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Usuario (Argentina)

Me gusta la Historia Militar y dando vueltas termine leyendo detenidamente las campañas de este Gran Almirante, la historia Militar argentina del siglo pasado en realidad es bastante aburrida y no destaca por tener Grandes Generales o sea considerando a San Martín un gran General que lo fue por estar instruido, conocer de táctica y estrategia pero no a un Manuel Belgrano que a fuerza de voluntad mas que de conocimiento fue puesto al mando del ejercito del Norte solo para ser humillado por los Españoles o Realistas, en fin el tema Guillermo Brown, que entre nosotros tenia las pelotas bien puestas. Guillermo Brown (nacido William Brown; Foxford, Condado de Mayo, Reino de Irlanda (actual República de Irlanda), 22 de junio de 1777 – Buenos Aires, Argentina, 3 de marzo de 1857) fue el primer almirante irlandés nacionalizado argentino de la fuerza naval de la Argentina, tanto en la cronología como en el prestigio. Consagró su vida al servicio de su patria de adopción. Es considerado el Padre de la Armada Argentina. De familia profundamente católica, de niño fue llevado por su padre a los Estados Unidos de América, donde al entrar a la adolescencia quedó huérfano, embarcándose entonces como grumete en un barco estadounidense. Durante diez años, Guillermo Brown navegó por las aguas del Atlántico y en dura escuela adquirió esa admirable pericia, cualidad descollante de su personalidad de marino. Había alcanzado matrícula de capitán cuando en 1796 fue apresado por un buque inglés y obligado a prestar allí servicios. Esa nave inglesa fue luego apresada por un navío francés y conducido prisionero de guerra a Francia, de donde logró fugarse. Al regresar a Inglaterra reanudó su carrera marítima. Existen reportes no confirmados respecto de un breve paso por la Royal Navy inglesa.[cita requerida] La Oficina de Registros Navales registra a un "William Brown" en las planillas de armamento de la Royal Navy, entre los años 1801 y 1804, y otro homónimo entre los años 1804 y 1809 .El 29 de julio de 1809 contrajo matrimonio con Elizabeth Chitty, en el Condado de Middlesex (Fue uno de los 39 Condados históricos de Inglaterra, geográficamente estaba ubicado en la ciudad de Londres). Finalizaba ese mismo año cuando Brown llegó al Río de la Plata a bordo del "Belmond" y se radicó en Montevideo para dedicarse al comercio. El 18 de abril de 1810 con la fragata "Jane", de su propiedad, arribó a Buenos Aires en gestión comercial y permaneció dos meses en la entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, siendo testigo de la revolucionaria semana de Mayo. Años después, en la Banda Oriental dominada por los marinos realistas, Brown luchó contra ellos. Apresó la goleta "Nuestra Señora del Carmen" y la balandra "San Juan de Ánimas"; intentó abordar con un bote y veinte marineros al bergantín de guerra "Cisne", y transportó también armas, víveres y oficios del gobierno de Buenos Aires a los patriotas de la Banda Oriental. Era pues un militante de la causa de Mayo, cuando en marzo de 1814 el Directorio le confirió el grado de Teniente Coronel y lo puso al frente de la escuadra para que defendiese la libertad y el honor argentino. El 1º de marzo de 1814, el Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas firmó el decreto por el que Guillermo Brown era designado teniente coronel y jefe de la escuadra. Martín García, la isla que estaba en poder de los realistas, fue bautismo de fuego para esta Fuerza Naval argentina . El 11 de marzo de 1814 Brown inicia un ataque que es rechazado y vuelve a reanudarlo el día 15, culminando la acción con la toma de la isla, lo que sería una de las más trascendentales victorias en la lucha por la emancipación. Las fuerzas realistas que dirigía el capitán de navío Jacinto de Romarate se retiraron aguas arriba del río Uruguay derrotando en el Combate de Arroyo de la China a una pequeña fuerza naval que Brown había mandado en su persecución, acción que tuvo lugar el 28 de marzo de 1814 y en la cual halló heroica muerte el teniente de marina Miguel Samuel Spiro. El genio estratégico de Brown vislumbra que una acción naval para liberar Montevideo puede producir la rendición de los realistas en esta bien fortificada plaza que resistía desde casi cuatro años el sitio de las fuerzas terrestres patriotas. Insiste Brown ante Posadas y el Concejo de Estado sobre la necesaria urgencia de iniciar acciones navales contra los realistas embolsados en Montevideo y logra imponer su criterio. El 15 de abril de 1814 zarpa de Buenos Aires la fuerza naval al mando de Brown, que iza su insignia en la fragata "Hércules", y el pueblo de Buenos Aires contempla alborozado su partida. Las acciones contra la escuadra realista se libran en aguas de Montevideo, frente al Puerto del Buceo, entre el 14 y el 17 de mayo de 1814, en el llamado combate naval del Buceo, obteniendo Brown una victoria completa. Los realistas incendiaron 2 de sus buques y 5 naves de su escuadra; algunas de sus naves entraron de nuevo a Montevideo, mientras otras huían rumbo a España. El triunfo de Brown en este combate coadyuvó a las operaciones terrestres lideradas principalmente por José Gervasio Artigas y José Rondeau, y trajo aparejada la liberación de Montevideo, que así pasó al poder de las fuerzas patriotas, hecho que se produce el 23 de junio de 1814. Según San Martín, la victoria de Brown en aguas de aquella plaza era "lo más importante hecho por la revolución americana hasta el momento". Terminada la campaña de 1814 emprende Brown con la fragata "Hércules" que le fuera donada por el gobierno, el bergantín Trinidad (Miguel Brown), el bergantín Halcón (Hipólito Bouchard) y la goleta Constitución (Oliver Rusell, armada por el patriota chileno Julián Uribe), un periplo por aguas del Océano Glacial Antártico (se considera que pudo avistar las costas septentrionales de la Península Antártica) y luego rumbea hacia el oeste ingresando en el Océano Pacífico recorriendo costas de Chile, Perú, Ecuador y Colombia, que inicia a fines de 1815 y abarca hasta mediados de 1816. Llevó las ideas de libertad de la Revolución de Mayo hasta aquellas regiones y fue precursor de la gesta libertadora que llevaría a cabo San Martín. Cuando regresó a Buenos Aires, no quiso tomar parte en conflictos internos y se retiró a su hogar, dedicándose al comercio de compra y venta de armas En el año 1825, el Imperio del Brasil, que entonces ocupaba toda la Provincia Oriental (el territorio del actual Uruguay y las Misiones Orientales al que los brasileños llamaban "Provincia Cisplatina" , alegando que las Provincias Unidas del Río de la Plata habían apoyado la expedición de los Treinta y Tres Orientales y alentaban a los orientales a liberarse de la ocupación brasileña, le declara el 10 de diciembre de ese año la guerra a las Provincias Unidas -a las cuales se había reintegrado la Provincia Oriental durante el Congreso de Florida- dándose inicio oficialmente a la Guerra argentino-brasileña. El 21 de diciembre de 1825 una poderosa escuadra imperial al mando del vicealmirante Rodrigo José Ferreira de Lobo bloqueó Buenos Aires. Entonces el gobierno llamó al Almirante Brown y el 12 de enero de 1826 le confirió, con el grado de coronel mayor, el mando de la escuadra integrada por muy escasas fuerzas: los bergantines "General Balcarce" y "General Belgrano" y una vieja lancha cañonera, la "Correntina". Demostró entonces Brown otra faceta brillante de su capacidad: la organización; 12 lanchas cañoneras fueron inmediatamente incorporadas y al poco tiempo se incrementó el número de buques mediante la adquisición de la fragata "25 de Mayo"; los bergantines "Congreso Nacional" y "República Argentina" y las goletas "Sarandí" y "Pepa". El Almirante izó su insignia en la fragata "25 de Mayo". Las primeras acciones contra la flota brasileña tuvieron lugar el 9 de febrero de 1826. Durante el combate la fragata "Itaparica" buque insignia del almirante brasileño sufrió graves averías y muchas pérdidas de tripulantes. El 10 de junio de 1826 una poderosa fuerza brasileña se presentó ante Buenos Aires, integrada por 31 barcos. Brown sólo disponía de 4 buques y 7 cañoneras, pero era dueño de ese coraje contagioso que se agranda ante la dificultad, y dirigiéndose a sus tripulantes los arenga con estas palabras: "Marinos y soldados de la República: ¿Véis esa gran montaña flotante? ¡ Son los 31 buques enemigos! Pero no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la "25 de Mayo" que será echada a pique antes que rendida. Camaradas: confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la Patria!" Momentos después la nave capitana de Brown dio aquella consigna inmortal: "¡Fuego rasante, que el pueblo nos contempla!" Poco antes de las dos de la tarde se empeñó la acción en toda la línea. Aumentó la angustiosa expectativa de la muchedumbre agolpada en la ribera con la presencia de otras naves que a toda vela acudían al lugar del combate. Era el bravo Rosales que llegaba en ayuda del Almirante con la goleta "Río de la Plata" y lo mismo hacia Nicolás Jorge con el bergantín "General Balcarce". Para facilitar la maniobra de estas dos naves Brown atacó con frágiles cañoneras a uno de los más poderosos buques brasileños, la fragata "Nictheroy"(Niterói) y al despejarse el humo del combate se vio que la fuerza enemiga se retiraba. Brown ese día recibió del pueblo de Buenos Aires las pruebas más exaltadas de admiración y gratitud ante esta victoria argentina llamada combate de Los Pozos. El Almirante Brown derrochó coraje y audacia sin límites en el combate de Quilmes, librado el 30 de julio de 1826. A bordo de la fragata "25 de Mayo", cuyo Comandante era el coronel de marina Tomás Espora, y apoyado por el valiente Rosales con su goleta "Río de la Plata", combatió contra veinte naves enemigas. El buque de Brown soportó un intenso cañoneo y el Almirante que instantes previos al combate había comunicado a los suyos esta consigna: "Es preferible irse a pique antes que rendir el pabellón", se ve obligado a abandonar la "25 de Mayo" que es remolcada a Buenos Aires y sigue la batalla a bordo del bergantín "República". Ante el temor de quedar varadas las naves brasileñas se retiran y la escuadra de Brown llega al puerto de Buenos Aires. En febrero de 1827, el almirante Brown enfrentó al enemigo con una fuerza equivalente en el combate de Juncal. Esta acción naval terminó con una derrota de las fuerzas brasileñas y en ella tuvieron actuación destacadísima el comandante del bergantín "General Balcarce", Francisco José Seguí, y el comandante de la goleta "Maldonado", Francisco Drummond. Durante ese combate fueron apresados doce buques brasileños, tres fueron incendiados y únicamente dos pudieron escapar. El 6 de abril de 1827 el Almirante Brown con una fuerza integrada por los bergantines "República", "Independencia" y "Congreso" y la goleta "Sarandi" zarpó del fondeadero de Los Pozos con el objeto de realizar un crucero sobre las costas brasileñas. Navegaban a la altura de Ensenada cuando debido a un error del piloto los buques encallaron en la punta del banco de Monte Santiago. En esa situación fueron sorprendidos por fuerzas navales brasileñas muy superiores y durante el 7 y 8 de abril de 1827 debieron soportar un infernal fuego del enemigo. Las naves argentinas causan graves averías en los buques enemigos y resisten hasta que en algunas se carece de municiones. Drummond, comandante del "Independencia" y prometido de Elisa Brown, cayó mortalmente herido cuando se dirigía en busca de municiones, falleciendo en brazos de Brown. Antes de permitir que la "República" e "Independencia" sean apresadas por el enemigo, Brown ordena incendiarlas luego de pasar a sus tripulaciones a los otros dos buques, y emprende el regreso a Buenos Aires. En el mes de agosto de 1828 finaliza la guerra contra el Brasil y entonces Brown se retira a la vida privada no queriendo tomar parte en la lucha que durante más de veinte años librarían unitarios y federales. Esa era su intención pero el bloqueo al que es sometido Buenos Aires por parte de las fuerzas inglesas y francesas cuyo comienzo data desde el año 1838 hace que el viejo Almirante vuelva al servicio activo. En el Río de la Plata que había sido escenario de combates en las guerras de la Independencia y contra el Imperio del Brasil, realizó otra vez jornadas de epopeya: bloquearía a Montevideo burlando la flota inglesa y durante la Campaña naval de 1841 (Guerra Grande) causaría derrota tras derrota a las naves del Uruguay que presidía Rivera que había abierto hostilidades contra el gobernador de Buenos Aires, Rosas. El 15 de agosto de 1842 el Almirante Brown en aguas del río Paraná en Costa Brava, derrota a una fuerza naval riverista compuesta por lanchones que era comandada nada menos que por el corsario italiano José Garibaldi, que estaba exiliado en Montevideo. "Déjenlo escapar, ese gringo es un valiente" es la orden que Brown impartió a sus subordinados cuando pretendían perseguirlo para ultimarlo. Producida la caída del régimen que encabezaba Juan Manuel de Rosas, muchos marinos fueron eliminados del escalafón activo de la armada, pero no el Comandante de la Escuadra de la Confederación. Por el contrario, el Ministerio de Guerra y Marina le cursa al Almirante Brown una comunicación manifestando: "El Gobierno con esa medida ha consultado la decidida predilección a que V.E. tiene títulos por sus viejos y leales servicios a la República Argentina en las más solemnes épocas de su carrera". Retirado en su quinta de Barracas (más exactamente: Casa Amarilla) fue visitado por Grenfell que había sido su adversario en la guerra contra el Brasil. Al manifestarle aquél cuan ingratas eran las Repúblicas con sus buenos servidores, el anciano Almirante contestó: "Señor Grenfell, no me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos; considero superfluos los honores y las riquezas cuando bastan seis pies de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores". El 3 de marzo de 1857 fallece el Almirante Brown y el gobierno argentino decreta honras al ilustre marino que, como decían los considerandos de la resolución oficial "simboliza las glorias navales de la República Argentina y cuya vida ha estado consagrada constantemente al servicio público en las guerras nacionales que ha sostenido nuestra Patria desde la época de la Independencia". El general Mitre en ocasión de despedir los despojos mortales, dijo de Brown: "Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros por toda una flota". Con su esposa Elizabeth Chitty tuvo numerosos hijos: Elizabeth (1810-1827), Guillermo (1812-1875), Ignacio Estanislao (1815-1816), Martina García Rosa Josefa Estanilada de Jesús (1815-1881), Eduardo (1816-1854), Miguel, Patricio y Pedro Brown y Chitty. Un Capo el Tipo La fuente es un resumen valido si buscan en Internet podrán seguramente ampliar algún tema en particular.

En la Segunda Guerra Mundial destacaron muchos Generales Aliados y del Eje, entre los cuales encontramos a uno de los mas famosos, reconocidos y admirados hasta por sus propios oponentes, hablamos de Erwin Rommel llamado "El Zorro del Desierto". En realidad la vida Militar de Rommel es mucho mas que sus operaciones en el Desierto y por ese motivo les voy a dejar un modesto resumen que me dejo con una imagen inmejorable de este Gran General. Erwin Johannes Eugen Rommel ( escuchar (?·i)) (Heidenheim an der Brenz, 15 de noviembre de 1891 – Ulm, 14 de octubre de 1944) fue un militar, y el más famoso mariscal de campo alemán (en alemán Generalfeldmarschall), durante la Segunda Guerra Mundial. Recibió el apodo de Zorro del Desierto (Wüstenfuchs) a raíz de su habilidad como comandante del Deutsches Afrika Korps durante las campañas militares de dicho cuerpo en África del Norte, entre 1941 y 1943. Posteriormente recibió el mando de las unidades alemanas estacionadas en Francia para contener la previsible invasión aliada, que acabó materializándose en Normandía. Rommel es recordado frecuentemente no sólo por sus señaladas proezas militares, sino por su caballerosidad con sus adversarios (fue uno de los mandos alemanes que se negó a obedecer la Kommandobefehl). Tras el atentado del 20 de julio de 1944 contra Adolf Hitler, fue acusado de haber participado en el mismo y obligado a suicidarse para evitar represalias contra su familia y su personal más cercano. Primera Guerra Mundial En los dos años que transcurren desde su nombramiento como teniente (Leutnant) hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, Rommel se dedica principalmente a tareas de instrucción de tropa, actuando como jefe de sección. Destaca especialmente por su entusiasmo, su capacidad didáctica y su total seriedad. No fuma, no bebe, no asiste a bailes ni locales de alterne y (posiblemente por considerarse comprometido) no se le conoce ni una sola relación sentimental más que con su adorada Lucie (exceptuando la supuesta con Walburga). Sus compañeros durante dicho periodo le recuerdan como un joven oficial sociable, pero reservado, con mayor tendencia a escuchar que a hablar, pero muy independiente a nivel intelectual. En marzo de 1914 es destinado como jefe de sección, en un programa de intercambio interarmas, a una de las baterías del 49° regimiento de artillería, estacionado en Ulm. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, recibe orden de volver a su regimiento el 31 de julio de 1914, y se pone en marcha unos días después hacia la frontera francesa. Primeras acciones: Francia, 1914–1915 Su regimiento estaba adscrito al XIII Cuerpo de Wurtemberg, bajo el mando del general Von Fabek. Este cuerpo formaba parte del V Ejército alemán, cuya misión era actuar como el extremo interior del «rodillo» que el Plan Schlieffen esperaba lanzar sobre Bélgica y los Países Bajos. La zona de acción del regimiento de Rommel era justo enfrente de las Ardenas meridionales. Éstas son algunas de sus acciones en dicho frente, extraídas principalmente de su libro de memorias:3 Su primera acción de guerra fue en las cercanías de Longwy, en la frontera franco-belga. El 22 de agosto de 1914 su sección ocupa su posición en el frente. Rommel, después de casi 24 horas a caballo actuando como oficial de enlace, sale de exploración acompañado por dos soldados y un suboficial. Localiza a un grupo de entre quince y veinte soldados franceses acampados a cierta distancia de sus propias posiciones. Decide aprovechar la sorpresa y abre fuego contra ellos junto a sus tres acompañantes. Se retira en cuanto empiezan a recibir disparos de vuelta, dejando muertos o heridos a unos diez franceses, sin bajas propias. El 24 de septiembre, mientras actúa como enlace en solitario, se da de bruces con una patrulla francesa de cinco soldados. Abre fuego contra ellos, sin dudarlo, y abate a dos antes de que se le acabe la munición. En lugar de pararse a recargar, carga a la bayoneta contra los tres restantes, poniéndolos en fuga, aunque sufriendo una herida de bala en el muslo. Por esta acción recibió la Cruz de Hierro de segunda clase, y más tarde escribiría en sus memorias una célebre frase: «En combate cercano, la victoria es del que tiene una bala más en el cargador».3 El 29 de enero de 1915 se infiltra de madrugada con toda su sección tras las líneas francesas, aprovechando un tramo desenfilado de alambrada que ha descubierto en una de sus salidas de exploración. Consigue capturar cuatro casamatas francesas en un asalto por sorpresa, y procede luego a defenderlas durante todo el día contra los continuos intentos de contraataque por parte de un batallón francés. Pierde una de las casamatas, pero la recupera en una nueva carga a la bayoneta por sorpresa. Al final del día, cuando se hace evidente que ninguna otra unidad de su batallón está aprovechando la brecha abierta, ordena la retirada. Toda la operación le costó tan sólo doce bajas entre muertos y heridos. A raíz de ello, recibió una severa reprimenda de su oficial en jefe por tomar iniciativas temerarias en el campo de batalla, y fue más tarde premiado con la Cruz de Hierro de primera clase. En octubre de 1915 Rommel fue ascendido a Oberleutnant (Teniente 1º) y trasladado al recientemente creado WGB (Württembergische Gebirgsbataillon), en el que recibió el mando de una compañía. Pasó casi un año sin más actividad, estacionado en los Vosgos, durante el cual se casó con Lucie. No llegó a vivir los peores momentos de la guerra de posiciones en Francia, pero ya mostraba una gran independencia en la toma de decisiones. Aunque se haría famoso (sobre todo posteriormente) por sus arriesgadas y veloces acciones, en este periodo muestra un enorme interés por las fortificaciones y atrincheramientos, obligando a sus hombres a cavar trincheras tan pronto como se estacionaban en alguna parte. Entendía (y así lo recogió en sus memorias) que esa era la única forma en que la infantería en posición estática podía sustraerse al efecto de la artillería. Su sección tuvo la menor cantidad de muertos y heridos de su regimiento en todo ese periodo. Guerra de movimiento: Rumanía, 1916–1917 El 27 de agosto de 1916, Rumanía declaró la guerra a las Potencias Centrales. El WGB fue trasladado a dicho frente, integrado en el Alpenkorps. El WGB no era un batallón tradicional; estaba formado por seis compañías de fusileros en lugar de cuatro, más seis compañías de ametralladoras. Al ser una unidad puramente de montaña, se esperaba de sus mandos que pudiera operar independientemente si la situación lo requería, y tenía una formación muy flexible: normalmente no combatía como una sola unidad cohesionada, sino que era dividida en dos o más grupos tácticos independientes (Abteilungen) según las circunstancias. Era el destino ideal para Rommel, que se encontró casi desde el principio al mando de grupos independientes, a veces sólo su propia compañía, a veces varias, en alguna ocasión incluso controlando todo el batallón. El ejército rumano intentó casi siempre una defensa estática, ubicando posiciones fortificadas en lo alto de cimas abruptas o cerrando pasos de montaña. La respuesta más empleada por Rommel consistía en infiltrarse tras las líneas rumanas con sus fuerzas, aprovechando repechos y desenfiladas, y tendiendo una línea telefónica de campaña tras de sí. Si conseguía pasar inadvertido, lanzaba un ataque por sorpresa al amanecer, a veces coordinado con fuego de cañón o de ametralladora. Una vez detrás de las líneas, nunca dudaba en atacar, sin importarle la inferioridad numérica: afirmaba que la sorpresa y el efecto psicológico de encontrar al enemigo en zonas consideradas seguras requería de las tropas una gran moral y calidad para reponerse y plantar cara de forma efectiva, calidad que no creía existiera en el caso de los rumanos. Ejemplo de lo acertado de su planteamiento es la conquista y posterior defensa del conjunto de posiciones fortificadas alrededor del monte Cosna, del 10 hasta el 18 de agosto de 1917. Para dicha acción, Rommel recibió el mando de tres de las compañías de fusileros y dos de las de ametralladoras. Durante el asalto inicial del día 10 recibió un balazo en el antebrazo izquierdo, a pesar del cual se mantuvo al mando de su grupo de batalla hasta que los rumanos cesaron en sus intentos de contraataque. Los días 19 y 20, con el enemigo detenido y ya totalmente extenuados Rommel y sus hombres, se lanzaron al asalto de las últimas posiciones rumanas, capturándolas, y el grupo de batalla fue relevado. Italia, 1917–1918 Rommel se estrenó en el frente italiano el 26 de octubre de 1917 en la Batalla de Caporetto (conocida por los alemanes como 11ª batalla del Isonzo), en la que tuvo un papel muy destacado. Su batallón fue asignado como unidad de reserva para apoyar una penetración realizada por dos batallones bávaros. Sin embargo, el asalto pronto quedó atascado frente a las líneas italianas. Rommel, con dos compañías, se infiltró tras las líneas cruzando el Isonzo y tomó a la bayoneta las posiciones de una batería italiana. En los combates subsiguientes, Rommel mandó aviso a su comandante de batallón, Sprösser, junto con más de mil prisioneros italianos, alertando de que había conseguido romper las líneas. Al recibir la noticia, su comandante le envió cuatro compañías más con la orden de sostener la brecha. Rommel, con seis compañías bajo su mando, prosiguió su infiltración en territorio italiano, emboscando en la carretera hacia el Monte Matajur una columna de refresco. Sorprendidos totalmente, los italianos no ofrecieron apenas resistencia, siendo capturados unos 2.000 hombres y 50 oficiales de la 4ª brigada de Bersaglieri, con todo su armamento e impedimenta. Gratamente sorprendido por la falta de combatividad italiana al ser pillados desprevenidos, Rommel decidió proseguir el avance con algo menos de una compañía, a marchas forzadas durante el resto del día y de la noche. Al amanecer del día 29, localizó un enorme campamento de la brigada Salerno. Junto con dos oficiales y algunos soldados, se plantó en el centro del campamento informando a los italianos de que estaban totalmente rodeados y tenían 15 minutos para rendirse. Sorprendidos y atónitos, los oficiales italianos no se dieron cuenta del engaño y se rindieron, aumentando la lista de prisioneros en 1.500 hombres y otra cincuentena de oficiales. Cuando Rommel finalmente escaló el monte Matajur y lanzó las bengalas acordadas para señalar su avance con éxito, llevaba junto con sus exhaustas tropas más de 50 horas de actividad ininterrumpida, marchando a lo largo de más de 19 km a vuelo de pájaro en un terreno montañoso, capturando en el proceso unos 150 oficiales, 9.000 hombres y 81 cañones de distinto calibre, sin apenas bajas propias. Cinco regimientos italianos al completo fueron borrados del orden de batalla por una fuerza que nunca llegó a sumar más de seis compañías. Este tremendo éxito le supuso la concesión de la más alta condecoración prusiana, la codiciada Pour le Mérite, y el ascenso a capitán (Hauptmann). Asombrado en extremo por la baja moral de los italianos, empezó una furiosa persecución de las fuerzas puestas en fuga. Cruzó las heladas aguas del Piave apenas unos días después junto con seis hombres, en plena noche, y con esas ridículas fuerzas atacó Longarone, obligando a rendirse a la numerosa guarnición. Una vez hubo cruzado el resto de su grupo táctico, consiguió nuevos éxitos en la zona de Longarone, repeliendo un último y desesperado ataque nocturno por parte de los italianos, en el que estuvo a punto de ser arrollado y hecho prisionero. El 31 de diciembre de 1917, Rommel recibió un nuevo destino, ayudante de campo en un Estado Mayor (General Kommando 64). Para su tremendo disgusto, pasó el resto de la guerra en funciones administrativas. El periodo de entreguerras (1918–1939) Tras la capitulación alemana de 1918 se firmó el Tratado de Versalles, por el que los Aliados trataron de evitar que Alemania mantuviera la capacidad de alzarse nuevamente en armas. En el entorno militar, nadie dudaba de que antes de la capitulación aún era posible la defensa. Las únicas tropas enemigas que habían pisado suelo alemán desde la fallida ofensiva rusa de 1914 habían sido prisioneros de todas las nacionalidades. La conmoción que supuso la rendición prácticamente incondicional, unido a la desmovilización forzosa, dejó una gran cantidad de militares resentidos que no tardaron en unirse en masa a los Freikorps. Ese no fue el caso de Rommel. El plan de desmovilización y reorganización diseñado por su comandante en jefe, el general Hans von Seeckt, redujo en efecto las fuerzas armadas alemanas a unos 100.000 hombres liderados por 4.000 oficiales. Sin embargo, la reducción no fue al azar. Se conservó en activo a todo oficial que hubiera demostrado disciplina, capacidad formativa, valor y decisión en el terreno, ya que ese pequeño ejército de la República de Weimar debía convertirse, en cuanto fuera posible, en el núcleo de mando de un nuevo ejército alemán. El plan secreto de Von Seeckt, conocido y aprobado por todos los oficiales que permanecieron en el ejército, consistía en producir una sobrecualificación en todo el escalafón: entrenar a todo el personal de forma que pudiera cubrir las responsabilidades correspondientes a un rango por lo menos dos veces superior al que ostentase. De esa forma, cuando llegara el momento se podría iniciar de nuevo el reclutamiento, ascender a los miembros del ejército preexistente y tener un ejército movilizado de un tamaño muy superior. Rommel era, en ese contexto, el oficial ideal. Tras ir a buscar a su esposa, enferma y aislada en Danzig tras la entrega del «pasillo» a Polonia, en 1919 recibió el mando de una compañía con la que fue destinado a la cuenca del Ruhr hasta 1921 realizando tareas de mantenimiento del orden. De ahí fue trasladado al 13º Regimiento de Infantería, de vuelta en Stuttgart. Ejerció como capitán en el mismo hasta el 1 de octubre de 1929, momento en el que fue destinado como instructor a la Academia de Infantería de Dresde. Durante sus clases en la misma solía emplear los ejemplos que más a mano tenía: sus propias acciones durante la guerra. Desempolvó sus diarios de campaña, con multitud de esbozos y mapas hechos a mano por él mismo, y los utilizó en sus clases, repasando cada acción una y otra vez, resaltando los aciertos y los errores, animando a sus alumnos a sacar sus propias conclusiones. Es bien conocido un incidente en el que, revisando los inicios del Plan Schlieffen en clase, preguntó su opinión sobre cierta parte del mismo a uno de sus alumnos. Cuando el aludido empezó a recitar la respuesta, Rommel le interrumpió, diciéndole «ya sé lo que opinaba el Estado Mayor General al respecto. Le estoy preguntando lo que opina usted».4 Siguió como oficial instructor durante cuatro años, hasta que el 31 de enero de 1933 fue ascendido a mayor y puesto al mando del 3° Batallón del 17º Regimiento de Infantería, una unidad de tropas de montaña. Fue al mando de este batallón cuando se produjo el primer contacto entre Hitler y Rommel, incluyendo un conocido encontronazo entre este último y las SS: Durante la Pascua de 1935 Hitler debía presidir un acto castrense en el que el 3° Batallón formaría enfrente del Jefe del Estado. Rommel recibió aviso de que un pelotón de las SS formaría entre su batallón y Hitler, haciéndose responsables de su seguridad. Lo tomó como un insulto, alegando que si el Jefe del Estado no se sentía seguro frente a sus propios soldados, no tenía ninguna intención de hacerles formar. Finalmente, tras la intervención personal de Heinrich Himmler y Joseph Goebbels, las SS no formaron y Hitler felicitó a Rommel por el aspecto de su batallón. El 15 de octubre de 1935, con el rearme alemán funcionando a plena potencia, Rommel es ascendido a Teniente Coronel (en alemán Oberstleutnant) y recibe el traslado como instructor a la Academia de Guerra de Potsdam. Es un hecho poco conocido el que durante su época en Potsdam estuvo también temporalmente a cargo de la instrucción de las Juventudes Hitlerianas (en alemán Hitlerjügend, HJ). Duró poco en el cargo; su jefe directo, Baldur von Schirach, pretendía militarizar la organización, a lo que Rommel se negaba. Argumentaba que el objetivo debía ser más educativo, persiguiendo más la forja del carácter que la consecución de unas habilidades militares. Al recibir la negativa de Schirach, le indicó ácidamente que si tanto deseaba entrenar soldados, debería empezar por convertirse él mismo en uno. A los pocos días, Rommel era relevado de su cargo como instructor jefe de la Hitlerjügend, como ya se esperaba.5 En 1937 recoge sus memorias y los apuntes de sus batallas discutidas en sus clases y publica el único libro que escribió en vida: Infanterie greift an (La infantería ataca). Pronto se repitieron las ediciones, se tradujo a varios idiomas y se convirtió en manual de lectura obligatoria en varias academias militares de todo el mundo. Pero el lector más influyente sobre el destino de su autor fue, sin duda, el propio Hitler. Fue ascendido a Coronel (en alemán Oberst) después de la publicación del libro. El 9 de noviembre de 1938, al finalizar su turno de tres años como instructor en Potsdam, recibió el cargo de director de la Academia Militar Teresiana de Wiener Neustadt. Sin embargo, Hitler le seleccionó poco después para dirigir el Führerbegleitbataillon, el batallón de la guardia personal de Hitler, con la misión de escoltar al Jefe del Estado. A raíz de su nuevo nombramiento, Rommel pasaría a tener un trato casi diario con Hitler. El 23 de agosto de 1939, Rommel es ascendido a General y destinado al Cuartel General del Führer como Jefe de Seguridad. Segunda Guerra Mundial Polonia, 1939 La intervención de Rommel en esta campaña fue escasa en cuanto a resultados, pero enormemente influyente en los años posteriores. Cumpliendo con sus funciones de Jefe de Seguridad, pasó mucho tiempo conviviendo con Hitler. Durante el mismo vio los rasgos positivos del carácter del Führer: seguridad en sí mismo, valor personal, dotes de mando, capacidad de gestión y una tendencia a seguir sus impulsos en contra de lo que opinaban las mentes más conservadoras del Estado Mayor General. Al ser una campaña tan corta como exitosa, no llegó a conocer entonces la obstinación irracional de Hitler, sus ataques de rabia histérica, o su decisión de sacrificar cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos, incluyendo a sus soldados o la propia Alemania. Hasta que pudo verlo por sí mismo años después (sobre todo a raíz de la batalla de El Alamein, en 1942), Rommel se formó una imagen limitada de quien era su comandante en jefe. Al acabar la campaña, Rommel quedó de nuevo agregado al Estado Mayor de Hitler. Este profesaba mucha simpatía al dinámico general que tan poco se parecía a los oficiales prusianos, de ascendencia noble la mayoría, que tanto abundaban en el Estado Mayor General y a los que despreciaba. Un buen día le preguntó en una conversación casual qué era lo que más le gustaría. Rommel no lo dudó ni un instante: «El mando de una división blindada». El 15 de febrero de 1940 Rommel tomó el mando de la 7ª División Panzer, en Godesberg, reemplazando al general Georg Stumme. Era la primera vez que ostentaba el mando de una unidad de blindados. Inmediatamente puso manos a la obra y pasó los meses siguientes entrenando intensivamente con su nueva unidad, conociendo a sus oficiales y preparando a todos para el tipo de guerra que tenía intención de ejecutar. Francia, 1940 En 1940, sólo tres meses antes de la invasión, Rommel se puso al frente de la 7ª División Panzer, que se recordaría como la Gespenster-Division (la División Fantasma, debido a la velocidad y sorpresa que constantemente lograba, hasta el punto de que incluso el Alto Mando Alemán perdió la pista de dónde se encontraba), para la invasión de Francia y los Países Bajos. Era la primera vez que Rommel se ponía al frente de una división Panzer. Mostró considerables habilidades en esta operación, repeliendo un contraataque del ejército británico en Arras y provocando el caos en las comunicaciones, suministros y las columnas de refuerzos aliadas al atacar en sitios que los Aliados consideraban seguros y a muchos kilómetros del frente. La 7ª División Panzer fue una de las primeras unidades alemanas en alcanzar el canal de la Mancha (el 10 de junio) y ocupó el vital puerto de Cherburgo. Como recompensa, Rommel fue promovido y nombrado comandante de la 5ª División Ligera (más tarde reorganizada y renombrada como 21ª División Panzer) y de la 15ª División Panzer, que fue enviada a Libia a principios de 1941 para ayudar a las derrotadas y desmoralizadas tropas italianas, formando el Deutsches Afrikakorps, al frente del cual Rommel logró su mayor fama. A lo largo de la campaña de Francia, Rommel llevó al extremo la nueva táctica de la Blitzkrieg y se distinguió por dirigir a sus hombres desde la primera línea para hacerse una idea en tiempo real de la situación, asumiendo numerosos riesgos y estando a punto varias veces de morir en combate. África, 1941–1943 Rommel pasó la mayor parte de 1941 organizando y volviendo a formar a las maltrechas tropas italianas, que habían sufrido una serie de derrotas a manos de la Commonwealth británica, entonces bajo las órdenes de Richard O'Connor. En la primavera de 1941 lanzó una ofensiva que empujó a los Aliados fuera de Libia, pero no pudo apenas penetrar en Egipto y, sobre todo, dejó tras sus líneas el importante puerto de Tobruk que, aunque cercado por tierra por las tropas del Eje, todavía resistía bajo las órdenes de un general australiano, Leslie Morshead. El comandante en jefe aliado Archibald Wavell lanzó dos ataques para levantar el cerco de Tobruk (Operación Brevity y Operación Battleaxe), pero ambas fracasaron. Tras el fracaso de Battleaxe, Wavell fue relevado por Claude Auchinleck, el legendario «Auk» de las fuerzas de Oriente Medio, quien lanzó una nueva gran ofensiva para liberar Tobruk, la Operación Crusader, que tuvo éxito y permitió a los Aliados reconquistar la Cirenaica. Sin embargo, cuando la ofensiva se quedó sin fuelle, Rommel contraatacó. En una clásica Blitzkrieg (guerra relámpago), El «Zorro del Desierto» devolvió gentilezas a «Auk», flanqueó a los británicos en Gazala, rodeando y reduciendo al núcleo fuerte en Bir Hakeim y forzó a los británicos a una retirada rápida para evitar ser derrotados por completo. Tobruk, asediada y aislada, era ahora todo lo que había entre el Afrikakorps y Egipto. El 21 de junio de 1942, tras un rápido, coordinado y fiero ataque combinado, la ciudad se rindió junto con sus 33.000 defensores. Sólo en la caída de Singapur, un poco antes en ese mismo año, se capturaron más tropas británicas y de la Commonwealth. Las tropas aliadas habían sido derrotadas. En unas pocas semanas habían sido empujadas de vuelta a Egipto. La ofensiva de Rommel fue detenida finalmente en El Alamein, a sólo 100 km de Alejandría. Rommel perdió la Primera Batalla de El Alamein debido a que los Aliados, entre la espada y la pared, tenían una mejor fuente de abastecimientos que los alemanes, que pudieron descifrar con la máquina Enigma las comunicaciones secretas nazis y, como el mismo Rommel admitiría: "la gran habilidad estratégica del General Claude Auchinleck, quien tomó el mando directo de sus tropas, detuvo nuestro avance. Empeñándose sobre las tropas italianas, forzaba a las divisiones acorazadas alemanas a intervenir en inferioridad numérica y de material, lo que aprovechaba tácticamente para desbaratar nuestros ataques". Auchinkleck fue reemplazado por motivos políticos y Harold Alexander tomó su lugar, nombrando a Bernard Montgomery como comandante del ejército 8. En ese momento, la situación de los abastecimientos era cada vez más insostenible para el Afrika Korps pero de todas formas, el audaz Rommel trató de romper las líneas enemigas, por última vez en la batalla de Alam el Halfa pero no lo consiguió. Con las fuerzas británicas de Malta interceptando sus suministros en el mar y las grandes distancias que debía cubrir en el desierto, Rommel no podía mantener indefinidamente la posición de El Alamein. A pesar de ello, hizo falta una gran batalla, la Segunda Batalla de El Alamein, para derrotar a las fuerzas germano-italianas y obligarlas a retirarse. Fue entonces cuando Hitler intervino y desautorizó por primera vez a Rommel en combate: el Führer revocó la orden de retirada y ordenó al ejército alemán permanecer en sus posiciones y resistir hasta el último hombre. La orden fue una sorpresa para Rommel, que no obstante la acató y suspendió la retirada. Sin embargo, esto significaba condenar su ejército a la destrucción, por lo que 24 horas más tarde decidió insubordinarse y volvió a ordenar la retirada. No sufrió medidas disciplinarias por ello, pero en el espíritu de Rommel quedó para siempre una mala impresión de su comandante en jefe.6 Tras la derrota en las batallas de El Alamein, las fuerzas de Rommel se limitaron a tender emboscadas al ejército británico que les perseguía y no volvieron a plantear lucha abierta hasta que llegaron a Túnez. Incluso ahí, su primera batalla no fue contra el VIII Ejército británico, sino contra el II Cuerpo estadounidense, que había desembarcado en Marruecos y Argelia durante las semanas anteriores (Operación Torch). Rommel infligió un duro revés a las fuerzas estadounidenses en la Batalla del paso de Kasserine. En esta batalla, uno de los oficiales de observación destinados en su Estado Mayor, Claus von Stauffenberg, fue gravemente herido en un bombardeo. Volviendo una vez más a enfrentarse a la Commonwealth en las antiguas defensas fronterizas francesas de la Línea Mareth, Rommel no pudo retrasar más lo inevitable. Ultra fue un poderoso factor que precipitó la caída de sus fuerzas. El 6 de marzo de 1943, tras librar una última batalla, Rommel fue evacuado. Cinco días después fue condecorado con los brillantes de la Cruz de Caballero. Sus hombres se convertirían en prisioneros de guerra pocos meses después. Italia, 1943 Tras su evacuación de Túnez, Rommel pasó un tiempo encerrado en una villa de Alemania. Su estancia allí era secreto de Estado, ya que la propaganda oficial seguía hablando de él como si estuviese aún al frente de sus tropas en África, para mantener la moral.6 Al consumarse la rendición en Túnez (13 de mayo de 1943), Rommel fue transferido temporalmente al Cuartel General de Hitler como «consejero militar», sin mando efectivo salvo un paso fugaz por Grecia. El desembarco aliado en Sicilia (10 de julio) y el derrocamiento de Mussolini dos semanas después, convencieron a Hitler de que Italia estaba a punto de rendirse y le impulsaron a intervenir militarmente. El Führer llamó a Rommel para darle el mando del nuevo Grupo de Ejércitos B, formado alrededor de Múnich, que empezó a cruzar los Alpes pocos días después. Desde agosto hasta noviembre, Rommel dirigió lo que de hecho era un ejército de ocupación en el norte de Italia. No se ha acusado a Rommel de ningún crimen de guerra o contra la humanidad en este difícil periodo de preguerra civil, a pesar de las órdenes de Hitler de reprimir brutalmente a los partisanos. Francia, 1943–1944 Rommel recibió en noviembre de 1943 la orden de trasladar su Grupo de Ejércitos B a Francia y fue nombrado responsable de defender la costa francesa. Consternado por la situación con la que se encontró y el lento ritmo de trabajo, sabiendo que disponía de escasos meses antes de la invasión, Rommel revigorizó todos los esfuerzos de fortificación a lo largo de la costa atlántica, el Muro Atlántico. Bajo su mando, el ritmo de trabajo se aceleró significativamente, se colocaron millones de minas y miles de trampas antitanque, así como obstáculos en las playas y los campos. Tras sus batallas en África, Rommel concluyó que para sostener el Frente Occidental cualquier movimiento ofensivo resultaría imposible debido a la superioridad aérea aliada. Argumentó que los tanques habían de estar dispersos en pequeñas unidades y deberían mantenerse en posiciones bien fortificadas, situadas tan cerca del frente como fuese posible, de modo que no tuvieran que moverse demasiado y no se apelotonasen cuando comenzara la invasión. Opinaba que la invasión debía ser detenida en las playas. Sin embargo, su comandante Gerd von Rundstedt decidió que no era posible detener la invasión cerca de las playas a causa de la enorme potencia de fuego de la flota aliada y pensó que los tanques deberían estar formados en grandes escuadrones tierra adentro, cerca de París, donde permitirían a los Aliados adentrarse en Francia y entonces acabar con ellos. Cuando se pidió a Hitler que eligiese un plan, vaciló y situó los tanques en un punto intermedio. Entonces, los tanques quedaron demasiado lejos para lo que Rommel propugnaba, y fuera del alcance de la idea de Von Rundstedt. A pesar de todo, el plan de Rommel estuvo a punto de llevarse a cabo. Durante el Día D, bastantes tanques alemanes, sobre todo de la 12ª SS División Panzer Hitlerjugend, estuvieron cerca de las playas y crearon bastante caos. Pero la superioridad numérica de los Aliados y la negativa de Hitler a liberar a tiempo las reservas Panzer hicieron que cualquier éxito fuese irrelevante y las playas fueron pronto aseguradas por los Aliados. Rommel y el complot del 20 de julio de 1944 Contactos con los conspiradores La verdadera implicación de Rommel en el complot y su opinión sobre el mismo han sido tema de intenso debate a lo largo de los años. Lo que está más allá de toda duda es que los dos hombres clave del complot del 20 de julio, el doctor Carl Friedrich Goerdeler y el Generaloberst Ludwig Beck, habían puesto sus ojos en Rommel para que los apoyara. Necesitaban desesperadamente una figura de gran renombre que pudiera contrarrestar ante al pueblo alemán la sombra de cualquiera de los lugartenientes de Hitler que intentara ocupar su lugar, y también les hacía falta un militar de prestigio y alto rango que pudiera unir bajo su mando al ejército, enfrentándose a las SS si fuera necesario. Rommel era ambas cosas. A pesar de sus enemigos en el OKW, era una figura ampliamente respetada en el ejército, e incluso en las Waffen-SS, y además era la figura más popular en Alemania después del propio Hitler.[cita requerida] Los conspiradores tenían dos contactos con Rommel: uno era Karl Strolin, alcalde permanente de Stuttgart y antiguo amigo y camarada de armas de Rommel en la Primera Guerra Mundial; el otro, el teniente general Hans Speidel, quien siendo ya parte del complot había sido nombrado jefe de Estado Mayor de Rommel en Francia. Strolin visitó a Rommel en febrero de 1944 para informarle de la conspiración. También le reveló en ese momento la existencia de los campos de exterminio.6 Strolin declararía después que Rommel desconocía la intención de asesinar al Führer y creía que lo que se haría con Hitler era capturarle y encerrarle para ser juzgado posteriormente. El 17 de mayo Rommel asistió a una reunión de altos cargos militares del Frente Occidental en la que el Generaloberst von Stülpnagel habló abiertamente del complot para matar a Hitler. Según numerosos testimonios (principalmente de Speidel y de Lucie, la esposa de Rommel), Rommel se opuso al magnicidio, prefiriendo una acción más suave por la que Hitler dimitiese o fuese depuesto pero no asesinado. El éxito del desembarco aliado del 6 de junio convenció definitivamente a Rommel de que era imposible para Alemania ganar la guerra. El 12 de junio se entrevistó con el Generalfeldmarschall Gerd von Rundstedt y le explicó que la guerra en el Oeste no podía ganarse militarmente. El 26 de junio se entrevistó en persona con Hitler, por última vez. Ese mismo día Claus von Stauffenberg comenzó los preparativos para el atentado del 20 de julio. El 9 de julio, los conspiradores hicieron un último intento por ganarse Rommel para su causa. Cesar von Hofacker, emisario de Von Stülpnagel, informó al mariscal del atentado inminente contra el Führer. Existen opiniones contradictorias sobre si Rommel dio por fin una respuesta afirmativa6 o bien prefirió no implicarse. En cualquier caso, el 13 de julio Rommel redactó una versión ampliada y actualizada de su informe del 12 de junio sobre la imposibilidad de ganar la guerra contra los Aliados Occidentales y se la envió al Generalfeldmarschall Günther von Kluge, sustituto de von Rundstedt. Von Kluge no lo enviaría a Berlín hasta días después del atentado, lo cual aumentaría los rumores contra Rommel. Rommel fuera de combate Desde que se inició el desembarco de Normandía, Rommel ejercía su cargo como jefe del Grupo de Ejércitos B visitando un cuartel general tras otro a fin de coordinar directamente las acciones de cada jefe. El 17 de julio de 1944 visitó por la mañana los cuarteles generales de las divisiones de infantería 276ª y 277ª. Al mediodía se reunió con Sepp Dietrich en el cuartel general del II Cuerpo de ejército blindado de las SS y hacia las cuatro de la tarde se encaminó de vuelta a su propio cuartel general. A pesar de evitar las carreteras principales, bombardeadas y abarrotadas de refugiados, su coche fue ametrallado por una pareja de Spitfires de la RAF (se atribuye oficialmente el ataque al jefe de escuadrón Charley Fox). El coche fue alcanzado por una de las ráfagas, que hirió a su conductor, y se estrelló fuera de la carretera, quedando boca abajo en un canal de riego cercano. El conductor, soldado Daniel, murió unos días después. El comandante Neuhaus sufrió una fractura de cadera. El capitán Lang y el sargento Holke salieron con magulladuras leves. Rommel salió despedido del vehículo y quedó tendido en el centro de la carretera, inconsciente. Sufría una fractura cuádruple de cráneo, heridas en la cara producidas por fragmentos de parabrisas y una enorme hinchazón que le cerró el ojo izquierdo.8 Los sucesivos doctores que le fueron atendiendo se mostraban muy pesimistas en cuanto a sus expectativas de supervivencia. La mayor parte del tiempo estaba inconsciente. Se despertaba de forma esporádica, pero era incapaz de moverse y apenas podía hablar. Por tanto, cuando tres días después el coronel Claus von Stauffenberg intentó matar a Hitler con una bomba, Rommel se debatía entre la vida y la muerte en una sala de operaciones en la que el Dr. Esch, uno de los mejores neurocirujanos de Alemania, se esforzaba por reconstruir su destrozada cabeza. Y lo consiguió. Para sorpresa de todos, Rommel superó las operaciones con el ojo izquierdo totalmente cerrado, completamente sordo del oído izquierdo y con terribles jaquecas transitorias, pero vivo. Era la sexta herida que recibía en acto de servicio. Declaraciones en su contra En las investigaciones posteriores al atentado, varios de los detenidos implicaron de forma ambigua a Rommel. El Generaloberst Karl Heinrich von Stülpnagel fue llamado a regresar a Berlín de forma urgente. Sabiendo que sería detenido nada más llegar, intentó suicidarse en el camino pegándose un tiro, pero colocó mal la pistola en la sien y sólo consiguió saltarse un ojo y casi perder el segundo. Según declaró a la Gestapo el médico que le atendió, repitió varias veces el nombre de Rommel mientras convalecía bajo los efectos del sedante. Luego fue llevado bajo arresto a Berlín, torturado durante algunos días y juzgado, condenado y ahorcado en un tiempo récord. La ejecución se llevó a cabo el 30 de agosto de 1944, y no se sabe con certeza qué más llegó a declarar bajo las torturas. Se considera posible que le ejecutaran con tanta urgencia debido al precario estado de salud en que quedó tras su fallido intento de suicidio y las torturas subsiguientes. Speidel, su jefe de Estado Mayor, fue también arrestado. Llevado a Berlín y sometido a continuos interrogatorios por parte de la Gestapo (pero, sorprendentemente, no a torturas), Speidel consiguió pasar esa fase de la investigación sin denunciar a ninguno de sus camaradas conspiradores. Sin embargo, sí admitió haber declarado que cuando se enteró del plan para atentar contra Hitler por boca de Stülpnagel y otros, lo puso en conocimiento de su superior directo, Rommel. Con eso dejó al mariscal en muy mala posición, ya que implicaba que, o bien estaba abiertamente a favor del atentado, o bien pecó de omisión al no informar de ello. Martin Bormann, uno de los jerarcas nazis más poderosos, redactó un informe sobre estos interrogatorios en el que compilaba los testimonios que denunciaban a Rommel. Concretamente acusaba a Rommel de haberse puesto a la disposición del gobierno que tomase el poder tras el atentado.9 Sin embargo, los historiadores consideran que Bormann no es una fuente imparcial porque era un adversario declarado de Rommel.[cita requerida] Por último, también jugó en contra de Rommel el hecho, circunstancial según todos los implicados, de que Von Stauffenberg había sido ayudante en el Cuartel General del Afrika Korps. Otros indicios de su implicación Rommel estaba convencido de que Alemania debía firmar la paz con los Aliados Occidentales y sabía también que estos no aceptarían la rendición incondicional mientras Hitler continuase en el poder. Existen indicios de que en los meses de junio y julio de 1944 Rommel cambió su postura inicial en contra de matar al Führer. Según su hijo Manfred, Rommel planeaba rendir su Grupo de Ejércitos B a los Aliados a fin de que estos avanzasen hasta Berlín y terminasen así la guerra.10 Bruno Ceppa, que era uno de los oficiales de Estado Mayor de Rommel en Francia, afirma que en la entrevista del 17 de julio entre Rommel y Sepp Dietrich el mariscal le preguntó al SS si estaría dispuesto a obedecer sus órdenes incluso si contradijesen a las órdenes del propio Hitler. Dietrich respondió que Rommel era su jefe y serían sus órdenes las que él seguiría.11 El apoyo de Dietrich era esencial para Rommel porque comandaba el cuerpo de ejército más potente de los tres que componían las fuerzas de Rommel. Otro indicio sobre la opinión positiva de Rommel hacia el complot proviene de Melcior von Schlippenbach, oficial de Estado Mayor que fue a visitarle durante su convalecencia y que afirma que éste le preguntó: «¿No cree usted que habría sido mejor que el atentado del 20 de julio hubiese salido bien?».12 En cualquier caso, todas las fuentes concuerdan en que Rommel estaba al corriente de los planes contra Hitler y que decidió no delatar a los conspiradores. Indicios de la no implicación de Rommel El 24 de julio, el convaleciente Rommel le escribió a su mujer diciéndose sorprendido por el atentado contra el Führer y alegrándose de que éste hubiese sobrevivido.13 La mujer de Rommel siempre mantuvo que su marido no estaba implicado o al menos no apoyaba el complot para asesinar a Hitler.14 Según el almirante Friedrich Ruge, Rommel le dijo al enlace naval de su Estado Mayor —con el que mantenía una abierta amistad— en el hospital mientras estaba convaleciente, refiriéndose al intento de asesinato: «Es una mala manera de resolver las cosas. Ese hombre es la encarnación del demonio. ¿Por qué convertirle en héroe y mártir? Mejor sería dejar que el ejército lo detuviera y lo juzgara. No destruiremos la leyenda de Hitler hasta que el pueblo alemán conozca la verdad.»15 Según uno de los generales enviados por Hitler para forzar a Rommel al suicidio, éste habría dicho en los últimos minutos antes de salir definitivamente de su hogar: «He querido al Führer y todavía lo quiero».16 El controvertido historiador David Irving sostiene que algunos altos jerarcas nazis, en particular Martin Bormann y Hermann Göring, deseaban incriminar a Rommel para quitárselo de encima. Esto les habría llevado a ofrecer a Speidel librarle de la muerte a cambio de un testimonio acusador sobre Rommel. El hecho es que Speidel fue el único conspirador reconocido como tal que no fue ejecutado, aunque también es posible que ello se deba a que no llegó a ser expulsado del ejército. En efecto, recibió el apoyo de Von Rundstedt y sobre todo de Heinz Guderian, que había sido nombrado presidente de los tribunales de honor que expulsaron a todos los implicados, poniéndolos en manos del Tribunal del Pueblo de Roland Freisler. Muerte de Rommel Rommel pasó la convalecencia del accidente en su casa de Herrlingen. Su hijo Manfred, alistado en una unidad de defensa antiaérea de la Wehrmacht, recibió un permiso especial para acompañarle. Se encontraban también en la casa su esposa Lucie, el capitán Aldinger y un ordenanza. Al principio Rommel tenía asimismo un servicio de centinela en la puerta del jardín, proporcionado por un cercano cuartel de la Wehrmacht, pero conforme transcurrían los días se le retiró dicho servicio «por orden superior». Rommel hacía ya meses que aseguraba saber que sus enemigos en el Alto Estado Mayor confabulaban en su contra a oídos de Hitler, pero según declararon posteriormente sus allegados, no empezó a sospechar que se le pretendía inculpar en algo mucho más serio hasta que Speidel fue detenido por la Gestapo el 7 de septiembre. Desde entonces, comenzó a salir a sus paseos diarios llevando su pistola de servicio en el bolsillo, y en uno de esos mismos paseos con Manfred le hizo fijarse en dos hombres de uniforme que les observaban desde lejos, diciéndole a su hijo: «Hace ya días que estamos bajo vigilancia». Durante los días siguientes Rommel, aquejado aún de jaquecas dolorosas de forma ocasional, realizó diversas gestiones para liberar a Speidel, llegando incluso a presentar una carta de queja a Hitler por mediación de Sepp Dietrich. Amigos y conocidos de los Rommel les informaron de la presencia de desconocidos rondando su casa y haciendo preguntas entre los vecinos. El 7 de octubre el Generalfeldmarschall Wilhelm Keitel telefoneó a Herrligen ordenando a Rommel que acudiera el día 10 a Berlín para «una entrevista sobre su futuro». Rommel se negó, alegando no tener permiso médico para hacer viajes tan largos. Confidencialmente, comunicó a su hijo y a Aldinger que no creía que se le permitiera llegar vivo a Berlín en caso de emprender tal viaje. Rommel procuraba en todo momento hacer este tipo de comentarios cuando su esposa no estaba presente, sabiendo que vivía en un terror constante desde que Speidel fuera arrestado. El 8 de octubre Manfred se reincorporó a su batería hasta el 14 del mismo mes. Un día antes, el 13 de octubre, Rommel recibió una llamada del Cuartel General Central avisándole de que al día siguiente recibiría la visita de los generales Wilhelm Burgdorf y Ernst Maisel, del Estado Mayor General. Burgdorf era el jefe de personal del ejército y Maisel actuaba como su adjunto. Ambos se presentaron exactamente a las doce del 14 de octubre, en un coche oficial de la Wehrmacht conducido por un chófer con uniforme de las SS. Manfred había llegado por la mañana y ya se encontraba en la casa. Mientras se retiraba a una habitación para hablar a solas con ambos generales, Rommel le pidió a Aldinger que tuviera a punto la carpeta con los papeles: sospechaba que pensaban acusarle de negligencia de algún tipo, de modo que desde que empezó el desembarco había estado acumulando documentación sobre todas las órdenes e informes que había enviado y recibido. Aproximadamente una hora después Maisel salió de la habitación, seguido tras unos minutos por Burgdorf, y ambos fueron a esperar junto al coche. Rommel subió directamente al piso superior y entró en la habitación de su esposa, donde conversó con ella unos minutos. La mujer de Rommel narra que al entrar, su marido le declaró lo siguiente tras mirarla durante un rato en silencio: «Vengo a decirte adiós. Dentro de un cuarto de hora estaré muerto. Sospechan que tomé parte en el intento de asesinar a Hitler. Al parecer, mi nombre estaba en una lista hecha por Goerdeler en la que se me consideraba futuro presidente del Reich... Jamás he visto a Goerdeler... Ellos dicen que Von Stülpnagel, Speidel y Von Hofacker me han denunciado. Es el mismo método que emplean siempre. Les he contestado que no creía lo que decían, que tenía que ser mentira. El Führer me da a elegir entre el veneno o ser juzgado por el tribunal popular». Luego bajó a hablar con Aldinger y su hijo, que le esperaban en el piso inferior, y les contó lo mismo. Según narraron ambos posteriormente, Rommel se mostró cada vez más decidido a medida que descartaba, con una calma absoluta, todas las demás posibilidades. Aunque afirmaba ser inocente, no contaba con salir con vida en caso de enfrentarse a un juicio. El teléfono estaba cortado, con lo que no cabía pedir auxilio a alguna unidad militar cercana. Las calles (según le habían dicho Burgdorf y Maiser) estaban cortadas por patrullas de las SS, y todo el armamento disponible eran las pistolas de Rommel y Aldinger, con muy poca munición disponible. Además, le habían amenazado con tomar represalias radicales contra su familia y todos los miembros de su Estado Mayor, más sus familias respectivas, si no se suicidaba. La otra condición era que todo el asunto debía mantenerse en secreto. Nadie podía saber que su muerte era un suicidio ordenado. Si sus parientes o amigos hablaban, serían juzgados y ejecutados por traición. «Ante todo, debo pensar en mi esposa y en Manfred...». Una vez tomada su decisión, se despidió de todos, tomó su gorra y su bastón de mariscal y subió al coche donde le esperaban Burgdorf y Maisel. Según declararon posteriormente tanto Maisel como Dose, el chófer, se dirigieron por la carretera en dirección a Ulm durante unos minutos. Luego Burgdorf ordenó parar en el arcén y salir ambos a caminar por la carretera, alejándose del coche, mientras él se quedaba dentro con el mariscal. Al cabo de unos minutos Burgdorf salió también y les llamó. Al acercarse, declararon haber visto a Rommel encorvado y tendido en el asiento trasero, con la gorra y el bastón de mariscal en el suelo del vehículo, en los últimos estertores de su agonía. Media hora después de su marcha, Aldinger recibió una llamada notificándole que Rommel había sufrido un derrame cerebral que le causó la muerte. El cuerpo fue llevado al hospital de Ulm, donde se prohibió terminantemente que se realizara la autopsia requerida por la ley. Tras el velatorio, el cadáver fue incinerado y las cenizas enterradas en Herrlingen tras un funeral de Estado el 18 de octubre y la declaración de un día de luto nacional. Von Rundstedt, que había sido destituido de su cargo por contradecir la opinión de Hitler y de quien todos sabían que detestaba al partido nazi, pronunció una elegía fúnebre en la que afirmó que Rommel estaba «imbuido de los principios del nacionalsocialismo, motor de todos sus actos», y que «su corazón pertenecía al Führer». Durante la misma no miró ni una sola vez a la viuda ni a Manfred, se equivocó y tartamudeó varias veces, y una vez finalizada abandonó el lugar sin asistir a la cremación. Ruge, que no conocía la verdad, declaró más tarde que el comportamiento de Von Rundstedt fue el primer indicio que tuvo de que la muerte de Rommel no había sido natural, aunque el propio Von Rundstedt ha negado tal cosa, afirmando que de haberlo sabido, se habría negado en redondo a hacer tal espectáculo. Llegaron notas de pésame de todas partes de Alemania, con dos curiosas excepciones: Keitel y Jodl. Ninguno de los dos envió el pésame a la viuda ni hizo acto de presencia en el funeral. Himmler hizo llegar a la esposa de Rommel una nota en la que declaraba conocer los detalles de la muerte de su marido y afirmaba estar totalmente horrorizado por lo ocurrido, añadiendo que nunca se habría prestado a algo semejante. Burgdorf se suicidó durante la caída de Berlín. Maisel sobrevivió a la guerra, sufrió el correspondiente juicio de desnazificación y quedó en libertad en 1949, muriendo en 1978. Durante el juicio declaró la realidad de la muerte de Rommel, confirmada entonces públicamente por su viuda, su hijo y Aldinger. Esto supuso un fuerte impacto en la opinión pública, especialmente entre los veteranos que sirvieron con Rommel. Uno de ellos, el general Hans Cramer, declaró a Desmond Young que «Me gustaría poder coger entre mis manos a ese Maisel». Es el único miembro del Tercer Reich que tiene un museo dedicado a su persona. La personalidad de Rommel El carácter de Rommel era, según su familia y amigos, el del típico suabo (totalmente opuesto al de su vecino bávaro): tranquilo, calmado, respetuoso, con los pies en el suelo y poco dado a sentimentalismos ni grandes efusiones, aunque con un punto de poeta. Cuidadoso con el dinero, rozando incluso la tacañería.[cita requerida] A nivel personal sentía una gran pasión por el campo y los deportes relacionados con el mismo, como la equitación, el montañismo, el remo y el esquí. Era también apasionado de las motocicletas y la mecánica: después de desarmar y volver a montar su primera motocicleta pieza a pieza, se llevó a su esposa de viaje con ella por la zona norte de Italia para mostrarle los lugares donde había combatido. Aparte de su vida familiar, no parecía tener otro interés en la vida más allá de su profesión, a la que dedicaba todas sus energías. El general Speidel, su último jefe de Estado Mayor, afirmaba que no creía que Rommel hubiera leído en su vida otra cosa que no fueran libros sobre táctica militar y las cartas de su mujer e hijo.17 Sin embargo, tenía también mucho sentido del humor y solía bromear con la tropa en cuanto tenía ocasión. Erwin Rommel se consideró siempre a sí mismo como un soldado profesional. En las escasas ocasiones en las que hablaba con su esposa e hijo sobre su tiempo de campaña, decía siempre que la guerra era «una ocupación estúpida y brutal», a la que sin embargo se dedicaba con pasión. Totalmente devoto de sus hombres, disfrutaba con el entrenamiento continuo y era tenido por un jefe duro y exigente, pero siempre cercano y responsable. De hecho acostumbraba a ser más querido por la tropa que por sus oficiales.[cita requerida] Decididamente no era un típico militar prusiano con ascendencia noble, sino un oficial de tropa de origen burgués. Nunca formó parte de la camarilla de oficiales que lideraba el Estado Mayor General alemán, con lo que se ganó multitud de enemigos en ese entorno, lo que le resultaría fatal en sus últimos días. Fue uno de los generales que mejor entendió y asumió el concepto de Blitzkrieg, precisamente porque ya desde la Primera Guerra Mundial lo practicaba como fruto de sus propias reflexiones. Basta ver sus acciones de guerra durante ese periodo, incluyendo las que le hicieron ganar la Pour le Mérite, para darse cuenta de que durante la Segunda Guerra Mundial no hizo más que repetir los mismos conceptos que en la Primera, con mejor material y mayores efectivos. El tipo de reacción por sorpresa y la rapidez de decisión requeridos por una guerra ofensiva móvil eran la base del carácter y la forma de ser de Rommel. A nivel táctico era un líder sin igual, dotado de lo que los alemanes llamaron Fingerspitzengefühl: una intuición táctica que parecía emanar de la punta de sus dedos, la capacidad de «leer» el terreno, tanto a simple vista como mediante un mapa, anticipándose a los planes del adversario y maniobrando a su antojo.[cita requerida] Circulan multitud[cita requerida] de anécdotas sobre esa capacidad casi sobrenatural, relatadas por parte de veteranos que coincidieron con él en alguna campaña. Según el capitán Hartmann, camarada de Rommel en el frente italiano, se decía en la división que «el frente está donde esté Rommel».14 En el trato era humilde y directo. Detallaba todos sus planes de forma metódica y concisa. Al transmitirlos, lo hacía siempre de forma didáctica, dando las explicaciones pertinentes y repitiendo las partes más importantes a fin de enfatizarlas. Tenía siempre la tendencia a tomar directamente el control de las operaciones cuando lo creía necesario; incluso siendo mariscal de campo, no era raro verle al mando de un batallón liderando un avance. Eso mejoraba de forma palpable su relación con la tropa, que admiraba el ejemplo dado por «su» general, pero fue visto no pocas veces como una intromisión por parte de los oficiales temporalmente desplazados. A pesar de esa humildad, Rommel se hizo conocido tanto por sus propias tropas como por sus enemigos. Curiosamente, en su periodo en África, tanto los soldados británicos como los alemanes se referían a él como «ese bastardo de Rommel» y también le llaman «el Jefe», ambos con el mismo tinte de admiración y envidia. Lo extraordinario de sus logros, unido al innato sentido de juego limpio del que siempre presumen los británicos, llevó al mariscal Sir Claude Auchinleck a emitir, en 1941, una orden en la que exhortaba a todos los oficiales del cuerpo expedicionario británico en Oriente Medio, entre otras medidas, a no referirse nunca a Rommel. No lo hizo por una falta de respeto o deslealtad hacia él, pues entre ambos existía un mutuo respeto y admiración. Con ésta medida pretendía reducir la imagen de «general invencible» que se estaba creando el zorro del desierto.18 El propio Rommel era bien consciente del valor de la imagen y el renombre y usó los suyos con frecuencia para presionar a sus jefes directos en un intento por conseguir los suministros que necesitaba. La misma tendencia agresiva que tantas victorias le supuso en batalla, hizo que muchas veces se saltara la cadena de mando normal, aprovechando su especial contacto con Adolf Hitler. Eso le reportó pocas ventajas y puso en su contra a gran parte del Alto Estado Mayor alemán, quienes le veían como un egocéntrico con afán de protagonismo. En algunas publicaciones biográficas, surgidas a finales de los años 1940, se afirma incorrectamente que Rommel perteneció a los Freikorps, que fue miembro del partido nazi casi desde su fundación, que era amigo personal de Adolf Hitler y uno de sus primeros lugartenientes, que había sido policía durante la República de Weimar, que fue miembro fundador de las SS, o que estudió Derecho en la Universidad de Tubinga en el periodo de entreguerras. El origen de la mayoría de estas falsedades proviene de un artículo publicado en 1941 en Das Reich, el periódico controlado por Joseph Goebbels.[cita requerida] Rommel leyó el artículo estando en África y quedó tan indignado por la imagen sesgada que se daba en el mismo que escribió a su esposa diciendo que había presentado una reclamación formal en el Ministerio de Propaganda, exigiendo explicaciones al respecto. Firme defensor del concepto de que los militares no debían inmiscuirse en política, no tuvo contacto con el partido nazi en toda su carrera, aunque fue requerido en varias ocasiones para que se diera de alta en el mismo. La esposa de Rommel sólo recuerda haber oído a su marido hablar de los nazis antes de 1939, y fue para decir que le parecían «una banda de matones callejeros. Es una lástima que Hitler tenga que verse asociado con ellos». De hecho, en un principio Rommel admiraba a Hitler por sus cualidades como líder. Hasta el inicio del derrumbe del Afrika Korps en 1942 no empezó a criticar al Führer por su falta de visión estratégica, y aún tímidamente al principio, asegurando que «tiene que estar mal informado de lo que realmente sucede aquí».19 La imagen que tenía del líder victorioso de Checoslovaquia en 1938 y en Polonia en 1939, que tuvo ocasión de ver bien de cerca, no desapareció hasta finales de 1943, con la caída del norte de África. Hoja de servicio 19-7-10/3-10-15 124º regimiento infantería 1-3-14/31-7-14 49º regimiento artillería de campaña 4-10-15/10-1-18 batallón de montaña Wurttemberg 11-1-18/19-8-18 Estado Mayor del 64º cuerpo del ejército 29-7-18/19-8-18 4ºcompañia del 6º regimiento 20-8-18/8-9-18 1º batallón artillería pesada de la Landsturm del XX Cuerpo del Ejército 21-12-18/24-6-19 124º regimiento infanteria 25-6-19/31-12-20 25ºregimiento infantería 1-1-21/30-9-29 13º regimiento infantería de Sttutgart 1-10-29/30-9-33 escuela infantería de Dresde 1-10-33/14-1-35 3º batallón de 17º regimiento cazadores de Goslar 15-1-35/21-1-35 ministerio de Defensa Nacional 25-1-35/14-10-35 3º batallón cazadores Goslar 15-10-35/10-11-38 director escuela de guerra de Wiener Neustadt 23-8-39/14-8-40 subjefatura del cuartel general de Hitler 15-2-40/14-2-41 jefe 7º división Blindada 15-8-41/21-1-42 jefe blindados de África 22-1-42/24-10-42 jefe supremo del Ejército blindado de África 25-10-42/22-2-43 comandante en jefe del Ejército blindado italoalemán 23-2-43/13-5-43 jefe supremo de las fuerzas de África 14-5-43/14-7-43 supervisor muro atlántico 15-7-43/3-9-44 comandante en jefe del grupo B de ejércitos 4-9-44/14-10-44 a disposición del gran cuartel supremo Batallas en las que ejerció como comandante supremo Batalla de Arras (1940) Asedio de Tobruk (1941) Batalla de Gazala (1942) Batalla de Bir Hakeim (1942) Primera Batalla de El Alamein (1942) Batalla de Alam Halfa (1942) Segunda Batalla de El Alamein (1942) Batalla del paso de Kasserine (1943) Batalla de Normandía (1944) Saludos
Uno de los mas grandes comandantes de la Primera Guerra Mundial y menos conocido fue Paul von Lettow-Vorbeck (después ascendido a General) el único que no sufrió derrotas en la Gran Guerra no menos de 100 generales Aliados fueron enviados a combatirlo y les gano a todos. Paul Emil von Lettow-Vorbeck (20 de marzo de 1870 - 9 de marzo de 1964), comandante de la campaña del África Oriental Alemana durante la Primera Guerra Mundial, único frente de batalla en las colonias donde Alemania no fue derrotada. Primeros años Nació en una familia de militares en Saarlouis y estudió en la escuela de artillería, donde llegaría a ser oficial. En 1900 participó en la expedición internacional al Imperio Chino que combatió la rebelión de los Bóxers. Posteriormente fue enviado al África del Sudoeste Alemana, donde combatió contra los rebeldes hotentotes y hereros entre 1904 y 1908. Durante esta campaña fue herido en el ojo izquierdo y tuvo que pasar un tiempo recuperándose en Sudáfrica, donde conoció y se hizo amigo del militar y político sudafricano Jan Smuts, con quien se vería obligado a combatir más tarde durante la I Guerra Mundial. Entre 1909 y 1913 fue comandante del II Batallón de la Infantería Marina del Káiser. También dirigió entonces las Schutztruppe destacadas en la colonia del Camerún. I Guerra Mundial En 1914, poco antes de estallar el conflicto, Lettow-Vorbeck fue enviado al África Oriental Alemana donde se le encargó la dirección de las escasas fuerzas alemanas en la zona, compuestas por unos 3000 soldados alemanes apoyados por 12 compañías de askaris (guerreros nativos). Al iniciarse la guerra en Europa, Lettow-Vorbeck desoyó las órdenes de mantenerse a la defensiva dadas por el gobierno de Berlín y el gobernador Heinrich von Schnee, consciente de que la única posibilidad de victoria consistía en un buen ataque contra las colonias de los aliados que rodeaban a las posesiones alemanas, antes de que estuviesen preparados para repelerlo. En noviembre, las tropas coloniales británicas iniciaron un ataque anfibio contra la ciudad de Tanga, a los pies del Kilimanjaro, que se convertiría en la mayor batalla de la I Guerra Mundial en suelo africano. Tras derrotar a los británicos, las tropas alemanas iniciaron una serie de ataques contra las líneas de ferrocarril que los ingleses habían construido en África oriental. El 18 de enero de 1915 volvió a derrotar a los británicos en la batalla de Jassin. Estas victorias iniciales le permitieron capturar nuevas armas y víveres al enemigo con los que suministrar mejor a su ejército, pero le costaron demasiados soldados de su ya de por sí escasas tropas. Las bajas forzaron a los alemanes a cambiar de estrategia, sustituyendo los combates directos por la guerra de guerrillas contra los británicos en sus colonias de Kenia y Rhodesia. Los ataques contra fortificaciones, líneas de ferrocarril y comunicaciones se multiplicaron, con la intención de forzar a los británicos a enviar más hombres y armas a África a costa de retirarlos de Europa y facilitar así la victoria alemana en el Frente Occidental. Tras la inutilización del SMS Königsberg en el río Rufiji, la tripulación del navío desmontó la artillería del buque y se unió a las filas de Paul von Lettow-Vorbeck, reforzándola con armas pesadas. En marzo de 1916, los británicos lanzaron una nueva ofensiva compuesta por 45000 hombres dirigidos por Jan Smuts. Los alemanes, nuevamente, rehusaron el combate directo y se aprovecharon de su conocimiento del terreno para emboscar a las tropas británicas, infligiéndoles graves derrotas como la de Mahiwa en octubre de 1917, en la que los británicos perdieron 1600 hombres y los alemanes sólo 100. Lettow-Vorbeck pudo recuperar entonces el terreno perdido en los meses anteriores y penetrar en la colonia portuguesa de Mozambique, cuya metrópoli había declarado la guerra recientemente a Alemania. Las guarniciones portuguesas del norte fueron fácilmente derrotadas y sus víveres pasaron a las manos de Lettow-Vorbeck. En agosto de 1918 volvió a entrar en el África Oriental Alemana, desde donde se dirigió rápidamente a Rhodesia para eludir una trampa tendida por los británicos en la colonia alemana. El 13 de noviembre volvía a derrotarlos nuevamente en la batalla de Kasama, dos días después de producirse la rendición sin condiciones de Alemania en Europa. Diez días después, cuando Lettow-Vorbeck recibió la confirmación de que la rendición alemana era un hecho y no un simple rumor, sus tropas entregaron las armas en Abercorn, actualmente en Zambia Posguerra Tras el armisticio, Paul von Lettow-Vorbeck inició una campaña para repatriar los soldados y prisioneros de guerra alemanes diseminados por el globo y exigió que las tropas de origen africano fueran tratadas de la misma manera que las europeas. Por entonces conoció a Richard Meinertzhagen, el oficial de la Inteligencia Británica que había tratado de darle caza sin éxito durante la guerra. En enero de 1919 retornó a Alemania, donde fue aclamado como un héroe y fue ascendido a general en el último edicto firmado por el Káiser antes de su abdicación. Por ser el responsable del único ejército alemán imbatible en el campo de batalla, ganador de múltiples batallas y capaz de invadir con éxito territorio británico, su cuerpo de Schutztruppe fue el único autorizado a realizar un desfile de la victoria bajo la Puerta de Brandeburgo entre todos los que participaron en la I Guerra Mundial. También le fue conferida la condecoración militar Pour le Mérite debido a sus logros militares. Durante el gobierno de la República de Weimar, Lettow-Vorbeck se convirtió en un activista del Partido Nacional del Pueblo de Alemania (DNVP), de ideología conservadora. Luego de varias huelgas y arrestos, trabajó en el Reichstag entre 1929 y 1930. Los nazis trataron de explotar su popularidad para su propia causa, a lo que él se opuso fervientemente. Existe la leyenda, nunca confirmada, de que Hitler le ofreció ser embajador en Londres, a lo que Von Lettow le respondió mandándole literalmente al infierno. Sin embargo, no rehusó ser nombrado "General para asuntos especiales" por el régimen de Adolf Hitler en 1938, un título simplemente honorífico y por el que nunca fue llamado a filas. Formó parte de la Wehrmacht sin unirse nunca al Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores. En 1959 visitó de nuevo África Oriental, donde recibió una calurosa bienvenida por parte de sus antiguos askaris. Jan Smuts y otros oficiales británicos y sudafricanos contra los que combatió en la Gran Guerra le concedieron una pequeña pensión que recibió hasta su muerte en Hamburgo en 1964, donde está sepultado. Tras su fallecimiento, el gobierno alemán decidió distribuir una suma de dinero entre los antiguos soldados de Paul von Lettow-Vorbeck en Tanzania. Para poder verificar que eran de verdad veteranos del ejército alemán (la mayoría había perdido su documentación hacía muchos años), se les proporcionó un palo de madera y se les mandó realizar varios ejercicios de fusil, bajo órdenes impartidas en alemán, idioma utilizado en su instrucción por los oficiales. Los ya ancianos demostraron recordar muy bien su instrucción, a pesar de haber pasado más de 40 años desde entonces. Uno de los oficiales más jóvenes de Paul von Lettow-Vorbeck en África, Theodore von Hippel, tomó la guerrilla de éste como modelo para crear las tácticas de combate de los Brandenburgers, los comando de la Abwehr (inteligencia alemana) que operaron durante la II Guerra Mundial. Fuente Adicional y que me llevo a saber mas de este comandante : Libro las Grandes Batallas de la Historia de John Laffin
La batalla de Tanga La batalla de Tanga, librada entre los ejércitos coloniales deGran Bretaña y Alemania, fue el mayor enfrentamiento de la I Guerra Mundial que se desarrolló en suelo africano. El objetivo fallido de los británicos era la ocupación del África Oriental Alemana. Los mandos británicos decidieron atacar la ciudad de Tanga como primer paso para la conquista de la colonia mediante un ataque anfibio. La plaza, situada en una meseta a sólo 80 km al sur de la frontera con el África Oriental Británica era el puerto alemán más importante de la zona y el final del importanteferrocarril de Usambara. El primer plan de ataque británico consistía en el bombardeo del puerto por parte de barcos de guerra, pero esta idea se abandonó tras firmarse un acuerdo de no agresión con la población, confiando en que podría rendirse a la vista de la flota sin que ésta tuviese que disparar una sola vez Tras unos días de inactividad llegó a la zona el HMS Fox, que anunció el fin unilateral del acuerdo. La población y las tropas presentes en la ciudad, en un principio formadas por una sola compañía de askaris, se prepararon para el combate. El comandante de las tropas alemanas en África Oriental,Paul von Lettow-Vorbeck, dirigió entonces la movilización de soldados desde las regiones circundantes a la ciudad, hasta contar con 1.100 efectivos con los que plantar cara a los británicos. Al ver que se producían maniobras alemanas, pero sólo en tierra, el general británico Arthur Aitken asumió erróneamente que los alemanes habían minado la zona que rodeaba al puerto y decidió no bombardearlo. En su lugar, ordenó que la flota marchase 3 millas hacia el sur y desembarcase allí la fuerza de 8.000 reservistas indios con los que planeaba tomar la ciudad. La decisión no pudo ser más errónea, ya que las tropas indias no estaban entrenadas para un objetivo de este tipo y el mando británico no disponía de información sobre la zona de desembarco al no haber mandado exploradores previamente a la región. Tras pasar la noche del 3 de noviembre allí, Aitken ordenó a sus tropas que se dirigiesen hacia la ciudad a la mañana siguiente. No se pudo explorar la zona previamente y las tropas británicas tuvieron que marchar directamente a ciegas, lo que facilitó que cayeran en una emboscada de la guarnición de Tanga, iniciándose así la batalla. Al caer la tarde, tras varias horas de lucha en la selva, los soldados comenzaron a ser atacados por enjambres de abejas salvajes, razón por al cual este enfrentamiento también es conocido como "batalla de las abejas". A pesar de ser superado por 8 hombres a 1, Paul von Lettow-Vorbeck consiguió mantener a raya las tropas británicas y ordenó un contraataque exitoso, obligándolas a volver a los botes de los que habían desembarcado. En su desordenada huida, los soldados indios abandonaron tras sus pies un gran número de rifles, ametralladoras y más de 600.000 rollos de munición que fueron capturados por las tropas alemanas. En lugar de ensañarse con el ejército en retirada, Paul von Lettow-Vorbeck salió al paso de los soldados que ya embarcaban bajo una bandera blanca y solicitó una conversación amistosa con Aitken, a la que éste accedió. Entonces intercambiaron opiniones en la playa mientras compartían una botella de brandy. El comandante alemán también ordenó a los médicos de su ejército que atendiesen a los soldados indios heridos. Paul von Lettow-Vorbeck Esta fácil victoria para los alemanes fue la primera que Paul von Lettow-Vorbeck consiguió en la Primera Guerra Mundial, en la que llegaría a ser imbatible y se convertiría en un héroe a su regreso a Alemania. Para los británicos, Tanga significó la pérdida del factor sorpresa y el abandono de la idea de ocupar el África Oriental Alemana por medio de una única acción rápida, como ya se había puesto en práctica con otras colonias alemanas comoTogo, Camerún, Namibia y Nueva Guinea. Seguiría, pues, una larga guerra de 4 años en el este de África, en la que el minúsculo ejército colonial alemán mantuvo en jaque a unas fuerzas británicas compuestas por cientos de miles de hombres y cuya resistencia duró dos semanas más que la del propio Imperio Alemán en Europa. Fuerzas en combate Imperio Alemán :1.100 askaris Reino Unido : 8.000 reservistas indios Bajas Imperio Alemán :81 heridos, 61 muertos Reino Unido : 487 heridos, 360 muertos Para ampliar sobre Paul von Lettow-Vorbeck http://www.taringa.net/posts/info/15217013/Paul-von-Lettow-Vorbeck_-Primera-guerra.html Saludos

Los agentes de seguridad del aeropuerto creyeron que escondía algo en sus pantalones. Jonah Falcon fue detenido en el aeropuerto de San Francisco cuando intentaba abordar un vuelo por agentes de la Administración de Seguridad de Transporte estadounidense. Lo que les llamó la atención a los oficiales de seguridad no era lo que transportaba en su equipaje sino un misterioso bulto de gran tamaño entre sus pantalones. Un bulto que resultó ser su pene. Es que Falcon, de 41 años y oriundo de Nueva York, es el hombre con el pene más grande del mundo: mide unos 24 centímetros en reposo y más de 34 erecto. Sus dones lo convirtieron en una especie de pequeña celebridad, con varias entrevistas en revistas y televisión, aunque, curiosamente, no se dedica a la pornografía: trabaja como periodista especializado en videojuegos y como actor de reparto películas para cine y TV. Lo mismo que lo hizo famoso llamó la atención de los agentes de seguridad, que lo detuvieron el 9 de julio pasado cuando intentaba abordar un vuelo de regreso a Nueva York. "Querían saber si tenía algo en mi bolsillo y, cuando les expliqué que no, preguntaron si tenía alguna especie de tumor", afirmó Falcon al diario San Francisco Chronicle. "Es la primera vez que me pasa", argumentó el hombre. Los agentes de seguridad revisaron la zona alrededor de su miembro pero no lo "manosearon" mucho, según su testimonio. También revisaron sus manos para verificar que no hubiera rastros de explosivos. El operativo no duró más de cinco minutos y Falcon aseguró que los agentes fueron "profesionales" con el chequeo. "No estaba preocupado. ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Que tuviera que sacarla? Estoy acostumbrado. A veces la gente me lo pide y, si estoy de humor, les doy el gusto", concluyó. Que suerte este Flaco !!!