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Economia de Comunion - Chiara Lubich

Info8/8/2008
ECONOMIA DE COMUNION
“…a diferencia de la economía del consumista, basada en la cultura del tener, la Economía de Comunión es la economía del dar. Nos puede parecer difícil, arduo, heroico. Pero no es tal, porque el hombre, hecho a imagen de DIOS, que es amor, encuentra la propia realización precisamente en el amar, en el dar. Esta exigencia está en lo profundo de su ser, sea creyente o no creyente. Y precisamente en esta constatación, apoyada por nuestra experiencia, radica la esperanza de una difusión universal de la ECONOMIA DE COMUNION…”
CHIARA LUBICH - 1991
“…aumentar los medios y distribuir con mayor justicia las riquezas para que todos puedan participar equitativamente de los bienes de la creación. Hay que buscar soluciones a nivel mundial, instaurando una verdadera economía de comunión y de participación de bienes, tanto en el orden internacional como en el nacional. Este es el único camino que respeta la dignidad de las personas y de las familias, además de ser el auténtico patrimonio cultural de los pueblos…”
JUAN PABLO II. Encíclica Evangelium Vitae N 91
Economía de Comunión. Surgimiento.
Toda concepción económica es el resultado de una determinada cultura y de una cierta visión del hombre y del mundo. Por eso es importante primero indicar brevemente cuál es el soporte espiritual, la cultura, la visión del hombre y del mundo que sirven de marco y fondo a la Economía de Comunión.
En las últimas décadas se ha difundido en un estilo de vida, Practicado sobre todo por el Movimiento de los Focolares, que es expresión de una nueva cultura.
El Movimiento de los Focolares es de matriz cristiana y está animado por una espiritualidad personal y comunitaria al mismo tiempo: la espiritualidad de la unidad. Su visión del mundo es la de una fraternidad universal, donde los hombres se comportan como hermanos entre sí, con la esperanza de contribuir a un mundo más unido. En consecuencia, a todos sus miembros se les propone que pongan en práctica decididamente el amor. El amor cristiano a quienes comparten esta fe, o a quien tiene otra creencia religiosa: la benevolencia, que significa querer el bien de los demás, actitud que se encuentra en todos los libros sagrados y está presente también en las personas llamadas ¨laicas¨ que como todas, en su naturaleza, tienen la tendencia a relacionarse con los semejantes.
Así, surge de la experiencia concreta, que en cada persona, a pesar de sus debilidades y limitaciones, es connatural una cultura que tiende más al ´dar´ que al ´tener´, porque precisamente tiende a amar a los demás.
De éste modo en el Movimiento de los Focolares es típica la ¨cultura del dar¨ que, desde el comienzo, se concreta en una comunión de los bienes entre todos los miembros y en obras sociales también de relevancia.
El amor vivido por muchas personas se hace recíproco, y florece la solidaridad. Solidaridad que se mantiene siempre viva sólo si se apaga el egoísmo personal, afrontando las dificultades y sabiéndolas superar.

Este estilo de vida se ha concretado en el aspecto económico, en el proyecto ¨Economía de Comunión¨. Surge en el año 1991 durante una visita de la fundadora del Movimiento, Chiara Lubich, en Brasil. En la ciudad de San Pablo le impresionó profundamente el contraste social entre unos pocos que son inmensamente ricos y millones de pobres. Esta situación de necesidad también se presentaba en algunos miles de los 250.000 que en ese país adhieren al Movimiento y lo que se trataba de cubrir con la comunión de los bienes entre todos ellos no era suficiente. Como todas las inspiraciones de Dios, se puede resumir en pocas palabras, aunque si su contenido encierra un cambio de mentalidad, una nueva dirección en el actuar económico.
Chiara Lubich, frente a esta ¨ urgencia ¨ y estimulada por la Encíclica papal ¨Centesimus Annus¨ invita a todo el Movimiento a llevar adelante una comunión de bienes más amplia y propone – siempre en la libertad – llevar esta comunión de bienes a las estructuras productivas: incrementar los ingresos dando vida a empresas que, confiadas a personas competentes, capaces de hacerlas funcionar con eficiencia puedan obtener utilidades. La novedad radica en que De estas utilidades una parte serviría para ayudar a las personas que lo necesiten; otra parte se aplicaría en el desarrollo de estructuras para la formación de hombres y mujeres, motivados en su manera de actuar, por una ¨cultura del dar¨, ¨hombres nuevos¨ en el sentido del Nuevo Testamento, porque sin hombres nuevos no se hace una sociedad nueva; y también otra parte, se destinaría a la misma empresa, para su consolidación y crecimiento.

«La Economía de Comunión no es una actividad únicamente humana, un simple fruto de las ideas y los proyectos de hombres, por muy preparados que estén». Es una obra de Dios, «al menos en su espíritu y sus aspectos esenciales».

Cuatro son los puntos fundamentales. El primero, la finalidad: «Se esconde en su mismo nombre –explica Chiara–; es una economía que tiene que ver con la comunión entre los hombres y con las cosas... trabajar por la unidad y la fraternidad de todos los hombres como lo pide Jesús». Eso significa combatir la pobreza de los que forman parte de la familia de los Focolares, al menos para empezar.
¿A quién ayuda la Economía de Comunión? A mujeres y hombres «sonrientes, dignos, orgullosos de sentirse hijos de Dios. No tienen necesidad de todo, sino de algo. Por ejemplo, necesitan quitarse del alma el aguijón que los oprime noche y día. Necesitan estar seguros de que ellos y sus hijos tendrán algo que comer, de que los chicos podrán seguir estudiando».
En 1991, después del lanzamiento de la Economía de Comunión, se produjo una importante adhesión al proyecto: «Pusieron a disposición terrenos y edificios; hubo quien se despojó de lo que más quería, por ejemplo, joyas de familia; otros pensaron en los posibles sistemas para orientar sus empresas con fines a la Economía de Comunión». ¿Y cómo se alcanza este fin? Éste es el segundo punto. Se alcanza con una “cultura del dar”, una «cultura del amor, de ese amor evangélico tan profundo y comprometedor que es la palabra síntesis de toda la ley y los profetas». A diferencia de la economía consumista, que se basa en la cultura del tener, la Economía de Comunión es la economía del dar.
Tercer punto: la Economía de Comunión necesita basarse en “hombres nuevos” y formarlos. «Antes que nada –dice Chiara–, son laicos, esos laicos que hoy están viviendo un momento privilegiado». El Concilio Vaticano II y los nuevos movimientos en la Iglesia indican que «los laicos deben santificarse allí donde estén en medio del mundo, como obreros, empleados, maestros, políticos, economistas, amas de casa, etc. Y allí donde estén han de cristianizar los distintos ámbitos de la existencia humana». Por último, el cuarto punto: «Es urgente crear escuelas para empresarios, economistas, profesores y estudiantes de economía, para todo tipo de componentes de una empresa», para aprender lo que Chiara propone.
«Como emprendedores siempre arriesgamos –comenta un industrial de Turín–, así que es mejor hacerlo por Dios». Y un brasileño, titular de una empresa de construcción: «¿Hasta cuándo tendremos que oír que ojalá no hubiera pobres?».

¿Dónde está la novedad?
La Economía de Comunión nace de una espiritualidad de comunión, llevada a la práctica en la vida civil;
conjuga eficiencia y solidaridad;
apunta a la fuerza de la cultura del dar para cambiar los comportamientos económicos;
no considera a los pobres principalmente como un problema, sino como un valioso recurso.
Por una actuación económica de comunión
La pobreza y la riqueza extrema, la concentración del poder económico, la desfiguración de la naturaleza, la violencia, la infelicidad y la desarmonía que están a la vista de todos, obligan a poner seriamente en discusión la cultura económica hoy predominante que está detrás de las actuaciones de los ciudadanos, del modo de actuar de las empresas, de las actuaciones administrativas y del diseño de las instituciones.

Es una cultura que a menudo:
• Reduce las relaciones entre las personas a un intercambio interesado;
• Reduce las aspiraciones humanas a la búsqueda de un mayor beneficio;
• Reduce la sociedad a un espacio anónimo en el que se tiende a una afirmación del individuo, en la ilusión de una igualdad de oportunidades para las personas y los pueblos que es desmentida por los hechos.
Estamos convencidos de que:
• La persona, no obstante sus impulsos egoístas, se realiza en la comunión con los demás –es decir en el dar y en la apertura desinteresada al otro- que suscita la reciprocidad;
• La persona tiene necesidad de buscar en todas sus acciones significados que van mas allá de su valor instrumental;
• A fin de acoger y valorar adecuadamente a todos sus miembros –en la diversidad de sus aspiraciones y de sus recursos- la sociedad debe conjugar sin prejuicios ideológicos diferentes principios de organización, entre ellos el libre intercambio, la autoridad fundamentada en el consenso democrático y la libre asociación.

Por ello, enriquecidos por la experiencia y las reflexiones de cuantos trabajan por una economía solidaria en el Proyecto de Economía de Comunión en la Libertad, se compromete con la acción y con la reflexión a hacer crecer y a difundir una “cultura económica del dar” que se exprese:
A nivel sociológico:
1. En la tensión hacia una comunión con el otro hecha de apertura recíproca, estima, respeto y de participación plena de la condición humana;
2. En un estilo de consumo sobrio y crítico, respetuoso con los recursos comunes de la humanidad y de la aspiración natural a una igualdad sustancial con los otros hombres;
3. En un uso responsable de la propia riqueza para que sirva a la promoción del bien común;
4. En un papel activo en iniciativas económicas para el bien común, creando puestos de trabajo y respondiendo a necesidades no resueltas de las personas y de la comunidad;
5. Compartiendo los propios ingresos y recursos con los necesitado, en una relación de igual dignidad.

A nivel de organizaciones productivas
1. Conciliando las exigencias de eficiencia y rentabilidad con el objeto de hacer de la actividad económica un verdadero lugar de encuentro entre los sujetos implicados;
2. En la participación activa de los trabajadores en la vida de la empresa;
3. En el compromiso concreto por mejorar el ambiente social en el que trabajamos, sin desentenderse del bien común y de las necesidades urgentes de las personas más desfavorecidas con las que entramos en contacto;
4. En el establecimiento de relaciones de recíproca apertura y confianza con consumidores, proveedores, rivales de la competencia, comunidades locales, administración pública, con la mirada puesta en los intereses generales;
5. Viviendo y promoviendo el pleno respeto a la legalidad y al medio ambiente.
A nivel de diseño de las instituciones:
1. Garantizando el control democrático por parte de los ciudadanos, permitiendo que los que no tienen poder económico ejerzan una influencia sobre las mismas;
2. Asegurando un uso de los recursos naturales del planeta que tenga en cuenta las exigencias de todos los hombres de hoy y sobre todo los del mañana;
3. En el desarrollo de instituciones, reglamentos y leyes capaces de conciliar las exigencias de la libertad económica con los objetivos de la sociedad;
4. Creando y reforzando organizaciones intencionales capaces de reglamentar y de actuar de modo eficaz, en particular en materia de los flujos financieros y del comercio, para proteger en primer lugar los intereses de los países mas débiles.

Cómo se comporta una empresa de Economía de Comunión
- Los empresarios formulan estrategias, objetivos y planes empresariales teniendo en cuenta los criterios típicos de una correcta administración e involucrando en esta actividad a los miembros de la empresa. La persona humana, y no el capital, es el centro de la empresa.
- Relaciones externas. Los miembros de la empresa trabajan con profesionalidad para entablar y reforzar relaciones buenas y sinceras con los clientes, los proveedores y la comunidad. Se relacionan lealmente con la competencia presentando el valor efectivo de sus productos o servicios y absteniéndose de evidenciar negativamente los productos o servicios de los demás.
- Ética. El trabajo de la empresa es un medio para que crezcan interiormente todos sus miembros. La empresa respeta las leyes y mantiene un comportamiento éticamente correcto. De igual modo actúa en relación con los que dependen de ella.
- Calidad de vida y de la producción. Uno de los primeros objetivos es el de transformar la empresa en una verdadera comunidad. La salud y el bienestar de cada miembro de la empresa son objeto de su atención. El ambiente de trabajo es distendido y amigable, y en él reina el respeto, la confianza y la estima recíproca. La empresa produce bienes o servicios seguros, prestando atención a la incidencia en el ambiente y al ahorro de energía y recursos naturales.
- Ambiente de trabajo. La empresa adopta sistemas de gestión y estructuras organizativas tales que promuevan tanto el trabajo en grupo como el desarrollo individual. Los miembros de la empresa procuran que los locales de trabajo estén lo más limpios y ordenados posible.
- Formación. La empresa favorece que entre sus miembros se instaure una atmósfera de ayuda recíproca, de respeto y de confianza, de modo que resulte natural poner libremente a disposición de los demás los propios talentos en beneficio del desarrollo profesional de los compañeros de trabajo y para el progreso de la empresa.
- Comunicación. La empresa de Economía de Comunión crea un clima de comunicación abierta y sincera que favorece el intercambio de ideas entre los directivos y los trabajadores. Las empresas utilizan los más modernos medios de comunicación para conectarse entre sí.

Propuesta inicial Economía de Comunión:
 Constitución de empresas que generan beneficios;
 Puesta en común de los beneficios, destinándolos a:
 Ayudar a los necesitados
 Formación y desarrollo de personas que difundan la cultura del dar
 Inversiones para el desarrollo de la empresa.

Cualidades del empresario de la economía del dar:
 Relaciones internas en la empresa;
 Relaciones con clientes, proveedores y sociedad civil;
 Exigencia de la ética de legalidad;
 Requerimiento de calidad de vida y del trabajo;
 Exigencia de armonía en el ambiente de trabajo;
 Prioridad a la formación
 Exigencia de comunicación.

Desde un punto de vista religioso
Primero: el fin de la Economía de Comunión, es decir, el objetivo por el cual nació: llegar, como ya he mencionado, a hacer de modo tal que en nuestro Movimiento no haya pobres – como sucedía entre los primeros cristianos – para dar un ejemplo al mundo y después abrirnos a él y servirlo, hasta donde es posible.

Segundo: la «cultura del dar», que le es típica. Ese dar que nosotros hemos aprendido del Evangelio y que significa amar, amar a todos, no solamente a los necesitados por quienes se trabaja, sino también a los empleados, a la competencia, a los proveedores, a los clientes.

Tercero: los «hombres nuevos», que no pueden estar ausentes de la gestión de la Economía de Comunión, «hombres nuevos», que son hombres renovados por la Sabiduría del Evangelio.

Cuarto: las «Escuelas de formación» para hombres y mujeres que pueden y deben renovarse, necesarias para que podamos consolidarnos en nuestro ideal y no ser sofocados por el mundo. En estos últimos años las Escuelas que nacieron con esta finalidad están produciendo muchos frutos.

Las empresas llegarán a ser «antecámaras del Paraíso»
Entonces, ¿qué cosa mejor puedo desear en este Congreso, si no que todos los miembros que se ocupan en este campo, desde los empresarios a los empleados, a los obreros, desarrollen su trabajo como aquí se ha dicho?
El amor mutuo conducirá a todos no solamente a comprenderse y a estimarse, a sentir propias las fatigas y los problemas de lo demás, sino también a encontrar juntos nuevas formas de organización del trabajo, de participación y de gestión. Cristo en medio de ellos hará «nuevas» sus industrias, que se convertirán para muchos en modelos de comunión: «morada de Dios entre los hombres», verdadero anticipo del Paraíso.

La doctrina de la Iglesia dice que el hombre, mediante su trabajo y la fatiga que le procura, participa en la obra del Creador y del Redentor .
Y el Concilio Vaticano II agrega: «todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal» .
Es así como debemos ver e interpretar la Economía de Comunión: un proyecto de acuerdo con el pensamiento de Dios, una obra que no se mantendrá sólo en esta tierra, sino también en la Otra Vida, donde tendremos la inmensa alegría de volver a encontrarla, en la Tierra nueva y los Cielos nuevos que nos esperan.


La actualidad de la Economía de Comunión ante la llaga del terrorismo

En esa ocasión también hemos constatado la gran actualidad de la Economía de Comunión.
Efectivamente, no podíamos dejar de reconocer que una de las causas más profundas del terrorismo que gravita sobre nuestro mundo, es el terrible desequilibrio que existe entre los países ricos y los países pobres. Un desequilibrio que genera resentimiento, hostilidad, venganza, favoreciendo así el fundamentalismo que germina más fácilmente en un terreno semejante. Y habíamos afirmado que nuestro mundo tiene urgente necesidad de solidaridad y fraternidad, para no verlo sucumbir bajo un mar de dificultades, de temores, de odios, de guerras. En este contexto la Economía de Comunión podía iluminar a muchos, y contribuir, con otras fuerzas positivas, a suscitar una corriente inversa a la que genera el terrorismo, orientada a la fraternidad universal, base necesaria -¡y ojalá que el Señor así lo quiera!- para una posible comunión de bienes de alto nivel.

Desapego del trabajo

Además, para que se le confiera el justo valor al trabajo, también en la Economía de comunión se quiere poner en práctica un principio que parece estar en contradicción con lo que dije hasta ahora. Pero no es así: este principio llama a todos a trabajar manteniendo un cierto desapego del propio trabajo.
Es un principio que todo hombre tendría que vivir, porque – por lo menos en su aplicación espiritual – son válidas para todos las palabras de Cristo: «Y el que a causa de mi nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna» (Mt. 19,29).
Todos, por lo tanto, deben estar desapegados por lo menos espiritualmente de los «campos», que quiere decir también del trabajo. Debemos amar sí los campos, el trabajo, pero por Dios, no antes que Él. ¿Y cuál es el resultado? «(…)recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna» (Mt. 19,29).
«Cien veces más», el céntuplo, que significa un número indeterminado: cien veces más también en bienes, en crecimiento económico. Es decir, por el poco desapego que se nos pide, brota abundantemente la Providencia del Padre.
Y sabemos que las empresas de la Economía de Comunión tienen una gran experiencia de ello.

Cantidad de empresas que implementan la ECONOMIA DE COMUNION
El proyecto tuvo una repercusión inmediata no sólo en América Latina, donde se lanzó la propuesta, sino también en los otros continentes.
Al día de hoy han adherido
735 empresas de distintas dimensiones:
241 en América (USA y América Latina), 458 en Europa,
31 en Asia, 2 en Medio Oriente, 1 en Africa y 2 en Australia.


APENDICE:
ALGO DE HISTORIA:
1991 – Chiara Lubich ve la pobreza de las favelas que rodean São Paolo, al lado de los rascacielos. Muchos miembros de los Focolares viven ahí. ¿Cómo remediarlo? Y tiene esta inspiración: crear empresas cuyos beneficios se dividan en tres partes, una para los necesitados, otra para formar “hombres nuevos”, y la tercera para invertirla en la propia empresa.
1992 – Al final del año hay 230 empresas incorporadas a la Economía de Comunión. En Brasil se pone en marcha un polígono industrial junto a la ciudadela Araceli. Con esto, decía Chiara, «las ciudadelas presentarán dos aspectos, uno más celestial y otro más terrenal».
1993 – Ya son 328 empresas repartidas por todo el mundo. En Argentina surge un polígono industrial.
1994 – 403 empresas. Nace el Noticiario Economía de Comunión. Empieza a delinearse el “nuevo comportamiento empresarial”.
1995 – Los beneficios de las 551 empresas de Economía de Comunión no bastan para cubrir las necesidades de los pobres del Movimiento. Se lanza una “ayuda extraordinaria”.
1996 – La Economía de Comunión es objeto de estudio. Se realizan los primeros congresos en Alemania, Estados Unidos, Italia y Colombia.
1997 – Son 747 empresas.
1998 – Chiara Lubich es doctorada honoris causa en Economía por la Universidad Católica de Recife: «Es necesario que la Economía de Comunión no se limite a crear empresas, sino que se convierta en una ciencia con la aportación de economistas que sepan delinear teoría y práctica».
1999 – Otro honoris causa en Economía por la Universidad Católica de Piacenza. En Estrasburgo Chiara presenta ante el Parlamento Europeo la Economía de Comunión.
2000 – La Economía de Comunión es presentada en algunas universidades de Asia
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