NO SOMOS LA ÚNICA ESPECIE QUE HACE SEXO POR PLACER.
Esa historia de que somos la única especie que hace sexo por placer es una maldad con el mundo animal. La idea de que todos los otros bichos solo lo hacen con fines reproductivos no es más que un mito. En realidad, ni siquiera existe esa dicotomía entre "sexo por placer" y "para reproducción". Estudios que comparan nuestra fisiología a la de otras especies demuestran que la base del interés sexual es el placer, por lo menos entre los mamíferos, y probablemente en muchos otros animales vertebrados.
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Se puede comparar la práctica sexual con otra práctica muy placentera para cualquier bicho: la alimentación. Todo organismo vivo necesita las proteínas, grasas y azúcares que se encuentran, por ejemplo, en un delicioso trozo de carne de cuadril o en una tableta de chocolate. Para convencer al sistema nervioso de que aquello debe ser devorado, el cerebro recurre a una especie de soborno bioquímico, la sensación de placer. No hay nada de intrínsecamente sabroso en una torta de chocolate, así como no hay nada de intrínsecamente erótico en un par de voluptuosos senos. Se trata solamente del cerebro que convence a su dueño que que todo eso es muy bueno.
Ese mecanismo se aplica a los otros animales y vale también para el acto sexual. El mejor ejemplo de "sexo recreativo" en el mundo salvaje tal vez sea el de los bonobos, o chimpancés-pigmeos -famosos por su estilo de vida "paz y amor". El sexo es tan casual entre ellos que involucra, con frecuencia a machos con machos , hembras con hembras y adultos con crías.

Ciertas especies de delfines también hacen sexo con mucha frecuencia, y generalmente fuera de la época más fértil de las hembras. En la especie más conocida, la gran mayoría de los individuos es bisexual. Su "nariz" es utilizada para estimular el área genital de sus pares.
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TRADUCCIÓN: MACRIS (Yo misma)