Nuestra sangre y la del numerosos animales posee un ligero sabor salado porque en su composición existe cloruro sódico, la sal que todos conocemos. Los seres humanos, al igual que el resto de los seres vivos que viven en este planeta, evolucionaron a partir de criaturas que se desarrollaron en los primitivos océanos, hace al menos 3.800 ó 4.000 millones de años.
Efectivamente, nuestros ancestros más remotos, que no eran otra cosa que bacterias y organismos de extremada sencillez, vivían en las profundidades marinas. En este ambiente acuático, todos los sistemas enzimáticos que sustentan la vida progresaron durante millones de años para trabajar de forma óptima en un medio de elevada salinidad.
Esto demostraría por qué nuestra sangre sabe salada, ya que su contenido en cloruro sódico viene a ser un tercio menor que la del agua de los océanos.
Efectivamente, nuestros ancestros más remotos, que no eran otra cosa que bacterias y organismos de extremada sencillez, vivían en las profundidades marinas. En este ambiente acuático, todos los sistemas enzimáticos que sustentan la vida progresaron durante millones de años para trabajar de forma óptima en un medio de elevada salinidad.
Esto demostraría por qué nuestra sangre sabe salada, ya que su contenido en cloruro sódico viene a ser un tercio menor que la del agua de los océanos.