De una semana a esta parte he visto con asombro como en determinadas tragedias (caso Candela y Accidente ferroviario) los animadores del "Show mediático informativo" derivaban la responsabilidad de una manera evidente siempre curiosamente al gobierno, tomando como escudo humano a las victimas vulnerables de turno, que dado su estado anímico les era imposible darse cuenta que estaban siendo vilmente manejados.
El asunto es que en estos momentos me acuerdo de algo que leí ya hace mucho al respecto de “La culpa” y que recaté de algún correo viejo y ahora lo comparto junto a un Gif creado por mi para la ocacion..
Es difícil enfrentar el error, saber que nos equivocamos, que hemos sido nosotros y nadie más que nosotros los que hemos lastimado a alguien, ofendido, agredido, etc.
Si a nuestro hijo no le va bien en la escuela es porque tiene malos maestros, no porque nosotros olvidamos acompañarlo en sus estudios. Si ganamos un sueldo mediocre es porque no hay oportunidades para progresar, pero tampoco reconocemos que no estamos calificados para otra tarea o que debemos ‘aggiornarnos’ convenientemente.
Votamos al candidato que según lo mucho o poco que proponga -por lo general las propuestas existen, pero no el cómo hacerlo, lo que da como resultado la ‘no propuesta’– más se aproxime en sus ideas a las nuestras. No se es mejor por no equivocarse, se es mejor haciéndose verdaderamente responsable del error y con la intención de cambiar.
Comenzamos a andar un etapa difícil por lo cambios que conlleva. Esto requiere esfuerzo, constancia y grandeza de espíritu. ¿Utopía? Tal vez.
Cierto es que vivimos una etapa de contradicciones, de obscenidades políticas, de corrupción económica y abandono social, pero es también la etapa de la resiliencia. Con ella aumenta nuestra capacidad para proyectarnos hacia el futuro, pensando cómo salir de las circunstancias que nos desestabilizan diariamente, de las condiciones difíciles de nuestra vida, ya que somos capaces de buscar en nuestro interior las herramientas que nos permiten salir a flote. Nadie quiere el fracaso, la ruina o la falta de oportunidades.
Cuando algo malo ocurre en el país, la culpa siempre es del gobierno, como si fuera algo extraño a nosotros. No se nos ocurre pensar que, viviendo en democracia, ese mismo gobierno ha sido elegido por nosotros (o la mayoría en rigor de verdad).
Más allá de que muchas veces es así, y los gobiernos no cumplen con sus promesas, sería bueno pensar qué parte, aunque pequeña, de esa responsabilidad nos atañe y lo que sería mejor aún, que parte podemos cambiar.
Comenzamos a andar un etapa difícil por lo cambios que conlleva. Esto requiere esfuerzo, constancia y grandeza de espíritu. ¿Utopía? Tal vez.
Cierto es que vivimos una etapa de contradicciones, de obscenidades políticas, de corrupción económica y abandono social, pero es también la etapa de la resiliencia. Con ella aumenta nuestra capacidad para proyectarnos hacia el futuro, pensando cómo salir de las circunstancias que nos desestabilizan diariamente, de las condiciones difíciles de nuestra vida, ya que somos capaces de buscar en nuestro interior las herramientas que nos permiten salir a flote. Nadie quiere el fracaso, la ruina o la falta de oportunidades.
Cuando algo malo ocurre en el país, la culpa siempre es del gobierno, como si fuera algo extraño a nosotros. No se nos ocurre pensar que, viviendo en democracia, ese mismo gobierno ha sido elegido por nosotros (o la mayoría en rigor de verdad).
Más allá de que muchas veces es así, y los gobiernos no cumplen con sus promesas, sería bueno pensar qué parte, aunque pequeña, de esa responsabilidad nos atañe y lo que sería mejor aún, que parte podemos cambiar.
Transformemos el sentimiento de culpa y nuestro deseo de buscar responsables. Asumamos nuestros errores y saquemos de ellos la fuerza del éxito. Asumir una equivocación nos acerca al otro, es como decirle “aquí estoy, con mis errores y limitaciones, éste soy yo”.
Si ponemos siempre la responsabilidad en los demás, es como estar en la vereda de enfrente a todos. Hay que cruzar la calle del orgullo, hay que unir las distancias que nos marca la soberbia. Así y sólo así estaremos realmente junto a nuestro hermano.
No hace falta gastar horas de nuestra vida en quejas inútiles y pensando que no debiéramos haber hecho esto o aquello. No se cambia lo pasado. Ahora es el momento de buscar las herramientas internas y externas que nos permitan superarnos como seres humanos y ciudadanos.