monkikimon
Usuario (México)
Es para nosotros considerado como macabro, que personas manipularan los cuerpos fallecidos de sus familiares, la mayoría bebés, los maquillaran, les abrieran los ojos con cucharas y los maquillaran a fin de que se vieran como personas vivas. ¿Qué los llevaba a realizar esta práctica? Tan sólo la desesperación de no borrar de sus memorias los familiares que acababan de perder. En el siglo antepasado no era común tener una cámara fotográfica y retratar aquellos momentos de una forma instantánea como lo hacemos actualmente. En aquella época, las fotografías eran muy caras, no habían muchos fotógrafos cerca y sólo se pensaba en retratarse en momentos realmente importantes. Algunas de las fotografías postmortem lucen cadáveres maltrechos, con muchos días de muertos, generalmente porque la familia tenía que esperar a que llegara el fotógrafo o incluso, ellos mismos ir al estudio con el cadáver a cuestas lo que sumaba días y días de descomposición. Al principio se comenzó a tomar fotografías a los fallecidos estando acostados en sus lechos de muerte, esto daba una impresión de paz y quietud. Más adelante muchos preferían ver a su familiar recién fallecido erguido (colocaban varillas en la espalda del cadáver para que se mantuviese quieto) y con los ojos abiertos (sacaban los ojos de sus órbitas con cucharillas de café), los maquillaban, los vestían, convitiéndose los fotógrafos en verdaderos profesionales en esta área. A continuación voy a colocar fotografías (no apta para cardiacos) y algunas explicaciones que he tomado del blog 101room En la siguiente fotografía se puede apreciar claramente que quienes la tomaron y encargaron pretendían que el bebé no mostrara ningún signo de su fallecimiento. Para ello se trabajaron especialmente los ojos, que quizá estén también retocados a mano a posteriori. El efecto macabro lo ocasiona la inexpresividad del niño. Es difícil hacer a un muerto sonreír por la rigidez postmortem En esta otra toma el niño aparece sentado en una silla (algo muy común) y vestido convenientemente. Es llamativo lo que se ha cuidado la postura del cadaver, que incluso tiene las piernas cruzadas. En las siguientes fotografías se tomó a los muertos en poses de sueño. Así, la chica bajo estas líneas está acostada en la cama pero mantiene los ojos abiertos y su mano descansa bajo el rostro. El resultado es algo inquietante por la expresión desvaída que posee ella y la boca excesivamente entreabierta, pero no llega a ser desagradable. En muchas ocasiones los padres acompañaban a sus hijos en los retratos. Observen la expresión de algunas madres, es simplemente desoladora. En esta otra toma el cadáver aparece en posición de reposo, pero no se ha simulado el sueño. Las flores y los complementos (que no existían en las otras fotos) fueron incorporándose a lo largo del tiempo y, en algunos casos, como el que nos ocupa, llegaron incluso robar protagonismo al retratado. En los años 30 del siglo pasado, comenzaron a tomar mayores detalles en cuanto a la escena murtuoria. Así aparecían los familiares con expresiones graves acompañando al difunto dándole a la escena un mayor dramatismo. http://101room.files.wordpress.com/2007/08/302.jpg Los textos fueron basados en el artículo que está en el blog 101room el cual invito a los lectores visitarlo para mayor información. Las fotografías fueron tomadas del antes gratuito Thanatos.net. Ahora para poder ver estas fotografías hay que pagar una membresía, cosas de la vida. Abajo les dejo un video con más fotografías Post Mortem link: http://www.youtube.com/watch?v=pH9bM4Kdwo4&feature=player_embedded
En la época de la Colonia, todavía en la ciudad de México, o mejor dicho la Nueva España, contaban con canales navegables por los que se transportaban. La siguiente historia se desarrolla entre los años 1670 y 1680 en la casa marcada con el número 3 de la calle Puerta Falsa de Santo Domingo, ahora número 100, en donde vivía un clérigo con una mujer. Como bien sabemos, los sacerdotes no pueden casarse ni vivir en unión marital con alguien; sin embargo, este hombre la tenía como su legítima esposa. No lejos de ahí, en la calle de las Rejas de Balbanera, había una casa, hoy reedificada, que se llamó del Pujavante, porque tenía uno esculpido sobre la puerta,además de una tenazas cruzadas que decían ser memoria de esta leyenda. En dicha casa vivía un herrador, grande amigo del clérigo, quien estaba al tanto de la mala vida de su compadre, aunque esto no significaba que estuviera de acuerdo con ello, pues dieron varias las veces que le aconsejó abandonar esa torcida senda que lo llevaría a la perdición, pero vanos fueron los consejos. Cierta noche en que el buen herrador estaba ya dormido, oyó llamar a la puerta del taller con grandes y descomunales golpes que le hicieron despertar y levantarse más que de prisa. Salió a ver quién era, perezoso por lo avanzado de la hora, pero a la vez alarmado por temor de que fuesen ladrones, y se halló con que los que llamaban eran dos negros que conducían una mula y además llevaban un recado de su compadre el clérigo, suplicándole le herrase inmediatamente el animal porque muy temprano tenía que ir al Santuario de la Virgen de Guadalupe. Reconoció, en efecto, la cabalgadura que solía usar su compadre, y aunque de mal talante por la incomodidad de la hora, aprestó los chismes del oficio y clavó las herraduras correspondientes en las patas de la mula. Concluida la tarea, los negros se llevaron la muía, pero dándole tan crueles y repetidos golpes, que el cristiano herrador les reprendió agriamente su poco caritativo proceder. Al día siguiente, muy de mañana, se presentó el herrador en casa de su compadre para informarse por qué iría tan temprano al santuario, como le habían informado los negros, y halló al clérigo aún recogido en la cama al lado de su manceba. —Vaya sorpresa compadre —le dijo—, mire que despertarme tan de noche para herrar una muía y todavía se encuentra bajo las sábanas. ¿No hará el viaje? El clérigo lo miró con extrañeza. —No he mando herrar mi muía. ¿Y de qué viaje habla? —replicó el aludido. Las explicaciones llegaron, y al fin de cuentas convinieron en que algún travieso había querido correr aquel chasco al bueno del herrador. Para celebrar, el clérigo quiso despertar a la mujer con quien vivía, pero ella no respondió. Movió su cuerpo, el cual estaba rígido, no se notaba respiración en ella. Había muerto. Los compadres descubrieron a la mujer, asombrándose cuando vieron en cada una de las manos y en cada uno de los pies de aquella desgraciada las herraduras con los clavos que el herrero le había puesto la noche anterior a la muía. Repuestos de su asombro, se convencieron de que aquello era efecto de la justicia divina y que los negros eran demonios salidos del infierno. Inmediatamente avisaron al cura de la parroquia de Santa Catarina, en aquel entonces el doctor Francisсо Antonio Ortiz. Volvieron con él a la casa, hallando en ella a don José Vidal y a un religioso carmelita que también habían sido llamados, todos miraron con atención a la difunta, quien tenia un freno en la boca y la señal de los golpes que le dieron los demonios cuando la llevaron a errar convertida en mula. Ante caso tan aterrador y por acuerdo de los tres respetables testigos, se resolvió abrir una fosa en la misma casa para enterrar a la mujer, y una vez ejecutada la inhumación, guardar el más profundo secreto entre los presentes. Ese mismo día, temblando de miedo e intentando cambiar de vida, salió de la casa número 3 de la calle de la puerta Falsa de Santo Domingo el clérigo, sin que nadie volviera a tener noticias de él. Únicamente se conoció el destino de don Vidal, quien entró como cura de Santa Catarina, donde vivió hasta la edad de 84 años y siendo muy estimado. Él mismo era quien relataba la leyenda de la herrada. Dicha versión pudiera ser cierta, pero hay otra que nos indica que el padre don José Vidal murió en 1702, en el Colegio de San Pedro y San Pablo a la edad de 72 años después de llevar una vida ejemplar y de haber introducido el culto de la Virgen en todo el reino de la Nueva España. Cualesquiera de las dos versiones simplifica lo mismo: una vida llena de devoción, y ser él testigo ocular del suceso y de quien brotó la primera versión de la leyenda de la mujer herrada.
GUADALAJARA, JALISCO.- Las leyendas urbanas que existen alrededor de Disney, tanto el hombre como la empresa y sus personajes, han alimentado todo tipo de chismes y rumores a lo largo de décadas. Desde las más disparatadas hasta las que se convirtieron en realidad, en el imaginario colectivo aparecen m uchas que no conocen respuesta y otras que simplemente se escapan a la compensión del público. ¿Walt Disney está congelado en espera de ser revivido? ¿Han muerto personas en los juegos de Disneylandia? ¿Hay escenas eróticas escondidas en las películas animadas? Todos estos y más rumores son parte del misterio que rodea a la casa del Ratón Miguelito. A continuación, una lista de las leyendas más curiosas ó inverosímiles surgidas alrededor de la compañía de entretenimiento más grande del mundo. El creador está congelado El misterio sobre la muerte y funeral de Walt Disney disparó la leyenda urbana que narra que el creativo se encuentra congelado en una cápsula criogénica, en espera de que la ciencia lo reanime y lo cure del cáncer que supuestamente lo mató. Esta leyenda es popular y persiste en la cultura americana, pero para el año en que murió Disney (1966), la tecnología criogénica todavía no se encontraba tan avanzada como para conservar un cuerpo humano. Sin embargo, dos libros publicados en las décadas de los años ochenta y noventa (Disney’s World por Robert Mosley y Hollywood’s Dark Prince de Marc Eliot) alimentaron este y otros mitos sobre Walt Disney (aseguraban incluso que había nacido en España). La bola de nieve sobre esta historia comenzó a crecer a tal punto, que la familia Disney tuvo que salir a desmentirla y recordarle al mundo que el creador de Mickey Mouse fue cremado a los dos días de su fallecimiento y que se encuentra enterrado en el cementerio Forest Lawn Memorial Park de California, en un mausoleo familiar. Curiosamente, el primer humano que oficialmente se sometió al congelamiento fue Dr. James Bedford… un año después de la muerte de Disney en 1967. ¿Parque del terror? El sueño de miles de vacacionistas y un lugar que todo amante de las caricaturas debe visitar, Disneylandia alimenta año con año las sonrisas de miles de fanáticos, pero como todo parque temático, también hay ciertos riesgos, y aunque pocos y contados, algunas veces los juegos resultan mortales. Lo cierto es que todos los accidentes de deben a la imprudencia de los asistentes, que al hacer caso omiso de las instrucciones de seguridad, se colocan a sí mismos en situaciones peligrosas, como le sucedió a Mark Maples en 1964 en la atracción Matterhorn Bobsleds, una especie de montaña rusa. Mark se quitó la correa de seguridad y se paró en el carro cuando este se encontraba en un punto alto del recorrido, cayendo y rompiéndose el cráneo. Este ejemplo se repitió en 1966 y 1967, con accidentes mortales que involucraban a usuarios “temerarios” que se subían a rieles o trataban de saltar entre los carros, confiando que, como en las caricaturas, siempre habría un final feliz. Demasiado animado Aunque las películas de Disney se jactan de ser para toda la familia, ocasionalmente se han visto enredadas en escándalos subidos de tono. Una de las más famosas se dio en el Rey León, aparecen, de acuerdo a las leyendas, la palabra “SEX” dibujada en el cielo. Los estudios Disney alegan que no hay forma de demostrar que la palabra existe, y si la hay, no fue colocada allí de manera intencional, además de que en todo caso, formaría parte de una campaña para desprestigiar a la película. Donde no hubo dudas fue en la película Bernardo y Bianca, de 1977. Durante una escena de acción, aparece durante unos segundos en una pequeña ventana de la película una escena con una mujer desnuda. El escándalo llegó a tal punto que Disney tuvo que retirar la copias de las películas en 1999 para substituirla por una versión “limpia”. A la fecha, se desconoce quien fue el animador “travieso” que ocultó ese cuadro allí, pero se sabe que a Disney le costó retirar del mercado 3.4 millones de copias
por favor entren a este link, es de suma importancia en contra del lado oscuro http://vwdarkside.com/en/jedi/david-montiel-257627 genie, una niña cuyo nombre verdadero no sabemos, fue encontrada en el año 1970 en la casa de dos locos, sus padres, atada a una silla -bacinica donde hacía sus necesidades. La niña estuvo en esa terrible situación durante 11 años, en los cuales nunca tuvo interacción social con nadie, ni con sus padres, nunca supo lo que fue una caricia, un abrazo o una palabra de amor. El único contacto que tenía con el mundo era su cuarto y los golpes que sus padres le daban si hacía algún ruido. Debido a esto, la niña no aprendió a hablar, tenía que usar pañales y con costos caminaba. Genie nació normal físicamente pero comenzó a hablar un poco tarde, a partir de los 20 meses. Un médico familiar consideró que quizás la niña tuviese un posible retraso mental. Clark, temiendo que las autoridades le quitaran a su hija, decidió recluirla en la casa. Hasta los 13 años, Genie sólo tuvo contacto con su padre. Permanecía encerrada en su cuarto, vestida únicamente con un pañal y atada a una silla-orinal (“potty chair” o silla entrenadora). De noche, el padre la ataba y la dejaba en una jaula hecha de alambre y madera, dentro de una bolsa de dormir. A veces se le olvidaba hacerlo y la niña pasaba la noche en la silla sin abrigo. No podía emitir ningún sonido. Si lo hacía, Clark la golpeaba o la asustaba. Genie no sabía comer ni ir al baño por sí sola. Los alimentos (comida de bebé, cereales y huevos cocidos) se los daba el padre. El cuarto de Genie, sin juguetes ni adornos, tenía las ventanas tapadas, sólo había un pequeño hueco en la parte superior de los cristales. La niña, durante 13 años, podía ver exclusivamente 5 centímetros de cielo y parte de la casa del vecino. La madre y el hermano permanecían también recluidos en la vivienda. Su vida era un poco más tolerable porque el padre les permitía salir de vez en cuando. Cuando Clark les prohibía la salida, se sentaba con una pistola cargada para vigilarlos. En 1970, Irene consiguió escapar con sus hijos. Buscó ayuda del Estado, acudiendo a una oficina de beneficencia. La trabajadora social que la atendió pensó que la niña que la acompañaba era autista y que tendría unos siete años. Cuando descubrió la verdadera edad, llamó a un supervisor y dieron aviso a la Policía. Los padres fueron acusados de negligencia y maltrato infantil, pero pronto se descubrió que el principal responsable era el padre, quien, poco antes de comenzar el juicio, se suicidó. Investigaciones La niña fue internada en el Children’s Hospital de Los Ángeles. Andaba de forma extraña, escupía, casi no emitía sonidos y se masturbaba en público. Los médicos comenzaron a enseñarle a vestirse sola y a responder a algunas preguntas. Los especialistas que la estudiaban no estaban de acuerdo sobre los avances que se lograrían en el comportamiento y en el lenguaje de Genie. Unos médicos opinaban que el lenguaje no es producto de la civilización sino que es innato en el ser humano y que, por tanto, podría aprenderlo. Otros, sostenían que hay cierto umbral del desarrollo en que el cerebro puede aprender tareas como el lenguaje. Cuando se supera ese tiempo, no es posible enseñarlo. La Dra. Jeanne Butler, que recibió ayudas económicas del gobierno para estudiar a Genie, se la llevó a su casa. Intentó proporcionarle a Genie un medio ambiente agradable y familiar y no permitía visitas de parte del equipo que en un principio se ocupó de la niña. Sus detractores la acusaron de utilizar a la niña , buscando la fama a costa de ella. La doctora siempre se defendió afirmando que su interés era altruista. Lo cierto es que su petición para adoptarla legalmente fue rechazada y la niña regresó al hospital. No mejoró de esta manera la situación de la pobre Genie, que volvió a estar rodeada de un equipo de terapeutas que la consideraban más un objeto de estudio que un ser humano. Posteriormente, David Rigler y su esposa Marilyn se hicieron cargo de la pequeña. Permaneció con ellos cuatro años. Durante este tiempo, la niña aprendió a sonreír, lo básico del lenguaje de señas, algunas frases cortas y a hacer dibujos sencillos. Pero en 1974 se suspendió el presupuesto que la Asociación de Salud Mental de los Estados Unidos destinaba a Genie. La asociación estimó innecesario continuar con la investigación cuya importancia científica le resultaba dudosa. Los Rigler, sin ayudas económicas y presionados por la Dra. Butler que los acusaba de haber ocasionado una involución en Genie, abandonaron su custodia en 1975. No obstante, este matrimonio consiguió que dijera frases cortas como “tienda comprar puré manzana”. Quienes la adoptaron abusaron de ella. Genie, después de un juicio, fue entregada a su madre, que se había operado la vista. Ésta pronto se dio cuenta de que le resultaba muy difícil cuidar a su hija y la dio en adopción. Genie pasó por seis familias adoptivas diferentes. Algunas de ellas la maltrataron y experimentó regresiones. En uno de estos hogares, después de ser duramente castigada por vomitar, dejó de hablar porque tenía miedo de abrir la boca.Debido a una orden judicial, que protege su intimidad, se sabe poco de Genieen la actualidad. Sí ha llegado a conocerse que se encuentra en una institución de California llamada San Gabriel/Pomona Valleys Foundation, que se dedica al cuidado de adultos con retraso mental, autismo, parálisis cerebral o epilepsia. Estos estudios sobre niños salvajes son una oportunidad que brinda la vida para hacer un tipo de investigaciones que de otra manera no serían éticas (no se puede encerrar un niño para estudiar su desarrollo psicosocial, psicomotor…). Estas investigaciones evidenciaron una nueva realidad en los estudios de psicología evolutiva: hasta entonces se creía que existían unos periodos críticos de aprendizaje del desarrollo cognitivo, unas etapas de tiempo que, una vez transcurridas, no tenían vuelta atrás; y los estudios demostraron que, más que de periodos críticos transcurridos los cuales ya no se podía producir el aprendizaje, había que hablar deperiodos sensibles, es decir, lapsos temporales en los que el ser humano tiene más facilidad para adquirir determinadas habilidades cognitivas durante su desarrollo, pero que podía seguir habiendo aprendizaje, con algunas mermas y más dificultad, eso sí, transcurridos dichos periodos sensibles. Por eso, Genie (o Víctor, el pequeño niño salvaje que inmortalizara Truffaut) fue capaz de adquirir ciertas habilidades cognitivas mucho tiempo después del momento en el que se suelen producir en niños que viven en circunstancias normales. No obstante, el desarrollo de Genie no llegó a alcanzar la plenitud a la que puede llegar un individuo cuyo ambiente social y cognitivo sea el adecuado durante su crecimiento.
por favor entren a este link, es de suma importancia en contra del lado oscuro http://vwdarkside.com/en/jedi/david-montiel-257627 La Rata Gigante de la Merced. Esta leyenda se ubica en uno de los mercados mas grandes y tradicionales del centro de la ciudad de México. Se dice que debido a al gran cantidad de basura y alimento disponible, las ratas se crían con gran facilidad, pero que después de un tiempo la población de ratas comenzó a disminuir. Se hablaba que la gente veía un animal mas grande que un conejo e incluso que algunos gatos que vivía en las partes mas viejas del mercado. Con el tiempo se hicieron exterminaciones y el problema se controlo pero que de nuevo comenzaban a desaparecer algunos otros animales y productos de los comercios. La gente decía que la responsable era una rata enorme que se dice que incluso come gatos y perros pequeños y que aseguran ser muchos los testigos de haberla visto correr en las calles aledañas. La Penitente. Una leyenda de taxistas. Se dice que algún taxista al finalizar su turno, encuentra a una anciana que le hace la parada. El hombre compadecido por la hora y la situación de la señora, accede a llevarla a su destino. La señora solicita que la lleve a distintas iglesias de la ciudad por que tiene que hacer unas mandas. El taxista la llevaba a los lugares indicados hasta que por fin llegan a su casa y la señora le dice que espere para pagarle. Después de haber transcurrido varios minutos sin que aparezca la señora el taxista decide tocar en la puerta. Cuando le abre una persona el explica su situación, le dicen que esa persona ya ha fallecido tiempo atrás. Los Peregrinos. Una variación de la leyenda anterior. Se dice que durante las peregrinaciones que se llevan a distintos lugares religiosos siempre se ve gran cantidad de devotos en los caminos que se dirigen a esos lugares. Pero que al momento de llegar a los templos, la cantidad de peregrinos disminuye considerablemente debido a que muchos de ellos son almas en pena que deben de cumplir con sus promesas y mandas aun a pesar de haber muerto. El Chihuahua. Un par de amigas que vive en EU decide pasar unas vacaciones en México. Las amigas tratan de vivir una experiencia lo mas mexicana posible, por lo que visitan mercados populares y comen en lugares en la calle. Durante una de estas visitas, un perro Chihuahua se les acerca con hambre y ellas compadecidas deciden darle algo de comer y se encariñan con el animalito por lo que deciden adoptarlo. A pesar de ser un variedad de chihuahua que no ladra y que es diferente a los demás, las amigas le tienen cariño así que cuando es hora de regresar a USA, deciden llevar de contrabando al perrito escondiéndolo en sus ropas. Tiempo después ya establecidas en EU, su mascota se enferma y tienen que llevarlo al veterinario donde finalmente muere. Las amigas consternadas deciden salir de dudas y le preguntan al veterinario que clase de perro era. El veterinario les comenta extrañado que no era un perro si no que era una rata gigante a la cual ellas habían adoptado. Joaquin Pardave. Es una de las universidades con mayor demanda en el país, por lo que muchos alumnos destacados han quedado fuera de la institución. Se dice que esto se debe a que por la demanda los docentes tienen 2 métodos para asegurar el ingreso. Una dice que los lapices b2 y las repuestas de opción múltiple marcan un patrón con el logo o lema de la universidad. La otra es que se avientan al aire los exámenes y aquellos que quedan boca arriba son los seleccionados para entrar en la institución. Tacos de Perro. Debido a que es un producto de alta demanda, para algunas personas el costo de la carne de res y puerco es demasiado alto. Por lo que se dice que esta personas utilizan perros callejeros para preparar el platillo. Una forma que se dice efectiva para identificar si los tacos son de perro, son ofrecercelos a un perro que se encuentre cerca, si el perro se niega a comer se deberá a que son de perro. Sorprendentemente la historia tiene un giro verdadero, no se sabe si esto fue antes o después de la leyenda ya que algunas personas han sido detenidas por la policía al comprobarse que utilizaban perros y gatos para elaborar alimentos. La leyenda del boy scout. Se dice que en el Estado México hay una zona para camping que utilizan mucho los scouts. Esa zona esta bordeada por la pared de de una montaña donde se dice que scouts mayores engañaron a un recluta para que acampara en la orilla del precipicio como broma. Lo que no contaron es que el chico era sonámbulo y se despeño durante la madrugada, a la mañana siguiente encontraron el cuerpo destrozado en las peñas. Por lo mismo se prohibió hacer camping cerca de esa zona y ahora se hace en una superficie baja y alejada. Pero tiempo después los scouts comenzaron a ver una luz en la peña y decían que era el alma del chico que buscaba que alguien lo ayudara a salir. Cuentan que por las noches los scouts que acampan en el valle ven la luz de la lampara del chico que espera que lo rescaten. El carro rojo. En la carretera antigua México-Cuernavaca cuentan que después de las 12 de la noche un carro deportivo de lujo de color rojo hace un recorrido por la zona de Tres Marias. Se dice que el carro es ocupado por 5 bellas mujeres que les gusta la vida nocturna y que en su camino a la Ciudad de México les gustaba acompañarse por hombres. Lo malo es que cuentan que todo aquel se sube con ellas aparece muerto a la mañana siguiente o simplemente nadie mas lo vuelve a ver ya que las mujeres en realidad son demonios que buscan almas incautas para el infierno. El Choco. Leyenda local de Cuautla Morelos. La Ex Hacienda de Coahuixtla fue hasta hace 100 años una de las mas prosperas de la región y por consiguiente de las primeras en ser atacadas durante la revolución. Durante la época de esplendor de la hacienda había una muchacha que trabajaba en la misma y con la que muchos querían tener sus haberes. Ella siempre se negaba a todos los pretendientes por lo que uno de ellos se dedico a hacerla suya a cualquier costa. Una noche aprovecho que no había nadie y la violo para luego huir y no saber nada mas de el. Meses después la mujer dio a luz a un niño algo extraño ya que era mas despierto y hábil que los niños de sus edad. Cuando el niño cumplió 6 meses su madrina se ofreció a llevarlo a bautizar y así lo hizo, cuando cruzando el río el bebe le dijo ala mujer: - Madrina ya tengo dientes y se hablar y por eso te voy a matar. por lo que inmediatamente la ataco y arranco la cabeza para huir. Se dice que el hijo de esa mujer era hijo del diablo y que se le puede ver en las ruinas y los túneles de la ex hacienda jugando con los huesos de las personas que murieron en el lugar. La niña fantasma de Gabriel Mancera. La leyenda que a continuación os voy a contar, ha circulado de boca en boca por los habitantes de las colonias del Valle, Narvarte y aledañas por igual. La ubicación exacta de ésta, toma forma exactamente en el cruce del Eje Vial Número 5, mejor conocido como Eugenia, y el Eje Vial Número 2, también conocido como Gabriel Mancera. Alrededor de las 2 a.m., se cuenta, una chiquilla se dirigía caminando hacia la farmacia para comprar las medicinas que su madre enferma requería, hecho por el que se vió forzada a salir a esas altas horas de la madrugada. La niña, consciente de la hora, prudentemente respetaba los semáforos y señalamientos antes de cruzar las calles hasta llegar a su destino, y así lo hizo también en el cruce de Eugenia con Gabriel Mancera. Al ponerse la luz roja para los vehículos que transitaban sobre Eje 5, la chica se dispuso a caminar, de esquina a esquina, para cruzar dicho Eje, pero, a diferencia de la gallina, nunca llegó al otro lado del camino, ya que un coche que iba a exceso de velocidad decidió ignorar la luz roja y cruzar, sin tomar precaución alguna sobre otros automóviles o transeúntes cruzando. Golpeó mortalmente a la niña, dejándola medio viva y medio muerta en el arroyo del tránsito. El automovilista responsable nunca se bajó del vehículo… es más, nunca se detuvo para saber si la niña vivía o moría y nunca fue para pedir asistencia médica a nadie ni por nada. Siguió su camino, sin más. Eventualmente, la niña falleció en agonía y sola, nadie la ayudó. Desde entonces, y es aquí donde uno debe espantarse, alrededor de las 2 a.m., en el cruce de Eugenia con Gabriel Mancera, el espíritu de la niña se aparece a los automóviles que circulan a esa hora a exceso de velocidad. Ella cruza la calle como aquella fatídica noche cuando perdió la vida, provocando así que los autos se vuelquen por tratar de esquivarla cuando la ven, quedando literalmente “patas arriba”. Una vez que provocado el accidente, se va, dejando a los pasajeros sin asistencia de ningún tipo para morir solos, tal cual a ella le sucedió. Los niños del terremoto. Durante el sismos del 1985 muchas de las victimas fueron niños en edad escolar ya que el sismo ocurrió entre las 7 y 7:30 am cuando muchos plantes de distintos niveles de educación abrían sus puertas o comenzaban las clases. Muchas de estos centro educativos resultaron dañados parcial o totalmente con la consabida perdida de vidas. Después de la reconstrucción de algunos de ellos, comenzaron los fenómenos extraños. Algunas personas comenzaban a reportar que se veían niños jugar, se escuchaban conversaciones o incluso áreas de juegos infantiles presentaban actividad. Este fenómeno se extendió en gran parte de los centros educativos que tuvieron alguna tragedia durante los sismos y aun en día hay persona que dicen observar dichos eventos aunque algunos lugares hace tiempo que dejaron de ser centros educativos. La Enfermera Fantasma. A pesar de ser una historia de enfermera no tiene nada que ver con la famosa planchada. Esta enfermera se manifiesta en otra zona del país que es la Carretera San Felipe-Mexicali en el estado de Baja California Norte. La historia cuenta que esta era una enfermera muy querida por la gente del pueblo y trabaja con un respetado doctor muy famoso y solicitado. Un día la enfermera fue requerida pro el medico para un procedimiento de emergencia al cual se presento, pero al descubrir que el doctor se dedicaba a realizar abortos clandestinos se negó a participar y escapo. El doctor preocupado por lo que la enfermera fuera a denunciar la mato y escondió el cadáver en el desierto seguro que nadie la encontraría. Tiempo después la gente comentaba la extraña desaparición de la enfermera y el doctor decía que ella se había ido a los US, pero al poco tiempo la conversación cambiaría diciendo que en un punto de la carretera la enfermera era vista caminando por un tramo especifico de la vía por lo que se hizo una investigación y se localizo el cuerpo con el cual se acusaría al medico el cual ya había huido y no se volvió a saber nada de el. El Charro Negro. Una leyenda muy conocida en distintas partes del país ya sea en Mechoacán, DF, Edo Mex, o Veracruz por nombrar algunos. La historia varia pero siempre detalla a un hombre de negro vestido de charro nunca se le ve la cara o solo los ojos son visibles. Dicen que aparece en los descampados y se le aparece al a gente necesitada de algún favor como dinero, amor o poder o que simplemente se le ve a lo lejos. No siempre se encuentra en áreas rurales ya que ha sido visto en lugares como el callejón del Aguacate en Coyoacan en la Ciudad de México o en el centro de Zamora Mechoacán. La gente que lo ha visto dice que es el mismo Diablo al que se ve y que las personas que caen en tentación son robadas por él. Dos leyendas con distinto final lo hacen el principal personaje. La primera en Guanajuato dice que había una joven muy hermosa la cual era pretendida por muchos, a lo que ella se negaba. Una noche cuando ella se prepara a a dormir escucho un caballo llegar debajo de su ventana. La joven curiosa abrió la ventana y vio a una persona vestida de charro la cual volteo a verla con unos ojos rojos encendidos, la joven asustada cerro la puerta y escucho un relincho espectral. A partir de esa noche el visitante se presentaba cada noche, harta por la situación consulto al sacerdote del lugar el cual le recomendó que colocara un crucifijo en la ventana pero cubierto de una tela ademas de leer la biblia. Al presentarse el charro debía leer un pasaje especifico y descubrir la cruz, muerta de miedo la joven espero toda la noche hasta que se presento el charro. Cumpliendo las recomendaciones del párroco leyó el pasaje y descubrió el crucifijo en el momento en que un rayo caía en el patio y el charro desaparecía en una nube de azufre. La otra leyenda no tuve final feliz, se dice que otra joven era pretendida por muchos pero ella los rechazaba esperando conseguir a alguien que llenara sus ambiciones. Finalmente un charro negro se presentaba en su casas todas las noches y le ofrecía dinero y joyas, la joven ambiciosa no dudo mucho tiempo y acepto el regalo del desconocido el cual la monto en su caballo y partió con ella a toda prisa. La joven se asusto y quizo bajar del caballo pero no podía ya que se encontraba como pegada a la silla del caballo y comenzó a gritar de terror al descubrir el rostro del diablo debajo del sombrero del charro. La Calle del Bulto. Se cuenta que en varias calles de algunas ciudades mexicanas, cuando alguien conduce su auto se tiene que detener de improvisto al observar un bulto que le bloquea la calle. El conductor se baja para examinar el bulto y considerar el moverlo. Pero al momento de hacerlo el bulto desaparece sin dejar rastro, confundido el conductor sube a su vehículo pensando que su imaginación le ha jugado una mala pasada. Al momento de arrancar observa que el mismo bulto le estorba el transito y ya depende de la versión el conductor baja de nuevo para comprobar que no hay nada frente a su auto y huye a toda velocidad o inmediatamente parte. El Estadio Azteca El Estadio Azteca es una de las construcciones modernas mas emblemáticas en el ámbito deportivo mexicano. Un lugar iconico de los deportes y eventos mas importantes que se han llevado a cabo en la ciudad y en algunos casos de México. Una de las leyendas dice que durante su construcción, hubo muchas muertes en el edificio y desapariciones de trabajadores, ya que siguiendo instrucciones de los arquitectos se siguió una antigua tradición en la cual la construcción si quiere sobrevivir a los embates del tiempo debe serlo a base de sangre. Las historias dicen que muchos trabajadores caían en los fosos de construcción durante la obra cuando se rellenaban con hormigón o cemento. Otros dicen que se enviaban cuadrillas a ciertas partes de lugar y algunos de ellos ya no volvían o decían que habían renunciado. Dicen que por las noches se escuchan ruidos de construcción, lamentos o solicitud de ayuda. La otra leyenda habla de que durante un evento deportivo hubo una avalancha humana en donde murió un niño aplastado por la multitud en un túnel de acceso. Algunos de los vigilantes dicen que algunas veces el niño se acerca a ellos buscando ayuda o que ellos sienten que no pueden respirar. La Banda Sangre. Esta leyenda fue extendida ampliamente por varios periódicos locales en el estado de Guerrero, a manera de aviso alertaban a los automovilistas sobre las acciones de una banda delictiva que se dedicaba a transitar por la carretera en la noche y con las luces apagadas. Advertían que si no se concedía el cambio de luces los miembros de dicha banda iniciaban una persecución y asesinaban al automovilista. El trabajador de Coca-Cola. Se supone que en la planta embotelladora de Coca Cola de Naucalpan, cada determinado tiempo (6 meses creo que dice) se lavan totalmente los tanques donde se mezclan los ingredientes del refresco La leyenda dice que haciendo esa limpieza encontraron en el fondo de uno de esos tanques el cuerpo de un trabajador que habían reportado como desaparecido desde hacia meses. En algunas variantes de la leyenda agregan que el trabajador estaba infectado de SIDA. Gusanos en los Gansitos y Twinkies. Los Gansitos y Twikies son de las golosinas mas conocidas en el medio mexicano, ya que son pastelitos rellenos de mermelada cubiertos de chocolate mientras que el twinkie es mas conocido. Duratne los 80´s corrió la leyenda que algunos niños al abrir algunos de estos panecillos descubrieron en su interior gusanos o lombrices por lo que los productos fueron retirados de inmediato y las familias indemnizadas. Coca Cola. Esta leyenda tiene distintas variantes y muy conocida en el mundo. Se dice que una persona mientras disfrutaba de una Coca Cola, detecto un sabor extraño en el producto, por lo que le reclama al tendero que hay algo en su bebida. Los 2 se dirigen a una coladera y vierten el producto en ella descubriendo en el interior de la botella dedos humanos o cadáveres de animales. Sopas Maruchan. Se cuenta que en 2003 varias de estas sopas instantáneas provocaron heridas o la muerte a las personas que las consumieron debido a en su interior fueron halladas agujas dentro de la pasta. La otra versión mas reciente y que últimamente hasta en las noticias ha salido es que la sopa maruchan esta hecha de una especie de polímero, por lo cual al consumirla uno se siente satisfecho y que uno tarda mas de 4 de días en digerirla completamente. Una historia relacionada es las de pastillas para control de peso. Hace unos 6 años se anunciaba en México una pastilla milagrosa para bajar de peso casi de manera instantánea, lo sorprendente del asunto es que esta pastilla realmente funcionaba. Poco tiempo después varias personas que consumían la pastilla dejaron de hacerlo pero aun así seguían bajando de peso y algunos de ellas morían. Después de las investigaciones, se conoció que las pastillas en realidad eran huevecillos de tenias o solitarias y que al ser consumidos provocaban que el parásito se desarrolla en el huésped y por consiguiente la persona bajara de peso al nutrir al parásito. La Calle De Don Juan Manuel. Hace muchos años – cuenta la tradición – que vivía en esta Calle un hombre muy rico, cuya casa quedaba precisamente detrás del Convento de San Bernardo. Este hombre se llamaba Don Juan Manuel y se hallaba casado con una mujer tan virtuosa como bella. Pero aquel hombre, en medio de sus riquezas y al lado de una esposa que poseía prendas tan raras, no se sentía feliz a causa de no haber tenido sucesión. La tristeza lo consumía, el fastidio lo exasperaba y para hallar algún consuelo, resolvió consagrarse a las prácticas religiosas, pero tanto, que no conforme con asistir casi todo el día a las iglesias, intentó separarse de su esposa y entrar fraile a San Francisco. Con este objeto, envió por un sobrino que residía en España, para que administrase sus negocios. Llegó a poco el pariente y pronto también concibió D. Juan Manuel celos terribles, tan terribles que una noche invocó al diablo y le prometió entregarle su alma, si le proporcionaba el medio de descubrir al que creía lo estaba deshonrando. El diablo acudió solícito, y le ordenó que saliera de su casa a las once de esa misma noche y matara al primero que encontrase. Así lo hizo D. Juan, y al día siguiente, cuando creyendo estar vengado, se encontraba satisfecho, el demonio se le volvió a presentar y le dijo que aquel individuo que había asesinado era inocente pero que siguiera saliendo todas las noches y continuara matando hasta que él se le apareciera junto al cadáver del culpable. D. Juan obedeció sin replicar. Noche con noche salía de su casa: bajaba las escaleras, atravesaba el patio, abría el postigo del zaguán, se recargaba en el muro, y envuelto en su ancha capa, esperaba tranquilo a la víctima. Entonces no había alumbrado y en medio de la obscuridad y del silencio de la noche, se oían lejanos pasos, cada vez más perceptibles: después aparecía el bulto de un transeúnte, a quien, acercándose D. Juan, le preguntaba: - Perdone usarcé, ¿qué horas son? - Las once. - ¡Dichoso usarcé, que sabe la hora en que muere! Brillaba el puñal en las tinieblas, se escuchaba un grito sofocado, el golpe de un cuerpo que caía, y el asesino, mudo, impasible, volvía a abrir el postigo, atravesando de nuevo el patio de la casa, subía las escaleras y se recogía en su habitación. La ciudad amanecía consternada. Todas las mañanas, en dicha calle, recogía la ronda un cadáver, y nadie podía explicarse el misterio de aquellos asesinatos tan espantosos como frecuentes. En uno de tantos días muy temprano, condujo la ronda un cadáver a la casa de D. Juan Manuel, y éste contempló y reconoció a su sobrino, al que tanto quería y al que debía la conservación de su fortuna. D. Juan al verlo, trató de disimular; pero un terrible remordimiento conmovio todo su ser, y pálido, tembloroso, arrepentido, fue al convento de San Francisco, entró a la celda de un sabio y santo religioso, y arrojándose a sus pies, y abrazándose a sus rodillas, le confesó uno a uno todos sus pecados, todos sus crímenes, engendrados por el espíritu de Lucifer, a quien había prometido entregar su ánima. El reverendo lo escuchó con la tranquilidad del juez y con la serenidad del justo, y luego que hubo concluido D. Juan, le mandó por penitencia que durante tres noches consecutivas fuera a las once en punto a rezar un rosario al pie de la horca, en descargo de sus faltas y para poder absolverlo de sus culpas. Intentó cumplir D. Juan; pero no había aún recorrido las cuentas todas de su rosario, la primera noche, cuando percibió una voz sepulcral que imploraba en tono dolorido: - ¡Un Padre Nuestro y un Ave María por el alma de D. Juan Manuel! Quedóse múdo, se repuso enseguida, fue a su casa, y sin cerrar un minuto los ojos, esperó el alba para ir a comunicar al confesor lo que había escuchado. - Vuelva esta misma noche – le dijo el religioso – considere que esto ha sido dispuesto por el que todo lo sabe para salvar su ánima y refexione que el miedo se lo ha inspirado el demonio como un ardid para apartarlo del buen camino, y haga la señal de la cruz cuando sienta espanto. Humilde, sumiso y obediente, D. Juan estuvo a las once en punto en la horca; pero aún no había comenzado a rezar, cuando vió un cortejo de fantasmas, que con cirios encendidos conducían su propio cadáver en una ataúd. Más muerto que vivo, tembloroso y desencajado, se presentó al otro día en el convento de San Francisco. - ¡Padre – le dijo – por Dios, por su santa y bendita madre, antes de morirme concédame la absolución! El religioso se hallaba conmovido, y juzgando que hasta sería falta de caridad el retardar más el perdón, le absolvió al fin, exigiéndole por última vez, que esa misma noche fuera a rezar el rosario que le faltaba. Que fue del penitente, lo dice la leyenda. ¿Que paso allí? Nadie lo sabe, y sólo agrega la tradición que al amanecer se encontraba colgado de la horca pública un cadáver erá del muy rico Sr. D. Juan Manuel de Solórzano, privado que había sido del Marqués de Cadereita. El pueblo dijo desde entonces que a D. Juan Manuel lo habían colgado los ángeles, y la tradición lo repite y lo seguirá repitiendo por los siglos de los siglos.
Cuando era niña nos llevaron a un museo. Estábamos todos cogidos de la mano, todo iba perfectamente bien. Yo solo tenía unos siete años o quizás menos. Íbamos a salir del museo, cuando vi en las afueras, apoyada a la pared a una anciana. Era evidentemente una vagabunda, su cabello estaba enmarañado y gris, sus ojos sobresalían entre su gris rostro por el polvo y la suciedad. Sus ropas eran harapos igual de mugrientos. Soy incapaz de olvidarme de esa mirada. Esos ojos firmes, iracundos pero solitarios que me siguieron. Me quedé mirando a la anciana, sosteniendo su mirada y ella se levantó, como si fuera a decirme algo. Entonces giré y todos se estaban alejando. Corrí y la anciana no pudo seguirme. Estaba asustada pero mi madre creyó que solo era una vagabunda y nada más. Gran error. Años después, cuando yo ya contaba con catorce años estaba en una fiesta y salimos de la casa. Ya eran casi las doce y mis padres no venían. Todo estaba iluminado por las luces amarillas y brillantes de los faroles que tanto me siguen molestando. Entonces, giré porque escuché un sonido, como de algo arrastrándose. En la vereda, vi una figura de harapos, gris, con un cabello largo y enmarañado. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y cogí el brazo de una amiga. NO tenía tiempo para explicar la historia, pero reconocí a la anciana de hace años. Tuve mucho miedo, quería volver. Se iba acercando más entre el silencio de la calle y la nocturna soledad de aquel lugar. Entonces, cuando sentí que ya no podía hacer nada más que enfrentarla, alguien se puso a mi lado. Era una pareja joven que esperaban para tomar un taxi. Hablaban despreocupadamente y la anciana se acercó hasta ellos. Una limosna dijo extendiendo su mano. Era gris y arrugada, pude ver unas venas que sobresalían en el reverso de su palma. El cabello le cubría casi todo el rostro y yo observaba de reojo, con miedo a que me reconociera. No tenemos nada ¡A otro lado, anciana! exclamó el hombre muy irritado y su acompañante se alejó con un poco de asco. Me compadecí un poco de la anciana. Y ésta, como leyendo mis pensamientos levantó la cabeza. Uno de sus ojos se clavó en mi cara y sentí que me ponía pálida como una hoja de papel. Creo que mis amigos me llamaban y yo no los escuchaba. Pude ver que el ojo se cerraba y luego miraba de nuevo a la pareja. Arrastrando los pies la anciana desapareció, y pude escuchar en un mascullo. Una cara jamás de olvida seguida de una risa algo nasal y una tos algo fuerte. La anciana desapareció en unos segundos y la pareja cruzó la calle. Ahí fue cuando ocurrió. Vi como un auto llegaba a una velocidad increíble y los chocaba de una manera tan brutal, que el hombre salió disparado y su acompañante quedó tirada en el suelo, con la marca de los neumáticos encima. Me quedé paralizada y segundos después comencé a gritar por ayuda, pero no me acerqué. Evidentemente estaban muertos. Esa noche la policía llegó y mis padres me recogieron. Cada cierto tiempo, veo a la anciana por las calles. Cuando estoy en el autobús la veo y deseo con todas mis fuerzas que ella no sepa que la espío. Su rostro... nunca lo voy a olvidar. Tal vez lo que ella dijo era verdad... Una cara jamás se olvida. Yo no olvidé la de ella. Y de seguro, ella no ha olvidado la mía.
Una mujer trabajaba en una oficina de correos en California. Un día lamió los sobres y las estampillas en lugar de utilizar una esponja. Ese mismo día se cortó la lengua lamiendo un sobre. Una semana más tarde notó una rara hinchazón en su lengua. Fue al médico, pero no encontró nada raro. Su lengua no estaba dolorida ni nada. Unos días más tarde, su lengua comenzó a hincharse más y le empezó a doler mucho más, a tal punto que no podía comer. Regresó al hospital y exigió que le hicieran algo. El médico le tomó una radiografía y notó una hinchazón en la lengua. La preparó para una cirugía menor y cuando le abrió la lengua, una cucaracha viva salió arrastrándose. Había huevos de cucaracha en la franja donde se sella el sobre. El huevo pudo encubarse dentro de la lengua, donde estaba caliente y húmedo debido a la saliva. TESTIMONIO. Esta es una historia real que informo la cadena CNN. Andy Hume escribió lo siguiente: “Yo trabajaba en una fábrica de sobres. Es difícil creer lo que flota por ahí en esas bandejas aplicadoras de goma. Hace años que no lamo los sobres”. Esto es para todos: “Hace 32 años, cuando trabajaba en un taller tipográfico, nos dijeron que NUNCA lamiéramos los sobres. Nunca lo entendí hasta que tuve que ir a la bodega a traer 2500 sobres que ya estaban impresos para un cliente que tenia una lista de direcciones a las que enviaba información o propaganda periódicamente, y vi varias cuadrillas de cucarachas caminando dentro de unas cajas de sobres donde había huevos por todas partes”. La rápida reproducción de estos animales en este tipo de industrias es explicado debido a que las cucarachas se comen la goma de los sobres.
Una noche me llamó doña Paty y me platicó que su marido había heredado una propiedad ubicada en una antigua colonia de la ciudad de México. Y dijo que en vano trataban de remozarla, porque a los albañiles contratados los espantaban y no duraban trabajando ni dos días seguidos. Seguramente recuerda esta historia, la vivimos juntos. Doña Paty y su marido, incrédulos, decidieron pasar una noche en el inmueble, pero esta fue la más terrible experiencia de sus vidas. Desde que entraron a la casa tuvieron la extraña sensación de que eran observados y sintieron miedo, acompañado de un frío especial, pero ellos, al fin escépticos, no dieron mayor importancia a estos hechos. Las horas pasaban y sus ojos permanecían abiertos. Después de dar varias vueltas en la cama sin conciliar el sueño, justo a las dos y media de la mañana el frío se agudizó y en ese momento una horrible sombra de dos metros se manifestó frente a ellos, a la vez que escuchaban un desgarrador alarido. Era un ser diabólico que se abalanzó sobre el marido de doña Paty y lo inmovilizó de inmediato. La señora saltó de la cama aterrorizada pidiendo auxilio y tenebrosamente los muebles y objetos del cuarto empezaron a vibrar como si tuvieran vida propia. Con un esfuerzo desesperado el señor logró liberarse del extraño ente y la pareja salió despavorida a la calle, él en calzoncillos y ella con su delgada bata, de modo que dejaron su ropa, otras pertenencias y sobre todo las llaves del auto estacionado en la calle. Más tarde, sin comprender lo que había pasado y aún sin recuperarse del susto, en forma desesperada pidieron ayuda a una patrulla de policía que pasó por el lugar. Los policías no creyeron lo que el matrimonio contaba y por la forma en que los encontraron pensaron que la pareja estaba alcoholizada o drogada, así que llamaron refuerzos. Enseguida llegaron dos patrullas más y después de hacer preguntas y más preguntas propusieron a los propietarios entrar a la casa, ya que estaban seguros de que se trataba de delincuentes que habían espantado al matrimonio para ahuyentarlo y robarle. Más tarde seis policías entraron tras forzar la puerta y el matrimonio quedó a resguardo en una patrulla. Transcurrieron cuatro o cinco minutos y se escucharon tres balazos dentro de la casa. En medio de gritos y desconcierto los gendarmes salieron corriendo alarmados, pálidos y con caras de angustia, hasta parecía que habían visto al mismísimo pingo. Uno de ellos se resbaló en la puerta, se golpeó la cabeza y sufrió una herida a lo que no dio importancia, se levantó y rápidamente entró a su patrulla. Sólo Dios y los policías saben que vieron dentro de la casa. El jefe se dirigió al matrimonio. “Quién sabe que tiene esta casa —dijo—, si gustan los llevamos a un hotel o a otro lugar, pero no volveremos a entrar”. Como el matrimonio no tenía otro lugar propio adonde ir en esta ciudad, pues residían en Aguascalientes, llegaron al departamento de la hermana de doña Paty y, agitados, le narraron lo sucedido, cosa que la hermana no creyó. El marido de doña Paty juró que no volvería a entrar a esa casa y se limitó a enviar por sus pertenencias y las de su esposa al otro día. Después, la señora se comunicó conmigo para que le ayudara a encontrar una explicación lógica de lo ocurrido. Días más tarde la cité en mi oficina y me platicó la sorprendente historia de la misteriosa casona de la colonia Roma. Era una casa antigua, de 120 años de edad, que en los años setenta del siglo xx era habitada por Fidel y sus abuelos, pues los padres del muchacho habían fallecido años atrás. Fidel era un joven rebelde que cursaba el segundo año de vocacional y por entonces se había convertido en un vago y se iniciaba como consumidor de drogas. Los abuelos habían perdido casi toda autoridad sobre él, así que Fidel hacía lo que quería, pero las circunstancias empeoraron en la medida en que los abuelos iban enfermando a causa de la vejez y de que el joven empezó a practicar ritos diabólicos con unos muchachos que conoció en su escuela y que pertenecían a una secta. Fidel y sus amigos, primero todos los viernes y al final todas las noches, realizaban ritos en el sótano de la vieja casona, celebraciones que mezclaban con el consumo de drogas y alcohol, así como orgías acompañadas de gran escándalo, sin importarles las molestias que causaban a los dos ancianos, quienes se encerraban en su recámara temerosos de que el nieto o alguno de sus amigos les hiciera daño. Pero lo peor estaba a punto de ocurrir. Cuentan los vecinos que, en esos tiempos, durante tres o cuatro días no supieron de los viejos ni de Fidel. Era extraño, pues el abuelo salía todas las mañanas a barrer su banqueta, si bien a la abuela se le veía poco porque padecía una lesión en la columna que no la dejaba caminar. Los ancianos contaban con la estimación de sus vecinos, los cuales se desconcertaron al no saber nada de ellos. Al cabo de una semana de la casa empezó a emanar un pestilente olor a podrido, insoportable para quien pasaba por el lugar. Algunos vecinos, alarmados y preocupados por los ancianos y su nieto, se dirigieron a las autoridades y lograron que los agentes policíacos entraran a la casa forzando las cerraduras. Al abrir la puerta el olor a muerte se acrecentó, lo que obligó a los agentes y vecinos a protegerse la nariz con pañuelos para resistir la repugnante pestilencia. Alicia, la dueña de la tienda de enfrente, comenzó a llamar a los ancianos y al nieto por sus nombres, a gritos, y no obtuvo respuesta. Llenos de incertidumbre, los agentes, Alicia y algunos vecinos subieron al primer nivel, donde se encontraban los dormitorios, y descubrieron que la recámara de los abuelos estaba abierta. Grande fue la sorpresa al hallar una escena terrible, macabra: los cuerpos sin vida de los ancianos yacían sobre una vieja cama matrimonial, desnudos y en medio de un manchón de sangre seca. Por si fuera poco, cada uno tenía clavada una estaca de madera a la altura del corazón, y ambos se encontraban en evidente estado de descomposición, hinchados, amoratados, con los ojos abiertos y una expresión de terror que estremeció a los presentes. Alicia no pudo soportarlo. Exclamó “¡Dios mío!”, cayó desmayada y tuvieron que sacarla del lugar. Pero no terminó aquí el episodio. Policías y vecinos continuaron el recorrido por la casona y al llegar al baño, al final de un pasillo, nuevamente el terror hizo presa de ellos, cuando encontraron a Fidel desnudo, colgado de una lámpara con una cadena metálica, y en el piso un recado que decía: “Señor, perdóname, pero no podía dejar a mis abuelos con este sufrimiento”, y mostraba unos extraños símbolos. La noticia de tan horripilantes y misteriosas muertes corrió como pólvora por toda la colonia y más tarde por todo el país. Fue una de las notas importantes de los periódicos y noticieros de aquellos años. La vieja casona de Fidel fue clausurada por las autoridades y abandonada más de una década, hasta que a mediados de los años ochenta doña Paty y su marido ganaron un juicio intestamentario y fueron designados por el juez herederos de la propiedad. Pero al paso del tiempo se convencieron de que se trataba de una casa maldita. La visita a la casona. Era una situación incomprensible para doña Paty y su marido. Aunque la historia era increíble, la angustia y desesperación de la señora me habían conmovido. Así que con mis productores Gina e Ignacio acordamos que en tres días visitaríamos la casa en compañía de los para-sicólogos que en ese tiempo nos asistían y haríamos una transmisión en vivo de lo que allí ocurriera. El día llegó y, como es costumbre cuando hago este tipo de visitas, me protegí con ayuno y unas oraciones que años atrás me había entregado un amigo que es ministro de la iglesia católica. A las nueve y media de la noche llegamos un chofer, un fotógrafo y yo a bordo de una camioneta de la empresa radiofónica. En el lugar se encontraban doña Paty, el doctor y el profesor, nuestros asesores en parasicología, en una noche con una enorme luna llena, sobre un cielo despejado. En el ambiente se dejaba sentir, más que preocupación, un ligero miedo por los horripilantes hechos que habían ocurrido en el interior de esa vieja casa. La dueña de la casa nos advirtió que no entraría con nosotros, y en el momento en que nos abrió la puerta ya estaba lista la comunicación con la emisora a través de teléfonos celulares. Todo estaba preparado para lo que sería la primera transmisión de radio en vivo desde una auténtica casa embrujada. En la cabina mi amigo Modesto, quien me suplió en la conducción de ese programa, se mostraba intrigado por lo que pasaría en las próximas horas. Realizar una trasmisión con esas características no era tarea fácil, ya que nadie sabe cómo responder ante un susto del más allá. Iniciamos nuestro recorrido. Primero encontramos un gran recibidor que en el fondo dejaba ver algunos muebles que algún día habían servido en la sala y el comedor. Antes manipulamos los interruptores que nos indicó doña Paty, pero la luz no era suficiente, ya que algunos focos estaban fundidos. En el centro del lugar colgaba del techo un hermoso candil y la parte central del piso estaba cubierta por un tapete que parecía muy antiguo y muy caro. El ambiente se había tornado tenso, pesado. El profesor se separó del grupo y comenzó a subir una escalera que conducía al primer nivel. Inesperadamente un alarido aterrador nos quitó la respiración y le indiqué al profesor que se reintegrara al grupo. No sabía qué pensar. Había vivido varias experiencias sobrenaturales, pero en este caso en especial dentro de mí se alojaba el extraño presentimiento de que alguien muy malo y poderoso nos esperaba. En ese momento cruzaron mi mente varias ideas encontradas y llegué a pensar que todo era una broma de mal gusto tramada con el propósito de burlarse de nosotros y del programa. Y en ese instante preciso, ante nuestros ojos un jarrón se deslizó unos 20 centímetros sobre un mueble, sin que aparentemente nadie lo moviera. El ambiente se tensó aún más, mientras el termómetro del doctor, quien se hallaba a mi lado, señaló que intempestivamente la temperatura había bajado de 18 a 10 grados centígrados. Quise accionar mi cámara para captar los hechos, pero el artefacto no respondió. No me quería quedar con la duda, así que me acerqué al jarrón y observé que su movimiento había dejado marcada la trayectoria en el polvo que cubría la vitrina de caoba sobre la cual estaba colocado. Y para mi sorpresa no existían hilos o algún mecanismo que lo movieran. Para no entrar en estado de sugestión, pensé mejor que había visto mal y todo era producto de mis nervios. El profesor portaba un medidor de campos electromagnéticos que nos indicaba actividad energética. Al orientarlo, nos llevó al viejo tapete que había en la entrada. El doctor lo levantó por una esquina y nos sorprendió ver una estrella de cinco puntas con signos raros. Sacaron una brújula y por la posición nos dimos cuenta de que este símbolo era de oscuridad, lo cual parecía indicar que allí se realizaron algún día misas negras y otros ritos demoníacos. El frío y un extraño olor a humedad, a podrido, eran muy presentes en la casa. Después de que los parasicólo-gos realizaron algunas anotaciones y observaron los símbolos que contenía la estrella que estaba bajo la alfombra, decidimos subir al primer nivel, donde se encontraban los dormitorios. Lo hicimos en penumbras, pasando sobre la alfombra café con dibujos que a cada paso despedía polvo, pues mucho tiempo estuvo abandonada. La temperatura bajaba significativamente. Caminamos con cautela por un largo pasillo y encontramos la recámara de los abuelos. Intenté encender la luz, pero el foco estaba fundido. Sólo alcanzábamos a observar el interior gracias a la luz del pasillo, que se filtraba por una de las ventanas. Vimos una vieja cama matrimonial de latón, la cual sólo tenía un colchón azul con rayas blancas y unas grandes manchas negruzcas. Al iluminar las manchas con una pequeña lámpara, nos dimos cuenta de que era sangre seca. El panorama era muy tenebroso y, para más, se escuchaba en una de las paredes cierto golpeteo que adjudiqué a la casa contigua. Al recordar que precisamente en esa cama habían sido asesinados brutalmente dos ancianos, se me pusieron los pelos de punta. En el muro de la derecha se encontraba un gran clóset de madera, dividido en dos partes. Justamente cuando el doctor lo abría, la puerta se cerró azotándose. Primero pensé que el profesor la había azotado, pues se encontraba cerca de ella, pero me extrañó que dijera: —¡Esa puerta se cerró sola! La preocupación y el miedo se apoderaron de mí. Existía la posibilidad de que alguien ajeno a nosotros la hubiera cerrado y estuviera detrás jalándola, por lo que me asomé por la ventana que daba al pasillo para, según yo, descubrir a ese alguien. Mientras, el profesor intentaba desesperadamente abrir la puerta. Gran sorpresa me llevé al cerciorarme de que nadie se encontraba del otro lado de la puerta. Sólo Dios sabía quién la estaba cerrando. Inmediatamente nos acercamos el doctor y yo para ayudar al profesor a jalar la puerta y abrirla. Después de varios intentos al fin lo logramos. Traté de aplicar la lógica y me dio por creer que en un descuido el profesor la había empujado y al cerrarse, tratándose de una puerta muy vieja, el cerrojo se había corrido quedando trabado. No le dimos mayor importancia al asunto y salimos de la habitación en un silencio que significaba desconcierto por lo que hasta ese momento habíamos experimentado. Entramos a lo que fue la recámara de Fidel. En ese lugar sentí un escalofrío y en seguida un vacío en el estómago, que me produjo muchas ganas de vomitar. Siempre que siento algo así, rezo mentalmente, en este caso porque sabía que se trataba de signos inequívocos de que algo muy malo se encontraba custodiando el lugar. Aquí la luz iluminaba más que en la otra habitación. Aunque el foco del cuarto tampoco servía, una de las bombillas del pasillo se encontraba más cerca. Observamos una cama individual con un colchón sin cobijas. Había más desorden que en la recámara anterior; polvo, basura y un olor a podrido más intenso, que comenzaba a escocer nuestras gargantas. Me encontraba aproximadamente a un metro de la cama y de pronto empezamos a escuchar algo así como arañazos dentro de un ropero que se encontraba semiabierto. La temperatura comenzó a descender aún más y llegó a los cinco grados según el termómetro del doctor. En verdad, era un lugar que daba miedo y asco. Luego notamos unos ruidos debajo de la cama, primero débiles, pero en pocos minutos subieron de volumen. Nos llevamos una gran impresión cuando increíblemente la cama comenzó a brincar. Sobresaltado, grité: —¡La cama! ¡La cama se está moviendo! Impactado por lo que veía fui retrocediendo lentamente y llegué a uno de los muros. Sentí una ráfaga de aire frío sobre la cara y al darme vuelta me encontré con una horrible cara de diablo pintada con sangre en la pared. Me llevé uno de los sustos más grandes de mi vida. Los parasicólogos y yo formamos un círculo y empezamos a orar en latín, pero la cama no cesaba de moverse de arriba abajo, como si estuviera bailando, y la intensidad de las pocas luces del pasillo comenzó a bajar, a subir. Era una de mis primeras intervenciones en un lugar con tanta actividad sobrenatural. Al ver todo esto mi corazón empezó a latir a toda prisa, mi respiración era agitada. Estaba a punto de entrar en pánico y por fin la cama empezó a detenerse. Los parasicólogos me dijeron que siguiera orando y que no debíamos separarnos. Es fácil relatar lo que vivimos en esa casa maldita, pero estar dentro se me hizo eterno. Ya más calmado quise hallarle una explicación lógica a lo que pasaba. Por un momento creí que alguien se encontraba debajo de la cama y la movía. Cautelosamente me acerqué para investigar y no había nadie. Entonces, como segunda opción, pensé que había un mecanismo, tal vez unos alambres que hicieran que la cama se moviera, pero tampoco hallé nada. Finalmente quedé convencido de que el ser o los seres que se encontraban en aquella habitación poseían gran poder. Pensé en salir de la casa, pero me aterraba el hecho de atravesar solo el pasillo y la sala en penumbras. Elegí quedarme y le dije al doctor que mejor saliéramos, pero me respondió que forzosamente debíamos terminar lo que habíamos iniciado. Agregó que pensara en la protección de Dios y no me preocupara. Descubrimos que debajo de la siniestra cama había también un dibujo de una estrella de cinco puntas con símbolos y escritos en arameo. Los parasicólogos dijeron que eran invocaciones satánicas y decidimos dejar la cama en su lugar. El doctor se dirigió al ropero y encontró un libro de magia negra. En ese preciso instante una sombra de unos dos metros comenzó a manifestarse y salió del ropero. Era como un gran cuerpo de humo negro que se desplazó lentamente hacía el muro contiguo y desapareció. Luego surgieron tres esferas luminosas que, flotando ante nuestras atónitas miradas, se desvanecieron. Nunca había visto algo parecido y, por más que me esforcé en no mostrar terror ante lo que se nos presentaba, el público que escuchaba en vivo la transmisión de radio puede dar fe de lo que sentía yo en ese momento. Oramos hasta que el frío y el olor pestilente casi desaparecieron. Entonces bajamos. Me sentía muy mal, con ganas de vomitar, un intenso dolor de cabeza y muy mareado, por lo que los parasicólogos accedieron a que abandonáramos la casa. Al salir el doctor me revisó y me dijo que mi presión arterial estaba baja y era conveniente que me fuera al hospital. Todo me daba vueltas y creí que me iba a desmayar. El doctor llamó por teléfono a sus compañeros de un hospital cercano y me internaron y salí al día siguiente. El doctor y el profesor se quedaron una hora más y descubrieron que el sótano de la casa era el lugar de reunión, donde algún día se celebraron misas negras que a la larga fueron la causa de tanta tragedia y hechos sobrenaturales. Hubo siete sesiones más y hoy la casa sigue teniendo manifestaciones extrañas, aunque de nivel bajo. Lo último que supe de la casona de Fidel fue que una señora, al escuchar en La Mano Peluda lo que allí ocurría, inició los trámites para comprarla. ¿Usted se imagina con qué fin? Bueno, en gustos se rompen géneros, ¿no creen? Juan Ramón Saenz – La mano peluda