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Y un día, Olivos volvió a abrir sus puertas

Info8/3/2008
Y un día, Olivos volvió a abrir sus puertas


Escenas de una tarde que quedará en la historia de la relación del kirchnerismo con los medios




"Acá piden hasta el antidoping", "Sí. Parece que te huelen los perros" "Yo traje mi análisis de ADN, por las dudas". "Y yo mi pasaporte". Entre risas y saludos, las frases sirvieron para matizar la espera de los más de cien periodistas que un sábado gris, ventoso y desapacible (en las antípodas del mítico "día peronista" ), volvieron a entrar en la quinta de Olivos, seis años después de la última vez.

En el ingreso de la calle Villate, cuando todavía faltaba más de una hora para la cita a la primera conferencia de prensa de la era kirchnerista, surgieron, inevitables, las comparaciones con otros tiempos. "¿Te acordás de que en la época de Carlos a veces veníamos los domingos?" "¿Y de Fernando, que hacía todos los anuncios desde acá?" Las imágenes de Menem y De la Rúa, y su manera particular de manejar la relación con los medios volvieron a la memoria de todos. También abundaron los comentarios con acento extranjero sobre lo extraordinario de la convocatoria.

Método. Detrás de la puerta verde, el primer y único control, y la primera sensación de que nada quedaría librado al azar a lo largo de la esperada tarde. Ya adentro del amplio salón de conferencias preparado con más de 150 sillas, cuatro pantallas de plasma y una tarima para fotógrafos y camarógrafos, las conversaciones se volvieron monotemáticas. ¿Cuántos periodistas podrían preguntar? ¿Cómo se elegiría a los "beneficiados"? ¿Sería por sorteo? Nadie tenía respuestas certeras. Ni siquiera Sergio Massa, que fue de los primeros en aparecer y pasearse distendido, sonriente y conversador, entre los periodistas.

A las 16.30, con una puntualidad poco común en tiempos K, el vocero presidencial, Miguel Núñez, terminó con las especulaciones: los medios que harían preguntas ya estaban elegidos y ordenados y, como ya se sabía, los periodistas sólo podrían hacer una consulta cada uno, sin posibilidad de repreguntar. El vocero estimó que la conferencia no se extendería más allá de la hora y media. Casi cumplió: duró dieciséis minutos más.

"Si quedó todo claro, entonces me voy a buscar a la Presidenta y arrancamos", dijo Núñez, que debutó como moderador. Volvió 10 minutos después. Cristina Kirchner subió al escenario, sonriente y relajada.

A sus espaldas, detrás de un enorme ventanal, el viento agitaba los árboles con violencia y el cielo se volvía cada vez más gris. El repetido curso del agua de una de las fuentes del jardín contrastaba con los cambios de clima y los vaivenes de tensión que se vivieron dentro del salón al ritmo de las 25 preguntas que contestó la Presidenta.

Costumbre. Evadió con destreza los temas más ríspidos y las respuestas concretas. Se manejó con soltura, aunque los nervios se notaron, por ejemplo, cuando, por una falla en los dos micrófonos que suele usar, rechazó un inalámbrico que le alcanzó Núñez. "Con la mano no, que me distraigo", le fijo. Tomó agua cada vez que una pregunta le cambió el gesto y pidió que le volvieran a llenar la copa dos veces.

Cuando Núñez avisó que sólo quedaba tiempo para una pregunta más, el malestar se volvió murmullos y varios se acercaron al vocero para forzar un "bis". Finalmente, tras dos respuestas extra, la Presidenta se despidió. Prometió volver, aunque evitó hablar de frecuencias. "Ningún presidente del mundo da una conferencia por semana", se atajó.

"No debería hacer esto". Antes de desaparecer por una puerta se vio rodeada, por primera vez como anfitriona, por una nube de micrófonos y cámaras. Alguien insistió con la permanencia de Moreno en el Gobierno y otros volvieron a preguntarle por el Indec. "Según las reglas de la Konrad Adenauer no debo hacer esto ni hablar de esto", fue su última frase.

La referencia a la fundación alemana, que entre otras actividades elabora estudios sobre comunicación política, no dejó dudas de que la Presidenta había recibido entrenamiento e instrucciones precisas para enfrentar, por primera vez cara a cara, a los periodistas.

Por Lucrecia Bullrich
De la Redacción de lanacion.com
lbullrich@lanacion.com.ar
Fuente La Nacion
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