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InfoFecha desconocida

estabamos hablando en mi casa de diversos temas y mi abuela contaba cosas de mis bisabuelos que eran de finales del siglo XlX, y surgio una pregunta, ¿que paso con la gente de color que vivia en argentina?, gracias a esta pregunta me puse a investigar un poco del tema y descubri datos interesantes que les paso a dejar.

Quiero comenzar con un poco de historia


Población negra en Argentina

La población negra en Argentina, procedente de la trata de esclavos durante los siglos de la dominación española del Virreinato del Río de la Plata, ha contado con un papel importante en la historia argentina. Llegó a conformar más de la mitad de la población de algunas provincias durante los siglos XVIII y XIX, y ejerció un profundo impacto sobre la cultura nacional. Aunque disminuyó marcadamente en número a lo largo del siglo XIX, por el efecto conjunto del aluvión migratorio fomentado por la Constitución de 1853 y la elevada tasa de mortalidad de los negros, su aparente desaparición fue más el resultado de una representación historiográfica que los daba por exterminados que una realidad empírica. En 2006 se realizó un censo piloto sobre esta cuestión, en los barrios de Monserrat, en Buenos Aires, y en Santa Rosa de Lima, en Santa Fe, verificándose que el 5% de la población argentina sabe que tiene antepasados provenientes del África negra y que hay un 20% considera que podría tenerlos pero no lo sabe a ciencia cierta. Esto respalda al estudio del Centro de Genética de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires que estimó en un 4,3 % el porcentaje de habitantes de Buenos Aires y del conurbano que tiene marcadores genéticos africanos.

Introducción y origen de negros durante la colonia

Como parte del proceso de conquista, el régimen económico de las colonias europeas en América desarrolló distintas formas de explotación forzada del trabajo de los nativos. Sin embargo, la relativamente baja densidad poblacional de algunos de los territorios americanos, la resistencia opuesta por algunos grupos aborígenes a la aculturación y sobre todo la elevada tasa de mortandad que el sometimiento, el tipo de trabajo y las enfermedades introducidas por los europeos provocó en la población nativa, llevaron a complementar la mano de obra que estos proporcionaban con esclavos procedentes del África subsahariana.

Hasta bien entrado el siglo XIX, la explotación minera y la agricultura constituyeron el grueso de la actividad económica en América. Buena parte de este trabajo fue llevado a cabo por mano de obra en régimen de esclavitud o similar. Los africanos ofrecían a los conquistadores la ventaja de haber estado ya expuestos, por su proximidad geográfica, a las enfermedades europeas, y a la vez estar adaptados al clima tropical de las colonias. El ingreso de esclavos africanos comenzó en las colonias del Río de la Plata en 1588, aunque estos primeros arribos fueron en gran parte obra del contrabando, y el tráfico prosperó a través del puerto de Buenos Aires cuando se concedió a los británicos el privilegio de ingresar una cuota de esclavos a través de éste. Los reyes de España celebraban, para proveer esclavos a las Indias Orientales, contratos “ de asiento” con diversas compañías, principalmente portuguesas y españolas. En 1713 Inglaterra, victoriosa en la Guerra de Sucesión española, ejerció el monopolio de este comercio. El último asiento se pactó con la Real Compañía de Filipinas en 1787. Hasta la prohibición de 1784 los negros eran medidos y luego marcados con hierro.

En cuanto a su procedencia antes del siglo XVI habían llegado esclavos en números relativamente reducidos a partir de las islas de Cabo Verde, pero la mayoría de los africanos que se introdujeron a la Argentina procedían de los territorios de la actual Angola, la República Democrática del Congo, Guinea y la República del Congo, pertenecientes al grupo étnico que habla la familia de lenguas bantú. De los grupos yoruba y ewe, que fueron llevados en grandes números al Brasil, la inmigración fue más reducida.

Se calcula que 60.000.000 de africanos fueron enviados a América, de los cuales sólo llegaron con vida 12.000.000, que ingresaron fundamentalmente a través de los puertos de Buenos Aires, Montevideo, Valparaíso y Río de Janeiro.[3]

Los esclavos se destinaron a las labores de agricultura, ganadería, el trabajo doméstico y en menor medida la artesanía. En las zonas urbanas, muchos esclavos desarrollaban labores de artesanía para la venta, cuyos réditos percibían sus patrones. Los barrios porteños de San Telmo y Montserrat alojaron a gran cantidad de los mismos, aunque la mayor parte fue a dar al interior. El censo llevado a cabo por Juan José de Vértiz y Salcedo en 1778 arrojaba resultados muy elevados en las provincias de mayor producción agrícola: el 54% en la provincia de Santiago del Estero, el 52% en la provincia de Catamarca, el 46% en la provincia de Salta, el 44% en la provincia de Córdoba, el 42% en la provincia de Tucumán, el 24% en la provincia de Mendoza, el 20% en la provincia de La Rioja, el 16% en la provincia de San Juan, el 13% en la provincia de Jujuy, el 9% en la provincia de San Luis. En otras provincias constituían una parte importante de la población; uno de los barrios bajos de la ciudad de Corrientes lleva hasta hoy el nombre de Camba Cuá —del guaraní kamba kua, "cueva de los negros".

En cuanto a la ciudad de Buenos Aires el mismo censo cifraba en 15.719 la cantidad de españoles, 1.288 la de mestizos e indios y de 7.268 la de mulatos y negros, mientras que en 1810 se contabilizaban 22.793 blancos, 9.615 negros y mulatos y tan sólo 150 indígenas. La zona más densamente poblada de negros estaba situada en el barrio de Montserrat, también llamado Barrio del Tambor, a pocas cuadras del actual Congreso de la Nación.

Las naciones

Solían agruparse en sociedades a las que llamaban naciones, algunas de ellas fueron Conga (de morenos), Cabunda, Africana argentina, Mozambique etc.

Las sedes de ellas tenían en común ser lugares abiertos aplanados artificialmente y arenados para el baile; y otros cerrados con espacio interior libre. En algunos casos las salas eran alfombradas y encortinadas gracias al desprendimiento de algún amo. La nación tenía su rey y reina, (que en realidad eran elegidos democráticamente y no tenían corte) y contaban con un trono que se levantaba en el mejor lugar de la sala, con su bandera, que cada nación la tenía. También había un estrado o al menos una tarima, que entre otras cosas era utilizado para recibir a los grandes dignatarios, como Juan Manuel de Rosas, esposa e hija, como se los ve en un cuadro de Martín Boneo. En la sede se efectuaban tertulias y bailes.

A su vez las sociedades de negros se aglomeraban en los barrios, como el del Mondongo o el del Tambor. El primero fue uno de los más importantes en Buenos Aires y se componía de 16 manzanas, en el barrio de Monserrat. Su nombre provino del hecho de que consumían grandes cantidades del mismo, que vendían los vendedores al grito de ¡Mondongo, Mondongo!. En cuanto al nombre Tambor, de la segunda, era muy común que siempre algún pueblo tuviera una nación con ese nombre, pues era su instrumento favorito para sus bailes y canciones.

A veces los esclavos eran comprados por los particulares directamente en el exterior por medio de un comisionado. Por ejemplo, una carta enviada desde Río de Janeiro decía:

Muy señor mío: por la goleta Ávila remito a usted la negrita que me encargó comprar aquí. Tiene unos trece o catorce años, ha nacido en el Congo, y se llama María. Hago constar que he recibido los quinientos pesos, importe de la compra. Saluda a ud. Su afmo. y S.S.

Los negros en la formación de la Argentina

A pesar de su reducción a la esclavitud, testimonios de la época sostienen en que en Buenos Aires y Montevideo los esclavos eran tratados con menos crueldad que en otras partes. José Antonio Wilde, en Buenos Aires desde 70 años atrás (1810-1880) decía que:

los esclavos habían sido tratados con verdadero cariño por sus amos, no habiendo punto de comparación con el trato dado en otras colonias.

Ello no le impedía reconocer sin embargo que:

las amas atormentaban más o menos a esta fracción desventurada del género humana (y que) estaban entre nosotros por lo general muy mal vestidos.

La misma opinión en cuanto al mejor trato nos dejaron en sus testimonios los extranjeros que venían. Por ejemplo, Alexander Gillespie, capitán del ejército británico durante las invasiones inglesas, escribió en sus memorias que lo sorprendió lo bien que se los trataba en contraste con nuestros plantadores y los de América del Sur, y proseguía:

"Estos infelices desterrados de su país, así que son comprados en Buenos Aires, el primer cuidado del amo es instruir a su esclavo en el lenguaje nativo del lugar, y lo mismo en los principios generales y el credo de su fe"...."Los amos, en cuanto pude observar, eran igualmente atentos a su moral doméstica. Todas las mañanas antes de que el ama fuese a misa, congregaba a las negras en círculo sobre el suelo, jóvenes y viejas, dándoles trabajo de aguja y tejido, de acuerdo con sus capacidades. Todos parecían joviales y no dudo que la reprensión también penetraba en su círculo. Antes y después de la comida, así como en la cena, uno de estos últimos se presentaba para pedir la bendición y dar las gracias, lo que se les enseñaba a considerar como deberes prominentes y siempre los cumplían con solemnidad".

Memorias de Alexander Gillespie, Capitán del Ejército Británico


En 1801 las primeras milicias de negros se organizaron y reglamentaron en la Compañía de Granaderos de Pardos y Morenos como un cuerpo militar segregado del resto.

Durante los días de las Invasiones Inglesas (1806) se originó un levantamiento de esclavos negros en Buenos Aires alentados por el auge del abolicionismo de la esclavitud en Inglaterra. Creían que la expedición inglesa llegaba principalmente para darles su independencia. Pero el general inglés, William Carr Beresford, no miró con simpatía este movimiento: el vocero de los porteños criollos, Juan Martín de Pueyrredón (que días después reorganizara la reconquista), argumentando que la ruina amenazaba al país si no se suprimía la ilusión de los esclavos, le reclamó medidas en favor de sus haciendas y en consecuencia Beresford emitió un bando en el que ordenaba que se le hiciera entender a los esclavos que su condición de tales no variaría (“se los atajó a tiempo”, escribiría Pueyrredón en julio de 1806 en carta a su suegro en Cádiz). Esta medida contribuiría a la derrota de los ingleses, porque impulsó a los esclavos a combatir contra ellos.

Tras la derrota de los ingleses el Cabildo de Buenos Aires declaró como principal objetivo “ver modo de desterrar la esclavitud de nuestro suelo”. La Asamblea del Año XIII, el primer cuerpo constituyente de la Argentina, decretó la libertad de vientres, pero no reconoció el derecho a la libertad de los esclavos existentes. Muchos de ellos formaron parte de las milicias y tropas irregulares que eventualmente conformarían el Ejército Argentino, siempre en escuadrones segregados. Podían sí, si no estaban conformes con su amo, solicitar ser vendidos e incluso buscar ellos mismos un comprador.

Hasta la abolición de la esclavitud en 1853, la Ley de Rescate obligaba a los propietarios de esclavos a ceder el 40% de los mismos para prestar servicio militar. Los que desempeñasen cinco años completos de servicio obtendrían la libertad, pero rara vez fue ese el caso.

En el Ejército del Norte que comandaron José de San Martín y Manuel Belgrano los libertos negros compusieron hasta el 65% de las tropas. San Martín llegó a considerar que existían 400.000 afroamericanos que podían ser reclutados en los ejércitos patrios
Los ejércitos de la independencia reclutaron a gran cantidad de los esclavos que existían en los territorios conquistados a los realistas, ofreciéndoles a cambio la libertad. Muchos de ellos integraron el Batallón Nº8, que formó parte de la línea de choque en la batalla de Chacabuco donde registraron gran cantidad de bajas.

Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas la población negra de Buenos Aires llegó al 30%. De esa época data la celebración de los carnavales en su forma americana, y el desarrollo de ritmos como el candombe y la milonga que pasarían a formar parte integral del folclore de Argentina. De Rosas se cuenta su gran aprecio por la población negra, y su frecuente asistencia a los candombes. Muchos de los gauchos que desarrollaron tareas en el campo en esa época eran afroargentinos.

En 1837 Rosas sancionó una ley que prohibía en forma expresa la compra venta de esclavos en territorio nacional y en 1840 hizo pública su declaración de la abolición total del tráfico de esclavos por el Río de la Plata en todas sus formas. La Constitución Nacional de 1853 abolió la esclavitud, pero legalmente recién con la reforma de la Constitución en 1860 la abolición quedó completa al establecerse la libertad de esclavos de extranjeros introducidos por sus amos al territorio argentino.

Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento (1866-1872) suceden los dos hechos a los que la historia tradicional asigna haber causado la muerte en masa de los afroargentinos: la Guerra del Paraguay (1865-1870) y la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires (1871). Sarmiento había expresado fuertes ideas racistas y una clara posición acerca de la necesidad de eliminar el componente afroargentino de la población.[cita requerida]

Uno de los pasajes fundamentales del Martín Fierro, escrito en 1872 y considerado el libro nacional de la Argentina, consiste en dos encuentros del protagonista con gauchos negros: al primero lo asesina con evidente desdén racista en la primera parte del libro, y con el otro, que resulta ser hijo del primero, varios años después, sostiene una famosa payada.

Después de abolirse la esclavitud los afroargentinos vivieron en condiciones miserables y discriminados. Prueba de ello es que de los catorce colegios existentes en Buenos Aires en 1857 solo dos admitían niños negros, a pesar de que el 15% de los alumnos de ese año eran de color.[7] Similarmente, en 1829, en Córdoba sólo podían ingresar a los colegios secundarios dos afros por año; y a la universidad sólo tuvieron acceso en 1853.
Los afroargentinos comenzaron a publicar periódicos y a organizarse para la defensa común. Uno de los periódicos, “El Unionista”, publicó en 1877 una declaración de igualdad de derechos y de justicia para todas las personas sin importar el color de la piel. En uno de sus números decía:

...la Constitución es letra muerta y abundan los condes y marqueses; los cuales, siguiendo el antiguo y odioso régimen colonial pretenden tratar a sus subordinados como esclavos; sin comprender que entre los hombres que humillan hay muchos que ocultan bajo su tosco ropaje una inteligencia superior a la del mismo que ultraja.

Otros periódicos fueron “La raza africana, o sea el demócrata negro” y “El proletario” (ambos de 1858). Hacia 1880 en la ciudad existían alrededor de veinte periódicos de esta índole. Debido a esta actividad organizativa, algunos investigadores de los movimientos sociales han considerado que los afroargentinos fueron quienes introdujeron el socialismo y la idea de justicia social en la cultura argentina[6] .

También incursionaron en la política. Por ejemplo, José M. Morales, activo coronel mitrista, llegó a ser diputado provincial, constituyente y luego senador provincial en 1880, mientras que el teniente coronel Domingo Sosa llegó a ser diputado en dos oportunidades y constituyente en 1853.


¿Qué sucedió con la población afroargentina?

Tradicionalmente se ha afirmado que la población negra en la Argentina disminuyó desde comienzos del siglo XIX hasta prácticamente desaparecer. Sin embargo, el censo piloto realizado en dos barrios argentinos en 2006 sobre conocimiento de antepasados provenientes del Africa negra verificó que un 5% de la población sabe que desciende de africanos, y otro 20% piensa que podría descender pero no lo sabe a ciencia cierta. Teniendo en cuenta que la inmigración europea explicaba más de la mitad del crecimiento de la población argentina en 1960, algunos investigadores sostienen que antes que disminución lo que hubo fue un proceso de "invisibilización" de la población afroargentina y sus raíces culturales. Otros investigadores han sostenido que existió una deliberada política de genocidio de los afroargentinos, expresadas abiertamente por el presidente como Domingo F. Sarmiento, y que se ejecutó mediante políticas represivas utilizando las epidemias y las guerras como herramienta de exterminio en masa[6] . Las teorías que sostienen el genocidio, así como la disminución de la población, utilizan argumentos similares, pero se diferencian por la atribución de intencionalidad que la primera atribuye a las clases dirigentes. Entre las causas expresadas se destacan:

* las numerosas bajas causadas por las contiendas: los negros formaron parte de manera desproporcionada del ejército argentino en la cruenta y larga Guerra del Paraguay (1865-1870), en la que las pérdidas de vidas por ambas partes fueron elevadas. La historiografía oficial sostiene que esta circunstancia produjo la desaparición de la población negra, mientras que la que sostiene el genocidio sostiene que el reclutamiento desproporcionado fue intencional.
* las epidemias, en especial la de fiebre amarilla de 1871: la historia tradicional sostiene que las epidemias tuvieron mayor impacto en las zonas donde habitaba la población más pobre, mientras que la visión que sostiene la existencia de un genocidio destaca los mecanismos represivos que permitieron a los grupos de clase alta salir de las zonas afectadas al mismo tiempo que obligaron a los afroamericanos a permanecer encerrados y agravar las condiciones de salubridad .
* la emigración, en particular al Uruguay, donde la población negra había sido históricamente más numerosa y contaba con un clima político más favorable;
* la inmigración masiva procedente de Europa entre 1850 y 1950, fomentada por la Constitución Nacional de 1853, que multiplicaría rápidamente la población del país. Los inmigrantes europeos habrían desplazado real y simbólicamente a los negros, siguiendo el proyecto de la clase dirigente de europeización de la Argentina.

Domingo F. Sarmiento, defendió ideas racistas y fue presidente cuando sucedieron los hechos a los que se atribuye la muerte masiva de los afroargentinos
Domingo F. Sarmiento, defendió ideas racistas y fue presidente cuando sucedieron los hechos a los que se atribuye la muerte masiva de los afroargentinos

Domingo F. Sarmiento, quien fuera presidente durante la gran epidemia de fiebre amarilla y la Guerra del Paraguay, hechos a los que se le asigna el exterminio de los afroargentinos, tenía una fuerte posición racista y sostenía la necesidad de eliminar a la población negra. En 1848 escribió en su diario de viaje a EE. UU.:

La esclavitud de los Estados Unidos es hoy una cuestión sin solución posible; son 4 millones de negros, y dentro de 20 años serán 8. Rescatarlos, ¿quién paga los 1.000 millones de pesos que valen? Libertos, ¿qué se hace con esa clase negra odiada por la raza blanca?... La esclavitud es una vegetación parásita que la colonización inglesa ha dejado pegada al árbol frondoso de las libertades. No se atrevieron a arrancarla de raíz cuando podaron el árbol, dejando al tiempo que la matase, y la parásita ha crecido y amenaza desgajar al árbol entero...

Años después el mismo Sarmiento escribiría:

Llego feliz a esta Cámara de Diputados de Buenos Aires, donde no hay gauchos, ni negros, ni pobres



Las expresiones de Sarmiento son un ejemplo de la actitud tomada por el Estado Argentino luego de abolida la esclavitud, modificando las clasificaciones censales para que no queden registros de su presencia, eliminando las categorías de población "negra" o "morena", para fusionarla con otros grupos bajo el rótulo de "trigueña".

Algunos de los escasos investigadores de la situación de los afroargentinos el finalizar el siglo XIX, han sostenido que su supuesto desplazamiento por parte de los inmigrantes europeos no resulta compatible con el hecho de la alta tasa de masculinidad de estos últimos. Por el contrario, ese dato sugiere fuertemente un alto grado de mestizaje entre europeos y afroargentinas.

También hay que tener en cuenta que los inmigrantes europeos no se radicaron masivamente en las provincias norteñas, donde la población negra era predominante.

En 1887 el porcentaje oficial de población negra fue computado en un 1,8% del total. A partir de ese momento no será registrada en los censos. La posición del Estado volvió a hacerse explícita al realizarse el Censo Nacional de 1895 cuando sus responsables afirmaron:

No tardará en quedar la población unificada por completo formando una nueva y hermosa raza blanca

A partir de entonces y durante casi un siglo, en la Argentina prácticamente no se realizaron estudios referidos a los afroargentinos.

A partir de la década de 1930 comenzaron a producirse grandes migraciones internas hacia Buenos Aires y otros centros urbanos para integrarse como obreros fabriles en el proceso de industrialización abierto entonces. A partir de la década de 1940 su presencia se hizo multitudinaria y fueron llamados despectivamente por amplios sectores de clase media y alta, "cabecitas negras".

Recién en las últimas décadas han comenzado a aparecer investigaciones tanto históricas como sociológicas orientadas a la población negra, con resultados que han sido recibidos con sorpresa, y en algunos casos rechazo, por amplios sectores.

Los mecanismos de invisibilización y discriminación física y cultural de los afroargentinos tuvieron una manifestación publica en 2002, cuando una funcionaria de migraciones denunció erróneamente a una ciudadana argentina por falsificación del pasaporte, argumentando que "no podía ser argentina y negra".[12]

En los últimos años se han multiplicado los estudios, actividades y organizaciones relacionadas con la población afroargentina. El resultado general indica una presencia tanto física como cultural mucho mayor que la que se suponía oficialmente.

Influencia cultural

Posiblemente el efecto más duradero del influjo negro en la Argentina sea el tango, que cobra parte de sus características de las festividades y ceremonias que los esclavos desarrollaban en los llamados tangós, las casas de reunión en que se agrupaban con permisos de sus amos. La milonga y la chacarera se nutren también de su influencia, así como la payada; amén del ficticio moreno del Martín Fierro, fue famoso el payador Gabino Ezeiza. El pianista Rosendo Mendizábal, autor de El entrerriano, era negro, así como Cayetano Silva, compositor de la música de la Marcha de San Lorenzo. Y Zenón Rolón, quien escribió la marcha fúnebre que en 1882 se ejecutó en honor al Libertador José de San Martín al retornar sus restos a la Argentina.

El lenguaje argentino está plagado de términos africanos, por ejemplo: mina (utilizado como sinónimo de mujer), mucama, mondongo, quilombo, banana, arroró, marote. Más aún, muchos términos del lunfardo son también del mismo origen como: mandinga, milonga, zamba, etc. En lo religioso, además de las festividades de Carnaval, la veneración del legendario San Baltasar —el rey mago negro, aún venerado popularmente en Corrientes— y de San Benito.

Sin embargo, el racismo sigue siendo importante. Los términos negro, negrita, morocho o cabecita negra —dirigidos hacia personas de otra clase social, pero con un fuerte contenido semántico vinculado a la raza— siguen siendo utilizados, aunque sus víctimas a menudo son personas de origen amerindio e incluso de origen europeo.

Poemas de afroargentinos

En medio de mi pueblo estoy aislado,
porque donde mi cuna se meció
con ímpetu arrojada de su lado,
una raza de parias ha quedado
y a aquella raza pertenezco yo.
Y ni patria tenemos, si existe,
de su seno nos supo conscribir;
las cargas sean para un hombre triste.
Y si un solo derecho nos asiste,
ha de ser el derecho de morir.

(1869) Horacio Mendizabal, poeta afroporteño.


Ah maldito, maldito mil veces
seas blanco sin fe, tu cruel memoria
es eterno baldón para tu historia.

(1878) Casildo Thompson, poeta afroporteño.


Ya no hay negros botelleros,
ni tampoco changador,
ni negro que vende fruta,
mucho menos pescador;
porque esos napolitanos
hasta pasteleros son
y ya nos quieren quitar
el oficio de blanqueador.
Ya no hay sirviente de mi color
porque bachichas toditos son;
dentro de poco ¡Jesús por Dios!
bailarán zamba con el tambor.

Anónimo, probablemente de fines del siglo XIX.


Categorías coloniales raciales

Durante la colonia, las autoridades españolas calificaron como distintas "variedades" de "cruzas" aquellas derivadas de la unión de personas negras africanas con personas de otros orígenes étnicos. Los nombres utilizados fueron:

* Mulato (proviene del término “mula”): cruza de negro/a con blanco/a.
* Tercerón: cruza de blanco/a con mulata/o.
* Cuarterón: cruza de blanco/a con la tercerona/o.
* Quinterón: cruza de blanco/a con carterona/o
* Zambos: cruza de negro/a con india/o
* Zambos prietos: que tenían fuerte color negro.
* Salto atrás: cuando un hijo era más negro que sus padres.

Socialmente, poseer una "cruza" en el árbol genealógico era una mácula. Estas clasificaciones, así otras frecuentes en la cultura colonial, como "mestizo" o cholo, se utilizaban para estigmatizar a las personas e impedir su ascenso social. En algunos casos, conocidas personalidades históricas se encontraron en esta situación, como Bernardo de Monteagudo y Bernardino Rivadavia, fueron calificados de "mulatos".

Racismo en la Argentina relacionado con el tono de piel

En la Argentina, al igual que en los demás países de América, el racismo relacionado con el tono de la piel o el origen africano de las personas se remonta a los tiempos de la dominación colonial. En el régimen de castas impuesto por España, los descendientes de personas provenientes del Africa negra ocupaban un lugar aún más bajo que los descendientes de personas pertenecientes a los pueblos originarios.

El racismo colonial pasó en cierta medida a la cultura argentina, como lo muestran algunos comentarios racistas del presidente Domingo F. Sarmiento o ciertas frases incluidas en las literatura nacional. Durante mediados del siglo XIX, eran comunes los duelos a muerte entre gauchos mestizos y afroargentinos. En la literatura argentina, se representaron éstas disputas con tinte racista en un famoso pasaje del libro de José Hernández, el Martín Fierro (La ida), publicado en 1870, en el que el personaje principal se bate a duelo con un gaucho negro luego de insultar a su novia e insultarlo con el siguiente verso:

A los blancos hizo Dios,
a los mulatos San Pedro,
a los negros hizo el diablo
para tizón del infierno


Varios años después, en 1878 Hernández publica la segunda parte de su famoso libro, en el que Fierro sostiene una famosa payada en la que debate temas filosóficos (como la vida, la creación, la existencia, etc.) con otro gaucho negro que resulta ser el hijo del anterior y único personaje alfabetizado del famoso libro. Demostrando la evolución del personaje y probablemente de la sociedad argentina en procesos de recibir a millones de inmigrantes europeos, en esta oportunidad Martín Fierro evita el duelo cuando este parecía inevitable.

La invisibilización deliberada de los afroargentinos y su cultura, es otra manifestación notable del racismo en la Argentina, relacionado con el tono de la piel o los orígenes africanos.

En 2006 la presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) reconoció la invisibilización de los afroargentinos con la siguientes palabras:


Los afros en la Argentina han sido «invisibilizados» y hoy siguen invisibles. Este es el resultado de un proceso de diáspora producido por el esclavismo y su transformación en servidumbre... La actual estratificación social los ubica en la pobreza.


Un tipo especial de discriminación se ha generalizado desde mediados del siglo XX utilizando términos despectivos como "cabecitas negras", "negros", "negritas", "negrada", y que están relacionados fundamentalmente con trabajadores de clases bajas. En muchos casos, se han "racializado las relaciones sociales",[15] y simplemente se utiliza el término "negro", para denominar de forma despectiva al trabajador o trabajadora, sin relación alguna con el color de su piel. En las relaciones laborales es de uso habitual entre las personas que poseen cargos de importancia en empresas en manejo de personal, referirse a los trabajadores como "los negros". También en la vida política es habitual referirse a los simpatizantes del peronismo como "negros".

En esta manifestación particular del racismo en la Argentina, se ha unificado en el término "negro" o "negra", la discriminación de personas pertenecientes a los pueblos originarios, como asimismo la de migrantes latinoamericanos y sus descendientes, y la dirigida contra los afroargentinos.

Una manifestación de este racismo actual se encuentra en las canciones empleadas por las hinchadas de fútbol, en las que la discriminación por etnia o nacionalidad es conspicua; en una de ellas, particularmente famosa, se "acusa" a los hinchas de Boca Juniors de ser "negros sucios de Bolivia y Paraguay

Organizaciones

El 9 de octubre de 2006, se creó el Foro de Afrodescendientes y Africanos en la Argentina, con el objetivo de promover el pluralismo social y cultural y la lucha contra la discriminación de una población que en el país alcanzaría a los dos millones de habitantes.
El Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) es el organismo público encargado de combatir la discriminación y el racismo.


Algunas noticias del diario clarin (son noticias viejas)

año 2002
Un censo para saber más de la comunidad negra en Argentina

Incluye a descendientes de gente que llegó durante el Virreinato. Algunos son quinta generación de argentinos. El trabajo también abarca a nacidos en otros países y que viven aquí. El censo ya empezó a realizarse en Buenos Aires.


Silvina Heguy. DE LA REDACCION DE CLARIN.
El único problema es que no existíamos. Habíamos muerto todos en la Guerra contra Paraguay. Pero yo, de una bala no nací", dice concluyente María Magdalena Delamadrid mientras se señala de cuerpo entero como para no dejar duda de que es argentina de quinta generación, descendiente de africanos y una de las responsables del censo que se está realizando entre la comunidad afroargentina.

Pocha, como la conocen todos, vivió sin ser vista por los ojos oficiales igual que le pasó a la mayoría de los afrodescendientes que —según estima la Fundación Africa Vive— son dos millones de argentinos.

Pero un día de 1996, esta mujer se encontró de frente con el mito que dice que en la Argentina no hay población negra. Dos investigadores llegaron desde EE. UU. a Uruguay para estudiar allí a la población descendiente de africanos. Como a todos, a ellos también les habían dicho que en la otra costa del Río de la Plata no existía una población negra: pero alguien se los negó y los contactó con Pocha, descendiente de una pareja de esclavos que vivió aquí desde la época del Virreinato.

Así, esta mujer, que trabajaba por horas en casas de familias, fue invitada a EE.UU. Con su presencia en la Universidad Howard, en Washington, negó las palabras que, según le dijeron, el entonces presidente Carlos Menem había dicho dos meses antes de su llegada: "en Argentina no existen los negros; ese problema lo tiene Brasil".

Entonces le contestó: "Acá estamos, señor presidente, los negros que usted no encuentra en la Argentina". Y se volvió con un objetivo: fundar Africa Vive, una organización no gubernamental, que se ocupa de rescatar los valores de la comunidad afroargentina. Obtuvo un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo y ayuda de la Fundación Kellogs.

A pesar de sufrir los problemas de ser excluidos en un país de una mayoría de excluidos, en 2001 Pocha redobló la apuesta. Decidió censar a su comunidad. "Basta con una gota de sangre para ser negro", dice para explicar a quiénes considera afrodescendientes.

Aprender sobre sus derechos y cómo luchar contra la discriminación y el olvido, a Pocha le llevó varios viajes a diferentes encuentros. Desde 1996 consiguió becas de estudio y un programa de préstamos para microemprendimientos de $ 300 para que la gente luche contra el desempleo.

El censo surgió con el apoyo de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y ya se conocen los informes preliminares de Capital (ver Primer resultado...).

Obtener los resultados "no fue fácil", dice Pocha. A veces —admite— los censistas recibieron el silencio como respuesta: el mito que escondió a los negros durante años, también parece que los calló.

Por eso, hasta ahora, el censo exigió paciencia. Desde Africa Vive explican que fue como encontrar una hilachita e ir tirando del hilo familiar para reconstruir una parte de la historia argentina. "Nos decían: en tal lugar hay un pariente mío que es descendiente de africanos". Igual que Pocha, cuyo tatarabuelo era un esclavo liberado que trabajaba con el general Lamadrid y se enamoró de Pepa, una esclava que compró para darle la libertad y después casarse. La mayoría de sus descendientes nacieron después de 1813 cuando en el país se dio libertad a los hijos de los esclavos.

En las entrevistas hechas, la historia de esta comunidad (que en 1810 era la tercera parte de la población de Buenos Aires) se repite. Un concejal —cuenta Pocha— un día le abrió la puerta de su despacho y cuando la cerró le dijo: "Sos igual a mi abuela, pero la teníamos escondida en un cuarto para que no la vieran".

Una historia de silencios demasiado conocida también para ella. "En Washington me di cuenta que la situación era la misma, pero que acá yo gritaba sola. Además de no existir, el problema es que estamos en la periferia". No fue la Guerra del Paraguay (1861/1870) ni la epidemia de fiebre amarilla (que en 1871 azotó a Buenos Aires) lo que los borró del mapa, si no la pobreza. "A los que les fue mejor se compraron un terreno afuera, después tuvieron hijos que no pudieron salir de la limitación impuesta por la discriminación". Entonces, "una mujer que tenía un parque con frutales, ahora lo tiene con las casillas donde viven sus hijos".

Horacio Domingo Delgadino, otro descendiente de africanos, sabe de esa historia. "Perón nos sacó de los conventillos de San Telmo para mandarnos a unas casillas en Villa Soldati. De ahí los militares nos trasladaron a Ciudad Evita".

Pocha también sabe de eso. Su infancia la vivió en una casa con sus 32 primos hermanos. Creció con el estigma de ser hija de madre soltera. Sus días de escuela primaria los pasó en un colegio de monjas "que no hacían preguntas", gracias a las influencias de una tía. De ella sacó la belleza de sus rasgos. Esa tía fue la primera modelo negra de desnudos en Bellas Artes. "Ahí era un lunar", recuerda.

Sobre el resto de los descendientes de africanos, "sabemos —explica Marta Valdés de Africa Vive— que hay en Entre Ríos y en Río Negro. Nuestra intención es censar el país". Mientras, reconocen que los fondos se están terminando y que desde el Gobierno porteño se niegan a darles una oficina para funcionar. Entonces, Pocha dice que —después de años de lucha y a los 57 años— va a tener que volver a trabajar por horas. "Acá tenés la historia de los negros en la Argentina.Son estas cosas las que me hacen seguir en la lucha".



año 2006

POBLACION : PRIMER CENSO SOBRE PERTENENCIA RACIAL DESDE 1887

Casi dos millones de argentinos tienen sus raíces en el Africa negra

Son nacidos en el país que reconocen tener ascendencia africana y parientes negros.


CABO VERDE. Descendientes argentinas de inmigrantes de la ex colonia portuguesa. Se reúnen en ensenada para reafirmar la cultura de la raza negra. (D. Forneri)


El 5 % de los argentinos reconoce ser descendiente de por lo menos una persona de origen africano y que cuenta con uno o varios parientes de raza negra entre sus ancestros. Según el primer censo piloto realizado en el país en más de cien años, otro 20 % respondió no saber si tenía ancestros africanos. Trabajaron censistas del INDEC, con apoyo de la Universidad de Tres de Febrero y del Banco Mundial.

La última vez que se incluyó en un censo la pregunta sobre la pertenencia racial fue en 1887, cuando el 1,8 % de los porteños contestó que era de raza negra. Los negros y mulatos eran más del 25 % en los censos porteños de 1810, 1822 y 1838. La mortalidad de soldados negros en las guerras mermó la población de varones negros y favoreció el mestizaje.

Y como un espaldarazo al censo y a las organizaciones de afrodescendientes, una investigación del Centro de Genética de Filosofía y Letras de la UBA arrojó cifras parecidas. Un 4,3 % de los habitantes de Buenos Aires y del conurbano tiene marcadores genéticos africanos, según el análisis de 500 muestras de bancos de sangre en los hospitales Italiano y Clínicas y el Centro Regional de La Plata.

"Los negros fuimos invisibilizados, ocultados y negados, pero el 5 % sobre 38 millones de argentinos, indica que hay casi dos millones de afroargentinos", dijo a Clarín Miriam Gomes, de la Asociación Caboverdeana de Buenos Aires. Agregó: "Fue un éxito, porque, por estudios propios y de la Universidad de Oxford, anticipamos un 4 %; una cifra prudente, para no escandalizar".

Lucía Molina, de la Casa Afroamericana de Santa Fe y Miriam Gomes, redactaron el cuestionario en representación de las organizaciones negras argentinas. Aún falta procesar datos culturales, educativos y socioeconómicos, "las condiciones de vida de nuestra gente son precarias", dijo Gomes.

"¿Existe en este hogar una persona que se considere afrodescendiente o descendiente de africanos negros?". Esta fue la pregunta, contestada por 1.500 personas de Buenos Aires y Santa Fe, con la que se abría el fuego en esta inédita encuesta. Gomes explicó que la prueba piloto fue exitosa y la pregunta volverá al próximo censo nacional —por primera vez en más de un siglo—. "Se tuvo en cuenta nuestra opinión porque la pregunta apuntó a la autopercepción o autoidentificación: lo que la persona piensa de sí misma y no la opinión del encuestador".

¿Por qué uno de cada tres porteños era negro en 1810 y al finalizar el siglo XIX sólo se contaban unos 8.000? La explicación, según Gomes, es sencilla. "Insistimos en la pregunta del antepasado negro, porque en décadas de mestizaje, además del proceso de invisibilización, mucha gente no conservó los rasgos fenotípicos o físicos".

Francisco Raúl Carnese, titular del equipo de Antropología Biológica de la UBA, explicó que "los marcadores nucleares de los grupos sanguíneos arrojaron un 15 % de composición indígena amerindia". ¿La Argentina, entonces, no es tan blanca como la mayoría cree? "Si bien no vemos en el argentino un fenotipo africano preponderante, esos ancestros están en los genes", dijo Carnese.

Y, además del estudio genético, el equipo analizó el ADN mitocondrial, que permite rastrear los genes transmitidos por vía materna, en el árbol genealógico. Y de ahí surgió algo más sorprendente. "Un 10 % de la gente de Buenos Aires y del conurbano tiene algún ancestro africano, al menos. Se detectó más de un 46 % de linajes maternos amerindios".

¿Por qué ese cambio, cuando a mitad del XX las frecuencias génicas en las muestras sanguíneas no diferían de las registradas en Italia y España? Según Carnese, se debe a la mayor participación de mujeres aborígenes y africanas en el mestizaje. También señaló que, luego de la oleada inmigratoria europea, "a mediados de los '40 aumentó la migración interna y de países con elevado componente hispano-indígena, como Bolivia, Chile y Perú. La población de Buenos Aires modificó sustancialmente su composición genética".

Para Miriam Gomes, tal realidad continúa siendo "invisible" para el argentino. "Entre una serie de mitos, como que aquí se abolió la esclavitud con la libertad de vientres, también se impuso el de una Argentina blanca y europea. Se fue perdiendo en la conciencia de la gente esta presencia negra que era tan palpable. Por otro lado se creó otra conciencia: la de la ausencia del negro". Y Carnese acotó que "hay un componente ideológico, porque Buenos Aires se siente de origen europeo; y aunque es elevada la proporción de europeos, hay ocultamiento y negación de la presencia del negro, muy importante en el siglo XIX. Si bien no se observa a nivel fenotípico, lo demuestran los genes".



año 2005

POR PRIMERA VEZ EN MAS DE 100 AÑOS : LA PRUEBA PILOTO EMPIEZA LA SEMANA QUE VIENE
Negros en el país: censan cuántos hay y cómo viven


Estiman que entre el 4% y el 6% de la población es descendiente de africanos. Los censistas serán coordinados por una universidad y el INDEC. Ahora, visitarán Monserrat y un barrio de Santa Fe.


Patricio Downes.
pdownes@clarin.com


Por primera vez en más de cien años se realizará este mes un censo de argentinos descendientes de africanos, organizado por una universidad estatal y con el apoyo técnico del INDEC. La última vez que se incluyó en un censo la pregunta sobre la pertenencia racial fue en 1887, cuando el 1,8% de los porteños contestó que era de raza negra. En todo el país, el porcentaje es actualmente de entre 4% y 6%, según estudios científicos de la Universidad de Buenos Aires y de la Fundación Gaviria.

Ahora, gente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, con fondos del Banco Mundial y la ayuda del INDEC, saldrá a golpear las puertas en dos barrios de Buenos Aires y Santa Fe, para saber —en una primera etapa— cuántos son exactamente y cómo viven los afrodescendientes.

En el porteñísimo Monserrat —antiguo barrio-hogar del candombe— serán censadas más de 1.200 familias, dentro del radio de las avenidas Callao, Independencia, Rivadavia y Huergo. El otro punto de consulta será el barrio Santa Rosa de Lima, el corazón de la hinchada futbolera de Colón, en la ciudad de Santa Fe.

En ambos barrios se asentaron tradicionalmente muchas familias negras. Entre sus calles, ya comenzaron a repartirse folletos explicativos. Y en las paredes se pegaron carteles anunciando la llegada de los censistas.

Los hogares de Monserrat serán visitados por un equipo de 25 personas durante todo el mes de abril, desde el miércoles próximo. A cada familia irá un encuestador con un cuestionario similar al del censo nacional.

"La idea es que cuando el censista toque timbre, la gente sepa por qué van a censarla y haya tenido tiempo de averiguar si en sus ancestros hay un africano", contó a Clarín Diego Brandy, director del Centro de Investigaciones en Estadística Aplicada, de la Universidad de Tres de Febrero.

La cantidad de descendientes africanos en Capital y Gran Buenos Aires (4% de la población) fue refrendada por dos estudios genéticos realizados en el Hospital Italiano por el Centro de Genética de Filosofía y Letras y de Veterinaria de la UBA. Francisco Carnese dirigió los estudios, con fondos del Conicet, de la UBA, la Secretaría de Ciencia y Técnica y Ecos de Francia.

"Estimamos que en todo el país la proyección es mayor: hasta un 6% de la población es afrodescendiente, unos dos millones de personas", señaló Miriam Gomes, investigadora de la Sociedad Caboverdeana.

En 2002, la ONG "Africa Vive" inició un censo preliminar entre la comunidad negra, pero el proyecto no se completó.

¿Por qué en 1810 uno de cada tres porteños era negro y al finalizar el siglo XIX sólo había 8.000 africanos y afroargentinos?

Los especialistas se dividen en dos corrientes: Por un lado, la interpretación más tradicional de un grupo de historiadores señala que los varones cayeron en las batallas contra el indio o peleando en las guerras contra Brasil o Paraguay. Muchos, además, murieron en las sucesivas epidemias de fiebre amarilla hacia fines del 1800, ya que sus malas condiciones de vida los hacían víctimas fáciles de la enfermedad.

Sin embargo, para Laura López, máster en antropología de la Universidad Rio Grande do Sul, "hubo un proyecto que logró 'invisibilizar' a los negros argentinos y los sacó de la vista de los datos oficiales —como los censos— y hasta de la opinión pública". López citó al norteamericano George Reid Andrews (autor de "Los Afroargentinos de Buenos Aires" quien dijo que "el objetivo en el proceso de construcción del Estado nacional, de 1880 a 1930, fue blanco y europeo".

La investigadora agregó que "el ocultamiento coincidió con que, desde principios del siglo XX, no hubo categorías de raza en los censos" y que las entidades de afrodescendientes lograron que el tema cobrara actualidad.

Y sostuvo que "en 2001, la Conferencia contra el Racismo de Durban, pidió al Gobierno argentino que incluya preguntas sobre los descendientes de africanos en el próximo censo".

Precisamente, el ajuste del método para detectar personas de origen africano —en nuevas encuestas o censos— forma parte de la encuesta piloto que arranca este mes. Servirá, además, para saber cuál es la percepción que tienen de sí mismos los afrodescendientes y en qué condiciones socioeconómicas viven.

Para la investigadora del Conicet Florencia Guzmán, los resultados harán trizas la vulgar frase en la Argentina no hay negros o se murieron.



Espero que este post se tome como informativo y no como racista, y quiero aclarar tb que los terminos de la nota son los originales y si alguno se siente perturbado por los mismos me lo diga por mp o en los comentarios y los cambiare con mucho gusto.


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