Bienvenidos a mi nuevo post
En algunas historias se puede ver siempre un hilo invisible, una unión que conforma un tejido que nos hace pensar en un espíritu insondable que aparece dirigiendo todo con precisión meridiana y que deja a los hombres estupefactos. Cada hora de nuestras vidas se presentan las pruebas que sin la debida preparación solo conducen a estrepitosos fracasos. Esta situación es la que me tensa los nervios y hace que mi alma sea invadida por los más oscuros pensamientos des destrucción total y nuevo comienzo.
El acontecer de hoy en la mancillada Venezuela no nos deja más que un sabor a derrota tras derrota, temor tras temor interminable; los planes y las estrategias para salir del problema político no hace más que acrecentar la apatía por resolverlos desde una perspectiva netamente estructural y no de maquillajes falsos. En un principio se puede pensar que todo es una pesadilla, como aquella experiencia de parálisis de sueño donde despertarse de un solo golpe resolvería el problema, pero la verdad es que la parálisis política que padece el sector opositor es más terrible aun.
Una mirada al reciente pasado, a los últimos 15 años nos convencen rápidamente del pésimo liderazgo y conducción de los ideales y deseos de la población venezolana. La oposición no ha hecho más que legitimar a un régimen en franca decadencia y se complace a bailar al son del socialismo del siglo XXI. Un vistazo más profundo nos demostraría la incapacidad de la oposición para gobernar en una superestructura que está de antemano preparada para el totalitarismo.
En una pequeña retrospectiva, la crítica que se le hace al gobierno de la destrucción del país fácilmente es aplicable a su oposición política; en 15 años de luchas no se ha logrado construir un programa, ni ideología ni una verdadera cultura democrática. La oposición no cuenta más que con la reacción de la sociedad, la movilización solo por la convocatoria y no por la entera convicción de conformar un movimiento permanente. Esta situación la ha sabido aprovechar el estado para imponer su agenda, han obligado a la oposición a cambiar el discurso y decir sus mismas palabras tanto que hoy, ambos parecen lo mismo.
En este contexto, el estado cuenta con todo el aparato estatal y mediático para que sus ingenieros sociales pongan en acción todos sus recursos de control social. En el marxismo cultural, que parte de la teoría gramsciana, donde la cultura es el medio próximo a tomar antes que los medios de producción para lograr los cambios en las estructuras y las relaciones sociales. La ideología estatal es impuesta desde la hegemonía mediática que viene a destruir las tradiciones y valores de los venezolanos. Hoy vemos reivindicado el odio, el resentimiento, la vagancia, el arte vulgar, las drogas, el sexismo y toda suerte de depravaciones que favorecen la destrucción de la moral republicana. Todo esto contribuye a la formación de un ciudadano moldeable a imagen y semejanza del estado, al “hombre nuevo”, para el cual no existe institución más que la voluntad popular aunque esta no sea tal, sino una construcción ficticia desde las altas esferas del poder ejecutor.
Observamos así todo el trabajo que por más de 30 años de hizo en la población, desde los años 80 hasta el presente, la izquierda no ha descansado en su labor. Por su parte, quienes deberían plantar cara a esta conspiración no hacen más que convertirse en actores de reparto de esta tragicomedia y solo están para defender sus cochinos intereses. Las plutocracias antiguas y las nuevas oligarquías surgidas del chavismo pugnan por el poder mientras la población entera ve otra cosa distinta, un teatro para entretener y hacerle creer protagonista.
La opción próxima y que resulta impostergable es a la construcción ideológica, a un nuevo movimiento intelectual que sea capaz de servir de base para los cambios necesarios. Construir la nueva masa crítica sobre la degeneración de más de 50 años de populismo, demagogia y corrupción. Un movimiento de acción, ideología y pensamiento capaz de contrarrestar y ofrecer ideas para la nueva era, apropiarse de la cultura con una nueva visión y la creación del verdadero nuevo hombre para una nueva patria. Sin ideología y un liderazgo idóneo a los acontecimientos no llegaremos a otro lugar que al fondo del abismo del fracaso y la destrucción entera de nuestra amada nación.
El acontecer de hoy en la mancillada Venezuela no nos deja más que un sabor a derrota tras derrota, temor tras temor interminable; los planes y las estrategias para salir del problema político no hace más que acrecentar la apatía por resolverlos desde una perspectiva netamente estructural y no de maquillajes falsos. En un principio se puede pensar que todo es una pesadilla, como aquella experiencia de parálisis de sueño donde despertarse de un solo golpe resolvería el problema, pero la verdad es que la parálisis política que padece el sector opositor es más terrible aun.
Una mirada al reciente pasado, a los últimos 15 años nos convencen rápidamente del pésimo liderazgo y conducción de los ideales y deseos de la población venezolana. La oposición no ha hecho más que legitimar a un régimen en franca decadencia y se complace a bailar al son del socialismo del siglo XXI. Un vistazo más profundo nos demostraría la incapacidad de la oposición para gobernar en una superestructura que está de antemano preparada para el totalitarismo.
En una pequeña retrospectiva, la crítica que se le hace al gobierno de la destrucción del país fácilmente es aplicable a su oposición política; en 15 años de luchas no se ha logrado construir un programa, ni ideología ni una verdadera cultura democrática. La oposición no cuenta más que con la reacción de la sociedad, la movilización solo por la convocatoria y no por la entera convicción de conformar un movimiento permanente. Esta situación la ha sabido aprovechar el estado para imponer su agenda, han obligado a la oposición a cambiar el discurso y decir sus mismas palabras tanto que hoy, ambos parecen lo mismo.
En este contexto, el estado cuenta con todo el aparato estatal y mediático para que sus ingenieros sociales pongan en acción todos sus recursos de control social. En el marxismo cultural, que parte de la teoría gramsciana, donde la cultura es el medio próximo a tomar antes que los medios de producción para lograr los cambios en las estructuras y las relaciones sociales. La ideología estatal es impuesta desde la hegemonía mediática que viene a destruir las tradiciones y valores de los venezolanos. Hoy vemos reivindicado el odio, el resentimiento, la vagancia, el arte vulgar, las drogas, el sexismo y toda suerte de depravaciones que favorecen la destrucción de la moral republicana. Todo esto contribuye a la formación de un ciudadano moldeable a imagen y semejanza del estado, al “hombre nuevo”, para el cual no existe institución más que la voluntad popular aunque esta no sea tal, sino una construcción ficticia desde las altas esferas del poder ejecutor.
Observamos así todo el trabajo que por más de 30 años de hizo en la población, desde los años 80 hasta el presente, la izquierda no ha descansado en su labor. Por su parte, quienes deberían plantar cara a esta conspiración no hacen más que convertirse en actores de reparto de esta tragicomedia y solo están para defender sus cochinos intereses. Las plutocracias antiguas y las nuevas oligarquías surgidas del chavismo pugnan por el poder mientras la población entera ve otra cosa distinta, un teatro para entretener y hacerle creer protagonista.
La opción próxima y que resulta impostergable es a la construcción ideológica, a un nuevo movimiento intelectual que sea capaz de servir de base para los cambios necesarios. Construir la nueva masa crítica sobre la degeneración de más de 50 años de populismo, demagogia y corrupción. Un movimiento de acción, ideología y pensamiento capaz de contrarrestar y ofrecer ideas para la nueva era, apropiarse de la cultura con una nueva visión y la creación del verdadero nuevo hombre para una nueva patria. Sin ideología y un liderazgo idóneo a los acontecimientos no llegaremos a otro lugar que al fondo del abismo del fracaso y la destrucción entera de nuestra amada nación.