gama para la escritura y el diseño. Una familia que conformó, generación tras generación, una empresa multinacional cuando las empresas multinacionales no existían. Si bien fue el ebanista Kaspar Faber el que, en 1761, colocó la piedra fundamental del actual grupo Faber-Castell, la industria alemana del lápiz floreció a partir de 1839, con Lothar Faber. El fue el primer Faber en ostentar un título de nobleza y en ser nombrado consejero de la corte real. No era para menos: había creado el lápiz alemán para el mundo. El lápiz con la forma y la calidad como lo conocemos hoy. También había sido el primer fabricante que marcó sus productos con el nombre de la compañía, convirtiéndolos así en los primeros elementos de escritura de marca. Quien custodia esa larga tradición familiar y hace que la marca siga rindiendo sus frutos aún hoy es este hombre de 67 años que se sienta a desgano a contar lo colorido de su vida de conde. Que clava la mirada en un punto indeterminado de la mesa que tiene adelante y deja que sus dedos jugueteen con un folleto de lápices Faber-Castell. Sus ojos celestes sólo se elevarán, gravemente entornados, para analizar y evaluar, con lo que parece un juicio feroz, a su interlocutor. -¿Por qué no empezamos hablando de sus orígenes? Se sabe poco de su infancia... -La infancia es una larga historia. Estudié en una escuela privada durante 3 años y después fui a una escuela en Suiza. De pupilo. Era una escuela muy internacional y muy buena en el área de deportes. -Esos son recuerdos educativos, casi institucionales... ¿Hay recuerdos familiares? -Fui criado en la vida campestre, en un muy buen entorno. Tuve una familia muy numerosa: éramos nueve hermanos. -¿Cuál es el primer recuerdo puntual que tiene de su infancia? -Recuerdo cuando los norteamericanos recuperaron Alemania, ya que mi familia era un hogar muy internacional y recibíamos a mucha gente de distintos lugares del mundo. Yo no quería hablar con los norteamericanos porque ellos me había destruido un tanque de juguete que tenía. Pero en líneas generales los norteamericanos era muy amistosos. -¿Cuándo fue su primera participación en las cuestiones de la empresa familiar? -Muy tarde. Yo siempre quise hacer mi vida independientemente de los negocios de mi padre y de mi familia. -¿No pudo lograr esa independencia o no pudo mantenerla? -Cuando yo tenía 18 años, mi padre me preguntó si yo lo iba a suceder, pero en ese momento pensé que era algo muy riesgoso y que quería seguir mi propio camino. Me recibí de abogado, viví en Londres, en Nueva York, y luego me dediqué a la inversión financiera. -¿A qué edad se hizo cargo de la empresa? -A los 33 volví a hablar con mi padre del tema, pero finalmente me hice cargo en 1978, cuando él se enfermó. -¿Hay algo que lo diferencie a usted, que es conde, de un empresario alemán común? -¿No ve la corona que llevo? (exagera y se ríe). -Más allá de la corona, que no lleva, por lo menos en este momento, supongo que en la práctica alguna diferencia debe de haber... -En cierto modo es verdad, porque la gente tiende a pensar que uno es particularmente estúpido o muy especial. -Espero que me convenza... -(risas) Por lo menos esto permite cierta apertura para que uno los pueda convencer de que es algo especial. Quizás hasta sea la razón por lo cual nosotros estamos hablando hoy. Si mi nombre fuera Tonny Mola, en vez del conde Von Faber-Castell, quizá nosotros ni estaríamos hablando. -Probablemente. -La gente siempre quiere saber cuáles son las ventajas de tener el título, y la ventaja es que puedo ser un "animal colorido" en el mundo de los negocios. Eso abre puertas, pero también le exige a uno estar a la altura. -¿Qué pasa fuera del mundo empresarial... en el día a día, en su vida cotidiana? Por ejemplo... ¿dónde vive? -Desafortunadamente, el castillo no llega automáticamente con el título. Uno lo recibe como herencia de los padres. Si yo fuera político promovería una ley que dijera que si uno tiene un título de nobleza, automáticamente debe recibir el castillo. Por otra parte, una de las desventajas de los castillos es que son muy caros de mantener. De modo que quizás uno esté mucho mejor si tiene un muy lindo departamento y no debe preocuparse por el techo. Eso lo sé por el castillo que tenemos en Stein, que tiene un estilo único de art déco. Mi madre, que era una mujer muy poco convencional, cuando vio el castillo le recomendó a mi padre que directamente lo demoliera. -No me contó dónde vive... -Vivimos en un lugar muy agradable. En el campo. El lugar al que mis abuelos iban en invierno. Fue una decisión de mi madre no vivir en el castillo. La verdad es que a mí tampoco me gustaba. -¿Cuál es la lapicera que asoma de su bolsillo? -El Perfect Pencil. -¿La trae sólo para las entrevistas o la usa habitualmente? -No, la uso todos los días porque me parece que realmente es un instrumento perfecto. Es lápiz, goma, sacapuntas. Me sirve para llevar mi agenda y borrar las citas cuando varían, o cuando me equivoco al escribir. -¿Usa sólo lápiz? -Mi segundo instrumento es una lapicera roller de madera de palmera de la India. -¿Colecciona algo?, ¿lapiceras, relojes, autos, castillos? -Sólo unos chops en los que se sirve la cerveza alemana. Ah, y dibujos. En cuanto a los artículos para escritura, tengo muchos. -¿Todos de su marca? -No, si me gusta alguno de la competencia lo agarro. -¿Lo agarra o lo compra? -Bueno, voy y les pido que me hagan precio. Esa es la ventaja si uno es fabricante (risa). -¿Hay algún producto de la competencia que hubiera querido tener? -Eh... (piensa largamente; es probable que esté evaluando cómo su respuesta puede modificar el curso de las acciones de la empresa). Lo importante es tener un estilo propio y no pensar en los competidores. Hay algunas ediciones limitadas que sí me gustan, como las lapiceras Omas, pero yo estoy bastante satisfecho con nuestro estilo propio y con nuestras ediciones limitadas producidas con materiales únicos (Faber-Castell produce la Pen of the Year, una edición limitada para coleccionistas que llega a costar aproximadamente 17 mil pesos). Ahora estamos lanzando una nueva línea que nos permite incorporar materiales preciosos. -¿Cuál es el secreto para que una empresa familiar perdure a lo largo de 247 años vendiendo lápices y lapiceras y amasando, gracias a ellos, una considerable fortuna? -Esa es una pregunta muy interesante. Le voy a contar las razones: Primero, tener a la gente adecuada en los lugares adecuados, elegir a los gerentes y los socios que se identifiquen con los objetivos y los valores de una empresa familiar más que con su propia carrera. En segundo lugar, siempre tiene que haber un miembro de la familia que sea capaz y que sea quien toma las decisiones. Yo tengo un hermano que trabaja para la compañía con el que me llevo muy bien, pero él sabe que la decisión final sólo puede ser tomada por mí. En tercer lugar, para la siguiente generación... Para tener una generación de chicos inteligentes, es conveniente casarse con una mujer inteligente. Y, por último, está la suerte. Uno también necesita de la suerte. -Usted la ha tenido... -Sí. El conde se ríe. Se ríe y aprovecha para mostrar las quince lapiceras que tiene en un muestrario frente a él. En los ojos, celestes, entornados, se le nota algo parecido al entusiasmo. Por Leonardo Blanco La compañía que dirige Faber-Castell es una de las más antiguas del mundo y permaneció en manos de la misma familia por ocho generaciones. Nació en 1761, y hoy está presente en 120 países con 15 fábricas y 18 sociedades de ventas distribuidas por el planeta. Es, a nivel internacional, uno de los fabricantes líderes de lápices de madera, con una producción de 2200 millones de lápices de grafito y de colores al año. La empresa alemana se esmeró en ser pionera en cuestiones sociales. Junto con el sindicato alemán de empleados metalúrgicos ideó un estatuto que se ajusta a los lineamientos de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) y que se aplica en todas las sedes que la compañía posee distribuidas por el mundo. En la década del 80, estableció bosques en la región sudeste de Brasil como un suministro sustentable de materia prima para la fabricación de lápices de madera. De allí se extrae el 80% de sus requerimientos de madera para todo el globo. Fuente

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Angampora, Arte Marcial de Sri Lanka
InfoporAnónimo11/11/2008

Angampora Angampora es el arte marcial de Sri Lanka que muestra suave, fluido, pero los movimientos engañosos. Sus técnicas incluyen base de agarre y la presentación maniobras, sin embargo, una característica notable de este arte es su rapidez de pies y fluye saltos que se asemeja a una mariposa. La primera enseña básicos de un principiante es la de calentamiento de ejercicios. Más tarde, un estudiante que se enseña ejercicios más especializados que están conectados con el arte. Una vez que un estudiante se encuentra competente en la realización de estos ejercicios especializados de que él o ella avanza a la real arte de combate. Ejercicios de armas también se incluyen en su programa de formación. Etimología "Ange" significa "cuerpo", "Pora" significa "combate". El arte se practica en la lucha contra la muestra con y sin armas: "Angan saramba" o haramba fueron las diversas ramas de las ciencias de la lucha contra la enseña en los centros de formación militar de la Maravalliya "o Maruve, y Sedaliye clanes. Cada centro se dividió en la "Saramba o Haramba Salava" tratar con "Aangan haramba" y el Ilangan Maduva "o" Ilangama "para la formación de los músicos y bailarines que acompañaron a cada clan en procesión o en la guerra. También se la Vasala saramba Salava "y" Ilangam Maduva "reservada para los príncipes. Origen El Mahavamsa muestra que hasta el 6 o el 7 de siglos, cingalés héroes y guerreros se denomina "Yodhya", una derivación del termino de la India "Yadhajiva". Hacia el final del siglo 16 se había convertido en su uso restringido a los míticos gigantes, y fue sustituido por el título de "Panikki Rala". En Malabar esta se obtiene a partir de Pani = trabajo y los capitanes de guerra y de gimnasia escuelas se ha denominado "Panikkers". Un intercambio considerable de los docentes en la esgrima se produjo entre Ceilán y Malabar. En Ceilán estas ciencias se han extinguido, con antiguos registros relativos a ellos estará restringida a telas pintadas, frescos, esculturas y canciones populares. También en Ceilán el término "Panikki Rala" fue originalmente conferido a los miembros de estas escuelas de guerra que habían distinguido en los gladiadores arena, pero más tarde se convirtió en el título aplicable a cualquiera de pendientes valor y destreza en cualquier tipo de actividad física. Fuente link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=vRC24Mg3boo

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Steinitz, el primer Campeón Mundial de Ajedrez
Steinitz, el primer Campeón Mundial de Ajedrez
InfoporAnónimo11/8/2008

Wilhelm Steinitz Wilhelm Steinitz. Jugador de ajedrez austríaco nacido en Praga el 17 de mayo de 1836, y fallecido en Nueva York el 12 de agosto de 1900. Está considerado el primer campeón mundial de este deporte. En la primera parte de su carrera, el juego de Steinitz era similar al de sus contemporáneos Adolf Anderssen o Paul Morphy, caracterizado por rápidos ataques al rey y preferencia por aperturas de gambito. Pero gradualmente Steinitz fue desarrollando un estilo propio, que es la fundación del estilo posicional, sin el cual seria imposible comprender el ajedrez moderno. Rasgos distintivos del estilo maduro de Steinitz son la fe en la defensa, el uso del rey como pieza activa incluso en etapas tempranas del juego y un estudio profundo de la estructura de peones. Tras haberse declarado a sí mismo campeón mundial de ajedrez en 1866 (tras su victoria sobre Anderssen) defendió su título con éxito en 4 ocasiones, contra Johannes Zukertort en 1886, Mijail Chigorin en 1889 y 1892 y Gunsberg en 1891. Su reinado concluyó cuando cayó ante Emanuel Lasker en 1894. Fuente Steinitz y Lasker Algunas frases célebres sobre el Ajedrez de Steinitz: * La acumulación de pequeñas ventajas lleva a una supremacía considerable. * El peón es la causa más frecuente de la derrota. * El jugador que lleva ventaja debe atacar o perderá dicha ventaja. * La mente humana es limitada, pero la estupidez humana es ilimitada. * El ajedrez es demasiado para ser un juego y demasiado poco para ser una ciencia. Fuente Una anécdota... "El campeón del mundo Steinitz jugaba en un café apostando con otras personas. Un jugador mediocre de ajedrez iba todos los días a retarlo, aunque siempre perdía. Esto representaba un ingreso fijo para Steinitz. Un día, un amigo del campeón le dijo que dejara ganar a su "cliente" de vez en cuando para que no se desanimara y continuara retándolo y pagándole. Steinitz siguió el consejo: comenzó con una mala apertura, sacó a la dama prematuramente y después de unas jugadas su adversario le capturó la dama por lo que Steinitz abandonó. Su adversario exclamó "¡Por fin he conseguido mi objetivo, he derrotado al gran Steinitz!". Después de eso nunca volvió a retarlo!" Fuente "La inmortal de Steinitz", uno de sus más logradas partidas. Steinitz: 1 Von Bardeleben: 0 Steinitz: blancas Von Bardeleben : negras Hastings 1895 1. e4 e5 2. Cf3 Cc6 3. Ac4 Ac5 4. c3 Cf6 5. d4 exd4 6. cxd4 Ab4+ 7. Cc3 d5 8. exd5 Cxd5 9. 0-0 Ae6 10. Ag5 Ae7 11. Axd5 Axd5 12. Cxd5 Dxd5 13. Axe7 Cxe7 14. Te1 f6 15. De2 Dd7 16. Tac1 c6 17. d5 cxd5 18. Cd4 Rf7 19. Ce6 Thc8 20. Dg4 g6 21. Cg5+ Re8 22. Txe7+ Rf8 23. Tf7+ Rg8 24. Tg7+ Rh8 25. Txh7+...Abandono ( Von Bardeleben ). Existe mate de corrido. Posición después de 21...Re8 Fuente Corolario: El aporte más grande de Steinitz fue el de transformar el juego del Ajedrez en ser más estratégico que táctico, dando preferencia a los Alfiles más que los Caballos, llegar a un final con ventaja, no realizar los ataques que caracterizaron a sus predecesores, dando fin a la denominada "Etapa Romántica" del Ajedrez. También se destaco por ser más un jugador de defensa que de ataque y "economizar" los movimientos innecesarios, también utilizo el peón dama dando origen al estudio de las aperturas que derivan de tal movimiento, no muy utilizada hasta entonces por ser considerada un jugada de inicio sin grandes ambiciones. Torneo de Hastings de 1895 De pie, de izquierda a derecha: Albin, Schlechter, Janowski, Marco, Blackburne, Maroczy, Schiffers, Gunsberg, Burn y Tinsley Sentados de izq a dcha: Vergani, Steinitz, Chigorin, Lasker, Pillsbury, Tarrasch, Mieses y Teichmann

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Montaña de víboras por Sean Penn - 2º parte
InfoporAnónimo12/4/2008

Montaña de víboras (2º parte) Alias de una dama sexy (FOX) De vuelta a EEUU, en mi cama, en mi casa y sufriendo un poco del cansancio propio del viaje, comienzo a pasar por los canales cuando llego a Fox News. Sólo pasan 20 segundos o algo así antes de que escuche un comentario retorcido sobre mi viaje “pro-Chávez” a Venezuela. Esta gente es agotadora. Mis ojos comienzan a torcerse y en la esquina de la pantalla la palabra “Fox” comienza a transformarse. Veo la “F” inclinarse en el sentido de las agujas del reloj en un ángulo de 45°, una “F” más pequeña aparece en el centro de la “O” y cada una de las cuatro puntas de la “X” se extiende en un garabato en forma de serpiente. Como un grafiti jeroglífico para nuestra propia montaña de serpientes. Salto por los canales un poco más. Es temporada de campaña y, evidentemente, temporada de brujas, ya que ciertos Demócratas en el Senado acaban de votar junto a George Bush para reconocer a la Guardia Revolucionaria Iraní como una organización terrorista, dándole al gobierno de Bush carta blanca para bombardear a Irán hasta perder el sentido. Pongo el televisor en silencio mientras reviso los mensajes telefónicos de una semana que no había podido revisar mientras estuve en Venezuela. Un amigo, el actor y activista Peter Coyote, estaba apoyando la campaña del senador John Edwards. Aunque él sabía que yo estaba apoyando al candidato Kucinich (quien es un congresista por Cleveland), Peter me había dejado un mensaje diciendo que Edwards estaría en el área de San Francisco en los siguientes días y que quería arreglar una reunión entre el senador y mi persona. Dos días después, me encontraba sentado con un pequeño grupo de partidarios del senador en una mesa de un café, al tiempo que el senador Edwards se quitaba la chaqueta, se aflojaba la corbata, se arremangaba las mangas y comenzaba a hablar, explicando con detalle una plataforma de campaña que estaba políticamente plagada de un hecho simple: “No hay dinero del PAC (Comité de Acción Política o Political Action Committee) involucrado en la pobreza” me dijo. Para ese momento, Edwards era el único candidato Democrático con un enfoque serio en este asunto. Era cándido y muy impresionante. Al final de la reunión y entendiendo el valor de su voz, me comprometí a dar apoyo financiero a la campaña de Edwards, pero manteniendo mi posición de refrendo para con el congresista Dennis Kucinich. Más adelante -y, para mi, públicamente irrelevante-, las revelaciones sobre la vida personal del senador, sacadas a la luz por las serpientes de los medios de comunicación norteamericanos y compañía, y, luego, por la montaña de Murdoch, silenciaron la singular voz del candidato. Como va Alaska, también va Delaware Es octubre del 2008, el senador Joe Biden fue seleccionado como el candidato a la vicepresidencia del próximamente Presidente Electo, Barack Obama. La elección de Biden me acaba de hacer ganar una apuesta de 2.000 dólares que hice con el analista político Lawrence O’Donnell dos meses antes de esta elección. Así que, en efecto, estoy viendo a mi perro en la carrera, mientras veo la concentración de partidarios de Biden en la televisión. He amado la jerga callejera de Biden cada vez que he estado de acuerdo con él a través de los años; pero, cuando escucho la misma voz de autoridad, sea con propósitos políticos o en verdadera oposición a mis principios, me provoca bofetearlo (y creo que mis amigos sienten lo mismo por mi). Pero ahí estaba él, hablando sobre energía, y estas son las palabras que escuché: “No podemos seguir siendo energéticamente dependientes de un dictador de Arabia Saudita o de Venezuela”. Bueno, yo sé que el de Arabia Saudita lo es, pero habiendo estado en Venezuela, me pregunto sin asombro sobre quién estaba refiriéndose el senador Biden. Aunque algunas irregularidades de interés han ocurrido antes y lo harán de nuevo en el futuro, el proceso de elección en Venezuela es uno de los más transparentes e internacionalmente validados en el mundo. Maldición, Joe. ¡Maldición! ¿Qué clase de “dictador” propone reformas constitucionales sobre límites de mandato –nada diferentes a las que acaba de proponer el condenado Alcalde de Nueva York- y pierde? ¿Qué clase de dictador es ese, Joe? Los dictadores no pierden y no aceptan la derrota con la gracia con la que lo hizo Chávez. Con esto no quiero decir que no hay razones para tener serias preocupaciones y consideraciones. Chávez es un maestro de los medios. Sus reformas han encontrado resultados desiguales. Mientras algunas de sus cooperativas prosperan, otras están en caos debido a una sobre-dependencia a los contractos gubernamentales, a la incompetencia gubernamental burocrática o a la falta de habilidades básicas de mercadeo. Y el crimen es excesivo. Así que es una jugada débil el hecho de que Chávez señale la derrota de su referendo sobre su período de mandato como la clave de la escalada de la criminalidad. En el período inmediatamente posterior al rechazado referendo, Chávez desplegó carteles en todas las calles de Venezuela afirmando que era “Por Ahora”. Si estas palabras se revelan como una amenaza intencionada, en un movimiento hacia el totalitarismo, tanto Chávez como Venezuela se autodestruirán. Pero, si el “Por Ahora” es una promesa de un líder comprometido de ejercer la voluntad de su pueblo, su experimento socialista podría dar frutos globales. Pero “por ahora”, como ellos dicen, las palabras de Biden eran el tipo de retórica que nos había conducido recientemente a una guerra costosa, tanto en lo monetario como en cuanto a la pérdida de vidas, la cual al tiempo que derrotaba a un pendejo homicida en Irak, también derrocaba los principios más dinámicos sobre los cuales los Estados Unidos se habían fundado, aumentaba las reclutas para Al-Qaeda y desmantelaba al ejército estadounidense. Es momento de elegir nuestras palabras con prudencia y cuidado. En una conversación telefónica con la División de las Américas, el Director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, me dijo “Chávez no es un dictador y Venezuela es una democracia, aunque nosotros creemos que una democracia débil. No matan a las personas por disentir ni mantienen prisioneros políticos. Es un sistema multipartidista y el poder está, hasta cierto punto, disperso. Condenamos categóricamente el intento de golpe de 2002”. Pero las noticias sobre Venezuela no eran todas buenas. Continuó diciendo “Desde entonces, las acciones de Chávez nos han causado preocupación. En el período inmediatamente posterior al intento de golpe, la Corte Suprema hizo fallos escandalosos, donde los generales que habían ejecutado el golpe no eran criminalmente responsables. En ese momento, la Corte Suprema era extremadamente imprevisible. De los veinte magistrados, la mitad era pro-Chávez y la otra mitad de la oposición. Pero, lo que Chávez hizo fue comenzar una serie de reformas con la designación de doce jueces nuevos adicionales. Desde ese momento, las decisiones de la corte han favorecido a Chávez casi universalmente. Esto no presta atención a los estándares de derechos humanos internacionales”. Chávez expulsó a la HRW de Venezuela el 18 de septiembre de este año. Sobre esta expulsión, Chávez presuntamente ha dicho “Estos eran extranjeros que vinieron a Venezuela a insultar a nuestro país”. En la tarde que llevó a su expulsión, Human Rights Watch sostuvo una conferencia de prensa en Caracas e informó sobre sus hallazgos en relación al sistema judicial y sobre lo que ellos consideraban que era un poder excesivo del gobierno sobre los medios televisivos y radiales. Vivanco comparó el sesgo de la televisión pro-Chávez con la veneración de Fox TV hacía el gobierno de Bush. Asimismo, Vivanco añadió que “En general, las ONG que están funcionando en Venezuela lo hacen en un ambiente de acoso y hostigamiento”. Mientras tanto, hasta el día de hoy, los tres principales periódicos en Venezuela están dirigidos por la oposición y son claramente antichavistas. Así como Pat Robertson me llevó a Venezuela la primera vez, y el bombardeo de las Oficinas Centrales de la ONU en Bagdad en el verano de 2003 me llevaron a esa ciudad la segunda vez, Joe Biden, el senador de Delaware, podría haberme comprado mi pasaje a Venezuela la semana siguiente. Si vamos al caso, creo que me gustaría ver lo que está pasando en Cuba desde la transferencia de poder de Fidel a su hermano Raúl. Tal vez pueda obtener un pasaje de dos destinos por el precio de uno. ¿Hola Fernando, como está? Quería dejarme de pendejadas. Ya había digerido mis visitas previas a Venezuela y Cuba y el tiempo compartido con Chávez y Fidel Castro. Me he vuelto cada vez más intolerante a la propaganda. Aunque el propio Chávez tiene una inclinación por la retórica, nunca ha sido una causa para la guerra. Esta vez me atreví a decirles a unos amigos en privado: “Es verdad, Chávez podría no ser un buen hombre, pero bien podría ser un gran hombre”. Entre las personas a las que les dije esto se encontraban el historiador y autor Profesor Douglas Brinkley y el escritor y columnista de la revista Vanity Fair, Christopher Hitchens. Como ambos habían expresado su interés de acompañarme en cualquier viaje subsiguiente a Venezuela, y, particularmente, porque quería una transversalidad de voces discutiendo sobre Chávez y Venezuela con el pueblo norteamericano, estos dos eran complementos perfectos: Brinkley, un notable y firme pensador, cuyo código de ética como historiador que es asegura la fidelidad a la evidencia sumamente razonada; y Hitchens, un astuto letrado, mucho más impredecible por su predisposición, es una persona un poco más salvaje que describió a Chávez una vez en un programa como un “payaso rico de petróleo”. Si bien creo que Hitchens es un hombre de tantos principios como inteligencia, puede ser combativo hasta el punto de intimidar, como cuando hizo comentarios severos sobre la activista santa y antibélica Cindy Sheehan. También es un hombre de políticas tan impredecibles como un volcán. Su presencia equilibrarían cualquier parcialidad percibida en mis escritos. Una vez dicho esto, estos son un par de tipos con los que me divierto mucho y a los que les tengo mucho cariño. Así que llamé a Fernando Sulichin, un viejo amigo y productor fílmico argentino, y le pedí que los investigara y aprobara para entrevistar a Chávez. Además, queríamos volar de Venezuela a La Habana, y le pedí a Fernando que solicitara de nuestra parte entrevistas con los hermanos Castro, más urgentemente con Raúl. El teléfono sonó a las 2 en punto de la tarde siguiente. “Mi hermano”, dijo Fernando, “ya está listo”. Nuestro vuelo de Houston a Caracas se retrasó debido a problemas mecánicos. Era la 1 de la mañana, habíamos sido sacados del avión una hora después de abordar. Brinkley y yo nos sentamos en unas sillas con las piernas estiradas y las rodillas dobladas sobre nuestro equipaje de mano. Hitchens caminaba de un lado a otro. “Raras veces sólo una cosa sale mal”, dijo Christopher. Debió haberle gustado la forma en que lo dijo, porque lo repitió: “Raras veces sólo una cosa sale mal”. Era un pesimista de Dios. Le dije: “Hitch, todo saldrá bien. Buscarán otro avión y llegaremos a tiempo”. Pero el pesimista de Dios es en realidad el pesimista ateo de Dios. Y más tarde me recordarían la claridad en su ateísmo. De hecho, algo más salió mal. Bueno, bien y mal, como verán más adelante. Después de dos horas, estábamos despegando hacía Caracas. Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Caracas, Fernando estaba ahí para recibirnos. Después de presentarnos brevemente, caminamos un pequeño trecho a través del aeropuerto hasta un terminal privado, donde esperamos en un área reservada generalmente para diplomáticos. Allí nos sirvieron un pequeño desayuno y esperamos la llegada del presidente Chávez. Su avión estaba en la pista y nos encontraríamos con él para ir a un mitin de candidatos a gobernadores en la bella Isla de Margarita. Pasamos los dos días siguientes con la constante compañía de Chávez con acceso a él sin filtros y muchas horas de reuniones privadas entre los cuatro. En los cuartos privados del avión presidencial, descubrí que cuando habla de béisbol el dominio del inglés de Chávez mejora. Cuando Douglas preguntó si la Doctrina Monroe debería ser eliminada, Chávez, queriendo elegir sus palabras con cuidado, volvió al español para detallar los matices de su posición contra esta doctrina, llena de lagunas y justificaciones intervencionistas. “La Doctrina Monroe tiene que ser quebrada”, dijo. “Hemos estado atascados con ella por más de 200 años. Siempre volvemos a la vieja confrontación de Monroe contra Bolívar. Jefferson solía decir que Estados Unidos debería tragarse, una a una, las Repúblicas del Sur. El país donde ustedes nacieron se fundamentó en una actitud imperialista”. La inteligencia venezolana le informa que el Pentágono tiene planes de invadir a su país. “Sé que están pensando invadir Venezuela”, dice Chávez. Parece que ve la eliminación de la Doctrina Monroe como una norma para su destino. “Nadie puede venir aquí otra vez y exportar nuestros recursos naturales”. Confirmó que ha estado comprando armas con sus petro-millardos, pero contraria a la interpretación de los expertos, él insiste en que “nunca ha tenido ni tendrá escuadrones de la muerte”. ¿Estará preocupado por la reacción de Estados Unidos ante sus valientes declaraciones sobre la Doctrina Monroe? Citó al independentista uruguayo José Gervasio Artigas: “Con la verdad, ni ofendo, ni temo”. Hitchens seguía sentado tranquilo, tomando notas durante la conversación. Chávez reconoce un parpadeo de escepticismo en sus ojos. “Cris-to-fer, hazme una pregunta. Hazme la pregunta más difícil”. Comparten una sonrisa. Hitchens pregunta: “¿Cuál es la diferencia entre usted y Fidel?” Chávez dice: “Fidel es comunista. Yo no. Soy social demócrata. Fidel es marxista-leninista. Yo no. Fidel es ateo. Yo no. Un día estábamos discutiendo sobre Dios y Cristo. Yo le dije: ‘Soy cristiano’, creo en los evangelios sociales de Cristo. Él no, simplemente no lo hace. Más de una vez, Castro me ha dicho que Venezuela no es Cuba, y que no estamos en los sesenta”. Su admiración por Castro no es más que ingenua y casi de niño y él no hace ningún intento por esconderla. Al confesar la repetición de esta última línea de Fidel “Más de una vez Castro me ha dicho…” también revela el afecto del anciano mentor romántico hacía Chávez. Es simultáneamente una aceptación de su necesidad de recordatorios paternales de tener cuidado de asegurarse de establecer diferencias entre las revoluciones de Cuba y Venezuela. “Verás” –dice Chávez– “Venezuela tiene que tener un socialismo democrático. Castro ha sido un maestro para mí. Un mentor. No en ideología, sino en estrategia”. Quizás, irónicamente, John F. Kennedy fue el presidente estadounidense favorito de Chávez. “Yo era un muchacho”, dice. “Kennedy era la fuerza impulsora de las reformas en Estados Unidos”. Sorprendido por la afinidad de Chávez hacia Kennedy, Hitch interrumpe y se refiere al plan económico de Kennedy contra Cuba para América Latina: “¿La Alianza para el Progreso fue algo bueno?” “Sí”, dijo Chávez. “La Alianza para el Progreso era una propuesta política para mejorar las condiciones. Estaba dirigida a disminuir la diferencia social entre las culturas”. Comienzo a tomar consciencia cada vez más de la complejidad en este hombre de los llanos venezolanos. Al mismo tiempo, es él el héroe romántico de un continente que reclama respeto y un visionario de la vieja escuela cuya responsabilidad implícita es frenar el avance de la ola de imperios foráneos. Y eso ha sido conocido como un elemento que lo ha distraído de respetar a aquellos dentro de su propio partido. Pero uno no puede sino creer en la gracia de su esperanza y afecto por su pueblo. Y su pueblo no es un pueblo sumiso. La conversación entre los cuatro continúa en buses, mítines y actos en toda la Isla de Margarita. Chávez es, literalmente, incansable. Se dirigió a cada nuevo grupo de simpatizantes durante horas y terminó bajo un sol abrasador. Duerme como máximo cuatro horas en la noche, y utiliza la primera hora de sus mañanas para leer las noticias mundiales. Pero, una vez que se pone de pie o en su podio es indetenible a pesar del calor, la humedad y las dos capas de rojas franelas revolucionarias que usa. No así, Hitch, Brinks y yo. Así que, durante el último mitin del día, no lejos de la Bahía de los Tiranos, donde el maníaco conquistador Aguirre llegó después de haber navegado el Amazonas, los tres encontramos refugio en un oasis de aire acondicionado. Un restaurant de hamburguesas de Wendy’s. Una vieja trucha como es, Hitchens apenas puede resistir estar en el local de una franquicia global, mucho menos ser mordido por su homogenización (o, en este caso, hegemonía), por lo que intenta “pinchar” nuestras Coca-Colas, como ha hecho con la suya, con ron cubano de una botella que ha sacado de su bolso. Mientras pongo la mano sobre mi vaso, sintiéndome suficientemente deshidratado, muchas gracias, le pregunto a Christopher de donde ha sacado el ron. Él se sonríe y me dice “Tu amigo Fernando es tremendo tipo”. ¡Hola Cuba! ¿Fidel y Raúl pueden salir a jugar? Esa noche Hitch, Douglas, Fernando y yo decidimos salir a aventurar por la ciudad. Nos echamos algunos tragos en un casino y hasta nos detuvimos por un rato en un bar nocturno para el último trago de la noche. Chávez habría visto mal que entrásemos a estos locales, y sobretodo por nuestro patrocinio, pero era la única fuente disponible y un periodista debe hacer lo que tiene que hacer. Luego nos fuimos a descansar, en tanto que ya teníamos los ojos puestos sobre Cuba. Mientras que mi interpretación de lo que me hahía dicho Fernando era que esta pieza del rompecabezas había sido confirmada y aprobada, en alguna parte de nuestro intercambio cultural, idiomático y telefónico había habido un malentendido. Mientras tanto CBS News esperaba un reportaje de Brinkley, la revista Vanity Fair de Hitchens, y yo escribía en representación de la revista The Nation, y les había asegurado que el encuentro con Castro venía en camino. En nuestro tercer día en Venezuela, nosotros cuatro, parados en el Aeropuerto Santiago Mariño de la Isla de Margarita, entre el personal de seguridad y la prensa, agradecimos al Presidente Chávez por su tiempo. Brinkley tenía una última pregunta, y yo también. “Señor Presidente”, preguntó Douglas, ¿Si Barack Obama es electo Presidente de los Estados Unidos, aceptaría Usted una invitación para ir a Washington y sostener una reunión con él? Chávez contestó inmediatamente: “Sí”. Le dio la mano a Christopher, se despidieron, y luego también se despidió de Douglas. Cuando me tocó a mí, puse mi mano sobre la espalda del Presidente, tratando de que se volteara para poder hacerle una pregunta en privado. “Señor Presidente” dije, “Es muy importante para nosotros reunirnos con Castro. Es imposible que contemos la historia de Venezuela sin incluir a Cuba y que contemos la historia de Cuba sin incluir a Castro”. Él contestó a mi pregunta privada de forma pública y abierta, tratando de incluir a Douglas y a Christopher. Nos prometió que llamaría al Presidente Castro cuando estuviese en el avión de regreso a Caracas, lo cual sería minutos después de nuestra conversación. Prometió que se lo pediría de nuestra parte, pero advirtió que era probable que el hermano Fidel no respondiese inmediatamente, puesto que se encontraba escribiendo muchas reflexiones en los últimos días, lo que no le permitía recibir a mucha gente. Tampoco podía prometer nada sobre Raúl. Lo que yo no sabía en ese momento era cuan bajas eran las probabilidades de que Raúl nos recibiera. Vergonzosamente, no sé cómo encender una computadora y mucho menos cómo buscar algo en Google, por lo tanto no me había tomado la molestia, para entonces, de revisar algunas entrevistas dadas por Raúl. Si lo hubiera hecho, me habría encontrado con que no había ninguna, puesto que nunca ha concedido ni una. Pero Chávez nos prometió que lo intentaría, abordó, y vimos el avión alejarse. La mañana siguiente, partimos para la Habana. Les cuento todo: Para realizar el viaje nos prestaron un avión del Ministerio de Energía y Petróleo de Venezuela. Si alguien se quiere referir a eso como un soborno, ¡adelante!. Pero cuando lea el reportaje de un periodista que viaja en un Air Force One, o con suerte a bordo de un avión de transporte militar de los Estados Unidos, que sea tan generoso como para también repudiar ese artículo. Nosotros apreciamos la cola en todo ese lujo, pero eso no influyó para nada en nuestro reportaje. Para mí, las apuestas personales eran muy altas. Yo erróneamente había entendido que la verificación y la aprobación para darnos a nosotros tres acceso a Raúl Castro habían sido confirmadas antes de que saliéramos de los Estados Unidos. Incierto de esa garantía, y motándome ya en el avión hacia la Habana, me estaba empezando a poner nervioso. Christopher había cancelado algunos compromisos de conferencias importantes a última hora, para realizar el viaje. No es su costumbre, ni su reputación dejarles a los demás la carga. Por lo tanto, para él era “lo tomas o le dejas”, y ya se estaba exaltando. Douglas, profesor de Historia de la Universidad Rice, tendría que regresar de forma inminente por sus obligaciones académicas. Fernando ya sentía el peso de las expectativas, de que fuese él nuestro ariete. Y yo, bueno yo dependía de la llamada de Chávez a Castro, para que me concediera la entrevista, y poder salvar mi trasero ante mis compañeros. Pocas veces sólo una cosa sale mal Aterrizamos en la Habana cerca del mediodía y fuimos recibidos en la pista de aterrizaje por Omar González Jimenez y Luis Alberto Notario, presidente del Instituto Cubano de Cine y jefe del ala de coproducción internacional del Instituto, respectivamente. Había compartido con ellos dos en mi anterior viaje a Cuba. Nos pusimos al día mientras nos dirigíamos a la oficina de Inmigración. ¿Cómo están los niños? ¿Cuánto han crecido? Etc. etc. entonces Hitch se adelantó y sin ningún reparo le exigió a Omar, “Señor, TENEMOS que ver al Presidente. “Sí” respondió Omar. Estamos al tanto de su solicitud y ya le informamos al Presidente. Estamos esperando su respuesta. Omar me dijo entonces que Fidel también estaba al tanto de mi visita y quería saber cuánto tiempo me quedaría en Cuba. Le respondí que sólo podíamos quedarnos dos días debido a los compromisos impostergables que teníamos en nuestro país. “¿Dos días?” “Es muy corto, ¿no?” “Sí” le dije, pero de eso disponemos. Le rondó por la cabeza la idea de cumplir con nuestras peticiones en tan corto tiempo. “Bueno, ya veremos”, dijo. Después del chequeo de nuestros pasaportes y de las credenciales de Prensa, nos subimos al carro con Omar y Luis y nos fuimos a la ciudad. El resto del día y de la tarde siguiente torturamos a nuestros anfitriones con un incesante tiqui quitiqui: Raúl, Raúl, Raúl… Presumí que si Fidel estaba en condiciones y podía sacar tiempo, llamaría. Y si no, yo estaba muy agradecido de nuestra reunión anterior y se lo hacía saber en una nota que le envié con Omar. De Raúl, lo único que sabía era lo que había leído, y no tenía la menor idea si nos iba a recibir o no. Los cubanos son particularmente calurosos y hospitalarios. Nuestros anfitriones nos llevaron a recorrer la ciudad. Noté que el número de carros norteamericanos de los años 50 había disminuido considerablemente desde mi última visita, y habían sido reemplazados por modelos rusos más pequeños. Al pasar por la Sección de Intereses de Estados Unidos, de aspecto invasivo, en el Malecón, donde las olas que chocan con las paredes del mar bañan los carros que pasan por allí, percibí algo indescriptible de la atmósfera de Cuba. La presencia palpable de la arquitectura y la historia de la vida humana en un pequeño trozo de tierra rodeado de agua. Hasta el visitante siente el espíritu de una cultura que proclama de diferentes formas “Éste es nuestro lugar especial”. Recorrimos la Habana vieja, y en la afueras del Museo de la Revolución vimos, exhibido en una caja de vidrio, el Granma , el barco usado para transportar a los revolucionarios cubanos desde México a Cuba en 1956 con el propósito de derrocar el régimen de Fulgencio Batista. Nos trasladamos al Palacio de Bellas Artes, donde pudimos apreciar su colección de piezas apasionadas y políticas del talento cubano. Luego visitamos el Instituto Superior de Artes. Posteriormente, fuimos a cenar con el Presidente de la Asamblea Nacional, Alarcón, y con Roberto Fabelo, un pintor al que ellos invitaron, luego de que yo expresara esa tarde en el Museo de Artes mi aprecio por su trabajo artístico. Ya era medianoche y aun no habíamos recibido noticias de Raúl. Después, nos llevaron a la Casa de Protocolo, donde descansamos hasta el amanecer. Al mediodía del día siguiente, el sonido de la alarma retumbaba en nuestros oídos. A ese punto, nos quedaban 13 horas antes de partir al aeropuerto para tomar nuestro vuelo hacia los Estados Unidos, vía Cancún, México. Suavizando el trago para mantenerme sobrio, en caso de que de repente nos llegaran buenas noticias, Hitch se sentó tranquilamente y la humedad de la Habana le peinaba su cabello fino como si fueran finos espaguetis. El cabello de Douglas estaba desafiando la geografía manteniéndose tan firme como sus temperamentales conversas sobre cocina. Yo, despeinado y alborotado. Y Fernando, calvo como una bola de billar, se reía placenteramente. Estábamos alrededor de de una mesa en Le Castellana, un exclusivo restaurante de la antigua Habana, junto a un grupo de artistas y músicos que, guiados por el famoso pintor cubano Kcho, había creado la Brigada Martha Mashdo (nombre de su madre), una organización de voluntarios que ayudaron a las víctimas de los huracanes Ike y Gustav en la Isla de la Juventud que sufrió los embates de huracanes de categoría 3 que la afectaron en amabas ocasiones. La Brigada cuanta con el apoyo económico del Gobierno, se les proporcionaron aviones y u personal que sería la envidia de los voluntarios de la costa del golfo. También nos acompañaba para el almuerzo Antonio Castro Soto del Valle, un joven buen mozo de carácter humilde (Cuba es una zona libre de snob) de 39 años. Se trata del hijo menor de Fidel Castro, un doctor y médico del equipo nacional de bésibol de Cuba. Conversé un rato con él y re-enfaticé sobre mi agenda “Raúl”. El reloj ya no sonaba sino que latía. Omar me dijo que pronto escucharíamos la decisión del presidente. Con dedos cruzados, Douglas, Hitch, Fernando y yo regresamos a la sala protocolar para empacar nuestras maletas con antelación de manera que llegar en el momento preciso. A las 6:00 P.M. ya estábamos en el conteo regresivo y yo estaba esperando en la sala, leyendo con la poquita luz de la tarde. Hitch y Douglas estaban en las habitaciones de arriba, me imagino que durmiendo la siesta para bajar la ansiedad. Y Fernando estaba roncando en el sofá que estaba al lado del mío. Entonces, apareció Luis en la puerta frente a nosotros y miré por encima de mis lentes cuando me dio luz verde directamente y, sin palabras, lo miré y le hice señas hacia arriba preguntándole sobre mis compañeros. Pero Luis movió su cabeza como pidiendo disculpas y dijo “sólo tú”. El Presidente ya tomó la decisión. Podía escuchar las palabras de duda de Hitch en mi cabeza, “raras veces sólo una cosa sale mal”. ¿Estaba hablando de mí? ¿Y yo también Brutus? Sin embargo, revisé mi bolsillo posterior para asegurarme de que aún tuviera mis anotaciones sobre Venezuela, revisé mi pluma, guardé mis notas y entré con Luis. Justo antes de cerrar la puerta de mi carro de espera, escuché la voz de Fernando llamándome. “! Sean¡” nos vamos. Salí a ver al mago3 En Estados Unidos, el presidente Raúl Castro, ex ministro de las Fuerzas Armadas de la isla, ha sido calificado como un “militar frío” y un “títere” de Fidel Castro. Pero el joven revolucionario, que una vez usó cola de caballo, de la sierra Maestra está demostrando que las serpientes están equivocadas. De hecho, el “raulismo” está en auge junto al reciente auge económico industrial y agrícola. El legado de Fidel, como el de Chávez, dependerá de la sustentabilidad de una revolución flexible, una que pueda sobrevivir a la partida de su líder, ya sea por muerte o renuncia. Fidel de nuevo ha sido subestimado por el Norte. En la selección de su hermano Raúl, ha puesto la política del día a día de su país en manos formidables. En un informe del Consejo sobre Asuntos del Hemisferio, el vocero del Departamento de Estado John Casey reconoce que el raulismo podría conducir a una “mayor apertura y libertad para el pueblo cubano”. Entonces como dije, estaba sentado con una libreta de pael fresco en una mesita pulida con el cabello más despeinado de que jamás haya visto. Agradecí al Presidente por la almohada. “Fidel me acaba de llamar. Quiere que lo llame después de nuestra conversación”. Hay un humor en la voz de Raúl que muestra una vida de cariñosa tolerancia al ojo vigilante de su hermano mayor. “quiere conocer los detalles de nuestra tertulia”, dijo con sonrisa sabia. “Nunca me ha gustado dar entrevistas”, continuó. “Uno dice muchas cosas pero cuando las publican las acortan, las condensan. Las ideas pierden su significado. Me dijeron que haces largometrajes. Me imagino que también harás un periodismo extenso”. Le prometí que escribiría tan rápido como pudiera y que imprimiría tanto como escribiera. Me dijo que le prometieron su primera entrevista como presidente en otro lugar y, sin querer multiplicar lo que pudiera ser tomado como un insulto, me escogió entre mis compañeros. La llamada de Chávez no pudo haber causado daño alguno. Entonces, le dije “Siento que es muy importante para mi país escuchar su voz, y es por esta razón que traje conmigo a Hitchens y a Douglas Brinkley también.” Pero por supuesto, Castro no mordió el anzuelo. Puedo ver a mis amigos en la sala protocolar y habiendo escuchado el grito de Fernando, bajaron corriendo por las escaleras restregándose los ojos, y sin perder el tiempo, Christopher mueve su cabeza, maldiciendo a Fernando, pues solo decidieron ver a Sean, ¿no? ¡Bastardos! Castro y yo compartimos una taza de te. “Hace 46 años, exactamente a esta misma hora, nosotros movilizamos tropas, Alameda en el este, Fidel en la Habana, yo en Areda. En la noche se anunció en Washington que el presidente Kennedy daría un discurso. Esto sucedido durante la crisis de los misiles. Nosotros anticipamos que el discurso sería una declaración de guerra. Después de la humillación de Kennedy en Bahía de Cochinos, la presión de los misiles (la cual Castro consideró estrictamente defensiva) representaría una gran derrota para Kennedy, pero él no se quedaría con esa. Hoy estudiamos a los candidatos estadounidenses con mucho cuidado, enfocándonos en McCain y Obama. Escuchamos todos los viejos discursos, especialmente, los pronunciados en Florida, donde el hecho de ser opositor a Cuba se ha convertido en un negocio lucrativo para muchos. En la isla tenemos una fiesta, pero en Estados Unidos la diferencia es mínima. Ambas fiestas son una expresión de la clase dominante. “Él dice que los actuales miembros del lobby cubano de Miami son descendientes de la riqueza de la era de Batista, o de terratenientes internacionales “que sólo pagarían peniques por sus tierras”, mientras Cuba has estado bajo el absoluto dominio de Estados Unidos por sesenta años. “La reforma agraria de 1959 fue el Rubicón de nuestra revolución. Una sentencia de muerte para nuestras relaciones con Estados Unidos”. Castro parece estar probándome cuando toma otro sobre de té. “En ese momento no hubo discusión sobre socialismo o las relaciones de Cuba con Rusia, pero ya el dado se había lanzado”. Después de que el gobierno de Eisenhower bombardeara naves cargadas de armas dirigidas a Cuba, Fidel pidió ayuda a viejos aliados. Raúl dice “pedimos ayuda a Italia y nos dijo que no, a Checoslovaquia y nos dijo que no. Nadie nos daría armas para defendernos porque Eisenhower los presionó. Entonces, mientras obteníamos las armas desde Rusia, no teníamos tiempo de aprender a usarlas antes de que Estados Unidos nos atacara en Bahía de Cochinos”. Se ríe, se excusa y se dirige a un cuarto adyacente, se desapareció brevemente detrás de una pared, y luego regresó a la sala, bromeando, “a los 77 años, este es el defecto del té”. Fuera de juego, Castro se mueve con la agilidad de un muchacho. Hace ejercicios todos los días, sus ojos brillan y su voz es fuerte. Luego volvió al punto donde habíamos quedado. “Tu sabes, Sean, había una famosa foto de Fidel en la invasión de Bahía de Cochinos donde sale parado frente a un tanque ruso. Aún no sabíamos cómo ponerlos a andar en reversa”. Entonces, bromea, “¡la retirada no era una opción!” Demasiado para el “militarista frío”. Raúl Castro era cariñoso, abierto, enérgico e inteligente. Siguió diciendo que “EEUU envió un grupo de exiliados cubanos entrenados en operativos de reconocimiento avanzado a Bahía de Cochinos. Llegaron en pequeños botes durante la noche para que las huellas se perdieran en la playa. Como los cubanos no pueden vivir sin cantar, hablar y roncar, no pasaron desapercibidos. Así se confirmaron las sospechas de que el plan de ataque estadounidense comenzaría por Bahía de Cochinos.” Retomé el tema de las elecciones de Estados Unidos repitiendo la pregunta que Brinkly había hecho a Chávez: ¿Aceptaría Castro una invitación a Washington para reunirse con el presidente Obama, asumiendo que ganó en las encuestas, hace algunas semanas? Entonces Castro se pone reflexivo y dice “es una pregunta interesante”, seguido de un más largo e incómodo silencio. “Estados Unidos tiene el proceso electoral más complicado del mundo. Hay expertos ladrones de elecciones en el lobby cubano-estadounidense en Florida…” Intervengo, “Creo que ese lobby se está fracturando”. Y luego, con la certeza de un optimista duro de matar, digo, “Obama será nuestro próximo presidente”. Castro se ríe, aparentemente de mi ingenuidad, pero la sonrisa desaparece cuando dice, “si no lo asesinan antes del 4 de noviembre, será su próximo presidente.” Noto que no ha contestado aún mi pregunta sobre el encuentro en Washington. “Tu sabes –dice– “que he leído las declaraciones de Obama de que mantendría el bloqueo.” Me interpongo y digo “la palabra que utilizó fue embargo”. “Sí”, dice Castro, “bloqueo es un acto de guerra, entonces los estadounidenses prefieren utilizar la palabra embargo, una palabra utilizada en procedimientos legales… pero en cualquier caso, sabemos que se trata de un conversación pre-electoral y que también ha dicho que está dispuesto a conversar con quien sea”. Raúl se interrumpe y dice “Probablemente estás pensando, ¡oh!, el hermano habla tanto como Fidel” y nos reímos. “Usualmente no es así, pero tú sabes. Una vez Fidel tuvo una delegación aquí, en esta sala, de China. Estaban muchos diplomáticos y un joven traductor. Creo que era la primera vez que ese traductor estaba con un Jefe de Estado. Todos habían tenido un largo viaje y tenían una diferencia horaria. Fidel, por supuesto, sabía esto, y aún así habló durante horas. De pronto, el que estaba al final de la mesa, justo allá (señalando una silla que estaba cerca), se le comenzaron a cerrar los ojos, luego al otro y después al otro. Pero Fidel continuó hablando, y de pronto todos, incluyendo el de mayor jerarquía a quien Fidel estaba dirigiéndose, se quedaron profundamente dormidos en sus sillas. Entonces, Fidel voltea y mira al único que estaba despierto, el joven traductor, y conversó con él hasta el amanecer”. Hasta este punto de la historia tanto Raúl como yo nos reíamos a carcajadas. Solo me había reunido una vez con Fidel, cuya asombrosa mente y pasión sacan palabras. Pero fue suficiente para imaginarse aquella escena, el que no estaba riéndose era nuestro traductor, cuando Castro volvió retomar la conversa. “En mi primera declaración después de que Fidel se enfermara, dije que estábamos dispuestos a discutir sobre nuestra relación con Estados Unidos en igualdad de condiciones. En 2006, lo dije otra vez en un discurso en la Plaza de la Revolución. Los medios estadounidenses se burlaron de mí porque estaba aplicando cosméticos al dictador”. “Los estadounidenses son unos de nuestros vecinos más cercanos y nos debemos respecto. Nunca hemos hecho nada en contra de los estadounidenses y sería muy positivo que tuviésemos buenas relaciones. Quizás no podamos resolver todos nuestros problemas, pero podemos resolver muchos de ellos”. Se detuvo un instante y pensó: “Te diré algo, y esto nunca lo he dicho públicamente, en algún punto, alguien del Departamento de Estado estadounidense lo había dicho, pero fue rápidamente acallado debido a la preocupación del electorado de Florida, aunque ahora, cuando te digo esto, el Pentágono pensará que soy indiscreto”. Espero con ansiedad y luego me dice “nosotros hemos mantenido contacto permanente con la Fuerza Armada estadounidense, mediante un acuerdo secreto, desde 1994”, me dice Castro. “Este acuerdo está basado en la premisa de que nosotros solo discutiríamos temas relacionados con Guantánamo. El 17 de febrero de 1993, luego de una solicitud por parte de Estados Unidos para discutir temas relacionados con localizadores de boyas para navegaciones de embarcaciones en la bahía, hicimos el primer contacto en la historia de la revolución. Entre el 4 de marzo y el 1º de julio, ocurrió la crisis de los Rafters. Se estableció una línea militar caliente y, el 9 de mayo de 1995, acordamos reunirnos mensualmente con líderes de ambos gobiernos. Hasta hoy hemos sostenido 157 encuentros y hay una grabación de cada encuentro. Estas reuniones las hacemos cada tercer viernes de cada mes. Alternamos los lugares de encuentro entre la base estadounidense de Guantánamo y en territorio cubano. Realizamos ejercicios conjuntos de respuesta de emergencias, por ejemplo, encendemos una fogata y los helicópteros estadounidenses traen agua de la bahía, junto con helicópteros cubanos. [Antes de esto] la base estadounidense en Guantánamo había creado caos y habíamos perdido guardias de frontera y tenemos evidencia grafica de eso. Estados Unidos ha promovido la emigración ilegal y peligrosa con embarcaciones de los guardacostas que interceptan los cubanos que intentan irse de la isla. Ellos lo traerían a Guantánamo, y comenzó una cooperación mínima. Pero no resguardaríamos más nuestra costa, y dijimos que en caso de que alguien quisiera escapar, procedieran. Entonces, con los temas de navegación fue que comenzó esta colaboración. Ahora, ahí un representante del Departamento de Estado estadounidense en las reuniones de los viernes”. No reveló ningún nombre. Luego continúa diciendo “el Departamento de Estado tiende a ser menos razonable que el Pentágono, pero nadie dice nada porque… no estoy de acuerdo y hablo fuerte. Este es el único lugar en el mundo donde estas dos milicias se reúnen en paz”. “¿Y qué hay de Guantánamo?”, pregunté. “Te diré la verdad”, dijo Castro. “la base es nuestro rehén. Como presidente, digo que Estados Unidos debe irse. Como soldado, digo que se queden”. Me dije a mí mismo “¿tengo una gran historia que explotar? ¿O es poco relevante?” No es cosa rara que los enemigos se hablen tras bastidores. Sabemos de estas negociaciones; incluso esas entre Israel y la OLP. Lo que sí es raro es que él me hable a mí de eso. Y con eso me remití a la interrogante de una reunión con Obama. “¿Debería haber una reunión entre usted y nuestro próximo presidente? ¿Cuál es la prioridad de Cuba?” Sin titubear, Castro respondió, “Normalizar el comercio”. La indecencia del embargo de Estados Unidos contra Cuba nunca ha sido tan evidente como ahora, después del paso de tres devastadores huracanes. Cuando las necesidades del pueblo cubano, en particular a causa de una red eléctrica deshecha, nunca habían sido tan apremiantes. El embargo es simplemente inhumano y completamente improductivo. Raúl continuó, “la única razón por la que nos bloquean es para atacarnos. Nada puede detener la revolución. Dejen a los cubanos venir a ver a sus familiares. Dejen a los estadounidenses venir a Cuba”. Parecía estar diciendo “déjenlos venir a Cuba a ver esta terrible dictadura comunista de la que oyen en los medios, donde hasta representantes del Departamento de Estado y disidentes importantes saben que en unas elecciones libres hoy en Cuba las ganaría el Partido Comunista con un 80 por ciento del electorado. Comencé a listar a varios conservadores estadounidenses que han sido críticos con respecto al embargo, desde el economista Milton Friedman, pasando por Colin Powell, hasta inclusive el senador republicano Kay Bailey Hutchison, quien dijo: “por mucho tiempo he creído que se deben buscar nuevas estrategias en relación a Cuba. Eso significa, abrir más el comercio, sobre todo el de alimentos, especialmente si podemos ofrecer a la gente más contacto con el mundo exterior. Si pudiéramos construir la economía, eso le daría a la gente más herramientas para luchar contra la dictadura”. Castro sin notar el desaire responde con énfasis “¡aceptamos el reto!”. Ahora, cambiamos de té a vino tinto y cena. “Déjame decirte algo”, dice. “Últimamente, hemos hecho investigaciones que sugieren enérgicamente que existen reservas de petróleo en aguas profundas mar abierto, que compañías estadounidenses pueden venir a taladrar. Podemos negociar. Estados Unidos está protegido por las mismas leyes comerciales cubanas y quizás pueda haber alguna reciprocidad. Hay 110.000 km2 de mar en el área dividida, explica, “Dios sería injusto si no nos diera un poco de petróleo. No creo que nos prive de esta manera”. Debemos tener petróleo allá. De hecho, la encuesta geológica estadounidense especula que hay 9 mil millones de barriles de petróleo y 21 trillones de pies cúbicos de reservas de gas natural en el norte de la faja de Cuba. Ahora que recientemente han mejorado las ásperas relaciones con México, Castro también está tratando de mejorar sus vínculos con la Unión Europea. “Con la salida de Bush, las relaciones con Estados Unidos deberían mejorar,” confiesa. Tomamos un sorbo de nuestro vino. “¿Y Estados Unidos?,” pregunto. “Oye” –dice- “somos tan pacientes como los chinos. Setenta por ciento de nuestra población nació bajo el bloqueo. Soy el comandante de las Fuerzas Armadas más antiguo en la historia, 48 años y medio hasta octubre pasado. Es por esa razón que aún uso este uniforme y sigo trabajando desde mi antigua oficina. En la oficina de Fidel, no se ha tocado nada. En los ejercicios militares del Pacto de Varsovia, yo era el más joven y quien había permanecido más tiempo allá. Para entonces, era el más antiguo e incluso quien había estado allá por más tiempo. Irak es un juego de niños comparado con lo que sucedería si Estados Unidos invadiera Cuba”. Después de otro sorbo de trago de vino, Castro dice, “prevenir una guerra es igual que ganarla”. Esa es nuestra doctrina”. Luego de cenar, atravieso con el Presidente la puerta corrediza de vidrio que lleva hacia una terraza parecida a un invernadero, con plantas tropicales y pájaros. Mientras tomamos unos sorbos de vino, dice “Hay una película estadounidense, donde la elite está sentada en una mesa tratando de decidir quién será el próximo presidente. Miran por la ventana y ven al jardinero. ¿Sabes de qué película te hablo?” “Being There”, dije. “¡Sí!”, respondió Castro emocionado, “Being There. Me gusta mucho esa película. Con Estados Unidos, existe cualquier posibilidad objetiva. Los chinos dicen: ‘En el camino más largo, se empieza con el primer paso’. El Presidente estadounidense debería tomar este paso, pero sin amenazas a nuestra soberanía. Eso no se negocia. Podemos hacer exigencias sin decirle al otro qué hacer dentro de sus fronteras”. “Presidente” -le dije- “en el último debate presidencial escuchamos a John McCain impulsando el Tratado de Libre Comercio con Colombia, un país donde son notorios los escuadrones de la muerte y donde han asesinado a líderes trabajadores; sin embargo, las relaciones con Estados Unidos continúan acercándose cada vez más, mientras el gobierno de Bush intenta presionar la concreción del acuerdo a través del Congreso. Como usted sabe, vengo de Venezuela, nación que al igual que Cuba el gobierno estadounidense considera enemiga, a pesar de que le compramos mucho petróleo. Se me ocurre que Colombia razonablemente puede convertirse en nuestro aliado geográfico estratégico en Suramérica, tal como lo es Israel en el Medio Oriente. ¿Podría comentar algo sobre esto?”. Consideró la pregunta con cautela, y habló en un tono lento y mesurado. “En este momento”, dice, “tenemos buenas relaciones con Colombia, pero diría que si en Suramérica hay un país donde exista un ambiente vulnerable a eso… es Colombia”. Al pensar en la sospecha de Chávez sobre las intenciones de Estados Unidos de intervenir en Venezuela, respiro hondo. “¿Lo estoy cansando? Me preguntó. No, le respondí; y lo dije en serio. Se estaba haciendo tarde, pero no quería irme sin preguntarle a Castro sobre los alegatos de violaciones a los derechos humanos y el supuesto narcotráfico facilitado por el gobierno cubano. Un informe de Human Rights Watch publicado en 2007 señala que Cuba “sigue siendo el único país en Latinoamérica que reprime casi todas las formas de disidencia política”. Además, actualmente hay más de 200 prisioneros políticos en la isla, de los cuales cerca de 4 por ciento son convictos por crímenes de disidencia no violenta. Mientras espero los comentarios de Castro, no puedo si no pensar en la cercana cárcel estadounidense en Guantánamo y las horribles violaciones a los derechos humanos que Estados Unidos hace en ese lugar. Castro diría solo esto, “Ningún país está 100 por ciento libre de abusos a los derechos humanos”, me dice, pero insiste en que “las informaciones de los medios estadounidenses son extremadamente exageradas e hipócritas”. De hecho, incluso los disidentes cubanos de alto perfil, como Eloy Gutiérrez Menoyo, reconocen las manipulaciones y acusan a la Sección de Intereses de Estados Unidos de obtener testimonios de disidentes con sobornos. Irónicamente, en 1992 y 1994 Human Rights Watch también describió la anarquía e intimidación de grupos anticastristas en Miami, tal como lo calificó el escritor y periodista Reese Erlich, como “violaciones normalmente asociadas con las dictaduras latinoamericanas”. Una vez dicho esto, soy un estadounidense orgulloso e infinitamente consciente de que si fuese un ciudadano cubano y fuese a escribir un artículo como este sobre el liderazgo cubano, podría estar encarcelado. Además, estoy orgulloso de que el sistema establecido por nuestros padres fundadores, aunque no esté exactamente intacto hoy en día, nunca fue dependiente de un solo gran líder por época. Estos aspectos siguen siendo una pregunta para los héroes románticos de Cuba y Venezuela. Chávez cuenta una historia de Fidel. "Chávez", dijo Fidel, "La historia nos absolverá". A lo que Chávez responde con humildad, "No Comandante, la historia lo absolverá. Yo todavía no puedo afirmar eso". "Bueno," Fidel admite con una sonrisa, "Pero la historia me dijo que te absolverá". El desafío de Chávez es enorme. Él debe mantener su cabeza por encima de las aguas para no ahogarse en su propio poder, evitando que le disparen, y sin su revolución disparar un solo tiro. Es del interés de los EE.UU. ayudarlo y ayudar a la revolución de su país a triunfar. Consideré mencionar esto, quizás debí haberlo hecho, pero tengo otra cosa en mente. “¿Podemos hablar sobre el narcotráfico?”, pregunté a Castro, a lo que respondió: “Estados Unidos es el mayor consumidor de narcóticos del mundo. Cuba se encuentra justo entre Estados Unidos y sus proveedores. Es un gran problema para nosotros. En el pasado, cuando oficiales cubanos o americanos interceptaban los barcos de contrabando, por lo general los contrabandistas arrojaban las cargas al mar y muchos lavaban paquetes de drogas a las orillas de nuestro archipiélago. Los locales entregarían de inmediato esa droga a los oficiales, como lo establece estrictamente la ley nacional de narcóticos, lo cual limita el mercado local. Con la expansión del turismo, se ha desarrollado un nuevo mercado y luchamos contra eso. También se dice que permitimos a los narcotraficantes volar por el espacio aéreo cubano. No permitimos tales cosas. Estoy seguro de que algunos de esos aviones pasan cerca de nosotros. Es simplemente por las restricciones económicas que ya no tenemos funcionando el radar de baja altitud”. Esto puede sonar a cuento chino, pero no es así. Según el coronel Lawrence Wilkerson, ex asesor de Colin Powell, quien dijo a Reesse Erlich en una entrevista en enero de 2008 “los cubanos son nuestros mejores aliados en la lucha contra el narcotráfico y la guerra contra el terrorismo en el Caribe. Mucho más que México. La milicia vio a Cuba como un aliado muy cooperativo”. Quiero formularle a Castro mi pregunta incontestada una última vez dado que nuestro lenguaje corporal sugiere que hemos llegado a la medianoche. Ya es la 1, pero él comienza. “Ahora” –dice- “preguntaste si aceptaría reunirme con en Washington. Tendría que pensarlo. Lo discutiría con todos mis camaradas en la dirigencia. Personalmente, creo que no sería justo ser el primero en visitarlo porque siempre son los presidentes latinoamericanos quienes van a Estados Unidos primero. Pero también sería injusto esperar que el Presidente de Estados Unidos venga a Cuba. Deberíamos reunirnos en un lugar neutral”. Hace una pausa y pone a un lado su vaso de vino vacío. “Quizás podríamos reunirnos en Guantánamo. Debemos reunirnos y comenzar a solucionar nuestros problemas, y al final de la reunión, podríamos darle un regalo al Presidente… Podríamos enviarlo a casa con la bandera estadounidense que ondea en la Bahía de Guantánamo”. Cuando salimos de su oficina, nos sigue el personal mientras el presidente Castro me acompaña en el ascensor hasta el lobby y camina conmigo hasta el auto que me espera. Le agradecí la generosidad de esta ocasión. Cuando mi conductor estaba a punto de arrancar, el Presidente toca mi ventana. La bajo y revisa su reloj para decirme que habían pasado siete horas desde que comenzó la entrevista. Sonriendo, me dice: “Ahora llamaré a Fidel. Puedo prometerte que cuando Fidel se entere de que he hablado contigo siete horas, se asegurará de concederte siete horas y media cuando regreses a Cuba”. Compartimos una risa y un último apretón de manos. Había llovido temprano en la noche. En esta oscuridad de las primeras horas del día, mientras nuestros neumáticos navegaban sobre el pavimento mojado, pensé que los asuntos más básicos de la soberanía ofrecen una idea sustancial de las complejidades del antagonismo de Estados Unidos hacia Cuba y Venezuela, así como hacia las políticas de estos dos países. Tan sólo han tenido dos opciones: ser imperfectamente nuestros o imperfectamente a su propia manera. Nuestros tres países albergan realidades deprimentes y gloriosas, esperanzas empañadas y sueños vivos. Todos compartimos un deseo innegable de respeto. En los Estados Unidos hemos crecido recitando el mantra “Somos el país más grande de la tierra” Se siente bien y patriótico decirlo, ¿no? Pero pensemos. Piensen lo bueno que será para nosotros y nuestros hijos descubrir que es No es una declaración de la verdad. ¿No estaríamos mejor si pudiésemos celebrar legítimamente nuestro lugar ENTRE los grandes países y las culturas de un mundo diverso? Decidí esa noche sumarme a los Castros y a Hugo Chávez en creer que puede ser así con Barak Obama. Como el niño nacido en 1960 en la época de los asesinatos de líderes de América, la guerra de Vietnam y Watergate, voy a lanzar el dado una vez más. Viva Cuba. Viva Venezuela. Viva EEUU Cuando regresé a la Casa de Protocolo, eran casi las 2 de la mañana. Mi amigo Fernando, con una apariencia desastrosa, me había esperado despierto. Vaya noche habían tenido mis compañeros. El pobre Fernando había aguantado lo más recio de su frustración. No sabían adónde me había ido, ni por qué los había dejado. ¿Para ver a Raúl? ¿Fidel? ¿A ambos? Y los funcionarios cubanos a los que habían contactado les habían insistido en que se quedaran tranquilos en caso de que alguno de los hermanos Castro ofreciera espontáneamente una audiencia. Pero esto nunca se concretó. Así que se habían perdido también una última noche cubana en la ciudad. Después de ponerme al corriente, Fernando se fue a dormir un par de horas. Me quedé despierto revisando mis notas y fui el primero en la mesa del desayuno, a las 4:45 a.m. Cuando Douglas y Hitch bajaron las escaleras, me puse en la cabeza uno de los extremos del mantel a modo de burla y en señal de vergüenza. Supongo que bajo las circunstancias era un poco temprano (más allá de la hora) para probar su humor. La broma no funcionó. Mientras Fernando tomaba un vuelo hacia Buenos Aires, desayunamos tranquilamente y tuvimos un buen vuelo regreso al hogar dulce hogar. Cuando llegamos a Houston, me di cuenta de que había subestimado la gruesa piel de estos dos profesionales. El hielo que había percibido temprano ya se había derretido. Nos despedimos y celebramos lo que habían sido varios días de suspenso. Ninguno fue tan rencoroso como para preguntarme el contenido de mi entrevista, pero Christopher se dirigió a su trasbordo con unas palabras: “Bueno, supongo que lo leeremos”. ¡Sí, se puede! Me senté al filo de mi cama con mi esposa, mi hijo y mi hija. Las lágrimas bajaron por mi rostro mientras Barack Obama habló por primera vez como Presidente electo de los Estados Unidos de América. Cerré mis ojos y comencé a ver una película en mi cabeza. Podía escuchar la música también, nada más apropiado que las Dixie Chicks versionando una canción de Fleetwood Mac mientras rodaban imágenes en cámara lenta. Ahí estaban: Bush, Hannity, Cheney y McCain, Limbaugh y Robertson, Luis Posada Carriles. Los vi a todos, y la canción se escuchaba más alto a medida que la imagen de Sarah Palin se apoderó de la pantalla. Natalie Maines cantaba dulcemente: And I saw my reflection in the snow-covered hills (Y vi mi reflejo en las colinas cubiertas de nieve) till the landslide brought me down (Hasta que la avalancha me derribó). Landslide brought me down... (La avalancha me derribó…) Fuente

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Montaña de víboras por Sean Penn - 1º parte
InfoporAnónimo12/4/2008

Montaña de víboras (1º parte) Largo pero importante artículo del actor estadounidense Sean Penn sobre su visita a Venezuela y sus conversaciones con el Presidente Hugo Chávez. Son numerosas las desventajas de ser un escritor sobre el que a menudo escriben. Comencé con una llamada entusiasta a mi madre, de 81 años; esperaba compartir mi entusiasmo por un trabajo en el exterior. “Hola mamá…”. “Ya sé”, dice, “Estás en Júpiter, está en todo el Internet. ¡Dicen que estás retozando con el presidente del planeta! ¡Dicen que es anti-Tierra! Sean, ¿por qué tu cabello sale tan grande en las fotos?”. Pensé: “¿Falta de gravedad?”. “¡Eso fue lo que dijo Hannity1!”, dijo mi madre. Parece que las películas estadounidenses son muy populares en lugares lejanos, y uno debe bailar un poco para evitar historias más hiladas que la verdad que uno intenta contar. Sin embargo, también hay grandes ventajas. He pasado gran parte de mis 48 años expuesto al ojo público en diferentes grados y en muchas ocasiones me he sentado en la fila del frente de la cultura popular y política. Puedo hablar de primera mano, y hasta he sido testigo, de medios a menudo mentirosos, imprudentes y satanizadores. Sí, en muchos casos, el humo sería una señal precisa de fuego, pero el hecho es que nuestros más respetados medios impresos y televisivos son, en parte, fabricadores conscientes de engaños. En un caso, tengo evidencia fotográfica. Apareció ampliamente en las noticias que había comisionado a mi propio fotógrafo para autopromocionar mi participación en Nueva Orleáns junto a muchos otros voluntarios tras la desgracia de Katrina. Sencillamente, eso no sucedió así. Si bien la noción de autopromoción no se me ocurrió, más tarde lamenté no haber tomado algunas fotos de la devastación que vi. Probablemente llevaré a alguien conmigo para documentar la próxima cagada de los medios o del gobierno. Mientras tanto, reto a cualquiera a buscar las pocas fotos que fueron tomadas por los foto-reporteros que se han tropezado conmigo, y a encontrar una sola que haya pasado la prueba de mi escrutinio narcisista. Pero un beneficio mayor a la perspectiva ofrecida por este espectador sentado en la fila del frente es que ser una figura pública, que incluye una mente abierta a las cualidades de otros países, puede brindar un acceso impresionante. ¿Quién lo hubiese pensado? Ahí estaba yo con el cabello más largo del planeta. Oh yeah. Un cabello largo, largo. Eso pasa en el trópico, crece, y crece bastante. Y ahí estaba yo con mi largo cabello estadounidense buscando la fe en la democracia de mi país en el lugar más inverosímil. Sentado en el Salón de Protocolo en el Palacio de Convención del distrito Miramar en La Habana, todo lo que tenía que hacer era decirle al hombre con gafas sentado en la silla frente a mi en traje militar que estas palabras no serían publicadas hasta después de las elecciones estadounidenses. Y con eso, en la primera entrevista concedida a un periodista extranjero desde el comienzo de la Revolución Cubana de 1957, el presidente Raúl Castro sonrió calidamente y simplemente dijo: “Queremos a Obama”. Su renuencia inicial se debió a la preocupación de que el apoyo de un Presidente cubano podría ir en detrimento de la candidatura de Obama. Y aquí es donde entra la fe: si bien Obama podría convertirse en el décimo primer Presidente estadounidense en la larga historia del reino de los hermanos Castro, a pesar de las relaciones tumultuosas entre Estados Unidos y Cuba desde lo que Henry Cabot Lodge llamó “la amplia política”, como una justificación de las violaciones estadounidenses a la enmienda Teller a finales del siglo XVIII; a pesar de los múltiples intentos de asesinatos de la CIA contra Fidel, su hermano mayor, las tácticas de desestabilización de Robert F. Kennedy y la Bahía de Cochinos, la Enmienda Platt con la toma de la Bahía de Guantánamo, e incluso a pesar de un embargo (de hecho, es un bloqueo) interminable e injustificado de Estados Unidos contra Cuba, aquí estamos en 2008, y Raúl Castro dijo que si el pueblo estadounidense, que hoy apoya al candidato Barack Obama, continúa apoyando al presidente Barack Obama, entonces “se podrían lograr avances importantes y productivos en Cuba y el mundo”. En lo que pensaba sería una breve entrevista, saqué de mi bolsillo los restos cada vez más reducidos de mi pequeña libreta de notas. Una vez más, Castro sonrió y me pasó una nueva libreta. Pasaríamos juntos las próximas siete horas. Dos semanas antes Luego de haber pasado varios canales, vi en CNN la disertación de Glenn Beck sobre el colapso de Wall Street. Según el autoproclamado “pensador”, no hubo peros ni condiciones al respecto. El fracaso de Wall Street “no fue un fracaso del capitalismo de libre mercado”, sino más bien de la “avaricia”. Recuerdo a un grupo de “pensadores” negros y blancos en mis días de escuela que utilizaban un discurso superficial en para llamar la atención. Y al igual que ellos, Glennie ignoraba la manera de atraer la máxima atención. El capitalismo de libre mercado y la avaricia en las manos de los humanos son, de hecho, un matrimonio que no puede escaparse del demonio. Son un solo cuerpo. Podemos decir que Ronald Reagan marcó el final de la era Roosevelt, y quizás, que Barack Obama podría marcar el fin de la era Reagan. Pero históricamente, nuestro sistema ha sido un columpio, llegamos hasta arriba y luego bajamos, casi colocando los pies sobre la tierra, luego nos columpiamos hacia arriba otra vez de cara al viento, pero cuando bajamos nunca lo hacemos lo suficiente como para recoger a los hombres y mujeres en el piso. Es un ciclo humano sujeto a un ciclo monetario. Pero con la explosión poblacional mundial, parece que ponemos la cadena y el asiento más alto en cada ciclo. Cada vez se quedan más personas debajo del columpio. En los últimos días de la campaña presidencial de este año, la protesta de la derecha y el llamado de la izquierda han rejuvenecido los miedos, las posibilidades, los valores y la necesidad de considerar aspectos del socialismo. Como estadounidenses, somos ciudadanos de una sociedad compleja, y la aspiración, al menos, es pensar con la complejidad que la iguale. En el mejor de los tiempos, en mi vida como estadounidense, ha habido muchos Estados Unidos. Está el Estados Unidos de la elite rica y corporativa, un Estados Unidos de las clases media y media baja, y los millones de pobres, plagados de desempleo, educación inadecuada, salud inadecuada o inexistente, prejuicios raciales, y una filosofía económica de gotera, donde lo que gotea cae y se recicla antes de llegar al fondo. Es lo que, en mi primera reunión con el presidente de Venezuela Hugo Chávez, el describió como “una sociedad insostenible”. ¿Debería nuestro país temer al socialismo mientras avocamos ciegamente por el capitalismo? ¿Existen modelos de economías sustentables? ¿Preferimos la insustentabilidad para cambiar, si cualquier aspecto de ese cambio puede ser definido como “socialista”? Un 11 de septiembre, día martes, Estados Unidos financió el golpe que derrocó y asesinó al líder socialista democráticamente electo de Chile, Salvador Allende, en 1973. Y nuestro ilustre secretario de Estado, Henry Kissinger, celebró “la victoria” instalando al general Augusto Pinochet. Este ha sido nuestro patrón desde principios del siglo XIX para intentar satanizar a los líderes socialistas, desestabilizar países socialistas, y ejercer la voluntad de la banca estadounidense y de los intereses sobre la materia prima de esos países (Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Chile, y más notablemente, Cuba). Pero quizá más que nunca, es del propio interés de Estados Unidos reeducarse y colaborar, ya que las caras humanas del socialismo se reflejan cada vez más en nosotros. Pero he aquí la cuestión: No soy socialista. O al menos no completamente. Como estadounidense, tengo algo de Al Capone en mi. Me gusta la idea del logro individual. Pero no en contra de un contexto de opresión desesperanzada. El guionista David Mamet planteó una noción en un monologo pronunciado por el personaje de Al Capone en su guión para Los Intocables: Un hombre se convierte en preeminente; se espera de él que tenga entusiasmo. Entusiasmo. ¿Cuál es el mío? ¿Qué me llama la atención? ¿Qué me da felicidad? El béisbol. Un hombre se para solo en el home. ¿Es el tiempo para qué? Para el logro individual. Ahí está solo, pero en el campo ¿qué es? Es parte de un equipo. Mira, lanza, atrapa, corre, es parte de un equipo. Batea solo todo el día: Babe Ruth, Ty Cobb, y así. Si su equipo no fildea… ¿Me entienden? ¿Qué es él? Nadie. Un día soleado, las gradas están llenas de fanáticos. ¿Qué tiene que decir? ¡Saldré ahí solo, pero no llegaré a ningún lado a menos que el equipo gane! Entusiasmo. Soy entusiasta por explorar el socialismo. El logro personal. Bueno, en este caso, espero lograr el interés continúo de los lectores. El principio En 2005, en un viaje de navidad a Cuba bajo los auspicios del turismo religioso, mi esposa, nuestros hijos y yo fuimos recibidos en una reunión de medianoche con el entonces presidente Fidel Castro y el gran novelista colombiano y premio Nobel Gabriel García Márquez. Antes de nuestra salida de Estados Unidos, me senté con mis hijos a ver documentales sobre la Revolución Cubana. En particular, mi hija se había ofendido por la historia de opresión hacia los homosexuales en Cuba, y había dejado claro a su padre que si le ofrecían la oportunidad de reunirse directamente con Castro, se negaría. Márquez nos invitó a su casa. Entramos y ahí, solo en la sala, estaba sentado Fidel Castro. Tras la sorpresa de la reunión, mi hija educada y de 14 años tomó su lugar en la sala y espero su turno para atacar. Fidel me agarró por el brazo y me sentó a su lado. Comenzó la conversación preguntándole a mi hijo, entonces de 12 años, sobre el plan de estudios en su escuela pública. ¿Sabía cuán lejos estaba la Tierra del sol? ¿Sabía la diferencia entre kilovatio y voltaje? El interrogatorio siguió por media hora, y el porte de Castro era el de un abuelo estricto, escondiendo su afectuosa sonrisa detrás de sus labios mientras demandaba conocimiento con curiosidad. Me pareció que podía sentir la conducta fría de mi hija. Y justo en el momento apropiado, todavía sin una palabra de ella, le preguntó qué le molestaba. Ella respondió: “¿Por qué no le ofrece los mismos derechos humanos de los heterosexuales a los homosexuales en Cuba? ¿Por qué los ha perseguido?” Estaba lista para la pelea, pero ninguna pelea estaba próxima. Ni siquiera una señal de defensa. Castro no parecía impresionado por la pregunta, y pacientemente explicó que la homofobia no había sido inventada en Cuba, pero tenía profundas raíces culturales, y que él y la Revolución tenían muchos errores como resultado. Pero que había una evolución en el proceso de cambio. Y que a pesar de que todavía se cometen errores, ha habido un crecimiento tremendo. (En 1979, Cuba abolió las leyes anti-sodomitas. Hoy en Cuba, la afirmación de las uniones de un mismo sexo está programada para 2009, sobrepasando así las reformas sociales de Estados Unidos, y las cirugías de cambio de sexo son bienvenidas en el servicio de salud pública). Desarmó a mi hija y había llegado mi turno. Castro había leído artículos que yo había publicado en San Francisco Chronicle productos de mis viajes a Irak y Afganistán. Hablamos por tres horas o más, y la pasión de esta figura dinámica de la historia había intensificado mi creciente interés en la historia de América Latina. Antes de partir, nos tomamos algunas fotos juntos, y con Fidel parado en su traje de faena y gorra verdes, un brazo alrededor de mi hijo y el otro alrededor de mi hija, todos sonrientes. Dije: “Comandante, cuando la gente vea esta foto, van a bromear diciendo que estoy criando a mis hijos para que sean revolucionarios”. Me respondió: “Esa es la segunda mejor cosa que puedes hacer. La primera es que se pongan las batas blancas de doctores”. Decidí no hablar sobre esta reunión hasta que el misterio de mi interés se aclarara. Ese año, en agosto de 2005, Pat Robertson, durante su programa 700 Club, expresó su voluntad y dijo que Estados Unidos debería asesinar a un Jefe de Estado democráticamente electo, Hugo Chávez en Venezuela. Pensé, ¡por fin! Robertson puso una soga sobre su cuello, se paró de su enclenque silla y su propio odio lo sacó de la jugada. Pero me equivoqué. Los comentarios del evangelista con vínculos cercanos con la Administración Bush crearon un escándalo internacional. Aquí en casa fue una historia de dos o tres días recordada y enmarcada como si sólo hubiese sido una simple y tolerable metida de pata política. Aunque no redujo el rating de Robertson, al menos sí transmitió la voluntad de los medios estadounidenses para satanizar a enemigos percibidos (énfasis en percibidos). Y aunque los comentarios de Robertson fueron tan ridículamente obscenos como para provocar mucho apoyo público en Estados Unidos, proyectan una luz brillante sobre la vulnerabilidad de un público estadounidense que invierte creencia en la satanización infundada de los medios contra líderes extranjeros, particularmente contra aquellos en países con enormes reservas petroleras, o con propiedades geográficamente estratégicas. A pesar de los recientes y devastadores tropiezos de la Administración Bush en Irak, principalmente debidos a la complicidad e ineptitud de la prensa estadounidense (de derecha e izquierda) que vendió una imagen de Hussein en posesión de armas de destrucción masiva, y la ficción de sus vínculos con Al Qaeda, nuestro país se ha vuelto tan temeroso como para aceptar cualquier oportunidad de identificar, sin evidencia, “amenazas” fuera de nuestras fronteras. Así ha sido transformada nuestra credulidad y desesperación para ventilar nuestra propia hostilidad interna. Todavía éramos peones en el juego, dispuestos a ser explotados bajo presión. Lo que es mucho más perturbador es que la retórica de ataques infundados no se limita a los jefes de Estado extranjeros, y tampoco se limita a las voces de los mordaces predicadores y expertos. La gobernadora Sarah Palin, candidata republicana a la Vicepresidencia, pasó los meses finales de la campaña en un llamado a las armas virtual de sociopatas en sus ataques verbales contra el candidato demócrata Barack Obama. Calificar el contacto de Obama con Bill Ayers de “andar con terroristas” es igual a decir que Paralax Corporation utiliza una especie de pesca de arrastre para juntar y provocar a todos los psicópatas homicidas y romper sus cadenas. Mi hermano Fernando Sulichin es un productor fílmico argentino independiente. Lo conocí a finales de los ochenta en París gracias al director Spike Lee. Fernando y yo nos mantuvimos en contacto y a finales de 2006 me llamó desde Caracas, donde estaba adelantando trabajos para un documental que Oliver Stone iba a dirigir. Después de una breve conversación, Fernando pudo asegurarme que tendría acceso al presidente Chávez si iba a Caracas. Me subí al próximo avión. Cuando aterricé en Caracas, fui recibido por asistentes de Andrés Izarra, presidente de Telesur, la televisora suramericana que sigue el modelo de CNN. Andrés Izarra había sido anteriormente Director de Programación de Radio Caracas Televisión (RCTV), pero en 2002 los partidos de oposición y el Departamento de Defensa estadounidense financiaron un intento de golpe contra la Administración de Chávez. RCTV, al igual que los demás medios en radio, impresos y televisión, era objetivo primario de los agentes golpistas. Las estaciones fueron tomadas, y cuando Izarra recibió ordenes de no transmitir la respuesta chavista, renunció en protesta. Esta acción luego llevaría a un Chávez reinstalado a nombrar a Izarra ministro de Comunicación de su gobierno. Su inminente matrimonio con una mujer de la parte opositora generó suficiente escrutinio para que fuese obligado a renunciar a su puesto de Ministro, y tomara control de Telesur. A principios de este año, fue reinstalado como Ministro de Comunicación. Los asistentes me dejaron en el Hotel Caracas Palace, frente a la plaza Altamira. En la plaza, había manifestantes, cerca de 200 obscenidades fuertes gritadas y eslóganes antichavistas frente a las cámaras de los medios. Se reportó ampliamente que el presidente Chávez había “cerrado” RCTV, canal que se había convertido en la primera televisora de oposición en Caracas. Esta acción fue vendida como evidencia de las políticas de censura de un gobierno totalitario contra la libertad de expresión y prensa, y que produjo la ira de los defensores de la libertad de prensa locales y extranjeros, incluyendo a Reporteros Sin Fronteras. De hecho, RCTV, como todas las televisoras, tenía una concesión limitada. Como una televisora que diariamente alentaba un golpe y hasta el asesinato del presidente Chávez desde su elección en 1998, el gobierno simplemente decidió no renovar esa concesión en particular. Incluso, en 2002 un golpe contra Chávez tuvo lugar. Fue planeado por los magnates petroleros y de los medios, con financiamiento adicional de organizaciones estadounidenses como USAID y NED. Documentos oficiales absolven a la CIA de cualquier participación, pero confirman que dirigieron fondos en apoyo al golpe para “la promoción de la democracia” por orden de, y en consulta con el Departamento de Defensa estadounidense. Faltan sólo minutos para ver la verdad de la historia, y conciente de que en Estados Unidos, si productores, directores de programas y anclas promueven el asesinato de nuestro Presidente, no sólo serían sacados del aire, sino que además hubiesen sido enviados a correccionales federales. Eran los once de la noche. Los asistentes de Izarra me advirtieron que Caracas no era una ciudad en la que un estadounidense solo se aventurara a esa hora, y que debería esperar hasta mañana para salir a caminar. Fui a mi habitación del hotel y encendí el televisor. Coincidencialmente, estaba Bill O'Reilly transmitiendo desde Fox en Estados Unidos, condenando al “dictador” venezolano. Como era mi hábito, cambié los canales, pero no antes de pensar: “Vaya… creí que Chávez censuraba este tipo de cosas”. Dos canales más adelante, estaba la estación de noticias venezolana transmitiendo en vivo desde el lugar de la manifestación frente al hotel. Manifestantes sin máscaras gritaban a la cámara “¡Chávez es un cerdo!”. Aparentemente este tipo de discurso era permitido sin temer al arresto. Apagué el televisor y dejé que la libertad de expresión se colara por la ventana y me pusiera a dormir. Amanecer y teléfonos celulares Eduardo Rothe es un foto-reportero que ganó el Premio Nacional de Periodismo por su cobertura de la guerra de Vietnam. Fernando había hablado con él para que me ayudara a salir por ahí y ver algunos puntos de interés mientras mataba el primer día esperando la llegada de Fernando. Eduardo se apareció con un conductor y un vehículo 4x4. A pesar de que han pasado varios años desde sus retorcijones de estómago en las selvas de Vietnam, Eduardo todavía llena el arquetipo del periodista rudo y que se ensucia hasta los pies. La barriga creció un poco y el cabello se tornó gris, pero parecía estar listo como nunca estuvo. Me hizo pasar a la parte trasera del vehículo y saltó al asiento al lado del conductor. Le pedí que me llevara a la selva más cercana. Pareció gustarle la idea, e instruyó al conductor con aplomo. Fue entonces cuando me incliné hacia los dos asientos delanteros para ver la ciudad a través del parabrisas, y me percaté de las armas en las cinturas de los dos hombres. A pesar del cliché de que una sociedad armada es una sociedad educada, Caracas, evidentemente, había perdido el memo. La taza de homicidios y secuestros estaba en niveles record. Cuando íbamos hacia la montaña, pasamos una gran instalación hospitalaria, el Hospital Cardiológico Infantil, cuya única misión es ofrecer servicios de cardiología pediátrica. Virtualmente cualquier niño o niña de Venezuela y en América Latina recibe tratamiento gratis ahí. Chávez había inaugurado el centro en agosto. Pensé, que descarado este tipo llamado Chávez. ¿Cómo se atreve a ofrecer cuidado a los niños y niñas? ¿Será que instituciones como esta son la fuente de la hostilidad de Pat Robertson? Si el gobierno pone doctores a la disposición de ellos, ¿qué podría pasar con la gloria de Dios y el triunfo de las caridades cristianas? Ahora lo entiendo. Salimos de la ciudad a través de las montañas y hacia la costa. Casi cinco horas después, estábamos en Caruao, donde seguí a Eduardo hacia una granja de cochinos, y luego del camino adyacente a los cochinos, hacia la selva. Cruzamos algunos arroyos angostos, y luego escalamos casi dos kilómetros de colinas de la selva hasta llegar al Pozo del Cura, una cascada y pozo para nadar. No se comparaba con el Salto Angel, ubicado al sureste del país. Pero después del calor y sudor de un viaje de cinco horas, seguido de una hora de caminata, parecía un beso de Dios para mí. Me desvestí y salté. Cuando íbamos de regreso, nos detuvimos por pollo y plátanos, que pasamos con ron cubano en un restaurante al aire libre y rodeado de selva y miles de especies de aves. Cuando regresé al hotel, estaba exhausto. Tenía una copia de la Constitución venezolana, y un documental irlandés sobre Chávez y el golpe de 2002 llamado La revolución no será televisada. Exhausto como estaba, puse el DVD pensando que vería solo un pedazo, me quedaría dormido y recogería mis pedazos en la mañana. Pero me cautivó. La verdad de lo que sucedió en Venezuela en 2002 no tenía ningún parecido a los reportajes de la prensa estadounidense. Los manifestantes chavistas y antichavistas fueron llevados a un conflicto en las afueras del Palacio de Miraflores por organizadores de oposición. Se reportó que los seguidores de Chávez habían abierto fuego contra civiles, cuando, de hecho, fueron francotiradores de la oposición quienes habían iniciado un tiroteo que dejó 19 muertos y 60 heridos. El Palacio había sido invadido, Chávez hecho rehén a la fuerza y sacado de la capital en avión por los conspiradores. En las siguientes 48 horas, 12 personas fueron asesinadas en redadas de la policía y en manifestaciones esparcidas por toda la ciudad. Mientras tanto, en Estados Unidos, funcionarios de la Administración Bush aparecieron en CNN alabando lo que prematuramente asumieron que había sido un golpe de Estado exitoso. Pero cuando en los barrios se enteraron de lo que estaba sucediendo, cientos de miles de venezolanos pobres salieron a la calle para exigir el regreso de Chávez sano y salvo. No se lo negarían. Chávez regresó al poder rápidamente. Me sentí tan estimulado viendo el documental que antes de ir a dormir esa noche, leí la Constitución venezolana de cabo a rabo dos veces. Desperté temprano la mañana siguiente y di un paseo a pie. Caracas reposa dramáticamente al pie del Ávila. Bloques y edificios van de un moderno y brillante horizonte metropolitano al mal estado. Si bien fui prevenido de sus riesgos potenciales, esta ciudad, ubicada a veinte minutos de su costa caribeña, se siente tan hospitalaria como cualquier gran ciudad en Estados Unidos. Caminé hasta que las santamarías fueron levantadas, entré a la tienda por departamentos más cercana, y compré algunos monos con la idea de poder trotar en la tarde. Estaba esperando a Fernando Sulichin que llegaría de las Filipinas a las 11:00 a.m., así que regresé al hotel atravesando las calles de Caracas. Encontré a Fernando en el café, derrotando el jet lag con un gran vaso del mejor café venezolano. La sonrisa maliciosa de Fernando tomó un último sorbo y me saludó: “Mi hermano”. Me senté, ordené un café y me dio el itinerario básico. Llegué a saber que los itinerarios sujetos al acceso a un Jefe de Estado pueden ser algo inconstantes, así que escuché: “Hermano, la mayor parte de este día, descansaremos. Tengo que descansar. He estado lidiando con un loco director vietnamita en las Filipinas. Al Qaeda amenaza con secuestrar a nuestro actor principal y voy a tener que dejarte mañana al mediodía para regresar”. No era una historia impactante de la filmación caótica de una película. Parecía que Fernando siempre estaba involucrado en filmaciones caóticas. El argentino mitad judío una vez tuvo que convertirse al Islam con cuatro meses de estudio en Arabia Saudita para obtener la aprobación de Spike Lee y utilizar la Meca como una locación para filmar. También había trabajado con Oliver Stone en un documental sobre Fidel Castro, y una vez en Ramallah, en medio de una incursión israelí, en su intento por entrevistar a Yasser Arafat. Fernando es un hombre colorido. Luego de un descanso, me sugirió hacer un poco de ejercicio en el gimnasio del hotel, y luego cenaríamos con Andrés Izarra, su esposa y algunos amigos. Me dijo que el presidente Chávez estaba al tanto de mi presencia en Caracas y que una reunión podía darse en cualquier momento, y que debería estar listo para eso. Fui a mi cuarto y revisé algunos periódicos en idioma español, luego tomé una siesta. Cuando desperté, salí a trotar. Corrí kilómetros, esquivando autos y motos, enviando mensajes a amigos en Europa y buscando señales del mundo hitleriano descrito en la prensa estadounidense. En lugar de eso, me encontré en un lugar no muy diferente al centro de Los Angeles en hora pico. Cuando regresé al hotel encontré a Fernando ya descansado, en una caminadora y sudando. “¡Hermano!” Me senté en un banco, agarré unas pesas y jugué con ellas un rato. Después de que nos bañamos, Andrés, su esposa Isabel, y otros amigos nos recogieron a Fernando y a mí en el hotel. En este punto, debería reiterar una pequeña diferencia entre Caracas y Los Angeles. Virtualmente TODOS los conductores, incluyendo los que nos recogieron en el aeropuerto la noche anterior, y los que nos llevan al restaurante, manejan con armas pequeñas o armas de combate compactas a su lado. Subimos al Ávila, y a un restaurante desde donde se podía ver Caracas, y las 68 millones de luces fluorescentes que habían reemplazado a los bombillos incandescentes, en cumplimiento del Protocolo de Kyoto, iluminaban la vista. Desde esa posición, uno puede imaginar a salvo esta ciudad en momentos más difíciles, explotando en fuegos, disturbios y armas. En febrero de 1989, la administración de Pérez elevó el precio de la gasolina, y el aumento resultante en los precios del transporte público desató disturbios y saqueos en lo que se conoció como el Caracazo. El presidente Pérez ordenó a sus tropas salir a la calle. Abrieron fuego y asesinaron a cientos de civiles de esa ciudad, y por ello, abrieron la puerta para la Revolución Bolivariana de un joven teniente coronel que se convertiría en Presidente. Andrés ordenó una comida deleitable, y media hora después de comenzar a cenar, sonó su celular. Se paró de la mesa y conversó en privado por unos minutos, luego me llamó. Sabía quien estaba en el teléfono. Sabía que solo podía ser el presidente Chávez. Odio hablar por celular. Siempre me toca recibir una llamada con estática. En este caso, la estática sería las limitaciones de mi mal español y su inglés chapurreado: “Hola”, dije. Pausa. “Hola, Sin”. Su voz era alta y cálida. “Señor presidente”, dije. “Hola, Sin. Disculpa que mi inglés es muy malo. Es un honor tenerte en Venezuela. Vi Mystic River. Muy buena”. “Gracias señor Presidente. Estoy muy feliz de estar aquí y espero reunirme con usted”. Preguntó si hablaba español y le respondí con lo poco que tenía. Sabía que se había dado cuenta de que era mejor hablar en inglés. Me preguntó si podíamos reunirnos la mañana siguiente. Le dije que sí, y le di el teléfono a Andrés, quien obtendría los pormenores. Después de cenar, fuimos a 360°, un lugar de reunión y fiesta predominantemente de oposición. En conversaciones muy generales, estaba comenzando a ver realmente el país. Un enorme porcentaje de la población de Venezuela vive por debajo de la línea de la pobreza, y la esperanza, salud, educación e inspiración de activismo brindados por la Presidencia de Chávez no tenía precedentes en la mayoría de sus vidas. Para ellos, él era un héroe. Era amado. Pero para la mayoría de las personas en 360°, era un socialista peligroso; o peor; un tirano militarista. No era extraño que una persona rica en Venezuela dijera en voz alta que deberían asesinar a Chávez. En todas estas conversaciones, le pregunté a cada persona por la fuente de sus improperios. En cada caso, las respuestas eran regurgitaciones de los ataques de descrédito de los medios estadounidenses, o generalizaciones reducidas como “dictador”, “totalitario”, o “autoritario”. El hombre fue elegido. La elección fue presenciada y alabada por observadores internacionales, incluyendo al ex presidente de Estados Unidos James Carter. Después de su elección, inició un referendo para una nueva Constitución que ganó un apoyo abrumador. En un proceso riguroso de un año, una Asamblea Constitucional fue formada en todo el país, y elegida, no solo por los partidos, sino por todos los sectores. La Constitución fue, en efecto, redactada por un foro público. En la siguiente fase, informaron a todas las personas sobre su contenido. Se celebró una elección y entró en vigencia. Chávez es un hombre que, entre sus primeras acciones como Presidente, retiró a todo el personal venezolano de la Escuela de las Américas, el campo de entrenamiento en tortura y asesinatos (creada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos), donde los agentes del régimen de Pinochet eran entrenados para introducir ratas vivas y electrodos en los genitales femeninos. Actualmente está ubicada en Fort Benning, Georgia, bajo el nombre maquillado de Instituto para la Cooperación en Seguridad del Hemisferio Occidental. ¿Por qué diablos las personas en este nightclub están tan iracundas? ¿Cuán malvado hay que ser para ser amado en este antro? Pero al final de la noche, ya había juntado la esencia de las tres principales quejas contra Chávez. Primero, estaba el asunto de la reasignación de tierras. Segundo, la nacionalización del petróleo. Y tercero, bajo la forma de ataques a la libertad de expresión, estaba la gran decepción de que con la caída de RCTV, las novelas de la noche también iban a terminar. Todavía ni siquiera había conocido a Chávez y estos ataques vacíos me estaban enfureciendo. ¡Maldita sea, quería ser Al Capone! Estas expresiones abusivas eran el eco del lobby derechista cubano en Florida, que se había convertido en una militancia tan infundada que los hace separar a Elian González de su padre biológico, participar con la Administración Bush en el encubrimiento de terroristas como Posada Carriles, implicado en el bombardeo de un avión civil, arrestado bajo cargos de inmigración, metido a hurtadillas en Estados Unidos, y quien admitió su papel en el bombardeo de un hotel en La Habana en 1997 que dejó a un turista italiano muerto. Estados Unidos levantó los cargos en su contra, y hoy, se sienta en el restaurante Versailles de Miami, bebe café expreso cubano e intenta ligar con mujeres vestidas con pieles y diamantes. Es como una mala película de Andy García con una canción de Gloria Estefan mientras pasan los títulos. (Me gusta la actuación de Andy García, y es un hombre agradable en persona; y Estefan parece ser una dama fenomenal. ¿Pero que estos dos profesionales cubano-estadounidenses se sumen para separar a un niño de su padre? La política jode incluso las cabezas de buenos seres humanos). Antes de irnos del bar esa noche, pude concertar una reunión para la noche del día siguiente con dos contratistas surafricanos, empleados por el gobierno de Chávez para ayudar en la lucha antidrogas. Ya contaré eso. Hugo y yo La mañana siguiente Andrés nos recogió a Fernando y a mí para ir al palacio presidencial a reunirnos con Chávez. Caminamos hacia su oficina externa, las paredes estaban llenas de pinturas impresionistas. Había un retrato de Fidel Castro y otro de la vista de la ventana del palacio mostrando al Cuartel San Carlos, la prisión militar en la cual había sido detenido, luego de la intentona de golpe en 1992 para derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. Mi vista se fue a la firma del artista de la pintura. Una palabra: Chávez. No sabía que pintara y nunca supondría que un político pudiese hacerlo tan bien. Los hombres de razón pocas veces son hombres de romance, así como los hombres de religión (tal como lo es Chávez) pocas veces son hombres de dicha razón. Un acertijo de su personalidad que será explotado por muchos años. Cuando miraba en la verdadera ventana la verdadera prisión representada en la pintura, el presidente Chávez entró en la sala. Era un oso de hombre (los osos marrones y los pardos son idénticos en cuanto a género y especies; los marrones son un poco más pequeños. Chávez es un oso marrón), cuyos ojos se entrecerraron y amplia sonrisa brotó mientras me saludaba. Después de dar una breve descripción de sus de sus pinturas, nos llevó a un jardín adyacente en una terraza fuera de su oficina. Nos sentamos durante tres horas en una mesa bajo unas enredaderas. Al igual que Fidel Castro, Chávez es un agradable gran anecdotista y estudioso de la historia. Pasó sus años de prisión leyendo y reuniéndose con personajes del exterior, parecía gustarle preceder la explicación de donde estamos ahora con una amplia conversación sobre donde hemos estado no solo en Venezuela y Latinoamerica, sino en Estados Unidos y el mundo. Sus ojos se agrandaron y su voz se volvió apasionada al hablar de Simón Bolívar, “un hombre que veía continentes y pensaba en siglos”. Habló de la historia de sangre mezclada y relaciones raciales en Venezuela. Chávez es negro, y el racismo es un complemento del antagonismo de la oposición. Mientras nuestra conversación comienza a dar un giro hacia el tema de las relaciones Venezuela-EEUU, su tono cambia a algo entre indignación medida y humor. Solo han pasado dos meses y medio desde su enérgica aparición en las Naciones Unidas, donde afirmó, al oler el azufre en el aire, que el presidente Bush (quien justo el día anterior se había parado en el mismo podio) era el gran Satán, “el diablo”. Le pregunté que si había considerado que eso podría percibirse como un ataque al pueblo estadounidense. Estaba animado e impenitente y me dijo que nunca escribe o planifica sus discursos, solo dice lo que le viene a la mente. De manera que le pregunté qué tenía en mente cuando lo estaban fotografiando abrazado con Mahmoud Ahmedinejad en su última visita de Estado a Venezuela. El Presidente responde las preguntas muy directamente: “Nuestra relación con Irán es totalmente transparente. Hay muchas cosas con las que el presidente Ahmedinejad y yo no estamos de acuerdo, pero también hay otras que compartimos. Venezuela depende extremadamente de las tecnologías de perforación y refinación de Irán. Somos dos de los cinco países petroleros más ricos del mundo. Tenemos una relación muy productiva, y muy necesaria para el pueblo venezolano. El gobierno estadounidense ha sido extremadamente arrogante, y esas relaciones son muy importantes para mantener un equilibrio de poder como un tapón al imperio estadounidense”. La obsesión de Chávez con el poder de Estados Unidos le permite ganarse enemigos en ese país. Es un ejercicio necesario si quiere dejar una cultura latinoamericana sostenida e independiente por todo el continente. El rol de liderazgo viene a Chávez como resultado de los tres componentes primarios: primero, sus enérgicas habilidades de oratoria; segundo, el movimiento que se ha expandido por toda Latinoamerica que abarca a líderes de izquierda (Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Ortega en Nicaragua); y tercero, la producción petrolera venezolana (irónicamente, Chávez disfrutó de un mayor aumento de poder cuando superó un paro promovido por la elite petrolera del país). Construyó alianzas como Petrocaribe, Petrosur y Petroandina, a través de las cuales ofreció cientos de miles de barriles de petróleo a países de la región con “financiamiento flexible”. No había escuchado de Chávez que la reforma agraria era un tema que en repetidas oportunidades había sido utilizado para justificar la intervención militar y económica estadounidense en Latinoamerica. Heredó un país donde el 80% de la población no tenía nada y el 20%, representado por la adinerada oligarquía, había cocinado el mismo guiso de capitalismo y codicia que experimentaríamos este año en manos de Wall Street y prestamistas de subprime. Ciertamente el líder venezolano había redistribuido gran parte de las tierras ociosas de la clase pudiente para que fuesen sembradas, y alimentadas, por un país que se estaba muriendo rápidamente. Resulta irónico que la administración Bush y gran parte de los medios estadounidenses identifiquen este hecho como la amenaza y el lado oscuro del socialismo, o el totalitarismo, mientras que nuestro propio país mantiene los derechos de gobierno de un vasto imperio. Y mientras es fácil citar la imposición de un dominio eminente a través de la ampliación de las autopistas, o en numerosos casos que muestran los abusos, no pude encontrar un solo caso en el que su intención en EEUU fuera la de alimentar a los hambrientos o la de tratar a los enfermos. Chávez también ha extendido los intereses del Estado en financiar la revolución con el dinero del petróleo, mientras que aquí en casa, Exxon alimenta sus beneficios desde las afueras de las costas de Louisiana. Va dejando atrás un medio ambiente taladrado y al Estado no le deja nada a cambio. Le pregunté a Chávez cuál era su prioridad en cuanto a unas relaciones productivas con Estados Unidos y dijo: “El trabajo más arduo que me toca durante los próximos dos años es permanecer vivo”. En ese momento Fernando se disculpó por tener que irse debido a un vuelo hacia su propio peligro potencial en Filipinas. Después del almuerzo, entré en el asiento trasero del auto del Presidente. Sólo Hugo y yo en un convoy de autos negros. Recordé un juego que mi hermano mayor, Michael, y yo solíamos jugar de jóvenes. Él solía cerrar el pasillo que llevaba a las habitaciones y con voz intimidatoria decía “imagina que soy un revolucionario. No puedo dejarte pasar”. Pensando en lo que Michael podría decir hoy, me sumergí en mí propia risa. Chávez me preguntó por mis hijos y por qué no los había traído. Me dijo que la próxima vez que viniera “tienes que traerlos. Hay mucha historia y cosas bellas que ver en Venezuela”. Con eso, sacó su celular y buscó en la galería fotográfica fotos de sus hijas y me las mostró orgulloso. Sumergido en sus pensamientos y los ojos casi aguados, besó la pantalla. Para entonces yo tenía 45 y Chávez 51. Me sentí igual esperando ver a mis hijos. Chávez respondió mi pregunta de minutos atrás. “No apruebo el terrorismo de ningún tipo. Nunca bombardearía o secuestraría a nadie. Y no lo apruebo viniendo de nadie, incluyendo Estados Unidos. Así que debemos trabajar juntos con un sentido absoluto de soberanía”. Continuamos nuestro camino a una sala de conciertos a ver a la Orquesta Sinfónica Juvenil. Antes del concierto, se presentó a la audiencia un grupo de jóvenes estudiantes estadounidenses. Miré a mis jóvenes compatriotas y nos saludamos. Justo después, la ovación se unió con las cuerdas, los metales resoplaron, y los timpani estremecieron la sala. Como a las tres en punto de la tarde, Chávez y yo nos separamos hasta la mañana siguiente, donde me uní a él en un vuelo que nos llevó a los Andes, donde inauguró un laboratorio de pesticidas en lo alto de las montañas. Hasta este punto, había pasado mi tiempo en la selva, un cuarto de hotel, un palacio, cenas de alta sociedad, un pequeño paseo por la ciudad, un concierto sinfónico y muchos paseos en auto con pistolas. Mientras uno recorre Caracas los cerros llenos de barrios se hacen presentes. Yo me enganché con dos monjas que me llevaron a un tour por Carapita. Sí, señor, a lo más profundo. Imaginen, Cite Soleil en Haití, techos de zinc, paredes de barro, desnutrición, diarrea, diabetes, asma, drogadicción, hipertensión, meningitis, dengue; el infierno. Ahora, piensen de nuevo, porque, a pesar de las plagas, la pobreza y la muerte, estos barrios dieron un vuelco desde la llegada de Chávez. A través del programa petróleo por doctores con la Cuba de Fidel, se han construido clínicas por toda Venezuela. Desde las siete de la mañana hasta las siete de la noche, cualquier vecino del barrio puede acudir sin previa cita y recibir atención médica gratuita de parte de los médicos cubanos. Hay 20.000 galenos cubanos en el país, quienes trabajan y viven in-situ, tomando turnos cuya mitad administran atendiendo a los pobres tanto en las clínicas como en sus domicilios gracias a la actividad de puerta en puerta que realizan en el barrio. La otra mitad del tiempo la invierten formando médicos venezolanos para el futuro reemplazo. Para las generaciones que antecedieron a Chávez, gobiernos que pasaron de las manos de un grupo de títeres corruptos de Estados Unidos a otro, esta gente vivía sin un equivalente a seguro social o una cédula de identidad. En esencia, hasta la llegada de Chávez estas personas no existían. El intento de privatizar escuelas de elite, dejó con menos trabajo a los maestros y menos igualdad de oportunidades a la educación. Todo eso ha cambiado. Se han formado brigadas médicas, sociales y energéticas por todo el país, y ahora cada comunidad tiene consejos autónomos y un banco a través del cual pueden financiar las necesidades particulares de su área. Mientras más alto se sube a los barrios, hay más gente pobre, pero ahora todos ellos tienen acceso a servicios médicos y educación de calidad. Caminamos previamente anunciados hacia una escuela de niñas. Las nuevas escuelas bolivarianas se diferencian de las existentes antes de la revolución más por sus creíbles planes de estudio que por asuntos de adoctrinamiento. En la Venezuela previa a Chávez los centros de estudio cerraban al mediodía, luego de cumplir lo que simbólicamente representaba un día de aprendizaje, pero hoy los niños reciben desayuno y almuerzo, y cumplen una jornada escolar muy similar a la nuestra en Estados Unidos. Un amplio plan de estudios, maestros bien preparados, con programas de deportes, música y danza. Se van a las tres en punto de la tarde con sus libros y tareas. La directora del plantel preparó mi espontánea vista para mostrarme cerca de 10 jovencitas que en ese momento estaban en una práctica de danza. Cada una sacó una silla, perplejas por la invasión de este extranjero. Les hice preguntas simples: “¿Les gusta la escuela? ¿Qué materia les gusta más? ¿Enserio? ¿Y por qué?” Todo aquel que haya viajado a países del tercer mundo ha visto los ojos de la juventud hambrienta de educación. Estas niñas han estados hambrientas durante mucho tiempo. Los padres de sus padres nunca habían sido alimentados, estaban en un banquete virtual. La emoción era notoria. Le pregunté a una chica de ojos brillantes en particular, de 13 años, que si la educación que estaba recibiendo le garantizaría una forma de salir del barrio. De repente, la inocencia de esos ojos se acongojó. Me miró directo a los ojos y me dijo: “lo más importante la oportunidad que esto me da para convertirme en una mejor persona”. Le pregunté qué sentía por el presidente Chávez y su entusiasmo por él fue notable. Muchas me entretuvieron con las historias de cambio que, de manera muy real, les produjeron lágrimas de alegría. La esperanza que él había traído a sus padres, a ellas, el activismo, la identidad y el auto-respeto que ninguna nación desarrollada del mundo tendría la suerte de compartir. Pero, ¿estaba observando una revolución optimista de cambio sustentable y posible, o simplemente el culto a la personalidad? Más piano-titiriteros De lo sublime a lo ridículo, ahora eran las 2:00 a.m. Encendí un cigarrillo, aspiré un poco, me sacudí las cenizas y entré al bar. Abajo la música estaba alta, era una combinación de música house y salsa. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! El rimo estremecía el piso y me producía cosquilleo en los pies. Subí las escaleras de atrás y allí estaban esperándome en la mesa superior los dos contratistas con los que había quedado reunirme la noche anterior. Gran revelación: no soy un gran “contratista”. Me levantaron unos empleados iraquíes de la compañía contratista militar DynCorp una oscura noche en un callejón de Bagdad, y dormí al lado de unos muchachos de la Blackwater2 y de sus armas en la inundación de Nueva Orleáns. Es solo esta pequeña cosa que tengo sobre lo que los militares apolíticos pueden hacer por las ganancias. Llámenlo fastidio, llámenlo como quieran, pero una fuente es una fuente. Intercambiamos saludos a través de gruñidos. Me senté y pedí un trago de Jhonny Walker. De forma patética, pude haber querido ser uno de esos muchachos por un momento. Ellos pidieron un agua mineral con gas y comenzó todo. Yo era Al capone, maldición, y ellos eran un par de John Wayne mariquitas tomando agua Perrier. “¿Qué es lo que me tienes?” Desinteresadamente, se convirtieron en una pareja de caballeros, aunque eran surafricanos. Su trabajo en Venezuela era prácticamente logístico; uno organizaba el patrullaje de ríos por parte de su compañía, contratada por el Gobierno venezolano para ayudar en la lucha antidrogas. El otro realizaba patrullajes en la selva fronteriza con Colombia. Hablamos sobre muchas cosas y sobre muchas partes del mundo, tal como solía hacer cuando tomaba Johnny Walker Black. Pero lo sorprendente es que a ninguno de los dos le agrada Chávez en lo más mínimo. Sin importar la tendencia política que pudieran tener, estaban bien lejos de mi visión periférica. Solo que Chávez no era de la clase de amigos que tienen. Me dijeron lo siguiente: Les diré algo sobre Chávez. De todos los países para los que hemos trabajado, este Gobierno es hasta ahora el más serio sobre la lucha antidroga. “Dije: “¿cuáles son las malas noticias?” Y él respondió: “Chávez no dura un año”. ¿Qué quieres decir? Le dije: “Él es demasiado radical y lo hemos visto anteriormente”. “Qué es lo que han visto ustedes anteriormente? “Ellos lo van a matar” “¿Ellos? Pregunté. Se sentó en la mesa, se tomó un trago de Johnny Walker Black, sonrió, me señaló y dijo, el estadounidense en la mesa. La mañana siguiente, entré al avión presidencial a las 8 en punto y me mostraron la cabina que estaba llena de un variado grupo vestidos con trajes color piel y con tantos idiomas como la misma ONU. Un bar de Rick repleto de polacos, canadienses, belgas y una linda flor de Burkina Faso. Había turbantes, fezzes y funkadelics, todos con una cosa en común. Representaban los países firmantes del Protocolo de Kyoto. En el avión también había miembros del Comité de Prensa Internacional. Y hoy, Chávez iba a mostrar la nueva joya preciada del protocolo de adhesión de Venezuela. Me di cuenta que el asiento del otro lado estaba reservado para el Presidente de Venezuela. Miré por la ventana del avión me puse a escuchar la grabación de la reunión del contratista realizada la noche anterior en mi cabeza. Vi los francotiradores boinaroja ubicados en los techos de alejados hangares, soldados en la pista cuyos ojos buscaban el perímetro, perros antidrogas y máquinas de rayos x que revisaban cada artículo de los pasajeros. Vi como revisaban mi bolso y tuve un momento de horror porque recordé que una vez me pararon en Miami. Pero el bolso pasó si problemas. ¡Uff! Y luego vino el convoy. Tres o cuatro vehículos fuertemente armado y el carro del Presidente. Los soldados se mueven y comienzan la formación. Los jefes de seguridad abren la puerta del sedán negro, Chávez sale del carro se dirige a la banda y aborda el avión. Luego de saludar a cada uno de sus invitados, se sienta en el lado opuesto al mío, se pone el cinturón de seguridad y me pregunta cómo pasé la noche. Le digo que me fue fácil conseguir personas que me hablaran de Venezuela y del Presidente. Y le dije que “el en general la opiniones era… bueno… extremas”. El oso marrón se ríe y repite mi respuesta de manera que todos escucharan. El encanto de su risa es contagioso, y lo es tanto para la unidad de sus partidarios como para su indiferencia por sus detractores. Los motores del avión rugieron y aquí vamos. Es aproximadamente una hora de vuelo desde Caracas a La Fría, en las profundidades de las montañas andinas. No fue sino hasta mitad del vuelo que reconocí a un de los diplomáticos. Era Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional de Cuba. Nos habíamos reunido y ceno en mi primer viaje a Cuba dos años antes. Un hombre agraciado cuyo firme romance con el habano había mantenido el hábito del mismo Fidel. Se sentó junto a Chávez y hablamos durante todo el viaje. Cubriendo el viaje para the New York Times, Simón Romero escribió sobre las predicciones de Chávez después del vuelo con respecto a la crisis financiera de Estados Unidos, “lo que pudo causar una implosión”. Esto fue el 3 de agosto de 2006. Eché un vistazo y pude ver que era un área bastante alejada. El cielo estaba gris y parecía que iba a llover. La pista estaba llena de soldados, vehículos armados y un convoy esperando. Pero esta vez no había carros brillosos sino vehículos Tiuna todo terreno, el equivalente venezolano a un Humvee descapotado. Aquí es cuando el día se convierte en zúrrela. Acompañé a Chávez hasta la banda y me guió hacia uno de los Tiuna. Parecía que cualquier plan de las fuerzas de seguridad tengan para él, o al menos le hubieran diseñado, fuese a ser ajustado. El propio Chávez saltó a la silla del conductor y me indicó ponerme en la silla de atrás. El resto de los asientos rápidamente se llenaron con soldados y personal, y nos fuimos a aquella selva montañosa. Los equipos de seguridad adicionales, diplomáticos y prensa corrieron desordenadamente a unos vehículos, adaptándose al antojo de Chávez. Me miró y me guiñó el ojo, disfrutó esa clase de cosas. A mi lado se sentó el gobernador del estado Táchira, Ronald Blanco, quien estuvo en prisión junto con el líder venezolano en 1992. Chávez nos presentó y nos dimos las manos, el gobernador Blanco se sonrió, parecido al propio Presidente y dijo: “Estás ahora en el estado más peligroso de Venezuela”. Durante las próximas cinco horas, manejamos montaña adentro por una carretera paralela a la frontera colombiana, unos 15 kilómetros al sur. Unos helicópteros militares estaban volando sobre nosotros como parte del sistema de seguridad de Chávez. Por un lado, los helicópteros cambiaron de dirección hacia el lado colombiano de la carretera. Parecían estar sobrevolando un matorral cercano y bajando altitud. El sonido de la hélice iba y venia, supuse que era una agitación subconsciente. Encendí un cigarrillo. Chávez también notó el curioso movimiento del helicóptero, se volteó hacia mí con una ceja levantada como diciéndome “nunca se sabe”. Le ofrecí mi cigarrillo y le dio una fumada furtiva (a pesar de que no es fumador), asentó de forma conspirativa y regresó la vista a la carretera. En cada pueblo de la vía, cientos de personas esperaban la llegada de Chávez. En cada pueblo, pandemónium, los pobres de esos pueblos montañosos lloraban alrededor del convoy para ver a su amado Presidente. Chávez se paraba a cada momento, se salía del carro, abrazaba a las adultas mayores, a los niños, a los agricultores, campesinos. Esos eran los campesinos (100% chavistas). Mientras muchos periodistas habían informado de arreglos como los de este pequeño viaje y la beatle-manía que los rodea con un cínico efecto, no quedaba duda ninguna duda, de la pasión de su gratitud por las reformas de Chávez y las mejoras a sus vidas. Crecía la evidencia. Mientras en el exterior Venezuela no había mostrado mejoras radicales en la última década, el simple hecho de que estuviesen abordando la pobreza ofrecía una gran esperanza. Pero va más allá, los conservadores estadounidenses estiman que en ese país suramericano la pobreza se ha reducido en un 20% con el gobierno de Chávez, mientras que otros analistas objetivos colocan esas cifras entre 35 y 40%. El hombre heredó una zona de emergencia y, hasta la fecha, sus reformas han hecho mejoras radicales. Y así se pasó el día, manejando, deteniéndose, manejando, deteniéndose, soldados posicionados cada dos kilómetros, moviéndose, con los fusiles apuntando a la selva y la montañosa frontera colombiana extendida con paramilitares, guerrillas, contratistas y operativos de la CIA. Una seguridad simbólica para un presidente populista (un hombre del pueblo no puede ser protegido. Ninguno de los que se encontraba en esas multitudes ciertamente pudiese haberle quitado la vida). Llegamos a la cima de la montaña de Pueblo Encima, Chávez se sube a una plataforma ante una multitud que lo esperaba en el laboratorio de bioinsumos Cipriano Castro. En estas nuevas instalaciones, las cuales iba inaugurar, se desarrollan pesticidas orgánicos. Previa a la llegada de esta tecnología, el agua de la lluvia y de los sistemas de riego contaminada con pesticidas sintéticos tóxicos se hacía camino a través de los afluentes y de los pueblos de la montaña que habíamos visitado. Esto trajo como consecuencia que los índices de cáncer se incrementaran a proporciones genocidas. Al declarar una nueva era de pesticidas orgánicos y celebrar la culminación del laboratorio Cipriano Castro, Chávez declaró: “Ahora estamos ante una vista de esperanza, donde lo que antes había sido simplemente… una montaña de víboras”. Una montaña de víboras. La frase dio vueltas en mi cabeza en mi viaje de regreso a Estados Unidos. Muchos venezolanos a bordo habían leído sobre mi visita a Venezuela y me buscaban conversación. En general, los venezolanos que pueden pagarse un pasaje aéreo a Estados Unidos no apoyan a Chávez. Más de tres veces durante el vuelo me preguntaron cuánto dinero me pagó el régimen chavista para promover las reformas de Chávez. De nuevo, estas presunciones sólo pueden haber sido iniciadas por los medios opositores y estadounidenses, pues en ningún momento he promovido algo. De hecho, Chávez me había elogiado enormemente en público, a lo que correspondí de manera menos pública con simpatía, pero nada que pudiera ser interpretado abiertamente como propaganda. Estaba ahí para aprender algo. “¿Dinero?”, pensé. Es el pensamiento detestable con el que atacan. Pero era más que eso. Es un pensamiento aprendido y ellos parecen creer ciertamente que el único incentivo que puede haber para apoyar a Chávez es el dinero. Es irónico, pues el dinero era lo de que sus más vehementes partidarios carecían. Fuente

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