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Oxígeno (del macrismo corrupto) - Por Sandra Russo
OfftopicporAnónimo5/13/2017

Nota previa: https://www.taringa.net/posts/offtopic/19874240/Somos-estos---Marcha-NO-al-2x1---Por-Sandra-Russo.html 13 de mayo 2017 Me quedé con ganas después de la nota que hace dos días escribí de apuro (Somos éstos) porque tenía que entregar temprano. Uno con los años, a pesar de haberse pasado más de media vida en redacciones, va perdiendo cierto tono muscular de la escritura, y va adquiriendo otro. Como estas contratapas son quincenales, a diferencia de las notas del día, permiten el vagabundeo sobre algunas ideas, párrafos de más que luego son borrados, consultas de viejas lecturas, en fin, esa costura que permite recorrer el tema por una calle poco transitada. Y está muy bien encontrar esa calle, porque todos necesitaríamos, para pensar mejor, para no equivocarnos, para actuar políticamente de la manera más sensata, esos tipos de calles, esos soportes de comunicación, que habilitan el ida y vuelta de ideas, la puesta sobre la mesa de percepciones, el desahogo que pueda ser escuchado, la capacidad de escuchar el desahogo ajeno. Precisamente, uno de las herramientas que Cambiemos generó para sí con mayor éxito, fue esta implosión de información cruzada, de versiones confusas, de ataques sistemáticos en las redes, de mentiras periodísticas convertidas en fundamentos de causas persecutorias, de idas y vueltas con medidas delirantes que son modificadas en base a focusgroups, de naturalización mediática del escándalo enorme, monumental, abismal en el que se resume lo que estamos viviendo desde hace un año y medio. “Quiero una Argentina que camina”, dice Macri rodeado de discapacitados motrices en un escenario. Uno de ellos es su vicepresidenta. No ven contradicción ni desubicación en la frase. El PRO la aplaude. Ellos no tienen el registro natural de la ofensa que a veces uno profiere sin darse cuenta, y que es el motivo principal de las millones de veces que en un día hacen que alguien le pida disculpas a otra persona. Si pudiéramos acceder a esos millones de disculpas, comprobaríamos que, tal como lo contiene la palabra, la disculpa se pide por un hecho que pudo molestar o herir a alguien y que nadie tuvo la intención de provocar: la disculpa disipa la culpa que no se tuvo. Macri, y los que son como él, jamás pedirán disculpas cuando ofendan a alguien, porque han nacido y crecido entendiendo como inferioridad no ser como ellos. Hace poco hablaba acá de su falta de empatía. Es más que eso. O quizá, podría decirse que el origen de esa brutal falta de empatía yace en el hecho de que Macri y los que son como él son los que han nacido ya empoderados, en cunas de poder, en nichos de poder, y han crecido y entendido desde niños que todos los derechos de los demás están bajo su órbita de superioridad social y racial, de clase. Esa fue la “total normalidad” de este país, siempre salvo breves disrrupciones. A lo largo de las décadas y los siglos, esos nichos de poder construyeron un artificio al que le dieron forma de sentido común. Laura Alonso ocupa la Oficina Anticorrupción sin que prospere ningún pedido de interpelación, mientras desfilan ante nuestros ojos, uno peor que el otro, uno más grosero que el otro, los evidentes negociados que los empoderados de siempre aprovechan y aceleran ahora que ocupan el Estado. Todo el Estado irá a parar a sus bolsillos. Todo lo que es de todos. Y en canal 13 victimizan a Magnetto, y Bartolomé Mitre declara que “Sólo compramos Papel Prensa”. Se remite a los hechos: ¿comprar empresas no es lo que hacen los buenos empresarios? En paralelo, se cierra el tema de Avianca, sin demostrar que el presidente que les cede las rutas aéreas no tenga un testaferro en la empresa beneficiada. Sobre Aerolíneas Argentinas, en tanto, vuelve a pender el desprestigio que hace años condujo a la privatización. Gustavo Arribas vuelve a ser señalado por el denunciante de Odebrecht como el destinatario de más de ochocientos mil dólares en coimas, pero en la televisión eso no rebota, no se registra, ni hay acuse de recibo. En materia de comunicación, que es nada menos que las formas que encontramos para compartir nuestra vida y el mundo con los otros, desde hace un año y medio los soportes han cambiado, y no fue un fenómeno enmarcado en la libertad. Todo lo contrario, la uniformidad oficialista de los grandes medios y su amplificación del discurso gobernante, nos obliga al extenuante trabajo de revisar primeras, segundas y terceras capas de sentido, porque ya es ostentoso, obsceno el modo en el que disfrazan la realidad de lo que les convenga día tras día. Como resultado de ese esfuerzo que nos agota, que nos pudre los nervios, pero con la obstinación del que ya rompió el hechizo de ese falso sentido común, diariamente millones de ciudadanos se vuelven semiólogos al paso, expertos en advertir que no es normal, no lo es, que es terrible tener un Presidente que no experimenta culpa, porque hay un borde de la culpa que no deviene de la versión religiosa del pecado sino de la responsabilidad laica de la función pública. Todos los días en uno o varios lugares del país la policía detiene y golpea a personas sin causa. Estudiantes, manteros, militantes, docentes, despedidos. Mientras tanto, la “inseguridad” como la nombraron siempre ellos, o el número de delitos, que es lo mismo pero más preciso, crece exponencialmente porque a los delitos de antes se les suman las zonas liberadas, fuerzas de seguridad sin control civil, internas de mafias que se dirimen a tiros o carpetazos judiciales. Y Macri da un discurso y dice que ha llegado para combatir a las mafias. Y una semana después entendemos mejor qué quería decir: las “mafias” para Macri son las organizaciones sindicales que no se rinden ante ese empoderamiento del que él se cree propietario. Macri no tolera ni rectificar ni dejar de irritar: ésa es su manera de autoafirmarse como el dueño de un país, y así crece la tensión porque no existe la figura de dueño de un país con todos sus habitantes adentro. Necesitamos calles poco transitadas para sacarnos de encima los trastos que tiran ellos para confundirnos. No es fácil. Estamos confirmando que los medios de comunicación no trabajan para la comunicación sino para el gobierno. No podrían hacerlo de otro modo: maman la leche de la pauta, que hoy, pública y privada, coinciden en aquel viejo sentido común de la total normalidad cuando un rico da órdenes. Necesitamos repasar nuestras prioridades y nuestros límites. Necesitamos desintoxicarnos del sonido ambiente. Necesitamos dejar de enturbiarnos con la cloaca en la que cada día nos internan. Porque así como Macri y los que son como él han nacido empoderados por una fortuna familiar, un apellido, un linaje contado a medias –porque ningún linaje entero de riqueza es honorable–, nosotros, los ciudadanos simples y comunes, también hemos aprendido, y en ese sentido esta semana fue hermosamente visible y porosamente entrañable, que todo era mentira, que ellos no son superiores a nadie, que no tienen más derechos que cualquiera, que son falsos nobles en un país sin nobleza, que la inequidad terminará perjudicando a las enormes mayorías y que hay que hacer algo al respecto. Pensemos cómo y con quién, pero discutámoslo en una calle poco transitada, con nuestras propias palabras, con claridad estratégica, con generosidad pero con un objetivo claro. Es la única salida de esta espantosa encerrona que nos hizo caer allí donde sí se cae: en un gobierno como éste.

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El futuro todavía está por verse. Por Mario Wainfeld
OfftopicporAnónimo12/24/2017

El futuro todavía está por verse 24 de diciembre de 2017 Las profecías que siguieron a la votación. Ejemplos de interpretación precoz, refutados en apenas dos meses. La Reforma previsional: errores del Gobierno. Aliados perdidos o heridos. La subestimación sobre el rechazo social. La hegemonía puesta en cuestión. Pinceladas sobre violencias y relatos amnésicos. Por Mario Wainfeld El rotundo triunfo electoral del oficialismo ratificó su legitimidad de origen, fortaleció su representación en el Congreso nacional y en Legislaturas provinciales. La mayoría de sus adversarios fueron vencidos, con la consiguiente secuela de divisiones, polémicas internas y bajoneos. El presidente Mauricio Macri quedó bien posicionado para la votación de 2019, acaso en pole position. Esos datos duros perduran. Por algo Cambiemos consiguió la aprobación del Presupuesto 2018, de la Reforma impositiva y aún la Previsional, la única que le costó mucho como ya veremos. Las lecturas apologéticas que sucedieron al escrutinio, en cambio, merecen una revisión crítica. La euforia de los ganadores es explicable tanto como la de sus partidarios, de buena o mala fe. Las miradas de otros pensadores, académicos o periodistas deberían ser más matizadas, menos triunfalistas. Y, sobre todo, menos definitorias. La historia discurre, es dinámica y dialéctica. Está signada por sorpresas, cisnes negros, tensión entre fuerzas opuestas. También por continuidades que dos éxitos consecutivos en las urnas conmueven y alteran pero no destruyen. La interpretación precoz es, en una de esas, la jactancia de los intelectuales, consultores, periodistas adictos. Las primeras imágenes del sufragio y de la fragmentación opositora fomentaron predicciones simplistas a fuer de enfáticas. Proyectaron en demasía el momento incurriendo en un aluvión de predicciones sobre un futuro rectilíneo, inexorable, Las simplificamos: Dar por realizada la votación presidencial de 2019, con su veredicto continuista escrito en la piedra. Tener por consumada la extinción del kirchnerismo y aún del peronismo en general. Resolver que la intensa movilización que caracterizó en particular este año cesaría por el abatimiento postelectoral, la despolitización de la mayoría de los argentinos. Y aún… … la emergencia de un nuevo imaginario colectivo, bastante homogéneo con la prédica de Cambiemos. Se llegó a elucubrar la tesis del nacimiento de una hegemonía oficialista, no en el sentido de primacía política (que la tiene) sino en el difundido por Antonio Gramsci: la implantación de un sentido común impuesto por una clase social que otras adoptan, aún más allá de sus intereses concretos. Consiguientemente, algunos extendieron la partida de defunción al voto motivado principalmente por los intereses económicos de cada ciudadano. El diagnóstico signaba una versión criolla del fin de la historia. Una sociedad homogénea, dócil, subyugada por la discursividad macrista, que puso fin a tradiciones y características arraigadas y crecidas durante décadas. Parafraseando al General que fue presidente tres veces: duranbarbistas somos todos, se aseveró sin usar esas palabras, claro. - - - La ofensiva en plena pax: La pax macrista alumbraría una etapa de gradualismo y política negociadora, se auguró. El presidente y su equipazo pensaron distinto: había llegado la hora de avanzar a paso redoblado contra adversarios desmoralizados y divididos. El paquete de reformas acentuó el clásico programa de la derecha, con retoques leves. El apoyo de los gobernadores peronistas, mediando un plan canje, garantizaría la aprobación de las leyes más discutibles, los pilares del combo reformista. La Casa Rosada y sus operadores sobreestimaron su poder mientras subestimaban el rechazo de la sociedad civil. La omnipotencia pasó de largo un par de señales en el Senado, la Cámara Cambiemos-friendly: se demoraron la nueva ley del Consejo de la Magistratura y la Reforma Laboral. No eran los ítems más relevantes aunque sí un alerta. Irrumpió la tragedia: el hundimiento del submarino ARA San Juan, una tragedia que segó la vida de 44 tripulantes. Las víctimas sobrevivientes, los familiares comenzaron a ser protagonistas y lo serán durante años. La agenda pública convulsionó con reproches al Gobierno por falta de sensibilidad, eventual mala praxis y pésima comunicación. La escalada de violencia estatal es otra característica de la coyuntura. Algo se dice de ella en nota aparte aunque el tema da para más. El futuro no es lo que era (o se fabulaba) tan solo dos meses atrás. La continuidad de la historia argentina tampoco feneció. - - - Imprevisiones y vasos comunicantes: Magistral en la propaganda, el Gobierno perdió su invicto con la tragedia del submarino y con la Reforma previsional. Comunicó mal, casi con desidia, fue vencido en las discusiones en el Ágora o en los medios. Calculó que controlaba a los movimientos sociales, a la Confederación General del Trabajo (CGT) y que mantenía hibernada a la opinión pública. Creyó tener en el puño a los gobernadores provinciales y por ende a los diputados que les obedecen merced a una combinación entre presiones y trueques. Ignoró, no vio venir, el rechazo ciudadano masivo, aplastante a los cambios regresivos al sistema y en especial el tijeretazo al valor de las jubilaciones, la Asignación Universal por Hijo y un abanico de pensiones. La disuasión mediante la violencia, calculó, apaciguaría a los más críticos, que serían pocos. La matemática parlamentaria comenzó a fallar, por motivos variados. Uno de ellos, tal vez el principal, es que existen vasos comunicantes entre “la gente” y sus representantes que tienen banca por tiempo limitado: deben revalidarse para seguir en carrera. Las divergencias, parciales e insuficientes en el conteo general, captaron la impopularidad de la movida. Macri apremió a los gobernadores, algunos lo acataron, se pusieron de rodillas. La fueguina Rosana Bertone produjo un record de posverdad: aseguró el aval de sus diputados aunque ninguno le responde, cuesta abajo en su rodada. Las provincias dependen económicamente de la Nación pero el federalismo real existente conserva tradiciones añejas. Los argentinos del “interior” ven con malos ojos el sometimiento al gobierno central, tendencia que se agrava cuando se sobreactúa la asimetría y se condimenta con mal trato. Una hipoteca grava el porvenir de los que fueron complacientes y destratados. Imposible vaticinar cuánto gravitará eso en años próximos porque el futuro es abierto y porque la realidad combina numerosas variables. Puesto de modo muy sencillo: si las economías regionales florecen, si la vida de los habitantes mejora es factible que el episodio se olvide. Otro gallo cantará si se agravan la malaria, el desempleo, la pérdida de derechos. La transferencia de recursos hacia Buenos Aires, vía recreación del Fondo del Conurbano, tampoco llena de júbilo a los vecinos de otros territorios, por usar un eufemismo. - - - Con(tra) los jubilados no te metas: La variable inesperada y esperable fue la memoria de una proporción notable de argentinos. La conciencia pervive y se mezcla con la voluntad de defender derechos, la tenacidad para acudir a la acción directa. Las encuestas, aún las de consultores fidelizados, lo mostraban. Por una vez, el Gobierno hizo oídos sordos. Quitarles derechos y plata de los bolsillos a los jubilados siempre concitó rechazos. Hacerlo cuando se bajan retenciones y otros impuestos a “los ricos” rebasa el vaso. El pueblo argentino no profesa una ideología única. Pero hay ideas, creencias y valores que se prolongan durante generaciones. El ataque a uno de los puntos principales del estado de bienestar concitó la réplica colectiva que tomó desprevenida a la plana mayor del gobierno. La CGT, aún con contradicciones internas tremendas, está “condenada a representar” laburantes. El oficialismo pasó del mimo al desdén a sus dirigentes, empujando a los más lúcidos y coherentes (que no son todos) a la vereda opositora. Las organizaciones sociales, a las que tenía por domesticadas, fueron más conscientes y pioneras. También resistieron desde el primer momento las dos CTA, la Corriente Federal de la CGT. Una camada nueva, combativa de dirigentes y sindicatos de provincias gana protagonismo (pasito a pasito) frente a la complacencia de popes gremiales anacrónicos, lentos, muy pasados de la edad jubilatoria. - - - Ecos de la 125: Los partidos que integran el rompecabezas opositor encontraron una ocasión para confluir, servida en bandeja por el Gobierno. El Congreso es el ámbito más propicio, porque su dinámica “ordena” a tirios y troyanos. Cuanto más polarizador sea un proyecto de ley, se acrecientan las chances para que la oposición se congregue. En el corto plazo, basta acordar una táctica para las comisiones, el recinto o los medios. De ahí a conformar alternativas con peso electoral media una distancia significativa. Lo enunciado respecto del Gobierno en los primeros párrafos de esta columna es trasladable a sus adversarios. Caerían en un espejismo si creyeran haber revertido la correlación de fuerzas, zanjado los conflictos internos. Tampoco ellos llegaron a la Tierra Prometida ni resolvieron sus dilemas. Avanzaron, recobraron mística, el resto (casi todo) está por verse o hacerse. Viene a cuento la evocación del conflicto por las retenciones móviles, estallado pocos meses después de la primera elección presidencial ganada por Cristina Fernández de Kirchner. “Agrandó” a los contrincantes, se empacó en su propuesta. Le valió un traspié en las elecciones de 2009 que supo revertir en 2011 y ser reelecta. Los vaivenes adoctrinan: los avances y los retrocesos pueden ser coyunturales. Enamorarse del efímero presente sabe ser nocivo para el que se ve triunfador y bello. El narcisismo es mal consejero para la acción política. - - - La gente común: Muchedumbres hicieron suyo el espacio público en la Capital y en otras ciudades. A la noche caceroleros retomaron la protesta. Los porteños recobraron la Plaza después de las razzias sin ley a manifestantes del jueves y el lunes. “La gente” repudia la Reforma y defiende su derecho a manifestarse en las inmediaciones del Congreso y no a muchas cuadras, el “no lugar” que el oficialismo les reserva. Las representaciones sociales y gremiales confluyen en la acción, dejando en pausa las sensibles diferencias que las separan o distancian. Todo conjunto que participa es una muestra que expresa a una cantidad mayor. El yerro básico de los augures macristas fue suponer que había llegado la era de la unanimidad light, “aspiracional”. De una mayoría pétrea alienada (de aquí a la eternidad) de la defensa de sus intereses. El paradigma de la nueva derecha expresa a una fracción de la sociedad que Cambiemos supo convocar. Una base social policlasista, compleja, dividida, interpela a las demás fuerzas políticas. Ninguna de las existentes expresa a la masa de los que (ex) pusieron el cuerpo ni tampoco a todos los damnificados por modelo neoconservador. El gobierno cometió muchos errores, ahuyentó o humilló a compañeros de ruta. En la próxima ocasión le será más difícil arrastrar a gobernadores o parlamentarios de otras banderías. Retrocedió dos casilleros, cuando ocupaba el centro de la escena. Si usted quiere preguntarnos si perdió todo su capital político o si cree que dicho capital es una magnitud mensurable o invariable… seguramente este cronista no se supo expresar. [email protected]

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Los goles con la mano - Por Eduardo Aliverti
OfftopicporAnónimo4/2/2012

Los goles con la mano Por Eduardo Aliverti Hablemos de ensaladas mediáticas. En rigor, una figura así conlleva la acepción de mescolanza. Hay de eso, pero después rige el sabor de un solo ingrediente. El tratamiento de prensa, la última semana, acerca de la oferta gubernamental sobre subtes y colectivos junto con el nuevo rechazo de Macri merece uno de los sitiales destacados. No es novedad la protección periodística de que goza el jefe de Gobierno porteño, por parte de los órganos ya no tan hegemónicos. Igualmente, se sabe que no debe perderse la capacidad de asombro. Se intentó atribuir a consabidas manifestaciones piqueteras el aquelarre que fue la circulación de tránsito por el centro de Buenos Aires (tema de interés para los 40 millones de argentinos, según parece). Lo cierto es que el auténtico piquete consistió en los preparativos finales de una carrera automovilística, promovida por el gobierno macrista. La Nación tuvo, al menos, el recato de editorializar si los funcionarios de la ciudad autónoma se volvieron locos de remate, bien que sin caerle directo a la casi única figura imaginada para salir por la derecha cuando se pueda. Tampoco es novedoso que el periodismo militante de la oposición obvie, sistemáticamente, el estadio procesal de Macri. Pero hay que dejarse el espacio para la indignación, si no la sorpresa, cuando se lee cómo se las gastaron en el trato dado por la Legislatura al intento macrista de recibir el subte únicamente con obras y subsidios. El oficialismo porteño terminó apoyando dos pronunciamientos testimoniales de las huestes de Solanas. Uno adhiere al traspaso con recursos. Y el otro expresa ver “con agrado” que el Gobierno de la Ciudad retorne la tarifa del subte a la de antes del tarifazo de... Macri. Muy poco antes de eso, exactamente al revés de lo festejado por la/su bancada macrista, la vicejefa María Eugenia Vidal había dicho que retrotraer el costo del boleto es una decisión que le corresponde al gobierno nacional, y nunca al porteño. Una comedia imperdible, desopilante, que lejos de ser presentada como tal fue ofertada disimuladamente, no sea cosa de perjudicar a las tropas de Mauricio. Con iguales pretensiones, la propuesta presidencial de compartir con la Ciudad el subsidio a los colectivos, durante un año, obtuvo de título que Cristina deja a los colectivos sin subsidio. Y por ruta similar, o idéntica, de los funcionarios y legisladores nacionales que refirieron la honestidad de Boudou, se privilegió la cita de que las manos en el fuego no deben ser puestas a favor de nadie. En torno de esa máxima, se volvió a ensalzar las enseñanzas de Kirchner. Resulta que, para el periodismo independiente, el tipo a quien intentaron pulverizar porque era un desencajado, un desquicio anímico, un rencoroso generacional, un travestido ideológico, es ahora la quintaesencia del político que sabía negociar, el moderado, el custodio de no llevar los conflictos hasta las últimas consecuencias. Qué falta que hace Kirchner, se lee y escucha en las bocas de lobo de las usinas periodísticas del bando opositor. Cuánto que se lo necesitaría hoy para trazarle límites a la yegua que, post mortem, lo corre por izquierda. No tienen vergüenza. En la entrada de la columna de Eduardo van der Kooy, ayer, se traza la imagen de un Boudou abatido, en su despacho del Senado, repitiendo que “Cristina sabía todo. No sé por qué me han tirado los perros así” (“¿me han?”). Según el editorialista, sólo escucharon al vice algunos amigos suyos que no se pusieron de acuerdo, únicamente, en si se largó a llorar o apenas se tomó la cara (detalle sustantivo, como se comprenderá). En concreto, desde la intimidad de Boudou le contaron a Van der Kooy, con pelos y señales, una escena que muestra al vice completamente quebrado. Si algo ni siquiera es verosímil, no vale la pena detenerse en si acaso podría ser verdad. Los controles oficiales en la importación de libros también dieron lugar a una manipulación sublime. El jueves pasado, en Clarín, el título principal de portada daba cuenta de un bloqueo aduanero total a los textos impresos en el extranjero. Pero el desarrollo de la noticia fue remitido con exclusividad a la página 39, en cuya nota no hay una sola mención de fuente propia con nombre y apellido excepto por dos que al cabo mueven a risa porque, justamente, contradicen el sentido que el diario da a la información. El presidente de la Cámara Argentina de Publicaciones, Héctor Di Marco, afirma que tomarán contacto con las autoridades porque “por ahora, sólo tenemos suposiciones” (sobre la medida de la Aduana). Sin embargo, según el mismo directivo y siempre en la misma nota, el supuesto es que, simplemente, se trataba de “verificar todos los contenidos de los containers, para ver si se ajustan a las declaraciones”. La mención nominada restante corresponde a Isaac Rubinzal, presidente de la Cámara Argentina del Libro, quien no sólo ya había negado que hubiera libros interdictos sino que, respecto de las entregas, sostiene que “no es un volumen significativo, son monedas”. Lo demás es “cuenta un editor”; “cuentan”; “explican los editores”; “decía” el director de la filial argentina de una editorial multinacional; “un” editor “se burló” de que sólo quieran controlar la tinta con plomo; “confiaban” desde una editorial. El mismo jueves, en Página/12, el artículo de Javier Lewkowicz abundaba en fuentes abiertas allí donde Clarín consigue solamente off the record. Que un diario tenga simpatía con el oficialismo y el otro esté en guerra declarada no guarda relación alguna con la calidad profesional respecto de las fuentes empleadas y el uso de potenciales. Para la nota de Lewkowicz opinaron sin problemas desde el Grupo Santillana, más Carlos Artigas, gerente de importaciones de Editorial Atlántida, y Juan Carlos Manoukian, director de Ediciones Circus. Todos –incluyendo a Di Marco y Rubinzal, nada menos que los responsables máximos de las dos cámaras representantes de los editores del país– coincidieron en descartar, con aportes numéricos y conceptuales, el tremendismo que Clarín, y otros medios y periodistas, imprimieron a un hecho por el cual quiso esparcirse algo así como que la Argentina se queda intelectualmente aislada del mundo. ¿Tanto les hace falta inventar o manipular de esta manera? Tomar noticias a partir del procedimiento mediático que sufren no debería ser un ejercicio habitual. Pero continúa siendo imprescindible, porque es a partir de allí como se entienden mejor las noticias propiamente dichas. Como suele decirse, y ya supimos apuntar en esta columna, a propósito de una de las formas en que cabe medir la diferencia de categoría periodística entre un profesional y un aficionado, los goles se pueden meter con el pie, la cabeza, el pecho, la espalda, el culo. Pero nunca con las manos. Y lo que está ocurriendo en el periodismo argentino, ante todo por la realidad indesmentible de que algunas corporaciones de prensa y aledaños ocupan el sitio de la oposición partidaria, parlamentaria, institucional, es que aumentan los ilícitos. No digamos legitimidad: podríamos hacerlo si cada quien reconociera abiertamente el lugar desde donde dice, informa, juzga, titula, entona, gesticula. No es el caso. El periodismo al que se denuesta como “militante”, si es por eso, acaba por ser infinitamente más auténtico que el salvajismo de la oposición periodística autoinvestida con su lucha por la libertad de prensa. Que vaya si la tienen. Y de profesionalismo, que vaya si les falta. De por sí, vender como existente la objetividad es una estafa. Si además pretende revestírsela de independencia analítica en medio de una guerra de intereses como se vio pocas veces o ninguna, estamos frente a un fraude escandaloso. Que se haga cargo cada quien dispuesto a aceptarlo, en su lectura de la realidad.

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Cristina y el desexilio de Jauretche - Por Roberto Caballero
OfftopicporAnónimo5/27/2012

Cristina y el desexilio de Jauretche Por Roberto Caballero El kirchnerismo recuperó al pensador nacional y popular de los estantes de las librerías de viejo y lo convirtió en fuente de argumentación de decretos y políticas de Estado. Hasta no hace mucho, Arturo Jauretche era una contraseña, un nombre en código para los que resistieron la lluvia ácida del desencanto noventoso. Se lo invocaba en esos tiempos umbríos en los boliches de las mil moscas y en una canción de Los Piojos, pero en la política de todos los días y en las universidades, Jauretche era un pensador ignorado, silenciado, casi desaparecido. Era lógico que así sucediera: haber pensado que el dólar valía un peso, reducir el vínculo con los Estados Unidos a una metáfora sexual y rematar el patrimonio nacional por chirolas, fue una moda con excesivos adeptos en la Argentina neoliberal. En ese entorno de sumisiones y abdicaciones a granel, el ideal nacional y popular jauretchiano pertenecía al pasado-pisado, al orden anacrónico que se quería enterrar con la pala globalizadora de Fukuyama y los Vargas Llosa, padre e hijo. Sus obras eran como los consejos del sabio de una tribu originaria que sentía nostalgia cipayesca por el Puerto de Palos sin haberlo visto jamás. Recién cuando la Argentina comenzó a cambiar, el pensamiento de Jauretche pasó del olvido y la negación a este presente de confrontaciones de ideas y valores que el kirchnerismo propuso como “batalla cultural”. Fue de la mano de Cristina Kirchner que la figura del creador de FORJA –junto a Scalabrini Ortiz– se permitió el desexilio y entró a paso firme en la Casa Rosada. El 15 de setiembre de 2010, año del Bicentenario, la presidenta inauguró el Salón de los pensadores y escritores argentinos, y así como el kirchnerismo descolgó otros cuadros dolorosos e innecesarios, esa vez decidió levantar y reivindicar el de Arturo Jauretche frente a una inmensa platea. Dos meses después, en Florencio Varela, la misma Cristina inauguró la Universidad Arturo Jauretche. Escribió Horacio González en Tiempo Argentino el 25 de Mayo pasado que la rara originalidad del kirchnerismo radica en “que promueve situaciones de transformación a la que los conservadores se oponen, y ante las que muchos transformistas se molestan (…) Deja textos en el aire sobre la base de los ya leídos y releídos. Está en estado de insinuación permanente.” Y finaliza: “Creó grietas novedosas con horizonte atípico y con insinuaciones fundacionales se abría (desde Néstor Kirchner) con instrumental salido de antiguos subsuelos argentinos.” De esos subsuelos argentinos retornó Jauretche una tarde de 2010, convocado por la presidenta. Hoy forma parte de la brújula conceptual de muchas de las políticas oficiales. El kirchnerismo es jauretchiano en sus argumentaciones y en sus actos. Basta con releer algunos de sus escritos para comprender que aquel pensador nacional sembró en el ayer para cosechar en el futuro, que transcurre en estos tiempos que vivimos: - Dijo Jauretche: “No existe la libertad de prensa, tan sólo es una máscara de la libertad de empresa (…) Mientras los totalitarios reprimen toda manifestación de la conciencia popular, los cabecillas de la plutocracia impiden, por el manejo organizado de los medios de formación de las ideas, que los pueblos tengan conciencia de sus propios problemas y los resuelven en función de sus propios intereses (…) Porque estos periódicos tan celosos de la censura oficial se autocensuran cuando se trata del avisador; el columnista no debe chocar con la administración. Las doctrinas, los hechos, los hombres, se discriminan en función del aviso; así hay tabúes tácitos y se sabe qué no se debe mencionar, qué camino no hay que aconsejar, qué cosas son inconvenientes.” ¿En estos párrafos, acaso, no está el germen de la política de desmonopolización que derivó en la Ley de Medios de la democracia? ¿No hay, también, un cuestionamiento severo al mal llamado “periodismo independiente? Parece escrito hace un rato. - Dijo Jauretche: “No es posible quedarse a contemplar el ombligo del ayer y no ver el cordón umbilical que aparece a medida que todos los días nace una nueva Argentina a través de los jóvenes. No se lamenten los viejos de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila; porque siempre es así: se gana con los nuevos.” La propuesta de trasvasamiento generacional del kirchnerismo apunta a eso. Se ve reflejada en el aliento a La Cámpora, al Evita y a la Juventud Sindical. Buena parte del funcionariado estatal, en sus primeras y segundas líneas, son sub-45. El kirchnerismo es la única identidad política de mayorías que le habla y le da lugar a los jóvenes, aun contra la opinión de sus cuadros setentistas de mayor edad. Y lo hace desde la rebeldía de una gestión transformadora, no desde la agitación antiestatal, un clásico necesario de los movimientos de fines de los ’60 y principios de los ’70, cuando los Estados eran antinacionales, antipopulares, antidemocráticos o directamente genocidas. - Dijo Jauretche: “Asesorarse con los técnicos del FMI es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador, escrito por el almacenero.” La recuperación de la soberanía económica de los últimos años, vía desendeudamiento, está sintetizada en esta máxima jauretchiana. Es como un haiku japonés, de sólo 22 palabras, que resume todo un tratado de economía para países periféricos. Con el kirchnerismo, la Argentina dejó de seguir las recetas del Fondo que proponían pagar deuda contrayendo más deuda, para cancelar al contado con ajuste y exclusión social. El crecimiento de la última década confirma que los intereses del almacenero casi nunca son los del comprador. - Dijo Jauretche: “Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el Pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos ni una Nación soberana ni un Pueblo feliz.” Por carácter inverso, cuando el país entregó sus riquezas en los ’90, extraviamos el sentido de Nación y hubo salarios de hambre y desocupación. Fue el pasaje más triste desde la recuperación democrática. Las nacionalizaciones de YPF, Aerolíneas, AFJP, Aguas y Correo vinieron a reparar parte del saqueo. - Dijo Jauretche: “El gran problema argentino es el de la Inteligencia que no quiere entender que son las condiciones locales las que deben determinar el pensamiento político y económico (…) El nacionalismo de ustedes se parece al amor de un hijo junto a la tumba del padre; el nuestro, se parece al amor del padre junto a la cuna del hijo (…) Para ustedes la Nación se realizó y fue derogada; para nosotros, sigue naciendo.” El kirchnerismo fue sepulturero del Consenso de Washington en toda la región. Desde entonces, la capital argentina está en Buenos Aires, y tanto la política como la economía se deciden aquí. El pensamiento de nuestra élite económica y cultural, de carácter off shore, hoy está en crisis. Y nos va mejor. A todos. Incluso a esa élite, que se queja tanto. - Dijo Jauretche: “El que maneja el crédito maneja más la moneda que el que la emite. El que maneja el crédito maneja más el comercio de exportación e importación que el que compra y el que vende. El que maneja el crédito estimula determinadas formas de producción y debilita otras. El que maneja el crédito establece qué es lo que se ha de producir y qué no. Determina lo que puede y lo que no puede llegar al mercado con facilidades de venta; y maneja por consecuencia el consumo.” ¿Alguien leyó los fundamentos de la reforma a la Carta Orgánica del BCRA? Bueno, son casi un calco. - Dijo Jauretche: “La falsificación de la historia ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Mucha gente no entiende la necesidad del revisionismo porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la historia, destinada a privarnos de la experiencia que es la sabiduría madre (…) Será necesario otro momento histórico, un momento de revisión social e ideológico, que provoque la sugerencia de las fuerzas reales de la sociedad, para que se cree el ambiente propicio a repensar la historia, a comprender desde otro punto de vista las estructuras artificiales que se han creado, y para cuya subsistencia se hizo una historia también artificial.” El 21 de noviembre de 2011, la presidenta creó por decreto el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, presidido por Mario Pacho O’Donnell. Un dato al pasar, como quien no quiere la cosa: cuatro de los libros que encabezan el ranking de best seller en las librerías son de historiadores revisionistas que pertenecen a este instituto. Por último, los insistentes llamados de Cristina a la unidad nacional y el desafío a las corporaciones tiene raíces en otra sentencia jauretchiana: “Todos los sectores sociales deben estar unidos verticalmente por el destino común de la Nación (…) Se hace imposible pensar la política social sin una política nacional.” Jauretche murió el 25 de mayo de 1974. Sus ideas, que son las del forjismo radical, las del peronismo insurgente, las de los nacionales antiliberales de antaño, se mantuvieron latentes en sindicatos, sociedades de fomento, centros de estudio y otros grupos resistentes; y en algunos libros mayúsculos como Política nacional y revisionismo histórico (que la Secretaría de Cultura acaba de reeditar), Los profetas del odio, El medio pelo en la sociedad argentina y Manual de zonceras, que no estaban de moda, porque la moda de entonces era decir que la historia había muerto y hablar de Nación en la era de los McDonald’s no valía la pena. Casi 40 años después, las pasiones jauretchianas asoman en las palabras de Cristina y hoy son políticas de Estado. Como si hubiera sido finalmente recuperado del destierro. Con la sensación de que ya nada volverá a ser como era cuando Jauretche bostezaba su exilio en los últimos estantes de las librerías de usados, hay que convenir que vivimos un fenomenal cambio cultural, inimaginable hace una década. Del que somos testigos. Pero, sobre todo, protagonistas.

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Que no caiga el Paraguay - Por Mempo Giardinelli
OfftopicporAnónimo6/22/2012

Que no caiga el Paraguay Por Mempo Giardinelli En momentos en que nuestro país padece el embate de la ambición política camionera, para decirlo de algún modo, pareciera que la crisis que acaba de explotar en el Paraguay, o sea aquí al lado, no tiene mayor importancia. Y no es así. Porque igual que desde hace casi treinta años con todas las democracias sudamericanas, lo que sucede en cada país hermano nos está sucediendo también a nosotros. Aún tímidamente, y no sin contradicciones y retrocesos, el gobierno de Fernando Lugo viene significando un cambio más que interesante para el pueblo paraguayo, sometido por décadas a dictaduras atroces y a una violencia contumaz. Y acaso por eso mismo, por los pocos y tímidos cambios que ha realizado, es que se lo quiere derrocar. Como aquí, se busca abatir al gobierno democrático por sus virtudes, no por sus defectos. Es inusualmente grave la crisis política que se vive en estas horas en Asunción. El Parlamento paraguayo está plagado de personajes de dudosas capacidades y casi nulas virtudes, conjurados ahora en un ridículo juicio político al presidente Lugo. Paradójicamente, lo enjuicia uno de los poderes más deslegitimados de ese país (el otro es la Justicia), que en realidad intenta abortar el proceso democratizador iniciado en abril de 2008. Popularmente desprestigiado, el Parlamento guaraní no fue capaz de llevar adelante el juicio político a los ministros de la Corte Suprema, pero sí se atreve con Lugo, acusándolo absurdamente de ser causante y/o responsable de la reciente matanza en Curuguaty, una estancia del interior del país. Ese Parlamento se ha dedicado a recortar las ayudas sociales; rechazó el desbloqueo de las listas sábanas; obstaculizó la democratización de tierras fiscales; frenó la aplicación del Impuesto a la Renta Personal, y viene impidiendo los controles al uso de agrotóxicos en el campo. La matanza de campesinos y policías en Curuguaty hace una semana, aún no esclarecida, pero que de ninguna manera puede atribuirse a Lugo, es parte de la estrategia de los terratenientes paraguayos que se empeñan en impedir una mejor distribución de las tierras y las riquezas. Es difícil saber cuál será la salida a la crisis, pero es cuestión de horas, toda vez que a Lugo los parlamentarios le han dado apenas 24 para organizar su defensa. La cual ha asumido en una actitud valiente, pero que parece más romántica que eficaz. De ahí que algunos sectores democráticos propongan la urgente realización de un referéndum, para lo cual están llamando a que el pueblo se movilice y tome las calles para defender la democracia. Los golpistas del vecino país operan igual que nuestros destituyentes y también buscan modos de legitimarse apelando a mecanismos democráticos como, en este caso, el juicio político al presidente. Ya saldrán los que se escandalizan por el vocablo: que cómo hablar de golpe, que eso es exagerar... Pero igual que aquí en 2009, y en cierto modo como ahora mismo si la Argentina quedara cautiva de los camiones parados, los golpistas nunca llaman golpe a lo que hacen, pero el procedimiento es siempre el mismo: saben que les será imposible llegar al poder por vías democráticas, o sea mediante elecciones, y entonces esmerilan, fragotean en las sombras, desacreditan las instituciones republicanas y se acurrucan al amparo de los grandes medios de prensa, que siempre están del peor lado de la política. Ante semejante cuadro de situación, el gobierno argentino debería ponerse a la cabeza de la comunidad internacional para, sin desatender la crisis camionera local, defender a como dé lugar la todavía frágil democracia paraguaya. Y no sólo por solidaridad, sino también por autodefensa. Y es que si esto que sucede del otro lado del río que yo miro todos los días no es un golpe de Estado, entonces, por favor, que me digan qué es un golpe. Porque a las cosas por su nombre, allá como aquí, que con los antidemocráticos nostálgicos de dictaduras y neoliberalismos feroces, y con los tontos suicidas que abundan tanto no se juega.

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La sensibilidad gorila - Por Eduardo Aliverti
OfftopicporAnónimo7/31/2012

La sensibilidad gorila Por Eduardo Aliverti Esta es una columna (muy) reiterativa sobre cierto aspecto de los tratamientos periodísticos y su incidencia social. La repetición no se refiere tanto a los hechos puntuales como al tipo de operatoria mediática en que se inscriben. Al autor, aunque sepa o crea entender de qué se trata, no deja de llamarle la atención que maniobras tan elementales continúen siendo un dispositivo enormemente confiable para los medios denominados “hegemónicos”. ¿Tendrán razón esos medios? Puede ser. ¿Será que, en vez de confianza, los guía el carácter de única movida a disposición de sus intereses? Puede ser. En los últimos días sobresale la reaparición del show de la inseguridad. Debiera suceder que sólo un retrasado mental pueda no darse cuenta de que el subibaja, en torno de ese asunto, responde al grado de ebullición de la temática política propiamente dicha. Mientras el pico de interés lo atravesaba el enfrentamiento oficial con Scioli y la expectativa frente al poder de fuego de Moyano, y un poco antes por las restricciones del acceso al dólar, fue virtualmente imposible encontrar en los grandes medios de la oposición referencias a episodios delictuales. “Sube” la política y la violencia urbana desaparece ipso facto de diarios, sumarios, boletines, flashes informativos. Es más: cuando sube la política –significando tal cosa que el Gobierno podría estar apremiado por adversarios físicos o factores económicos temporales– hasta se esfuma la recurrencia de machacar con la multiplicidad de piquetes. Es irrefutable que hay una vía estipulada para inducir al (buen o mal) humor popular. Y es más tarde cuando aparece el debate de si eso quiere decir que se pauta cómo piensa la gente o sólo de qué tiene que hablar. Una amplia encuesta nacional de circulación reservada, efectuada a mediados de este mes, señala que inflación, pobreza-miseria y salarios bajos son resaltados, como factor de preocupación, por casi el 50 por ciento de los argentinos. Sin embargo, la “economía” –esto es, la confianza final en cómo o quiénes conducen, sea por convicción o por default de las alternativas– es mencionada, con rango de inquietud, en menos del 8 por ciento de los consultados en todo el país. La ecuación permite trazar una analogía con la turbación por la inseguridad, y así también lo explica la muestra: con una oposición político-profesional inmóvil, quedan expuestos más fuertemente los conflictos internos del kirchnerismo/peronismo. Dicho en otras palabras y simplísimo concepto, se habla nada más que del oficialismo porque el resto no existe. Los medios opositores reman contra esa corriente, con artimañas que son igualmente lamentables y que alcanzan su cúspide en la protección al procesado Mauricio Macri. El jefe de Gobierno capitalino es un portento de inutilidad, como pocas veces se ha visto. El colega Luis Bruschtein lo estampó con precisión en su columna de este diario, hace un par de sábados. “Un político como Fernando de la Rúa hacía la plancha, se dejaba llevar por el plano inclinado, pero tenía buena prensa que le hacía fama de buen administrador. No hacía casi nada mientras la situación de los que tenían menos era cada vez peor. A De la Rúa le hicieron fama durante su desempeño en la Ciudad de Buenos Aires. Esa aureola de buen administrador le sirvió de plataforma para llegar a la Presidencia y, ya en ella, se dejó llevar por ese plano inclinado, como lo había hecho antes. Siempre fue el mismo, tanto el de la supuesta eficiencia en el gobierno porteño como el que después no encontraba la puerta para salir del estudio de Tinelli. El mismo que no pudo encontrar la puerta para salir de la crisis.” Macri está en eso, aunque los medios de comunicación que le son adictos, bien antes por necesidad de apostar a lo que sea, contra los K, que por la seducción ejercida por un vago, se empeñen en lo contrario. Rechaza hacerse cargo de los subtes si Nación no se los da con todas las refacciones concluidas. Rechaza pagar la cuenta de la luz porque la quiere con subsidio. Rechaza hacerse cargo de la basura que le manda al conurbano. Lindo liberal, Macri. Con esa estela de que papá me pague todo, para que yo después administre. Se supone que –a la hora, entre otras, de elegir cargos ejecutivos– la gente, o mucha gente, hace cuentas más totales que parciales. De hecho, Cristina, o este modelo, o esta forma de ejercer el poder a contramano de las recetas neoliberales, vienen de sacar más del 55 por ciento de los votos. Antes de que eso ocurriera, y antes de que en las primarias de hace apenas un año conquistara un porcentaje menor, las operaciones y manipulaciones de prensa en contra del Gobierno eran tanto o más furibundas que en el presente. Muchas, precisamente, se basaron en ese drama de la “inseguridad” que la prensa hace aparecer y extinguir, de sus grandes letreros, como si durante un período pudiéramos ser México, al siguiente Suiza, después algún bajo fondo del Este europeo y al rato Noruega. Otros manejos, a falta de candidato opositor destacado en quien depositar la dirección del efectismo, trabajaron –igual que ahora– lo que podría definirse como torsión de desgaste por el desgaste mismo. Es decir, perforemos y después veamos con qué y quiénes se sigue, mientras lo que siga no sea la yegua, sus montoneros reciclados y, sobre todo, la corrupción gubernamental. Esto, la corrupción, es particularmente interesante de abordar como capital simbólico de la oposición mediática y de la sensibilidad gorila. Si la cuestión pasa por lo concreto del perjuicio a los bolsillos pudientes y clasemedieros, no hay avería alguna. Durante el kirchnerismo los ricos son, por lo menos, tan igual de ricos como en cualquier parámetro epocal que quiera tomarse. Los bolsones de clase media que expresan el sentimiento más antiperonista, históricamente, tampoco pueden quejarse de su andar económico. ¿Qué es, entonces, lo que tanto los agobia? ¿De dónde procede semejante furia? Esos sectores, que fueron culo y calzón con los milicos, con el menemato, con la tablita cambiaria, con el uno a uno; esos especímenes a los que nunca les va mal, “salvo” si pierden de ganar demasiado o cuando quedan encerrados en corralones y corralitos que son el producto de las fiestas promovidas o aceptadas por ellos, ¿de qué corrupción se indignan? Así fuera que el kirchnerismo deja muchos flancos sospechosos en el mando de los fondos públicos, ¿con cuál autoridad moral vienen a escandalizarse? Debe decirse, ya para cansarse, que la cólera de esos tilingos se debe mucho más a la amenaza percibida, en torno de sus fortunas patéticas, que a las acechanzas reales. No debería poder creerse que procesistas, menemistas, macristas y habitantes por el estilo del zoológico de la salvación individual vengan a gemir por el autoritarismo de Guillermo Moreno, las dudas sobre Boudou-Ciccone o el uso de la plata de los jubilados para hacer caja distributiva. Los gangsters ideológicos y operativos del curro monumental de las AFJP llaman a conmoverse por el uso de los fondos previsionales. Los apropiadores de Papel Prensa se plantan en atalayas moralistas. Los traficantes corporativos, que se valieron de las prebendas del Estado para concretar negocios descomunales, acusan al Gobierno de practicar capitalismo de amigotes. Quienes compran ese discurso de los pretendientes a periodismo franciscano, ¿se lo creen? El firmante piensa que sí. No está seguro de que en el fondo de los fondos no se dejen lugar para dudas; pero sí que, en caso de habérseles suscitado alguna, la apartan y subsumen en convencerse de que están verdaderamente jodidos. El síndrome de vanidad podría ser una explicación. Sectores medios, imbuidos de odio de clase y temor por la pérdida de sus privilegios, se construyen una amenaza que la prensa retroalimenta. En consecuencia, y según lo demuestra, entre tantos signos, la pavura por el control cambiario entre quienes se relacionan con el dólar a partir de espectáculos ajenos (para no hablar directamente de los que no vieron un dólar en toda su vida), hay una obra de ficción en la que se regodean sus fantasmas. La política y las relaciones sociales se desarrollan con hechos específicos. Pero también con imaginaciones.

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Caras y caretas - Por Eduardo Aliverti
OfftopicporAnónimo8/6/2012

Caras y caretas Por Eduardo Aliverti Tan apenas el fin prácticamente oficial del corralón, gracias al pago de los dichosos Boden 2012, fue capaz de ponerle algún coto a la artillería que desde el domingo anterior había desplegado el batallón del Todo Negativo. Un freno que duró poco. Enseguida se las compusieron para reinventar peripecias, agresión, persecuciones. Sin embargo, aquél es un buen punto para empezar. Tal vez sea lo más significativo de los últimos tiempos, en torno a contradicciones del establishment mediático que explican aun mejor su rol militante. Los más de dos mil millones de dólares que se pagaron corresponden al título entregado a los ahorristas cuando, en 2001, se confiscaron sus depósitos en dólares. La contabilidad fiscal cierra una etapa trágica, de la que se salió con recetas completamente inversas a la ortodoxia liberal. Sólo los desmemoriados pertinaces necesitan que les abunden sobre eso. Hace diez años, Argentina debía, a los acreedores privados en moneda extranjera, el equivalente a más del 90 por ciento de su volumen económico. Hoy, los compromisos con esos tenedores no llegan al 10 por ciento del PBI. Fácil. El terreno de las grandes cifras monetarias es habitual pero no necesariamente farragoso. Suele mostrárselo así para que “la gente” abandone los deseos de comprender. La sabiduría queda entonces en las bocas monopólicas de los especialistas, dedicados a contarnos lo buenos que son para las mayorías los planes de ajuste. El certamen, cotidiano, de hallarle el pelo a cuanto huevo sea posible consiste ahora en que la mayor parte de lo pagado tiene unas vueltas por las cuales no cabe esperar grandes efectos en la economía local. Lo extraordinario de esto –por poner un adjetivo convencional, ya que se agotaron todos– pasa por la desfachatez de ni siquiera valorar un gesto semejante. Argentina honra una deuda formidable, mediante un hecho entroncado en la quintaesencia que los centros operativos de la derecha viven reclamándole al Gobierno: no se aísle del “mundo”, demuestre seriedad, hay que atraer inversiones, falta calidad institucional, necesitamos seguridad jurídica. Y Argentina va, paga, clausura formalmente una de las secuelas del default más grande de la historia pero resulta que no, que no alcanza, que no sirve, que es poco menos que pura demagogia al servicio del relato oficial. Dejando de lado los recovecos que puedan hallársele a haber satisfecho tamaña obligación pública, ¿son honestas esas críticas? ¿Puede la derecha correr por izquierda? Porque todo bien, o bien lógico, si se arremete contra el pago de deuda desde, digamos, filas del Partido Obrero. Pero uno no está enterado de que la prensa tradicional haya mutado a trotskista. ¿Estos son los tipos que integran la patrulla de moralidad constitucional de la ciudadanía? Mientras tanto, repercutido casi solamente en los medios adscriptos al kirchnerismo y reduciéndose, por tanto, la apropiada dimensión del tema, Venezuela ingresó al Mercosur. Un hecho histórico, que nominalmente convierte al bloque en la quinta economía del mundo. Pasar de los números conceptuales a lo efectivo demandará tiempo y eficacia. Pero éste es otro avance enorme en el proceso que comenzó en Mar del Plata 2005, cuando por iniciativa central de Kirchner y Chávez se mandó el ALCA al carajo. Con Bush delante. Y con su cara asimilable a la de Mauricio en la Bolsa de Comercio, al escuchar a la Presidenta hablar de los que se chorearon la Argentina. Siendo justos, no habrá sido eso lo que motivó el rictus estreñido del jefe de Gobierno porteño. Ni tampoco la alusión a que, durante el kirchnerismo, los bancos y las grandes empresas ganaron más plata que nunca. Ni que eso aconteció bajo un gobierno “peroncho”. La inquietud del hijo de Franco habrá pasado, preferentemente, por cómo se hace para conjugar más de dos oraciones seguidas con precisión gramatical y sintáctica. Pero ése es un problema de él. Y de los medios que ya no saben cómo arreglárselas a fin de efectivizar su protección, de cara a encontrar algo, alguien, poco menos que cualquier cosa, para perforar una popularidad cristinista asentada en acciones concretas –buenas o malas– y no en correr invariablemente desde atrás. Venezuela entró al Mercosur. Quien tenga atributos de reposo intelectual apreciará ese acontecimiento como eventualmente categórico: fracasa la estrategia yanqui de aislar a Chávez, vence la perspectiva de unidad sudamericana, sigue perdiendo que el Imperio puede apropiarse así como así de una de las mayores cuencas petrolíferas del mundo, continúa ganando que el avance de la integración regional podría ser más potente que las amenazas de la Casa Blanca. Y quien no disponga de tranquilidad analítica para mensurar un episodio de esta naturaleza, puede regodearse con el denuncismo de comedias televisivas disfrazadas de periodismo investigativo. O con las burdas patrañas en torno de que mandan presos a ponerles número a actos oficiales. Un asunto que da para profundizar, y del cual no pueden ignorarse los mocos –sobre todo comunicacionales, para variar– que se manda el Gobierno al no establecer un comando unificado de su relato superador. La suerte de anarquía que rige a las usinas de comunicación oficiales les produce efectos como los de estos días. Una vocación militante conmovedora, y –llegado el caso– buenos intentos penitenciarios por “resocializar” convictos, dejan el flanco de que el quemador y asesino de Wanda Taddei aparezca alegremente en un acto cuyo rótulo de “cultural” hizo las delicias de los mastines mediáticos. Con una uña de frente, se advierte que estas artimañas de prensa pueden ser contrastadas con la sencilla pregunta de cuándo la oposición se ocupó de la situación de los presos, que de la noche a la mañana se convierte en una de las prioridades nacionales. Hasta en eso Clarín les marca la agenda. Pero es hora de tomar nota de que ignorar estos agujeros, como los de no emitir el programa de Lanata en algunas zonas de feudalismo o estupidez explícitos, hace comprar problemas al divinísimo botón. Pelotudeces de este tamaño le permiten a la opo-corpo una sobrevivencia efectista, que no debería ser agrandada ni minimizada en una sociedad cuyos anclajes fachos, gorilas y asustadizos conservan poder de fuego. En Brasil acaba de comenzar un megajuicio colectivo, acerca de lo que los medios de ese país denominaron el “mensalao”. Remite a hechos de corrupción que le costaron la cabeza a varios funcionarios de Lula. El Partido de los Trabajadores fue acusado de pagar una “mensualidad” a los parlamentarios propios, en canje por el apoyo a las iniciativas del gobierno. La oposición se hizo un picnic con el asunto, a través del invalorable apoyo de los medios. Como escribió el sociólogo Ariel Goldstein (Página/12, jueves pasado), fue a partir de esos sucesos que las denuncias de corruptelas se convirtieron en la principal bandera de campaña contra el oficialismo. Pero Lula ganó por robo (2006), con más del 60 por ciento de los votos. Y nada demasiado diferente parece que vaya a ocurrir en las elecciones municipales de octubre de este año, a pesar de que la oposición y su prensa independiente renueven la apuesta de que el juzgamiento incida en el resultado. “El pueblo brasileño parece haber sido ya contundente al expresar su rechazo a las candidaturas de oposición, constituidas, en forma exclusiva, sobre la base de denuncias de corrupción al PT. Deberían los líderes de la oposición brasileña tomar nota de ese aspecto y cuidarse, en este contexto, de no subirse nuevamente a una agenda mediática guiada –como ha señalado el comunicólogo Antonio Rubim– por la moralización de la política, si quieren preservar su autonomía y capacidad de disputar cierta representación a nivel nacional”, concluye Goldstein. Podría agregarse que el conjunto de la dirigencia opositora brasileña, y su dirección o apoyatura mediática, no son lo que se diría los más autorizados para erigirse como abecedarios moralistas de absolutamente nada. Eso, sin mella de que, además o antes, sus presuntas intenciones de misticismo casto son el reemplazo del vacío, total, en materia de ideas alternativas como programa de gobierno. Es decir: alternativas al neoliberalismo noventista. Por supuesto, sólo estamos hablando de Brasil.

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El mayor riesgo país sería creerles - Por Raúl Dellatorre
OfftopicporAnónimo5/21/2012

El mayor riesgo país sería creerles Por Raúl Dellatorre RAS LA EXPROPIACION DE YPF, LAS CALIFICADORAS LLEVARON EL INDICE RIESGO PAIS A MAS DE 1000 El mayor riesgo país sería creerles Los bonos en dólares son la herramienta utilizada por quienes buscan fugar dinero en forma clandestina. Imagen: Guadalupe Lombardo Un viejo fantasma volvió a la city y al escenario político. Mientras los bonos en dólares se pagan hasta un 30 por ciento por encima de su valor de rescate, las calificadoras le suben el riesgo país como si sus títulos de deuda fueran bonos basura. ¿Por qué? Por Raúl Dellatorre En las últimas semanas volvió a hablarse en los medios de un concepto que parece arrancado de la penosa historia política y económica de los ’90, “el riesgo país”. Y si reapareció, lógicamente, es porque se lo asoció a un alza que para algunos merecía convertirse en noticia: superó los 1000 puntos. Es decir que, a los ojos de “los inversores extranjeros”, el país vuelve a ser una plaza riesgosa, de improbable recuperación de la inversión, y más aún de los créditos que se le otorgaran. ¿Cuánto tiene que ver esa sensación transmitida por las calificadoras y los medios con la realidad económica del país? ¿Cuánto tiene que ver la intencionalidad de quienes buscan obstaculizar determinadas acciones del Gobierno para cambiar reglas de juego aún vigentes desde la época de la convertibilidad? En definitiva, volver a hablar del riesgo país elevado, ¿significa que el país volvió al pasado o que volvieron al escenario los actores que antes agitaban esos mismos fantasmas? La reaparición de este viejo y conocido fantasma está rodeada, como no podía ser de otro modo, de misterios. El primero tiene que ver con su propia génesis. El nivel de “riesgo” que le corresponde a cada país tiene que ver con el diferencial de tasas entre un título de deuda pública de “riesgo cero” (de cobrabilidad absolutamente segura) y la tasa que se le asigna al país que se está buscando “medir”. El bono de riesgo cero está definido por convención: es el título de la deuda de largo plazo de la Reserva Federal de Estados Unidos. Es el organismo encargado de imprimir los dólares, por lo cual el incumplimiento de compromisos de pago en esa moneda resulta inverosímil, casi imposible. Casi, porque el año pasado Estados Unidos estuvo a punto de declararse en default porque el Congreso no le autorizaba a seguir endeudándose y la emisión de dólares (para capitalizar a bancos defondados durante la crisis) ya había llegado a un límite intolerable. A pesar de las circunstancias, el bono de deuda de la Fed sigue siendo el considerado de riesgo cero. Como medida para contrarrestar la crisis, la tasa de ese bono está en uno de sus más bajos niveles históricos, en el 0,5 por ciento anual (medio punto de interés al año, 50 centavos de dólar por cada 100 dólares prestados). Es un dato cierto, exacto, público. En cambio, la tasa que se le asigna al país al que se le “mide” el riesgo es mucho menos preciso. Para eso están las grandes consultoras, como Standard and Poors y Moody’s, que dirán cuál es el riesgo de cada país en función del valor de mercado de sus bonos de deuda, pero también ponderando la “solvencia” macroeconómica y la de su gobierno, la “voluntad” de pago de su deuda y “la capacidad potencial de generar divisas”. Entre los numerosos bonos de deuda soberana que emite Argentina, se toman los que pagan el vencimiento en valor dólar para compararlo internacionalmente. Cuando un país está en crisis y hay una fuerte presunción de que no va a pagar su deuda, estos bonos caen a un valor irrisorio porque es como una brasa caliente, que nadie quiere tener en sus manos cuando se declare el default. Un especulador lo podría tomar a la mitad de su valor sólo porque se arriesga a que, si se cobra, recibirá el doble de lo que invirtió (100 por ciento de ganancia). Ese diferencial entre la renta reclamada para aceptar el bono y la que paga un bono seguro (el de Estados Unidos) es lo que se denomina “riesgo país”. Hasta aquí, todo bastante razonable y técnico. Cuando Argentina hacia fines de los ’90 era visto como país caminando por el desfiladero y con los ojos vendados, los bonos de deuda soberana se ofrecían por monedas, por al altísimo riesgo de default, y el “riesgo país” trepaba a 2000, 3000 o más puntos. Quienes preveían el default no se equivocaron: ocurrió en 2002. Pero hoy, sin la trampa de la convertibilidad, Argentina cumple sus compromisos y los bonos, curiosidad del destino, cotizan en el país con un “premio” del 20 o el 30 por ciento del valor nominal de rescate: entre 5,40 y 5,80 pesos por dólar nominal. Si el riesgo país se tomara en función de este valor del mercado local (Buenos Aires), hoy resultaría negativo: el inversor está comprando a 5,40 lo que el Gobierno promete pagar 4,47 más un 7 por ciento anual. ¿Qué pasa con esos mismos títulos, por caso el Boden 2017, denominado en dólares, en el mercado de Nueva York? Hasta hace un mes, se llegó a pagar (en dólares) hasta un 8 o un 9 por ciento por encima de la par (por encima del valor de rescate que ofrecía el Gobierno). Conforme a ese parámetro, al menos, el bono argentino resultaba para el inversor más seguro o confiable que el bono estadounidense. Nadie habló entonces –las consultoras, menos– de un riesgo país cero o negativo para Argentina. ¿Cómo es posible que, en menos de un mes, el tema se convirtiera en noticia, pero justamente en el sentido contrario? Es sabido que en Buenos Aires estos bonos denominados en dólares están siendo utilizados por quienes pretenden transferir dinero sin declararlo al exterior, mediante una operación que la jerga financiera llama “contado con liqui” (por “operación local al contado con liquidación en el exterior”): compra del título en pesos acá y venta del mismo título inmediata en el exterior para su cobro en dólares. Como esa fuga de divisas no se puede declarar, quien la hace no puede comprar los dólares en el mercado formal, y está dispuesto a pagar una diferencia porque seguramente será más lo que gane por sacar del país lo que obtuvo con malas artes. Eso justifica el alto precio local de los bonos en dólares. Mientras tanto, lo que sucedió en el exterior (Nueva York) fue que los Boden 2017 empezaron a bajar de precio y en pocas semanas pasaron de cotizarse 8 por ciento sobre la par a un valor del 15 por ciento de descuento respecto de su valor nominal. La regla dice: baja el precio de mercado del bono, sube el riesgo país. El inversor extranjero reclama un precio mayor por “prestarle” al Gobierno (comprar un título de deuda). En este caso, paga 85 en vez de 100 (el mencionado 15 por ciento de descuento de la cotización) para obtener un interés del 7 por ciento. Es decir, está reclamando una tasa de retorno tres veces mayor. ¿Eso es equivalente a una suba del riesgo país a un índice 1000? Para nada, es una caída de la calificación totalmente desproporcionada respecto de lo que reflejan los mercados. Pero entre ambos “castigos”, el del mercado y el de las calificadoras, hay más de un punto de contacto. Hay un dato objetivo: el valor de los bonos argentinos en Nueva York empezó a caer a partir de que se conoció la decisión del Gobierno de recuperar YPF, enviando al Congreso el proyecto de expropiaciones de acciones en propiedad de Repsol. Menos certero resulta indicar por qué cayeron los bonos, si fue por percepción de mayor riesgo de parte de los inversores, o por un manejo intencional de algún sector económico-financiero que tiró abajo el precio para sancionar la decisión del Gobierno. El mercado de bonos argentinos en Nueva York es muy reducido y todo es posible. El otro dato objetivo es que las calificadoras reaccionaron inmediatamente a estos movimientos y comenzaron a subir el índice de riesgo país, pero de modo más acelerado o amplificado respecto de lo que se observaba en el mercado. Otra vez el mismo interrogante respecto de las motivaciones: ¿fue por percepción de que empeoraban las condiciones generales para la inversión en Argentina o fue una acción concertada con grupos económico-financieros con intenciones políticas? Con los antecedentes de estas consultoras internacionales, también todo es posible. Estos son los sucesos que escoltan el reingreso del riesgo país en el escenario. Un escenario en el que predomina la disputa entre los grupos financieros aún dominantes en la economía mundial (pero en crisis) y gobiernos que buscan quitarse de encima las restricciones impuestas con el neoliberalismo. El riesgo país es una de las herramientas con las que se ejerció el dominio sobre las políticas económicas de los países dependientes, condicionando lo que podrían o no hacer en función del “humor de los mercados”. En la actualidad, por propia voluntad, el gobierno nacional no toma crédito en el mercado financiero mundial, por lo cual la suba del “riesgo país” no encarece, como en los ’80 y los ’90, el costo que paga por endeudarse. Es más una sanción política que económica, que tendrá mayor o menor peso en función de la legitimidad que se conceda a las calificadoras que determinan ese riesgo país. Nosotros, los más riesgosos Cuando el último miércoles el índice de riesgo país de Argentina trepó a 1103 puntos básicos, se ubicó al tope del “ranking” latinoamericano. Sólo Venezuela le seguía de cerca, con una calificación de 1073 puntos. Ecuador quedaba en tercer lugar con 860. Por recursos y posición de comercio exterior, ni la abundancia de petróleo en Venezuela ni el excedente que le genera a la Argentina la exportación del complejo sojero, deberían poner en duda la capacidad de uno y otro país para cumplir con sus compromisos. En materia de estabilidad monetaria, una economía dolarizada como la de Ecuador tampoco debería ceder el más mínimo espacio de sospecha respecto del cumplimiento de sus compromisos monetarios. Y sin embargo, son los peor calificados, “los más riesgosos”.

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Los sofistas de la prensa - Por Alejandro Horowicz
OfftopicporAnónimo2/4/2013

Los sofistas de la prensa Por Alejandro Horowicz Un libro es un cementerio grande en el que no pueden leerse los nombres de la mayor parte de sus tumbas. Marcel Proust, El tiempo recobrado. Antes que la aldea mediática global dictara los nuevos términos del debate político, mientras todavía Carlos Marx se preguntaba cómo hubiera sido la "campaña de prensa" del apóstol Pablo, en Roma, con los instrumentos de la imprenta de Gutemberg, los editores gráficos ya sabíamos que una fotografía equivalía a 1000 palabras. Es decir, que una foto sustituye perfectamente un editorial, con una ventaja: contiene una verdad material incontestable, la objetividad maquinizada, cuasi un "hecho". ¿Dejó de ser así? Todavía hoy poner una foto en tapa sigue siendo un argumento fuerte. Y como los diarios comerciales utilizan textos cada vez más cortos, simples de digerir, sin demasiada sofisticación conceptual, la tendencia a reforzar el peso de la imagen se ha tonificado. La supuesta foto del comandante Hugo Chávez, en la portada del matutino español El País, ilustra adecuadamente este punto de vista. Claro que el "argumento" contiene un elemento reversible: fuerte a favor y fuertísimo en contra. Tan es así que el editor responsable del diario madrileño se vio obligado a retirar la tirada del kiosco, no bien supo que la foto no correspondía al detestado presidente "populista" venezolano. Pero ese comportamiento en lugar de morigerar el efecto "tapa en contra" terminó potenciándolo. Al menos en el exterior, frente a lectores más o menos desprevenidos. Vale la pena preguntarse las razones: ¿por qué la dirección retiró el diario de circulación, y por qué retirarlo no alcanzó para restablecer el "efecto seriedad" que con tanto ahínco defiende la prensa comercial conservadora en todas partes? El editor reconoce un "error", no se trata del fotograma de un video sobre Chávez, el hombre entubado sólo se le parece vagamente, y como de ningún modo el diario miente, y menos aun tergiversa (esa es la idea que gobierna ese comportamiento), el editor se hace cargo, corre con los gastos de retirar miles de ejemplares de los puntos de venta, y reemplazarlos con la "verdad" impoluta. Como el error es humano (¿quién no los comete?), el reconocimiento voluntario de haberlo cometido debiera preservar la seriedad de la línea editorial; es cierto que el editor puede equivocarse, pero no bien lo sabe no vacila en admitirlo; y una vez que "la verdad" llegó a la mesa de noticias de la redacción, la "verdad" también arriba a las manos de sus lectores. Ese fue el intento de El País y debemos admitir que no funcionó. Fui invitado a 678, programa que emite la televisión pública, el 24 de enero pasado y allí se abordó en caliente el "affaire" Chávez. Sostuve que si la foto publicada fuera verdadera el problema no cambiaba un ápice. La idea de poner en tapa un hombre peleando por su vida, violentando su intimidad hasta un punto infrahumano, constituye un acto de sadismo sin límite. Por tanto, al publicar la foto El País habla de la línea carroñera del editor más que del comandante venezolano. No lo dije en 678, pero se trata de un comportamiento perfectamente parangonable a registrar en vivo el asesinato de Osama Bin Laden por parte de la televisión norteamericana, en presencia del presidente Barak Obama y su gabinete. En un caso emerge el deseo de ver morir a Chávez (sustitución de las ejecuciones públicas del reo en la Plaza durante los siglos XVII y XVIII), y el otro permite aclarar que cuando se dispone de suficiente poder se puede llevar el deseo homicida hasta sus últimas consecuencias, hasta el acto y más allá. Entonces, como El País no puede asesinar a Chávez, como los poderes que refracta no están en condiciones de eliminarlo de la realidad, "regala" a sus lectores el fantasioso placer de presenciar, disfrutar su hipotética agonía. Y como los lectores no son necesariamente imbéciles insensibles, incluso los antagonistas políticos del presidente sienten el profundo malestar por tener que "compartir" las presuposiciones canallas del medio. El País vendió en tapa la muerte de Chávez como fiesta, y solo retiró la edición cuando supo que el fetiche fotográfico del mandatario no se correspondía con su cuerpo real. Y aun entonces, intentó justificar su "error": dificultad para chequear la veracidad de la información con motivo del hermetismo totalitario del gobierno cubano. Vale decir, que si la foto fuera verdadera el miserable festejo no se hubiera detenido. No se trata entonces del asesinato de la "verdad objetiva", como sostuvo incorrectamente José Pablo Feinmann en Página/12, sino de la verdad del asesinato simbólico. Que un diario del país donde el generalísimo Franco murió durante semanas, recordemos el terrible año '75, en la tapa de todos los diarios de una sociedad que ni siquiera hoy puede permitirse el derecho democrático a identificar los cuerpos de los caídos y asesinados de una guerra civil que culminó en 1939 ( por defender el derecho a la nominación de los muertos fue recientemente destituido el juez Garzón ), que un diario de semejante sociedad intente livianamente justificar un comportamiento tan reñido con cualquier versión de la ética republicana solo puede dejarnos anonadados. Sin embargo, la tradición que contiene sus principios, cuando hurgueteamos apenas un tanto así, emerge nítida: pesadas capas de franquismo nauseoso. La muerte del generalísimo no cambió sustantivamente un orden político basado en la inexistencia de la ciudadanía política. En España había súbditos, como proclamaba la derecha más troglodita de Europa, que no tenían y ¿no tienen? la menor intención de reclamar para sí la descompuesta igualdad democrática. No somos iguales, aullaban jactanciosos bajo la advocación de José Antonio Primo de Rivera. Y esa no era ni siquiera entonces una novedad. Mientras la Revolución del '48 sacudía a la Europa del siglo XIX, Donoso Cortés explicaba con el tono que tanto fascinaba a Carl Schmitt que sólo el maridaje entre las sotanas y los fusiles, entre la Iglesia romana y los oficiales monárquicos, sería capaz de detener la amenaza roja. Esa es la tradición de la España profunda, no es la única por cierto, pero esa es la que El País –lo calle o lo acepte– reconoce como propia. La crisis española no solo golpea estadísticamente con millones de desocupados, una sociedad al borde de la desesperación se pregunta por cómo se sale del atolladero. La respuesta está estrechamente vinculada a la desaparición política de Mariano Rajoy, y no se trata por cierto del cobro de corruptos sobresueldos a cambio de "favores". Una derecha paleolítica no sólo no puede enfrentar las recetas de Angela Merkel y la bancocracia europea, ya que en el fondo siempre las compartió. Rajoy ganó las elecciones con las banderas del ajuste. Y Hugo Chávez sintetiza la posibilidad de abrevar en otros pastos, de considerar otras posibilidades distintas que el recorte del gasto público a perpetuidad. El País no festeja inocentemente su muerte. Intenta vacunar a los españoles contra toda tendencia heterodoxa, hacerles saber que ni siquiera el hambre física debe hacerlos cambiar de opinión, y la "metáfora" de la muerte cobra todo su sentido. Cuando las diferencias políticas llevan a la guerra total, cuando el exterminio del otro se vuelve una medida legítima y por tanto razonable, se publican semejantes fotos. Ni siquiera "viva el cáncer", que pintaba el odio gorila contra Eva Duarte de Perón, equivalió a tanto. En un caso festejar la muerte de una mujer que desde abajo llega tan arriba impulsada por el amor de sus "grasitas" no era más que una devolución en espejo. En este caso se trata de evitar que la resolución de la crisis europea se haga considerando otro interés que el de los grandes grupos financieros. Eso es todo lo que defiende el diario español y lo demás sólo son anécdotas circunstanciales.

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La marcha mediática - Por Eduardo Aliverti
OfftopicporAnónimo2/4/2013

La marcha mediática Por Eduardo Aliverti En parte, quizá se deba a que el verano no suele ser el mejor período para encontrar informaciones políticas destacadas y, en consecuencia, la propensión a inventar o manipular es mayor. Pero también juega que la lucha en ese terreno persiste desembozada, cruel, con intensidad creciente. Por las causas que fueren, enero tuvo mucho de muestrario en torno de cómo convertir al ejercicio profesional del periodismo en un campo de maniobras que prioriza la falsedad y el ocultamiento como (eventual) beneficio de sector. Ya no sólo con forma de noticia puntual, sino como temática global instalada de modo repentino, la provincia de Santa Fe y la ciudad de Rosario en particular surgieron a la consideración pública cual antros de desarrollo del narcotráfico y violencia imparable. Primero había sido el jefe de policía provincial, acusado de proteger narcos, para sumarse ahora los ataques de esa procedencia contra militantes sociales y, después, la casi inverosímil secuencia de atentados entre hinchas de Central y Newell’s que derivó en la suspensión del partido amistoso entre ambos. Como lo definió Luis Bruschtein en este diario, hace dos sábados, “con la secuencia de un thriller, se proyectó hacia el país un Rosario poco conocido”. Sin embargo, tal lo reseñado por el mismo colega, Santa Fe triplica la media nacional de homicidios dolosos; es mucho más alta allí que en distritos similares –como Córdoba– y, en comparación, ese índice es aún más elevado en Santa Fe que en Rosario. Eso no es circunstancial. Proviene de hace rato. Y a la pregunta obvia de por qué, si esos indicadores de delito y violencia rosarinos son tan elocuentes, las grandes manifestaciones no se producían allí sino en territorio porteño y bonaerense, Bruschtein responde con una ¿obviedad? no menos necesaria: porque hay diferente visibilidad de la problemática. Al revés que aquí, “en Rosario estaba prácticamente ensordinada (...) Los que hacen más o menos visible un problema como éste son los grandes medios. Mientras que en Rosario no le dieron importancia, y por tanto lo mantuvieron invisible para el plano nacional, en contrapartida amplificaron al problema (en Capital y provincia de Buenos Aires). La presencia permanente de móviles de noticieros de canales de aire y cable en estas situaciones, al punto a veces de convertirse en verdaderos convocantes de las marchas; la insistencia en buscar a los familiares para reproducir las declaraciones más lógicamente violentas y desgarradoras, más la repetición día tras día de estas escenas, conforman una estrategia de amplificación de estos hechos (...) Estrategias político-mediáticas que exceden al reflejo de buscar lo escabroso”. Cabe aquí el paréntesis ad hoc de lo perpetrado hace unas semanas por la señal TN, cuando presentó como noticia de último momento el secuestro de un empresario ocurrido hace cinco años. No otra cosa que el abundar en la teoría o definición Argibay (Carmen, jueza de la Corte Suprema): uno se levanta a la mañana; prende la radio; escucha sobre un asesinato; convive todo el día con los detalles y especulaciones que se hacen sin pausa sobre ese crimen; llega la noche; enciende la tele; el machacar de los medios ya le hizo pensar que hubo cien asesinatos y no registra, o no le interesa, caer en la cuenta de que siguen hablando del mismo asesinato de la mañana. Por cierto que no se trata de elevar lo que se llama “inseguridad” al mero rango de sensación. Pero tampoco de ignorar dos aspectos complementarios que sólo la vagancia intelectual o el resentimiento de clase –son lo mismo, al cabo– impiden ver: el papel que juegan los medios en la construcción de imaginario y, antes o después, el hecho de que esos medios continúan siendo la comandancia política de la oposición. Igual de cierto es que no deben adjudicársele al gobierno santafesino responsabilidades o culpabilidad exclusivas, frente a un escenario complejísimo de alcances poco menos que universales. E igualmente veraz es que, por el hecho de estar esa administración en manos opositoras al gobierno nacional, goza de una protección mediática enorme en la prensa de llegada masiva. La misma que ampara a Macri cuando oculta su condición de procesado. O la que se expresa también por su silencio, a favor del alcalde porteño, al ignorar toda semblanza informativa que pueda perjudicarlo en todo terreno. Nada de lo antedicho significa relativizar lo enmarañado que es tomar decisiones ante el desafío de gestionar grandes urbes, por fuera de reales o eventuales intenciones de enriquecimiento ilícito. Se apunta simplemente a reparar en la diferencia de trato periodístico que reciben los unos y los otros, gracias a una jefatura mediática que no lo es de sí misma sino de quienes aspiran –o eso dicen– a reemplazar el modelo vigente. Las operaciones de prensa, que ahora alternan su presión entre Scioli y Massa para terminar de decidirlos a salirse de la órbita kirchnerista, son la táctica-madre de la coyuntura frente a la comprobación de que Macri no tiene ni cuadros ni vocación de trabajo. No es cuestión de que por cuitas de esta especie se desatiendan los episodios de corruptela e impericia que involucran al gobierno de Cristina. Pero veamos, en cualquier orden: el vicepresidente Boudou es tapa casi todos los días por el affaire de Ciccone y la Justicia sigue su marcha; Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi, tanto como los “kirchneristas” hermanos Cirigliano, tienen graves complicaciones judiciales por la tragedia de Once; Felisa Miceli está condenada por la bolsa de plata en su despacho; la familia, “corpo”, entramado judicial, o como quiera llamársele, tiene detenida la aplicación de la ley de medios desde su sanción, hace más de tres años; se aplicó un freno que pinta similar a la expropiación del predio de la Rural en Palermo. Insistamos en que esta dictadura que avasalla las instituciones de la República no parece tener demasiado de impune o en que, a lo sumo, es tan singular como lo que los medios –o el grupo de medios dominante– ocultan en torno de sus preferidos. O con más precisión, optados y despreciados. Héctor Magnetto lo confesó ante sus íntimos tras aquella fracasada reunión en su casa, al convocarlos para que se pusieran de acuerdo: con éstos no se puede armar ni una murga suplente. Esta hinchada mediática es la que promueve hablar de un “rodrigazo”, como se conoce al bestial ajuste producido en 1975 durante el gobierno de Isabel Perón, en curiosa coincidencia con el comienzo de las paritarias. Es la que directamente fantaseó el disgustado retiro de una familiar de víctima del atentado a la AMIA en la reunión con el canciller Timerman, que la propia citada debió desmentir. Es la que resalta al grasulín del Promidachi como un tipo que sabe aceptar errores, tras haberle endilgado a la Presidenta el biotipo de vieja-chota-hija de puta (conste que el tipo dijo lo que auténticamente piensa: no es que se arrepintió de eso, sino de haberlo dicho. El video del momento en que lo dijo, junto con su contexto de guarangadas patéticas, tiene una fortaleza indesmentible). Esta hinchada mediática, cuyas ocurrencias se limitan al denuesto del enemigo, es la que necesita aferrarse a un Darín, a un Pinti, a un Campanella, o a la dispensa a Del Sel, como tablas de salvación efectista. Es la que en un título representó a Milagro Sala de impúdicas vacaciones en Cariló, siendo que la misma nota describía que estaba en Mar Azul. La diferencia sustantiva entre esta clase de periodismo y la que alguna vez se conoció no es la neutralidad, que no se conoció jamás. Es la impudicia. Las “fe de erratas” desaparecieron, y no solamente respecto de papelones provenientes de intencionalidad política. Clarín epigrafió la fotografía de Cristina junto a los hermanos Castro, sindicando a nuestra secretaria de Comercio Exterior como la esposa de Fidel. Para el diario fue un dale que va, capaz de reforzar el significado que twiteó la Presidenta: como Raúl Castro tiene bigotes podrían haberlo confundido con Guillermo Moreno, y lo mismo les daba. En estas cosas tienen razón los que hablan de la muerte del periodismo, aunque nunca deba ser cosa de renunciar a ejercerlo con honestidad intelectual. Una lástima, y una inconveniencia, tener que dedicarse a estas andanzas mediáticas. Por los hechos en sí, y porque uno carga en ellos la energía que de pronto no consagra a los que deberían importar más. El dólar blue o ilegal está atravesando un techo que impone el interrogante de si lo que se protege por algún lado (el cuidado de divisas) no se escapa por algún otro (la caída en los índices de la construcción, sin abundar). Los cortes de luz son insoportables y las explicaciones oficiales brillan por su ausencia. Seguramente, todo podría justificarse –para estar de acuerdo o no–, pero el Gobierno no lo hace porque la estupidez y la mala intención opositora invitan a concentrarse en eso y punto. Uno, como comentarista, comete el mismo error. O acaso no lo sea o lo sea parcialmente, en tanto razones dialécticas ya simbolizadas en el adagio de que, por más que se quiera ser antikirchnerista, los antikirchneristas no te dejan.

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