InicioOfftopicPerlas de Dolina y Castelo (para deleitarse al leerlos)

Perlas de Dolina y Castelo (para deleitarse al leerlos)

OfftopicFecha desconocida
El amor es una situación de perpetuo peligro, cuando uno ama, siempre corre riesgo de que dejen de amarlo. Entonces se vive en un estado de alarma y cuanto mas se alarma, mas enamorado esta.

Pero como nos sucede a todos lo seres humanos, corremos el riesgo de perder ese amor. Ese es el momento - para todos los artistas - en el que canalizamos nuestros sufrimientos a través de alguna obra.

Pero, es ineludible, a pesar de todo siempre quedan fantasmas flotando. A veces sucede que uno sale de un amor grande y entra en uno enorme y después de salir de ese amor enorme no aparece ningun otro.

Eso si, cuando se trata de recuperar lo perdido, la mejor receta es hacer nada. Así nomas; no ir a golpear puertas ni tirar piedras a la ventana a medianoche, ni colgarse del teléfono a la espera de una pequeña señal de vida. Si el lugar que me pusieron es el de muerto, pues debo morirme bien...

Porque de eso estoy mas que seguro: cuando el amor se va... ¡No hay nada mas parecido a la muerte!!!

Alejandro Dolina



Sin Distancias, relaciones online: ALEJANDRO DOLINA*
"LA SOLEDAD SIEMPRE VUELVE "

¿Creés que con la aparición de Internet toma fuerza aquel refrán que dice que el amor no conoce fronteras?

Con la irrupción de Internet parece que los horizontes se ampliarán en lo que respecta al amor, las seducciones o a las meras amistades, es decir, a todo tipo de relaciones sentimentales. Usualmente, el tipo que no sale nunca de su casa está condenado a un universo sentimental que no va más allá de la vecina; y el que solamente frecuenta a las personas relacionadas con su trabajo o estudio termina, fatalmente, casándose con una compañera de trabajo o de estudio. Esto ha sido así durante larguísimos años. El estudio de las vidas de las personas que tienen 50 o 60 años nos revelaría que, efectivamente, son muy numerosos los casos de personas casadas con sus vecinos, compañeros de trabajo o de estudio. Se me dirá: qué problema hay con casarse con personas que uno ya conoce. Peor sería que uno se casase o relacionase con desconocidos. Lo que sucede es que los horizontes mismos a los que uno estaba condenado, limitaban ya, desde antes de intentarlo, la extensión sentimental de nuestra vida.
Y aquí aparece Internet, que nos permite tomar contacto con personas que están fuera del horizonte, que están incluso en ámbitos que no conocemos o que no sospechamos, donde la distancia no sólo no es un obstáculo, sino que, a veces, hasta es un estímulo. Parece que una de las virtudes buscadas fuera la distancia, como una virtud exótica. Parece que la mujer que vive a miles de kilómetros es más atractiva que la que vive allí nomás; el vivir cerca es casi un gesto de vulgaridad.

¿Creés que puede ser efectiva una relación amorosa que se da por estos medios?

Hay que ver si las relaciones que se establecen mediante la navegación y la exploración cibernética finalmente resultan reales. Porque es probable que con un método de seducción mecánico, se obtengan amores mecánicos.

A mí, en general, me produce una sensación de aventura y de estímulo. Yo me sentiría atraído a responder los llamados y las consultas. Y haría, a mi turno, alguna indagación. Pero me temo que esto se debe parecer a las citas a ciegas o, lo que es peor, a una visión distorsionada. Todos nosotros, alguna vez, hemos asistido a encontrar una mujer de la que sólo teníamos su propio testimonio o, peor, el testimonio de un amigo. Entonces, yo no sé si ese defecto, no ya de la máquina sino de la condición humana, de describirse erróneamente, no vendría a producir infinitos desengaños.

¿Con esto estarías proponiendo no asumir el riesgo de ir más allá?

Ante esto, creo que hay que contentarse con esa relación, con ese ida y vuelta, con lo que el otro puede darnos de su espíritu a través de los kilómetros. Que un amor por carta no salga de una carta, que un amor por Internet no salga de Internet. Si no, hacemos una transcripción de géneros que nunca sale bien. Yo creo que el amor epistolar perfecto es un amor que se consuma en la carta misma. A lo mejor, el amor de Internet perfecto es un amor que obtiene su propio goce allí, no fuera. Si nos hacemos amigos de una señorita que vive en Ottawa, está todo perfecto hasta que la señorita decide viajar a Buenos Aires. Lo más interesante de todo esto es la idea de agrandar los horizontes, la de no contentarse con una especie de determinismo geográfico de los amores.

La soledad tiene caminos que uno no sospecha. A veces uno cree que ha conseguido derrotarla, pero vuelve. Aparentemente, ésta es un arma contra la soledad.

Alejandro Dolina
Escritor, poeta, muralista, usuario de internet.



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Las mujeres que amé (CASTELO, EDITORIAL TXT)

¿Saben? quería contarles, hoy, que yo amé muchas veces. Y que como todo mortal, amé de muchas formas. Y quisiera decirles que por la edad, disculpen, amé a muchas mujeres.

Amé, en ocasiones, con esperanzas vanas, pudor adolescente, con frenesí platónico. Esa forma de amar que revuelve las tripas, que angustia por las noches, que provoca temblores.

Tartamudeé entonces, cuando las vi de cerca. Y mentí profesiones, y me inventé talentos. Soy músico de jazz, escritor de novelas, piloto de aviones. Compuse con Piazzolla, inspiré a Frida Kahlo. Fuí discípulo de Einstein, guardaespaldas de Kennedy, el que pisó la luna.

Es que yo divagué hasta quedar hastiado.

Y cuando me miraron con tanta indiferencia, callé, abarrotado de tanto que decir.

Y lloré con la almohada mi estúpida plegaria, y me tragué con vino una desolación tras otra, perdido en la intemperie que suele ser mi abrigo.
Y escribí decenas de poemas que convertí en canciones, deplorables, que con sólo leerlas me llevaban al vómito.

Disculpen mi sinceridad, irrelevante, pero a veces no puedo evitarlo, me recuerdo ignorante, infiel, celoso y parco. Y remonto al olvido para volver a verme amar a la mujer que amé como la he amado.

Por que a veces amé poquito y nada, con cierta hostilidad de genio incomprendido, seguro de sentirme amado hasta el cansancio. Víctima del amor agobiante, con cientos de llamados y reclamos, hasta volverme cruel sin intenciones. Entonces descubrí el oscuro color de los dolores, los ojos embriagados del amor que se muere, las despedidas secas, los atajos del fóbico, la rabia despechada de las mujeres tiernas, maternales.

Y lloré de verdad aquellas noches, por que esas noches fueron las más duras, y esas mujeres fueron, al fin, las más amadas. Dueñas de mis nostalgias y de mi ira, reinas de mi benevolencia y de mi culpa, princesas de mis mejores sueños, no cumplidos.

Pero también amé, y voy a decirlo, con paciencia oriental. Y me jugué entero a todo o nada. Y me banqué los planteos y desplantes con estoicismo idiota, aunque febril.

Inútil el esfuerzo.

No podría contarles los resultados de amar hasta estallar de grandes intenciones. Por que no es posible cruzar los abismos si no hay puentes, cuando la diferencia es brutal, malentendida.

Entonces descubrí que el amor es constancia, risa, aburrimiento, madrugada, complicidad, café con leche, compañía. Una quimera frágil, fatigada, de querer amar todos los días.



Si me fuera...
por Adolfo Castelo

(la columna de Castelo. Editorial Revista TXT.
Año 1 Número 13. Bs. As. 13 de junio de 2003)


La espera es un abuso de conciencia para el que espera porque sabe que
está esperando y no puede evitar asumir el rol del ausente, imaginando
diálogos que nunca se producirán, porque el fastidio de la espera hace
evidente que el ausente es posible sólo si lo esperan.

Ahora, si yo me fuera no notaría mi ausencia, y quizás eso mismo es lo
que yo estaba buscando: que se notara mi presencia sin percibir la
ausencia del otro.

Es la puerta del bar que no se abre, el teléfono que no suena, o la
escalera mecánica vacía que se traga los escalones sin entregarnos
nada, la señal del otro, ausente, que les da sentido a los dos.

He descubierto que no me interesa la asistencia perfecta, porque he
notado que me lleva a la presencia descontada; pero le he encontrado,
por fin, una ventaja: el estar siempre me ha permitido alargar la vida
y no tener la cantidad de problemas que me cuentan que tienen los que
nunca llegan.

Algunas de esas historias me servirán de excusa el día en que presente
mi renuncia indeclinable, y la cortesía de los relojes, que es la
exactitud, se sienta agraviada, pero en falta con mi persona por no
haberse detenido a esperarme.

El tiempo es plata y el silencio es oro, de modo que el no estar me
convendrá mucho más.

Pero no perdamos plata y vayamos a los temas que esta edición de TXT
nos ofrece...




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