
Hemos estado sacudidos por este acto criminal a gran escala en Noruega llevado a cabo por un fanático psicópata alimentado con una mezcla explosiva de falso cristianismo, falsa idea de comunismo, odio racial y nacionalismo. Como el árbol del fanatismo tiene una raíz profunda y muchas ramas con venenosos frutos criminales es urgente analizar en profundidad como peligro público mundial, sea cual sea la excusa ideológica que utilizan los fanáticos para justificarse.
No tenemos que mirar muy lejos ni muy profundo para tener claro que el capitalismo en cualquiera de sus variadas formas de opresión y explotación laboral, personal o doméstica se encuentra relacionado con la explotación insostenible de recursos, el machismo, la sumisión, el deterioro medioambiental, el cambio climático y las políticas que acompañan y justifican sus actuaciones. En todo caso, este sistema con todas sus derivaciones es todo lo contrario a justicia, equilibrio, armonía, bienestar o amistad. Esto bien lo sabemos y bien lo sufrimos de una u otra manera aunque como conjunto humanidad hemos sido incapaces de dar este salto desde el individualismo o egocentrismo-, esta enfermedad del yo que alimenta el capitalismo y todas nuestras desventuras, – hasta el entendido cómo y se consuma por fin la derrota del individualismo por el individuo. Derrota que es posible tras una larga batalla interior que nos deberá fortalecer y guiar por los avatares de la vida cotidiana personal, laboral, social. Sólo expresarlo en términos espirituales, se trata del combate que libra el alma sobre sus tendencias inferiores. El objetivo de la liberación colectiva sólo será posiblecomo es natural, en la medida que cada uno seamos capaces de entregar lo que corresponda al bien general, una vez superado el egocentrismo, este “Yo” excluyente, y seamos capaces de exigir lo que en justicia nos debe. Por tanto, se trata de dar y recibir desde las leyes de la igualdad, la libertad, la unidad y la fraternidad, que son aspectos de la ley universal del amor. Sin amor no hay cambios ni personales ni sociales, y esto nunca ha sido negado por ningún pensador o líder social. Sin embargo, poco caso se les ha hecho a nivel mundial. Pero el comunismo basado en el amor, tuvo su primer momento hace dos mil años. Fue el comunismo cristiano originario, modelo de otros tipos de comunismo, como el practicado por los cristianos cátaros en el sur de Francia. De todos es sabido que la Iglesia, que renegó del cristianismo desde temprano, fue la eterna conspiradora contra todo comunismo y contra todo cristianismo que divulgara las enseñanzas de Jesús de Nazaret que no hubieran pasado por la “selección” de Jerónimo , el falsificador de las escrituras antiguas sobre Cristo y “fundador” de la Biblia. Esta fue muy bien aprovechada desde ahora para justificar todos los crímenes de la Iglesia y de los estados que se llamaron
Así que el comunismo fue practicado antes de que todos los revolucionarios sociales teorizar sobre él, ya que los primeros cristianos compartían sus bienes, no tenían jerarquías, vivían en comunidades, rechazaban ir a la guerra, estaban contra la esclavitud y se amaban como hermanos, como Jesús les enseñó. Estas ideas eran inasumibles por el Imperio y para la iglesia una vez jerarquizada, porque el amor era la clave, el hilo conductor, que se rompió por la posterior corrupción y abandono de las enseñanzas de Jesús llevadas a cabo por la institución Iglesia ahora paganizada y mundana fundada por unos cuantos embaucadores aliados con los emperadores del mundo desde Constantino. Y así hasta hoy, en que la Iglesia es la cara (IN) moral del cristianismo, el valedor “espiritual” del capitalismo y parte del mismo engranaje. Este engranaje tiene un nombre común: fanatismo. Y tras él, el canto triunfante del rey ego a quien todos los que viven en palacios adoran, postrándose siglo tras siglo a los más débiles ante los más fuertes y construyendo clanes, dinastías, naciones, imperios.
En economía, el fanatismo ha desembocado en neoliberalismo, y en las iglesias en el movimiento “neocon” auspiciado por el último representante jerárquico del aparato inquisidor. Su política común es siempre dominar, separar, ligar, y por ello busca la manera de recibir energía material y espiritual (en forma de bienes y ventajas materiales, y sumisión o veneración) de aquellos que se dejan influir y dominar a través de lo invisible hilo conductor de sus debilidades, ya que miles de millones envidian a quienes les dominan, envidian su poder – y los votantes y sus riquezas (y los imitan en la medida que pueden).
Ahora bien, la evolución-corrupción desde los primeros cristianos o desde aquel pequeño taller gremial hasta esta situación extrema donde se encuentran unidos en un frente único la explotación de los trabajadores, la explotación de la mujer, y los niños, y el dogmatismo de la teocracia eclesiástica, nunca fue posible sin violencia, sin miedo, sin envidia, sin toneladas de mentiras y sin codicia. No hacen falta muchos argumentos al observar nuestro mundo que está siendo conducido a situaciones límite en todos los campos, para concluir que esta situación extrema no es posible sin fanatismo, sin guerras y sin el extremismo de todo orden como método. ¿Cómo sería posible el neoliberalismo sin él? Como hubiera sido posible la existencia misma del Vaticano? El neoliberalismo, como el dogmatismo religioso y todo lo que gira a su alrededor, precisa fundamentarse en fórmulas extremistas. Necesita de la intolerancia y la persecución al disidente. Y necesitan cómplices, muchos cómplices, como capataces. Y víctimas, muchas víctimas que los crean y puedan caer en sus redes para servir todas sus vidas, y otras víctimas mortales para eliminar disidencias. Como vemos, el fanatismo siempre es reconocible, ya sea civil o religioso, intelectual o deportivo. Sus lemas cambian poco: “El otro tiene la culpa”, o “el otro es mi enemigo y tengo que destruirlo”, o “el otro es inferior por el color de la piel o su religión”. Principios similares produjeron las Cruzadas, la Inquisición, las guerras de religión en Europa, la guerra de Secesión norteamericana, la guerra ruso-japonesa, el fascismo, el estalinismo, el maoísmo, el fascinación franquismo, los jemeres rojos, las dos guerras mundiales, los golpes de estado en Chile, Argentina, las guerras imperialistas del capitalismo yanqui-europeo, la corrupción política generalizada, el acoso a los medios de expresión libres para el control de la prensa, el asesinato de periodistas o escritores, así como el presente golpe de estado mundial del capitalismo contra naciones y gobiernos más débiles a lo que llaman “crisis”. Y en eso estamos hasta que cambiemos nuestros programas personales y les sea imposible vivir entre nosotros, ya libres un día de egocentrismo-a todos los que dirigen el mundo y nosotros aún admiramos, imitamos, envidiamos o elegimos en las urnas. Y estos son los resultados