Los seres humanos -y los seres vivos en general- tienen una característica en común que los define y los unifica; por dentro todos somos feos, sin excepción. Todos tenemos tripas y cosas pegajosas y asquerosas.
No obstante, esas cosas devenidas en órganos, aparatos y sistemas son las que permiten el correcto funcionamiento de todo y –en teoría- de todos.
Todas y cada una de ellas son únicas y maravillosas a la vez, porque trabajan en conjunto para garantizar el correcto funcionamiento del ser.
Existen así mismo, seres que tienen una facilidad pasmosa para exteriorizar esa fealdad interna. Esa asquerosidad enmascarada por debajo de capas de piel y tejidos
Lo hacen a través de agresiones, manifestaciones físicas y verbales. Buscan esconder sus propias frustraciones atacando al prójimo, volcando toda la porquería interna en gestos, palabras y acciones.
Pienso en esto cuando leo algunos comentarios en temas y post, cuando salgo a la calle, cuando intento comprender, pobre de mí, el accionar humano como ser social.
No obstante, esas cosas devenidas en órganos, aparatos y sistemas son las que permiten el correcto funcionamiento de todo y –en teoría- de todos.
Todas y cada una de ellas son únicas y maravillosas a la vez, porque trabajan en conjunto para garantizar el correcto funcionamiento del ser.
Existen así mismo, seres que tienen una facilidad pasmosa para exteriorizar esa fealdad interna. Esa asquerosidad enmascarada por debajo de capas de piel y tejidos
Lo hacen a través de agresiones, manifestaciones físicas y verbales. Buscan esconder sus propias frustraciones atacando al prójimo, volcando toda la porquería interna en gestos, palabras y acciones.
Pienso en esto cuando leo algunos comentarios en temas y post, cuando salgo a la calle, cuando intento comprender, pobre de mí, el accionar humano como ser social.