A la pastilla azul le quiere salir un competidor natural, y además rojo. Según un estudio difundido por científicos de la Universidad A&M de Texas, la sandía contiene citrulina, una sustancia que tiene la capacidad de producir un relajamiento de los vasos capilares. Además, al ser convertida esa sustancia en un aminoácido llamado arginina, “produce maravillas en el corazón, en el sistema circulatorio y mantiene un buen sistema inmunológico”, según Bhimu Patil, director del Centro de Mejora de Frutas y Vegetales de la Universidad A&M.
¡Hala! A comer sandías. Con lo ricas y fresquitas que están en verano. Pero claro, no todo lo que reluce es oro. Parece que la citrulina está en la parte blanca, esa que intentamos evitar por su dureza y escaso buen sabor. Y además la vasodilatación que produce es generalizada, con lo cual volvemos a la prehistoria del Viagra, cuando no teníamos un vasodilatador selectivo de los cuerpos cavernosos, que es el verdadero secreto del éxito terapeútico de la pastilla azul.
Pero, de todas formas, lo de comer sandía no está nada mal, y a lo mejor, incluso tiene un efecto placebo, aparte de esos posibles beneficios, eso sí, comiéndose lo blanco. Y en todo caso, creérselo es lo mejor, por lo del efecto placebo. Yo creo que quieren vender sandías.