¿Por qué soñamos que podemos hacer ciertas cosas que no podemos hacer despiertos?
La razón de que en nuestros ensueños creamos ejecutar cosas del todo imposibles, es que,
mientras soñamos, la parte más importante de nuestro cerebro, la que hace que nos
conozcamos a nosotros mismos, y preside nuestro criterio y nuestra facultad de distinguir
entre lo real y lo fantástico, permanece dormida, y por consiguiente, no puede ejecutar las
funciones que le están encomendadas. Con frecuencia, aun despiertos, fabricamos
castillos en el aire, es decir, nos imaginamos que estamos ejecutando toda suerte de cosas
fantásticas; pero la parte superior del cerebro conserva su actividad, de manera que siempre
conocemos que estamos fantaseando, que no las ejecutamos realmente. Pero cuando la
parte superior del cerebro, y la facultad de la mente que en él reside, están dormidas, lo que
sólo es fantasía se nos antoja verdad. A veces, aun en nuestros diurnos ensueños pasamos
gradualmente de las fantasías ordinarias de una persona despierta a un estado en que dichas
fantasías nos parecen reales; y es que nuestro discernimiento y facultades reflexivas, están
adormiladas. Probablemente, podría señalarse una escala completa, desde las fantasías que
nos consta que son imaginarias, hasta los ensueños más disparatados que nos parecen
realidades.
¿Por qué vemos azul el firmamento?
Esta pregunta contestó Juan Tyndall, en el siglo pasado, de un satisfactorio. El
cielo debe su luz a los rayos del sol; por eso cuando se oculta aquel astro, el
firmamento obscurece. Por lo tanto, el color del cielo debe sernos enviado por algo
que existe en él, que apropiándose todos los demás colores que componen. la luz blanca del
sol, nos envía sólo los azules. Esto es, en realidad, lo que sucede.
La atmósfera se halla plagada de un número infinito de pequeñísimos corpúsculos de polvo,
que flotan en su seno. Su naturaleza es tal, que absorben las ondas más amplias de luz, que
producen los otros colores, y reflejan las más breves, que dan la impresión del azul.
Si fuese posible hacer desaparecer del aire todos esos corpúsculos, veríamos el cielo negro,
y toda la luz del día vendría directamente del sol. Así, pues, la luz del cielo es el reflejo de
una parte de la del sol.
¿Por qué flota la madera y por qué se sumerge el hierro?
La madera flota porque está llena de pequñísimas cantidades de aire, y por esto es más ligera, o menos densa que el agua. Una piedra, o un trozo de hierro, no contiene aire; es más denso que el agua, y por consiquiente se sumerge.
¿Por qué flota un buque de hierro?
Un buque de hierro flota, porque está hueco y lleno de aire, de modo que, en general es más ligero que el agua. Si lo llenásemos de hierro, o de piedras todo él, o si se rompiese y dejase escapar el aire y entrar el agua, se iría a pique como se representa en el siguiente grabado.
¿Por qué vemos una mancha negra, después de mirar hacia el sol?
Podemos ver una imagen tras otra, día tras día, año tras año. Pero no se puede
obligar la retina a trabajar demasiado; es un órgano vivo y, precisamente por serlo, puede reponerse
y, por decirlo así, reconstruirse de nuevo-si se le da tiempo-para cada nueva imagen que
necesitarnos ver. La placa fotográfica ve (si se nos permite la expresión) porque ciertos
compuestos químicos, extendidos sobre su superficie, son alterados por la luz. La retina ve
de un modo parecido, pero, como está viva, puede reponer a cada instante, por sí misma, la
sustancia especial sobre la cual actúa la luz.
Pero si miramos fijamente una luz tan intensa como es la del sol, se fatigan los lugares de la
retina heridos por rayos luminosos demasiado vivos, pierden por algunos momentos su
sensibilidad, y, si volvemos la vista a otro lugar cualquiera, como dichos puntos estarán
temporalmente ciegos, nada veremos con ellos. Y esta pasajera ceguedad, cuando el resto
de la retina ve luz, nos da la sensación de una mancha, negra, es decir, de un espacio del
cual no nos viene luz ninguna. Sin embargo, un segundo o dos después, la placa viviente se
epone, hace nueva provisión de sustancia impresionable y desaparece la mancha negra.
¿Por qué se propaga la luz con mayor velocidad que el sonido?
A esta pregunta podríamos replicar ¿Y por qué habrían de propagarse el sonido y la luz
con la misma velocidad, o, por qué no podría propagarse la luz con menor velocidad que
el sonido? Si la luz y el sonido fueran ondas de la misma especie, que se propagasen en el
mismo medio, podría sorprendernos que no marchasen con la misma velocidad, y sería
natural que deseáramos conocer la causa.
Pero las ondas luminosas y sonoras son del todo distintas y se propagan en medios
enteramente diferentes. El sonido se propaga a través de los gases (como el aire, por
ejemplo) y de otros objetos materiales, como el agua o el hierro. Su velocidad de
propagación varía según el medio por dónde vaya, según la temperatura de ese medio y
según otros factores.
En cambio, la luz se propaga en el vacío. El sonido es la vibración de las partículas de la
materia o del medio en que se propaga: así, una campanada de una iglesia se propaga por
la atmósfera que la rodea porque las vibraciones de la campana agitan y ponen en
vibración similar a las moléculas de aire; y esa agitación se va propagando a las
moléculas vecinas, hasta llegar a nuestros oídos.
La luz, por el contrario, no es la vibración de ningún medio material; es un fenómeno,
pues, que se realiza sin resistencia material alguna y que, por lo tanto, puede alcanzar
velocidades portentosas sin ninguna clase de dificultad.
¿Por qué se puede ver por el vidrio?
Todo depende de la clase de vidrio que se emplee. Es muy fácil, en verdad, fabricar vidrio
por el que no se pueda ver; y, por eso mismo, fue un descubrimiento muy útil el haber
hallado la manera de fabricar el vidrio que deja, ver, mirando por él. No debemos figurarnos
que los romanos, por ejemplo, tuviesen vidrios en las ventanas. Si se compararan dos
clases de vidrio, uno turbio, y otro claro, se vera que pasa por los dos cierta cantidad de luz;
ambos la dejan pasar, pero con el primero se ve lo que hay al otro lado, y no puede verse
absolutamente nada con el segundo.
Todo objeto parecido al vidrio deslustrado, que deja penetrar la luz, sin dejar ver lo que hay
al otro lado, se llama translúcido, que significa sencillamente que luce de la parte de allá.
o por entre su sustancia; pero todo lo que se parezca a un vidrio de ventana. que nos
permite ver lo que hay al otro lado, se llama transparente, que significa que aparece del
lado de allá, o por entre su masa. Cuando las ondas luminosas pasan de parte a parte por
un objeto translúcido, como el vidrio deslustrado, se retuercen, se rompen y se mezclan
todas. He ahí por qué, aunque se pueda ver alguna luz que se filtra por dicho vidrio o lo
traspasa, no se pueden distinguir los objetos que hay al otro lado. Pero el vidrio
transparente deja pasar por él las ondas luminosas casi de la misma manera que le llegan;
de modo que algunas veces no se está seguro de que se interponga el vidrio de la ventana
entre el observador y el exterior.
¿Por qué se puede ver por el agua?
El agua es en este particular muy parecida al vidrio. Si no hay partículas sólidas flotando
en el agua, y si ésta no se mueve, es perfectamente transparente. Ni el agua ni el vidrio ni
ninguna otra cosa deja pasar de un modo absoluto toda la luz que recibe; al menos, cierra el
paso a una pequeña cantidad, como el aire mismo lo hace con la luz del sol. Mas, con todo
eso, si la capa de agua no es muy profunda, se puede ver hasta una gran distancia por entre
ella; lo que equivale a decir que la luz puede penetrar hasta una gran profundidad.
Pero, al leer la última pregunta, se habrá comprendido, sin duda, que u cosa no es ni del
todo transparente, sólo translúcida, sino que debe haber diferentes gradaciones entre estos
dos estados. Así es que, si se va a un acuario y se observan los peces u otros animales que
viven en el agua, veremos que en uno de los casos el agua puede ser muy clara y
transparente, y en el otro tal vez sólo medio transparente. Hay de hecho todos los grados
posibles cosas enteramente o casi transparentes, cosas no tan transparentes, cosas transidas,
pero que dejan ver, aunque de un modo confuso, lo que hay detrás; otras que no
dejan ver nada detrás de ellas y dan, sin embargo, paso a la luz, y otras que filtran cada
vez menos luz; hasta que por fin las hay que no son translúcidas en modo alguno y cierran
el paso al más tenue rayo luminoso. Estas cosas reciben el calificativo de opacas. La parte
anterior del ojo, considerando la clase de materia de que debe estar hecho para que pueda
vivir, es la cosa dotada de más admirable transparencia.
¿Por qué tememos a los escarabajos y arañas, si sabemos que no pueden causarnos daño?
Esta es una pregunta en extremo interesante, porque su respuesta nos lleva a remover los
arcanos de nuestra mente. Lo que llamamos razón o inteligencia es la parte más noble de
nuestra mente; pero no es toda ella. En cierto sentido es una cosa nueva, y su poder se
encuentra limitado por el hecho de que existen otras partes de la mente mucho más
antiguas, con las cuales hay también que contar. A la mayoría de éstas podemos
calificarlas simplemente de instintos, y, siempre que nos observamos a nosotros mismos o
a otros individuos vemos que el instinto de la curiosidad o de la huída decide nuestras
acciones con completa independencia de nuestra razón y de lo que sepamos o dejemos de
saber en cada caso particular. Ocurre con mucha frecuencia que la parte de nosotros que
piensa, apenas hace otra cosa que permanecer inactiva, por decirlo así, contemplando lo
que las demás ejecutan. Si nos fijamos bien, veremos que no podríamos vivir con la razón
sola. Empezaríamos por que las criaturas no mamarían, porque no habría nada que las
indujese a ello, y a este tenor, se nos haría imposible la vida por cien razones análogas.
Pero nuestros instintos pueden engañarnos muchas veces, aunque la mayor parte de
ellas nos guíen por el buen sendero, y por eso podemos sentir el deseo instintivo de huir,
y el sentimiento de temor que le acompaña, a la vista de un escarabajo o una araña; y aun
cuando nos demos cuenta de ello, y cualquier cosa que sea lo que nuestra razón nos diga,
hay algo en nosotros más antiguo y más fuerte que puede más y nos hace sentir miedo. Aun
ahora es muy conveniente que sintamos este temor instintivo hacia los animales que se
arrastran y serpean, pues aunque algunos pueden ser inofensivos, otros muchos son en
varios sentidos en extremo peligrosos. En una palabra, que este instinto nos es sumamente
provechoso.
¿Por qué tenemos rayas en la palma de la mano?
Cuestión es esta acerca de la cual se ha discutido mucho, pero en la actualidad puede
ser contestada con bastante exactitud. Han dicho algunos que el objeto de estas rayas era
aumentar la presión que las manos ejercen sobre las cosas que agarran, y evitar que se nos
escurran de ellas, pero no debe ser este su verdadero destino. Si lo fuese, casi podríamos
decir que no tienen razón de ser. Es mucho más probable que el fin de estas rayas sea
aumentar la sensibilidad de nuestras manos y dedos, donde tan importante es el tacto.
Gracias a las arrugas que forman, aumentan la superficie de la piel, y nos ayudan a darnos
exacta cuenta de la naturaleza de la superficie del objeto que tocamos. Los extremos de
los nervios del tacto resultan colocados con ventaja gracias a estas rayas y esa parece ser
la razón por la cual se hallan tan perfectamente marcadas en aquellos lugares de la piel
donde más importante resulta la delicadeza del tacto.
¿Por qué tenemos uñas?
Debemos tener en cuenta, cuando preguntamos para qué sirven las diversas partes
de nuestro cuerpo, que todos los animales superiores están formados con arreglo a
un mismo plan, y que lo que no es muy necesario para tal o cual, puede ser de gran
utilidad para otros. Nuestras uñas no nos prestan grandes servicios, mas poseen un
valor inapreciable para los animales que tienen que excavar en la tierra o en la
arena, o defenderse con las garras, que vienen a ser sus uñas.
Pero también a nosotros nos sirven de algo las uñas de las manos, porque. merced e
ellas, las extremidades de nuestros dedos son mucho más resistentes, y podemos
agarrar mejor las cosas. Nos ayudan, además, a coger los objetos pequeños con
mayor facilidad que si nos hallásemos desprovistos de ellas. Las uñas no son otra
cosa que la materia córnea de la piel, modificada de una manera especial.
¿Por qué tiene la abuelita el cabello blanco?
EL color del pelo depende de la cantidad de materia colorante que contiene; es decir, que
el cabello que contiene gran cantidad de materia colorante, o pigmento, que este es su
nombre científico, es muy oscuro, y el que contiene poco, es muy claro. Ahora bien, la
producción de esta materia colorante depende de que el organismo entero se halle en
perfecto estado de salud, y en disposición de ejecutar todas sus funciones, siendo de
advertir que el sistema nervioso ejerce en él gran influencia.
Si ocurre algo que pervierta esta influencia, como una enfermedad o el desgaste de la
fuerza nerviosa en la vejez, va cesando gradualmente la producción del pigmento, y el
cabello se torna gris, y después blanco del todo. Cuando ocurre esto último es porque le
falta pigmento.
Nadie ignora que, a veces, la tristeza y los disgustos ponen el cabello blanco. Esto es
también resultado de idéntico proceso, sino que en este caso, la causa de que deje de
producir el organismo materia colorante, o pigmento, es la ansiedad o tristeza, en vez de
las enfermedades y los años; pero el cabello se vuelve blanco, porque en ambos casos se
ha perturbado el poder de nutrición.
¿Por qué unas cosas se doblan y otras no?
Esta es una pregunta que a primera vista parece muy fácil de contestar, pero que en realidad
es muy difícil. Todas las preguntas relativas a la facultad que poseen los cuerpos de
doblarse o de quebrarse, de estirarse o de romperse, etc., son de naturaleza parecida, y su
respuesta depende de ciertos conocimientos que no poseemos aún.
Ignoramos cuál sea la naturaleza de la fuerza que mantiene adheridas las moléculas de los
cuerpos sólidos, de suerte que no es posible que podamos explicar el por qué de su
elasticidad, fragilidad o rigidez. Alguna enseñanza, no obstante, podemos deducir del
hecho de que unas veces podamos doblar fácilmente una barra de lacre y otras se quiebre,
antes que ceder lo más mínimo. En este caso vemos que semejante diferencia depende
exclusivamente de la temperatura del lacre.
Hechos como el citado, nos dan alguna luz. Las moléculas de los cuerpos deben sostenerse
enlazadas las unas las otras con fuerza muy distinta en los diversos casos. En el lacre
caliente, diríase que se estrechan con los brazos muy flojos, al paso que en el frío parece
que se mantienen asidas con los brazos extremadamente rígidos. Esta es, por el momento,
la única clase de ideas que podemos formarnos acerca de tan interesante fenómeno.
¿Por qué son infecciosas algunas enfermedades y otras no?
Si hubiésemos hecho esta pregunta cien años atrás, ni el más sabio del mundo hubiera
podido contestarla; pero hoy se sabe ya que lo que se llama infección se debe a la
presencia de un grandísimo número de células vivientes muy diminutas, llamadas
gérmenes, microbios o bacterias. Estos pequeños seres son tan diminutos que se necesita
un microscopio de gran potencia para verlos; pero la influencia que ejercen en los tejidos
vivientes de las plantas y de los animales es la causa de muchas enfermedades. Estos
gérmenes son tan pequeños y ligeros, que pueden ser conducidos por el aire y respirados
por nuestros pulmones, de manera que se hallan en condiciones de contaminar la atmósfera
o los alimentos y extender de esta suerte una enfermedad por donde quiera que vayan.
Esto es que significa llevar la infección a alguna parte. Así, pues, los gérmenes que son
causa de la fiebre tifoidea o de la difteria invaden a menudo un depósito de leche o de
agua y producen una epidemia que se extiende entre toda la gente que se sirve de aquella
leche o de aquel agua.
Muchas son las enfermedades que no son infecciosas, porque no son causadas por esos
gérmenes. Varias, por ejemplo, son debidas a diversas formas de violencia o de presión.
Pueden también causadas por falta de sangre, o porque la sangre no corre como es debido
por el aparato circulatorio. Otras enfermedades, además, se deben a varias sustancias
químicas, que obran como tóxicos sobre los tejidos del cuerpo, en tanto que otras resultan
de los extremos de calor y frío.
Pero todas ellas conciernen solamente al individuo al cual se aplican en aquel momento y
no pueden transmitirse a nadie más, como hacen las enfermedades causadas por los seres
vivientes.
¿Por qué son los niños mas fuertes que las niñas?
La razón por la cual los varones son físicamente más vigorosos que las niñas, reside
particularmente en su mayor desarrollo muscular y óseo. Esta diferencia en el desarrollo es
gobernada por un conjunto de pequeñas glándulas, como la hipófisis, la tiroides, etc., que
presiden el crecimiento y las formas corporales, vertiendo en la sangre de manera
continua productos propios de cada una de ellas. Si se altera el funcionamiento de estas
glándulas se producen cambios en la estructura muscular y ósea.
¿Por qué son mudas algunas personas?
(no confundir con sordos-mudos)
Por regla general, la causa de la mudez no tiene que ver nada con las cuerdas vocales
que suelen existir y ser normales, aparentemente al menos, en la inmensa mayoría de los
mudos; pero, por alguna razón especial, estos desgraciados seres no pueden utilizarlas. Es
decir, que aunque el cerebro conciba una idea, y la persona desee manifestarla, algo
ocurre que impide que el mensaje sea enviado por el cerebro a las cuerdas vocales, y el
habla se hace imposible. Así pues, podemos decir que cualquier enfermedad o lesión que
destruya la parte del cerebro que se llama « centro del lenguaje » o cualquiera enfermedad
o lesión de las fibras nerviosas que ponen en comunicación dicho centro con las cuerdas
vocales, será causa de mudez. La mudez es a veces de nacimiento, debida a algún defecto
en el desarrollo de la criatura, y en otras ocasiones sobreviene de improviso, durante el
transcurso de la vida. Unas veces es permanente, y otras dura sólo algún tiempo, y la
persona puede recobrar la facultad de hablar.
¿Por qué vemos la luz roja cuando cerramos los ojos?
Los párpados no pueden impedir que penetre en los ojos cierta parte de la luz que a ellos
llega: es decir, que son en cierto grado transparentes; por eso despierta a los pájaros la luz
del sol naciente, aunque tengan los ojos cerrados. Cuando miramos a la ventana con los
ojos cerrados, vemos cierto resplandor encarnado.
La explicación de este fenómeno es bien sencilla: la escasa luz que penetra en el ojo tiene
que filtrarse a través de la sangre que constantemente circula por los párpados. Ahora bien,
esta sangre deja sólo pasar los rayos rojos y absorbe los restantes colores que integran la luz
blanca, y esta es la explicación de por qué vemos un resplandor rojizo cuando miramos la
luz con los párpados cerrados. Si nuestra sangre fuese verde, la claridad que viésemos seria
de un color verdoso.
¿Por qué vemos las estrellas con contornos irregulares?
Si contemplamos el cielo en una noche despejada, y fijamos la atención en una estrella de
primera magnitud, en Capella, por ejemplo, la cual está situada debajo y a la izquierda
de la de Perseo, veremos que presenta una forma netamente estelulada, con cuatro
magníficas puntas, equidistantes entre sí alrededor del astro. Esta figura perfectamente
regular, que ha sido observada en todas las edades, y de la cual toman su nombre las
estrellas de mar, se debe indudablemente a la estructura del ojo, y parece depender, en
parte, del estado de éste en el momento de la observación, pues no siempre la notamos.
No se advierte jamás, cuando se toma la fotografía de una estrella. Estudiando la
disposición de las partes sensibles de la retina, parece que las imágenes brillantes y
concisas de las estrellas se proyectan sobre una de ellas solamente, y después, por una
especie de simpatía, afectan también, a las que están situadas a su alrededor; y tal vez no
sería difícil demostrar que la disposición de estos conos, que es el nombre que reciben los
puntos sensitivos del centro de la retina, es tal, que bien pudiera explicar la apariencia de
las estrellas. Probablemente, sólo una estrella es capaz de producir un hacecillo de luz tan
fino que pueda herir directamente un cono de la retina, y nada más que uno solo.
¿Por qué si el sol es siempre el mismo, unos días son mas calurosos que otros?
De varios modos puede ser contestada esta pregunta. Puede ocurrir que, a pesar de no
variar el calor del sol, sus rayos atraviesen el aire unos días con más oblicuidad que otros.
Esta es la garan diferencia que existe entre los días del verano y los del invierno. Cuanto
mayor sea la masa de aire que el calor traspase, menos lo sentiremos. Además, si el aire
que sopla es caliente, será el día más caluroso que si recibiésemos una corriente de aire
frío. Es decir que el calor del día depende del viento reinante, casi tanto como de la fuerza
del sol. Por último, si el aire contiene gran cantidad de vapor de agua, nuestro sudor no
podrá evaporarse.
La evaporación del sudor de nuestra piel contribuye de un modo eficaz a refrescarnos el
cuerpo, que mientras conserva su vida, está produciendo calor constantemente. Si la
evaporación del sudor se hace lenta, por poseer ya el aire casi, todo el vapor de agua que
puede contener, sentimos más calor, y decimos que el día es caluroso. Es posible que la
temperatura ambiente no sea superior a la de otros días que nos parecen más frescos; pero
en nuestros juicios nos dejamos guiar por nuestras sensaciones, las cuales dependen de la
facilidad o dificultad con que nos deshacemos del agua que exhalamos por la piel y los
pulmones.
Fuente:

¿Por qué...?
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