InicioApuntes Y MonografiasEn un mundo cuerdo.






En un mundo cuerdo.



Se despertó esa mañana con una sensación muy extraña en el estómago, intentó despabilarse del todo para poder prestar atención y descubrir qué podía ser aquello.
Se incorporó, se frotó un poco los ojos y se concentró en su estómago: no sentía las habituales “mariposas”, no estaban. Se tocó la frente y no parecía estar afiebrada. Se fue dando cuenta de a poco que se sentía bien. Miró el reloj. Había dormido nueve horas seguidas sin sobresaltos. No pudo recordar cuándo había sido la última vez.
Debería haberse asustado por la novedad pero aquello tenía un atractivo muy poco común así que se levantó sintiéndose energizada. Le dio por ponerse ropa colorida que hacía años no usaba, no lo pensó mucho, igual su clásico conjunto negro se iba a beneficiar con un lavado.
Desayunó con mucho apetito, voraz casi, aunque se llenó en seguida, lógico, la costumbre de comer poco y mal…
Salió a la calle y respiró a pulmón lleno. Se sorprendió al oler las madreselvas en la cerca de la casa vecina, se acercó, cortó una flor, la chupó despacito sacando la miel, el placer era tan raro.
Llegó a la oficina y le pareció gris y opresiva pero le puso color con la sonrisa recién estrenada, sintió miradas inquisidoras y ni se detuvo a cuestionar qué pasaba. Subió las escaleras al tercer piso corriendo para sentir la sangre galopando en sus venas, pasó volando junto a los demás empleados de paso cansino, los despeinó un poco y les plantó la duda.
Toda esa mañana cantó mientras fotocopiaba los miles de páginas de los nuevos manuales de instrucción sobre primeros auxilios del curso que se dictaría el lunes próximo. Recursos había planificado el entrenamiento para ver de evitar tanto ausentismo por arritmias y paros cardíacos, quizá con un poco de electricidad todo volvería a lo normal. De paso, la nueva nutricionista les explicaría lo de reducir las frituras para evitar el colesterol y la acidez.
La llamaron a la oficina de la asistente de la encargada de Recursos Humanos porque el Gerente del área había escuchado los alegres versos de “Movéte, chiquita movéte”, “De boliche en boliche” y “Que la dejen ir al baile sola”. Los “sha-la-la-la” y los “shu-bi-du-bi-durá”. La asistente le explicó que la oficina era un ámbito de concentración, consagración y dedicación y, como para rimar adecuadamente, le hizo firmar una suspensión sin goce de haberes por tres días. Era miércoles así que no volvería hasta el siguiente lunes. Salió contentísima bajando a saltitos los tres pisos hasta la recepción. Se cruzó con Daniel, que andaba con sus cejas fruncidas como todos los días, y que no se animó a acompañarla y charlar un ratito para ver si estaba bien, de última tuvo como un presentimiento de que si lo veían hablando con ella ese día le podían agarrar ojeriza y apretarlo más todavía por todo el trabajo atrasado que tenía.

Al final de esa primera semana ya bailaba por las avenidas del centro que hacía años no recorría con atención mirando colores, llenándose de aromas. Generalmente iba a hacer trámites y corría contra reloj para cumplir con todo lo encomendado. Ahora no. Le costó mucho encontrar una heladería abierta a las 3 de la tarde y se sumergió de cabeza en un gigantesco cono de frutilla a la panna con baño de chocolate que luego se le fue chorreteando entre los dedos mientras ayudaba a cruzar a una viejita que la miró torcido.

Y sintió el placer del disfrute más orgásmico que podía recordar pasando revista a toda su vida.

Ahora se dedica a plantar caléndulas y no-me-olvides, pensamientos y alelíes. En la institución nadie se detiene a apreciar el caleidoscopio de colores que ha logrado en los canteros de los jardines, el contraste de los verdes bien nutridos por la urea que esparce cada vez que está a punto de largarse a llover, las mariposas que van volviendo de a poco y más abundantes y los colibríes que liban de los abutilones y juegan con la suave llovizna de la regadera.

Sólo a la noche, cuando los colores de las flores desaparecen en la oscuridad se acuerda del mundo de afuera y se pregunta qué será de aquellos que conocía aunque le cuesta recordar bien sus caras grises. Pero es sólo por un ratito, nada más, hasta que la enfermera le alcanza las píldoras celestitas en el vasito de papel y se va derritiendo en el dulce sueño. Dulce y amablemente largo sueño de la noche entre los gritos de los otros simples locos ella era una loca Contenta.









El síndrome de Pollyana
Pollyanna es una novela de Eleanor H. Porter publicada en el año 1913. La historia cuenta sobre una niña llamada Pollyanna, huérfana de padre y madre que es enviada a vivir con su estricta Tía Polly. Pollyanna, educada con optimismo por parte de su padre, usa el juego de encontrar el lado bueno de cualquier situación para alegrar la vida de todos los que la rodean, empezando por su Tía Polly, el Señor Pendleton, un hombre solitario y la señora Snow, deprimida por su enfermedad que la obliga a permanecer en cama. El libro fue un éxito en cuestión de días y añadió un nuevo término al diccionarió del lenguaje inglés: Pollyanna se usa para describir a una persona que es optimista de manera exagerada.
En psiquiatría consiste en darle la vuelta a cualquier situación y tornarla bonita y alegre
Resumiendo: ver la paja en el ojo ajeno y NO la viga en el propio.
Además del síndrome de Pollyana: el de Bambi, Alicia en el Pais de las Maravillas, etc.



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