-¿Estará cambiando el disco, o simplemente estará volviendo a comenzar? ¿Seremos tan solo simples repeticiones cíclicas?-
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Méndez partió en busca de Napoleón, al llegar la Plaza Mayor estaba rodeada de policías de a pie, custodiando la casa de gobierno. Una cuadra antes tuvo que desviarse hacia la avenida del bajo que sale al edificio de correos. Caminó y caminó, más y más vigilancia por todos lados, el sonido de un helicóptero de la policía que iba y venía dando vueltas en círculos se hacía ensordecedor y junto la presencia armada de la fuerza asemejaba el escenario de los viejos golpes de estado. A duras penas llego a la plazoleta lateral del edificio de correos, todos los puestos de libros y comidas al paso estaban cerrados, el transito habitual era controlado y desviado hacia otras vías alternativas. El ambiente era realmente espeso, caminó hasta la plaza donde encontró por primera vez a Napo, pero en vez de hallar a quién buscaba se topó con el policía que lo había echado del lugar, y antes de poder esquivarlo, el agente hizo escuchar su voz.
-Yo a usted lo recuerdo, era amigo del ciruja que andaba siempre por la plaza-
- ¡Soy amigo!-
-¿Hace mucho que usted no anda por acá?-
-Si, hace un tiempo-
-Me imaginé, entonces no se enteró que lo encontramos muerto la semana pasada, allá, abajo del viejo árbol. Lo molieron a trompadas, lo más probable es que haya sido una patota de neo-nazis que anda por la zona, no podemos hacer nada son todos hijos de gente acomodada, si los apresamos en dos horas ya están sueltos y nosotros nos metemos en un quilombo bárbaro, están bien protegidos. La verdad cuando lo encontramos me dio lástima, yo lo jodía y lo echaba, cuando lo vi así, me sentí un poco culpable por no haber estado en ese momento, ¡pobre viejo!-
Méndez se dio vuelta y se fue sin siquiera saludar. Cuando hizo un par de metros escuchó la voz del policía que lo advirtió que no se acerque a la Plaza mayor porque esta declarado el estado de sitio y seguramente el día iba a ponerse difícil. Decidió volver por el mismo camino por donde había llegado, no podía reaccionar ante el golpe que la noticia recibida le había propinado. A su alrededor el enrarecido clima no podía sacarlo del estado de su propia conmoción interior.
47
Finalmente llegó a la pequeña plaza del barrio, allí estaba tiburón y los vecinos prestos a partir, a pesar de su perturbación, Méndez les contó como se presentaba el panorama en los alrededores de la plaza y decidió ir con ellos.
Cuando la calurosa tarde comenzó a caer, la plaza comenzó a poblarse y la situación se hizo incontenible, la noche tomó una sensación térmica mayor y las avenidas se transformaron en mares de insomnes y sonámbulos que se dirigían todos a la Plaza de la Casa de gobierno, el ruido de los helicópteros era permanente e intimidante, y con su luz los apuntaba de manera fija y continua.
Llegaron a la plaza pidiendo a cánticos la renuncia del despreciable monstruo de la economía, la policía montada armaba cordones e intimidaba con sus largos bastones para que la gente no se acerque demasiado a la Casa de gobierno, mas y mas gente seguía llegando, y allí estaban Tiburón, Méndez y todo el grupo de la pequeña plaza con sus pancartas, el resto llegaba con tapas, cacerolas y algo con que golpearlas, sumados a los bocinazos de los automovilistas, en toda la ciudad el ruido se volvió ensordecedor.
El clima en ese instante se asemejaba a una olla a presión, la menor chispa haría que todo esto explote, y la chispa llegó.
Llegó la orden a la policía de despejar la plaza, y se desató la violencia, los uniformados repartieron palazos a diestra y siniestra, y los piedrazos empezaron a llover sobre los cascos de los policías. La gran masa retrocedió, pero para volver a avanzar, la represión era descarnada, los reprimidos comenzaron a romper veredas y se proveyeron de su única arma de defensa, las piedras. No quedaba nada en pie ni se salvaba vidriera alguna.
El orden se transformó en caos, la supervivencia del animal había pasado a un primer plano, lo único que se debía cuidar en ese momento, era la conservación misma. La violencia se descarriló, en las avenidas principales que desembocaban en la Plaza Mayor se armaron barricadas por donde la policía no podía pasar, se incendiaron automóviles, se destrozaron negocios, camiones hidrantes replicaban, detenidos por cientos, maltratados, golpeados, arrastrados de los pelos hasta los móviles. Nuevos focos de violencia se expandían pidiendo la renuncia y el cambio.
En la puerta de la residencia Presidencial, también se juntó una multitud pidiendo el final a toda esta locura, y también fue reprimida con palos y gases. Todo era transmitido en directo por tv, que repetían la crueldad con la que se manejaban las fuerzas de seguridad. Por medio de la violencia combatían la ira generalizada, echando más fuego al fuego, hasta que nuevamente la cadena nacional anunció la esperada renuncia del Ministro-monstruo de la Economía.
Esto calmaría las aguas, pero solo hasta el día siguiente. Méndez y sus nuevos compañeros de barricada se reunieron, contaron que estén todos y volvieron a su nuevo y querido barrio después de un día incomparable y con la promesa de regresar.
48
José despertó y al igual que el día anterior miró por la ventana, allí estaban sus nuevos e impensados compañeros, de a poco sumándose uno a uno.
Sacó la pava del fuego, mientras tomaba mate recordaba a Paula ¿Qué será de ella? pensaba que en el mismo lugar donde la conoció y donde se había enamorado de ella, la noche anterior se había convertido en un campo de batalla. Pero ya tenía el amor de Ariadna que lo esperaba en su nuevo hogar en su nueva sociedad y con su nuevo proyecto de vida.
Encendió la radio y las noticias daban cuenta acerca del paro total de actividades por veinticuatro horas decretado por la Central de Trabajadores pidiendo el cambio total del rumbo económico, o la indeclinable renuncia del Presidente.
Ante semejante panorama estaba obligado a quedarse un día más y se preguntó:
-¿Cómo seguirá esto? ¿Cómo termina?-
Y encontró la respuesta en su libro, con la frase que confirmaba lo que estaba viviendo:
Como dijo Freud, “Desde tiempos inmemoriales hasta hoy, los conflictos se siguen solucionando por medio de la violencia”…
La música sigue su marcha al igual que la sociedad, pero en algún momento termina, y como en los viejos aparatos quedan dos opciones: o cambiamos el disco o vuelve a empezar la misma sonata.
-¿Estará cambiando el disco, o simplemente estará volviendo a comenzar? ¿Seremos tan solo simples repeticiones cíclicas?-
Acomodó bien su pequeño hábitat, barrió el piso, dejó su equipo de mate sobre la mesa se calzo sus nuevos jeans y su nueva remera blanca, luego tomó su inseparable libro, pero antes de partir anotó en la contratapa y con su letra más prolija: Ariadna. Bio-comunidad “El futuro es hoy”. Saldívar. Ruta 23 Km 130 (El tesoro perdido, el Edén hecho realidad), lo releyó y no lo podía creer, no entraba en su propia dicha.
Ya en la pequeña plaza con sus nuevos amigos hay algo muy fuerte que los une y será difícil de romper, la experiencia colectiva ha formado lazos indestructibles. El grupo se ha duplicado en cantidad, quizás la muchedumbre también se duplique, y quizás las fuerzas de seguridad se multipliquen.
El balcón de su nueva habitación es un testigo mudo del momento que los ve partir hacia la Plaza Mayor.
Otra vez en la plaza, la presencia es multitudinaria y ya no hay vuelta atrás, se pide la renuncia del Presidente, este manda a reprimir y la lucha se vuelva encarnizada, los más jóvenes no retroceden, pleno centro de la ciudad, se asemeja a una urbe de Medio Oriente, parece haber una guerra, el gobierno ha declarado que el enemigo es el propio pueblo que no se resigna a morir manso y hambriento.
Declarar enemigo al propio pueblo es un pensamiento estúpido, si matan al pueblo ¿a quien van a gobernar? o tal vez la pregunta sería ¿si no les interesa el pueblo, para quien gobiernan estos inmundos?
¿No será que la gente ya no importa, y que solo importan los negocios? De ser así entonces el régimen debería llamarse Business-cracia.
Asociaciones civiles se presentan en la plaza y también son reprimidas como antaño, estos tipos han perdido la cabeza, otra vez tienen la orden de despejar la plaza, limpiarla.
Caballos, patrullas, camiones hidrantes, motocicletas, balas y más balas, la tv en directo para todo el mundo transmite un espectáculo dantesco.
El grupo de Méndez se disuelve, se separan y cada uno corre hacia donde puede, José huye por la diagonal hacia la gran avenida y previos disparos desde todos los puntos cardinales y en contra de su persona, logra refugiarse en una boca del tren subterráneo. La represión continúa los manifestantes no ceden, sigue la balacera de un grupo de motociclistas de la Policía contra las pobres piedras de los indefensos habitantes, sangre, heridos, muertos.
Méndez se escurre por una calle lateral para salir del epicentro del conflicto, camina cuidadosamente escondiéndose entre automóviles y logra huir unas cuantas calles, allí todo ya parece más tranquilo. Aún aterrorizado por lo visto y lo vivido camina unas cuadras más y llega a la terminal de ómnibus desde donde en su momento partirá hacia su nueva vida, parece un lugar bastante seguro, como era previsible no hay un solo micro, el paro ha sido total e imposible de evadir.
Solo se ve algún que otro viajante iluso o pasajero varado y como excepción a la medida de fuerza, como si perteneciera a otro mundo, a otra realidad, un pequeño bar abierto donde ve un televisor encendido que lo conecta con la inmediata realidad y en grandes titulares anunciando la esperada dimisión del Presidente.
Piensa que debería volver a velar por la integridad de sus amigos, pero se siente fatigado, pide una gaseosa, apoya su libro en la barra y relee: Ariadna. Bio-comunidad “El futuro es hoy”. Saldívar. Ruta 23 Km 130 (El tesoro perdido, el Edén hecho realidad).
Está mareado y aturdido y nota que el mozo lo mira extraño y le hace un gesto con el dedo índice señalando su axila izquierda, una enorme mancha roja sobre su remera blanca, fue lo último que vio antes de desplomarse sobre los fríos e insensibles pisos de la terminal.
FIN
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