Que triste es vivir en soledad
Ella estaba sentada en un banco, sola, era una mujer de unos 70 años. Yo la observaba desde el interior de mi coche, mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde. En aquellos diez segundos pude comprobar el desgarro que supone vivir en completa soledad, pues aquella anciana no es que únicamente estuviera sola, sino que además lo que hacía era hablarle a un osito de peluche que agarraba con fuerza entre sus brazos.
No sé si aquella mujer había llegado hasta ese extremo por tener Alzheimer, no sé si sufría alguna demencia... pero aquella escena me llevo a pensar lo triste que debe ser vivir en un mundo sin compañía, sin la motivación de amigos, esposo/a, familiares... en un reduccionismo total. Pasar los días en soledad es muy duro porque uno pierde toda la dosis (fuera mucha o poca) de protagonismo que tenía en la vida de los demás, y lo único que mantiene despierta la atención y el pasar de las horas es la radio, la televisión, el perro, la gata... y hasta incluso un ser inerte como lo es un osito de peluche.
Es cierto que todos necesitamos de nuestros momentos de soledad, ya sea para desconectar del ruido diario, ya sea para detenernos a reflexionar por dónde vamos y qué es lo que realmente está sucediendo en nuestra vida o incluso simplemente para dejar pasar el tiempo sin mirar el reloj. Pero ésta última es un tipo de soledad, por decirlo así, necesaria, incluso reconfortante, algo que a todos nos hace falta de vez en cuando.
Pero la otra no, la soledad en mayúsculas, la soledad que permanece oculta tras los muros de muchas de las fincas de cada uno de nuestros pueblos y ciudades... es triste, dramática, injusta. Se ha llegado al extremo de que el único consuelo que tienen muchas de las personas que viven en estas circunstancias es llamar al teléfono de la esperanza, para convencerse a si mismos de que todavía pueden hablar y ser escuchados, o apretar el botón de ese aparatito que llevan como collar para conversar con los voluntarios de caritas.
En argentina viven actualmente solas más de dos millónes cien mil personas mayores de 65 años, de los que la mitad superan los 75 años. Los números no engañan y está claro que cada vez es mayor el porcentaje de población de más edad, debido fundamentalmente al aumento de la expectativa de vida y a la disminución de la tasa de natalidad. Por lo tanto no estamos ante un problema baladí, estamos ante una realidad a día de hoy y ante un drama social que será de gran intensidad en las próximas décadas.
Nos toca entonces a cada uno de nosotros ser en primer lugar conscientes de esta situación para empezar a mirar a la gente mayor de otra manera, sacando lo positivo de todo lo que todavía nos pueden dar, aprendiendo de sus historias pasadas, compartiendo momentos con ellos, no dejando pasar días y semanas sin que nos vean... y visitarles aunque sólo sea para ofrecerles una sonrisa... porque como dijo aquel filósofo español, “la sonrisa no cuesta nada, enriquece a quien la recibe y no empobrece a quien la da; apenas dura unos momentos y, sin embargo, puede ser eterno el efecto que produce. Nadie es tan feliz que no la necesite, ni tan pobre que no la pueda dar”. Al menos eso, rompamos la soledad compartiendo alegría, porque al encontrar a una persona en total soledad es cuando uno se da cuenta de que nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como aquel que es incapaz de ofrecerla.
NO NOS OLVIDEMOS NUNCA............
DE LOS ABUELOS...........
Aprendamos a Valorarlos... Saludos y gracias.. Daniel