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sasukex_x

Usuario (Argentina)

Primer post: 29 mar 2016Último post: 31 mar 2016
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Nadie lo quiere
Nadie lo quiere
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/29/2016

A él nadie lo quiere Nació hace poco más de ocho años, fue producto de una noche de alcohol y sexo despechado. Ella es de esas mujeres que nacen despechadas y llenan vacíos del alma con visitantes sin protección entre sus piernas. Él, el padre, es de los que nacen borrachos y a los que nadie abraza cuando es pequeño; creció en un ambiente violento y está condenado a repetirlo porque así de injusta es la vida. Ellos se conocieron una noche en algún sucio y oscuro callejón . Ese mismo lugar que ha sido testigo de otros amores de calle. Ella tiene muchas sangrías encima. Él, el padre, han mezclado cervezas con ron barato porque según él, ese es el psicólogo del barrio. Ellos terminaron en alguna cama cutre en aquel barrio. Él se le montó encima, acabó rápido y adentro mientras ella fingió un orgasmo. Él se quedó dormido, mientras ella lloraba la vida de despechos que carga encima. La vida juega rudo con aquellos que no comprenden la audacia del destino. Nueve meses después, en un hospital de la capital nació él, el hijo; fruto de una noche de alcohol y sexo de despecho, porque ella nació despechada y él nació borracho. Hoy, casi ocho años después, lo baten de un lado a otro reclamando una falsa paternidad que ninguno quiere -realmente-reconocer. Él, el hijo, llora y grita que no le hagan daño. Pero es tarde. A él ya le han hecho daño muchas veces y eso parece que nadie lo ve. A él nadie lo quiere porque ellos tampoco se quieren. Él repetirá el modelo y el ciclo probablemente termine cuando nazca uno más capaz de superar el trauma. La vida es injusta con los que nacen con el único pecado de haber sobrevivido al parto.

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Monólogo de una histérica
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/31/2016

Sofía era toda una histérica. Histérica en la calle, en la casa, en la cama. Histérica hasta en la playa. Pasaba el día histérica. No entendía por qué. Disfrutaba del buen sexo casual, de ese que te hace gritar y no precisamente de histeria. Ella sencillamente era así. En la sala de su piso en Buenos Aires siempre estaba la computadora, los libros, el Kindle, el cenicero y los cigarrillos, de vez en cuando un porro y un copa de vino. Sus vecinos la veían cuando se paraba en la ventana con camisa larga, en pantaletas y medias a leer del periódico mientras se fumaba un cigarrillo. Un día, sólo se escuchaba esto: Es que claro, si yo todo lo estaba haciendo bien hasta que decidió que quería ser bueno en la cama. Yo no le contestaba los mensajitos, era él quién me buscaba, el que me hablaba por todos lados. Es que siempre es exactamente lo mismo. Si una lee para entonces ellos se van. No entiendo. Debe ser la crisis de la cultura occidental. Yo soy parte de esa crisis, porque eso de saltar de cama en cama, pues solo puede ser parte de esa “crisis” que le llaman. Es un carajo de madre, se lo pregunté y me mintió. Y el otro, ni me contesta “No me escribas más” ¿Quién carajo se ha creído? Es que no los entiendo, ni a este, ni al otro. Y la cocina no me prende, necesito que prenda. El sonido del encededor, otro cigarro más, un trago de ron. Chinchuda, eso es lo que soy, chincuda. Debería dejar de saltar por las camas. Eso es, necesito un break de hombres. Comenzaré a estudiar algún otro idioma, pensaré cómo aprovechar mejor el tiempo, jugaré a no pararle bolas a la vida. Total, no sería primera vez que lo hiciera. También podría cambiarme de ciudad, me están cansando los porteños y su quejadera sobre la “crisis” económica, es que TODO ES UNA CRISIS y después dicen que soy una histérica. Que lo soy, lo sé, no lo niego, pero demonio, el mundo también anda en eso de “crisis”, es que es moda. Todo es moda. Una llamada de teléfono, Marcela, Aureliano, todas estaban en problemas. Ah no, y estás después que me joden me llaman a decirme que necesitan de mi ayuda, quién las manda a venirse. Debieron quedarse en su país, total, allá estaban sus “ellos”. Es que no me da la gana de ayudarlas. Quiero seguir así.. Bueno, la tinta en el pie, lo sé, ni modo, qué se le va a hacer. Pasaron 45 minutos, se puso el pantalón, las botas, salió. No señor, no tengo ni un mango, mi país sí está en crisis y yo aquí no tengo dinero. NO, allá menos dinero tengo. Quién pensaría que yo terminaría sentada en este café. Aquí comenzaron algunas de las histerias que se han contado. Las historias que se cruzan, las amigas que pasan noches en la misma cama, las manos que se entrelazan y las lenguas que intercambian fluidos. Una noche más en Buenos Aires, el frío del invierno, las ganas de correr y la histeria que no la dejaría en paz. Pasó días con su locura, con sus gritos y sin ganas. Yo mejor sigo en lo mío, los hombres que van y vienen se quedarán guardado en las huellas de mi cuerpo, en la experiencia que gano y en cuentos para ser narrados.

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