El primer carro fabricado en América del Sur, lo fue en Jr. Washintong 117, Lima

Automóvil Grieve conducido por su creador
A fines de 1908 estaba listo el primer automóvil diseñado y construido en América del Sur, que en su época fue descrito como una “joya de precision mecánica”. Su performance fue comparada con la de un Renault o un Brassiere, considerado los mejores coches a principios del silgo XX.
Entusiasmado el ingeniero por esta nueva actividad, y siendo él la más grande autoridad en motores en el Perú, decidió, en 1907, construirse un automóvil. Grieve pasaba todos sus momentos libres en su taller, ubicado en el jirón Washington 117. Allí, con la ayuda de algunos operarios inició el desafío.
A sus 30 años, jóven para inicar tamaña empresa, se convirtió en el pionero de la industria automovilística. Los coches que recorrían Lima a inicios del silgo, europeos en su mayoría, tenían entre seis y ocho caballos de fuerza (HP), ua que se pensaba que un carro de pequeña potencia era lo que la ciudad necesitaba.
Pero la falta de caminos y carreteras en las afueras de la ciudad y las dificultades que eso producía a la circulación de autos es lo que llevó a Grieve a diseñar un motor de 20HP, para vencer la falta de buenos caminos. Así su automóvil podría también ser un vehículo de turismo, que pudiera recorrer las periferias de Lima.

El costo total del automóvil fue de 300 libras, la mitad de lo que costaba un carro europeo de igual potencia. "Grieve" fue el nombre de la patente que le dio el constructor y su idea era comercializar una flota de alrededor de veinte autos.
Jorge Grieve Madge contó que su padre (Juan Alberto Grieve) se decidió hablar con el Presidente Leguía para, con auspicico del gobierno, construir tres vehículos para la Dirección de Correos y otros tres para la Prefectura. La respuesta que dio el Presidente fue: “Nosotros necesitamos de los productos de países avanzados y no experiencias con productos peruanos”.
Es necesaria una voluntad creativa que produzca nuevas interpretaciones del pasado, una actitud responsablemente irrespetuosa hacia nuestra historia, una avidez por la invención que dé lugar a salidas eficaces para nuestros viejo y tercos problemas