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Primer post: 21 nov 2009Último post: 25 nov 2009
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Bilardo, un entrenador sin reparos éticos
InfoporAnónimo11/25/2009

CARLOS SALVADOR BILARDO, UN ENTRENADOR SIN REPAROS ETICOS Un eslabón de una larga cadena de trampas La historia del bidón de Branco en el Mundial ’90 reavivó una vieja polémica que varios protagonistas dieron por cierta, pero que es sólo una anécdota más en el extenso recorrido del ex DT de la Selección Argentina. Por Carlos Ares El desliz o la imprudencia de Diego Maradona, que, en un recuento de anécdotas en un programa de televisión, reveló a la luz pública una historia conocida en la penumbra de los vestuarios, permitió descubrir la verdadera cara de Carlos Bilardo, el entrenador responsable de aquella acción. No fue la primera ni la última de las suyas. Ya en 1977, el “Toto” Juan Carlos Lorenzo, técnico de Boca, equipo que debía disputar en Colombia la final de ida de la Copa Libertadores frente al Deportivo Cali, hacía destapar en la mesa, delante de él, las botellas de gaseosa y agua que tomarían los jugadores en las comidas porque temía que Bilardo, entonces entrenador del Cali, sobornara a los ayudantes de la cocina para que les pusieran “algo” en la bebida. La noche previa al encuentro, cuando Boca hizo un entrenamiento a puertas cerradas para ensayar la táctica, Bilardo fue sorprendido por un reportero gráfico trepado a un portón del estadio. A la noche siguiente, el campo apareció encharcado en los sitios por los que se desplazaban los jugadores más técnicos de Boca. Y no había llovido. Hasta hace dos temporadas, cuando volvió a dirigir a Estudiantes tras fracasar en Boca y retirarse de la actividad, Bilardo ordenaba todavía inundar ciertos sectores si consideraba, por ejemplo, que el rival remataba bien los tiros de esquina. Todas sus mañas, como despertar a un jugador en la mitad de la noche para preguntarle a quién debía marcar al día siguiente o la de recomendar a las esposas que obligaran a sus maridos a hacer el amor acostados debajo de ellas, para que no se desgastaran físicamente, formaban parte de su manual del entrenador que debía “estar en todo” porque, según explicaba, “el fútbol es para los vivos”. Pero el fútbol, un deporte tan democrático que permite jugar en igualdad de condiciones a pobres, ricos, altos, bajos, gordos y flacos y da oportunidad de destacarse a todos, tiende además con el tiempo a ser justo en el reparto de los triunfos y las derrotas. Tal vez sean esas condiciones, la justicia y la verdad, las que constituyen parte de su belleza como espectáculo y las que avivan el fuego de la pasión entre los hinchas. Salvo que alguien, alguno de los protagonistas del juego o de la organización, haga trampa. Bilardo fue siempre uno de ésos, alguien que no tuvo reparos éticos ni respetó los límites reglamentarios en la persecución del objetivo que nunca ocultó: “Lo único que importa es ganar”. Los éxitos conseguidos primero como jugador del mítico equipo de Estudiantes que entrenaba su maestro, Osvaldo Zubeldía, y luego como entrenador también de Estudiantes y de la Selección Argentina que ganó el Mundial de México 1986 y disputó la final del de Italia 1990, llevado siempre de la mano por Maradona, dieron fama y trascendencia internacional a alguien que no se merecía tanto. De no suceder algún imprevisto, Bilardo iba a quedar en la historia como “el adelantado táctico” que él cree ser bajo la máscara de incoherente, alienado y obsesivo con la que se disfraza y no como el mediocre vendedor de quincalla que es. A Roberto Perfumo, considerado uno de los mejores zagueros centrales de la historia del fútbol argentino, se lo recuerda además por una formidable patada que le tiró a Bilardo durante un Estudiantes-Racing a finales de los años ’60. El partido se retransmitía por televisión y la imprevista reacción de Perfumo, que no llegó a tocar a Bilardo a pesar de que le llegó con su pie casi hasta el mentón, provocó su inmediata expulsión. Perfumo explicó que en ese momento de furia lo habría “partido por el medio”. Un deseo compartido por todos sus rivales de entonces. Bilardo, como capitán de Estudiantes, junto con otros líderes, se dedicaba a averiguar asuntos personales de sus adversarios. Al arquero de Racing le preguntaban con quién estaría en ese momento su esposa, a la que llamaban por su nombre. El episodio más dramático sucedió con Raúl Bernao, mítico puntero derecho de Independiente, al que se le había disparado su arma en una partida de caza. El accidente causó la muerte de un compañero. En el partido siguiente los jugadores de Estudiantes se turnaban: “Asesino, mataste a tu amigo y seguís jugando al fútbol”. Todo les servía. Echaban tierra a los ojos de los arqueros en los saques de esquina a favor, pinchaban con alfileres, manipulaban al árbitro... Los buenos jugadores, como Juan Ramón Verón, padre de la “Brujita” Juan Sebastián, o el defensor Raúl Madero, el médico de aquel equipo argentino que jugó frente al brasileño en 1990, marcaban la diferencia de calidad y Estudiantes logró tres Copas Libertadores y la Intercontinental. Hasta que el ciclo terminó tras una violenta final contra el Milan, en 1970, cuando tres jugadores acabaron en la cárcel. Las trampas de Bilardo no le habrían valido como seleccionador de Argentina ni en competencias internacionales. Pero el destino le puso en las manos a Maradona en su plenitud. Todos los jugadores que llevó al Mundial de 1986 coinciden en que el equipo llegó en pésimas condiciones anímicas. “Ya habíamos ganado el primer partido, frente a Corea, y aun así, en una reunión posterior, si hubieran puesto pasajes de regreso a Buenos Aires sobre una mesa, nos habríamos matado por ver quién se quedaba con uno”, relata Jorge Valdano. Nadie soportaba a Bilardo. Pero jugaba Maradona, el equipo ganaba y se fortalecía. En 1990, la situación era aún más delicada. Maradona ya consumía cocaína y, a pesar de su ingreso previo en una clínica especializada, no estaba bien. Además le pegaron demasiado y al tercer partido tenía ya el tobillo como una pelota de tenis. Bilardo no pensaba en cuidarlo. Quería que jugase y le ordenaba infiltraciones de calmantes. En los cuartos de final, el 24 de junio de 1990, se disputaba el clásico con Brasil y la derrota podría ser histórica con Maradona en esas condiciones. Bilardo no sabía cómo parar los tiros francos de Branco, el lateral brasileño. Entonces recurrió a la trampa. Según Maradona, “alguien picó un Rohypnol (un sedante) en el bidón y se pudrió todo”. José Basualdo, ex internacional argentino y ahora entrenador de Universitario de Perú, confirmó la versión de Maradona: “La historia es cierta. Nos acercamos y Galíndez nos dio unos bidones. Yo tomé de otro. Pero Branco se llevó el que tenía la sustancia somnolienta. Justo él, que ejecutaba los tiros libres”. Pero no todos estaban implicados. Al “Vasco” Julio Olarticoechea, marcador lateral, uno de los enterados le advirtió: “¡No, no tomés de ése. Tomá del otro!” Miguel Di Lorenzo, un personaje inocente, cómico, obediente, a quien todos conocen como Galíndez por el parecido con el ex boxeador campeón mundial y que ya divertía a Maradona cuando se lo llevó de masajista personal a Barcelona en 1982, tuvo que conceder una rueda de prensa ante las acusaciones. El actual masajista de San Lorenzo lo negó todo: “Lazaroni, el entrenador de Brasil, ensució a Bilardo; a Madero, el médico; a gente respetable. Y a mí. No le di nada a Branco ni a ningún jugador de Brasil. Del mismo bidón tomaron Giusti, Burruchaga... Y no les pasó nada. Y a vos, Branco, te digo que, si saliste mareado de tu vestuario, ¿qué culpa tengo yo? Si te llego a dar veneno, no terminás (...). Fue una broma de Diego”. En la Argentina, si alguien del fútbol cuenta lo que no debe es advertido de que faltó a los códigos. La primera reacción de Julio Grondona, elegido bajo la dictadura militar presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, hace ya 27 años, y vicepresidente de la FIFA, a cargo de las finanzas –un modesto comerciante que en los últimos 20 años, sin que se le conozcan otros ingresos, acumuló una de las fortunas más importantes del país–, se ajustó a esos códigos. Denunció al denunciante: “Maradona no estaba en su sano juicio”. Y añadió: “¿Qué bidón? Habrá que buscar el bidón, a ver qué dice. Hay que hacerle una inspección, a ver si estaba agujereado”. El que quiera oír que oiga y el que quiera ver que vea. Todo está a la vista. Al menos, desde que Argentina venciera por 6-0 a Perú en 1978 y pasase a la final del Mundial de ese año, que organizó y ganó bajo la dictadura. Grondona se hizo cargo entonces del silencio cómplice y, durante su mandato, el negocio del fútbol fue entregado a una empresa de televisión en exclusiva hasta el 2014. La participación de empresarios, intermediarios, comisionistas, ladrones y parásitos llevaron a la quiebra a la mayoría de los clubes. El fútbol argentino se convirtió así en una fábrica de engordar pibes para venderlos. Pero si es verdad, como se sabe, que esta pasión popular expresa a toda una sociedad, ¿por qué nadie más reacciona frente a hechos criminales que pervierten el sentido último de lo que aún debe reconocerse como un deporte? Ni el Gobierno, ni los funcionarios, ni siquiera los periódicos han sostenido posiciones editoriales reclamando una investigación sobre hechos que manchan a los inocentes y ponen en duda 100 años de historia. Sólo el presidente de Boca, Mauricio Macri, se atrevió: “Lo del bidón de Branco no debería llenarnos de orgullo. Esa clase de viveza criolla nos llevó siempre al fracaso. Y el deporte habla de nuestra sociedad”. El masajista Galíndez se sintió aludido y parecía representar el sentimiento mayoritario de los aficionados cuando le contestó: “¿Qué puede hablar Macri? Cuidá tu club. Querés subir de gobernador, de intendente de la Capital... Tenés riqueza, plata, pero no te metás conmigo, eh. Te quiero mano a mano, sin abogados, sin diputados, sin senadores. Te tirás contra los argentinos. Y tenés que dar gracias de que naciste con plata y en la Argentina”. Ahora se explica mejor por qué entrenadores como Marcelo Bielsa o Carlos Bianchi renuncian al máximo orgullo, el de conducir a la Selección. Dicen: “No”. Al menos, mientras esté bajo el control de Grondona. link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=rvB-8tTphws Fuente (es una noticia vieja pero el articulo cuenta anécdotas desconocidas)

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Maradona (Hyper-Megapost)
Maradona (Hyper-Megapost)
InfoporAnónimo11/21/2009

El apellido Maradona es conocido por todos los argentinos y por todo el mundo por Diego, el brillante futbolista que con su magia dejó a la celeste y blanca en lo más alto. Pero aquí les contaremos de otro Maradona el Dr. Esteban Laureano Maradona un médico menos conocido pero que también realizó grandes proezas en su profesión y merece este reconocimiento y homenaje. El Dr. Maradona, fue un médico que se preocupó por los más humildes y olvidados del monte formoseño, atendió a los aborígenes, a los leprosos, a los más pobres sin cobrar honorarios. Además fundó una colonia, una escuela y escribió libros. Leamos y conozcamos a este verdadero ejemplo de médico y de persona... Esteban Laureano Maradona (n. Esperanza, provincia de Santa Fe 4 de julio de 1895 – m. Rosario, Argentina 14 de enero de 1995) fue un médico rural, naturalista, escritor y filántropo argentino famoso por su modestia y abnegacíon, que pasó cincuenta años en una remota localidad de FormosaEstanislao del Campo, ejerciendo desinteresadamente la medicina. Su vida fue un ejemplo de lucha y altruismo. Ayudó a comunidades indígenas en todo aspecto: tanto económico como cultural, humano y social. Escribió libros científicos de antropología, flora y fauna. Renunció a todo tipo de honorario y premio material viviendo con suma humildad y colaborando con su dinero y tiempo con aquellos que más lo necesitaban a pesar de que pudo haber tenido una cómoda vida ciudadana, gracias a sus estudios y a la clase social a la que pertenecía. Un par de frases por él dichas sintetizan muy bien su pensamiento sobre su profesión y su manera de vivir: Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, este es bien limitado, yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien a mis semejantes. Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado. Sus primeros años Es descendiente de varios próceres de San Juan. De Plácido Fernández de Maradona que fue gobernador en varias ocasiones y ministro de Benavídez, y de José Ignacio Fernández de Maradona (hijos de español Francisco Fernández de Maradona c.c. Francisca Arias de Molina y Jofré, arribado de San Pedro de Arante, España, en el año 1748) jesuita y primer diputado electo por el pueblo de San Juan al ser reputado como el "mejor probidad" ante la Junta Grande de 1810 en Buenos Aires. Su madre se llamaba Petrona Encarnación Villalba Sosa y era hija de Esteban Villalba de origen santiagueño. Trabajó muchos años a cargo del cuidado de la hacienda de la familia Ezeiza, quienes al regresar al país de su exilio político, encontraron que no sólo don Esteban Villalba había cuidado su hacienda en su ausencia, sino que la había duplicado. Gracias a su honestidad, los Ezeiza le otorgaron grandes cantidades de patacones de plata a don Esteban, que luego de ello, costeando el río Paraná, se detuvo por la zona de Barrancas y Coronda, ambas en la provincia de Santa Fe, y compraron hectáreas de campo. Don Esteban Laureano Maradona Villalba, hijo de Waldino Maradona (sanjuanino, llegó a ser senador de Santa Fe. Muy amigo de Domingo Faustino Sarmiento, el historiador Juan Manuel Cervera narró su historia en la obra "Waldino B. Maradona, un civilizador de provincia", también fue maestro, periodista y productor rural) y de Encarnación Villalba (estanciera). Esteban Laureano pasó entonces su infancia a orillas del río Coronda, donde su padre se desempeñaba como maestro en la estancia Los Aromos. Allí aprendió jugando a vivir en el monte, cazar y pescar. El recuerdo de la vida ejemplar del doctor Maradona se funde con el homenaje a todos los médicos rurales argentinos, cuyas historias anónimas nos esconden sus nombres y sus desvelos: el 4 de julio, día de su nacimiento ha sido declarado por ley Día Nacional del Médico Rural. Antes de entrar en la adolescencia, se vio obligado a dejar su paraíso, pues la familia se trasladó a vivir a Buenos Aires. En ella se recibió de médico dos décadas después, en 1928. Se instaló unos meses en la Capital Federal y luego se fue a vivir a Resistencia, capital del entonces Territorio Nacional del Chaco. Por persecuciones políticas emigró al Paraguay, y ofreció sus servicios para desempeñarse como médico en la "Guerra del Chaco", sostenida entre Bolivia y Paraguay, y que acababa de estallar. Se lo incorporó en la Armada y estuvo contento de que se le confiarán enfermos y heridos de los dos países, pues según sus palabras, "el dolor no tiene fronteras". Terminada la guerra, volvió a la Argentina, a pesar de que el gobierno paraguayo le pidió que se quedar. En nuestro país se desempeñó primero como "camillero" pero tres años después era el Director del Hospital Naval. En medio de un viaje en tren que lo llevaría de Formosa a Tucumán, sucedió un curioso episodio: el tren que lo transportaba se detuvo a hacer un trasbordo de pasajeros en Estanislao del Campo, un pequeño pueblito del monte formoseño, allí una parturienta se debatía por su vida y la de su hijo en un parto y siendo el único médico que andaba por el lugar se quedó atendiéndola. Los lugareños no dudaron en pedirle que se quedará en el poblado puesto que allí no había ningún médico que los atendiera. Fue así como desde ese año 1935 y durante 25 años permaneció viviendo en Estanislao del Campo. Al poco tiempo de vivir allí, vió aparecer a los aborígenes de las cercanías. Llegaban de cuando en cuando a los comercios y viviendas de los límites del poblado, ofreciendo canjear plumas de avestruces, arcos, flechas y otras artesanías por alguna ropa o alimento que necesitaban. Eran tribus de tobas y de pilagás. Habían sido soberanos en esos montes; pero ahora deambulaban por ellos como espectros en fuga: derrotados, miserables, desnutridos, enfermos y heridos de muerte por las invasiones extranjeras, que los castigaron sin razón ni piedad. Se conmovió hasta los más profundo de su ser cuando advirtió la desventura que flagelaba el espíritu y el cuerpo de esos semejantes, y entendió que era su obligación moral aportar algún esfuerzo que contribuyera a beneficiarlos. En ese cometido, realizó gestiones ante el Gobierno del Territorio Nacional de Formosa y obtuvo que se les adjudicara una fracción de tierras fiscales. Allí, reuniendo a cerca de cuatrocientos naturales, fundó con éstos una Colonia Aborigen, a la que bautizó "Juan Bautista Alberdi", colonia que fue oficializada en 1948. Les enseñó algunas faenas agrícolas, especialmente a cultivar el algodón, a cocer ladrillos y a construir sencillos edificios. A la vez, los atendía sanitariamente, todo, por supuesto, de manera gratuita y benéfica, hasta el extremo de invertir su propio dinero para comprarles arados y semillas. Luego edificaron una Escuela, la primera bilingüie del país, donde enseñó como maestro durante tres años, dando clases en castellano y en la lengua de esos aborígenes. Su misión en Estanislao del Campo Viajando ya por lo que en aquel entonces se conocía como Territorio Nacional de Formosa, el tren que lo transportaba realizó una parada en la estación Estanislao del Campo (en aquel entonces denominada Guaycurri). Este era un villorrio formado por unos pocos ranchos sin ningún tipo de servicio de luz, agua corriente, electricidad o gas, inmerso en el monte chaqueño. Una persona del lugar le pidió sus auxilios como médico para una parturienta que se encontraba en estado muy grave. Después de prestarle exitosamente atención y regresar a tomar el tren se encontró con un grupo de vecinos sin recursos que le rogaron para que no se fuera dado que no había ningún médico disponible varios kilómetros a la redonda. Maradona no lo dudó y se quedó, a pesar de que esto le hizo no solo perder su viaje sino también un trabajo seguro en Buenos Aires. Más aún, trabajaría allí por 51 años, viviendo siempre en una humilde vivienda de ladrillo, sin electricidad ni ningún otro tipo de servicio y prestando ayuda sin cobrar un peso a la comunidad indígena del lugar, formada por tobas, matacos, mocovíes y pilagás. Medio siglo después comentaría su arribo a Estanislao con estas palabras: "Cuando yo llegué empezaron los problemas. Todo esto era monte, sólo había cuatro o cinco ranchos y estaba todo rodeado de indios, que por otra parte me querían matar. Tanto que uno de ellos, que era famoso, me agarró de las solapas y me sacudió, amenazándome. Pero nunca les tuve miedo ni me demostré asustado. Y no por dármelas de valiente. Sino que soy así nomás. Pero con la palabra dulce y la práctica de la medicina, tratando las enfermedades, dándoles tabaco y consiguiéndoles ropas, las cosas fueron cambiando. Así los traté hasta hoy. Me remangué, me metí en el monte sin ningún temor, arriesgando mi vida y también mi salud". En efecto, la comunidad indígena del lugar al principio le tuvo recelo, dado que en general los blancos los habían engañado y maltratado y por lo tanto no confiaban en la medicina del doctor. Sin embargo con el tiempo logró trabar amistad con los caciques del lugar y granjearse el respeto de todos, interiorizándose de sus necesidades y logrando erradicar de la zona terribles enfermedades como la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, el cólera y la sífilis. Por todo esto, los indios lo llamaban Plognak (que significa "Dr. Dios" en pilagá). Se dedicó además a investigar científicamente la vida y cultura de los pueblos originarios, así como la fauna y flora de la región. Logró que el gobierno le adjudicara algunas tierras fiscales en las cuales fundó la "Colonia aborigen Juan Bautista Alberdi" (oficializada en 1948), les enseñó trabajos agrícolas y a construir casas con ladrillos confeccionados por ellos mismos, ya que hasta ese momento vivían desnutridos y enfermos sobreviviendo con el intercambio de artesanías por ropa y comida. Colaboró con su dinero en la compra de herramientas y semillas, fundó instituciones para cobijar y recibir indígenas marginados, proyectó un camino hacia el río Teuco, exploró fuentes de agua potable, realizó mejoras en la estación ferroviaria y ayudó a erigir la comisaría del pueblo. Despreció toda forma de poder que sus esfuerzos podrían haberle redituado. Dejó testimonio de todos sus contratiempos, esfuerzos y luchas en su libro A través de la selva. Éste es un estudio antropológico de gran valor sobre la cultura indígena. Realizó también una valiente denuncia de las condiciones de vida de los indígenas y de su explotación en los ingenios azucareros. Con estas críticas logró que en 1936 las autoridades le dieran su apoyo en un programa de promoción humana y social. Maradona también fundó una escuela rural (en la cual se desempeñó como docente por tres años) que a pedido de él recibió el nombre de uno de sus tatarabuelos, José Ignacio Maradona, quien había sido representante por San Juan ante la Junta Grande (1810-1811) y responsable de que en 1811 se sancionara el decreto que extinguía el tributo que pagaban los indios a la Corona de España. Este decreto y otros relacionados con libertades otorgadas a los indios por los gobiernos patrios se mencionan en la obra de Esteban Maradona A través de la Selva, donde se sugiere que aún no han sido puestos en práctica. Sus últimos años de vida En 1981 un jurado compuesto por representantes de organismos oficiales, de entidades médicas y de laboratorios medicinales, lo distinguió con el premio al "Médico Rural Iberoamericano". A principios de junio de 1986, se enfermó. Entonces un sobrino que residía en Rosario, el doctor José Ignacio Maradona y su esposa Amelia, lo hicieron traer para que lo asistiesen y se quedara a vivir con su familia. Cuando lo conducían pidió que no lo llevaran a un nosocomio privado; quería que lo internaran en un hospital público, "adonde va la gente pobre". Accediendo a sus deseos se lo internó en el Hospital Provincial. En 1986 enfermó y debió trasladarse a la ciudad de Rosario, donde vivía su sobrino. Llegó en un estado calamitoso por lo que debió internarse inmediatamente en un hospital. Ya de alta se fue a vivir con la familia de su sobrino de donde no se mudaría más. Murió de vejez, poco después de despuntar la mañana del 14 de enero de 1995; le faltaban apenas unos meses para cumplir los cien años. Fue sepultado en el panteón de la familia "Maradona Villalba", en el cementerio de la ciudad de Santa Fe, junto a sus padres. En sus últimos años recibiría muchos homenajes y distinciones y no aceptaría ningún tipo de pensión vitalicia. Murió de vejez, a los 99 años, en Rosario, pero sus restos se guardan en la ciudad de Santa Fe en el panteón de su familia Maradona-Villalba. Un poeta de su ciudad natal, Esperanza, le dedicó en vida unas estrofas que, como reconocimiento popular, recorrieron la región: Sea quichua, toba u ona, La tribu no importa mucho; La caridad llegó al indio Por manos de Maradona. El 4 de julio, día de su nacimiento, ha sido declarado por ley Día Nacional del Médico Rural. Maradona atendió a enfermos de lepra, de mal de chagas, de cólera, de tuberculosis y de paludismo, todo sin recibir honores. El Doctor Maradona además escribió varios libros y se autodenominó "el médico más zaparrastroso que existe". Por todos estos méritos el 4 de julio, fecha en que nació, fue declarado "Día Nacional del Médico Rural". . Nuestro folclore también lo recuerda y le rinde su homenaje, Daniel Altamirano compuso para el la canción llamada "El viaje de Maradona" en la cual cuenta la particularidad de ese viaje en tren que marcaría el destino de este gran hombre: . EL VIAJE DE MARADONA (Daniel Altamirano) . Dicen que viajaba a Salta en el tren que llega a San Ramón de Orán el que viene de Formosa trayendo gente hasta Pirané . Iba sumido en sus pensamientos el hombre joven, el doctor aquel . En Estanislao del Campo sintió el llamado y bajó al andén Y bajó al andén, sin saber por quién . Ella alumbraba, ella solita dolor de vida alumbrándose . El doctor con su pericia tocó su vientre y nació un bebé Y nació un niño, un niño hermoso un niño indio y el tren se fue . Y el tren se fue, dejándole, dejándole en el andén Y el tren se fue, dejándole un Cristo solo en el andén . Recitado: El Aníbal me decía, mirá…mirá che un par de libros, hojas de yerba un microscopio viejo, decime che ¡pucha que rico en voluntad era este hombre! fijate vos, fijate che, con pocas cosas hizo tanto bien, Y yo recordé a Filipa que allá en Formosa me decía él…Don Maradona un santo un Cristo nuestro, cantale che pa’ que los niños de nuestra patria sepan que hay hombres nobles, humildes, buenos ejemplos para seguir… Y yo me digo, creo que el destino sabe adónde, por qué y por quién se detiene el tren . Esto me contó Venancio el Intendente de Estanislao y Los Menchos que tocaban chamamé maceta y vea usted. . Y el tren se fue, dejándole un Cristo solo en el andén. Algunos de sus libros Algunos de sus alrededor de 20 libros se encuentran sin ser publicados y esperan que el Congreso de la Nación Argentina cumpla con la resolución de 1994 de editarlos y donarlos a bibliotecas públicas del país como fue el legado de su autor. * A través de la Selva (estudio antropológico donde además relata sus contratiempos en Estanislao del Campo). * Recuerdos Campesinos. * Una planta providencial (El yacón). * Dendrología (cinco volúmenes con representaciones gráficas de las especies). * Animales cuadrúpedos americanos (tres volúmenes con ilustraciones). * Aves (también tres volúmenes con ilustraciones). * La ciudad muerta (historia de los primeros años de la ciudad de Concepción del rio Bermejo). * Historia de los obreros de las Ciencias Naturales (de botánica y zoología americanas) * El problema de la lepra. * Páginas sueltas (periodístico) * Plantas cauchígenas * Vocabulario toba-pilagá * Historia de la ganadería argentina

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