La guerra es un arte, o lo fue; hoy sólo es un negocio... o una forma de hacer negocios. Antes puede que también tuviera algo de negocio, pero los hombres se enfrentaban cara a cara, bayoneta contra bayoneta y ser un cobarde era una vergüenza. Pero la verdadera guerra es un arte porque para su dominio se es necesario de cierto espíritu artístico, innovador y creador; se precisa de cierto carácter y de ciertas emociones y con todo ello se alcanza un grado de expresión en el mundo, de la que surgen héroes y grandes gestas que inspirarán a las generaciones futuras, creando de esta forma diversa literatura, arte pictórico o escultórico, música...: la guerra es inspiración. Hoy el arte se ha atrofiado quizá por esa ausencia de belicismo en las sociedades acomodadas, séanse las llamadas occidentales; de ese belicismo que con su manto trágico y sanguinolento ha inspirado las mejores y mayores creaciones artísticas. La paz atrofia al hombre. La lucha siempre ha sido el motor para todo, todo alrededor es violento: nuestras sociedades viven inmersas en una burbuja... que no durará siempre.
La guerra es el arte de la defensa y del ataque, el arte de ganarse la paz y de defenderla, el arte de hacer historia, pues no es sino la guerra lo que deja una mayor impronta en el tiempo y en la memoria de los hombres. Para los pacifistas esto será un escándalo, pero son ellos, los pacifistas, quienes llaman a la guerra y a la violencia. Mientras todo el mundo no haya enterrado a mil metros bajo tierra cualquier atisbo de visión violenta y guerrera -y con ello buena parte de lo que hace al hombre ser lo que es: Hombre-, el pacifista será presa fácil y alentará a que el que posee las armas o tenga un ánimo más agresivo vaya contra él. Hoy las armas y una predisposición para la guerra son condiciones insoslayables para todo pueblo o toda cultura que quiera sobrevivir y hacerse respetar.
La vida es un drama, un incesante desgarro. El devenir duele porque la realidad es como verse con las tripas fuera. La vida es una lucha, nadie lo hizo así, ya era así antes que nosotros; por ello nuestro raciocinio debería llevarnos en la dirección de lo que es la vida y no sobre lo que queremos que la vida sea. Y sin embargo somos alegres, somos Los Guerreros de la Fuerza Mayor. Aceptamos la realidad y luchamos en ella para imponer nuestros sueños, nuestras metas, nuestras aspiraciones, teniendo presente la realidad y la inviolabilidad del orden natural de las cosas. Al menos, para nosotros, debería ser inviolable, algo sagrado.
Las noches son largas. En ellas se aprende mucho. Hay que resistir. Cuando la noche acabe, será porque nosotros anunciamos la llegada del Sol, como si fuéramos hijos de Aurora.■
Artículos relacionados:
- LA ALEGRÍA PARADÓJICA
- EL PACIFISMO COMO ARMA PARA SOMETERNOS