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Lanata, el filósofo del kirchnerismo por Ezequiel Ivanis
OfftopicporAnónimo3/11/2017

Lanata, el filósofo del kirchnerismo Por Ezequiel Ivanis* Hace algunos años se instauró la idea de que en nuestro país existía una “grieta”. Jorge Lanata, ex periodista y ex mercenario devenido en empresario inmobiliario, fue el filósofo divulgador de ese concepto. Desde los sectores populares y, también, desde los no-populares que dicen representar a esos sectores populares nos desgarrábamos las vestiduras tratando de revertir ese concepto, explicando que no había grieta, atacábamos a Lanata, prohibíamos esa palabra, nos esforzábamos por demostrar que gobernábamos para los 40 millones de argentinos y argentinas. Traicionábamos nuestro espíritu político. Y la oposición de ese entonces, hoy en el gobierno, perforaba con morbo y sadismo esa idea. Entonces hablaban de “consenso”, de “unir a los argentinos”, de acabar con el país dividido que había hecho pelear a familias enteras. Toda la oposición política y mediática, Beatriz Sarlo incluida, hablaban hace tan solo dos años de acabar con el conflicto y la tensión de una sociedad que se quebraba, que estaba a punto de un estallido o enfrentamiento entre los que estaban a ambos lados de la grieta, fenómeno provocado por el kirchnerismo, especialmente por Cristina Fernández de Kirchner. Y en eso nos equivocamos, como en algunas otras cosas. Deberíamos haber recogido ese guante, hacernos del concepto “grieta” y profundizarlo, cristalizarlo aún más, generando una grieta de tal longitud que sea imposible saltar de un lado a otro dependiendo del contexto. Filosóficamente, para los intelectuales políticos que no se meten en política y les gusta hablar “en difícil”, se traduciría en generar un agonismo de tal magnitud entre un “nosotros” y un “ellos” que se constituya en una lucha democrática radicalizada donde un modelo de país obtiene la siempre contingente hegemonía simbólica, económica y política para desarrollar su proyecto político. Es decir, la lucha se da en un espacio común compartido (las reglas de la democracia liberal) entre un “nosotros” y un “ellos” (que difieren en cómo organizar ese espacio común). Para “ellos” es mantener el status de democracia liberal representativa, para “nosotros” transformarla en una democracia radicalizada, plural y agonística. Ahora resulta que “ellos” dicen que no hay una reconciliación completa (lo dice Mauricio Macri en el inicio de las sesiones legislativas y lo dijo Beatriz Sarlo estos días), que ese “unir a los argentinos”, es unir a algunos argentinos contra otros (que seríamos “nosotros”) y que las políticas más eficaces de nuestro país se hicieron cuando estrictamente el país no estaba unido. Tan estúpidos fuimos. Lo cierto es que la Alianza Cambiemos y todo su aparato mediático-cultural nos estigmatizaba por haber cristalizado esa des-unión del pueblo argentino y nosotros, por no detenernos a pensar, cedimos ante esa acusación. Y, aún peor, ahora “nosotros” nos damos cuenta que sí existe y que son “ellos” quienes desde el discurso la ocultan pero desde la práctica la profundizan. Deberíamos habernos dado cuenta que en nuestro país la grieta es tan antigua como nuestra historia. Patria chica y patria grande. Unitarios y federales. Liberales y caudillos. Civilizados y bárbaros. Anti-yrigoyenistas y personalistas. Oligárquicos y peronistas. Elites y sectores populares. Dictadores y desaparecidos. Neoliberales y neodesarrollistas. Y llegamos al siglo XXI. En este sentido, la grieta antikirchnerista y kirchneristas no es más que el epifenómeno de una formula universal e histórica que atraviesa nuestro país desde su formación. No hay grieta a partir del kirchnerismo, sino, tan solo, la cristalización carnal de su existencia que en muchos periodos ha sido cruelmente ocultada bajo un manto de supuesto consenso racional (al tiempo que millones de argentinos iban siendo excluidos). Por lo tanto, la grieta actual no es más que la lucha por definir qué modelo de país queremos ser. Lucha que, en nuestro país, aún no ha encontrado un final. No hubo Guerra de Secesión que proclame un ganador. Todavía estamos ahí, entre joven y adulto, en una lucha por la identidad que es siempre conflictiva, con retrocesos enormes, con algunos avances. La grieta de hoy es la actualización de dos modelos que han pugnado históricamente. Cambian los personajes, las formas de la política, el nombre del hecho, pero la sustancia es la misma. La sustancia, el contenido por el que se lucha no cambia, cambian los perjudicados y los que ganan. En este sentido el proyecto de la Alianza Cambiemos no varía en cuanto al kirchnerismo. Hay ganadores, hay perdedores, hay transferencia de recursos, hay relato, hay miradas, integraciones, estigmatizados, dólares, hay Báez y Caputos, hay regulaciones, hay vueltos y pago de favores. La cuestión es definir quién gana o pierde, hacia dónde va la transferencia de recursos, qué relato de nosotros mismos construimos, a quién miramos, qué integración apoyamos, a quién estigmatizamos, quién paga el precio del dólar, a quién escondemos, qué regulamos. En resumen, tenemos dos modelos antagónicos, irreconciliables. La única reconciliación que nos proponen es a través del consenso, de la anulación de la política, porque anular la grieta es anular la política. Para nosotros, los que estamos de este lado del abismo, junto a los federales, la patria grande, los caudillos, los bárbaros, los cabecitas negra, los desaparecidos, los gobiernos nacionales y populares, el consenso no es una opción. ¿Hubo consenso en nuestro país? Por supuesto que sí. En las épocas más nefastas, en épocas de pacificación. Durante el granero del mundo, particularmente durante el Unicato, en la década Infame, en el menemismo, hoy. Ese es el consenso de los pocos sobre los muchos que quedan en silencio y sufriendo en la exclusión. Ese consenso, esa anulación de la política es hoy el discurso que impera desde la alianza Cambiemos. Hay dos modelos antagónicos que pugnan por imponerse, por lograr la hegemonía política y social de nuestro país. Aún no hay ganadores claros, aún no hay un proyecto de país impuesto para siempre. Solo momentos de victorias parciales, de idas y vueltas, de ganadores fugaces. Estos dos modelos han aparecido con crudeza en el siglo XXI, y de manera descarnada mostraron horizontes de sentido contrapuestos. Hoy, hoy no es un indicador de tiempo solamente, hoy es corpóreo y se constituye en una arena de combate (dentro del marco democrático) donde batallan 200 años de historia y, por si fuera poco, el llanto y la risa de las futuras generaciones. *Docente universitario y miembro del Centro de Estudios para el Desarrollo Nacional Atenea

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Nosotros, los Indios (No estamos Solari...)
OfftopicporAnónimo3/17/2017

Nosotros, los Indios (Por Juan Esteban Kirchner. Apoyo moral: Francisco Busatto y Dulce Perón) La última presentación del INDIO Solari como solista terminó de una forma inusual y excepcional: dos muertos que, luego de la autopsia, se confirmó que no fallecieron por aplastamiento. Si bien ya no es tapa de todos los periódicos o graf de los canales de Tv, la fiesta popular a la que nos convoca el INDIO hace más de 10 años, ha sido demonizada por todos (propios y ajenos) los medios de comunicación y el Gobierno. Que hoy son una sola cosa: una orquesta afinadísima que cala profundamente en el imaginario colectivo. Las muertes han sido el mejor botín del actual Gobierno/Medios para defenestrar a la organización popular. Más aún: a la organización, a la movilización y a la política. La que ellos odian y detestan como buenos gerentes o ceos que son. Vinieron por todo y por todos, como en la campaña al desierto. Ya no hace falta una Remington ni trincheras para cortar cabezas de indios, con los fusiles de los medios de comunicación la condena social al propio Solari y a sus espectadores atenta contra el pueblo organizado. Contra Nosotros. Somos el blanco de ellos hace tiempo, solo faltaba el tiro de gracia. Olavarría, 11 de Marzo 2017 La misa ricotera no es un nombre puesto al azar. Miles de micros, combis y autos se movilizan desde una semana antes a las ciudades donde se presenta el INDIO como solista desde el 2005. En total fueron casi un millón ochocientas mil personas circulando desde, y por, todo el país para compartir con el otro la fiesta popular más grande que un artista nacional de rock puede ofrecer. Música, solidaridad, asados, sonrisas, fernet, abrazos, cerveza, lágrimas, hermandad y excesos. Una excusa, quizás, para descomprimir. Son días de festejo, disfrute y donde se sale de la norma que nos determina todos los días dando rienda suelta los sentimientos más profundos de libertad que el ser pueda tener. Lo que no significa que no haya organización. La hay y mucha. Y eso a ellos les molesta. A las 6 de la tarde del sábado Olavarría ya no era tal. Los 130 mil habitantes eran ínfimos en comparación a las más de 300 mil personas que ansiaban por entrar al predio. Era la recta final de un año de espera. Restaban más de 15 cuadras de un océano de gente para llegar a destino. Rodeados de otros como uno, del humo de los choris y de remeras para todos los gustos, la misa funcionaba en cada uno de sus engranajes como siempre. Y lo mismo para el ingreso: control escaso y un pedido de tickets casi inexistente. Nada nuevo bajo el sol. Nos cuidamos entre todos, como siempre lo fue con o sin el pedido del INDIO, pero cuando hay una descomposición social como la actual la cosa se complica y te la complican. Más si nos sabemos movilizar organizadamente sin que nadie nos indique cómo. La sala era casi surrealista. Un escenario inmenso y 15 torres audiovisuales hacían de La Colmena un espacio-tiempo sólo comparable con el último recital en Tandil hace exactamente un año. Ahora sí la sonrisa era plena. La foto de rigor, los saltos de alegría y los abrazos con desconocidos eran la muestra de que el objetivo estaba cumplido. Sólo restaba disfrutar del espectáculo. A sólo cuatro temas de comenzada la partida las cosas cambiaron y nunca volvieron a ser. Se suspende varios minutos el show con el ya conocido pedido del cantante de terminar con los empujones y que por favor el personal de Defensa Civil se acercara para asistir a quienes parecían estar tirados en el piso. El espectáculo había terminado para muchos de los nuestros. Ya no era. Ya no fue. El INDIO se alejó de su público. No estaba “en el lugar más cómodo del mundo” como le aseguró a Pergolini en referencia a los escenarios. Nos alejamos de él. Algo sobrevoló el ambiente. No se olía bien el sonido. La luna llena nos miraba preocupada. En cada final de canción suplicábamos que no se terminara todo. En varias oportunidades algún micrófono quedó abierto haciendo oír el enojo de más de uno y una preocupación por no cumplir con la lista prevista. Raro, esa fue la palabra que comenzaba a oírse y, una vez finalizado, estampó a las casi dos horas de recital. Los primeros acordes de JIJIJI no se sintieron. El fuego se había apagado hacía rato, tanto que muchos ni siquiera se dieron cuenta que pegado al pogo más grande del mundo sonó Mi Perro Dinamita. Otros ya se habían ido. La salida no fue como de costumbre, es cierto: muy pocos cantos y sonrisas. Gritos, enojos y cigarrillos mal prendidos. “Qué recital de mierda”, se animó a asegurarme un compañero ocasional luego de cruzar nuestras miradas hamburguesa completa de por medio. La desconcentración no fue sencilla. Ni en este recital ni en ninguno. Descomprimir en un mismo momento a todos los presentes que ingresaron en distintos horarios no es tarea fácil. Más si se suma que la calle principal, recta a la salida, estaba tapiada. En ese mar que volvía al océano, comenzaron a correr los rumores: “7 muertos, niños muertos, 11 muertos. TRAGEDIA”. “Ah listo… Empezó el show” escupió un amigo. De a poco los miles y miles con la cabeza gacha (cual goleada en contra de local) que recordábamos el camino a casa (o al micro que es lo mismo), nos fuimos encontrando. Como siempre. Como siempre fue. Todo arte es político Es más que sabida la posición política del INDIO Solari en temas que preocupan como sociedad. Durante los últimos doce años de gobierno Nacional y Popular, esa postura se vio emparentada con muchas de las políticas públicas llevadas adelante. Quizás lo suficiente para que algunos señalen al INDIO como kirchnerista, aunque él mismo se encargue de correrse de esa etiqueta, hoy, endiablada. Como sea, tanto en sus letras como así también en sus recitales o declaraciones públicas, el ex – líder de Los Redondos es claro y no da lugar a dudas. Lo que tampoco es nuevo, y este recital no sería la excepción. Incluso, días atrás, junto a más de mil artistas, intelectuales, políticos y deportistas, el INDIO firmó una solicitada donde se pide, entre otras cosas, la unión “de todas las fuerzas vivas de nuestra sociedad para poner un freno al brutal embate al que está siendo sometida la mayoría del pueblo argentino”. Como si no fuera suficiente, y seguramente para captar la atención de algún desprevenido, promediando el recital y con la rareza determinando todo, el INDIO hizo referencia a los nietos desaparecidos y al trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo: “Hace 40 años las Abuelas están buscando a sus nietos desaparecidos. Quizás, si alguno de ustedes tiene alrededor de 40 años, o conocen a alguien que tenga dudas sobre su identidad, acérquense a las Abuelas que ellas van a tratar de averiguar su pasado, ustedes van a poder seguir haciendo sus vidas si lo desean. Pero es bueno saber la vida que uno tuvo, los padres que uno tuvo, la verdadera salubridad… es bueno.”. El mismo texto fue plasmado en todas las pantallas gigantes hasta minutos antes de comenzar el recital. “Y por otro lado, pensemos bien lo que está pasando con respecto a los menores, están buscando bajar la punibilidad de los menores a 14 años. Hay estadísticas que dicen que los asaltos o crímenes cometidos por menores de 14 años son estadísticamente ínfimos, lo que están haciendo es una locura. Yo pido que piensen en el momento en que los diputados y los senadores van a desear hacer estas cosas. Los muchachos no nacen malos, el Estado no puede ser penal antes que social, tiene que socializar primero y luego pensar penalmente en la criatura.” La baja de edad de imputabilidad no es precisamente un tema que esté en agenda, ni de los grandes medios ni del inconsciente colectivo, aunque en la cocina ya está casi todo cortado y el aceite bien caliente. Abramos los ojos, era en síntesis, el mensaje en ambos casos. Abramos los ojos porque hoy nos gobierna un Estado Penal antes que Social. Máxima que Eugenio Raúl Zaffaroni deslizó hace ya tiempo: Estado Social vs. Estado Gendarme. Y con la idea de algunos representantes de bajar a 14 años la punibilidad queda claro qué Estado nos sujeta hoy. link: https://www.youtube.com/watch?v=4K5WktII5IM Una lista de temas acordes al momento actual del país, hizo del recital una interpelación a lo que muchos de los presentes necesitamos: algo que nos libere, aunque sea por un momento, de la cultura oficial, hegemónica (lo que hoy es lo mismo). Igual a como fue en los 90 con Los Redondos, el sábado en Olavarría, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, encarnaron en muchas de sus canciones elegidas lo que muchos queríamos decir y gritar y no encontramos el espacio. Inclusive, durante toda la canción “todo preso es político”, en la pantalla principal del escenario se podía observar una imagen fija del servicio penitenciario de la provincia de Jujuy. Todo dicho. Si todo preso es político todo arte también es político. Si bien esta última sabiduría popular es previa a la primera, hoy día el discurso oficial hace creer que los artistas no hacen política, que no se inmiscuyen en sus propias vidas ni en la de los otros (y si hacen política o si se la juegan lo señalan, lo encasillan y lo persiguen hasta demonizarlo). El arte, en cualquiera de sus manifestaciones, es una expresión. Una expresión fundamentalmente política. Una postura ante el mundo, una forma de develarlo y vincularse con el otro o simplemente lo otro. Miedos Los medios masivos de comunicación nunca cubrieron los recitales del INDIO como lo que es: una de las fiestas populares más grande del país. Las crónicas al día siguiente siempre ocuparon una pequeña parte o nota color en la sección espectáculos deseando, en realidad, que sea en policiales con tapa incluida. Nunca les interesó cómo cientos de miles de personas nos organizamos, movilizamos y expresamos políticamente en ese vínculo de hermandad con el otro. Jamás. El sentimiento de pertenencia y la alegría de estar, de ser, nunca fue noticia… por lo cual, lamentablemente, para muchos nunca fue un verdad. Pero allí estaban una vez más, esperando un hueso para compartirlo con sus jefes y ser nombrado empleado del mes. Y esa presa les llegó. Siempre, siempre están ahí a la espera de hacer su propio show. A las 3 de madrugada nos confirman desde Buenos Aires la muerte de 7 personas, heridos y “desparecidos”. Lo había “tirado” Telam sin un solo corresponsal en el lugar por “cuestiones presupuestarias”. La información de ellos, que comenzaba a circular como un virus entre todos Nosotros, afirmaba la rareza del espectáculo que habíamos vivido. La angustia y la tristeza se apoderaron de todos los que volvíamos, muy de a poco, a nuestros puntos de encuentro. Para Nosotros, con la información de ellos, éramos parte de una tragedia que podía acrecentarse con el correr de las horas. Confiábamos en el “servicio social” de los medios. Ante la preocupación nos ganó la ingenuidad… ya estaban adentro nuestro. Todo lo que vino después fue (y sigue siendo) el show que ellos armaron, el cual se alimenta de nuestros cuerpos y almas. Vivas o muertas, no importa… es lo mismo. Bien se sabe cómo funcionan los grandes medios, pero la verdad que han construido desde el domingo a las 00.00 no tiene otro calificativo que vergüenza nacional. Juegan, se entretienen y sacan rédito económico con la preocupación de todo un país. Rifaron en la bolsa de valores nuestros miedos, nuestros sentimientos más nobles y profundos. Se metieron en nuestra cama. En nuestros sueños y pesadillas. Confirmados los dos fallecidos, más las opiniones de Doña Rosa con corbata frente a cámara, las imágenes de entrada y salida del de la ciudad y del predio se convirtieron en los blancos de ataque pese a que siempre fue así y hasta era un motivo de orgullo saber que allí estábamos, organizados y movilizados sin ningún problema a la vuelta de la esquina. Una verdad construida a gusto del cliente y entregada a domicilio sin pagar un solo peso extra. Muchas personas recién ahora están sabiendo de cuánta gente se organiza y moviliza para sentir, divertirse y ser feliz aunque sea por unos días; qué es lo que pasa en las ciudades donde toca el INDIO o cuánto tardan en regresar todos a casa. Por lo cual el sensacionalismo es doble: por las dos muertes y por la forma de organización, muy distinta a la que marcaría cualquier norma que emane el Gobierno/Medios. Detestan, odian, a quienes creemos en lo colectivo por sobre lo individual. link: https://www.youtube.com/watch?v=97g492J3pBY Otra vez la noticia le ganó a la realidad. El mercado le ganó a la vida. Nada se habló en los medios de la postura explícita del INDIO en los temas tratados en el apartado anterior. Ni un solo tilde sobre el Estado Penal al que hizo referencia nuestro artista. Máxima confirmada horas después con lo ocurrido: se debe penalizar lo que el Estado considera fuera de la norma. De lo normal. Tanto es así que a quienes quedaron “varados” por la codicia de algunas empresas privadas a cargo de los buses, el Estado los asiste penalizándolos y de la peor forma: en camiones. Y allí están los medios registrando lo que luego congelan en sus pantallas: un Estado que ayuda y unas bestias que viajan como animales porque se lo merecen. Dos pájaros de un tiro. El actual Gobierno ayuda y Nosotros somos unos animales que viajamos en camiones de basura. Ahí está la foto. Más tarde llegó el rastrillaje cual película de Holywood… pero no pudieron encontrar el botín. No hay más muertos ni los va a haber. Gobierno/Medios Pero el Gobierno/Medios no se cansa, ni se cansará. Ya generó las condiciones para demonizar al artista y a sus seguidores y que eso tenga aprobación social (lo que falta a nadie le puede sorprender: van a aparecer videos, fotos y hasta encuestas; el precio de las zapatillas del INDIO o de la corbata de Julio Sáez; cuánto gasta en sus gafas el cantante o qué calles de New York conoce). El desprecio hacia Nosotros tiene terreno firme, legitimidad, en la verdad construida por el Gobierno/Medios. Tanto que la noche del domingo 12 de marzo el Presidente de la Nación se pronunció públicamente por lo ocurrido pese a que gran parte de la población aún estaba preocupada por los “desaparecidos”, heridos y muertos que nos tiraron arriba del escritorio (hoy celulares). “Esto pasa cuando no se cumplen las normas”. Lo dijo por la Tv, su mejor morada. Sí, así de perversos son. ¿Qué es lo que pasa cuando no se cumplen las normas? Quizás estaba haciendo referencia a que el actual periodismo perdió toda ética profesional y su afán comercial hizo que una madre salga disparada a la ruta buscando a su hijo y se mate en el intento. L os medios ya no son un servicio social, los medios son empresas con un producto: sus noticias. Y hoy los productos no se diferencian, precisamente, por sus contenidos… en todo caso por sus formas, sus packaign, su engaño. Nunca, en la historia de nuestra democracia, se vio tanta complementariedad entre el Gobierno/Medios. Son lo mismo, no hay diferencias. Trabajan en la misma oficina hace tiempo. Un pueblo organizado y movilizado Lo que ha generado el INDIO en toda su carrera es que sus encuentros sean verdaderas fiesta populares organizadas por Nosotros. Y uno también va a eso, a ser parte de la organización con el otro. A vivir con el otro y a cuidarlo. A sentir el pogo más grande del mundo con el otro. El otro que también soy yo. Y así se siente uno en un recital del INDIO. El otro. Un indio más. Al uno sentirse otro no hay un yo. Hay un sentido de pertenencia y de identidad que otros espacios no ofrecen. El mercado, justamente, no lo hace. En todo caso cuenta monedas con nuestros perfiles en internet. Indignados, los pseudoperiodistas (a veces hasta queda grande ese adjetivo) relataban que mucha gente entró sin tickets y que los controles fueron escasos. Así funciona no sólo con el INDIO, en muchos otros recitales también. La pregunta es al revés: ¿Qué pasaría si no dejasen pasar a los que no tienen entrada y si se hiciera un control minucioso a todos los presentes? Cuando la masa se mueve, cuando miles y miles de personas se movilizan en una dirección, hay que dejar circular. Hay bibliotecas enteras sobre el “dejar hacer”. De hecho, quienes nos gobiernan actualmente conocen muy bien esa libertad de circulación, pero lo hacen con las mercaderías, no así con las personas pese a tratarnos como mercancías. Nunca hay que perder la dimensión de 300 mil personas moviéndose hacia la misma dirección. “No es sopa”. Ellos, los que extienden su crítica públicamente, seguramente no se indignen cuando le levantan las barreras del peaje por la misma lógica o cuando sus patrones pagan coimas a las autoridades competentes para que sus productos, valoraciones morales convertidas en noticias, lleguen a destino antes que la competencia. ¿Qué no había el suficiente espacio? Las imágenes aéreas que están en cualquier sitio de internet son más que suficientes para notar los blancos en los costados y en el fondo… ¿Que los vecinos tenían miedo? No solo nos alentaban luego de contar nuestras historias personales para llegar, sino que ayudaban en lo que se precisara y hasta había más de un cartel de bienvenida pintado a mano sobre cartón. Y a la salida hicieron lo propio desde sus casas, desde sus techos, explicando por dónde salir o cómo llegar al lugar en donde estaban los micros… mientras tanto nos prestaban sus baños. Las avalanchas, las descomposturas, golpes o empujones son lo habitual en cualquier evento que junte semejante cantidad de personas. Pero en nuestros encuentros nunca pasó a mayores. Nunca. La organización popular, y el cuidarse entre todos, es la regla. Es la norma… esa que les molesta a ellos. Y como no esperamos nada del actual Estado nos ocupamos Nosotros de Nosotros mismos. Nos cuidamos entre Nosotros frente a un Estado Penal que lo único que le interesa es penalizar lo que está a su alcance… bueno, ahora nos alcanzó. Están entre Nosotros Con la utilización política de los dos fallecidos llegaron a la organización y movilización popular. Se metieron adentro nuestro con sus medios (y miedos). El Gobierno/Medios caló en nuestros huesos y jugaron con nuestros sentimientos como nunca antes había ocurrido. Nunca les interesó saber de nuestra pasión por el INDIO, menos aún de nuestro orden, reglas o normas… ahora, con las lamentables muertes, encontraron el intersticio perfecto para violarnos. Porque en el discurso de ellos esto siempre le pasa a los otros, a Nosotros, a los bárbaros, a los que estamos por fuera del deber ser según el actual Gobierno/Medios. Cuando el pueblo se organiza y moviliza políticamente a ellos les da miedo. Ellos encarnan el neoliberalismo que promueve y nos lleva al encierro: cárcel, control remoto o red ¿social? No fomentan los espacios públicos y menos aún la organización colectiva. Un dato: entre el 6, 7, 8 y 11 de marzo del 2017 se organizaron más de 1.000.000 de personas en las calles que no precisamente, aunque seguro haya excepciones, están de acuerdo con el actual Gobierno/Medios. Por eso el disciplinamiento social. Todo acto masivo, toda concurrencia popular es el foco de ataque para juzgar moralmente. Sin embargo, esas normas son las que ellos mismos rompen o, cuando las aplican, hay verdaderas tragedias: 43 gendarmes muertos por fallas en un vehículo oficial cuando iban a reprimir la protesta social en Jujuy; Iron Mountain: 11 bomberos muertos aún sin esclarecer cómo empezó el incendio de los papeles de los otrora gerentes actuales funcionarios del Gobierno/Medios; fútbol, el Estado está allí, bien presente: ¿contamos todos los muertos?; ese mismo día 25 personas murieron en accidentes de tránsito: ninguna venía escuchando Los Redondos. Y encima, organizados, les tocamos dos negocios: el de la seguridad y el de la venta “informal”. ¿Cómo no estigmatizarnos desde el actual Gobierno/Medios? Juzgan nuestra forma de ser y hacer con la vara de ellos. Claro que va a estar todo mal. Por supuesto que, una vez adentro nuestro, le van a dar al INDIO, a quien se la tenían preparada hace rato ¿Cómo el Gobierno/Medios no se la va a jurar a un artista que mueve millones de personas con sus poesías, se declara públicamente en contra del actual Gobierno/Medios y encima es un motor económico para muchas personas? Desde el chori hasta el bus pasando por la venta de remeras. La nuestra es una organización muy distinta a la que nos oprime y determina diariamente nuestras vidas. Por supuesto que va a ser atacada. Juzgada como mala y causa de todos los males. Nosotros los bárbaros, ellos los civilizados. Civilización o barbarie Hace más de 130 años el Estado Nacional emprendió la conquista de territorios, hoy argentino, hacia el Sur de Buenos Aires. Hacia la misma zona de Olavarría. La famosa “campaña al desierto” exterminó a pueblos originarios enteros en pos de la civilización, de las leyes, las reglas y las normas. En esa cruzada, que impuso una forma de comprender el mundo, todo lo demás, toda organización política, económica y social debía erradicarse, eliminarse. Ahí estaba el eje del mal: en los bárbaros que había acuñado Sarmiento. Así, otra forma de vincularse con lo otro y con los otros, debía ser exterminado de nuestras pampas. En la segunda línea de combate, después de las Remigton, venían las otras balas: los que cuentan la historia. Los que construyen la verdad. Allí estaban los periodistas registrando en tinta todo lo que veían y vivían. Ellos fueron los responsables de darle impronta heroica a la campaña, pero sobre todas las cosas de legitimar las matanzas en pos del hombre blanco. ¿Las cosas cambiaron mucho o el objetivo es el mismo con distintos métodos? Ya no podrían jugar un picadito militares vs. periodistas con nuestras cabezas… La cosa es un tantito más compleja. Pero no podemos distraernos, les encanta hacer jueguito con nuestra subjetividad. Se metieron en nuestra intimidad. En nuestra forma de organización y movilización, en nuestra forma de cuidarnos. “Nos zarparon”, decía una amiga a grito descubierto. Quizás allí la mayor tristeza: El estado y el mercado se metieron en nuestra cama. Nos explotaron. Nos están sacando todo el jugo que pueden. Nuestro lugar de pertenencia, uno de los pocos que quedaban, fue violado por el Gobierno/Medios. Pero ya no para producir cuerpos y subjetividades útiles a través del disciplinamiento como podría guiarnos Foucault, más bien, o en todo caso, para destruir esa subjetividad, esa alma, esa intimidad colectiva y dejarnos desnudos. Desnudos frente al amo que la juega de esclavo. Esa es la posmodernidad que nos gobierna y que aún no tiene definiciones claras: robar las subjetividades, destruirnos como sujetos sociales y que nos auto flagelemos individualmente (la ya famosa autocrítica). La ley del más fuerte está más presente que nunca. Meritocracia le dicen otros. Y esto sobrepasa a Macri o cualquier empresa de medios. Son las nuevas reglas, normas, que nos gobiernan en el mundo. La única emboscada fatal a la que nos está llevando el Gobierno/Medios es a sentirnos culpables de organizarnos y movilizarnos solos sin el Estado que nos indique cómo y para qué. Nos están llevando a que sintamos vergüenza de jugárnosla políticamente en cada paso, cada acción, cada palabra y en el vínculo con el otro. Porque si te la jugas serás juzgado: primero por los Medios/Gobierno y luego por gran parte de la población. Los estados penales juzgan. Incluso penalmente. Si nos da culpa sentirnos felices por vivir a nuestro modo una experiencia cultura como ir a ver al INDIO perdimos. Ganaron ellos. Pero en realidad, si alguien tiene miedo son ellos. Les dio miedo vernos organizados movilizados y politizados durante toda una semana. Les da miedo. Se les cayeron los calzones. Hablemos sin eufemismos. Por eso el avance de ellos está siendo tan brutal hasta pegar en lo más profundo de cada uno de Nosotros. La realidad del país puede taparse con cualquier otra cosa. Desde un perro que le salva la vida a un gato en Indonesia hasta un pozo sin fondo en la China. Aquí el interés del Gobierno/Medios es defenestrar, mostrar como bárbaros al pueblo organizado, aduciendo que las cosas deben cambiar y allí estará el Estado para hacerlo. Y si es anormal debe ser corrido, encerrado y en última instancia eliminado. Quizás haya sido el último recital (como se apresuraron a asegurar los medios). O no… en ese caso las “normas” deberán de ser otras, muy distintas, para que el INDIO pueda ser. En definitiva: para que podamos ser. Pero para conformar otra vez, de forma homogénea otras normas, Nosotros no podemos abandonar la construcción colectiva. No podemos permitir que se queden con el sujeto que nos robaron. Seamos auténticos, honestos con Nosotros mismos y defendamos en lo que creemos. No tengamos miedos. No les demos el gusto. Estemos en la calle, organizados, movilizados y reclamando lo que consideramos justo. La calle es nuestro lugar. Es la calle nuestro espacio de organización. Salgamos, que sea ya. Hoy es un día hermoso. No esperamos nada sano de ellos. Confiemos en Nosotros, en nuestras convicciones, en nuestros gritos y en nuestras miradas solidarias. Ahí tendremos las respuestas, no en los Medios/Gobierno. Es cierto, no nos merecemos este final. Está en Nosotros, entonces, no dejar de confiar en NOSOTROS. Y de a poco, a medida que le cerremos el espacio a la moralina de los “civilizados”, irán apareciendo en nuestros cuerpos y almas los momentos más hermosos que vivimos juntos, entre Nosotros. Los bárbaros… los indios. Y “Si no hay amor que no haya nada”

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Nosotros, los Indios (No estamos Solari...)
OfftopicporAnónimo3/17/2017

Nosotros, los Indios (Por Juan Esteban Kirchner. Apoyo moral: Francisco Busatto y Dulce Perón) La última presentación del INDIO Solari como solista terminó de una forma inusual y excepcional: dos muertos que, luego de la autopsia, se confirmó que no fallecieron por aplastamiento. Si bien ya no es tapa de todos los periódicos o graf de los canales de Tv, la fiesta popular a la que nos convoca el INDIO hace más de 10 años, ha sido demonizada por todos (propios y ajenos) los medios de comunicación y el Gobierno. Que hoy son una sola cosa: una orquesta afinadísima que cala profundamente en el imaginario colectivo. Las muertes han sido el mejor botín del actual Gobierno/Medios para defenestrar a la organización popular. Más aún: a la organización, a la movilización y a la política. La que ellos odian y detestan como buenos gerentes o ceos que son. Vinieron por todo y por todos, como en la campaña al desierto. Ya no hace falta una Remington ni trincheras para cortar cabezas de indios, con los fusiles de los medios de comunicación la condena social al propio Solari y a sus espectadores atenta contra el pueblo organizado. Contra Nosotros. Somos el blanco de ellos hace tiempo, solo faltaba el tiro de gracia. Olavarría, 11 de Marzo 2017 La misa ricotera no es un nombre puesto al azar. Miles de micros, combis y autos se movilizan desde una semana antes a las ciudades donde se presenta el INDIO como solista desde el 2005. En total fueron casi un millón ochocientas mil personas circulando desde, y por, todo el país para compartir con el otro la fiesta popular más grande que un artista nacional de rock puede ofrecer. Música, solidaridad, asados, sonrisas, fernet, abrazos, cerveza, lágrimas, hermandad y excesos. Una excusa, quizás, para descomprimir. Son días de festejo, disfrute y donde se sale de la norma que nos determina todos los días dando rienda suelta los sentimientos más profundos de libertad que el ser pueda tener. Lo que no significa que no haya organización. La hay y mucha. Y eso a ellos les molesta. A las 6 de la tarde del sábado Olavarría ya no era tal. Los 130 mil habitantes eran ínfimos en comparación a las más de 300 mil personas que ansiaban por entrar al predio. Era la recta final de un año de espera. Restaban más de 15 cuadras de un océano de gente para llegar a destino. Rodeados de otros como uno, del humo de los choris y de remeras para todos los gustos, la misa funcionaba en cada uno de sus engranajes como siempre. Y lo mismo para el ingreso: control escaso y un pedido de tickets casi inexistente. Nada nuevo bajo el sol. Nos cuidamos entre todos, como siempre lo fue con o sin el pedido del INDIO, pero cuando hay una descomposición social como la actual la cosa se complica y te la complican. Más si nos sabemos movilizar organizadamente sin que nadie nos indique cómo. La sala era casi surrealista. Un escenario inmenso y 15 torres audiovisuales hacían de La Colmena un espacio-tiempo sólo comparable con el último recital en Tandil hace exactamente un año. Ahora sí la sonrisa era plena. La foto de rigor, los saltos de alegría y los abrazos con desconocidos eran la muestra de que el objetivo estaba cumplido. Sólo restaba disfrutar del espectáculo. A sólo cuatro temas de comenzada la partida las cosas cambiaron y nunca volvieron a ser. Se suspende varios minutos el show con el ya conocido pedido del cantante de terminar con los empujones y que por favor el personal de Defensa Civil se acercara para asistir a quienes parecían estar tirados en el piso. El espectáculo había terminado para muchos de los nuestros. Ya no era. Ya no fue. El INDIO se alejó de su público. No estaba “en el lugar más cómodo del mundo” como le aseguró a Pergolini en referencia a los escenarios. Nos alejamos de él. Algo sobrevoló el ambiente. No se olía bien el sonido. La luna llena nos miraba preocupada. En cada final de canción suplicábamos que no se terminara todo. En varias oportunidades algún micrófono quedó abierto haciendo oír el enojo de más de uno y una preocupación por no cumplir con la lista prevista. Raro, esa fue la palabra que comenzaba a oírse y, una vez finalizado, estampó a las casi dos horas de recital. Los primeros acordes de JIJIJI no se sintieron. El fuego se había apagado hacía rato, tanto que muchos ni siquiera se dieron cuenta que pegado al pogo más grande del mundo sonó Mi Perro Dinamita. Otros ya se habían ido. La salida no fue como de costumbre, es cierto: muy pocos cantos y sonrisas. Gritos, enojos y cigarrillos mal prendidos. “Qué recital de mierda”, se animó a asegurarme un compañero ocasional luego de cruzar nuestras miradas hamburguesa completa de por medio. La desconcentración no fue sencilla. Ni en este recital ni en ninguno. Descomprimir en un mismo momento a todos los presentes que ingresaron en distintos horarios no es tarea fácil. Más si se suma que la calle principal, recta a la salida, estaba tapiada. En ese mar que volvía al océano, comenzaron a correr los rumores: “7 muertos, niños muertos, 11 muertos. TRAGEDIA”. “Ah listo… Empezó el show” escupió un amigo. De a poco los miles y miles con la cabeza gacha (cual goleada en contra de local) que recordábamos el camino a casa (o al micro que es lo mismo), nos fuimos encontrando. Como siempre. Como siempre fue. Todo arte es político Es más que sabida la posición política del INDIO Solari en temas que preocupan como sociedad. Durante los últimos doce años de gobierno Nacional y Popular, esa postura se vio emparentada con muchas de las políticas públicas llevadas adelante. Quizás lo suficiente para que algunos señalen al INDIO como kirchnerista, aunque él mismo se encargue de correrse de esa etiqueta, hoy, endiablada. Como sea, tanto en sus letras como así también en sus recitales o declaraciones públicas, el ex – líder de Los Redondos es claro y no da lugar a dudas. Lo que tampoco es nuevo, y este recital no sería la excepción. Incluso, días atrás, junto a más de mil artistas, intelectuales, políticos y deportistas, el INDIO firmó una solicitada donde se pide, entre otras cosas, la unión “de todas las fuerzas vivas de nuestra sociedad para poner un freno al brutal embate al que está siendo sometida la mayoría del pueblo argentino”. Como si no fuera suficiente, y seguramente para captar la atención de algún desprevenido, promediando el recital y con la rareza determinando todo, el INDIO hizo referencia a los nietos desaparecidos y al trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo: “Hace 40 años las Abuelas están buscando a sus nietos desaparecidos. Quizás, si alguno de ustedes tiene alrededor de 40 años, o conocen a alguien que tenga dudas sobre su identidad, acérquense a las Abuelas que ellas van a tratar de averiguar su pasado, ustedes van a poder seguir haciendo sus vidas si lo desean. Pero es bueno saber la vida que uno tuvo, los padres que uno tuvo, la verdadera salubridad… es bueno.”. El mismo texto fue plasmado en todas las pantallas gigantes hasta minutos antes de comenzar el recital. “Y por otro lado, pensemos bien lo que está pasando con respecto a los menores, están buscando bajar la punibilidad de los menores a 14 años. Hay estadísticas que dicen que los asaltos o crímenes cometidos por menores de 14 años son estadísticamente ínfimos, lo que están haciendo es una locura. Yo pido que piensen en el momento en que los diputados y los senadores van a desear hacer estas cosas. Los muchachos no nacen malos, el Estado no puede ser penal antes que social, tiene que socializar primero y luego pensar penalmente en la criatura.” La baja de edad de imputabilidad no es precisamente un tema que esté en agenda, ni de los grandes medios ni del inconsciente colectivo, aunque en la cocina ya está casi todo cortado y el aceite bien caliente. Abramos los ojos, era en síntesis, el mensaje en ambos casos. Abramos los ojos porque hoy nos gobierna un Estado Penal antes que Social. Máxima que Eugenio Raúl Zaffaroni deslizó hace ya tiempo: Estado Social vs. Estado Gendarme. Y con la idea de algunos representantes de bajar a 14 años la punibilidad queda claro qué Estado nos sujeta hoy. link: https://www.youtube.com/watch?v=4K5WktII5IM Una lista de temas acordes al momento actual del país, hizo del recital una interpelación a lo que muchos de los presentes necesitamos: algo que nos libere, aunque sea por un momento, de la cultura oficial, hegemónica (lo que hoy es lo mismo). Igual a como fue en los 90 con Los Redondos, el sábado en Olavarría, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, encarnaron en muchas de sus canciones elegidas lo que muchos queríamos decir y gritar y no encontramos el espacio. Inclusive, durante toda la canción “todo preso es político”, en la pantalla principal del escenario se podía observar una imagen fija del servicio penitenciario de la provincia de Jujuy. Todo dicho. Si todo preso es político todo arte también es político. Si bien esta última sabiduría popular es previa a la primera, hoy día el discurso oficial hace creer que los artistas no hacen política, que no se inmiscuyen en sus propias vidas ni en la de los otros (y si hacen política o si se la juegan lo señalan, lo encasillan y lo persiguen hasta demonizarlo). El arte, en cualquiera de sus manifestaciones, es una expresión. Una expresión fundamentalmente política. Una postura ante el mundo, una forma de develarlo y vincularse con el otro o simplemente lo otro. Miedos Los medios masivos de comunicación nunca cubrieron los recitales del INDIO como lo que es: una de las fiestas populares más grande del país. Las crónicas al día siguiente siempre ocuparon una pequeña parte o nota color en la sección espectáculos deseando, en realidad, que sea en policiales con tapa incluida. Nunca les interesó cómo cientos de miles de personas nos organizamos, movilizamos y expresamos políticamente en ese vínculo de hermandad con el otro. Jamás. El sentimiento de pertenencia y la alegría de estar, de ser, nunca fue noticia… por lo cual, lamentablemente, para muchos nunca fue un verdad. Pero allí estaban una vez más, esperando un hueso para compartirlo con sus jefes y ser nombrado empleado del mes. Y esa presa les llegó. Siempre, siempre están ahí a la espera de hacer su propio show. A las 3 de madrugada nos confirman desde Buenos Aires la muerte de 7 personas, heridos y “desparecidos”. Lo había “tirado” Telam sin un solo corresponsal en el lugar por “cuestiones presupuestarias”. La información de ellos, que comenzaba a circular como un virus entre todos Nosotros, afirmaba la rareza del espectáculo que habíamos vivido. La angustia y la tristeza se apoderaron de todos los que volvíamos, muy de a poco, a nuestros puntos de encuentro. Para Nosotros, con la información de ellos, éramos parte de una tragedia que podía acrecentarse con el correr de las horas. Confiábamos en el “servicio social” de los medios. Ante la preocupación nos ganó la ingenuidad… ya estaban adentro nuestro. Todo lo que vino después fue (y sigue siendo) el show que ellos armaron, el cual se alimenta de nuestros cuerpos y almas. Vivas o muertas, no importa… es lo mismo. Bien se sabe cómo funcionan los grandes medios, pero la verdad que han construido desde el domingo a las 00.00 no tiene otro calificativo que vergüenza nacional. Juegan, se entretienen y sacan rédito económico con la preocupación de todo un país. Rifaron en la bolsa de valores nuestros miedos, nuestros sentimientos más nobles y profundos. Se metieron en nuestra cama. En nuestros sueños y pesadillas. Confirmados los dos fallecidos, más las opiniones de Doña Rosa con corbata frente a cámara, las imágenes de entrada y salida del de la ciudad y del predio se convirtieron en los blancos de ataque pese a que siempre fue así y hasta era un motivo de orgullo saber que allí estábamos, organizados y movilizados sin ningún problema a la vuelta de la esquina. Una verdad construida a gusto del cliente y entregada a domicilio sin pagar un solo peso extra. Muchas personas recién ahora están sabiendo de cuánta gente se organiza y moviliza para sentir, divertirse y ser feliz aunque sea por unos días; qué es lo que pasa en las ciudades donde toca el INDIO o cuánto tardan en regresar todos a casa. Por lo cual el sensacionalismo es doble: por las dos muertes y por la forma de organización, muy distinta a la que marcaría cualquier norma que emane el Gobierno/Medios. Detestan, odian, a quienes creemos en lo colectivo por sobre lo individual. link: https://www.youtube.com/watch?v=97g492J3pBY Otra vez la noticia le ganó a la realidad. El mercado le ganó a la vida. Nada se habló en los medios de la postura explícita del INDIO en los temas tratados en el apartado anterior. Ni un solo tilde sobre el Estado Penal al que hizo referencia nuestro artista. Máxima confirmada horas después con lo ocurrido: se debe penalizar lo que el Estado considera fuera de la norma. De lo normal. Tanto es así que a quienes quedaron “varados” por la codicia de algunas empresas privadas a cargo de los buses, el Estado los asiste penalizándolos y de la peor forma: en camiones. Y allí están los medios registrando lo que luego congelan en sus pantallas: un Estado que ayuda y unas bestias que viajan como animales porque se lo merecen. Dos pájaros de un tiro. El actual Gobierno ayuda y Nosotros somos unos animales que viajamos en camiones de basura. Ahí está la foto. Más tarde llegó el rastrillaje cual película de Holywood… pero no pudieron encontrar el botín. No hay más muertos ni los va a haber. Gobierno/Medios Pero el Gobierno/Medios no se cansa, ni se cansará. Ya generó las condiciones para demonizar al artista y a sus seguidores y que eso tenga aprobación social (lo que falta a nadie le puede sorprender: van a aparecer videos, fotos y hasta encuestas; el precio de las zapatillas del INDIO o de la corbata de Julio Sáez; cuánto gasta en sus gafas el cantante o qué calles de New York conoce). El desprecio hacia Nosotros tiene terreno firme, legitimidad, en la verdad construida por el Gobierno/Medios. Tanto que la noche del domingo 12 de marzo el Presidente de la Nación se pronunció públicamente por lo ocurrido pese a que gran parte de la población aún estaba preocupada por los “desaparecidos”, heridos y muertos que nos tiraron arriba del escritorio (hoy celulares). “Esto pasa cuando no se cumplen las normas”. Lo dijo por la Tv, su mejor morada. Sí, así de perversos son. ¿Qué es lo que pasa cuando no se cumplen las normas? Quizás estaba haciendo referencia a que el actual periodismo perdió toda ética profesional y su afán comercial hizo que una madre salga disparada a la ruta buscando a su hijo y se mate en el intento. L os medios ya no son un servicio social, los medios son empresas con un producto: sus noticias. Y hoy los productos no se diferencian, precisamente, por sus contenidos… en todo caso por sus formas, sus packaign, su engaño. Nunca, en la historia de nuestra democracia, se vio tanta complementariedad entre el Gobierno/Medios. Son lo mismo, no hay diferencias. Trabajan en la misma oficina hace tiempo. Un pueblo organizado y movilizado Lo que ha generado el INDIO en toda su carrera es que sus encuentros sean verdaderas fiesta populares organizadas por Nosotros. Y uno también va a eso, a ser parte de la organización con el otro. A vivir con el otro y a cuidarlo. A sentir el pogo más grande del mundo con el otro. El otro que también soy yo. Y así se siente uno en un recital del INDIO. El otro. Un indio más. Al uno sentirse otro no hay un yo. Hay un sentido de pertenencia y de identidad que otros espacios no ofrecen. El mercado, justamente, no lo hace. En todo caso cuenta monedas con nuestros perfiles en internet. Indignados, los pseudoperiodistas (a veces hasta queda grande ese adjetivo) relataban que mucha gente entró sin tickets y que los controles fueron escasos. Así funciona no sólo con el INDIO, en muchos otros recitales también. La pregunta es al revés: ¿Qué pasaría si no dejasen pasar a los que no tienen entrada y si se hiciera un control minucioso a todos los presentes? Cuando la masa se mueve, cuando miles y miles de personas se movilizan en una dirección, hay que dejar circular. Hay bibliotecas enteras sobre el “dejar hacer”. De hecho, quienes nos gobiernan actualmente conocen muy bien esa libertad de circulación, pero lo hacen con las mercaderías, no así con las personas pese a tratarnos como mercancías. Nunca hay que perder la dimensión de 300 mil personas moviéndose hacia la misma dirección. “No es sopa”. Ellos, los que extienden su crítica públicamente, seguramente no se indignen cuando le levantan las barreras del peaje por la misma lógica o cuando sus patrones pagan coimas a las autoridades competentes para que sus productos, valoraciones morales convertidas en noticias, lleguen a destino antes que la competencia. ¿Qué no había el suficiente espacio? Las imágenes aéreas que están en cualquier sitio de internet son más que suficientes para notar los blancos en los costados y en el fondo… ¿Que los vecinos tenían miedo? No solo nos alentaban luego de contar nuestras historias personales para llegar, sino que ayudaban en lo que se precisara y hasta había más de un cartel de bienvenida pintado a mano sobre cartón. Y a la salida hicieron lo propio desde sus casas, desde sus techos, explicando por dónde salir o cómo llegar al lugar en donde estaban los micros… mientras tanto nos prestaban sus baños. Las avalanchas, las descomposturas, golpes o empujones son lo habitual en cualquier evento que junte semejante cantidad de personas. Pero en nuestros encuentros nunca pasó a mayores. Nunca. La organización popular, y el cuidarse entre todos, es la regla. Es la norma… esa que les molesta a ellos. Y como no esperamos nada del actual Estado nos ocupamos Nosotros de Nosotros mismos. Nos cuidamos entre Nosotros frente a un Estado Penal que lo único que le interesa es penalizar lo que está a su alcance… bueno, ahora nos alcanzó. Están entre Nosotros Con la utilización política de los dos fallecidos llegaron a la organización y movilización popular. Se metieron adentro nuestro con sus medios (y miedos). El Gobierno/Medios caló en nuestros huesos y jugaron con nuestros sentimientos como nunca antes había ocurrido. Nunca les interesó saber de nuestra pasión por el INDIO, menos aún de nuestro orden, reglas o normas… ahora, con las lamentables muertes, encontraron el intersticio perfecto para violarnos. Porque en el discurso de ellos esto siempre le pasa a los otros, a Nosotros, a los bárbaros, a los que estamos por fuera del deber ser según el actual Gobierno/Medios. Cuando el pueblo se organiza y moviliza políticamente a ellos les da miedo. Ellos encarnan el neoliberalismo que promueve y nos lleva al encierro: cárcel, control remoto o red ¿social? No fomentan los espacios públicos y menos aún la organización colectiva. Un dato: entre el 6, 7, 8 y 11 de marzo del 2017 se organizaron más de 1.000.000 de personas en las calles que no precisamente, aunque seguro haya excepciones, están de acuerdo con el actual Gobierno/Medios. Por eso el disciplinamiento social. Todo acto masivo, toda concurrencia popular es el foco de ataque para juzgar moralmente. Sin embargo, esas normas son las que ellos mismos rompen o, cuando las aplican, hay verdaderas tragedias: 43 gendarmes muertos por fallas en un vehículo oficial cuando iban a reprimir la protesta social en Jujuy; Iron Mountain: 11 bomberos muertos aún sin esclarecer cómo empezó el incendio de los papeles de los otrora gerentes actuales funcionarios del Gobierno/Medios; fútbol, el Estado está allí, bien presente: ¿contamos todos los muertos?; ese mismo día 25 personas murieron en accidentes de tránsito: ninguna venía escuchando Los Redondos. Y encima, organizados, les tocamos dos negocios: el de la seguridad y el de la venta “informal”. ¿Cómo no estigmatizarnos desde el actual Gobierno/Medios? Juzgan nuestra forma de ser y hacer con la vara de ellos. Claro que va a estar todo mal. Por supuesto que, una vez adentro nuestro, le van a dar al INDIO, a quien se la tenían preparada hace rato ¿Cómo el Gobierno/Medios no se la va a jurar a un artista que mueve millones de personas con sus poesías, se declara públicamente en contra del actual Gobierno/Medios y encima es un motor económico para muchas personas? Desde el chori hasta el bus pasando por la venta de remeras. La nuestra es una organización muy distinta a la que nos oprime y determina diariamente nuestras vidas. Por supuesto que va a ser atacada. Juzgada como mala y causa de todos los males. Nosotros los bárbaros, ellos los civilizados. Civilización o barbarie Hace más de 130 años el Estado Nacional emprendió la conquista de territorios, hoy argentino, hacia el Sur de Buenos Aires. Hacia la misma zona de Olavarría. La famosa “campaña al desierto” exterminó a pueblos originarios enteros en pos de la civilización, de las leyes, las reglas y las normas. En esa cruzada, que impuso una forma de comprender el mundo, todo lo demás, toda organización política, económica y social debía erradicarse, eliminarse. Ahí estaba el eje del mal: en los bárbaros que había acuñado Sarmiento. Así, otra forma de vincularse con lo otro y con los otros, debía ser exterminado de nuestras pampas. En la segunda línea de combate, después de las Remigton, venían las otras balas: los que cuentan la historia. Los que construyen la verdad. Allí estaban los periodistas registrando en tinta todo lo que veían y vivían. Ellos fueron los responsables de darle impronta heroica a la campaña, pero sobre todas las cosas de legitimar las matanzas en pos del hombre blanco. ¿Las cosas cambiaron mucho o el objetivo es el mismo con distintos métodos? Ya no podrían jugar un picadito militares vs. periodistas con nuestras cabezas… La cosa es un tantito más compleja. Pero no podemos distraernos, les encanta hacer jueguito con nuestra subjetividad. Se metieron en nuestra intimidad. En nuestra forma de organización y movilización, en nuestra forma de cuidarnos. “Nos zarparon”, decía una amiga a grito descubierto. Quizás allí la mayor tristeza: El estado y el mercado se metieron en nuestra cama. Nos explotaron. Nos están sacando todo el jugo que pueden. Nuestro lugar de pertenencia, uno de los pocos que quedaban, fue violado por el Gobierno/Medios. Pero ya no para producir cuerpos y subjetividades útiles a través del disciplinamiento como podría guiarnos Foucault, más bien, o en todo caso, para destruir esa subjetividad, esa alma, esa intimidad colectiva y dejarnos desnudos. Desnudos frente al amo que la juega de esclavo. Esa es la posmodernidad que nos gobierna y que aún no tiene definiciones claras: robar las subjetividades, destruirnos como sujetos sociales y que nos auto flagelemos individualmente (la ya famosa autocrítica). La ley del más fuerte está más presente que nunca. Meritocracia le dicen otros. Y esto sobrepasa a Macri o cualquier empresa de medios. Son las nuevas reglas, normas, que nos gobiernan en el mundo. La única emboscada fatal a la que nos está llevando el Gobierno/Medios es a sentirnos culpables de organizarnos y movilizarnos solos sin el Estado que nos indique cómo y para qué. Nos están llevando a que sintamos vergüenza de jugárnosla políticamente en cada paso, cada acción, cada palabra y en el vínculo con el otro. Porque si te la jugas serás juzgado: primero por los Medios/Gobierno y luego por gran parte de la población. Los estados penales juzgan. Incluso penalmente. Si nos da culpa sentirnos felices por vivir a nuestro modo una experiencia cultura como ir a ver al INDIO perdimos. Ganaron ellos. Pero en realidad, si alguien tiene miedo son ellos. Les dio miedo vernos organizados movilizados y politizados durante toda una semana. Les da miedo. Se les cayeron los calzones. Hablemos sin eufemismos. Por eso el avance de ellos está siendo tan brutal hasta pegar en lo más profundo de cada uno de Nosotros. La realidad del país puede taparse con cualquier otra cosa. Desde un perro que le salva la vida a un gato en Indonesia hasta un pozo sin fondo en la China. Aquí el interés del Gobierno/Medios es defenestrar, mostrar como bárbaros al pueblo organizado, aduciendo que las cosas deben cambiar y allí estará el Estado para hacerlo. Y si es anormal debe ser corrido, encerrado y en última instancia eliminado. Quizás haya sido el último recital (como se apresuraron a asegurar los medios). O no… en ese caso las “normas” deberán de ser otras, muy distintas, para que el INDIO pueda ser. En definitiva: para que podamos ser. Pero para conformar otra vez, de forma homogénea otras normas, Nosotros no podemos abandonar la construcción colectiva. No podemos permitir que se queden con el sujeto que nos robaron. Seamos auténticos, honestos con Nosotros mismos y defendamos en lo que creemos. No tengamos miedos. No les demos el gusto. Estemos en la calle, organizados, movilizados y reclamando lo que consideramos justo. La calle es nuestro lugar. Es la calle nuestro espacio de organización. Salgamos, que sea ya. Hoy es un día hermoso. No esperamos nada sano de ellos. Confiemos en Nosotros, en nuestras convicciones, en nuestros gritos y en nuestras miradas solidarias. Ahí tendremos las respuestas, no en los Medios/Gobierno. Es cierto, no nos merecemos este final. Está en Nosotros, entonces, no dejar de confiar en NOSOTROS. Y de a poco, a medida que le cerremos el espacio a la moralina de los “civilizados”, irán apareciendo en nuestros cuerpos y almas los momentos más hermosos que vivimos juntos, entre Nosotros. Los bárbaros… los indios. Y “Si no hay amor que no haya nada”

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La caza del Indio por Esteban Rodríguez Alzueta
OfftopicporAnónimo3/22/2017

La caza del indio Por Esteban Rodríguez Alzueta* Este es un país que suele pensarse desde Buenos Aires y, peor aún, con el periodismo que revista en la ciudad de Buenos Aires, la Walt Disney Argentina. Un periodismo parapolicial y demagógico con la capacidad de enloquecernos a todos. Parapolicial porque trabaja con las fuentes policiales y se resguarda siempre detrás del cordón policial. Más aún, un periodismo “dateado” por los servicios de inteligencia. Demagógico, porque le dice a la gente lo que ésta quiere escuchar, porque juega con el dolor del otro. El periodista del que estamos hablando es un personaje enredado en su patetismo. Nunca sabe nada en particular pero habla de todo y mucho. Siempre tiene una opinión formada de algo que no sabe. Peor aún, es un periodista que trabaja sin fuentes o siempre sale con una sola fuente que tampoco chequeó. Piensa en voz alta porque la realidad, dice, es urgente y no hay tiempo para ponerse a pensar. Se escribe a contrareloj y pisa las imágenes que están llegando en vivo y en directo. Lo importante no es informar sino estar ahí, sintiendo con la gente. Porque tampoco se trata de pensar nada, basta con sentir las emociones de la “realidad” que están contando. Lo dijo alguna vez Tomás Abraham: el periodismo no escribe noticias sino emoticias. No falta mucho para que empiece a escribir con emoticones que reproduzcan los mismos gestos que ensayan los presentadores de noticias en la televisión. Actores expertos en gesticular. No hay periodismo sin muecas. Pasan de la tragedia al gol de Boca, con un golpe de rostro. Son todos de la escuela a de Santo Biasatti y Cesar y Mónica. Un periodista, además, que encontró en la “libertad de expresión” una patente de corso para decir cualquier cosa sin importar sus consecuencias. Total, saben que la noticia que está contando será tapada rápidamente por la noticia de la semana siguiente. El periodismo condena la violencia, pero la celebra todo el tiempo. No hay periodismo sin imágenes violentas. Un periodismo que practica la violencia cuando manda fruta sin derecho de réplica. Aunque tampoco se puede ejercer el derecho de réplica cuando el periodismo trabaja en cadena nacional. Una violencia simbólica, con la capacidad de agredir la dignidad de las personas, una violencia que no dejará marcas en el cuerpo pero pone los pelos de puntas, te saca el sueño, angustia, te produce un vacío en el estómago, dejando huellas de larga duración en la subjetividad de las personas. Violenta cuando humilla y estigmatiza a las personas que tienen la mala suerte de ser embutidos por sus paupérrimas coberturas morales. Un periodismo que vulnera los derechos humanos cuando cuenta la noticia perdiendo de vista los derechos que tienen las personas involucradas en la noticia que están contando: el derecho a la inocencia, a un juicio justo, a la defensa, el derecho a la intimidad, a la imagen propia, el derecho a ser dejados tranquilos, todos estos derechos aparecen sistemáticamente transgredidos por la prensa. Para el periodismo, el fin justifica los medios. Y acá, el fin es la presa que nos llevarán a la mesa para ser devorada por todos nosotros. Para prueba de todo esto basta la cobertura que ensayaron sobre el recital del Indio Solari. Una cobertura que no sólo desesperó a los familiares que tenían a sus hijos en el recital sino al resto de los televidentes, muchos de los cuales se la pasan mirando el mundo por el ojo blindado de la cerradura y nunca fueron en su vida a un recital de rock. Un periodismo civilizadísimo que salió a la caza, a la caza del indio otra vez. Sabido es que el Indio Solari nunca le chupó las medias al periodismo empresarial, nunca necesitó desfilar por las pasarelas de la televisión para promocionar sus discos y recitales. La televisión lleva esa espina clavada en su ojo idiota. Nunca necesitó y tampoco quiso. Ni siquiera cuando la policía, después de una razzia en la puerta de un recital mató a Walter Bulacio. Tampoco cuando apuñalaron a un pibe en otro recital, ni después de los destrozos en Mar del Plata o la represión en el estadio Atenas de La Plata allá por 1989. Y no creo que tampoco salga ahora, con la muerte de las dos personas en Olavarría. Su público contertulio no necesita de sus declaraciones. Pero el periodismo entrecejado reclama que el Indio “tiene que dar la cara”, “tiene que salir a dar explicaciones”. Y que conste que no hablo solamente de la jauría de Animales Sueltos, ni del resentimiento de la Hormiga Imperial o de los bufonescos Intratables. Creo que en ésta no zafa nadie, mucho menos los “críticos” de música de aquellos medios que estuvieron haciendo equilibrios dificilísimos aunque terminaban cediendo ante las inquisitorias preguntas de los conductores estrellas. Si el Indio tiene que dar explicaciones, y eso en caso de que se lo pidan, es al fiscal y al juez. Estamos ante un periodismo catolicón que hizo de la confesión su arma secreta. Un periodismo que reclama “por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa”. Un periodismo que nos convenció de que la confesión es la manera de hablar en la televisión. Al periodismo no le interesa la verdad empírica, le importa la verdad moral. Por eso no necesita hablar con argumentaciones lógicas, sino con retóricas hechas a fuerza de consignas oportunas y efectivas. Con eso le alcanza para destrozar al otro. La verdad moral se comió a la verdad empírica. La TV es una máquina de producir verdad moral y descalificar la verdad empírica, de debilitar las exigencias lógicas de los discursos. Aunque a veces hace la pantomima de tener toda la verdad de su lado, posverdad. "Sabido es que el Indio Solari nunca le chupó las medias al periodismo empresarial, nunca necesitó desfilar por las pasarelas de la televisión para promocionar sus discos y recitales. La televisión lleva esa espina clavada en su ojo idiota. Nunca necesitó y tampoco quiso... Su público contertulio no necesita de sus declaraciones. Pero el periodismo entrecejado reclama que el Indio “tiene que dar la cara”, “tiene que salir a dar explicaciones”." Sabemos además que los periodistas, además de linchadores seriales, son victimólogos. La víctima es su figurita favorita. Siempre hay una víctima al alcance del micrófono del movilero para manipular su dolor, para picanearlo hasta el llanto. El periodista sabe que la víctima de hechos trágicos o desgraciados tiene la capacidad de generar consensos afectivos que se harán sentir al supuesto victimario. Clausuran los debates con la desgracia ajena, porque saben que frente al dolor de la víctima no se puede seguir discutiendo. Allí donde hay una víctima no hay debate, hay un reclamo de justicia que, la gran mayoría de las veces, se confunde con la violencia, es decir, con la Ley del Talión. Creen que la víctima es el lugar de la verdad. Y saben además que con la víctima lavarán su culpa y disimularan su mediocridad. Es cierto, como dijo Horacio González, en una magnífica nota que salió publicada ayer en Página/12 que estamos “en un país punitivo, donde el aparato judicial está condicionado por paranoicas fantasmagorías”, donde “el sentido profundo de la justicia está por perderse”, y donde “todos ya estamos penalizados de antemano.” La realidad se ha judicializado, pero el modelo de justicia con el que opera el periodismo, sobre todo el periodismo televisivo, es otro muy distinto: la infamia. La infamia es el modelo de castigo que está detrás de sus coberturas espectaculares y truculentas, una justicia pensada para señalar y marcar al otro, una justicia estigmatizadora y veloz, pero que deja huellas de larga duración. A través de la estigmatización se anticipa la culpabilidad que será retrasmitida por el resto de los emprendedores morales que se relamen con las noticias en loop y en cadena empresarial. Las personas estigmatizadas no tienen derechos ni garantías, no hay un tercero que cuide de todos nosotros. La justicia infame es una justicia que no quiere reconciliarse, que no cree en la integración social. Avergüenza, pero después de ella no hay re-encuentro, hay resentimiento para siempre, hay archivo. Pero esta vez el indio tiene su indiada que no se dejará convencer fácilmente. Una tribu que se mide con los mismos sheriffs que habilitaron la caza del pibe chorro, la caza de los barderos, de los callejeros, de los pibes que hacen junta en las esquinas, y de todos aquellos que tienen estilos de vida y pautas de consumo distintas a las que suele comulgar la vecinocracia vestida, hablada y animada por el periodismo mercantil. Termino y lo hago parafraseando a Marx: Los periodistas son víctimas de su propia concepción de mundo, los payasos serios que ya no toman a la historia universal por una comedia, sino sus comedias por la historia universal. La Plata, 17 de marzo de 2017 *Investigador de la UNQ, director del Laboratorio de Estudios Sociales y Culturales sobre violencias urbanas (LESyC). Integrante CIAJ. Autor de Temor y control y La máquina de la inseguridad.

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Volvieron las clases. Los chicos de la garganta poderosa
OfftopicporAnónimo3/24/2017

Volvieron las clases Los chicos de la Garganta Poderosa, la revista hecha en la Villa y escrita por jóvenes que habitan en ellas escribieron esta maravillosa carta. Nosotras paramos el cuento. Nosotras, las letras, literalmente aprisionadas en teclados, cosificadas por los correctores, aplastadas en los cuadernos, prostituidas por los editores y sometidas a la trata de noticias, hoy nos rateamos de todas sus aulas, desoyendo a los privatizadores de la educación. Somos famosas por las maestras, que nos llevaron al pizarrón. Las desordenadas de la fila, las huérfanas de alfabeto, las mal escribidas, las "o" que cuestionan sus privilegios, las equis incómodas, las haches que no se callan y las NN que no tienen vacantes, corrigiendo a este gobierno de tapa dura, ¡hoy salimos a dar clase de Literatura! Nosotros paramos la máquina. Nosotros, los números, geométricamente enjaulados en hojas cuadriculadas, atrapados en círculos empresarios, expulsados de la escuela, condonados a los cómplices y exiliados en las cuentas offshore, hoy contamos con ustedes, todos colorados frente al salario docente. Somos 30 mil, poniendo la fecha desde abajo del atril. El 0 de la pobreza, el 4 de abril, el 45 de la inflación, el 75 del transporte, el 11.630 del sueldo inicial, el 13.323 de la canasta básica y el 26.075 de la ley que los obliga a discutir el aumento con los gremios nacionales, sin multiplicar respuestas erráticas, ¡hoy salimos a dar clase de Matemáticas! Nosotras paramos la reproducción. Nosotras, las especies, brutalmente desterradas por el desmonte, tachadas por Lewis, borradas por Benetton, violadas por Monsanto y detonadas por Barrick Gold, hoy corremos a las paritarias en manada, contra los domadores de nuestra plaga. Somos animalitos salvajes, domesticando a González Fraga. Las plantas de Sancor, los estudiantes del Cóndor, las huertas escolares, las presas del águila, las pirañas de la villa, los inundados de soja y los arañados por el gato de buenos modales, ¡hoy salimos a dar clase de Ciencias Naturales! Nosotros paramos la historia. Nosotros, los tiempos y los espacios, recientemente importados del pasado, perdidos en días de clase, burlados por el negacionismo, suspendidos por el neoliberalismo y congelados desde el primer semestre, hoy sacamos los lápices de los 70, para colorear la Carpa de los 90. Somos los educados sin SAME, siempre llegando tarde a la teoría del derrame. Los cortos de sus bastones largos, los fantasmas de sus represores, los historiadores de sus saqueos, los herederos de Fuentealba, los biógrafos de sus fortunas y los revisionistas de sus manuales, ¡hoy salimos a dar clase de Ciencias Sociales! Cientos de miles unidos en el espanto, recitando al unísono la misma poesía: nunca, nunca, nunca aprendimos tanto en un solo día.

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Con la educación no, Macri por Nora Veiras
OfftopicporAnónimo3/24/2017

Con la educación no, Macri Por Nora Veiras "Una terrible inequidad de aquel que puede ir a la escuela privada versus aquel que tiene que caer en la escuela pública". Un Macri auténtico. Lo público le es ajeno. En su ideario nunca una elección puede definirse por aquello que nos iguala. "No están acostumbrados a ser iguales a todos", repite ante la consulta de PaginaI12 uno de sus ex compañeros del Cardenal Newman. Ese colegio de élite donde compartieron o se sucedieron en las aulas Nicky Caputo, José Torello, Alfonso Prat Gay, Jorge Triaca, Pablo Cusellas, integrantes hoy del gabinete nacional. La oración también plantea la competencia entre el ámbito de los privilegiados y el resto. Unos contra otros. Una contienda en la que, por supuesto, ganan los que eligen porque son "los elegidos". Pero la plenitud de la idea presidencial está en el verbo, la contundencia de aquello despreciable para los exitosos: caer. A la educación pública no se llega, no se elige, se cae por descarte, porque no queda otra. Cambiemos está decidido a modificar la matriz cultural del país, eso también lo dijo Macri. Para lograrlo tiene que aniquilar lo constitutivo de la conformación de la Argentina: la escuela pública. La estrategia de la demolición de lo valioso de lo público para amasar conciencias que luego acepten y hasta reclamen la solución privada es ya vieja. Lo nuevo es el atreverse con semejante descaro con la educación. Los padres del Instituto Bernasconi, esa emblemática escuela del barrio de Parque Patricios., recuerdan todavía cuando el Macri que despuntaba en la política los visitó y preguntó con asombro: ¿Esta escuela es pública? En su imaginario una escuela con museo de ciencias, teatro, piletas de natación, no se correspondía con la "caída". Ya Presidente hizo explicita su convicción. A su lado, el ministro de Educación, Esteban Bullrich, declaró: "Cada provincia, de acuerdo a sus recursos, paga lo que puede pagar". Otra vez la igualdad eyectada al desván de la utopías. El ministro está a punto de retomar en público el paradigma de "provincias inviables". Al paso que va la gestión de Cambiemos quizás tengamos que agradecerles que de una vez demuestren el fracaso de la educación privada.

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El verdadero dilema del movimiento nacional y popular
OfftopicporAnónimo3/31/2017

El verdadero dilema del movimiento nacional y popular Por Hernan Brienza No se trata de la interna de la provincia de Buenos Aires. Ni de las elecciones de medio término en octubre. Tampoco se trata de candidatos ni de internas. Me animaría a sostener que ni siquiera lo más importante es el horizonte ya relativamente cercano del 2019. Para el movimiento nacional y popular –en sentido amplio, incluyendo las transversalidad construida por el Peronismo, el Kirchnerismo, el progresismo, sectores de izquierda- la decisión fundamental a tomar en los próximos años no es, en última instancia y aunque lo sea, ideológica. Es puramente volitiva, es decir está en el orden de la voluntad política, y se refiere por sobre todas las cosas al nivel de confrontación que está dispuesto a asumir en la próxima etapa. La cuestión es sencilla: Después del planchazo que significó la distribución regresiva del período liberal conservador -iniciado en 1975 con el Rodrigazo o en 1976 con José Alfredo Martínez de Hoz y concluido en diciembre de 2001-, el Kirchnerismo habilitó nuevamente un proceso de puja distributiva en la economía argentina, a través de una redistribución positiva a favor de los sectores de los trabajadores y de la inyección de la demanda. Esto generó, como suele ocurrir, el círculo virtuoso de la economía pero, al mismo tiempo, despertó los recelos del monstruo represor dormido que anida dentro de la clase dominante argentina. Los procesos destituyentes protagonizados por las organizaciones rurales, la furibunda campaña mediática de las empresas monopólicas de comunicación fueron las muestras adelantadas de lo que hoy tenemos: un gobierno de derecha dispuesto no sólo a clausurar la puja distributiva histórica -recordemos el proceso 1943-1975/76- con un enfriamiento brutal de la demanda y el consumo, y por lo tanto, de la economía en general. La ecuación para los sectores dominantes siempre es sencilla: en procesos de estancamiento económico todos los participantes pierden un poco respecto de los procesos de crecimiento, pero también es cierto –y he aquí la corta mirada- que permiten un mayor nivel de concentración y acumulación de riquezas, al menos en términos aparentes. La mezquindad de esos grupos hace surgir expresiones políticas acordes con esas necesidades, es decir, expresiones más o menos represivas. El movimiento nacional y popular debe tomar notar que el anterior proceso de puja distributiva desembocó en la brutal derrota que significó el golpe del 24 de marzo de 1976. Y no se trata de una cuestión mitologizada de los enfrentamientos violentos, sino pura y exclusivamente en una transferencia de ingresos tan espantosa que liquidó hasta culturalmente toda posibilidad de puja distributiva positiva. Y debe tomar nota, no porque la historia se repita, sino porque simplemente se copia a sí misma. El Macrismo significa el primer intento de clausurar esa puja distributiva, de domesticar y disciplinar a sus competidores: los trabajadores y los sectores pequeños y medianos, más industriales pero también agrícola-ganaderos. La respuesta al final del ciclo conducido por el inefable presidente con problemas de lectura oral –incluyendo sus continuaciones- vendrá más temprano que tarde. Y para cuando ocurra ese momento el movimiento nacional y popular deberá haber saldado las cuentas de su principal cuestión: aumentar o no el nivel de confrontación en la puja distributiva económica, política, cultural y simbólica, a riesgo de entrar en una espiral de enfrentamiento que pueda volver a ser costoso para los sectores del propio movimiento. Es decir, en algún momento, la puja volverá a obligar al dilema “matar o morir”, dilema que siempre marcó las limitaciones de la conciliación de clases que el Peronismo, como principal actor de los últimos setenta años, no pudo, no supo o no quiso superar. Es que no es fácil superar esa valla. Hacerlo sin conciencia puede resultar, otra vez, suicida, o mejor dicho martirizante. Por lo tanto es necesario calcular seriamente la correlación de fuerzas real antes de emprender las nuevas batallas “terrenales y celestiales”, como diría el bueno de Leopoldo Marechal. ¿Con qué herramientas contará el movimiento nacional y popular para emprenderla contra los concentradores de siempre? ¿Sólo con la fragilidad de una mayoría electoral volátil, histérica y cambiante de humor debido a su mentalidad ocupada por los medios de comunicación masivos? ¿Puede hacerlo después de haber permitido que se derrumbaran los propios medios de comunicación en manos de empresarios impresentables? ¿Cuenta con la confianza de un sector industrial organizado o estos prefieren cambiar al rubro de la importación de baratijas orientales? ¿Están a la altura los líderes de la dirigencia obrera para enfrentarse con el poder real o sólo están entrenados para las carreras con salto de vallas cuando son sobrepasados por sus propias bases? ¿Existe realmente un bloque económico que aporte los recursos necesarios para llevar adelante la pelea o se cayó como castillo de naipe al primer vientito mediático judicial? ¿Tiene el movimiento nacional y popular una dirigencia –más allá de un liderazgo al que se le continúa exigiendo, después de casi tres lustros, heroísmos y esfuerzos sobrenaturales para que “salve las papas” mágica y milagreramente- preparada, en términos reales, es decir con juventud, voluntad, convicción, capacidad táctica y práctica, para enfrentar los momentos difíciles que se avecinan? ¿O simplemente el movimiento nacional y popular está entrenado para ganar la “guerra” vía Whatshapp, Facebook y Twitter? La puja distributiva se resuelve con poder real. Y se sufre con el cuerpo. Una cosa es resistir el avance de los concentradores de riqueza. Otra cosa es tener capacidad de articulación para dar el salto cualitativo de poder ejecutar con autoridad legítima y real. Subir el volumen del conflicto, en un hipotético caso de regreso al poder, nos condena a enfrentamientos fuertes en el seno de la argentinidad en un futuro mediano. Apaciguarlo nos convierte en una mera continuidad del “status quo”. Ser o no ser, y ser para qué, he allí el dilema. Esto es lo que hay que pensar con absoluta responsabilidad histórica. Lo demás es zaraza. Y parafraseando a Juan Domingo Perón, “esto o lo pensamos entre todos o no lo piensa nadie”. 31-03-2017

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La nueva mayoría por Edgardo Mocca
OfftopicporAnónimo4/10/2017

La nueva mayoría Por Edgardo Mocca Una interpretación habitual atribuye a una estrategia del gobierno y sus publicistas, la polarización política en la que ha entrado el país; es interesante analizar esa atribución. El antagonismo que da lugar a esa polarización está, en realidad, en la calle, en los medios, atraviesa la vida cotidiana, tanto como en los últimos años. Lo que sí puede entenderse como un recurso político-publicitario es la utilización sistemática del nombre de Cristina como expresión excluyente de ese antagonismo. No es muy difícil captar el razonamiento que alienta esa estrategia: es necesario agitar el anticristinismo porque es la única bandera que puede concitar alguna simpatía con el macrismo en un amplio sector de la población. El proceso de estigmatización de la ex presidenta no empezó con Macri; por el contrario tiene una larga e intensa vida desde los días calientes de la sublevación de las grandes patronales agrarias. No pudo evitar el triunfo kirchnerista de 2007 pero no dio ninguna tregua durante los últimos ocho años. En la jerga encuestológica Cristina tiene un piso muy alto de votos pero un techo que aunque ha decrecido sigue expresando el relativo éxito que tuvo y tiene la larga campaña de hostilidad hacia su persona. La esperanza amarilla es, entonces, conducir el antagonismo político realmente existente en estos días por el camino de antiguas querellas no resueltas y convenientemente manipuladas en la actualidad. Lo que no está funcionando bien en la estrategia comunicativa -para la que trabajan intensa y unánimemente los medios oligopólicos- es su correspondencia con la política real. Lo que se huele en la calle no es un estado de ánimo de tranquilidad colectiva, alterada demagógicamente por pequeños grupos organizados ya se sabe por quién. Lo que se huele es una profunda y mayoritaria preocupación por la realidad y por las tendencias que anidan en ella: no hay observador más o menos decente que lo esté negando. Las encuestas confirman con sus persuasivas aritméticas esa preocupación en aumento en la sociedad y que fácilmente puede comprobarse en las calles. Y ese ánimo quedó reflejado en la masividad y el clima político que caracterizó las grandes movilizaciones del mes de marzo y comienzos de abril. En fin, el diagnóstico del descontento es muy difícil de discutir. Es un descontento muy amplio en lo social y cada vez más plural en su composición política. El intento de reducir el clima adverso al gobierno a la presencia y persistencia del kirchnerismo empieza a chocar muy duramente con la realidad. Sin embargo, según las crónicas de casi todos los medios la misma fuerza a la que se considera un fenómeno residual es capaz de poner a millones de personas en las calles: milagros del choripán y el colectivo. El proceso de activación social ha desbordado los diques de la política tal como era antes del triunfo electoral de Macri. El principio del antagonismo dejó de ser la experiencia de la década pasada y pasó a ser la experiencia de hoy. Lo que antes se veía como una exageración absurda de uso electoral -una “campaña del miedo”- quedó corporizado duramente en estos meses. Hubo ajustes, descenso del salario real, apertura de las importaciones y consecuente penuria de la industria nacional. Hubo devaluación, disminución de retenciones al agro y a la minería, cayó el consumo popular, aumentó el desempleo, se produjo un endeudamiento externo brusco y gravoso hacia el futuro… Creo que la campaña del miedo no llegaba a tanto. La coalición que está en un inicial proceso de construcción no es exactamente la que sostuvo a los gobiernos kirchneristas: hay muchos argentinos que están haciendo las cuentas con el pasado reciente y con la forma en que fue presentado por el aparato ideológico del neoliberalismo. Y esa coalición social empieza a adquirir relieves políticos. Por lo pronto el cálculo de un rápido proceso de “deskirchnerización” del peronismo no se plasmó en la realidad: ya hace varios meses que asistimos a una serie muy grande de movidas a favor de la unidad del peronismo, de la cual son muy pocos y muy poco representativos los que se animan a proponer la exclusión del kirchnerismo; el nuevo clima popular hizo que hubiera que barajar y dar de nuevo. En la misma medida y al mismo ritmo que el peronismo fue rearmándose después de la derrota y los cálculos errados sobre el futuro que suelen acompañarla, el macrismo fue endureciendo esa conocida combinación entre realidades adversas y violencia verbal. Hoy la cercanía o la indiferencia ante la política del macrismo no le dan a nadie oxígeno político. Los diques que el macrismo imaginó en sus comienzos no tienen la solidez que haría falta: resulta muy difícil el sostenimiento al macrismo por parte de la oposición que se dice “responsable”; en consecuencia, la centrifugación de los apoyos al macrismo se empieza a notar. Es en este contexto que hay que comprender el giro hacia la agresividad que ha tomado el discurso gubernamental y la creciente amplitud de sus ataques. Ya no se trata exclusivamente del kirchnerismo, lo acompañan ahora, entre otros, los “mafiosos sindicalistas” y el peronismo como tal, según lo proclamó la movilización ultramacrista del 1ero de abril. Por ahora el gobierno no ha encontrado una estrategia mejor que la de la agitación y la propaganda antikirchnerista, pero su destinatario real se ha agrandado considerablemente. Sostiene esa estrategia y la hace cada vez más vulgar y menos creíble. La idea de una nueva mayoría, de una nueva fórmula política de la unidad nacional-popular-democrática- dejó de ser percibida como una ilusión o una simple consigna de ocasión, se convirtió en un proceso político real. Buena parte del futuro de mediano plazo en la Argentina empieza a girar alrededor de la suerte de ese proceso. Si es bien conducido, su importancia superará largamente la de una elección y se convertirá en un fenómeno de época: hoy sabemos más claramente que nunca que un proceso de transformación de la profundidad que es necesaria en la Argentina - a tal punto que inevitablemente lleva a la discusión de una nueva constitución- solamente puede ser recuperado y profundizado con una relación de fuerzas muy superior a la de los años del kirchnerismo. Claro que para llevar a la práctica con éxito un proceso de construcción de esta naturaleza no se pueden “saltar” las elecciones de octubre. No se puede aludir a un fenómeno fantasmal llamado “unidad nacional” por fuera de un proceso de la importancia de estas elecciones de medio término, signadas como estarán por un problema político central que empezará a dirimirse en ellas: la de si el macrismo y sus políticas neoliberales se consolidan en el tiempo o no. La expresión electoral de este bloque con aspiraciones de convertirse en una nueva mayoría política será en gran medida fruto de la “ingeniería” de cuadros y estructuras partidarias. Pero su resultado será juzgado por muchos millones de argentinos que demandan esta unidad. No se trata de la propiedad de la lapicera para armar las listas sino de un criterio común que necesariamente tendrá que estar basado en la credibilidad, el entusiasmo y la coherencia política que esas listas logren transmitir a la hora de la evaluación popular. Cada cual defenderá sus porotos, pero en última instancia solamente podrá defenderlos bien si el resultado de la obra es el que el pueblo espera. La inercia es un enemigo poderoso en esta tarea. Lo más fácil es sostener el “cassette” propio y no enriquecerlo en un proceso de mutuo aprendizaje. Lo más fácil es también la desconfianza, las prevenciones mutuas. Por eso el liderazgo es decisivo. Y no se inventa para cada ocasión, está ligado a un determinado proceso histórico, se alimenta de él y debe elevarse con él. Los nombres son importantes, serán los que expresen o no los dos grandes vectores del proceso: el máximo nivel de amplitud que no deje ninguna duda de la voluntad de disputar con el macrismo desde la única perspectiva posible, la de una política de inclusión social, desarrollo productivo autónomo y pleno ejercicio de nuestra soberanía nacional. Está claro que sin ese nivel de unidad es difícil generar una situación de freno al macrismo en sus políticas antipopulares y de preparación de condiciones para superar en plazos lo más breves posibles esta dramática circunstancia nacional. Y está claro también que las formas que asuma y los nombres que surjan serán las que decidan si las mayorías reales hacen suya la propuesta. Se necesita producir una fuerte advertencia popular sobre el funcionamiento de las instituciones. En ambas cámaras del Congreso, las oposiciones al gobierno son amplias mayorías, lo que no impidió que algunas de las medidas socialmente más lesivas fueran acompañadas por las mayorías de ambas cámaras. La primera regla de una unidad verdadera es la existencia de un compromiso en la defensa del programa común que sustenta la unidad. Las nuevas mayorías no son necesarias solamente para abrir un nuevo capítulo en la elección presidencial de 2019. Lo son también como forma de ponerle límites a un ejercicio arbitrario y tendencialmente violento del gobierno del gobierno que se ha ido profundizando en los últimos meses. La libertad de Milagro Sala y los demás presos políticos argentinos de Jujuy, el fin de la irresponsable utilización del poder judicial para la persecución y hostigamiento político y sobre todo la generación de una verdadera emergencia social que atienda en tiempos urgentes a las víctimas sociales principales de estos meses de neoliberalismo se imponen como elementos centrales del compromiso político.

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Ni machos, ni fachos - Por Ileana Arduino
OfftopicporAnónimo4/15/2017

Ni machos, ni fachos Por Ileana Arduino El femicidio de Micaela activó posiciones maniqueas: de un lado el garantismo misógino y del otro el manodurismo clásico. ¿Cómo escapar de la trampa? Tomarse el feminismo en serio es un buen punto de partida, propone Ileana Arduino. Ver las alianzas posibles para que, a través de respuestas eficaces, la meta sea menos castigo y más justicia. Gestionar las demandas en lugar de repelerlas. La experiencia extrema de violencia sexual seguida de muerte que terminó con la vida de Micaela García deja ver escenas maniqueas alrededor del debate entre género y sistema de justicia, o más precisamente justicia penal. Todo regado por generalizaciones que niegan la heterogeneidad vital del movimiento y empobrecen la discusión. Podemos verlo como un movimiento de pinzas. De un lado, se ubica lo que voy a etiquetar como garantismo misógino: aquel que insiste en reducir todas las demandas de justicia y eficacia en las respuestas estatales que se organizan alrededor del aparato punitivo ante los casos de violencia de género, a puro punitivismo; casi una variante del uso de “feminazi”. Del otro lado, el “manodurismo”, con sus vectores legislativos y mediáticos, rápidos en señalar como malas feministas y cómplices de la impunidad a aquellas expresiones que se resistan a que la moneda de cambio a sus demandas de transformación radical sea una escalada represiva típicamente patriarcal. No voy a ocuparme aquí de las limitaciones e impugnaciones que podamos hacer a toda intervención punitiva por su sola condición de tal. Es obvio que es una respuesta siempre tardía, que va detrás del daño; que la transformación real, dirigida a cambiar las formas de las relaciones sociales basadas en el sometimiento en razón del género, son la clave; que la cárcel y el encierro —incluso en unas condiciones que podamos considerar aceptables y dignas si es que pasamos el trago de considerar así el encierro- siguen sin tener que ser el único horizonte posible. Dicho esto, no deberíamos seguir eludiendo los términos del debate entre perspectiva de género y sistema penal. Por un lado, batallar contra la impunidad selectiva con la que un garantismo pésimamente entendido repele toda consideración de lo que las víctimas en razón de su género tienen para decir sobre el conflicto que las ha dañado. Feminazis, son todas feminazis En algunos casos el sesgo de género aparece cuando se insiste en codificar como punitiva toda demanda de eficacia. Regularmente, se abusa de la retórica de la intervención penal mínima, de la insignificancia, de la bagatela, sin ninguna conexión con el contexto del conflicto. Ese tipo de argumentos funciona cuando explícita o implícitamente pesa la retórica que insiste en calificar como “conflicto privado” aquello que nos mata, nos lastima, nos confina, restringe nuestras libertades. Incluso cuando eso se materializa a través de prácticas que ya son delitos –lesiones, amenazas, tentativas de homicidios- pero el sistema penal deprecia de muchas formas por la condición de género de las víctimas que las padecen. Por otro, identificar articulaciones posibles para impugnar las quimeras punitivas que enlodan los reclamos genuinos de justicia y profundizan los riesgos de autoritarismo. Así como repugna la idea de un derecho penal de autor porque las personas solo pueden ser castigadas por lo que hacen no por las condiciones de su existencia, a esta altura resulta insoportable tener que insistir con la obviedad de que a las mujeres nos victimizan por lo que somos. Y esa vulnerabilidad de género ante ciertas violencias también debe ser una preocupación para el garantismo: más allá de su versión procesal de cara a los imputados, lo mejor que tiene como corriente política, acerca de los fines y usos del derecho, es la limitación frente al poder cuando avasalla derechos en una situación de conflicto donde se producen abusos. Las relaciones de género están marcadas por una subordinación que no puede dejarse de lado cuando al sistema llegan estos casos. Como repite Rita Segato en estos días, deben ser considerados delitos de poder. Históricamente, los sistemas penales -y sus agencias satélites como las policías- han repelido el tratamiento de las formas de violencias que alcanzan a las mujeres y desplazan las responsabilidades hacia nosotras (algo que no ocurre con las víctimas de ningún otro delito). Tampoco nos creen cuando relatamos abusos (allí está el nada científico SAP neutralizando denuncias bajo el mito de la mala mentirosa), aun cuando el feminismo ha dejado claro ya que la violencia es constitutiva de la experiencia biográfica femenina. Finalmente, es común ver cómo banalizan hechos porque ocurren en contextos íntimos y en el fragor de la discusión, como si fuera entre iguales o, como leí hace poco en un caso judicial, aceptar como reparación un ofrecimiento de disculpas que “no implica asumir responsabilidad” (sic). Esas son algunas expresiones, entre muchas otras, de lo que en vidas concretas significa lidiar con sistemas judiciales cuando se es víctima de distintas formas de violencia de género. Gran parte de la agenda feminista bien entendida reclama modificar esos términos en las intervenciones. Ello no tiene nada que ver con inflar el sistema punitivo sino con dejar de consentir que un instrumento que debe intervenir ante conflictos violentos, lo haga ignorando los intereses de la mitad de la parte en juego; peor aún, respondiendo a la demanda legítima de quien es victimizado con muchas otras violencias. Lo llamo garantismo misógino porque muchos de los que sostienen ese desdén frente a las cuestiones de género, reaccionan de forma bien distinta ante otras formas de abuso de poder e ineficacia. Los argumentos que utilizan para depreciar las demandas de género serían impronunciables frente a otros casos con los cuales el derecho mínimo penal tiene simpatía. No es un juicio de valor personal -sería insuficiente- sino una consecuencia obvia pero no inmodificable del sistema penal, instrumento predilecto de la maquinaria heteropatriarcal. Afortunadamente, por ejemplo, no desalentarían bajo el mote de punitivismo la persecución de la tortura o del abuso policial, las detenciones ilegales o la discriminación racial o el negacionismo. No veo por qué la demanda de cese de impunidad penal selectiva para los casos de violencia de género debiera correr una suerte distinta. En ambos casos la desatención estructural no ha tenido que ver con un legítimo ajuste político criminal que acota la criminalización impropia para un Estado de Derecho, sino que constituyen expresiones de impunidad garantizadas por el aparato judicial, sustentadas en el patriarcalismo imperante para unos casos, en el clasismo o el racismo en otros. Como enseña otra vez Virginie Despentes, hay quienes “denuncian con virulencia las injusticias sociales o raciales, pero se muestran indulgentes y comprensivos cuando se trata de la dominación machista. Son muchos los que pretenden explicar que el combate feminista es secundario, como si fuera un deporte de ricos, sin pertinencia ni urgencia. Hace falta ser idiota, o asquerosamente deshonesto, para pensar que una forma de opresión es insportabe y juzgar que la otra está llena de poesía”. Esta demanda de respuesta eficaz debe encontrar una respuesta honesta a la altura de la circunstancias y ser bien distinguida de los programas que solo avanzan con inflación penal – esto es crear nuevos delitos o aumentar escalas penales –o endurecimiento punitivo -apelar a más encierro por más tiempo, aunque sea la misma fracasada respuesta de siempre. Guerras en nombre del feminismo Del otro lado, llegan los “manoduristas” de siempre que a sabiendas distorsionan las proclamas libertarias feministas de exigir una vida libre de violencia para desplegar venganza represiva. Cuando la experiencia fallida del sistema judicial ante la violación en su forma más extrema y amenazante aparece realizando la amenaza potencial bajo la que las mujeres somos socializadas en un régimen de estatus basado en el género, se desata un vale todo que en nombre de la aberración cometida, invita a los desbocados de siempre a proponernos cosas cada vez más atroces, que corrientemente nada tienen que ver con la solución del caso. Por el contrairo, ya sabemos que guardan una estrecha funcionalidad con el objetivo de mantener la violación lejos de lo que es: una herramienta disciplinante central del régimen heteropatriarcal. Esto rompe la posibilidad de ver y comprender las continuidades y entrelazamientos con otras intensidades violentas que la explican mucho mejor que las estrategias individualistas de la patologización criminalizante que la ubican en el registro de lo excepcional. Estas formas de oportunismo punitivo en nombre de “las mujeres” son puro uso y abuso para arremeter contra el garantismo. Con un objetivo: perpetuar estructuras penales que funcionan lejos de la contención de los abusos de poder y que, en lugar de asegurar derechos, convalidan su avasallamiento. Es un movimiento similar a las apropiaciones del feminismo que efectúan los imperios invasores que arrasan con pueblos enteros en nombre de la emancipación femenina. Primero se reduce el feminismo a la versión blanca local, se ignora explícitamente las versiones subalternizadas y se le asegura a eso un reconocimiento especialmente cínico, el lugar de la excusa para la escalada violenta. Una forma de cosificación más. Así lo muestra Nina Power cuando analizando la invasión a Irak en 2001 dice “La esposa de George W. Bush, Laura preparó el terreno en un programa de radio al declarar que los terroristas y los talibanes amenazan con arranar las uñas a las mujeres que se las pintan. La batalla por el apoyo público a las guerras se desarrollo mediante una combinación del discurso feminista liberal y la premisa de mano dura”. Suena banal el asunto de las uñas y la guerra no? ¿Cómo no ver entonces banalizadas las demandas de transformación real que se plantean frente a la violencia de género en un contexto donde el Presidente de la Nación sostiene que todas nosotras histéricas a las que nos gusta que nos digan qué lindo culo tenemos? ¿Cómo no advertir que somos una excusa para otros planes si la salida punitiva aparece en el mismo tiempo en que los feminicidios crecen exponencialmente y el presupuesto del Consejo Nacional de las Mujeres decrece despiadadamente? ¿Cómo confiar en que el problema sea lo que llama garantismo un señor que conduce una policía que ha vuelto a la maña de las razzias, preferentemente dirigidas a nuestros cuerpos? ¿Cómo no ver esa misma mecánica de instrumentalización para el proyecto bélico de cabotaje dirigido contra pobres, migrantes y luchadores sociales en quienes emprenden una cruzada antigarantista en nombre de nuestras libertades? Cada vez que la retórica punitivista nos invoca lo hace instrumentalmente y nos confina al lugar de víctimas como toda expresión identitaria. Así como el garantismo misógino confunde demandas muy diversas hasta asociar forzadamente feminismo con autoritarismo, el punitivismo nos propone condenarnos a una única forma de reconocimiento, el de las víctimas que también está plagado de exigencias estereotipadas que también fija el patriarcado. Como alerta Tamar Pitch: “Con esto no quiero decir que la justicia penal no deba intervenir, ni que las mujeres que han sufrido violencia no deban ser definidas como víctimas [pero la sola] relegitimación de la justicia penal, su lógica y sus símbolos, juega en contra de la política, la margina e incluso corre el riesgo de negar o al menos, no reconocer la subjetividad femenina, reduciéndola a una simple invocación de ayuda de un grupo reconstruido como débil y vulnerables”. Respuestas ya ya ya. ¿Transformaciones para cuándo? La urgencia por encontrar explicación a lo que en los primeros momentos no logramos quitar del registro del “qué horror” exige explicaciones perentorias, responsables con rostros visibles ya. Las simplificaciones llegan rápido y pueden coincidir con parte de la respuesta que casos como el de Micaela demandan, pero también son aprovechadas para eludir lo que siempre se posterga: lo que emerge allí donde el daño supera la escala individual y sacude la realidad colectivamente. Veamos lo que se discute a partir del caso de Micaela. La figura del juez que decidió la Libertad de Wagner está en la picota. Claro que el desempeño de los jueces, y este caso no tiene nada que sugiera que no urge hacerlo, debe estar sometido a escrutinios y mecanismos institucionales sobre su desempeño. ¿Pero antes y después qué? El mal desempeño del juez se está construyendo, al menos en los medios, sobre una supuesta racionalidad que, ligeramente, se asigna en estos días a los informes de los servicios criminológicos penitenciarios. ¿Sabemos cuáles son las diferencias de acceso a terapia que tienen estos agresores? ¿Tienen servicios terapeúticos adecuados o son intervenciones rutinarias como las que se hacen sobre los demás, cualquiera sea el delito cometido? ¿Quién monitorea esos gabinetes multidisciplinarios? ¿Cómo se integran? En muchos momentos se ha sugerido que informes de ese tipo forman parte de los intercambios corruptos entre penitenciarios y presos, ¿sabemos de los controles que existen para evitar cosas así? ¿Es un avance de calidad institucional y respetuoso de la ley administrativizar el control del cumplimiento de las penas? ¿Qué haremos con los servicios penitenciarios en su gran mayoría de impronta militarizada? ¿Son los profesionales que los integran autónomos para ejercer su tarea, con jefes que priorizan la humillación y el disciplinamiento violento a la reintegración a través del ejercicio de derechos que el Estado debe garantizar cuando priva a alguien de la libertad? No estoy en condiciones de afirmar si este revival de fe positivista en los informes criminológicos nos pone en riesgo de regresar a tiempos en los que la decisión sobre el confinamiento o no de las personas se basaba en unas nociones de peligrosidad pseudocientíficas que se apoyaban en la propaganda del caso extremo y desbordado para luego ver peligro por todas partes, principalmente en la disidencia ante el poder. Decía Foucault en una de sus clases, con cita del criminólogo Rafael Garófalo: “El miedo general al crimen, la obsesión por ese peligro que parece confundirse con la sociedad misma, se inscribe de manera permanente en la conciencia de cada cual (….) ¿Cuál es el enemigo? …Es un enemigo misterioso y desconocido hoy en la historia, y su nombre es el criminal”. En otro orden, ¿qué pensamos hacer con una cultura carcelaria que garantiza continuidades patriarcales tras los muros y somete a los varones acusados de violación a procesos disciplinantes de reprobación a través del sometimiento a violaciones, con anuencias y silencios varios? ¿Cómo puede ser que la principal estrategia de mediación estatal en algunos establecimientos penitenciarios sea asegurarles lugares en pabellones religiosos? ¿Alcanza con el confinamiento absoluto? ¿Qué nos dicen esas venganzas materializadas sobre un cuerpo agresor acerca de la matriz reproductiva de la cultura de la violación en la que vivimos? El medio carcelario que consiente el disciplinamiento mediante abusos, ¿no es más bien otra forma de perpetuación de la cultura machista, del pacto entre caballeros que resuelven también con odio de género sus formas aprobadas y desaprobadas de disponer de nuestros cuerpos? ¿Cuáles son los servicios de egreso y de atención postpenitenciaria? ¿Con qué datos sostenemos reincidencias probables o no? Si Wagner debía cumplir tratamientos al recuperar la libertad, ¿cuáles eran? ¿Los elegía el? ¿Le procuró el Estado lugares adecuados? ¿Cómo los sustentaba económicamente? Si un agresor sexual pide ayuda, porque se reconoce en problemas, ¿a dónde va? Para el manodurismo esta desorientación no ofrece problemas: además de contar con la eficacia discursiva de su lado, camina con naturalidad por las arenas represivas, pide bala a los delincuentes, siempre le parece que la puerta es giratoria, mide eficacia en número de presos y abatidos, festeja las ejecuciones de ricos marcando que la bolsa es la bolsa y que vale mas que algunas vidas, convive cómodamente con la impunidad, está al acecho cuando la necesita de excusa, la produce y reproduce como objetivo político, no como mal cálculo. Por fortuna, empiezan a sentirse con fuerza otras voces, acompañadas de la reacción popular de miles de mujeres que reclaman cambio verdadero. En esa línea, el comunicado de NiUnaMenos esbozó algunas de estas cuestiones claves frente a una desorientación generalizada que de izquierda a derecha clama por la cabeza del juez como todo destino, quizás con razón, pero sin mayor rumbo. Menos castigo más justicia: tomarse el feminismo en serio La movilización social feminista de los últimos años avanza hacia una resistencia activa y creativa. La experiencia acumulada va forjando unas subjetividades donde los femenino comienza a descentrarse de la condición de víctima individual sufriente pasiva que nos reserva el neoliberalismo cuando captura nuestras demandas. A eso se suma la nobleza lúcida de unos padres víctimas que optaron por no claudicar de sus convicciones ante la inmensidad de un dolor que sería irrespetuoso proponernos mensurar aquí, reivindicando que la transformación radical de la realidad es la forma de justicia que esperan para su hija. Estos elementos ofrecen un escenario distinto al de otros dramas en los que las cosas terminaron estrelladas en el muro de la inflación penal y el endurecimiento carcelario. Las respuestas a la altura de la lucha y los costos en vidas de mujeres serán aquellas que erradiquen las condiciones de producción y reproducción de esta normalidad violenta que expresa un régimen de estatus basado en el género. Para ello habrá que producir intersección cabal entre perspectivas de género y garantismo, no por capricho epistemológico ni snobismo conceptual, sino una exigencia básica de reconocimiento y no discriminación. La gran mayoría de las resistencias garantistas en relación con las cuestiones de género parten del no reconocimiento, de la subalternización de la perspectiva. La desigualdad estructural en las relaciones de género no se queda en las puertas del sistema penal y sus prácticas. Insistir en esas desconexiones solo hace cada vez más grande el problema, más corto el camino a la invocación represiva y niega que lo que llaman igualdad y neutralidad está construido sobre lo masculino como universal. Tomarse el feminismo en serio es un buen punto de partida. Ver allí alianzas posibles para que, a través de respuestas eficaces, la meta sea menos castigo, más justicia. En lugar de repeler las demandas, gestionarlas, darlo todo vuelta si es necesario, pero no renunciar a la oportunidad de que confluyan dos tradiciones comprometidas con la minimización del dolor y las violencias como un proyecto político central.

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Política y violencia por Horacio González
Política y violencia por Horacio González
OfftopicporAnónimo4/11/2017

Política y violencia Por Horacio González La represión no es una esencia de la política, por el contrario, podríamos decir que donde hay política –política con su carga de verdad– nunca hay violencia. Proposición clásica que el gobierno de Macri desconoce o no tendría por qué conocer. Pero da la casualidad que una de sus aliadas, la doctora Carrió, es presidente de un Instituto llamado Hannah Arendt, pensadora que si se destaca por una posición específica al respecto es precisamente por esta drástica distinción entre política y violencia. O una o la otra. Pero no será la única enunciación que los nuevos autoritarios desconocen, en camino hacia un despotismo irresponsable. ¿Hasta dónde alcanzan las pseudo leyes que inventan para su público más desprevenido o silvestre, mostrando que la represión está amparada por reglamentos, leyes, memorándums, ritos, ceremonias? Ya el protocolo represivo –su mera mención– es una punta del pañuelo que asoma por el bolsillo superior del saco antidemocrático. El macrismo ya contenía la amenaza coactiva en el pliegue más interno de sus actuaciones. Amenazadores eran sus discursos de campaña, amenazadores son sus políticas económicas, sus viajes al exterior, su charlas difusas y vacías para llamar a la paciencia o la esperanza. ¿Puede ser violento un llamado de esa índole? Lo es, pues sin que sea obligatorio que en una promesa haya violencia interna –otra vez Hannah Arendt, la promesa es una categoría de un contrato cívico sin resabios brutales–, el macrismo es la fusión revelada de la promesa sostenida por un hilo recóndito de violencia. El macrismo se caracteriza por el carácter violento potencial que tienen todas sus acciones. En la Plaza del Congreso, ante los docentes sindicalizados, salió a luz. A cara tapada –cascos policiales, funcionarios invisibles–, esas órdenes sigilosas salían del cenáculo de Balcarce 50, clavando sus cincuenta caninos en la yugular de la sociedad. Del otro lado, caras descubiertas, símbolos de la conducción democrática del conflicto social. ¿Quién no conoce el rostro público, valiente y argumentativo de los dirigentes educativos argentinos? Y del otro lado, las caras aviesas, bajo sombras de virulencia contenida… ¿no se lo ve en las ironías coléricas de un rostro tenso, crispado y contagioso, el de Macri, a punto de derrumbar los mohínes aniñados de una gobernadora que en una imperceptible guiñada deja leer en sus labios tres sílabas rápidas, re-pre-sión, como escritas en una pizarra escolar para instrucción de su gendarmería? El macrismo hizo su juego permanente con una violencia latentemente implícita, que comienza en el timbre inocente y calculado y termina en el gas pimienta con dosis también recetadas, protocolizadas. Protocolo represivo, eso es, frase que contiene cierto hálito contradictorio. ¿Pues puede quedar bajo un reglamento específico la represión? Todo puede tener un protocolo, una reglamentación, desde comprar uvas en el supermercado hasta la guerra misma, aunque resulte absurdo e incumplible. Pero la ambición reglamentarista de lo que de por si entraña la furia de los andamiajes del Estado –represivos, bélicos–, no es garantía de racionalización o sensatez. ¿Es posible pensar una razón en la furia desatada, una forma de justicia en la “racionalización” entendida como latigazos a cuenta? ¡No presentaron el pedido de permiso! No es verdad, pero para ellos el único documento firmable es de la rendición del movimiento social. El protocolo no es garantía de cordura y prudencia. La humanidad y nuestro país tienen el recuerdo grave, testimonial, de que las máximas ferocidades, los soportes más duros de la represión siempre tuvieron protocolos, reglas, escrituras. Públicas o secretas. Por lo tanto, la represión a los docentes entraña un momento de peligro, como si un oscuro destino, señalado por la frase maldita –un plan económico restrictivo basado en la flexibilidad laboral y en un escarmiento salarial, “cierra con represión”–, fuese cumplido por el macrismo, con su máscara fatídica en el lugar de su cara angelical de timbreadores suburbanos. Se recubrieron de bocetos ideológicos basados en actitudes que llamaron sinceramiento o normalización, y se suponía que esos pilares conceptuales tan deficientes se sostenían con su crítica al excedente social sostenido por el Estado. Esta es una gran discusión. Ese excedente supone una forma del gasto social, de la inversión pública, del crecimiento por demanda. Una plusvalía social y pública positiva. El macrismo la hizo chocar con la plusvalía privada como punto de vista para pagar la deuda, entregarse sin discusión a los poderes mundiales, regodearse con los elogios del Fondo Monetario, y llevar la mano a las pistolas Taser cada vez que escuchan la palabra “paritaria docente”. Hace meses que están pensando en las hipótesis represivas preparadas en programas televisivos, radiales, artículos de diarios. Escuchan a los augures que llaman a la mano dura, que total, si los pensamientos son duros, porque no lo van a ser en la calle, en los viaductos, en los pajonales. El diario La Nación, para dar un ejemplo fácil, muestra una forma efectiva en que reprime la policía alemana. Coreografía prusiana, la envidia del macrismo. Recorren la búsqueda del camino de las especias, desde la pimienta, al “me importa un comino de la democracia”. Todas materias de iniciación de las dictaduras. Cuidado. Es lo que ha sentido como dura lección el sindicalismo docente, que han dado una extraordinaria clase pública de democracia viva contra la reprimenda mecanizada. Cuando Macri llamó a resolver este cuadro deprimente en las elecciones de octubre, quería reafirmar su concepción de gobierno restrictivo, con la magia del voto electrónico en una mano y el gas lacrimógeno en otra. Hasta el momento pedían que el movimiento social firme documentos de no movilización, de no acción callejera, a cambio de cascajos o mendrugos salariales, que tienen el tufo provocador de la extorsión y el miedo. Por cierto, las fuerzas populares frentistas se encontrarán en octubre con esta derecha gaseosa con hálitos tumefactos de castigo social. Pero no se retirarán de las luchas y movilizaciones, evitando ellas con sus movimientos sabios pero enérgicos, resistentes porque a la vez democráticos, la encerrona en la que quiere atenazarnos el gobierno. Represión en el silencio disciplinario o represión a la vista, nuevo guión de los escenógrafos macristas. Lo que vimos en Congreso hizo salir a luz la violencia encriptada que estaba a la espera en el secreto corazón del macrismo, bajo la lluvia, en el solar histórico de la carpa blanca, encegueciendo los ojos con un pacífico condimento culinario. Pero ellos no; no quieren pacífica a la pimienta, no quieren domesticar los gases, los expelen con el desagradable hedor de quienes no sabían siquiera cuál era el maloliente complemento de su política económica, social y educativa. Las imágenes que los muestran anónimos, con su rostro, ellos sí recubiertos de engañifas, son imágenes que despacifican, emponzoñan, extravían.

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