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Solo entre la bruma. El hospital

Paranormal11/4/2011
Solo entra la brumaMarcelo, en su bote a remos, surcaba el río envuelto en una bruma nocturna.Con la luna sobre su cabeza, remaba con cautela, haciendo pausas para orientarse.El monte ribereño se levantaba a los lados del río, y su fronda ennegrecida por lassombras, asemejaba dos altos muros que rodeaban al río. Cargaba algunos comestibles que había comprado en el pueblo, y la noche lo habíaagarrado aún en su bote.Conocía aquellas costas como la palma de su mano, pero la bruma engañaba su vista, ymás de una vez creyó que remaba por un lugar diferente, en alguna ramificación del río.En una parte angosta, la bruma se hizo más espesa, y la costa y el monte desaparecieronbajo su manto borroso. Allí comenzó a sentir una sensación conocida, pero en las condiciones que se encontraba, aquella sensación era por demás terrorífica, pues a pesarde que estaba solo, sentía que había alguien detrás de él, en el bote; pero no se atrevíaa voltear. La bruma despejó un poco, entonces volvió a ver la rivera, y más adelante divisó unas luces, yescuchó voces: estaba cerca de un caserío, un asentamiento de pescadores.En la costa distinguió a unos conocidos, los saludó levantando el brazo, como iba bastanteasustado, tuvo miedo de que la voz le saliera rara, temblorosa. Los conocidos lo saludarona su vez. Los había sobrepasado un poco, cuando le gritaron algo que lo erizó de súbitoterror; le dijeron: - ¡Tengan cuidado con la niebla! El hospitalCon la noche como cómplice, rodearon el edificio hasta que encontraron una ventana pordonde entrar. Emiliano y Jaime, tras saltar la ventana, se encontraron en medio deun corredor oscuro. - Así que esto era un hospital - dijo Jaime mirando hacia un extremo del corredor.- ¡Shh…! No hables fuerte que este lugar tiene como un eco - dijo Emiliano - Ya te dijecomo diez veces que esto era un hospital.- ¿Y será que hay algo que valga la pena? - Y yo que sé, supongo que sí, sino ni me molestaba… - susurró Emiliano.- Es que me da un poco de miedo - admitió Jaime.- ¡Shh…! Anda por ese lado, yo voy por este.- ¿Qué, tengo que ir solo?- ¡Shh…! No seas miedoso. Sólo es un viejo hospital abandonado ¡Miedoso!Los dos ladrones se separaron, y linterna en mano avanzaron cautelosos.Jaime llegó a un salón amplio, una sala de espera. Tanteó todas las puertas, estaban cerradas. Se dirigía al corredor, para pedir ayuda a Emilio, que era un experto en cerraduras, cuandodelante de él cruzó una camilla, deslizándose sola con rapidez, y, sobre ella, con los ojosbien abiertos, estaba la cabeza de Emiliano. La camilla atravesó todo el salón y se perdióen la oscuridad de otro corredor.De repente, todas las puertas que estaban cerradas se abrieron, y avanzando trabajosamente,salieron al salón todo tipo de espantos: Enfermeras con cara de demonio, niños pequeños,esqueletos, y ancianos en sillas de ruedas. Jaime quedó paralizado, lanzando alaridos deterror, mientras los espantos se le acercaban estirando sus brazos.
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