InicioCiencia Educacionvida en otros mundos
vida extaterrestre y sus planetas donde podian vivir Marte : es un mundo de 700 trillones de toneladas de hierro y roca, envuelto en un panorama poco familiar de cañones, cráteres y fauces. No obstante, la cosa más convincente que podríamos encontrar en este gran mundo naranja sería un microorganismo de química húmeda capaz de reproducirse, moverse, crecer y evolucionar. Nuestra fascinación por la vida en otros mundos es una extensión de nuestro interés en la vida sobre la Tierra. Animal Planet, National Geographic, y los zoológicos son reflejos de nuestra curiosidad acerca de otras formas de vida. Mucha de esa curiosidad es un interés primitivo y directo en las cosas que podemos comer, y en las cosas que pueden comernos. Después de todo, la vida es altamente competitiva, y paga para conocer a la competencia (a menos, claro, que pertenezcas a General Motors). Así que la curiosidad acerca de la vida extraterrestre es antigua y comprensible. Hoy día, muchos de nuestros esfuerzos para encontrar los equivalentes extraterrestres del ADN se enfocan en lugares lejanos; por ejemplo, el uso de telescopios espaciales para clasificar a través del espectro de mundos extrasolares, buscando gases atmosféricos que serían evidencia de biología. Pero también existe un esfuerzo de fondo: la caza de vida cercana. Vida en el sistema solar. Vida cuyo traslado se mida en cientos de millones de millas – no en cientos de billones. La idea de buscar el protoplasma cercano es antigua. En el siglo 19, Marte, Venus e incluso la pulverizada y polvorienta corteza de la luna fueron considerados emplazamientos posibles para la vida. Tal optimismo se agrió al principio de la era espacial, cuando las sondas revelaron la superficie seca y picada de Marte y las temperaturas autoclaves de Venus (la Luna ya había salido de la jugada). En la década de los 80, muchos científicos creían que los mundos más allá del nuestro eran solo bolas inanimadas de roca, girando silenciosamente alrededor de un Sol indiferente. Ese pesimismo parece ahora, si no extraño, al menos cuestionable. El número de mundos cercanos donde la biología pudiera surgir, está aumentando. La vida requiere algunos ingredientes básicos: (1) materiales primitivos, (2) un solvente (el agua sería la primera opción), y (3) energía para accionar todo. El primero no es probablemente un problema en un trozo de chatarra rocosa en el sistema solar. El puñado de elementos necesarios para la vida está disponible en cualquier parte. Los últimos dos requerimientos están asociados, ya que se necesita energía para mantener derretidos los líquidos. Las esferas externas del sistema solar son crujientemente frías, y en esos lugares remotos, los lánguidos rayos del Sol son insuficientes para impedir que el agua se endurezca como granito. Por esa razón, los investigadores han opinado generalmente que cualquier objeto furtivo del sistema solar en las regiones oscuras más allá de la órbita de Marte estará en un perpetuo rictus congelado. Pero la cae en sorpresas. Y una de las grandes sorpresas de las pasadas décadas es el descubrimiento de mundos que están tibios a pesar de estar situados en lugares donde el Sol no brilla. Por lo tanto, ahora hay más de media docena de objetos entre los acólitos del Sol que se consideran posibles de hospedar vida. Como guía asequible de esos medios ecológicos del vecindario, muy útil para impresionar a familiares o a extraños en el autobús, ofrecemos el siguiente inventario, deliberadamente separado en dos categorías: los soleados y los no tan soleados. Comenzando con el molde, comenzamos obviamente con: La Tierra. Nuestro mundo es el modelo para los planetas bañados por el Sol. La mayoría de la flora y la fauna de la Tierra, -- con algunas excepciones importantes tales como las bacterias que viven en las rocas profundas – son en última instancia, vigorizadas por la estruendosa fusión nuclear que ocurre en el corazón del Sol. En la Tierra, es generalmente la clorofila la que convierte esta energía radiante en componentes químicos para energizar nuestra existencia (o para abultar nuestra cintura). Venus. A pesar del hecho de que Venus, nuestro planeta hermano, ha sido descrito como el purgatorio personificado, hay algunos investigadores que aún mantienen esperanzas de vida allí. David Grinspoon, del Instituto de Investigación del Sudoeste, advierte que las densas y acosadas nubes de ácido sulfúrico de este planeta pueden ser un ambiente estable para la boyante vida. Los acidófilos venusinos –análogos de un tipo de bacteria que puede soportar ambientes altamente ácidos en la Tierra –pudiendo lograr una existencia allí. “Es un riesto”, admite Grinspoon, pero insiste en que no debemos desistir de buscar vida en este mundo cercano. Marte. Entonces y ahora, el planeta extraterrestre inhabitado favorito de todos. Aunque el escenario seco y altamente reactivo de Marte garantiza prácticamente que está estéril, existe evidencia indirecta de manos acuíferos algunos cientos de pies bajo la superficie. Si existieran esas reservas líquidas, la vida pudo haber encontrado refugio. Los marcianos de hoy, -- en caso de haber – estarían vivos gracias a las fuentes de calor geológicas internas que conservan tibios esos putativos acuíferos. No obstante, clasificamos al Planeta Rojo como un mundo accionado por el Sol debido simplemente a que es de suponer que cualquier tipo de vida habría surgido durante aquellos lejanos días de ensalada cuando el agua líquida estaba en la superficie. Titán. Esta gran luna de Saturno, revelada en detalle por la misión Cassini de la NASA, y sujeta a un escrutinio descarado por la sonda espacial Huygens, es aún muy fría para el agua líquida. Pero su atmósfera está poblada de hidrocarburos. David Grinspoon ha sugerido que la débil luz ultravioleta del Sol pudo hacer pedazos algunos de esos compuestos atmosféricos, produciendo acetileno. Al caer a los lagos líquidos de metano y etano, este gas (usado para encender sopletes en la Tierra) pudo servir como alimento para la vida microscópica. ¿Improbable? Sí. ¿Imposible? No. Volviendo a las posibles moradas de vida no tan soleadas, encontramos que todas son lunas sin atmósfera a una distancia de Júpiter y más allá. La referencia a nuestro propio satélite natural sugeriría que no hay nada tan desolado y muerto como una luna sin atmósfera. Después de todo, los cuerpos pequeños se enfrían rápido, y a más de 4 mil millones de años desde su nacimiento, los satélites de nuestro sistema solar –donde la calidez es exígua—habrían enfriado las temperaturas más allá de las perversas fantasías de un pingüino. Sin embargo, las lunas abundan alrededor de los grandes planetas gaseosos (donde se cuelgan al menos el 98% de todos los satélites del sistema solar), y múltiples lunas interactúan en formas que puedan calentarles. En estos sistemas, los satélites hermanos se enfrascan en contiendas de tirones gravitacionales que les ocasionan opresión y expansión por parte de sus padres planetarios. La fricción resultante puede producir desde tibios océanos hasta volcanes activos y géiseres. (A fin de cuentas, la energía proviene de la rotación y el movimiento orbital de las lunas y los planetas). Conocido como “calentamiento por mareas”, este caldeamiento de lunas parece ser un acontecimiento regular. De hecho, es algo que pudiéramos haber percibido hace siglos si no viviéramos en un planeta cuya luna es hija única. Los satélites con estos calentamientos por marea más conocidos son: Europa. Existe buena evidencia, la mayoría proveniente de sus cambiantes campos magnéticos, de que este mundo cubierto de hielo que orbita a Júpiter tiene un océano que yace a 16 kilómetros (10 millas) más o menos por debajo de su crujiente exterior. En el fondo de este vasto y enigmático mar, pudiera haber chimeneas volcánicas arrojando nutrientes y agua caliente a un frío y oscuro abismo, proporcionando el alimento y la energía para la vida simple. Ganímedes y Calisto. Estas dos lunas jovianas muestran variaciones en el campo magnético similares a las de Europa, lo cual sugiere que también pudieran estar ocultando grandes océanos acuáticos. Debido a sus densas cortezas heladas, encontrar esa vida – si existe – sería incluso aún más desalentador que para Europa. Encelado. En las noticias recientes, este satélite de Saturno parece ser un raspado de hielo gigante –una luna helada que, gracias a su calentamiento de marea, está eyectando géiseres de agua al espacio. En un ingreso inesperado a la competencia de la habitabilidad, Encelado es el primer otro mundo del cual tenemos evidencia convincente de agua líquida. Y donde hay agua líquida… ¿Conclusión? Podemos hacer una lista de ocho mundos (incluyendo a la Tierra) en un sistema solar de nueve planetas que son lugares posibles para la vida. No son tantos como creían los griegos – después de todo, ellos asumían que todo lo que podían ver en cielo estaba habitado, incluyendo a las estrellas. Pero nuestro conocimiento tanto de los requerimientos para la vida como las condiciones del sistema solar excede por mucho a Aristóteles y compañía. Y de hecho, nuestro conteo de mundos habitables aún pudiera ser bajo. Por ejemplo, está Tritón, la luna de Neptuno, en cuya superficie la nave espacial Voyager 2 descubrió géiseres. Tal vez Tritón es también una candidata para la vida. Después están los cometas fugaces, que son rutinariamente calentados al pasar cerca del Sol. Ellos, también, pudieran sorprendernos con ambientes habitables. La realidad es que aún no hemos descubierto un solo rasgo de vida extraterrestre. Pero es notorio y alentador de algún modo perverso, que los lugares que merecen la búsqueda exceden en gran medida nuestras capacidades de llevarlas a cabo. Quedan muchas fronteras, incluso por aquí cerca. Vida extraterrestre El término vida extraterrestre se refiere a las hipotéticas formas de vida que puedan haberse originado, existido o todavía existir en otros lugares del universo, fuera del planeta Tierra. Una porción creciente de la comunidad científica se inclina a considerar que pueda existir alguna forma de vida extraterrestre en lugares donde las condiciones sean propicias, aunque generalmente se considera que probablemente tal vida exista solo en formas básicas. Una hipótesis alternativa es panspermia que sugiere que la vida podría surgir en un lugar y después extenderse entre otros planetas habitables. Estas dos hipótesis no son mutuamente excluyentes. Se especula con formas de vida extraterrestre que van desde bacterias, que es la posición mayoritaria, hasta otras formas de vida más evolucionadas, que puedan haber desarrollado inteligencia de algún tipo. La disciplina que estudia la viabilidad y posibles características de la vida extraterrestre se denomina exobiología Debido a tal falta de pruebas a favor o en contra, cualquier enfoque científico del tema toma siempre la forma de conjeturas y estimaciones. Aunque cabe notar que el tema posee también una gran cantidad de teorías informales y paracientíficas, que exceden con facilidad los criterios de cualquier epistemología científica, por ejemplo, haciendo afirmaciones infalseables según el criterio de Popper, y son por tanto consideradas seudociencias. Bioquímica Toda vida en la Tierra requiere de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, azufre, fósforo, así como de otros muchos elementos en menores cantidades, como ciertos minerales; requiere además de agua como solvente en el cual las reacciones tienen lugar. Cantidad suficiente de carbono y demás elementos constituyentes de la vida, junto con el agua, harían posible la formación de organismos vivientes en otros planetas con una química, presión y temperatura similares a la Tierra. Como la Tierra y otros planetas están hechos de "polvo estelar", es muy probable que otros planetas se hayan formado con semejante composición de elementos químicos que los terrestres. La combinación de carbono y agua en la forma de carbohidratos, como el azúcar, puede ser una fuente de energía química de la que depende la vida, mientras que a la vez provee elementos de estructura y codificación genética[cita requerida]. El agua pura es útil, pues tiene un pH neutro debido a la continuada disociación entre sus iones de hidronio e hidróxido. Como resultado, puede disolver ambos tipos de iones, positivos (metálicos) y negativos (no metálicos) con igual habilidad. Debido a su relativa abundancia y utilidad en el sostenimiento de la vida, muchos han hipotetizado que todas las formas de vida, donde quiera que se produzcan, se valdrían también de estos materiales básicos. Aun así, otros elementos y solventes pueden proveer una cierta base de vida. Se ha señalado al silicio como una alternativa posible al carbono; basadas en este elemento, se han propuesto formas de vida con una morfología cristalina, teóricamente capaces de existir en condiciones de alta temperatura, como en planetas que orbiten muy cercanos a su estrella. También se han sugerido formas de vida basadas en el otros solventes, pues existen compuestos químicos capaces de mantener su estado líquido en diferentes rangos de temperatura, ampliando así las zonas habitables consideradas viables. Así por ejemplo, se estudia el amoníaco como solvente alternativo al agua. La vida en un océano de amoníaco podría aparecer en un planeta mucho más lejano a su estrella.[1] Técnicamente, la vida es básicamente una reacción que se replica a sí misma, por lo que bajo esta simple premisa podría surgir la vida bajo una amplia gama de condiciones e ingredientes diferentes, si bien la vía carbono-oxigeno parece la más óptima y conductiva. Existen incluso teorías sobre reacciones autorreplicantes que podrían ocurrir en el plasma de una estrella, aunque éste sería un tipo de vida altamente extremo y nada convencional. La posibilidad de vida extraterrestre era una trivialidad del discurso educado durante el siglo XVII, aunque en el poema "El Paraíso Perdido" (1667) Milton empleó cautelosamente este tema cuando el ángel sugiere a Adán la posibilidad de vida en la Luna: Fontanelle expandió la esfera creativa del Creador, en lugar de negarla, en su obra: "Conversaciones sobre la Pluralidad de los Mundos". Y en "La Excursión" (1728) David Mallet exclamó: "Diez mil mundos resplandecen; cada uno con su carga/De mundos poblados". En 1752, Voltaire publica el cuento corto Micromégas, que avanza muchas de las nociones que luego se ven expresadas de forma recurrente en la ciencia ficción incipiente y contemporánea. En particular, la idea de que los alienígenas pueden viajar entre las estrellas y venir a la Tierra (hasta llega a sugerir cierta propulsión luminosa, análoga a una vela solar), y que son distintos a los humanos de forma fundamenta (en este caso, en talla, tiempo de vida y cantidad de sentidos). Enfoques científicos sobre la vida extraterrestre Artículo principal: Exobiología Debido a que es un fenómeno que por el momento permanece esencialmente fuera del alcance de la ciencia (al no disponer de datos, y por tanto de la posibilidad de experimentar y refutar las hipótesis), no existe una disciplina "formal" que estudie la vida extraterrestre, ni ningún currículo académico que forme expertos en ello. Aquellos que se han aproximado al tema de manera científica son por lo general expertos en áreas diversas, que por interés meramente personal han elaborado hipótesis sobre las posibilidades de vida en otros mundos, y han compartido sus puntos de vista a través de algún medio. Pese a ello, ha surgido una enorme cantidad de trabajos y publicaciones serias sobre el tema, de modo que puede hablarse de una cuasi-ciencia dedicada a estudiar y teorizar sobre este fenómeno, a pesar de la ausencia de evidencias. La proto-ciencia que estudia la vida extraterrestre se llama exobiología o astrobiología, y esencialmente se dedica a especular sobre los límites en los que, según nuestro conocimientos científicos, podría darse la vida. Preguntas y argumentos Hay muchas preguntas acerca de cómo puede ser la vida extraterrestre, para las que la ciencia todavía no tiene respuesta, como por ejemplo: * ¿Podrían no estar basadas en el carbono? (por ejemplo, ¿estar basadas en el silicio?). * ¿Cuál es la probabilidad de que la vida evolucione, y hasta qué nivel de complejidad (unicelular, pluricelular, inteligente, tecnológicamente avanzada)?. * ¿Qué condiciones requiere la evolución de la vida?. Los detractores de la idea de que pueda existir vida extraterrestre indican que no es científico hipotetizar sobre hechos no conocidos o probados, tales como formas de vida que no se basen en el carbono, ecosistemas avanzados que no sean ricos en [gases ormonales], o planetas con biosferas significativamente distintas a la de la propia Tierra (temperatura media, tipo de estrella que orbitan, satélites, geología, etc.). Principio de mediocridad Artículo principal: Principio de mediocridad Los grises son una de las supuestas formas de vida extraterreste de aspecto similar a los humanos. Debido a que el único ejemplo de vida que conocemos en el universo es la vida en el planeta Tierra, los que se interesan en el tema siguiendo un enfoque racional suelen seguir el principio científico de mediocridad, al afirmar que la vida en el planeta Tierra no es un caso especial, y por lo tanto la vida como la conocemos puede ser considerada un ejemplo típico de lo que la vida sería en todas partes. Esta presunción es relevante, pues determina fuertemente las acciones que emprenden los que buscan probar científicamente la existencia de la vida fuera de la Tierra. Dicho principio de mediocridad, pese a su estatuto de conjetura, permite aventurar algunas predicciones sobre los posibles atributos de la vida extraterrestre. En particular, se admite que existen atributos universales de la vida, por ejemplo, se acepta que la evolución darwiniana es universalmente válida, y que toda potencial criatura viviente debería sus características a un proceso de selección natural, tanto en la Tierra como en cualquier otro lugar del universo. Existen otros atributos o características cuasi-universales en las especies que, al repetirse sucesivamente de diferentes formas en diferentes especies en la biosfera terrestre —un proceso caracterizado como evolución convergente—, se consideran como altamente probables en una hipotética biósfera alienígena. Entre estas características cabe destacar la aparición de los sentidos, las extremidades adaptadas para diferentes medios, y muy probablemente la fotosíntesis cuando hablemos del reino vegetal. En este sentido, existe una gran diversidad de formas que podría adoptar la vida extraterrestre. Existen otros atributos más particulares que muchas veces se dan por sentados, pero que según los expertos no lo serían, ya que no responden mejor que otros a una necesidad evolutiva, y no se dan en todas las especies presentes en un mismo hábitat, por lo cual éstos pueden variar o no existir, como por ejemplo órganos como la mano humana, o una posición de ojos, nariz y boca similares a la humana. También hay otros atributos, entre ellos por ejemplo el esqueleto, que aunque se consideran una necesidad para criaturas de cierta talla, podrían ser muy diferentes a lo que conocemos. Así por ejemplo la columna vertebral sería una invención terrestre, ya que no se presenta en todos los organismos del planeta Tierra. Los detractores de esta hipótesis de la evolución convergente indican que para que ésta exista deben darse, entre otros factores, condiciones medioambientales muy similares que por estadística es muy difícil que ocurran, pues que no se conoce la existencia de planetas con biosferas significativamente similares a la de la Tierra. Hipótesis de la Tierra especial Artículo principal: Hipótesis de la Tierra especial En contraposición al principio de mediocridad, existen los que afirman que la vida en la Tierra no es un caso mediocre, y que las condiciones necesarias para su aparición son tan únicas y particulares, que bien puede ser posible que existan muy pocas, o incluso sólo un planeta con vida en el universo: la Tierra. Los defensores de esta hipótesis alegan que la vida en la Tierra, y en particular la vida humana, parece depender de una larga y extremadamente afortunada cadena de eventos y circunstancias, que bien podrían ser irrepetibles incluso en la escala cósmica. Por ejemplo, se menciona con regularidad que sin una Luna tan grande como la que tiene la Tierra, el planeta tendería a presentar una precesión mucho más importante, cambiando drásticamente de inclinación en su rotación, y afectando así de manera caótica el clima y, muy posiblemente, imposibilitando la vida como la conocemos. Se mencionan también otras aparentes casualidades afortunadas, como el hecho de que el Sol esté en un lugar de la Vía Láctea relativamente libre de supernovas, en contraposición al centro galáctico, o que el Sol es del tamaño justo para dar energía suficiente, y durar lo suficiente, como para que la vida haya aparecido. Otra positiva casualidad para la vida en la Tierra es la existencia de un planeta del tamaño de Júpiter, como apuntan los autores del libro Rare Earth, en una órbita estable, casi circular, y a la distancia suficiente de la Tierra para atrapar numerosos cometas y asteroides que, de otro modo, terminarían impactando con el planeta, arruinando todo tipo de vida incipiente. Ésas entre muchas otras casualidades, separadamente pueden parecer triviales, pero juntas convierten a la Tierra en un lugar cósmicamente especial. Sin embargo desde fines del siglo XX, y producto de nuevos descubrimientos, tales como la existencia de moléculas orgánicas en el espacio, la existencia de un océano de agua líquida en Europa,[2] o el demostrado hecho de que los planetas extrasolares son relativamente comunes, y de que por tanto algunos de ellos podrían presentar condiciones factibles para la vida, han hecho esta hipótesis ya no sea compartida por buena parte de la comunidad científica. Otras teorías Panspermia es la teoría que sostiene que la vida en la Tierra proviene del espacio, especulando que la vida llegó de otros cuerpos celestes (quizás de planetas extrasolares) en forma de esporas, viajando en meteoros y polvo cósmico que serían arrojados al espacio por choques meteóricos. Existe una variante de esta teoría, que afirma que la vida es estrictamente originaria del Sistema Solar, pero que sí se difundió a la Tierra (o incluso, desde la Tierra hacia otros cuerpos) a través del mecanismo de esporas en meteoros, a esta teoría se le llama Transpermia. La especulación sobre las posibles formas de vida extraterrestres, especialmente las inteligentes, así como sus posibles civilizaciones y relaciones con los seres humanos han sido y son tratadas también por la Ciencia ficción y la Ufología. Los científicos buscan vida extraterrestre principalmente de tres maneras: * Búsqueda directa, es decir, la observación de vida microbiana o de cualquier tipo en los cuerpos celestes que la humanidad llegue a visitar. * Detección indirecta, o la detección de características o marcas distintivas de la vida en cuerpos celestes a través de telescopios avanzados. * Escucha de señales artificiales, que permitiría detectar verdaderas civilizaciones extraterrestres que emiten radiación electromagnética como un subproducto de su avance tecnológico. Fuentes de Encélado; imagen obtenida por Cassini/Huygens Debido a que, en la práctica, los únicos cuerpos celestes que el ser humano puede visitar son los de nuestro Sistema Solar, la búsqueda directa de vida extraterrestre se ha limitado a dicho sistema; principalmente a la búsqueda de vida microscópica, ya sea fósil o activa. Sin embargo no todos los cuerpos del sistema solar se consideran aptos para la presencia de vida. Actualmente se considera como posibles objetivos de búsqueda a: * El planeta Marte, idea respaldada por las teorizadas similitudes pasadas y presentes entre la Tierra y ese planeta: principalmente la ya confirmada presencia de agua en * abundancia y de una densa atmósfera en el pasado remoto. Estos hechos, y la cercanía relativa de Marte, han causado que sea el cuerpo celeste más explorado por la astrobiología: ya se ha buscando evidencia de actividad biológica en Marte durante las misiones Viking 1 y Viking 2 de la NASA, con resultados ambiguos pero por lo general considerados como negativos. Hay fuertes controversias sobre estas evidencias de existencia de vida microbiana en Marte. Un experimento de la Viking Mars Lander informó de emisiones de gas desde el caliente suelo marciano, que algunos arguyen son coherentes con la presencia de microbios. Sin embargo, la carencia de evidencias o de corroboración mediante otros experimentos en la Viking Mars Lander, sugieren que una reacción no biológica es la hipótesis más acertada. * Meteoritos provenientes de Marte que han caído en la Tierra: debido a la cercanía relativa entre Marte y la Tierra y la baja gravedad marciana, se acepta como un hecho que ciertos meteoros son rocas marcianas eyectadas por choques meteóricos mayores, que tras vagar durante millones de años en el espacio, chocan por azar contra nuestro planeta. El 6 de agosto de 1996, expertos de la NASA revelaron públicamente que un meteorito de ese tipo llamado ALH84001, encontrado en la Antártida, mostraba evidencias de una posible actividad biológica microscópica; en particular, restos parecidos a bacterias fosilizadas. Este estudio ha sido ampliamente debatido y criticado en sus conclusiones, manteniéndose hasta el día de hoy en la polémica. * La luna de Júpiter Europa: desde el paso de las misiones Voyager 1 y Voyager 2 se cree que Europa tiene un océano de agua líquida de varios kilómetros de profundidad, bajo el hielo que cubre su superficie. Debido al hecho comprobado que las fuerzas de marea y la resonancia orbital provocan el calentamiento de Io (la luna mayor más cercana a Júpiter), originando vulcanismo, se cree que Europa * presentaría similar actividad volcánica, al ser la segunda en distancia justo después de Io. Por tanto, se cree que podría haber fuentes de calor y vertidos de sustancias químicas en dicho océano. En la Tierra se conocen ejemplos de ecosistemas abisales que dependen de la actividad geotérmica para su subsistencia, de modo que dicha posibilidad en Europa no puede excluirse, llevando incluso a expertos a proponer una misión no tripulada a Europa, consistente en una sonda de alunizaje y un submarino robótico capaz de penetrar la gruesa capa de hielo.[2] Dicha misión no se encuentra actualmente en los planes de ninguna agencia espacial, y de concretarse, se realizaría varias décadas en el futuro. * La luna Encélado de Saturno. Durante la misión Cassini-Huygens de la NASA y ESA se descubrió que Encélado eyecta grandes cantidades de agua al espacio a través de enormes géiseres, revelando la presencia de un activo criovulcanismo y una muy alta posibilidad de reservorios de agua líquida bajo la superficie helada. Encélado es una sorpresa para la astrobiología y la planetología, pues nadie esperaba encontrar tal actividad en una luna tan pequeña; pero ahora los expertos consideran que podría ser incluso más factible que Europa como lugar de búsqueda de vida, pues se cree que sus capas de hielo superficial son mucho más delgadas, haciendo más fácil acceder al agua subterránea. El hecho conocido de que agua escapa al espacio exterior es una evidencia de ello. Terrestrial Planet Finder - Un proyecto de telescopio espacial dedicado a fotografiar planetas extrasolares. Debido a la recientemente adquirida capacidad para detectar planetas extrasolares o exoplanetas orbitando estrellas distintas a nuestro Sol, entre la comunidad astronómica se ha generado un fuerte interés en descubrir mundos comparables en tamaño y propiedades a la Tierra; planetas que apenas empiezan a ser detectados. También hay un fuerte interés en la posibilidad de observar realmente tales mundos usando telescopios mucho más perfeccionados que los disponibles actualmente. Hasta la fecha sólo hay un ejemplo de observación directa de un planeta extrasolar (véase GQ Lupi); y aunque empieza a ser posible detectar planetas de tamaño equivalente a la Tierra (véase Gliese 876) en otro sistemas, obtener fotografías de ellos todavía no es posible, debido a que los instrumentos disponibles no son lo suficientemente sensibles para separar el enorme brillo de la estrella del de sus planetas. Eso puede cambiar en un futuro cercano, cuando telescopios como el Terrestrial Planet Finder de la NASA o el proyecto Darwin de la ESA entren en funcionamiento. Entre las funciones de tales dispositivos está la de obtener fotografías de los planetas, y detectar propiedades fundamentales de los mismos, como su temperatura, o la presencia o ausencia de atmósfera, así como detalles sobre su composición (mediante espectroscopía). Existen quienes creen que tales métodos permitirían detectar mundos paralelos donde existan procesos biológicos comparables a los presentes en la Tierra. La idea está respaldada por el hecho de que la luz que refleja nuestro planeta lleva consigo "marcas" que revelan la presencia de la vida; por ejemplo, la presencia de un alto nivel de oxígeno, y ciertas variaciones del espectro infrarrojo, que revelan la presencia de vegetación. Desde luego, tales métodos de detección asumen que la vida en la Tierra es un caso mediocre, y que las características de la luz reflejada por la Tierra son compartidas por todos los casos. Este método de detección tiene la ventaja de permitir la detección de mundos con vida primitiva (y que no transmiten ondas de radio como lo espera el SETI), con la condición de que dicha vida haya modificado la atmósfera, de manera análoga a como la vida ha cambiado la atmósfera terrestre desde su aparición. Escucha de señales artificiales Por otro lado, se ha teorizado que cualquier sociedad tecnológica estará trasmitiendo información: radiaciones electromagnéticas generadas por el hombre son detectables en un radio de más de 50 años luz de la Tierra, y están en constante expansión. El proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) o "Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre", analiza los datos recogidos por los grandes radiotelescopios y los analiza buscando pautas artificiales utilizando superordenadores, así como un gran proyecto de computación distribuida en el mundo; SETI@home. Hasta la fecha, no obstante, tan solo la señal WOW! ha sido reseñable en esta búsqueda. Mensajes sin destino A lo largo del tiempo se han producido también una serie de iniciativas en sentido contrario: no buscar la señal de una posible inteligencia extraterrestre, sino informar de nuestra presencia a potenciales civilizaciones que estén a la escucha. La primera fue el llamado Mensaje de Arecibo, lanzado en 1974 en dirección al cúmulo de estrellas de M13. A bordo de las sondas Pioneer 10 (en dirección a la estrella Aldebarán) y Pioneer 11 (en dirección a la constelación de Aquila) se encuentran sendos mensajes (véase Placa de la Pioneer) destinados a una posible civilización extraterrestre que pudiese interceptar las sondas. Lo mismo ocurre en en caso del Disco de oro de las Voyager, en las sondas Voyager 1 (en dirección a la constelación de Ofiuco) y Voyager 2 (en dirección a la estrella Ross 248). Más recientemente, en 2008, un equipo de científicos ucranianos ha enviado mensajes en dirección al sistema Gliese 876. link: http://www.youtube.com/watch?v=qRaBEPjPOYY link: http://www.youtube.com/watch?v=nx-mGiecL-4&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=wsBpQDv3n_w&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=48mUduGfNYg&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=bAPiwah_zOU&feature=fvw link: http://www.youtube.com/watch?v=wkMm7IY0-xY link: http://www.youtube.com/watch?v=z4b-fEl_xfU&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=5MbB5RDujYg&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=tNt6eVe1ia4&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=Hb2C0NBCqQw&feature=related
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