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Algunas personas piensan que los líderes nacen, mientras que otras consideran que se hacen. Tal vez todas tengan parte de razón, pero lo cierto es que en la base del liderazgo se encuentran una serie de actitudes y comportamientos que pueden aprenders ¿Qué es el liderazgo? El liderazgo es un proceso en el que una persona influye en otras para que cumplan una serie de objetivos, y dirige la organización de un modo que la hace más coherente y cohesiva. Los líderes llevan a cabo esta tarea utilizando sus atributos de líderes. Es decir, una persona puede estar al mando en una empresa, pero eso no la convierte necesariamente en líder. No es lo mismo ser un jefe que un líder. El jefe puede lograr que los demás realicen sus tareas por obediencia, dinero, miedo a perder el trabajo, etc. mientras que el líder consigue que sus seguidores lo hagan porque lo desean. El jefe o jefa que consigue que sus trabajadores lo vean como un líder, está logrando que se sientan cómodos en su puesto de trabajo, que encuentren satisfacción en él, que se sientan parte de un equipo (de algo importante) y que confíen en su líder y su capacidad para dirigirlos correctamente. Cuando una persona trata de decidir si confía en otra como líder, lo que hace es observar su comportamiento; determina si se trata de una persona noble y digna de confianza o de un egoísta que sólo sirve a sí mismo y utiliza su autoridad únicamente para ascender. Por tanto, para ser un buen líder has de ser una persona ética, preocupada por el bienestar de las personas que conforman tu equipo, interesada en hacer un buen trabajo y no sólo en ganar dinero o ascender. Las personas quieren ser dirigidas por alguien que presente, sobre todo, las siguientes características: 1. Que sean personas éticas, dignas de confianza y nobles. 2. Que transmitan la sensación de que saben qué hay qué hacer y cuál es el mejor camino para lograr los objetivos. La comunicación La comunicación es muy importante a la hora de establecer la confianza, principalmente una buena comunicación en estas tres áreas: * Ayudar a los empleados a entender la estrategia general de la empresa. * Ayudar a los empleados a entender cómo contribuyen a lograr los objetivos claves de la empresa. * Compartir información con los empleados acerca de cómo de bien lo están haciendo tanto ellos o su sección como la empresa a nivel general. hagan esto y quedaran asi ah asi comenten porfavor
Cuarta parte LAS CRÓNICAS DE LA TIERRA Como si no hubiera suficiente con las similitudes genealógicas y guerreras entre dioses griegos e hindúes, las tablillas descubiertas en los archivos reales hititas (en un lugar que, en la actualidad, recibe el nombre de Boghazkoi) contenían más relatos de la misma historia, la de la lucha por la supremacía entre los dioses a medida que se sucedían las generaciones. Los textos más extensos que se han descubierto trataban, como sería de esperar, de la deidad suprema hitita, Teshub; concretamente, de su genealogía, de sus legítimas pretensiones de controlar las regiones superiores de la Tierra, y de las batallas que el dios KUMARBI había lanzado contra él y contra sus descendientes. Al igual que en los relatos griegos y egipcios, el Vengador de Kumarbi se ocultaba con la ayuda de dioses aliados hasta que crecía, en algún lugar en una parte «oscura» de la Tierra. Las batallas finales tenían lugar en los cielos y en los mares; en una de esas batallas, Teshub recibía el respaldo de setenta dioses con sus carros. Derrotado en un principio, y teniéndose que ocultar o exilar, Teshub se enfrentaba finalmente al que le había desafiado en un combate singular. Armado con el «Trueno-tormentador que dispersa las rocas a noventa estadios» y «el Relámpago de espantoso resplandor», ascendía hacia el cielo en su carro, tirado por dos Toros del Cielo dorados y plateados, y «desde los cielos puso la cara» hacia su enemigo. Aunque en las fragmentadas tablillas falta el final del relato, es evidente que Teshub salía finalmente victorioso. ¿Quiénes eran estos antiguos dioses que luchaban entre sí por la supremacía y buscaban el control de la Tierra enfrentando a unas naciones con otras? Quizás podamos encontrar pistas importantes en los tratados con los que se terminaron algunas de estas guerras entabladas por los hombres para sus propios dioses. Cuando egipcios e hititas hicieron la paz después de más de dos siglos de guerras, se selló con el matrimonio de la hija del rey hitita Hattusilish III con el faraón egipcio Ramsés II. El faraón registró el acontecimiento en una estela conmemorativa que situó en Karnak, en Elefantina cerca de Asuán y en Abú Simbel. Al describir el viaje y la llegada de la princesa a Egipto, la inscripción cuenta que, cuando, «Su Majestad vio que era tan hermosa de rostro como una diosa», se enamoró de ella y la consideró «algo precioso que le había concedido el dios Ptah» y una señal del reconocimiento hitita de su «victoria». Lo que todas estas maniobras diplomáticas suponían se aclara en otras partes de la inscripción: trece años antes, Hattusilish le había enviado al faraón el texto de un Tratado de Paz, pero Ramsés II, dándole vueltas aún a su casi fatídica experiencia en la batalla de Kadesh, lo ignoró. «El gran Jefe de Hatti siguió escribiendo año tras año para aplacar a Su Majestad, pero el Rey Ramsés no prestaba atención». Por fin, el Rey de Hatti, en vez de enviar mensajes inscritos en tablillas, «envió a su hija mayor, precedida de un precioso tributo» y acompañada por nobles hititas. Preguntándose lo que significarían todos aquellos regalos, Ramsés envió una escolta egipcia a su encuentro para que acompañara a los hititas. Y, tal como se explica más arriba, sucumbió a la belleza de la princesa, la convirtió en reina y la llamó Maat-Neferu-Ra («La Belleza Que Ve Ra»). Nuestros conocimientos de la historia y de la antigüedad también sacan provecho de ese amor a primera vista, pues el faraón aceptó entonces aquel insistente Tratado de Paz, y pasó a plasmarlo por escrito también en Karnak, no lejos de donde había conmemorado el relato de la Batalla de Kadesh y el de la Hermosa Princesa Hitita. Los egiptólogos han descubierto, descifrado y traducido dos copias, una casi completa y otra fragmentaria. De modo que no sólo tenemos el texto completo del Tratado, sino que también sabemos que el rey hitita escribió el tratado en lengua acadia, que, por aquél entonces, era el idioma de las relaciones internacionales (como lo fue el francés hace un siglo). Al faraón se le envió una copia del original acadio escrito en una tablilla de plata, que la inscripción egipcia de Karnak describe así: Lo que está en medio de la tablilla de plata, en la parte frontal: Figuras consistentes en una imagen de Set, abrazando a una imagen del Gran Príncipe de Hatti, rodeadas por un borde con las palabras «el sello de Set, soberano del cielo; el sello de la regulación que Hattusilish hizo»... Lo que hay dentro de lo que rodea la imagen del sello de Set por el otro lado: Figuras consistentes en una imagen femenina de la diosa de Hatti abrazando a una imagen femenina de la Princesa de Hatti, rodeadas por un borde con las palabras «el sello del Ra de la ciudad de Arinna, el señor de la tierra»... Lo que está dentro de [el marco] que rodea a las figuras: el sello de Ra de Arinna, el señor de toda tierra. En los archivos reales hititas, los arqueólogos han descubierto de hecho unos sellos reales en donde se ve a la principal deidad hitita abrazando al rey hitita (Fig. 17), exactamente como se describe en los registros egipcios, incluso con la inscripción que rodea el borde del sello. Contra todo pronóstico, el mismo original del tratado, inscrito en acadio en dos tablillas, se encontró también en estos archivos. Pero los textos hititas llaman a su principal deidad Teshub, no «Set de Hatti». Dado que Teshub significaba «Tormenta Ventosa», y Set (a juzgar por su nombre griego, Tifón) significaba «Viento Feroz», da la impresión de que egipcios e hititas tenían emparejados sus panteones de acuerdo con los epítetos de sus dioses. En línea con esto, a la esposa de Teshub, HEBAT, se le llamaba «Dama de los Cielos», para homologar a la diosa por su título con la versión egipcia del tratado; Ra («El Brillante») se homologó con el «Señor del Cielo» hitita, al cual la versión acadia llamaba SHAMASH («El Brillante»), etc. Se hizo evidente que egipcios e hititas tenían panteones separados pero paralelos, y los expertos empezaron a preguntarse lo que otros antiguos tratados podrían revelar. Uno de los que aportó una de las informaciones más sorprendentes fue el tratado que, hacia el 1350 a.C, firmaron el rey hitita Shuppilulima y el rey hurrita Mattiwaza de Mitanni, país que estaba situado sobre el río Eufrates, a mitad de camino entre el País de los Hititas y las antiguas tierras de Sumer y Acad. Realizado, como era habitual, en dos copias, el original del tratado se depositó en el santuario del dios Teshub de la ciudad hurrita de Kahat -un lugar y una tablilla perdidos en las arenas del tiempo. Pero la tablilla del duplicado, depositada en la ciudad santa hitita de Arinna, «frente a la diosa del Disco Naciente», ¡fue descubierta por los arqueólogos unos 3.300 años después de que fuera escrita! Como ocurría con todos los tratados de aquellos días, el que firmaron los reyes de Hatti y Mitanni terminaba con una llamada «a los dioses de las partes firmantes para que estuvieran presentes, para escuchar y servir como testigos», de manera que el cumplimiento del tratado trajera la dicha divina, y su violación la ira de los dioses. A continuación, se hacía una relación de estos «dioses de las partes firmantes», comenzando con Teshub y su consorte Hebat, como dioses reinantes supremos de ambos reinos, «los dioses que regulan la realeza» en Hatti y Mitanni, y en cuyos santuarios se depositaban las copias del tratado. Después, cierto número de deidades jóvenes, masculinas y femeninas, descendientes de los dos dioses reinantes, se enumeraban por las capitales provinciales donde actuaban como deidades gobernantes en representación de sus padres. Más tarde, había una relación de los mismos dioses en las mismas posiciones jerárquicas; a diferencia del ejemplo egipcio, cuando se emparejaban los diferentes panteones. Como han demostrado otros textos descubiertos, los hititas habían tomado prestado su panteón de los hurritas, o al menos les había pasado a través de ellos. Pero en este tratado en particular había una sorpresa muy especial: hacia el final de la tablilla, entre los testigos divinos, también estaban Mitra-ash, Uruwana, Indar, y los dioses Nashatiyanu -¡nada menos que Mitra, Varuna, Indra, y los dioses nasatya del panteón hindú! ¿Cuál de las tres -hitita, hindú, hurrita- era la fuente común? La respuesta venía en el mixto tratado hitita-hurrita: ninguna de ellas; pues los llamados dioses «arios» estaban listados en el tratado junto con sus padres y abuelos, los «Dioses de Antaño»: Anu y Antu, Enlil y su esposa Ninlil, Ea y su esposa Damkina; así como «el divino Sin, señor del juramento... Nergal de Kutha... el dios guerrero Ninurta... la guerrera Ishtar». Estos nombres resultan familiares; los invocó en la antigüedad Sargón de Acad, que había afirmado que era «Supervisor de Ishtar, sacerdote ungido de Anu, gran pastor justo de Enlil». * Su nieto, Naram-Sin («Aquél al que ama el dios Sin»), pudo atacar la Montaña de los Cedros cuando el dios Nergal le «abrió el sendero». * Hammurabi de Babilonia marchó contra otros países «por mandato de Anu, con Enlil a la cabeza de su ejército». * El rey asirio Tiglat-Pileser partió a la conquista por mandato de Anu, Adad y Ninurta; * Salma-nasar luchó con armas que le proporcionó Nergal; * a Asaradón le acompañó Ishtar en su marcha contra Nínive. No menos esclarecedor fue el descubrimiento de que, tanto hititas como hurritas, aunque pronunciaban los nombres de las deidades en su propia lengua, los escribían utilizando la escritura sumeria; incluso el determinativo «divino» que se utilizaba era el sumerio DIN.GIR, que significaba literalmente «Los Justos» (DIN) «De las Naves Voladoras» (GIR). Así, el nombre de Teshub se escribía DIN.GIR IM («Divino Tormentador» o «Dios de la Tormenta»), que era el nombre sumerio del dios ISHKUR, también conocido como Adad; o también se escribía DIN.GIR U, que significaba «El dios 10», que era el rango numérico de Ishkur/Adad -siendo el de Anu el más alto (60), el de Enlil 50, el de Ea 40, y así sucesivamente descendiendo en el linaje. Asimismo, al igual que el Ishkur/Adad sumerio, los hititas representaban a Teshub blandiendo su arma emisora de relámpagos, un «Arma de Brillantez» (Fig. 18). Para cuando los hititas y sus escritos fueron recuperados del olvido, los expertos ya habían determinado que antes que las civilizaciones hitita y egipcia, antes que Asiría y Babilonia, incluso antes que Acad, floreció en el sur de Mesopotamia la alta civilización de Sumer. Todas las demás no fueron más que retoños de aquella civilización, la primera conocida. Y es recientemente cuando se ha establecido, más allá de toda duda, que fue en Sumer donde se hicieron los primeros registros de relatos de dioses y hombres. Fue allí donde se inscribieron gran cantidad de textos, muchos más de los que se pueda imaginar, y más detallados de lo que se podría esperar. Y fue allí donde tuvieron su origen los registros escritos de la historia y la prehistoria de nuestro planeta. Les llamamos LAS CRÓNICAS DE LA TIERRA. El descubrimiento y la investigación acerca de las civilizaciones antiguas se ha convertido en un proceso en el cual el asombro y la aceptación de hechos increíbles se han convertido en la norma. Los monumentos de la antigüedad -pirámides, zigurats, inmensas plataformas, ruinas columnadas, piedras talladas- habrían quedado como enigmas, como evidencias mudas de acontecimientos pasados, de no ser por la Palabra Escrita. Si no fuera por esto, los monumentos antiguos habrían seguido siendo complejos rompecabezas: su edad, incierta; sus creadores, oscuros; su propósito, poco claro. Lo que sabemos, se lo debemos a los antiguos escribas que, prolífica y meticulosamente, utilizaron monumentos, objetos, cimientos, ladrillos, utensilios o armas de cualquier material imaginable, como tentadoras pizarras sobre las cuales escribir nombres o registrar acontecimientos. Por encima de todo, tenemos las tablillas de arcilla: trozos aplanados de arcilla húmeda, algunos lo suficientemente pequeños como para caber en la palma de la mano, sobre los cuales el escriba estampaba diestramente con el punzón los símbolos que formarían las sílabas, las palabras y las oraciones. Después, dejarían secar la tablilla (o la secarían en un horno), creando así un registro permanente que sobreviviría a milenios de erosiones naturales y de destructividad humana. En todas partes -en centros de comercio o de administración, en templos y palacios, por todo el Oriente Próximo de la antigüedad-, nos hemos encontrado con archivos oficiales y privados repletos de tablillas como éstas; e incluso nos hemos encontrado con verdaderas bibliotecas donde las tablillas, decenas de miles de ellas, estaban pulcramente dispuestas por temas y numeradas, con los contenidos detallados y el nombre del escriba. E, invariablemente, todas las que trataban de historia o de ciencia de los dioses, se identificaban como copias de tablillas anteriores, tablillas escritas en la «lengua de antaño». Aun con el asombro que les provocó a los arqueólogos descubrir la grandeza de Asiria y Babilonia, todavía se quedaron más desconcertados al saber, por sus inscripciones, de la existencia de las «ciudades de antaño». ¿Y qué significaba el título de «rey de Sumer y Acad» que los reyes de estos imperios tanto codiciaban? Sólo cuando se descubrieron los registros relativos a Sargón de Agadé, fue cuando los eruditos modernos pudieron convencerse de que, medio milenio antes de que florecieran Asiria y Babilonia, había existido en Mesopotamia un gran reino, el Reino de Acad. Tremendamente asombrados, los expertos leyeron en estos registros que Sargón, «derrotó a Uruk y echó abajo sus murallas... Sargón, rey de Agadé, venció a los habitantes de Ur... Él derrotó a E-Nimmar y echó abajo sus murallas, y devastó su territorio desde Lagash hasta el mar. Lavaron sus armas en el mar. En la batalla con los habitantes de Umma resultó victorioso...». Los expertos no se lo podían creer: ¿acaso había centros urbanos, ciudades amuralladas, aún antes de Sargón de Agadé, antes del 2500 a.C? Como sabemos ahora, sí que los había. Eran las ciudades y los centros urbanos de Sumer, la «Sumer» del título «rey de Sumer y Acad». Y, tal como un siglo de descubrimientos arqueológicos y de investigación erudita han dejado claro, fue el lugar en donde comenzó la Civilización, hace casi seis mil años; donde aparecieron súbita e inexplicablemente, como de la nada, * una lengua escrita y una literatura * reyes y sacerdotes * escuelas y templos * médicos y astrónomos * altos edificios, canales, muelles y barcos * una agricultura intensiva, una avanzada metalurgia * una industria textil * mercado y comercio * leyes y conceptos de justicia y moralidad * teorías cosmológicas * relatos y registros históricos y prehistóricos En todos estos escritos, sean largos relatos épicos o proverbios de dos líneas, sean inscripciones mundanas o divinas, emergen los mismos hechos como principios inquebrantables de los sumerios y de los pueblos que les siguieron: en el pasado, los DIN.GIR -«Los Justos de las Naves Voladoras», los seres a los que los griegos comenzaron a llamar «dioses»- vinieron a la Tierra desde su propio planeta. Eligieron el sur de Mesopotamia como hogar lejos del hogar. Llamaron al país KI.EN.GIR -«Tierra del Señor de las Naves Voladoras» (el nombre acadio, Shumer, significaba «Tierra de los Guardianes»)-y establecieron allí sus primeros asentamientos en la Tierra. La afirmación de que los primeros en hacer poblaciones en la Tierra fueran astronautas de otro planeta no la hicieron los sumerios a la ligera. Un texto tras otro, cada vez que se recordaba el punto de inicio, siempre era éste: 432.000 años antes del Diluvio, los DIN.GIR («Los Justos de las Naves Voladoras») bajaron a la Tierra desde su propio planeta. Los sumerios lo consideraban el duodécimo planeta del Sistema Solar, un sistema compuesto por el Sol en el centro, la Luna, los nueve planetas que conocemos hoy en día, y un planeta más grande cuya órbita duraba un Sar, 3.600 años terrestres. Según ellos, esta órbita lleva al planeta a una «estación» en los distantes cielos para devolverlo después al vecindario de la Tierra, pasando entre Marte y Júpiter. En esta situación, representada en una antiguo dibujo sumerio de 4.500 años de antigüedad (Fig. 19), el planeta recibía el nombre de NIBIRU («Cruce»), y su símbolo era la Cruz. Sabemos por numerosos textos antiguos, que el líder de los astronautas que llegaron a la Tierra desde Nibiru se llamaba E.A («Aquel Cuya Casa Es Agua»); después de aterrizar y de establecerse en Eridú, la primera Base Tierra, asumió el título de EN.KI («Señor de la Tierra»). En las ruinas de Sumer, se encontró un texto que registra su aterrizaje en la Tierra, tratado en primera persona: Cuando llegué a la Tierra había muchos lugares inundados. Cuando llegué, sus verdes praderas, elevaciones y montículos se amontonaron por mandato mío. Construí mi casa en un lugar puro... Mi casa -su sombra se extiende por el Pantano de la Serpiente. El texto pasa a describir después los esfuerzos de Ea en las grandes obras de construcción que se emprendieron en las tierras pantanosas de la cabecera del Golfo Pérsico: él mismo hizo un estudio de aquellas tierras, diseñó canales de drenaje y de control de agua, construyó diques, excavó zanjas y levantó estructuras de ladrillos hechos a partir de las arcillas de la zona. Unió con canales los ríos Tigris y Eufrates, y en los límites de las tierras pantanosas construyó su Casa de Agua, con un embarcadero y otras instalaciones. Todo esto tenía un motivo. En su planeta hacía falta oro. No para la joyería u otros usos frívolos, pues en ningún momento durante los milenios que siguieron se les vio a estos visitantes de la Tierra llevar Joyas de oro. Sin duda, el oro se necesitaba para los programas espaciales de los nibiruanos, como se hace evidente en las referencias de los textos hindúes que dicen que los carros celestes se cubrían de oro; ciertamente, el oro es vital en muchos aspectos para los instrumentos y los vehículos espaciales terrestres de la actualidad. Pero no o ser ésa la única razón para que los nibiruanos buscaran con gran a intensidad oro en la Tierra, ni para que hicieran tan inmensos esfuerzos por obtenerlo y transferirlo en grandes cantidades a su propió planeta. Este metal tiene unas propiedades únicas, que lo convertían en una necesidad vital para ellos, pues tenía que ver con su propia supervivencia en su planeta de origen; en la medida de nuestra limitada comprensión, quizás necesitaran el oro para suspenderlo en partículas en la evanescente atmósfera de Nibiru, evitando así una disipación crítica. Ea, que era hijo del soberano de Nibiru, fue una buena elección para esta misión. Era un brillante científico e ingeniero al que llamaban NU.DIM.MUD, «El Que Elabora Cosas». El plan, tal como indicaba su nombre-epíteto, E.A., consistía en extraer el oro de las aguas del tranquilo Golfo Pérsico y de las poco profundas tierras pantanosas adyacentes que se extienden desde el golfo hacia el interior, en Mesopotamia. En las representaciones sumerias se ve a Ea como señor de las aguas fluentes, sentado en un laboratorio y rodeado de matraces interconectados (Fig. 20). Pero la continuación del relato sugiere que no todo iría bien con estos planes. La producción de oro era bastante inferior a las expectativas y, con el fin de acelerarla, se envió a la Tierra más astronautas -a los astronautas de base se les llamaba Anunnaki («Aquellos Que Del Cielo a la Tierra Vinieron»). Venían en grupos de cincuenta, y uno de los textos dice que uno de estos grupos iba liderado por el primogénito de Enki, MAR.DUK. El texto habla de un mensaje urgente de Marduk a su padre, en el que se habla de una casi-catástrofe en el vuelo a la Tierra, al pasar una nave espacial por las cercanías de uno de los grandes planetas del Sistema Solar (probablemente Júpiter) y estar a punto de colisionar con uno de sus satélites. Al describir el «ataque» sobre la nave espacial, el excitado Marduk le decía a su padre: Ha sido creado como un arma; ha embestido como la muerte... A los anunnaki, que eran cincuenta, los ha destruido... El Orbitador Supremo, que vuela como un ave ha sido herido en el pecho. El grabado de un sello cilíndrico sumerio (Fig. 21) puede ilustrar muy bien la escena del Señor Tierra (a la izquierda) dando la bienvenida ansiosamente a su hijo, vestido de astronauta (a la derecha), mientras la nave espacial deja Marte (la estrella de seis puntas) y se acerca a la Tierra (el séptimo planeta, si se cuenta desde el exterior, simbolizada por los siete puntos y representada junto con la Luna). En el planeta madre, donde el padre de Enki, AN (Anu en acadio) era el soberano, los progresos de las partidas de aterrizaje se seguían con ansiedad y expectación. Después, aparecería la impaciencia por los lentos progresos y, más tarde, la desilusión. Evidentemente, los planes para extraer oro del agua del mar a través de procesos de laboratorio no funcionaron como se esperaba. Pero la necesidad de oro era apremiante, y los anunnaki se enfrentaban a una difícil decisión: abandonar el proyecto -cosa que no podían hacer- o intentar conseguir oro de otra manera: a través de la minería. Pues los anunnaki sabían para entonces que el oro se podía obtener de forma natural y en abundancia en el AB.ZU («El Origen Primitivo»), en el continente africano. (En las lenguas semitas, que evolucionaron del sumerio, Za-ab -Abzu al revés- sigue siendo el término empleado para designar al oro hasta el día de hoy). Sin embargo, había un importante problema. El oro de África había que extraerlo de las profundidades de la tierra a través de una explotación minera, y no se podía tomar a la ligera una decisión de largo alcance, como la que suponía cambiar el sofisticado proceso de tratamiento del agua por el de una derrengante faena bajo tierra. Está claro que la nueva empresa iba a precisar de un mayor número de anunnaki, de una colonia minera en «el lugar de los brillantes filones», de una ampliación de instalaciones en Mesopotamia y de una flota de cargueros de mineral (MA.GUR UR.NU AB.ZU -«Barcos para Minerales del Abzu») para conectarlas ambas. ¿Podría Enki manejarlo todo por sí mismo? Anu creyó que no podría, y ocho años de Nibiru después del aterrizaje de Enki -28.800 años terrestres- vino a la Tierra para ver las cosas por sí mismo. Bajó acompañado por el Heredero Aparente EN.LIL («Señor del Mando»), de quien Anu pensó que podría hacerse cargo de la misión en la Tierra y organizar los envíos de oro hacia Nibiru. Quizás fuera necesaria la elección de Enlil para la misión, pero también debió ser una decisión angustiosa, pues iba a agudizar la rivalidad y los celos entre los dos hermanastros, dado que Enki era el hijo primogénito que Anu había tenido con Id, una de sus seis concubinas, y hubiera sido de esperar que sucediera a Anu en el trono de Nibiru. Pero después -al igual que en el relato bíblico de Abra-ham, su concubina Agar y su hermanastra y esposa Sara-, la hermanastra y esposa de Anu, Antum le dio un hijo, Enlil; y, según las leyes de sucesión nibiruanas fielmente adoptadas por el patriarca bíblico-, Enlil se convirtió en el heredero legal en lugar de Enki. ¡Y ahora aquel rival, aquél que le había robado a Enki su derecho de nacimiento, venía a la Tierra para tomar el mando! No se puede recalcar suficientemente la importancia del linaje y la genealogía en las Guerras de los Dioses, en las luchas por la sucesión y la supremacía tanto en Nibiru como, posteriormente, en la Tierra. Ciertamente, a medida que desenmarañamos la desconcertante insistencia y ferocidad de las guerras de los dioses, intentando encajarlas en el entramado de la historia y la prehistoria -una tarea nunca antes afrontada-, va quedando claro que estas guerras tuvieron su origen en un código de conducta sexual basada no en la moralidad, sino en consideraciones de pureza genética. En el núcleo de estas guerras, subyace una intrincada genealogía que determinaba la jerarquía y la sucesión; y los actos sexuales no se juzgaban por su ternura o su violencia, sino por su propósito y sus resultados. Existe un relato sumerio en donde Enlil, comandante en jefe de los anunnaki, se encapricha de una joven niñera a la que ve nadando desnuda en el río. La persuade para que salga a navegar con él y le hace el amor en contra de sus protestas («mi vulva es pequeña, no sabe de relaciones sexuales»). A pesar de su rango, Enlil es arrestado por «los cincuenta dioses superiores» cuando vuelve a su ciudad, Nippur, y «los siete anunnaki que juzgan» lo encuentran culpable de violación, sentenciándole al exilio en el Abzu. (Se le perdonó al casarse con la joven diosa, que le había seguido al exilio.) Muchas canciones celebraban la historia de amor entre Inanna y un joven dios llamado Dumuzi, en los cuales sus «encuentros» se describían con una ternura conmovedora: Oh, que se pose su mano en la mía para mí. Oh, que se pose su corazón junto al mío para mí. No sólo es dulce dormir de la mano con él, lo más dulce de todo es también la dicha de unir corazón con corazón con él. Podemos comprender el tono aprobatorio del verso debido a que Dumuzi era el pretendido novio de Inanna, elegido por ella con la aprobación de su hermano Utu/Shamash. ¿Pero cómo explicar un texto en el cual Inanna describe un apasionado romance con su propio hermano? Mi amado me encontró, disfrutó conmigo, se regocijó conmigo. El hermano me llevó a su casa, me echó en su dulce lecho... Al unísono, lo hicimos con la lengua al unísono, mi hermano de hermoso rostro lo hizo cincuenta veces. Esto sólo se puede comprender si tenemos en mente que el código prohibía el matrimonio, pero no las relaciones sexuales entre hermano y hermana. Por otra parte, sí que se permitía el matrimonio con una hermanastra; y los hijos varones tenidos con una hermanastra tenían prioridad en el orden jerárquico. Y, aunque la violación estaba condenada, el sexo -aun el irregular y violento- se perdonaba si se hacía por motivos sucesorios al trono. En un largo relato se cuenta que Enki, buscando un hijo varón con su hermanastra Sud (también hermanastra de Enlil), la forzó cuando estaba sola y «derramó su semen en el útero». Luego, resultó tener una hija, en vez de un hijo, pero Enki no perdió el tiempo en hacerle el amor a la muchacha en cuanto se hizo, «joven y hermosa... Él disfrutó con ella, la abrazó, yació en su regazo; le tocó los muslos, le tocó el... con la joven cohabitó». Y esto siguió así, con una sucesión de jóvenes hijas, hasta que Sud le echó una maldición a Enki, que lo paralizó; sólo entonces dejó estas payasadas sexuales en busca de un heredero varón. Cuando Enki llevó a cabo todas estas aventuras sexuales, ya estaba casado con Ninki, lo cual ilustra que el mismo código que condenaba la violación no prohibía las relaciones extramatrimoniales per se. Sabemos también que a los dioses se les permitía cualquier número de esposas y concubinas (un texto catalogado como CT-24 enumera a seis de las concubinas de Anu), pero, si se casaban, tenían que elegir a una como esposa oficial prefiriendo para este papel, como ya hemos dicho, a una hermanastra. Si al dios, aparte de su nombre y sus muchos epítetos, se le otorgaba un nombre por título, a su consorte oficial también se le honraba con la forma femenina de tal título. Así, cuando AN recibió su nombre por título («El Celestial»), su consorte recibió el nombre de ANTU, Anu y Antum en acadio. La niñera que se casó con Enlil («Señor del Mando») recibió el nombre por título de Ninlil («Dama del Mando»); la esposa de Enki, Damkina, se llamó Ninki, y así sucesivamente. Debido a la importancia de las relaciones familiares entre los grandes anunnaki, muchas de las llamadas Listas de Dioses compuestas por los antiguos escribas eran de naturaleza genealógica. En una de estas importantes listas, titulada por los antiguos escribas la serie de «AN: ilu Anum», se enumeran «cuarenta y dos antepasados de Enlil», claramente dispuestos en 21 parejas divinas. Esto debió ser una marca de gran linaje real, pues dos documentos similares de Anu enumeran también a sus 21 parejas ancestrales en Nibiru. Sabemos que los padres de Anu fueron AN.SHAR.GAL («Gran Príncipe del Cielo») y KI.SHAR.GAL («Gran Princesa del Suelo Firme»). Como sus nombres indican, no fueron la pareja reinante de Nibiru. Más bien, el padre fue el Gran Príncipe, es decir, el heredero aparente; y su esposa era la gran princesa, la hija primogénita del soberano (con una esposa diferente) y, así, hermanastra de Anshargal. En estos hechos genealógicos descansa la clave para comprender los acontecimientos en Nibiru antes de la llegada a la Tierra, así como en la Tierra posteriormente. El que se enviase a Ea a la Tierra en busca de oro supone que los nibiruanos ya sabían que podían encontrar en nuestro planeta este precioso metal bastante antes de que se enviara la misión. Pero, ¿cómo lo sabían? Se pueden ofrecer varias hipótesis: quizás sondearan la Tierra con satélites no tripulados, del mismo modo que lo hacemos nosotros con otros planetas de nuestro Sistema Solar. Quizás inspeccionaran la Tierra con algunos aterrizajes previos, como hicimos con la Luna. De hecho, el aterrizaje de los nibiruanos en Marte no se puede descartar, cuando estamos leyendo textos que tratan de los viajes espaciales desde Nibiru a la Tierra. No sabemos si tuvieron lugar, estos aterrizajes tripulados premeditados en la Tierra, ni cuándo, pero sí que podemos decir que existe una antigua crónica en la que se habla de un primitivo aterrizaje en dramáticas circunstancias: ¡cuando el depuesto soberano de Nibiru escapó a la Tierra en su nave espacial! Este acontecimiento debió acaecer antes de que Ea fuera enviado a la Tierra por su padre, pues fue con este acontecimiento que Anu se convirtió en el soberano de Nibiru. En realidad, se trató de la usurpación del trono de Nibiru a cargo de Anu. La información está contenida en un texto cuya versión hitita ha recibido el título de La Realeza del Cielo, y arroja luz sobre la vida en la corte real de Nibiru, al tiempo que nos cuenta los detalles de una traición digna de un drama shakespeariano. Dice que, cuando llegó el momento de la sucesión en Nibiru -por muerte natural o de otro modo- no fue Anshargal, el padre de Anu y heredero aparente, el que ascendió al trono, sino un familiar llamado Alalu (Alalush en el texto hitita). Como un gesto de reconciliación o por costumbre, Alalu designo a Anu copero real, una honrosa posición, de confianza, que es conocida por diversos textos y representaciones reales de Oriente Próximo (Fig. 22). Pero, pasados nueve años nibiruanos, Anu (Anush en el texto hitita) «le dio batalla a Alalu» y lo depuso: En cierta ocasión, en los días de antaño, Alalush era rey en el Cielo. Alalush estaba sentado en el trono; el poderoso Anush, el primero entre los dioses, estaba de pie ante él: se postraba a sus pies, con la copa de la bebida en la mano. Durante nueve períodos, Alalush fue rey del Cielo. En el noveno período, Anush le dio batalla a Alalush. Fue entonces, según nos relata el antiguo texto, cuando tuvo lugar el dramático vuelo a la Tierra: Alalush fue derrotado, huyó ante Anush Descendió a la oscura Tierra. Anush tomó asiento en el trono. Aunque es muy posible que gran parte de lo relativo a la Tierra y sus recursos se conociera en Nibiru aún antes del vuelo de Alalu, el hecho es que tenemos aquí el registro de la llegada a la Tierra de una nave espacial nibiruana anterior a la misión de Ea en nuestro planeta. Las Listas de los Reyes Súmenos dicen que el primer administrador de Eridú se llamaba Alulim, nombre que pudo ser otro epíteto de Ea/Enki, o quizás la interpretación sumeria del nombre de Alalu. Así pues, uno podría pensar que, aunque depuesto, a Alalu le preocupara lo suficiente el destino de Nibiru como para informar a quien le había depuesto que había encontrado oro en las aguas de la Tierra. Y pudo ser esto lo que sucedió, dado que usurpador y depuesto se reconciliaron a continuación, pues Anu se apresuró a designar a Ku-marbi, nieto de Alalu, copero real. Pero el gesto de reconciliación sólo hizo que la historia de Nibiru se repitiera. A pesar de todos los honores concedidos, el joven Kumarbi no podía olvidar que Anu había usurpado el trono de su abuelo y, con el tiempo, la enemistad de Kumarbi hacia Anu se fue haciendo cada vez más obvia, hasta que Anu «no pudo soportar la mirada de los ojos de Kumarbi». Y así fue que, cuando decidió hacer su visita a la Tierra, llevando consigo a su Heredero Aparente (Enlil), Anu estimó conveniente llevarse también al joven Kumarbi. Pero estas dos decisiones, terminarían convirtiendo su visita en un rosario de conflictos y, al menos para Anu, en algo sumamente angustioso. La decisión de llevar a Enlil a la Tierra y ponerlo al mando de todo, llevó a unas acaloradas discusiones con Enki -discusiones de las que se hacen eco los textos descubiertos hasta ahora. El molesto Enki amenazaba con dejar la Tierra y volver a Nibiru, pero ¿podía confiar en que no se atreviera a usurpar el trono allí? Si, por otra parte y como un acuerdo, se quedara el mismo Anu en la Tierra, designando a Enlil como regente en Nibiru, ¿Enlil dejaría la regencia cuando Anu volviera? Al final, se decidió echarlo a suertes: que el destino determinara lo que había de ser. El reparto de poderes que tuvo lugar entonces se menciona una y otra vez en los textos sumerios y acadios. Una de las Crónicas de la Tierra más largas que se conocen es un texto llamado La Epopeya de Atra-Hasis, y aquí también se registra la extracción de suertes y sus resultados: Los dioses se tomaron de las manos, , después sacaron suertes y repartieron: Anu se fue al cielo; a Enlil se le asignó la Tierra; el mar, que a la tierra como un lazo circunda, se le dio al príncipe Enki. Enki bajó al Abzu, asumió la soberanía del Abzu. Convencido de que se las había ingeniado para separar a los dos hermanos rivales, «Anu subió al Cielo». Pero en los cielos de la Tierra, le aguardaba un inesperado giro de los acontecimientos. Quizás como precaución, a Kumarbi se le dejó en la plataforma orbital de la Tierra y, cuando Anu volvió a ella, listo para partir en su largo viaje de vuelta a Nibiru, Kumarbi, enfurecido, se enfrentó a él. Las duras palabras no tardaron en dejar paso a una reyerta: «Anu le dio batalla a Kumarbi, Kumarbi le dio batalla a Anu». En cierto momento, Kumarbi se impuso a Anu en la pelea, y «Anu forcejeó para liberarse de las manos de Kumarbi». Pero Kumarbi aún pudo agarrar por los pies a Anu y «le mordió entre las rodillas», hiriendo a Anu en su «virilidad». Se han encontrado antiguas representaciones acerca de este hecho (Fig. 23 a), así como del hábito de los anunnaki en la lucha (Fig. 23 b) de herir al otro en los genitales. Mutilado y con dolor, Anu emprendió el camino de vuelta hacia Nibiru, dejando a Kumarbi detrás, con los astronautas que tripulaban las plataformas orbitales y la lanzadera. Pero, antes de partir, le lanzó una maldición a Kumarbi, la de «tres monstruos en su vientre». Son evidentes las similitudes de este relato hitita con el relato griego de la castración de Urano a manos de Crono, así como con la imagen de Crono tragándose a sus hijos. Y, como en los relatos griegos, este episodio monta el escenario para las guerras entre los dioses y los Titanes. Tras la partida de Anu, la Misión Tierra se lanzó en serio. Más anunnaki llegaron a la Tierra -su número ascendió en algunos momentos a 600-, unos fueron asignados al Mundo Inferior para ayudar a Enki en la extracción del oro; otros tripulaban los cargueros de mineral, y el resto permanecía con Enlil en Mesopotamia. Aquí, se establecieron instalaciones adicionales de acuerdo con un plan maestro diseñado por Enlil como parte de un completo plan organizativo de acción y procedimientos bien definidos: Él perfeccionó los procedimientos, las ordenanzas divinas; estableció cinco ciudades en lugares perfectos, las llamó por su nombre, las dispuso como centros. A la primera de estas ciudades, Eridú, se la concedió a Nudimmud, el pionero. Cada una de estas poblaciones antediluvianas de Mesopotamia tenía una función específica que se revelaba por su nombre. * La primera fue E.RI.DU -«Casa Construida en la Lejanía»- la instalación para la extracción de oro junto a las aguas, que fue siempre la morada mesopotámica de Ea * La siguiente fue BAD.TIBIRA -«Lugar Brillante Donde el Mineral se Finaliza»- centro metalúrgico de fundición y refinado * Después, LA.RA.AK -«Viendo el Brillante Fulgor»- era una ciudad-baliza para guiar los aterrizajes de la lanzadera. * SIPPAR -«Ciudad Ave»- era el Lugar de Aterrizaje * SHU.RUP.PAK -«El Lugar del Supremo Bienestar», equipada con un centro médico; se puso al cargo de SUD («La Que Resucita»), hermanastra de Enki y Enlil * También se construyó otra ciudad-baliza, LA.AR.SA («Viendo la Luz Roja»), ...pues la complejidad de la operación dependía de una estrecha coordinación entre los anunnaki que habían aterrizado en la Tierra y los 300 astronautas, llamados IGI.GI («Aquellos Que Ven y Observan»), que permanecían en órbita alrededor de la Tierra, haciendo el papel de intermediarios entre la Tierra y Nibiru. Los igigi se mantenían en los cielos de la Tierra, en las plataformas orbitales, a las cuales se enviaba el mineral procesado en la Tierra para, posteriormente, ser transferido a las naves espaciales que llevarían el oro al planeta madre en sus periódicas aproximaciones. Astronautas y equipos utilizaban las mismas estaciones para llegar a la Tierra, pero en sentido inverso. Todo esto precisaba de un Centro de Control de Misiones, que Enlil procedió a construir y equipar. Se le llamó NIBRU.KI («El Lugar Terrestre de Nibiru») -Nippur en acadio. Allí, en la cima de una plataforma artificial elevada y equipada con antenas -el prototipo de las mesopotámicas «Torres de Babel» (Fig. 24)- estaba la cámara secreta, la DIR.GA («Cámara Oscura y Brillante»), donde se extendían los mapas espaciales («los emblemas de las estrellas») y donde se conservaba el DUR.AN.KI («Lazo Cielo-Tierra»). Las Crónicas afirman que los primeros asentamientos de los anunnaki en la Tierra fueron «dispuestos como centros». A esta enigmática afirmación habría que añadir la desconcertante declaración de los reyes postdiluvianos de que, cuando se restablecieron las ciudades de Sumer arrasadas por el Diluvio, siguieron... El imperecedero plano del terreno, al cual para siempre se determinó la construcción. Es el que lleva los dibujos de los Tiempos de Antaño y la escritura del Cielo Superior. El enigma se resuelve si marcamos estas primeras ciudades establecidas por Enki y Enlil sobre el mapa de la región y las interconectamos con círculos concéntricos. Entonces vemos que, efectivamente, fueron «dispuestas como centros»: todos equidistantes del Centro de Control de Misiones de Nippur. Ciertamente, había un plano «del Cielo Superior», pues sólo podía tener sentido si se observaba todo Oriente Próximo desde las alturas superiores de la Tierra. Tomando como punto de referencia los picos gemelos del Monte Ararat -el rasgo más llamativo de la región-, los anunnaki situaron el espaciopuerto donde la línea norte, basada en el Ararat, cruzaba el río Eufrates. En este «imperecedero plano del terreno», todas las ciudades estaban dispuestas formando una flecha, señalando la Ruta de Aproximación al Espaciopuerto de Sippar (Fig. 25). Los periódicos envíos de oro a Nibiru mitigaron las preocupaciones, incluso las rivalidades, en aquel planeta, pues Anu siguió siendo su soberano durante muchísimo tiempo. Pero, en la Tierra, los principales actores estaban presentes en su «oscuro» escenario para dar salida a cualquier emoción imaginable, así como a increíbles conflictos. Asiendo el quinto post depaso puntuen

50 cosas que a los hombres no les gusta que les hagan en la cama Hacerse de rogar: el sexo “no es un favor” para nadie. Tumbarse y esperar que el hombre lo haga todo: algunos lo llaman “ponerse en modo pasivo” o “síndrome del examinador de autoescuela”. Esto es cosa de dos. La falta de iniciativa: es lo que más les molesta. Hacerse una coleta ante de practicarle sexo oral: puedes cortarle el rollo. Hacer daño con los dientes durante una felación: quizá no quiera volver a practicarlo. No utilizar las manos durante la felación: le gusta sentir que juegas con ’su cosita’. Planificar cuándo y cómo hacerlo: darle fecha y hora le agobia. Déjate llevar y que surja el momento. No hay que tenerlo todo bajo control. Decirle que apague la luz: hacerlo con la luz encendida no es pornográfico, además las vergüenzas se tienen que quedar a un lado. Fingir los orgasmos: las exageraciones se notan o vieron este post mío hehe Meterle el dedo en el ano mientras eyacula: ¡Ni se te ocurra hacerlo sin preguntar! Seguramente no sepa interpretarlo, para algunos es terreno vedado. Poner pegas con el sexo oral: él nunca lo haría. No innovar: si no te abres a probar cosas nuevas se acabará cansando. Los complejos: el “me siento fea” no les deja concentrarse. Si se acuesta contigo es porque le gustas. Hacer comentarios que no vienen a cuento durante el coito: estar atenta a otras cosas como echar el pestillo de la puerta “denota falta de interés”. El pudor: él no sabe lo que es eso. Suéltate un poco más. Pensar que ciertas cosas sólo las hacen las prostitutas: no te reprimas. Si te apetece, todo vale. Querer que te abrace demasiado: con un poco de cariño postcoital es suficiente. Negarse, por decreto, a practicar el sexo anal: están hartos de que sea un mito y se les considere “enfermos” por proponerlo (tema delicado pero se tiene que hablar). Calentarle para, al final, no hacer nada: si no te apetece es mejor que no empieces. No le dejes con la miel en los labios. Preguntar si ‘está dentro’: sin comentarios. Su autoestima dejará de existir. Agarrarle con fuerza la cabeza mientras te hace sexo oral: a ti tampoco te gusta. Le ahogas. No tocarle: a él también le gustan las caricias. Coger su pene con demasiada energía: no es una zambomba. El ‘hoy me duele la cabeza’: un clásico. Cambia de excusa. ‘Jugar’ con sus testículos sin delicadeza: no son de goma. Quedarse dormida antes o durante el acto: la primera puede molestarle, pero con la segunda se va de casa. No hacer “un esfuerzo” si terminas antes: tú lo tienes más fácil que él. Ponerse a recoger todo nada más acabar: podéis hacerlo después. Poner una toalla en el sofá para no manchar: si lo haces se sentirá cohibido. No meterle mano: le gusta ver tu cara más atrevida. Lánzate. No decirle cosas bonitas: dicen que “los piropos no se inventaron sólo para las mujeres” y que ellos también tienen “su corazoncito”. Creer y decir que todos los hombres son iguales: evita las generalizaciones. No le puedes decir a tu pareja que es como los demás. Pensar que siempre tiene ganas: él no es una máquina sexual. A veces no le apetece. No quitarse los calcetines: vale que el invierno es frío, pero es poco sexy. Los ‘pedos’ vaginales: eso es inevitable, cambien de posición. Castigar sin sexo: no lo utilices como arma arrojadiza o moneda de cambio en la pareja. Comparar el tamaño de su pene con el de tus antiguas parejas: no lo hagas, aunque te lo pregunte. No estar depilada: no quiere que te rasures para él, pero sí la marca del bikini como mínimo. Irse un momento a hacer pis en mitad del acto: esto es como cuando te vas de viaje, hay que hacerlo antes. Quitarse el maquillaje “durante un buen rato” antes de hacerlo: conseguirás que pierda el interés o que se duerma. Tener cosquillas por todas partes: al principio tiene gracia, pero luego desespera. No usar lencería nueva: sobretodo si te la regala él. Un conjunto explosivo le dejará sin palabras. Olvídate de las bragas de dibujos animados. No ponerle nunca el preservativo: ya se siente perjudicado respecto a ti por tener que ponérselo. Que no se sienta sólo en eso. No comprar preservativos: él se los pone, pero os sirven a los dos. Dar por supuesto que los pezones del hombre no sirven para nada: que no llamen la atención no quiere decir que sean de adorno. No dejarle que te mire: él se excita viendo cómo disfrutas. No decir lo que te gusta en la cama: pídele lo que te apetezca, no seas vergonzosa. Pónselo más fácil y saldrás ganando. Poner mala cara o quedarse en silencio cuando eyacula demasiado rápido: peor se siente él. Ten paciencia, la emoción a veces juega malas pasadas.

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Cae narco-abuela en Aguascalientes Luego de una denuncia anónima elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, apoyados por personal del Ejército,detuvieron a una mujer identificada como Margarita López Ramos de 70 años quien vendía droga en su domicilio. Luego de una denuncia anónima elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, apoyados por personal del Ejército, detuvieron a una mujer identificada como Margarita López Ramos de 70 años quien vendía droga en su domicilio Los hechos se registraron la tarde de ayer, cuando una llamada anonima denunció una tienda de nacomenudistas, y tras un ooperativo fue arrestada la mujer de 70 años y llevada directamente a la PGR-Delegación Aguascalientes, quedando a disposición del Agente del Ministerio Público Federal. La denuncia describió que en el lugar vivían dos persoas la mujer de 70 años y su hijo, quien se dió a la fuga. En el lugar se decomisaron 19 matas de marihuana de entre 50 centímetros a un metro y medio de altura, 2 bolsas que contenían la misma hierba, varios envoltorios con semillas de esta planta, asi como dos armas cortas; una tipo revólver y una tipo pluma, ambas calibre .22, cuatro celulares de diferentes marcas, 5 relojes y varios anillos en metal amarillo.

Jose de san martin José Francisco de San Martín (Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata, 25 de febrero de 1778 - Boulogne-sur-Mer, Francia, 17 de agosto de 1850) fue un militar argentino cuyas campañas fueron decisivas para las independencias de la Argentina, Chile y el Perú. A los siete años viajó a España y con el tiempo se unió a los ejércitos españoles que combatían la dominación napoleónica de la Península, participando en las batallas de Bailén y La Albuera. En 1812, tras una escala en Londres, partió a Buenos Aires, en donde se le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo (que hoy lleva su nombre), que resistió un ataque realista durante el Combate de San Lorenzo. Luego reforzó el Ejército del Norte. Desde la ciudad de Mendoza inició su plan para la liberación definitiva de Sudamérica: tras crear al Ejército de los Andes cruzó con el mismo la cordillera de los Andes y liberó Chile, en las batallas de Maipú y Chacabuco. Tomando bajo su control los barcos chilenos, atacó el centro del poder español en Sudamérica, la ciudad de Lima, que declaró su independencia en 1821. Se encontró en Guayaquil con Simón Bolívar, y tras dicha entrevista le cedió su ejército y la meta de finalizar la liberación del Perú. San Martín partió a Europa, y murió el 17 de agosto de 1850. Junto con Bolívar es considerado el libertador más importante de Sudamérica de la colonización española. En la Argentina se lo reconoce como el Padre de la Patria y se lo considera un héroe y prócer nacional. En el Perú, se lo reconoce como libertador de aquel país, con los títulos de «Fundador de la Libertad del Perú», «Fundador de la República» y «Generalísimo de las Armas». En Chile su ejército le reconoce el grado de Capitán General. soy una barra separadora (José Francisco de San Martín, llamado el Libertador; Yapeyú, hoy San Martín, Corrientes, 1778 - Boulogne, Francia, 1850) Héroe de la independencia americana. Hijo de Juan de San Martín, teniente gobernador de Corrientes, y de Gregoria Matorras, fue con Simón Bolívar una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación americana. En 1784 José de San Martín pasó con su familia a España, donde inició su carrera militar en el regimiento de Murcia (1789), con el cual, a los trece años, tuvo su bautismo de fuego en el sitio de Orán (1791). Más tarde intervino en las guerras del Rosellón (1793), de las Naranjas (1804) y de Independencia, que le supusieron distintos ascensos hasta alcanzar el grado de teniente coronel. Tras esta fulgurante carrera y poco después de estallar la revolución emancipadora en América, San Martín, que había mantenido contactos con las logias masónicas que simpatizaban con el movimiento independentista, marchó a Londres (1811) y de allí a Buenos Aires (1812), cuyo Gobierno le encomendó primero la formación del regimiento de granaderos y más tarde la jefatura del ejército del Norte (1813), en sustitución de Belgrano. El duro revés que éste había sufrido en Vilcapugio y Ayohuma a manos de los realistas cerraba prácticamente las posibilidades de avanzar sobre Lima, al tiempo que hacía vulnerable esa frontera, cuya custodia encargó a M. de Güemes, caudillo de Salta. Tras la derrota del ejército chileno en Rancagua (1814), San Martín dio amparo a O'Higgins y a sus tropas en Cuyo (Mendoza), de donde acababa de ser nombrado gobernador por J.M. de Pueyrredón. En Mendoza José de San Martín se dedicó a organizar el ejército libertador, con el que se propuso invadir Chile cruzando la cordillera de los Andes, la mayor hazaña militar americana de todos los tiempos. Superadas las cumbres andinas, el 12 de febrero de 1817 derrotó al ejército realista al mando del general Marcó del Pont en la cuesta de Chacabuco, y el 14 entró en Santiago de Chile. La Asamblea constituida proclamó la independencia del país y le nombró director supremo, cargo que declinó en favor de O'Higgins. José de San Martín (José Francisco de San Martín, llamado el Libertador; Yapeyú, hoy San Martín, Corrientes, 1778 - Boulogne, Francia, 1850) Héroe de la independencia americana. Hijo de Juan de San Martín, teniente gobernador de Corrientes, y de Gregoria Matorras, fue con Simón Bolívar una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación americana. En 1784 José de San Martín pasó con su familia a España, donde inició su carrera militar en el regimiento de Murcia (1789), con el cual, a los trece años, tuvo su bautismo de fuego en el sitio de Orán (1791). Más tarde intervino en las guerras del Rosellón (1793), de las Naranjas (1804) y de Independencia, que le supusieron distintos ascensos hasta alcanzar el grado de teniente coronel. José de San Martín Tras esta fulgurante carrera y poco después de estallar la revolución emancipadora en América, San Martín, que había mantenido contactos con las logias masónicas que simpatizaban con el movimiento independentista, marchó a Londres (1811) y de allí a Buenos Aires (1812), cuyo Gobierno le encomendó primero la formación del regimiento de granaderos y más tarde la jefatura del ejército del Norte (1813), en sustitución de Belgrano. El duro revés que éste había sufrido en Vilcapugio y Ayohuma a manos de los realistas cerraba prácticamente las posibilidades de avanzar sobre Lima, al tiempo que hacía vulnerable esa frontera, cuya custodia encargó a M. de Güemes, caudillo de Salta. Tras la derrota del ejército chileno en Rancagua (1814), San Martín dio amparo a O'Higgins y a sus tropas en Cuyo (Mendoza), de donde acababa de ser nombrado gobernador por J.M. de Pueyrredón. En Mendoza José de San Martín se dedicó a organizar el ejército libertador, con el que se propuso invadir Chile cruzando la cordillera de los Andes, la mayor hazaña militar americana de todos los tiempos. Superadas las cumbres andinas, el 12 de febrero de 1817 derrotó al ejército realista al mando del general Marcó del Pont en la cuesta de Chacabuco, y el 14 entró en Santiago de Chile. La Asamblea constituida proclamó la independencia del país y le nombró director supremo, cargo que declinó en favor de O'Higgins. San Martín viajó a Buenos Aires a fin de solicitar lo necesario para la campaña del Perú. Sin embargo, lo que recibió fue la oferta de intervenir directamente en las disputas internas del país, cosa que rechazó. Mientras tanto, las fuerzas patriotas habían sido completamente derrotadas en Cancha Rayada por el ejército realista de Osorio. De nuevo en Chile, San Martín reorganizó las desmoralizadas tropas criollas y venció a Osorio en los llanos de Maipú, el 5 de abril de 1818, asegurando de este modo la libertad chilena. En seguida inició la campaña de Perú (1820), que culminó con la proclamación de la independencia peruana (1821) y su designación como protector, cargo que aceptó hasta la total pacificación del país. Celebrada la entrevista con Bolívar en Guayaquil (1822), donde ambos patriotas trataron el futuro del continente, San Martín renunció al Protectorado peruano y se retiró de la vida pública, embarcándose hacia Europa (1824). En 1829 regresó a Buenos Aires, pero no llegó a desembarcar. Afectado por las luchas fratricidas que enfrentaban a sus compatriotas, marchó de nuevo a Europa, radicándose en Francia.

Desde que estrené mi soltería, allá por enero, una de las cosas que más me preocupaba era cómo volver a ser un tipo divertido. Sí, las rutinas, la vida, el terrible acomodamiento de estudio, trabajo sofá me habían convencido a mí mismo de que una de las razones de mi fracaso era que me había vuelto aburrido. Ya ven, uno que, de pronto, descubre que es algo que nunca pensó. Así, desde el primer día de mi soltería decidí que debía ser el que algún día fui: un tipo divertido. Ingenuo que es uno, comencé a tratar de animarme con la música. Que si un poco de Jarabe de Palo con canciones de buen rollo, una pizca de reagge y cosas por el estilo. Sí, me animaban y me hacían venirme arriba, sobre todo en los días soleados. No así en los nublados, ya que me entristecían hasta deprimirme por mucho Bob Marely o incluso Carlinhos Brown que hubiera en mis oídos. Visto que la música no valía siempre y sólo me hacía venirme en según qué condiciones atmosféricas, decidí empezar a probar la noche con asiduidad. Salir por las noches, reencontrarme con la canallesca, el vivir más de noche que de día. Sí, funcionaba, por las noches me olvidaba de todo y me convertía en un tipo realmente divertido, con el que no costaba reír. Pero, los días de resaca eran deprimentes, los biorritmos se me venían abajo y me encerraba en mí mismo, cayendo en errores propiciados por una descabellada nostalgia. El siguiente paso no sé si fue un error o no. Pero recordé que en mi trabajo siempre había sido un tipo simpático dicharachero, sonriente, muy hablador. Así que decidí que era hora de pasar algo más de tiempo en la redacción. Y sí, rediós, era divertido, para mí y para todos. Siempre hay un pero y en este caso el problema venía cuando salía de trabajar. Otra vez nostalgias, ensimismado en mi propia desgracia e imaginaria soledad. No, estaba visto que el trabajo no haría que yo y mi vida fuésemos más divertidos. Decidí, entonces, que lo mejor eran unas vacaciones en la playa. El fin a todos mis problemas estaba allí, en el Mediterráneo, rodeado de tres amigos. Y volví a ser divertido. Sí, nos reímos mucho en ese viaje de Semana Santa, lo pasamos genial y creo que incluso afianzamos y retomamos viejas y buenas amistades que mis rutinas me habían apartado. Sin embargo las vacaciones tienen un defecto irremediable: se acaban. La vuelta volvió a ser deprimente y me devolvió a un estado de inestabilidad que creía ya olvidado. Dado que ni la música, ni la noche, ni el trabajo, ni las vacaciones me harían más divertido decidí probar una vieja y sana afición: una mujer. Un clavo saca otro clavo y todas esas cosas que te dicen al finalizar una relación larga. Pero, a pesar de que lo pasé bien, no, tampoco era la solución a mi falta de diversión exterior. Seguía sin ser el tipo divertido que antaño fui y que había logrado muchas cosas gracias a ese carácter. Visto que eran demasiadas las cosas que había probado, empecé a preocuparme y a pensar que aquello no tenía solución. Sería aburrido hasta el fin de mis días. Nunca más nadie podría conversar conmigo y reírse durante demasiado tiempo. Notaba que mis viejos y malos chistes ya no me salían. Que había perdido (ejem) la chispa. Y cuando estaba a punto de darme por vencido, llegó. Volví a ser un tipo divertido. Casualidad o no, llegó al mismo tiempo que otra situación extraña. Volví a ser un tipo divertido una noche en la que decidí abrir una botella de Rioja y ser libre, yo mismo. El mismo día que todo me empezó a dar igual. El mismo día que eché la vista unos meses atrás y comencé a reírme. A reírme de mí mismo y de mis errores. Así que ya saben, si quieren ser gente divertida, que contagie, que viva en una cierta situación de buen rollo, que no les cueste acercarse a alguien por miedo a que salga corriendo, sólo hay una solución. Ríanse de sí mismos. Y luego ríanse de todo. Y la vida les sonreirá. Ah, lo olvidaba. Ahora sí. La música, las noches, el trabajo, las vacaciones y las mujeres suman y contribuyen a todo esto. Tan sólo había que comenzar por solucionarme a mí mismo. Ya ven. despues de hacer esto quedaran asi Ah asi
Voy a tratar de explicaros de manera sencilla, como podéis empezar a trabajar con Neat image a través de estas dos capturas de pantalla de las ventanas más importantes que os encontraréis al abrir este programa de reducción del ruido de una imagen. Tal vez la versión que tengáis del programa no coincida con ésta, que es la última, pero en lo fundamental, es lo mismo en todas las versiones: 1) Empezamos con la ventana "Device noise profile": Lo primero que debéis hacer, es seleccionar una pequeña zona de la imagen, donde el ruido pueda ser bastante homogéneo para que el programa pueda analizarlo. No es necesario, pero es aconsejable. Hay otra modalidad en la que se puede analizar toda la imagen completamente, pulsando sobre el botón inferior, que he señalado en la captura de imagen. Zonas de ruido homogéneo las podéis encontrar por ejemplo en el cielo donde de una zona a otra la imagen no tiene cambios bruscos de luz ni de color ó en zonas de la imagen que cumplan estas características... Para seleccionar la zona, pulsad con el puntero del ratón sobre la fotografía y manteniendo pulsado el botón izquierdo debéis trazar un cuadrado o rectángulo. Si la zona elegida es demasiado pequeñá, el programa os lo indicará y os dará error... Mr. Green Después pulsamos sobre el botón señalado con el número 1 para que el programa analice la zona y a continuación sobre el botón 2 para terminar el proceso. Nota: Donde dice Working color space, dejadlo tal y como viene configurado por defecto, que es lo que recomienda el propio fabricante del software, YCrCbJPEG. 2) Ya estamos en disposición de pasar a la siguiente ventana, "Noise filter settings": Lo primero que debeis de hacer es seleccionar un trozo de la imagen de la misma forma que hicimos en el apartado anterior. Modificando los valores del punto señalado con una flecha en la captura de imagen, Noise Levels y del punto siguiente, Noise reduction amounts y pulsando en preview, podéis ir acentuando o disminuyendo el efecto de reducción de ruido... spin Por defecto, los Noise Levels se ponen a cero para cada tipo de ruido de la imagen. De grano grueso, medio o fino pero si en vuestra imagen alguno de estos ruidos es muy abundante, subid su porcentaje. Por cierto, si los ponéis a -100%, ninguna reducción de ruido será aplicado... En Noise reduction amounts, podéis subir el porcentaje de reducción de ruido para cada tipo de ellos, teniendo en cuenta que a mayor porcentaje, más suavizada quedará la imagen... Las ultimas casilla, donde dice Sharpening setting, sirven para incrementar la nitidez de la imagen pero sin aumentar el ruido de la misma. Con pulsar la casilla que pone Y, es suficiente si habéis seleccionado YCrCbJPEG en la primera ventana. No obstante, con la preview os haréis una idea de como quedará vuestra imagen con los valores que habéis seleccionado... En el momento que ya lo tenéis todo listo, es tiempo de pulsar Apply y ver el resultado final... trabajando con post toy asiendo mas soy flash comenten o puntuen

Tras las fiestas de independencia en la región, muchos se preguntan ahora si hay algo que pueda curar la horrible resaca. Tras los aniversarios de independencia que se celebraron en varios países de América Latina, muchos sin duda se despertaron hoy lunes con una horrible realidad: la resaca. Muchos también se preguntarán si con tantos adelantos de la ciencia existe una cura para este molesto -y común- trastorno cuyos síntomas incluyen dolor de cabeza, náusea, sensibilidad a la luz y el ruido, letargo y sed. Todos hemos dado y recibido consejos para curar la cruda: desde tomar un par de aspirinas, comer bananas, consumir alimentos fritos, beber mucho café u otras bebidas con cafeína, tomar mucha agua, etc. etc. La mala noticia es que hasta ahora no se ha logrado obtener evidencia científica que confirme la efectividad de éstos u otros métodos para combatir el padecimiento que también es conocido en varios países de la región con los nombres de goma o guayabo. De hecho, las crudas o resacas han sido muy poco estudiadas porque los científicos prefieren centrarse en el abuso del alcohol para encontrar formas de tratamiento y prevención. Y, hasta ahora, la principal conclusión científica es que la única forma de evitarlas es no beber del todo, o beber con moderación. Sin embrago, si usted tiene resaca, es obvio que ya es muy tarde para seguir ese consejo y lo más seguro es que sienta que una tonelada de cemento le ha caído en la cabeza. Si es así, lo único que le queda es esperar a que su organismo metabolice el alcohol ingerido y lo deseche de su cuerpo. Pero mientras eso ocurre le ofrecemos una serie de recomendaciones que quizás lo ayuden a sentirse mejor. O, por lo menos, a no sentirse todavía peor. Deshidratación El etanol que contienen las bebidas alcohólicas causa deshidratación porque aumenta la producción de orina. Esa deshidratación puede ser mitigada bebiendo mucha agua. Y si bien hay personas que juran haberse curado con una lata de bebida de cola, o con una taza de café cargado, la cafeína -advierten los expertos- causa deshidratación. Así que si usted se siente mejor después de una taza de café o una bebida de cola es por el efecto inmediato de "reanimación" que causa la cafeína en el organismo. Pero este efecto pasará pronto y la deshidratación será peor. Así que mejor evitarla. Fritangas La tradición también dice que después de beber mucho hay que comer alimentos ricos en carbohidratos -como pan o tortillas (en México)- que ayuden a acelerar el metabolismo y a desechar rápido el alcohol ingerido. También se dice que los alimentos grasosos ricos en proteínas que contienen aminoácidos -como el tocino o la carne (de los tacos mexicanos)- pueden también ayudar a "limpiar" las toxinas del organismo. Los expertos recuerdan, sin embargo, que después de una noche de copas, el sistema digestivo está muy sensible y bajo enorme presión. Así que las grasas de las salchichas o los tacos mexicanos puede más bien causar indigestión. Analgésicos Los analgésicos también es mejor evitarlos. La aspirina y el ibuprofeno podrían irritar el estómago, que ya está bajo presión. Y el paracetamol (acetaminofeno) pondrá a trabajar al hígado, que ya ha estado trabajando horas extra toda la noche tratando de metabolizar el etanol. Así que si necesita desesperadamente tomar analgésicos, hágalo en moderación. Otros remedios Un estudio reciente de la Escuela de Medicina Peninsula, en Inglaterra, estudió los efectos de ocho distintos agentes (cuatro medicamentos y cuatro compuestos naturales) en las resacas. Éstos incluían medicamentos para la hipertensión, para la náusea y vértigo, y analgésicos de la misma familia de la aspirina e ibuprofeno. Asimismo estudiaron el impacto de la glucosa o fructosa y suplementos naturales de alcachofa, higo, borraja y levadura. "No encontramos evidencia convincente que sugiera que cualquier intervención convencional o complementaria es efectiva para el tratamiento o la prevención de la resaca por alcohol", indicaron los investigadores en el estudio publicado en British Medical Journal (BMJ)(Revista Médica Británica). "Lo único que se puede hacer con una resaca es dejar que su cuerpo se cure a sí mismo y aprender la lección que la naturaleza le enseña: no lo haga de nuevo o beba con moderación", fue su conclusión. BBC Mundo.com - Todos los derechos reservados. Se prohíbe todo tipo de reproducción sin la debida autorización por escrito de parte de la BBC. comentar y seguirme y los sigo