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Deseos, voluntarismo, ilusiones y realidad Por Hugo Presman El voluntarismo atraviesa al macrismo, el partido que actúa como patrón de la coalición Cambiemos en el gobierno. Imaginó que por el solo hecho de llegar por los votos, el primer partido pro-negocios y pro-mercado, como solía presentarse Mauricio Macri en la Embajada Norteamericana, implicaría una “puerta 12” al revés, donde los inversores se aplastarían unos a otros para invertir en la Argentina: se demostró que era un espejismo. En cambio, sí llegaron capitales golondrinas para aprovechar el oasis de la especulación financiera, donde se pueden disfrutar las mayores tasas en dólares del planeta, invirtiendo en LEBAC, transformando los dólares en pesos y especulando con la divisa norteamericana semifija hasta octubre. Antes de las elecciones de octubre transformarán los pesos en dólares y el país con su frondoso endeudamiento (en quince meses se contrajo deuda por un monto similar a la refinanciada con quita por Néstor Kirchner) financiará el regreso de las golondrinas a sus lugares de origen. Si una crisis internacional o local azotara a la Argentina, la fuga de los capitales golondrinas y de los inversores locales transformando los pesos en dólares, provocarían un remedo de la auténtica puerta 12. El denominado “retorno del país al mundo” no es más que la apertura de las puertas de los bancos internacionales, es decir la capacidad de endeudarse. El voluntarismo de haber supuesto que en el segundo semestre del 2016 se abrirían las puertas del paraíso, era algo más que una torpeza, una deficiencia de análisis gigantesca porque se confundía un Edén imaginario con una cercanía al Purgatorio. La caída de los índices económicos que debían subir y el ascenso de los que tenían que bajar, se constituyeron en la realidad que fue pulverizando los vaticinios y las ilusiones despertadas. Ahora bien, muchas de las presuntas equivocaciones son efectos deseados, consecuencias inevitables de un proyecto refundacional de la Argentina que implica el intento de implantar un modelo agro-extractivo-exportador mixturado con el de rentabilidad financiera basado en el campo, la minería y el casino financiero, con industrias vinculadas a los dos primeros sectores. Una Argentina con mucha población excedente. Para sustentar su gobernabilidad, el gobierno incrementó el déficit fiscal, aumentando planes y extendiendo la asignación universal por hijo a los monotributistas, al tiempo que redujeron los ingresos por eliminación o reducción de las retenciones. Violaron uno de sus dogmas para poder concretar una transferencia regresiva y brutal del ingreso, por lo que redujeron un ajuste superlativo por uno intenso pero muy por debajo del planificado y deseado por el gobierno, con la intención de mantener buena parte de su base electoral. Al empezar marzo, el macrismo, en términos boxísticos, estaba contra las cuerdas, dejando expuestas sus torpezas en declaraciones brutales y en hechos insensibles, mientras la economía llevaba a que una porción de sus votantes lamentaran o empezaran a dudar de haberle dado su apoyo en octubre del 2015. Cuatro marchas multitudinarias fuertemente opositoras vapulearon al gobierno y lo arrinconaron. Algunas declaraciones desafortunadas provocaron la reacción del núcleo duro del macrismo, fundamentalmente en la Ciudad de Buenos Aires, lugar de su nacimiento y donde en la mayoría de las elecciones ganó en todos los distritos, llegando en las zonas donde se asientan las clases altas y medias altas a porcentajes de apoyo muy elevados. Un gobierno que asumió sin calor popular, que tiene que acudir a los actos gubernamentales con fuertes medidas de seguridad, que acudió a la inauguración del año legislativo con muchos más policías que la presencia de adherentes, decidió desestimar oficialmente la marcha convocada en su apoyo en las redes sociales, aunque la fogoneó a través de sus punteros mediáticos, los trolls, en la convicción que el contraste con las marchas opositoras aumentaría el aislamiento. El macrismo (excluyo a su pata peronista que hace trabajo territorial tradicional y en buena medida a María Eugenia Vidal), entiende a la política como un producto del marketing, una militancia en las redes sociales, un escenario montado artificialmente, un timbreo cinematográfico planificado y digitado hasta sus mínimos detalles; por lo que desconoce el calor de la calle y la potencia de las multitudes tomando las avenidas, a las que desprecia y estigmatiza como “la vieja política”. Por eso se sorprendió cuando una cantidad importante de personas acudió a Plaza de Mayo el 1 de abril. La cifra estimada por la policía de la ciudad fue de aproximadamente 25.000 ciudadanos. Es muy posible que la concurrencia fuera más importante y haya llegado al doble de lo estimado. En las principales ciudades de las provincias el apoyo fue escuálido, por lo que se movilizaron en todo el país a favor del gobierno, en el más optimista de los cálculos, unas 75.000 personas, muy lejos de los más de 300.000 personas estimado por la volátil Patricia Bullrich. Esta cantidad para las marchas de la oposición hubiera resultado un resultado exiguo y preocupante. En cambio para el gobierno fue un maná que hizo llorar de emoción al Ministro de Educación Estaban Bullrich, conmovió a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires y sacudió al gélido presidente Mauricio Macri. Si antes del 1 de abril el macrismo subestimaba la presencia de la gente en la calle, ahora sobrestima el apoyo recibido. LA MARCHA DE APOYO AL GOBIERNO Toda expresión colectiva debe merecer el análisis político. La del primero de abril fue considerablemente menor en cantidad y heterogeneidad a las marchas caceroleras, fundamentalmente la del 8 de noviembre del 2012, que en su magnitud anticipaban aspectos de las elección del 2013 y las de octubre y noviembre del 2015. Con predominio manifiesto de un corte generacional de cincuenta años para arriba, los concurrentes expresaban desde un apoyo a una democracia presuntamente amenazada, a un respaldo a la presidencia de Mauricio Macri. Unos y otros tienen un denominador común: un rechazo visceral al kirchnerismo en particular, al peronismo en general, un odio concentrado hacia la ex presidente Cristina Fernández. El periodista y escritor Jorge Asís, con su manejo de la ironía, fue categórico: “Había más gorilas que en Kenia” Las pancartas y estribillos permiten aproximarse al corazón de la marcha y explicar algunas de sus consecuencias posteriores: “Democracia si, Macondo no”; “Ud. no está sólo Presidente”; “Ahora, ahora, la gobernadora”; “No vuelven más”; “Vinimos con la SUBE”; “Basta de piquetes”; “Baradel, déjate de joder”; “Los chicos en la escuela”; “Hay que cantar, hay que cantar, los piqueteros a laburar”; “Voté a Macri, porque no quiero más mafias” “Si los dejamos avanzar a los kirchneristas, la democracia está en peligro”; “Argentina sin Cristina”: “Justicia por Nisman”; “Macri querido, el pueblo está contigo”. Desde su columna editorial en el diario Clarín, el ex montonero Ricardo Roa, desde hace muchos años, soldado de Magnetto alentaba: “Aparecieron los votantes de Macri para recordarle que Cambiemos viene de cambiar” EL CAMBIO DEL GOBIERNO Invadido por la emoción, el Presidente grabó un video en donde llegó a expresar: “Qué emocionante lo que acaba de pasar en todo el país. Qué lindo que tantos creamos que tenemos un futuro por construir, que juntos vamos a generar las oportunidades de progreso para nuestros hijos a poner cada día lo mejor de cada uno de nosotros. Lo expresamos desde el corazón, espontáneamente, sin que haya habido colectivos, ni choripán. Solamente decir "sí, se puede” y juntos. Felicitaciones. El lunes a empezar desde temprano a trabajar por esa Argentina que tiene un enorme futuro por delante". A partir de ese lunes el gobierno trató de implementar lo que las pancartas y estribillos exigían: endureció su posición en el conflicto docente, atacó a los sindicalistas, proclamó la lucha contra las mafias de un gobierno que se apoya y es respaldado por varias de ellas, sostuvo que no hay plan B, reprimió para la televisión el piquete en la Panamericana, levantaron violentamente la carpa itinerante de los docentes que se estaba levantando frente al Congreso, la policía se sintió habilitada para protagonizar varios hechos violentos e intimidatorios contra sectores populares, el Poder Judicial avanzó sobre Cristina Fernández y su familia, mientras el Presidente verbalizaba casi textualmente uno de los leitmotiv centrales de la marcha: “Lo expresamos desde el corazón, espontáneamente, sin que haya habido colectivos, ni choripán.” Una de las tantas contradicciones y cinismo de un Presidente que reitera “que viene a unir a los argentinos”. La misma hipocresía que le lleva a repetir “Estamos abiertos al diálogo”, mientras se desaloja con un operativo impresionante a los obreros de AGR ( Arte Gráficas Rioplatense) del grupo Clarín, a los que el Ministro de Trabajo ignoró. Como bien afirma el profesor de historia Martín Obregón, “el choripán ha venido a ocupar el lugar que dejaron vacante la alpargata y el bombo en el vocabulario político de una derecha que profundiza los rasgos xenófobos y racistas” La idea de las marchas de primera protagonizadas por ciudadanos autoconvocados y la de los argentinos de segunda llevados en manada por un chori y una coca, parece un sonsonete que a los sectores medios y al gobierno le es imposible de extirpar, y se afanan en reiterar. Bastaría para desnudarla un ejemplo elemental: ¿cuántos de los capitalinos irían con la SUBE o caminando a un acto de Cambiemos en Florencio Varela o Ituzaingó? ¿O el PRO no les pondría colectivos para acercarlos como hizo Ramiro Tagliaferro, ex esposo de la gobernadora, intendente de Morón, quien fletó micros para llevar militantes a Plaza de Mayo? El presidente que levantó como bandera la unión de los argentinos, todos los días enarbola muros virtuales que compite a los que físicamente piensa construir Trump. EVALUACIÓN Sobre la base de una manifestación importante pero exigua en las comparaciones, el gobierno ha salido de las cuerdas en las que se encontraba en marzo y se posesiona del centro del ring. Ha logrado un importante triunfo, doblegando a los docentes que no evaluaron la alternativa de un Plan B. Es como aquellas personas que descubren el sexo tardíamente, y sin experiencia empiezan a dar charlas sobre metodologías y posiciones como expertos. El actual dirigente deportivo Hugo Moyano lo sintetizó con precisión: “Se le subió la marcha a la cabeza.” En nombre de decirle la verdad a los argentinos, siempre prólogo de una mentira, Macri le dijo a la agencia alemana Deutsche Welle”: “la mayoría que salió a la calle el sábado pasado, espontáneamente” Incluso el gobierno jugó fuerte para desactivar o circunscribir el paro general y encontró militantes contra la medida. El discurso de las buenas ondas, entrecruzado con las meditaciones zen y los libros de autoayuda, sostenidos por Durán Barba y Alejandro Rozichner, parece haber dado paso a un relato apoyado en los detritus de Baby Echecopar y Fernando Iglesias, este último, lejos de las pasiones de la época, parece el heredero de Ernesto Sanmartino y su inolvidable descalificación del peronismo como ”aluvión zoológico” y de Américo Ghioldi. celebrando el fusilamiento de peronistas con la frase “se acabó la leche de la clemencia” . El periodista Roberto García en Perfil ubica a Macri entre los halcones del renovado relato y considera que la marcha ha operado como “…un anabólico para el halcón que aprende el arte de la cetrería.” El gobierno no modificará su proyecto económico porque vino a aplicar un plan refundacional. A lo sumo lo que puede conseguirse es disminuir la velocidad de su aplicación. Por eso son ingenuas las declaraciones del triunviro cegetista Héctor Daer, después del paro: “A lo que aspiramos nosotros es que el gobierno tenga una foto de lo que pasa en la Argentina.” Esa foto fuera de foco es la buscada y conseguida como objetivo por el gobierno y luego, un poco a destiempo afirma: “El gobierno anterior nunca fue contra los que menos tienen”. Coincide en ese punto con un analista lúcido del establishment como Eduardo Fidanza que con cierta sorpresa, escribió en La Nación “¿Cómo pudo mantenerse tantos años la posverdad kirchnerista? Sin duda, por la mejora material relativa de amplias franjas de la población, desde condiciones críticas. Eso explica por qué todavía hoy uno de cada 3 argentinos la sigue suscribiendo.” Mientras la huelga inmovilizaba a buena parte del país, Macri gozaba en el Foro Económico Mundial de los elogios del poder económico internacional, que lo alentaba a profundizar su plan, y donde según el periodista Francisco Olivera “El espanto al pasado tuvo allí más fuerza que las objeciones al presente”. Para los que suscriben la teoría del derrame, a la que adhiere el oficialismo, la periodista Hinde Pomeraniecz escribió en el prólogo del libro “Los Estados Unidos de Trump” de Paula Lugones:“Antes de asumir Reagan, en 1978, el 1% más rico de la población estadounidense ganaba el 8% del ingreso nacional mientras que hoy ese mismo 1% gana el 25% del ingreso nacional” El único plan del gobierno va en esa dirección. Es cierto que el gobierno no tiene un plan B. Por eso lo del dialogo y el consenso es una puesta en escena amable sin resultados, que termina necesariamente en crispación y luego en enfrentamiento. Y ya que se habla de mafia, hay una frase aplicable al actual escenario, de una escena de la película “El Padrino” pronunciada por el personaje interpretado por Marlon Brando: “Cuando quiera conocer tu opinión, te la daré” DESEOS, VOLUNTARISMO, ILUSIONES Y REALIDAD Los deseos fundacionales chocan con la resistencia de sectores importantes de la sociedad argentina. El voluntarismo y las ilusiones tienen el límite de la realidad. “En política no hay que reír ni llorar, sólo comprender”, sostenía el filósofo Baruj Spinoza. El gobierno al iniciarse marzo estaba cerca del llanto y ahora no puede disimular la alegría, aunque su revolución en ese sentido es para pocos. Marcos Peña, el joven provocador que oficia de Jefe de Ministros, ha declarado después del “háganse cargo” en el Congreso: “La manifestación fue la marcha de la esperanza y una ratificación del proceso de cambio que inició la mayoría de los argentinos”. Incluso algunos analistas que tienen la jactancia de los perezosos, han asimilado el 1 de abril del macrismo al 17 de octubre del peronismo, sin las patas en la fuente, una imagen plebeya que repele a su estética. La comparación es una forma grosera de violar a la historia. Ni siquiera es dable aplicar la remanida frase de Carlos Marx en “El 18 brumario”: ”La historia se repite primero como tragedia y luego como farsa”

Carta abierta a Jorge Lanata Por Hernán Brienza Nunca he escrito una carta pública porque considero que quien escribe una carta de este tipo considera que hay un público que está atento a lo que uno hace. Pero me comunico de esta forma porque considero que hay varias cosas para decir: Primero: quiero agradecerte la inteligencia de “defenderme” a través del micrófono más poderoso de la Argentina, como es el micrófono del Grupo Clarín. Nobleza obliga, podrías haberte callado la boca y dejar que una de las tantas operaciones que realizaron en mi contra periodistas mediocres, muchos de ellos más ligados a las fuerzas de seguridad y de inteligencia que al oficio que nosotros mal o bien realizamos. Sé que no pudiste defender la libertad de expresión sin más y tuviste que atacarme personalmente para que no quedaran dudas de tu posición. Obviamente, defenderme desde ese lugar, te legitimó a vos, pero también me legitimó a mí. Si hasta Lanata dice que tengo derecho a expresarme libremente y que no he cometido ningún delito, que le queda para argumentar a esos mismos periodistas militantes del PRO o pseudo abogados militantes de PRO que llevaron adelante una campaña de difamación en mi contra en la última Semana Santa. Segundo: Quiero que estés al tanto de lo que realmente dije. Y lo que dije en dos post de Facebook –lo que demuestra lo profundo de la persecución del gobierno o de alguno de sus correveidiles- es lo siguiente: Post 1 - (2 de abril) “Lamento informarles que nuestro país está muy cerca de un enfrentamiento civil. Somos un país polarizado y fragmentado. La democracia tiene los días contados. En el 2001 la sociedad estaba atomizada, eran millones de islas aisladas despotricando contra la política, hoy, desgraciadamente, hay un gran sector de la población que apoya a este gobierno y otro gran sector que afortunadamente lo detesta. Ese enfrentamiento no tiene solución... más temprano que tarde vamos a algún tipo de violencia... una pena... Macri también es laclosiano... o lo leyó mal a Laclau... profundiza la lógica amigo-enemigo... el odio es la forma de vinculación que nos iguala...” Post 2 - (3 de abril) “Disculpen si ofendo a alguien con mi post sobre la dinámica de la violencia política en la Argentina. Y creo que en algunos casos fue malinterpretado. Esto es lo que veo, un país polarizado y fragmentado... No hace falta que sean dos bloques de 50 y 50 para que se generé cualquier tipo de enfrentamiento... basta con que haya dos polos y una lógica centrífuga para que la democracia corra peligro... Las provocaciones, los desprecios, los odios, incluso hechos por un presidente, son síntomas que no se pueden dejar pasar por alto. Lejos de estar loco, o de decir barrabasadas, estoy demasiado cuerdo... Y noto el caldo de cultivo para nuevas violencias ¿O no es violencia entrar en un comedor a los tiros? ¿O no es violencia tratas de choriplaneros a los opositores? ¿o no es violencia y desprecio tratar pelotudos al 51 por ciento? Es necesario advertir sobre esto...Hay que desarticular la lógica amigo-enemigo, hay que salir de la lógica binaria, del blanco o negro... y hay que impedir que la use el poder real y formal que hoy está en el gobierno, porque son ellos los que más posibilidad tienen de ejercer esa violencia... En todo enfrentamiento civil -que no significa guerra civil necesariamente- pierde el más débil y los cuerpos los ponen los pobres... Hay que ser cuidadosos e inteligentes... Entrar en la dinámica de la violencia es entrar en la lógica que está proponiendo el Macrismo... Hay qué bancársela, la gente lo votó... Agitar discursos rupturistas -decir que el gobierno tiene que caer, que lo vamos a tirar- es hacer el caldo gordo a las posibilidades de autogolpe del gobierno y que pueda justificar la represión que desean para ejercer su dominio. Una cosa es ser revolucionarios y otra es ir como corderitos al degüello. Este es el peor gobierno que vi desde la dictadura. Es un gobierno prepotente, autoritario y cosificador -yo he mismo he sido personalmente demonizado por los medios de comunicación- de la oposición, es decir no le da entidad, la quiere hacer desaparecer, miren si no el trato que le da al kirchnerismo desde la justicia y los medios de comunicación... En el inicio de la Asamblea legislativa dijo: "No dialoguemos con los que no quieren el cambio", es decir "monologuemos, ellos no tienen derecho a dialogar con nosotros"... A pesar de este diagnóstico, es necesario evitar nuestras propias violencias internas y oponer más política a la violencia simbólica y física que propone el gobierno. No hay que permitir que nos utilicen para justificar su violencia... Ellos, que son un demonio, necesitan que nosotros nos convirtamos en otro demonio... Porque se sabe, la lógica de los Dos Demonios siempre justifica la violencia brutal de los que tienen el poder real y la represión de aquellos que no lo tienen”. Cómo verás, lejos de alentar la violencia, mis dos post están en dirección contraria. Son una denuncia y a la vez un alerta sobre esa misma violencia. Son un llamado a la paz y a bajar los decibeles. Y, a diferencia de los comunicadores macristas, entre los que te incluyo desgraciadamente, también me hago cargo de las violencias propias del sector con el cual me siento identificado. Seguramente, nada de esto te interesa, ni jamás vas a leer esta carta ni lo que he escrito, pero tengo más de diez libros publicados, donde la preocupación central es el enfrentamiento de los argentinos, la noción de Otredad yla lógica amigo-enemigo. Ya sé, perdón, a vos estás cosas no te interesan, pero te las cuento igual. La operación realizada en mi contra es de una gravedad institucional importante. Porque el gobierno macrista debe despegarse del abogado que me denunció, porque si no es su instigador como militante del PRO. Y todavía no lo hizo. Porque no se trata de Brienza o de Cerruti. Se trata de la calidad democrática en la Argentina. Yo hace un año y medio que no tengo trabajo periodístico bajo el gobierno de Macri, vos durante todo el Kirchnerismo tuviste trabajo, es más, te pusiste del lado de los poderosos y ganaste. Tu apuesta fue mucho más especuladora que la mía. Pero aquí no está sólo en juego la libertad de expresión de un periodista; está en juego la libertad de opinión de un ciudadano común en las redes sociales. ¿Qué tipo de sociedad está construyendo el Macrismo? Una en la que los empleados públicos no tienen ni siquiera la dignidad de escribir en sus facebooks sus opiniones políticas porque si no son echados de sus trabajos? ¿Eso es la libertad? Si un gobierno reprime como reprimió a los maestros, ¿eso no es violencia? Si la policía entra en las universidades y los comedores populares a los palazos ¿eso no es violencia política? Tercero: Pero te escribo esta carta porque hay algo que me asustó verdaderamente de lo que me dijeron que dijiste. Sabrás perdonar, pero yo tampoco te escucho, no sé a qué hora sale tu programa, pero a esa hora leo y escribo. Me dijeron que vos nos trataste de “enemigos”. Si es cierta, tu definición es brutal. ¿Por qué soy tu enemigo? ¿Porque no pienso como vos? ¿Porque no defiendo a este gobierno como vos? ¿Porque soy supuestamente kirchnerista o peronista o hincha de River? Dijeron que dijiste que “yo te había cagado o traicionado” o algo así. Te pido que te informes y que en tus ratos de lucidez averigües lo que yo siempre dije en todos lados, incluso en 678 sobre vos, antes de que vos empezaras a atacarme personalmente. Recién ahí, cuando vos me atacaste personalmente y me sentí defraudado respondí tus agresiones. Esto es personal, como también es personal la relación de mutua simpatía que teníamos en Crítica, cuando -¿te acordás?- me cargabas por ser kirchnerista y vos todavía coqueteabas con la pauta oficial kirchnerista y pensabas en que la primera tapa iba a ser una entrevista laudatoria a Cristina. Yo no me moví. Yo fui siempre el mismo. El “oportunista” no he sido yo. Vos que te preguntabas quién era el débil, Clarín o el Kirchnerismo ¿con quién te quedaste? Con el que ganó. A mí no me interesa hacer un River-Boca de esto. No creo en la lógica amigo-enemigo. Ni siquiera cuando la planteó el kirchnerismo. Y lo he escrito. No creo en las verdades absolutas y a veces ni en las relativas. La estigmatización y cosificación a la que estoy siendo sometido por los medios de comunicación genera violencia. Porque “violencia es mentir”. Creo que el Macrismo, y sus profetas del odio, lejos de cerrar la grieta, la profundizaron aún más. Yo siempre he sido un militante de la paz y de la democracia. Te invito a que me corrijas sino es cierto. Siempre me pregunté por qué operaron contra mí. Primero me victimicé. Después creí que lo hicieron porque soy un genio. Vos sabrás que la herida narcisista siempre es mala pagadora. Finalmente, comprendí de qué se trataba. El gobierno que vos defendés necesita que yo no sea un ser humano, necesita que sea un bárbaro, un violento, un desaparecible. Te imaginarás que yo no voy a quedarme en ese lugar. Gracias, de todos modos, por tu defensa pública. Sobre las cuestiones personales, sobran las esquinas de la patria –como le escribió Juan Domingo Perón a Pedro Aramburu alguna vez- para aclarar las cosas como hombres. Hernán Brienza 20 de Abril de 2017
El capitalismo actual, Macri y América latina en la visión de Jorge Alemán El prestigioso psicoanalista y escritor argentino Jorge Alemán se exilió en España en 1976, en plena dictadura argentina, y cuando el país ibérico hacía poco que iniciaba una transición a la democracia, después de casi cuarenta años del régimen dictatorial de Francisco Franco, quien falleció el 20 de noviembre de 1975. Alemán tenía por entonces 25 años. Desde entonces vive en Madrid. Autor de numerosos libros que dan cuenta de un pensamiento que une psicoanálisis, filosofía y política, así como de libros de poesía, durante la segunda mitad de los 70 formó parte de la avanzada del psicoanálisis lacaniano en España y es unos de los intelectuales más consultados. Pero nunca se olvidó de su tierra. Por eso, cuando se le consulta en qué medida el psicoanálisis le ayudó a digerir el dolor del exilio, Alemán expresa: “El exilio es una experiencia que remite a algo que es constitutivo de cada ser humano: nadie nace en su casa. Todo el mundo nace en el Otro. En cierta forma, siempre hay una parte de uno mismo, así lo señala el psicoanálisis, que es opaca para uno mismo. Uno no es un sujeto autotransparente. De algún modo, el exilio real remite a un exilio más constitutivo, más estructural. Así que a mí me interesó mi propia experiencia analítica para no victimizarme con el exilio, para no sentirlo congelado en las coartadas de la nostalgia o de la melancolía, sabiendo además que yo era una persona que no se quería ir de aquí y que amo intensamente este lugar”. Alemán viajó a la Argentina para dictar hoy y mañana un seminario en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino. –El psicoanálisis es un teoría que entra en contradicción con los totalitarismos. ¿Cómo puede pensarse, en ese sentido, la relación entre psicoanálisis y poder? –Ahí está la cuestión. El nacimiento del psicoanálisis está marcado por lo que usted señaló. Hay un montón de observaciones de Freud que se pueden leer y volver inteligibles como advertencias sobre el desencadenamiento del totalitarismo: los apuntes de Freud que anticipan el nacionalsocialismo, sus apuntes sobre la Revolución Bolchevique y, en general, la preocupación de Freud por el mal. Hay una línea que continúa esto también en Lacan. Ahora, el problema es que el neoliberalismo ha introducido una nueva logia de poder que es distinta de los regímenes totalitarios que se dieron en el Siglo XX. Por supuesto que los regímenes totalitarios eran antinómicos al psicoanálisis, eran refractarios a éste. Pero el neoliberalismo, a la larga, también lo va a ser porque uno de sus grandes botines de guerra es la subjetividad. Para parafrasear a Marx, el neoliberalismo es un modo de producción de subjetividad. Y el tipo de subjetividad que promueve y produce no es la del sujeto del inconsciente. Es una subjetividad subordinada a los imperativos de rendimiento, de competencia, de lógicas empresariales, las malditas autoayudas. El sujeto está todo el tiempo confrontado a una exigencia frente a la cual no da la talla y con respecto a la cual siempre está endeudado. Podemos decir que el neoliberalismo es una especie de fábrica, como ya lo han dicho otros teóricos, de deudores y es una mezcla de llamado a la felicidad, una especie de convocatoria a “todos juntos”, “todos felices”, para luego estar en falta con respecto a eso mismo. –¿Cómo puede pensarse, en ese sentido, la distinción entre sujeto y subjetividad a partir de las teorías de autorrealización y de autoayuda que nacieron bajo el amparo del neoliberalismo? –Efectivamente creo, como dijo Max Weber, que la Etica Protestante tenía una relación estructural con el capitalismo, las narraciones de autorrealización, como las de autoayuda, son absolutamente y estructuralmente afines al neoliberalismo. Por lo tanto, la distinción entre subjetividad y sujeto es clave. Es decir: si el neoliberalismo se adueña de todo el orden simbólico y de la propia constitución del sujeto, como lo suelo siempre recordar, se trataría de un crimen perfecto. No habría ninguna forma de establecer ya ningún tipo de resistencia ni de intención política ni de recurso a ningún legado histórico o a una herencia simbólica. Hay que pensar que hay algo en la propia constitución del sujeto, lo que nos vuelve a cada uno de nosotros una existencia mortal, hablante y sexuada, que no puede ser capturada del todo. Si los dispositivos del neoliberalismo capturan esto, entonces, ya no hay nada que hacer. –¿El neoliberalismo genera patologías específicas? –Parece ser que hay una que se extiende como una epidemia en el mundo que es la depresión. El aumento de la industria farmacológica de los antidepresivos es un hecho. Y la depresión se puede leer desde dos puntos de vista: uno patológico, pero hay una dimensión ética, como también evocaba Lacan, en donde decía que la depresión era cobardía. No voy a imputar de cobarde a nadie que se deprima, pero es verdad que en la depresión hay una especie de renuncia a las apuestas que los deseos conllevan. En ese sentido, es muy sugerente ver que hay una extensión de ese fenómeno que también me parece muy vinculado a no dar nunca la talla, a no estar nunca a la altura, a estar siempre arrojados a una situación que nos desborda. –¿Qué es lo que debería discutir una izquierda lacaniana en estos tiempos? –Bueno, siempre aclaro lo siguiente: no quiero que los lacanianos se vuelvan de izquierda. No quiero que las escuelas lacanianas sean de izquierda. No quise decir nunca que Lacan era de izquierda. En todo caso, lo caracterizo como un conservador subversivo. Y como un pensador radical, pero no de izquierda. La izquierda lacaniana fue una estrategia teórica que adopté hace años atrás cuando advertí que el recurso al totalitarismo (esa cláusula de reserva de todos los psicoanalistas con respecto a todos los fenómenos colectivos porque todos los fenómenos colectivos se vuelven totalitarios) había permitido una suerte de escepticismo lúcido con respecto a los fenómenos colectivos o de cinismo inteligente, pero que finalmente era un nuevo tipo de posición de derechas muy afín al neoliberalismo. Una derecha advertida, como diciendo: “Todo esto está muy bien, pero termina fatal” o “Trabajamos en el uno para uno”. Y luego con respecto a lo colectivo, “sólo en aquellos momentos donde hay algo muy grave, muy inquietante, en todo caso podemos decir algo”. Yo creo que la izquierda lacaniana intenta convertirse en una señal de que esto cambió, que ese cinismo y ese escepticismo van en contra del propio psicoanálisis y que éste tiene que abrirse a otro tipo de interpelaciones. Tiene que ser una especie de síntoma en la izquierda. Como lo fue en su origen. Freud y Lacan fueron síntomas para la izquierda. –¿Qué cree que quiso decir Lacan cuando expresó: “El inconsciente es la política”? –Voy a aprovechar una anécdota que me gusta mucho que está en Mi vida, de León Trotsky para ilustrar esto. Lenin le propuso a Trotsky ser ministro de Relaciones Exteriores y Trotsky le dijo: “Estamos en el comienzo de la Revolución, ¿y me vas a nombrar ministro de Relaciones Exteriores que soy judío? Vamos a tener un montón de problemas en Europa, vamos a añadir más problemas a los que ya tenemos”. Lenin le respondió: “Pero, ¿hicimos la revolución para estar pendientes ahora de estos detalles tan estúpidos?”. Trotsky le señaló, entonces: “La Revolución va a terminar con muchas cosas, pero no con la estupidez humana”. Bueno, esto es para mí uno de los sentidos de que el inconsciente es lo político, que en todo proceso siempre hay elementos que carecen de sentido, repeticiones, cuestiones que quedan fijadas fantasmagóricamente y que es todo un ámbito de la experiencia humana con la que también hay que saber hacer algo políticamente. –¿Cómo convive en usted esa especie de tensión entre psicoanálisis e izquierda, teniendo en cuenta que uno aborda al sujeto y el otro al colectivo? –Escribí un libro llamado Soledad: Común para abordar esta tensión. No creo ya en nada donde las piezas encajen. Para mí es un desafío pensar al sujeto en su singularidad, en su soledad radical, en su ser más irrepetible e inconfundible –porque así es la constitución del sujeto–, pero también es muy interesante ver qué es un colectivo. No es tan sencillo definirlo, salvo que entendamos por colectivo la psicología de las masas o los fenómenos de identificación. No, lo que nos interesa es cuando hay irrupciones igualitarias de lo colectivo, en donde, por un lado, nadie pierde su propia singularidad y, a la vez, está participando en un hecho común. Yo creo que los grandes momentos de la historia fueron de soledad común. Si no todo sería nada más que la historia de los campos de concentración. No creo que hubiera psicología de las masas en el 17 de octubre, en el Mayo del 68, en el 15-M de España o en el Cordobazo. Creo que hay algo donde ahí se reúne lo más singular de cada uno con algo que es, por otro lado, anónimo y colectivo y que se articula algo que puede dar lugar a una invención política. –¿Cómo puede entenderse en una sociedad con grandes desigualdades la idea de Freud de que la felicidad no tiene que ver con la verdadera existencia del ser humano? –Esto me parece importantísimo. Una de las razones para ir a un mundo que no sea el capitalista –no sé qué nombre podemos ponerle, podemos ponerle el nombre de comunismo– es para que empiece la verdadera tragedia, es para que surjan las verdaderas diferencias, los locos, los suicidas, porque, en realidad, cuando las diferencias las establece el mercado (dónde nació uno, a qué colegio fue, qué oportunidades tuvo) eso es un insulto a la diferencia, es un modo de encubrirla. Cuando todas las diferencias proceden del lugar donde cada uno tuvo un sitio en el Otro del mercado social, eso no es una diferencia. En realidad, me interesaría mucho la experiencia comunista en la medida en que la veo como una experiencia trágica, donde irrumpirían las verdaderas diferencias no impuestas desde el mercado. No hablo del paraíso en la Tierra, como dice la Internacional. –¿Cómo se explica que se puede estar en la miseria y seguir siendo productor de plus de goce? –Porque es transformación de la miseria. Eso es algo que Marx no contempló. Cuando en El Capital, dice: “La pobreza es la no satisfacción de las necesidades materiales”, desde el concepto de “necesidad” es así. Pero si usted introduce el concepto de goce lacaniano, entonces, hay una mutación de la miseria. En las villas hay armas, plasmas, marcas falsas, drogas de distinto tipo. Hay consumo. La lógica del consumidor consumido se sigue extendiendo. Por supuesto, se consumen los reality, la Play Station, los teléfonos celulares, etcétera. –¿Cómo analiza la apropiación de la derecha del término “Revolución”? Primero lo había hecho Menem con la “Revolución Productiva”, ahora lo hace Macri con la “Revolución de la Alegría” ¿Qué valor simbólico, en términos lacanianos, le otorgaría? –Un término que a mis amigos de la izquierda les molesta es cuando digo la palabra “duelo” porque creen que es una cosa psicológica o psicoanalítica cuando, en realidad, yo hablo de un duelo que es un ejercicio activo de trabajo con respecto a esa palabra, tal como la entendíamos en el campo marxista: la ruptura de las relaciones de dominación establecidas por el capitalismo. Yo ahora prefiero la palabra emancipación porque precisamente todo el aparato mediático publicitario hace rato que se ha apropiado de esa palabra. Y además voy a decir algo todavía más grave: es el propio capitalismo el que es revolucionario. El capitalismo es el que se va a llevar por delante la familia, las instituciones, la relación con el propio lugar. Es el capitalismo el que ha introducido lo ilimitado y no tiene barrera alguna. Entonces, competir con el capitalismo en términos de revolución no me parece muy sensato. Más bien discutiría lo que merece ser conservado. La izquierda lacaniana es conservadora en este punto. O como dicen algunos de Podemos en España: “Somos revolucionarios en lo económico, conservadores con respecto al sujeto y reformistas con respecto a las instituciones”. –¿Por qué cree, desde la óptica psicoanalítica, que prende el discurso mediático a favor de Mauricio Macri? –Hay una apelación permanente a ciertos ideales de distinción o de supuesta diferencia. Todo este asunto del choripán, todo el asunto de desmarcarse del mundo plebeyo, de construir una identidad “abarcadora”. Bueno, todo lo que fue una de las claves del antiperonismo. Hay una cuestión misteriosa en el peronismo muy difícil de explicar fuera de la Argentina. El peronismo no es sólo un modo de construcción política sino un modo de gozar. Y el goce es uno de los grandes mecanismos del odio. Se odia el goce del otro. Vi un video muy simpático donde un chico pide un choripán y lo insultan de arriba abajo porque odian esa manera de gozar. Ahora, es muy inconsistente eso. No sé cuánto tiempo va a durar Macri con estos recursos imaginarios tan pobres. –En relación al miedo que se instaura desde el poder hacia abajo, ¿cómo funcionan los mecanismos psíquicos frente al amedrentamiento político? –Ese es un fenómeno que se da en varios lugares del mundo actualmente. La gente intuye que todo lo que puede venir más adelante puede ser horrible. Ya no hay incertidumbres con respecto al futuro. El futuro puede ser algo parecido a lo que muestran las películas de ciencia ficción: un espectáculo horrible. A su vez, ya no está esa idea ilustrada de que hay cosas irreversibles. No, cualquier cosa puede ser reversible. Todo puede volver a suceder. Por lo tanto, así como hablábamos antes de la autoayuda en el neoliberalismo, no hay que olvidar su otra cara intimidatoria, su otra cara letal y amenazante en donde el miedo juega un papel importantísimo. Esto es muy importante subrayarlo. Hay mucho miedo de que se ponga todo mucho peor de como está. Y, además, que de hecho puede ocurrir. –El sector dominante que ahora está en buena parte de los países de América latina no imaginaba que podía darse un proceso democrático progresista como sucedió en la última década. En términos psicoanalíticos, ¿tenían esa idea reprimida? –Voy a transformar un poco las cosas: fue un retorno de lo reprimido. En los 70, habían sucedido cosas que las derechas históricas creían que habían podido derrotarlas y retornaron. Si hay algún aspecto que es siempre interesante observar en la historia es el retorno de lo reprimido. En cierta forma es una pasión que da una cierta esperanza porque nunca termina de cerrarse la brecha, siempre puede volver por algún lado. Y lo que ocurrió en la década anterior fue que en América latina volvieron muchas cosas que habían sido esbozadas en los 70. Me diferencio con la izquierda en este aspecto: cuando la izquierda presenta una continuidad absoluta entre el kirchnerismo y el macrismo, el aspecto que me desagrada, como si no hubiera fisuras entre ambos, es que el kirchnerismo no es hijo de sí mismo. Hubo muchos exiliados, muchos muertos, costaron muchas vidas ciertos acontecimientos que pudieron suceder bajo el kirchnerismo. –¿Cómo describiría la autonomía política del psicoanálisis en relación a los 70 en la Argentina? –Hay que señalar algo muy interesante del psicoanálisis: las rupturas que hubo en los 70, las que hubo en relación a la Asociación Psicoanalítica Internacional fue una ruptura política de psicoanalistas de izquierda. Después, algunos de esos psicoanalistas se dirigieron al peronismo de izquierda. O sea que al final en el psicoanálisis, de un modo u otro, siempre aparece la relación con el mundo político. Ahora mismo, tuvimos un debate reciente con respecto a Venezuela. La Asociación Mundial a la que pertenezco firmó un apoyo de solidaridad con los psicoanalistas que viven en Venezuela y de condena al régimen de Maduro. Yo he manifestado mi diferencia. No porque no tenga constancia de todos los problemas que pueda haber en Venezuela actualmente sino porque me parece que no podemos empezar solamente por Venezuela: hay muchos otros procesos latinoamericanos que merecen también la atención, si los psicoanalistas quieren poner su mirada en el mundo político. Y luego habría que ver cómo fue la génesis en Venezuela. Yo viví en el Chile de Allende y recuerdo cómo empezó todo el proceso de erosión hasta que Allende se volviera innombrable. –La última: ¿cree, como psicoanalista, que la palabra sigue siendo el medio idóneo para avanzar sobre la existencia y la realidad? –Bueno, incluimos dentro del mundo de la palabra todo lo que puede suceder con las redes, las escrituras, los textos. Y sí, tengo que decirle que sí porque, de nuevo, si le dijera que no, el crimen es perfecto.

Pornografía de jubilados alzados y destrucción neoliberal: la estamos pifiando mal Decíamos por ahí en una publicación anterior: allí donde vemos “errores” y “metidas de pata”, existe la ejecución minuciosa de un plan de destrucción. Debajo de lo visible, que es burdo y hasta grotesco, lo que hay es un cálculo con precisión milimétrica. Leemos que Mauricio Macri da la nota una vez más y dice, en un acto público y delante de las cámaras de televisión, que los abuelos son grandes consumidores de pornografía en Internet. ¿Y qué pasa? Lo esperable: escándalo, puteadas, burlas, risas. “¿Cómo va a decir semejante estupidez?”, “¡Es una máquina de vomitar pavadas!”, “es un pelotudo, un desubicado”, etc. Sí, sin lugar a dudas lo es. Macri, el individuo Macri, tiene muy pocas luces y un extenso historial de vergüenza ajena en los medios. Hace ya algunas décadas que el individuo Macri se viene presentando en público como un auténtico boludo, una máquina de decir pelotudeces en serie. Pero no, el problema no es el individuo Macri. El problema es el modelo de país y el tipo de política que el individuo Macri representa y, a la vez, oculta, sin que esto sea ninguna contradicción, como veremos a continuación. La precisión milimétrica Hablábamos al comienzo de un cálculo que se realiza con precisión milimétrica. Macri, el individuo Macri, jamás dice lo que quiere o lo que piensa. Macri es tan solo un vocero, es el encargado de ejecutar discursivamente un libreto preparado por otros. Cada vez que Macri se presenta ante las cámaras y los micrófonos, ya viene con todo cocinado de antemano. ¿Cocinado por quién? No por el propio Macri, por supuesto, pues ya hemos visto que el individuo Macri no tiene capacidad de cocinar intelectualmente nada. Macri apenas memoriza y repite un libreto escrito por otros infinitamente más inteligentes que el individuo Macri, pero que no pueden o no quieren poner la cara para decirlo ellos mismos. A ese memorizar y repetir el neoliberalismo llama “presidir un país”. Cada una de las “metidas de pata” o “derrapadas” de Macri en sus apariciones públicas —como la más reciente, que da cuenta de unos abuelos descargadores inveterados de pornografía en la web— es fríamente calculada, es un capítulo más del libreto que Macri ejecuta/actúa a la perfección y que se orienta a los siguientes fines: Provocar y volver locos a unos determinados sectores de la sociedad que de ninguna manera votarían a Macri (o a cualquier símil de Macri, porque en el arco político los hay genéricos a calderadas), simplemente porque no votarían al neoliberalismo. Diga lo que diga Macri, aunque cambie y sea más serio que perro cagando, jamás recibirá el apoyo de esos sectores, que están ya convencidos del proyecto opuesto al que Macri representa en la lucha política. Entonces solo cabe provocarlos y hacerlos enojar, porque más enemigo de Macri de lo que ya son no podrán ser; Generar espesas cortinas de humo, para que la sociedad en su conjunto se dedique a discutir las estupideces dichas por un presidente en vez de hablar de la destrucción económica, social e institucional que el neoliberalismo (que son los muchachos que escriben el libreto) lleva a cabo mientras ese presidente dice estupideces; Mantener entretenidos y satisfechos a los que sí votan a Macri o a cualquier símil payaso neoliberal. El sector de la sociedad que hace de la política un circo es el mismo que apoya hasta golpes de Estado genocidas, siempre y cuando haya papas fritas, vermú y good show. Ese sector se ríe, festeja, aplaude y suscribe con gusto las “ocurrencias” del individuo Macri, lo mismo que las del individuo Menem en los años 1990. Para ellos eso es la política y, por lo tanto, la derecha no pierde votos en ese sector, los conserva, pues brinda lo que ese sector quiere consumir: la pavada. Este es el llamado núcleo duro de la derecha neoliberal y fascista que vive en la llamada “nube de pedos” mientras el poderoso destruye todo, incluso a ellos mismos. Garantizar ese núcleo duro que varía entre el 25% y el 30%, y dividir el campo popular en fracciones enfrentadas entre sí. He ahí la fórmula de la derecha para ganar elecciones de aquí hasta el infinito. Mientras existan para fragmentar el campo popular los Sergio Massa, las Margarita Stolbizer, los Nicolás del Caño y los “socialistas” en general —todos ellos listas colectoras de la derecha declarada y abiertamente neoliberal que hoy es representada por Macri—, con un núcleo duro del 30% será más que suficiente para mantener el orden establecido. Bajar el nivel y a triunfar Así es como nos van derrotando, al llevar la discusión política al nivel de la pavada y del circo. A Mark Twain le atribuyen el haber dicho que no es conveniente discutir con un idiota, pues rebaja al interlocutor a su nivel y le gana por experiencia y por conocimiento del terreno. Sea quien fuere el autor de la frase, lo cierto es que en el nivel de la tilinguería los pueblos llevamos todas las de perder. En el nivel de la pavada, los Macri son imbatibles, porque están en su salsa. Debemos correr la discusión de vuelta a la política entendida a la manera de sus padres fundadores, es decir, como lucha por el poder político en el Estado (medio), para desde allí introducir modificaciones en la realidad social (fin). Si la política va a ser el comentario de la “metidas de pata” de los dirigentes/gerentes del poder fáctico, entonces tendremos neoliberalismo, destrucción y muerte para rato. Sí, porque el neoliberalismo es eso: destrucción y muerte adornadas por las más desopilantes ocurrencias de los gerentes de turno y por la risa histérica de los cretinos.
Focus group, choripán y represión por Carlos A. Villalba “Se produjo medio millón y medio de comentarios en el primer minuto de pase de video. ¿Cómo es posible? La gente no ha respondido, eso es físicamente imposible. Esos números existen porque la mayor parte de esos comentarios los hicieron robots, entes digitales fingiendo ser personas. Profundicen en esas identidades y no encontrarán a nadie; sin nombres reales, sin números de la Seguridad Social, sin direcciones, sin empleos, solo una corriente de odio. Profundicen más, descubrirán que muchos de esos robots están funcionando en un lugar llamado Oficina de Coordinación Política. No solo se produjo ese video fácil, se falsificó el odio y las mentiras que lo acompañan”. Presidenta Elizabeth Keane, HOMELAND, Temporada 6 Los dos ambientes, separados por un espejo falso, están suavemente perfumados. Se habla casi en susurros y las alfombras del quinto piso del edificio ubicado en uno de los tantos “Palermos” de la Ciudad de Buenos Aires acolchonan los pasos de sus habitantes. Una mesa rectangular con diez sillas completa el escenario en el que instalarán a la representación de toda una sociedad. Del otro lado se ubican los que pueden ver sin ser vistos, voyeurs a sueldo que, se supone, logran captar tendencias, detectar humores, observar conductas-signo, anotar prejuicios, enojos, simpatías... para que sus contratantes saquen conclusiones y, al fin, los funcionarios, sobre todo “El Ingeniero”, acomoden el libreto. Grupos focales, cámara de Gesell, análisis de big data, twitter, facebook, trolls, encuestas, mapeos…, toda la batería de la mercadotecnia, un repertorio tecnológico que pretende exprimir emociones y razones de un grupo de personas a modo de representante del conjunto del sector del que “el cliente” quiere saberlo todo: ideas, opiniones, emociones, motivaciones, amores y odios; un repertorio a disposición de los gerentes y decisores de las grandes corporaciones, siempre con la conclusión de que la sociedad “detesta las prácticas partidarias” y, especialmente, a quienes las realizan. El observatorio vidriado fue creado el siglo pasado por el pediatra y psicólogo de Wisconsin, EEUU, Arnold Gesell y hoy lo usa la política argentina, con Mauricio Macri y Jaime Durán Barba a la cabeza. En ese hábitat se construyen los “focus group” que ya tienen más importancia entre los analistas partidarios que las encuestas y en los que se basan, día a día, los dirigentes nacionales y bonaerenses para sonreír o no, para defender la represión policial o anunciar verdes brotes vitales en medio del páramo de una economía mortecina. Cartón piedra armado en base a los resultados “cualitativos” de sus investigaciones de micromuestras a partir de las cuales observan sus distintos escenarios, con facilidad semejante a la de los publicistas que deciden porqué una mujer de determinada edad compra tal o cual producto de belleza, de limpieza, una prenda de vestir… o una marca de dulce de leche. De la dictadura al “macrismo” La irrupción criminal de la última dictadura cívico-militar dejó una Argentina terremoteada; los 30.000 detenidos-desaparecidos y las decenas de miles de asesinados, prisioneros políticos y exiliados, constituyen el rostro sangriento de un país arrasado al que le habían arrancado la producción nacional, el trabajo, las políticas sociales, la salud, la educación, y al que endeudaron con compromisos que llegaban hasta la quinta generación venidera. La política se trastocó y comenzó un proceso de deterioro del sistema de partidos políticos que arrasó con el “voto atado” que garantizaba determinados porcentajes de seguidores, sin importar los candidatos que representasen los colores del sector. El “que se vayan todos” fue la expresión más alta de ese proceso, con un descrédito no solo de los partidos políticos sino de la política misma. Además de remontar airosamente las hipotecas de la pobreza, el desempleo y la deuda externa, el kirchnerismo recuperó, sobre todo para las franjas juveniles, el valor de la política, el compromiso y la participación. La militancia. Sin embargo, el comportamiento del electorado quedó marcado por nuevas variables. El “elector-hincha”, que siempre defiende a su equipo y lo sigue aunque juegue mal, se transformó en minoría. El “elector de ocasión” hizo su irrupción triunfante en la escena ciudadana, junto al “voto idiota” de los “alika-alicate”. A pesar del 76% de votos en contra en la primera vuelta de las presidenciales de 2015, Mauricio Macri logró convertirse en Presidente gracias al sufragio favorable del 51,40% de los votantes en el ballotage. Más del 18% de aquellos que no lo votaron en primer turno prefirieron volcarse hacia el CEO de uno de los grupos económicos más poderosos del país, antes que a Daniel Scioli, el candidato del Frente para la Victoria, que gobernaba al país desde hacía una docena de años. Agrandar el aguantadero El escenario de un electorado dividido en tercios parece más una foto de circunstancias que una película del proceso sociopolítico argentino. Es común escuchar que existe un tercio inclinado hacia el campo nacional y popular -encarnado por el peronismo-, un tercio recostado hacia un “liberalismo” que, en la Argentina, es una expresión del conservadurismo reaccionario, antipopular y racista, y un tercio que se balancea entre los dos. La economía y sus efectos y la influencia cada vez más decisiva de los medios de “comunicación” y del flamante dispositivo tecnológico importado de la mercadotecnia, se encargan de permear los procesos de tomas de decisiones de sectores cada vez más amplios, que rebasan los límites de los “tercios”. Cambiemos se asienta en ese punto. Al acercarse a la fecha del primer desafío electoral del gobierno, los equipos de formación de tendencias trabajan a pleno, con técnicas de ciencia ficción y con el cinismo blindado con que le pone el pecho a lo que sea del comunicador excluyente del sector: Mauricio Macri que, en el peor de los casos, “te la debe”. Los “gerentes de Estado” actúan, contraen deuda, devalúan, reprimen a los trabajadores, violan toda norma que entorpezca sus decisiones -incluso la Constitución Nacional- imponen acciones judiciales y el Presidente relata otra cosa. Cuenta una realidad que va a contramano de los hechos; un ejemplo sencillo: el lunes 17 de abril el diario La Nación, a través de Mariano Obarrio, ambos insospechados de ser “operados” u “operadores” del kirchnerismo, anuncia que “Macri aumentó en un 25% la estructura del Estado”, pese a “haber prometido una reducción y despedido 11.000 contratados”. Jorge Lanata, voz principal del Grupo Clarín, acompañó a su colega del diario asociado con Héctor Magnetto en Papel Prensa y mostró que, cuando Cristina Kirchner asumió su mandato en 2007, había 10 ministerios y los elevó, a lo largo de dos períodos a 16 y que “Macri, en tan sólo 15 meses, creó cinco”. Un día después Macri miró para otro lado, ignoró los datos irrefutables, tomados del sitio oficial del Ministerio de Modernización de la Nación, y aseguró que la política transformó el Estado “en aguantadero”, lo que no constituyó una autocrítica por los 21 ministerios, 87 secretarías de Estado, 207 subsecretarías de Estado, 687 direcciones nacionales y generales, 122 institutos y organismos descentralizados, que suman 1124 unidades administrativas de su gestión. Desvió el eje y encubrió la realidad. Otra de las herramientas distorsivas del macrismo es el uso de páginas de Facebook creadas por Cambiemos y orquestadas desde la Casa Rosada que, anónimas que se dedican a criticar la protesta social, las luchas gremiales y a los dirigentes opositores bajo la fachada de neutralidad o apoyo a “buenas causas” ciudadanas, como el rechazo al maltrato animal, la defensa de la educación o el contacto con argentinos que viven en el exterior. Política y economía En realidad, a Macri y las corporaciones que lo rodean poco le importan las opiniones de la ciudadanía una vez alcanzado el objetivo de gerenciar el Estado en su beneficio, provocar el más formidable proceso de transferencia de recursos desde los sectores de menores ingresos hacia sus propios grupos económicos, controlar las áreas claves de la economía local y generar el crecimiento exponencial de la deuda externa, con una rapidez tal que ya preocupa a los organismos financieros transnacionales, a cuyos mandatos se arrojó sin red ni paracaídas. El círculo de corporaciones que hoy están a cargo de la administración del Estado, con el Grupo Macri a la cabeza y en un marco de extrema concentración y transnacionalización de la economía, ya logró sus objetivos y puso “el tren en la vía” de la reprimarización, destrucción de la industria nacional, debilitamiento y posterior privatización de las empresas estatales, liberación de cualquier tipo de control sobre el accionar del mercado y hasta provocó el debilitamiento del accionar de supremos, jueces y fiscales. El propio mandatario, antes de una de sus escapadas a Villa la Angostura expresó a su grupo más íntimo que su reelección no es una meta en sí mismo. Los manuales de todos los políticos argentinos del presente se apoyan en dos premisas centrales con relación a las elecciones de mitad de mandato: - las ganan o las pierden los gobernantes (en este caso, Macri y los suyos) y no la oposición. - las define la evaluación que los votantes hagan de la situación económica y sus perspectivas, que no es lo mismo que la coyuntura económica real. La fantaseada mejora de la economía para la gente de a pie se fue trasladando de semestre en semestre, del mismo modo que la “pobreza cero” se convirtió en frase de descarte. En el primer año de Cambiemos se produjo caída del poder adquisitivo de los salarios, con inflación, emisión y endeudamiento; despidos, que afectaron solo en el sector formal a 250.000 trabajadores, entre expulsados y suspendidos y cierre de unos 4.500 establecimientos de diferente volumen y producción. El laboratorio amarillo detectó en los dos primeros meses de 2017 que la suba en los precios y el temor a la desocupación escalaron en la preocupación de los argentinos hasta igualar y superar al tema de la seguridad. El Presidente se convenció antes que su equipo, no ganará las elecciones legislativas del próximo 22 octubre de la mano de la economía, por más demencia que finja sobre “brotes”, “expectativas” o “futuros”. Otra vez se respaldó en encuestas y grupos focales analizados por sus estadísticos, sociólogos y marketineros. Igual que la vuelta de campana entre el crecimiento del Estado que generó su gestión y su descalificación de “aguantadero”, salió a la búsqueda de Cristina Fernández de Kirchner y volvió sobre el concepto de “pesada herencia”. Saltó entonces hacia “la política”. Con su imagen afectada por escándalos como los del Correo, Avianca, INCAA, coimas de Odebrecht o compra de armas a EE.UU. hizo lo que se endogrupo denomina “jugar al todo o nada”. El consejo, en particular de Jaime Durán Barba, fue el de armar un camino de doble vía, por un lado buscar la polarización electoral, con la intención de recrear la sensación de un “nuevo ballotage” que le permita eludir el plebiscito a su gestión de gobierno, cargada de medidas antipopulares, e induzca a “optar” entre “lo nuevo y lo viejo”. En simultáneo, tratar de llevar a CFK al centro del escenario, empujarla a presentar como candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires y tirarle en contra aquella opción, demonizar, descalificar y enchastrar al gobierno anterior y a cualquiera que haya estado vinculado con él; lo harán cada día y hasta el minuto mismo de emisión del último voto, con la ayuda del barro que armen sus espías, el sistema de medios privados o los mismos jueces que no vacilan en convertir en una “infracción tributaria” a los que pueden ser delitos graves de la familia presidencial como el lavado de divisas de orígenes también irregulares. Una jugada audaz, teniendo en cuenta que, en todas las encuestas que ya tapan los escritorios de Balcarce 50 y de la Quinta de Olivos, los candidatos del FpV-Peronismo superan a cualquier supuesto aspirante oficialista por 21 puntos porcentuales en listas de unidad y por 12 si hubiese listas separadas. Más relato que cambio Si le acercan los sondeos que muestran que su imagen es superior a la de los dirigentes de la CGT el Presidente no duda en calificar a esas conducciones de mafia; reduce el paro general del 6 de abril, que paralizó al país, a la aventura de un grupo de arriados detrás de un choripán, e intenta ocultar que sus propias políticas sacaron multitudes a la calle, junto a las conducciones regionales de la CGT y los cuadros gremiales intermedios que no son los mismos que estaban detrás del famoso atril. Lo mismo puede decirse para cada aparición de Macri. Si los datos le indican que el paro de los maestros no es bien visto por sectores de la ciudadanía, al otro día ordena reprimirlos en el Congreso y si a los automovilistas les molestan los piquetes, les manda las tropas de Patricia Bullrich y Eugenio Burzaco, sin leer la parte de la encuesta en la que el 70% de sus encuestados se oponen a que los repriman. Así decide el Presidente de la Nación. Piensa que su relato es capaz de ocultar la realidad y de cambiarla en beneficio propio. El domingo 2 de abril Macri dio otro vuelco en su discurso después de semanas en que se multiplicaran las marchas contra su Gobierno, como la favorable a la paritaria nacional docente, la contraria a la política económica gubernamental realizada por los sindicatos y los movimientos sociales, la de las mujeres en defensa de sus derechos y sus vidas, la del 24 de marzo por los Derechos Humanos, la memoria, la verdad y la justicia, la de las CTA del 30 de marzo, o de paros como el general del 6 de abril y los convocados por los docentes. Millones de argentinas y argentinos expresándose. Un día antes, convocado por las mismas herramientas que repudiaba la presidenta de ficción de Homeland, un grupo de ciudadanas y ciudadanos expresaron su apoyo al Gobierno, con la extraña escusa de “defender” una democracia que no estaba amenazada. El mandatario, que había desestimado la convocatoria, rompió su propia postura, volvió a organizar los hechos según conveniencia y convirtió los miles de manifestantes en una “mayoría que salió a la calle”. Lo que no dijo fue lo que desnudó “Elizabeth Keane” en la serie que protagoniza la monumental actriz Claire Danes en el papel de Carrie Mathison; al comprobarse que la convocatoria a la plaza fue realizada por “robots, entes digitales fingiendo ser personas” que trabajan en una estructura dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros, a cargo de Marcos Peña, la Subsecretaría de Vínculo Ciudadano conducida por Guillermo Riera, con un gasto de $ 163 millones anuales dedicados solo a las redes sociales, con sueldos que superan los $ 800.000 mensuales. Completa la estructura formal del dispositivo el equipo que comanda Julián Gallo y depende de la Secretaría General de la Presidencia de Fernando de Andreis. Sin embargo, la logística para el trabajo de desarrollar campañas positivas o sucias se hace en otro lado del que se desconoce dependencia y fuentes de financiación, aunque la vicepresidenta Gabriela Michetti y Durán Barba fueron denunciados penalmente ante la Justicia federal “por el montaje de una red de trolls oficialistas presuntamente financiada con fondos públicos del Senado”. Entre las 21 del 24 de febrero de 2017 y las 3 del día siguiente el hashtag #VoluntarioDocenteNoAlParo fue reenviado 22500 veces desde 3084 cuentas, en pleno ataque contra las protestas de los maestros por la falta de convocatoria a las paritarias del sector. Ese “disparo” tuvo un alcance potencial cercano a los 4 millones de usuarios y de otros 43 millones en condiciones de ver el tuit. Se trata de la “corriente de odio” de la que habla la serie estadounidense que desnuda las trapisondas, torturas y operaciones de la CIA. El presidente “de verdad”, usa los métodos que denuncia la presidenta de ficción. Carlos A. Villalba Sicólogo y periodista argentino, Investigador Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) 25-4-2017
La hostilidad Por Sandra Russo Mucha gente sabe cuál es el origen del gesto de darse la mano como forma de saludo: mostrarse desarmado. Esa convención sencilla y extendida en medio mundo es ejercitada diariamente por millones de hombres y mujeres que ignoran completamente por qué lo hacen. Se dan la mano porque viven en culturas que incluyen ese saludo como una de sus tantas formas de ceremonial cotidiano. Esos hombres y mujeres se dan la mano porque se reconocen parte de esas culturas, aunque nunca hayan sabido que si ese gesto existe, significa sobre todo, en capas subterráneas del entramado cultural tejido con vidas y muertes y victorias y derrotas y tiempo, que hubo una vez en que el acercamiento entre dos desconocidos ponía en peligro la vida, y estar armado y atacar o ser atacado por traición no era la excepción sino la regla. Saludarse con la mano es el fruto de una evolución cultural, porque es un gesto que nació recién cuando se llegó a un grado de conciencia que permitió concebir que un desconocido no es necesariamente una amenaza. Fue cuando a la idea de invasión se le pudo superponer la idea de asociación. La humanidad, desde sus albores, ha sabido mucho más de guerra que de paz. Como especie, venimos de la guerra, del vertimiento de sangre como parte de la lógica de la supervivencia. En mi libro Lo femenino, uno de los ensayos se refiere específicamente a esa extraña bifurcación que hizo que los humanos evolucionáramos desde el patrón chimpancé, y no desde el patrón bonobo, con el que también compartimos el 98 por ciento de nuestro ADN. La organización bonobo se traslada a otra dimensión posible de la existencia, porque sus vidas transcurren entre costumbres que evitan los asesinatos, las violaciones y el derramamiento de sangre. Allí donde los chimpancés libran una sangrienta lucha territorial, los bonobos hacen una orgía. Sus hembras y sus machos son bisexuales. Ellas tienen el clítoris un poco corrido hacia adelante, de modo de facilitar los intercambios al paso, el “hoka hoka”, porque la tensión social la aligeran con sexo. Pero más allá de que los bonobos viven vidas alegres e hipersexuadas, o quizá como un correlato o un complemento, son una especie muy empática. Saben ponerse en el lugar del otro. Cuando las hembras, que viven siempre en alianza, intervienen en una pelea para detener a un macho alfa, es para detenerla antes del derramamiento de sangre. Tanto machos como hembras demuestran sentir algo así como piedad por sus enfermos y sus ancianos, a los que ayudan y asisten hasta que mueren. Franz de Waal, el primatólogo holandés que hace décadas trabaja con bonobos y ha escrito un libro sobre la empatía animal, se preguntaba en otra de sus obras si el impulso de ayudar al débil no provendrá de algo pre político e incluso pre moral. Y si es así, reflexionaba, por qué no ver a los bonobos como una prueba de que evolutivamente tenemos dentro nuestro una zona que ha quedado en suspenso desde que la humanidad se inclinó por resolver sus diferencias a través de la guerra. No se trata sólo de la guerra literal, justo ésta que nos pende arriba de la cabeza mientras Macri habla de limones, sino de la vida misma como una acepción de guerra contra el otro, de la vida como un ejercicio permanente de hostilidad. En otro libro sobre el que ha trabajado anteriormente, Hospitalidad, Jacques Derrida explicaba, precisamente, que la palabra hostilidad, así como la palabra hospitalidad, tienen una misma raíz griega. Y eso a su vez evidencia un sendero de caminos que se abren: la pregunta sería “¿Qué hago con el otro?”, y en el lenguaje aparecen marcadas con claridad las dos opciones: soy hospitalario o soy hostil. Un pensamiento derivado de Derrida al respecto también viene a cuento ahora que nuestros recursos naturales han sido dados como garantía de un pago de deuda que será impagable y nos ubicará en situación de colonia: sólo pueden ser hospitalarios aquellos que realmente se sientan dueños de casa, porque la hospitalidad florece sólo allí donde hay soberanía. Los que no están seguros de su propiedad, pertenencia, permanencia, derecho, linaje, etc., siempre históricamente han optado por la hostilidad. Vivimos diariamente la hostilidad. El mundo se pone más hostil diariamente, y este país se hace irrespirable. El bloqueo total de empatía causa dolor psíquico. Estamos sumergidos en un clima de desprecio intelectual y carnal por todos, desde una ex presidenta de la democracia a los docentes, a los estudiantes, los jubilados, los inmigrantes, las mujeres, los trabajadores, los pobres, los sindicalistas. Es agobiante. Macri y sus funcionarios no se toman en serio el dolor que provocan. No se compadecen. Se burlan, como Macri se burló de los jubilados que veían porno y los botoneó. La hostilidad institucional hacia los ciudadanos, el imperio de la ley del más fuerte, la mentira revestida de noticia de medio concentrado, la persecución ideológica, el veneno que apesta de los trolls que trabajan para la presidencia, todo nos envuelve en el reverso del amor. El intento de linchamiento en Santa Cruz, el estruendoso silencio posterior de dirigentes que deberían haber gritado; el hincha de Belgrano asesinado frente un estadio indiferente; los vándalos en plazas de provincia o municipios prendiendo fuego a indigentes; los desarrapados alzando sus manos para obtener un poco de lechuga que los productores tiran porque ellos mismos están siendo tirados afuera del sistema; Araceli, el nombre del femicidio de esta semana, con su correspondiente presunto femicida pidiendo hace una semana mano dura... ¿No hay conexión? Claro que la hay. El macrismo le levanta cada día el pulgar a los instintos más bajos de esta sociedad. Desde hace un año y medio, este país saqueado, hipotecado, destruido, es un reino de hostilidad en el que institucionalmente se desparrama violencia y permiso para dañar. En el fondo, esa violencia cotidiana termina siendo una pantalla de horror que a su vez sirve para esconder el otro cuerpo del delito, el que cometen sin parar, y que precisamente se apoya en el desprecio que el macrismo experimenta en definitiva por la Argentina. La violencia tapa la entrega, y la entrelínea de sus beneficiarios directos. El proyecto del macrismo necesita la violencia como el ilusionista necesita que el público parpadee: es en ese instante en el que él hace el truco.
El 2x1, el pasado y la enseñanza aymara Por Mempo Giardinelli Ante todo hay que decir que es falso, y cínico, el distanciamiento del 2x1 que planteó el jefe de gabinete, Señor Peña Braun. También los paños fríos que intentó el ministro de Dizque Justicia Señor Garavano. Y la afirmación de que “es un error confundir la decisión de la Corte como una decisión del gobierno” como dijo el Señor Avruj, secretario de derechos humanos (con minúsculas) al servicio de la ultraderecha israelí. No hay contradicciones en el gobierno, sino una coherente postura ideológica retrógrada. Todo lo que se les ocurre hacer con el pasado es matarlo. Liquidar la memoria del pueblo. Pero no van a poder. Por más que insistan. Si al menos leyeran un poco de la Historia Universal serían un poco menos torpes. La política macrista y la involución neoradical en materia de Derechos Humanos (que espantaría a Raúl Alfonsín) evidencian que este fallo de la Corte se cocinó lenta, sistemática, calculada y fríamente. Empezó hace más de un año con el fogoneo mediático a una fanática correntina protectora de genocidas, seguida de la subrepticia instalación de ex jerarcas de la dictadura en puestos oficiales, proceso coronado después con el mediático operativo negacionista del Señor Lopérfido (cuyo itálico apellido en castellano significa lo “desleal, infiel, traidor”) quien hizo punta y hoy tiene, de premio, una embajadita, de culturita, en Berlín. Los negacionistas (incluído el presidente) abrieron camino a la reaparición de la llamada “teoría de los dos demonios”, sofisma desgastado y engañador de incautos, hoy sostenido incluso por damas que fueron legisladoras y tienen familiares desaparecidos pero que ahora inesperadamente autoesmerilan sus propios historiales de cuando eran luchadoras admirables. Así se fue viendo la trama. El poder comunicacional de Clarín-La Nación y sus principales tinterillos y lenguaraces instalaban lentamente la posibilidad de cambios (esta columna lo advirtió en marzo: https://www.pagina12.com.ar/28126-los-dos-demonios-y-mas-sobre-volver) mientras la desacreditada jerarquía eclesiástica se movía en las sombras, como siempre hace y como bien mostró ayer aquí Horacio Verbitsky. Así el oscuro entramado genocida -minúsculo en número pero poderoso en el mundo empresario, el Opus Dei, las cuevas de espías todo servicio y otras organizaciones mafiosas- fue protegido de hecho por el aparato judicial y por la nueva Corte Automática que preparaba este mandoble a la democracia. En febrero pasado un fallo (en el caso Fontevecchia) decidió que la Corte Interamericana de Derechos Humanos no puede revocar sus sentencias, con lo cual los cinco cortesanos se pusieron por encima de la Constitución Nacional. Poco después, en abril, otro fallo de la Corte le concedió prisión domiciliaria a un represor condenado a 22 años de cárcel por 107 secuestros y desapariciones, entre los que se cuentan las del escritor Haroldo Conti y del hijo del poeta Juan Gelman. En todos los casos con votos decisivos de los dos jueces designados irregularmente por Clarín y por decreto macrista; Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. A todo esto, la jerarquía católica reflotó su vieja, obsesiva idea de “reconciliación” con los genocidas y convocó a un “diálogo” imposible entre víctimas y victimarios del horror que vivió nuestro país en el siglo pasado. Esa supuesta “reconciliación” es falsa de toda falsedad por varias razones y en primer lugar porque ya la comunidad nacional, internacional y los fallos judiciales proclamaron la inexistencia de una guerra entre dos bandos. Y también porque es absurdo y provocador reclamar una “reconciliación” sin arrepentimiento del criminal. Pero sobre todo porque solamente los criminales al servicio de la dictadura robaron bebés. Solamente la dictadura genocida instaló y mantuvo infernales campos de concentración. Solamente los genocidas y sus esbirros torturaban mientras sus agentes saqueaban propiedades y pertenencias como vulgares ladrones. Éste y no otro fue el camino de este fallo (en el perfecto segundo sentido del vocablo: acción y efecto de errar, equivocar), que en el colectivo El Manifiesto Argentino entendemos como una provocación a la civilidad y un peligroso atentado a la paz social, convencidos de que el pueblo argentino macizamente exige el cumplimiento incondicional de las condenas a los genocidas, la continuación de los juicios y el cumplimiento de todas las penas, tanto para los perpetradores como para sus mandantes y cómplices civiles, empresarios, eclesiásticos y militares. Y es que sólo la Justicia –una verdadera Justicia– es camino idóneo. Y no trucos retóricos e insinceros como esta patraña de fallar en base a una ley derogada hace años. Lo que demuestra que estos tipos del gobierno, su Corte servil y la cúpula de la Iglesia, no saben qué hacer con el pasado. Por eso fallos como éste sólo renuevan y aumentan la diaria violencia contra el pueblo, sometido diariamente por el gobierno más retrógrado, corrupto y antisocial de la historia argentina, que encima ahora impulsa y comparte con lo más reaccionario de la jerarquía católica la maniática obsesión por lograr impunidad para los asesinos. Frente a ello, El Manifiesto Argentino impulsa el Juicio Político a la Corte Suprema en pleno, y reitera el reclamo de una Reforma Constitucional de origen popular profunda que, entre otras muchas medidas, sustituya totalmente al actual Poder Judicial por una nueva judicatura que sea no un poder sino un Sistema Judicial democrático, y cuyo máximo tribunal lo integren por lo menos 9 jueces elegidos por voto popular nacional, por un período de 10 años, no reelegibles y sujetos impositivos como cualquier ciudadano.Hace poco me enseñaron que los pueblos Aymaras ponen al futuro siempre atrás, y adelante ponen al pasado, porque es el que enseña el camino. Grandiosa coincidencia: nosotros, el pueblo argentino decidido por la Memoria, la Verdad y la Justicia, también.

Somos éstos Por Sandra Russo olvamos a hablar de batalla cultural, aunque ellos nos quieran hacer hablar de lo que inventan todos los días. Ellos son los funcionarios, los jueces, los periodistas que sostienen a Macri. Volvamos a hablar de lo que estamos seguros, de lo que sabemos qué es, de lo que nos importa, de lo que amamos. Y amamos, con obstinación, con rabia, con ternura, con pasión, que los miles y miles de afrentados hasta el límite que puede soportar la condición humana, las madres, las abuelas, los familiares, los hijos, jamás hayan pedido ni buscado revancha ni venganza. Amamos ese surco que dejó abierto el genocidio porque sólo por ese surco de amor se podía evitar que la historia argentina repitiera su cíclico encantamiento con la muerte. El enorme error político que cometió el gobierno acelerando a la Corte que él mismo diseñó, nos dio la oportunidad de enfrentarnos de pronto, vertiginosamente, con ese capítulo de la batalla cultural que está ganada. Y está ganada no por el kirchnerismo, no por Cristina, no por los últimos tres gobiernos, que fueron los primeros de la democracia en llevar adelante políticas de Estado para juzgar en el marco del Estado de Derecho a los responsable del genocidio. Está ganada porque la sociedad argentina supo, gracias a los juicios por delitos de lesa humanidad, y supo en la letra fría, precisa y detallada de los expedientes, que estos delincuentes a los que tres jueces pretenden aplicar esta reducción de pena caprichosa y absurda, cargan sobre sus hombros y su conciencia algunos de los crímenes más aberrantes de los que se enteró la humanidad. Que han torturado niños delante de sus padres. Que han metido picana en la vagina de prisioneras, que han adormecido a miles para tirarlos vivos al río y al mar, que han cavado enormes fosas en las que tiraron cadáveres sin nombre, que robaron bebés y después mataron a sus madres. De eso estamos hablando y eso lo que los juicios probaron y a eso de deben las condenas y por eso esos delitos son de lesa humanidad. Porque han sido tan execrables que el solo relato pormenorizado de cualquiera de las miles y miles de historias documentadas ofenden la dignidad humana de quien quiera que las oiga, porque es imposible escucharlas sin experimentar el horror en los poros. “Desaparecieron los que tenían que desaparecer”, decía una de las señoras que concurrió a la marcha macrista del 1 de abril, a la que fue Cecilia Pando. El macrismo ha incorporado siempre a gente vinculada con la represión, Lopérfido empezó esta ola con su negacionismo, le siguió Macri diciendo que los derechos humanos eran “un curro”, le pusieron su toque los legisladores del PRO posando el 24 con pancartas que decían “Basta de negocios con los derechos humanos”, vino el fallo de la Corte Suprema, siguió el Secretario de Derechos Humanos Avruj diciendo que había que acatar el fallo de la Corte, en fin, todos sabemos que es mentira que el PRO no haya estado de acuerdo. Y todos advertirmos que una vez más, el PRO ha chocado contra la realidad que niega. Sin embargo, esta vez fue demasiado lejos. El “si pasa, pasa” se internó en la revulsión colectiva que se manifestó sin grieta, compacta, segura, identitaria: hay muchos argentinos que pueden llegar a creer que no son capaces de fabricar una silla como la gente, pero es muy diferente a obligarlos a creer que son personas dispuestas a defender a hombres que cometieron atrocidades inenarrables y jamás se arrepintieron, y todavía hoy retienen información para que aquellos muertos tengan su tumba. Ayer fue un buen día para ser argentino. Después de tanto dolor, de tanta injusticia y tanta violencia institucional desatada en los últimos meses, esos pañuelos en cientos de miles de cabezas fueron un manifiesto sobre la identidad que no sólo les fue robada a quinientos bebés hace cuarenta años. Nos fue robada nuestra identidad como pueblo. Y ayer dijimos no te confundas, Macri, que somos éstos.
Somos éstos Por Sandra Russo olvamos a hablar de batalla cultural, aunque ellos nos quieran hacer hablar de lo que inventan todos los días. Ellos son los funcionarios, los jueces, los periodistas que sostienen a Macri. Volvamos a hablar de lo que estamos seguros, de lo que sabemos qué es, de lo que nos importa, de lo que amamos. Y amamos, con obstinación, con rabia, con ternura, con pasión, que los miles y miles de afrentados hasta el límite que puede soportar la condición humana, las madres, las abuelas, los familiares, los hijos, jamás hayan pedido ni buscado revancha ni venganza. Amamos ese surco que dejó abierto el genocidio porque sólo por ese surco de amor se podía evitar que la historia argentina repitiera su cíclico encantamiento con la muerte. El enorme error político que cometió el gobierno acelerando a la Corte que él mismo diseñó, nos dio la oportunidad de enfrentarnos de pronto, vertiginosamente, con ese capítulo de la batalla cultural que está ganada. Y está ganada no por el kirchnerismo, no por Cristina, no por los últimos tres gobiernos, que fueron los primeros de la democracia en llevar adelante políticas de Estado para juzgar en el marco del Estado de Derecho a los responsable del genocidio. Está ganada porque la sociedad argentina supo, gracias a los juicios por delitos de lesa humanidad, y supo en la letra fría, precisa y detallada de los expedientes, que estos delincuentes a los que tres jueces pretenden aplicar esta reducción de pena caprichosa y absurda, cargan sobre sus hombros y su conciencia algunos de los crímenes más aberrantes de los que se enteró la humanidad. Que han torturado niños delante de sus padres. Que han metido picana en la vagina de prisioneras, que han adormecido a miles para tirarlos vivos al río y al mar, que han cavado enormes fosas en las que tiraron cadáveres sin nombre, que robaron bebés y después mataron a sus madres. De eso estamos hablando y eso lo que los juicios probaron y a eso de deben las condenas y por eso esos delitos son de lesa humanidad. Porque han sido tan execrables que el solo relato pormenorizado de cualquiera de las miles y miles de historias documentadas ofenden la dignidad humana de quien quiera que las oiga, porque es imposible escucharlas sin experimentar el horror en los poros. “Desaparecieron los que tenían que desaparecer”, decía una de las señoras que concurrió a la marcha macrista del 1 de abril, a la que fue Cecilia Pando. El macrismo ha incorporado siempre a gente vinculada con la represión, Lopérfido empezó esta ola con su negacionismo, le siguió Macri diciendo que los derechos humanos eran “un curro”, le pusieron su toque los legisladores del PRO posando el 24 con pancartas que decían “Basta de negocios con los derechos humanos”, vino el fallo de la Corte Suprema, siguió el Secretario de Derechos Humanos Avruj diciendo que había que acatar el fallo de la Corte, en fin, todos sabemos que es mentira que el PRO no haya estado de acuerdo. Y todos advertirmos que una vez más, el PRO ha chocado contra la realidad que niega. Sin embargo, esta vez fue demasiado lejos. El “si pasa, pasa” se internó en la revulsión colectiva que se manifestó sin grieta, compacta, segura, identitaria: hay muchos argentinos que pueden llegar a creer que no son capaces de fabricar una silla como la gente, pero es muy diferente a obligarlos a creer que son personas dispuestas a defender a hombres que cometieron atrocidades inenarrables y jamás se arrepintieron, y todavía hoy retienen información para que aquellos muertos tengan su tumba. Ayer fue un buen día para ser argentino. Después de tanto dolor, de tanta injusticia y tanta violencia institucional desatada en los últimos meses, esos pañuelos en cientos de miles de cabezas fueron un manifiesto sobre la identidad que no sólo les fue robada a quinientos bebés hace cuarenta años. Nos fue robada nuestra identidad como pueblo. Y ayer dijimos no te confundas, Macri, que somos éstos.
El intento de montar un nuevo caso Nisman, mediante el plantado de sospechas ridículas sobre la muerte del financista Aldo Ducler, tiene tan poco de original como nada de insólito. Lo burdo de la maniobra debería augurarle corta vida, pero nadie está en condiciones de asegurar que la frondosa imaginación del marketing macrista no le brinde ciertas garantías de éxito. De hecho, es lo que viene logrando. La opereta distractiva del Gobierno está dotada de espectacularidad y cabría reconocerle, por ahora, méritos propagandísticos de instalación mediática. La gran pregunta –o una de ellas– es cuánto de esa agenda será apropiado, a la hora de los bifes de las urnas, por el sentimiento popular mayoritario o numéricamente significativo. Casa Rosada y sus medios dicen que toda la verdad sobre el affaire Odebrecht involucra, tan sólo, a funcionarios kirchneristas. El coro gubernamental dice que una de las claves pasa por el Corcho Rodríguez. Macri dice que los jueces protectores de Julio De Vido deberán prepararse para ser reemplazados por otros que le convengan a él, a Macri, como garante exclusivo de la verdad. Marcos Peña, el mejor polemista de que dispone el oficialismo, va al Congreso y dice que todo continúa reduciéndose al pasado de corruptos que el pueblo ya dejó atrás. La artillería de prensa dice que como títulos centrales de toda portada vale destacar solamente el cerco tribunalicio contra Cristina. Las facciones judiciales del Gobierno dicen que debe ser Claudio Bonadio quien entienda en la mamarrachesca denuncia de Nisman contra la ex presidenta, por encubrir terroristas iraníes. Las facciones mediáticas dicen también que la muerte del “financista” del kirchnerismo” es sospechosa porque da vueltas una carta con sus iniciales, que ofrecía aportar información sobre, claro, la corrupción kirchnerista. Macri dice además que la procuradora Gils Carbó, la jefa de los fiscales, esconde pruebas contra quienes cobraron coimas de Odebrecht. Pruebas de las que él, Macri, no presenta ninguna, pero a quién le importa. De ese conjunto de iniciativas oficiales y paraoficiales sobresalen dos aspectos. Uno es la advertencia de Macri sobre que buscará los jueces propios. No a muchos se les ocurrió al menos alborotarse ante semejante muestra de autoritarismo, por parte de quien dijo que llegaba a la Presidencia para hacer cirugía mayor contra un Poder Judicial adicto al Ejecutivo de turno. ¿Ni siquiera una línea de irritación moral sobreactuada, en las tribunas de doctrina liberales? ¿Nada? El otro factor es una ausencia: la de la economía, la del bolsillo popular, la del trabajo, la del empleo. No existe ese tema en la construcción mediática del macrismo sino apenas circunstancialmente, como ocurrió la semana pasada con el acontecimiento de una multitud urgida de trabajo en la Expo Joven. Esto “levanta la autoestima”, dijo Macri respecto de otra opereta consistente en que algunas empresas tengan un primer filtro de llenado de formularios laborales. Si no es por episodios como ésos y por el trazado de índices económicos que exhiben una Argentina a las puertas de convertirse en un país nórdico, sólo se trata del Corcho Rodríguez, de Gils Carbó, de De Vido, ahora de Ducler; de Odebrecht, pero para primerear lo que al Gobierno pudiera descontrolársele si quedase comprometido algún primo o testaferro, o varios, del clan Macri. La estratagema que habilitó el acceso de la derecha al poder en forma directa, legítima, por el voto democrático, fue la capacidad de convencer sobre el carácter impoluto, creíble o aceptable de unos ricachones sacrificados. Eso y el hartazgo por los modos K, dicho a grandes rasgos. Si eso se cae, el andamiaje de la edificación macrista corre peligro. Y por eso, el Gobierno centra su acometida en re-presentarse como la espada contra la corrupción. Sólo la del pasado, naturalmente, mientras confía en que podrá ocultar la propia. No hace falta ser un estudioso, ni un intuitivo sagaz, para advertir que este embate oficial es simultáneo con la perspectiva de Cristina candidata. Desde que ella reapareció con esa contraseña, todo el aparato discursivo del Gobierno se vuelca a los carpetazos judiciales y a consolidar la imagen de un tiempo que no debe volver. La base macrista es el anti, no el pro. La oposición, que solamente es identificada como tal a través de la ancha avenida peronista, tiene el problema de que no logra mostrar ni unidad ni pegamento. El papel ciertamente extraño de Florencio Randazzo, apurando una contienda interna que podría ser suicida, desafía la imaginación acerca del origen de sus intenciones y mentores (esto es, el interrogante de si quiere ganarle a Macri o a Cristina). Cada quien hará sus elucubraciones al respecto pero lo concreto, lo objetivable, es que el Gobierno necesita a Cristina para nuclear en contra, porque a favor no le alcanza. De ahí en más, nadie tiene la respuesta de si le bastará con eso porque depende tanto de lo que “la gente” crea como de lo que quiera creer. Si todo radicara en la sencillez de tener memoria, de haber aprendido, de no chocar tantas veces contra la misma piedra, Macri no hubiera ganado jamás. Y tampoco podría tener la probabilidad de volver a hacerlo siendo que el Gobierno ya avisó lo que se viene después de octubre. Más ajuste, recorte de subsidios contra los que menos tienen, reforma previsional para reintroducir de a poco o mucho mecanismos de sistema privado, tarifazos para hacer competitiva a la economía. Etcétera. Todo avisado. El viernes se conoció –es una forma de decir, porque fueron muy pocos los medios que lo difundieron– la auditoría efectuada por la Procuración del Tesoro, que detalla las maniobras macristas para no pagar la deuda del grupo familiar con el Estado en el caso Correo Argentino. El 13 de febrero de este año, apenas cinco días después de que se hiciera pública la denuncia de la fiscal federal Gabriela Boquín señalando al Presidente por perdonarse un endeudamiento con el fisco de 70 mil millones de pesos, la Procuración ordenó investigar sobre las 25 mil fojas del expediente relativas a esa deuda del clan Macri con el Estado argentino. Tal auditoría fue previa al despido del titular del organismo y del jefe del área. El informe dice que los representantes estatales no hicieron nada para corregir las irregularidades habidas en el proceso desde 2003. Guillermo García, responsable de llevar a cabo el proceso de revisión de la deuda, advierte que ésta ya quedó degradada por el paso de los años (16) y que la situación se agrava porque el Correo de los Macri, como si fuera poco, promovió acciones judiciales contra el Estado tendientes al resarcimiento de daños. Horas después –con igual (in)trascendencia mediática– se reveló un nuevo dictamen de Boquín, quien se opuso a la prórroga de cuatro meses requerida por Macri y sus socios del Correo para sostener un acuerdo ruinoso. La novedad es que, en ese arreglo en que una de las partes atiende los dos lados del mostrador, aparece un banco de Odebrecht canalizando 1600 millones de dólares en coimas. Ese escándalo del Correo, esa obscenidad, que en febrero pasado le significó al Gobierno atravesar sus días más difíciles luego sepultados por la maquinaria de prensa de sus medios adictos, es un caso testigo de la receta obvia: un acusado de corrupción manifiesta debe mostrarse indignado, gritar más fuerte que el resto y contraatacar con denuncias o amenazas más enérgicas todavía. ¿Puede servir(les)? Sí, en la medida de que la oposición continúe funcional al macrismo. Randazzo y Massa-Stolbizer, para poner nombres, son satélites de esa obviedad. Ideológicamente no simbolizan ninguna variante de fondo, por si hiciera falta remarcarlo. La frase de Macri acerca de que deberá buscar jueces capaces de representarlo, si es que algunos de los actuales no lo hacen, evoca de inmediato a una de las atribuidas al repertorio marxiano. “Estos son mis principios, pero si no les gustan tengo estos otros.” Groucho fue uno de los humoristas más célebres e influyentes de la historia. Macri, en cambio, es nada menos que un presidente al que muchos insisten en creerle sus principios republicanos. Con ese dato, aunque fuere sólo para empezar, se pueden hacer dos cosas. Solamente indignarse, o tratar de entender. 5 de Junio 2017