Algunas consecuencias del no poder decir Poner en palabras lo que se vivencia es una de las formas mas directas de manifestar nuestro sentir.. En este sentido cuando hay algo que se silencia por propia voluntad o ajena y ese algo contiene una verdad que nos enuncia, el resultado suele ser angustiante por que lleva aparejado sufrimiento.. Recuerdo el caso de una chica que me contaba de su sufrimiento a causa de una verdad que no le fue dicha a tiempo pero que desde algún punto de ella insistía en ser develada. Su historia se vio teñida de un episodio previo trágico para su familia. La muerte de una hermana mayor siendo bebe. Este hecho no le fue mencionado durante su infancia (ya sea por creer que no era conveniente para ella o como una forma de sus padres de no asumir el dolor ). Ella nace al poco tiempo del fallecimiento de su hermana y a medida que crece le van surgiendo preguntas, ella presiente que hubo alguien antes. Incluso encuentra fotos en las que no se reconoce y sus padres insisten en que son fotos de ella. Siendo adolescente descubre la verdad a partir de documentación que encuentra. Su sensación es alivio por un lado, por que siente de alguna manera que puede cerrar una parte de su verdad incompleta que la inquieto durante tanto tiempo y por otro lado temor por como enfrentar este silencio en el que fue encubierta tremenda situación, como poner palabras a aquello que los padres prefirieron callar.. Los “secretos familiares” producen mucho sufrimiento para quienes quedan a merced de lo oculto, por que hay algo alli que insiste en ser nombrado y aparece de diversas formas perturbadoras dificiles de interpretar si esa verdad no es explicitada. La palabra puesta en el lugar adecuado hace que la persona pueda disponer libremente de su capacidad de sentir, de hacer, de enfrentar con autenticidad lo que le acontezca.. El ser humano tiene la necesidad y el derecho a dar sentido a su existencia, a historizar. Si ello no ocurre lo que no se dice aparece en forma de síntoma.. Una persona que no dispone de esta “capacidad “ de poner en palabras esta mas predispuesta a encontrarse arrojado hacia la impulsividad. Aquello que no se puede decir se pone en acto y por lo tanto lo pone en riesgo. Y a esta puesta en acto la llamamos síntoma. El síntoma es lo que denuncia que algo no anda bien, que no esta colocado en su lugar, que hay algo que no se puede significar y que encuentra este único modo de salir a la luz. Y que siente la fuerte necesidad de ser develado. Los síntomas pueden aparecer en forma de angustia constante, energía mental no canalizada que se transforma en un padecimiento. Los síntomas pueden aparecer en el propio cuerpo, en forma de enfermedades. Los síntomas pueden aparecer en lo social, y aquí todas las manifestaciones que producen tanto ruido y perturban a modo de molestia (enfermedad). La delincuencia, la maternidad precoz, las conductas autodestructivas , son claras consecuencias de la falta de recursos simbólicos a la hora de disponer de alternativas beneficiosas para la propia persona. Mas alla de cualquier cuestionamiento, lo que se evidencia es que es la propia persona la que se pone en riesgo y aparece como síntoma en el cuerpo social. Hay algo alli que no funciona, canales de simbolización o de realización que no están disponibles para todos los sujetos. Quiero resaltar que la palabra es la herramienta simbólica con la que el ser humano puede manifestar sus deseos, sus padecimientos, puede enunciar su verdad. La palabra es necesaria como defensa, como límite o como grito. Si a una persona se la priva de esta capacidad, o sea, que no se le facilitan las herramientas indispensables, corre el riesgo de quedar atrapado en significaciones que nada tienen que ver con su esencia. La familia, la sociedad son los encargados de facilitar estas herramientas y si esto no es otorgado son ellas mismas quines lo impulsan a una frustración continua que se traduce en una falta de criterio propio, a la imposibilidad de, nada menos y nada mas, poder construir amorosamente un proyecto propio. La propia palabra Destraba las puertas Suelta las amarras Que la palabra vino para que ya no haya prisioneros.. Cuando el hombre se da cuenta que otros pueden no decir por el, una ventana se abre, la luz se posa sobre cada cosa y resulta que uno mismo puede hacerlas aparecer.. No hay mayor arrebato que la presencia de otros sentidos despojando el propio decir del alma.. No hay mayor apropiación que el negar la herramienta del decir. Estas y dices, vives y nombras O muere y calla. No mas silencio cómplice de las estafas y del despojo. No más embaucadores de sentidos. La propia palabra suele ser peligrosa si, maravillosamente peligrosa.. Gracias por pasar Bea
Cuando no hay palabras (escrito propio)
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