Enfermedades más comunes en niños, de la E a la N
Lo segui acá porque no entraba todoen un post.
E:
ENURESIS:
Se define como la emisión involuntaria de orina después de una edad en que habitualmente se debe controlar la micción, lo que generalmente ocurre entre los 4 y 5 años. Por tanto, no debe considerarse un problema significativo a menos que el niño tenga más de seis años. Lo más frecuente es que esta falta de control se produzca por la noche, pero en algunos niños también sucede durante el día. Es un motivo habitual de consulta ya que entre el 15-20% de los niños mayores de 5 años presentan este problema. Es más frecuente en los niños que en las niñas. La más frecuente es la enuresis primaria: niños que nunca han conseguido el control nocturno de la vejiga. En muchas ocasiones se descubre un factor familiar: el padre, la madre o algún hermano también tardaron en controlar el esfínter urinario. Los psicólogos invocan una situación de conflicto entre el niño y su ambiente familiar y social: educación demasiado rígida o, al contrario, demasiado tolerante, o trastornos emocionales. Probablemente el origen es multifactorial. Menos frecuentes son las enuresis secundarias: el control miccional se produce por periodos de seis o más meses pero posteriormente recurren. Suele deberse a causas orgánicas (infecciones urinarias, diabetes, etc.). Los síntomas principales son que se hacen pis involuntariamente durante la noche y más raramente por el día. Para diagnosticar el pediatra realizará un examen físico para descartar una causa orgánica. También tendrá una larga entrevista con los padres sobre el comportamiento del niño. Los padres deben conocer que la enuresis tiene tendencia a la curación espontánea. No deben castigar al niño porque es un acto involuntario. Debe estimularse a que el niño se levante "seco" pero quitar importancia en caso contrario. Al mismo tiempo hay que tratar de evitar en el niño el sentimiento de culpa, eliminar comentarios y burlas delante de los hermanos y personas ajenas a la familia. La comprensión por parte de los padres es más fácil si alguno de ellos tuvieron el mismo problema. Es necesario crear una buena compenetración entre los padres, el niño y el pediatra. El problema debe abordarse de forma individual y con delicadeza. Podemos dar una serie de consejos. Limitar la ingesta de líquidos en exceso a partir de las últimas horas de la tarde. Invitar a los niños a que vayan al retrete antes de acostarse. Educar al niño a contener la micción durante el día para aumentar la capacidad de la vejiga: 1º) cada vez que el niño desee hacer pis, que intente retener al máximo el chorro de orina antes de ir al retrete; 2º) una vez iniciada la micción, intentar interrumpirla durante diez segundos. La utilización de otros métodos terapéuticos (medicamentos, sistemas de alarmas hormonas, etc.) sólo están indicadas en casos concretos y siempre por indicación del pediatra. Es normal que: Se haga pis alguna vez sobre todo si el niño tiene menos de 5 años. Se haga pis si está muy entretenido o profundamente dormido. Se debe acudir al pediatra si: Se hace pis todas o casi todas las noches después de los seis años. Si después de controlar las micciones, vuelve a hacerse pis durante las noches.
EPLIGOTITIS AGUDA:
Es una inflamación de la epiglotis, estructura que se encuentra encima de la glotis a modo de puerta que se abre y se cierra para dejar paso sólo al aire. Puede presentarse a cualquier edad y en cualquier época del año. Es poco frecuente pero constituye una urgencia pediátrica por lo que ante su sospecha el niño debe ser inmediatamente llevado al Hospital. Está producida por una bacteria, el Haemophilus influenzae. Los principales síntomas son: fiebre alta, sensación de enfermedad, voz apagada, boca abierta, el niño permanece sentado e inclinado hacia delante con gran dificultad respiratoria. Hay que fijarse cuando un niño de forma brusca comienza con dificultad respiratoria, fiebre alta, aspecto de enfermedad, es incapaz de permanecer acostado y de hablar, es necesario trasladarlo inmediatamente al Hospital. El tratamiento de la epiglotitis se realiza en la Unidad de Cuidados Intensivos pediátricos donde se efectúan las medidas terapéuticas oportunas. Recordemos que desde la aplicación generalizada de la vacuna contra el Haemophilus influenzae, la epiglotitis aguda prácticamente ha desaparecido. Debemos acudir a Urgencias si el niño presenta: Dificultad respiratoria, babea, debe estar sentado o inclinado hacia delante para poder respirar.
EPILEPSIA:
Es una enfermedad crónica del sistema nervioso central que se caracteriza por dos o más crisis paroxísticas espontáneas de diferentes características, originadas por una descarga excesiva de un grupo de células de la corteza cerebral. Es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la población general ya que casi una de cada 100 personas la presentan. Las epilepsias se denominan idiopáticas cuando no se conoce la causa que las produce, demostrándose en muchos casos un factor genético. En las epilepsias sintomáticas, se puede demostrar la causa de la epilepsia que puede ser debida a múltiples factores de tipo mal formativo, infeccioso, hemorrágico, tumoral, traumático, etc., que puede haberse producido en cualquier época de la vida. Existen varios tipos de crisis epilépticas. En primer lugar debemos saber que una sola crisis, lo que se conoce como crisis epiléptica aislada o única no es una epilepsia que, por definición, consiste en 2 o más crisis de características claramente epilépticas. Las crisis son muy variadas tanto en sus características como en su duración. Las ausencias consisten en una parada brusca de la actividad motora y pérdida de la conciencia asociada a mirada fija e inexpresiva que termina en 5-20 segundos y que pueden pasar desapercibidas mientras que las crisis generalizadas tónico-clónicas son episodios de pérdida de conciencia con rigidez de tronco y extremidades, seguida de convulsiones y movimientos sin control que pueden ser de gran violencia, asociados a emisión de orina, mordedura de lengua y salida de espuma por la boca). La duración de las ausencias son de 5- 20 segundos mientras que las convulsiones tónico-clónicas pueden durar varios minutos y seguirse de sueño profundo tanto más duradero cuanto más prolongada y violenta haya sido la convulsión. Entre uno y otro existen diversos tipos de crisis con diferentes características. La historia clínica es lo más importante para el diagnóstico de epilepsia, incluso para establecer el tipo y su causa. El diagnóstico se completa con el electroencefalograma. En algunos casos serán necesarias otras pruebas como la tomografía axial computadorizada (TAC), la resonancia magnética nuclear (RMN), pruebas metabólicas, etc. El tratamiento se basa en fármacos antiepilépticos que bien utilizados, a ser posible en monoterapia (administración de un único fármaco antiepiléptico), han demostrado ampliamente su eficacia. Deben realizarse controles médicos periódicos, para asegurar la eficacia, detectar los efectos secundarios y valorar la calidad de vida. Aunque cada síndrome epiléptico tiene características propias, podemos considerar factores favorables para el pronóstico: comienzo de las crisis epilépticas después de los 3 años de edad, poca frecuencia de las mismas, eficacia del tratamiento, buen cumplimiento del mismo, normalización del EEG, ausencia de lesiones cerebrales, normalidad neurológica e inteligencia normal.
ESCARLATINA:
Es una enfermedad infecciosa de origen bacteriano. En los últimos años ha aumentado su incidencia, que es más elevada en niños en edad escolar y durante el invierno. Está producida por una bacteria, el estreptococo hemolítico del grupo A. Se contagia por medio de las gotitas de saliva que se expulsan al hablar y a través de los estornudos y de la tos. El niño comienza con fiebre, dolor de garganta, molestias al tragar, cefalea y dolor abdominal. La faringe adquiere un color rojo intenso y los ganglios del cuello duelen y están inflamados. A las 24-48 horas aparece una erupción roja, puntiforme con textura de papel de lija ("carne de gallina" que se inicia en zona de pliegues y que posteriormente se generaliza. Las mejillas están enrojecidas mientras que alrededor de la boca hay palidez. Pasada una semana, la piel se descama sobre todo en las manos y los pies. Es típica en esta enfermedad la llamada lengua de fresa ya que se aprecia en su superficie unos puntos rojos que destacan sobre una base blanquecina. A los pocos días la capa blanca se descama y la lengua adquiere un tono rojo escarlata. La coexistencia de faringe amigdalitis y una erupción de las características señaladas ("no hay escarlatina sin angina" indicarán al pediatra que se trata de una escarlatina. Para confirmar el diagnóstico es necesario el aislamiento del estreptococo en la garganta mediante un cultivo del exudado. La penicilina es el tratamiento de elección para todas las infecciones por estreptococos. Si el paciente es alérgico a la penicilina se puede emplear eritromicina. Se debe acudir al pediatra si: Persiste la fiebre o empeoran los síntomas a las 24-36 horas de iniciado el tratamiento antibiótico. A las 2-3 semanas de la escarlatina, la orina es escasa, y oscura.
ESPASMOS DEL SOLLOZO:
Los espasmos del sollozo no son episodios graves pero para los padres constituyen un problema alarmante y una experiencia muy desagradable porque el bebé o el niño se convierte "azul" o muy "pálido" y parece no reaccionar ante estímulos aparentemente enérgicos. La forma más frecuente es la de tipo cianótico (el niño se convierte azul) que se presenta entre los 6 meses y los 2-3 años (aunque se han descrito a la edad de 2 meses). Existe otra forma menos frecuente y más grave, denominada de tipo pálido. Esta forma se inicia entre los 12 y los 24 meses de edad, y finaliza entre los 4 y 6 años. No se conocen bien las causas, pero existen unos factores predisponentes, como son niños caprichosos, súper protegidos por un entorno familiar en el que consiguen imponer su voluntad sobre todo cuando en la familia han vivido previamente la experiencia de un espasmo del sollozo lo que crea una enorme ansiedad ante una eventual repetición. En los espasmos de sollozo simples o tipo azul, los más frecuentes, tras el episodio de llanto, hay una pausa de silencio, el niño deja de respirar, se convierte de color azul o morado (cianótico). La crisis se resuelve de forma espontánea tras una inspiración profunda y la recuperación es rápida, aunque después se queda dormido o "atontado" debido a la falta de oxigenación en el cerebro. Habitualmente no hay pérdida de conciencia a no ser que el episodio se prolongue. Las características de los episodios, sobre todo la existencia de llanto, contrariedad o provocación previas al cese de la respiración y al desencadenamiento de las crisis, ayudarán al pediatra a establecer al diagnóstico. En los raros casos en los que el niño pierde la conciencia y/o convulsione el pediatra indicará una analítica completa, una radiografía de tórax, un electrocardiograma y un electroencefalograma. Si los resultados son normales, como es habitual, el tratamiento consiste en tranquilizar a la familia mediante una información adecuada. El tratamiento se basa en una adecuada información a los padres, colaborando en el apoyo psicológico a la familia y ayudándoles a la realización de cambios en las estrategias educativas. Es importante, además, tranquilizar sobre la evolución favorable y del pronóstico benigno ya que no existe amenaza de muerte a pesar de la aparatosidad y espectacularidad de las crisis en algunos casos. Cuando se produce una crisis, es recomendable colocar al niño de lado para proteger la cabeza de posibles lesiones y evitar que el niño aspire alimentos sobre todo si ha comido recientemente. Generalmente el niño reanuda rápida y espontáneamente el llanto y la respiración, y recupera el color, por lo que no hay que hacer nada especial en estas situaciones. Sin embargo, aunque es difícil no perder la calma, debemos intentar mantenerla. Es normal que: Utilice el llanto para conseguir lo que quiere. Se quede sin respirar unos segundos. Acudir al pediatra si: El episodio se acompaña de convulsión y/o pérdida de conciencia.
ESPINA BÍFIDA:
Recibe este nombre la falta de unión de alguna vértebra, generalmente de la zona inferior de la columna vertebral. La gravedad de esta anomalía congénita es variable, porque el nombre espina bífida engloba a todos los defectos de cierre de la columna vertebral. La espina bífida oculta consiste en múltiples vértebras que no se han fusionado, se observa en el 10% de las personas y no suele producir síntomas. Pero en algunas formas de espina bífida más severas se producen discapacidades muy graves. Aunque se desconocen sus causas, se cree que la deficiencia de ácido fólico desempeña un papel fundamental en los defectos del tubo neural, un conducto que aloja la médula espinal. Por eso, es necesario tomar suplementos de esta vitamina desde meses antes de quedarse embarazada. Dependen del nivel anatómico en que ocurre el defecto y si existe o no afectación medular. En el lugar de la malformación, se observa un bulto que puede contener pelos, grasa o pequeños vasos sanguíneos. Si no está afectada la médula espinal, no habrá síntomas neurológicos. Si por el contrario hay afectación medular, pueden existir problemas neurológicos en la parte inferior de las piernas, en la vejiga o en el recto. Suelen ser defectos visibles o insignificantes en el recién nacido. Sin embargo, el examen neurológico debe ser exhaustivo puesto que un pequeño porcentaje de recién nacidos con espina bífida presenta problemas neurológicos. Este defecto se puede diagnosticar prenatalmente mediante determinación de niveles de alfa-fetoproteína y acetilcolinesterasa en el líquido amniótico extraído por amniocentesis. Se ha demostrado que durante el embarazo las necesidades de ácido fólico aumentan de forman considerable. El tratamiento depende fundamentalmente de las malformaciones asociadas que pueden ser mínimas o muy graves, aisladas o múltiples. En los casos severos el tratamiento siempre será multidisciplinario y el pediatra será el coordinador del equipo. Existen asociaciones de pacientes con espina bífida que desarrollan una labor muy importante y a los que debemos dirigir a los niños y familiares con esta patología.
ESTENOSIS HIPERTRÓFICA DE PÍLORO:
La leche pasa del estómago al intestino a través de un orificio formado por músculos dispuestos en forma de círculo, por eso se denomina esfínter (la palabra deriva del griego y significa cierre). El píloro es el esfínter situado entre el estómago y el duodeno, que se abre y se cierra para dejar pasar la leche. Se produce por razones todavía desconocidas, varios días después del nacimiento, la hipertrofia de la musculatura que forma el píloro se hipertrofia, impide el paso del alimento hacia el intestino, la leche queda retenida en el estómago, que se dilata y expulsa su contenido hacia el exterior a través del cardias (orificio que separa el estómago del esófago). Entre los síntomas se pueden mencionare que a los 15 ó 20 de vida el bebé, generalmente varón y primogénito, comienza con vómitos alimenticios proyectivos, expulsados de forma violenta "en escopetazo", "a chorro", cada vez más abundantes (vomita más de lo ingerido) y numerosos, que se acompañan de hambre, pérdida de peso y estreñimiento. Si el problema no se soluciona el bebé se puede deshidratar (por pérdida de agua y electrolitos) y desnutrir (por falta de alimento). El pediatra orientará el diagnóstico valorando la edad de comienzo, las características de los vómitos y los síntomas acompañantes. La confirmación se realizará con una ecografía abdominal. El tratamiento es siempre quirúrgico mediante la realización de una intervención denominada pilorotomía extramucosa. Es normal que: El bebé vomite un poco después de cada toma o entre las mismas (regurgitación). Se debe acudir al Servicio de Urgencias o consulta con el pediatra si: Los vómitos son constantes y en "escopetazo". El niño pierde peso. El bebé hace menos pis, la piel está seca, los ojos están hundidos.
ESTRABISMO:
Es la incapacidad de alinear ambos ojos correctamente por lo que sólo se recoge la información a través de un ojo mientras que el otro permanece inactivo. La mayoría se inician en la primera infancia o son congénitos, por ello es importante su detección ya que si no se diagnostica a tiempo puede afectarse la visión. No se conoce con exactitud la causa. La mayoría de las veces es debido a un funcionamiento irregular de los músculos que regulan el movimiento de los ojos. La desviación de la mirada puede ser constante (los ojos siempre están torcidos), o intermitente (los ojos a veces están torcidos y a veces derechos). Además en el 50% de los casos existen antecedentes familiares. El signo más evidente es la desviación ocular, que se acompaña de alteraciones sensoriales (mala visión unilateral, visión doble, confusión), pero además, si no se diagnostica y consecuentemente no se trata adecuadamente, el estrabismo es la principal causa de ambliopía (agudeza visual disminuida u "ojo vago". Es muy importante el diagnóstico precoz. El pediatra mediante una adecuada exploración ocular puede buscar un estrabismo después de los seis meses de edad porque hasta ese momento puede ser normal que los bebés bizqueen. Una forma de explorar el estrabismo a partir de esta edad es con el reflejo corneal: el niño mira hacia la luz emitida por una linterna a unos 30 cm. del rostro. Si el reflejo luminoso está bien centrado en ambos ojos, los globos oculares se encuentran alineados correctamente. Si no es así, existe una desviación del ojo afecto. Otro método de explorar el estrabismo es mediante el cover test aunque es difícil de realizar en el niño pequeño. Se coloca una mano delante de uno de los ojos del niño y, después, se aparta rápidamente. Si el ojo que ha permanecido tapado se mueve desde el interior hacia el exterior, se trata de estrabismo convergente. Si se desplaza hacia el interior, de estrabismo divergente. Si permanece fijo, perfectamente alineado con el otro, el niño no es estrábico. El método terapéutico más utilizado es la oclusión del ojo dominante (ojo sano), lo que obliga a la utilización del ojo desviado. El ritmo de oclusión depende de la edad, en general se mantiene hasta lograr la normalización visual (visión semejante en ambos ojos). También suelen recomendarse ejercicios especiales y, en determinados casos, cirugía. Es normal que: El niño bizquee durante los primeros seis meses. Parezca que en ocasiones desvía un ojo, porque la nariz es bastante ancha a la altura de las cejas y la piel de los párpados superiores es muy abundante. Por ello cuando el bebé vuelve los ojos hacia un lado, uno de ellos se oculta un poco bajo el ángulo interior de aquel lado y da la impresión de converger demasiado. Sin embargo cuando mira fijamente de frente se ve claramente que no presenta estrabismo. Se debe acudir al pediatra si: Consideras que la desviación es muy llamativa. El niño sigue bizqueando pasados los seis meses.
ESTREÑIMIENTO:
Es una dificultad en la evacuación espontánea y periódica de las heces del intestino grueso. Es una alteración tanto de la frecuencia como de la consistencia de las deposiciones. Se considera estreñimiento cuando el ritmo de evacuación del bebé o del niño es cada tres o cuatro días y las heces son duras, secas y escasas y aparecen como "bolitas". Suele ser más frecuente en los lactantes alimentados con biberón, por eso comienza a ser evidente cuando el niño deja la alimentación al pecho. Es un motivo frecuente de consulta sobre todo entre el primer año y los 4 años de edad. A partir del año de edad, cuando los niños comienzan a comer prácticamente de todo, el estreñimiento se hace más frecuente. En el 95% de los casos se debe a una alimentación inadecuada: dieta con escaso contenido en verduras y frutas, sustitución de la leche de continuación por la leche de vaca no modificada que estriñe más, exceso de carne, poca ingesta de agua, etc. El otro 5% se debe a otras causas: enfermedades inflamatorias, obstrucciones intestinales o a factores emocionales (ingreso en guardería, nacimiento de un hermano). Durante las primeras semanas de vida las heces de los bebés varían notablemente en función del tipo de alimentación que reciben. Los criados al pecho presentan deposiciones blandas o líquidas, en ocasiones mucosas, de un color que va del amarillo oro al verde guisante, de un olor no desagradable, y en un número extremadamente variable. Los niños alimentados al pecho materno tan normal es que realicen 10 a 15 deposiciones al día como 1 cada 4 ó 5 días. En los niños criados con biberón las deposiciones son menos frecuentes, con un olor más fuerte, y una mayor consistencia. Habitualmente cuando se pasa de la leche materna o simplemente al introducir ayudas, las heces son más duras, y el bebé tiene mayor dificultad para expulsarlas. Es decir, con este tipo de alimentación es más frecuente el estreñimiento. A cualquier edad, la mejor prevención es una alimentación adecuada y equilibrada. Los niños menores de un año deben de comer diariamente papillas de frutas y verduras y ofrecerles agua a lo largo del día. En los mayores de 1 año, además de lo recomendado anteriormente, es aconsejable que coman legumbres dos o tres veces por semana y papillas de cereales integrales. A partir de los dos años y medio, continuar con los hábitos dietéticos anteriores, evitar un consumo excesivo de derivados lácteos y beber abundante agua. Junto a ello, a partir de esta edad, es esencial inculcar el hábito de defecación regular, pero sin castigar nunca al niño y recompensar el esfuerzo y no el éxito. Para tratarla se debe en primer lugar debemos tener presente que el estreñimiento no constituye un peligro para la salud del niño por lo que no precisa de tratamientos ni medidas agresivas. Las medidas dietéticas deben ser prioritarias en el manejo del estreñimiento sea cual sea la edad del niño. En los bebés debemos favorecer la lactancia materna porque otra de sus innumerables ventajas es que no produce estreñimiento. No es conveniente endulzar los zumos ya que el azúcar además de aumentar el riesgo de caries y favorecer la obesidad, estriñe. En niños mayorcitos administraremos una dieta rica en fibra: verduras, legumbres, cereales y frutas, y evitaremos un consumo excesivo de derivados lácteos. Existen una serie de ejercicios muy adecuados para favorecer el tránsito intestinal: realizar el bebé suaves masajes circulares sobre la tripa y moverle las piernas como si estuviera andando en bicicleta. También da buenos resultados, cuando le cambias el pañal, mantenerle acostado boca arriba, y flexionar sus muslos sobre el abdomen.
No es recomendable recurrir a los supositorios de glicerina o a laxantes porque el intestino pierde su capacidad de reacción a los estímulos naturales. La glicerina además irrita la mucosa intestinal, lo que provoca molestias en el niño con lo que posteriormente puede retener las heces por temor al dolor. Estos procedimientos sólo se utilizarán con precaución y siempre bajo indicación del pediatra. Tampoco debe estimularse el ano con una ramita de perejil ni con el termómetro ni mucho menos con una cerilla. Consulta al pediatra si: Aparece sangre mezclada o recubriendo las heces.
F:
FARINGITIS:
Es una inflamación de la faringe, la parte de la garganta que se encuentra entre las amígdalas y la laringe. En la mayoría de los casos la causa es una infección, siendo los virus los que con mayor frecuencia la producen. Otras veces es consecuencia de un mecanismo alérgico o irritativo (respirar aire muy contaminado o humo del tabaco). Las faringitis infecciosas suelen cursar con fiebre, dolor de garganta y dificultad para tragar. La garganta se encuentra enrojecida y hay dolor e inflamación de los ganglios del cuello. Otros síntomas acompañantes son: malestar general, pérdida de apetito, náuseas, vómitos y dolor de estómago. El pediatra explorará al niño y con una mirada atenta a su garganta será capaz de establecer el diagnóstico. Si sospecha una faringitis estreptocócica (bacteria que precisa tratamiento antibiótico) solicitará una prueba rápida para confirmar el diagnóstico. El tratamiento de las faringitis víricas no requiere antibiótico, por lo que su objetivo será aliviar los síntomas. Se le administrarán antitérmicos si tiene fiebre, y analgésicos si presenta dolor. Como en cualquier enfermedad aguda, no se debe forzar la alimentación, sino que le daremos una dieta blanda y azucarada así como abundantes líquidos. Las faringitis bacterianas se tratan con antibióticos, que se deben administrar durante el período que indique el pediatra (habitualmente 10 días) aunque los síntomas hayan desaparecido rápidamente. Es normal que: el niño se queje de dolor de garganta.
No tenga apetito. Se debe acudir al pediatra o a urgencias si: La fiebre no cede bien con antitérmicos. Si tiene dificultad para respirar o babea.
FIMOSIS:
La imposibilidad de separar de manera completa el prepucio del glande del pene. Normalmente en todos los recién nacidos el orificio del prepucio (piel que recubre el glande del pene) es muy pequeño por lo que no debe hablarse de fimosis a esta edad. Puede ser congénita o bien secundaria a inflamación. El síntoma que se debe observar es que es imposible deslizar el prepucio y dejar al descubierto el glande. En los primeros años de la vida, unas sencillas maniobras realizadas por la madre durante el baño llevando suavemente el prepucio hacia atrás, evitando maniobras bruscas, suele ser suficiente. Cuando después de los 3 años no puede conseguirse el descenso del prepucio, se puede plantear la intervención quirúrgica que conviene demorar hasta los 5-6 años. En niños más pequeños sólo debe operarse cuando es causa de infecciones urinarias, o motivo importante de dificultad en la emisión de orina. Es normal que: Tenga fimosis hasta los dos o tres años. Acudir al pediatra o a urgencias si: Tiene irritación o mal olor. Se sospecha de la existencia de una infección urinaria.
G:
GASTRONETERITIS:
La inflamación de la mucosa del estómago se denomina gastritis, mientras que la de los intestinos se conoce como enteritis. Cuando son ambos órganos los afectados se produce una gastroenteritis, que es la irritación del conjunto del tracto digestivo. La pérdida del apetito y las nauseas, seguidas de diarrea, son los primeros síntomas de esta enfermedad. Luego se producen accesos de vómito, con diarreas acuosas, dolores en la barriga, fiebre y extrema debilidad. Suele desaparecer al cabo de 2 o 3 días. Está causada por una infección vírica, que se transmite con facilidad de una persona a otra por contacto individual, son mediación de alimentos ni bebidas. Las bebidas y los alimentos contaminados por microbios también pueden producir gastroenteritis, así como los alimentos que causan alergias (mariscos, carne de cerdo, los huevos, etc.). Otra causa posible de la enfermedad es la alteración de la flora bacteriana natural del tracto digestivo. También los antibióticos pueden tener un efecto parecido, ya que actúan sobre la población bacteriana intestinal, alterando su equilibrio natural. Para tratarla se debe guardar reposo en casa y beber gran cantidad de líquidos, para evitar la deshidratación. Durante las primeras 24 horas no se deben ingerir alimentos, y hay que tomar sólo agua, zumo de zanahoria o té; dos litros diarios, como mínimo, de líquido sin azúcar, ya que éste puede prolongar la diarrea., Manzanas, arroz blanco y pechuga de pollo son alimentos recomendados para el tratamiento.
GRIPE:
La gripe o influenza es una enfermedad aguda infecciosa de origen vírico que aparece cada año durante el otoño y el invierno. Pueden aparecer casos aislados, pero casi siempre se trata de una auténtica epidemia. Es muy contagiosa, se trasmite de unos a otros a través de las gotitas de saliva que expulsamos con la tos y los estornudos y que van cargadas de virus. Cada año, cambian los virus que provocan la gripe, por eso cada año nuestro organismo tiene que prepararse para afrontarla. La vacuna sólo está recomendada en niños con problemas graves como enfermedades del corazón, asma, diabetes, tumores, falta de defensas… y siempre que sean mayores de seis meses. Entre los síntomas se pueden mencionar: dolor de cabeza, molestias en los ojos, fiebre -que suele ser alta y permanecer elevada durante dos o tres días-, y dolor en todo el cuerpo, sobre todo en las piernas y la espalda. A las 24-48 horas se asocia congestión nasal, lagrimeo, estornudos, tos seca e irritativa y dolor de garganta y en el pecho. La mayoría de los síntomas desaparecen en cinco o seis días, aunque la tos y el cansancio duran unos días más. Para diagnosticarla no suelen ser necesarias pruebas de laboratorio para diagnosticar una gripe, que se distingue de un resfriado común por la fiebre alta y la intensidad del malestar. Además, la gripe es generalmente epidémica, lo que facilita su diagnóstico. No existe un tratamiento específico y al ser una enfermedad producida por un virus, los antibióticos no están indicados. Si el niño tiene fiebre puede administrarse paracetamol o ibuprofeno. Ofreceremos líquidos abundantes y una dieta blanda. No es necesario forzarle a permanecer en la cama, él mismo buscará el reposo durante la fase aguda de la enfermedad. Es normal que: El niño esté dos o tres días con fiebre. Esté decaído y cansado o llorón e irritable. No tenga apetito. Acude al pediatra o a urgencias si: La fiebre no cede con antitérmicos. Se acompaña de otros síntomas como vómitos o rigidez de nuca. La fiebre se acompaña de manchas en la piel.
H:
HEPATITIS:
Es la inflamación del hígado que puede estar producida por diversas causas. Esta enfermedad puede ser: aguda, en el caso que dure menos de 6 meses; crónica, si persiste más de 6 meses, o fulminante, si pone en riesgo la vida del enfermo. En algunos casos puede provocar daño hepático permanente. Las hepatitis víricas están producidas por una gran variedad de virus, pero los más comunes son el A, B, C, D y E.
* Hepatitis A: se transmite debido a una mala higiene, por agua y alimentos contaminados. En líneas generales, suele ser benigna y sin complicaciones. Algunas veces aparecen brotes en colegios y guarderías, pero casi siempre los síntomas incluso pasan desapercibidos para los propios contaminados.
* Hepatitis B: se transmite por sangre (transfusiones contaminadas, intercambio de jeringas en la drogadicción, relaciones sexuales sin protección, de madre a hijo en el embarazo). Las personas sometidas a diálisis renal tienen mayor riesgo de contraer hepatitis B. Es más peligrosa que la A porque puede evolucionar a una hepatitis crónica. En España, se vacuna masivamente a todos los niños, con lo que se estima que su prevalencia bajará significativamente.
* Hepatitis C: causa el 80% de las hepatitis que se contagian por transfusión de sangre y también se transmite por jeringas contaminadas. Este virus causa hepatitis crónica y con menor frecuencia, cirrosis y cáncer hepático. Existen personas sanas portadoras crónicas del virus C.
Los síntomas que aparecen a menudo se pueden confundir con un cuadro gripal o una mononucleosis. Suele comenzar con inapetencia, malestar general y decaimiento, vómitos, fiebre, dolor e indigestión abdominal, alteración del sentido del gusto. Pasados unos días, el color de la orina se oscurece y aparece ictericia (tono amarillento de la piel) en las mucosas y alrededor de los ojos. El pediatra notará aumentado el tamaño del hígado con una palpación, entonces se realizará un análisis de sangre para confirmar la existencia de esos virus. En la mayoría de los casos, la hepatitis no requiere tratamiento y el enfermo se repone totalmente en un mes o dos. Después de los primeros días, la persona se siente mejor y no necesita hacer reposo, ni seguir dietas restringidas ni tomar suplementos vitamínicos. Es importante saber que, cuando se tiene esta enfermedad, uno puede convertirse en portador del virus aunque no tenga ningún síntoma con lo cual puede contagiar la enfermedad.
HERNIA INGUINAL:
Es un "bulto" blando y elástico que aparece en la zona de la ingle. Es más frecuente en varones y en el lado derecho. Se produce cuando el conducto inguinal permanece permeable. En este caso, puede aparecer en esta región un bulto que contiene un asa del intestino. Se aprecia, muchas veces desde el nacimiento, la existencia de un bulto más o menos grande en la zona de la ingle. Habitualmente la hinchazón aparece y desaparece, va y viene, particularmente cuando el bebé llora. Generalmente no le produce dolor ni siquiera molestias. Cuando el niño está tranquilo el bulto se reduce con facilidad incluso de forma espontánea. El pediatra efectúa el diagnóstico en la consulta mediante la palpación del bulto, no siendo necesario ningún otro examen.
Las hernias inguinales de pequeño tamaño pueden regresar espontáneamente en los primeros 5-6 meses de vida. Transcurrido este tiempo la posibilidad de curación espontánea no es posible. Por ello, incluso el niño de pocos meses, que podría curarse por sí solo, debe ser intervenido, porque la espera lo expone al peligro de que la hernia se "estrangule". El riesgo de que una hernia se estrangule es mayor cuanto más pequeño sea el niño. El niño de 2-3 años, sin embargo puede esperar sin correr graves riesgos, pero tendrá que ser intervenido siempre. La operación es sencilla y los niños se recuperan muy pronto. Acude al pediatra o a urgencias si: El bebé está irritable, llora y vomita. Si la madre observa que la que la hernia es más voluminosa de lo habitual, la piel que la recubre presenta una tonalidad rojiza y la tumefacción no se reduce
HERNIA UMBILICAL:
Es un "bulto" blando y elástico que aparece en la zona de la ingle. Es más frecuente en varones y en el lado derecho. Se produce cuando el conducto inguinal permanece permeable. En este caso, puede aparecer en esta región un bulto que contiene un asa del intestino. Se aprecia, muchas veces desde el nacimiento, la existencia de un bulto más o menos grande en la zona de la ingle. Habitualmente la hinchazón aparece y desaparece, va y viene, particularmente cuando el bebé llora. Generalmente no le produce dolor ni siquiera molestias. Cuando el niño está tranquilo el bulto se reduce con facilidad incluso de forma espontánea. El pediatra efectúa el diagnóstico en la consulta mediante la palpación del bulto, no siendo necesario ningún otro examen. Las hernias inguinales de pequeño tamaño pueden regresar espontáneamente en los primeros 5-6 meses de vida. Transcurrido este tiempo la posibilidad de curación espontánea no es posible. Por ello, incluso el niño de pocos meses, que podría curarse por sí solo, debe ser intervenido, porque la espera lo expone al peligro de que la hernia se "estrangule". El riesgo de que una hernia se estrangule es mayor cuanto más pequeño sea el niño. El niño de 2-3 años, sin embargo puede esperar sin correr graves riesgos, pero tendrá que ser intervenido siempre. La operación es sencilla y los niños se recuperan muy pronto. Acude al pediatra o a urgencias si: El bebé está irritable, llora y vomita. Si la madre observa que la que la hernia es más voluminosa de lo habitual, la piel que la recubre presenta una tonalidad rojiza y la tumefacción no se reduce.
HERPANGINA:
Es una enfermedad que suele ocurrir con frecuencia en épocas de verano, y que se caracteriza por lesiones vesiculosas y ulcerativas en la boca de los niños, afectando el paladar (lengua), la faringe, las amígdalas, etc. El niño, menor de 5 años, podrá presentar fiebres altas, vómitos, diarrea, dolor de garganta y babeo abundante. La duración de estos síntomas es de 2 a 7 días, aproximadamente. Esta enfermedad es causada por varios tipos de virus. El diagnóstico es clínico y el período de incubación es de 2 a 7 días. El tratamiento es sistomático y consiste en el uso de antipirético, ingestión abundante de líquidos y alimentos blandos, fríos y dulces como la gelatina, el yogurt y los helados. Los antibióticos son recomendables solo en los casos de complicaciones del tipo bacteriano. En todo caso, con la debida asistencia médica se obtendrá el cuadro clínico del niño adecuado.
HERPES:
Es una infección viral frecuente que se presenta en dos variedades: El tipo I, la más común, tanto en niños como adultos, produce lesiones dolorosas alrededor de la boca en forma de aftas (calenturas). Es natural que cuando se presente este tipo de infección el niño pierda el apetito, debido a las lesiones que comienzan en una zona enrojecida y abultada, que se abre y deja salir un líquido opalescente. Después se forma una costra. El tipo II, el Herpes Zoster, afecta, sobre todo, a adultos y es más frecuenta en las zonas genitales. Los episodios de recurrencia del Herpes virus no producen síntomas generales como fiebre. Se limita apenas a la zona afectada. Esta enfermedad es producida por el virus Zoster, el mismo que produce también la varicela. El virus queda alojado en las células de los ganglios nerviosos sensitivos que inervan esa región y puede reactivarse ante situaciones de stress, bajas defensas (en niños), fiebre, exposición al sol, menstruación (en adolescentes). Para el tratamiento se debe consultar primero al médico. Todo el tratamiento está dirigido a disminuir la duración de la etapa aguda que normalmente dura 1 semana, a través del uso de un jarabe o comprimido que tienen la capacidad de disminuir notablemente la duración de los síntomas. Lo que no se debe ignorar es que el proceso puede repetirse muchas veces en la vida. Las cremas antivirales no son efectivas. Y los antibióticos serán indicados por el médico solo en casos de grandes infecciones.
I:
ICTERICIA:
Es una coloración amarilla de la piel, de las mucosas y de la conjuntiva debida al aumento de bilirrubina (producto de degradación del glóbulo rojo) en la sangre. La ictericia puede ser la primera manifestación de una enfermedad y por tanto si el bebé presenta ictericia deberemos llevarle al pediatra para que inicie el estudio, a no ser que se trate de la ictericia fisiológica del recién nacido, que es al proceso al que nos vamos a referir en este apartado. Durante los primeros días de la vida las funciones del hígado no están totalmente maduras y no es capaz de depurar toda la bilirrubina que le llega por la masiva rotura de los glóbulos rojos que ocurre normalmente después del nacimiento. Como consecuencia aumenta su concentración en sangre y es visible a través de la piel y de las mucosas. La ictericia no está presente en el momento del nacimiento, comienza a partir del segundo-cuarto día de vida y alcanza el máximo entre el 3º y el 7º día de vida. Habitualmente desaparece hacia el 10º día. El neonatólogo del Hospital vigilará la aparición y la evolución de la ictericia y se encargará de efectuar los controles necesarios para determinar los valores de bilirrubina. Depende de los días de vida, de la edad de gestación y de la cantidad de bilirrubina. Los neonatólogos valorando todos los datos indicarán el tratamiento más oportuno: pondrán al niño bajo una luz especial (fototerapia) que hace que el pigmento sea destruido y eliminado más fácilmente. Acude a Urgencias o consulta con tu pediatra si: La ictericia dura más de 10 días. Se acompaña de heces de color blanco. El bebé presenta un abdomen muy abultado.
INFECCIÓN URINARIA:
Es una infección que afecta al tracto urinario que incluye los riñones, los uréteres y la vejiga. Su diagnóstico y el tratamiento precoz y correcto son muy importantes ya que en caso contrario, puede dejar consecuencias a largo plazo como cicatrices renales o insuficiencia renal. Los gérmenes habitan en el tubo digestivo y alcanzan el tracto urinario por vía sanguínea o por vía ascendente. Esta situación es más frecuente en las niñas debido a la proximidad del ano y la uretra. También pueden existir malformaciones o anomalías de las vías urinarias que favorecen las infecciones. Dependen de la edad del niño y de la localización de la infección. Los recién nacidos y bebés durante los primeros meses pueden tener como único síntoma fiebre, irritabilidad y rechazo del alimento. En niños mayorcitos, los síntomas urinarios de vías bajas (cistitis) se manifiestan por micciones frecuentes y dolorosas. La infección urinaria de vías altas (píelo nefritis) se presenta con malestar general, fiebre alta y dolor abdominal y en la fosa renal del riñón afecto. Para diagnosticar la infección urinaria, sobre todo en el bebé, es importante pensar en ella. El pediatra ante un lactante con fiebre sin motivo aparente, realizará un análisis de orina que le permitirá obtener unos datos sugestivos de infección del tracto urinario. Para confirmar dicha sospecha, es necesario realizar un cultivo de orina, recogiendo la orina en las mejores condiciones de higiene para evitar que se contamine y nos den resultados falsamente positivos. Si las manifestaciones clínicas sugieren una píelo nefritis (inflamación del riñón) el pediatra indicará además análisis de sangre y una ecografía abdominal. El tratamiento debe ser lo más precoz posible y dependerá de la localización de la infección y de la edad del niño. Se recomienda ingreso y tratamiento hospitalario en niños menores de 1 año con infección del tracto urinario. Así mismo, las píelo nefritis deben ser tratadas en el Hospital durante la fase aguda de la enfermedad. Las infecciones de vías urinarias bajas, en niños mayores de 1 año, una vez recogida la muestra de orina para cultivo, pueden tratarse en su domicilio, con el antibiótico indicado por su pediatra. Es normal que: Durante el primer-segundo día del tratamiento el niño continúe con fiebre, y molestias al hacer pis. Se debe acudir al pediatra o a urgencias si: La orina tiene un aspecto sanguinolento. La fiebre no cede con el antitérmico o persiste a las 24-36 horas
de iniciado el tratamiento antibiótico. Se sospecha de una infección de orina y el niño es menor de un año.
M:
MENINGITIS:
Son enfermedades debidas a la inflamación de las meninges, que son las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal. El diagnóstico de meningitis crea habitualmente una situación de alarma en la familia, en la guardería y en la escuela a la que acude regularmente el niño, a pesar de que existe un tratamiento eficaz. La causa más común de la inflamación de las meninges es de origen infeccioso. Bacterias, virus u otros gérmenes procedentes de un foco cercano o a través de la sangre son capaces de alcanzar las meninges y causar su inflamación. Entre las meningitis bacterianas la más frecuente en nuestro medio es la producida por el meningococo. Desde la introducción de la vacuna frente al meningococo A y C, el tipo más frecuente es el B para el que actualmente no se dispone de vacuna eficaz. La meningitis por Haemophillus influenzae es actualmente rara debido a que se dispone de vacuna frente a esta bacteria, y la meningitis por Streptococus pneumoniae es poco frecuente. Las meningitis víricas son leves, y las meningitis tuberculosas, afortunadamente poco frecuente, son por el contrario, más graves. Los cuatro síntomas clásicos de las meningitis son: fiebre, vómitos, dolor de cabeza y rigidez de nuca. En los niños pequeños (menores de 1 año) los síntomas no son tan típicos. El dolor de cabeza lo manifiestan en forma de irritabilidad, llanto agudo o decaimiento. La fontanela puede estar abombada y/o el bebé es incapaz de mantener la cabecita levantada (se le cae hacia atrás). Los vómitos son proyectivos ("a chorro" y presenta afectación del estado general y fiebre elevada. Es muy importante observar si aparecen manchas en la piel. En este caso es necesario llevar inmediatamente al niño al Hospital. La meningitis bacteriana es una enfermedad grave y en ocasiones de evolución rápida y fulminante afectando al sistema de coagulación por lo que hay que instaurar el tratamiento de forma urgente. Por ello, ante la mínima sospecha es necesario llevar inmediatamente al niño al Hospital. La confirmación diagnóstica se establece con el análisis de una pequeña cantidad de líquido extraído de la médula espinal mediante una punción lumbar. Las personas que hayan tenido contacto estrecho con un niño con meningitis bacteriana en el hogar, guardería o en la escuela presentan un alto riesgo de contagio, por lo que está indicada la profilaxis antibiótica con un antibiótico (Rifampicina) durante 2 días. El pediatra dará las indicaciones terapéuticas oportunas para cada tipo de meningitis. El tratamiento de las meningitis se realiza en los hospitales o clínicas. Actualmente se disponen de antibióticos que han mejorado notablemente la evolución y el pronóstico de la enfermedad, siendo excepcionales las secuelas. Las meningitis virales, no precisan antibióticos pero habitualmente permanecen 1ó 2 días en el Hospital hasta que mejoren los síntomas. Se debe acudir al servicio de urgencias o consultar inmediatamente al tu pediatra si: El niño tiene fiebre y aparecen manchas de color violáceo en la piel. El niño está decaído o tiene mal aspecto. La fiebre no cede con antitérmicos. El niño tiene rigidez en el cuello.
MUERTE SÚBITA DEL LACTANTE:
Es la muerte repentina de un bebé aparentemente sano. Constituye la primera causa de mortalidad en el primer año de vida, excluyendo el periodo peri-natal. Su incidencia es de 2 por cada 1000 recién nacidos vivos. El riesgo de muerte súbita es más elevado entre los 2-4 meses de vida y entre la media noche y las 9 de la mañana. La causa continua siendo una incógnita, probablemente se debe a múltiples causas. Los estudios epidemiológicos demuestran que existen factores ambientales, genéticos y sociales relacionados con la madre y el propio niño. Las estadísticas demuestran que la mayoría de los casos ocurren mientras los niños están durmiendo y especialmente si lo hacen boca abajo. Otros grupos de riesgo son los bebés prematuros, recién nacidos de bajo peso, falta de atención prenatal, hijos de madres fumadoras y niños que necesitaron respirador artificial al nacer. Así mismo las familias con un caso previo de muerte súbita del lactante, presentan un riesgo 4-5 veces más elevado de lo habitual de que el hijo o hijos siguientes sufran una muerte súbita del lactante. Las recomendaciones para evitar este tipo de enfermedad son:
1. Acostar al bebé durante el primer semestre de vida boca arriba o de costado, nunca boca abajo (excepto por contraindicación médica).
2. Evitar el tabaquismo materno durante el embarazo y la lactancia.
3. Evitar el tabaquismo en el entorno del bebé.
4. Evitar el exceso de calefacción y de ropas/prendas de abrigo (temperatura ideal = 20º C).
5. Desaconsejar que el bebé duerma en la misma cama que los padres.
6. Fomentar la lactancia materna (primeros seis meses).
N:
NEUMOCOCO:
El neumococo o Streptococcus pneumoniae es una bacteria capaz de producir
enfermedades muy graves, en especial a los niños de corta edad, cuyo
sistema inmunológico no está preparado para combatirlo. Las infecciones neumocócicas son una importante causa de morbilidad, hospitalización y muerte en el mundo, siendo una de las diez causas principales de mortalidad en los países desarrollados y representa el 40% de las muertes por neumonía en los niños menores de cinco años. Aunque la nariz y la garganta son el hábitat natural del neumococo, éste puede alojarse en cualquier parte del organismo y dependiendo del lugar donde se sitúe, produce diferentes enfermedades. Desde la garganta puede pasar a la sangre, causando diferentes tipos de enfermedad invasora:
* Meningitis: es la más grave, por su elevada mortalidad y sus importantes
secuelas. Los síntomas son elevada fiebre, somnolencia, vómitos muy
característicos ("en escopetazo", dolor de cabeza y rigidez de cuello, etc.
* Bacteriemia sin foco: es una infección de la sangre, puede comenzar a partir de una neumonía y diseminarse por el organismo. Su síntoma principal es la fiebre alta, sin que ésta se asocie a otros signos identificables con otra enfermedad.
Cuando el neumococo se expande desde la garganta a las vías respiratorias
produce:
* Neumonía: infección de los pulmones que afecta a los alvéolos y a los tejidos circundantes, y especialmente grave en niños menores de 2 años. Los síntomas más comunes son sudores, temblores, resfriado, tos, fiebre y congestión de pecho.
* Otitis media aguda: Infección que se produce en el oído medio, de la que el neumococo es responsable de la mitad de los casos que se producen en niños.
Los síntomas incluyen dolor de cabeza, fiebre y dolor de oídos. En los niños, un constante zumbido en los oídos puede ser señal de otitis media aguda.
* Sinusitis: Inflamación de los senos nasales y paranasales, causada por una infección bacteriana. Las manifestaciones más comunes son fiebre, mucosidad y tos.
El neumococo se encuentra frecuentemente en la nariz y en la garganta de niños y adultos sanos. Aunque no todos los individuos son portadores de esta bacteria, aquellos que sí son portadores pueden infectar a otras personas por vía aérea. El neumococo puede afectar a cualquier niño sano en especial con edades comprendidas entre los 2 meses y los 5 años. Como este germen se transmite
fácilmente a través de estornudos, besos, contacto personal, etc., la asistencia a guarderías incrementa el riesgo de contagio. También aquellos niños que padecen otitis repetidas presentan un alto riesgo de contraer una infección neumocócica. Las secuelas más frecuentes de las enfermedades neumocócicas en los niños, especialmente la meningitis, pueden ser muy importantes: retraso psicomotor, hidrocefalia, parálisis facial, pérdida de audición y ceguera, etc. Conviene destacar que la meningitis por neumococo posee el índice de mortalidad más elevado de todos los tipos de meningitis y es la que más graves secuelas deja en el niño. Tradicionalmente, las enfermedades neumocócicas han sido tratadas con penicilina. Sin embargo, en los últimos años se ha observado un alarmante incremento de las resistencias del neumococo a este antibiótico. Este dato representa un importante problema a tener en cuenta por el médico a la hora de establecer un tratamiento. Debido al difícil tratamiento de estas enfermedades, la vacunación es la única terapia preventiva eficaz y duradera frente a las enfermedades neumocócicas.
NEUMONÍA:
Es una inflamación aguda del pulmón. El inicio de la neumonía viral se caracteriza por un cuadro previo de catarro en las vías superiores, con rinitis, fiebre o febrícula apareciendo posteriormente el compromiso de la vía respiratoria inferior con dificultad respiratoria y aumento de la frecuencia respiratoria. Por su parte la neumonía bacteriana se caracteriza por un inicio repentino con fiebre, dificultad respiratoria, dolor toráxico y regular estado general del paciente. Los gérmenes varían según la edad del paciente. No es lo mismo una neumonía en un niño de 2 meses que en uno de 2 años o en un adolescente. La mayoría de los casos son de causa infecciosa. Los microorganismos más comunes son los virus respiratorios entre los que se destacan el Sincitial Respiratorio, el Adenovirus (más severo), etc. A su vez existen otras causas infecciosas como las bacterianas menos frecuentes pero suelen ser más graves. Otro tipo de neumonía son las denominadas Neumonías Atípicas (producidas por Hycoplasmas) que puede presentarse en aproximadamente 30 % de los niños mayores de 5 años. Para el tratamiento de esta enfermedad se recomienda buena hidratación del paciente, el uso de nebulizadores (con o sin gotas, dependiendo de la presencia de obstrucción bronquial), uso de determinados antibióticos que se deben ajustar tanto en dosis como edad para su elección. El uso de antitusivos no es recomendado ya que pueden cortar el reflejo de defensa que da la tos y empeorar el cuadro del paciente, al no toser no se eliminan las secreciones quedando retenidas y produciendo un factor más para empeorar la salud del paciente. Hay que dejar en manos profesionales la elección del antibiótico a usar y no automedicar un proceso pulmonar.