LOS MAESTROS DE LA SOSPECHA
Para sumergirnos en este tema tan interesante, hay que ir al origen de este bullado y exitoso título.
Pensadores de la sospecha o filósofos de la sospecha fueron algunos de los términos para referirse a estos cuatro hombres que sin estar en su apogeo pasaron a están en boga de la comunidad del siglo XX, la crítica al racionalismo dominante en el pensamiento y en general a toda la civilización occidental.
Maestro de la sospecha fue el nombre que le otorga Paul Ricoeur a Sigmund Freud, Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Ludwig Feuerbach, en 1970, a partir de su obra “Essais d’herméneutique” (hermenéutica de la distancia). Ricoeur reúne a estos filósofos bajo este título ya que los cuatro sospechan, aunque desde diferentes presupuestos, coincidían en que la conciencia en su conjunto es una conciencia falsa, dudaban de ella, sospechaban de su verdad.
Si estos filósofos sospechaban de la conciencia, se puede determinar que sospechaban de la moral, específicamente de la moral cristiana. Para los cuatro, la moral era una tapadera hipócrita, un disfraz para ocultar las vergüenzas de determinadas tendencias o intereses humanos ocultos y, a menudo, inconfesables. En eso coinciden. Es evidente que su sospecha tiene algo de verdad. Los seres humanos somos una naturaleza caída y es cierto que muchas veces disfrazamos nuestros intereses o tendencias bajo la capa de respetabilidad de la moral. Pero una cosa es constatar ese hecho e intentar purificar nuestro sentido moral de esos lastres y otra muy diferente afirmar categóricamente que “toda moral es siempre” ese disfraz hipócrita al que se refieren. Los cuatro tienen en común su odio hacia la Iglesia católica, aunque en el caso de Freud podría hablarse más de desprecio que de odio. Dos de ellos –Nietzsche y Freud– tienen en común que en su juventud abrazaron, o estuvieron a punto de hacerlo, una fe en Dios que, de haber cristalizado, probablemente hubiera cambiado la historia. Difiere, cada uno de ellos, acerca de cuáles son esas tendencias o intereses ocultos que los humanos tapamos con la manta de la moral. Y los cuatro pecan de un simplismo increíble. Porque cada uno de ellos define una única cosa, con exclusión de cualquier otra, como la causa de ese uso fraudulento de la moral. Ciertamente, las cuatro causas que apuntan tienen algo de verdad. Pero ni siquiera las cuatro juntas son capaces de destruir la necesidad de una sólida y pura moral para que la persona y la convivencia social se mantengan en pie. No hay mayor fuente de error que elevar una idea parcial y unidimensional a la categoría de universal. A los cuatro “Maestros de la Sospecha” les sería aplicable la frase “Lo complejo y lo complicado; lo simple y lo sencillo”, esta frase decía: “Es de sabios hacer sencillo lo complicado, pero es de necios hacer simple lo complejo”. Si esta frase es cierta, los cuatro “maestros de la sospecha” caen en el más burdo simplismo y, por tanto, en la necedad. Lo tremendo, sin embargo, es que, en el pensamiento colectivo occidental, tanto entre personas que no saben apenas nada de ninguno de los cuatro, como entre eruditos de vasta cultura políticamente correcta, esa sospecha ha calado tan hondo que se ha convertido en certidumbre. Y de ahí se ha derivado, en gran parte, el rechazo de cualquier tipo de moral, el relativismo y el nihilismo que impregna a nuestra sociedad.
Es importante desarrollar lo que significa la moral para cada uno de ellos:
Para Nietzsche la moral es una fuerza terrible y engañadora que ha corrompido a la humanidad entera. La moral es la gran mentira de la vida, de la historia, de la sociedad. En “La genealogía de la moral”, Nietzsche trata de desenmascarar la moral. Para ello, enfoca la moral desde un doble punto de vista. El etimológico y el histórico.
Desde un punto de vista etimológico Nietzsche busca las raíces de las palabras “bueno” y “malo” y encuentra que su significado ha cambiado respecto a lo que significaron en un principio. Bueno significaba “noble”, “dominador”, “de clase o rango superior”, “aristócrata” y malo era el débil, el simple, el vulgar, el plebeyo, el sometido o de rango inferior. Y desde un punto de vista histórico Nietzsche investiga el origen de los conceptos “bien” y mal”. En su origen encuentra una doble moral, la moral de los señores y a moral de los esclavos. La moral de los señores es la moral de los fuertes, creativos, dominadores, estos forman una casta o clase social que se impone a la clase de los débiles, de los inferiores, de los vulgares y sometidos, el dominador ama la vida, es duro para sí y para los demás, y desprecia la debilidad y la cobardía, el miedo, la humildad y la mentira y, no se compadece ni es piadoso. Por otra parte la moral de los esclavos privilegia la igualdad, la compasión, la dulzura y la paciencia. Es propia de los oprimidos y los débiles que a menudo desprecian esta vida y se refugian en al más allá.
Las premisas fundamentales de la concepción moral de Feuerbach son el anhelo de dicha, limitado racionalmente en orden a que sus efectos no perjudiquen el campo de partida, ya sean estas consecuencias naturales o resultado de la perturbación del anhelo de dicha de otros, y el amor. En general, esta es una moral egoísta, estrecha, que no puede empujar sino a la rigurosa observancia de las condiciones sociales existentes (pues por el contrario nuestro anhelo de dicha chocaría con el de otro). En cuanto al amor, que al fin y al cabo no es sino la manifestación del deseo de dicha, se adaptará a la "legislación vigente".
Una de sus frases de la moral es “La moral que no tiene por objeto la felicidad es una palabra vacía de sentido.”
Feuerbach concibe la religión como una enajenación y una objetivación de las propiedades humanas y de un ser sobrenatural al que también éstas se atribuyen. Es como si el hombre se duplicara y contemplara su propia esencia en la imagen de Dios. Resulta, pues, que la religión se presenta como “autoconciencia inconsciente” del hombre. Ofrecen especial interés las sospechas de Feuerbach acerca de las raíces sociales e históricas de la religión. Pero, no llegó en esta cuestión más allá de las conjeturas, no supo encontrar los medios eficientes de lucha contra la religión (los buscaba en la sustitución de la autoconciencia inconsciente por la conciencia, o sea, en última instancia, en la instrucción) e incluso sostenía que era necesaria una nueva religión. Como no comprendía el mundo real en que el hombre vive, Feuerbach infería también los principios morales del anhelo de felicidad propio a la naturaleza humana. La felicidad puede alcanzarse si cada hombre limita razonablemente sus necesidades y trata con amor a los demás hombres. La moral elaborada por Feuerbach posee un carácter abstracto, extra histórico, y está creada sobre la base de una misma medida para todos los tiempos y pueblos. A pesar de la limitación de sus concepciones, Feuerbach fue un antecesor directo del marxismo.
Para Marx la falsedad aparece siempre que pretendemos separar los hechos de los valores, por eso sostiene que todo contenido “de conciencia” ha de observarse en la actos sociales de cualquier sujeto. La “idea” de considerar que el marxismo propone una finalidad moral, orientador de acciones revolucionarias es contradictorio con lo que afirma el propio Marx, porque los hombres no “necesitan” de una moral específica para transformar al mundo, ni existe norma moral o conjunto de normas morales y o jurídicas capaces de transformar nada. A pesar de ello Marx sostiene que los actos humanos deben estar motivados por la auto-transparencia de sus actos.
Lo que piensa Marx con respecto a la moral, es que el intenta cambiar o plantea a partir de un cambio de moral, de una moral en ese minuto capitalista a una “moral marxista” o socialista, ya que, él perseguía la justicia social superando al sistema capitalista y esto solo podía cambiar con otro tipo de moral en este caso socialista.
Para Freud la conciencia moral es un resultado dentro de los procesos de constitución del sujeto. La pulsión sexual se satisface o se reprime a favor de la cultura y la moralidad; el psiquismo inconsciente es principalmente el psiquismo reprimido, donde las pulsiones son sometidas a la censura. Pero aunque el deseo original sea reprimido en cualquier momento puede reaparecer. Desde esta perspectiva la vivencia del Complejo de Edipo (como deseo sexual por la madre, odio al padre e identificación con él, sentimiento de culpabilidad, miedo a la castración) es lo que permita la instauración de la instancia psíquica de la moralidad, el súper-yo. El conflicto edípico simboliza el momento por el cual el psiquismo (individual o colectivo) "pasa" del estado pre social y pre moral al estado social y moral, el nacimiento de la ley, da lugar al nacimiento del superyó. El superyó consiste no solo en la conciencia moral sino también en un ideal del yo. La "internalización" de la instancia paterna prohibitiva se funda en la identificación del hijo con el “padre”. Identificación que posibilita la adopción de las normas mediante las que opera el “padre”. Desde este momento el principio de autoridad moral deja de estar fuera del sujeto y pasa a formar parte de su propia estructura interna. La instancia moral penetra de esta manera los estratos más profundos del psiquismo inconsciente. En consecuencia según Freud la primera conciencia moral es una conciencia superyóica.
Aclarado las diferencias y similitudes entre ellos sobre el concepto moral, les plantearemos cómo y cuáles fueron los condicionantes y el o los detonantes de cada una de sus teorías.
Comenzaremos con Nietzsche. La familia de Nietzsche era casi en su totalidad mujeres y gracias a pasar mucho tiempo con ese factor, decisivo, puede observar los comportamientos y las características de ellas concluyendo así que las mujeres son inferiores, ya que son débiles, son sensibles, y gracias a estas y otras conclusiones crea la teoría del superhombre. Además el contexto familiar marca a este “anti-cristiano” ya que prácticamente todos en su familia eran pastores protestantes y al preguntarse cuando niño “¿Qué origen se debe atribuir, en definitiva, a nuestras ideas del bien y del mal?” y dado al contexto al cual estaba inmerso la clara respuesta de Nietzsche niño fue: "Dios es el padre del mal". Lo que lo lleva también a desarrollar estos pensamientos es su creencia en que “Dios ha muerto”, lo que potencio sus ideas “anti-cristianas”.
Al crear sus teorías, y sobre todo la teoría del superhombre, su principal intención es postular que el hombre no necesita de la religión o de “Dios” para ser dueño de sí mismo, de sus acciones y de su persona. El no creía que la mente podía sobrepasar la razón o el pensamiento racional, el súper hombre se centra en el mundo real más que en las recompensas del mundo futuro prometidas por las religiones en general.
Desarrolla sus ideas más originales y la parte más dura de su crítica, ataca a la filosofía y la moral tradicionales y ve que tiene que destruir al hombre tal y como es para que pueda venir el superhombre, que es el que conoce la muerte de Dios.
En base a lo expuesto sobre Nietzsche podemos concluir que es considerado un maestro de la sospecha porque pretende la restauración de la fuerza del hombre por la superación del resentimiento y de la compasión. El cuestiona y crítica al hombre “convencional” y cree que para que el mundo sea mejor o para que todo sea mejor o entendido de mejor manera debe existir un súper hombre que es alguien que no se guía ni confía en la mente ni en los sentimientos, si no, que se guía y confía en los argumentos racionales que son 100% comprobables que no caben las dudas en el, ya que, todo está más que racionalizado. El cree que la verdad no existe puesto que es una ficción que creó el hombre para satisfacer sus necesidades, el rechazo todo tipo de tradiciones planteando que la vida no es la verdad, si no que hacerla mejor.
Feuerbach comienza con su filosofía en discusión con la teología, pero el logra entender que la filosofía es totalmente independiente a la religión. Durante toda su vida fue muy materialista y por sobre todo ateo. Siempre tuvo una constante lucha contra la religión. Esto se debió producto de que el contexto histórico del cual él fue parte fue una época en la cual sus pensamientos eran duramente criticados, de hecho, cuando él escribió el libro anónimo “Pensamientos acerca de la muerte y de la inmortalidad” lo expulsaron de la enseñanza. Siempre estuvo muy en desacuerdo con los criterios que se planteaban tanto en la religión como en la sociedad en sí. Llega al punto de afirmar que “El hombre es lo que come” y reclama mejores alimentos para mejorar a la especie humana. Por lo que es aún más cruelmente criticado, ya que, es un pensamiento completamente abstracto al común de la sociedad. A partir de esto, centró sus intereses en la elaboración de una interpretación humanística de la teología, una de sus obras más importantes fue “La esencia del cristianismo” en la que considera a Dios como una sustancia del hombre. Feuerbach sostiene que la existencia de la religión sólo es justificable en tanto que satisface una necesidad psicológica y el culto a Dios no es nada más que la idealización de uno mismo. También plantea que los humanos y sus mentes son el producto de su entorno, ósea la consciencia del ser humano es el resultado de la interacción de los sentidos con el entorno. En La esencia del cristianismo Feuerbach se propone reducir la Teología a Antropología, devolviéndole al hombre sus cualidades más excelsas, antes atribuidas a Dios. De este modo, el ateísmo es presentado como condición de posibilidad para el surgimiento de un verdadero humanismo. No es Dios quien ha creado al hombre a su imagen sino el hombre quien ha creado a Dios, proyectando en él su imagen idealizada. El hombre atribuye a Dios sus cualidades y refleja en él sus deseos realizados. Así, alienándose, da origen a su divinidad. Pero, ¿por qué lo hace? El origen de esta alienación se encuentra en el hombre mismo. Aquello que el hombre necesita y desea, pero que no puede lograr inmediatamente, es lo que proyecta en Dios. “La palabra Dios tiene peso, seriedad y sentido inmanente en boca de la necesidad, la miseria y la privación.” Los dioses no han sido inventados por los gobernantes o los sacerdotes, que se valen de ellos, sino por los hombres que sufren, “Dios es el eco de nuestro grito de dolor”. Feuerbach califica de "giro decisivo de la historia" al hecho de que el hombre reconozca abiertamente que “la conciencia de Dios no es más que la conciencia de la especie”. Por lo tanto, Feuerbach concluye que cuanto más engrandece el hombre a Dios, más se empobrece a sí mismo. El hombre proyecta en un ser ideal (irreal) sus cualidades, negándoselas a sí mismo. De este modo, reserva para sí lo que en él hay de más bajo y se considera nada frente al Dios que ha creado.
Entonces Feuerbach es considerado un maestro de la sospecha, ya que, duda de la religión y de que “Dios” este vivo, al contrario, piensa que como los hombres lo crearon también pudieron matarlo o destruirlo, pero lo que dejaron fueron las tradiciones y creencias.
Lo que lleva a Karl Marx a crear sus teorías es que él se mostraba crítico de toda la filosofía anterior por que la consideraba basada en especulaciones y muy desvinculada de la realidad. También se basa mucho en los temas socioeconómicos que predominaban en el siglo XIX, en los cuales el estaba en desacuerdo con los políticos y economistas de ese entonces. Los pensamientos y teorías que llevo a cabo Marx se dieron en un contexto en el cuál lo que los filósofos postulaban no eran cosas netamente relacionadas con la realidad, totalmente al contrario eran ideas y teorías que en muchas ocasiones no se podían llevar a cabo. Su filosofía que se llamo “materialismo dialéctico” o “materialismo histórico” fue lo que dio paso a grandes luchas sociales en todo el mundo por lo revolucionario que este era. El se desarrollo en un clima social y político en el cual la burguesía era la clase más importante, con lo que él estaba en completo desacuerdo debido a que sus pensamientos eran claramente comunistas. La intención de Marx era dar a conocer la no existencia de Dios, y la existencia del mal que se manifestaba de forma psicológica en el sufrimiento y como expresión social en la injusticia. El se basa en que el sufrimiento humano está dado por distintas causas pero la más fundamental es cuando Marx afirma que las ideologías le son propias a la sociedad moderna burguesa-capitalista, es decir, que una clase en este caso la burguesía explota económicamente a las otras clases y las infringe. Esto se podía solucionar por medio de una revolución política 100% inclinada al movimiento marxista.
En consecuencia Marx es considerado maestro de la sospecha, ya que, el postula firmemente la no creencia en dios, debido a que, él consideraba que no podía creer en algo inexistente. Pero más profundamente es denominado así por criticar de manera cruda el tema socioeconómico en el cual se muestra su manifiesto comunista.
El contexto histórico para Freud fue la época Victoriana (2ª mitad del siglo XIX). Esta época es característica por el conservadurismo, la tradición y la dependencia de las normas sociales. La corporalidad era ocultada y con ello la sexualidad; se consideraba que el único objetivo de la sexualidad era la procreación. El psicoanálisis entiende la psicología desde un punto de vista patológico, así que se trata de un modelo médico que centra sus análisis en la parte irracional y desde los impulsos biológicos. Por otro lado, también es determinista, puesto que el sujeto está condicionado por los impulsos biológicos, es decir, depende de ellos. Freud piensa que el hombre va construyendo su psique organizando unas necesidades y pulsiones en interacción con el medio familiar, social y cultural, representado esencialmente por los padres. En el hombre se producen una serie de conflictos entre el Yo y las pulsiones sexuales. Tiene que relacionarse socialmente enfrentándose constantemente entre lo que exige la realidad, las normas morales impuestas por el Superyó y los deseos que provienen del Ello, que demandan satisfacción. El ser humano es un sujeto histórico tanto en el ámbito social como individual. En su interior hay una lucha constante entre sus instintos, los impulsos agresivos y destructores y su ambiente cultural. Este conflicto se enmarca en lo que Freud denomina el principio de placer y el principio de realidad. El principio de placer busca lo que es placentero y huye del displacer, al tiempo que la realidad se impone socioculturalmente. En su obra El malestar en la cultura, explica Freud cómo este modelo topográfico basado en el Yo, el Ello y el Superyó es extrapolado. De ahí que afirme que la sociedad y la cultura no son para nosotros más que una combinación de pulsiones y del complejo de Edipo (por el que el niño expresa deseo hacia la madre y agresividad hacia el padre). El hombre persigue la felicidad, pero se encuentra demasiadas restricciones, por eso el ser humano es anti-social. La insatisfacción nos empuja a buscar sustitutivos en el trabajo, el arte, la ciencia, la religión o las drogas; a través de ellos no se encuentra el placer, pero al menos se evita el displacer. Según Freud “se renuncia a un placer momentáneo, pero tan solo para alcanzar por el nuevo camino un placer ulterior y seguro”. De ahí que se asuman las promesas de las religiones como una renuncia al placer terrenal frente a una recompensa que “no es más que una proyección mística de esta transformación psíquica (la renuncia del placer empujado por el principio de realidad)”.
Podemos concluir que tanto la filosofía de Marx como la de Nietzsche, es sensible de ser considerada una crítica a la noción de sujeto, tal y cual Descartes la propuso, constituyendo la premisa de la filosofía moderna. Un importante punto de contacto entre sus teorías es el hecho del dudar-de-la-conciencia, que perdería, con sus elucubraciones, su papel de reguladora. La influencia principal de Marx fue Hegel, de quien tomó la noción de materia para explicar la dinámica social y política a partir de cambios materiales en los modos de producción social (materialismo histórico), y es por esto que consideraba a la historia como una constante y continua lucha entre clases (proletariado y burguesía). En este sentido, Nietzsche ve al mundo como una voluntad de poder, como un equilibrio entre fuerzas activas y pasivas. Ambos autores eran ateos, con el "Dios ha muerto" Nietzsche ilustra su creencia en la inutilidad de la presencia de Dios en la sociedad actual, que culminará con el nihilismo. La propuesta de Marx pretendía quitar a Dios como fundamento último, característica del racionalismo del S XIX. Para este autor, la culminación de la sociedad será el triunfo del "socialismo positivo", del comunismo por sobre la burguesía.
Freud criticó a la religión por ser una ilusión que hacía creer en un Dios que era el sustituto del padre. Daba la ilusión infantil de tener a alguien todo poderoso que cuidaba de los hombres y los protegía. También dijo que la religión provenía de la culpa y la neurosis obsesiva de la reparación, porque en la horda primitiva los hijos mataron al padre opresor y lo devoraron, con lo cual se inició la religión totémica, en la que se endiosaba al padre y se le daba culto, en forma de comida ritual. Y también llegó a decir que la religión era semejante a una psicosis delirante, en la que se alucinaba al padre todopoderoso (que en el judaísmo había sido Moisés), o al hijo redentor (que en el cristianismo había sido Jesús).
Nietzsche criticó a la religión por ser el arma de los nihilistas decadentistas para hacer que se pensara en otra vida y con ello renunciar a esta vida, con los placeres que ella tenía, que conformaban la voluntad de poder
Freud no pudo explicar cómo se desarrollaba el súper ego en las niñas, debido a que naturalmente éstas no pueden ser castradas. Sus prejuicios sociales le llevaron a elaborar una teoría, llamada complejo de Electra, en la que la vinculación de la niña con sus progenitores se establece en relación a una envidia del pene "ausente" en ella. La mujer es un ser deficiente, castrado, por lo que, según Freud, nunca podrá desarrollar un súper ego fuerte, lo que justifica su debilidad moral y su mayor tendencia al sentimentalismo.
Marx criticó a la religión por ser el arma ideológica que los burgueses usaban para desviar a los pobres de la preocupación por las realidades terrenales, y justificaba el que estuvieran sumidos en la pobreza. Les prometía una vida mejor después de esta vida, para acallar sus justas reclamaciones y reivindicaciones.
Para Feuerbach la religión es “el relacionarse del hombre con su esencia misma”,(en esto consiste su verdad), pero no con su esencia en cuanto suya propia, sino con algo distinto, separado, diferente de él, e incluso opuesto, (en esto consiste su falsedad), “El núcleo secreto de la Teología es la Antropología.” En la medida que se devela ese secreto y el hombre se apropia de lo que antes había atribuido a Dios, comprendiendo que “la conciencia que posee de Dios es la conciencia que posee de sí mismo”, la Teología a Antropología, conservando lo que en ella había de verdadero y superando lo que en ella había de falso.
Finalmente podemos decir que todos coinciden en sospechar primeramente de la conciencia, dudan de ella, aunque desde diferentes presupuestos, consideraron que la conciencia en su conjunto es una conciencia falsa. Al contrario de lo que pensaba Descartes, para él las cosas eran dudosas, que no son tal cuales como aparecen, pero no dudaba de que la conciencia sea tal como se aparece. A partir de ellos la comprensión es una hermenéutica: buscar el sentido, en lo sucesivo, ya no es deletrear la conciencia del sentido sino descifrar sus expresiones. Por ello, para Ricoeur son maestros de la sospecha.
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Para sumergirnos en este tema tan interesante, hay que ir al origen de este bullado y exitoso título.
Pensadores de la sospecha o filósofos de la sospecha fueron algunos de los términos para referirse a estos cuatro hombres que sin estar en su apogeo pasaron a están en boga de la comunidad del siglo XX, la crítica al racionalismo dominante en el pensamiento y en general a toda la civilización occidental.
Maestro de la sospecha fue el nombre que le otorga Paul Ricoeur a Sigmund Freud, Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Ludwig Feuerbach, en 1970, a partir de su obra “Essais d’herméneutique” (hermenéutica de la distancia). Ricoeur reúne a estos filósofos bajo este título ya que los cuatro sospechan, aunque desde diferentes presupuestos, coincidían en que la conciencia en su conjunto es una conciencia falsa, dudaban de ella, sospechaban de su verdad.
Si estos filósofos sospechaban de la conciencia, se puede determinar que sospechaban de la moral, específicamente de la moral cristiana. Para los cuatro, la moral era una tapadera hipócrita, un disfraz para ocultar las vergüenzas de determinadas tendencias o intereses humanos ocultos y, a menudo, inconfesables. En eso coinciden. Es evidente que su sospecha tiene algo de verdad. Los seres humanos somos una naturaleza caída y es cierto que muchas veces disfrazamos nuestros intereses o tendencias bajo la capa de respetabilidad de la moral. Pero una cosa es constatar ese hecho e intentar purificar nuestro sentido moral de esos lastres y otra muy diferente afirmar categóricamente que “toda moral es siempre” ese disfraz hipócrita al que se refieren. Los cuatro tienen en común su odio hacia la Iglesia católica, aunque en el caso de Freud podría hablarse más de desprecio que de odio. Dos de ellos –Nietzsche y Freud– tienen en común que en su juventud abrazaron, o estuvieron a punto de hacerlo, una fe en Dios que, de haber cristalizado, probablemente hubiera cambiado la historia. Difiere, cada uno de ellos, acerca de cuáles son esas tendencias o intereses ocultos que los humanos tapamos con la manta de la moral. Y los cuatro pecan de un simplismo increíble. Porque cada uno de ellos define una única cosa, con exclusión de cualquier otra, como la causa de ese uso fraudulento de la moral. Ciertamente, las cuatro causas que apuntan tienen algo de verdad. Pero ni siquiera las cuatro juntas son capaces de destruir la necesidad de una sólida y pura moral para que la persona y la convivencia social se mantengan en pie. No hay mayor fuente de error que elevar una idea parcial y unidimensional a la categoría de universal. A los cuatro “Maestros de la Sospecha” les sería aplicable la frase “Lo complejo y lo complicado; lo simple y lo sencillo”, esta frase decía: “Es de sabios hacer sencillo lo complicado, pero es de necios hacer simple lo complejo”. Si esta frase es cierta, los cuatro “maestros de la sospecha” caen en el más burdo simplismo y, por tanto, en la necedad. Lo tremendo, sin embargo, es que, en el pensamiento colectivo occidental, tanto entre personas que no saben apenas nada de ninguno de los cuatro, como entre eruditos de vasta cultura políticamente correcta, esa sospecha ha calado tan hondo que se ha convertido en certidumbre. Y de ahí se ha derivado, en gran parte, el rechazo de cualquier tipo de moral, el relativismo y el nihilismo que impregna a nuestra sociedad.
Es importante desarrollar lo que significa la moral para cada uno de ellos:
Para Nietzsche la moral es una fuerza terrible y engañadora que ha corrompido a la humanidad entera. La moral es la gran mentira de la vida, de la historia, de la sociedad. En “La genealogía de la moral”, Nietzsche trata de desenmascarar la moral. Para ello, enfoca la moral desde un doble punto de vista. El etimológico y el histórico.
Desde un punto de vista etimológico Nietzsche busca las raíces de las palabras “bueno” y “malo” y encuentra que su significado ha cambiado respecto a lo que significaron en un principio. Bueno significaba “noble”, “dominador”, “de clase o rango superior”, “aristócrata” y malo era el débil, el simple, el vulgar, el plebeyo, el sometido o de rango inferior. Y desde un punto de vista histórico Nietzsche investiga el origen de los conceptos “bien” y mal”. En su origen encuentra una doble moral, la moral de los señores y a moral de los esclavos. La moral de los señores es la moral de los fuertes, creativos, dominadores, estos forman una casta o clase social que se impone a la clase de los débiles, de los inferiores, de los vulgares y sometidos, el dominador ama la vida, es duro para sí y para los demás, y desprecia la debilidad y la cobardía, el miedo, la humildad y la mentira y, no se compadece ni es piadoso. Por otra parte la moral de los esclavos privilegia la igualdad, la compasión, la dulzura y la paciencia. Es propia de los oprimidos y los débiles que a menudo desprecian esta vida y se refugian en al más allá.
Las premisas fundamentales de la concepción moral de Feuerbach son el anhelo de dicha, limitado racionalmente en orden a que sus efectos no perjudiquen el campo de partida, ya sean estas consecuencias naturales o resultado de la perturbación del anhelo de dicha de otros, y el amor. En general, esta es una moral egoísta, estrecha, que no puede empujar sino a la rigurosa observancia de las condiciones sociales existentes (pues por el contrario nuestro anhelo de dicha chocaría con el de otro). En cuanto al amor, que al fin y al cabo no es sino la manifestación del deseo de dicha, se adaptará a la "legislación vigente".
Una de sus frases de la moral es “La moral que no tiene por objeto la felicidad es una palabra vacía de sentido.”
Feuerbach concibe la religión como una enajenación y una objetivación de las propiedades humanas y de un ser sobrenatural al que también éstas se atribuyen. Es como si el hombre se duplicara y contemplara su propia esencia en la imagen de Dios. Resulta, pues, que la religión se presenta como “autoconciencia inconsciente” del hombre. Ofrecen especial interés las sospechas de Feuerbach acerca de las raíces sociales e históricas de la religión. Pero, no llegó en esta cuestión más allá de las conjeturas, no supo encontrar los medios eficientes de lucha contra la religión (los buscaba en la sustitución de la autoconciencia inconsciente por la conciencia, o sea, en última instancia, en la instrucción) e incluso sostenía que era necesaria una nueva religión. Como no comprendía el mundo real en que el hombre vive, Feuerbach infería también los principios morales del anhelo de felicidad propio a la naturaleza humana. La felicidad puede alcanzarse si cada hombre limita razonablemente sus necesidades y trata con amor a los demás hombres. La moral elaborada por Feuerbach posee un carácter abstracto, extra histórico, y está creada sobre la base de una misma medida para todos los tiempos y pueblos. A pesar de la limitación de sus concepciones, Feuerbach fue un antecesor directo del marxismo.
Para Marx la falsedad aparece siempre que pretendemos separar los hechos de los valores, por eso sostiene que todo contenido “de conciencia” ha de observarse en la actos sociales de cualquier sujeto. La “idea” de considerar que el marxismo propone una finalidad moral, orientador de acciones revolucionarias es contradictorio con lo que afirma el propio Marx, porque los hombres no “necesitan” de una moral específica para transformar al mundo, ni existe norma moral o conjunto de normas morales y o jurídicas capaces de transformar nada. A pesar de ello Marx sostiene que los actos humanos deben estar motivados por la auto-transparencia de sus actos.
Lo que piensa Marx con respecto a la moral, es que el intenta cambiar o plantea a partir de un cambio de moral, de una moral en ese minuto capitalista a una “moral marxista” o socialista, ya que, él perseguía la justicia social superando al sistema capitalista y esto solo podía cambiar con otro tipo de moral en este caso socialista.
Para Freud la conciencia moral es un resultado dentro de los procesos de constitución del sujeto. La pulsión sexual se satisface o se reprime a favor de la cultura y la moralidad; el psiquismo inconsciente es principalmente el psiquismo reprimido, donde las pulsiones son sometidas a la censura. Pero aunque el deseo original sea reprimido en cualquier momento puede reaparecer. Desde esta perspectiva la vivencia del Complejo de Edipo (como deseo sexual por la madre, odio al padre e identificación con él, sentimiento de culpabilidad, miedo a la castración) es lo que permita la instauración de la instancia psíquica de la moralidad, el súper-yo. El conflicto edípico simboliza el momento por el cual el psiquismo (individual o colectivo) "pasa" del estado pre social y pre moral al estado social y moral, el nacimiento de la ley, da lugar al nacimiento del superyó. El superyó consiste no solo en la conciencia moral sino también en un ideal del yo. La "internalización" de la instancia paterna prohibitiva se funda en la identificación del hijo con el “padre”. Identificación que posibilita la adopción de las normas mediante las que opera el “padre”. Desde este momento el principio de autoridad moral deja de estar fuera del sujeto y pasa a formar parte de su propia estructura interna. La instancia moral penetra de esta manera los estratos más profundos del psiquismo inconsciente. En consecuencia según Freud la primera conciencia moral es una conciencia superyóica.
Aclarado las diferencias y similitudes entre ellos sobre el concepto moral, les plantearemos cómo y cuáles fueron los condicionantes y el o los detonantes de cada una de sus teorías.
Comenzaremos con Nietzsche. La familia de Nietzsche era casi en su totalidad mujeres y gracias a pasar mucho tiempo con ese factor, decisivo, puede observar los comportamientos y las características de ellas concluyendo así que las mujeres son inferiores, ya que son débiles, son sensibles, y gracias a estas y otras conclusiones crea la teoría del superhombre. Además el contexto familiar marca a este “anti-cristiano” ya que prácticamente todos en su familia eran pastores protestantes y al preguntarse cuando niño “¿Qué origen se debe atribuir, en definitiva, a nuestras ideas del bien y del mal?” y dado al contexto al cual estaba inmerso la clara respuesta de Nietzsche niño fue: "Dios es el padre del mal". Lo que lo lleva también a desarrollar estos pensamientos es su creencia en que “Dios ha muerto”, lo que potencio sus ideas “anti-cristianas”.
Al crear sus teorías, y sobre todo la teoría del superhombre, su principal intención es postular que el hombre no necesita de la religión o de “Dios” para ser dueño de sí mismo, de sus acciones y de su persona. El no creía que la mente podía sobrepasar la razón o el pensamiento racional, el súper hombre se centra en el mundo real más que en las recompensas del mundo futuro prometidas por las religiones en general.
Desarrolla sus ideas más originales y la parte más dura de su crítica, ataca a la filosofía y la moral tradicionales y ve que tiene que destruir al hombre tal y como es para que pueda venir el superhombre, que es el que conoce la muerte de Dios.
En base a lo expuesto sobre Nietzsche podemos concluir que es considerado un maestro de la sospecha porque pretende la restauración de la fuerza del hombre por la superación del resentimiento y de la compasión. El cuestiona y crítica al hombre “convencional” y cree que para que el mundo sea mejor o para que todo sea mejor o entendido de mejor manera debe existir un súper hombre que es alguien que no se guía ni confía en la mente ni en los sentimientos, si no, que se guía y confía en los argumentos racionales que son 100% comprobables que no caben las dudas en el, ya que, todo está más que racionalizado. El cree que la verdad no existe puesto que es una ficción que creó el hombre para satisfacer sus necesidades, el rechazo todo tipo de tradiciones planteando que la vida no es la verdad, si no que hacerla mejor.
Feuerbach comienza con su filosofía en discusión con la teología, pero el logra entender que la filosofía es totalmente independiente a la religión. Durante toda su vida fue muy materialista y por sobre todo ateo. Siempre tuvo una constante lucha contra la religión. Esto se debió producto de que el contexto histórico del cual él fue parte fue una época en la cual sus pensamientos eran duramente criticados, de hecho, cuando él escribió el libro anónimo “Pensamientos acerca de la muerte y de la inmortalidad” lo expulsaron de la enseñanza. Siempre estuvo muy en desacuerdo con los criterios que se planteaban tanto en la religión como en la sociedad en sí. Llega al punto de afirmar que “El hombre es lo que come” y reclama mejores alimentos para mejorar a la especie humana. Por lo que es aún más cruelmente criticado, ya que, es un pensamiento completamente abstracto al común de la sociedad. A partir de esto, centró sus intereses en la elaboración de una interpretación humanística de la teología, una de sus obras más importantes fue “La esencia del cristianismo” en la que considera a Dios como una sustancia del hombre. Feuerbach sostiene que la existencia de la religión sólo es justificable en tanto que satisface una necesidad psicológica y el culto a Dios no es nada más que la idealización de uno mismo. También plantea que los humanos y sus mentes son el producto de su entorno, ósea la consciencia del ser humano es el resultado de la interacción de los sentidos con el entorno. En La esencia del cristianismo Feuerbach se propone reducir la Teología a Antropología, devolviéndole al hombre sus cualidades más excelsas, antes atribuidas a Dios. De este modo, el ateísmo es presentado como condición de posibilidad para el surgimiento de un verdadero humanismo. No es Dios quien ha creado al hombre a su imagen sino el hombre quien ha creado a Dios, proyectando en él su imagen idealizada. El hombre atribuye a Dios sus cualidades y refleja en él sus deseos realizados. Así, alienándose, da origen a su divinidad. Pero, ¿por qué lo hace? El origen de esta alienación se encuentra en el hombre mismo. Aquello que el hombre necesita y desea, pero que no puede lograr inmediatamente, es lo que proyecta en Dios. “La palabra Dios tiene peso, seriedad y sentido inmanente en boca de la necesidad, la miseria y la privación.” Los dioses no han sido inventados por los gobernantes o los sacerdotes, que se valen de ellos, sino por los hombres que sufren, “Dios es el eco de nuestro grito de dolor”. Feuerbach califica de "giro decisivo de la historia" al hecho de que el hombre reconozca abiertamente que “la conciencia de Dios no es más que la conciencia de la especie”. Por lo tanto, Feuerbach concluye que cuanto más engrandece el hombre a Dios, más se empobrece a sí mismo. El hombre proyecta en un ser ideal (irreal) sus cualidades, negándoselas a sí mismo. De este modo, reserva para sí lo que en él hay de más bajo y se considera nada frente al Dios que ha creado.
Entonces Feuerbach es considerado un maestro de la sospecha, ya que, duda de la religión y de que “Dios” este vivo, al contrario, piensa que como los hombres lo crearon también pudieron matarlo o destruirlo, pero lo que dejaron fueron las tradiciones y creencias.
Lo que lleva a Karl Marx a crear sus teorías es que él se mostraba crítico de toda la filosofía anterior por que la consideraba basada en especulaciones y muy desvinculada de la realidad. También se basa mucho en los temas socioeconómicos que predominaban en el siglo XIX, en los cuales el estaba en desacuerdo con los políticos y economistas de ese entonces. Los pensamientos y teorías que llevo a cabo Marx se dieron en un contexto en el cuál lo que los filósofos postulaban no eran cosas netamente relacionadas con la realidad, totalmente al contrario eran ideas y teorías que en muchas ocasiones no se podían llevar a cabo. Su filosofía que se llamo “materialismo dialéctico” o “materialismo histórico” fue lo que dio paso a grandes luchas sociales en todo el mundo por lo revolucionario que este era. El se desarrollo en un clima social y político en el cual la burguesía era la clase más importante, con lo que él estaba en completo desacuerdo debido a que sus pensamientos eran claramente comunistas. La intención de Marx era dar a conocer la no existencia de Dios, y la existencia del mal que se manifestaba de forma psicológica en el sufrimiento y como expresión social en la injusticia. El se basa en que el sufrimiento humano está dado por distintas causas pero la más fundamental es cuando Marx afirma que las ideologías le son propias a la sociedad moderna burguesa-capitalista, es decir, que una clase en este caso la burguesía explota económicamente a las otras clases y las infringe. Esto se podía solucionar por medio de una revolución política 100% inclinada al movimiento marxista.
En consecuencia Marx es considerado maestro de la sospecha, ya que, el postula firmemente la no creencia en dios, debido a que, él consideraba que no podía creer en algo inexistente. Pero más profundamente es denominado así por criticar de manera cruda el tema socioeconómico en el cual se muestra su manifiesto comunista.
El contexto histórico para Freud fue la época Victoriana (2ª mitad del siglo XIX). Esta época es característica por el conservadurismo, la tradición y la dependencia de las normas sociales. La corporalidad era ocultada y con ello la sexualidad; se consideraba que el único objetivo de la sexualidad era la procreación. El psicoanálisis entiende la psicología desde un punto de vista patológico, así que se trata de un modelo médico que centra sus análisis en la parte irracional y desde los impulsos biológicos. Por otro lado, también es determinista, puesto que el sujeto está condicionado por los impulsos biológicos, es decir, depende de ellos. Freud piensa que el hombre va construyendo su psique organizando unas necesidades y pulsiones en interacción con el medio familiar, social y cultural, representado esencialmente por los padres. En el hombre se producen una serie de conflictos entre el Yo y las pulsiones sexuales. Tiene que relacionarse socialmente enfrentándose constantemente entre lo que exige la realidad, las normas morales impuestas por el Superyó y los deseos que provienen del Ello, que demandan satisfacción. El ser humano es un sujeto histórico tanto en el ámbito social como individual. En su interior hay una lucha constante entre sus instintos, los impulsos agresivos y destructores y su ambiente cultural. Este conflicto se enmarca en lo que Freud denomina el principio de placer y el principio de realidad. El principio de placer busca lo que es placentero y huye del displacer, al tiempo que la realidad se impone socioculturalmente. En su obra El malestar en la cultura, explica Freud cómo este modelo topográfico basado en el Yo, el Ello y el Superyó es extrapolado. De ahí que afirme que la sociedad y la cultura no son para nosotros más que una combinación de pulsiones y del complejo de Edipo (por el que el niño expresa deseo hacia la madre y agresividad hacia el padre). El hombre persigue la felicidad, pero se encuentra demasiadas restricciones, por eso el ser humano es anti-social. La insatisfacción nos empuja a buscar sustitutivos en el trabajo, el arte, la ciencia, la religión o las drogas; a través de ellos no se encuentra el placer, pero al menos se evita el displacer. Según Freud “se renuncia a un placer momentáneo, pero tan solo para alcanzar por el nuevo camino un placer ulterior y seguro”. De ahí que se asuman las promesas de las religiones como una renuncia al placer terrenal frente a una recompensa que “no es más que una proyección mística de esta transformación psíquica (la renuncia del placer empujado por el principio de realidad)”.
Podemos concluir que tanto la filosofía de Marx como la de Nietzsche, es sensible de ser considerada una crítica a la noción de sujeto, tal y cual Descartes la propuso, constituyendo la premisa de la filosofía moderna. Un importante punto de contacto entre sus teorías es el hecho del dudar-de-la-conciencia, que perdería, con sus elucubraciones, su papel de reguladora. La influencia principal de Marx fue Hegel, de quien tomó la noción de materia para explicar la dinámica social y política a partir de cambios materiales en los modos de producción social (materialismo histórico), y es por esto que consideraba a la historia como una constante y continua lucha entre clases (proletariado y burguesía). En este sentido, Nietzsche ve al mundo como una voluntad de poder, como un equilibrio entre fuerzas activas y pasivas. Ambos autores eran ateos, con el "Dios ha muerto" Nietzsche ilustra su creencia en la inutilidad de la presencia de Dios en la sociedad actual, que culminará con el nihilismo. La propuesta de Marx pretendía quitar a Dios como fundamento último, característica del racionalismo del S XIX. Para este autor, la culminación de la sociedad será el triunfo del "socialismo positivo", del comunismo por sobre la burguesía.
Freud criticó a la religión por ser una ilusión que hacía creer en un Dios que era el sustituto del padre. Daba la ilusión infantil de tener a alguien todo poderoso que cuidaba de los hombres y los protegía. También dijo que la religión provenía de la culpa y la neurosis obsesiva de la reparación, porque en la horda primitiva los hijos mataron al padre opresor y lo devoraron, con lo cual se inició la religión totémica, en la que se endiosaba al padre y se le daba culto, en forma de comida ritual. Y también llegó a decir que la religión era semejante a una psicosis delirante, en la que se alucinaba al padre todopoderoso (que en el judaísmo había sido Moisés), o al hijo redentor (que en el cristianismo había sido Jesús).
Nietzsche criticó a la religión por ser el arma de los nihilistas decadentistas para hacer que se pensara en otra vida y con ello renunciar a esta vida, con los placeres que ella tenía, que conformaban la voluntad de poder
Freud no pudo explicar cómo se desarrollaba el súper ego en las niñas, debido a que naturalmente éstas no pueden ser castradas. Sus prejuicios sociales le llevaron a elaborar una teoría, llamada complejo de Electra, en la que la vinculación de la niña con sus progenitores se establece en relación a una envidia del pene "ausente" en ella. La mujer es un ser deficiente, castrado, por lo que, según Freud, nunca podrá desarrollar un súper ego fuerte, lo que justifica su debilidad moral y su mayor tendencia al sentimentalismo.
Marx criticó a la religión por ser el arma ideológica que los burgueses usaban para desviar a los pobres de la preocupación por las realidades terrenales, y justificaba el que estuvieran sumidos en la pobreza. Les prometía una vida mejor después de esta vida, para acallar sus justas reclamaciones y reivindicaciones.
Para Feuerbach la religión es “el relacionarse del hombre con su esencia misma”,(en esto consiste su verdad), pero no con su esencia en cuanto suya propia, sino con algo distinto, separado, diferente de él, e incluso opuesto, (en esto consiste su falsedad), “El núcleo secreto de la Teología es la Antropología.” En la medida que se devela ese secreto y el hombre se apropia de lo que antes había atribuido a Dios, comprendiendo que “la conciencia que posee de Dios es la conciencia que posee de sí mismo”, la Teología a Antropología, conservando lo que en ella había de verdadero y superando lo que en ella había de falso.
Finalmente podemos decir que todos coinciden en sospechar primeramente de la conciencia, dudan de ella, aunque desde diferentes presupuestos, consideraron que la conciencia en su conjunto es una conciencia falsa. Al contrario de lo que pensaba Descartes, para él las cosas eran dudosas, que no son tal cuales como aparecen, pero no dudaba de que la conciencia sea tal como se aparece. A partir de ellos la comprensión es una hermenéutica: buscar el sentido, en lo sucesivo, ya no es deletrear la conciencia del sentido sino descifrar sus expresiones. Por ello, para Ricoeur son maestros de la sospecha.
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