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El análisis de un fósil procedente de China y del tamaño de un gorrión desafía la creencia generalizada sobre el origen de las aves El Scansoriopteryx Desde hace varias décadas, los paleontólogos están convencidos de que las aves descienden directamente de los dinosaurios. Pero ¿y si no fuera así? Un nuevo y detallado análisis de un fósil procedente de China y del tamaño de un gorrión desafía la creencia generalizada de que las aves evolucionaron a partir de una familia de dinosaurios terrestres, los terópodos, que lograron desarrollar las habilidades necesarias para el vuelo. El nuevo análisis del fósil de China ha permitido determinar que el Scansoriopteryx, que vivió hace unos 120 millones de años en Asia no era, en realidad y tal como se creía hasta ahora, un dinosaurio, sino más bien otra clase de pequeño animal trepador que era capaz de lanzarse planeando de árbol en árbol. O por lo menos eso es lo que piensan los investigadores norteamericanos Stephen Czerkas, del Museo del Dinosaurio de Blanding, en Utah, y Alan Feduccia, de la Universidad de Carolina del Norte. Ambos acaban de publicar un artículo al respecto en Journal of Ornithology. El fósil de Scansoriopteryx fue encontrado en la Mongolia Interior, y forma parte de un proyecto de estudio en el que ambos paleontólogos colaboran con la Academia China de Ciencias Geológicas. Tras su descubrimiento, el pequeño animal fue clasificado como un Celurosaurio, un grupo de dinosaurios de la familia de los terópodos, la misma familia de la que la mayoría de los expertos creen que surgieron los primeros dinosaurios voladores y, más tarde, las aves. Czerkas y Feduccia utilizaron una avanzada técnica de microscopía en tres dimensiones para revelar la existencia de estructuras óseas en Scansoriopteryx que hasta ahora no se habían podido distinguir claramente. Esta técnica hace posible, por ejemplo, observar al detalle el contorno natural de los huesos. Muchos aspectos hasta ahora ambiguos de la pelvis, patas delanteras y traseras y cola pudieron ser aclarados. Tras su análisis, los investigadores afirman que Scansoriopteryx, definitivamente, había perdido las estructuras óseas fundamentales de los dinosaurios, por lo que no podía ser clasificado como tal. Lo cual, además, les llevó a postular que los dinosaurios no fueron, en realidad, los antepasados directos de las aves. Trepadores de árboles El fósil chino era más bien un ave muy primitiva cuyos ancestros deben ser buscados entre los arcosaurios trepadores de árboles, un grupo de reptiles (los dinosaurios no eran reptiles) que vivió al mismo tiempo que los dinosaurios. Durante sus investigaciones, Czerkas y Feduccia hallaron una combinación de rasgos que no son propias de los dinosaurios y que, por lo tanto, ponen en duda la teoría establecida. El fósil presenta, por ejemplo numerosas características que son indudablemente propias de las aves, como extremidades anteriores alargadas, plumas en alas y patas traseras, membranas en las alas, frente a los codos, huesos de las muñecas en forma de media luna, patas aptas para posarse, cola con una vértebra anterior muy corta y clavículas que hacían posible los movimientos necesarios para planear entre los árboles. En particular, los investigadores subrayan las alargadas y primitivas plumas de las extremidades anteriores y posteriores, que sugieren que Scansoriopteryx era, sin duda, una forma ancestral de las aves primitivas que ya era capaz de llevar a cabo las maniobras aerodinámicas básicas necesarias para planear y dejarse caer desde lo más alto de los árboles. Bajar de los árboles Los hallazgos de Czerkas y Feduccia vuelven a poner sobre el tapete las predicciones de principios del siglo XX según las cuales los antepasados de las aves fueron pequeños arcosausios trepadores que fueron perfeccionando sus incipientes capacidades de vuelo y pasaron, con el tiempo, del simple planeo al vuelo propiamente dicho. Este "bajar de los árboles" se contradice frontalmente con el concepto dominante de "despegar desde el suelo", según el cual las aves derivan de los terópodos, una familia de dinosaurios carnívoros que vivían a ras de tierra. "La identificación de Scansoriopteryx como un ave no dinosauriana -afirma Czerkas- obliga a reevaluar lo que sabemos sobre la relación entre dinosaurios y aves. Los investigadores tienen ahora por fin la llave que abre la puerta que separa a los dinosaurios de las aves". "En lugar de confirmar que las aves descienden de los dinosaurios -añade Feduccia- Scansoriopteryx reivindica por primera vez la posibilidad de considerar una clase de animal que es aviano, pero no dinosauriano".

Enfermedades como el Ébola, la poliomelitis o la gripe llevan a hablar de ellos. Explicamos cómo funcionan, por qué es tan difícil luchar contra ellos, por qué son claves en la evolución, por qué hay virus espía... Pueden ser poderosos enemigos Fotografía de un virus de la gripe obtenida por microscopía electrónica de transmisión. La «gripe española» mató a alrededor de 50 millones de personas entre 1918 y 1919 Los virus son protagonistas de la actualidad. Quizás porque este año ha habido cuatro importantes brotes de virus: el Ébola en Africa occidental, el virus de la polio en Oriente Medio y África, el coronavirus en Arabia Saudí y el Chikungunya en América del Sur. Además, se encontró por accidente una reserva de un virus que podría diezmar a la población a lo largo y ancho del mundo, la viruela, y este año se cumple el centenario de un conflicto, la Primera Guerra Mundial, que propició la dispersión del virus de la gripe, acabando con la vida de unos 50 millones de personas. Pero, ¿realmente los conocemos? ¿Cómo son de grandes? ¿Hay virus «buenos»? ¿De dónde vienen? No son seres vivos El virus Ébola es excepcionalmente grande para ser un virus. Puede llegar a medir 14.000 nanómetros de largo Los virus son sistemas biológicos que se caracterizan por su minúsculo tamaño. Miden entre 10 y 300 nanómetros, (un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro) y son tan pequeños que no llevan consigo la maquinaria necesaria para obtener energía, al igual que el resto de los seres vivos. Por ello, siempre «toman prestada» la maquinaria de otras células para que estas hagan el trabajo por ellos. Por eso, actualmente se considera que los virus no son seres vivos. Se trata de microorganismos que tienen capacidad de adaptación, evolución y transmisión de su información genética pero que carecen de metabolismo y por ello se considera que no están vivos. Según el Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV), un virus es un «biosistema elemental que posee algunas de las propiedades de sistemas vivientes como genoma y capacidad de adaptación a cambios medioambientales». Inyectan «genes» en sus víctimas Los virus pueden tener una cubierta de proteínas protegiendo su genoma y por encima de esta una envuelta de lípidos y más proteínas. En la imagen, esquema de un virus del VIH Un virus es un agente ultramicroscópico compuesto por una cápsida (cascarón) de proteínas que protegen un genoma, es decir, un conjunto de moléculas de ácidos nucleicos (ADN o ARN). El cascarón protege el interior del virus y permite que el virus reconozca y se ancle a la célula a la que infectará. Una vez que se une a la célula que será su víctima, inyecta las instrucciones necesarias para que la célula fabrique nuevos virus. Algunos virus tienen además una envuelta de lípidos y proteínas extra. Dentro de este esquema general, hay virus con cápsidas geométricas, helicoidales y complejas. Están obligados a aprovecharse de las células más grandes Oficial de la Policía Montada de la Alameda Central (México) con «protección» para la gripe Los virus no son células y carecen de maquinaria para obtener energía, alimentarse y crecer. Por ello son parásitos intracelulares obligados, es decir, «están obligados a ser dañinos». Se meten en las células, se dice que las infectan, y las convierten en productores de virus, (entonces se dice que la célula es un hospedador). El resto del tiempo, cuando no están dentro de las células, se comportan como macromoléculas inertes, una especie de vehículo de genes que no interacciona con el medio. Su forma de crecer y multiplicarse es darle instrucciones a las células (inyectándoles ciertas proteínas y genes) para que estas fabriquen nuevos virus. Y en el camino, las células sufren daños que pueden llevar incluso a su muerte (necrosis, lisis) o a su suicidio (apoptosis). Los virus tienen dos modos de producir nuevos virus aprovechándose de las células. El ciclo lítico, en el que las células explotan (lisan) y expulsan millones de nuevos virus y el ciclo lisogénico, en el que el virus inyecta en la célula parte de su genoma (se dice que está en estado de profago) y permanece en estado latente o produciendo virus de forma continua. Virus espía Así, algunos virus optan por infectar las células rápidamente y destruirlas después (polio, catarro común), otros establecen infecciones persistentes (hepatitis C) que pueden ser fatales para el huésped y otros establecen infecciones latentes durante años (herpes tipo 1), que dan la cara en ciertos momentos. Y además hay casos en los que los virus son capaces de llevar a las células al suicidio (apoptosis) para camuflarse ante la respuesta del sistema inmune, algo así como un virus espía que asesina a su víctima de forma sutil para pasar desapercibido. Varían mucho y por eso es difícil atacarles Las células infectadas producen millones de virus. En azul los núcleos y en verde las partículas virales o viroides Los virus son capaces de «atacar», o sea infectar, a cualquier organismo de los tres grupos principales de los seres vivos Archaea (arqueas), Eubacteria (bacterias) y Eucaria (protozoos, animales, hongos, plantas, etc). En muchos casos, cada organismo tiene un virus especializado en atacarle. Su fuerza está precisamente en su pequeño tamaño. Su sencillez, su grandísimo número y sus brevísimos ciclos de vida les permiten mantener tasas de mutación 1.000 o 10.000 veces superiores a las de otros organismos más complejos. Cuando toda la vida de un hombre puede durar 80 años y la evolución se toma todo ese tiempo para actuar, el virus completa su ciclo en cuestión de minutos. Tal es así que cada organismo, o incluso cada tejido o cada célula, puede tener su colección de virus con características particulares. Además, hay virus especialmente variables que pasan desapercibidos ante las defensas del organismo. Así ocurre con la gripe y su batería de camuflajes, del H1N1 al H5N1, pero hay también ejemplos de virus muy variables (hepatitis C, VIH) en los que se habla de cuasiespecies. Por si no fueran maestros del disfraz, o del cambio, el hecho de que vivan dentro de las células no favorece que se puedan crear medicamentos que destruyan al virus invasor pero no dañen al ser vivo infectado. Para investigarlos hay que multiplicarlos en el laboratorio Los cultivos celulares son células que crecen en botellas y se alimentan de medio de cultivo (rosa en la imagen). Se usan para producir virus y hacer estudios con ellos A la hora de investigar con virus es importante aislarlos de los afectados y, sobre todo, multiplicarlos en grandes cantidades y purificarlos para poder hacer pruebas con ellos. Por ello los virus se crecen en laboratorio a través de cultivos celulares, embriones de animales (como pollos) y tejidos animales. Una vez multiplicado el virus, (no siempre es posible), se analizan sus diferentes componentes, se observa en el microscopio electrónico y se estudia su ciclo de infección. Son muy importantes en la evolución de los seres vivos No tienen buena reputación, pero constituyen un agente clave en la evolución y funcionamiento de los seres vivos Aparte de ser una pesadilla para la salud, entre las casi 3.000 especies de virus definidas hasta el momento, no se puede generalizar que los virus sean patógenos o perjudiciales. En el mar, se calcula que hay alrededor de 10 millones de virus por mililitro de agua entre las muchas bacterias, y se conocen varios mecanismos por los cuales los virus se comportan como mecanismos transmisores de genes entre microorganismos (transducción) o como factores reguladores de la población. Por si fuera poco, en el genoma humano se han identificado entre 90.000 y 300.000 secuencias derivadas de virus, fundamentalmente de retrovirus, que tienen un importante peso en la configuración del ADN estructural o basura (que constituye el 98,5% del genoma). Para entenderlo de forma rápida, si los genes fueran sílabas, esta parte estructural del ADN es la que permite leer los genes (el 1,5% del genoma) para formar palabras con sentido. Estas secuencias de origen viral son partes constituyentes del genoma y se expresan en todos los tejidos. Por ejemplo, algunas secuencias de origen retroviral son especialmente importantes en la regulación del desarrollo embrionario. Un poco de historia: Jenner inventó la primera vacuna en 1796 Edward Jenner desarrolló la primera vacuna de la historia al infectar a un niño con la viruela vacuna para inmunizarle frenta a la viruela humana El término viene de la palabra latina «virus», que significa toxina o veneno. Desde la antigüedad ya se tenía constancia de enfermedades provocadas por virus. La literatura china del siglo X antes de nuestra era describe una enfermedad similar a la viruela y en ciertos bajorrelieves egipcios aparecen figuras humanas con síntomas de haber contraído la poliomelitis. En 1796 Edward Jenner desarrolló la primera vacuna de la historia. En un experimento poco ético, contagió a un niño con la viruela vacuna (de ahí viene el nombre de la vacuna) que padecía la niñera de este. Su objetivo era comprobar si así el niño sería inmune a la viruela humana. Después de que el niño pasase la viruela vacuna, le contagió con la humana y comprobó, por suerte para el niño, que era inmune. Luego vino la Real Expedición Filántropica de la Vacuna, la vacuna de la rabia de Pasteur, los postulados de Koch (describen los pasos necesarios para definir si un organismo causa una enfermedad concreta), y el primer descubrimiento de un virus, el del mosaico de tabaco. Y muchos avances después, fueron observados por primera vez en el siglo XX gracias al desarrollo del microscopio electrónico. Hay otros más sencillos: los priones y los viriones Los priones (en rojo) son proteínas que se perpetúan. En la imagen, se observa cómo se distribuyen por las células nerviosas de ratón. Se «mueven» a través de las ramas de las neuronas para infectar a otras células En la naturaleza hay partículas aún más simples con propiedades similares a las de los virus. Por un lado están los viroides, que son moléculas de ARN desnudo y que se copian en las células infectadas. Una vez allí son capaces de producir enfermedades en patatas o árboles. Por otro lado, están los priones (partículas proteicas infectivas) que son básicamente proteínas capaces de perpetuarse. Se hicieron muy famosos hace unos años por protagonizar la epidemia de las vacas locas, y provocan otras enfermedades como el síndrome de Creutzfeldt-Jakob y el kuru.

Algunos parientes del Tyrannosaurus rex encogieron durante 50 millones de años y se hicieron capaces de volar, planear o trepar por los árboles. Por ello, sobrevivieron al cataclismo que acabó con los dinosaurios El estudio de Science reconstruye el linaje de los dinosaurios que encogieron y evolucionaron hasta aves Los dinosaurios eran criaturas poderosas que dominaban la tierra, el mar y el aire. Los enormes cuerpos de los herbívoros les permitían alcanzar la copa de altos árboles y los carnívoros necesitaban montañas de carne para alimentarse. Y sin embargo, se cree que algunos de ellos fueron los ancestros de los «pequeños pájaros de hoy... ¿Cómo es posible? Según un estudio publicado hoy en la revista Science y elaborado por científicos de la universidad de Southampton, las aves aparecieron a partir de un grupo de dinosaurios carnívoros y bípedos (o sea, que caminaban sobre dos patas) que encogió más y más durante 50 millones de años. «Estos ancestros de las aves desarrollaron nuevas adaptaciones, como plumas, espolones y alas, cuatro veces más rápido que otros dinosaurios», ha explicado Darren Naish, un paleontólogo que ha participado en la investigación. El grupo «abuelo de las aves» es el de los terópodos, una extensa rama del árbol de los dinosaurios que incluye a ejemplares de lo más variopinto: del enorme Tyrannosaurus rex, con sus 14 o 15 metros de altura y que se alimentaba de otros grandes dinosaurios, al Compsognathus, que medía solo medio metro de alto y se alimentaba de pequeños reptiles e insectos. Pero a fin de cuentas tanto uno como otro eran bípedos y se alimentaban de carne. Cada uno a su modo, claro. Para averiguar esto, la investigación ha analizado 1.500 rasgos anatómicos de los dinosaurios para reconstruir su árbol genealógico. Y lo han hecho recurriendo a un sofisticado modelo matemático para analizar los cambios a lo largo del tiempo. Ser pequeño puede ser la salvación «Ser más pequeño y más ligero en el territorio de los gigantes, con rápidas adaptaciones anatómicas, les dio a los ancestros de los pájaros nuevas oportunidades ecológicas», ha explicado Michael Lee, el director de la investigación. «Esta flexibilidad evolutiva le permitió a los pájaros sobrevivir al impacto del meteorito que mató a todos sus primos dinosaurios». O dicho en otras palabras, en lugar de seguir la corriente general de los grandes dinosaurios, algunos de ellos innovaron y se hicieron capaces de cosas que otros no podían. «Los dinosaurios más cercanos a las aves son pequeños, y muchos, como el Microraptor, tenían alguna habilidad para escalar o planear», ha dicho Gareth Dyke, otro de los participantes en el estudio.
Llamado Vantablack, es tan oscuro que resulta imposible distinguir sus irregularidades o dobleces; lo más parecido a «contemplar» un agujero negro Una muestra del Vantablack, el que dicen es el material más negro del mundo La empresa británica de nanotecnología Surrey Nanosystems ha presentado el que, según afirma, es el material más negro del mundo. Creado con nanotubos de carbono, cada uno de ellos 10.000 veces más fino que un cabello humano, es de un oscuro tan profundo que absorbe prácticamente toda la luz que le alcanza, por lo que resulta imposible observar sus irregularidades o dobleces. Simplemente, es la negrura total, hasta el punto de que podría compararse con la visión de un agujero negro, si es que eso fuera posible. El material supernegro está desarrollado para ser aplicado en estructuras sensibles a la temperatura, como el aluminio. Podría, por ejemplo, mejorar la capacidad de los telescopios para ver las estrellas más débiles y otras imágenes del Universo. También parece interesar en el ámbito militar. «Estamos aumentando nuestra producción para responder a los requerimientos de nuestros primeros clientes en los sectores espacial y de defensa, y ya hemos enviado nuestros primeros pedidos», dice Ben Jensen, jefe de tecnología de la compañía, en un comunicado. El material consiste en una especie de apretadísima malla de nanotubos de carbono sobre un papel de aluminio. Están tan juntos que los fotones no tienen forma de escapar. Por este motivo, la negrura es tal que no se pueden apreciar los detalles del material: sus relieves, si está arrugado o doblado... No hay nada, es como asomarse al más profundo de los abismos. Es bastante difícil que este supernegro llegue al mundo de la moda. Un vestido hecho con este material -la compañía no ha desvelado su precio, aunque reconoce que saldría un traje «muy caro»-, resultaría realmente extraño. Según explica Jensen en The Independent, no se verían las características del vestido, sino simplemente una forma negra. No habría nada allí.

La anhedonia es la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades. Se considera una falta de reactividad a los estímulos habitualmente placenteros. Constituye uno de los síntomas o indicadores más claros de depresión, aunque puede estar presente en otros trastornos, como por ejemplo, en algunos casos de demencias (Alzheimer). Definición Mientras que las primeras definiciones de la anhedonia enfatizan experiencia placentera, modelos más recientes han puesto de relieve la necesidad de considerar diferentes aspectos del comportamiento divertido, como la motivación o deseo de participar en una actividad ("anhedonia motivacional", en comparación con el nivel de disfrute de la actividad en sí misma ("anhedonia consumatoria". La cultura tiene una gran influencia. Una conducta puede ser aceptada por un grupo cultural y no ser bien vista por otro. Los factores biológicos son la causa principal donde se encuentran las influencias perinatales y la salud física. Es el médico el que determinará si es normal o anormal. Diagnóstico Los criterios generales para diagnosticarla como un trastorno son ver el grado de insatisfacción con las capacidades y logros del paciente, evaluar sus relaciones interpersonales y la forma en que afronta los acontecimientos de su vida. Lo importante es que el paciente aprenda a aceptar los hechos como se presentan; si su comportamiento le causa un daño a él y/o a los demás, entonces se transforma en una patología que debe ser tratada.

La aparición de un objeto que parecía un fémur sobre la superficie de Marte ha causado un gran revuelo en internet El supuesto «hueso marciano» La NASA ha tenido que dar explicaciones sobre una imagen publicada, de las que toma diariamente el rover Curiosity, y que ha causado un considerable revuelo en internet. Han sido muchos los usuarios que han visto en la fotografía lo que parece ser un hueso -concretamente un fémur-, cuando en realidad, como ha explicado la agencia espacial estadounidense, se trata, simplemente y como no podía ser de otra forma, de una roca con esa forma. La afirmación errónea de que se había hallado un hueso en Marte apareció por primera vez en un blog dedicado a la ufología y fue rápidamente recogido por los medios de comunicación estadounidenses. Tanto es así, que la NASA tuvo que desmentir lo que se estaba publicando. "Esta roca puede tener la forma del hueso fémur, pero no se trata de restos fosilizados de un marciano misterioso", ha aclarado en un comunicado con una pizca de humor. "Los miembros del equipo de misiones científicas de la NASA coinciden en que esta forma es consecuencia de la erosión, del viento o del agua", continúa el texto. No hay grandes fósiles El rover Curiosity ha encontrado evidencias de que Marte fue una vez un lugar habitable, en el pasado, pero no hay evidencia de que las criaturas fueran lo suficientemente grandes como para dejar un hueso en el planeta. "Si alguna vez existió vida en Marte, los científicos esperan que sean formas de vida simples, microbios", han explicado a 'Space.com' funcionarios de la NASA. A su juicio, "Marte nunca ha tenido suficiente oxígeno en su atmósfera para apoyar organismos complejos", así que "no es probable que haya grandes fósiles en el planeta", han concluido. La piedra misteriosa No es la primera vez que las imágenes que se publican desde Marte crean polémica en la Tierra. El pasado mes de febrero, la NASA anunciaba la presencia de una 'roca misteriosa' que parecía haber aparecido de la nada en el Planeta rojo. El rover Opportunity fotografió un mismo lugar con 12 días de diferencia y, mientras en las primeras imágenes se veía el terreno vacío, en las últimas aparecía una roca. Finalmente, la agencia espacial determinó que era un trozo de piedra que se había desprendido tras el paso del robot por la zona. Apareció, aparentemente, de la nada, justo delante de las cámaras del rover Opportunity, que desde hace ya una década peina la superficie de Marte. Se trata de una roca que, en las imágenes de hace apenas doce días, no estaba allí. Anunció su presencia el mismísimo Steve Aquires, el director científico de la misión, durante una rueda de prensa conmemorativa del décimo aniversario de los rover Spirit y Opportunity en Marte. Durante su intervención, Squires aseguró que "nos quedamos totalmente atónitos" ante la súbita aparición de la roca que, de alguna manera, simplemente apareció delante del rover entre los días (marcianos) 3528 y 3540. La roca, bautizada como "Isla Pinnacle", se ha convertido en el centro de atención de los científicos de la misión, que intentan ahora averiguar cómo pudo llegar hasta allí. "Tiene aproximadamente el tamaño de un donut -dijo Squires-. Y fue una sorpresa total. Fue como 'espera un segundo... eso no estaba antes allí... No puede estar bien... Oh Dios mio!! No estaba antes!!'. Nos quedamos atónitos". Según explicó Squires, por ahora se han barajado dos posibles explicaciones para la presencia de la roca: o bien fue lanzada hasta allí tras el impacto de un meteorito cercano o, lo que consideran más probable, llegó hasta su posición actual tras ser arrastrada por el propio Opportunity. La NASA ha reconocido que el rover está teniendo problemas para moverse estos días y que sus ruedas podrían haber causado algunos escombros en la roca en la que se ha asentado. En cuanto al tipo de mineral, un primer análisis indica que es muy rica en azufre y potasio, que tiene bordes de color blanco brillante y un centro de color rojo rubí profundo. Además, parece estar en posición boca abajo, es decir, que la parte que ahora es visible no se habría visto afectada por la atmósfera marciana, tal vez durante millones de años. La NASA continuará ahora con las investigaciones sobre estos restos y ya ha anunciado sus planes para perforar la roca, en busca de nuevos datos sobre el planeta rojo. Se trata, para los investigadores, de un nuevo "golpe de suerte" para la misión. O quizá de un original regalo del planeta en el décimo aniversario del rover...

El efecto Tyndall es el fenómeno físico que hace que las partículas coloidales en una disolución o un gas sean visibles al dispersar la luz.Por el contrario, en las disoluciones verdaderas y los gases sin partículas en suspensión son transparentes, pues prácticamente no dispersan la luz. Esta diferencia permite distinguir a aquellas mezclas heterogéneas que son suspensiones. Rayos de luz cruzando a través de un banco de niebla, las partículas de niebla se hacen evidentes por el efecto Tyndall. El efecto Tyndall es un fenómeno físico estudiado por el científico irlandés John Tyndall en 1869 que explica cómo las partículas coloidales en una disolución o en un gas son visibles porque reflejan o refractan la luz. A primera vista, estas partículas no son visibles. Así pues, el hecho de que puedan dispersar o absorber la luz de manera distinta al medio, permite distinguirlas a simple vista si la suspensión es atravesada transversalmente al plano visual del observador por un haz intenso de luz. El efecto Tyndall se pone claramente de manifiesto cuando, por ejemplo, encendemos los faros de un coche en la niebla o cuando entra luz solar en una habitación en la que hay polvo suspendido. Así pues, el efecto Tyndall nos permite explicar por qué el cielo es azul. La luz procedente del Sol es blanca, pero al entrar en la atmósfera terrestre, choca con las moléculas de los gases que la componen y con las partículas en suspensión, sufriendo desviaciones. La desviación que sufre la luz por efecto de los choques con las moléculas de oxígeno y de nitrógeno es diferente para cada color: mayor es la longitud de onda, menor es la desviación. Los colores que más se desvían son el violeta y el azul (los de menor longitud de onda). Tyndall, en 1859, fue también el descubridor del efecto invernadero, simulando en el laboratorio la atmósfera de la Tierra para calcular con precisión cuánta energía solar llegaba a la Tierra y cuánta radiaba la Tierra al espacio. La propiedad dispersante de la luz que tienen las micelas permite verlas mediante un dispositivo especial llamado ultramicro. El método consiste en iluminar lateralmente las partículas coloidales sobre un fondo oscuro: para ello se sitúa la preparación sobre un bloque de vidrio en forma de paralelepípedo oblicuo, cuyas caras forman con la base un ángulo de 51º. Cuando un rayo luminoso incide normalmente sobre una de las caras oblicuas, en lugar de refractarse es totalmente reflejado e ilumina tangencialmente las partículas que constituyen el preparado coloidal; si en esas condiciones se examina el campo mediante un microscopio ubicado de modo que su eje sea perpendicular a los rayos reflejados, éstos no pueden ser visualizados, por lo cual, cualquier punto luminoso que se enfoque con el microscopio proviene de las imágenes de difracción formadas por las micelas coloidales cuyo aspecto, en su conjunto, recuerda al de las estrellas resaltando sobre un campo totalmente oscuro.

Este coloso, cuyo esqueleto fue desenterrado casi completo, medía 26 metros de largo y pesaba 60.000 kilos. Ha sido bautizado «el que no teme a nada» El Dreadnoughtus schrani Su nombre ya lo dice todo: Dreadnoughtus schrani, «el que no teme a nada». Toda una declaración de intenciones en el bautizo de esta nueva especie de dinosaurio colosal de hace 77 millones de años, cuyo esqueleto, asombrosamente completo, fue desenterrado en el sur de la Patagonia (Argentina) entre 2005 y 2009. Tras estudiarlo, investigadores de la Universidad de Drexel en Filadelfia (Pensilvania, EE.UU.) han dado ahora una descripción detallada de este animal excepcional en la revista Scientific Reports: el herbívoro medía 26 metros de largo y pesaba 59.300 kilos (nada menos), tanto como una docena de elefantes africanos, más de siete Tiranosaurios rex, un carro de combate Leopardo 2E del Ejército español o más que un Boeing 737. El ejemplar es el animal terrestre más grande cuya masa ha podido ser calculada con precisión. Y eso que, en el momento de la muerte, todavía no estaba del todo desarrollado. El húmero del dinosaurio Cuando los científicos encontraron los restos casi no podían creerlo. «Dreadnoughtus schrani era increíblemente enorme», dice Kenneth Lacovara, profesor en Drexel, quien descubrió el esqueleto fósil y lideró la excavación y el análisis. El esqueleto estaba prácticamente entero, con más del 70% de los huesos, excluida la cabeza. Debido a que de todos los dinosaurios supermasivos descubiertos con anterioridad solo se conocen restos fragmentarios, el Dreadnoughtus ofrecía a los investigadores «una ventana sin precedentes en la anatomía y biomecánica de los animales más grandes que caminaron sobre la Tierra». El nuevo dinosaurio pertenece a un grupo de grandes herbívoros conocidos como titanosaurios. Su esqueleto incluye la mayor parte de las vértebras, la cola de 9 metros de largo, una vértebra del cuello con un diámetro de casi un metro, escápula, numerosas costillas, dedos de las patas, una garra, un pequeña sección de la mandíbula y un solo diente y, lo más notable para el cálculo de la masa del animal, casi todos los huesos de ambos miembros anteriores y posteriores incluyendo un fémur de 1,8 metros de alto y un húmero. Un individuo más pequeño con un esqueleto menos completo también fue desenterrado en el yacimiento. El cálculo de la masa de los cuadrúpedos se basa en las mediciones realizadas desde el fémur (hueso del muslo) y el húmero (hueso del brazo). Debido a que el espécimen Dreadnoughtus incluye estos dos huesos, los investigadores creen que su peso se puede estimar con confianza. Antes de esta gran bestia, otro gigante de la Patagonia, el Elaltitan, ostentaba el título de dinosaurio con el mayor peso calculable de unas 47 toneladas. Lacovara muestra los huesos del nuevo dinosaurio «Los titanosaurios son un grupo notable de dinosaurios, con especies que van desde el peso de una vaca a otras con el peso de un cachalote o más. Pero los más grandes titanosaurios han sido un misterio, ya que, en casi todos los casos, sus fósiles eran muy incompletos», apuntan los investigadores. Del tamaño de una casa «Con un cuerpo del tamaño de una casa, el peso de una manada de elefantes y una cola como arma, el Dreadnoughtus no habría temido nada», dice Lacovara. «Me recuerda a los barcos del último siglo, enormes, densamente revestidos y prácticamente impenetrables». Como resultado, Lacovara eligió el nombre Dreadnoughtus, que significa «no teme nada». Para crecer tanto como el Dreadnoughtus, un dinosaurio tendría que comer grandes cantidades de plantas. «Imagine una obsesión con la comida toda la vida», apunta Lacovara. «Cada día tenía que tomar suficientes calorías para alimentar ese cuerpo. Imagine que su día consiste en pasar gran parte del tiempo de pie en un solo lugar (...) Sin mover las piernas, usted tiene acceso a un servicio gigante de alimentación de árboles y hojas de helechos. Te pasas una hora más o menos para despejar una zona que tiene miles de calorías y después das tres pasos a la derecha y pasas la siguiente hora limpiando la siguiente zona». Un adulto Dreadnoughtus era probablemente demasiado grande como para temer a cualquier depredador, pero habría sido aún un objetivo para los carroñeros después de morir por causas naturales o desastres ambientales. El equipo descubrió unos dientes de dinosaurios depredadores y carroñeros menores entre los fósiles. Sin embargo, la integridad y el carácter articulado de los dos esqueletos evidencia de que estos individuos fueron enterrados bajo los sedimentos con rapidez antes de que sus cuerpos se descompusieran por completo. Probablemente, un río se inundó y se rompió su dique natural, convirtiendo la tierra en arenas movedizas. Esa desgracia los mantuvo íntegros. Para visualizar mejor la estructura del esqueleto del Dreadnoughtus, el equipo ha escaneado digitalmente todos los huesos de ambos especímenes. El «montaje virtual» está a disposición del público para su descarga en internet. «Esto tiene la ventaja de que no hace falta espacio físico. Estas imágenes pueden ser llevadas a todo el mundo, a otros científicos y museos. La fidelidad es perfecta. No se descompone con el tiempo como los huesos de una colección pueden hacerlo».

El trabajo con este éxotico y pequeño primate brinda a la ciencia una nueva visión del genoma humano Una hembra de gibón con su cría El análisis del genoma del gibón, un exótico y diminuto simio que habita en los bosques tropicales del sudeste asiático, ofrece a los científicos nuevas pistas sobre el origen de algunas enfermedades humanas como el cáncer. Una investigación dirigida por investigadores de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón (OHSU, por sus siglas en inglés); el Centro de Secuenciación del Genoma Humano del Colegio Baylor de Medicina, en Houston, Texas, y el Instituto del Genoma de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, ha logrado, por primera vez, completar la secuenciación del genoma de este pequeño animal (todos los cromosomas). Gracias al trabajo, publicado en la revista "Nature" y en el que han participado investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) y del Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG), se sabe ahora por qué este curioso mono tiene una rápida tasa de reordenaciones cromosómicas. Los cromosomas, esencialmente el envase que encierra la información genética almacenada en la secuencia de ADN, son fundamentales para la función celular y la transmisión de la información genética de una generación a la siguiente. Su estructura y función están también íntimamente relacionadas con las enfermedades genéticas humanas, especialmente el cáncer. "Todo lo que aprendemos acerca de la secuencia del genoma de este primate en particular y otros analizados en el pasado reciente nos ayuda a comprender la biología humana de una manera más detallada y completa", explica el autor principal del informe, el doctor Jeffrey Rogers, profesor asociado en el Centro de Secuenciación del Genoma Humano en Baylor. A su juicio, "la secuencia del gibón representa una rama del árbol evolutivo de los primates que abarca la brecha entre los monos del Viejo Mundo y los grandes simios y que aún no se ha estudiado de esta manera. La nueva secuencia del genoma aporta datos importantes de sus reordenamientos cromosómicos únicos y rápidos". Parientes próximos al ser humano Durante años, los expertos han sabido que los cromosomas del gibón, junto con los otros simios (orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos) los parientes más próximos al ser humano, evolucionaron rápidamente y tienen muchas roturas y reestructuraciones, pero hasta ahora no ha habido ninguna explicación de por qué, según Rogers. La secuencia del genoma ayuda ahora a detallar el mecanismo genético único de los gibones que resulta en estos reordenamientos a gran escala. El descubrimiento brinda también a la ciencia una nueva visión del genoma humano, teniendo en cuenta la similitud genética entre monos y humanos. "Es el último simio en ser secuenciado y el final de una era en genómica comparada", afirma Tomás Marquès-Bonet. "Ahora tenemos herramientas -los genomas- para todas las especies más cercanas a los seres humanos", añade. La secuenciación fue realizada por el doctor Kim Worley, profesor en el Centro de Secuenciación del Genoma Humano, y Rogers, ambos de Baylor, y los doctores. Wesley Warren y Richard Wilson, de la Universidad de Washington. El análisis fue dirigido por Lucia Carbone, profesora asistente de Neurociencia del Comportamiento en la Escuela de Medicina de OHSU y científico asistente en la División de Neurociencias del Centro Nacional de Investigación de Primates de la OHSU. "Hacemos este trabajo para aprender todo lo posible acerca de los gibones, que son algunas de las especies más raras del planeta", afirma Carbone. "Pero también hacemos este trabajo para comprender mejor nuestra propia evolución y obtener algunas pistas sobre el origen de las enfermedades humanas", agrega. Los cromosomas juegan un papel esencial en el empaquetamiento del ADN, según Worley. "Hay 3.000 millones de pares de bases de ADN en todas las células y se empaquetan en 23 pares de cromosomas", concreta Worley, también autor principal del informe, quien añade que cuando hay reordenamientos en los cromosomas, los genes y la regulación de genes a menudo se disgregan o rompen, informa Efe. Una visión más clara sobre el cáncer "El cáncer es claramente el mayor ejemplo médico del impacto de los reordenamientos cromosómicos. La secuencia del gibón nos da una visión más clara de este proceso -celebra Worley-. También hay un número de otras enfermedades genéticas que resultan de estos eventos". El número de reordenamientos cromosómicos en los gibones es notable. "Es como el genoma simplemente explotara y luego se pusiera de nuevo junto -dice Rogers-. Hasta hace poco, ha sido imposible determinar cómo un cromosoma humano podría estar alineado a cualquier cromosoma del gibón porque hay muchos reordenamientos". El proyecto de secuenciación reveló un nuevo y único elemento de repetición genética (segmentos de ADN que se producen en múltiples copias en el genoma) que se inserta en los genes asociados con el mantenimiento de la estructura de la cromatina. Los elementos de repetición tienen la capacidad de alterar un gen y cambiar su función biológica, según Worley. En los gibones, el equipo identificó el elemento LAVA, un nuevo elemento repetido que apareció exclusivamente en los gibones y preferentemente golpea los genes implicados en la segregación de los cromosomas (un paso esencial en la división celular, donde los cromosomas se emparejan con su cromosoma homólogo similar). "La lectura del ADN del gibón es un hito en el campo de la secuenciación genética porque es una especie con características extraordinarias que nos dará claves para entender las reorganizaciones genómicas y trasladar ese conocimiento a la práctica clínica", concluye Ivo Gut, director del CNAG y co-autor del artículo.

Neutraliza el uranio y otros residuos tóxicos y evita el riesgo de radiación La geobacteria ha sido patentada por la microbióloga española Gemma Reguera Una investigación de la Universidad de Michigan (MSU) ha logrado una versión mejorada de una bacteria que neutraliza el uranio y otros residuos nucleares y tóxicos y evita el riesgo de radiación. El trabajo completo ha sido publicado en la revista Applied and Environmental Microbiology. Se trata de una geobacteria que ya había sido patentada por la microbióloga española de la MSU Gemma Reguera, quien identificó entonces unos diminutos apéndices, conocidos como 'pili', que recubren la superficie del microorganismo y con los que éste se adhiere a otros semejantes y crea una película de bacterias similar a la que se forma en los dientes. En este sentido, la investigadora ha trabajado ahora para aumentar el rendimiento de los nanocables electroconductivos de la bacteria. Además, ha dotado al microorganismo de una armadura adicional que impide que el uranio atraviese su película biológica cuando es expuesto a altas concentraciones de este material radiactivo. Este escudo, que refuerza la supervivencia de la bacteria, mejora así su capacidad de neutralizar residuos nucleares. "Los resultados de la investigación han superado incluso nuestras expectativas más optimistas. Incluso las películas biológicas más finas lograron inmobilizar el uranio e irlo convirtiendo en un mineral durante un tiempo prolongado, al tiempo que no sufrían ningún daño", subraya Reguera. La investigadora explica que incluso cuando fueron sometidas a concentraciones de uranio "extremadamente altas y tóxicas", que destruirían geobacterias de forma individual, estas películas biológicas no solo sobrevivieron al proceso sino que "crecieron y prosperaron". El trabajo tiene entre sus futuras líneas de investigación el descifrado de las claves detrás de esta película biológica, como su "gran efectividad" a la hora de proteger estas bacterias y cómo puede mejorarse esta protección, según Reguera.