manaju18
Usuario (Costa Rica)

Breaking Bad está, sin lugar a dudas, en boca de todo el mundo. No sólo por la emisión de la segunda mitad de su última temporada, sino también por haberse alzado con un récord Guinness por ser la serie de ficción con mejor aceptación de la crítica (99/100 en Metacritic con un 22 de 22 de críticas positivas). La explosión en el despacho de Tuco Walter White comienza siendo un sencillo y simpático profesor de química de instituto, pero dentro de él hay algo más esperando salir, el cruel y despiadado Heisenberg. Su transformación es paulatina según avanzan los episodios y las temporadas, pero desde los primeros momentos ya vemos algunos destellos del genio del crimen y de las cosas que es capaz de hacer con los elementos de la tabla periódica. En esta escena, la tensión a la que Walter se ve sometido, unido a la paliza a su amigo, socio y, a veces, casi hijo, Jesse, le llevan al límite. Y en las situaciones extremas es donde Heisenberg sale a relucir (para desgracia de Tuco “el sereno” Salamanca y su despacho). Veamos las maravillas del fulminato de mercurio. Corre Jesse Pinkman representa uno de los personajes más ricos y con mayores matices de Breaking Bad. Bajo su apariencia inicial de yonkie descerebrado, poco a poco vamos descubriendo facetas que nos muestran a un joven desorientado, un chico débil que se ha visto involucrado en un mundo en el que realmente no quiere vivir. De este modo, cuando la transformación de Walter en Heisenberg se completa, Jesse es el único que puede ser la conciencia del profesor de química, ya que es de los pocos que siempre intenta hacer lo correcto (aunque no siempre salga bien). En esta escena, Pinkman intenta vengar la injusta muerte de un niño pequeño a mano de dos camellos. La tensión es brutal, ya que todo indica que puede ser el final de Jesse. La aparición estelar de Walter, en modo ángel justiciero, la frialdad al ejecutar a los delincuentes (mostrando una vez más cómo el lado oscuro del señor White le posee cada vez más) y solo una palabra (“corre”) hacen de este uno de los mejores finales de episodio de la serie. Yo soy el peligro Breaking Bad no sería lo que es sin sus actores, especialmente Bryan Cranston y Anna Gunn, que dan vida y emotividad al matrimonio de Walter y Skyler White. Esta relación, con todos sus recovecos, es una de las grandes bazas de la serie. La evolución hacia el lado oscuro no solo es de Walter. Skyler (uno de los personajes más odiados por la audiencia) también tiene su descenso a los infiernos, ya que pasa de ama de casa que no se entera de nada a ser una cómplice e, incluso, socia del negocio de meta de su marido (sin olvidar su “estrecha relación” con su jefe, Ted Beneke). En esta escena, Skyler (conocedora ya de los tejemanejes de su marido) le pide que abandone el negocio, ya que se encuentra en peligro. Walter, totalmente poseído por Heisenberg, le deja bien claro quién es el peligro y de qué lado de la pistola se encuentra cuando alguien aprieta el gatillo. Espectaculares Cranston y Gunn. La risa histérica Una de las cosas que vemos constantemente en Breaking Bad es la necesidad de Walter de tener el control. Cuando intenta guardar el secreto ante su familia (especialmente con su cuñado, agente de la DEA), combatir el cáncer o llevar a cabo sus negocios ilícitos, el señor White tiene el control. Y si todo se va a pique, siempre tiene un plan de emergencia, hasta que éste desaparece. En esta escena somos partícipes de una tensión asfixiante. Walter se sabe muerto y necesita huir para salvar su vida. Su salvoconducto es el dinero que tiene guardado en los cimientos de su casa. En ese lugar oscuro, angosto e inquietantemente parecido a un ataúd, el profesor se encuentra conque su dinero ha desaparecido (Skyler lo ha “cogido prestado”) y que su muerte está próxima. En ese momento, la racionalidad típica de Walter White desaparece en un llanto inconsolable, transformándose paulatinamente en una risa histérica, propia de un desequilibrado, que deja salir a Heisenberg definitivamente. Tiene un plan, y lo va a llevar a cabo. Cueste lo que cueste. Muerte de Gus Gus Fring pasará a la historia por ser uno de los narcotraficantes más terribles de la historia de la televisión. Giancarlo Espósito tiene mucha culpa de ello, construyendo un personaje frío, sin un ápice de dudas a la hora de tomar decisiones, por muchos cadáveres que deje detrás. Su carácter calculador lo abarca todo, incluso su vida pública. En ella es un hombre afable, un ciudadano ejemplar, un mecenas de Albuquerque. Si estás de su lado, vas a ganar dinero y vas a prosperar en tu negocio (aunque se trate de cocinar meta). Si estás en su contra, eres hombre muerto. En esta escena, Gus tiene el final que se merecía (no por cruel, que también, sino por épico). Un Gus Fring en su más pura esencia se toma su tiempo para vengarse de Tito Salamanca, el hombre que muy probablemente le convirtió en lo que es ahora. Sin embargo, el que años atrás era el gran capo de la droga le tiene guardada una sorpresa cortesía de Heisenberg. La muerte de Fring se corona con un momento al más puro estilo Terminator, dándonos unos segundos para pensar que el dueño de Pollos Hermanos es invulnerable, para luego darnos cuenta de que no. Muerte de Mike Una de las cosas que hacen a Breaking Bad especial son sus secundarios. Mike Ehrmantraut sobresale por encima de ellos, lo que no es fácil dado el nivel de la serie. El personaje que Jonathan Banks nos propone nos atrapa desde el primer momento. Mike es un tipo duro, más duro que el granito, que sin embargo tiene tiempo para cuidar de su pequeña nieta. Su personaje parte de un solucionador de problemas, una especie de “señor Lobo” de la vida real, un hombre de pocas palabras que poco a poco empatiza con Jesse hasta convertirse en un padre para él. Precisamente por eso no le gusta Walter, al que considera un ser inestable cuya ambición puede acabar por conseguir que les maten a todos. En cierto modo tiene razón, ya que será el propio Walter el que en esta escena acabe con la vida de este entrañable expolicía que le dio uno de los mejores consejos que se pueden dar a un delincuente: nunca dejes las cosas a medias. El final de Mike no puede ser mejor: Walter (a estas alturas, ya Heisenberg a tiempo completo) intenta desahogarse con él. Mike lo tiene claro, no quiere que le molesten mientras se muere. http://assets.ign.com/videos/zencoder/1280/8e65ab130c6ca97b68e968f6b457df3e-3000000-1346194993-w.mp4 Me pillaste Desde que fuimos testigos de que el viaje de Walter White hacia el lado oscuro era solo de ida, supimos que tarde o temprano llegaría el momento en que él y su cuñado Hank Schrader se verían las caras. A veces la suerte, en otros casos la estupidez de Hank y, por último, la pericia de Heisenberg habían conseguido que ese momento poco a poco se pospusiera. Justo hasta el punto en que por fin Walter tiene todo controlado, sin enemigos, con un buen comprado, y con un negocio que blanquea dinero como la seda. En ese momento Hank tiene una emergencia intestinal, se sienta en el retrete y, buscando una lectura, encuentra algo que no se espera: a Heisenberg. “Me pillaste” recuerda Hank cuando comentaba el caso con su cuñado. De este modo, la primera parte de la última temporada acababa con un cliffhanger espectacular que, con el regreso de la serie, ha confirmado que la recta final va a ser increíble. Tiroteo del parking Hank Schrader representa al caballero blanco, el hombre que defiende el bien, la némesis de Heisenberg, el cártel y todos los capos de la droga que entran y salen (algunos de ellos, en pedacitos) a lo largo de la serie. Al principio le vemos como un regordete bonachón, simpático y con tendencia a contar chistes malos. Podemos llegar a pensar que es el típico policía incompetente, pero con el paso del tiempo nos damos cuenta de que no es así, es algo más. El personaje (magistralmente interpretado por Dean Norris) es un policía implacable, un sabueso que persigue a su presa y no se rinde hasta haberla cazado. Hank nos ha regalado escenas memorables como ésta, en la que al más puro estilo tarantiniano repele el ataque de dos imponentes sicarios mexicanos. Tras esta escena nuestro concepto de él cambia por completo. Ahora sabemos que los narcotraficantes tienen un rival a la altura. Tortuga explosiva Otro de los grandes aciertos de la serie ha sido el de saber introducir cameos. En este sentido, el más recordado fue el de Danny Trejo, como el duro (no podía ser de otro modo) Tortuga. Su final, a la vez surrealista a la vez impactante, acabó con varios agentes volando por los aires. Vince Gilligan (creador de la serie) ha reconocido en más de una ocasión que este es uno de sus momentos favoritos de Breaking Bad. Un ajuste de cuentas jamás fue tan imaginativo. Respecto a Hank, este acontecimiento acabaría por provocarle problemas de ansiedad, lo que, unido a lo que le costó recuperarse de la escena anterior, sirvió para dar una gran profundidad a su personaje. Saul Goodman Toda gran serie, por dramática que sea, tiene a un personaje que sirve como alivio cómico. En un drama tan duro como es Breaking Bad resulta difícil concebir que esto exista, pero Saul Goodman es mucho Saul. No solo funciona a la perfección como contrapunto a los personajes más duros, sino que además se convierte en uno de los mejores secundarios, un robaescenas en toda regla. El abogado interpretado magistralmente por Bob Odenkirk (que tiene un spin off pendiente de estrenarse) es una persona cobarde, pero que sin embargo sabe moverse como pez en el agua en este mundo de tipos duros, narcotraficantes y demás delincuentes. Sus armas: un laxo conocimiento de las leyes y, sobre todo, una verborrea que, unido a su carisma, hacen que sacar a un delincuente de la cárcel sea coser y cantar.