Descubren una nueva anomalía en la atmósfera: corrientes supersónicas de plasma a 10.000 grados
En 2013, la Agencia Espacial Europea puso en órbita tres satélites llamados SWARM para estudiar el campo magnético. Entre sus descubrimientos hay uno sorprendente. Se trata de corrientes eléctricas supersónicas que recorren las capas superiores de la atmósfera a más de 10.000 grados.
La teoría de que existían corrientes eléctricas extremadamente potentes a la altura de la ionosfera no es nueva. El científico noruego Kristian Birkeland ya postuló esta hipótesis hace unos cien años. Los primeros satélites enviados al espacio en los años 70 confirmaron su existencia, pero lo que no se sabía era que las corrientes de Birkeland alimentaban chorros de plasma a altísimas temperaturas.
Las corrientes de Birkeland se nutren de la interacción entre el viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Los satélites SWARM han confirmado que son extremadamente energéticas y pueden mover hasta un teravatio de electricidad, mucho más de lo que consume una ciudad como Nueva York en pleno verano.
Las corrientes son también las responsables de la formación de las auroras boreales y, de hecho, suelen concentrarse en los polos del planeta. los campos magnéticos de estas corrientes son más potentes en invierno, y pueden calentar la ionosfera a temperaturas de hasta 10.000 grados y alterar la composición química de esta capa.
Urano huele a pedo
Esta pregunta en realidad es mucho más difícil de contestar de lo que parece, dado que es posible que nunca podamos sentir el aroma de Urano. “Es un planeta tan frío que no existen muchos compuestos que podamos oler”, comentó a Gizmodo Jonathan Fortney, director del Laboratorio de Otros Mundos de la Universidad de California. “Muchas de las cosas que podrías imaginar que huelen, como los gases volátiles [y apestosos], se han congelado en las nubes”.
Además, si viajas a Urano solo para intentar oler su atmósfera, morirías. “No quisieras estar en ese planeta e intentar respirar”, comentó a Gizmodo Mark Hofstadter, científico planetario del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA. “Es muy probable que no haya suficiente oxígeno en esa atmósfera para nosotros”.
“Creo que lo más apestoso sería el sulfuro de hidrógeno y el amoníaco”, dijo Hofstadter. Aunque las concentraciones de esos gases son pequeñas (menos de 0,8 partes por cada millón de sulfuro de hidrógeno y menos de 100 partes por cada mil millones de amoníaco), estos gases pueden concentrarse y formar nubes en la atmósfera del planeta. Nubes muy apestosas.
Buenas noticias para los viajes espaciales: los cinturones de radiación de la Tierra no son tan fuertes como se creía
A solo miles de kilómetros por encima de nuestras cabezas hay dos escudos de radiación que durante años se temía que pudieran ser un obstáculo para misiones tripuladas a otros planetas. Hoy estamos de enhorabuena. Los cinturones de Van Allen no son tan peligrosos como se creía
El descubrimiento ha sido posible gracias a dos sondas que la NASA puso en órbita en 2012 y que llevan desde entonces analizando la composición de los Cinturones de Van Allen con un nivel de detalle que no era posible desde tierra. Los espectrómetros a bordo de estas sondas son capaces de diferenciar entre partículas como electrones y protones de alta energía.
¿El resultado? Básicamente, lo que han descubierto es que el cinturón interior es mucho menos energético de lo que se pensaba. Las partículas que daban más quebraderos de cabeza a los científicos, los electrones de alta energía o electrones ultrarelativistas, son prácticamente inexistentes en el cinturón interior salvo si la actividad solar es especialmente intensa. En esos casos, las partículas suelen circular en un tercer cinturón intermedio que aparece y desaparece. En esos casos si pueden colarse partículas peligrosas al cinturón interior, pero la “tormenta” se calma por si sola con el tiempo.
El estudio no significa que podamos eliminar toda la protección de las naves que vayan a ir a otros planetas, pero abre la posibilidad a explorar nuestras órbitas más inmediatas mucho más fácilmente. [Journal of Geophysical Research y NASA vía Science Alert]
Descubren un nuevo tipo de nubes que aumentan la radiación a la que se exponen los vuelos comerciales
Cuando vuelas, tu organismo se somete a una dosis de radiación más alta de lo habitual por cortesía del viento solar y de los rayos cósmicos. Un equipo de científicos ha descubierto una nueva fuente de radiación cuyo origen aún no está muy claro y que llega a duplicar los niveles normales.
Las partículas de viento solar o los rayos cósmicos quedan atrapadas en una serie de regiones de la magnetosfera llamadas cinturones de Van Allen. Tobiska y su equipo cree que ocasionalmente las tormentas solares rompen la contención de los cinturones de Van Allen y provocan filtraciones puntuales de radiación que llegan hasta las capas altas de la atmósfera. Esta radiación interactúa con los átomos de nitrógeno y oxígeno formando estas nubes de alta radiación.
El descubrimiento no es especialmente preocupante para el viajero ocasional, pero sí que puede suponer un riesgo añadido para los profesionales del aire. Si la hipótesis se confirma, se podría poner en órbita un satélite que permita monitorizar la formación de estas nubes en tiempo real. La idea sería poder crear un mapa del tiempo de la radiación para que los pilotos puedan incorporar estos datos en sus cartas de navegación y esquivar las nubes como esquivan las tormentas convencionales.
Científicos logran rociar un objeto con el material más negro del mundo (y da mucho miedo)
Hace varios años los científicos presentaban Vantablack, el material más negro del mundo donde ni siquiera podían verse sus contornos. Para que nos hagamos una idea, el material es tan oscuro que los espectrómetros no pueden medirlo. Ahora han descubierto cómo pintar con él y el resultado asusta.
Fue en el 2014 cuando un grupo de científicos británicos anunciaban Vantablack. Tal y como explicaban entonces, el color negro se produce cuando un material absorbe todas las longitudes de onda de la luz sin rebotar ninguna, pero hay diferentes grados. Vantablack solo refleja un 0,035% de la luz que le llega gracias a una cobertura de nanotubos de carbono que atrapan prácticamente toda la luz.
Poco después era declarado oficialmente como el material más oscuro jamás producido en un laboratorio, uno capaz de absorber el 99,96% de la luz ultravioleta, visible e infrarroja. Desde entonces, el equipo detrás del invento ha aumentado su negrura, llegando a conseguir a principios del 2016 un material que ningún espectrómetro en el mundo era lo suficientemente poderoso como para medir la cantidad de luz que absorbe.
Logran hackear una célula humana y la reprograman como si fuera un pc
No hace falta esperar al futuro para ver células parecidas a diminutos ordenadores. De hecho, aquello que un día se llamó computación celular ha dejado de ser una metáfora para convertirse en una realidad. Unos científicos han logrado lo más parecido a un hackeo de células. Y las han reprogramado.
Se trata de un nuevo estudio liderado por un equipo de investigación de la Universidad de Boston y dirigido por el biólogo Wilson Wong. Los investigadores lograron convertir las células de mamíferos en biocomputadoras capaces de realizar cálculos complejos. Toda una hazaña conseguida dentro de los genes de células renales humanas.
Lo cierto es que no es la primera vez que se intentaba algo así. En las últimas décadas los biólogos han estado trabajando para hackear el algoritmo de las células en un esfuerzo por controlar sus procesos. Toda una paradoja, porque de lo que se trata es de vencer el papel que tiene la naturaleza como ingeniero de “software” de la vida refinando gradualmente el algoritmo de una célula (su ADN) durante generaciones.
Lo conseguido significa que los investigadores programaron células humanas para obedecer hasta 113 conjuntos de instrucciones lógicas diferentes. Una locura, y pensemos que con un mayor desarrollo esto podría dar lugar a células capaces de responder a direcciones específicas para, por ejemplo, combatir una enfermedad o fabricar tipos de sustancias y moléculas.
Para su estudio, el propio circuito genético fue diseñado utilizando una maquinaria existente en células, el fragmento de ADN llamado promotor. Este “inicializa” la transcripción de un fragmento de ADN de una célula al ARN y luego lo traduce a proteínas. El equipo obvió los factores de transcripción y en su lugar encendieron y apagaron los genes de células renales humanas. Para ello utilizaron enzimas de restricción, una especie de tijeras moleculares que cortan de forma selectiva los fragmentos de ADN.
El equipo de Wong insertó cuatro fragmentos de ADN extra después de un promotor. Uno de esos fragmentos fue diseñado para producir la proteína fluorescente verde (GFP) que ilumina una célula cuando se enciende por un fármaco en particular. A través de su técnica, Wong y su equipo fueron capaces de construir esos 113 circuitos diferentes con una tasa de éxito del 96.5 %.
tomado de http://es.gizmodo.com/