Mentime que me gusta
"No hay persona más fácil de engañar que aquella que desea ser engañada."
La relación entre Andrea, de veinte años, y Alejandro, de veintidós, ya no era el idilio perfecto de un año atrás. Peleas tan estúpidas como reiteradas, celos infundados (o no) y una actitud bastante más fría con respecto al sexo de parte de ella eran algunas de las causas visibles del deterioro. De todas formas, por ninguna de esas dos cabezas se cruzaba la idea de una ruptura. (Ojo que cuando digo "ninguna de esas dos cabezas" me refiero a las dos cabezas de Alejandro.)
—Este domingo me voy a San Pedro a visitar a mi tía —le dijo un día Andrea a Alejandro.
San Pedro es una ciudad que queda a unos ciento veinte kilómetros de donde ellos vivían. A Ale no le divirtió mucho la idea y consideró que no hubiese estado mal que su novia le propusiera acompañarla, pero teniendo en cuenta que ese domingo su equipo de fútbol jugaba de local y su platea lo esperaba como cada quince días, no armó quilombo.
—Bueno, que te diviertas —se limitó a responder.
En la semana posterior a la visita a su tía las peleas se tornaron más molestas que lo habitual.
"Que siempre tenes que ir a la cancha, que vos a mí no me tenes en cuenta, que no te cortaste el pelo, que sos un antipático con mis amigas, que patatín, que patatán."
El viernes discutieron más fuerte por equis motivos y el sábado no se llamaron en todo el día.
El domingo por la tarde Alejandro decidió dar el primer paso al diálogo y llamó por teléfono a su novia. "No... Andreíta se fue a pasar el fin de semana a la casa de la tía en San Pedro... ¿no te dijo?"
¡La calentura que se agarró ese muchacho! ¿Cómo se le había ocurrido irse un fin de semana sin siquiera avisarle? ¿Estamos todos locos?
Al día siguiente vuelve a ser él quien da el paso hacia el diálogo marcando su número telefónico. Andrea lo atendió con el mismo entusiasmo con el que atendería a un encuestador.
—¿Te fuiste el fin de semana y ni siquiera me lo comentaste? ¿Quién te crees que sos, nena? ¿Me tomaste por estúpido vos a mí?
—Mira, Alejandro... ahora estoy saliendo para hockey y no tengo tiempo para tus escenitas. Si querés vení a buscarme a la salida y hablamos.
Las explicaciones de Andrea en el viaje de regreso del club fueron bastante convincentes:
—Sabes que tengo muchos problemas con mi vieja, a veces se hace insoportable vivir con ella. Además, mi tía está remal porque se está separando... y vos sabes cómo la quiero yo a mi tía, que además es mi madrina... ella necesitaba compañía... yo necesitaba alejarme un poco de casa...
—Sí, está bien... ¿pero no me podías avisar al menos?
—Mira, lo decidí de un momento a otro... y además, de la manera en que me trataste la semana pasada...
Ése fue el comienzo de otra pelea que no vale la pena detallar.
El asunto es que la relación continuó esa semana entre discusiones y calmas temporarias.
—Me voy a ver a mi tía el fin de semana —le dice Andrea el siguiente viernes.
—¿Otra vez? —pregunta Alejandro molesto.
—Sí, otra vez. Ya te dije que mi tía está mal. Me llamó, me preguntó si quería ir porque le hizo muy bien estar acompañada y le dije que sí. ¿Vos acaso no vas a la cancha el domingo?
El lunes suena el teléfono de Alejandro. Era Andrea desde San Pedro.
—Me voy a quedar diez días con mi tía.
—Ah... qué bien... bueno, mira, hace lo que quieras. ¿Sabes qué? Quédate todo lo que se te ocurra. Eso sí, no esperes que te vaya a estar llamando a San Pedro como un idiota.
—No me grites, escúchame, después de lo que vos me hiciste...
—No tengo ganas de discutir otra vez con vos, Andrea... me aburre discutir siempre, me tenes las pelotas por el suelo, quédate los diez días y llámame cuando vuelvas.
"Click."
Alejandro cortó recaliente pero con la tranquilidad interna de saber que había actuado correctamente, como un hombre con orgullo, sin permitirle ver el dolor que le causaba su ausencia y negándose a volver a hablar con ella hasta su regreso. Sin duda eso haría que lo extrañara, que recapacitara, que tuviera miedo de perderlo y hasta que decidiera regresar antes.
A medida que pasaban los días las ganas de Alejandro de saber algo de su novia iban en aumento, pero bajo ningún punto de vista iba a quebrar su promesa de no llamarla. Ella tampoco lo haría porque era muy orgullosa, pero seguramente estaba muy mal y muy necesitada de hablar con él. "Y bueno... que se joda... ella se lo buscó."
El día previo al regreso Alejandro ya no aguantaba no tener noticias de ella, por lo que decidió entrar a espiar la casilla de emails de su novia a ver si encontraba algo que le alivianara la ansiedad.
El único e-mail que había en su bandeja de entrada era de un tal Sebastián y decía: "¿Por qué decís que no te quiero? ¿No sabes acaso que te quiero mucho?". Eso era todo.
¡La reputa madre! ¿Quién era ese tipo? ¿Qué significaba eso de "te quiero mucho"? ¿Se enganchó un tipo en San Pedro?
No... ni en pedo... seguramente era un amigo. O tal vez era un buitre que se la quería ganar... qué pelotudo...
"Hola, Claudia... soy Alejandro... ¿está Andrea?"
La promesa de no llamarla a San Pedro se había ido al carajo.
—Hola —dijo Andrea con voz de dormida.
—Hola... venís mañana, ¿no?
—Sí, ¿por qué? ¿Pasa algo?
—Porque quiero que me expliques quién es Sebastián y qué es esa boludez de "te quiero mucho".
El sueño en su voz desapareció instantáneamente.
—¿Me estás revisando la casilla de e-mails? ¿Cómo entras a la casilla?
—La casilla te la di de alta yo, estúpida. ¿Te olvidaste?
—No me insultes.
—Si no querés que te insulte decime qué carajo está pasando, qué me estás ocultando, quién es el tipo ese...
—Para, para... vos como siempre interpretando todo para la
mierda... ya te voy a contar mañana.
—Mañana nada. Me decís ahora.
—Ale, no seas tonto. Sebastián es un amigo... es el hermano de la vecina de adelante de mi tía...
—Claro... ¿y "te quiere mucho" el hermano de la vecina de tu tía?
—Mira, Ale.... ahora no puedo hablar... acá hay gente. Mañana llego y te cuento bien. No seas tonto.
—OK, pero llámame ni bien llegues.
"Bueno, al parecer todo está bien. Se trata de un amigo", se dijo Alejandro al cortar la comunicación. Sí... todo estaba bien salvo la taquicardia y esa sensación de mierda de que nada estaba tan bien como él se esforzaba por creer para no desesperarse. Había dos opciones: creerle y quedarse tranquilo o no creerle y volverse loco.
Eligió la primera, aunque no pudo llevar del todo a cabo la segunda parte, porque tranquilo lo que se dice tranquilo no se quedó.
A la mañana siguiente, Andrea llegó a su casa. Llamó a Alejandro y arreglaron para verse en la casa de él tipo seis de la tarde.
—¿No puede ser antes? —preguntó Ale.
—No, antes no puedo —respondió ella sin mayores explicaciones.
Andrea llegó a las 18:15 con cara de perro que volteó la olla. Se saludaron fríamente y se encerraron en la habitación.
—Te escucho —dijo Ale.
—¿Que me escuchas qué...? —respondió Andrea en un estúpido e infructuoso intento de hacerse la boluda.
—Dale, Andrea: Sebastián, el e-mail, el "te quiero mucho"...
Andrea respiró hondo y comenzó a hablar en un tono sereno y de forma pausada. Algo no andaba bien.
—Sebastián es el hermano de la vecina de mi tía. Una noche mi tía amasó unas pizzas y los invitó a comer. Mi tía hace unas pizzas riquísimas. Tiene un horno de barro...
—Andrea...
—Bueno, resulta que salió el terna del problema que tengo con mamá... y a Sebi le pasaba algo similar pero con el padre... entonces nos quedamos hablando mucho esa noche...
—¿Eso cuándo fue? ¿Antes de venirte?
—No... esteeee... eso fue la vez pasada... cuando fui a pasar el primer fin de semana.
-Ah...
El rompecabezas se iba armando.
—Y bueno... esta vez que volví hablamos mucho... y nos hicimos bastante amigos. Es un pibe remacanudo.
—¿Y de qué hablaban tanto?
—Ya te dije, del problema que tiene él con el padre, de mi vieja... de su ex novia... de vos...
—¿De mí? ¿Y qué tenías que hablar de mí?
—Ay, Ale... nosotros hace rato que tenemos problemas y lo sabes. Y la verdad es que me hacía muy bien tener una visión masculina de algunas cosas. Yo no tengo hermanos, con mi papá no se puede hablar mucho... entonces en un amigo encontré un apoyo.
La palabra "apoyo" le trajo imágenes feas a la cabeza, pero decidió bloquear esos pensamientos.
—¿Entonces es un amigo?
-Sí...
-¿Seguro?
—Ya te dije que sí.
—¿Me extrañaste?
—Sí, tonto...
—¿Y no me vas a dar un beso como la gente?
Andrea se acercó y sus bocas se juntaron en lo que podría tranquilamente enmarcarse dentro de la categoría "beso de mierda".
—¿Qué pasa, Andrea?
—Nada...
—¿Me aseguras que con este pibe no pasó nada y que sólo son amigos?
Silencio.
—Andrea...
—Bueno, sí... de parte mía al menos sí.
—¿Cómo de parte tuya?
—Es que él confundió un poco las cosas... y una noche estábamos tomando algo en un boliche...
—¿Qué boliche? ¿Fuiste a bailar? ¿Fuiste a bailar con él?
—No... no fui con él, fuimos con todo un grupo de amigos.
La taquicardia había regresado. Y esta vez, al parecer, para quedarse.
-¿Y?
—Y nada... él me dijo que sentía algo más por mí... y me besó...
Alejandro quiso decir algo pero su cerebro no coordinó con sus cuerdas vocales y sólo atinó a emitir un sonido corto, ahogado e inentendible que Andrea pasó por alto.
—Pero te juro que fue sólo un beso... inmediatamente pensé en vos.
—¿O sea que fue solamente un beso?
—Sí, sí... yo le dije que tenía novio... que a él sólo lo veía como un amigo.
—¿Y eso cuándo fue?
—El primer sábado.
—¿El día que llegaste? ¿Y después seguiste con él todos estos días?
—Sí... pero ya te dije. No pasó nada más, sólo como amigos. Él me insistía pero yo le decía que tengo novio... y que mi novio me quiere. Él me decía que también me quería, pero yo le dije que eso no puede ser... que no puede quererme en tan poco tiempo... por eso lo del e-mail.
—No entiendo. ¿Qué importa si él te quiere, o si yo te quiero, o quién te quiere más? Acá lo importante es qué querés vos.
Silencio.
—Andrea, ¿a vos te importa el tipo ese?
—Sólo como amigo.
—¿Seguro?
—Sí.
—¿Y lo del beso?
—Ya te dije... me tomó por sorpresa...
—¿Entonces fue sólo un beso y nada más?
—Sí.
—¿Me lo juras?
—Te lo juro.
Bueno... todo había sido apenas un susto. Si bien lo del beso podría haberse evitado, no era tan grave. Cualquiera puede tomar algún trago de más y equivocarse. Ella había tenido su momento de confusión pero lo había superado rápidamente. Beso, abrazo, reconciliación y a seguir adelante.
Dos meses más tarde Alejandro lloraba desconsoladamente en la casa de su mejor amigo. Andrea lo había dejado y se había ido a vivir con su tía a San Pedro.
Analicemos un poco lo sucedido.
¿Andrea lo habría dejado por Sebastián de todas formas si Alejandro hubiera tomado el toro por las astas de entrada?
Probablemente sí. Probablemente no.
Pero sin duda la aceptación por parte de Alejandro de las inverosímiles justificaciones de Andrea le allanó a ella el camino hacia más infidelidades y el posterior alejamiento definitivo. Era obvio que el interés repentino de Andrea en visitar a su tía escondía algo más que un sentimiento familiar. El e-mail encontrado por Alejandro dejaba al descubierto un asunto turbio. La confesión de que había existido algo entre ella y otro tipo no dejaba lugar a dudas. Así y todo Andrea logró engañarlo a su regreso.
¿Cómo lo logró?
Porque no hay persona más fácil de engañar que aquella que "desea" ser engañada, y Alejandro deseaba que ella regresara de San Pedro con una excusa convincente. Verdadera o no. Sólo convincente. Quería creerle. Necesitaba creerle. Deseaba profundamente creerle.
Hoy Alejandro sigue intentando recuperar a Andrea, pero es muy difícil que lo logre.
¿Por qué?
Porque quiere seguir pensando que Andrea se equivocó, que en realidad lo quiere a él, que tal vez se haya ido por su tía y no por el otro, que ella está en un momento de confusión pasajero. Alejandro sólo ve lo que quiere ver.
Intenta por todos los medios que jamás te suceda lo mismo.
Tal vez no puedas evitar que te mientan.
Pero jamás seas cómplice de esa mentira.
Tal vez no puedas evitar que te mientan.
Pero jamás seas cómplice de esa mentira.
Libro "Mi ex novia"