La soledad: “Nunca me sentí solo. He estado en una habitación, me he sentido suicida. Estuve deprimido, me
he sentido horrible más allá de lo descriptible, pero
nunca pensé que una persona podía entrar a una
habitación y curarme. Ni varias personas. En otras
palabras, la soledad no es algo que me molesta porque
siempre tuve este terrible deseo de estar solo. Siento
la soledad cuando estoy en una fiesta, o en un estadio
lleno de gente vitoreando algo. Citaré a Ibsen: ‘Los
hombres más fuertes son los más solitarios’. Nunca
pensé: ‘Bueno, ahora va a entrar una rubia hermosa y
vamos a garchar, y me va a frotar las bolas, y me voy a
sentir bien’. No, eso no iba a ayudar. Viste cómo piensa
la gente común: ‘Guau, es viernes a la noche, ¿qué vamos
a hacer? ¿Quedarnos acá sentados?’. Bueno, sí. Porque no
hay nada allá afuera. Es estupidez. Gente estúpida
mezclándose con gente estúpida. Que se estupidicen entre
ellos. Nunca tuve la ansiedad de lanzarme a la noche. Me
escondía en bares porque no quería esconderme en
fábricas. Eso es todo. Les pido perdón a los millones,
pero nunca me sentí solo. Me gusta estar conmigo mismo.
Soy la mejor forma de entretenimiento que puedo
encontrar”. [/color]
Bares:“Ya no voy mucho a bares. Saqué eso de mi sistema.
Ahora, cuando entro a un bar, siento náuseas. Estuve en
demasiados, es apabullante. Son para cuando uno es más
joven: todo eso de irse a las manos con un tipo, hacerse
el macho, levantarse minas. A mi edad, ya no lo
necesito. Hoy sólo entro a los bares para mear. A veces
cruzo la puerta y empiezo a vomitar”.
El alcohol: “El alcohol es probablemente una de las
mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de
mí. Entonces nos llevamos bien. Es destructivo para la
mayoría de la gente, pero yo soy un caso aparte. Hago
todo mi trabajo creativo cuando estoy intoxicado.
Incluso me ha ayudado con las mujeres. Siempre fui
reticente durante el sexo, y el alcohol me ha permitido
ser más libre en la cama. Es una liberación porque
básicamente yo soy una persona tímida e introvertida, y
el alcohol me permite ser este héroe que atraviesa el
espacio y el tiempo, haciendo un montón de cosas
atrevidas... Entonces el alcohol me gusta, cómo no”. [/color]
Fumar:“Me gusta fumar. El cigarrillo y el alcohol se equilibran. Yo solía despertarme de una borrachera y
había fumado tanto que mis dos manos estaban amarillas,
casi marrones, como si tuviera puestos guantes. Y me
preguntaba: ‘¡Mierda! ¿Cómo se verán mis pulmones?’”.
Pelear: “La mejor sensación es cuando golpeás a un tipo
que no se supone que puedas golpear. Una vez me metí con
un tipo, me estaba insultando. Le dije: ‘Bueno,
adelante’. No tuve ningún problema, le gané la pelea
fácilmente. Estaba tirado en el piso. Tenía la nariz
ensangrentada. Me dijo: ‘Jesús, te movés siempre tan
lentamente que pensé que serías fácil. Y cuando empezó
la condenada pelea, ya no podía ver tus manos, te
volviste tan rápido. ¿Qué pasó?’. Le dije: ‘No sé,
hombre. Así son las cosas. Uno ahorra para cuando tiene
que usarlo’”.
Los gatos: “Es bueno tener un montón de gatos alrededor.
Si uno se siente mal, mira a los gatos y se siente
mejor, porque ellos saben que las cosas son como son. No
hay por qué entusiasmarse y ellos lo saben. Por eso son
salvadores. Cuantos más gatos uno tenga, más tiempo
vivirá. Si tenés cien gatos, vivirás diez veces más que
si tenés diez. Algún día esto será descubierto: la gente
tendrá mil gatos y vivirá para siempre. Realmente es
ridículo”.
Escribir:
“Escribí un cuento desde el punto de vista de un violador de una niña muy pequeña. Y la gente me
acusó. Me hicieron entrevistas. Decían: ‘¿Le gusta
violar a niñitas?’. Dije: ‘Por supuesto que no. Estoy
fotografiando la vida’. Me metí en problemas con
montones de cosas. Pero, por otro lado, los problemas
venden libros. Pero, en última instancia, escribo para
mí. (Da una larga pitada a su cigarrillo.) Es así. La
pitada es para mí, la ceniza es para el cenicero. Eso es
publicar. Nunca escribo de día. Es como ir al
supermercado desnudo. Todo el mundo te puede ver. De
noche es cuando se sacan los trucos de la manga... la
magia”.
La poesía: “Siempre recuerdo que, en el patio de la escuela, cuando aparecía la palabra ‘poeta’ o ‘poesía’, todos los pendejos se reían y se burlaban. Puedo ver por qué: es un producto falso. Ha sido falso y snob y
endogámico por siglos. Es ultradelicado, sobreapreciado.
Es un montón de mierda. Durante siglos, la poesía es
casi basura total. Es una farsa. Ha habido grandes
poetas, no me entienda mal. Hay un poeta chino llamado
Li Po. Podía poner más sentimiento, realismo y pasión en
cuatro o cinco sencillas líneas que la mayoría de los
poetas en sus doce o trece páginas de mierda. Y bebía
vino también. Solía quemar sus poemas, navegar por el
río y beber vino. Los emperadores lo amaban porque
podían entender lo que decía. Por supuesto, sólo quemó
sus poemas malos. Lo que yo quise hacer, si me disculpa,
es incorporar el punto de vista de los obreros sobre la
vida... los gritos de sus esposas que los esperan cuando
vuelven del trabajo. Las realidades básicas de la
existencia del hombre común... algo que pocas veces se
menciona en la poesía desde hace siglos. Mejor, que
quede registrado que dije que la poesía es una mierda
desde hace siglos. Y una vergüenza”.
Céline:“La primera vez que leí a Céline, me fui a la cama con una caja grande de galletitas Ritz. Empecé a
leerle y me comía una galletita Ritz, me reía, me comía
una Ritz, leía. Leí la novela entera de un tirón y me
terminé la caja de galletitas. Y me levanté y tomé agua.
Tendrías que haberme visto. No me podía mover. Eso es lo
que un buen escritor te puede hacer. Casi te puede
matar. Un mal escritor puede hacerlo, también”.
Shakespeare: “Es ilegible y está sobrevalorado. Pero la gente no quiere escuchar esto. Uno no puede atacar
templos. Ha sido fijado a lo largo de los siglos. Uno
puede decir que tal es un pésimo actor, pero no puede
decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho
tiempo, los snobs empiezan a aferrarse a él, como
ventosas. Cuando los snobs sienten que algo es seguro,
se aferran. Pero si les decís la verdad, se ponen
salvajes. No pueden soportarlo. Es atacar su propio
proceso de pensamiento. Me desagradan”.
Su material de lectura favorito: “Leí en el The National Enquirer una nota titulada ‘¿Es su marido homosexual?’.
Linda me dijo: ‘¡Tenés voz de puto!’. Yo dije: ‘Oh, sí,
siempre me lo pregunté’. Ese artículo decía: ‘¿Su marido
se depila las cejas?’. Y yo pensé, mierda, lo hago todo
el tiempo. Ahora sé lo que soy. Me depilo las cejas, soy
un puto. Es muy amable de parte de The National Enquirer
decirme lo que soy”.
El humor y la muerte: “El último gran humorista era un
tipo llamado James Thurber. Pero su humor era tan
magnífico que tuvieron que ignorarlo. Este tipo era,
podría decirse, un psiquiatra de las edades. Tenía algo
ambiguo, hombre-mujer, veía cosas. Era sanador. Su humor
era tan real que uno gritaba de risa, era como una
liberación frenética. Aparte de Thurber, no puedo pensar
en nadie... Yo tengo algo de humorista, pero no como él.
No llamo humor a lo que tengo, lo llamo un ‘filo
cómico’. Estoy colgado en eso. Casi todo lo que pasa es
ridículo. Cagamos todos los días. Eso es ridículo, ¿no
te parece? Tenemos que seguir meando, poniendo comida en
nuestras bocas, nos sale cera de los oídos. Tenemos que
rascarnos. Cosas feas y tontas, ¿o no? Las tetas no
sirven para nada, salvo...”.
Nosotros: “La verdad es que somos monstruosidades. Si
pudiéramos vernos, podríamos amarnos, darnos cuenta de
lo ridículos que somos, con nuestros intestinos
retorcidos por los que se desliza lentamente la mierda
mientras nos miramos a los ojos y decimos: ‘Te amo’. Nos
carbonizamos y producimos mierda, pero no nos tiramos
pedos cerca del otro. Todo tiene un filo cómico”.
Ganar: “Y después nos morimos. Pero la muerte no nos ha
ganado. No ha mostrado ninguna credencial. Nosotros
hemos mostrado todas las credenciales. Con el
nacimiento, ¿nos ganamos la vida? No realmente, pero de
seguro la hija de puta nos tiene atrapados... La muerte
me provoca resentimiento, la vida también, y mucho más
estar atrapado entre las dos. ¿Sabés cuantas veces
intenté suicidarme? Dame tiempo, sólo tengo 66 años.
Sigo trabajando en eso. Cuando uno tiene tendencias
suicidas, nada lo molesta, excepto perder en las
carreras de caballos. ¿Por qué será? A lo mejor porque
uno usa su mente en las carreras, no su corazón. Pero
nunca cabalgué. No estoy muy interesado en el caballo
sino en el proceso de acertar o no, selectivamente”.
Las carreras: “Traté de ganarme la vida con las carreras
por un tiempo. Es doloroso. Es vigorizante. Todo está al
límite, el alquiler, todo. Pero uno tiende a ser
cuidadoso. Una vez estaba sentado en una curva. Había
doce caballos en la carrera y estaban todos amontonados.
Parecía un gran ataque. Todo lo que veía era esos
grandes culos de caballo subiendo y bajando. Parecían
salvajes. Miré esos culos de caballos y pensé: ‘Esto es
una locura total’. Pero hay otros días en los que ganás
cuatrocientos o quinientos dólares, ganás ocho o nueve
carreras al hilo, y te sentís Dios, como si lo supieras
todo. Y todo queda en su lugar”.
La gente: “No miro mucho a la gente. Es perturbador.
Dicen que si mirás mucho a otra persona, te empezás a
parecer a ella. Pobre Linda. La mayoría de las veces me
la puedo pasar sin la gente. La gente no me llena, me
vacía. No respeto a nadie. Tengo un problema en ese
sentido. Estoy mintiendo pero, creeme, es verdad”. [/color]
El tiempo libre: “Es muy importante tener tiempo libre.
Hay que parar por completo y no hacer nada por largos
períodos para no perderlo todo. Seas un actor o una ama
de casa, cualquier cosa, tiene que haber grandes pausas
en las que no hacés nada. Uno se tira en una cama a
mirar el techo. Hacer nada es muy, muy importante. ¿Y
cuánta gente lo hace en la sociedad moderna? Muy poca.
Por eso la mayoría está totalmente loca, frustrada,
enojada y odiosa. Antes de casarme, o de conocer a
muchas mujeres, bajaba las cortinas y me metía en la
cama por tres o cuatro días. Me levantaba para cagar y
para comer una lata de porotos. Después me vestía y
salía a la calle, y el sol brillaba y los sonidos eran
maravillosos. Me sentía poderoso, como una batería
recargada. Pero, ¿sabés qué me tiraba abajo? El primer
rostro humano que veía en la vereda. Esa cara nomás me
hacía perder la mitad de la carga. Esta cara monstruosa,
sin expresión, tonta, sin sentimientos, cargada de
capitalismo. Pero aún así valía la pena, me quedaba la
mitad de la carga todavía. Por eso el tiempo libre es
importante. Y no digo tomarse tiempo para tener
pensamientos profundos. Hablo de no pensar en absoluto.
Sin pensamientos de progreso, sin pensamientos sobre uno
mismo. Sólo ser un haragán. Es hermoso”.
La belleza: “No existe algo como la belleza,
especialmente en un rostro humano, eso que llamamos
fisonomía. Todo es un imaginado y matemático
alineamiento de rasgos. Por ejemplo, si la nariz no
sobresale mucho, si los costados están bien, si las
orejas no son demasiado grandes, si el cabello no es
demasiado largo. Es una mirada generalizadora. La gente
piensa que ciertos rostros son hermosos, pero,
realmente, no lo son. La verdadera belleza, por
supuesto, viene de la personalidad. No tiene nada que
ver con la forma de las cejas. Me dicen de tantas
mujeres que son hermosas... pero cuando las veo, es como
mirar un plato de sopa”.
La fealdad:“No existe. Hay algo llamado deformidad,
pero la simple fealdad no existe. He dicho”. Érase una
vez: “Era invierno, yo me estaba muriendo de hambre
intentando ser escritor en Nueva York. No había comido
en tres o cuatro días. Así que finalmente dije: ‘Me voy
a comer una gran bolsa de pochoclo’. Cada grano era como
un churrasco. Tragaba y echaba pochoclo a mi estómago
que decía ‘¡Gracias, gracias!’. Estaba en el paraíso,
caminando por ahí, hasta que dos tipos pasaron a mi lado
y uno le dijo al otro: ‘¡Jesús!’. El otro dijo: ‘¿Qué
pasa?’ ‘¿Viste a ese tipo comiendo pochoclo? Dios, era
horrible.’ Así que no pude disfrutar el resto del
pochoclo. Pensé qué quisieron decir con eso de que ‘era
horrible’. Yo estaba en el paraíso. Supongo que era un
poco cochino. Ellos siempre pueden distinguir a un tipo
hecho mierda”.
La prensa: “Disfruto las cosas malas que se dicen sobre
mí. Aumenta la venta de libros y me hace sentir malvado.
No me gusta sentirme bien porque soy bueno. ¿Pero malo?
Sí. Me da otra dimensión. Me gusta ser
atacado. ‘¡Bukowski es desagradable!’ Eso me hace reír,
me gusta. ‘¡Es un escritor desastroso!’ Sonrío más. Me
alimento de eso. Pero cuando un tipo me dice que dan un
texto mío como material de lectura en una universidad,
me quedo boquiabierto. No sé, me aterra ser demasiado
aceptado. Siento que hice algo mal”.El dedo: (Levanta el
dedo meñique de su mano izquierda) “¿Viste alguna vez
este dedo? (El dedo parece paralizado en una forma
de “L”). Me lo rompí una noche, borracho. No sé por qué,
pero nunca se acomodó. Pero funciona perfecto para la
letra ‘a’ de la máquina de escribir, y qué demonios, le
agrega algo a mi personaje”.
La valentía: “A la mayoría de la gente supuestamente
valiente le falta imaginación. Es como si no pudieran
concebir lo que sucedería si algo saliera mal. Los
verdaderos valientes vencen a su imaginación y hacen lo
que deben hacer”.
El miedo: “No sé nada sobre eso”.
La violencia: “Creo que, la mayoría de las veces, la
violencia es malinterpretada. Hace falta cierta
violencia. En nosotros hay una energía que necesita ser
sacada. Creo que si esa energía es contenida, nos
volvemos locos. La paz última que todos deseamos no es
un área deseable. De alguna manera, no estamos
destinados a eso. Por eso me gusta ver peleas de boxeo,
y por eso yo mismo las protagonizaba en mi juventud. A
veces se llama violencia a la expulsión de energía con
honor. Hay locura interesante y locura desagradable. Hay
buenas y malas formas de violencia. Es un término vago.
Está bien si no se hace a expensas de otros”.
El dolor físico: “Con el tiempo uno se endurece, aguanta
el dolor físico. Cuando estaba en el Hospital General,
un tipo entró y dijo: ‘Nunca vi a nadie aguantar la
aguja con tanta frialdad’. Eso no es valentía. Si uno
aguanta suficiente dolor, uno cede. Es un proceso, un
ajuste. Pero no hay forma de acostumbrarse al dolor
mental. Me mantengo lejos de él”.
La psiquiatría: “¿Qué consiguen los pacientes
psiquiátricos? Una cuenta. Creo que el problema entre un
psiquiatra y su paciente es que el psiquiatra actúa de
acuerdo al libro, mientras que el paciente llega por lo
que la vida le ha hecho. Y aunque el libro pueda tener
cierta perspicacia, las páginas siempre son las mismas y
cada paciente es diferente. Hay muchos más problemas
individuales que páginas. Hay demasiada gente loca como
para resolverlo diciendo: ‘Tantos dólares por hora,
cuando suena el timbre terminamos’. Eso sólo puede
llevar a una persona un poco loca a la locura total.
Recién empiezan a abrirse y a sentirse bien cuando el
psiquiatra dice: ‘Enfermera, arregle la próxima cita’.
Todo es asquerosamente mundano. El tipo está ahí para
quedarse con tu culo, no para curarte. Quiere tu dinero.
Cuando suena el timbre, que entre el siguiente loco.
Ahora, el loco sensible se va a dar cuenta de que cuando
el timbre suena, significa que lo cagaron. No hay
límites de tiempo para curar la locura, y no hay cuentas
para eso, tampoco. Muchos de los psiquiatras que yo he
visto parecen estar al límite ellos mismos, además. Pero
están demasiado cómodos. Creo que el paciente quiere ver
un poco de locura, no demasiado. Ah, los psiquiatras son
totalmente inútiles. ¿Siguiente pregunta?”.La fe: “La fe
está bien para los que la tienen. Mientras no me la
tiren por la cabeza. Tengo más fe en mi plomero que en
el ser eterno. Los plomeros hacen un buen trabajo. Dejan
que la mierda fluya”.
El cinismo: “Siempre me acusaron de cínico. Creo que el
cinismo es una uva amarga. Es una debilidad. Es
decir: ‘¡Todo está mal! ¿Entendés? ¡Esto no está bien!
¡Aquello no está bien!’. El cinismo es la debilidad que
evita que nos ajustemos a lo que ocurre en el momento.
El optimismo también es una debilidad. ‘El sol brilla,
los pájaros cantan, sonríe.’ Eso es mierda también. La
verdad está en algún lugar entre los dos. Lo que es, es.
Si no estás listo para soportarlo, joderse”.
La moralidad convencional: “Puede que no exista el infierno, pero los que juzgan pueden crearlo. Pienso que
la gente está sobredomesticada. Uno tiene que averiguar
lo que le pasa, y cómo va a reaccionar. Voy a usar un
término extraño aquí: el bien. No sé de dónde viene,
pero siento que hay un básico rasgo de bondad en cada
uno de nosotros. No creo en Dios, pero creo en
esta ‘bondad’, como un tubo dentro de nuestros cuerpos.
Puede ser alimentada. Siempre es mágica, por ejemplo
cuando en una autopista sobrecargada de tráfico un
extraño hace lugar para que alguien pueda cambiar de
mano... es esperanzador”.
Sobre ser entrevistado: “Es como ser arrinconado. Es
vergonzoso. Por eso, no siempre digo toda la verdad. Me
gusta jugar y burlarme un poco, así que doy información
falsa sólo por el gusto de entretener y mentir. Así que
si quieren saber algo sobre mí, no lean una entrevista.
Ignoren ésta, también”.
