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Primer post: 25 mar 2008Último post: 3 abr 2008
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Las Malvinas Son Argentinas, ¿Por qué?
Las Malvinas Son Argentinas, ¿Por qué?
OfftopicporAnónimo3/31/2008

FUNDAMENTOS: ¿En qué se basa la República Argentina para afirmar su soberanía sobre las Islas Malvinas? FUNDAMENTOS GEOGRÁFICOS: 1- ANALISIS DE PROXIMIDAD Capital de Las Islas Malvinas: Puerto Argentino (Stanley) Distancia entre Londres, Reino Unido y Puerto Argentino (Stanley): 12.700 Kilometros / 8000 Millas Distancia entre Rio Grande, Argentina y Puerto Argentino (Stanley): 800 Kilometros / 500 Millas CONCLUSION: Rio Grande es la ciudad más proxima a las Islas, y Argentina la nación mas cercana. En un radio de 800 kilometros (500 millas) de Puerto Argentino (Stanley) no encontraremos nada mas que agua y territorio continental e insular argentino. "Las Islas Malvinas pertenecen geográficamente al continente sudamericano, y por este motivo constituyen parte natural del dominio territorial argentino, en cuya proximidad se hallan." 2- CONVENCION DEL MAR La Convención del Mar es un extenso documento producido en el ambito de las Naciones Unidas, en 1982, dedicado a legislar y definir las jurisdicciones en las aguas y en los fondos marinos. Los fondos marinos son la prolongacion natural de las tierras emergidas e integran los denominados margenes continentales, hoy cubiertos por el mar. La Convencion del Mar ha establecido un complejo procedimiento para que los paises con costas reivindiquen esos fondos marinos. Se ha estimado que los territorios que le corresponden a la Republica Argentina en tal condicion tienen una extension de 2.500.000 Kilometros cuadrados, siendo en este caso, y acorde a lo establecido por la Convencion, superior a las areas oceanicas pertenecientes a la denominada "Zona economica exclusiva". Las tierras emergidas de la porcion oceanica son, obviamente, islas. En el caso de la Republica Argentina se trata de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, ademas de otras menores. Son islas continentales pues en todos los casos emergen de plataformas o margenes continentales. Las islas han sido usurpadas por el Reino Unido. Los fondos marinos y las masas oceanicas estan sometidas a lo dispuesto en la Convencion del Mar. "Las Islas Malvinas se encuentran geologicamente vinculadas con la Patagonia." FUNDAMENTOS HISTÓRICOS: "La narracion historica que se detalla a continuacion es veridica, aceptada tanto por Argentina como por el Reino Unido. Este ultimo alega para su desestimacion que se trata de historia pasada y, por ende, ha perdido su vigencia." El descubrimiento de las Malvinas ha sido alegado por varios navegantes con anterioridad al siglo XVII; de todos sus "descubridores" dudosos, los que mas probabilidades tuvieron de haberlas visto realmente fueron los marinos espanoles de la nave San Antonio, de la expedicion de Magallanes. A principios del siglo XVII las diviso con certeza el holandes Sebald de Weert. La ocupacion mas antigua, efectiva y continua de las islas fue la hispanica. Los ingleses, por su parte, durante el siglo XVIII, exploraron el litoral patagonico (Hoy sur de la Republica Argentina) buscando puntos de abastecimiento para sus buques balleneros. Ante estos hechos, Espana instituyo el Virreinato del Rio de la Plata (1776), ya que estimo que Lima (Otro Virreinato en Sudamerica) se encontraba muy lejos para ejercer un control eficaz. Tras la Declaracion de Independencia (9 de Julio de 1816), gran parte del territorio del Virreinato del Rio de la Plata paso a formar parte de la Republica Argentina, incluyendo las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. La situacion se mantuvo asi hasta 1833, cuando las Islas fueron usurpadas durante el mandato del entonces presidente de la Republica, Juan Ramon Balcarce. Hubo tentativas de ocupación de las Islas anteriores a 1833, por parte del Reino Unido, de Francia y de Norteamerica, pero todas ellas cesaron por las reclamaciones espanolas (en tiempos del Virreinato) o argentinas. Esto significa que se reconocia el derecho legitimo de soberania sobre las Islas. Durante su gobierno, Balcarce habia nombrado un nuevo comandante de las Malvinas y envio la goleta Sarandi, al mando de Jose Maria Pinedo, para hacer mas efectiva la soberania argentina sobre el archipielago. La fragata de bandera inglesa Clio, hizo su aparicion en las islas el 20 de diciembre de 1832, y despues de incursionar por las inmediaciones de Puerto Egmont, se presento frente a Puerto Soledad (2 de enero de 1833). Pinedo envio a dos de sus oficiales a bordo de la Clio para requerir al capitan ingles el motivo de su presencia. Este no tardo en ir personalmente a bordo de la Sarandi donde impuso al jefe argentino del tenor de sus instrucciones: por disposicion de S.M.B. tenia orden de tomar las islas Falkland y concedia venticuatro horas a Pinedo para arriar la bandera argentina y proceder a la evacuacion. El jefe de la Sarandi considero que toda resistencia seria vana y se limito a dejar un colono como comandante provisional. El pabellon argentino no fue arriado. Un oficial ingles se encargo de hacerlo, para remitirlo luego a bordo de la Sarandi, donde Pinedo habia embarcado todas sus fuerzas. El 3 de enero los ingleses tomaron posesion de Puerto Soledad: la usurpacion quedaba consumada. Pero la corbeta inglesa no prolongaria mucho su estada en las islas. Cumpliendo ordenes del almirantazgo dejo a un subdito britanico -el despensero irlandes Dickson- como custodio de la bandera inglesa. La Sarandi, mientras tanto, llegaba a Buenos Aires con la infausta noticia. Con este hecho, un nuevo y prolongado periodo habria de iniciarse frente a la agresion inglesa: el de la reclamacion diplomatica, cuyas alternativas se proyectarian por espacio de casi ciento cincuenta años, derivando en la guerra de 1982. "La posesion del archipielago por parte del Reino Unido es producto de una usurpacion realizada en 1833, con empleo de la fuerza y en momentos de vigencia de relaciones amistosas entre Buenos Aires y Londres" 2 de Abril: Reindivicación de la Soberania. Las tropas argentinas entran en Puerto Argentino. La bandera flamea en la gobernación tras 149 años de ocupacion extranjera. FUNDAMENTOS POLÍTICOS, ECONÓMICOS Y SOCIALES: Para tratar el topico en cuestion, sera transcripta a continuacion una entrevesita efectuada nada menos que a uno de los mas respetados e influentes analistas politicos britanicos: Simon Jenkins, periodista, columnista y editor de el Evening Standard, el Times y el Economist. La entrevista fue publicada en el diario La Nacion, de Argentina y en el portal britanico http://www.mercopress.com, y data del domingo 30 de marzo del 2003. Simon Jenkins: "Las Malvinas deben volver a la Argentina" LONDRES Simon Jenkins es en la actualidad uno de los analistas políticos más respetados e influyentes del Reino Unido, con una carrera que incluye varios años como editor de los periódicos nacionales Evening Standard y The Times, así como también de la prestigiosa revista The Economist. Su labor no pasó inadvertida para la British Broadcasting Corporation (BBC), que en 1988 lo eligió como "Mejor Periodista del Año", ni tampoco para los organizadores y participantes del certamen "British Press Awards", que, en 1993, lo consagraron "Mejor columnista del Año". Pero ante los ojos argentinos, ninguno de estos logros y distinciones llaman tanto la atención en él como su postura acerca del siempre espinoso tema de la soberanía sobre las Malvinas, islas que para el periodista inglés "deberían ser administradas por la Argentina". Ya en enero de 1998, desde su muy leída columna política en The Times, Jenkins le había reclamado al entonces pujante gobierno de Tony Blair que considerara la posesión británica de las Malvinas debido a que, entre otras razones, Gran Bretaña no podía continuar gastando la "ridícula suma" de 114 millones de dólares al año "para mantener una guarnición de 2000 hombres". (Nota del Webmaster: Son más de 4000 hombres) Hoy, en una entrevista exclusiva con La Nación a pocos días de un nuevo aniversario del conflicto, Jenkins asegura que su punto de vista no ha cambiado con el estallido de la crisis económica y política de la Argentina, aunque reconoce que esta variable ha postergado el tratamiento de esta cuestión no sólo en la agenda del gobierno nacional actual, sino también en la de los próximos. "Siempre creí que la administración de las islas por parte de la Argentina es la mejor solución para todos, pero con la situación actual me temo que no me va a alcanzar la vida para verlo", dice. -¿Cómo percibe la posición del Reino Unido sobre este tema, a 21 años de la guerra? -Creo que al gobierno de (Tony) Blair las Malvinas no le podrían importar menos, y con toda seguridad no tienen el mínimo interés en volver a instalar el tema. Es algo que está superado. -¿Es una cuestión difícil de tratar para los dirigentes británicos, aun después de haber ganado la guerra? -Sí... es algo que resulta traumático para muchos ingleses, especialmente para los políticos que vivieron el conflicto y todavía están en actividad, quienes no desean ni siquiera pensar otra vez en las islas. Y ésta es otra de las causas por las que me cuesta imaginar que las Malvinas puedan ser traspasadas a la Argentina en el corto o mediano plazo. -¿Por qué piensa que el Reino Unido debería resignar su soberanía sobre las islas? -Simplemente porque las Malvinas no pueden ser gobernadas desde el Reino Unido para siempre. Sin dudas, la economía de las islas deberá ser integrada a la de América del Sur, si es que les interesa que siga creciendo. -¿Usted cree que los habitantes de las islas apoyarían esta idea? -Yo considero que la gente joven de allí debería establecer vínculos con el continente. Es una idea obsoleta seguir adelante con las cosas como están ahora, ya que este tipo de colonialismo es totalmente anacrónico. -¿La guerra de 1982 significó un paso atrás para la Argentina? -Sí, y más que un paso atrás fue un verdadero desastre. Si la invasión no se hubiera producido, hoy seguramente la Argentina tendría, por lo menos, la soberanía compartida de las islas. Pero la guerra no sólo reforzó la presencia militar de Gran Bretaña, sino que también volvió impensable toda esperanza de cesión total o parcial por parte del gobierno inglés, y de acercamiento por parte de los isleños. -¿Coincide con Margaret Thatcher en la idea de que la Argentina recuperó su democracia gracias a la derrota en el conflicto? -Sí, creo que definitivamente es así, y esto es una obviedad, como también es muy cierto que la guerra contribuyó a que Thatcher obtuviera su reelección como líder de este país. -¿Está de acuerdo con quienes consideran a la ex primer ministro una "criminal de guerra" por haber ordenado el hundimiento del crucero General Belgrano? -No, en absoluto. Ella estaba muy preocupada, y con razón, de que hubiera un barco enorme en las cercanías de la flota británica que avanzaba hacia la zona del conflicto. Creo que su hundimiento tuvo un sentido totalmente militar, ya que el General Belgrano también hubiera hundido barcos ingleses de haber tenido la oportunidad -¿Cómo evalúa el desempeño de la diplomacia argentina después de la guerra? -Me parece rescatable la denominada "política de seducción", que tanto dio que hablar en la década del noventa. Es una buena idea, aunque creo que el problema no va a ser resuelto ahora, sino por la próxima generación de argentinos, ingleses y malvinenses. -¿Cree que es viable la idea de una soberanía compartida? -Sí, yo siempre estuve en favor de esa idea, ya que me parece una alternativa interesante, más allá de que ahora, desafortunadamente, está afuera de la agenda. El caso de las Malvinas es como el de Gibraltar: cuando el tema se vuelve tedioso, sólo el tiempo y el recambio de quienes componen las partes en disputa pueden permitir que se encuentre una solución. Y eso está en manos de otra generación. Por Adrián Sack El perfil Periodista y escritor Jenkins escribió junto con su compatriota Max Hastings el libro The Battle for the Falklands (La Batalla por las Malvinas), publicado en Gran Bretaña en 1983. Es uno de los libros más consultados por los ingleses sobre este tema, aunque también está presente en la reseña bibliográfica de varias obras argentinas. Jurado literario: Además de su reconocida trayectoria periodística, Jenkins tiene una gran influencia en el mundo de la literatura, ya que ha sido presidente del jurado del Bookerprize, el premio más prestigioso de la actividad en el Reino Unido. --Fin de la nota-- En conclusion, en su afan de mantener una administracion ilegitima, el Reino Unido se encuentra gastando sumas enormes de dinero. Esto trae consecuencias economicas severas, como el gasto ridiculo que le ocasiona a la corona britanica, y la imposibilidad de la economia del archipielago de integrarse con la economia sudamericana. Todo lo mencionado es sin perjuicio de consecuencias sociales, como ser un territorio con mas poblacion militar que civil. COLONIALISMO EN MALVINAS: El 22 de julio de 1996, el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad una resolución que exhorta -una vez más- al Reino Unido y a Argentina a reanudar las negociaciones por la soberanía sobre las Islas Malvinas. De hecho, esta medida supone un rechazo a las aspiraciones de los pobladores de las islas para que se les reconozca el derecho a la autodeterminación. Nada indica que esta nueva resolución tenga algún efecto práctico. En 1960, la Asamblea General de la organización mundial adoptó la resolución 1514 (XV) sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. Como en ese texto no se incluía la situación especial de las Malvinas, la diplomacia argentina logró que en 1965 la Asamblea aprobara la Resolución 2065 (XX) sobre la cuestión específica de dicho territorio. En esa resolución, se reconocía la existencia de una disputa sobre la soberanía, se invitaba a los gobiernos de ambos Estados a proseguir las negociaciones según las disposiciones y objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y se recomendaba tener en cuenta los intereses de la población de las islas. Como se ve, se hablaba de los intereses, pero no de sus deseos. En una primera etapa, Gran Bretaña se negó a negociar el tema de la soberanía sobre las islas, pero logró que Argentina aceptara, a su costo, mejorar las condiciones de vida de los isleños. Al mismo tiempo, introdujo el tema de la autodeterminación y los deseos de aquella población, en violación del mandato de la ONU. En la segunda etapa, después de una rara actitud de firmeza por parte de Argentina, como fue el retiro de los embajadores, aceptó discutir sobre la soberanía, pero introdujo el tema de la cooperación económica. La diplomacia británica es hábil en enredos y dilaciones. Después vino la guerra y la derrota dejó a nuestro país a merced del vencedor. Desde entonces, la población británica de las Malvinas, llamada generalmente kelpers trata por todos los medios de introducir la cuestión del derecho a la autodeterminación, si bien el Reino Unido lo utiliza solamente como una carta para jugar en la mesa de las negociaciones. Todo dependerá de la muñeca de los jugadores que tengan sentados en frente. Hasta ahora, los jugadores argentinos han demostrado ser, en general, débiles y cándidos. En materia de colonialismo, las Malvinas presentan un caso sui géneris. Habitualmente, cuando un Estado ejerce una actitud de colonialismo, lo hace sobre un territorio determinado y su población. No ha sucedido así en las Malvinas, porque los británicos, al ocuparlas por la fuerza en 1833, expulsaron a los habitantes argentinos e introdujeron una nueva población. Esos habitantes son británicos por su origen -y, cuando no lo son, están fuertemente britanizados-, por la lengua, las costumbres y la ciudadanía, ya que gozan del mismo pasaporte que los residentes en Inglaterra. Además, son empleados del gobierno de ocupación o de las únicas dos empresas existentes en las islas, que son de capital británico. En efecto, según datos de 1990, la Falkland Island Company (FIC) posee el 46 % de la tierra del archipiélago y además es propietaria del 90% de los negocios (barcos, almacenes, bancos, depósitos de lana, etcétera). La FIC depende, a su vez, de un conglomerado llamado Charrington and Chemical Products Ltd., que es propietario del otro 54 % de las tierras malvinenses. Por su parte, Charrington es satélite del grupo Coalite Industrial Holdings, con sede en Londres, o sea que las dos empresas son tan sólo una. Agreguemos que la compañía no puede ser comprada por extranjeros porque goza de un privilegio real otorgado por la reina Victoria, según el cual sus acciones sólo pueden transferirse con la autorización de Su Majestad Británica. El derecho a la autodeterminación de los pueblos, aunque tiene una larga historia, encuentra su origen inmediato en la Carta de la ONU (artículos lo., párrafo 2, 55 y 76b) y aparece en los dos pactos de derechos humanos aprobados por la Asamblea General en 1966 y que comenzaron a regir a partir de 1976. Son ellos el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto de Derechos Civiles y Políticos. El problema que presenta su aplicación consiste, fundamentalmente, en determinar quiénes son los sujetos de este derecho. En sentido propio, se entiende generalmente por pueblo a un grupo étnico dotado de características diferenciales objetivas que le dan personalidad y también de conciencia de esa personalidad diferencial. Se utilizan en este caso los términos nacionalidad, pueblo y etnia, que admiten muchas definiciones, pero, de todos modos, se diferencian claramente de población que, en derecho internacional, se define como el conjunto de personas que están sometidas a la jurisdicción personal del Estado. Podemos apreciar claramente que la población británica de las Malvinas no tiene ninguno de los rasgos diferenciales que permitan considerarla una nacionalidad o una etnia, es decir, un pueblo diferenciado. No tienen idioma propio, cultura distintiva ni hábitos psicológicos reflejados en una comunidad singular. No son un pueblo originario de las islas, colonizado por el invasor británico. Por el contrario, son ellos mismos agentes de colonización. Otro argumento subsidiario del presunto derecho de autodeterminación de los kelpers se basa en el hecho de que varios de ellos son descendientes de pobladores que llevan varias generaciones en las islas. Es algo así como prevalerse de la prescripción adquisitiva, concepto bien definido en el derecho interno, pero que no posee la misma precisión en el Derecho Internacional Público. De todos modos, los internacionalistas que admiten esta figura convienen en que la posesión debe ser ininterrumpida y no impugnada y no debe estar acompañada de violencia, o sea, haber sido pacífica y consentida, lo que no se ajusta a la historia de la presencia británica en las Malvinas. En síntesis, no existe ninguna nacionalidad, etnia ni pueblo que pueda denominarse kelper o falklander; no existe ningún idioma ni ninguna cultura kelper o falklander. Existen británicos pobladores de las Malvinas, que siempre manifestaron su voluntad de seguir siendo británicos. Sobre esta voluntad, hay una infinidad de expresiones concretas desde hace muchos años, entre ellas la más significativa es la de Lord Shacketon, inserta en su famoso informe -Economic Survey of the Falkland Islands- publicado en 1976, en cuyo tomo I, página III, dice: "resulta evidente a cualquier visitante de las islas que la población es británica y, como nos fue recalcado vigorosamente cada vez que se trató el tema, está firme en su deseo de seguir siendo británica". Jamás ningún kelper dijo algo diferente. Vale la pena recordar, como antecedente, que en su momento las Naciones Unidas rechazaron el plebiscito realizado por el Reino Unido en Gibraltar en 1967, que había sido ampliamente favorable a la posición británica con el argumento de que el poder colonial que reemplazó a la población nativa no podía hacer valer la voluntad de los nuevos habitantes que habían suplantado a la población original, y eso que el dominio inglés sobre Gibraltar es nada menos que 120 años más antiguo que el de Malvinas y que hubo una cesión por parte de España -discutible, pero cesión al fin- por la Paz de Utrecht de 1713, tratado que puso término a la guerra de la sucesión española. No obstante, la política externa errática insensata que lleva desde hace años Argentina y que ha sido agravada hasta el paroxismo bajo la conducción del canciller Guido Di Tella, hay que reconocer que en la reunión del Comité de Descolonización de la ONU, celebrado en Nueva York en julio de 1996, este funcionario estuvo correcto al sostener que "el principio a la libre determinación se tergiversa si se pretende interpretarlo de forma tal de otorgar ese derecho a los propios súbditos de la potencia colonial, a expensas de la comunidad política que sí ha sufrido la acción colonial". Para los habitantes de las Malvinas, la autodeterminación puede ser una aspiración para convertirse en verdaderos dueños del territorio. Para el Reino Unido no es más que una carta para jugar en la mesa de negociaciones, como se ha dicho. Pero si, llega a desarrollarse una gran riqueza en el archipiélago -el petróleo, por ejemplo-, entonces será difícil que los ingleses dejen este beneficio en manos de los kelpers. Para nosotros, los argentinos, lo mejor sería tener una política exterior firme y sensata, lo que por ahora es impensable. Entonces, sería útil que los ciudadanos tengamos una idea clara sobre la situación, no claudiquemos en la defensa de los incuestionables derechos argentinos y sepamos resistir los argumentos de los colonialistas de afuera y los cipayos de adentro. Testimonios de Ex Combatientes Los soldados que pelearon en Malvinas responden estas preguntas: ¿Había Comida? ¿Tenían ropa adecuada? ¿Que pasó con las armas? La rendición FUENTE: Revista GENTE N° 884, 1 de Julio de 1982 ¿HABIA COMIDA? "Todo anduvo bien hasta el 30 de abril. Después empezarona escasear algunas raciones, como el pan y la fruta. Entonces matábamos ovejas que andaban sueltas y nos dábamos un banquete. O nos escapábamos hasta el pueblo y buscábamos comida de donde fuera. Cuando volvíamos nos castigaban." J.T. (19) - Defensa de Puerto Argentino "Cuando llegamos a las islas nos dieron seis raciones de comida fría: una lata de comida, un turrón, pastillas, calentadores, pastillas de alcohol sólido y fósforos. Al principio, cuando llegamos a nuestra posición comíamos un jarro de guiso, un pan, una manzana y a veces caramelos. Nos servían esto dos veces por día. Despues del 1° de mayo se redujo un poco. Medio jarro sin el pan y sin la manzana. Alcanzaba bastante bien. Hubo días que la ración era menor." Alejandro P. (21) - Peleó en Mte. Kent "Pasé hambre. Mi posición estaba alejada de los puestos y el rancho no llegaba hasta donde combatíamos. Comíamos una vez por día y tratábamos de compartir todo; aunque no nos sirviera de mucho. Faltaba agua, comidas calientes y con los nervios y la tensión del combate se gastaba el doble de energía. Nos cansábamos y no podíamos reponernos." R.H. (18) - Defensa de Puerto Argentino "Perdimos la guerra porque no teníamos armas y porque nos faltó comida. Allá el clima es muy húmedo, muy duro de soportar con el estómago vacío. Cada uno sobrevivía como podía." Marcelo S. (19) - Defensa de Puerto Argentino (Aeropuerto) "Las raciones llegaban puntualmente dos veces por día antes que comenzasen los bombardeos ingleses. Teníamos jugo de naranja, chocolate, sopas calientes, guisos, la clásica comida de campaña. Bajo el fuego enemigo, a veces, esa ración se redujo a una por día pero nunca dejamos de comer." Sargento Alberto H. P. (38) - Primeras filas en San Carlos "Yo no me puedo quejar por la comida. Teníamos de todo y chocolate para comer hasta cansarnos. En mi batallón no hubo problemas de alimentación. La ración llegó siempre." Julian T. R. (21) - Batalla de Darwin ¿TENIAN FRIO? "Hacía muchísimo frio y lo sentía a pesar de los dos equipos de verano que me habían entregado. Hice lo mismo que todos los demás: colocármelos uno encima del otro. Pero los borceguíes no llegabana detener el frío. El agua, en ocasiones, nos llegaba a la altura de los tobillos. De esas heladas me quedó un principio de congelamiento en manos y pies." S. C. (18) - Defensa de Puerto Argentino (Base aerea) "El frío fue nuestro principal enemigo. Y no fue porque estábamos con ropa inadecuada sino porque la temperatura descendía por la noche a 18 grados bajo cero y a veces nevaba sin parar. Nadie podía resistir ese frío sin quejarse." Julio Cesar A. (30) - Suboficial de Comunicaciones "En las islas hace frío, muchísimo frío. Las calles y la tierra están continuamente mojadas. La humedad se siente hasta en los huesos. Pero finalmente uno se acostumbra." Octavio L. (19) - Batalla de Darwin "No puedo decir que no hacía frío, pero a veces podíamos protegernos en algunas casas de la ciudad que estaban abandonadas y calentarnos un poco. El chocolate de la ración y la ropa nos protegían bastante. Pero convengamos que el clima de las islas es infernal." Juan Carlos L. (21) - Defensa de Puerto Argentino "Sentíamos frío porque allá hay mucho viento, pero estábamos bien abrigados. Cuando salía el sol nos sacábamos las medias para que se secaran." Adrian U. (20) - Cerro Dos Hermanas "Pude soportar bastante bien el frío. Las camperas de Duvet que teníamos eran buenas. Pero los pies y las manos siempre estaban helados." Marcelo S. (19) - Defensa de Puerto Argentino (Aeropuerto) ¿QUE PASO CON LAS ARMAS? "Nuestras armas no funcionaban. Yo al fusil lo limpiaba todos los días, pero no andaba bien. Nosotros teníamos cargadores de veinte y ellos de treinta: nuestras armas eran de juguete. Los soldados clase 63, de 18 años, tenían nada más que dos meses de instrucción y les dieron la Pam, con la que hay que tirar a 40 metros. A los ingleses no se les puede tirar a esa distancia porque ya estan encima. En medio del ruido de las bombas se escuchaban también el de los helicópteros de ellos que se estaban trasladando. Adelante de los helicópteros venían los Ghurkas. Yo vi a tres chicos degollados, eso me hizo poner muy mal." R.T. (19) - Defensa de Puerto Argentino "Cuando vi a los ingleses en Puerto Argentino, cuando ya se había declarado el cese del fuego, pude ver las armas superiores a las nuestras que traian, lo entero que estaban, afeitados, rozagantes. Y pensé en mi FAL, en los cinco cargadores que teníamos, en sus cañones de mayor alcance que los nuestros, en la impotencia de no tener elementos para repelerlos. Volvería a pelear, pero en otras condiciones." Daniel L. D. S. (21) - Defensa de Puerto Argentino "Yo era radiooperador. Como arma llevaba una pistola 9 milímetros con cuarenta proyectiles. Pero olvidaron llevar repuestos del mismo calibre, así que sólo podía defenderme con los que tenía. Los fusiles FAL que se usaron eran buenos, y siempre dieron resultado, pero supe que a un batallón de Corrientes les dieron Pam, armas que ya están fuera de servicio porque son viejas." Miguel O. (20) - Defensa de Puerto Argentino "Yo era siviente de primera de munición, pero en realidad hice de todo. También me entregaron un FAL y 100 proyectiles junto a 5 cargadores para defendernos durante toda la guerra. No estábamos bien equipados, al menos los de Ejército; sé de algunos soldados que llevaban FAL con mira infrarroja, pero ellos pertenecían a Fuerza Aérea." S. C. (18) - Defensa de Puerto Argentino (Base Aérea) LA RENDICIÓN "La culpa la tuvo la tecnología inglesa y la "ayudita" que les dio Estados Unidos en la etapa final. Los Argentinos no pudimos resistir toda esa sofisticación usada para matar. No es que nuestras armas fueron obsoletas. Las de ellos eran practicamente de ciencia ficción. Pero a pesar de eso luchamos con todo y hasta la muerte." Capitán Jorge A. S. (31) - Defensa de Puerto Argentino "Al final se hizo imposible todo tipo de apoyo. Ni aéreo ni naval. La artillería era superior a la nuestra. Ibamos formando líneas para repeler el ataque pero no había caso. No podíamos hacer mucho." Daniel L. D. S. (21) - Defensa de Puerto Argentino "Peleábamos con fuerzas desiguales. Ellos estaban acostumbrados a luchar, tenían armas supermodernas, equipos sofisticados y completamente distintos a nosotros. Atacaban y daba la sensación que nuestras balas no les hacían nada. La rendición era inevitable." Octavio L. (19) - Batalla de Darwin "¿Por qué perdimos la guerra? Preferiría no contestarle. Fue por la desorganización, porque nos hacían cavar trincheras y despues se arrepentían y nos hacían cavar en otro lugar. Nuestro armamento era bueno, pero no era apto para combatir durante la noche, ahí estaba nuestra gran desventaja: nosotros durante la noche teníamos que descansar y para ellos era un momento más de lucha. El armamento, es cierto, tuvo su momento malo. Pero lo peor que tuvo que soportar el soldado fue la falta de pan." M.V. - Defensa de Puerto Argentino "Los helicópteros dejaban a los ingleses en una posición, unas horas más tarde los relevaban y en su lugar traian hombres frescos. Nosotros seguíamos combatiendo siempre en el mismo lugar. ¿Como queríamos ganar una guerra con hombres que solo dos meses atrás eran civiles? Yo no tenía la menor idea de como se empuñaba un arma o como se disparaba." S.C. (18) - Defensa de Puerto Argentino (Base Aérea)

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Golpe de Estado 1976: Nunca mas!! Ni Olvido Ni Perdón
Golpe de Estado 1976: Nunca mas!! Ni Olvido Ni Perdón
InfoporAnónimo3/25/2008

24 de Marzo.. Se cumplen 32 años del Golpe de Estado Genocida de 1976 La dictadura militar en Argentina 24 de marzo de 1976 - 10 de diciembre de 1983 El 24 de marzo de 1976 ocurrió lo que muchos esperaban: Isabel Perón fue detenida y trasladada a Neuquén. La Junta de Comandantes asumió el poder, integrada por el Teniente Gral. Jorge Rafael Videla, el Almirante Eduardo Emilio Massera y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti. Designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla. Dispuso que la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea compondrían el futuro gobierno con igual participación. Comenzó el audodenominado "Proceso de Reorganización Nacional". José Martínez de Hoz fue designado ministro de Economía y, el 2 de abril, anunció su plan para contener la inflación, detener la especulación y estimular las inversiones extranjeras. La gestión de Martínez de Hoz, en el contexto de la dictadura en que se desenvolvió, fue totalmente coherente con los objetivos que los militares se propusieron. Durante este período, la deuda empresaria y las deudas externas pública y privada se duplicaron. La deuda privada pronto se estatizó, cercenando aún más la capacidad de regulación estatal. Con ese clima económico, la Junta Militar impuso el terrorismo de Estado que, fuera de enfrentar las acciones guerrilleras, desarrolló un proyecto planificado, dirigido a destruir toda forma de participación popular. El régimen militar puso en marcha una represión implacable sobre todas las fuerzas democráticas: políticas, sociales y sindicales, con el objetivo de someter a la población mediante el terror de Estado para instaurar terror en la población y así imponer el "orden", sin ninguna voz disidente. Se inauguró el proceso autoritario más sangriento que registra la historia de nuestro país. Estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales y otros fueron secuestrados, asesinados y "desaparecieron". Mientras tanto, mucha gente se exilió. Algunas acciones del nuevo gobierno: Suspende la actividad política Suspende los derechos de los trabajadores. Interviene los sindicatos. Prohíbe las huelgas. Disuelve el Congreso. Disuelve los partidos políticos. Destituye la Corte Suprema de Justicia. Interviene la CGT. Interviene la Confederación General Económica (CGE). Suspende la vigencia del Estatuto del Docente. Clausura locales nocturnos. Ordena el corte de pelo para los hombres. Quema miles de libros y revistas considerados peligrosos. Censura los medios de comunicación. Se apodera de numerosos organismos. La censura Comunicado N° 19, 24/03/76 Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales. (Diario "La Prensa", 24 de marzo de 1976). Los "subversivos" El término "subversión" englobaba a las organizaciones guerrilleras -prácticamente ya extinguidas en marzo de 1976- pero también a los activistas o simpatizantes de cualquier movimiento de protesta o crítica social: obreros, universitarios, comerciantes, profesionales, intelectuales, sacerdotes, empresarios y más... No hubo "errores" ni "excesos", sino un plan deliberado. (Historia Visual de la Argentina contemporánea, Clarín, El "Proceso" Militar). La guerra sucia La "desaparición" fue la fórmula más siniestra de la "guerra sucia": el "objetivo" era secuestrado ("chupado" por un comando paramilitar ("grupo de tareas" o "patota" donde, convertido en un número y sin ninguna garantía legal, quedaba a merced de sus captores. La desaparición de personas fue un programa de acción, planificada con anticipación, estableciéndose los métodos por los cuales llevarlo a la práctica: arrojando a los "desaparecidos" al Río de la Plata (previa aplicación de sedantes) desde aviones o helicópteros militares y en fosas comunes; fusilamientos y ocultamiento de cadáveres, sin ningún tipo de identificación. La represión ilegal La dictadura de 1976 completó y profundizó el esquema de persecución y exterminio que comenzara sistemáticamente con la Triple A, liderada por Lopez Rega. Distribución de desaparecidos según profesión u ocupación Obreros......................................................................................... 30,0% Estudiantes................................................................................... 21,0% Empleados.................................................................................... 17,8% Profesionales................................................................................. 10,7% Docentes....................................................................................... 5,7% Conscriptos y personal subalterno de las Fuerzas de Seguridad........................................................... 2,5% Amas de casa............................................................................... 3,8% Autónomos y varios........................................................................ 5,0% Periodistas.................................................................................... 1,6% Actores y artistas........................................................................... 1,3% Religiosos..................................................................................... 0,3% (Informe de la Conadep, Nunca Mas, Eudeba, 1984) La tortura Todos estaban incluidos en la categoría de "enemigos de la nación". La metodología implementada consistió en la desaparición de personas, las cuales en realidad eran llevadas a centros clandestinos de detención, operados por las FFAA., donde se los sometía a interrogatorios basados en tormentos físicos. Los campos de detención Se levantaron centros clandestinos de detención y torturas. En estos laboratorios del horror se detenía, se torturaba y se asesinaba a personas. Se encontraban en el propio centro de las ciudades del país, con nombres tristemente famosos, como la ESMA, el Vesubio, El Garage Olimpo, El Pozo de Banfield o La Perla. Existieron 340 distribuidos por todo el territorio. Locales civiles, dependencias policiales o de las propias fuerzas armadas fueron acondicionados para funcionar como centros clandestinos. Estas cárceles clandestinas tenían una estructura similar: una zona dedicada a los interrogatorios y tortura, y otra, donde permanecían los secuestrados. Ser secuestrado o "chupado", según la jerga represora, significaba ser fusilado o ser arrojado al río desde un avión o helicóptero. Los desaparecidos Debido a la naturaleza, una desaparición encubre la identidad de su autor. Si no hay preso, ni cadáver, ni víctima, entonces nadie presumiblemente es acusado de nada. (Amnistía Internacional, en su informe sobre la desaparición de personas por motivos políticos). Hubo miles de desaparecidos: la Conadep constató más de 9.000 casos. Los organismos de derechos humanos hablan de más de 30.000. Apropiación de chicos Además del secuestro de adultos, hubo un plan sistemático de apropiación de niños. Los niños robados o que las madres parían en los centros de detención fueron inscriptos como hijos propios por muchos miembros de la represión, vendidos o abandonados en institutos. Durante la dictadura, los militares consideraban que los hijos de los desaparecidos debían perder su identidad. Por eso los hacían desaparecer y los entregaban a familias de militares. Ellos pensaban que la subversión era casi hereditaria o que se trasmitía a través del vínculo familiar. De la misma forma que a los hijos de desaparecidos se intentó quitarles su familia, a la sociedad en general se intentó quitarle esos antecedentes que, como los padres de esos chicos, eran considerados subversivos. (Diario "Página 12", 10 de diciembre de 1995) La noche de los lápices (16/9/76) La operación conocida como la “Noche de los lápices”, que se desarrolló entre agosto y octubre de 1976, implicó el secuestro y desaparición de estudiantes secundarios de la ciudad de La Plata, que habían luchado en defensa de un boleto estudiantil. "Vano intento el de la noche.. Los lápices siguen escribiendo" Madres de Plaza de Mayo El grupo Madres de Plaza de Mayo nació en 1977, integrado precisamente por madres de desaparecidos, cuya lista engrosaron también algunas de sus fundadoras. Se convirtieron en el más activo sector de oposición al gobierno. Desindustrialización La pequeña y mediana empresa fue sacrificada en el altar de la eficiencia, iniciándose un proceso de acelerada desindustralizacion, ante la imposibilidad de competir con productos provenientes del exterior. La aplicación de las recetas neoliberales no resolvió, sino que profundizó los problemas económicos. Especulación A comienzos de 1977, el ministro de Economía, José Martínez de Hoz, inició un experimento monetario, denominado "la tablita". Fue un sistema de devaluaciones preanunciadas que, sumado a la "ley de entidades financieras" de junio de ese año (que liberó el mercado de dinero y dio garantía estatal a los depósitos a plazo fijo), dio comienzo a la especulación o "bicicleta financiera". La plata dulce La dictadura implementó un plan basado en el liberalismo monetario, que era apoyado por bancos extranjeros y organismos internacionales. El funcionario encargado de cumplir el plan económico de los militares fue José Alfredo Martínez de Hoz. Puso fin al Estado intervencionista, a la protección del mercado interno y al subsidio a empresas. Se congelaron los sueldos. Dejó actuar al mercado libremente. Los resultados finales fueron desastrosos. Hubo un gran endeudamiento externo, las industrias quebraron y, al finalizar la dictadura, se desató la inflación. El conflicto del Beagle Las cuestiones limítrofes entre la Argentina y Chile estuvieron condicionadas por las circunstancias políticas imperantes en cada país. Bajo regímenes dictatoriales en ambas naciones, las diferencias fronterizas estuvieron a punto de derivar en una guerra abierta. En 1978, luego de que la Argentina rechazó el fallo arbitral británico, el conflicto por el Beagle alcanzó su punto más álgido. El 8 de enero de 1979, la Argentina y Chile firmaron el Acta de Montevideo, que sometía el entredicho a la mediación del Papa. Finalmente, la propuesta papal, conocida a través del cardenal Antonio Samoré, se dio a conocer el 12 de diciembre de 1980 y fue aceptada por la Argentina en 1984 después de una consulta popular no vinculante, en la que el "sí" al acuerdo se impuso por un amplio margen de votos. (Historia Visual de la Argentina contemporánea, Clarín, La Política Exterior) El Mundial '78 El triunfo final de la selección argentina en el Mundial de Fútbol ha supuesto que la Junta Militar que dirige el Gral. Videla haya cubierto con creces los objetivos que se propuso al emprender la organización del campeonato. Durante 25 días, los problemas del país argentino han pasado a un segundo plano y el título mundial conseguido por su selección los mantendrá oculto por más tiempo aún. (Diario "El País", junio de 1978) 1982: La guerra de las Malvinas En medio de la crisis política, económica y social del régimen militar, sorpresivamente el 2 de abril de 1982, tropas argentinas recuperaron las islas Malvinas. Tras frustrados intentos diplomáticos, la fuerza de tareas británica llegó al Atlántico sur y comenzaron las hostilidades. Con hitos como el hundimiento del crucero "General Belgrano" -que produjo 322 muertos- y del destructor británico "Sheffield", la guerra concluyó el 14 de junio, con la rendición argentina. La derrota marcó el derrumbe político del régimen. El regreso de los soldados arrojó luz sobre las sospechas de lo que habían padecido, sin los pertrechos y el entrenamiento suficientes para enfrentar a los británicos. Para defender las islas del ataque de ingleses bien entrenados y equipados, la junta militar procedió a reclutar jóvenes argentinos, sin instrucción militar, la mayoría de los cuales provenía de provincias pobres del interior del país. La derrota catastrófica de Malvinas y el conocimiento de la muerte de centenares de jóvenes argentinos (más de 600), deterioraron el frente militar, pero sobre todo, la reputación del ejército, al cual se consideró como mayor responsable del desastre. Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Unicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado.

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Retenciones, El camino acertado
OfftopicporAnónimo4/3/2008

La Teoría Económica contra los Argumentos del Campo Otra mirada Por Roberto NavarroDe las casi 95 millones de toneladas de granos que se cosecharán en 2008, más del 70 por ciento pertenece a grandes y medianos productores agropecuarios de la pampa húmeda. En estos grupos, aun con las retenciones móviles, la rentabilidad es tan grande que supera por lejos los niveles medios de la economía. La pelea de estos días era por esa renta extraordinaria. Los cientos de cortes de ruta, en cambio, tenían muchos significados distintos, según las distintas zonas, tipos de siembra, tamaño de campos, distancias con los puertos y otras características que distinguen a cada productor y a cada pueblo. La lucha por la renta es histórica en el país y se ha dado por distintos motivos. En la actualidad estas altísimas utilidades tienen que ver, fundamentalmente, con los precios internacionales de los commodities de productos agrarios. Hasta 2005, estaban más ligados al tipo de cambio real. En ambos casos, el campo recibió la ayuda oficial por la licuación de las deudas por la pesificación asimétricas y por combustible subsidiado. Cash convocó a los economistas Aldo Ferrer, Javier Rodríguez, Axel Kicillof y Juan Iñigo Carrera para aportar al debate sobre las características de la apropiación de la renta agropecuaria en Argentina, la legitimidad de las retenciones, la calidad técnica de las medidas y las asignaturas pendientes que tiene el Gobierno con el sector. La disputa por la renta agraria Por Javier Rodriguez * Gran parte del actual debate acerca del aumento del impuesto a las exportaciones de soja y girasol gira, en realidad, no tanto en torno de la alícuota que debe fijarse, sino sobre si deben o no aplicarse retenciones. Quienes sostienen que no deben aplicarse retenciones a las exportaciones de productos agropecuarios plantean que se trata de un impuesto distorsivo, que modifica por tanto las señales de precios. El carácter de distorsivo para estos autores (que creen que todo debe dejarse en manos de los mecanismos de mercado) es suficiente para desechar por completo dicha herramienta. Sin embargo, poco se han molestado en analizar los efectos de lo que ellos denominan distorsión. Las retenciones cumplen diversas funciones que son innegables. En primer lugar, reduce el precio de los alimentos en el mercado interno. Una política de alimentos baratos es esencial para el desarrollo integrado de un país. Adicionalmente, en un contexto de inflación como el existente a nivel nacional, y con precios internacionales en alza, el incremento de las retenciones es un instrumento necesario en la lucha antiinflacionaria. En tercer lugar, con las retenciones se pueden modificar las rentabilidades relativas de las distintas producciones, de forma que para los productores sea tan rentable producir soja, como otros cultivos o productos pecuarios. Desde ya, las retenciones sirven para captar una parte de la renta agraria. Y he aquí uno de los ejes del debate. Desde la doctrina del laissez faire critican las retenciones por constituir una transferencia de recursos de un sector específico. Omiten señalar que se trata de un impuesto que va sobre la renta, y no sobre ganancias, dados los niveles de rentabilidad presentes. Sin embargo, y esto es lo más contradictorio, nada dicen cuando la transferencia de renta ocurre, ya no por obra de un impuesto, sino a raíz de una sobrevaluación cambiaria. Esto es lo que ocurría en los años noventa, cuando la sobrevaluación actuaba en detrimento de los ingresos percibidos por exportaciones. Un trabajo que hemos publicado desde Cenda hace ya unos años mostraba que en realidad las transferencia debidas a la sobrevaluación eran mayores que las que se daban debido a las retenciones, en el año 2005. Las transferencias de renta son un fenómeno prácticamente inherente a las mismas, toda vez que éstas son ganancias que sobrepasan los niveles medios. Por ello, el debate que debe darse no radica en torno de si se aplican o no retenciones, sino en para qué se las aplica, es decir, cuál es el destino que se le da a esa masa de riqueza. La existencia de renta abre la posibilidad de potenciar el desarrollo industrial y agropecuario de un país. Pero eso no lo garantiza la mera presencia de renta. Tampoco es garantía que sea apropiada por medio de un impuesto. Para que la renta sirva para impulsar el crecimiento integrado del país, las retenciones deben inscribirse en un plan de desarrollo agropecuario e industrial. Lamentablemente, nada de ello se observa en la actualidad. La actual crisis deja como evidencia que el tipo de cambio y las retenciones no constituyen una política de desarrollo agropecuario. Que hacen falta políticas específicas que se complementen con las macroeconómicas para el desarrollo integrado de este sector. Pero no hay que confundirse: no es un problema exclusivo de este sector. Exactamente lo mismo debe decirse de la industria, donde ocurre algo similar. Sostener el tipo de cambio, si bien es una herramienta necesaria, no constituye por sí mismo una política industrial. Tampoco lo son medidas adoptadas de manera aislada. La actual controversia sobre las retenciones deja también nítidamente otra evidencia: la transferencia de recursos por la transferencia misma pierde legitimidad. Las transferencias en el marco de un plan de desarrollo posibilitan la mejora del bienestar de toda la población. * Economista del Cenda. La teoría económica contra los argumentos del campo Por Axel Kicillof * La teoría económica pura rara vez es noticia. Sin embargo, para comprender el actual conflicto que enfrenta a las asociaciones rurales y al Gobierno es imperiosamente necesario desempolvar viejas controversias conceptuales. En efecto, a primera vista, la pelea entre el campo y el Gobierno parece ser una simple cinchada para apropiarse de una bolsa de recursos, tironeo que, fuera de los desbordes verbales de los protagonistas, no parece encerrar ningún misterio. Porque, siempre en el terreno de las apariencias, nada hay más natural que el planteo del campo: dicen que tanto sus productos como la totalidad de su precio les pertenecen por completo y cualquier intento del Estado de apropiarse una parte es una intromisión inadmisible o, como gustan decir, una “confiscación”. Sin embargo, doscientos años de teoría económica desmienten esta apariencia. El argumento de las asociaciones agrarias en contra de las retenciones tiene tres pasos: 1. Como ocurre en cualquier negocio, el empresario realiza una inversión y en base a su inversión obtiene su producto; 2. Como ocurre en cualquier negocio, si los precios de venta de ese artículo se elevan, la ganancia adicional corresponde exclusivamente al productor. Nadie tiene derecho a meter la mano en el bolsillo ajeno; 3. Si el Gobierno pone un impuesto especial a una rama favorecida, está castigando al empresario que acertó al realizar su inversión y, sobre esa base, nadie querrá realizar nunca nuevas inversiones, ya que pensará que el Estado le va a quitar una parte si el negocio es exitoso. De estos tres puntos se deduce que, aunque el campo esté atravesando una época de bonanza, ponerle impuestos especiales configuraría una intromisión indebida en la libertad de empresa, generaría incertidumbre y acabaría finalmente con la inversión. La economía científica, no obstante, muestra con claridad aquello que el campo quiere negar: en la producción agropecuaria no ocurre lo mismo que en cualquier otro negocio. La diferencia es la siguiente. Si en una rama industrial se registrara un incremento de la demanda y un consecuente aumento de precios, los productores obtendrían ganancias extraordinarias. Pero en cualquier negocio estas superganancias serían sólo transitorias. Con el tiempo, podrían sumarse nuevas firmas que con una inversión similar producirían exactamente el mismo artículo en exactamente las mismas condiciones, aumentando así la oferta hasta que tal ganancia extraordinaria se esfumara. Sin embargo, autores como David Ricardo, fundador de la escuela clásica, o Alfred Marshall, fundador de la escuela neoclásica, señalaron que en la producción agrícola existe una diferencia sustancial: como la actividad se asienta sobre determinadas circunstancias climáticas y de fertilidad del suelo, a diferencia de otras ramas, ningún inversor puede reproducir esas mismas condiciones naturales, por más que hacerlo represente un excelente negocio. Mientras las máquinas e instalaciones industriales se pueden producir en escala más amplia cada vez que sea conveniente elevar la oferta, las magníficas tierras de la pampa húmeda se pueden comprar o vender, pueden cambiar de manos, pero no es posible multiplicarlas. En el campo se puede ampliar la oferta, pero utilizando peores tierras. Condiciones naturales más favorables significan menores costos y las tierras argentinas históricamente han permitido producir con costos menores, en relación con otras zonas, incluso a escala mundial. Es por eso y no por la pericia inigualable de los terratenientes argentinos, que llegamos a convertimos en “el granero del mundo”. Si bien el precio mundial del trigo, el maíz o la soja es el mismo para todos los vendedores, en algunas regiones de nuestro país los costos son muy inferiores. Mientras el precio de los productos industriales tiene, en términos generales, dos componentes: costos y ganancia, el precio de los productos agrarios tiene tres: costos, ganancia y renta del suelo. La renta es entonces equiparable a un precio de monopolio. Los dueños de las mejores tierras (como las de Argentina) se quedan con esa diferencia que no se debe a la inversión ni al esfuerzo sino a las condiciones naturales. La producción agraria no es como cualquier otro negocio, sino que podría decirse que en este sentido se asemeja mucho a la producción petrolera. En ambas existe una renta, un margen por encima de la ganancia normal debida al monopolio sobre ciertas tierras excepcionales. Es por eso que, fuera de las tierras marginales, en Argentina existe una fuente de ganancias extraordinarias o, más precisamente, de renta del suelo que deja en las manos de los propietarios un monto adicional cuando los productos se colocan en el mercado mundial. Es falso entonces que las retenciones impliquen una confiscación de la ganancia legítimamente obtenida por los inversores, como en cualquier negocio. Las retenciones gravan básicamente ese adicional del precio sobre la ganancia normal que obtienen quienes producen en tierras excepcionales, como las de buena parte de Argentina. Esta consideración teórica es, claro está, independiente del modo en que se utiliza la recaudación y lo es también del hecho de que quienes producen en zonas marginales (con los precios actuales la frontera se ha corrido significativamente) puedan recibir algún apoyo especial. Ante aumentos de los precios internacionales tan abruptos como los que experimentaron las exportaciones de nuestras exportaciones (la soja y el girasol casi se duplicaron en un año), lo razonable es aplicar impuestos que graven la renta del suelo. Los costos pueden haber aumentado, pero no se han duplicado, de manera que lo que creció es el componente renta. Las retenciones, aunque sean muy elevadas, pueden dejar ganancias razonables para el productor –similares y hasta superiores a las de otras ramas– y, además, mantener más bajo el precio interno de los alimentos. Aquí no está en disputa una porción de la ganancia, sino la renta del suelo originada en las condiciones naturales. Es cierto que los pequeños productores marginales sufren más y que puede brindarse un apoyo especial. Es cierto que debe discutirse el uso de los recursos. Pero es absolutamente falso que las retenciones sean una confiscación o un robo. Es estricta justicia distributiva. * Economista, investigador UBA/Conicet. De paros y riquezas sociales Por Juan Iñigo Carrera*“El campo” para porque, según dice, la sangría de las retenciones lo ahoga e impide su desarrollo. En vez de discutir en el aire pongamos cifras a la cuestión. “El campo” era enemigo jurado del gobierno en 1973-1975. La razón parecería obvia si se considera que, en particular mediante el monopolio estatal sobre el comercio de granos, el 44 por ciento del excedente del sector agrario fluyó fuera de él, dejándole sólo un promedio anual de 17 mil millones de pesos (en poder adquisitivo de 2007, como todas las cifras siguientes). Entonces, “el campo” apoyó la dictadura y festejó que su propio representante, José Alfredo Martínez de Hoz, terminara con aquel monopolio. Claro que, a través de la política activa del Estado nacional para sobrevaluar el peso, en el promedio de 1978-1981 “al campo” se le escapó el 42 por ciento de la suma de la ganancia y la renta del suelo agrarias, quedándole el equivalente anual a 15 mil millones pesos. Después, “el campo” se enamoró de Carlos Menem, porque sacaba las retenciones, y votó a Fernando de la Rua, porque seguía la misma política. Pero, nueva sobrevaluación del peso mediante, en el promedio 1991-2001 escapó “del campo” un 50 por ciento del excedente agrario, dejándole sólo 8 mil millones de pesos anuales. Durante 2002-2007, primero por la subvaluación del peso y luego por la suba de los precios mundiales, el excedente agrario aumentó un 83 por ciento. Pero la parte que quedó para “el campo” creció un 219 por ciento, ya que sólo debió ceder el 23 por ciento de éste. Recibió así un promedio anual de 27 mil millones de pesos. En 2007, esta suma ascendió a 39 mil millones de pesos. Con todo, “el campo” añora la política neoliberal y aborrece la política “intervencionista” de ideario “nacional y popular” del Gobierno. Sin embargo, ambas políticas, aparentemente irreconciliables, se hermanan en la continuidad del flujo de la renta del suelo agrario hacia fuera “del campo”. Lo cual muestra que dicho flujo es una condición inherente a la estructura económica argentina en su unidad. Y, por lo tanto, que es una condición para la apropiación de riqueza social por “el campo” mismo. Según el Gobierno, las retenciones son en beneficio de la población trabajadora. Sin embargo, en el año 2007 el salario promedio de la economía apenas arañaba el poder adquisitivo que tenía en 2001. A su vez, este salario equivalía escasamente al 56 por ciento del de 1973-1974. Con semejante evidencia no puede sino concluirse que la riqueza social apropiada mediante las retenciones, y en su momento mediante la sobrevaluación del peso, sólo sirve para alimentar un proceso nacional de acumulación de capital que, mientras reproduce prósperamente hoy a los llorosos propietarios rurales, condena a la clase trabajadora al empobrecimiento aun en pleno auge económico. * Economista. Docente de la UBA. Debate sobre el rumbo del desarrollo nacional Por Aldo Ferrer * El campo es una actividad fundamental de la economía nacional y no un segmento del mercado mundial. En consecuencia, debe administrarse el efecto de los precios internacionales sobre el nivel general y los precios relativos de la economía argentina. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-3433-2008-03-30.html Cuando se cuestiona la legitimidad de la administración del efecto de los precios internacionales sobre una economía nacional, se supone, implícitamente, que los sectores involucrados son un segmento de la economía mundial y que, por lo tanto, sus señales no pueden ser manipuladas por las políticas públicas. Esta concepción, que prevalece en los países especializados en la producción y exportación de productos primarios y está presente en el actual debate en el país, es el origen de la llamada “maldición de los recursos naturales”. Porque, en efecto, los países que generan rentas elevadas en la explotación de sus recursos naturales y se resignan a tener estructuras productivas subindustrializadas dependientes de su producción primaria nunca se liberan del subdesarrollo, la vulnerabilidad ante las contingencias del mercado mundial, la pobreza y la exclusión social. Una de las causas por las cuales esto sucede es la fijación del tipo de cambio al nivel necesario de la rentabilidad de la explotación del recurso natural, pero insuficiente para la de los otros sectores productores de bienes sujetos a la competencia internacional. Es el ejemplo clásico de la “enfermedad holandesa”. Las retenciones sobre determinados productos, los subsidios y los tipos de cambio diferenciales para abrir espacios de rentabilidad en toda la producción de bienes transables a escala federal son instrumentos legítimos e indispensables de una política de equilibrio macroeconómico, distribución equitativa del ingreso, acumulación y crecimiento. Esos instrumentos de la política económica no deben reducirse a objetivos coyunturales o parciales, como por ejemplo los tributarios. Deben formularse en el marco de una estrategia que abarque la administración del corto y el desarrollo de mediano y largo plazo. De políticas que incluyan la integración de las cadenas de valor, el aumento del valor agregado, la incorporación de insumos y conocimientos de origen interno, el desarrollo de las regiones, la atención de las necesidades específicas de las diversas unidades productivas, la diversificación de la estructura productiva, la generación de empleo y la asignación eficiente de los recursos disponibles. Las señales que transmite la política económica deben ser firmes, creíbles y consensuadas en la mayor medida posible con los actores privados involucrados, pero, en definitiva, es responsabilidad del Estado colocarse por encima de los reclamos sectoriales para abarcar la totalidad de los intereses en juego y defender el interés nacional y la equidad. Los reclamos de las entidades ruralistas son comprensibles, pero sólo son defendibles si se ubican en una perspectiva integradora del desarrollo nacional y la aceptación, categórica, concluyente y definitiva, de que el campo, como la industria y todos los sectores productores de bienes transables, es, en primer lugar, un sector fundamental de la economía nacional y no un segmento más del mercado mundial. Debe admitirse, por lo tanto, que la administración de los precios internacionales es una responsabilidad ineludible del Estado nacional, lo cual no implica, en modo alguno, cerrar el debate. Porque lo que sí debe debatirse es la calidad y las consecuencias de las medidas adoptadas sobre los objetivos que ellas mismas persiguen. Surgen, de este modo, cuestiones cruciales como el impacto de las medidas sobre las diversas unidades productivas y regiones, la evolución de los costos de producción, la rentabilidad y las expectativas, el desarrollo de la infraestructura y la integración de la cadena agroalimentaria con la industria y el sistema nacional de ciencia y tecnología. La polémica histórica sobre estas cuestiones, que nunca resolvimos bien, se reaviva, ahora, en una situación nueva del mercado mundial por la incorporación de China e India a la expansión del espacio Asia Pacífico, inaugurada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial por Japón y los “tigres asiáticos”. Esto está provocando un aumento extraordinario de la demanda de alimentos, materias primas y energía y, por lo tanto, una notable valorización de los recursos naturales. La Argentina, como la mayor parte de América latina, cuenta con un territorio excepcionalmente dotado de recursos naturales y es destinataria de la expansión de la demanda originada en Extremo Oriente. En este escenario mundial, la actual polémica sobre las retenciones es mucho más que un diferendo transitorio sobre la distribución del ingreso y la apropiación fiscal de una parte del aumento de los precios internacionales de las exportaciones primarias. Es, ni más ni menos, que la renovación del debate sobre el rumbo del desarrollo nacional. Si queremos evitar renovar la “maldición de los recursos naturales”, es decir reproducir indefinidamente una estructura productiva subindustrializada, subintegrada e incapaz de generar empleo y bienestar, es preciso aprovechar las excepcionales condiciones actuales del mercado mundial para impulsar el pleno desarrollo de la cadena agroindustrial en el marco de una economía industrializada y compleja capaz de gestionar el conocimiento e incorporarlo en todo el tejido económico y social del país. * Profesor titular de Estructura Económica Argentina, UBA. http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-3433-2008-03-30.html

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