nicolasdoba
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Acto de violencia en una joven periodista Año: 1988 Duración: 88 min Blanca, una joven y brillante periodista, está escribiendo una tesis sobre la violencia. Poco sabe que un asesino psicópata está tras sus pasos en una rabiosa sed de venganza. (FILMAFFINITY) Reparto Blanca Gimenez, Vittorio Maganza, Gabriela Novasco, Carlos Regueiro, Venus Suárez En 1988 un cineasta “loco” rodó una película que cada año suma fanáticos. El año pasado, una noche calurosa de noviembre, el Cine Universitario se llenó de jóvenes ansiosos por ver en pantalla grande una película de 1988 y con fama de ser la peor del cine uruguayo: Acto de violencia en una joven periodista. Se filmó en video y sin equipo técnico. Su director, Manuel Lamas, se hizo cargo de todos los rubros. Se lo recuerda como un "loco", fantasioso y pintoresco, que desapareció sin dejar rastros a fines de la década de 1990. Nunca pudo estrenar ninguna de sus películas pero logró editar Acto de violencia en VHS, a duras penas y con total indiferencia de sus colegas y de la prensa. Sin embargo, el film empezó a conseguir fanáticos que la convirtieron en una obra de culto que, ahora más que nunca, se recomienda de boca en boca y de copia en copia, primero en su formato original y luego en DVD, hasta que en 2013 un viejo conocido de Lamas la subió a Youtube. Los simpatizantes se multiplicaron. Por eso el Festival de Cine Detour organizó esa proyección y el sello virtual Nikikinki Records reunió a 18 bandas que grabaron dos discos a modo de homenaje. Según sus seguidores, juntarse para ver y hablar de Acto de violencia es un ritual. Esa noche de noviembre, Flavio Lira (cantante de Carmen Sandiego y programador de Cinemateca Uruguaya) presentó el film para un público que desbordó la sala con ganas de aplaudir sus descabelladas escenas y repetir en voz alta las líneas de diálogo más emblemáticas. Lira dice que siente desconcierto y admiración hacia la película, "porque Lamas nunca tuvo la autocrítica como para decir no, es muy malo, y parar. Es la cosa más uruguaya que vi. Sus personajes discuten todo el tiempo qué es ser uruguayo y cómo ir por fuera del país gris". Dada su devoción, creó una página de Facebook a través de la cual pudo contactar a uno de sus actores, y pidió la ayuda de otros hinchas para que la calificaran con el puntaje más alto en el sitio especializado en cine Imdb. Allí, Acto de violencia figura con una puntuación de 9/10. Sin pistas. Lo que sucedió durante esa función, y varias leyendas difundidas por sus seguidores, forma parte de Directamente para video, un documental que ideó Emilio Silva y que se propone investigar cómo se rodó el film, quién es su director y los mitos que lo envuelven. Un amigo le mostró la película y fue amor a primera vista: apretó play en la videocasetera unas 30 veces más. Como otros fans empezó a interesarse por la historia de Lamas y sus actores, pero no halló ningún dato. Ni siquiera una certeza sobre el destino del director. Mientras una versión afirma que trabaja como eléctrico en Hollywood (algo casi imposible ya que tendría 80 años), otras dicen que murió indigente en una iglesia de Ciudad Vieja, donde se conservarían copias de sus obras. Se rumorea también que filmó animaciones para publicidad, documentales por encargo y hasta películas eróticas. Un crítico de cine (que no quiso dar su nombre) que lo conoció durante su adolescencia, lo describe como un tipo denso que acostumbraba pasear por el centro de Montevideo arrastrando su cuerpo largo y desgarbado. Lamas aprovechaba los encuentros casuales para comentar sus ideas sobre cómo cambiar el negocio del cine. Según comprobó Silva, rodaba animaciones en 16 mm, hacía los dibujos a mano, los animaba cuadro por cuadro, y después revelaba el negativo en una bañera de su casa. De esta manera abarataba un proceso carísimo. También creó un sistema para grabar voces en off sobre las imágenes registradas sin borrarlas. La técnica consistía en desmontar uno de los cabezales de la videocasetera. Era parroquiano del Sorocabana y solía mostrarse con Blanca: la protagonista de su obra más famosa. Es que al parecer era una de sus parejas y, según la leyenda, actuaba y vendía las cintas eróticas que rodaban por dinero. Referente. "La programamos para celebrar que el deseo de hacer cine exista en nuestro país. Acto de violencia, con todos sus defectos, es una película que existe gracias a ese impulso", dice Juan Andrés Belo, director del Detour. El mismo punto de vista comparten Silva y también Agustín Ferrando, responsable de Tiranos temblad, que la eligió como su película local favorita. "Es imposible verla sin que te afecte de alguna manera. Y es imposible de imitar", opina. Silva considera que la ideología que defendía Lamas acerca de cómo hacer cine podría dialogar con las problemáticas actuales de los directores. Y es que Acto de violencia comienza con una placa como un manifiesto sugiere a los jóvenes responder a la urgencia de filmar con formatos caseros y prescindiendo de los fondos estatales. ¿Cómo financiaba entonces sus obras? Según Ferrando, su método para utilizar publicidad no tradicional en la trama es uno de los rasgos deslumbrantes de la película. Y es que todos los personajes toman Coca Cola, aún cuando ven un show de striptease en Village, o se bañan en el Hotel International mientras lucen conjuntos de Wrangler o piden cuatro panchos en La Mascota, luego de pasear en un auto rentado en AI International. Otro rumor dice que golpeó la puerta de la familia Zorrilla de San Martín y convenció a la propia China de financiar parte del film. Fernando Guridi fue quien subió la película a Youtube. Desde hace años atiende el mostrador del Video Imagen Club, donde conoció a Lamas. "Un tipo que venía todos los días para pedirle a Ronald Melzer que le editara la película, lo cual era una locura porque, ¿cómo ibas a recomendar a los clientes una película tan mala?". Lo escuchó contar que logró el apoyo de empresas y particulares gracias a incansables visitas, y que colocó el logo de algunas firmas a prepo, para luego reclamar la remuneración. Lamas, además, le adelantó el argumento de una nueva ficción que llevaría su firma: un hombre se enamora de una joven paralítica y ciega a la que escucha cantar a través de un pozo de aire. Sorpresas. Mauro Sarser y Marcela Matta editaron y produjeron el documental de Jaime Roos 3 millones. Bautizaron a su empresa como Acto de violencia Films en honor a la película que más veces vieron. Roos, que sabía de su fanatismo, les confesó que Lamas produjo su primer show. También le propuso participar en el film pero se negó. Hay otros rostros conocidos que tienen su minuto en Acto de violencia: Jorge "Toto" da Silveira, Omar Gutiérrez y el músico León Biriotti. Aunque Emilio Silva lleva meses investigando a Manuel Lamas no conoce su rostro. Lo vislumbró apenas, en el reflejo de un espejo, ya anciano, en una película que nadie nunca podrá ver porque su protagonista prohibió la exhibición ya que el director la engañó para filmar escenas eróticas. Otras de sus ficciones perdidas son Tres caras al sol (filmada en Piriápolis con el apoyo de varios hoteles), Es tan fácil mentirle a los hombres y Crónica de Susana, un film que rodó a fines de los años 60 con los actores Susana Groisman, Walter Reyno y Alberto Candeau. Del otro lado del teléfono Groisman se ríe: "Mi personaje tenía un amorío con Reyno. Quedaba embarazada pero decidía hacerme un aborto. Entonces me subía a un ómnibus y me encontraba con Candeau, que se daba cuenta de mi estado y me decía: todos los niños vienen con un pan debajo del brazo". —¿Lo volviste a ver? —Veinte años después me crucé al "loco" en la calle y me invitó a ver partes de la película. Nunca la pudo editar. Después me ofreció filmar una escena lésbica para una porno. Le dije que no. Creo que soy la única sobreviviente de esa locura, porque Lamas se murió, ¿no? Link de la película: https://youtu.be/2m5uCZvu_BA?t=12
Muchas personas navegan en la red sin saber que debajo existe otra internet, mucho mas vasta y riesgosa, donde los buscadores no tienen acceso y todo está permitido, al alcance de cualquier usuario que se atreva a bucear. El señor X encendió la computadora, se conectó a internet y descargó el navegador TOR . Ingresó a The Hidden Wiki. Se desplazó por las innumerables ofertas de foros, videos y pornografía infantil hasta que encontró lo que buscaba: “Sicario ofrece sus servicios. No es necesario que usted se identifique, solo indíquenos el objetivo y garantizamos el servicio con total seriedad en toda la ciudad. Trabajo garantido”. Esta podría ser la escena de una película de mafiosos. Pero es la realidad. En internet está todo y eso no es un mito. Millones de personas cargan y descargan información diariamente desde cualquier rincón del planeta con diversos objetivos: trabajar, entretenerse… o realizar actividades ilícitas. En la gran red todos encuentran lo que buscan, aunque buscarlo a veces no sea tan sencillo como ingresar a Google y tipear unos cuantos términos. De los miles de millones de sitios web que conforman la red de redes, un porcentaje elevado –no del todo estimado por lo complicado de detectar– forma parte de la llamada deep web o web profunda. Esa porción enorme de información hecha bytes no aparece en los resultados que devuelven Google, Bing, Yahoo, o cualquier otro de los buscadores que se utilizan usualmente en internet. No aparecen porque los “espías” de esos buscadores (llamados arañas o crawlers) no logran ingresar a estos sitios para indexarlos y hacer que formen parte de su biblioteca de resultados. Según datos del año 2000, la internet profunda tenía bastante más información que la superficial que nos acercan los buscadores: 7.500 terabytes la profunda contra 167 de la superficial. Más recientemente, la Universidad de California en Berkeley estimó en 91 mil terabytes el tamaño de la deep web. ¿Cuánto es un terabyte? Mucho espacio, suficiente para almacenar 350 mil canciones en mp3 o 220 millones de páginas de texto. Esto, a su vez, es 500 veces más de lo que tiene el internet superficial. Los buscadores “tradicionales” han intentado y siguen intentando ingresar un poco más a la web profunda, para lo cual han desarrollado proyectos especiales. En principio existe una gran porción de la web a la que Google y sus primos hermanos no pueden ingresar por diferentes motivos. Por ejemplo, los buscadores son incapaces de indexar páginas que no se hayan desarrollado en el lenguaje HTML, y por lo tanto no pueden leer documentos en formato PDF, entre otros. Tampoco invierten demasiada energía en indexar otros sitios que tienen audio y video, entre otras cosas porque requieren de mayor potencia para manejarlos y son difíciles de organizar y archivar. Además, muchos sitios web evitan a propósito ser detectados por los buscadores. Vasto océano Se ha dicho que navegar por internet –por algo se dice “navegar” y no “bucear” o “zambullirse”– es como tirar una red de pesca sobre la superficie del océano: se puede atrapar mucho pescado, pero no se alcanza a la riqueza de especies que viven en las profundidades. Alrededor del 80% de la información queda depositada en lo que imaginariamente sería el fondo del mar. Al explorar internet se navega en la superficie y para acceder al fondo es necesario bucear en la deep web. Algunas personas u organizaciones están activamente interesadas en resguardar su anonimato contra viento y marea, por diversas razones que abarcan el espectro de la ética humana. Para evitar ser rastreados, se insertan en la web profunda, donde la información viaja encriptada y antes de llegar a destino pasa por múltiples servidores para despistar a quien desee investigar y rastrear a los autores. Es decir que si la persona A manda un mensaje a B, ese mensaje va encriptado y pasa por diferentes bases antes de llegar. Y la respuesta de B regresa por otra ruta diferente a la de ida, lo que hace imposible el rastreo de la información. No todo el contenido de la web profunda es ilegal, desagradable o tabú, de hecho solo lo es en un pequeño porcentaje. Millones de bases de datos con información almacenada por gobiernos, organizaciones y empresas descansan en internet y no se listan en los resultados de los buscadores. Esto no significa que no puedan ser encontradas, tan solo que quien quiera ubicar esta información deberá recurrir a otro tipo de herramientas para lograrlo. Ese pequeño porcentaje de información ilegal, sin embargo, es suficiente para generar alarma: en la web profunda hay sitios web en los que se compra droga, se vende y consume pornografía infantil, se ofrecen sicarios, se reúnen phishers, spammers y agentes botnet en busca de víctimas, se venden o compran armas en forma ilegal. Y un largo etcétera. Para descender a esta zona espinosa es necesario ser precavido, estar preparado emocionalmente y descargar un navegador especial llamado TOR. Este permite acceder al gigantesco mundo de páginas que no participan del sistema oficial de dominios más corrientes, como los “.com” o “.gub”. Ahí la nomenclatura es diferente, por ejemplo “.onion”, la cual no puede encontrarse desde ningún navegador. Una de cal y otra de arena En la web profunda hay además muchos documentos científicos, bibliotecas enteras, desclasificación de documentos (como los de la Casa Blanca) y un sinfín de información interesante. De hecho, lo que ahora es Wikileaks fue primero –y durante mucho tiempo– un sitio ubicado en la deep web. Pero a la arena también hay que sumarle mucha cal. Es habitual chocar de frente con páginas de contenido prohibido y muy fuerte. El anonimato que brinda la deep web es campo fértil para realizar cualquier tipo de ilícitos. Lo más suave es encontrar sitios donde se ofrece cocaína, heroína y otras drogas. Aparecen ofertas en las que mediante chat o intercambio de mensajes se acuerda la entrega y forma de pago. Hay sitios de clasificados con anuncios ofreciendo servicios de asesinato a sueldo como si se tratara de autos usados. La cultura gore también tiene su espacio: este tipo de imágenes están relacionadas con mutilaciones, asesinatos, videos de ejecuciones reales, entre otras cosas. La web profunda tiene espacio hasta para foros acerca de canibalismo, en los que se comparten imágenes y fotos de personas a las que les faltan partes del cuerpo que, supuestamente, han sido comidas. El grupo de hackers Anonymous atacó a través de una operación que llamó Operación Darknet a Lolita City, un sitio de pornografía infantil de la web profunda, y dejó al descubierto a más de 1.500 nombres de usuarios que frecuentaban ese sitio. Al alcance de algunos, muchos o todo el que se lo proponga, pero también de las agencias que controlan el delito, la web profunda continúa creciendo. Su existencia es prueba y parte de la “libertad total” que ha promulgado internet desde su concepción. Tomarla o dejarla, hasta qué nivel usarla y con qué propósitos es una elección de cada usuario.