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APROVECHAMIENTO DE LA ENERGÍA EÓLICA
3.1. Formas de utilización antiguas. Evolución histórica.
La eólica es una fuente de energía que viene utilizándose de distintas formas desde A.C. Los más importantes aprovechamientos en la antigüedad fueron: la utilización de la fuerza del viento para la navegación a vela, para la molienda de granos y para el bombeo de agua. Actualmente, siguen realizándose dichos tipos de aprovechamiento, a los que se agregó la producción de energía eléctrica.
En todos los casos, la tecnología fue evolucionando y lo sigue haciendo.
Para la navegación, se aprovecha la energía cinética contenida en el viento, que incide sobre las velas produciendo el empuje necesario para lograr el desplazamiento de la embarcación; para el bombeo de agua, el viento incide sobre un rotor al que hace girar y luego, mediante un mecanismo, produce el movimiento de un émbolo que hace ascender el agua; para la producción de energía eléctrica, el viento también incide en un rotor al que hace girar y luego su eje es acoplado en forma directa o indirecta (utilizando una caja multiplicadora) a un generador de electricidad.
En estos post, abordo principalmente el aprovechamiento del recurso energético eólico para la producción de energía eléctrica, analizando la evolución tecnológica producida en los últimos años.
3.2. Aerogeneradores.
3.2.1. Definición. Componentes básicos.
3.2.1.1. Definición.
Un aerogenerador es un sistema de conversión de energía eólica en energía eléctrica. Consiste básicamente en un rotor que gira por la acción del viento y que luego, acoplado en forma directa o indirecta a un generador, produce energía eléctrica. Posee asimismo, otros componentes que pasaremos a describir y analizar.
A los aerogeneradores se los denomina también, turbinas eólicas, molinos de viento o aeroturbinas. A un conjunto de aerogeneradores dispuestos en una zona y conectados todos a una misma red eléctrica, se lo denomina parque eólico, o granja eólica.
3.2.1.2. Componentes básicos.
Los componentes de un aerogenerador son (Figura 3-1):
- Rotores y palas.
- Sistemas de transmisión.
- Sistemas de orientación.
- Generadores eléctricos.
- Sistemas de regulación.
- Estructuras de sostén (torre, tensores y fundación).
- Sistemas de transformación, conversión, transmisión y distribución eléctrica.
Figura 3-1: Vistas de Aerogeneradores. Arriba, de eje vertical. Abajo, de eje horizontal.
3.2.2. Rotores y palas (Principios de diseño. Bases para el dimensionamiento).
a) Introducción.
El rotor es el elemento esencial de una máquina eólica, y su misión es transformar la energía cinética del viento en energía mecánica. A lo largo de la historia, los rotores eólicos han evolucionado considerablemente, desde los rudimentarios sistemas de madera y tela, que se utilizaban en la antigüedad, hasta las modernas alas aerodinámicas, de acero y plástico, de las turbinas actuales (Figuras 3-2 y 3-3).
Figura 3-2: Evolución de los molinos de viento.
Figura 3-3: Evolución de las palas de los rotores.
Los problemas técnicos de los rotores y de las palas que los componen, están estrechamente vinculados a su tamaño. Es evidente que cuanto mayores sean las potencias generadas por una misma máquina, menores son los costos de la energía que produce, y el interés por obtener una energía lo más barata posible ha marcado la tendencia hacia turbinas de gran potencia. Sin embargo, grandes potencias requieren rotores de gran tamaño, y con el tamaño se multiplican los problemas técnicos. En el pasado, la principal limitación de los grandes rotores venía impuesta por la dificultad de orientarlos en la dirección del viento. En la actualidad, la limitación es de tipo estructural; los elevados esfuerzos que se producen en los elementos resistentes de las palas crecen con la longitud, imponiendo serias limitaciones constructivas. Los mayores rotores que se han construido hasta el momento alcanzan diámetros de 150 m y se encuentran próximos al límite tecnológico.
La necesidad de reducir los costos de la energía, para poder competir con las plantas generadoras de tipo convencional, ha sido la causa de que en los últimos años se haya dedicado un considerable esfuerzo al desarrollo de aerogeneradores de gran potencia.
Otro aspecto de las posibilidades de aprovechamiento de la energía eólica lo constituyen las pequeñas aeroturbinas de baja potencia, dirigidas a usos agrícolas y a aplicaciones domésticas localizadas en zonas aisladas, donde el suministro de electricidad desde los centros de producción resulta difícil y costoso.
El objetivo de diseño de estas pequeñas máquinas ya no es tanto el obtener una energía barata, sino ser capaces de adaptarse a diferentes tipos de necesidades y con un mantenimiento mínimo, dada la dificultad para proporcionar asistencia técnica en zonas rurales.
En este tipo de aerogeneradores el rotor no representa especiales problemas, y los problemas de diseño residen en conseguir sencillez y eficacia en cada uno de los elementos que componen la máquina y un buen acoplamiento entre ellos (Figuras 3-4y 3-5).
Figura 3-4: Vista de Aerogeneradores de pequeña potencia Industria Argentina.
Figura 3-5: Vista de un aerogenerador de pequeña potencia de fabricación alemana.
b) Clasificación de las turbinas.
En función de la potencia, las turbinas pueden clasificarse, sin que ello sea una diferenciación de carácter estricto, sino más bien con el sentido de establecer un orden de magnitud, en:
De pequeña potencia, hasta 50 kw.
De mediana potencia, desde 50 a 250 kw.
De gran potencia, superiores a 250 kw.
En función de la disposición del eje:
De eje horizontal: A este grupo pertenece la gran familia de las hélices, que son los rotores más extendidos, y los que presentan mejores cualidades aerodinámicas.
De eje vertical: Son más sencillos de diseño, lo que les proporciona ciertas ventajas de tipo mecánico. Los molinos de viento más antiguos que se conocen eran de este tipo.
En general, existen rotores de alta eficiencia tanto en el grupo de los de eje horizontal como en los de eje vertical. En ambos casos, el rendimiento aerodinámico se corresponde con la velocidad de funcionamiento. Los rotores rápidos, las hélices de bajo número de palas y los Darrieus, tienen rendimientos muy superiores a los lentos, los multipalas y los Savonius (Figura 3-6).
Figura 3-6: Tipos de turbinas. Mitad derecha, de eje horizontal; mitad izquierda, de eje vertical.
c) Principios de aerodinámica.
Hasta el siglo XIX, las palas de los molinos de viento se diseñaban en base a unos conocimientos empíricos casi de tipo artesanal, que se habían ido acumulando a lo largo del tiempo. Hubo que esperar hasta las primeras décadas del siglo XX para poder disponer de una teoría aerodinámica que permitiera comprender el comportamiento de las palas cuando se encuentran sometidas al empuje del viento.
Hoy en día, se tienen los conocimientos suficientes y los métodos de cálculo necesarios para determinar con precisión la forma que adopta la corriente de aire al atravesar la pala, cómo se distribuyen las presiones sobre su superficie y cuáles son las fuerzas aerodinámicas resultantes.
En el caso del ala de un avión que se mueve horizontalmente en una atmósfera estable, la velocidad del viento incidente es, a efectos prácticos, la propia velocidad del avión, y las fuerzas aerodinámicas que se producen sobre un segmento de longitud unitaria del ala se pueden descomponer en una fuerza vertical de sustentación, que mantiene el avión en el aire, y en otra fuerza de resistencia en la dirección de avance, que tiene que vencer el empuje de los motores para mantener la velocidad (Figura 3-7 ).
Figura 3-7: Fuerzas aerodinámicas y distribución de presiones sobre un perfil aerodinámico, producidas por una corriente incidente.
1. Aerodinámica de las turbinas de eje horizontal.
En el caso de las palas de un rotor eólico, las fuerzas aerodinámicas se generan de forma similar a las del ala del avión, pero con la complicación adicional de que a la velocidad del viento habrá que sumarle la velocidad que se produce a causa de la rotación de la pala. Esta velocidad debida a la rotación, será mayor a medida que nos alejamos del eje y, en consecuencia, la velocidad de la corriente incidente crecerá con la distancia de cada segmento de pala al eje del rotor, y su ángulo de incidencia será diferente en cada uno de ellos (Figura 3-9).
Las fuerzas aerodinámicas variarán en función de la velocidad de la corriente incidente, por lo que también aumentarán con la distancia al eje.
La fuerza resultante que se produce sobre cada segmento de pala se descompone aquí en una fuerza T, dirigida en la dirección de rotación, que es la que produce el par motor, y en otra fuerza E, que se traduce en un empuje inútil sobre el eje del rotor.
En el caso de las palas de un rotor eólico, las fuerzas aerodinámicas se generan de forma similar a las del ala del avión, pero con la complicación adicional de que a la velocidad del viento habrá que sumarle la velocidad que se produce a causa de la rotación de la pala. Esta velocidad debida a la rotación, será mayor a medida que nos alejamos del eje y, en consecuencia, la velocidad de la corriente incidente crecerá con la distancia de cada segmento de pala al eje del rotor, y su ángulo de incidencia será diferente en cada uno de ellos (Figura 3-9).
Las fuerzas aerodinámicas variarán en función de la velocidad de la corriente incidente, por lo que también aumentarán con la distancia al eje.
La fuerza resultante que se produce sobre cada segmento de pala se descompone aquí en una fuerza T, dirigida en la dirección de rotación, que es la que produce el par motor, y en otra fuerza E, que se traduce en un empuje inútil sobre el eje del rotor.
Figura 3-9: Arriba, distribución de velocidades sobre una pala de un rotor eólico de eje horizontal que gira impulsado por el viento; abajo, composición de velocidades que inciden sobre un segmento de pala y de las fuerzas aerodinámicas que se generan sobre ella.
Si queremos que cada segmento trabaje con un ángulo de ataque óptimo que haga máxima la fuerza motriz T, tendremos que diseñar la pala con diferente ángulo en cada segmento, para compensar la variación en el ángulo de incidencia de la corriente. Esto es la causa de que frecuentemente las palas se construyan con torsión. Sin embargo, a veces es preferible diseñar la pala sin variar el ángulo de cada segmento, para evitar las dificultades de fabricación de una pala con torsión, a pesar de que el rendimiento aerodinámico disminuye (Figura 3-10).
Figura 3-10: Angulos de posición de diferentes segmentos de una pala con torsión (a) y sin torsión (b).
Por otra parte, una pala diseñada para obtener el mayor rendimiento posible a una determinada velocidad de viento no trabaja en las mismas condiciones óptimas cuando la velocidad del viento es diferente o cuando varía la velocidad de giro del rotor, puesto que varía el ángulo de incidencia de la corriente. En el caso de los rotores de hélice, la solución a este nuevo problema es girar toda la pala para adaptar el ángulo de ataque a las nuevas condiciones de la corriente, en un intento de seguir operando con los Cl y Cd óptimos de diseño.
Las palas con posibilidad de variar su ángulo de calaje se denominan de paso variable, y las que operan siempre con el mismo, cualesquiera que sean las condiciones del viento, de paso fijo. Estas últimas tienen un rendimiento aerodinámico inferior para condiciones de viento distintas de las de diseño, pero no requieren mecanismos de variación de paso.
Las palas con posibilidad de variar su ángulo de calaje se denominan de paso variable, y las que operan siempre con el mismo, cualesquiera que sean las condiciones del viento, de paso fijo. Estas últimas tienen un rendimiento aerodinámico inferior para condiciones de viento distintas de las de diseño, pero no requieren mecanismos de variación de paso.
2. Aerodinámica de las turbinas rápidas de eje vertical.
En el caso de estos rotores, la velocidad incidente no sólo varía en cada segmento de la pala, sino también a lo largo de la trayectoria de rotación, es decir, que el ángulo y la intensidad de la corriente dependen de la posición que tenga la pala en ese momento (Figura 3-11).
En el caso de estos rotores, la velocidad incidente no sólo varía en cada segmento de la pala, sino también a lo largo de la trayectoria de rotación, es decir, que el ángulo y la intensidad de la corriente dependen de la posición que tenga la pala en ese momento (Figura 3-11).
Figura 3-11: Composición de velocidades que inciden sobre las palas de un rotor Darrieus, que gira sobre su eje horizontal.
Esta nueva complicación trae como consecuencia que las fuerzas aerodinámicas, además de ser diferentes en cada uno de los segmentos de la pala, varían ahora cíclicamente durante la rotación, generando un par motor irregular (Figura 3-12).
Figura 3-12: Composición de velocidades que inciden sobre un segmento de pala de un rotor Darrieus y de las fuerzas aerodinámicas que se generan, siendo F =fuerza aerodinámica, T = fuerza motriz, E = empuje aerodinámico, v = velocidad del viento, U = velocidad de rotación, V = velocidad de la corriente incidente.
Este inconveniente se puede subsanar con un rotor de mayor número de palas que compensen las variaciones cíclicas, o bien incrementando la velocidad de giro, de forma que la influencia de la velocidad del viento sea menor a la hora de componer el triángulo de velocidades para obtener la resultante incidente. De hecho, los rotores Darrieus funcionan mejor a elevadas velocidades de giro, no sólo debido a la regularización de su par motor, sino también a la mejora considerable de su rendimiento aerodinámico (Figura 3-13).
Figura 3-13: Variación del ángulo de ataque de la velocidad que incide sobre un segmento de pala de un rotor Darrieus en función de la posición angular en que se encuentra en un instante dado, para diferentes velocidades típicas.
Se observa que para velocidades de rotación mayores, los márgenes de variación del ángulo de ataque en función de la posición de la pala, son cada vez menores. En consecuencia, las fuerzas aerodinámicas, y en especial el empuje, sufren una variación menor a lo largo de la rotación, y el régimen de funcionamiento se hace más regular.
3. Aerodinámica de las turbinas lentas de eje vertical.
Entre los distintos tipos de eje vertical, existen unos que funcionan con un principio aerodinámico diferente, utilizando las fuerzas de resistencia aerodinámica en vez de las de sustentación. Estos rotores consiguen que la fuerza de resistencia en uno de sus lados sea superior a la del lado opuesto, generando de esta forma un par motor.
Este sistema se utilizó en algunos molinos antiguos. En el molino persa se dirige el viento sobre un lado del rotor mediante una pared que actúa como una tobera.
En la actualidad se sigue fabricando el rotor Savonius, que funciona de forma parecida, aunque en este caso es la pala, de sección semicircular, la que consigue que la resistencia sea mayor en el lado que se mueve a favor del viento (Figura 3-14). La geometría de las palas favorece la formación de torbellinos en ese lado, y ellos generan una zona de alta presión que presenta una mayor resistencia a la corriente de aire.
En general, este tipo de rotores funciona con rendimientos bajos, pero su diseño es muy sencillo y son fáciles de construir.
Entre los distintos tipos de eje vertical, existen unos que funcionan con un principio aerodinámico diferente, utilizando las fuerzas de resistencia aerodinámica en vez de las de sustentación. Estos rotores consiguen que la fuerza de resistencia en uno de sus lados sea superior a la del lado opuesto, generando de esta forma un par motor.
Este sistema se utilizó en algunos molinos antiguos. En el molino persa se dirige el viento sobre un lado del rotor mediante una pared que actúa como una tobera.
En la actualidad se sigue fabricando el rotor Savonius, que funciona de forma parecida, aunque en este caso es la pala, de sección semicircular, la que consigue que la resistencia sea mayor en el lado que se mueve a favor del viento (Figura 3-14). La geometría de las palas favorece la formación de torbellinos en ese lado, y ellos generan una zona de alta presión que presenta una mayor resistencia a la corriente de aire.
En general, este tipo de rotores funciona con rendimientos bajos, pero su diseño es muy sencillo y son fáciles de construir.
Figura 3-14: Comportamiento de las líneas de corriente que atraviesan un rotor savonius, que gira impulsado por el viento.
d) Parámetros característicos de los rotores.
Existe gran variedad de rotores diferentes, aunque muchos de ellos pertenecen ya a un pasado en el que la ciencia y la técnica no ofrecían demasiadas posibilidades, y otros sólo se desarrollaron con carácter experimental, siendo rápidamente relegados al olvido. En cualquier caso, la mayoría presenta ventajas e inconvenientes que no siempre son fáciles de evaluar.
Las características generales de un rotor se definen por los parámetros siguientes: solidez, velocidad típica y rendimiento aerodinámico.
a) Solidez
La solidez se define como la relación entre la superficie proyectada por las palas y la superficie descrita por las mismas en su movimiento de rotación.
Es un parámetro que permite comparar diferentes tipos de rotores desde el punto de vista de la eficacia del material utilizado, y de la sencillez constructiva.
Los molinos antiguos y en general todos los que utilizan las fuerzas de resistencia para generar el par motor funcionan con solideces bastante elevadas, próximas a 1, mientras que las modernas aeroturbinas de alta velocidad trabajan con solideces de 0.1, e incluso de 0.01 (Figuras 3-15 y 3-16).
Existe gran variedad de rotores diferentes, aunque muchos de ellos pertenecen ya a un pasado en el que la ciencia y la técnica no ofrecían demasiadas posibilidades, y otros sólo se desarrollaron con carácter experimental, siendo rápidamente relegados al olvido. En cualquier caso, la mayoría presenta ventajas e inconvenientes que no siempre son fáciles de evaluar.
Las características generales de un rotor se definen por los parámetros siguientes: solidez, velocidad típica y rendimiento aerodinámico.
a) Solidez
La solidez se define como la relación entre la superficie proyectada por las palas y la superficie descrita por las mismas en su movimiento de rotación.
Es un parámetro que permite comparar diferentes tipos de rotores desde el punto de vista de la eficacia del material utilizado, y de la sencillez constructiva.
Los molinos antiguos y en general todos los que utilizan las fuerzas de resistencia para generar el par motor funcionan con solideces bastante elevadas, próximas a 1, mientras que las modernas aeroturbinas de alta velocidad trabajan con solideces de 0.1, e incluso de 0.01 (Figuras 3-15 y 3-16).
Figura 3-15: Representación gráfica de la solidez.
Figura 3-16: Trayectoria que sigue la corriente al pasar por el rotor, para distintas solideces.
b) Velocidad típica
La velocidad típica se define como la relación entre la velocidad debida a la rotación en el extremo más alejado de la pala y la velocidad del viento. Es un parámetro adimensional que permite clasificar los rotores en lentos o rápidos.
Un rotor de gran diámetro puede tener la misma velocidad típica, aunque gire a bajo número de revoluciones por minuto, que otro de menor diámetro y mayor velocidad de rotación.
Los rotores rápidos funcionan con velocidades típicas de 5 a 8, mientras que los lentos operan con velocidades en punta de pala parecidas a la del viento (Fig. 3-17).
La velocidad típica se define como la relación entre la velocidad debida a la rotación en el extremo más alejado de la pala y la velocidad del viento. Es un parámetro adimensional que permite clasificar los rotores en lentos o rápidos.
Un rotor de gran diámetro puede tener la misma velocidad típica, aunque gire a bajo número de revoluciones por minuto, que otro de menor diámetro y mayor velocidad de rotación.
Los rotores rápidos funcionan con velocidades típicas de 5 a 8, mientras que los lentos operan con velocidades en punta de pala parecidas a la del viento (Fig. 3-17).
Figura 3-17: Variación de la solidez de diferentes rotores en función de las velocidades típicas.
c) Rendimiento aerodinámico
El rendimiento aerodinámico, o coeficiente de potencia, expresa la parte de la energía contenida en el viento que se transforma en energía mecánica en el eje del rotor.
Teóricamente, se puede demostrar que el rendimiento depende de la velocidad típica como parámetro fundamental, una vez dadas las características generales del sistema eólico. La velocidad típica hace referencia a la velocidad del aire que incide sobre la pala incluyendo la participación del viento y la de la rotación de la propia pala. Las características geométricas tipo de perfil, ángulo de torsión, y el mismo sistema eólico son los demás parámetros de los que depende el rendimiento aerodinámico.
El teorema de Betz expresa de forma sencilla que bajo condiciones ideales el rendimiento aerodinámico de los rotores eólicos tiene un máximo teórico que en ningún caso puede superar el 60 por 100. En la realidad dicho rendimiento oscila entre el 20 y el 45 por 100 según los tipos de turbinas y en función de la velocidad típica de operación (Figura 3-18). En la figura se representa el rendimiento aerodinámico en función de la velocidad típica, para los sistemas eólicos de uso más corriente.
El rendimiento aerodinámico, o coeficiente de potencia, expresa la parte de la energía contenida en el viento que se transforma en energía mecánica en el eje del rotor.
Teóricamente, se puede demostrar que el rendimiento depende de la velocidad típica como parámetro fundamental, una vez dadas las características generales del sistema eólico. La velocidad típica hace referencia a la velocidad del aire que incide sobre la pala incluyendo la participación del viento y la de la rotación de la propia pala. Las características geométricas tipo de perfil, ángulo de torsión, y el mismo sistema eólico son los demás parámetros de los que depende el rendimiento aerodinámico.
El teorema de Betz expresa de forma sencilla que bajo condiciones ideales el rendimiento aerodinámico de los rotores eólicos tiene un máximo teórico que en ningún caso puede superar el 60 por 100. En la realidad dicho rendimiento oscila entre el 20 y el 45 por 100 según los tipos de turbinas y en función de la velocidad típica de operación (Figura 3-18). En la figura se representa el rendimiento aerodinámico en función de la velocidad típica, para los sistemas eólicos de uso más corriente.
Figura 3-18: Rendimiento aerodinámico o coeficiente de potencia de los rotores, en función de la velocidad típica.
1. Rendimiento aerodinámico en turbinas rápidas de eje horizontal.
Los mayores rendimientos aerodinámicos corresponden a rotores de eje horizontal que funcionan con velocidades típicas elevadas.
El inconveniente de los rotores rápidos es que tienen poca capacidad para arrancar por sí solos. En situación de parada el rendimiento es tan bajo que apenas se genera la potencia suficiente para vencer la inercia y entrar en funcionamiento. En general, en cualquier condición de operación distinta de la de diseño su rendimiento disminuye mucho (Figura 3-18).
El problema del arranque se suele solucionar en las grandes máquinas con motores auxiliares, o con el sistema de paso variable, que adapta el ángulo de calaje de las palas a las condiciones de operación de cada momento, de forma que en cualquier caso se obtengan potencias adecuadas.
Este sistema de paso variable no sólo permite ajustar el ángulo de ataque de las palas a la hora de realizar las operaciones de arranque, sino que también sirve para evitar que el rotor se acelere excesivamente con vientos demasiado fuertes.
Hay tipos de turbinas para generación de electricidad que requieren para su funcionamiento un régimen de vueltas casi constante. En este caso, cualquier perturbación de la velocidad de viento para la que se ha diseñado la máquina irá seguida de una variación en el paso de las palas, para que, aumentando o disminuyendo el ángulo de ataque, podamos adaptar la potencia absorbida a las condiciones normales de operación.
En los sistemas con régimen de vueltas fijo, la potencia del viento que excede a la de diseño se desperdicia, disminuyendo la ganancia total de energía de la máquina, a costa de una potencia de salida más regular.
Por el contrario, en los sistemas de vueltas variables, una vez sobrepasada la velocidad de régimen para velocidades de viento superiores a la de diseño, el ángulo de calaje de las palas varía, intentando optimizar el rendimiento para esa nueva condición de operación. En este caso, la curva real de potencia intentará seguir a la teórica, incrementándose la velocidad de giro del rotor y la potencia extraída.
Los sistemas de vueltas variables se utilizan generalmente en aplicaciones de bombeo, de almacenamiento en baterías, de calefacción, o más precisamente en todos aquellos casos en los que las fluctuaciones en la potencia de salida no tengan demasiada importancia. Sin embargo, existen hoy grandes aerogeneradores de vueltas variables, que tienen el generador directamente acoplado al rotor; en este caso, los generadores son del tipo sincrónicos, multipolos, con un número de revoluciones variable entre unas 10 y 60 rpm. La energía producida es de frecuencia variable, por lo que debe convertirse mediante un conversor de frecuencia, a la frecuencia y voltaje de la red.
2. Rendimiento aerodinámico en turbinas de eje vertical tipo Darrieus.
Los rotores tipo Darrieus presentan también buenas características de rendimiento aerodinámico, aunque algo inferiores a las de las hélices (Figura 3-18).
Su curva de potencia tiene una dependencia muy acusada de la velocidad típica, lo que significa que su rendimiento baja mucho para condiciones de operación distintas de las de diseño. Esto favorece la regulación, puesto que al disminuir el rendimiento para velocidades de viento elevadas la potencia no crece demasiado y el esfuerzo necesario para frenarlo es menor. Sin embargo, también tiene el inconveniente de que su par de arranque es muy bajo, por lo que requiere de motores auxiliares para ponerlo en funcionamiento, ya que en este caso no es posible el sistema de paso variable.
3. Rendimiento aerodinámico en turbinas de baja velocidad.
Los rotores lentos tienen rendimientos muy inferiores a los de las hélices rápidas o a los de los Darrieus, pero en cambio presentan mejores cualidades para arrancar por sí solos y pueden operar con vientos de baja velocidad (Figuras 3-18 y 3-19). Son más sencillos de construcción y muy adecuados para aplicaciones de bombeo o de molienda.
Los mayores rendimientos aerodinámicos corresponden a rotores de eje horizontal que funcionan con velocidades típicas elevadas.
El inconveniente de los rotores rápidos es que tienen poca capacidad para arrancar por sí solos. En situación de parada el rendimiento es tan bajo que apenas se genera la potencia suficiente para vencer la inercia y entrar en funcionamiento. En general, en cualquier condición de operación distinta de la de diseño su rendimiento disminuye mucho (Figura 3-18).
El problema del arranque se suele solucionar en las grandes máquinas con motores auxiliares, o con el sistema de paso variable, que adapta el ángulo de calaje de las palas a las condiciones de operación de cada momento, de forma que en cualquier caso se obtengan potencias adecuadas.
Este sistema de paso variable no sólo permite ajustar el ángulo de ataque de las palas a la hora de realizar las operaciones de arranque, sino que también sirve para evitar que el rotor se acelere excesivamente con vientos demasiado fuertes.
Hay tipos de turbinas para generación de electricidad que requieren para su funcionamiento un régimen de vueltas casi constante. En este caso, cualquier perturbación de la velocidad de viento para la que se ha diseñado la máquina irá seguida de una variación en el paso de las palas, para que, aumentando o disminuyendo el ángulo de ataque, podamos adaptar la potencia absorbida a las condiciones normales de operación.
En los sistemas con régimen de vueltas fijo, la potencia del viento que excede a la de diseño se desperdicia, disminuyendo la ganancia total de energía de la máquina, a costa de una potencia de salida más regular.
Por el contrario, en los sistemas de vueltas variables, una vez sobrepasada la velocidad de régimen para velocidades de viento superiores a la de diseño, el ángulo de calaje de las palas varía, intentando optimizar el rendimiento para esa nueva condición de operación. En este caso, la curva real de potencia intentará seguir a la teórica, incrementándose la velocidad de giro del rotor y la potencia extraída.
Los sistemas de vueltas variables se utilizan generalmente en aplicaciones de bombeo, de almacenamiento en baterías, de calefacción, o más precisamente en todos aquellos casos en los que las fluctuaciones en la potencia de salida no tengan demasiada importancia. Sin embargo, existen hoy grandes aerogeneradores de vueltas variables, que tienen el generador directamente acoplado al rotor; en este caso, los generadores son del tipo sincrónicos, multipolos, con un número de revoluciones variable entre unas 10 y 60 rpm. La energía producida es de frecuencia variable, por lo que debe convertirse mediante un conversor de frecuencia, a la frecuencia y voltaje de la red.
2. Rendimiento aerodinámico en turbinas de eje vertical tipo Darrieus.
Los rotores tipo Darrieus presentan también buenas características de rendimiento aerodinámico, aunque algo inferiores a las de las hélices (Figura 3-18).
Su curva de potencia tiene una dependencia muy acusada de la velocidad típica, lo que significa que su rendimiento baja mucho para condiciones de operación distintas de las de diseño. Esto favorece la regulación, puesto que al disminuir el rendimiento para velocidades de viento elevadas la potencia no crece demasiado y el esfuerzo necesario para frenarlo es menor. Sin embargo, también tiene el inconveniente de que su par de arranque es muy bajo, por lo que requiere de motores auxiliares para ponerlo en funcionamiento, ya que en este caso no es posible el sistema de paso variable.
3. Rendimiento aerodinámico en turbinas de baja velocidad.
Los rotores lentos tienen rendimientos muy inferiores a los de las hélices rápidas o a los de los Darrieus, pero en cambio presentan mejores cualidades para arrancar por sí solos y pueden operar con vientos de baja velocidad (Figuras 3-18 y 3-19). Son más sencillos de construcción y muy adecuados para aplicaciones de bombeo o de molienda.
Figura 3-19: Evolución del par de arranque para diferentes tipos de rotores, en función de la velocidad típica de diseño.
En general, todos los molinos antiguos pertenecen a este grupo, y hoy todavía se sigue construyendo algún tipo de rotor lento dado que son muy idóneos para el riego en zonas aisladas.
e) Número de palas.
La elección sobre el número de palas más adecuado para un rotor eólico ha sido, a lo largo de la historia del molino de viento, un problema de difícil solución, y a ello se debe que se intentaran todo tipo de posibilidades.
Aunque a partir del siglo XVIII ya se tenía cierta idea de la inutilidad de un elevado número de palas, hasta el siglo XX, en que se desarrolla la teoría aerodinámica, no es posible evaluar en qué medida varia el rendimiento aerodinámico de un rotor cuando tiene diferente número de palas (Figura 3-20).
La elección sobre el número de palas más adecuado para un rotor eólico ha sido, a lo largo de la historia del molino de viento, un problema de difícil solución, y a ello se debe que se intentaran todo tipo de posibilidades.
Aunque a partir del siglo XVIII ya se tenía cierta idea de la inutilidad de un elevado número de palas, hasta el siglo XX, en que se desarrolla la teoría aerodinámica, no es posible evaluar en qué medida varia el rendimiento aerodinámico de un rotor cuando tiene diferente número de palas (Figura 3-20).
Figura 3-20: Evolución del rendimiento aerodinámico del rotor para diferentes números de palas, en función de la velocidad típica.
A partir de tres palas el rendimiento varía poco, especialmente cuando se trata de rotores rápidos. En los grandes aerogeneradores actuales, en los que el rotor puede suponer cerca del 40 por 100 del costo total de la máquina, se adopta en general la solución de tres palas, aunque en
algunos casos se adoptan rotores de dos palas, puesto que el incremento de potencia que se obtiene con una tercera pala no compensa el costo adicional. En las turbinas pequeñas las tres palas es la solución más generalizada, ya que el coste de las palas es menos importante y no sólo se mejora algo el rendimiento sino que se facilita el balanceo del rotor, reduciendo los problemas de vibraciones, que suelen ser la causa de los fallos estructurales.
Asimismo, un rotor de tres palas tiene el mismo momento de inercia en cualquier eje del plano del rotor, lo que reduce las vibraciones.
Estas conclusiones son válidas para los rotores Darrieus e incluso para los Savonius, aunque en ellos los problemas de balanceo son menos graves que en las hélices.
algunos casos se adoptan rotores de dos palas, puesto que el incremento de potencia que se obtiene con una tercera pala no compensa el costo adicional. En las turbinas pequeñas las tres palas es la solución más generalizada, ya que el coste de las palas es menos importante y no sólo se mejora algo el rendimiento sino que se facilita el balanceo del rotor, reduciendo los problemas de vibraciones, que suelen ser la causa de los fallos estructurales.
Asimismo, un rotor de tres palas tiene el mismo momento de inercia en cualquier eje del plano del rotor, lo que reduce las vibraciones.
Estas conclusiones son válidas para los rotores Darrieus e incluso para los Savonius, aunque en ellos los problemas de balanceo son menos graves que en las hélices.
f) Dimensiones y forma.
El tamaño de rotor depende básicamente de la potencia de diseño de la máquina, y en su determinación hay que tener en cuenta dos factores:
- El contenido medio de energía del viento en el lugar del emplazamiento, que habrá que estimar en función de la información meteorológica disponible, y
- Los rendimientos de la turbina: El rendimiento aerodinámico del rotor, el rendimiento mecánico de los engranajes y multiplicadoras, el rendimiento eléctrico del generador y circuitos de salida, y finalmente el rendimiento del sistema de almacenamiento.
Si tenemos en cuenta que la velocidad de la corriente incidente es mayor en la parte de la pala más alejada del eje y, por tanto, las fuerzas aerodinámicas son también mayores en esa zona, se comprende que la potencia crece rápidamente a medida que aumentamos la longitud de la pala. En cualquier caso, los problemas técnicos también crecen muy rápidamente con la longitud de las palas (Figuras 3-21 y 3-22 ).
El tamaño de rotor depende básicamente de la potencia de diseño de la máquina, y en su determinación hay que tener en cuenta dos factores:
- El contenido medio de energía del viento en el lugar del emplazamiento, que habrá que estimar en función de la información meteorológica disponible, y
- Los rendimientos de la turbina: El rendimiento aerodinámico del rotor, el rendimiento mecánico de los engranajes y multiplicadoras, el rendimiento eléctrico del generador y circuitos de salida, y finalmente el rendimiento del sistema de almacenamiento.
Si tenemos en cuenta que la velocidad de la corriente incidente es mayor en la parte de la pala más alejada del eje y, por tanto, las fuerzas aerodinámicas son también mayores en esa zona, se comprende que la potencia crece rápidamente a medida que aumentamos la longitud de la pala. En cualquier caso, los problemas técnicos también crecen muy rápidamente con la longitud de las palas (Figuras 3-21 y 3-22 ).
Figura 3-21: Dimensiones típicas para rotores de eje horizontal en función de la potencia que se desea obtener.
Figura 3-22: Dimensiones típicas para rotores de eje vertical tipo Darrieus en función de la potencia que se desea obtener.
g) Materiales y métodos constructivos.
En los últimos años se han ensayado todo tipo de materiales, desde la madera pasando por gran variedad de aleaciones metálicas, y en especial las resinas plásticas polimerizables, que han dado muy buen resultado y reducido los costos de la pala de forma considerable.
La madera ha sido muy empleada en el pasado y sigue utilizándose en la actualidad. Sus propiedades mecánicas varían mucho según la clase y su tratamiento, sin embargo, suelen ser menos resistentes que otros materiales disponibles y sólo su bajo peso y sus buenas características frente a fenómenos de fatiga justifican su utilización. En general, tanto el material como los métodos de trabajo que requieren suelen ser caros.
Entre los metales, los materiales más comunes, son los aceros, y los aluminios. El acero tiene muy buenas propiedades resistentes, pero es demasiado pesado. Al aluminio, en cambio, le pasa lo contrario, salvo en el caso del duraluminio que resulta excesivamente caro. En cuanto a sus características frente a los fenómenos de fatiga, en general, los metales presentan peores propiedades que el resto de los materiales.
Los metales se pueden utilizar en forma de chapa conformada por estampado, en forma maciza mediante métodos de moldeo o en forma estructural. La primera solución resulta sencilla y económica, pero sólo es apta para palas de pequeña longitud (2 ó 3 m). La segunda resulta cara y demasiado pesada. La tercera solución es, probablemente, la más eficaz.
Por regla general, la solución más utilizada es la de emplear elementos metálicos como estructura resistente, con una cubierta de algún material ligero.
Las resinas plásticas reforzadas con fibras vegetales o minerales constituyen posiblemente los materiales más idóneos para la fabricación de palas. Son ligeros, resistentes, con buenas características frente a fenómenos de fatiga e inalterables ante la agresión del medio ambiente. En palas de gran tamaño con exigencias estructurales muy estrictas, las resinas epoxi con refuerzo de fibra de vidrio o de carbono son las que presentan mejores propiedades de resistencia y rigidez. Para palas con menores requerimientos, las resinas de poliéster con fibra de vidrio dan muy buenos resultados y son mucho más baratas.
Las palas fabricadas en materiales plásticos suelen llevar unos elementos estructurales, una cubierta que da la forma aerodinámica y un relleno de un material ligero que puede ser espuma de poliuretano, o panel de abeja.
El mayor inconveniente de los materiales plásticos es que son demasiado elásticos y se deforman con facilidad. Para evitar este problema hay que recurrir a añadir elementos rigidizantes, bien incorporándolos a las resinas para cambiar el polímero final, o bien como elemento estructural. Para mejorar las propiedades mecánicas se suele aplicar la fibra de refuerzo en forma de bobinado a lo largo de toda la pala (Figuras 3-24).
En los últimos años se han ensayado todo tipo de materiales, desde la madera pasando por gran variedad de aleaciones metálicas, y en especial las resinas plásticas polimerizables, que han dado muy buen resultado y reducido los costos de la pala de forma considerable.
La madera ha sido muy empleada en el pasado y sigue utilizándose en la actualidad. Sus propiedades mecánicas varían mucho según la clase y su tratamiento, sin embargo, suelen ser menos resistentes que otros materiales disponibles y sólo su bajo peso y sus buenas características frente a fenómenos de fatiga justifican su utilización. En general, tanto el material como los métodos de trabajo que requieren suelen ser caros.
Entre los metales, los materiales más comunes, son los aceros, y los aluminios. El acero tiene muy buenas propiedades resistentes, pero es demasiado pesado. Al aluminio, en cambio, le pasa lo contrario, salvo en el caso del duraluminio que resulta excesivamente caro. En cuanto a sus características frente a los fenómenos de fatiga, en general, los metales presentan peores propiedades que el resto de los materiales.
Los metales se pueden utilizar en forma de chapa conformada por estampado, en forma maciza mediante métodos de moldeo o en forma estructural. La primera solución resulta sencilla y económica, pero sólo es apta para palas de pequeña longitud (2 ó 3 m). La segunda resulta cara y demasiado pesada. La tercera solución es, probablemente, la más eficaz.
Por regla general, la solución más utilizada es la de emplear elementos metálicos como estructura resistente, con una cubierta de algún material ligero.
Las resinas plásticas reforzadas con fibras vegetales o minerales constituyen posiblemente los materiales más idóneos para la fabricación de palas. Son ligeros, resistentes, con buenas características frente a fenómenos de fatiga e inalterables ante la agresión del medio ambiente. En palas de gran tamaño con exigencias estructurales muy estrictas, las resinas epoxi con refuerzo de fibra de vidrio o de carbono son las que presentan mejores propiedades de resistencia y rigidez. Para palas con menores requerimientos, las resinas de poliéster con fibra de vidrio dan muy buenos resultados y son mucho más baratas.
Las palas fabricadas en materiales plásticos suelen llevar unos elementos estructurales, una cubierta que da la forma aerodinámica y un relleno de un material ligero que puede ser espuma de poliuretano, o panel de abeja.
El mayor inconveniente de los materiales plásticos es que son demasiado elásticos y se deforman con facilidad. Para evitar este problema hay que recurrir a añadir elementos rigidizantes, bien incorporándolos a las resinas para cambiar el polímero final, o bien como elemento estructural. Para mejorar las propiedades mecánicas se suele aplicar la fibra de refuerzo en forma de bobinado a lo largo de toda la pala (Figuras 3-24).
Figura 3-24: Arriba, una posible solución constructiva para una pala de grandes dimensiones; la estructura se rigidiza mediante cuadernas. Abajo, diferentes soluciones constructivas para la fabricación de palas.
3.2.3. Sistemas de transmisión.
La energía mecánica obtenida en el rotor debe ser transmitida al generador mediante un sistema de acoplamiento, que generalmente consta de una multiplicadora y además, en el caso de aerogeneradores de gran potencia, de un embrague.
Tanto las dínamos como los alternadores requieren un elevado número de revoluciones para funcionar eficazmente, por lo que la mayoría de los aerogeneradores deben de ir provistos de una multiplicadora que eleve las vueltas del rotor. Un caso especial lo constituyen los que se utilizan para bombeo, o los que disponen de generadores sincrónicos multipolos, en los que el generador trabaja acoplado directamente al rotor.
En los molinos antiguos este problema no existía, puesto que para mover una rueda, o impulsar una bomba no se requerían grandes velocidades de giro, sino más bien al contrario; sin embargo, el problema del sistema de transmisión consistía en cambiar la dirección del eje motor desde la posición horizontal del rotor a la vertical en la que se situaban las muelas. Este problema debió ser crítico para las rudimentarias tecnologías de la época y posiblemente la causa de que los primeros molinos de viento fueran de eje vertical.
Más tarde el cambio de dirección y a la vez la desmultiplicación se realizaba mediante un gran engranaje de madera, conocido como la “rueda catalina”, en los molinos ibéricos, que se alojaba en la cúpula de las torres.
Existen diferentes tipos de multiplicadoras que se pueden encontrar fácilmente comercializados. Para máquinas de baja potencia las poleas dentadas o incluso las trapezoidales, pueden ser una solución adecuada, de funcionamiento silencioso y capaz de absorber vibraciones. Las multipli-cadoras de engranajes deben de ir provistas de cajas blindadas para protegerlos del medio ambiente y con sistemas de lubricación de bajo mantenimiento (Figura 3-25).
La energía mecánica obtenida en el rotor debe ser transmitida al generador mediante un sistema de acoplamiento, que generalmente consta de una multiplicadora y además, en el caso de aerogeneradores de gran potencia, de un embrague.
Tanto las dínamos como los alternadores requieren un elevado número de revoluciones para funcionar eficazmente, por lo que la mayoría de los aerogeneradores deben de ir provistos de una multiplicadora que eleve las vueltas del rotor. Un caso especial lo constituyen los que se utilizan para bombeo, o los que disponen de generadores sincrónicos multipolos, en los que el generador trabaja acoplado directamente al rotor.
En los molinos antiguos este problema no existía, puesto que para mover una rueda, o impulsar una bomba no se requerían grandes velocidades de giro, sino más bien al contrario; sin embargo, el problema del sistema de transmisión consistía en cambiar la dirección del eje motor desde la posición horizontal del rotor a la vertical en la que se situaban las muelas. Este problema debió ser crítico para las rudimentarias tecnologías de la época y posiblemente la causa de que los primeros molinos de viento fueran de eje vertical.
Más tarde el cambio de dirección y a la vez la desmultiplicación se realizaba mediante un gran engranaje de madera, conocido como la “rueda catalina”, en los molinos ibéricos, que se alojaba en la cúpula de las torres.
Existen diferentes tipos de multiplicadoras que se pueden encontrar fácilmente comercializados. Para máquinas de baja potencia las poleas dentadas o incluso las trapezoidales, pueden ser una solución adecuada, de funcionamiento silencioso y capaz de absorber vibraciones. Las multipli-cadoras de engranajes deben de ir provistas de cajas blindadas para protegerlos del medio ambiente y con sistemas de lubricación de bajo mantenimiento (Figura 3-25).
Figura 3-25: Mecanismos de multiplicación, mediante poleas dentadas o mediante engranajes.
Se han desarrollado también cierto tipo de rotores especiales que evitan la necesidad de utilizar multiplicadora. La compañía francesa Morel diseñó un sistema de acoplamiento directo que consiste en tomar el par motor en la periferia del rotor en vez de hacerlo en el eje.
Otro método, empleado por la compañía suiza Noah, lleva un rotor de doble hélice en el que cada una de ellas gira en sentido contrario. El inducido del generador se acopla a una de ellas y la excitación a la otra.
Las aeroturbinas de gran potencia suelen ir provistas de un embrague que conecta el generador cuando el rotor alcanza la velocidad de régimen.
Otra función que cumplen los sistemas de transmisión, por regla general mediante algún tipo de acoplamiento hidráulico, es amortiguar las pequeñas fluctuaciones de potencia que se producen en el rotor debido a ráfagas, o al efecto sombra de la torre en caso de estar situados a sotavento.
3.2.4. Sistemas de orientación.
Los rotores de eje horizontal necesitan de algún sistema que los oriente en la dirección del viento, de forma que en condiciones de operación siempre se encuentren en un plano perpendicular a él.
En el pasado, la orientación de los molinos se realizaba manualmente y con bastantes dificultades, siendo casi el condicionante más crítico, que limitaba el tamaño y la potencia de las máquinas eólicas.
Durante siglos se utilizaron procedimientos más o menos ingeniosos para facilitar la tarea del molinero. Desde la simple palanca unida al cuerpo giratorio del molino, pasando por poleas y manubrios se intentaron todo tipo de artilugios con el fin de resolver este problema que sin duda fue uno de los que más condicionó el desarrollo de molinos de mayor tamaño.
En la actualidad, la orientación del rotor se resuelve básicamente mediante unos mecanismos de giro de bajo rozamiento (rodamientos, lubricación), apoyados por sistemas más o menos automatizados que mueven la turbina sin grandes dificultades. Sin embargo, en las máquinas de gran potencia no deja de ser un problema a resolver y que, por tanto, ofrece ciertas ventajas comparativas a las turbinas de eje vertical que no presentan este inconveniente.
Las pequeñas turbinas suelen utilizar un sistema de orientación, sencillo y de muy buenos resultados consistente en una cola aerodinámica que actúa como una veleta.
Cualquier alteración de la posición de equilibrio genera un empuje sobre la cola que tiende a devolver la turbina a su posición original (Figura. 3-26).
Otro método, empleado por la compañía suiza Noah, lleva un rotor de doble hélice en el que cada una de ellas gira en sentido contrario. El inducido del generador se acopla a una de ellas y la excitación a la otra.
Las aeroturbinas de gran potencia suelen ir provistas de un embrague que conecta el generador cuando el rotor alcanza la velocidad de régimen.
Otra función que cumplen los sistemas de transmisión, por regla general mediante algún tipo de acoplamiento hidráulico, es amortiguar las pequeñas fluctuaciones de potencia que se producen en el rotor debido a ráfagas, o al efecto sombra de la torre en caso de estar situados a sotavento.
3.2.4. Sistemas de orientación.
Los rotores de eje horizontal necesitan de algún sistema que los oriente en la dirección del viento, de forma que en condiciones de operación siempre se encuentren en un plano perpendicular a él.
En el pasado, la orientación de los molinos se realizaba manualmente y con bastantes dificultades, siendo casi el condicionante más crítico, que limitaba el tamaño y la potencia de las máquinas eólicas.
Durante siglos se utilizaron procedimientos más o menos ingeniosos para facilitar la tarea del molinero. Desde la simple palanca unida al cuerpo giratorio del molino, pasando por poleas y manubrios se intentaron todo tipo de artilugios con el fin de resolver este problema que sin duda fue uno de los que más condicionó el desarrollo de molinos de mayor tamaño.
En la actualidad, la orientación del rotor se resuelve básicamente mediante unos mecanismos de giro de bajo rozamiento (rodamientos, lubricación), apoyados por sistemas más o menos automatizados que mueven la turbina sin grandes dificultades. Sin embargo, en las máquinas de gran potencia no deja de ser un problema a resolver y que, por tanto, ofrece ciertas ventajas comparativas a las turbinas de eje vertical que no presentan este inconveniente.
Las pequeñas turbinas suelen utilizar un sistema de orientación, sencillo y de muy buenos resultados consistente en una cola aerodinámica que actúa como una veleta.
Cualquier alteración de la posición de equilibrio genera un empuje sobre la cola que tiende a devolver la turbina a su posición original (Figura. 3-26).
Figura 3-26: Sistema de orientación del rotor mediante una veleta que actúa aerodinámicamente.
Los molinos holandeses utilizaron a partir del siglo XVIII un sistema de orientación a base de rotores auxiliares, que aún hoy en día se siguen usando en máquinas de baja potencia.
El sistema consiste en disponer una hélice auxiliar en un plano perpendicular al rotor principal, de forma que cuando éste no esté orientado en la dirección adecuada reciba cierta cantidad de viento. La rotación producida por el viento en la hélice auxiliar actúa sobre un mecanismo que mueve toda la turbina hasta que queda orientada.
En los aerogeneradores de gran potencia la solución no es tan sencilla y, en general, requiere de motores auxiliares que funcionan automáticamente mediante servomecanismos, y que son los que se encargan de orientar la hélice en la dirección adecuada. En cualquier caso el movimiento de rotación que se produce puede afectar negativamente a las palas generando unas oscilaciones difíciles de solucionar.
Existe otro sistema de orientación que está siendo muy utilizado en las grandes máquinas eólicas. El sistema está basado en el efecto de conicidad de las palas, que genera unas fuerzas aerodinámicas cuando el rotor no está orientado. Las palas de la hélice se sitúan a sotavento y se inclinan ligeramente hacia atrás, de forma que en su rotación describan un cono. Cuando la hélice no está orientada, las palas que se encuentran más a favor del viento reciben un mayor empuje aerodinámico, que tiende a variar la orientación del rotor hasta conseguir la posición de equilibrio donde todas las palas sufren el mismo empuje (Figura 3-27).
El sistema consiste en disponer una hélice auxiliar en un plano perpendicular al rotor principal, de forma que cuando éste no esté orientado en la dirección adecuada reciba cierta cantidad de viento. La rotación producida por el viento en la hélice auxiliar actúa sobre un mecanismo que mueve toda la turbina hasta que queda orientada.
En los aerogeneradores de gran potencia la solución no es tan sencilla y, en general, requiere de motores auxiliares que funcionan automáticamente mediante servomecanismos, y que son los que se encargan de orientar la hélice en la dirección adecuada. En cualquier caso el movimiento de rotación que se produce puede afectar negativamente a las palas generando unas oscilaciones difíciles de solucionar.
Existe otro sistema de orientación que está siendo muy utilizado en las grandes máquinas eólicas. El sistema está basado en el efecto de conicidad de las palas, que genera unas fuerzas aerodinámicas cuando el rotor no está orientado. Las palas de la hélice se sitúan a sotavento y se inclinan ligeramente hacia atrás, de forma que en su rotación describan un cono. Cuando la hélice no está orientada, las palas que se encuentran más a favor del viento reciben un mayor empuje aerodinámico, que tiende a variar la orientación del rotor hasta conseguir la posición de equilibrio donde todas las palas sufren el mismo empuje (Figura 3-27).
Figura 3-27: Sistema de orientación por efecto de conicidad, que aprovecha las diferencias de empuje aerodinámico que se ejerce sobre las palas cuando adoptan posiciones cónicas, con el rotor a sotavento.
Sin embargo, la disposición del rotor a sotavento, genera un problema adicional conocido por el efecto sombra. El empuje aerodinámico que actúa sobre las palas se ve afectado cuando éstas pasan por detrás de la torre, ya que ésta perturba la corriente de aire que incide sobre el rotor. Dicha perturbación produce oscilaciones en la pala, además de ciertos fenómenos acústicos de baja frecuencia que pueden ser perjudiciales para determinado tipo de afecciones cardiacas y respiratorias.