InicioApuntes Y MonografiasOlivera y la Vaga…cap 2
2 Así estamos encerrados en este mundo–pecera, con distorsionadas imágenes de la realidad, intentando acelerar todos los plazos de tiempo para que todo dure nada y no podamos reflexionar, simplemente consumir y consumir todo lo que nos ponen por delante ¡Vive la vida pac-man!... En el barrio de Constitución, en una de mis habituales mini-sustracciones diarias para conseguir alimento, apareció Tamara, “la Vaga”, ella venía detrás mío cuando observó mi maniobra y me siguió una cuadra por la calle Cochabamba desde la esquina de Santiago del Estero. Se quedó mirándome fijo mientras yo con mi bolsa llena de frutas abría la puerta de entrada a los departamentos de la esquina de la calle San José, me sonrió y me dijo. -Mi silencio vale un durazno- No tuve más remedio y la verdad no me costó demasiado invitarla a subir a compartir el botín del día. Comimos fruta y bebimos un vino que ella compró en el supermercado chino que queda sobre la avenida San Juan. El alcohol nos arrebató las inhibiciones y no tardamos demasiado en revolcarnos sobre la vieja pero confortable cama de dos plazas. Su blanca y suave piel resaltaba su estado de plenitud, no tenía ninguna intención de volver a vestirse, disfrutaba de su desnudez a la vez que me la ofrecía y no tardó en notar lo rápido que crecía mi interés en volver a la revuelta, y así otra vez nos sumergimos el uno en el otro hasta quedar totalmente exhaustos. Dormimos juntos hasta el día siguiente, no hablamos mucho durante la mañana, ella se levantó primero y consiguió pan caliente para acompañar el mate, mientras yo intentaba ampliar con una nueva placa de memoria las posibilidades de una vieja y re-ensamblada computadora que pude ir armando de a poco y a duras penas. En mi departamento la cocina era un lugar casi inútil, usaba las hornallas mayormente para calentar agua y el horno para calefaccionar el ambiente durante los fríos días de invierno. Así fue como entre mate y mate nos fuimos conociendo. Preparó unos fideos con salsa boloñesa, almorzamos como yo hacía mucho tiempo no lo hacía y me contó de su vida en casi nada. Rebecca, su hija, no estaba en sus planes, simplemente llegó y de su padre jamás hizo referencia. Ya avanzada la tarde, ella miró por la ventana deduciendo el horario, tomó su pequeño bolso de lana entretejida y abrió la puerta del departamento, entonces le arrojé una copia de la llave de planta baja (es que lamentablemente el barrio ya no permite dejar alguna puerta sin cerrar) y se despidió con un simple… -Seguramente ya nos encontraremos- (que tranquilamente lo podría cambiar por un simple Veni, vidi, vici) Me cambié rápidamente de remera, el color rojo es demasiado llamativo y disimularía mejor la de color gris mezclado con un verde opaco, me calcé la gorra negra y los anteojos de ciego, bajé velozmente las escaleras y la vi doblar por San Juan hacia la 9 de Julio. Apuré el paso pero con la intención de no alcanzarla, el policía de guardia en la puerta de la comisaría me miró con ganas de detenerme por notar en mí alguna forma de “actitud sospechosa”, pero en cuanto me acerqué un poco más me reconoció, y saludo de por medio no interrumpió mi camino. La Vaga caminó derecho por San Juan hasta llegar al Bajo, dobló por Paseo Colón hasta llegar al Palacio de Hacienda y allí se internó en el fastuoso barrio de Puerto Madero. Ya en el muelle, se arrimó a esos canteros que todo el año tienen flores y arrancó una margarita, se apoyó en la baranda y mientras la deshojaba arrojaba los pétalos al agua amarronada del río, solo ella conocerá el resultado. La dejé que continúe sumida en su propio trance, decidí que lo mejor era no interferir en su solitario ritual. Volví al departamento, aún quedaban fideos en la olla para recalentar y suficiente fruta para un día. Con lo que otros se creerían sumidos en la pobreza extrema yo siento pertenecer a la alta burguesía, es que lo escueto de mi pobre situación financiera se equilibra con el enorme tesoro que me proporciona la libertad, sin más obligaciones que las obligaciones primarias, la manutención de mi propia infraestructura o sea mantener el estómago lleno y volver a rellenarlo cuando sea necesario. Lo otro, lo que llamaría mi superestructura, de la que forman parte la sociedad en sí, el amor, el sexo, la diversión, la filosofía y la música entre otras cosas, se definirán posteriormente a la resolución del estado en que se encuentre mi estómago. De a ratos me siento esclavo de la extraña relación que tengo con la Vaga, a veces tengo ganas de cerrar la puerta y no volverla a ver, pero no por una actitud de ella para conmigo, sino por empezar a notar en mí una dependencia psicológica para con ella, a veces es como si fuese el objeto más innecesario que pueda guardar en mi departamento, una vieja entrada de un concierto de hace diez años o el aparato de teléfono de línea cuando ni siquiera tengo línea telefónica, pero en cuanto los pierdo de vista empiezo a dudar si aún están en el lugar y me empiezo a desesperar y a sudar como un idiota hasta volver a encontrarlos. Después de esta primaria sensación sí, allí comienzo a notarme ahogado en su mundo y en sus comentarios acerca de su maternidad que intento no escuchar, pensando en cualquier estupidez que se me cruce por la cabeza, recordar el número de interno del colectivo de la línea 33 que chocó al mediodía, o el nombre del quiosquero del puesto de diarios de Callao y la Avenida Rivadavia, o la antepenúltima estación de trenes antes de llegar a La Plata, hace veinte años que no voy a La Plata, no he tenido particularmente nada que hacer allí en los últimos veinte años. Llovía y nos juntamos con algunos de los miembros de la logia en mi departamento, siempre escuchamos música que sale desde los precarios parlantes de la computadora, en esta oportunidad Ramsés, (que así decía llamarse porque era uruguayo y en Uruguay se pueden llamar como a sus padres les dé la gana) mezcló la voz de Morrison recitando poemas con música de los Doors de fondo y quedó realmente interesante. Discutimos siempre acerca de algún tema improvisado, y acompañado de algunas bebidas alcohólicas todo se hacía más llevadero, el asunto a discutir debía salir de alguna palabra al azar, cada uno escribía una en un papel, después hacerlo un pequeño bollo y ponerlo dentro de un vaso como si fuesen dados, la Vaga escribió, Orlando escribió, siguió Ramsés, Yamila hizo lo propio, y siempre con la sensualidad femenina que la caracteriza, la Vaga la mira entre despreciándola y envidiándola (un verdadero cóctel mortal) y busca mi mirada para saber la dirección exacta de mis ojos. Vera, escribió, El Albino escribió y la Vaga me advierte. -Olivera, es tu turno!!! Después Orlando tomó el vaso, lo tapó con una mano y lo zarandeó con la otra, arrojó los bollos sobre la mesa y eligió a Yamila para que elija el papel, y otra vez impregnando el ambiente de hormonas femeninas y erotismo (y otra vez los celos de la Vaga). Yamila eligió el pequeño bollo y lo desenvolvió como si fuese un caramelo, lo miró y mantuvo el suspenso mordiendo su labio inferior hasta que el vocablo salió, la tan esperada palabra fue “Pecera”… Particularmente a mí no se me ocurrió absolutamente nada, pero Orlando rápidamente desarrolló sus reflejos innatos de sofista potenciados tras la reciente recarga de alconafta. - Apenas escuché la palabra “pecera” me vino un interrogante, ya que jamás estuve en una por obvios problemas de tamaño, pero tampoco estuve en una de esas gigantes donde meten orcas, o focas, o delfines para hacer espectáculos, la duda es ¿los peces pueden ver hacia afuera de la pecera? Todos nos miramos sin ninguno tener la respuesta y sin saber hacia dónde nos llevaría la cuestión. Orlando continuó… -Yo creo que debe depender de la luz externa, si es más fuerte que la iluminación interna los peces pueden ver hacia afuera, pero si la luz es más débil se reflejarán los peces mismos, como si se estuviesen viendo frente a un espejo. Es un poco como estamos nosotros inmersos en esta sociedad-basura donde no vemos otra cosa más allá, y desde afuera, invisibles a nuestros ojos estamos siendo observados y controlados continuamente para que nada cambie, el rating de la TV marca el grado de estupidez al que estamos sometidos, y mientras los programas más idiotas sigan teniendo las mejores posiciones, para ellos (los grandes empresarios que todo manejan) todo funciona bárbaro. Periódicamente se juntan en algún gran Hotel siete estrellas alejado de todo y donde no pueden ingresar los medios periodísticos, ni les interesa ingresar porque obviamente estos medios les pertenecen y a nadie se le ocurriría dar en público informaciones que comprometan al dueño de la empresa para la que trabaja. Así estamos encerrados en este mundo–pecera, con distorsionadas imágenes de la realidad, intentando acelerar todos los plazos de tiempo para que todo dure nada y no podamos reflexionar, simplemente consumir y consumir todo lo que nos ponen por delante ¡Vive la vida pac-man!...todo, desde el sonajero en la cuna, hasta intentar vendernos que es digno (para no molestar a nuestros familiares) ir pagando por adelantado nuestro propio funeral, pero a esa altura ya somos viejos y cada vez menos necesarios, porque cada vez consumimos menos y ellos deben ocuparse de que los más jóvenes vuelvan a morder el mismo anzuelo que mordieron sus padres para que se perpetúe el Statu Quo, los más viejos ya cumplieron con su parte y no pueden volver en el tiempo ni cambiar nada, porque la vejez está desprestigiada y los más jóvenes la niegan por una cuestión de prepotencia (por un lado) y porque no se quieren convertir en ese espécimen arrugado y que habla estupideces todo el tiempo creyendo estar dando buenos consejos que nadie escucha (por el otro… ) Yamila prende un cigarrillo, se para frente al espejo moviendo sus caderas como una simple forma de no pasar inadvertida, lo mira de manera cómplice a Orlando y comienza a hacer circulitos de humo con la boca y los penetra con el dedo índice de su mano derecha. Otros capítulos http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/16642794/Olivera-y-la-Vaga-cap-1.html http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/16652707/Olivera-y-la-Vaga-cap-3.html
Datos archivados del Taringa! original
10puntos
273visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:

Posts Relacionados

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

j
Usuario
Puntos0
Posts23
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.