tortura!! corridas de toro
¿que es una corrida de toros?
Los juegos taurinos fueron introducidos durante la colonia española en México y otros países americanos, donde en la actualidad, anualmente, miles de toros son atormentados lentamente y llevados a la muerte violenta para diversión del público taurino y el lucro de empresarios, criaderos, apoderados y patrocinadores de este vilísimo negocio. Se estima que al menos 40 000 toros mueren en manos de la industria de tauromaquia cada año en Europa, y la cifra se eleva a aproximadamente 250 000 en el mundo entero.
En España por ejemplo, a pesar de la firme condena general de los países de la Unión, todos los niveles del gobierno subvencionan las actividades en torno a las corridas; la cifra global del dinero de los contribuyentes dirigido a ese sector se estima en alrededor de 550 millones de euros. He aquí algunas cifras precisas y alarmantes referentes tan solo al mes de marzo de 2009: promoción de la tauromaquia por la Junta de Andalucía: 400 000 euros; Escuela de tauromaquia en la Comunidad de Madrid: 80 000 euros; Patronato de la tauromaquia en la diputación de Badajoz: 480 000 euros, etc.
En la esfera internacional, según el testimonio del presidente de la plataforma taurina de Venezuela, deseoso que la fiesta taurina sea declarada patrimonio cultural de la humanidad, el flujo económico anual de la fiesta brava europea ascendería a más 600 millones de euros, sin incluir las actividades taurinas conexas que alcanzan más de 2000 millones de euros. En este lado de América, sólo en plazas de Venezuela, como Mérida, San Cristóbal, Valencia y Maracaibo se mueven en promedio de seis días por periplo taurino más de 200 millones de dólares al cambio oficial; estimando un tanto igual para Colombia, México, Perú y Ecuador. Un negocio substancioso como se puede apreciar, tanto en la cuestión del dinero que aporta - prácticamente todo proveniente del erario público - como de la sangre y el sufrimiento que cuesta.
La mayoría de las corridas en Latinoamérica son organizadas durante el invierno europeo (entre septiembre y febrero), pero durante el resto del año innumerables animales son torturados y aniquilados en corridas tanto oficiales como oficiosas en diversas localidades, tanto plazas como ferias e incluso en las infames escuelas taurinas, creadas con el objetivo de que no desaparezca el arte, y donde los padres taurómacas inscriben a sus niños para que éstos aprendan a matar. Es un verdadero desastre que este tipo de padres inconscientes, incluso alentados por religiosos descarriados, juzgue esta enseñanza más apropiada para sus retoños que la predicada por hombres superiores y santos como Santo Tomás de Aquino, quien nos revela sin rodeos que: Quien está habituado a la piedad hacia los animales, está igualmente acostumbrado a la piedad hacia los hombres. Manifiestamente esto último es algo que a dichas personas nos les interesa más que lo primero.
Por desgracia, como en tantos otros campos en los que México se caracteriza y se reconoce internacionalmente por su brutal rezago social, en nuestro país se organizan muchos de estos eventos y, atrasados varias décadas en relación a países donde la enseñanza educativa y moral va de la mano con el respeto del entorno y la fauna, probablemente tengamos el triste honor de ser el país más taurino del mundo, no en afición, muy escasa, sino en lo que a cantidad de eventos de éste tipo se refiere.
De hecho, es triste decirlo pero numerosos matadores españoles se transladan durante el invierno a nuestros países para participar en estas masacres organizadas, dado que, en primera instancia, durante esta época del año no se llevan a cabo corridas en España.
Por otra parte son muchas las sedes españolas las que poco a poco cierran sus puertas ante la pobre asistencia y la hostil y creciente presión pública, obligando a estos sombríos personajes a buscar para alcanzar sus fines tierras más prometedoras, entre más subdesarrolladas mejor…
En efecto, las corridas de toros no son la imagen bucólica que se vende a los neófitos y a los turistas inocentes, deseosos de presenciar un cuadro folklórico y pintoresco, ciertamente rústico y de mal gusto, pero al menos, a su manera de ver en primera instancia, lleno de color y de un cierto
Al contrario, al entrar en la plaza, los asistentes de buen corazón pronto se dan cuenta de su crasa equivocación, al presenciar que una corrida no es otra cosa que el espectáculo abierto y obsceno de la tortura sangrienta, codificada, metódica y prolongada de un animal inerme, indefenso, y abandonado a su triste suerte entre las garras de una turba de verdugos ruines y ensañados que se pavonean y se libran con goce indescriptible a su feroz escabechina al son de Paquito el chocolatero, fúnebre paso doble que, en palabras del escritor Christian Laborde, es el Pajaritos a volar de los aficionados taurinos caídos en un doble transe, el éxtasis extraño que les prodiga el profuso derramamiento de la sangre combinado al flujo inagotable de la manzanilla, del vino, de la cerveza, del mosaico pletórico de brebajes espiritosos que embuchan con una avidez y una delectación que solo encuentran paralelo en las cantidades absorbidas, muy propias éstas para inundar de nueva cuenta el mítico establo de Augias.
Es en este marco tan particular que los cándidos asistentes de ocasión constatan, sin mucho tardar, que la llamada fiesta brava no es más que una técnica altamente sofisticada de tortura, comparable a las que se emplean con los humanos en ciertas circunstancias, capaz de transformar a una persona digna y entera en una piltrafa humana a la que se puede manejar como se quiera, pues el toro, contrariamente a las simplezas que cuentan los entusiastas de este tipo de prácticas, no es un objeto inanimado cuyo único fin sería satisfacer sus apetitos de recreación y placer personal, sino un mamífero superior, dotado de un sistema nervioso central; un ser altamente evolucionado y perfectamente capaz de sentir dolor, al mismo nivel y con la misma intensidad que nosotros. Esta verdad es tan dolorosamente evidente que ni siquiera la desarrollaremos en este espacio, pues el simple hecho de plantearlas supondría cuestionarlas, lo cual no ha lugar.
Las corridas están rodeadas de todo un aparato lexical y pseudo simbólico altamente rebuscado, pero como veremos enseguida, nada en este mísero espectáculo es genuino, sino tan solo la agonía indescriptible y la ignominiosa muerte del pobre individuo que se convierte en su víctima en turno.
Así pues, si usted no conoce estos espectáculos y quisiera saber más acerca de su desarrollo y naturaleza, le ahorraremos mucho dinero, vivas desazones y una profunda vergüenza relatándole enseguida todos sus pormenores.
Como complemento visual a nuestra exposición podrá usted visionar igualmente una serie de documentos, fotografías y videos captados en el lugar mismo, que ilustran con plena claridad y lujo de detalle lo que se argumenta a continuación, y ejemplifican gráficamente la apremiante urgencia de erradicar, o como lo decía más acertadamente el sacerdote y filósofo Juan Balmes (1810-1848), extirpar de nuestras sociedades y para siempre estas prácticas repugnantes y vergonzosas.
comienza el festejo
Previamente al inicio de la corrida, el toro es encerrado en un cajón obscuro llamado chiquero, siniestro preámbulo que tiene el efecto de aterrorizarlo a través de diferentes procedimientos ilegales pero igual llevados a cabo de manera regular y ordenada.
Hay que saber que antes de ser transportados a dicho lugar, los toros han vivido toda su vida en campo abierto, rodeados por otros individuos en su medio natural, del que han sido arrancados repentinamente para ser encerrados en cajones de madera de menos de 2 metros cuadrados, donde no tienen ninguna posibilidad de moverse. En semana santa y verano, los camiones están sobrecalentados, y los animales, amontonados sin agua ni comida, pierden de 30 a 50 kilos durante el traslado; algunos de ellos son hallados muertos de asfixia al llegar al chiquero. Enseguida, serán sacados del camión con la misma delicadeza con la que fueron embarcados en él: a golpes de chorros de agua, de palos y tubos, patadas e injurias. Dato macabro: en Francia, los exámenes veterinarios revelan que la mitad de los toros masacrados en las corridas estaban gravemente enfermos. Por ejemplo
el representante taurino Kiko Matamoros, blandiendo un cuerno afeitado y que presentaba otras manipulaciones, recogido por él mismo en una arena de Benalmadena, afirma que el comportamiento del toro es además modificado por una serie de substancias, como los anabólicos, y cuenta que una vez vio un toro entrar en el ruedo con una jeringa todavía clavada en el lomo (escena mostrada por el veterinario José Mª Cruz en un video). ¡Sin comentarios! Enseguida declaró su pavor de un toro drogado, pudiendo ser más peligroso al desconocerse la reacción del mismo. Insensatamente, el matador Curro Matola abunda en la cuestión afirmando que tal cosa seria de locos porque como podría reaccionar un animal drogado, sería una incógnita el comportamiento de un toro en esas condiciones (sic); esto no es más que otra prueba más de que el pseudo arte taurino no es más que una técnica refinada de artificios y sistematismos calculados y preestablecidos, es decir una vulgar, metódica y repetitiva manufactura.
Así pues, para mantener su mito y convencer al público de la supuesta ferocidad del animal, los tauricidas se refieren al toro como una a una bestia brava y salvaje, cuando en realidad, como cualquiera que lo ha visto de cerca lo sabe, es al contrario un animal doméstico más bien manso y sociable por naturaleza, un gigantón gentil y bonachón que no tiene carácter fuerte y menos aun agresivo, salvo como cualquier animal, cuando se encuentra en estado de desafío territorial, y/o confrontado a la agresión (como prueba recordemos la anécdota del ya citado Curro Matola, quien frente a las cámaras acariciaba a un toro mientras decía con desenvoltura a un periodista: «Es uno de mis mejores amigos; se llama Temple, y lo crié con biberón. Nació aquí en casa». Matola hasta besa al toro, antes de añadir con orgullo ahora ha crecido, y es un toro bravo; no deja de ser un toro bravo, y pues entonces hay que llevar el cuidado lógicamente que se tiene que llevar con un animal de estos. Vuelve a acariciarlo, le coge ambos cuernos y se pone a jugar con ellos, balanceando la cabeza del plácido animal, ese mejor amigo que acabará sus días en un ruedo…).
En estas condiciones, 24 horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro en las tinieblas para que al soltarlo la luz y el barullo de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la falsa imagen que se quiere dar del toro, es decir la de una bestia brutal y acometedora (durante un coloquio universitario en México, un especialista taurino, frente a una audiencia compuesta por veterinarios, zoólogos y etólogos, se atrevió a afirmar que el toro es un depredador...). Muy al contrario, por su naturaleza misma de bovino herbívoro, la tendencia natural del toro, evidentemente, es huir, no atacar.
Como lo indica la hitoriadora Élizabeth Ardouin-Fugier en su magnífico estudio Historia de la corrida en España, del siglo XVIII al siglo XXI, la mentada bravura del toro es un producto en gran parte artificial de la selección zootécnica… contraria a la probabilidad general de la repartición estadística de la bravura en su especie, es decir de una aptitud relativamente rara», concluyendo que el toro de combate es un animal desnaturalizado. Sin duda, nuestro especialista arriba eludido tenga la original concepción de que los toros son cazadores de las sabanas africanas.
Sin embargo, además del estado de angustia y desorientación que sufre el toro al salir a la luz del ruedo, se encuentra de antemano ya disminuido y ansioso, pues en el chiquero ha sido objeto de ciertos cuidados especiales por parte de los artistas del toreo. De hecho está ya debilitado, pues para entonces lo han golpeado repetidamente en los testículos y los riñones, a patadas y dejándole caer costales de arena de cien kilos estando inmovilizado, y le han inducido diarreas al poner laxantes, sales y sulfatos en la comida que se le ha proporcionado; es la razón por la cual a menudo los toros salen al ruedo completamente batidos. En 1985-86, impresionado por las abundantes diarreas y la descoordinación de movimientos de los animales, el Dr. Andrés Martínez Carrillo, veterinario titular de Colmenar Viejo y de la plaza de toros de Las Ventas, estudió muestras de asas intestinales y jugos gástricos recogidas inmediatamente después del arrastre del toro, poniendo en evidencia el empleo de unos 25 kilos de sulfato de sosa y sulfato de magnesio, o sal de Epson en cada animal sacrificado durante las ferias; cuatro o cinco kilos de sal de Epson por toro de este laxante - advierte Martínez Carrillo, es una cantidad brutal.
Por otro lado, le han sido untadas masas de grasa o vaselina en los ojos para nublar su visión (otras veces se le inyecta tinta china en los globos oculares o se le rocía con aerosol paralizante...), se le han tapado las fosas nasales con algodones y sus oídos con papel periódico mojado. En las patas, se le han clavado astillas entre los pesuños o se le ha aplicado alguna substancia abrasiva como aguarrás, que le produzca ardor, escozores, y le impida mantenerse quieto, lo que facilitará que el torero no desluzca en su actuación frente a un toro que, en condiciones normales, no tendría la menor iniciativa de atacarle.
Por si las dudas, para proteger al valeroso torero, se ha tenido la precaución de afeitarle los cuernos al toro, es decir recortárselos con sierras y lijas, a sabiendas que no son otra cosa que huesos vivos. Evidentemente, además de lo intensamente doloroso de esta operación de unos 25 a 30 minutos de duración (se serruchan y liman 5 a 10 cm de cuerno sin anestesia alguna, el equivalente a que se nos hiciera esto en los dientes...), el toro pierde con ello orientación y a la hora del combate no es capaz de apuntar bien al objetivo en el momento de embestir. Cabe resaltar, siempre en lo que concierne a la lima de cuernos, que se dispone de necropsias efectuadas por la Facultad de Veterinaria de la UNAM a petición de la Delegación Benito Juárez de la ciudad de México, en lo referente a animales lidiados en la Plaza México; los resultados, muy evocadores y contundentes, demuestran que todos los animales analizados habían sido afeitados, ¡pero también que ni siquiera cumplían con la edad requerida para la lidia!
Otra precaución tomada en cuenta, es que se le han colgado sacos de arena en el cuello durante horas y/o le han golpeado el lomo con láminas y maderos. Asimismo, a menudo se le ha introducido una aguja rota en los genitales para impedir que se siente o se acueste, lo que por supuesto, aunado a todo lo precedente, hace que el toro esté ya muy cansado y alterado al entrar a la refriega, y lo obligará a mantener la cabeza baja durante la faena.
Finalmente, cuando por fin lo van a soltar, poco antes de echarlo al ruedo, le clavan en el lomo una roseta colorida; es el primer arpón de puntas aceradas del que será víctima, conocido como la divisa.
Esto no es lo último que se le clavará en este estado, pues aún falta un detallito más: uno o dos piquetillos sigilozamente administrados correspondientes a la inyección de algún medicamento fraudulento que ayude a mermar al toro, a aminorarlo, a vaciarlo de su energía vital. Nunca se es demasiado prudente. He aquí pues algunos de los productos con los que la canalla taurina aturde discretamente al toro: fenilbutazona, rompun (de Bayer, que se traduce en un sedado sin estado cataléptico y una relajación muscular generalizada, así como el ralentizamiento del ritmo respiratorio de duración variable según la dosis), vetranquil (Lathevet), sernylan (Parke-Davis), parkersernyl (Parke-Davis), y tantos otros. El arriba citado Dr. Martínez Carrillo menciona todavía el combelén, un hipnotizante y tranquilizante derivado de la fenotiacina, que por cierto es empleado por la mayoría de los contratistas de las cuadras de picar para drogar a sus caballos…
te gustaria estar en el lugar del toro?
Ya hemos dicho que tratando impúdicamente de justificar sus inaceptables actos, los taurinos pretenden que los toros no sienten; cualquiera que ha visto un toro en el campo nota de inmediato que al menor contacto de un insecto el animal se sacude o espanta al parásito con la cola o un movimiento brusco del pellejo, esto a pesar de su espeso pelaje y gruesa piel. Uno se pregunta por qué toman los taurinos a sus interlocutores cuando quieren hacerles creer que un toro no siente los tremendos arpones de las banderillas, o la espada que le atraviesa y desgarra las entrañas de par en par. Es que, además de su crueldad salaz y su profundo egoísmo, la falacia y la mala fe son otros atributos característicos de estos individuos, que están dispuestos a lo que sea con tal de gozar con el objeto de su mórbida perversión.
Pero bueno, como hemos visto previamente, alevosamente manipulado, golpeado, herido, deshidratado, enclaustrado, cegado y completamente desorientado, y ya sufriendo del dolor intenso que le produce la divisa ensartada en los músculos del lomo, el toro, con la vista nublada por la grasa, recorre al galope el ruedo, deslumbrado y medio cegado, en una actitud de furia aparente.
En realidad, cuando el toro desemboca en el ruedo es un animal inquieto o aterrorizado que, herido y desorientado en un lugar extraño, busca desesperadamente una salida.
el picador y los puyazos
El picador es un individuo extraño cuya función es clavar una y otra vez una temible lanza, llamada pica, en el cuello del toro, delante de la cruz. La teoría indica que de dicha lanza «solo» debe penetrar en el cuerpo del toro la punta de acero, que mide de 3 centímetros de largo, pero es evidente
que de la violencia de la confrontación y el choque resulta que siempre se le clavan igualmente los 11 centímetros que siguen hasta el tope del arma, lo que representa heridas nada menos que de 14 centímetros de profundidad y hasta 40, es decir casi medio metro, de extensión, que producen al toro un dolor intensísimo y que lo destrozan por dentro.
los rejones
Cuando a pesar de todas estas impensables agresiones, (¡o como consecuencia de ellas!) el toro persiste en su conducta mansa y huidiza, se recurre a lo que se conoce como rejón, en especial a una variante llamada de castigo, una espantosa cuchilla con hendiduras cortantes que causa incisiones y heridas tan abominables, que el toro se verá obligado a responder como sea, si no por furia, al menos por miedo
También existen otros motivos fisiológicos que entran en juego en este proceder, como lo explica con sorprendente brío un especialista taurino mexicano.
info:
La corrida de toros es un espectáculo que consiste en lidiar varios toros bravos, a pie o a caballo, en un recinto cerrado para tal fin, la plaza de toros.
En la lidia participan varias personas, entre ellas los toreros, que siguen un estricto protocolo tradicional, reglamentado regido por la intención estética; sólo puede participar como matador el torero que ha tomado la alternativa. Es el espectáculo de masas más antiguo de España y uno de los más antiguos del mundo. Como espectáculo moderno realizado a pie, fija sus normas y adopta su orden actual a finales del siglo XVIII en España, donde la corrida finaliza con la muerte del toro.
Las corridas de toros son consideradas una de las expresiones de la cultura hispánica. Se practican también en Portugal (donde no se le da muerte al toro en la plaza), en el sur de Francia y en diversos países de Hispanoamérica como México, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Costa Rica, Panamá y Bolivia.
Las corridas pueden clasificarse, según la edad y el trapío del toro que se lidia, en becerradas, novilladas y corridas de toros propiamente dichas, y pueden desarrollarse a pie o a caballo. Si se ejecutan las suertes a caballo, el festejo recibe el nombre de corrida de rejones o rejoneo. Cuando se combinan ambas disciplinas en un mismo festejo, se denominan corridas mixtas.
origenes e historia
Desde tiempos inmemoriales, recorrían los pueblos de España los llamados «matatoros» o «toreadores», divirtiendo al público (y cobrando por ello) mediante la práctica del toreo a pie de forma más o menos rudimentaria (sorteando o recortando a los toros, dándoles lanzadas o saltos, etc.). Además, estaban los pajes que, como parte de su servicio, ayudaban a los caballeros a lancear o rejonear a caballo, realizando los quites cuando fuera necesario. Con la prohibición de torear a caballo que en 1723 Felipe V impuso a sus cortesanos, los modestos matatoros y los pajes empezaron a torear por su cuenta en las ciudades más importantes y a desatar el entusiasmo del gran público.
Aunque la lidia de toros se practica desde muy antiguo, en la segunda mitad del siglo XVIII se produjeron en España una serie de novedades en su práctica que dio lugar a las corridas de toros en su sentido moderno:
El toreo a pie sustituye al de a caballo.
Los protagonistas ya no son caballeros pertenecientes a clases altas, sino gente del pueblo que se profesionaliza y cobra por su actuación.
Nacen las ganaderías bravas y se comienza a seleccionar los toros para la lidia, frente a la situación anterior de mera espontaneidad.
Se construyen las primeras plazas de toros como edificios permanentes destinados al festejo.
Se escriben las primeras tauromaquias, que fijan la técnica y las normas y van definiendo el arte de torear.
Existieron dos corrientes regionales de cuya combinación surgió el toreo a pie: el ámbito vasconavarro y el andaluz. La tauromaquia vasconavarra se basaba en los saltos, en los recortes y en las banderillas, sin mayor sofisticación, mientras que la andaluza se desarrollaba con lienzos y capas para engañar a los toros. Durante algunas décadas ambos estilos se disputaron la primacía del público, saliendo victorioso el modelo andaluz. De la tauromaquia vasconavarra dejó constancia gráfica Francisco de Goya, que presenció los saltos de garrocha de Martincho, del licenciado de Falces o de Juanito Apiñani en las plazas de Zaragoza y de Madrid. La actual suerte de banderillas es el único legado que ha perdurado de aquel toreo navarro en las corridas de toros, si bien siguen muy vivos los espectáculos de saltos y recortadores en festejos populares.
Con diversas variaciones, se van estableciendo a lo largo del siglo XVIII todos los elementos de las corridas modernas. Se considera al rondeño Francisco Romero el padre del toreo moderno. Romero, fundador de una célebre dinastía, había tomado parte en las últimas corridas caballerescas. Inventó la muleta, dividió la lidia en tres tercios (varas, banderillas y muerte) y subordinó la cuadrilla a las exigencias del diestro. Sin embargo, será su hijo Juan Romero y sobre todo Pedro Romero (nieto de Francisco), Pepe-Hillo y Costillares, las primeras figuras conocidas, quienes ya en la década de los setenta del siglo XVIII impongan de forma definitiva su visión del toreo frente a la tradición navarra, muy semejante ya a la actual.
Una vez decantado el toreo en favor de la idea andaluza, surge una nueva disputa entre toreros andaluces a finales del siglo XVIII: los partidarios del estilo rondeño y los del sevillano. Ambos se basaban en el toreo con capa, pero discrepaban en la finalidad de la lidia: para los rondeños lo fundamental era la estocada, por lo que todo se supeditaba a la preparación de la muerte del toro. Cuantos menos capotazos mejor, para no agotar al toro y poderlo matar recibiendo (no conocían el volapié). En cambio, los sevillanos consideraban que lo importante era lucirse con la capa, mientras que la muerte era solo una forma de poner fin a la faena cuando el toro ya estaba agotado. Costillares inventó la verónica y el matar a volapié (fundamental, para poder dar muerte a toros aplomados tras numerosos pases). También logró supeditar la labor de los picadores a las necesidades de la lidia a pie
siglo XIX,XX,XXI
Este primer periodo triunfal de la fiesta llega a su fin con la Guerra de la Independencia Española. Tras la guerra, retiradas o desaparecidas las grandes figuras anteriores, tiene lugar un periodo de decadencia de la fiesta. Pero en la década de 1830 aparece otra gran figura del toreo, "Paquiro", conocido como el «napoleón de los toreros», quien une a la escuela rondeña y sevillana y demuestra que ambas son compatibles, es decir, que efectividad y brillantez pueden aunarse en la lidia. Le siguen "Cúchares", "Lagartijo" y "Frascuelo", quienes dieron a la corrida la estructura definitiva que se mantiene hasta el presente. Rafael Guerra "Guerrita", que se inició en la cuadrilla de Lagartijo, le sucedió como gran figura y dominó absolutamente la fiesta de los toros durante la última década del siglo XIX
Este primer periodo triunfal de la fiesta llega a su fin con la Guerra de la Independencia Española. Tras la guerra, retiradas o desaparecidas las grandes figuras anteriores, tiene lugar un periodo de decadencia de la fiesta. Pero en la década de 1830 aparece otra gran figura del toreo, "Paquiro", conocido como el «napoleón de los toreros», quien une a la escuela rondeña y sevillana y demuestra que ambas son compatibles, es decir, que efectividad y brillantez pueden aunarse en la lidia. Le siguen "Cúchares", "Lagartijo" y "Frascuelo", quienes dieron a la corrida la estructura definitiva que se mantiene hasta el presente. Rafael Guerra "Guerrita", que se inició en la cuadrilla de Lagartijo, le sucedió como gran figura y dominó absolutamente la fiesta de los toros durante la última década del siglo XIX.
Las nuevas figuras del toreo, algunas de ellas triunfadoras ya desde la década de 1990, presentan gran diversidad en su estilo y proyección: personalidades tan particulares y de técnica tan depurada como César Rincón, colombiano que abrió 5 veces la puerta grande de Madrid, Enrique Ponce, Julián López "El Juli", Manuel Jesús "El Cid", Cayetano Rivera Ordóñez, Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera o José Tomás, quién el 5 de junio de 2008 batió un récord de 36 años en la plaza de Las Ventas, al cortar las cuatro orejas de sus dos toros en una misma tarde, han llevado el toreo al siglo XXI.
Prticipantes:
Matador de toros: también conocido como diestro o espada, es aquel torero que ha recibido la alternativa y que, en la lidia, realiza la parte principal de la faena y mata al toro con el estoque. Es sin duda el personaje central en una corrida de toros. Según las características de la lidia (a pie o a caballo) se les llama "toreros de a pie" o rejoneadores. El torero de a pie es el responsable sostener la lidia al toro con el capote, llevarlo al caballo, realizar la faena con la muleta y darle muerte. Los matadores de toros comienzan su aprendizaje toreando erales, generalmente a una temprana edad. Aproximadamente dos años después comienza su etapa como novillero, el que lidia novillos debido a su menor tamaño y fuerza con una edad de 3 años y un peso aproximado a los 400 kilos. Por último, se convierten en matadores tras tomar la alternativa, la cual es concedida por otro torero.
Banderillero
MatadorSubalternos: Personal que ayuda al matador en lo que necesite y en las situaciones que les están permitidas (ocasionalmente llevar al toro a un punto determinado, distraer al mismo durante el cambio de espada entre otras actividades). Lo forman los banderilleros, los picadores y el mozo de espadas. Al conjunto formado por los subalternos y el matador se le denomina cuadrilla.
Banderilleros: Actúan en el segundo tercio de banderillas y, cuando no lo hace el propio matador, son los encargados de la colocación de los pares de banderillas.
Mozo de espadas: Es la persona que colabora directamente con el matador, su labor es ayudar al cambio de muletas, capotes y espadas.
Picador: Es la persona que, montada a caballo, utiliza una vara larga con una punta metálica (puya) para castigar al toro y producir desgarramiento de los tejidos ubicados en la cruz del mismo con el objetivo de probar su bravura, detectar sus características y evitar que el animal embista levantando la cabeza.
Personal de la plaza: Son aquellas personas que colaboran en la plaza haciendo posible la celebración de esta fiesta. Entre ellos destacan los taquilleros, los colocadores, el personal del callejón, los paramédicos, el torilero y los areneros.
Presidente: Es aquella persona que preside un festejo, generalmente un representante de la municipalidad donde se efectúe. Se encarga de mantener el orden en la plaza y entre sus funciones se encuentran la de ordenar el comienzo del festejo, los cambios de tercio y otorgar los premios –orejas y rabo– a los matadores.
Alguacilillos: Son los agentes encargados de transmitir las órdenes del presidente durante las corridas. Es su función principal recoger la llave de los toriles, entregar los premios a los toreros y preceder a las cuadrillas durante el paseíllo.
Monosabios: Son los mozos que acompañan y ayudan al picador en la plaza, sobre todo cuando el toro derriba al caballo para evitar que ni el picador ni el caballo resulten heridos.
Mulilleros: personal a cargo del tiro de mulillas con las que arrastran el cuerpo muerto del toro para sacarlo de la plaza.
Areneros: Mozos encargados de mantener en condiciones adecuadas el albero de la plaza. Tienen su importancia, como lo ilustra el hecho de que desfilen en el paseo de cuadrillas.
lidia a pie
La salida en hombros es una recompensa tras una buena actuación.El tipo de corrida más extendido actualmente, la corrida española, tiene como fin principal llevar el toro a muerte (en Portugal el espectáculo termina con la suerte de muleta) mediante la presentación de diversos lances de estilo coreográfico que el encargado de la lidia (torero, rejoneador) induce al toro de manera que parezca coordinada y permitan el lucimiento del mismo. Para este fin se ocasiona al astado pinchazos con instrumentos que varían en longitud y se distinguen por la intención de los mismos (las banderillas, además de ocasionar el sangrado en el toro, adquieren valor en cuanto adornos; las varas de pica, con una punta reglamentaria de 6 a 8 cm, se utilizan para dosificar la fuerza del toro y medir su bravura).
Si bien la corrida culmina casi siempre con la muerte del toro, que se causa con un estoque de dos, tres o hasta cuatro canales, que reglamentariamente tiene que ser menor de 80 cm, que se clava entre los omóplatos del toro para llegar al corazón y que la muerte sea instantánea. No siempre se consigue a la primera, al necesitarse mucha precisión. Si no se consigue en dos o tres veces, se toma un estoque con un tope cerca de la punta y se clava entre las cervicales del toro, con el fin de cortar la médula espinal («descabello»). Si el toro cae pero no muere, un mozo le da la puntilla, con un puñal corto, del mismo modo que en el descabello. En ocasiones, donde el reglamento de la plaza lo permite y a petición del torero o el público, antes de dar muerte al toro, en casos de bravura y porte particularmente distintivos, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se lo mata sino que se devuelve a los corrales para que regrese al campo como semental.
Por lo general en un evento taurino se lidian seis toros (casi siempre de una misma ganadería) por parte de tres matadores, aunque también se ofrecen eventos con dos matadores (llamados "mano a mano" eventos con cuatro, eventos de seis matadores (en los que corresponde un ejemplar a cada uno) o encierros con uno sólo matador. En el siglo XIX, las corridas podían tener muchos más matadores y toros.
orden de la corrida
Cogida de un torero, Antonio Ferrera. En la mayoría de los casos las heridas por asta de toro se producen en la región antero-interna del muslo, en el triángulo de Scarpa o también conocido como el triángulo de los toreros.La corrida comienza con el paseíllo, en el que desfilan los matadores seguidos de sus cuadrillas y del personal de la plaza de toros.
Una corrida de toros se divide en tres partes, denominadas "tercios" y 2 suertes (de capote y de muleta):
1.Tercio de varas. Durante el tercio de varas el matador torea con el capote y el toro recibe una serie de puyazos en el morrillo (zona abultada entre la nuca y el lomo del toro) por parte del picador. El objetivo de estos puyazos es medir la bravura del toro y su disposición a la embestida, además de dosificar la fuerza del toro para facilitar la posterior labor del matador. En la antigüedad era esta suerte la más esperada por los espectadores, siendo los toreros de a pie sólo auxiliares de esta labor, con el paso del tiempo estos últimos cobraron mayor fama entre la multitud y la lidia comenzó a girar en torno a su labor, pasando a ser los protagonistas del espectáculo ya a mediados del siglo XVIII, si bien la nobleza continuaba prefiriendo el toreo a caballo, de lo que se separó el toreo de rejones.
1.Suerte de capote (más comúnmente conocido como "tercio de quites". La faena a capote la desarrolla el torero para medir la embestida del toro así como su fuerza y disposición. Es más apreciada en América que en España. Existen diferentes estilos de uso indistinto en la lidia; los lances de verónica, chicuelina y las gaoneras (así llamadas por haberlas inventado el mexicano Rodolfo Gaona) son los de uso más común, si bien hay muchos otros.
2.Tercio de banderillas. Durante este tercio los banderilleros clavan sobre el lomo del toro unos adornos llamados comúnmente banderillas o rehiletes (instrumentos consistentes en una vara de madera adornado con flecos de papel de colores con un arpón en la punta).La función de dichos instrumentos es la de avivar al animal, tras el tercio de varas, por el movimiento de las mismas. De ahí el termino, menos conocido, de avivadores.
3.Tercio de muerte. Durante este tercio tiene lugar el enfrentamiento del matador con el toro. El matador realiza la faena de la suerte de muleta y posteriormente le da muerte con el estoque.
1.Suerte de muleta. Esta suerte es solo efectuada por el matador de toros, pudiendo ser sustituido por el alternante de más antigüedad solo en caso de verse impedido a terminar el tercio si ha sufrido algún percance. Los lances más comunes son: el natural (abierto y con la mano izquierda) y el derechazo (con la derecha y la espada en el paño de la muleta para extender la superficie del mismo), además del remate de pecho.
Una vez que el matador ha demostrado su maestría con el toro, que para ahora está casi anulado, se prepara para matar. Este es el momento culminante de la lidia. El matador se asegura de que la posición del toro sea la ideal para la estocada, o sea con las patas delanteras juntas. Entonces se acerca al toro, se estira por encima de los cuernos y le clava el estoque entre los omóplatos, tratando al mismo tiempo de evitar cualquier sacudida repentina de los cuernos. La estocada perfecta corta la aorta y provoca la muerte casi instantánea del animal, si bien una mayoría de veces se precisan reintentos hasta acertar la arteria. En algunos casos se requiere el golpe de gracia en la nuca.
Los toros son capaces de matar hasta en sus últimos momentos. En los años 80, el matador de veintiún años conocido por el nombre artístico de Yiyo, se giró hacia el público tras dar la estocada. El toro lo embistió y con uno de sus cuernos perforó mortalmente el corazón del desventurado torero.
En la corrida: una especie de toro diferente
El verdadero toro salvaje desapareció de su último reducto en los bosques de Europa central en el siglo XVII, pero debido a la cría selectiva de toros de lidia, el toro salvaje español ha sobrevivido durante los últimos trescientos años. La principal diferencia entre un toro salvaje y uno doméstico es la manera de reaccionar cuando se ve amenazado. El toro bravo de origen español seguirá atacando sin cesar mientras algo o alguien se mueva en frente de él.
Esta característica es la esencia misma de la tauromaquia, razón por la que los ganaderos españoles tratan de mejorarla constantemente. Los toros llevan una existencia placentera durante cuatro años hasta el momento decisivo en el que se ven empujados hacia la arena. Aunque antes de saltar a la arena el toro bravo nunca ha visto un matador ni un capote —de lo contrario, jamás olvidaría las técnicas empleadas y eso lo haría demasiado peligroso—, su instinto lo lleva a embestir el trapo que se mueve, sea rojo o de cualquier otro color (los toros no distinguen los colores).
lidya a caballo
Corrida de rejones.Artículo principal: Rejoneo
Conocida también como corrida de rejones o rejoneadores. Se divide en los mismos tercios que la faena a pie, si bien la suerte de capote se sustituye por corridas del rejoneador frente a toros, de igual forma para medir su fuerza. Las banderillas las coloca el rejoneador desde el caballo, utilizando el rejón de muerte de esta misma forma. Además se colocan los rejones, adornados con diversas divisas y colores. Una vez muerto el toro, el público expresa su opinión sobre la faena, agitando en el aire un pañuelo blanco si ha sido de su agrado o "pitando" (emitiendo silbidos) en caso contrario. A petición del torero, antes de dar muerte al toro, y sólo en casos de extraordinaria bravura, porte y trapío, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se mata al toro sino que se devuelve a los corrales para que regrese al campo como semental. Para el indulto se tiene muy en cuenta las veces que el toro asistió al caballo de picar. Una vez muerto el toro, este es arrastrado por unas mulas (el llamado "tiro de mulillas" hasta el desolladero.
caracteristicas locales
En plazas de toros como las de Almería, Albacete, Granada y Tarragona, entre otras muchas, es costumbre hacer una pausa de quince minutos para el condumio del público, pudiéndose ver alimentos de todo tipo, desde jamones o queso, hasta paellas o callos, todo en función de la gastronomía típica del lugar.
En algunas plazas (el caso más conocido es el de Pamplona, España con los Sanfermines) los toros correspondientes al festejo del día son enviados a la plaza mediante el llamado el encierro, que tiene lugar por las calles de la ciudad.
En México, el torero da la vuelta al ruedo, para recibir el reconocimiento del público, en sentido contrario al recorrido que realiza en España. En temas musicales, el coso de la Avenida de Insurgentes abre siempre plaza bajo los sones del pasodoble "Cielo Andaluz"
En la Plaza de Toros de Zaragoza, y en algunas otras repartidas por toda la geografía española, es típico entonar una jota con la salida del último toro que se haya de lidiar. La banda de música arranca a tocar bajo el acompañamiento musical de las palmas de todos los tendidos. El matador actuante en ese toro suele aprovechar para mostrar su repertorio capotero.
En la plaza de toros de Las Ventas de Madrid durante la ejecución brillante de las faenas, no se hace sonar la banda de música, sino que únicamente toca cuando el matador da una vuelta al ruedo o entre la lidia de un toro y otro. La causa se remonta a los primeros tiempos de la Monumental cuando los partidarios de Domingo Ortega y de Marcial Lalanda se enfrentaron, tratando de acallar a la banda cuando hacía sonar el pasodoble de su contrario. Para evitar que se repitiese, se adoptó la decisión salomónica de que la banda permaneciese en silencio durante las faenas.
En Costa Rica en los diferentes pueblos hay plazas de toros, en las cuales durante las fiestas patronales hacen campeonatos de monta de toro. En los festejos populares de San José, Costa Rica (capital del país) que comienzan el 25 de diciembre y finalizan el primer domingo del año, muchos costarricenses ingresan a la plaza de toros para ser preseguidos y embestidos por el toro. Se les llama comunmente toreros improvisados. También practican la monta. Hay populares cimarronas amenizando las corridas que se hacen a las 3 de la tarde y a las 9 de la noche. Las corridas de "toros a la tica" son transmitidas en vivo por las principales televisoras del país.
Representación de Manet.Artículo principal: Matador de toros
El estilo de los matadores de toros ha sufrido una notable evolución técnica y estética a lo largo de sus tres siglos de existencia como espectáculo moderno. Ha variado la técnica y la estética, a la par que el carácter de los toros, sin lo cual dicha evolución habría sido imposible. Se suelen distinguir dos grandes periodos: el de la vieja lidia (siglos XVIII y XIX), que finaliza a principios del siglo XX con Joselito y Belmonte, y la que se inicia a partir de ellos dos, en la llamada «edad de oro» (década de 1910). Hasta entonces, tiene gran importancia el primer tercio (varas) y mucho menos la faena de muleta. El estoque era también fundamental. Hay mucho movimiento de pies y poca quietud ya que, como sentenció Lagartijo, «o te quitas tú o te quita el toro». Posteriormente, con el nuevo toro que va siendo seleccionado a partir de Joselito, que se adapta mejor a los nuevos gustos del público, permite una lidia mucho más artística: va adquiriendo entonces gran importancia el tercio de muleta.
Dos tipos de toreros dividen a la afición: por un lado, los toreros técnicamente poderosos, que dominan en todas las suertes y mandan en todas las facetas. Joselito fue su paradigma. Por otro lado, una nueva estética, estilizada, que trata de acercarse más y torear con los pies quietos, con Belmonte a la cabeza.
La revolución técnica de Joselito y la estética de Belmonte se consolida durante la llamada edad de plata (desde la muerte de Joselito en 1920 hasta la guerra civil española). Pero fue Manolete quien llevó todos esos cambios a la máxima expresión tras la guerra civil y que, con los toros antiguos, solo podían realizarse muy de tarde en tarde. Supuso un antes y un después para los toreros, y marcó el camino a todos los matadores que le sucedieron, ya que aunó la quietud más absoluta con el toreo en redondo ligado con las manos por abajo, que sigue siendo actualmente el paradigma del buen toreo.
si estas de acuerdo con esto sube un post igual y deja comentario...
juntos organizaremos una campaña contra las corridas de toros y haci terminrr estas matanzas,, si estas conmigo agregame a messenger vengador_95@live.com.mx y asi terminar esto.. juntos daremos un alto
¿que es una corrida de toros?
Los juegos taurinos fueron introducidos durante la colonia española en México y otros países americanos, donde en la actualidad, anualmente, miles de toros son atormentados lentamente y llevados a la muerte violenta para diversión del público taurino y el lucro de empresarios, criaderos, apoderados y patrocinadores de este vilísimo negocio. Se estima que al menos 40 000 toros mueren en manos de la industria de tauromaquia cada año en Europa, y la cifra se eleva a aproximadamente 250 000 en el mundo entero.
En España por ejemplo, a pesar de la firme condena general de los países de la Unión, todos los niveles del gobierno subvencionan las actividades en torno a las corridas; la cifra global del dinero de los contribuyentes dirigido a ese sector se estima en alrededor de 550 millones de euros. He aquí algunas cifras precisas y alarmantes referentes tan solo al mes de marzo de 2009: promoción de la tauromaquia por la Junta de Andalucía: 400 000 euros; Escuela de tauromaquia en la Comunidad de Madrid: 80 000 euros; Patronato de la tauromaquia en la diputación de Badajoz: 480 000 euros, etc.
En la esfera internacional, según el testimonio del presidente de la plataforma taurina de Venezuela, deseoso que la fiesta taurina sea declarada patrimonio cultural de la humanidad, el flujo económico anual de la fiesta brava europea ascendería a más 600 millones de euros, sin incluir las actividades taurinas conexas que alcanzan más de 2000 millones de euros. En este lado de América, sólo en plazas de Venezuela, como Mérida, San Cristóbal, Valencia y Maracaibo se mueven en promedio de seis días por periplo taurino más de 200 millones de dólares al cambio oficial; estimando un tanto igual para Colombia, México, Perú y Ecuador. Un negocio substancioso como se puede apreciar, tanto en la cuestión del dinero que aporta - prácticamente todo proveniente del erario público - como de la sangre y el sufrimiento que cuesta.
La mayoría de las corridas en Latinoamérica son organizadas durante el invierno europeo (entre septiembre y febrero), pero durante el resto del año innumerables animales son torturados y aniquilados en corridas tanto oficiales como oficiosas en diversas localidades, tanto plazas como ferias e incluso en las infames escuelas taurinas, creadas con el objetivo de que no desaparezca el arte, y donde los padres taurómacas inscriben a sus niños para que éstos aprendan a matar. Es un verdadero desastre que este tipo de padres inconscientes, incluso alentados por religiosos descarriados, juzgue esta enseñanza más apropiada para sus retoños que la predicada por hombres superiores y santos como Santo Tomás de Aquino, quien nos revela sin rodeos que: Quien está habituado a la piedad hacia los animales, está igualmente acostumbrado a la piedad hacia los hombres. Manifiestamente esto último es algo que a dichas personas nos les interesa más que lo primero.
Por desgracia, como en tantos otros campos en los que México se caracteriza y se reconoce internacionalmente por su brutal rezago social, en nuestro país se organizan muchos de estos eventos y, atrasados varias décadas en relación a países donde la enseñanza educativa y moral va de la mano con el respeto del entorno y la fauna, probablemente tengamos el triste honor de ser el país más taurino del mundo, no en afición, muy escasa, sino en lo que a cantidad de eventos de éste tipo se refiere.
De hecho, es triste decirlo pero numerosos matadores españoles se transladan durante el invierno a nuestros países para participar en estas masacres organizadas, dado que, en primera instancia, durante esta época del año no se llevan a cabo corridas en España.
Por otra parte son muchas las sedes españolas las que poco a poco cierran sus puertas ante la pobre asistencia y la hostil y creciente presión pública, obligando a estos sombríos personajes a buscar para alcanzar sus fines tierras más prometedoras, entre más subdesarrolladas mejor…
En efecto, las corridas de toros no son la imagen bucólica que se vende a los neófitos y a los turistas inocentes, deseosos de presenciar un cuadro folklórico y pintoresco, ciertamente rústico y de mal gusto, pero al menos, a su manera de ver en primera instancia, lleno de color y de un cierto
Al contrario, al entrar en la plaza, los asistentes de buen corazón pronto se dan cuenta de su crasa equivocación, al presenciar que una corrida no es otra cosa que el espectáculo abierto y obsceno de la tortura sangrienta, codificada, metódica y prolongada de un animal inerme, indefenso, y abandonado a su triste suerte entre las garras de una turba de verdugos ruines y ensañados que se pavonean y se libran con goce indescriptible a su feroz escabechina al son de Paquito el chocolatero, fúnebre paso doble que, en palabras del escritor Christian Laborde, es el Pajaritos a volar de los aficionados taurinos caídos en un doble transe, el éxtasis extraño que les prodiga el profuso derramamiento de la sangre combinado al flujo inagotable de la manzanilla, del vino, de la cerveza, del mosaico pletórico de brebajes espiritosos que embuchan con una avidez y una delectación que solo encuentran paralelo en las cantidades absorbidas, muy propias éstas para inundar de nueva cuenta el mítico establo de Augias.
Es en este marco tan particular que los cándidos asistentes de ocasión constatan, sin mucho tardar, que la llamada fiesta brava no es más que una técnica altamente sofisticada de tortura, comparable a las que se emplean con los humanos en ciertas circunstancias, capaz de transformar a una persona digna y entera en una piltrafa humana a la que se puede manejar como se quiera, pues el toro, contrariamente a las simplezas que cuentan los entusiastas de este tipo de prácticas, no es un objeto inanimado cuyo único fin sería satisfacer sus apetitos de recreación y placer personal, sino un mamífero superior, dotado de un sistema nervioso central; un ser altamente evolucionado y perfectamente capaz de sentir dolor, al mismo nivel y con la misma intensidad que nosotros. Esta verdad es tan dolorosamente evidente que ni siquiera la desarrollaremos en este espacio, pues el simple hecho de plantearlas supondría cuestionarlas, lo cual no ha lugar.
Las corridas están rodeadas de todo un aparato lexical y pseudo simbólico altamente rebuscado, pero como veremos enseguida, nada en este mísero espectáculo es genuino, sino tan solo la agonía indescriptible y la ignominiosa muerte del pobre individuo que se convierte en su víctima en turno.
Así pues, si usted no conoce estos espectáculos y quisiera saber más acerca de su desarrollo y naturaleza, le ahorraremos mucho dinero, vivas desazones y una profunda vergüenza relatándole enseguida todos sus pormenores.
Como complemento visual a nuestra exposición podrá usted visionar igualmente una serie de documentos, fotografías y videos captados en el lugar mismo, que ilustran con plena claridad y lujo de detalle lo que se argumenta a continuación, y ejemplifican gráficamente la apremiante urgencia de erradicar, o como lo decía más acertadamente el sacerdote y filósofo Juan Balmes (1810-1848), extirpar de nuestras sociedades y para siempre estas prácticas repugnantes y vergonzosas.
comienza el festejo
Previamente al inicio de la corrida, el toro es encerrado en un cajón obscuro llamado chiquero, siniestro preámbulo que tiene el efecto de aterrorizarlo a través de diferentes procedimientos ilegales pero igual llevados a cabo de manera regular y ordenada.
Hay que saber que antes de ser transportados a dicho lugar, los toros han vivido toda su vida en campo abierto, rodeados por otros individuos en su medio natural, del que han sido arrancados repentinamente para ser encerrados en cajones de madera de menos de 2 metros cuadrados, donde no tienen ninguna posibilidad de moverse. En semana santa y verano, los camiones están sobrecalentados, y los animales, amontonados sin agua ni comida, pierden de 30 a 50 kilos durante el traslado; algunos de ellos son hallados muertos de asfixia al llegar al chiquero. Enseguida, serán sacados del camión con la misma delicadeza con la que fueron embarcados en él: a golpes de chorros de agua, de palos y tubos, patadas e injurias. Dato macabro: en Francia, los exámenes veterinarios revelan que la mitad de los toros masacrados en las corridas estaban gravemente enfermos. Por ejemplo
el representante taurino Kiko Matamoros, blandiendo un cuerno afeitado y que presentaba otras manipulaciones, recogido por él mismo en una arena de Benalmadena, afirma que el comportamiento del toro es además modificado por una serie de substancias, como los anabólicos, y cuenta que una vez vio un toro entrar en el ruedo con una jeringa todavía clavada en el lomo (escena mostrada por el veterinario José Mª Cruz en un video). ¡Sin comentarios! Enseguida declaró su pavor de un toro drogado, pudiendo ser más peligroso al desconocerse la reacción del mismo. Insensatamente, el matador Curro Matola abunda en la cuestión afirmando que tal cosa seria de locos porque como podría reaccionar un animal drogado, sería una incógnita el comportamiento de un toro en esas condiciones (sic); esto no es más que otra prueba más de que el pseudo arte taurino no es más que una técnica refinada de artificios y sistematismos calculados y preestablecidos, es decir una vulgar, metódica y repetitiva manufactura.
Así pues, para mantener su mito y convencer al público de la supuesta ferocidad del animal, los tauricidas se refieren al toro como una a una bestia brava y salvaje, cuando en realidad, como cualquiera que lo ha visto de cerca lo sabe, es al contrario un animal doméstico más bien manso y sociable por naturaleza, un gigantón gentil y bonachón que no tiene carácter fuerte y menos aun agresivo, salvo como cualquier animal, cuando se encuentra en estado de desafío territorial, y/o confrontado a la agresión (como prueba recordemos la anécdota del ya citado Curro Matola, quien frente a las cámaras acariciaba a un toro mientras decía con desenvoltura a un periodista: «Es uno de mis mejores amigos; se llama Temple, y lo crié con biberón. Nació aquí en casa». Matola hasta besa al toro, antes de añadir con orgullo ahora ha crecido, y es un toro bravo; no deja de ser un toro bravo, y pues entonces hay que llevar el cuidado lógicamente que se tiene que llevar con un animal de estos. Vuelve a acariciarlo, le coge ambos cuernos y se pone a jugar con ellos, balanceando la cabeza del plácido animal, ese mejor amigo que acabará sus días en un ruedo…).
En estas condiciones, 24 horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro en las tinieblas para que al soltarlo la luz y el barullo de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la falsa imagen que se quiere dar del toro, es decir la de una bestia brutal y acometedora (durante un coloquio universitario en México, un especialista taurino, frente a una audiencia compuesta por veterinarios, zoólogos y etólogos, se atrevió a afirmar que el toro es un depredador...). Muy al contrario, por su naturaleza misma de bovino herbívoro, la tendencia natural del toro, evidentemente, es huir, no atacar.
Como lo indica la hitoriadora Élizabeth Ardouin-Fugier en su magnífico estudio Historia de la corrida en España, del siglo XVIII al siglo XXI, la mentada bravura del toro es un producto en gran parte artificial de la selección zootécnica… contraria a la probabilidad general de la repartición estadística de la bravura en su especie, es decir de una aptitud relativamente rara», concluyendo que el toro de combate es un animal desnaturalizado. Sin duda, nuestro especialista arriba eludido tenga la original concepción de que los toros son cazadores de las sabanas africanas.
Sin embargo, además del estado de angustia y desorientación que sufre el toro al salir a la luz del ruedo, se encuentra de antemano ya disminuido y ansioso, pues en el chiquero ha sido objeto de ciertos cuidados especiales por parte de los artistas del toreo. De hecho está ya debilitado, pues para entonces lo han golpeado repetidamente en los testículos y los riñones, a patadas y dejándole caer costales de arena de cien kilos estando inmovilizado, y le han inducido diarreas al poner laxantes, sales y sulfatos en la comida que se le ha proporcionado; es la razón por la cual a menudo los toros salen al ruedo completamente batidos. En 1985-86, impresionado por las abundantes diarreas y la descoordinación de movimientos de los animales, el Dr. Andrés Martínez Carrillo, veterinario titular de Colmenar Viejo y de la plaza de toros de Las Ventas, estudió muestras de asas intestinales y jugos gástricos recogidas inmediatamente después del arrastre del toro, poniendo en evidencia el empleo de unos 25 kilos de sulfato de sosa y sulfato de magnesio, o sal de Epson en cada animal sacrificado durante las ferias; cuatro o cinco kilos de sal de Epson por toro de este laxante - advierte Martínez Carrillo, es una cantidad brutal.
Por otro lado, le han sido untadas masas de grasa o vaselina en los ojos para nublar su visión (otras veces se le inyecta tinta china en los globos oculares o se le rocía con aerosol paralizante...), se le han tapado las fosas nasales con algodones y sus oídos con papel periódico mojado. En las patas, se le han clavado astillas entre los pesuños o se le ha aplicado alguna substancia abrasiva como aguarrás, que le produzca ardor, escozores, y le impida mantenerse quieto, lo que facilitará que el torero no desluzca en su actuación frente a un toro que, en condiciones normales, no tendría la menor iniciativa de atacarle.
Por si las dudas, para proteger al valeroso torero, se ha tenido la precaución de afeitarle los cuernos al toro, es decir recortárselos con sierras y lijas, a sabiendas que no son otra cosa que huesos vivos. Evidentemente, además de lo intensamente doloroso de esta operación de unos 25 a 30 minutos de duración (se serruchan y liman 5 a 10 cm de cuerno sin anestesia alguna, el equivalente a que se nos hiciera esto en los dientes...), el toro pierde con ello orientación y a la hora del combate no es capaz de apuntar bien al objetivo en el momento de embestir. Cabe resaltar, siempre en lo que concierne a la lima de cuernos, que se dispone de necropsias efectuadas por la Facultad de Veterinaria de la UNAM a petición de la Delegación Benito Juárez de la ciudad de México, en lo referente a animales lidiados en la Plaza México; los resultados, muy evocadores y contundentes, demuestran que todos los animales analizados habían sido afeitados, ¡pero también que ni siquiera cumplían con la edad requerida para la lidia!
Otra precaución tomada en cuenta, es que se le han colgado sacos de arena en el cuello durante horas y/o le han golpeado el lomo con láminas y maderos. Asimismo, a menudo se le ha introducido una aguja rota en los genitales para impedir que se siente o se acueste, lo que por supuesto, aunado a todo lo precedente, hace que el toro esté ya muy cansado y alterado al entrar a la refriega, y lo obligará a mantener la cabeza baja durante la faena.
Finalmente, cuando por fin lo van a soltar, poco antes de echarlo al ruedo, le clavan en el lomo una roseta colorida; es el primer arpón de puntas aceradas del que será víctima, conocido como la divisa.
Esto no es lo último que se le clavará en este estado, pues aún falta un detallito más: uno o dos piquetillos sigilozamente administrados correspondientes a la inyección de algún medicamento fraudulento que ayude a mermar al toro, a aminorarlo, a vaciarlo de su energía vital. Nunca se es demasiado prudente. He aquí pues algunos de los productos con los que la canalla taurina aturde discretamente al toro: fenilbutazona, rompun (de Bayer, que se traduce en un sedado sin estado cataléptico y una relajación muscular generalizada, así como el ralentizamiento del ritmo respiratorio de duración variable según la dosis), vetranquil (Lathevet), sernylan (Parke-Davis), parkersernyl (Parke-Davis), y tantos otros. El arriba citado Dr. Martínez Carrillo menciona todavía el combelén, un hipnotizante y tranquilizante derivado de la fenotiacina, que por cierto es empleado por la mayoría de los contratistas de las cuadras de picar para drogar a sus caballos…
te gustaria estar en el lugar del toro?
Ya hemos dicho que tratando impúdicamente de justificar sus inaceptables actos, los taurinos pretenden que los toros no sienten; cualquiera que ha visto un toro en el campo nota de inmediato que al menor contacto de un insecto el animal se sacude o espanta al parásito con la cola o un movimiento brusco del pellejo, esto a pesar de su espeso pelaje y gruesa piel. Uno se pregunta por qué toman los taurinos a sus interlocutores cuando quieren hacerles creer que un toro no siente los tremendos arpones de las banderillas, o la espada que le atraviesa y desgarra las entrañas de par en par. Es que, además de su crueldad salaz y su profundo egoísmo, la falacia y la mala fe son otros atributos característicos de estos individuos, que están dispuestos a lo que sea con tal de gozar con el objeto de su mórbida perversión.
Pero bueno, como hemos visto previamente, alevosamente manipulado, golpeado, herido, deshidratado, enclaustrado, cegado y completamente desorientado, y ya sufriendo del dolor intenso que le produce la divisa ensartada en los músculos del lomo, el toro, con la vista nublada por la grasa, recorre al galope el ruedo, deslumbrado y medio cegado, en una actitud de furia aparente.
En realidad, cuando el toro desemboca en el ruedo es un animal inquieto o aterrorizado que, herido y desorientado en un lugar extraño, busca desesperadamente una salida.
el picador y los puyazos
El picador es un individuo extraño cuya función es clavar una y otra vez una temible lanza, llamada pica, en el cuello del toro, delante de la cruz. La teoría indica que de dicha lanza «solo» debe penetrar en el cuerpo del toro la punta de acero, que mide de 3 centímetros de largo, pero es evidente
que de la violencia de la confrontación y el choque resulta que siempre se le clavan igualmente los 11 centímetros que siguen hasta el tope del arma, lo que representa heridas nada menos que de 14 centímetros de profundidad y hasta 40, es decir casi medio metro, de extensión, que producen al toro un dolor intensísimo y que lo destrozan por dentro.
los rejones
Cuando a pesar de todas estas impensables agresiones, (¡o como consecuencia de ellas!) el toro persiste en su conducta mansa y huidiza, se recurre a lo que se conoce como rejón, en especial a una variante llamada de castigo, una espantosa cuchilla con hendiduras cortantes que causa incisiones y heridas tan abominables, que el toro se verá obligado a responder como sea, si no por furia, al menos por miedo
También existen otros motivos fisiológicos que entran en juego en este proceder, como lo explica con sorprendente brío un especialista taurino mexicano.
info:
La corrida de toros es un espectáculo que consiste en lidiar varios toros bravos, a pie o a caballo, en un recinto cerrado para tal fin, la plaza de toros.
En la lidia participan varias personas, entre ellas los toreros, que siguen un estricto protocolo tradicional, reglamentado regido por la intención estética; sólo puede participar como matador el torero que ha tomado la alternativa. Es el espectáculo de masas más antiguo de España y uno de los más antiguos del mundo. Como espectáculo moderno realizado a pie, fija sus normas y adopta su orden actual a finales del siglo XVIII en España, donde la corrida finaliza con la muerte del toro.
Las corridas de toros son consideradas una de las expresiones de la cultura hispánica. Se practican también en Portugal (donde no se le da muerte al toro en la plaza), en el sur de Francia y en diversos países de Hispanoamérica como México, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Costa Rica, Panamá y Bolivia.
Las corridas pueden clasificarse, según la edad y el trapío del toro que se lidia, en becerradas, novilladas y corridas de toros propiamente dichas, y pueden desarrollarse a pie o a caballo. Si se ejecutan las suertes a caballo, el festejo recibe el nombre de corrida de rejones o rejoneo. Cuando se combinan ambas disciplinas en un mismo festejo, se denominan corridas mixtas.
origenes e historia
Desde tiempos inmemoriales, recorrían los pueblos de España los llamados «matatoros» o «toreadores», divirtiendo al público (y cobrando por ello) mediante la práctica del toreo a pie de forma más o menos rudimentaria (sorteando o recortando a los toros, dándoles lanzadas o saltos, etc.). Además, estaban los pajes que, como parte de su servicio, ayudaban a los caballeros a lancear o rejonear a caballo, realizando los quites cuando fuera necesario. Con la prohibición de torear a caballo que en 1723 Felipe V impuso a sus cortesanos, los modestos matatoros y los pajes empezaron a torear por su cuenta en las ciudades más importantes y a desatar el entusiasmo del gran público.
Aunque la lidia de toros se practica desde muy antiguo, en la segunda mitad del siglo XVIII se produjeron en España una serie de novedades en su práctica que dio lugar a las corridas de toros en su sentido moderno:
El toreo a pie sustituye al de a caballo.
Los protagonistas ya no son caballeros pertenecientes a clases altas, sino gente del pueblo que se profesionaliza y cobra por su actuación.
Nacen las ganaderías bravas y se comienza a seleccionar los toros para la lidia, frente a la situación anterior de mera espontaneidad.
Se construyen las primeras plazas de toros como edificios permanentes destinados al festejo.
Se escriben las primeras tauromaquias, que fijan la técnica y las normas y van definiendo el arte de torear.
Existieron dos corrientes regionales de cuya combinación surgió el toreo a pie: el ámbito vasconavarro y el andaluz. La tauromaquia vasconavarra se basaba en los saltos, en los recortes y en las banderillas, sin mayor sofisticación, mientras que la andaluza se desarrollaba con lienzos y capas para engañar a los toros. Durante algunas décadas ambos estilos se disputaron la primacía del público, saliendo victorioso el modelo andaluz. De la tauromaquia vasconavarra dejó constancia gráfica Francisco de Goya, que presenció los saltos de garrocha de Martincho, del licenciado de Falces o de Juanito Apiñani en las plazas de Zaragoza y de Madrid. La actual suerte de banderillas es el único legado que ha perdurado de aquel toreo navarro en las corridas de toros, si bien siguen muy vivos los espectáculos de saltos y recortadores en festejos populares.
Con diversas variaciones, se van estableciendo a lo largo del siglo XVIII todos los elementos de las corridas modernas. Se considera al rondeño Francisco Romero el padre del toreo moderno. Romero, fundador de una célebre dinastía, había tomado parte en las últimas corridas caballerescas. Inventó la muleta, dividió la lidia en tres tercios (varas, banderillas y muerte) y subordinó la cuadrilla a las exigencias del diestro. Sin embargo, será su hijo Juan Romero y sobre todo Pedro Romero (nieto de Francisco), Pepe-Hillo y Costillares, las primeras figuras conocidas, quienes ya en la década de los setenta del siglo XVIII impongan de forma definitiva su visión del toreo frente a la tradición navarra, muy semejante ya a la actual.
Una vez decantado el toreo en favor de la idea andaluza, surge una nueva disputa entre toreros andaluces a finales del siglo XVIII: los partidarios del estilo rondeño y los del sevillano. Ambos se basaban en el toreo con capa, pero discrepaban en la finalidad de la lidia: para los rondeños lo fundamental era la estocada, por lo que todo se supeditaba a la preparación de la muerte del toro. Cuantos menos capotazos mejor, para no agotar al toro y poderlo matar recibiendo (no conocían el volapié). En cambio, los sevillanos consideraban que lo importante era lucirse con la capa, mientras que la muerte era solo una forma de poner fin a la faena cuando el toro ya estaba agotado. Costillares inventó la verónica y el matar a volapié (fundamental, para poder dar muerte a toros aplomados tras numerosos pases). También logró supeditar la labor de los picadores a las necesidades de la lidia a pie
siglo XIX,XX,XXI
Este primer periodo triunfal de la fiesta llega a su fin con la Guerra de la Independencia Española. Tras la guerra, retiradas o desaparecidas las grandes figuras anteriores, tiene lugar un periodo de decadencia de la fiesta. Pero en la década de 1830 aparece otra gran figura del toreo, "Paquiro", conocido como el «napoleón de los toreros», quien une a la escuela rondeña y sevillana y demuestra que ambas son compatibles, es decir, que efectividad y brillantez pueden aunarse en la lidia. Le siguen "Cúchares", "Lagartijo" y "Frascuelo", quienes dieron a la corrida la estructura definitiva que se mantiene hasta el presente. Rafael Guerra "Guerrita", que se inició en la cuadrilla de Lagartijo, le sucedió como gran figura y dominó absolutamente la fiesta de los toros durante la última década del siglo XIX
Este primer periodo triunfal de la fiesta llega a su fin con la Guerra de la Independencia Española. Tras la guerra, retiradas o desaparecidas las grandes figuras anteriores, tiene lugar un periodo de decadencia de la fiesta. Pero en la década de 1830 aparece otra gran figura del toreo, "Paquiro", conocido como el «napoleón de los toreros», quien une a la escuela rondeña y sevillana y demuestra que ambas son compatibles, es decir, que efectividad y brillantez pueden aunarse en la lidia. Le siguen "Cúchares", "Lagartijo" y "Frascuelo", quienes dieron a la corrida la estructura definitiva que se mantiene hasta el presente. Rafael Guerra "Guerrita", que se inició en la cuadrilla de Lagartijo, le sucedió como gran figura y dominó absolutamente la fiesta de los toros durante la última década del siglo XIX.
Las nuevas figuras del toreo, algunas de ellas triunfadoras ya desde la década de 1990, presentan gran diversidad en su estilo y proyección: personalidades tan particulares y de técnica tan depurada como César Rincón, colombiano que abrió 5 veces la puerta grande de Madrid, Enrique Ponce, Julián López "El Juli", Manuel Jesús "El Cid", Cayetano Rivera Ordóñez, Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera o José Tomás, quién el 5 de junio de 2008 batió un récord de 36 años en la plaza de Las Ventas, al cortar las cuatro orejas de sus dos toros en una misma tarde, han llevado el toreo al siglo XXI.
Prticipantes:
Matador de toros: también conocido como diestro o espada, es aquel torero que ha recibido la alternativa y que, en la lidia, realiza la parte principal de la faena y mata al toro con el estoque. Es sin duda el personaje central en una corrida de toros. Según las características de la lidia (a pie o a caballo) se les llama "toreros de a pie" o rejoneadores. El torero de a pie es el responsable sostener la lidia al toro con el capote, llevarlo al caballo, realizar la faena con la muleta y darle muerte. Los matadores de toros comienzan su aprendizaje toreando erales, generalmente a una temprana edad. Aproximadamente dos años después comienza su etapa como novillero, el que lidia novillos debido a su menor tamaño y fuerza con una edad de 3 años y un peso aproximado a los 400 kilos. Por último, se convierten en matadores tras tomar la alternativa, la cual es concedida por otro torero.
Banderillero
MatadorSubalternos: Personal que ayuda al matador en lo que necesite y en las situaciones que les están permitidas (ocasionalmente llevar al toro a un punto determinado, distraer al mismo durante el cambio de espada entre otras actividades). Lo forman los banderilleros, los picadores y el mozo de espadas. Al conjunto formado por los subalternos y el matador se le denomina cuadrilla.
Banderilleros: Actúan en el segundo tercio de banderillas y, cuando no lo hace el propio matador, son los encargados de la colocación de los pares de banderillas.
Mozo de espadas: Es la persona que colabora directamente con el matador, su labor es ayudar al cambio de muletas, capotes y espadas.
Picador: Es la persona que, montada a caballo, utiliza una vara larga con una punta metálica (puya) para castigar al toro y producir desgarramiento de los tejidos ubicados en la cruz del mismo con el objetivo de probar su bravura, detectar sus características y evitar que el animal embista levantando la cabeza.
Personal de la plaza: Son aquellas personas que colaboran en la plaza haciendo posible la celebración de esta fiesta. Entre ellos destacan los taquilleros, los colocadores, el personal del callejón, los paramédicos, el torilero y los areneros.
Presidente: Es aquella persona que preside un festejo, generalmente un representante de la municipalidad donde se efectúe. Se encarga de mantener el orden en la plaza y entre sus funciones se encuentran la de ordenar el comienzo del festejo, los cambios de tercio y otorgar los premios –orejas y rabo– a los matadores.
Alguacilillos: Son los agentes encargados de transmitir las órdenes del presidente durante las corridas. Es su función principal recoger la llave de los toriles, entregar los premios a los toreros y preceder a las cuadrillas durante el paseíllo.
Monosabios: Son los mozos que acompañan y ayudan al picador en la plaza, sobre todo cuando el toro derriba al caballo para evitar que ni el picador ni el caballo resulten heridos.
Mulilleros: personal a cargo del tiro de mulillas con las que arrastran el cuerpo muerto del toro para sacarlo de la plaza.
Areneros: Mozos encargados de mantener en condiciones adecuadas el albero de la plaza. Tienen su importancia, como lo ilustra el hecho de que desfilen en el paseo de cuadrillas.
lidia a pie
La salida en hombros es una recompensa tras una buena actuación.El tipo de corrida más extendido actualmente, la corrida española, tiene como fin principal llevar el toro a muerte (en Portugal el espectáculo termina con la suerte de muleta) mediante la presentación de diversos lances de estilo coreográfico que el encargado de la lidia (torero, rejoneador) induce al toro de manera que parezca coordinada y permitan el lucimiento del mismo. Para este fin se ocasiona al astado pinchazos con instrumentos que varían en longitud y se distinguen por la intención de los mismos (las banderillas, además de ocasionar el sangrado en el toro, adquieren valor en cuanto adornos; las varas de pica, con una punta reglamentaria de 6 a 8 cm, se utilizan para dosificar la fuerza del toro y medir su bravura).
Si bien la corrida culmina casi siempre con la muerte del toro, que se causa con un estoque de dos, tres o hasta cuatro canales, que reglamentariamente tiene que ser menor de 80 cm, que se clava entre los omóplatos del toro para llegar al corazón y que la muerte sea instantánea. No siempre se consigue a la primera, al necesitarse mucha precisión. Si no se consigue en dos o tres veces, se toma un estoque con un tope cerca de la punta y se clava entre las cervicales del toro, con el fin de cortar la médula espinal («descabello»). Si el toro cae pero no muere, un mozo le da la puntilla, con un puñal corto, del mismo modo que en el descabello. En ocasiones, donde el reglamento de la plaza lo permite y a petición del torero o el público, antes de dar muerte al toro, en casos de bravura y porte particularmente distintivos, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se lo mata sino que se devuelve a los corrales para que regrese al campo como semental.
Por lo general en un evento taurino se lidian seis toros (casi siempre de una misma ganadería) por parte de tres matadores, aunque también se ofrecen eventos con dos matadores (llamados "mano a mano" eventos con cuatro, eventos de seis matadores (en los que corresponde un ejemplar a cada uno) o encierros con uno sólo matador. En el siglo XIX, las corridas podían tener muchos más matadores y toros.
orden de la corrida
Cogida de un torero, Antonio Ferrera. En la mayoría de los casos las heridas por asta de toro se producen en la región antero-interna del muslo, en el triángulo de Scarpa o también conocido como el triángulo de los toreros.La corrida comienza con el paseíllo, en el que desfilan los matadores seguidos de sus cuadrillas y del personal de la plaza de toros.
Una corrida de toros se divide en tres partes, denominadas "tercios" y 2 suertes (de capote y de muleta):
1.Tercio de varas. Durante el tercio de varas el matador torea con el capote y el toro recibe una serie de puyazos en el morrillo (zona abultada entre la nuca y el lomo del toro) por parte del picador. El objetivo de estos puyazos es medir la bravura del toro y su disposición a la embestida, además de dosificar la fuerza del toro para facilitar la posterior labor del matador. En la antigüedad era esta suerte la más esperada por los espectadores, siendo los toreros de a pie sólo auxiliares de esta labor, con el paso del tiempo estos últimos cobraron mayor fama entre la multitud y la lidia comenzó a girar en torno a su labor, pasando a ser los protagonistas del espectáculo ya a mediados del siglo XVIII, si bien la nobleza continuaba prefiriendo el toreo a caballo, de lo que se separó el toreo de rejones.
1.Suerte de capote (más comúnmente conocido como "tercio de quites". La faena a capote la desarrolla el torero para medir la embestida del toro así como su fuerza y disposición. Es más apreciada en América que en España. Existen diferentes estilos de uso indistinto en la lidia; los lances de verónica, chicuelina y las gaoneras (así llamadas por haberlas inventado el mexicano Rodolfo Gaona) son los de uso más común, si bien hay muchos otros.
2.Tercio de banderillas. Durante este tercio los banderilleros clavan sobre el lomo del toro unos adornos llamados comúnmente banderillas o rehiletes (instrumentos consistentes en una vara de madera adornado con flecos de papel de colores con un arpón en la punta).La función de dichos instrumentos es la de avivar al animal, tras el tercio de varas, por el movimiento de las mismas. De ahí el termino, menos conocido, de avivadores.
3.Tercio de muerte. Durante este tercio tiene lugar el enfrentamiento del matador con el toro. El matador realiza la faena de la suerte de muleta y posteriormente le da muerte con el estoque.
1.Suerte de muleta. Esta suerte es solo efectuada por el matador de toros, pudiendo ser sustituido por el alternante de más antigüedad solo en caso de verse impedido a terminar el tercio si ha sufrido algún percance. Los lances más comunes son: el natural (abierto y con la mano izquierda) y el derechazo (con la derecha y la espada en el paño de la muleta para extender la superficie del mismo), además del remate de pecho.
Una vez que el matador ha demostrado su maestría con el toro, que para ahora está casi anulado, se prepara para matar. Este es el momento culminante de la lidia. El matador se asegura de que la posición del toro sea la ideal para la estocada, o sea con las patas delanteras juntas. Entonces se acerca al toro, se estira por encima de los cuernos y le clava el estoque entre los omóplatos, tratando al mismo tiempo de evitar cualquier sacudida repentina de los cuernos. La estocada perfecta corta la aorta y provoca la muerte casi instantánea del animal, si bien una mayoría de veces se precisan reintentos hasta acertar la arteria. En algunos casos se requiere el golpe de gracia en la nuca.
Los toros son capaces de matar hasta en sus últimos momentos. En los años 80, el matador de veintiún años conocido por el nombre artístico de Yiyo, se giró hacia el público tras dar la estocada. El toro lo embistió y con uno de sus cuernos perforó mortalmente el corazón del desventurado torero.
En la corrida: una especie de toro diferente
El verdadero toro salvaje desapareció de su último reducto en los bosques de Europa central en el siglo XVII, pero debido a la cría selectiva de toros de lidia, el toro salvaje español ha sobrevivido durante los últimos trescientos años. La principal diferencia entre un toro salvaje y uno doméstico es la manera de reaccionar cuando se ve amenazado. El toro bravo de origen español seguirá atacando sin cesar mientras algo o alguien se mueva en frente de él.
Esta característica es la esencia misma de la tauromaquia, razón por la que los ganaderos españoles tratan de mejorarla constantemente. Los toros llevan una existencia placentera durante cuatro años hasta el momento decisivo en el que se ven empujados hacia la arena. Aunque antes de saltar a la arena el toro bravo nunca ha visto un matador ni un capote —de lo contrario, jamás olvidaría las técnicas empleadas y eso lo haría demasiado peligroso—, su instinto lo lleva a embestir el trapo que se mueve, sea rojo o de cualquier otro color (los toros no distinguen los colores).
lidya a caballo
Corrida de rejones.Artículo principal: Rejoneo
Conocida también como corrida de rejones o rejoneadores. Se divide en los mismos tercios que la faena a pie, si bien la suerte de capote se sustituye por corridas del rejoneador frente a toros, de igual forma para medir su fuerza. Las banderillas las coloca el rejoneador desde el caballo, utilizando el rejón de muerte de esta misma forma. Además se colocan los rejones, adornados con diversas divisas y colores. Una vez muerto el toro, el público expresa su opinión sobre la faena, agitando en el aire un pañuelo blanco si ha sido de su agrado o "pitando" (emitiendo silbidos) en caso contrario. A petición del torero, antes de dar muerte al toro, y sólo en casos de extraordinaria bravura, porte y trapío, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se mata al toro sino que se devuelve a los corrales para que regrese al campo como semental. Para el indulto se tiene muy en cuenta las veces que el toro asistió al caballo de picar. Una vez muerto el toro, este es arrastrado por unas mulas (el llamado "tiro de mulillas" hasta el desolladero.
caracteristicas locales
En plazas de toros como las de Almería, Albacete, Granada y Tarragona, entre otras muchas, es costumbre hacer una pausa de quince minutos para el condumio del público, pudiéndose ver alimentos de todo tipo, desde jamones o queso, hasta paellas o callos, todo en función de la gastronomía típica del lugar.
En algunas plazas (el caso más conocido es el de Pamplona, España con los Sanfermines) los toros correspondientes al festejo del día son enviados a la plaza mediante el llamado el encierro, que tiene lugar por las calles de la ciudad.
En México, el torero da la vuelta al ruedo, para recibir el reconocimiento del público, en sentido contrario al recorrido que realiza en España. En temas musicales, el coso de la Avenida de Insurgentes abre siempre plaza bajo los sones del pasodoble "Cielo Andaluz"
En la Plaza de Toros de Zaragoza, y en algunas otras repartidas por toda la geografía española, es típico entonar una jota con la salida del último toro que se haya de lidiar. La banda de música arranca a tocar bajo el acompañamiento musical de las palmas de todos los tendidos. El matador actuante en ese toro suele aprovechar para mostrar su repertorio capotero.
En la plaza de toros de Las Ventas de Madrid durante la ejecución brillante de las faenas, no se hace sonar la banda de música, sino que únicamente toca cuando el matador da una vuelta al ruedo o entre la lidia de un toro y otro. La causa se remonta a los primeros tiempos de la Monumental cuando los partidarios de Domingo Ortega y de Marcial Lalanda se enfrentaron, tratando de acallar a la banda cuando hacía sonar el pasodoble de su contrario. Para evitar que se repitiese, se adoptó la decisión salomónica de que la banda permaneciese en silencio durante las faenas.
En Costa Rica en los diferentes pueblos hay plazas de toros, en las cuales durante las fiestas patronales hacen campeonatos de monta de toro. En los festejos populares de San José, Costa Rica (capital del país) que comienzan el 25 de diciembre y finalizan el primer domingo del año, muchos costarricenses ingresan a la plaza de toros para ser preseguidos y embestidos por el toro. Se les llama comunmente toreros improvisados. También practican la monta. Hay populares cimarronas amenizando las corridas que se hacen a las 3 de la tarde y a las 9 de la noche. Las corridas de "toros a la tica" son transmitidas en vivo por las principales televisoras del país.
Representación de Manet.Artículo principal: Matador de toros
El estilo de los matadores de toros ha sufrido una notable evolución técnica y estética a lo largo de sus tres siglos de existencia como espectáculo moderno. Ha variado la técnica y la estética, a la par que el carácter de los toros, sin lo cual dicha evolución habría sido imposible. Se suelen distinguir dos grandes periodos: el de la vieja lidia (siglos XVIII y XIX), que finaliza a principios del siglo XX con Joselito y Belmonte, y la que se inicia a partir de ellos dos, en la llamada «edad de oro» (década de 1910). Hasta entonces, tiene gran importancia el primer tercio (varas) y mucho menos la faena de muleta. El estoque era también fundamental. Hay mucho movimiento de pies y poca quietud ya que, como sentenció Lagartijo, «o te quitas tú o te quita el toro». Posteriormente, con el nuevo toro que va siendo seleccionado a partir de Joselito, que se adapta mejor a los nuevos gustos del público, permite una lidia mucho más artística: va adquiriendo entonces gran importancia el tercio de muleta.
Dos tipos de toreros dividen a la afición: por un lado, los toreros técnicamente poderosos, que dominan en todas las suertes y mandan en todas las facetas. Joselito fue su paradigma. Por otro lado, una nueva estética, estilizada, que trata de acercarse más y torear con los pies quietos, con Belmonte a la cabeza.
La revolución técnica de Joselito y la estética de Belmonte se consolida durante la llamada edad de plata (desde la muerte de Joselito en 1920 hasta la guerra civil española). Pero fue Manolete quien llevó todos esos cambios a la máxima expresión tras la guerra civil y que, con los toros antiguos, solo podían realizarse muy de tarde en tarde. Supuso un antes y un después para los toreros, y marcó el camino a todos los matadores que le sucedieron, ya que aunó la quietud más absoluta con el toreo en redondo ligado con las manos por abajo, que sigue siendo actualmente el paradigma del buen toreo.
si estas de acuerdo con esto sube un post igual y deja comentario...
juntos organizaremos una campaña contra las corridas de toros y haci terminrr estas matanzas,, si estas conmigo agregame a messenger vengador_95@live.com.mx y asi terminar esto.. juntos daremos un alto