Marcos encerrado en su oscuras meditaciones, miraba el cielo raso de su departamento. Estaba solo; solo en el mundo y lo sabía. Sabía que sin embargo, el mundo seguía estando allí afuera, repleto de oportunidades, de desconocidos, de tesoros. Pero ya no importaba, su mente estaba demasiado contaminada, su corazón, demasiadas veces mal curado. ¿Qué sentido tenía? Pues ninguno y al mismo tiempo todo. Eso era lo que mas lo agobiaba, que la realidad fuera inasible; nunca estar seguro de nada básicamente porque la verdad no existe.
Pensando en esto había casi olvidado que de sus muñecas heridas escapaba la vida con celeridad. Solo pensaba, fríamente, y se adormecía, poco a poco.
El ser humano vive en la eterna ironía de poseer las matemáticas que justifican el universo, y a su vez saber, que no sirven para nada. Ustedes responderán que sí sirven, que sirven para una infinidad de cosas, desde contar el vuelto del supermercado hasta calcular la órbita de un planeta que está a millones de años luz. Yo diré puede ser, pero estoy seguro de que el inexpugnable Dios que probablemente las creó, y en que la mayoría de ustedes creen, no las hizo para esos fines mundanos.
Creo que las matemáticas tienen un sentido muy claro en el orden universal: Demostrarnos que hay certezas que, al poseerlas, nos dan una base firme sobre la cual enfrentar la realidad. Si sabemos que la suma de dos y dos es cuatro, podemos ir seguros con esa certeza en las manos, a enfrentarnos a ciertas situaciones. Cuando el verdulero nos quiera cobrar cinco pesos por llevar dos morrones cada uno de los cuales vale dos, le diremos "alto, la suma de dos y dos es cuatro y no puedes atentar contra ello". Bueno no diremos eso exactamente pero sería genial.
Mas la mente humana no es tan simple. En los últimos y oscuros barrios de la mente, donde la realidad objetiva se va mezclando con el barro elemental del desasosiego existencial, allí dos mas dos no es cuatro. Allí una certeza objetiva no sirve de nada y las matemáticas son un mendigo en una esquina desierta.
Allí es donde nace, como un cancer, la certidumbre de que, aunque el dolor no tiene sentido, no podemos hacer mas que sufrirlo con locura, hasta que muy probablemente nos mate. Lo realmente terrible de ser un ser humano, es que, no sólo sabe que va a morir, sino que sabe que esta equivocado pero no puede hacer mucho al respecto. El suicida sabe que si se deja de torturar y sale a vivir, lo mas seguro es que vuelva a ser feliz, aunque mas no sea por un tiempo. La felicidad es cíclica. Mas no lo acepta, él quiere esa felicidad que se acaba de ir, como un niño que quiere que le re injerten su diente de leche.
El sufrimiento espiritual humano es absurdo, porque absurdas son la mayoría de las veces sus razones. Porque absurdo es desperdiciar la única vida de la que se dispone, sufriendo. Lo saben y no pueden aplicarlo, como a quien le dan mal el vuelto en el supermercado y no se anima a quejarse.
Por suerte yo no soy humano
Pensando en esto había casi olvidado que de sus muñecas heridas escapaba la vida con celeridad. Solo pensaba, fríamente, y se adormecía, poco a poco.
El ser humano vive en la eterna ironía de poseer las matemáticas que justifican el universo, y a su vez saber, que no sirven para nada. Ustedes responderán que sí sirven, que sirven para una infinidad de cosas, desde contar el vuelto del supermercado hasta calcular la órbita de un planeta que está a millones de años luz. Yo diré puede ser, pero estoy seguro de que el inexpugnable Dios que probablemente las creó, y en que la mayoría de ustedes creen, no las hizo para esos fines mundanos.

Creo que las matemáticas tienen un sentido muy claro en el orden universal: Demostrarnos que hay certezas que, al poseerlas, nos dan una base firme sobre la cual enfrentar la realidad. Si sabemos que la suma de dos y dos es cuatro, podemos ir seguros con esa certeza en las manos, a enfrentarnos a ciertas situaciones. Cuando el verdulero nos quiera cobrar cinco pesos por llevar dos morrones cada uno de los cuales vale dos, le diremos "alto, la suma de dos y dos es cuatro y no puedes atentar contra ello". Bueno no diremos eso exactamente pero sería genial.
Mas la mente humana no es tan simple. En los últimos y oscuros barrios de la mente, donde la realidad objetiva se va mezclando con el barro elemental del desasosiego existencial, allí dos mas dos no es cuatro. Allí una certeza objetiva no sirve de nada y las matemáticas son un mendigo en una esquina desierta.

Allí es donde nace, como un cancer, la certidumbre de que, aunque el dolor no tiene sentido, no podemos hacer mas que sufrirlo con locura, hasta que muy probablemente nos mate. Lo realmente terrible de ser un ser humano, es que, no sólo sabe que va a morir, sino que sabe que esta equivocado pero no puede hacer mucho al respecto. El suicida sabe que si se deja de torturar y sale a vivir, lo mas seguro es que vuelva a ser feliz, aunque mas no sea por un tiempo. La felicidad es cíclica. Mas no lo acepta, él quiere esa felicidad que se acaba de ir, como un niño que quiere que le re injerten su diente de leche.
El sufrimiento espiritual humano es absurdo, porque absurdas son la mayoría de las veces sus razones. Porque absurdo es desperdiciar la única vida de la que se dispone, sufriendo. Lo saben y no pueden aplicarlo, como a quien le dan mal el vuelto en el supermercado y no se anima a quejarse.

Por suerte yo no soy humano